El Rey
y su Reino
También de Josué Ortiz
Una Gran Historia: Cómo leer la Biblia para ver a Dios y no solo leer de él
El Rey
y su Reino
Dos Testamentos,
una sola historia
Josué Ortiz
A menos que se especifique, todas las citas bíblicas son tomadas de la versión
Reina-Valera® © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovada 1988 So-
ciedades Bíblicas Unidas. Usado con permiso.
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pendiente.
© 2022
EB-608
ISBN 978-1-953663-26-9
Editorial Bautista Independiente
3417 Kenilworth Blvd
Sebring, FL 33870
[Link]
(863) 382-6350
Editor de contenido: José “Pepe” Mendoza
Impreso en Colombia
Índice
Prólogo............................................................................................. vi
Introducción..................................................................................... 1
Parte 1: El Rey y su Reino
Capítulo 1 – ¿Qué es la Teología Bíblica?............................................................... 5
Capítulo 2 – La Narrativa Bíblica..........................................................................19
Capítulo 3 – La Narrativa del Antiguo Testamento (parte 1):
El poder de una historia...................................................................43
Capítulo 4 – La Narrativa del Antiguo Testamento (parte 2):
La caída del ser humano...................................................................72
Capítulo 5 – La Narrativa del Antiguo Testamento (parte 3):
La promesa de futura redención........................................................87
Capítulo 6 – La Narrativa del Nuevo Testamento (parte 1):
La historia se intensifica..................................................................103
Capítulo 7 – La Narrativa del Nuevo Testamento (parte 2):
La promesa de futura recreación.....................................................117
Conclusión ....................................................................................137
Parte 2: El Reino de Dios
Capítulo 8 – El Reino de Dios............................................................................139
Capítulo 9 – Los Ciudadanos del Reino de Dios:
Una nueva criatura en Cristo..........................................................153
Capítulo 10 – La Plena Llegada del Reino de Dios................................................161
Conclusión.....................................................................................166
Parte 3: Teología en Acción
Capítulo 11 – Combatiendo el Moralismo............................................................167
Capítulo 12 – Proclamando el Evangelio del Reino: ¡Buenas nuevas!.....................180
Conclusión.....................................................................................195
Una última palabra.........................................................................197
Prólogo
Siempre es muy estimulante ver a un autor hispano, piadoso y
estudiado escribiendo de algo que pudiera ser tan esencial, pero a la vez
tan relevante y necesario.
Al leer el manuscrito que me envió mi amigo Josué, me quedé con
una de sus verdades expuestas:
La Biblia es teo-céntrica en su más fundamental esen-
cia y por lo tanto todo nuestro esfuerzo debe ser puesto
en conocer a Dios a través de las Escrituras.
En un universo donde la emoción, la sensación y el relativismo han
afectado tantas áreas de la vida —incluso círculos teológicos— considero
que este recurso será de tremendo valor para el lector.
En su anhelo de mostrar el valor de la Teología Bíblica, Josué ayuda
al lector a pasar de un acercamiento simple o un anhelo incluso sistemáti-
co, a la centralidad y objetivo de mostrar la belleza del Dios de la Palabra.
En un pre-avivamiento, en donde considero se encuentra Latinoa-
mérica, y donde la mayoría de los libros de teología son traducciones de
otros idiomas, “El Rey y Su Reino” aporta con una perspectiva clara, fácil
de leer y muy centrada en la Palabra, una herramienta de valor que deseo
sirva para enamorar al lector con el Dios de la Biblia—el Dios al que
Josué y yo servimos y anhelamos que tú conozcas y ames.
En algunos círculos evangélicos, ciertamente, se ha caído en el
error de usar la Biblia como un recetario o fuente de “tips” para la vida.
Este libro exalta no solo la relevancia de la Palabra, sino también su sufi-
ciencia para revelar a Dios mediante Cristo como el Rey del mundo—de
pasta a pasta para todos y para toda la vida.
vi
Si estás comenzando tu estudio o acercamiento teológico, o bien
si deseas un recurso que afirme, fortalezca y estructure una convicción,
conversación y anhelo por el reino de Dios, entonces este libro te será de
bendición.
Este libro relata la historia del reino de Dios desde el origen, pa-
sando por los patriarcas y profetas, conectando con la redención lograda
en la cruz y hasta la gloria eterna en su reino. Josué se asegura de escribir
porciones que serán de ayuda a adultos, estudiantes de seminario, apasio-
nados de la teología e incluso maestros de niños.
En resumen, este libro es útil por 3 razones importantes:
1. Nos instruye y presenta una sólida base y nos apunta a lo re-
levante que es hoy volver a una teología bíblica. Por medio de ilustra-
ciones, claros formatos y comunes porciones bíblicas, Josué conecta toda
la Biblia con su tema central: el reino de Dios en Cristo. Josué rechaza
claramente la fuerte influencia del humanismo y moralismo que aqueja
demasiados púlpitos en nuestros países.
2. Alinea expectativas en la predicación e incluso corrige a
aquellos que vienen de contextos cristianos donde se hace un uso in-
correcto de la Palabra. Sin importar tu contexto, encontrarás valor en la
centralidad de la Palabra desplegada en las páginas de este libro. Quizás
te ayude a corregir alguna percepción o mal uso de la Palabra en la que
fuiste formado o mal enseñado antes. Pero, sobre todo, este libro exalta
la importancia que tienen los pastores e incluso los diáconos de tener
una completa y Cristo-exaltante narrativa bíblica, así como una valiente
exposición de toda la historia de Dios y de la redención de su creación.
3. No he leído otro libro de teología de este estilo que men-
cione la importancia, o mejor dicho, la necesidad apremiante de ser
buenos y fieles expositores de la Palabra a los niños. Ante el riesgo de
volver los ministerios infantiles en guarderías mientras los padres reciben
doctrina, Josué enfatiza el desafío de explicarles el reino de Dios de una
manera digna.
