El Imperio Romano
El Imperio Romano
Introducción .................................................................................................................. 4
Organización política.................................................................................................... 8
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10. Aportes y legados de cada dinastía del imperio .................................................. 23
Conclusión ...................................................................................................................... 32
Bibliografía ..................................................................................................................... 33
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Introducción
El Imperio Romano, una de las civilizaciones más duraderas y poderosas de la historia,
se originó como una pequeña ciudad-estado en el centro de Italia en el siglo VIII a.C. y
se expandió para abarcar un vasto territorio que se extendía desde Gran Bretaña hasta
Egipto y desde la Península Ibérica hasta el Mar Negro. La historia de Roma es un
testimonio de la capacidad humana para la organización, la innovación y la adaptación.
Desde sus humildes comienzos, Roma pasó por diversas etapas de gobierno, incluyendo
la monarquía, la República y el Imperio, cada una de las cuales dejó una marca indeleble
en la civilización occidental.
La República Romana sentó las bases de un sistema político que combinaba elementos
de democracia, oligarquía y monarquía, y que influyó en las futuras estructuras
gubernamentales de muchas naciones. Con la transición al Imperio bajo Augusto en el 27
a.C., Roma alcanzó su máximo esplendor, consolidando un sistema administrativo y legal
que garantizaba la cohesión y el control de sus vastos territorios.
Este trabajo se propone explorar los múltiples aspectos del Imperio Romano, abarcando
su estructura política, las instituciones legales, su impacto cultural, las causas de su
expansión y declive, y las influencias duraderas que se manifiestan en la sociedad
contemporánea.
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EL IMPERIO ROMANO
1. Origen e Historia y Antecedentes: El siglo de oro
Origen del Imperio Romano
Durante los tres siglos anteriores al ascenso de César Augusto, Roma pasó de ser uno de
los tantos Estados de la península itálica a unificar toda la región y expandirse más allá
de sus límites. Durante esta etapa republicana su principal competidora fue Cartago, cuya
expansión por la cuenca sur y oeste del Mediterráneo occidental rivalizaba con la de
Roma. La República se hizo con el control indiscutible del Mediterráneo en el
siglo II a. C., cuando conquistó Cartago y Grecia.
Tanto el senado como el pueblo aclamaron a Octavio como Primer Ciudadano y Augusto
en el año 27 a.C. El Senado le confirió la autoridad para nombrar a sus senadores y
gobernadores. Más tarde, Octavio Augusto estableció la sucesión dinástica, todo lo cual
señala el inicio de la era imperial.
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Los dominios de Roma se hicieron tan extensos que el Senado fue cada vez más incapaz
de ejercer autoridad fuera de la capital. Asimismo, el empoderamiento del ejército reveló
la importancia que tenía el poseer control sobre las tropas para obtener réditos políticos.
Así fue como surgieron personajes ambiciosos cuyo objetivo principal era el poder. Este
fue el caso de Julio César, quien no solo amplió los dominios de Roma conquistando la
Galia, sino que desafió la autoridad senatorial.
El sistema político del Imperio surgió tras las guerras civiles que siguieron a la muerte de
Julio César. Tras la guerra civil que lo enfrentó a Pompeyo y al Senado, César se hizo con
el poder absoluto y se nombró dictador vitalicio. En respuesta, varios miembros del
Senado orquestaron su asesinato, lo que supondría el restablecimiento de la República. El
precedente no pasó inadvertido para el sobrino e hijo adoptivo de César, Octavio, quien
se convirtió años más tarde en el primer emperador tras derrotar la alianza entre su antiguo
aliado Marco Antonio y la reina egipcia Cleopatra VII. Octavio mantuvo todas las formas
republicanas de gobierno, pero en la práctica gobernó como un autócrata. En el año
27 a. C., el Senado le otorgó formalmente el poder supremo, representado en su nuevo
título de Augusto, convirtiéndolo efectivamente en el primer emperador romano.
