0% encontró este documento útil (0 votos)
331 vistas59 páginas

Mitos Griegos

Tomado de Prácticas del lenguaje : mitos griegos : páginas para el alumno / coordinado por Cecilia Parra y Susana Wolman. - 1a ed. - Buenos Aires : Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2007. con proposito educativo

Cargado por

perezc
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
331 vistas59 páginas

Mitos Griegos

Tomado de Prácticas del lenguaje : mitos griegos : páginas para el alumno / coordinado por Cecilia Parra y Susana Wolman. - 1a ed. - Buenos Aires : Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2007. con proposito educativo

Cargado por

perezc
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Mitos

griegos
Desde el fondo de los tiempos...

Como podrás ver en estas páginas y en muchos libros, las historias


que confor- man la mitología, sobre todo la de Grecia antigua, han
sido y son fuente inago- table de argumentos para la literatura y otras
formas del arte y de la cultura de toda la humanidad. La poesía, el
teatro, la música, la pintura, el cine, los cómics se inspiran a menudo
en fuentes mitológicas.
Los mitos son relatos de transmisión oral que fueron puestos
por escrito por diversos poetas. La Ilíada y la Odisea, obras del poeta
griego Homero, fueron creadas probablemente más de setecientos años
antes del nacimiento de Cristo y aún hoy se leen con placer. Más tarde
llegó Hesíodo, quien, entre otros acon- tecimientos, escribió sobre los
dioses, sobre los guerreros y sobre la Creación. Las historias –que ahora
llamamos mitos– que contaban Homero y Hesíodo se incor- poraron a
la educación escolar desde los tiempos antiguos, no sólo en Grecia, si-
no también en otros países a los que se había extendido la lengua
griega, desde Asia Occidental hasta África del Norte y España.
Los romanos adoptaron los mitos más importantes de la
mitología griega, pero nombraron a los dioses de manera diferente. El
escritor latino Ovidio narró en su libro Metamorfosis doscientas
cuarenta y seis historias mitológicas.
Aunque no hablamos griego antiguo ni latín, la lengua de la antigua
Roma, somos herederos indirectos y lejanos de su lengua y su cultura, y
los viejos rela- tos mitológicos han llegado hasta nosotros y a tu
escuela. ¿Quién no sabe, aca- so, que Hércules es el más fuerte de
los héroes y Ulises el más valiente? ¿Quién se atrevería a decir que
existe una mujer más bella que la diosa Venus, llamada Afrodita por los
griegos? ¿Quién no conoce a las sirenas? ¿Quién no tuvo una vez una
pesadilla en la que se perdía en un laberinto sin poder hallar la
salida?
¿Quién no ha soñado con recibir los laureles de la victoria?
Al enfrentar los relatos mitológicos, entonces, encontrarás
historias que han sido escuchadas en rondas alrededor del fuego,
anotadas alguna vez, rees- critas, editadas en todos los idiomas del
mundo, ilustradas y representadas en es- tatuas y pinturas durante
miles de años. (Leíste bien, ¡miles de años…!)
Los dioses griegos
LOS PERSONAJES MÁS NOTABLES DE LA MITOLOGÍA SON LOS DIOSES. EL
COMPORTAMIEN- TO DE LOS DIOSES GRIEGOS ES MUY SIMILAR AL DE LOS
SERES HUMANOS: SIENTEN CE- LOS, DESOBEDECEN, SON CAPRICHOSOS Y
VENGATIVOS.

Los doce dioses y diosas más importantes de la antigua Grecia eran


llama- dos los Olímpicos y pertenecían a la misma familia, grande y
guerrera. Vivían todos juntos en un enorme palacio que estaba
ubicado en la cima del monte Olimpo, la montaña más alta de
Grecia. La construcción, cuyas características eran similares a los
palacios de la tierra, había estado a cargo de los cíclopes. A su alrededor
se levantaban unas enormes murallas tan empinadas que era impo-
sible escalarlas.
Los dioses Hades y Perséfone, por su parte, vivían bajo la tierra,
porque allí tenían sus dominios, y Poseidón, siempre vinculado a las
aguas, habitaba en las
fuentes, los ríos y los mares.
Los dioses griegos tenían el don de la inmor-
Hades y Perséfone protagonizan talidad; no eran seres inmateriales, sino
algunos de los llamados mitos del visibles para los mortales. Eran perfectos y
descenso a los infier- nos. Se los bellos. Su apa- riencia y su comportamiento
encuentra bajo diversos títulos: eran similares a los de los hombres y, como
Ceres y Proserpina, Plutón y Proserpina, ellos, vivían intensamente sus pasiones.
Deméter y Perséfone, entre otros. Estaban humanizados y dotados de
cualidades y defectos, como cualquier otro
mortal.
Los olímpicos solían reunirse en la sala de consejos para discutir
asuntos que concernían a los mortales, por ejemplo, a qué ejército
terrestre había que de- jarle ganar una guerra, si debían o no castigar
a algún rey o a alguna reina por haber tenido una conducta
inadecuada. Pero casi todo el tiempo estaban ocupa- dos en sus
propias peleas.
Entre los dioses, había esposos infieles, esposas celosas e hijos
desobedien- tes... y sus decisiones muchas veces eran crueles y
despiadadas. Así, en sus his- torias se pueden encontrar las pasiones
más variadas: la envidia, la fidelidad, los celos, la ira, la ambición, la
desobediencia, la lealtad...
Los dioses bebían néctar, una bebida hecha de miel fermentada, y
comían ambrosía, una mezcla cruda de agua, miel, fruta, aceite de oliva,
queso y ceba- da. Algunos lo dudan y sugieren que el verdadero
alimento consistía en unas se- tas moteadas que aparecían cada vez que
Zeus, el padre de los dioses, tocaba la tierra con su rayo.
Al igual que los hombres, los dioses griegos eran impredecibles,
por eso unas veces tenían un estricto sentido de la justicia y otras eran
crueles y venga- tivos. El favor de los dioses se alcanzaba por medio de
los sacrificios y de la pie- dad, pero estos procedimientos no eran
siempre efectivos puesto que los dioses cambiaban fácilmente de
opinión.
Zeus
Zeus, el más grande de los dioses del panteón helénico, hijo de Cronos y
Rea, es esencialmente el dios de la luz, del cielo sereno y del rayo.
Generalmente perma- nece en la cumbre del monte Olimpo, pero a
veces también viaja.
Zeus no solo provoca la lluvia,
El mito de Baucis y lanza el rayo y el relámpago
Filemón narra la historia sino que, sobre todo, mantiene el
de dos an- cianos que le orden y la justicia en el mundo.
dan hospitalidad a Zeus Es el encar- gado de purificar a
cuando él sale a recorrer los homicidas de la mancha de
la tierra. El dios, colérico y sangre, vela por el
caprichoso a veces, demuestra mantenimiento de los
con ellos cuán agradecido puede juramentos y por el respeto de
ser con quienes ha- cen el bien. los deberes para con los
huéspedes. No sólo ejerce
Es muy curioso que el nombre de estos poderes con los hom-
Zeus y Dios tenga el mismo origen. bres, sino también en el
Ambos vienen de la raíz indoeuropea seno de la sociedad de
diu, que significa "cla- los dioses.
Consciente de su res-
ridad del día", y más aún, la palabra "día" ponsabilidad, es el único dios
pertenece a la misma familia. Por otra parte, la que no se deja dominar
palabra para Dios en los idiomas indoeuropeos por sus caprichos –por
del norte de Europa, co- mo el alemán Gott, y el lo menos cuando no se
inglés God, proviene también de un término trata de capri- chos
indoeuropeo que significa "brillante". amorosos–. Es el dispen-
sador de bienes y
males.
Homero cuenta en la
Ilíada que en la puerta de su palacio hay dos jarras, una de ellas
contiene los bienes, y la otra, los males. En general, Zeus saca
alternativamente el contenido de una y el de la otra para cada uno de
los mortales; pero a veces extrae exclu- sivamente el de una de las dos.
En esos casos, el destino resultante es, unas ve- ces, del todo bueno y,
otras veces, que son la mayoría, por completo malo.
Atenea
El mismo Zeus relata que un día, sintiendo un terrible El mito de Aracne narra la historia
dolor de cabeza, se había puesto a gritar de una tejedora que produce las
desaforadamente. Entonces, He- festo corrió en su telas más bellas que se hayan visto
ayuda y le abrió el cráneo de un hachazo; de esa nunca. Pero la joven se atreve a
manera nació Atenea, vestida con una armadura desafiar a la diosa Ate-
completa. nea que lanza sobre ella el jugo de unas
Atenea es considerada en el hierbas, lo que hace que se transforme para
mundo griego como la diosa de la siempre. En la página 33 encontrarán las
sabiduría. Preside las artes y la huellas de esta historia nada menos que
literatura. Protege a las hilan- deras, en la zoología.
las tejedoras y las bordadoras.
Es una diosa guerrera, armada
con una lanza y la égida (especie de
coraza de piel de cabra). Protege a varios
héroes en sus hazañas: a Aquiles, a
Heracles y a Ulises, entre otros. Só- lo iba
a las batallas si era obligada, y cuando
luchaba, siempre ganaba.
Sus atributos eran la
lanza, el casco y la égida. En
su es- cudo fijó la cabeza de
la Gorgona que le había
dado Perseo. Su
ani- mal favorito
era la lechuza y
su planta prefe-
rida, el olivo.
Hades o Plutón
Hades aparece raras veces en los
mitos, excepto en el de Deméter, su
herma-
na, a cuya hija Perséfone
raptó para convertirla en
reina de los Infiernos.
Es hijo de Crono, dios
del tiempo. Después de la
victoria de los olímpicos sobre
los titanes se repartió el
universo con sus her- manos,
Zeus y Poseidón.
A pesar de no ser un dios malévolo ni injusto era aborrecido por
todos, in- cluso por los mismos Inmortales. Como su nombre era de mal
augurio, para nom- brarlo se recurría frecuentemente a diversos
eufemismos, por ejemplo, Plutón (el rico). Es el amo de las
profundidades de la tierra; posee todas sus riquezas mine- ras y rige
también la fecundidad del suelo en sus aspectos agrícolas. Su atributo
principal es un casco, regalo de los cíclopes, que otorga invisibilidad a su
porta- dor; de hecho, el significado etimológico de su nombre griego
es "el invisible". Otros dioses o héroes, como Atenea, Hermes o Perseo,
utilizaron en ocasiones es- te objeto mágico.