Por lo tanto, si lees este libro como lectura personal, como un libro
de discipulado en tu iglesia local, o un libro de texto en tu seminario,
sin duda será un valioso recurso que te ayudará a poner en el centro de
la conversación la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. El reino de Dios
en Jesús está expuesto en cada libro de la Biblia para que todo aquel que
vii
cree, sea hecho ciudadano de su reino y entonces viva para alabanza de la
gloria de su gracia.
Kike Torres.
Pastor Líder Horizonte Querétaro y La Carpa
Consejero Certificado ACBC
Miembro de la Coalición de Consejería Bíblica
Alumno del programa de Doctorado de SEBTS
viii
Introducción
El cristianismo protestante en América Latina ha experimentado
un impresionante crecimiento desde hace ya varias décadas. A diferencia
de nuestros hermanos europeos o norteamericanos, el cristianismo evan-
gélico de México a Argentina es relativamente nuevo. Mientras que en
Europa el protestantismo se observa desde comienzos del siglo XVI e in-
cluso durante el siglo XV con precursores de la Reforma como John Wy-
cliffe (1330-1384) o Jan Hus (1369-1415), la incursión del cristianismo
protestante en América Latina es considerablemente mucho más joven.
El historiador y teólogo Justo González explica que no fue sino
hasta mediados del siglo XIX que el movimiento misionero protestante
arribó a América Latina.1 Es decir, que en el cristianismo protestante en
nuestra región no tiene ni doscientos años de antigüedad.
Un artículo publicado por la revista Christianity Today en 1963
ya hacía referencia justamente a este fenómeno. Wilton Nelson escribió:
La historia de la iglesia contemporánea no puede ofrecer un dra-
mático crecimiento más de fuerzas evangélicas que la del fenomenal cre-
cimiento protestante en América Latina. Éste ya ha cruzado la marca de
los diez millones de personas, con 90% de este crecimiento solo en los
últimos treinta y cinco años.2
Esta observación es aún más significativa si se toma en cuenta los
datos estadísticos que el Pew Research publicó en 2014. Solamente en
México hay cerca de once millones de protestantes,3 la misma cantidad
que había en toda América Latina hace casi cincuenta años. Algunos es-
tudios señalan que tanto en Perú, Colombia y Argentina, los cristianos
1 Justo L. González, Christianity in Latin America: A History, (Nueva York, NY: Cam-
bridge University Press, 2008), 208.
2 Nelso Wilton, “Christianity Today”, Evangelical Surge in Latin America, 1963. ht-
tps://[Link]/ct/1963/july-19/evangelical-surge-in-latin-ameri-
[Link]
3 [Link]
1
2 El Rey y Su Reino
protestantes van de los cinco a los seis millones y medio.4 En las otras na-
ciones del continente el crecimiento es similar. Brasil, Paraguay, Bolivia,
Ecuador y otros países han experimentado el mismo fenómeno y con la
misma intensidad. En otras palabras, en tan solo cincuenta años el nú-
mero de cristianos protestantes se ha multiplicado de forma simplemente
extraordinaria.
Sin embargo, esto trae consigo un altísimo, y a veces, impercepti-
ble costo. Que el cristianismo sea tan joven en nuestras naciones y que
haya crecido tan rápido en tan corto tiempo, ha provocado una mezcla
heterogénea de corrientes teológicas y denominacionales diversas.
La evidencia demuestra que sí ha habido un crecimiento dramá-
ticamente notable del cristianismo, pero ha sido un crecimiento que ha
carecido, en muchos casos, de una clara definición teológica y, en otros
tantos, ha sido un crecimiento totalmente errado. La intromisión y desa-
rrollo de herejías y errores doctrinales foráneos en nuestros países ha sido
posible gracias a que no se ha establecido una base teológica que ayude
a evaluar lo que se escuchaba —una gran parte del cristianismo local ha
carecido de capacidad para examinar “todas las cosas y retener lo bueno”
(1 Ts. 5:21).
¿De qué trata este libro?
Tengo la convicción de que ha llegado el momento en que nuestros
países deben enfilarse de manera clara hacia una sana doctrina bíblica y
un correcto estudio de la Palabra de Dios. De eso trata este libro. ¿Te has
preguntado cómo estudiar la Biblia de forma correcta? ¿Te has pregunta-
do cómo sabemos que nuestra versión del cristianismo se apega a lo que
la Biblia enseña? ¿Te has preguntado cómo es que la Biblia armoniza aun
cuando hay diversos libros que la integran?
Más allá del interés doctrinal, en este libro busco primeramente
exaltar con tal fuerza al Dios de las verdades bíblicas que puedas entender
que la Biblia es una historia, un mensaje y un plan que es llevado a cabo
a través de un único Héroe, Salvador y Rey. Todo esto se presenta bajo el
marco bíblico de la instalación del Reino de Dios en la tierra.
Tengo la intención de explicar que no se trata de crear nuestras
propias “versiones” del cristianismo, sino de buscar la interpretación co-
rrecta, el entendimiento y aplicación adecuados de la Palabra de Dios en
nuestras vidas.
4 González, Christianity in Latin America: A History, 208.
Introducción 3
Me he propuesto explicar el concepto de teología bíblica, es decir,
la teología que entiende y demuestra que la Biblia sí tiene una historia
central que da sentido al todo de la Biblia. La teología bíblica es aquella
que propone la centralidad del reino en Jesús como el tema primordial
de las Escrituras. En este libro propongo a la teología bíblica como la
mejor herramienta para analizar y desarrollar la narrativa bíblica que se
desenvuelve en cada página de la Biblia. Yo creo firmemente que toda la
Biblia es la Palabra de Dios, inerrante e infalible, y que es eterna, perfecta
y pura. Versículo a versículo la mente de Dios es revelada al ser humano y,
por lo tanto, si prestamos suma atención veremos que, un versículo a la
vez, encontraremos el desarrollo de una historia que de forma progresiva
se nos va revelando —es esa historia a la que quiero acercarme con dete-
nimiento a lo largo de las páginas de este libro.