Los dos primeros siglos del Imperio vieron un período de estabilidad y prosperidad sin
precedentes, conocido como la Pax Romana. Sin embargo, el sistema construido por
Augusto colapsó durante la Crisis del siglo III, un prolongado periodo de guerras civiles
que dio inicio al periodo denominado como el Dominado, durante el cual el gobierno
adquirió un carácter despótico y más afín a una monarquía absoluta. En el año 286, en un
esfuerzo por estabilizar al Imperio, Diocleciano dividió la administración en un Oriente
griego y un Occidente latino. Para este punto Roma ya había dejado de ser la capital del
Imperio. El Imperio se volvió a unir y a separar en diversas ocasiones hasta que, a la
muerte de Teodosio I en el 395, quedó definitivamente dividido en dos.
Los cristianos ascendieron a posiciones de poder tras el Edicto de Milán promulgado por
Constantino I, el primer emperador en bautizarse como cristiano, en 313. Tiempo después
inició el período de las grandes migraciones, el cual precipitó el declive del Imperio en
Occidente. Con la caída de Rávena ante Flavio Odoacro y la deposición del usurpador
Rómulo Augústulo en el 476, se señala tradicionalmente el fin de la Edad Antigua y el
comienzo de la Edad Media, aun cuando toma cada vez más relevancia la consideración
de la Antigüedad tardía como una época de transición entre ambos periodos.
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El Imperio en Oriente proseguiría casi un milenio en pie como el único Imperio romano,
aunque usualmente se le da el nombre historiográfico de Imperio bizantino o Bizancio,
hasta la caída de Constantinopla ante los turcos otomanos de Mehmed II en 1453.
El legado de Roma fue inmenso, especialmente en Europa Occidental; tanto es así que
varios fueron los intentos de restauración del Imperio, al menos en su denominación.
Destacan las campañas de reconquista del emperador Justiniano el Grande en el siglo VI
y el establecimiento del Imperio carolingio por Carlomagno en el año 800, el cual
evolucionaría en el Sacro Imperio Romano Germánico. Sin embargo, ninguno llegó a
reunificar todos los territorios del Mediterráneo como una vez logró la Roma de tiempos
clásicos. Según ciertas periodizaciones, la caída del Imperio occidental y oriental marca
el inicio y fin de la Edad Media.
La historia del Imperio romano puede ser estudiada de acuerdo a sus etapas. Estas etapas
son: el Alto Imperio romano (27 a.C-284 d.C.) y el Bajo Imperio romano (284-476 d.C.).
Pero para comprenderlas, debemos ver primero sus antecedentes.
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de imperium o comando militar.13 Ocasionalmente, a los cónsules triunfantes se les
otorgaba el título de imperator, del que proviene el término «emperador»
Organización política
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Organización militar
El ejército estaba formado por legiones. Cada legión se dividía en cohortes, y estas en
centurias. Llegaron a existir treinta legiones de 5300 hombres cada una. El gobernador de
provincia comandaba las unidades locales, bajo la dirección del Emperador. Los rangos
se distribuían de la siguiente manera:
Organización social
La sociedad estaba jerarquizada. La familia era patriarcal. Esto significa que el padre
ejercía la autoridad máxima sobre las finanzas y los hijos, independientemente de su
estado civil. Por otro lado, las clases sociales se enmarcaban en dos grupos:
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• Libertos: antiguos esclavos que compraron su libertad o les fue concedida por su
dueño. Podían aspirar a la ciudadanía, pero no podían ocupar cargos públicos. Sus
hijos sí gozaban de derecho ciudadano pleno.
• Esclavos: cumplían diversas tareas, especialmente las más forzadas. Solían
reclutarse de los prisioneros de guerra durante las conquistas romanas. No estaba
relacionada con la raza
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4. El Imperio como una Forma de Gobierno
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Una autocracia es un sistema de gobierno que concentra el poder en una sola figura
cuyas acciones y decisiones no están sujetas ni a restricciones legales externas, ni a
mecanismos regulativos de control popular. La monarquía absoluta y la dictadura son las
principales formas históricas de autocracia
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En la Monarquía, se elegía a los reyes de manera vitalicia por el pueblo de Roma. Ninguno
de ellos usó las armas para acceder al trono. Los poderes del rey eran ilimitados. Las
características del derecho en esa época son las siguientes:
No se distingue el derecho de la religión por lo cual el Rey tiene doble poder: jefe
temporal de los romanos y jefe religioso de estos mismos.