Afrodita
Es la diosa del amor y de la belleza. Hay diferentes versiones acerca
de su na- cimiento. Una de ellas cuenta que es hija de Zeus y de Dione;
otra, que nació de la espuma del mar. La hierba y las flores brotaban de
la tierra donde ella pisaba. Su ira le inspiraba actos malévolos. Por
ejemplo, como las mujeres de Lem-
nos no la honraban, las castigó impregnándolas de un olor
detestable, lo que provocó que sus maridos las abandonaran.
Obtener sus favores también era pe- ligroso en algunos casos.
Sus animales favoritos eran las palomas. Su carro era tirado por estas aves.
Sus plantas, las rosas y el mirto.
Los héroes griegos
HÉRCULES, ULISES Y AQUILES SON LOS HÉROES GRIEGOS MÁS FAMOSOS.
EN LA MITO- LOGÍA GRIEGA, LOS HÉROES SE UBICAN ENTRE LOS DIOSES Y LOS
HOMBRES; PARTICIPAN, A LA VEZ, DE LA DIVINIDAD Y DE LOS CARACTERES
HUMANOS. NACEN DE LA UNIÓN DE UN HUMANO Y DE UN DIOS, DEL CUAL
ADQUIEREN UNA CARACTERÍSTICA QUE LOS HACE ESPECIALES. SE LOS
CONSIDERA FUNDADORES DE LOS PUEBLOS, LOS ANCESTROS Y LAS
GRANDES FAMILIAS, POR LO QUE CADA CIUDAD DE LA GRECIA ANTIGUA
TUVO SU HÉROE PROTECTOR Y TODOPODEROSO. MUCHOS FUERON
RECONOCIDOS POR SU BELLEZA EXTRE- MA O POR SUS HAZAÑAS ÉPICAS, YA
FUERA POR MATAR A UN GIGANTE O POR DERRO- TAR A MUCHOS
ENEMIGOS.

