Hacia una Psicología de la Liberación
1 Una serie de conferencias dictadas por Martín Baro en la Universidad de Puerto Rico en
Octubre de1986. Es una de las últimas grabaciones dictando una conferencia.
Transcripción
Martin-Baro- 1986 (primera parte)
Facultad, estudiantes e invitados. El Departamento de Psicología se complace en tener
con nosotros al Dr. Ignacio Martín Baró. El Dr. Martín Baró tiene una especialización en
Psicología Social y Organizacional.
Posee el Grado Doctoral de la Universidad de Chicago. Es profesor de Psicología de la
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Ha estado dirigiendo el Departamento
de Psicología de esa Universidad desde 1982.
Y además ha ocupado la Vicerrectoría Académica de esta Universidad desde 1981. El Dr.
Martín Baró ha publicado los siguientes libros. Sistema y Poder, Acción e Ideología,
Psicología Social desde Centroamérica, La Voz de los Sin Voz, La Palabra Viva de
Monseñor Romero, Haciéndolo Universidad, Psicología, Ciencia y Conciencia, Problemas
de Psicología Social en América Latina, Y Psicodiagnóstico de América Latina.
El Dr. Martín Baró ha estado compartiendo con nosotros desde el lunes en un seminario
para la facultad y los estudiantes del programa graduado del Departamento de
Psicología. Y yo diría que si haber conocido al Dr. Baró a través de sus escritos ha sido
una experiencia importante en mi desarrollo como psicólogo. Conocerlo personalmente
en estos dos días ha alimentado en mi persona un deseo activo en poder poner en
práctica aquellas cosas que pongo en las palabras de mi discurso.
En la conferencia de hoy el Dr. Martín Baró nos hablará de la psicología social y los
procesos de concientización frente al cambio. Más bien nos hablará del tema de hacia
una psicología de la liberación. Los dejo con ustedes con el Dr. Ignacio Martín Baró.
MARTIN-BARO
Estimados compañeros universitarios, es obligado ante todo dar las gracias a los
directores del Departamento de Psicología de esta universidad, a las autoridades, por
esta oportunidad de poder compartir e intercambiar algunas experiencias y algunos
esfuerzos y de fondo algunas luchas dentro del ámbito de lo que podemos como
psicólogos realizar en beneficio de nuestro cuerpo. Yo soy un convencido de que el
intercambio, la mutua germinación es absolutamente necesaria para que no solamente
vayamos realizando esfuerzos aislados, sino que sobre todo vayamos elaborando un
movimiento de liberación que es el que voy a hablar y que permita o que nos haga
incorporarnos a este avance de nuestros pueblos hacia su identidad y hacia su
realización histórica. Viniendo de un país que después de 6, 7 años de guerra civil, que
constituye un verdadero mega terremoto, tenemos también la desgracia de padecer un
tremendo terremoto hace apenas 3 semanas que ha destrozado la ciudad capital de San
Salvador o una buena parte de la ciudad capital de San Salvador y llegar a un país como
el de ustedes, pues uno mira como el subdesarrollado mira al desarrollado ¿verdad? y
como el marginado mira al integrado y créanmelo que lo digo a estos sin celos ni
envidias ni ironías sino como una realidad.
Bueno, esto para decirles que yo presentaré con toda sencillez mis ideas por aquello que
pueda hacerles de utilidad a ustedes para en su trabajo, en sus esfuerzos, en sus luchas
o pues en la medida en que les sirvan de estímulo, de ánimo, sin pretender en modo
alguno yo tengo que hablar de lo que conozco un poquito que es la realidad de mi
2 pueblo, la realidad de mi país no pretendo traspasar ni transplantar ni simplemente
generalizar los problemas que nosotros vivimos allá a los problemas que ustedes
enfrentan allá pero sí plantear lo que nosotros enfrentamos y lo que nosotros vemos
pues les ofrece una oportunidad como en un espejo otro de verse a ustedes mismos sus
problemas y sus aspiraciones por eso yo he titulado mi charla hacia una psicología de la
liberación como yo les he dicho a quienes tienen la gentileza de asistir al seminario es
un poco obsesivo compulsivo entonces lo tengo todito escrito pero como sé que leer así
sin más resulta monótono y aburrido pues de vez en cuando iré leyendo, de vez en
cuando iré platicando para que se haga más cercano yo veo todavía por aquí sillas vacías
los que están por atrás porque tienen que salir están muy bien pero si quieren puedes
utilizarlas yo creo que sí pueden utilizarla bien mi exposición va a tener tres partes como
digo la he titulado hacia una psicología de la liberación y la voy a hacer en tres partes.
La primera voy a hacer un breve planteamiento sobre el aporte social de la psicología en
los países latinoamericanos. El segundo punto voy a tratar de examinar el porqué de la
esclavitud de la psicología latinoamericana. En la tercera parte voy a plantear algunos
elementos de lo que podría ser una psicología de la liberación y plantear algunas tareas
que podemos enfrentar. En primer lugar, el aporte de la psicología, el aporte social de
la psicología en Latinoamérica desde una perspectiva de conjunto hay que reconocer
que el aporte de la psicología como ciencia y como praxis a la historia de los pueblos
latinoamericanos es extremadamente pobre. No han faltado ciertamente psicólogos
preocupados por los grandes problemas del subdesarrollo de la dependencia, de la
opresión que agobian a nuestro pueblo, pero a la hora de materializarse en muchos
casos esas preocupaciones se han tenido que canalizar a través de un compromiso
político personal al margen de la psicología, al margen del que hacer como psicólogos;
porque los esquemas de que dispone la psicología han resultado inoperantes para
responder a las necesidades populares.
Y no me refiero solo a la psicología social cuya crisis de significación ha sido un tema
muy hablado en la última década. Me refiero a la psicología en su conjunto me refiero a
la psicología teórica y a la psicología práctica, la aplicada la individual y la social, la
clínica y la educativa, a toda la psicología. Mi tesis es que el quehacer de la psicología
latinoamericana salvadas algunas yo diría raras excepciones no solo ha mantenido una
dependencia servil a la hora de plantearse problemas o de buscar soluciones, sino que
ha permanecido al margen de los grandes movimientos e inquietudes de los pueblos
latinoamericanos.
Cuando se trata de señalar algún aporte latinoamericano al acervo de la psicología
universal se suele mencionar entre otros, por ejemplo, la tecnología social del uruguayo
Jacobo Varela o los planteamientos psicoanalíticos de Enrique Pichón Riviere en
Argentina. Bien, ambos en concreto merecen todo mi respeto y no voy yo a minimizar el
valor de estos dos aportes; sin embargo, fíjense, es significativo que Jacobo Varela
escribió su libro originalmente en inglés y lo que hizo fue asumir, por así decirlo, los
modelos y organizar algunos de los modelos de la corriente norteamericana sobre
actitudes como si para aportar algo universalmente valioso un latinoamericano tuviera
que abdicar de su lengua, de su origen o de su identidad y respecto a los trabajos de
Enrique Pichón Riviere el argentino pues lo más que se puede decir, a mí me gustaría
preguntar cuántos en este salón han leído los trabajos o conocen los trabajos de Enrique
3 Pichón Riviere muy valiosos teóricamente y muy valiosos prácticamente y sin embargo
fuera de Argentina es muy poco o casi nada conocido.
Posiblemente otros aportes latinoamericanos de más (…) más impacto social se pueden
encontrar allá donde la psicología se ha dado de la mano con otras áreas de las ciencias
sociales. El caso más significativo en mi opinión me parece constituirlo el método de
alfabetización concientizadora de Paulo Freire que surge de una fecundación entre
educación y psicología, filosofía y sociología.