Este libro está dividido en tres partes. La primera parte se titula
“el Rey y su reino”. En esta sección explico qué es la teología bíblica y la
narrativa bíblica. También busco demostrar la hermosa unidad que existe
entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y cómo esta narrativa bíblica es
fácilmente observable por toda la Biblia.
La segunda parte del libro la he titulado: “el reino de Dios”. En
esta sección argumento que Dios siempre ha planeado tener su reino en
la tierra y en medio de su creación. En esta sección explico el concepto de
teología del reino, la función de los ciudadanos del reino en la tierra y la
instalación futura y completa del reino de Dios en la tierra.
La tercera parte se titula “Teología en Acción”. Esta sección pre-
senta la conclusión práctica y natural que surge de entender la Biblia y el
plan redentor de Dios en las Escrituras. En esta sección entregaré conse-
jos prácticos que nos ayuden a entender y aplicar la Biblia para nuestro
diario vivir.
¿Para quién es este libro?
Este libro es para toda persona, pastor o miembro de una iglesia,
que quiera entender mejor la narrativa de la Biblia. La Biblia está com-
puesta por tantos libros, versículos, mandamientos, situaciones y perso-
najes que te puedes perder al tratar de entenderlo todo al mismo tiempo.
Mientras más lees la Biblia encuentras más preguntas que respuestas. Tal
vez se te hace difícil leer la Biblia porque te cuesta entenderla. Tal vez has
estado batallando con dudas sobre la Biblia, su veracidad e importancia
para tu vida y el mundo. Tal vez alguien te ha estado compartiendo de
4 El Rey y Su Reino
la Biblia recientemente, pero aún no entiendes realmente “de qué trata
la Biblia”.
Quizás eres de las personas que dicen que solo “te gusta” el Nuevo
Testamento porque el Antiguo te parece raro y anticuado. Es posible que
seas alguien que creció en una iglesia, pero todavía te cuesta entender el
propósito de las Escrituras y, por lo tanto, asocias al todo de la Biblia con
solo algunos pasajes predilectos con los que te sientes más familiarizado.
Sin embargo, muy dentro de ti te preocupa, tal vez hasta te atemoriza,
que no entiendas o que incluso desconozcas grandes porciones bíblicas.
Quizás eres un creyente enamorado de Dios que está creciendo y
se siente emocionado y listo para seguir madurando espiritualmente. Este
libro es para ti y para cualquier persona que quiera mejorar su conoci-
miento de Dios y de su Palabra. Mi oración es que este libro te anime,
te desafíe y te ayude a entender que Dios es Rey y que nosotros —los
creyentes— somos miembros de su reino.
Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único
y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos.
Amén (1 Ti. 1:17).
Parte 1
El Rey y su Reino
...Jehová es nuestro Rey; él mismo nos salvará
(Isaías 33:22).
5
Capítulo 1
¿Qué es la Teología Bíblica?
...desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras,
las cuales te pueden hacer sabio para la salvación
por la fe que es en Cristo Jesús (2 Ti. 3:15).
La orden era dar vuelta hacia el oeste en 300 metros. “¿Qué es
eso?”, pensaba. Pero me lo dijo con tanta tranquilidad y normalidad que
fingí entender la instrucción. No fue así. No sabía hacia dónde estaba el
oeste y tampoco podía calcular visualmente la distancia de 300 metros.
Recibí esa instrucción mientras tomaba el examen práctico para
obtener mi licencia para conducir autobuses escolares. Durante mis años
como estudiante de teología en Estados Unidos tuve la oportunidad de
trabajar para una escuela. Sin embargo, antes del primer día de trabajo te-
nía que pasar dos exámenes, uno teórico y otro práctico. No tuve proble-
mas con el teórico. El práctico iba bien —hasta cierto punto. Tenía que
manejar el autobús con un instructor a bordo. Él me daba instrucciones
que debía cumplir correctamente para demostrar que podía maniobrar el
gigantesco autobús —por lo menos a mí me parecía gigantesco.
Tenía que mostrar cualidades de control, sobriedad y cuidado.
Todo iba de maravilla —había crecido en la Ciudad de México y ¡tenía
toda clase de experiencia para maniobrar! Pero, por alguna razón, tal vez
para sonar más profesional, el instructor no daba direcciones de manera
6
Capítulo 1 7
convencional —izquierda, derecha, da vuelta en dos calles y cosas simila-
res. Él me daba las indicaciones usando los puntos cardinales. Fue enton-
ces que me ordenó —suponiendo que lo entendería— da vuelta hacia el
oeste en 300 metros.
Lo que para muchos puede ser algo tan sencillo, para mí es una
gran dificultad. Nunca he tenido un buen sentido de dirección. Suelo
confundirme con indicaciones básicas como derecha o izquierda. Mi es-
posa dice: “da vuelta a la derecha” y yo comienzo a girar hacia la izquierda.
Pero en ese autobús no iba mi esposa, sino un instructor al cual tenía que
convencer que podía transportar a más de cincuenta niños diariamente.
“Señor” —intervine con un poco de vergüenza— “¿izquierda o de-
recha?”. Sonaba como que debía saber lo que me decía —“oeste” y ahora
es “en 250 metros”— respondió con firmeza. Su respuesta me confundió
todavía más. La seguridad con la que me habló me hizo sentir aún peor.
