RUÉGALE AL TIEMPO QUE VUELVA
¿Hacia dónde?
¡No importa! La Vida esconde
mundos en germen
que aún falta descubrir:
Corazón, es hora de partir
hacia los mundos que duermen!
DEUCALIÓN
Alberto Guillén
Jorge Alberto Novoa Abanto. No tengo la suerte de conocerle personalmente, salvo las referencias
siempre amorosas de su hijo; sin embargo, a través de la lectura de su obra puedo inmiscuirme en
su calidad humana, su sensibilidad literaria y su pensamiento reflexivo. He consumado con gran
agrado la lectura de su novela corta intitulada: “Ruégale al tiempo que vuelva”, y han venido a mi
mente una serie de ideas, pero más importante, muchas inquietudes en el espíritu. Y es que una
lectura es buena cuando además de ser agradable, te conmueve. Esta, es una de aquellas novelas
en las que anhelas saber pronto el final y cuando llega, quisieras que mejor no hubiese acabado tan
pronto. Me siento, por tanto, en la obligación de agradecer este texto haciendo un breve
comentario, que puede que no sea necesario para el autor, sus méritos no necesitan el aporte de
un lector desconocido, pero si es importante para mí, pues en mi intención de promover la lectura,
creo necesario recomendar este fastuoso trabajo literario.
La novela de Novoa Abanto cuenta la historia de Jimena, una hermosa joven, que después de haber
llevado una vida bastante azarosa, decide transmitir, en forma de narración, esa experiencia a su
hermosa hija Claudia, para que ésta “no cometa los mismos errores” de vida de la madre. En la
narración de Jimena se reconoce una trama amorosa muy bien construida, literariamente hablando;
pues Jimena, aventurada e impetuosa, toma la decisión de casarse con el sargento Carlos Arroyo;
quien, en lugar de valorar la belleza y juventud de la protagonista, muestra una actitud de
deshonestidad, abandono e incomprensión. Las tensiones que se muestran en la novela van desde
la soledad y el deseo de felicidad; el amor al terruño y la discriminación centralista limeña; la
persistencia moral y la corrupción humana; entre otros temas muy bien abordados por el autor. Una
historia de amor y desengaño es fácil de contar, lo meritorio está en construir un contexto y una
trama, mas allá de lo meramente evidente.
Al enfrentarse al texto, el lector encontrará dos narradores, un narrador impersonal que es el mismo
escritor (Novoa Abanto), y la narración en primera persona de la principal protagonista (Jimena), en
un discurso complementario para acercarnos a los hechos y las vivencias de los personajes; ahí
donde se supone que la memoria de la narración de Jimena no existe, el autor narrador hace su
ingreso y nos cuenta los periplos del sargento Arroyo, de la maestra Lucrecia, del gobernador, el
cura y los demás principales del pueblo de Pedregal – Morropón. En un inicio ambas narraciones
van separadas; no obstante, la historia requiere que fluyan como dos ríos que se terminan uniendo
en danza amorosa; la voz final de la narración la tiene la Jimena, pero el punto final lo da el autor
narrador. El riesgo de esta narración es la falta de convencionalismos al presentar los personajes;
sin embargo, esta falta de recursos, no resta mérito al trabajo en general.
La construcción literaria es más que potente, el uso de recursos estilístico convoca al lector a seguir
leyendo, el uso de escenas históricas muy importantes como la presencia de la guerrilla en la sierra
de Ayabaca, es recia. Nos muestra, por ejemplo, a paisanos ayavaquinos como Julio Rojas y Elio
Portocarrero en su periplo revolucionario allá por la década del 60, citando documentos y
personajes propio de tal acontecimiento, se muestra un escritor informado. Da una mirada
antropóloga al magisterio de esos años y se solidariza con su labor, como maestro que es también.
Una cualidad interesante del autor es su condición de imparcial narrador, muestra hechos que
podrían llamar la atención desde el punto de vista moral, pero él no se muestra como moralizador,
ni en su voz como narrador, ni en la voz de Jimena. Asume que la condición humana es una condición
no dicotómica, sino más bien de dualidad, los seres humanos tenemos de buenos y de malos,
erramos, pero somos capaces de corregirnos.
Les comparto una anécdota que me alegró sobremanera. Escribe Novoa y narra Jimena:
“La costumbre de la época (los sesenta del siglo pasado), era precisamente la lectura de las novelas
en grupo, hecho muy común en todas partes (…) lo curioso de esta historia era que, cuando se
rezaba, pedían por el alma de los difuntos y entre ellas se rogaba a Dios por cada uno de los autores
de las novelas así como por la de sus personajes, entonces no era extraño escuchar plegarias por la
salud y buena conservación del Conde de Montecristo y de Dumas o del capitán Nemo y de su autor
Julio Verne”.
Al autor le ruego disculpe mi atrevimiento de comentar su obra, pero lo hago con la mejor de las
intenciones. El filósofo Nipón Kitaro Nishida, dice respecto a la crítica, que esta, es buena siempre y
cuando se haga desde la perspectiva del autor y no solo del crítico. Sin ser esta, exactamente, una
crítica, he intentado comprender su perspectiva de maestro, de ciudadano y de hombre de familia,
que se expresa, con o sin intención, en las líneas de los textos que escribe.
Jorge Novoa, es un transeúnte y como transeúnte une los mundos que lleva consigo, es de Celendín
- Cajamarca, pero también es de Sullana - Piura, como maestro es de cada escuela en la que ha
trabajado. Su novela trata de reflejar ese trajinar vital, por ello es que se le debe gratitud y respeto
a este hombre de letras. Sus letras forman, pero deben transcender, en el corpus de la literatura
regional y nacional. De mi parte tengo a la mano “Entre sombreros y puñales” y “La desgracia del
Lobo y otros cuentos”. A seguir leyendo.
Héctor Manolo Gonza Rivera
Ayabaca, 18 de septiembre de 2024.