Si uno lee por ejemplo la primera gran obra de Paulo Freire la pedagogía como práctica
de la libertad se encuentra que en buena medida es una reflexión de orden filosófico; el
concepto consagrado ya de concientización articula la dimensión psicológica de la
conciencia personal con su dimensión social y política y pone de manifiesto la dialéctica
histórica entre el saber y el hacer, el crecimiento individual y la organización
comunitaria, la liberación personal y la transformación social; pero sobre todo la
concientización constituye una respuesta histórica a la carencia de palabra personal y
social de los pueblos latinoamericanos que se encuentran no sólo imposibilitados para
leer y escribir el alfabeto sino que sobre todo se encuentran imposibilitados para leerse
a sí mismos y para escribir su propia historia.
Lamentablemente tan significativo como el aporte de Freire resulta la poca importancia
que se concede al estudio de su obra, un estudio crítico. Aunque he tenido la buena
noticia de oír que en un curso de los cursos de psicología social aquí se utiliza la
pedagogía del oprimido es el primer libro que leen, mi felicitación más cordial. Pues de
qué poco estudiamos aportes como el de Freire si lo comparamos con el tiempo que
dedicamos a estudiar a veces cosas tan triviales como ciertos modelos de las así
llamadas teorías del aprendizaje o modelos todavía más pobres de teorías mal llamadas
cognitivas y quizá mejor llamadas cognoscitivas que están hoy tan de moda; bien, la
precariedad del aporte de la psicología latinoamericana se aprecia mejor cuando se lo
compara con otras ramas del quehacer intelectual.
Por ejemplo, la teoría de la dependencia fue un esfuerzo original de la sociología
latinoamericana por dar razón de ser del subdesarrollo de nuestros países sin recurrir a
explicaciones derogatorias de la cultura latinoamericana somos haraganes, trabajamos
ligadas siempre con una magnificación de la así llamada ética protestante.
Es bien conocido también, por ejemplo, el rico aporte de nuestra novelística para rubor
nuestro de los psicólogos no resulta exagerado afirmar que se aprende bastante más
sobre la psicología de nuestros pueblos leyendo una novela de García Márquez e incluso
de Vargas Llosa que nuestros trabajos técnicos sobre el carácter o la personalidad -que
en otras palabras suelen ser muy aburridos.
Y ciertamente, por pasar a otra área, la teología de la liberación ha sido capaz de reflejar
de recoger y al mismo tiempo de estimular las recientes luchas históricas de amplias
masas marginales de nuestros pueblos con mucha mayor fuerza que nuestros análisis y
nuestras recetas psicológicas sobre la modernización o el cambio social.
A diferencia de la cultura sajona la cultura latina y lo digo no peyorativamente sino de
hecho tiende a conceder un importante papel a las características de las personas y a las
relaciones interpersonales y esto entra incluso dentro de ¡ay! los latinos, ¡qué perezosos!
¿qué sienten? latinos y negros. En un país como El Salvador, por ejemplo esta
importancia se observa en que, por ejemplo, al presidente de la república se va a
4 constituir en el referente inmediato de cualquier tipo de problema entonces lo mismo
los grandes que los pequeños si se trata lo mismo de culparle porque no se resuelve la
guerra que de un pleito de vecinos tiene el presidente que ver por el desarrollo
económico y la reactivación económica del país pero también al presidente se le pide
que a ver si retira un burdel que hay junto a una escuelita, ¡mire usted qué escándalo
señor! ¡señor presidente! ¡ay que retiren ese burdel! como si el presidente tuviera que
intervenir personalmente en todo y si no interviene personalmente, él es el culpable, él
es la culpa entonces, en este contexto cultural en el que se da tanta importancia a lo
personal que si el presidente es sano, fuerte o es un loco si es así o es de la otra manera
y sus características personales, su forma personal de actuar, etc. bueno, en esta cultura
que tiende a personalizarlo todo a poner nombre y apellido a cada problema y a cada
circunstancia es decir, esta tendencia nuestra a psicologizar los problemas bueno,
indudablemente siendo así este medio cultural la psicología tendría un vasto campo para
incluir y sin embargo, en vez de contribuir a desmontar este sentido común de nuestras
culturas, que termina ocultando y justificando los intereses dominantes, convirtiéndolos
en rasgos personales en características del temperamento o de la manera de ser de la
personalidad de fulano o de citano llegando a creer que si cambiamos al general tal por
el coronel cual, que si en vez de tener a Juan, ponemos a Pedro entonces, la psicología
en lugar de desmontar este sentido común personalizante y ocultador de la realidad ha
abonado por acción o por omisión ese psicologismo incluso en el caso, por ejemplo, de
la concientización alfabetizadora de Freud se ha llegado a recuperar para el sistema las
principales categorías despojándolas de su esencial dimensión política y convirtiéndolas
en categorías puramente psicológicas hay que liberarse de eso actualmente hay que
concientizarse como si esto fueran realidades puramente intrapersonales,
intraindividuales actualmente donde la psicología sobre todo la psicología social tiene
una fuerte tendencia hacia la subjetivización de los enfoques predominantes quizá
porque el fracaso que se hizo patente en Vietnam mostró que la psicología no era capaz
por sí misma de resolver los problemas, de transformar el mundo y entonces se dijo,
bueno, si no podemos transformar el mundo vamos a transformar nuestra percepción
del mundo y aunque el mundo siga igual lo vamos a ver distinto entonces la psicología
termina pues convirtiéndose en un psicologismo cultural y se ofrece como ha dicho
algún psicólogo en una verdadera ideología de recambio en nuestro caso pues el
psicologismo puede haber servido para fortalecer directa o indirectamente aquellas
estructuras que el sentido común de nuestra cultura oculta desviando la atención sobre
los verdaderos o los últimos factores causales de las situaciones, de los problemas
derivándonos a que si el señor es así o no es así si sonríe o se muestra serio, ¿verdad?
si el coronel es de esta manera o el coronel no tiene quien le escriba. No se trata aquí
por tanto de establecer un gran balance de la psicología latinoamericana, yo creo que
ese balance está todavía por hacer, lo único que se encuentra es una organización más
o menos sistematizada del área. De lo que se trata mis estimados compañeros
universitarios es de que nos preguntemos honestamente si con el bagaje psicológico de
que disponemos actualmente podemos decir y sobre todo podemos hacer algo que
contribuya significativamente a dar respuesta a los problemas cruciales de nuestros
pueblos, lejos de mi pretender que el psicólogo deba constituirse el pontífice máximo
de lo que hay que hacer o de lo que no hay que hacer pero tenemos algo que nos permita
5 dar un aporte significativo a los problemas más cruciales de nuestros pueblos ustedes,
no yo, saben perfectamente cuáles son los grandes problemas que agobian al pueblo
puertorriqueño ¿tenemos esquemas, modelos, conceptos, teorías métodos, formas de
hacer que nos permitan involucrarnos en un aporte en una contribución significativa
para resolver estos problemas’ porque en nuestro caso más que en ningún otro viene
válido aquello de que la preocupación fundamental del científico social no debe cifrarse
tanto en explicar el mundo que existe como en transformarlo
¿Cuáles son, en segundo lugar las raíces de esta falta de aporte de la psicología
latinoamericana? Se suele decir como justificación que la psicología no ha aportado
mucho porque es muy joven, porque ha surgido como tal recientemente y que solo en
los últimos 20, 30 años se puede hablar de un desarrollo de una cierta mínima
maduración de la psicología latinoamericana y como confirmación de este punto de vista
se señala, y creo yo que con razón, a los muchos aportes incipientes que empiezan a
surgir un poco por todas partes en Brasil, en Chile, en Venezuela en Latinoamérica, etc.
El argumento me parece válido, por tanto, pero insuficiente y se vuelve un argumento
peligroso si nos justificáramos en él si nos amparáramos en ese argumento para no
revisar las deficiencias que nos han llevado y quizás todavía nos siguen llevando en
muchos casos a la marginalidad científica y a la inoperancia social.