—“¿Pregunto otra vez?” —pensé. ¡Qué vergüenza! ¡Seguro falté a la es-
cuela el día que enseñaron los puntos cardinales! No podía preguntar una
vez más. Era ahora o nunca. Adiviné. Di vuelta en una calle que parecía
la correcta y el instructor no dijo nada. Nunca sabré si sintió lástima por
mí o acerté —quiero pensar que lo hice bien.
Ese día aprendí que indicaciones, direcciones y distancias pueden
llegar a ser muy confusas a menos que entiendas el concepto de tales ins-
trucciones. Necesitas conocer y comprender para poder aplicar. No hay
más al respecto. Mi falta de entendimiento de los puntos cardinales y de
las distancias aproximadas fue lo que provocó una profunda sensación de
confusión, frustración e impotencia.
Mi anécdota personal me hace pensar que, en cierto sentido,
nuestra vida espiritual puede asemejarse mucho. Llegamos a ver la Bi-
blia como un libro lleno de direcciones, indicaciones y normas que nos
aturden, confunden y frustran porque no sabemos ni entendemos los
conceptos que le dan sentido y dirección a todas esas verdades bíblicas.
En las Escrituras hay lo que los estudiosos llaman una “meta-narrativa”,
es decir, una “narrativa central” que si la desconocemos no nos permitirá
orientarnos en el tránsito por las páginas de la Biblia.
“Hay algo más que estamos perdiendo de vista” —pensamos—
“porque ¡no entiendo lo que leo!”. “¿Qué hago con Levítico?”. “¿Por qué
todas las matanzas en el Antiguo Testamento?”. “¿Era realmente necesario
tanto sufrimiento para Cristo?”. Si es tan complicado entender la Biblia,
entonces parecería imposible aplicarla a nuestras vidas. Leemos pasajes
8 El Rey y Su Reino
como, “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”
(1 Jn. 2:6) y no sé tú, pero yo no puedo con tal estándar. Entonces con-
cluimos que solo los “espirituales” pueden con ese nivel de perfección
requerida. Pero luego leemos a Pablo decir: “Porque no hago el bien que
quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Ro. 7:19). “¡Cuál de las dos
es el estándar!” —podemos llegar a preguntarnos.
Es posible ver la Biblia y sus diferentes pasajes como con una cierta
desconexión y hasta contradicción. Cuando queremos aplicarlo podemos
pensar que se trata de un ideal que es solo una imposibilidad moral por-
que aun con nuestros mejores esfuerzos, no podremos alcanzarlo. Con
nuestras mejores intenciones, fallamos, caemos todos los días. Leemos en
el Salmo 1 que es bienaventurado el varón que medita en la ley de Dios
de día y de noche, y con toda sinceridad queremos ser esa persona, pero
sinceramente no podemos lograrlo.
Luego de que no podemos entender y menos aplicar, nos sentimos
como cuando mi instructor me daba indicaciones: las oímos y tenemos
toda la intención de llevarlas a cabo, pero no podemos... porque no en-
tendemos. Vemos en las Escrituras reglas, normas, preceptos a seguir y
cumplir que nos sobrepasan y terminamos convirtiendo al cristianismo
en una actividad transaccional: Yo me porto bien, Dios me bendice; Me
porto mal, Dios me castiga. Conclusión: me debo portar bien. El problema
es que así no obra el Dios de la Biblia. Esa es, más bien, una visión utili-
tarista de Dios y su Palabra que no corresponde con el Dios revelado en
las Escrituras.
Hablo de manera personal, pero sé que hay miles, tal vez millones
de cristianos que, al igual que yo, tienen un deseo genuino, verdadera-
mente piadoso de agradar a Dios. Si él ya ha hecho tanto por mí —yo ra-
zonaba en mi juventud— ahora me toca hacer mi parte por él. Recuerdo
los años de mi adolescencia en los que en un intento por agradar a Dios
y tener su bendición trataba de impresionarlo con actos de espiritualidad
que no eran arrogantes en sí mismos, pero que sí tenían la intención de
hacer algo grande delante Dios. Buscaba pasar en vela noches enteras para
orar y leer las Escrituras. Me levantaba de madrugada para “castigar mi
carne” y alimentar mi espíritu.
Es evidente que no está mal levantarse temprano o buscar de Dios
a altas horas de la noche, pero tengo que reconocer que la intención con
lo que hacía esas cosas era incorrecta porque lo hacía a mi modo. Buscaba
Capítulo 1 9
a Dios donde nunca lo podría encontrar. Lo buscaba en emociones, obras
y actividades. Dios no se encuentra allí, nunca ha estado en esos lugares.
Dios revelado en las Escrituras
La teología bíblica aclaró mi perspectiva de forma radical. Mien-
tras que yo había sido expuesto muchos años a una doctrina sana en mi
iglesia, se trataba de una enseñanza que estaba construida exclusivamente
sobre una teología sistemática, es decir, era la explicación metódica y or-
denada de la doctrina bíblica.
Por ejemplo, la teología sistemática responde a las preguntas, ¿qué
dice toda la Biblia acerca del Espíritu Santo? ¿Qué dice toda la Biblia
acerca de los ángeles? ¿Qué dice toda la Biblia sobre la persona de Dios?
¿Qué dice toda la Biblia sobre el matrimonio? Lo que se buscaba era
encontrar todo lo que la Biblia dice sobre esos temas y puntos para ob-
tener una mayor comprensión. Ahora, no me malinterpretes, la teología
sistemática es necesaria, fundamental para poder aprender y gozar de una
doctrina sana. Pero la teología sistemática por sí sola no puede satisfacer
lo que los cristianos tanto necesitamos.