Heracles o Hércules
Heracles, a quien los latinos llaman Hércules, es el héroe más célebre y
popular de toda la mitología clásica. Era hijo de Zeus y de Alcmena,
una princesa teba- na. Heracles estuvo muy cerca de convertirse en un
dios ya que Zeus intentó que bebiera la leche de Hera, su esposa y
madre de los dioses, mientras dormía, pe- ro Hera se despertó y la
leche se derramó por el cielo donde al instante se for- mó la Vía
Láctea.
Hera, enojada por esta situación, envió dos serpientes enormes
para que mataran a Heracles, quien dormía en su cuna junto a su
hermano gemelo. Pe- ro Heracles, dueño de una fuerza sin igual,
tomó a las dos serpientes y las es- tranguló.
Heracles debió enfrentar siempre las consecuencias de los celos de Hera.
Luego de ser educado por los maestros más hábiles, se vio
subordinado al rey Euristeo y estuvo obligado a obeceder sus
órdenes, dictadas por la dio- sa Hera, que buscaba venganza. Fue así
como tuvo que cumplir con doce tra- bajos prodigiosos, entre ellos la
lucha contra el león de Nemea, el combate contra la hidra de Lerna,
la cacería del jabalí de Erimanto, el descenso a los Infiernos en busca
del can Cerbero, la captura del toro que había engendrado al
Minotauro, la derrota de Gerión, el monstruo de tres cuerpos unidos
por la cintura.
Heracles se convirtió en el símbolo del hombre en lucha contra las
fuerzas de la naturaleza.
Odiseo o Ulises
Es el personaje principal de la Odisea. Su nombre latino es Ulises.
Homero nos relata el regreso de este héroe a Ítaca, una vez
acabada la guerra de Troya. Entre sus aventuras más famosas se
encuentran: el enfrenta- miento con el cíclope Polifemo, la prisión en la
isla de la maga Circe, la visita al Hades y el episodio de las sirenas.
Cuando logra llegar a su patria, se enfrenta y vence a los pretendientes
que aspiraban casarse con su esposa Penélope.
En la IIíada se describe a Odi-
La Odisea es un poema que narra el regreso de seo como uno de los mejores
Odiseo, rey de Ítaca, a su patria, luego de la héroes, famoso por su claridad
guerra de Troya. El viaje dura diez años durante de juicio, in- genio y
los cuales el héroe vive di- prudencia.
versas aventuras. Primero desembarca en la isla de los Simboliza el hombre
lotófagos donde son devorados algunos miembros de la equilibra- do y con dominio de
tripulación. Más tarde, Odiseo ciega al cíclope Polifemo sí mismo; tipo ideal del
–hijo de Poseidón–. Este hecho motiva la ira del dios del navegante; modelo de pa- dre
mar, quien lanza vientos que des- vían el curso de las y esposo; símbolo de la lucha
naves, hasta hundirlas. contra la adversidad, que triunfa
Atenea, junto con otros dioses, trata de ayudar a por la firme fuerza de su
Odiseo sin que Poseidón lo sepa. Cuando Poseidón lo voluntad.
descubre, hunde la na- ve, pero Odiseo logra alcanzar la
costa y salvarse. Finalmente, lle- ga a su patria, se enfrenta
y vence a los pretendientes que aspira- ban a casarse con
su esposa Penélope.
Aquiles
Aquiles es hijo del rey Peleo y la diosa Tetis. Como
su padre, Aquiles es mortal. Sin embargo, la madre trata La Ilíada es el poema épico
de lograr para él la inmortalidad sumergiéndolo en las más antiguo de la literatura
aguas del río Estigia; con- siguió de ese modo hacer europea. Se cree que fue escrito por
invulnerable todo su cuerpo, excep- tuando el talón por Homero en el si- glo VIII a. C. Consta
donde lo sujetaba. de 15.690 versos.
En la guerra de Troya, Aquiles se distinguió como un Este poema narra la guerra entre
luchador infatigable. Pero, como todos los jóvenes, Aquiles aqueos y troyanos. Relata un pasaje de 51
se irritaba fácil- mente. Enojado con el rey Agamemnón, días, sucedido durante el décimo año de la
abandona la lucha aun sabiendo que su ausencia del guerra de Troya, que comienza con la
campo de batalla acarrearía grandes pérdidas a los retirada de Aquiles (Aquileo) a su tienda. La
griegos. A partir de este momento los troyanos toma- ron muerte de su amigo Patroclo a manos de
la ofensiva y los griegos comenzaron a retroceder hacia el Héctor, héroe troyano, hará que Aquiles
mar. Aunque rehusó salir al combate, permitió a su vuelva a la lucha para vengarlo.
amigo Patroclo luchar con sus propias armas. Al día
siguiente, el troyano Héctor
mató a Patroclo creyendo que era Aquiles, y lo despojó de su
armadura.
Aquiles regresa entonces al combate para vengar la muerte de
Patroclo, su gran amigo desde la infancia. Obtuvo de su madre una
nueva armadura forjada en la fragua de Vulcano, y salió al campo de
combate, donde mató a Héctor. Desde ese momento, continuó
luchando, derrotando una y otra vez a los troya- nos y a sus aliados.
Finalmente, Paris, hijo de Príamo, con la ayuda del dios Apolo, hirió a Aquiles
con una flecha en su único punto
vulnerable, el talón. Aquiles murió a
causa de esa herida.
El valiente Aquiles simboliza el
ímpetu de la juventud y
personifica el ideal de
la amistad.
El camino del héroe
Los héroes griegos, como muchos héroes de las historias más modernas,
recorren un camino propio –cada uno el suyo– que, sin embargo,
según los estudiosos de la literatura, guarda ciertas similitudes con el
recorrido de los demás héroes.
Efectivamente, en todo relato puede descubrirse un momento
inicial: el hé- roe vive en un mundo más o menos habitual, con los
miembros de su familia, aprendiendo y experimentando como
cualquier niño. Un día, sin embargo, sien- do todavía muy joven, al
héroe se le presenta un desafío: tal vez su patria esté en guerra, tal
vez desee conocer a su padre que habita en un reino lejano… Lo
cierto es que la tranquilidad de la vida diaria empieza a transformarse. El
héroe abandona su mundo familiar, su niñez, su infancia, y se dirige
hacia un mundo nuevo, desconocido para él, a veces mágico. Allí
encuentra amigos y enemigos, descubre aliados y amenazas, y
observa y descifra las nuevas reglas, las del es- pacio al que acaba
de arribar.
Un día, finalmente, por alguna razón, el héroe deberá salir a
enfrentar la prueba más grande, un obstáculo que parece invencible,
tendrá que derrotar a
un monstruo, vencer a un enemigo poderoso.
Es el momento del viaje, y el héroe parte.
En el trayecto, se revelarán los
verdaderos aliados, que le aportarán ideas
u objetos reales y mágicos para derrotar al
monstruo, y los verdade- ros enemigos, los
que desean su muerte. El viaje, lleno de
temores por lo que va a ocurrir, así como el
enfrentamiento y la lucha con el enemigo,
de- jará sus huellas en el joven héroe que
partió de su patria. Después de la lucha,
cuando emprenda el regreso al mundo
cotidiano, ya no será el mismo: si partió
inexperto, volverá habiendo conocido el
amor y enfrentado a la muerte; si partió
como un príncipe valiente pero
despreocupado, volverá pa- ra ser rey y
responsable de su pueblo; en fin, si partió
como un joven, volverá siendo un adulto. En
algunos casos, el héroe ni siquiera es
reconocido por su familia y su pueblo,
pues tantos son los cambios que ya no es
el mismo que partió un día. El camino del
héroe, dicen algunos, es el cami-
no de la vida: el niño vive protegido en los cuidados
del mundo familiar hasta que empieza a
alejarse de él, poco a poco, al principio siendo
aún bastante ni- ño, más adelante como un
joven que comienza a descubrir el mundo
de los adultos. Los peligros, las pruebas, las
dificultades y los enfrentamientos son
inevitables. El joven siempre debe luchar
contra al- gún monstruo que está frente a él
e incluso con al- guna fiera que está dentro
de su corazón. Cuando el joven derrota al
monstruo, ya no es un joven: es un hombre,
fuerte y responsable de su propio destino.
Héroes y superhéroes

Superman, el Hombre Araña, Batman y otros héroes,


que el ci- ne y los cómics nos han hecho conocer tan
bien, comparten algunas de las características de los
héroes griegos. Mientras que Ulises o Teseo tenían la
protección de algún dios, estos héroes tienen alguna
cualidad especial que los distingue de los humanos
comunes: fuerza increíble, el poder de deslizarse por
los aires, de colgarse de las alturas y desafiar la
gravedad…; tienen, como bien saben los
espectadores, sus superpoderes.
El superhéroe cinematográfico casi siempre
vive aventuras episódicas: concluye una, retorna a su
vida ordi- naria y enfrenta otro obstáculo o peligro,
diferente pero si- milar al que enfrentó
anteriormente. A diferencia de los
héroes, sus recorridos no pueden ser un símbolo de la vida del hombre. Los
superhéroes tienen experiencias que no les dejan huellas, se mantienen siempre
jóvenes, iguales a sí mismos; no pueden enamorarse, o si lo hacen no llegan a
concretar su amor, porque de lo contrario su vida se transformaría y no podrían
seguir el recorrido idéntico de sus aventuras de historieta.
Los superhéroes son una creación estadounidense; casi todo lo que logran
depende de su poderío personal, “salvan al mundo”, pero los villanos siempre
reaparecen.
El cine y la televisión presentan las historias de los súperhéroes pero
también se bur- lan de ellas creando anti-superhéroes como el Súper Ratón o el
Chapulín Colorado.
En la Argentina, existe un gran héroe con poderes sobrenaturales: Juan
Salvo viaja por la eternidad y por eso recibe un nombre singular: el
Eternauta. Junto a Elena, su mujer, y Martita, su hija, en
su casa de Vicente López, con sus amigos de
siempre, junto a su nuevo amigo, Germán, el
historietista, o con aliados de cada aventura, libra
batallas contra los Ellos que han ataca- do al mundo.
La batalla de la Rotonda de Avenida General Paz, la
batalla de la Cancha de Ríver, la de Barrancas de Bel-
grano, la gran batalla de Plaza Italia…
▲ El Eternauta. Sus creadores
fueron Héctor Oesterheld
(guionista) y Francisco Solano
López (dibujante).
Teseo, héroe entre los héroes
Egeo, rey de Atenas, supo por boca del oráculo que no debía casarse
lejos de su tierra... La unión del rey con una extranjera, afirmó el
oráculo, traería grandes desgracias a Atenas y al pueblo ateniense.
Sin embargo, el joven rey se enamoró de Etra, la hija menor del rey
de Tre- cén y se unió a ella sin pensar en las amenazantes
predicciones.
Un día, cuando ya estaba a punto de nacer el hijo de Egeo y
Etra, Egeo supo que debía regresar a Atenas. Llevó a su esposa
a las afueras de Tre-
cén, se detuvo junto a una inmensa roca y así habló:
—Esposa mía, bajo esta roca ocultaré mis sandalias y mi
espa- da. Si el niño que está por nacer es varón, tráelo a
este lugar cuan- do sea un joven y ordénale que las
desentierre. Cuando lo vea vis- tiendo mis prendas, sabré
que es mi hijo y lo haré heredero de mi
reino, Atenas, al que debo regresar ahora.
Poco tiempo después nació Teseo; se crió en el
palacio de su abuelo sin conocer a su padre y, desde
muy pequeño, recibió la especial protección de
Poseidón, dios del mundo de los mares.
Teseo se destacó como un niño fuerte y valiente. Su
abuelo, el rey de Trecén, le enseñó a conocer las estrellas, a
lanzar la jabalina
y a empuñar la espada.
Un día, cuando Teseo tenía siete años, Hércules llegó de
visita al pa- lacio; al entrar, dejó sobre uno de los bancos del jardín la
piel del león de Nemea con la que siempre se cubría desde que había
derrotado al temible león. Los niños vieron la figura de la bestia
recostada sobre el banco y huyeron des-
pavoridos gritando: “¡Un león, un león!“
Teseo, sin embargo, corrió hacia la cocina, tomó de allí un cuchillo y
volvió con él al jardín dispuesto a vencer a la fiera. Hércules quedó
admirado de la va- lentía del niño y aseguró que el nombre de Teseo
se recordaría por siempre en- tre los nombres de los héroes.
🙥🙧
Cuando Teseo cumplió dieciséis años, Etra, su madre, lo llevó
hacia las afueras de Trecén y mostrándole la inmensa roca le dijo:
—Hijo mío, debajo de esa roca encontrarás las sandalias y la
espada de tu padre que no es otro que Egeo, el rey de Atenas.
Recupera esas prendas y pre- séntate ante Egeo que reconocerá en
ti a su hijo.
Con un enorme esfuerzo Teseo corrió la roca. Allí estaban las
sandalias y la espada de su padre. Se las calzó, dio un fuerte abrazo a su
madre y, sin dejarse ganar por la tristeza de la separación, emprendió
la marcha. 🙥🙧