En mi opinión la miseria de la psicología latinoamericana hunde sus raíces en una
historia de dependencia colonial que no coincide con la historia de la colonia
iberoamericana sino con el neocolonialismo del garrote y la zanahoria que se nos ha
impuesto desde hace un siglo. El garrotazo cultural, para emplear el término de matelar
que diariamente reciben nuestros pueblos con frecuencia encuentra en la psicología un
instrumento más, entre otros, para moldear mentes y encuentra un valioso aliado para
tranquilizar conciencias al explicar qué bueno y qué conveniente es que asumamos esta
zanahoria tan modernista y tan desarrollada tecnológicamente. Yo sintetizaría en tres
las principales causas de la miseria histórica de la psicología latinoamericana, las tres
relacionadas entre sí.
Primera, un mimetismo cientista, un mimetismo cientista. Segunda, una carencia de una
epistemología adecuada. Y tercera, un dogmatismo provincial.Brevemente veamos estas
tres afirmaciones, estas tres raíces o causas.
En primer lugar, el mimetismo cientista. Me voy a detener un poquito más aquí. A la
psicología latinoamericana le ha ocurrido quizá algo similar a lo que le ocurrió a la
psicología estadounidense a comienzos de siglo. El deseo de adquirir un reconocimiento
científico y un estatus social les hizo entonces a los norteamericanos y nos está haciendo
o nos ha hecho a los latinoamericanos dar un serio traspiés. La psicología
norteamericana a fin de volverse científica volvió su mirada a las ciencias naturales para
adquirir un método, para adquirir unos conceptos que la consagraran como científica.
Mientras al mismo tiempo negociaba qué aporte podría dar a las necesidades del sistema
establecido a fin de recibir una recompensa, un puesto, un rango social. Es decir, ve
usted, ya hay un departamento de psicología en esta universidad y los ecólogos tienen
un salario como los físicos, como los químicos. ¡Qué chévere! La psicología
latinoamericana, por su parte, lo que hizo fue volver su mirada al hermanito mayor, al
ejemplo, al prototipo, al big brother, quien ya era respetado científica y socialmente y
entonces a él le pedimos prestado su bagaje conceptual, su bagaje metodológico,
6 incluso su bagaje práctico y esperábamos que con todo eso que nos daba nuestro
hermano mayor podríamos negociar también en nuestros sistemas sociales un estatus
equivalente al que ellos habían logrado allá en los Estados Unidos de Norteamérica.
Bien, es discutible si la profesión de psicólogo ha logrado ya en los países
latinoamericanos el reconocimiento social que buscaba. Es discutible. Quizá en algunos
casos sí, en otros muchos no.
En algunos, como decimos en El Salvador, sí, como no. Entre sí y no. Lo que sí es claro
es que la casi totalidad de los esquemas teóricos y prácticos que utilizamos en América
Latina en psicología están importados de los Estados Unidos.
Así a los enfoques psicoanalíticos u organicistas de comienzos de siglo o mediados de
siglo que regían en las escuelas que daban algo de psicología o filosóficos en algún
caso, todavía mostrando la dependencia original de la psicología de las escuelas de
psiquiatría, de las escuelas de medicina o en algún caso de alguna facultad de filosofía,
pues después de eso sucedió una oleada de conductismo ortodoxo, con su pesada carga
de positivismo a ultranza y de individualismo metodológico. En el momento actual, hoy
día, muchos psicólogos latinoamericanos han descartado el conductismo o el
psicoanálisis y se han afiliado o nos hemos afiliado a una u otra forma de psicología mal
llamada cognitiva, digamos cognoscitiva, no tanto por haber sometido a crítica los
esquemas psicoanalíticos originarios o los esquemas conductistas posteriores, cuanto
porque ese es el enfoque que está de moda en los Estados Unidos. Punto.
El problema, mis estimados compañeros universitarios, no radica tanto en las virtudes
o defectos que puedan tener el conductismo o las teorías cognoscitivas, cuanto en ese
mimetismo sistemático que nos lleva a aceptar los sucesivos modelos vigentes en
Estados Unidos, como si el aprendiz se volviera médico por el hecho de ponerse al cuello
un estetoscopio o como si el niño se volviera adulto porque se puso la ropa de papá. La
aceptación acrítica de modelos es precisamente la negación más profunda de los
fundamentos de la ciencia: e importar ahistóricamente los esquemas conduce a una
ideologización cuyos sentidos, como nos lo recuerda...
Martin-Baro- 1986 (segunda parte)
… la sociología del conocimiento, remiten necesariamente a unas circunstancias sociales
y a unos cuestionamientos concretos. Cada modelo es la respuesta a un preguntarse.
Pero ese preguntarse surge de una realidad concreta, surge de unas circunstancias
concretas, de unas fuerzas sociales concretas y de unos intereses sociales concretos.
Trasladar, sin más, esos esquemas, es desnaturalizar lo que de válido tengan esos
esquemas y ideologizar el sentido profundo de esos modelos. Segundo lugar, carencia
de una epistemología adecuada, una segunda causa. Los modelos dominantes en
psicología se fundan en una serie de presupuestos que sólo rara vez se discuten porque
esto de meterse en metafísicas, verdad, no ha estado mucho de moda.
Y con menos frecuencia intentamos proponer alternativas a esos presupuestos del
quehacer psicológico. Voy a mencionar cinco de estos presupuestos que en mi opinión
han lastrado las posibilidades de la psicología latinoamericana. Habría que añadir que
también de otras, de la psicología norteamericana o de la alemana o de la francesa o
incluso de la soviética también. Pero no me meto en eso. Cinco que a nosotros se dan
aquí. Uno, el positivismo. Dos, el individualismo. Tres, el hedonismo. Cuatro, la visión
7 homeostática. Y cinco, quizás lo más grave, el ahistoricismo.
En primer lugar, el positivismo. Como lo indica su nombre, y ustedes lo saben, es aquella
concepción de la ciencia que considera que el conocimiento debe limitarse a los datos
positivos, a los hechos y a las relaciones empíricamente verificables, descartando todo
aquello que pueda ser caracterizado como metafísico.
Toda especulación, toda interpretación, todo eso es metafísica. Hay que atenerse a los
hechos, a los datos. De ahí que el positivismo lo que va a subrayar en última instancia
es el cómo de los fenómenos, cómo ocurre esto.
Y ahí lo pasamos fenomenal descubriendo y aislando factores y variables. Y si lo pone
usted aquí en la puerta del lugar de adentro, y si en lugar de ti hay cuatro presentes, y
si en lugar de estarse riendo están serios, ¿qué va a pasar? Vamos a ver, porque hay otra
variable, ¿verdad? Y si en lugar de estar serios, y si en lugar de ser blancos son negros,
y si en lugar de ser bajos son altos, y si en lugar de ser flacos son gordos, ¡qué maravilla
esto es! Es un aporte tan enrique. El cómo de los fenómenos.
Y muchas veces tendemos a dejar de lado –y ciertamente se tiende con el positivismo–
el qué de los fenómenos. ¿Por qué ocurre esto? El por qué y el para qué de los
fenómenos. Aquello de Cicerón, cuy problema.
¿A quién le beneficia esto que sea así y no de otra manera? Por supuesto, el positivismo
supone una parcialización tremenda de la existencia humana, en mi opinión que resierva
a sus significados más importantes. Nada de extrañar entonces que el positivismo se
sienta tan a gusto al interior del laboratorio donde puede, entre comillas, controlar todas
las variables y termine reduciéndose al examen de verdaderas trivialidades que poco o
nada dicen sobre los problemas de cada niño. Entre paréntesis, a mí una de las
cuestiones que más me iluminó en un momento determinado sobre mucho de las teorías
del aprendizaje fue caer en la cuenta que la mayoría de las teorías del aprendizaje habían
surgido en el laboratorio en experimentos con ratas.