Solo el evangelio de Dios ahuyenta la culpabilidad del ser humano,
elimina su pena y da vida al muerto espiritual. Con el “evangelio” me
refiero a las preciosas noticias de rescate y perdón de pecados gracias a la
obra del Rey y Mesías Jesús. La teología sistemática presenta las verdades
de Dios, pero la teología bíblica presenta al Dios de las verdades. La teo-
logía sistemática presenta las revelaciones de Dios en las Escrituras, pero
la teología bíblica presenta al Dios revelado en todas las Escrituras.
Es posible que se estén preguntando: “¿Es la teología bíblica mejor
que la sistemática?”. No. En ninguna manera. Ambas van de la mano. No
es una sobre la otra, ambas son necesarias. Sin embargo, me temo que por
muchos años hemos relegado u olvidado la teología bíblica. Nos hemos
enfocado en predicar lo que las Escrituras enseñan sobre la oración, el
Espíritu Santo, los ángeles, la escatología, el matrimonio, la pureza en
la juventud o la generosidad en la iglesia. Pero hemos ignorado, quizás
involuntariamente, que todas esas doctrinas nacen de la bella y precisa
revelación de quién es Dios a lo largo de todas las Escrituras. La Biblia es
“teo-céntrica” en su más profunda esencia y, por lo tanto, todo nuestro
esfuerzo debe ser puesto en conocer a Dios a través de la Biblia.
Las Escrituras no son, en primer lugar, códigos de conducta, sino
que son la revelación a la humanidad de quién es Dios y de cómo él
10 El Rey y Su Reino
la quiere rescatar de la condenación. Esa es precisamente la acusación
principal de Dios hacia el Israel que había vuelto del exilio babilónico. El
profeta Jeremías declara en nombre de Dios, “Porque mi pueblo es necio,
no me conocieron; son hijos ignorantes y no son entendidos; sabios para
hacer el mal, pero hacer el bien no supieron” (Jer. 4:22, énfasis mío).
¿Pudiste notar la secuencia del texto? Debido a que, “no me conocie-
ron”, dijo Dios, son entonces “ignorantes y no entendidos”. La idea es que
si uno no conoce a Dios, entonces está imposibilitado para hacer el bien.
Dios se ha revelado porque quiere que le conozcamos, que sepamos
quién es él, que le amemos no por obligación, sino gracias a una clase de
amor que solo se cultiva en el corazón de quien realmente conoce a su
Dios. Lo cierto es que nunca podrás amar realmente a alguien a quien no
conoces bien. Es imposible.
La teología bíblica
La teología bíblica busca presentar al Dios revelado en las Escri-
turas a través de cada libro de la Biblia y demuestra que toda la Biblia,
en efecto, es una historia, con un autor y un mensaje para un pueblo
redimido por un Rey. Nick Roark lo explica de la siguiente manera, “La
teología bíblica es el método de leer la historia completa de la Biblia, al
mantener el énfasis en el punto cardinal de las Escrituras, el Señor Jesús”.1
Los creyentes queremos amar a Dios y tenemos la mejor intención,
pero lo hacemos de una forma anti-bíblica. Queremos primero hacer el
bien para luego demostrar con eso que amamos a Dios. La Biblia enseña
lo contrario. Primero ama a Dios para luego de forma orgánica hacer las
cosas que agradan a Dios.
No estoy proponiendo que las obras son inefectivas. Pablo clara-
mente enseña que hemos sido creados “para buenas obras” (Ef. 2:10).
Pero no podemos divorciar lo inseparable—las obras van de la mano con
el amor a Dios. De hecho, el amor al Dios de la ley tiene que ser mayor
al amor por la ley de Dios. No es lo mismo amar la ley de Dios que amar
al Dios de la ley. Cristo lo explica muy bien cuando dice:
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diez-
máis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más im-
portante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto
era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello (Mt. 23:23).
1 Nick Roarke y Robert Cline, Biblical Theology: How the Church Faithfully Teaches
the Gospel, (Wheaton, IL: Crossway, 2018), 23.
Capítulo 1 11
Mi propuesta es que la teología bíblica permite mostrar la belleza
del Dios de la ley. La teología bíblica es una perspectiva completa de la
Biblia. La teología bíblica busca exponer de forma “telescópica” la uni-
dad de ambos testamentos de la Biblia. La teología bíblica declara que
la Biblia no es una colección de libros seleccionados por el ser humano
y aislados el uno del otro, sino que es la historia de la redención del ser
humano relatada por Dios mismo.
La Biblia es, entonces, una historia con un mensaje sobre la caída
del ser humano, la redención por medio del Salvador y la próxima e in-
minente restauración del reino de Dios.
Hay un aspecto de la Biblia que sirve como el engranaje de las
Escrituras, un elemento central, un personaje primario, una historia me-
dular y un propósito común. Estoy hablando de la exposición de cómo
el Creador rescata a su creación. Nick Roark agrega que: “La historia
completa de las Escrituras, entendidas correctamente, apuntan hacia Je-
sucristo desde el inicio y hasta el final”.2 En ese sentido, concuerdo con
Patrick Schreiner cuando dice: “En su más fundamental esencia, la Biblia
es una narración”.3
La Biblia es la historia de Dios y de su creación. Es cierto que hay
órdenes, mandatos, reglas y también hay doctrinas expuestas como la
del Espíritu Santo o la del pecado, pero tenemos que entender que el
elemento característico que une a las Escrituras de forma armoniosa es la
auto-revelación de Dios hacia su creación.
Si mantenemos que la Biblia es la revelación de Dios para la hu-
manidad y que la historia de redención de su creación como la definición
de nuestra teología, entonces cada página de las Escrituras revela de dife-
rentes maneras a Dios y su plan de redención. Más aún, si esa definición
es verdadera, entonces cada predicación, cada clase, cada estudio de la
Biblia, debe primero afectar el corazón del oyente por medio de la presen-
tación de Dios y su plan redentor, para luego afectar su conducta. El cris-
tiano debe entender con mucha claridad que su conocimiento de Dios
y de su plan redentor alimenta su conducta. No al revés. Tu amor por
Dios nunca podrá ser alimentado por tu conducta. La obediencia a Dios
siempre es impura cuando es motivada por el simple anhelo por el cum-
plimiento. Cristo lo dijo así: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”
2 Roarke y Cline, Biblical Theology, 25.
3 Patrick Schreiner, The Kingdom of God and the Glory of the Cross, (Wheaton, IL:
Crossway, 2018), 13.