Teseo se dirigió a Atenas por el camino de tierra, plagado de


peligros; de- seaba demostrar su valentía e imitar a Hércules, a quien
mucho admiraba. No le faltaron ocasiones.
El primero en probar el filo de su espada fue Escirón, un
poderoso saltea- dor de caminos. Lo siguió el gigante Sinis, a quien
llamaban el “doblador de pi- nos” pues solía aplastar a sus enemigos
entre dos inmensos pinos a los que unía entre sí con el solo
movimiento de uno de sus brazos. Sin duda, Poseidón, pro- tector de
Teseo, lo custodió a lo largo del camino.
En el palacio se celebraba un gran banquete el día en que llegó
Teseo. Su padre, el rey Egeo, ocupaba el lugar principal.
El joven no había revelado a nadie su nombre; al llegar ante la
mesa de- senvainó su espada. Tuvo que apartar de sí a quienes
querían echarlo fuera an- tes de lograr cortar con la punta del arma
una pata del cordero que Egeo tenía ante sus ojos, en una fuente de
plata. El rey reconoció la espada, miró los pies del desconocido y supo
que el apuesto joven era su propio hijo. Levantándose lo abrazó una y
otra vez, y lo proclamó su heredero.
Desde entonces, Teseo luchó para fortalecer en Atenas la
autoridad de su padre.
🙥🙧
Atenas padecía por entonces una gran penuria anunciada ya por
el orácu- lo. Minos, el rey de Creta, había vencido a los atenienses en
una guerra y les ha- bía impuesto un terrible castigo. Cada año, los
atenienses debían enviar a siete jóvenes y siete doncellas para que
fueran devorados en Creta por el Minotauro. El Minotauro era un ser
monstruoso, con cuerpo de hombre y cabeza de to-
ro; emitía por su boca extraños ruidos no articulados, mezcla de bufido y
ronqui- do, en los que se adivinaba un soplo humano de tristeza. Se
alimentaba con car- ne humana. Vivía encerrado en el Laberinto,
complicada construcción en la que era fácil entrar pero imposible salir.
Cuando Teseo supo de la desgracia que hería al pueblo de su
padre, deci- dió viajar él mismo a Creta para luchar contra el
Minotauro y librar del mal a Atenas.
—Teseo, hijo bienamado –dijo Egeo– que los dioses te protejan. La
nave que te conduce lleva velas negras. Cuando regreses vencedor del
Minotauro, cámbia- las por velas blancas. De ese modo, a la distancia,
conoceré la noticia de tu vic- toria.
Teseo prometió a su padre que cambiaría las velas como señal de su triun-
fo y zarpó, junto a los otros jóvenes, rumbo a Creta.
🙥🙧
El rey Minos recibió a los atenienses ataviado con bellas ropas
blancas; de- seaba conocer al joven Teseo, de cuya valentía había oído
hablar. Para impresio- narlo, le dijo de manera burlona mientras
arrojaba al agua su anillo:
—Me han dicho, Teseo, que el dios Poseidón te favorece. Si es
cierto, dile que te ayude a recuperar este anillo.
Teseo le respondió:
—Demuestra tú primero que el mismo Zeus, padre de todos los
dioses, te tiene bajo su protección.
Zeus, que verdaderamente era protector de Minos, no se hizo
esperar: arro- jó desde los cielos rayos y truenos que iluminaron el mar y
levantaron en él olas gigantescas que sacudieron sin cesar la nave
ateniense.
Teseo se arrojó entonces al mar. Allí, Poseidón lo recibió con
alegría. Esta- ba sentado en un carro de oro tirado por bellas sirenas.
Bastó una señal suya pa- ra que un veloz pez plateado recuperara el
anillo. Segundos después, Teseo emer- gió de las aguas con el anillo en
una de sus manos y frágiles estrellas de mar es- cabulléndose entre los
dedos de la otra.
🙥🙧
Teseo y sus compañeros debieron aguardar al día siguiente para
combatir con el Minotauro.
Durante la noche, la joven Ariadna, hija del rey de Creta, apareció
entre los árboles. La belleza de Teseo, saliendo deslumbrante del mar
aquella mañana, ha- bía despertado un amor incontenible en su
corazón.
—Valiente Teseo –le dijo– podrás vencer, sin duda, al poderoso
Minotauro con tu espada y tu valentía. Pero no saldrás jamás del
Laberinto. Te entrego es- te ovillo; es un ovillo mágico. Ata la punta
del hilo a la puerta del laberinto y conserva el ovillo en tu mano. El
hilo se irá desenrollando cuando camines por los corredores del
Laberinto y, cuando desees volver, te bastará seguir el hilo pa- ra hallar
🙥🙧
la salida.

A la hora señalada, Teseo entró en el Laberinto. En una mano


llevaba la es- pada de su padre y en la otra el ovillo de Ariadna.
Desde lejos escuchó los mugidos del Minotauro pero sólo se
enfrentó con él después de llegar al centro mismo del Laberinto. El
combate duró largas ho- ras. La bestia arremetía contra el joven
clavándole sus cuernos y empujándole con fuerza sobrehumana. Teseo
resistió sus embates. Cuando logró separarse del monstruo, tomó
fuerzas, se lanzó sobre su adversario con la espada en alto y le
atravesó el corazón. El Minotauro cayó muerto.
Teseo siguió el hilo de Ariadna para hallar el camino de regreso.
Ariadna y los jóvenes y las doncellas atenienses que se habían
librado de una terrible muerte abrazaron a Teseo en la puerta del
Laberinto. Sigilosamente, subieron a bordo de su nave y esa misma
noche huyeron hacia Atenas. Ariadna viajaba junto al joven héroe.
Al llegar a la isla de Naxos, sin embargo, algo interrumpió su dicha.
Dioni- sio, uno de los dioses del Olimpo, vio a la princesa y deseó
inmediatamente ca- sarse con ella. La joven se despidió llorando de
Teseo. El dios Dionisio bajó a la isla con un carro maravilloso tirado por
fantásticas panteras aladas y en él se lle- vó a Ariadna hacia el Olimpo
para convertirla en su esposa. 🙥🙧

Los atenienses siguieron viaje sin dejar de festejar la victoria


sobre el Mi- notauro. La alegría hizo que Teseo olvidara la promesa que
había hecho a su pa- dre: la nave avanzaba hacia Atenas con sus
negras velas desplegadas al viento. Desde lo alto de la ciudad, Egeo
la divisó. Su corazón se estremeció de dolor al pensar que su amado
hijo había muerto en Creta. Sin poder soportar la pena, Egeo se arrojó
al mar, a ese mar que baña las costas de Grecia y que, desde en-
tonces, lleva su nombre.
Cuando Teseo desembarcó, supo la noticia de la muerte de su
padre. En me- dio de esta nueva tristeza, el joven héroe fue proclamado
rey de Atenas. Teseo fue un buen rey pero su reinado estuvo plagado
de luchas y tragedias, como lo había estado su nacimiento, marcado
a la vez con el signo de la gloria y con la sombra de la desgracia.
Extrañas criaturas de la mitología
LAMITOLOGÍA GRIEGA ESTÁ POBLADA DE CRIATURAS, ALGUNAS SON
MONSTRUOS Y OTRAS SERES EXTRAORDINARIOS.

