El Reportaje.
El reportaje es un modelo de representación de la realidad que a partir del monólogo
radiofónico persigue narrar y describir hechos y acciones de interés para el oyente,
proporcionándole un contexto de interpretación amplio en los contenidos y el uso de
fuentes rico y variado en los recursos de producción y el manejo creativo en la
construcción estética del relato (Martínez- Costa y Díez Unzueta, 2005: 114).
En este sentido, el reportaje constituye un género autónomo que comparte ciertas
semejanzas con otros pero que, al mismo tiempo, tiene unas particularidades que lo
hacen diferente.
1. En cuanto a su contenido:
Actitud informativa
El reportaje persigue, sobre todo, informar. Puede hacerlo de un hecho, de una acción,
o de una declaración. Si bien, esa intención informativa se encuentra siempre en el
núcleo del género, también es verdad que, por las mismas características del mismo,
esa intención informativa no se limita a dar cuenta de un hecho de manera escueta,
estricta o aséptica, tal como ocurre en la noticia.
Dado que es misión del reportero indagar, investigar y profundizar en un tema, éste
completará los datos más noticiosos de su texto con información relativa al contexto, a
los antecedentes, a las causas, a las consecuencias, a los casos similares, a los
testimonios y al ambiente (Muñoz y Gil, 1994: 135).
Cierta conexión con la actualidad
La actitud informativa del reportero no se corresponde necesariamente con un máximo
grado de actualidad en el reportaje. Dicho de otra forma, en el reportaje la actualidad se
debe entender en sentido amplio y la vinculación con ésta no es tan urgente, inmediata
y apremiante como ocurre en la noticia o la crónica.
La novedad ya no es tan importante. Aunque es recomendable que exista, la
vinculación con la actualidad más inmediata es menor que en otros géneros. A cambio,
el reportaje va más allá de los datos para explicar el significado profundo de lo que ha
pasado.
Por decirlo en otras palabras, lo que (el reportaje) pierde en actualidad por su
inmediatez, lo gana en profundidad y calidad informativas.
Por tanto, no es que los contenidos del reportaje tengan una menor trascendencia que
las noticias “frescas”. Por el contrario, ayudan a conocer más el mundo que nos rodea y
proporcionan una oportunidad excelente para analizar grandes tendencias y cuestiones
específicas con una calidad de escritura que no siempre es posible utilizar en las
informaciones diarias bajo la presión de la hora de cierre.
Carácter narrativo-descriptivo
En cuanto al tipo de discurso, el reportaje en radio es un texto a la vez narrativo y
descriptivo. La narración supone la representación lingüística de las acciones
realizadas por o en relación a personas, situaciones y circunstancias, en el curso
del tiempo.
Se refiere por tanto a lo cambiante, a aquello que evoluciona en el tiempo. Se articula
sobre una estructura simple que debe incluir: una presentación -de los hechos, del
personaje o del ambiente-, un nudo -secuencia de los hechos- y un desenlace
-resolución de la situación planteada-.
En la narración, el sintagma predicativo alcanza una especial importancia sobre todo en
los verbos de acción y en determinados tiempos verbales. Así ocurre también en los
reportajes en radio, donde, en general, la condición narrativa es asumida normalmente
por la palabra. Este carácter narrativo se hace sobre todo presente en aquellos
reportajes de calle que versan sobre hechos causales y espontáneos, que se producen
de manera fortuita e imprevista y sin que exista una actuación anterior o intencionada.
Algunos ejemplos podrían ser: un terremoto, un accidente, la erupción de un volcán
casi todos los fenómenos naturales y, en general, gran parte de la información que
solemos denominar de sucesos. Por su carácter narrativo, este tipo de reportajes suele
profundizar en el cómo.
Además, hay otros reportajes de ambiente, donde prima la descripción. En este caso
se trata de presentar una imagen de la realidad, intentando hacer visibles las cosas
materiales mediante la explicación de su aspecto y forma externa.
En la descripción, debe tenerse en cuenta que “el rigor del dato transmite verosimilitud”.