Y no me importaba tanto esto con todos los presupuestos que hay ahí, sino que en el
fondo, ¿qué es lo que se hace en el aprendizaje con las ratas? Lo voy a decir en un
término que a lo mejor nunca oíó. Torturarlas. ¿Qué es eso de los shocks eléctricos?
Torturar a la rata.
Y no es que yo tenga mucha compasión por las ratas, ¿verdad? Porque si la veo con
algunas de mis oficinas probablemente trato de evitar a Pelé, ¿verdad? Pero, pero, o sea
que nuestro conocimiento ha surgido de una metodología dedicada a torturar
animalitos. Quitarle el alimento cuando ya lo va a agarrar, o ya hace lo cuando ya se
encuentra bien, ya confesó la rata, ya reconoció, ya firmó el documento, ¿verdad? Para
quien que se reconoce culpable, ahí va el Pelé. El problema más grave con todo del
positivismo me parece a mí que radica en su esencia.
Es decir, en su ceguera de principio y por principio para todo aquello que es negatividad.
¿Y qué quiero decir con eso? Que, si el positivismo sólo reconoce lo dado, lo factual, lo
que de hecho existe, va a ignorar por principio todo aquello que se niega en la realidad
existente. Todo aquello que las condiciones actuales de nuestras sociedades impiden
que ocurra si se dieran otras condiciones.
Si yo analizo con un examen puramente positivista al campesino salvadoreño me voy a
encontrar quizá con una persona fatalista, machista y no sé cuántos histas más. De
manera semejante, por ponerles un caso muy bien conocido, a que el estudio positivista
8 de la inteligencia del miembro de la raza negra norteamericana lleva a la conclusión de
que su consciente intelectual se encuentra en promedio una desviación típica por debajo
del promedio de la distribución del consciente intelectual de los blancos. Y esto es lo
que nos da el dato positivo innegable, y en eso Jensen tiene razón.
Hay que concedérselo. Entonces si la realidad no es más que aquello que es dado,
entonces efectivamente el campesino salvadoreño es fatalista y el negro es tonto, o casi
tonto, o ciertamente más tonto que el blanco. Pero considerarlo así me parece a mí es
una ideologización de la realidad que termina consagrando como natural aquello que es
histórico y considera que es propio de la naturaleza humana aquello que es fruto de una
historia humana concreta.
Si adoptamos esa perspectiva, magro, pobre, es el horizonte que nos espera a los
latinoamericanos. ¿Por qué somos? ¿Qué es lo que somos? Son desarrollados, vagos,
haraganes, fatalistas, es bueno que no somos, ¿verdad? Chucos, sucios, ¿verdad? ¿Qué
pobre entonces es el futuro que nos espera? Tendremos que reconocer cuál es nuestro
lugar en el mundo, ¿verdad? Y aceptarlo, ¿verdad? Que lo vamos a hacer, es la voluntad
de Dios. Resulta paradójico, mis estimados compañeros universitarios, que este
positivismo se combine en la investigación psicológica con un tremendo idealismo
metodológico cuyo origen hay que rastrearlo en aquel señor que se llamaba Kant.
¿Por qué? Porque idealista es el esquema que antepone el marco teórico al análisis de la
realidad y que no da más pasos en la exploración de los hechos que aquellos que le
indica la formulación de las hipótesis. Pero como las hipótesis surgen de una teoría y la
teoría ha sido elaborada a partir de los hechos positivos, quedamos en un círculo vicioso.
Idealista. Siendo así que las teorías, pues, surgen de circunstancias distintas a las
nuestras, esa metodología va a terminar cegándonos a la negatividad de nuestra
condición humana e incluso a nuestra misma positividad, porque con estos modelos no
se puede entender lo que nos pasa. ¿Y entonces qué ocurre? Que el estudiante encuentra
mucho más coherente el libro de texto que la realidad.
Si la realidad es absurda, si la remojo, a mí entonces prefiero mejor quedarme con el
texto y con mi laboratorio.
Un segundo presupuesto de la psicología dominante lo constituye el individualismo,
mediante el cual se asume que el sujeto último de la psicología es el individuo como
entidad de sentido en sí mismo. Miren, el problema con el individualismo radica, en mi
opinión, en la insistencia que tiene por ver en el individuo lo que a menudo no se
encuentra sino en la colectividad, en el grupo, o por remitir a la individualidad lo que
sólo se produce en la dialéctica de las relaciones humanas.
Nadie es padre o madre sin que exista, me perdonan ustedes, una madre y un padre y
un hijo. Y nadie es hijo sin que existan padres. Entonces decir que uno tiene una
paternidad en sí misma, yo no sé si con esto habla del in vitro y todas esas cuestiones
se podrá, pero desde luego me parece.
Entonces es una realidad que surge en la dialéctica de las relaciones humanas. De esta
manera el individualismo termina reforzando las estructuras existentes al ignorar la
realidad de las estructuras sociales y reducir problemas que son de orden estructural y
social a rasgos y problemas personales o individuales.
En tercer lugar, el hedonismo. Hedonismo, no creo que haya que explicarlo, es el
9 principio de que nos movemos fundamentalmente por el placer, por la búsqueda de la
satisfacción, y ¡oh!, tan hedonista es el conductismo ortodoxo como el psicoanálisis,
que es en el fondo, por ejemplo, el principio de la realidad psicoanalítica, sino una
transmutación del principio del placer, que se vuelve realista y para conseguir el placer
sabe que no tiene que ir de frente sino, por un lado. Entonces no creo yo que no hemos
subrayado suficientemente lo muy incrustado que tenemos esta visión hedonista del ser
humano. Yo me pregunto, mis estimados amigos, si con el hedonismo se puede
entender adecuadamente el comportamiento solidario de un grupo de refugiados
salvadoreños que nada más saber acerca del reciente terremoto que tuvo lugar en San
Salvador, echaron mano de toda su reserva de alimentos que se les da mes con mes,
tortearon todo su maíz y se lo enviaron a la colonia más destrozada porque caían en la
cuenta de que esa gente no tendría nada que comer en esos días.
¿Qué beneficio tenía este grupo de refugiados? ¿Qué satisfacción? ¿Qué refuerzo? ¿Qué?
¿Creen ustedes que con una visión hedonista se puede explicar este acto profundo de
solidaridad humana de quien sabe lo que es sufrir porque ha sufrido en vida en carne
propia? ¿Integrar como presupuesto el hedonismo en nuestro marco teórico ¿no será de
hecho cegarnos a unas formas distintas de ser humano? o por lo menos ¿aceptar que
pueda existir una faceta distinta del ser humano que no se mueve por la búsqueda de
satisfacción o de placer sino por otras razones, quizá no por otras causas, pero sí por
otras razones? ¿No será de hecho a integrar ese hedonismo a ultranza en nuestra
psicología una concesión al principio fundamental del sistema social en que nos
movemos que asume como principio básico de la motivación humana el lucro y por
tanto, transponer como si fuera propio de la naturaleza estática humana aquello que
caracteriza el funcionamiento de un determinado sistema social?
La visión homeostática, en cuarto lugar, nos lleva a recelar, a olfatear algo detrás de
todo lo que hay de proceso de cambio y de desequilibrio entonces tenemos que llegar
al equilibrio, a la igualdad, a la calma.
Consideramos que es malo todo aquello que representa ruptura, que representa
conflicto, que representa crisis, claro. Desde esta perspectiva, más o menos implícita,
resulta difícil que los desequilibrios que son inherentes a toda lucha social no sean
interpretados como trastornos personales. Es que esa persona es un desequilibrado.
Mire, ese líder es un paranoico. Díganme de un líder a lo largo de la historia universal
que no pueda ser con nuestras DSM3 o 4 o el que quieran, calificado como paranoico.
Díganme de un solo.