Cerbero
Cerbero es el perro que guarda el Hades, el mundo de los muertos. Vive
encade- nado a sus puertas y atemoriza a las almas cuando entran.
Impide la entrada de los vivos, pero sobre todo no permite la salida
de los muertos.
Se lo representa frecuentemente con tres cabezas de perro, una
cola for- mada por una serpiente y en el dorso, erguidas, muchas
cabezas de serpiente.
Uno de los trabajos de Hércules fue someterlo sin armas.
Cuando Orfeo traspasó las puertas del Infierno en busca de su esposa
Eurídice, lo encantó con su música.
La palabra cancerbero
Orfeo y Eurídice corresponden a otro de los
que fi- guradamente significa
mitos in- fernales: Orfeo desciende a la tierra de
guardián, vi- gilante muy
los muertos pa- ra rescatar a su amada Eurídice.
severo, tiene su origen en
No va solo, lleva consi- go su lira para encantar a
este personaje.
través de la música a las horro-
rosas criaturas del Hades. Este mito narra una maravillosa
historia de amor, una de las más famosas de la
mitología.
Gorgona
Existían tres Gorgonas: Esteno, Euríale y Medusa. Las dos primeras
eran inmor- tales y sólo la última era mortal. Estos tres monstruos
habitaban cerca del reino de los muertos.
Sus cabezas estaban rodeadas de serpientes, tenían grandes
colmillos, se- mejantes a los del jabalí, manos de bronce y alas de oro
que les permitían volar. Sus ojos echaban chispas, y su mirada era
tan penetrante que el que quedaba atrapado en ella se convertía en
piedra.
Eran temidas tanto por los dioses como por los hombres. El único
que no te- mió unirse con Medusa fue Poseidón. Perseo logró descubrir
la guarida de Medu- sa y darle muerte mientras dormía. De su cuello
cercenado salieron dos seres: Pe- gaso, el caballo alado, y Crisaor.

Sirenas
Las sirenas son genios marinos, mitad mujer, mitad ave. Según la
El cuento leyenda más antigua, las sirenas habitaban una isla del
“La Mediterráneo y con su canto dulcísi- mo atraían a los navegantes que
sirenita” pasaban por esos lugares. Cuando los barcos se acercaban a las costas
del escritor rocosas, zozobraban, y las sirenas devoraban a los impru- dentes
danés navegantes.
Hans Christian Desde la Antigüedad, los estudiosos –mitógrafos– han
Ander- sen retoma especulado sobre el origen y la doble forma de las sirenas. Ovidio dice
este mítico que no siempre han tenido alas de ave. Antes eran muchachas comunes,
personaje y algunas compañeras de Perséfone, pero, cuan- do ella fue raptada por Plutón,
de sus pidieron a los dioses que les diesen alas para po- der ir a buscarla tanto
características. por el mar como por la tierra. Otros autores aseguran que esta
transformación fue un castigo de Deméter, la madre de Perséfone,
porque no habían impedido el rapto de su hija.
En el siglo VI ya se habla de una mujer con cola de pez.
Caronte
Caronte es un habitante del mundo infernal. Su misión consiste en
pasar a las almas a través de los pantanos del Aqueronte, el río que
deben atravesar las al- mas para llegar al mundo de los muertos; una
vez en la orilla debían entregarle una moneda como pago.
Se lo representa como un viejo muy feo, de barba gris y
enmarañada, ves- tido con harapos y con un sombrero redondo. Caronte
conduce la barca que lle- va a los muertos, pero no rema, de eso se
encargan las mismas almas.

Minotauro
El minotauro es un monstruo
que tiene cabeza de hombre y
cuerpo de toro. Su nombre
verdadero es Asterión.
El rey Mi-
nos mandó
construir, para
encerrarlo, un in-
menso palacio,
que en realidad
era un la-
berinto, formado por una
maraña de pasillos y salo-
nes. Nadie, excepto su
constructor, Dédalo,
era capaz de
encon- trar la
salida.
Cada año,
Minos le enviaba
siete jóvenes y siete don-
cellas, que la ciudad de Atenas le
pagaba como tributo. Cierta vez,
Teseo integró voluntariamente el
número de estos jóve- nes y logró
vencer al monstruo y salir del
laberinto.

Teseo es el héroe
vence- dor del
Minotauro; difícil-
mente hubiera podido
sa-
lir del Laberinto, morada del
mons- truo, sin la ayuda de
Ariadna, que le ofrece un
ovillo. En las páginas 20, 21 y
22 podés leer el mito de Teseo
y Ariadna.
Cíclopes
Los Cíclopes se representan como gigantes con un ojo en la frente.
Se caracte- rizan por su fuerza y su habilidad manual. Eran tres:
Brontes, Estéropes y Arges, y sus nombres recuerdan los del Trueno,
el Relámpago y el Rayo. Habían
sido encadenados, pero Zeus, advertido por un oráculo que
necesita- ba de ellos para conseguir la victoria frente a los
Titanes, los liberó. Ellos le dieron el trueno, el relámpago y
el rayo; a Hades le entre- garon el casco que lo hacía
invisible y a Poseidón, un tridente. Así armados, los
Olímpicos vencieron a los Titanes a quienes preci-
pitaron al Tártaro.
Más tarde, los Cíclopes pasan a ser considerados
persona- jes secundarios, forjadores de las armas de los
dioses. Habitan en las islas Eolias o en Sicilia, donde
poseen una forja subterrá- nea y trabajan haciendo
mucho ruido. El resoplido de sus fue- lles y el
estruendo de sus yunques se escuchan retumbar en el
fondo de los volcanes.
Ya en la Odisea son representados como seres
salvajes y gigantescos. Vivían en cavernas y
eran pastores. El cíclope que aparece en
ese poema es Polifemo.

Las ninfas
Los griegos dieron este nombre al conjunto de las divinidades
femeninas de la naturaleza que poblaban los mares, los ríos, los
bosques, los campos, las rocas, las montañas, los árboles.
Eran jóvenes de largas cabelleras que poseían una belleza sin igual,
muchos dioses y mortales las deseaban. Se las consideraba hijas de
Zeus y del Cielo.
No eran seres inmortales pero podían vivir muchos miles de
años conser- vando la juventud. Se las encontraba hilando y
cantando sobre los árboles o en las fuentes.
Los griegos clasificaban a las ninfas de acuerdo con el lugar en
donde ha- bitaban. Las más conocidas son las nereidas y las náyades,
ninfas de las aguas, y las dríades y las hamadríades que vivían en la
vegetación de los bosques.

Eco era una ninfa enamorada de


Narciso, bello joven que sólo
disfrutaba al mirar su propia imagen
en el espejo de las aguas. Fue
condenada a repetir por siempre las últimas
sílabas de lo que otros dicen. Dafne también
era una ninfa; para protegerse de la
persecución de Apolo pide ayuda a su
padre, que la transforma en laurel.
Centauro
Los centauros son animales monstruosos, mitad hombres, mitad
caballos desde la parte posterior del torso. Tenían cuatro patas y dos
brazos humanos. Vivían en el monte y en los bosques; se alimentaban
de carne cruda y sus costumbres eran muy brutales.
Existen dos centauros, Quirón y Folo, que son hospitalarios,
quieren a los humanos y no recurren a la violencia.
Quirón es el más célebre, sabio y juicioso de los centauros. Se
cuenta que fue el educador de Aquiles. Sabía tocar la lira, era un
experto cazador y un hábil curandero. Su enseñanza se basaba en la
música, el arte de la guerra, el de la ca- za, la moral y la medicina. Se
cuenta que Quirón fue un buen médico. Cuando a Aquiles, que todavía
era un niño, su madre le quemó el tobillo como consecuen- cia de las
operaciones de magia que había efectuado sobre él, Quirón cambió el
hueso dañado por otro que sacó del esqueleto de un gigante.
Galería de arte
DIVERSAS FORMAS DEL ARTE RECREAN PERSONAJES E HISTORIAS DE LA MITOLOGÍA.