Además, en radio, la descripción es muy importante, ya que se carece de imagen. Pero
esta descripción no siempre se realiza a través de la palabra, sino, en algunos casos,
mediante la inclusión de la música y/o los efectos sonoros.
Dada la actitud informativa del reportero, la descripción en el reportaje tiende a ser
denotativa y el autor adopta una actitud que -pese a todas las limitaciones- pretende
ser imparcial y limitarse a detallar con precisión las características que mejor definen a
la persona, objeto o lugar sobre el que cuenta el reportaje.
Así, el autor intentará tomar distancia y, una vez escogidos los objetos o
acontecimientos que se van a describir, procurará que hablen por sí solos. Una vez
más, la descripción subjetiva o connotativa –aquella por la que el emisor refleja en el
mensaje lo que le sugiere personalmente, al margen de que se ajuste más o menos a
la realidad, es más propia de otros géneros.
Mayor profundidad
El reportaje no se limita a describir y narrar los elementos más noticiosos de un hecho
sino que, una vez conocidos estos, trata de aportar una mayor profundidad. Esto se
consigue gracias a la investigación y es lo que permite interpretar los hechos,
contextualizarlos, ofrecer un mayor relieve y situar a la información en una perspectiva
mayor.
Vamos a detenernos brevemente en cada uno de estos conceptos: investigación,
profundidad e interpretación. En periodismo, la investigación es una tarea inherente
que, sin embargo, es más explícita en unos géneros que en otros. Pues bien: el
reportaje es uno de estos géneros que exige del autor una actitud inquisitiva que
pretenda siempre llegar más lejos. En este sentido, Martín Vivaldi (1987: 108) afirma
que el reportaje debe ser revelador.
Para Lewis, el reportero tiene una exigencia mayor que la del redactor de noticias:
La responsabilidad del reportero no es simplemente decir “esto sucedió”, sino “esto
sucedió y así fue cómo sucedió, por esto sucedió, y éstas son las preguntas que
permanecen sin respuesta”. Para este tipo de periodismo, el reportero debe leer
mucho, ser inteligente, reflexivo y escéptico. Debe imprimir su inteligencia sobre el
material recabado, y darle forma y orden, aun cuando el evento mismo ofrezca sólo un
montón de ideas caóticas y meras impresiones (Lewis, 1994: 95-96)
El propósito es profundizar más, adentrarse en el conocimiento de cómo fueron los
hechos, para tener una perspectiva mayor y una visión más completa del conjunto.
¿Y cómo profundiza el reportaje? De muchas formas. Todo depende del tema y
envergadura del reportaje que estemos considerando. Aún así, las más habituales
podrían ser: buscando más documentación, averiguando las causas, interrogando a
más fuentes, indagando sobre las consecuencias, preguntando por casos similares,
buscando el testimonio de los afectados, procurando las voces de los expertos,
conociendo la postura contraria, sabiendo el número de los afectados, averiguando
posibles soluciones, etc.
Este grado de profundidad varía según el reportaje. De hecho, este criterio nos permite
distinguir entre el reportaje elemental –más básico y sencillo– y el de investigación –
más profundo y complejo–. Pero aún así, en todo reportaje debe existir algún tipo de
profundidad ya que este rasgo se encuentra en el núcleo mismo del género.
A su vez, esta perspectiva más profunda nos permite una interpretación de mayor
calidad. O, por decirlo de otra forma: en el reportaje se investiga para profundizar más y
para interpretar mejor.
La interpretación es así el resultado de la tarea anterior: la de profundizar a través de la
investigación. Con la tarea de interpretar ocurre algo parecido a lo que sucede con la
investigación: que es una labor inseparable a toda actividad periodística, pero que se
concreta más en algunos textos que en otros.
Para entenderlo mejor, pueden ser útiles los conceptos de interpretación implícita y
explícita de Núñez Ladeveze (1995: 22). La interpretación implícita se refiere a la
actividad interpretadora que hace todo periodista para seleccionar y ordenar los datos
de la información. En este sentido, todos los géneros tienen algún grado de
interpretación implícita.