Entonces, con este presupuesto homeostático, ¿verdad?, los conflictos, ¿verdad?, que se
generan al rechazar el ordenamiento social en cada situación concreta, pues de una
manera o de otra reflejan, según nuestros esquemas, una patología de las personas.
El último presupuesto que quiero mencionar de la psicología dominante es quizá el más
grave. El ahistoricismo, ah, partícula negativa, ahistoricismo. Es decir, la negación del
carácter histórico del ser humano. El cientismo dominante nos lleva a considerar que la
naturaleza humana es universal o casi universal, por lo menos universal con respecto a
Estados Unidos. Y, por tanto, que no hay diferencia de fondo entre el estudiante de MIT
y el campesino nicaragüense, entre John Smith de Peoria, Illinois, y Leonor González, un
pobre diablo allá de Cuisnahuac, en el departamento de Sonsonato, en El Salvador.
Así, aceptamos la escala de necesidades de Maslow como si fuera una jerarquía
10 universal. O asumimos que el Stanford-Binet es una prueba maravillosa que apenas tiene
que ser, pues, adaptada, tipificada, estandarizada, y entonces, bueno, ya vamos a medir
la inteligencia de nuestras poblaciones. Claro, yo paso el Stanford-Binet adaptado,
tipificado, y todo lo vago que ustedes quieran, ¿verdad?, al campesino salvadoreño, y
me salen todos de morones para abajo.
Pero yo les garantizo que aquellos que sacan un cociente intelectual genial, les pone
usted en las circunstancias del campesino salvadoreño y no sobreviven una semana. Y
entonces esa supervivencia en condiciones de opresión tan terrible no denotará una
inteligencia bastante digna de tomar en cuenta. El que logra sobrevivir aquí, sin trabajo,
quizá robando un poco, quizá trampeando la seguridad social, quizá engañando al
estómago, no tiene una particular inteligencia digna de ser examinada, quizá cuando
menos, explorada, científicamente, positivamente.
Entonces, una concepción del ser humano que acepta y pone su universalidad en su
historicidad, yo creo que hay naturaleza humana, sí lo creo, pero creo que la naturaleza
humana es ser historia. Y por tanto, que en buena medida, inteligencia y necesidades
son una construcción histórica que denota y materializa las condiciones sociales
concretas en que se produce en cada pueblo. Y en eso yo creo que había una profunda
intuición en la revolución cultural que pretendía Mao Zedong, forjar un nuevo hombre
con nuevas necesidades, que no lo lograra ese otro problema que debe ser estudiado y
muy a fondo.
Pero la intuición, me parece a mí, era válida. Entonces, asumir unos modelos puramente
transculturales y transhistóricos, elaborados en circunstancias distintas a las nuestras,
puede llevarnos a una grave distorsión de lo que en realidad son nuestros pueblos. Por
eso, mis estimados compañeros universitarios, me parece a mí, y lo someto, pues, a su
crítica y a su reflexión, que debemos revisar a fondo los presupuestos más básicos y las
condiciones psicológicas.
Pero esta revisión, mis estimados amigos, debemos realizarla no desde nuestras
oficinas, sino desde una praxis comprometida con los sectores populares. Sólo así
lograremos una perspectiva distinta, tanto sobre lo que positivamente son las personas
de nuestros pueblos, como lo que negativamente podrían ser, pero las condiciones
históricas no se lo permiten. ¿Qué puede llegar, qué podría llegar a ser el pueblo
puertorriqueño si las condiciones, en lugar de empujarle hacia la criminalidad, hacia la
drogadición o hacia aquellas realidades que ustedes consideren como los problemas o
las características más tipificadoras del pueblo puertorriqueño, si tuviera otra
oportunidad, otro champ de historia? ¿Qué sería el pueblo puertorriqueño? Sólo así,
también, la verdad no tendrá que ser un simple reflejo de los datos positivos, sino que
la verdad podrá ser una tarea.
No los facta, sino los fachienda. No lo hecho, sino lo por hacer. Quizá la verdad de
nuestros pueblos no está en lo que son hoy, sino en lo que pueden y quieren ser mañana.
En tercer lugar, una última causa de la pobreza de la psicología latinoamericana, lo que
he llamado el dogmatismo provinciano, que nos ha llevado a falsos dilemas. La
dependencia, pues, de la psicología latinoamericana le ha llevado a debatirse en falsos
dilemas. Falsos no tanto porque no puedan discutirse o no representen sobre el papel
dilemas teóricos, creo que sí, sino porque no responden en la práctica a las interrogantes
de nuestra realidad y sobre todo porque no permiten abrir el horizonte de nuestra
11 realidad.
Tres dilemas característicos que todavía en algunas partes levantan ampollas son los
tres siguientes. Psicología científica frente a psicología con alma. Psicología humanista
frente a psicología materialista. Y psicología reaccionaria frente a psicología progresista.
Primer dilema, quizá ya el más superado en los centros académicos, ya va a haber una
oposición entre los planteamientos de la psicología y una antropología cristiana. La
psicología de las razas era contrapuesta a la psicología con alma.
Mientras psicólogos y sacerdotes se peleaban por una misma clientela, ¿verdad?, ubicada
en los sectores medios o burgueses de la sociedad. Ciertamente el dogmatismo de
muchos clérigos les llevaba a recelar y a desconfiar un peligro contra la fe religiosa
latente en las teorías psicológicas y a ver las explicaciones del psicólogo como una
negación de la dimensión trascendental del ser humano. Tampoco, de parte, no hay que
cargarle toda la culpa a los clérigos, tampoco los psicólogos latinoamericanos con
nuestros esquemas made in USA, supimos eludir el dilema, quizá porque nos faltaba
una adecuada comprensión tanto de esos propios esquemas que utilizábamos como
sobre todo mucho más a fondo.
Nos faltaba una comprensión de lo que suponían los planteamientos religiosos en los
pueblos latinoamericanos.
Un segundo dilema, más vigente que el anterior, es el que opone una psicología
humanista a una psicología materialista y, supongo yo, deshumanizada. Miren,
estimados amigos, a mí este dilema me desconfía, es que no entiendo, porque yo creo
que una teoría o un modelo psicológico, serán válidos o no lo serán, tendrán o no
tendrán utilidad para el trabajo práctico, para la praxis, en todo caso serán más o menos
acertados, mejores o peores como teorías y como modelos.
Pero déjenme decirles que yo no logro ver por qué y en qué el señor Carl Rogers es más
humanista que Sigmund Freud, o por qué Abraham Maslow es más humanista que
Avivalo, por ejemplo. No lo entiendo, yo creo que, si Freud captó más a fondo al ser
humano, me parece que es más humanista porque nos ayuda a comprender mejor. Y a
contribuir mejor.
Si Rogers lo hizo mejor que Freud, pues muy bien. Pero esto no es una cuestión de, ay,
es que Rogers cómo habla de estas cosas tan raras. Entre paréntesis, Rogers ahora está
hablando de la guerra nuclear, ¿no? Pero bueno, eso es entre paréntesis.
Yo honestamente no veo este dilema, me parece un falso dilema. De lo que se trata es
que busquemos aquellos esquemas, aquellas teorías, aquellos modelos, que realmente
contribuyan a hacer un aporte real a la humanización de nuestras personas.
Tercer dilema, todavía quizá más vigente en algunos sectores, una psicología
reaccionaria y una psicología progresista. El dilema, insisto, es válido, claro que es
válido, pero me parece a mí que está mal. Se suele plantear, no que se pueda plantear
bien, pero se suele plantear inadecuadamente. Una psicología reaccionaria es aquella
cuya aplicación lleva al afianzamiento de un orden social injusto, de un orden social
explotador, opresivo, etc.
Una psicología progresista será aquella que ayude a los pueblos a progresar, a crecer, a
encontrar el camino de su realización histórica, personal y colectiva. Ahora bien, una
teoría psicológica no es reaccionaria sin más por el hecho de venir de Estados Unidos.