▲ Diego Velázquez, “La fábula de Aracne”, hacia 1657.

▲ Michelangelo Merisi da Caravaggio,


“Narciso”, 1600.

Gustave Doré,
“Infierno III: Caronte en el
río Aqueronte”, 1861.
▲ Zeus, 490 a.C.

Gianlorenzo Bernini,▲
“Apolo y Dafne”, 1622-
1625.


Aten
ea, 350-
300 a. C.
Annibali ▲

Carracci, “La duda


de Hércules”,
1596.

▲ Sandro Botticelli, “Venus y Marte”, 1485. Venus y Marte (nombres latinos)


corresponden a Afrodita y Ares, respectivamente, en el mundo griego.
Los mitos en el lenguaje cotidiano
Otras EN NUESTRA CULTURA, LOS MITOS SE PRESERVAN EN EXPRESIONES QUE
expresiones de SUELEN USAR- SE COTIDIANAMENTE. HABRÁN ESCUCHADO DECIR QUE
origen ALGUIEN “TIENE LA FUERZA DE HÉRCULES”; O EXPLICAR QUE SE HA
mitológico DESCUBIERTO LA DEBILIDAD DE UNA PERSONA EX- PRESANDO “ENCONTRÉ
SU TALÓN DE AQUILES”.
La caja de
Pandora. Es un
cancerbero. El hilo de Ariadna
Parece un La expresión "el hilo de Ariadna" se emplea para designar el camino a
Adonis. Lo flechó seguir pa- ra resolver un problema complicado. Ariadna era una princesa
Cupido. que ayudó al hé- roe Teseo, por medio de un hilo, a salir del laberinto
Renació como el ave Fénix. después que mató al Mino- tauro.
Fue una odisea. Existe un cohete espacial europeo cuyo nombre es "Ariadna": lo
llamaron de este modo por “laberinto de problemas” que debieron
resolver para realizarlo.

Parece una esfinge


La esfinge era un monstruo con rostro de mujer, cuerpo de
león y provisto de alas. Proponía enigmas a los que pasaban
cerca de su mo- rada y devoraba a los que no los acertaban.
Actualmente se dice que
alguien parece una "esfinge" cuando adopta una actitud enigmática.
Existe una mariposa llamada "la esfinge de la calavera".

Ser el rey Midas


La expresión "ser el rey Midas" se aplica a la persona que genera riqueza
en cual- quier empresa. Midas era un rey de Frigia al que se le
concedió el don de con- vertir en oro todo lo que tocase.

Estar en los brazos de Morfeo


Se dice que alguien "está en los brazos de Morfeo"
cuando duer- me. Morfeo era el dios del sueño.
La palabra “morfina”, principal alcaloide del opio,
procede del nombre de este dios. En medicina, también se
utiliza el término "mor- feico" para ciertas manifestaciones
del cerebro durante el sueño.

Ser un Titán
Urano, el cielo, y Gea, la tierra, tuvieron seis hijos: los
Titanes. Hoy, se llama titán a una persona que se
muestra excepcio-
nal en algún aspecto.
También se denomina de esta forma a una
gigantesca grúa que levanta descomunales pesos.
De la palabra "titán" deriva el "titanio", metal
blanco, muy duro y de gran resistencia a la corrosión.
Se le llamó "Titanic" al trasatlántico más grande
y lujoso construido hasta la fecha, que como todos
sabemos se hundió en su primera travesía.
Los Juegos Olímpicos
LOS JUEGOS OLÍMPICOS ANTIGUOS COMENZARON EN EL AÑO 776 ANTES DE CRISTO
EN OLIMPIA, GRECIA ANTIGUA, Y SE CELEBRARON DURANTE 1.200 AÑOS.
EN TOTAL, HASTA SU PROHIBICIÓN FUERON 293 OLIMPIADAS. ALCANZAR
LA VICTORIA EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS ERA UN HECHO MUY VALIOSO Y
CODICIADO.

Los Juegos Olímpicos se realizaban cada cuatro años


en honor de Zeus. Solamente podían competir los
hombres que hablaban la lengua griega y los que tenían
una conducta intachable. Los participantes debían llegar
con 30 días de anticipación a la ciu- dad de Elis para
entrenarse. Allí eran supervisados y se some- tían al
régimen de disciplina olímpica. Los jueces locales selec-
cionaban a los atletas participantes y tenían la autoridad
para permitirles jugar o descalificarlos, también
controlaban que los atletas durmieran en un suelo duro
y que cumplieran una die- ta frugal durante el mes
que duraba el entrenamiento.
El estadio olímpico tenía aproximadamente capacidad
para 50.000 espectadores. Los juegos comprendían competencias que
se dividían en diez pruebas diferentes. Carreras variadas como el
stadion, de 185 metros; el diaulos en el que se corría el doble de
distancia y el dólico, que consistía en re- correr un kilómetro y medio.
Se realizaban también lanzamientos de disco y de jabalina, salto en
largo, lucha libre y el pancracio, que era una pelea en la que valía
todo menos morder al adversario.
La combinación de cinco pruebas –stadion, salto, disco,
jabalina y lucha– se denominaba el pentatlón. campeones una co- rona de ramas de olivo salvaje.
También se realizaban las carreras de cuadrigas, Por la noche, los jueces y ga- nadores volvían a
donde ganaba el primer caballo que cruzaba la meta, reunirse para un banquete.
sin importar si en el camino ha- bía perdido al
conductor del carro.
En la jornada inaugural se realizaba un desfile
de par- ticipantes e innumerables festejos. En el
segundo día, co- menzaban las pruebas atléticas con
las carreras de velocidad, lucha y pugilato para los
más jóvenes. El tercero, lo dedica- ban a las carreras
en el hipódromo, y en horas de la tarde se realizaba el
pentatlón, en el que el atleta ganador era consi- derado
un verdadero rey. La cuarta fecha era denominada el
plenilunio y se consagraba a los dioses. En el quinto,
comen- zaban sus actividades los adultos con las
pruebas de atletis- mo, lucha, pancracio y pugilato.
Finalmente, la clausura tenía lugar en la siguiente
mañana con la reunión de los triunfado- res frente al
templo del dios Zeus. En su interior los jueces ex-
hortaban a los atletas a marchar a pie hasta el trono.
Allí, co- mo símbolo del triunfo, se colocaba a los
Las mujeres y los Juegos morir. La única que po- día
permanecer en Olimpia durante los
La presencia de las mujeres fue Juegos era la sacerdotisa de la
prohibida en Olimpia porque la diosa De- méter. Sin embargo, las
ciudad fue dedica- da a Zeus y era mujeres partici- paban en juegos
un lugar sagrado para los varones. En exclusivamente femeni- nos que se
la Antigüedad no se permitía que las realizaban en honor de la dio- sa
mujeres participaran en los Jue- gos Hera. En las competiciones de los
Olímpicos ni siquiera como especta- ca- rruajes, celebradas fuera del área
doras. Si alguna mujer era sagrada de la ciudad, la presencia de
sorprendida, se la sentenciaba a las mujeres fue permitida.
Huellas de la mitología
griega en la terminología
científica
LA MITOLOGÍA HA DEJADO SUS HUELLAS EN LA TERMINOLOGÍA DE LA
CIENCIA MODER- NA. MUCHOS TÉRMINOS SE HAN ELEGIDO PORQUE
GUARDAN UNA ESTRECHA RELACIÓN CON EL OBJETO O EL FENÓMENO
CIENTÍFICO AL QUE HACEN REFERENCIA. A CONTINUA- CIÓN, PODRÁS
CONOCER ALGUNOS DE ELLOS.
1 Información
elaborada sobre la
base de: José Alberto
Maroto Centeno y Con el agua hasta el cuello 1
David Maroto
Centeno, El legado de La influencia de la mitología griega en el campo de las ciencias
la mitología griega en
la terminología
químicas es muy amplia, incluyendo un buen número de elementos,
científica moderna. sustancias y procesos químicos. En el siguiente texto encontrarán
la explicación de por qué el tan- talio se llama así.