La función judicial en manos del Colegio de Pontífices.
Los poderes del rey fueron limitados. Aparecen otras fuentes del derecho, que se
desarrollan junto a la costumbre, estas son: las leyes del pueblo, los senadoconsultos y
los edictos de los magistrados.
Empieza a ser un derecho mucho más formalista. En la época republicana había dos
asambleas: el pueblo romano reunido en comicias (por curias y por centuriata), cuyas
leyes eran obligatorias, y el senado compuesto de senadores cuyos conceptos no eran
obligatorios.
Las asambleas del pueblo romano votaban las leyes propuestas por un magistrado. El
magistrado presentaba un proyecto escrito de la ley, y los comicios votaban a favor o en
contra, sin discutirlo.
La fase del Imperio Romano se caracterizó por una forma de gobierno autocrática.
Durante esta etapa, Roma consiguió su mayor extensión, comprendiendo desde lo que
hoy es Portugal hasta Palestina, y desde lo que hoy es Escocia, hasta el sur de Egipto.
Había un emperador que profesaba la jefatura absoluta del Estado. Era juez, era parte, era
Roma.
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La ley y los senadoconsultos: decaen los comicios (de hecho, los comicios por centurias
se reducen a elegir magistrados); aumenta la influencia del senado; aumenta poder
legislativo del emperador.
Uno de los periodos más importantes de la historia universal (cuya fama todavía resuena
en la actualidad), es el Imperio Romano, que duró desde el 27 a.C. hasta el 476 d.C. y
comenzó cuando César Augusto (que gobernó del 27 a.C. al 14 d.C.) se convirtió en
el primer emperador de Roma, explica la Enciclopedia de Historia Mundial. Después de
César Augusto se sucedieron varios grandes emperadores que ampliaron cada vez más
los dominios del Imperio Romano con el paso de los años. Pero el gran crecimiento
imperial también trajo retos y consecuencias. Descubre a continuación cómo se produjo
la división administrativa del Imperio Romano Occidental y Oriental.
Durante su apogeo, que comenzó en el año 117 d.C., tenía la mayor estructura política y
social jamás vista en una civilización occidental, la cual siguió creciendo durante más de
un siglo, reconoce la enciclopedia
Pero en el 285 d.C. el entonces emperador Diocleciano (que gobernó entre el 285 d.C. y
el 305 d.C.) decidió dividir la administración imperial, por lo que Roma dejó de ser el
centro de todo el gobierno.
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El Imperio Romano de Occidente comprendía todos los dominios imperiales de la parte
occidental y llegó a su fin mucho antes que el de Oriente: finalizó oficialmente el 4 de
septiembre del 476 d.C., cuando el emperador Rómulo Augústulo fue depuesto por el rey
germánico Odoacro, concluye la Enciclopedia de Historia Mundial.
El Alto Imperio romano abarca desde el año 27 a.C. hasta el 284 d.C. Cuando Octavio
fue nombrado Augusto, comenzó una monarquía colegiada llamada Principado. El
princeps (Octavio Augusto) concentraba los títulos de princeps civium (primer
ciudadano), princeps senatus (presidente del senado) e Imperator (general victorioso).
Así inició un período de estabilidad política, económica y social que se conoció como la
Pax Romana o Pax Augusta, el cual se prolongó por dos siglos. Le sucedieron en el poder:
Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, todos de la dinastía Julio-Claudiana.
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El año de los cuatro emperadores y la dinastía Flavia
La Dinastía Antonina
La dinastía Flavia fue depuesta por la dinastía Antonina. La expansión del Imperio
romano llegó a su punto máximo en este período, marcado también por una mayor
prosperidad.
Durante la dinastía Antonina destacaron los llamados cinco buenos emperadores, a saber:
Nerca, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio. Este último fue co-emperador
junto a Lucio Vero, pero Lucio Vero fue un emperador negligente, lo mismo que Cómodo,
el último monarca antonino.
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La Dinastía Severa
Volvió a generarse entonces otro año de guerras civiles, que tuvo cinco emperadores. Con
el ascenso final de Septimus Severus quedó establecida la dinastía Severa.
