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La Conversión de Pablo de Tarso

Reseña corta del apóstol Pablo

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LA VIDA DE PABLO DE TARSO

Pablo era un joven brillante y estudiante de leyes devotamente sentado a los pies de Gamaliel su
nombre era Saulo originario de Tarso de Cilicia, sus padres eran fariseos, miembros del grupo más
fervoroso judío y el más estricto en su obediencia a la ley de Moisés. Ellos se preocupaban por
proteger a su hijo de la contaminación, por lo que la amistad con niños gentiles era desaprobada y
las ideas griegas despreciadas. Aunque Saulo desde su niñez conocía la lengua franca, y también
tenía un conocimiento adecuado del latín, su familia hablaba el arameo, (lengua de Judea) lengua
derivada del hebreo.
A los 13 años, dominaba la historia del pueble judío, la poesía de los salmos y la majestuosa
literatura de los profetas poseía una “mente fotográfica” de tal forma que retenía todo lo que
contenía una página escrita. Por tal motivo fue enviado a instruirse con el maestro Gamaliel donde
aprendió a analizar minuciosamente un texto hasta lograr una gran cantidad de posibles
significados, también aprendió a debatir en el estilo de pregunta y respuesta del mundo antiguo
que se conoció como “diatribia”, y a interpretar, ya que era un rabino era no solo parte predicador,
pero también abogado que acusaba o defendía a quienes quebrantaban la sagrada ley. Saulo era
un miembro que sobrepasaba a sus contemporáneos
Saulo odiaba el nombre de Jesús. Tanto así que se convirtió en un provocador violento y descarado
que perseguía y asesinaba cristianos por lealtad al Dios del cielo. He aquí algunas citas bíblicas que
afirman lo anterior:
Hechos 22:4 Yo perseguí este camino hasta la muerte, tomando presos y entregando a las cárceles
a hombres y también a mujeres.
Hechos 22:5 Como aún el sumo sacerdote me es testigo, y todos los ancianos de quienes también
recibí cartas para los hermanos. Y fui a Damasco para traer presos a Jerusalén a los que estaban allí
para que fuesen castigados.
Hechos 26: 9-10 Pues yo, a la verdad, había pensado que debía hacer muchas cosas contra el
nombre de Jesús de Nazaret; y esto hice en Jerusalén. Habiendo recibido autorización de los
principales sacerdotes, yo encerré en cárceles a muchos de los santos; y cuando les mataban, yo di
mi voto contra ellos.
Gálatas 1: 13-14 Ya oísteis acerca de mi conducta en otro tiempo en judaísmo; que yo perseguía
ferozmente a la iglesia de Dios y la estaba asolando. Me destacaba en el judaísmo sobre muchos
de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres.
Su conversión inicia cuando persigue ferozmente a los cristianos hasta Damasco pidiendo
autorización para tomarlos presos y llevarlos a Jerusalén; sin embargo, es en este camino cuando
los planes de Dios se pusieron en marcha, así lo narra la siguiente cita:
Hechos 9: 3-4 Mientras iba de viaje, llegando cerca de Damasco, aconteció de repente que le
rodeó un resplandor de luz desde el cielo. Él cayó a tierra y oyó una voz que le decía “Saulo, Saulo,
¿Por qué me persigues?”.
ENSEÑANZAS SOBRE LA CONVERSIÓN
Algunos creyentes tratan de imponer su rígido sistema legalista de permisos y prohibiciones en
cuanto al asunto de la conversión, y quiero hacer una advertencia sobre esa clase de ejercicio. Es
imposible encontrar siquiera un solo versículo en la Biblia que muestre que hay una sola manera
en un que un pecador pueda venir a Cristo. Si bien el mensaje del evangelio es el mismo, los
métodos cambian. Es que estamos tan condicionados por nuestro origen y formación
denominacional , por tradicionalismo religioso y por los estrechos prejuicios que no somos capaces
de ver la gracia de Dios. ¡Tendemos a exigir más que el mismo Dios! Tengamos cuidado de no
demandar tanto de alguien que sinceramente se vuelve al Señor.
Los perdidos se salvan mientras escuchan un himno acerca de Cristo o mientras escuchan a un
predicador o un maestro de la Biblia exponiendo la palabra de Dios desde un púlpito, o en la
televisión o la radio. Otros se salvan durante un pequeño grupo de estudio bíblico. Y muchos
vienen a él por su propia cuenta mientras están orando en la intimidad de sus hogares. En
cualquier momento un pecador puede clamar al Señor Jesús con fe y ser salvo. Así que dejemos de
hacer el asunto tan complicado. Como sucedió con Saulo, la gracia del Señor es abundante. (p. 43)
“Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues? ¡Dura cosa te es dar coces contra el aguijón!” (Hechos:
26:14) una vez que uno se encuentra seriamente con Jesús, no hay forma de escapar del él. Sus
palabras y sus obras se meten en lo más profundo de nuestra conciencia. Esta es la razón por la
que siempre hay que animar a las personas que más se esfuerzan por resistirse al evangelio, a que
estudien la vida de Cristo, a que consideren con detenimiento sus cautivadoras palabras. (p. 45)
Al igual que Saulo, nosotros no podemos rivalizar con Dios. El jaque mate es inevitable. No
tenemos escapatoria. Dios hará lo que haga falta para llevarnos a un punto de absoluta
dependencia de él. Inflexiblemente, pacientemente, y fielmente nos aguijoneará hasta que final y
voluntariamente nos dobleguemos ante él. (p. 46).
EL PAPEL DE ANANÍAS
Ananías fue llamado por Jesús para desempeñar un papel importante dentro de la vida de Saulo de
Tarso, recordemos que por ese tiempo la fama de Saulo era más bien la de un implacable