¿Quién era Tántalo?


Tántalo era un hijo mortal de Zeus y gran favorito de su padre y de
los res- tantes dioses: tanto, que se le permitía asistir a los banquetes
del dios y comer ambrosía y beber néctar, que eran los manjares que
solamente podían consumir los dioses.
Tántalo se sintió tan envanecido con la amistad de los dioses que
actuó co- mo si el alimento y la bebida le perteneciesen, y fue así
como llevó un poco de ellos a la Tierra para convidar a sus amigos,
haciendo alarde de ello.
Esto provocó la cólera de su padre, Zeus, que le dio muerte y lo
condenó a permanecer en el Tártaro, sometido a una tortura muy
especial relacionada con alimentos y bebida. Lo obligó a estar
eternamente con agua hasta el cuello. Ca- da vez que se inclinaba hacia
adelante para beber agua, ésta bajaba de nivel, pe- ro si él volvía a
enderezarse, el agua subía de nuevo hasta el cuello. Al mismo
tiempo, pendían frutos deliciosos sobre su cabeza, pero cuando él
intentaba con- seguirlos, el viento los apartaba. De este modo, ante la
constante presencia de alimentos y bebida, tuvo que sufrir hambre y
sed eternos.

¿Por qué el tantalio se llama así?


En 1802, un químico sueco de nombre Anders Gustaf Ekeberg
descubrió un nuevo metal. Los ácidos más fuertes no lo atacaban.
Podía soportar un ácido fuerte sin beberlo, es decir, sin reaccionar
con él y sin absorberlo. Por ello, en 1814, el químico sueco Jöns
Jacob Berzelio concluyó que se parecía a Tántalo, sumergido en agua,
pero sin poder beberla. En consecuencia, le dio el nombre de tantalio al
nuevo elemento, que es como lo conocemos en la actualidad.
El tantalio, más resistente que el platino a muchos agentes corrosivos, lo


ha sustituido en artículos de laboratorio; se usa en instrumentos
quirúrgicos y dentales.

Un tejido sutil y delicado 2

También en la zoología podemos encontrar muchas huellas


de la mitología griega.

¿Quién era Aracne? de ma- nera que entremedio existe


Aracne era una doncella del reino de Lidia –en el oeste de Asia una tercera membrana
Menor– que tenía una gran reputación en el arte de tejer. Estaba tan extremadamente delgada que lleva
orgullosa de su destre- za que llegó a presumir de ella ante Atenea, la el nombre de membrana
diosa de las artes plásticas, in- cluida la de tejer, y la desafió a aracnoides.
competir. Atenea aceptó el desafío, y ambas te- jieron tapices. Atenea Si quieren conocer otros
compuso toda clase de temas evocadores de la majestad de los dioses, ejemplos del mundo de la zoología,
mientras Aracne tejió temas que no los halagaban demasiado. La pueden inves- tigar acerca de la
obra de Aracne era preciosa, pero la de Atenea era perfecta. Atenea, pulga cíclope, el faisán de Argo, la
airada an- te el tema elegido por Aracne, destrozó el tapiz de ésta, quien serpiente pitón y el lince.
se sintió agravia- da y se ahorcó. Pero Atenea, que no era una diosa
cruel y no deseaba un desen- lace tan trágico, aflojó la cuerda que
ahorcaba a Aracne y la transformó en ara- ña, la que, desde ese
momento, seguirá tejiendo bellas composiciones colgada de un hilo
como si persistiera en su afán de ahorcarse.
En zoología, el nombre de aquella doncella se utiliza para
denominar a las arañas y sus semejantes: son los arácnidos. Y, puesto
que la tela de araña se ca- racteriza por su extrema sutilidad y
delicadeza, también ha encontrado eco la historia de Aracne en
anatomía. Efectivamente, el cerebro y la médula espinal del ser
humano están envueltos con una membrana doble que los protege,
2 Ibid.
Planetas, constelaciones y asteroides

La mitología fue usada por los propios griegos para nombrar


las estrellas y todos los planetas conocidos por ellos.

El más grande de los planetas se denomina Júpiter, que


corresponde al dios griego Zeus, el dios del cielo y señor del Olimpo.
Saturno, el que le sigue en ta- maño, es el griego Crono, dios del tiempo.
Neptuno lleva el nombre latino de Po- seidón; Marte el del dios de la
guerra llamado Ares, y Venus, el de la diosa del amor, cuyo nombre
griego es Afrodita. Plutón es el nombre romano de Hades. El planeta
Urano conserva el nombre del dios griego que personifica el cielo.
En el cielo
En la actualidad, los astrónomos siguen utilizando esta tradición
nocturno, la griega y continúan llamando a los nuevos planetas, asteroides y
imagen de Marte satélites que se van des- cubriendo con nombres que evocan la
se destaca por su intenso
mitología griega.
color
anaranjado. Según La historia de Perseo, que ayudado por los dioses logra matar a la
investigaciones, su terrible Gorgona, fue muy popular entre los griegos. El nombre de las
paisaje se asemeja constelaciones ha- ce referencia a los diversos personajes que
al de algunos
desiertos
intervienen en ella.
de la Por eso hoy se encuentran referenciadas en los libros de
Tierra. ▲ Astronomía las constelaciones de Perseo, Cefeo, Casiopea y
Andrómeda. Pero hay más: la segun- da estrella en brillo de la
constelación de Perseo, beta Perseo, presenta una cu- riosa propiedad –
ya observada por los griegos–: pierde repentinamente todo su brillo
por un período de cinco horas, al cabo de las cuales vuelve a recobrarlo
en otras cinco horas.
Se sabe que este fenómeno se debe a una estrella compañera más
oscura, que da vueltas a su alrededor apantallándola. Pero para los
griegos, que eviden- temente carecían de esta información, la pérdida
de brillo representaba un he- cho notable y antinatural, que sólo podía
explicarse aduciendo que esa mons- truosa estrella simbolizaba la
cabeza de la terrible Gorgona Medusa, a quien Per- seo había
decapitado.
▲ El Sistema Solar es un conjunto de astros formado por el Sol, planetas y sus satélites, cometas y
asteroides.
La mitología en la
literatura:
“El ayer, hoy y siempre
reflejo”
Cuando murió Narciso, las flores de los campos quedaron desoladas y
solicitaron al río gotas de agua para llorarlo.
—¡Oh! –les respondió el río– aun cuando todas mis gotas de agua
se convirtie- ran en lágrimas, no tendría suficientes para llorar yo mismo
a Narciso: yo lo amaba.
—¡Oh! –prosiguieron las flores de los campos–, ¿cómo no ibas a
amar a Narciso? Era hermoso.
—¿Era hermoso? –preguntó el río.
—¿Y quién mejor que tú para saberlo? –dijeron las flores–. Todos los
días se inclinaba sobre tu ribazo, contemplaba en tus aguas su
belleza...
—Si yo lo amaba –respondió el río– era porque, cuando se
inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas.