Severus extendió el imperio, pero sus conquistas fueron muy costosas. Fue sucedido por
sus hijos Caracalla y Geta. Este último fue nombrado co-emperador por su padre pero
acabó asesinado por su hermano.
Tras una breve interrupción, subió al poder Heliogábalo. Le sucedió Alejandro Severo,
responsable de la Crisis del siglo III que provocó la guerra civil por el control de Roma.
El Bajo Imperio romano abarca desde el año 284 hasta el 476. Esta etapa comienza con
el gobierno de Diocleciano, quien en vez de princeps, prefirió el cargo de dominus
(maestro y señor). El modelo de gobierno resultante se conoce como Dominado. El
dominado consistía en la concentración del poder en manos de un monarca absoluto,
desconociendo la autoridad de las instituciones heredadas de la república y del Alto
Imperio.
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el territorio en dos: el Imperio romano de Oriente y el Imperio romano de Occidente, cada
uno regido por un emperador o augusto.
Para evitar conflictos, Diocleciano determinó que cada emperador nombrara a un sucesor
desde el comienzo del mandato. Estos sucesores llevarían el título de César y compartirían
la administración del territorio. Fue así que Diocleciano instituyó una tetrarquía. El poder
se organizó y distribuyó como se indica en la siguiente tabla:
En el año 303, Diocleciano dio inicio a la llamada Gran Persecución contra los cristianos,
la más sangrienta hasta entonces. Diocleciano abdicó de su cargo pacíficamente en el año
305, e hizo abdicar también a Maximiano. Pese a ello, la persecución contra los cristianos
continuó.
Fue el último combate del conflicto desatado en el verano de 312 entre los emperadores
romanos Constantino I (r. 306-337) de Oriente y Majencio (r. 306-312) de Occidente. Se
libró el 28 de octubre de dicho año, cerca del puente Milvio, uno de los tantos que posee
el río Tíber en Roma. Constantino fue el vencedor de la batalla y emprendió desde
entonces el camino que llevaría a la extinción al sistema tetrárquico vigente, para
convertirse él en el único gobernante del Imperio romano. Majencio, en cambio, se ahogó
en el Tíber durante el combate. En un claro intento de borrar la memoria de Majencio, la
damnatio memoriae, Constantino abolió su legislación y se apropió deliberadamente de
sus proyectos de construcción, en particular de la basílica de Majencio y del templo de
Rómulo, que había sido dedicado al hijo de su rival, Valerio Rómulo. Constantino adoptó
una postura conciliadora y no persiguió a los partidarios de Majencio que pertenecían al
Senado; los senadores, a su vez, le concedieron el «título del primer nombre» y erigieron
el arco de triunfo que llevaría su nombre. Además, disolvió la Guardia Pretoriana y los
equites singulares Augusti y, a cambio, creó las escolas palatinas.
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Según los cronistas del siglo IV Eusebio de Cesarea y Lactancio, la batalla marcó el
comienzo de la conversión de Constantino al cristianismo. Eusebio de Cesarea afirma que
Constantino y sus soldados tuvieron una visión del Dios cristiano en la que les prometió
la victoria si mostraban el signo del crismón, las dos primeras letras del nombre de Cristo
en griego, en sus escudos. El arco de Constantino, levantado para celebrar esta victoria,
la atribuye en sus relieves e inscripciones a la intervención divina.
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(equites singulares), ambas instituidas por Augusto (r. 27 a. C.-14 d. C.), fueron disueltas.
Se sustituyeron por un cuerpo de tropas de élite vinculadas al emperador, las escolas
palatinas, que fueron a partir de entonces el núcleo del sistema militar romano, mientras
que los antiguos cuerpos de tropas territoriales fueron descuidados. Casi todas las fuerzas
militares móviles quedaron a partir de entonces subordinadas directamente al emperador
—con la excepción de ciertas unidades territoriales que fueron equiparadas con las
fuerzas móviles y llamadas pseudocomitatenses— y concentradas en áreas urbanas donde
podrían mantenerse abastecidas con los suministros que ya suponían la mayor parte de la
soldada.