En algunos, esa interpretación tiene algo de ambas. Esto es lo que pasa en el
reportaje. En él, la interpretación es más explícita que en la noticia pero menos que en
el documental. Esto es así porque en el reportaje sigue predominando la función
informativa y el relato se ciñe a los hechos y no a la expresión de la subjetividad del
autor.
¿Y en qué consiste el trabajo de interpretar en un buen reportaje?
En buscar respuesta a todas las preguntas, en encontrar las verdaderas causas del
acontecimiento, en hacer ver al oyente la trascendencia de los acontecimientos y
aproximárselos, en analizar correctamente los datos, en hacer previsiones y en crear
en el oyente la misma sensación ante un hecho noticioso que la experimentada por el
reportero como testigo.
Por tanto, la interpretación es deseable a la hora de elaborar reportajes. El único
peligro consiste en que el reportero deshonesto y sin escrúpulos desconozca dónde
están los límites. Así, igual que ocurre en la crónica, el reportero no debe confundir el
afán de interpretar en una especie de placebo y creer que, en ese afán de trascender lo
informativo, vale todo.
Inspiración factual
Por su mismo carácter narrativo, el reportaje trata típicamente de hechos. En sentido
amplio, nos referimos aquí a eventos y situaciones concretas que han tenido lugar de
manera real y objetiva.
En este sentido, el reportaje es un género con gran libertad temática y puede abordar
potencialmente cualquier tipo de hecho. De manera más restringida, estos pueden ser
hechos en sentido estricto, acciones y declaraciones.
Todos estos elementos comparten dos cosas: por un lado, son reales y objetivos y no
fruto de la ficción y, por otro, se diferencian de las opiniones de su autor. En efecto, el
reportaje puede emplear técnicas de la ficción literaria, pero los contenidos que aborde
deben ser reales y no pueden, por tanto, ser producto de la imaginación del reportero.
Así, tiene cierta razón Gabriel García Márquez cuando afirma que para el reportaje se
necesita un narrador esclavizado a la realidad
Alta versatilidad temática
El reportaje es un género con gran libertad temática y, en principio, puede abordar
cualquier tipo de tema: político o social, científico o cultural, amplio o restringido. No
hay límites. Aún así, muchas veces debido a la mayor inversión en tiempo y dinero que
se requiere para hacer un reportaje -un buen reportaje, se entiende- éstos se limitan a
ciertos temas que se considera tienen una mayor envergadura, en función de los
tradicionales criterios noticiosos: actualidad, novedad, anormalidad, rareza, diferencia,
proximidad, importancia, interés humano, conflicto, notoriedad o utilidad.
En la práctica, estos criterios hacen que algunos de los temas que merezcan
típicamente el tratamiento de reportaje sean: las tendencias nuevas, los fenómenos
emergentes, los sucesos importantes, los problemas sociales, las situaciones
conflictivas y los procedimientos novedosos.
No obstante, potencialmente cualquier tema puede ser abordado con la técnica de
reportaje. Hacerlo o no dependerá de la sensibilidad del reportero para descubrir temas
de interés o, en su defecto, para revelar nuevos enfoques, ángulos o perspectivas en
temas que ya han sido abordados.
En esta búsqueda por un nuevo enfoque, es frecuente –y casi siempre deseable– que
el reportero enfoque su texto, apelando al interés humano y tratando de poner rostro –
en este caso– voz a las personas afectadas.
Los números son fríos. Los personajes cálidos. Con la adecuada mezcla entre unos y
otros podemos templar nuestro texto. La idea es humanizar las dimensiones de lo que
se relata ya que el hombre siempre es objeto de interés para el hombre.
2. En cuanto a su estilo:
Originalidad
Todo reportaje quiere ser original, nuevo, novedoso, distinto, único y diferente.
De alguna forma, todo reportaje quiere ser recordado porque, antes de él, nunca se
había escuchado algo así.