12 Yo soy formado en la Universidad de Chicago, soy por tanto un Chicago boy.
Cuando llegué a mi país, después de mi flamante título de bajo plazo, la gente me miraba
así como diciendo, seguro que estés de la CIA. Yo decía, claro. Entonces, no es
reaccionaria una teoría por el hecho de haber surgido en Estados Unidos, como no hace
progresista a una teoría por el hecho de que haya surgido en la Unión Soviética.
Lo que hace reaccionaria o progresista a una teoría no es tanto su lugar de origen,
aunque puede influir enormemente, sino de hecho la capacidad que tiene para explicar
o para ocultar la realidad y sobre todo para reforzar el orden existente o para
transformarlo desde sus raíces. Existe bastante confusión al respecto y conozco centros
de estudio en América Latina o profesores que aceptan la reflexología, no porque sea
más convincente que el psicoanálisis o que el conductismo o que el arrestado o que
cualquiera de los modelos cognoscitivos, sino porque es que Pavlov era ruso,
progresista. O que hay centros y profesores quizá más atentos a una ortodoxia política,
presunta, que a la verificación histórica de los planteamientos, y a mí me parece que
este es un falso dilema en este sentido, es la praxis histórica la que debe demostrar la
validez o invalidez, el progresismo o reaccionalismo de los modelos y teorías
psicológicas.
Estos tres dilemas denotan en mi opinión una falta de independencia para plantearlo
problemas más acuciantes de los pueblos latinoamericanos, para utilizar con total
libertad aquellas teorías o modelos que la praxis nos muestra ser más fáciles, válidos y
útiles, o para elaborar si es preciso otros nuevos. Tras esos dilemas, pienso yo, se
esconden posturas dogmáticas más propias de un espíritu de dependencia provinciana
que de un compromiso científico por encontrar y sobre todo por hacer la verdad de
nuestros pueblos latinoamericanos. Y con ello paso al tercer punto de mi exposición,
que ya se han aburrido, pero detenemos, hacia una psicología de la liberación.
Yo creo que de las reflexiones anteriores, mis estimados compañeros universitarios, se
sigue claramente una conclusión. Si queremos que la psicología realice algún aporte
significativo a la historia de nuestros pueblos, si queremos contribuir al desarrollo social
de los países latinoamericanos, necesitamos replantearnos nuestro bagaje teórico y
práctico, pero replanteárnoslo desde la vida de nuestros propios pueblos, desde sus
sufrimientos, sus aspiraciones y sus luchas. Si me permiten formular esta propuesta en
términos latinoamericanos actuales, hay que afirmar que, si pretendemos que la
psicología contribuya a la liberación de nuestros pueblos, tenemos que elaborar una
psicología de la liberación.
Pero elaborar una psicología de la liberación no es una tarea simplemente teórica, sino
primero y fundamentalmente una tarea práctica. Por eso, si la psicología latinoamericana
quiere lanzarse por el camino de la liberación, tiene que romper con su propia esclavitud.
Es decir, en otras palabras, realizar una psicología de la liberación exige primero lograr
una liberación de la psicología.
¿Qué elementos, qué inspiración podemos recibir para la elaboración de una psicología
de este corpo? Preguntaba yo recientemente a uno de los más connotados teólogos
latinoamericanos de la liberación, ¿cuáles serían, en su opinión, las tres intuiciones más
importantes de esta teología? Sin dudarlo mucho, este mi buen amigo me señaló los
siguientes puntos. En primer lugar, la fe cristiana es una fe en un dios de vida. El dios
13 de los cristianos es un dios de vida.
Martin- Baro 1986 (3¬ parte)
En segundo lugar, la praxis tiene primacía sobre la teoría, la ortopraxis sobre la
ortodoxia. Y en tercer lugar, la fe cristiana debe llevar a realizar una opción preferencial
por los pueblos, por los pobres. Déjenme explicar brevemente estos recursos.
En primer lugar, la afirmación de que el objeto de la fe cristiana es un Dios de vida, y
por tanto el cristiano debe asumir, dice este mi amigo, como objeto primordial de su
tarea religiosa el promover la vida y todo aquello que produce vida. Desde esta
perspectiva cristiana, lo que se opone a la fe en Dios no es el ateísmo, es la idolatría, es
decir, la creencia en falsos dioses, dioses que producen la muerte. Y que bien saben,
por ejemplo, nuestros campesinos, cuáles son los dioses que les producen día a día la
muerte, que les queman sus champitas, que les matan sus animales, que destrozan sus
milpas, que les hacen meterse en cuevas para congregarse a ese dios de la muerte.
La fe cristiana en un dios de vida debe buscar por consiguiente todas aquellas
condiciones históricas que den vida a los pueblos. Y en el caso concreto de los pueblos
latinoamericanos, esa búsqueda de la vida exige un primer paso de liberación de las
estructuras sociales y personales que mantienen una situación que llaman
teológicamente de pecado, es decir, de opresión que produce la muerte a las personas,
a las mayorías populares. En segundo lugar, la verdad práctica tiene primacía sobre la
verdad teórica.
La ortopraxis tiene primacía sobre la ortodoxia. Lo importante no es enunciar a tenerse
bien a los pobres. Lo importante es vivir coherentemente con la fe que se predica.
Para la teología de la liberación, mucho más que importante es que lo que se dice es lo
que se hace. Y más expresivo de la fe es el hacer que es decir. Por tanto, la verdad de la
fe debe mostrarse en realizaciones históricas concretas.
En tuyo caso, ¿qué mal lo hemos hecho los cristianos? ¡Qué poco creíble hemos hecho
la realidad de un Dios de vida! En este contexto adquieren toda su significación las
necesarias mediaciones que hacen posible la liberación histórica de los pueblos, de
aquellas estructuras que los oprimen e impiden su vida y su desarrollo humano. Aquí
tienen un extraordinario pensador sobre la teología de la liberación, Samuel Silva, en
detalle. La fe cristiana, en tercer lugar, llama a realizar una opción preferencial por los
pobres.
La teología de la liberación afirma que a Dios hay que buscarlo entre los pobres
marginados y con ellos y desde ellos vivir la vida de fe. La razón para esta opción
teológica, esta opción de fe, es múltiple. En primer lugar, porque esa fue en concreto la
opción de Jesús.
En segundo lugar, porque los pobres constituyen la mayoría de nuestros cuerpos. Pero
en tercer lugar, porque sólo los pobres ofrecen condiciones objetivas y subjetivas de
apertura al otro, y sobre todo, dicen, al radicalmente otro. La opción por los pobres no
se opone al universalismo salvífico, pero reconoce que la comunidad de los pobres es el
lugar teológico por excelencia desde el cual realizar la tarea de construir el reino de
Dios.
Pues bien, desde esta inspiración de la teología de la liberación, podemos proponer tres
elementos esenciales para construir una psicología de la liberación de los pueblos
latinoamericanos. Una psicología que tenga un nuevo horizonte, una nueva
14 epistemología y una nueva práctica.
En primer lugar, un nuevo horizonte. La psicología latinoamericana debe de centrar su
atención de sí misma, despreocuparse de su estatus científico y social, si me reconoce
o no me reconoce, y proponerse un servicio eficaz a las necesidades de las mayorías
populares. Son los problemas reales de los propios pueblos, no los problemas que
preocupan en otras latitudes los que deben constituir el objeto primordial de nuestro
trabajo. Y hoy por hoy, el problema más importante que confrontan las grandes mayorías
latinoamericanas es su situación de miseria opresiva, su condición de dependencia
marginante que les impone una existencia inhumana y les arrebata la capacidad para
definir su futuro.