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El Edicto de Milan
El Edicto de Milán, conocido también como “La tolerancia del cristianismo”, fue
promulgado en Milán en el año 313, por el cual se estableció la libertad de religión en el
Imperio romano, dando fin a las persecuciones dirigidas por las autoridades contra ciertos
grupos religiosos, particularmente los cristianos. El Edicto de Milán supuso la aparición
del mismo concepto de libertad religiosa, que no existía realmente hasta entonces, y
marcó un nuevo estatus en las relaciones entre la religión cristiana y el Estado, hecho que
ha marcado la cultura de Occidente desde la época del Imperio romano hasta nuestros
días. Este documento (en realidad, una epistula imperial) recoge los acuerdos alcanzados
entre Constantino y Licinio que reconocían la libertad de culto a todos los ciudadanos del
Imperio romano.
El llamado Edicto de Milán (en latín: Edictum Mediolanensis) fue promulgado en Milán
en el año 313 y tradicionalmente se ha considerado que fue el que estableció la libertad
de religión en el Imperio romano, poniendo fin a las persecuciones de los cristianos. El
documento fue firmado por los dos emperadores que gobernaban el Imperio: Constantino
I, convertido al cristianismo, y Licinio, «que seguía siendo pagano aunque no alentaba la
persecución».
Sin embargo, según varios historiadores como Paul Veyne, Averil Cameron o Vincent
Puech, el «impropiamente llamado Edicto de Milán», ya que no fue un edicto sino un
mandatum, no fue la norma que permitió a los cristianos vivir en paz, sino que la
tolerancia ya estaba establecida desde hacía dos años», con el edicto de tolerancia de
Galerio, promulgado en Serdica el 30 de abril de 311. Lo que hizo el «Edicto de Milán»
fue ampliarlo con la restitución de los bienes de las iglesias.
Pero como consecuencia la aplicación del «edicto» devolvió a los cristianos sus antiguos
lugares de reunión y culto, así como otras propiedades que habían sido confiscadas por
las autoridades romanas y vendidas a particulares: «las propiedades habrán de ser
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devueltas a los cristianos sin exigir pago o recompensa de ningún tipo, y sin admitir
ningún tipo de fraude o engaño». Esto le brindó al cristianismo un estatus de legitimidad
junto con la religión romana.
• Gobierno
• Ley
• Tecnología e ingeniería
• Transmisión y adaptación cultural
• Servidores públicos
• Comercio y atención al cliente
• Cocina y comida rápida
• Cría, adiestramiento y collares de perros
• Organización militar y religiosa
• Actividades lingüísticas y de ocio
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Legados Del Imperio Romano
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la principal fuente de riqueza, a su vez, las inversiones en la industrias manufactureras es
bajo. La tecnología atrasada es una barrera más, que obstaculiza el incremento de la
productividad. En la Roma antigua, predominaba la pequeña industria artesanal, eran
artículos de consumo básico y baratos y la demanda de los mismos era constante.
En Roma, al igual que en otras economías preindustriales, el comercio recibía parte del
capital que no recibía salida en la industria. Los medios de transporte eran atrasados.
Inevitablemente, la mayoría de las regiones agrícolas apuntaban a la subsistencia, en lugar
de a la producción de un excedente exportable.
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mayor tráfico marítimo y por último, se produjo un incremento de la oferta monetaria,
que permitió financiar un aumento del comercio interregional.
Las autoridades jurídicas no se vieron sometidas a grandes presiones por parte del mundo
del comercio, para que rompieran las arraigadas tradiciones del comportamiento
económico. Estas conclusiones son compatibles con la hipótesis de que el intercambio y
el comercio, experimentaron un crecimiento modesto durante el principado.
Los intereses y las necesidades del Gobierno romano eran pocos. Aparte de la guerra y la
diplomacia, su preocupación básica era abastecer y financiar el estamento militar, la
burocracia y la corte. Una vez cumplida la obligación permanente de alimentar a la plebe
de la ciudad de Roma, el Gobierno tenía que gastar dinero en edificios públicos y
diversiones para la capital y proporcionar periódicamente ayuda material a las
comunidades en tiempo de crisis. EL impuesto sobre las tierras agrícolas en todas las
provincias, menos en Italia, era el que servía para sufragar la mayor parte de los gastos.