12 El Rey y Su Reino
(Jn. 14:15). Es evidente que la obediencia viene detrás del amor o, mejor
dicho, obedecemos más a Dios cuando le conocemos y le amamos mejor.
La teología bíblica busca presentar en toda su grandeza al Creador
frente a la criatura. Busca derrocar la lectura fraccionada y desconectada
de la Biblia. Una presentación orgánica de la Biblia que impida una clase
de lectura que lee, pero que no entiende o que no entiende porque no
comprende el contenido.
La teología bíblica busca enfatizar que el Dios que cuidó de Jonás
en la tormenta (Jon. 1), es el mismo que cuidó de la vida de los discípulos
cuando enfrentaron otra tormenta (Mr. 4:35-41). En pocas palabras, no
tenemos a un Dios en el Antiguo Testamento y otro distinto en el Nuevo
Testamento.
La teología bíblica busca mostrar la cohesión y unidad de todos los
libros de la Biblia y busca exaltar a Dios, proclamar su evangelio, declarar
la necesidad de salvación del ser humano, pero, al mismo tiempo, busca
propagar la redención ofrecida por Dios a través de Jesús en la Cruz.
Usando el lema de los reformadores, la teología bíblica está com-
prometida con Sola Scriptura. Solo la plena revelación de Dios en las
Escrituras puede dar sentido a las Escrituras. De otra manera, la Biblia
parecerá confusa, difícil de entender e imposible de cumplir al pie de la
letra. Pero cuando entiendes que las Escrituras te revelan a Dios y revelan
su plan de redención a tu favor, entonces todo comienza a tomar sentido.
Las Escrituras en su totalidad enseñan que el plan de redención se lleva
a cabo por medio del cumplimiento de Cristo —todo es gracias al Rey.
La teología bíblica muestra, por ejemplo, que el hombre bien-
aventurado del Salmo 32, no es bienaventurado porque sea muy bue-
no (Sal. 32). Por el contrario, aun siendo tan malo —transgresor como
dice David— encuentra perdón en Dios por sus pecados. Ese perdón por
nuestros pecados del que habla el salmista es un reflejo de nuestra nece-
sidad absoluta de un salvador. Por lo tanto, toda la Biblia es la historia de
Dios salvando a sus hijos (Lc. 19:6).
Entendiendo el todo de las Escrituras
Esto es perfectamente ilustrado en la escena presentada por Lucas,
donde Felipe es llevado al desierto por el Espíritu Santo para encontrar-
se con un eunuco (Hch. 8). Este alto oficial del gobierno etíope estaba
leyendo al profeta Isaías, pero no entendía —no podía descubrir de qué
trataba el texto que leía.
Capítulo 1 13
Su pregunta es reveladora: “Te ruego que me digas: ¿de quién dice
el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?” (Hch. 8:34). La respuesta
de Felipe es igualmente reveladora. Felipe le da una cátedra, guiada por
el Espíritu Santo, sobre el punto central de ese texto: “Entonces Felipe,
abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el
evangelio de Jesús” (Hch. 8:35).
Felipe estaba ocupando exclusivamente lo que conocemos como el
Antiguo Testamento al anunciarle el evangelio. Es decir, el “propósito”
del Antiguo Testamento es la revelación del plan salvífico de redención
en Jesús.
Podemos concluir diciendo que la teología bíblica es una lectura
de las Escrituras que observa con claridad que la narrativa cardinal de las
Escrituras es la revelación de Dios y de su plan de redención de la criatura
y la creación. Esta teología bíblica busca apreciar dicha narrativa con de-
tenimiento en cada pasaje, en cada texto y en cada palabra.
Lo que la teología bíblica no es
El concepto de teología bíblica puede generar cierta confusión.
Después de todo, si estoy enseñando o estudiando algún pasaje de la
Biblia, ¿no es bíblico de forma automática? No, —por lo menos no ne-
cesariamente. Por ejemplo, en las Escrituras vemos que Satanás trató de
persuadir a Cristo usando pasajes bíblicos (Mt. 4:1-11), y eso no convir-
tió a Satanás en un predicador bíblico. Por lo tanto, permíteme entonces
entregarte cuatro aclaraciones sobre lo que no es la teología bíblica.
La teología bíblica no es solo usar la Biblia. En la actualidad hay
un sinfín de grupos que se hacen llamar cristianos que dicen usar la Biblia
como texto base —pero eso no los hace bíblicos. Es más, incluso hay igle-
sias en donde consideran que sus predicaciones son bíblicas porque usan
la Biblia de alguna manera. Pero tenemos que entender que el simple uso
de pasajes bíblicos no necesariamente garantiza que las predicaciones sean
bíblicas.
Que un predicador busque insertar a “Cristo en cada sermón” no
necesariamente lo convierte en un sermón cristiano correcto. Si en tus
lecturas de la Biblia, predicaciones, enseñanzas o en tus consejos lo pri-
mero que buscas es siempre responder a las preguntas “¿qué debo hacer?”,
“¿qué debo dejar de hacer?”, “¿cómo puedo ganarme el favor de Dios?”,
“¿qué tengo que modificar en mi conducta para que Dios se agrade de
14 El Rey y Su Reino
mí?”, entonces es muy probable que no estás haciendo uso de la teología
bíblica.
La teología bíblica no es bíblica solo porque es tomada de la Biblia.