Por tanto, si la necesidad objetiva más perentoria de las mayorías populares
latinoamericanas la constituye su liberación histórica de unas estructuras sociales que
las mantienen oprimidas, hacia ese área debe enfocar la psicología, su preocupación y
su esfuerzo prioritario. En psicología siempre hemos estado claros sobre la necesidad
de la liberación personal, es decir, la exigencia de que las personas adquiramos control
sobre nuestra propia existencia, de que seamos capaces de orientar nuestra vida hacia
aquellos objetivos que nos proponemos como valiosos sin que mecanismos
inconscientes o experiencias traumáticas conscientes o no conscientes nos impidan
lograr esas metas existenciales y esa felicidad personal. ¡Magnífico! En esto siempre
hemos estado claros los psicólogos, esa liberación personal, eso es el esfuerzo clínico,
o por lo menos eso creo yo que parece haber sido.
Sin embargo, la psicología ha estado por lo general muy poco clara acerca de la íntima
relación entre desalienación personal y desalienación social, entre control individual y
poder colectivo, entre la liberación de cada persona y la liberación de todo el cuerpo.
Más aún, con frecuencia la psicología ha contribuido a oscurecer la relación entre la
enajenación personal y la enajenación social, como si la patología de las personas fuera
algo ajeno a la historia y a la sociedad, o como si el sentido de los trastornos
comportamentales se agotara en el plano individual. La psicología debe trabajar por la
liberación de los pueblos latinoamericanos, un proceso que como bien mostró la
alfabetización concientizadora de Paulo Freire, entraña tanto una ruptura con las
cadenas de la opresión personal como con las cadenas de la opresión social.
La reciente historia del pueblo salvadoreño prueba que la superación de su fatalismo
existencial, eso que pública o ideológicamente algunos psicólogos prefieren llamar
control externo o desesperanza aprendida, como si fuera un problema de orden
puramente intraindividual, involucra una confrontación directa con las fuerzas
estructurales que les mantienen oprimidos, privados de control sobre su existencia y
forzados a aprender la sumisión y a no esperar nada de la vida.
Una nueva epistemología. El objetivo de servir a las necesidades de liberación de los
pueblos latinoamericanos exige una nueva forma de buscar el conocimiento.
La verdad de los pueblos latinoamericanos no está en su presente de opresión, sino en
su mañana de libertad. La verdad de las mayorías populares no hay que encontrarla, hay
que hacerla. Por eso esto supone dos aspectos, una nueva perspectiva y una nueva
praxis.
La nueva perspectiva tiene que ser desde abajo, desde las propias mayorías populares
15 oprimidas. ¿Nos hemos preguntado, mis estimados amigos, alguna vez, seriamente,
cómo se ven los procesos psicosociales desde la vertiente del dominado en lugar de
verlos desde la vertiente del dominador? ¿Hemos intentado plantear la psicología
educativa desde el analfabeto, la psicología laboral desde el desempleado, la psicología
clínica desde el marginal? ¿Cómo se verá la salud mental desde el colono de una
hacienda, la madurez personal desde el habitante de un tugurio, la motivación desde la
señora de los mercados? Y observen que se dice desde el analfabeto y el desempleado,
el colono y la señora de los mercados, no para ellos. No se trata de que nosotros
pensemos por ellos y para ellos, de que les transmitamos nuestros esquemas o de que
les resolvamos sus problemas.
Se trata de que pensemos y teoricemos con ellos y desde ellos. También aquí me parece
a mí acertó la intuición pionera de Pablo Freire, quien planteaba una pedagogía del
oprimido y no para del oprimido. Es la misma persona, la misma comunidad la que debía
constituirse el sujeto de su propia alfabetización concientizadora, la que debía aprender
el diálogo comunitario con el educador, a leer su realidad y a escribir su propia historia.
Y así como la teología de la liberación ha subrayado que sólo desde el pobre es posible
encontrar al Dios de vida anunciado por Jesús, una psicología de la liberación tiene que
aprender que sólo desde el mismo pueblo oprimido será posible descubrir y construir la
verdad existencial de los pueblos latinoamericanos. Asumir esa nueva perspectiva no
supone que tiremos por la borda todos nuestros conocimientos. Lo que supone es que
los relativicemos, que los revisemos críticamente desde la perspectiva de las mayorías
populares.
Sólo desde ahí esas teorías y modelos mostrarán su validez o su deficiencia, su utilidad
o su inutilidad, su universalidad o su provincialismo. Sólo desde ahí las técnicas
aprendidas mostrarán sus potenciales liberadoras o sus semillas de sometimiento.
Una nueva práctica. Todo conocimiento humano está condicionado por los límites
impuestos por la propia realidad. Bajo muchos aspectos la realidad es opaca y sólo
actuando sobre ella, sólo transformándola es posible al ser humano adquirir una noticia,
un conocimiento. Lo que vemos y cómo lo vemos está ciertamente condicionado por
nuestra perspectiva, por el lugar desde el que nos asumamos a nuestra historia, pero
está condicionado también por esa realidad.
De ahí que para adquirir un nuevo conocimiento psicológico no basta con ubicarnos en
la perspectiva del pueblo. Es necesario involucrarnos en una nueva praxis, una actividad
transformadora de la realidad que nos permita conocerla no sólo en lo que es sino en lo
que no es y ello en la medida en que intentamos orientarla hacia aquello que debe ser.
Como dice Falls-Borda hablando de la investigación participativa, sólo al participar se
produce el rompimiento voluntario y vivencial de la relación asimétrica de submisión y
dependencia implícita en el binomio sujeto-objeto.
Por lo general el psicólogo ha intentado insertarse en los procesos sociales desde las
instancias de control. La pretendida asepsia científica ha sido en la práctica un aceptar
la perspectiva de quien tiene el poder y un actuar desde quien domina. Como psicólogos
seculares hemos trabajado desde la dirección de la escuela y no desde la comunidad.
Como psicólogos del trabajo hemos seleccionado o entrenado al personal según las
exigencias del propietario o del gerente y no de los propios trabajadores o de sus
sindicatos. Incluso como psicólogos comunitarios hemos llegado con frecuencia a las
16 comunidades montadas en el cargo de nuestros esquemas y de nuestros proyectos, de
nuestro saber y de nuestro dinero. Aquí vengo yo.
No es fácil y difícil decir cómo insertarnos de una manera distinta en estos procesos
desde el dominado y no desde el dominador. No es fácil incluso dejar nuestro papel de
superioridad profesional o tecnócrata y trabajar mano a mano con los grupos populares.
Pero si no nos embarcamos en ese nuevo tipo de praxis que además de transformar la
realidad nos transforme a nosotros mismos difícilmente lograremos desarrollar una
psicología latinoamericana que contribuya a la liberación de nuestros pueblos.
El problema de una nueva praxis plantea el problema del poder y por tanto el problema
de la politización de la psicología. Este es un tema para muchos escabroso, pero no por
ello menos importante. Ciertamente asumir una perspectiva, involucrarse en una praxis
por ocular es tomar partido.
Se presupone según los cánones científicos existentes que quien toma partido no es
objetivo, confundiendo parcialidad con objetividad, que son dos cosas distintas. El que
un conocimiento sea parcial no quiere decir que sea subjetivo o que no sea objetivo. La
parcialidad puede venir de muchas cosas.
Por ejemplo, puede venir de unos intereses sociales que nosotros representamos, puede
venir de estar ubicados en una perspectiva y en una situación y puede ser el resultado
de una opción consciente, de una opción consciente. Todos estamos condicionados por
nuestros intereses de clase que parcializan nuestro conocimiento, pero no todos realizan
una opción ética consciente que asuma una parcialización coherente con los propios
valores. Frente a la tortura se puede ser imparcial.
Frente al asesinato se puede ser imparcial. Frente a la violación se puede ser imparcial.
Hay que tomar partido, lo cual no quiere decir que no se pueda lograr la objetividad en
la comprensión del acto de tortura o del acto criminal o del acto de violación.