En la práctica, esta originalidad se extiende desde el fondo hasta –sobre todo– la forma
que adopte el reportaje. En cuanto al fondo, en ocasiones los reportajes quieren ser
originales por el tema que abordan, porque es un tema que –se considera– sí cumple
con los criterios noticiosos antes expuestos pero que, sin embargo, no ha tenido un
tratamiento más profundo por parte de los medios.
En otras ocasiones, la originalidad afecta más bien al enfoque o punto de vista que se
adopte. Por lo que respecta a la forma, la originalidad vendrá sobre todo por el tipo de
narrador que se emplee, el uso del lenguaje radiofónico y por los tratamientos de
tiempo y espacio.
Estilo personal
Se entiende aquí por estilo el uso particular del lenguaje que hace cada reportero en su
texto.
En este sentido, el reportaje es un género que permite a su autor una mayor
participación que lo que se observa en otros géneros. Así, el autor participa en el texto
de diversas maneras: escoge el tema, selecciona los géneros que más convengan,
elige las diversas fuentes a las que entrevistará, estructura el texto de la manera que
estime más conveniente, elige con mayor libertad verbos, adverbios, adjetivos,
imágenes, metáforas que le ayuden a contextualizar mejor la información y combinar
de la mejor manera posible todos los elementos del lenguaje radiofónico.
Las decisiones que vaya tomando cada reportero en relación a todas estas cuestiones
irán configurando su propio estilo.
En el reportaje, la presencia de este estilo está legitimada por dos razones. Por un
lado, el hecho de que el reportero haya investigado el tema le convierte, de algún
modo, en voz autorizada para configurar su texto, estructurarlo y adornarlo como
quiera. Por otro, el mismo género, por sus características, es libre y abierto, en
términos estilísticos. Aún así, la presencia del autor en el reportaje no es absoluta, sino
que tiene siempre tres límites:
1. Que todo quede condicionado a la función informativa del reportaje. Es decir,
que el reportero no llegue a utilizar ninguno de los elementos para comentar o
editorializar, de manera desligada de los hechos. Se insiste: la opinión del autor
cabe en algunos géneros periodísticos. Pero el reportaje no es uno de ellos.
2. Que el autor se mantenga siempre en segundo plano. Es decir, que su presen-
cia jamás llegue a opacar el contenido y la esencia de lo que quiere expresar. El
reportero es sólo instrumental e importa en la medida en que es un delegado del
público para profundizar en temas que a la gente le gustaría conocer y que, sin
embargo, no conoce.
3. Que el estilo quede subordinado al propósito comunicativo del reportaje. El estilo
está al servicio del reportaje. Una vez más, la claridad es la condición inamovible
de todo buen texto periodístico. Garantizada ésta, el reportero podrá hacer uso
de cuantos recursos, técnicas y figuras considere convenientes.
Gran libertad estructural
Gran parte de la libertad de la que dispone el reportero la utiliza para estructurar su
texto, para organizar el material que ha recolectado de la manera más ordenada y
coherente posible.
Ésta es la función de toda buena estructura: ayudar a que el texto se comprenda mejor
y a que resulte más atractivo. De esta manera además de poner orden en los
contenidos (la estructura) debe buscar el equilibrio estético entre las partes y los
recursos utilizados.
Pero no hay una sola forma de lograr esto. En realidad, las posibilidades de estructurar
un reportaje son prácticamente infinitas. Aún así, quienes han estudiado el tema
coinciden en recurrir a la retórica de Aristóteles y señalar una estructura mínima en tres
partes: apertura, desarrollo y cierre.
Aunque pueden recibir diferentes nombres, a cada una de estas partes le corresponde
siempre una misma función. A la apertura, la de centrar el tema del reportaje y captar la
atención para que el oyente nos acompañe durante la emisión. Al desarrollo, la parte
más extensa y compleja, se le encarga que proporcione el grueso de los elementos del
contenido, sustente el enfoque, desarrolle los argumentos, concatene las narraciones y
que aporte los principales datos, ideas e interpretaciones surgidas de la investigación.
Finalmente, el cierre se ocupa de proporcionar la conclusión, la demostración de la
tesis de partida, el colofón final y el desenlace de la trama.