Por el contrario, es bíblica porque exalta de forma clara y enfática la reve-
lación de Dios y su plan redentor a lo largo de todas las Escrituras, con el
único propósito de cultivar un amor genuino y duradero por Dios.
La teología bíblica no es mejor que la teología sistemática. Al-
gunas personas que escuchan sobre la teología bíblica suponen —inco-
rrectamente— que la teología sistemática es mala, incompleta, innecesa-
ria y hasta aburrida. No es así. La teología bíblica va de la mano con la
sistemática y trabajan juntas para nuestro beneficio.
Si hay una falta de entendimiento, por ejemplo, con respecto a
quién es Dios o qué tiene que ver Rut con el evangelio de Mateo, no es
culpa de la teología sistemática, es nuestra culpa. Tenemos que reconocer
que sufrimos por naturaleza de miopía teológica. Vemos borroso porque,
aunque sabemos que Dios ha sido revelado por medio de las Escrituras,
no lo podemos ver con claridad. Ese mal solo puede enfrentarse con la ex-
posición de la Palabra de Dios que da vida donde antes había muerte. Es
muy importante que la teología sistemática y la bíblica vayan de la mano
y que nuestra comprensión de las Escrituras sea guiada por el Espíritu
Santo, el Maestro por excelencia (Jn. 16:13).
La teología bíblica no ignora otras doctrinas. Muchas veces se
habla de que solo “seguimos a Jesús” o “solo predicamos a Jesús en cada
sermón”. Casi se podría pensar que todo lo demás no importa o es se-
cundario. Se comete un grave error cuando se piensa y aun se estudia la
teología bíblica solo para buscar a Cristo en las Escrituras, mientras que
todas las otras doctrinas pareciera que son triviales comparadas con la
historia de Jesús. Esto no es así.
Estudiamos un pasaje porque queremos entender lo que ese texto
está presentando de manera literal e histórica —ya sea la santidad de
Dios, el poder de la oración, el amor matrimonial, los dones del Espíritu
Santo y muchísimos otros temas. Queremos profundizar en las narrativas
que tomaron lugar en el Antiguo Testamento, buscando aprender y cono-
cer la revelación literal que Dios da en las Escrituras. Nos esforzamos en
comprender la intención original del autor y lo que la audiencia original
entendió al escuchar un determinado texto. Esas doctrinas se deben ense-
ñar porque están presentes —esperando a ser proclamadas.
Capítulo 1 15
Sin embargo, la teología bíblica busca recordar al oyente que todo
texto de la Biblia está asentado sobre una meta-narrativa, un propósito
muy claro y preciso, es decir, la revelación de Dios y su plan redentor.
La Biblia es una historia de redención, donde la Santa Trinidad se
despliega para llevar a cabo su plan. Dios Padre ejecuta su voluntad, Dios
Hijo se revela como el Dios encarnado quien está obrando en el poder
de Dios Espíritu Santo y que ha venido a “buscar y salvar lo que se había
perdido” (Lc. 19:10), tal y como Dios lo había profetizado en el Anti-
guo Testamento (Ez. 34:11). Sidney Greidanus asegura que es necesario
predicar este mensaje porque, “Después de siglos de esperar al Mesías
prometido de Dios, después de altas expectativas, la historia de su llegada
simplemente tiene que ser proclamada”.4
La teología bíblica no alegoriza a Cristo en cada pasaje. Po-
demos decir con tristeza que, en algunas instancias, se ha abusado de
la teología bíblica y del llamado “cristo-centrismo” al manipular textos
bíblicos para poder predicar a “Cristo” en cada sermón y en cada pasaje,
particularmente cuando se predica del Antiguo Testamento. Se ha llegado
a pensar que es necesario “encontrar” a Cristo en cada pasaje que se lee
o se predica. Soy de la opinión de que eso es virtualmente imposible. Es
irresponsable en el mejor de los casos, caóticamente anti-Dios en el peor
de los casos.
La teología bíblica o la predicación expositiva no alegoriza textos
bíblicos, es decir, no asigna significados simbólicos al texto. No necesi-
tamos alegorizar para demostrar la presencia de un Cristo “escondido”
en todos los pasajes. Una enseñanza sana de la Palabra de Dios no puede
manipular al texto de esa manera. Una correcta perspectiva de la teología
bíblica no propone que los escritores del Antiguo Testamento estaban
siendo “usados” de alguna manera para escribir algo que tenía dos senti-
dos: uno literal y otro místico.
En otras palabras, la teología bíblica no es una excusa para aceptar
lo que se conoce como el sensus plenior. Esta teoría argumenta que los es-
critores escribían contenido con un significado literal y al mismo tiempo
otro contenido “más pleno” que ni ellos ni su audiencia entendían. La
teoría además explica que dichos pasajes del Antiguo Testamento tienen
significados e interpretaciones ocultas que Dios dio y que serían revelados
tiempo después, por ejemplo, durante el Nuevo Testamento. John Piper
4 Sidney Greidanus, Preaching Christ from the Old Testament. edición Kindle,
(Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1999).
16 El Rey y Su Reino
advierte que cuando predicamos o estudiamos el Antiguo Testamento
no podemos, “encontrar o buscar dudosas figuras o sombras de Cristo.
Mientras más especulativa sea la predicación, más pierde su autoridad
divina”.5
Los teólogos, pastores, creyentes y todos los cristianos por igual,
necesitamos rechazar la idea de que todo el Antiguo Testamento habla de
Cristo, porque si lo creyéramos de esa manera, entonces no habría forma
de evitar que prediquemos y estudiemos textos mística y alegóricamente.