Eso es otra cosa. O del torturador o del asesino o del violador. De no ser así, nos ocurre
que condenamos muy alegremente y calificamos como asesinato la muerte que causa
un guerrillero, es un terrorista.
Pero condonamos y exaltamos como heroica la muerte que produce un policía o un
militar. ¿Y cuál es la diferencia? ¿Por qué es terrorista el guerrillero salvadoreño cuando
pone minas y no lo es el soldado salvadoreño cuando pone minas? ¿Por qué es terrorista
el nicaragüense que en defensa de su gobierno pone minas en la frontera urbeña para
que no penetre la compra? ¿Y no es terrorista el señor Reagan cuando pone minas en
los puertos nicaragüenses? ¿Por qué es terrorista el palestino que se defiende de los
israelitas que le han arrebatado su patria? ¿Y no es terrorista los bombardeos que sobre
poblaciones civiles hacen el gobierno israelí? ¿Por qué no tiene derecho a defenderse el
guerrillero salvadoreño pero tiene derecho el gobierno del señor Reagan a bombardear
en Libia? ¿Por qué es terrorista el señor Galafi y es el salvador de la humanidad el señor
Ronald Reagan si están haciendo lo mismo? Por ello yo coincido con Fals Borda, quien
mantiene que el conocimiento práctico que se adquiere mediante la investigación
participativa debe encaminarse hacia el logro de un poder popular, un poder que permita
a los pueblos volverse protagonistas de su propia historia y realizar aquellos cambios
que hagan a las sociedades latinoamericanas más justas y más humanas.
Tres tareas urgentes para terminar y dejar un trazo de interrogantes en Centroamérica
17 alargado demasiado.
Son muchas las tareas que se presentan a una psicología latinoamericana de la
liberación, tanto teóricas como prácticas. Les voy a presentar tres que me parecen una
especial importancia y urgente. La recuperación de una memoria histórica. La
desideologización del sentido común y de la experiencia cotidiana y la potenciación de
las virtudes populares.
En primer lugar, la recuperación de nuestra memoria histórica. La difícil lucha por
satisfacer las necesidades cotidianas, básicas, fuerza a las mayorías populares a
permanecer en un presentismo psicológico, en un aquí y en una ahora, ciego quizá, a
un mañana porque no lo hay y a un ayer porque no tiene sentido o cree no tener sentido.
El discurso dominante incluso estructura una realidad aparentemente natural y
ahistórica que lleva a aceptarla sin más. Es imposible así sacar lecciones de la
experiencia y lo que es más importante encontrar las raíces de la propia identidad, tanto
para interpretar el sentido de lo que nos ocurre actualmente como para vislumbrar
posibilidades alternativas sobre lo que podemos llegar a ser. La imagen
predominantemente negativa que el latinoamericano medio tiene de sí mismo respecto
a sus pueblos, como vamos a comparar al puertorriqueño con el propio africano.
Por favor. Esa devaluación que tenemos de nosotros mismos, de lo nuestro
comparativamente, denota un grado de interiorización de la opresión en nuestro propio
espíritu, lo cual es un semillero propicio al fatalismo conformista tan conveniente para
el orden establecido. Recuperar la memoria histórica significa descubrir selectivamente
mediante la memoria colectiva aquellos elementos del pasado que fueron eficaces para
defender los intereses de las clases explotadas y que vuelvan otra vez a ser útiles para
los objetivos de lucha y concientización.
Se trata de recuperar no sólo el sentido de nuestra propia identidad, no sólo el orgullo
de pertenecer a un pueblo, de contar con una tradición y con una cultura. Se trata sobre
todo de rescatar aquellos aspectos que sirvieron ayer y que servirán hoy para nuestra
liberación. Por eso recuperar una memoria histórica supone reconstruir unos modelos
de identificación que en lugar de encadenarnos y atarnos a la Coca-Cola y al Breakdance
nos abran al horizonte de nuestra liberación y realización histórica.
En segundo lugar, es necesario contribuir a desideologizar el sentido común y la
experiencia cotidiana. Sabemos que el conocimiento es una construcción social.
Nuestros países viven sometidos a la mentira de un discurso dominante que niega,
ignora o disfraza aspectos esenciales de la realidad.
No es cierto que ustedes estén convencidos de que en El Salvador ya se ha resuelto el
problema, de que ya fundamentalmente hay un gobierno democrático después de
elecciones, de que las cosas están fundamentalmente para bajo control. Mentira.
Seguimos amados en la verdad civil, tan fuerte o más que nunca, y con tan pocas
perspectivas o menos que las que teníamos ayer y mañana con menos perspectivas de
las que tenemos hoy, porque no está en nuestras manos decidir cuándo ponerle fin a la
guerra.
El mismo garrotazo cultural que día tras día se propina a nuestros pueblos a través de
los medios de comunicación masiva, constituye un marco de referencia en el que muy
difícilmente pueden encontrar adecuada formalización de la experiencia cotidiana de la
18 mayoría de las personas, sobre todo de los sectores populares. Si usted se llega a esa
vivencia y dice pues no será verdad esto que yo estoy viviendo, no será realidad esto
que a mí me ocurre, pues me estaré equivocando, me estaré padeciendo alucinación.
Así se va conformando un ficticio sentido común, engañoso, alienador, que alimenta el
mantenimiento de las estructuras de opresión y explotación y el conformismo.
Desideologizar va a significar rescatar la experiencia original de los grupos y personas
y devolversela como dato objetivo para que puedan formalizar su conciencia de su
propia realidad verificando la validez del conocimiento adquirido. La desideologización
debe realizarse en lo posible en un proceso de participación crítica en la vida de los
sectores populares, lo que representa una aventura con las formas predominantes de
investigación y análisis.
Finalmente, debemos trabajar por potenciar las virtudes de nuestros pueblos, por no
referirme más que a mi propio pueblo, el pueblo de Salvador.
La historia contemporánea ratifica día tras día su insobornable solidaridad en el
sufrimiento, y ya creo que es virtud. Su capacidad de entrega y de sacrificio para el bien
colectivo su tremenda fe en la capacidad humana de transformar el mundo, su esperanza
en un mañana que violentamente se le sigue negando. Esas virtudes están vivas en lo
que es y en lo que vive el pueblo, en sus tradiciones populares, en su religiosidad
popular, en todas aquellas estructuras sociales que han permitido al pueblo salvadoreño
sobrevivir históricamente en condiciones de opresión y de represión inhumanas, y que
le permiten hoy, a pesar del terremoto y a pesar del megaterremoto de siete años de
Guerra Civil, mantener viva la fe en su destino y la esperanza en su futuro.
Monseñor Romero, el asesinado arzobispo de San Salvador, dijo en una oportunidad
refiriéndose a las virtudes del pueblo salvadoreño, con este pueblo no es difícil ser un
buen pastor. ¿Cómo es posible que nosotros, psicólogos latinoamericanos, no hayamos
sido capaces de descubrir todo ese rico potencial de virtudes de nuestros pueblos y que,
consciente o inconscientemente, volvamos nuestros ojos a otros países y a otras culturas
cada vez que queremos definir nuestros objetivos y nuestros ideales? Hay una gran tarea,
compañero, por delante, si pretendemos que la psicología latinoamericana realice un
aporte significativo no sólo a la psicología universal, pero sobre todo a la historia de
nuestros pueblos. A la luz de la situación actual de opresión y de fe, de represión y de
solidaridad, de fatalismo y de luchas liberadoras que caracterizan a nuestros pueblos,
esa tarea que tenemos por delante es la de construir y practicar una psicología de la
liberación.
Pero una psicología de la liberación requiere una liberación previa de la psicología y esa
liberación sólo llegará de la mano de una praxis comprometida con los sufrimientos y
con las esperanzas de los pueblos latinoamericanos. Muchas gracias.