Éstas son, por tanto, las tres partes mínimas que es posible reconocer en cualquier
reportaje en radio.
Pero, una vez establecidas, los reporteros cuentan con un amplio margen de libertad
para redactarlas de la manera que estimen más oportuna. Esta diversidad de
posibilidades suele desafiar a los investigadores, en su empeño de sistematizar y
clasificar las distintas formas de estructurar los reportajes.
Con el paso del tiempo, algunos de los estudiosos han logrado identificar ciertos
“formas tipo” para redactar las aperturas, desarrollos y cierres de los reportajes en
radio. En cualquier caso, se trata de las formas más habituales.
Por eso, otro de los rasgos del reportaje es la libertad que ofrece al autor para
estructurar su texto. Todo dependerá del tema, del enfoque y del estilo que quiera dar a
su reportaje.
Variedad y diversidad en los recursos expresivos
1. Variedad en el uso de fuentes. En su afán de indagar, el periodista deberá acudir
a cuantas fuentes sea necesario -personales, gubernamentales, no gu-
bernamentales y documentales-. En su búsqueda será muy importante también
que el reportero conozca la actitud y la credibilidad de la fuente.
2. Variedad en el empleo de testimonios ,cuya incorporación no persigue sólo fines
estéticos sino que es la forma de subrayar la verosimilitud y autenticidad de lo
que se narra. Por consiguiente, las declaraciones deben estar bien
seleccionadas y contextualizadas, para rentabilizar al máximo su contenido y
evitar que sean percibidas como un dato aislado, o incluso como un elemento
extraño y ajeno.
3. Variedad en el uso de géneros. El reportaje es un género que puede contener
otros. Esto le ha valido incluso el calificativo de género de géneros (Cebrián
Herreros, 1992: 147). En ocasiones, estos géneros se emplean sólo como
herramientas periodísticas para obtener información -entrevistas, encuestas-,
mientras que otras veces participan como géneros en sí mismos dentro del texto
-noticias, crónicas, informes, entrevistas, encuestas, etc.
4. Variedad en el uso de los elementos del lenguaje. Aunque la palabra sigue
siendo el elemento predominante y el que ocupa el primer plano, la música, el
silencio o los efectos desempeñan también un papel importante. Sobre ellos
recae casi siempre la condición descriptiva y pueden llevar a cabo funciones
ambientales, ubicativas, expresivas, narrativas, ornamentales, etc. El reportero
procurará entonces buscar la mayor cantidad y calidad de sonidos posibles,
mostrando además una predilección especial por los sonidos diegéticos, los
captados de la realidad.
5. Variedad en el uso de transiciones. La variedad que admite el reportaje se
extiende también al empleo de los nexos entre sus partes. Para ello, será muy
útil que exista primero una buena organización y una estructura clara (Ulibarri,
1994: 256; Martínez Costa y Díaz Unzueta, 2005: 123). Además, en lo posible,
se procurará que las transiciones pasen casi desapercibidas, de manera que el
relato resulte lo más natural posible.
6. Variedad en los tratamientos de tiempo y espacio: Al igual que en la literatura,
también en el reportaje en radio se puede alterar el tiempo según un orden
artificial, mediante el uso de analepsis o prolepsis, elipsis, resúmenes, escenas,
pausas, digresiones, relatos singulativos, anafóricos, repetitivos, iterativos, etc.
En cuanto al tratamiento del espacio, el reportaje admite el empleo de planos
sonoros diferentes, con diversas intenciones estéticas (Gutiérrez y Perona, 2002:
71-72).
En cuanto a su Producción y Realización:
Emisión habitual en diferido
El reportaje se suele emitir en diferido. Siempre existe la posibilidad del montaje. En
consecuencia, se reducen los riesgos, se permite una estructura narrativa más
elaborada y se posibilita una selección más precisa de textos y voces. Estas razones
pueden explicar que estos reportajes sean más frecuentes.
En otros casos, los reportajes se emiten en directo. Esto supone coordinar sobre la
marcha los componentes hablados y sonoros que conforman la unidad narrativa.