Oscar Wilde

“Quiró
n”
Desde muy niño Quirón admiró la belleza de los caballos. Los veía
galopar por la llanura y el alma se le iba por los ojos como si también
ella galopase lejos de las casas. Si tocaba el anca o el cuello de algún
caballo manso, le decía ternezas con la mano; si ofrecía azúcar, se le
estremecía de placer cuando el belfo blando del caballo se la tocaba.
Hubiera querido hablar con el caballo, y trataba de com- prender su
lenguaje: el piafar, el relinchar, el temblor de la piel, el revolcarse por el
polvo, el movimiento de las orejas y la cola, el modo de beber y de
comer. Pe- ro comunicarse con él no podía: en cuanto hundía su vista
en los grandes ojos oscuros del caballo ya se sabía rechazado. Una
mañana los padres lo encontra- ron dormido sobre la paja del
establo, al lado de un zaino ciego: había pasa- do toda la noche
acompañándolo.
Otro día los padres lo ayudaron a que montase en pelo sobre
una ja- ca, y aprendió a no caerse. Así creció, hasta que, ya hecho
todo un
hombre, quiso domar un potro. En medio de un horizonte
redondo –verde, azul–, aquello era una fiesta de curvas
en que el aire corcoveaba. El jinete se fue
absorbien- do al potro. Un hombre y un caballo,
un hombre-ca- ballo, un hombre con un
caballo dentro. Y de pron- to, sin haber
desmontado, se encontró cami- nando por
el campo, sólo que ahora camina-
ba en cuatro patas. El centauro
Quirón quiso decir algo y relinchó.

Enrique Anderson Imbert


“El silencio de las sirenas”
Prueba de que también medios insuficientes y hasta pueriles pueden
servir para la salvación: para guardarse de las sirenas, Ulises se tapó los
oídos con cera y se hizo encadenar al mástil.
Algo semejante podrían, naturalmente, haber hecho desde tiempo
antiguo los viajeros, con excepción de aquellos a quienes las sirenas
atraían desde lejos, pero en el mundo entero se reconocía que ese
recurso no podía servir para na- da. El canto de las sirenas lo
traspasaba todo, y la pasión de los seducidos ha- bría hecho saltar
prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Pero Ulises no pensó
en ello, si bien quizás algo habría llegado ya a sus oídos. Confiaba
por completo en los trocitos de cera y en la atadura de las cadenas, y
con la inocen- te alegría que le ocasionaba su estratagema marchó al
encuentro de las sirenas. Pero éstas tienen un arma más terrible aún
que el canto: su silencio. Aun-
que no ha sucedido, es quizás imaginable la posibilidad de que
alguien se haya salvado de su canto, pero de su silencio ciertamente
no. Ningún poder terreno puede resistir a la soberbia arrolladora
generada por el sentimiento de haberlas vencido con las propias
fuerzas.
Y, en efecto, al llegar Ulises, no cantaron las cantantes poderosas; fuera
porque creyesen que a aquel adversario sólo podía vencérselo con el
silencio, o
porque la contemplación de la felicidad reflejada en el rostro de Ulises,
que no pensaba sino en cera y cadenas, les hiciera olvidar todo canto.
Pero Ulises, para expresarlo así, no oía su silencio, creía que
cantaban y que sólo él se hallaba exento de oírlas. Fugazmente vio
primero las curvas de los cue- llos, la respiración profunda, los ojos
arrasados en lágrimas, los labios entreabier- tos, pero creyó que esto
pertenecía a las melodías que se alzaban, inaudibles, en torno de él.
Mas pronto todo se deslizó fuera del campo de sus miradas puestas
en la lejanía, las sirenas desaparecieron ante su resolución, y,
precisamente cuando más próximo estaba, ya no supo de esos seres
nada más.
Ellas, empero –más hermosas que nunca–, se erguían y
contoneaban, las chorreantes cabelleras ondulando libremente al
viento y las garras abiertas so- bre las rocas. No querían ya seducir,
sino sólo apresar, mientras fuese posible, el fulgor de los grandes ojos
de Ulises.
De haber tenido conciencia, las sirenas habrían sido destruidas aquel día.
Pero allí quedaron, y sólo ocurrió que Ulises escapó de entre sus manos.
Aquí, por lo demás, se ha transmitido un agregado. Se dice que
Ulises era tan rico en astucias, y tan zorruno, que las mismas
deidades del destino no po- drían penetrar en lo más íntimo de su fuero
interno. Aunque ello no sea ya con- cebible para el entendimiento
humano, quizá notó realmente que las sirenas ca- llaron, y opuso a
sirenas y dioses, en cierta manera como escudo, el simulacro
mencionado más arriba.
De Franz Kafka, Bestiario: once relatos de animales,
Barcelona, Anagrama,
1990. Traducción de Alejandro
Ruiz Guiñazú.
La Odisea, canto XII (fragmento)
Odiseo: —¡Oh, amigos! No conviene que sean únicamente uno o dos
quienes co- nozcan los vaticinios que me reveló Circe, la divina entre las
diosas, y os los voy a referir para que, sabedores de ellos, o muramos o
nos salvemos, librándonos de la muerte y de la Parca. Nos ordena lo
primero rehuir la voz de las divinales sire- nas y el florido prado en que
éstas moran. Manifestome que tan sólo yo debo oír- las, pero atadme
con fuertes lazos, de pie y arrimado a la parte inferior del más- til –para
que me esté allí sin moverme-, y las sogas líguense al mismo. Y en el ca-
so de que os ruegue o mande que me soltéis, atadme con más lazos
todavía.
Mientras hablaba, declarando estas cosas a mis compañeros, la
nave, bien construida, llegó muy presto a la isla de las sirenas, pues la
empujaba favorable viento. Desde aquel instante echose el viento y
reinó sosegada calma, pues al- gún numen adormeció las olas.
Levantáronse mis compañeros, amainaron las ve- las y pusiéronlas en
la cóncava nave y, habiéndose sentado nuevamente en los bancos,
emblanquecían el agua, agitándola con los remos de pulimentado
abe- to. Tomé al instante un gran pan de cera y lo partí con el agudo
bronce en pe- dacitos, que me puse luego a apretar con mis robustas
manos. Pronto se calen- tó la cera, porque hubo de ceder a la gran
fuerza y a los rayos del soberano Sol Hiperiónida, y fui tapando con
ellas los oídos de todos los compañeros. Atáron- me éstos en la nave,
de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del mástil;
ligaron las sogas al mismo y, sentándose en los bancos, tornaron a
batir con los remos el espumoso mar. Hicimos andar la nave muy
rápidamente y, al
hallarnos tan cerca de la orilla que allá pudieran llegar nuestras voces,
no se les encubrió a las sirenas que la ligera embarcación navegaba
a poca distancia, y empezaron un sonoro canto:
Las sirenas: —¡Ea, célebre Odiseo, gloria insigne de los aqueos! Acércate
y detén la nave para que oigas nuestra voz. Nadie ha pasado en su
negro bajel sin que oyera la suave voz que fluye de nuestra boca,
sino que se van todos después de recrearse con ella, sabiendo más que
antes, pues sabemos cuántas fatigas pade- cieron en la vasta Troya
argivos y teucros, por la voluntad de los dioses y cono- cemos
también todo cuanto ocurre en la fértil tierra.
Esto dijeron con su hermosa voz. Sintiose mi corazón con ganas
de oírlas, y moví las cejas, mandando a los compañeros que me
desatasen, pero todos se inclinaron y se pusieron a remar. Y,
levantándose al punto Perímedes y Euríloco, atáronme con nuevos lazos,
que me sujetaban más reciamente. Cuando dejamos atrás las sirenas y
ni su voz ni su canto se oían ya, quitáronse mis fieles compa- ñeros la
cera con que había yo tapado sus oídos y me soltaron las ligaduras.
Al poco rato de haber dejado atrás la isla de las sirenas, vi humo e
ingentes olas y percibí fuerte estruendo. Los míos, amedrentados,
hicieron volar los remos, que cayeron con gran fragor en la corriente,
y la nave se detuvo porque ya las ma- nos no batían los largos
remos”.
Homero, La Odisea, Losada, 1983.
Traducción de Luis Segalá y
Estalela.
Las publicaciones Prácticas del Lenguaje. Mitos griegos. Páginas para el alumno
y Orientaciones para el docente han sido elaboradas por
el Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de
Buenos Aires.
Las opiniones de directivos, maestros, padres y
alumnos son muy importantes para mejorar la
calidad de estos materiales. Sus comentarios pueden
ser enviados a
G.C.B.A. Ministerio de Educación. Dirección General de
Planeamiento. Dirección de
Currícula. Esmeralda 55. 8º piso.
CPA C1035ABA. Buenos Aires
Correo electrónico: [email protected]

También podría gustarte