perseguidor y asesino de cristianos; este fue el llamado que escuchó en una visión que el Señor le
mostró: “había cierto discípulo en Damasco llamado Ananías, y el señor le dijo en visión:
(Hechos: 9: 10-12)
-Ananías
El respondió
- Heme aquí Señor
El señor le dijo:
- Levántate, ve a la calle que se llama la derecha y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo de
Tarso; porque he aquí él está orando, y en una visión ha visto a un hombre llamado Ananías que
entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.
Imaginemos que cualquiera de nosotros fuera este personaje y no hubieran dado esa orden,
honestamente sería algo muy difícil de decidir ya que está en juego la vida propia, pensar que
tienes que ir presentarte ante la presencia de un perseguidor y asesino de cristianos, veamos lo
que contestó:
Hechos 9:13 “Señor, he oído a muchos hablar acerca de este hombre, y de cuantos males ha hecho
a tus santos en Jerusalén”.
Cuantas veces aun sabiendo que Dios pone en nuestros corazones su voluntad aún con temor,
rebeldía, o poniendo pretexto para aplazar o delegar a otros esa orden hemos de hacerla,
pensemos por un momento, que es lo que sintió Ananías al oír esa orden.
Sin embargo, la orden era determinante. Dios no acepta la renuencia. La renuencia a aceptar la
voluntad de Dios es una respuesta meramente humana. He aquí la respuesta que Dios le da:
Hechos: 9:15-16 “Ve, porque este hombre me es un instrumento escogido para llevar mi nombre
ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel. Porque yo le mostraré cuanto le es necesario
padecer por mi nombre”.
Son pocos los que disfrutan la fama, renombre, posición e influencia en la familia de Dios. La grana
mayoría son los Ananías del mundo, los mandaderos por así decirlo, haciendo precisamente lo que
Dios les ha pedido que hagan en precisamente el lugar donde él les ha ordenado que vayan. Son
los que mantienen funcionando con buena salud al cuerpo. Nadie sabrá jamás, sino hasta que
llegue la eternidad, el inmenso servicio que ellos dieron a la causa de Cristo.
Ananías fue el instrumento que el señor utilizó para la conversión de Saulo, fue el quien le devolvió
la vista quitándole las escamas que le cubrían sus ojos, el fue el encargado de abrirle los ojos a un
nuevo mundo, al mundo que el señor le tenía preparado, después de eso la biblia no lo vuelve a
mencionar, sin embargo, resalta el enorme papel que tuvo en l vida de Saulo de Tarso.
LOS SUFRIMIENTOS DE SAULO
Y vaya que Saulo le fue mostrado el verdadero sufrimiento, fue la forma en la que fue crisolado,
recordemos que el crisol del dolor y el padecimiento es la escuela de Dios donde los cristianos
aprenden humildad, paciencia, fortaleza, paciencia y gracia; estos padecimientos Saulo lo muestra
en la siguiente descripción:
2 corintios 11: 23-28 “¿Son ministros de Dios? (hablo como delirando) ¡Yo más! En trabajos arduos,
más; en azotes, sin medida, más; en cárceles, más; en azotes, sin medida; en peligros de muerte,
muchas veces. Cinco veces he recibido de los judíos cuarenta azotes menos uno; tres veces he sido
flagelado con varas; una vez he sido apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un
día he estado en lo profundo del mar. Muchas veces he estado en viajes a pie, en peligro de ríos,
en peligro de asaltantes, en peligros de los de i nación, en peligro de los gentiles, en peligros en la
ciudad, en peligro en los desiertos, en peligros en el mar, en peligro entre falsos hermanos; en
trabajo arduo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y
desnudez, y encima de todo, lo que se agolpa sobre mí cada día: la preocupación por todas las
iglesias.
En la vida a veces no se puede entender todas las razones por las que tenemos que sufrir por su
nombre, pero es necesario convencerse de esto: es parte del plan soberano de Dios para
prepararnos, de modo que podamos ser sus instrumentos de gracia para un mundo cruel y
abatido.
LA VOLUNTAD DE DIOS
Las sorpresas son siempre parte de la dirección de Dios, así como a Saulo la sorpresa fue una luz
que vino del cielo haciendo la transformación de una vida. Para Ananías fue una orden
aparentemente ilógica y absurda de parte d Señor, a través de una visión. Por la fe Abraham,
cuando fue llamado, obedeció para salir alugar que había de recibir por herencia; y salió sin saber
a donde iba. Lo único que Abraham sabía era que Dios quería que se marchara, no tenía la menor
idea del destino final, no sabía los problemas que tendría que enfrentar, no sabía nada.
Si usted espera que Dios se lo revele todo, con pelo y señales, nunca dará el primer paso en
obediencia a su voluntad. Tiene que estar preparado para confiar en su plan, sabiendo que estará
lleno de sorpresas. Las sorpresas son siempre parte de la dirección de Dios.
Las sorpresas siempre estimulan nuestra necesidad de fe, cuando uno se encuentre con el
elemento sorprendente de la voluntad de Dios, nuestra fe debe ponerse a máxima velocidad, de lo
contrario podríamos correr en dirección opuesta. A veces el plan de Dios nos asustará o intimidará.
Otras veces nos decepcionará, por ejemplo, si Dios le dice que no, o que no debe hacer nada,
nosotros querremos discutir. Tal vez deseemos pelear, intentar negociar o enojarnos. Pero si
nuestra fe se pone en acción, ninguno de estos impulsos nos controlará. La fe dice: “Puedo
hacerlo. Confío en ti, Señor. No lo entiendo todo, pero confío plenamente en ti. Vamos a hacerlo.

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