Esta función es una de las más complejas de la realización radiofónica y consiste en ir
dando paso a su debido tiempo y con la duración preestablecida a cada una de las
fuentes que aportan información. Otras veces la emisión de ciertos reportajes se
produce de manera mixta, con partes emitidas en directo en las que se va intercalando
piezas grabadas previamente.
Esta modalidad se utiliza con frecuencia para cubrir acontecimientos esperados y
previsibles -huelgas, manifestaciones, celebraciones, entregas de premios, etc.- de
manera que los momentos de menor nivel informativo se completan con piezas ya
elaboradas que suelen aportar un valor añadido.
Extensión variable
La extensión del reportaje es muy variable y está condicionada al tema, enfoque, tipo y
destino del texto.
Así, por ejemplo, los reportajes elementales, que se suelen emitir dentro de los
servicios principales de noticias, no suelen durar más de 2 o 3 minutos. Como su
nombre indica, se trata de reportajes muy sencillos que parten de una noticia e
incorporan en su elaboración algunos de los rasgos que caracterizan al reportaje.
El volumen de documentación que se revisa es menor, y su tratamiento –técnico y
formal– resulta relativamente simple. Con ellos se persigue completar el conocimiento
de un hecho o situación y, al mismo tiempo, romper la monotonía de la emisión, que
suele estar basada de forma casi exclusiva en noticias, crónicas y, de vez en cuando,
alguna entrevista.
En el extremo opuesto, se encontrarían los reportajes de investigación, cuya extensión
puede llegar hasta los 60 minutos. Estos suelen ser menos habituales y, de hecho,
están reservados para casos especiales, justificados por la envergadura informativa del
hecho que se cubre.
La diferencia fundamental se encuentra en el grado de profundidad que, en este caso,
es mucho mayor. Estos reportajes son el resultado de una exhaustiva labor por parte
de quien los escribe y su elaboración requiere tiempo y trabajo para descubrir hechos
desconocidos.
Aún así, hay que recordar que no conviene que un reportaje se extienda demasiado.
La atención de los oyentes lo impide. Por las propias peculiaridades del canal
radiofónico, resulta muy difícil mantener el interés de la audiencia más allá de los
quince minutos.
Además, no se debe olvidar que el reportaje es un género que está basado en el
monólogo y, por lo tanto, su duración tendrá que ser breve, dadas las limitaciones del
sentido auditivo. En realidad, estos reportajes son mucho menos habituales.
Emisión habitual desde la emisora
Habitualmente, los reportajes se emiten desde la emisora. Ésta es una nueva diferencia
con las crónicas, que se difunden desde el lugar de los hechos. Una vez más, este
rasgo no es sólo casual sino que tiene repercusiones sobre el contenido.
Transmitir desde la emisora aporta una perspectiva mayor para informar sobre los
hechos, valorarlos, contextualizarlos y poder difundirlos. Se incrementa también los
recursos de los que puede disponer el reportero para documentarse sobre el tema así
como los recursos expresivos.
Las opciones narrativas son también mayores, gracias a las posibilidades que permite
el montaje. Aún así, no todos los reportajes se emiten desde la emisora. De hecho, esta
variable nos permite diferenciar entre los reportajes de mesa y los de calle.
Los de mesa se plantean como narración de hechos ya conocidos y terminados en su
desarrollo sobre los que es necesario insistir. Se trata de producciones de mayor
envergadura y que requieren un conocimiento profundo sobre las técnicas de expresión
radiofónica. En ellos, el papel del reportero se parece al del investigador de los hechos.
Algo distinto ocurre en los reportajes de calle. En estos -difundidos desde el lugar de
los hechos-, el papel del reportero tiene más que ver con el del cronista: es testigo de
los hechos. Este reportaje es más urgente, está ligado a la noticia de última hora, su
narración es más lineal y pretende difundir los hechos de la manera más rápida posible.
Dado que se hace segundo a segundo requiere del reportero una habilidad explícita
para improvisar.