La historia de David y Goliat, por ejemplo, es precisamente eso,
la historia de David y Goliat. Cristo no está siendo revelado de alguna
manera esotérica, escondida o profunda. No, de ninguna manera. Como
pastores y predicadores tenemos la responsabilidad de “usa[r] bien la pa-
labra de verdad” (2 Ti. 2:15). La teología bíblica no propone que Cristo
está en cada pasaje. Por el contrario, lo que propone es que cada pasaje
está unido de manera muy directa al tema central de la Biblia, de la re-
velación de Dios y de la historia de redención. Eso no quiere decir que
cada texto hable de Cristo. Pero sí quiere decir que cada texto está situado
sobre los cimientos de su revelación y la redención en Cristo—todo des-
cansa sobre esa base. Por lo tanto, la teología bíblica no argumenta que
cada pasaje debe ser interpretado con Cristo de alguna manera —a como
dé lugar o de cualquier manera. No podemos inventar o forzar interpre-
taciones que encuentren a Cristo donde simplemente no está presente.
Ese entendimiento de la interpretación Cristo-céntrica es erróneo en sus
intenciones más primordiales.
Reconozco categóricamente que cada pasaje debe ser interpretado
de forma literal, histórica y gramatical. Cada pasaje tiene solamente un
significado y nuestra labor es siempre encontrar la intención original del
autor al escribir ese pasaje. La pregunta para los intérpretes siempre será,
¿cuál es la única interpretación que Dios quiere que entienda en este pa-
saje? Sin embargo, también entiendo que el tema central de la redención
está entretejido de manera orgánica en toda la Biblia. En ese sentido,
cada pasaje de la Biblia está envuelto en la historia central de la Biblia,
esto es, la revelación de quién es Dios y de la redención de la creación y
la criatura.
Veamos la ilustración bíblica que mencioné unos párrafos atrás.
David y Goliat son una sola historia y ellos son únicamente David y
Goliat —no hay simbolismo de por medio. David es el joven valiente
5 John Piper, Expository Exultation, (Wheaton, IL: Crossway, 2018), 283.
Capítulo 1 17
encargado de derrotar a este guerrero filisteo gigante durante un periodo
de inestabilidad política y militar al inicio de la monarquía en Israel (1 S.
17). Es un relato que forma parte de la narrativa bíblica. Es un evento
histórico. De eso no hay duda. No puedo poner a Cristo donde es evi-
dente que no está. La Biblia no sugiere que las piedras de David tengan
un significado particular, ni tampoco propone que Goliat represente a
Satanás, o a los “gigantes de nuestros problemas”. Esto se debe a que Dios
no ha puesto un “significado pleno” o un “entendimiento escondido” en
ese relato. Si fuera así, como ya lo he dicho y quisiera repetirlo, el encon-
trar a Cristo en el Antiguo Testamento sería una labor atribuida más a la
creatividad de cada predicador que al estudio serio de la Palabra. Sería
más un acto místico que una exposición teológica.
Sin embargo, yo diría que el uso correcto de la teología bíblica no
encuentra a Cristo en David y Goliat, pero sí coloca esa narrativa histórica
dentro de la línea central de las Escrituras. Esto significa que la historia de
David y Goliat no nos muestra a Cristo escondido entre las líneas, pero sí
nos muestra el intento constante de Satanás de desaparecer al pueblo de
Dios y así impedir el desenlace del plan redentor en Cristo. Veo la ruina
fatal para Israel al tener un rey humano, Saúl—un rey temeroso y carnal,
elegido por la gente desesperada que buscaba ser como “las otras nacio-
nes” en lugar de querer ser el reino de Dios.
El pasaje nos permite observar que tenían un rey incapaz de resca-
tarlos, en lugar de tener un rey enviado por Dios, uno ungido por el Se-
ñor de Israel. Solo unas páginas después de la historia de David y Goliat,
vemos que David ya no es solo un pastor de ovejas, sino que se convierte
en el rey David, el ungido de Dios, quien aparece victoriosamente en
escena y hace con Israel lo que solo el ungido de Dios podía hacer —res-
catar a su pueblo.
En esa perspectiva, no estoy agregando un significado oculto o in-
terpretación mística al texto. De hecho, ni siquiera estoy hablando de
Cristo. Simplemente estoy apreciando el desarrollo de dicha narrativa
dentro de la más amplia narrativa de las Escrituras —estoy considerando
la revelación progresiva de quién es Dios y qué hace con su pueblo y entre
ellos. No quiero perderme lo general por solo ver lo específico.
Esto no solo funciona con el ejemplo de David y Goliat, sino que
es igual con el resto de las Escrituras. El tema de redención es fácilmente
observable a lo largo de la Biblia —y aquello que es observable muy di-
fícilmente puede rechazarse o negarse. Pablo claramente indica que son
18 El Rey y Su Reino
“las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salva-
ción” (2 Ti. 3:15). Pablo no daba a entender que las Escrituras tienen un
poder mágico para salvar a alguien o que hay algo místico y escondido en
sus páginas para “encontrar” a Cristo. Jesús no está perdido en las páginas
el Antiguo Testamento como para que debamos encontrarlo.
Pero la historia que se desarrolla en el Antiguo Testamento sí en-
cuentra su clímax en el Señor Jesús, su persona y su obra, y es solo la
persona y obra del Rey Jesús la que puede darnos la salvación de la que
Pablo hablaba a Timoteo. Podría decir, entonces, que todas las Escrituras,
la narrativa de las Escrituras, la persona de Dios revelada en Cristo y en
el poder del Espíritu Santo es lo que da el conocimiento y la sabiduría
necesaria para ser salvo de la condenación eterna.
Si lo anterior es verdad, entonces es imprescindible que prestemos
detallada atención a dicha narrativa bíblica. La teología bíblica la presenta
de forma abierta y clara. Pero nosotros necesitamos estar totalmente in-
mersos en esta preciosa, majestuosa y hermosa narrativa. A tal narrativa
daremos toda nuestra atención en el siguiente capítulo.