0% encontró este documento útil (0 votos)
35 vistas2 páginas

6, Penitencia

Pasos de la confesión Penitencia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
35 vistas2 páginas

6, Penitencia

Pasos de la confesión Penitencia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CUMPLIR LA PENITENCIA

Expliquemos el último paso para hacer una buena confesión: cumplir la penitencia. Pero
antes recuerda esto:
1. La confesión es el medio ordinario que ha puesto Dios para perdonar los pecados
cometidos después del bautismo en el día a día. Es un medio maravilloso que renueva,
santifica, forma conciencia y, sobre todo, da mucha paz al alma.
2. Cuesta, o puede costar, porque a la confesión no vamos a decir hazañas, sino pecados y
miserias. Y esto nos cuesta a todos. Es curioso que algunos que ponen dificultades en decir
los pecados al sacerdote confesor los propagan entre sus amigos con risotadas y
chascarrillos, y con frecuencia exagerando fanfarronamente. Lo que pasa es que esas cosas
ante sus amigos son hazañas, pero ante el confesor son pecados, y esto es humillante. Y lo
que no tienen tus amigos, secreto, lo tiene el confesor: él no puede contar ni un pecado tuyo
a nadie. A esto se le llama el sigilo sacramental; ha habido sacerdotes que han dado su vida
antes que faltar a este secreto de la confesión.
3. Para confesarse hay que ser muy sincero. Los que no son sinceros, no se confiesan bien.
El que calla voluntariamente en la confesión un pecado grave, hace una mala confesión, no
se le perdona ningún pecado, y, además, añade otro pecado terrible que se llama sacrilegio.
4. Si tienes un pecado que te da vergüenza confesarlo, te aconsejo que lo digas el primero.
Este acto de vencimiento te ayudará a hacer una buena confesión.
5. El confesor será siempre tu mejor amigo. A él puedes acudir siempre que lo necesites,
que con toda seguridad encontrarás cariño y aprecio y mucha comprensión. Además de
perdonarte los pecados, el confesor puede consolarte, orientarte, aconsejarte. Pregúntale las
dudas morales que tengas. Pídele los consejos que necesites. Él guardará el secreto más
riguroso.
¿Qué es cumplir la penitencia?
Es rezar o hace lo que el confesor me diga. Esta penitencia, ya sea una oración, una obra de
caridad, un sacrificio, un servicio, la aceptación de la cruz, una lectura bíblica, es para expiar,
reparar el daño que hemos hecho a Dios al pecar. Es expresión de nuestra voluntad de
conversión cristiana. El pecado, sobre todo si es grave, es ofensa grave a Dios.
Mereceríamos las penas eternas del infierno. Esta penitencia que me da el sacerdote en
parte desagravia la ofensa a Dios y expía las penas merecidas. La confesión perdona las
penas eternas, pero no perdona la pena temporal. Esta penitencia que hago va
satisfaciendo, en parte, o disminuyendo la pena temporal debida por los pecados.
Dado que siempre será pequeña esta penitencia que me da el sacerdote, es aconsejable
que luego cada quien elija otras penitencias que están a su alcance: el deber de estado bien
cumplido y con amor; la paciencia en las adversidades, sin quejarse; refrenar y encauzar los
sentidos corporales y espirituales, la imaginación, los deseos o apetencias caprichosas;
poner un orden y horario en la jornada, desde el momento en que está prevista la hora de
levantarse; la caridad ejercida por las obras de misericordia corporales o espirituales; el
control de los pasatiempos y diversiones inútiles y nocivas; la perseverancia en las cosas
pequeñas, con alegría (Consultar el Catecismo 1468-1473). Todos los viernes del año, que
el Derecho Canónico llama penitenciales (Cánones 1250- 1253) son ocasión para hacer
penitencia, como así también especialmente la Cuaresma, por el ayuno, la abstinencia de
carne o la práctica de obras de misericordia, o a privación de algo que nos cueste
(cigarrillos, dulces, bebidas alcohólicas u otros gustos). Esta satisfacción que hacemos no es
ciertamente el precio que se paga por el pecado absuelto y por el perdón recibido, porque
ningún precio humano puede equivaler a lo que se ha obtenido, fruto de la preciosísima
Sangre de Cristo. Pero quiere significar nuestro compromiso personal de conversión y de
amor a Cristo.

También podría gustarte