Las clases sociales, de una forma u otra, siempre han sido parte de la organización de
nuestras sociedades y el Imperio Romano no es ninguna excepción.
La división social de los romanos se caracteriza por dos periodos. Durante el primer
periodo, la sociedad estaba divida en dos clases: los patricios, que pertenecían a la clase
alta, y los plebeyos, que representaban la clase trabajadora. Mientras que a lo largo del
segundo periodo se produjo un cambio de paradigma. Se da una lucha de poder entre
patricios y plebeyos, denominada el Conflicto de las Órdenes. El cual revoluciona
completamente la organización social de los romanos.
De hecho, tras el conflicto la sociedad romana queda definida por cinco clases sociales:
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1. Patricios
2. Equites
3. Plebeyos
4. Libertos
5. Esclavos
Aunque según diferentes historiadores, sí es cierto que los patricios eran la clase
dominante, pero al mismo tiempo también había muchas familias plebeyas poderosas.
Por lo tanto, ser plebeyo no equivalía necesariamente a ser pobre.
Además, a medida que avanza la historia del Imperio Romano, muchas familias patricias
pierden parte de su poder y riqueza, mientras que la fortuna de las familias plebeyas fue
mejorando. Esto no parece ser tan inverosímil, sobre todo si se tiene en cuenta que la clase
plebeya se dedicaba a profesiones lucrativas en diferentes áreas laborales como la
artesanía, la arquitectura, la agricultura…
Los equites surgieron a raíz de los caballeros reales. Estos, durante el primer periodo del
Imperio, eran parte de los varones de la clase patricia y recibían una cantidad de dinero
definida para comprar y cuidar de su caballo.
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Así, en el segundo periodo, se asociaron al comercio y al intercambio, formando parte de
la clase alta que se ocupaba de los negocios. Inferiores a los patricios del senado,
terminaron teniendo su propia clase social. Dedicándose a actividades como la dirección
de los bancos, la recaudación de los impuestos, la gestión del comercio de los esclavos y
de las casas comerciales, así como la importación y la exportación de todo tipo de
mercancías.
Los libertos, a los que también se les llamaba “liberados”, eran aquellos esclavos que
habían podido progresar al estatus de hombres libres. Esto sucedía o a través de la
liberación por parte de sus propietarios, o por la compra de su propia libertad. Tenían
algunos derechos, pero no podían ocupar cargos políticos. Por otro lado, si tenían hijos
estos adquirían plenos derechos al igual que cualquier otro ciudadano del Imperio
Romano. La última clase social, y la menos respetada, eran los esclavos.
Esto claramente determinaba de que la calidad de sus vidas fuera muy variable, ya que
dependían del trato que les reservaba su amo y del tipo de trabajo que ejercían. Por
ejemplo, un esclavo trabajando en una mina tenía una vida más dura de la de otro que
servía a su amo como músico. De todas maneras, fuera cual fuera su situación, no hay
que olvidar de que esta clase social estaba siempre sujeta a los caprichos de su amo, que
podía hacer con ellos lo que quisiera.
No obstante, aunque esta clase social fuera la más baja también resultaba ser la más
importante. Ya que, los habitantes del Imperio Romano, dependían en gran medida de los
esclavos para realizar muchos trabajos y actividades cotidianas. Por ello, las revueltas de
los esclavos fueron uno de los grandes temores de las otras clases sociales del Imperio.
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La Familia, Epicentro Social y Político
Otro aspecto muy valioso para la sociedad del Imperio Romano era su núcleo: la familia.
De hecho, la familia constituía la base de toda comunidad, pues permitía una sociedad
estable y era el componente fundamental de la estricta jerarquía social de la época. Basada
en el género, la ciudadanía, el rango social y las posesiones.
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La crisis Imperial se produjo durante el siglo III dc y entre sus causas se encuentran la
debilidad de los diferentes emperadores, el desgobierno, la dificultad en la recaudación
de impuestos y la presión de los pueblos bárbaros sobre las fronteras.
Aunque Oriente se percibía a sí mismo como el último bastión del Imperio romano, fue
perdiendo el control sobre el territorio occidental, y se perfiló como el Imperio bizantino.
Este solo llegaría a su fin en el año 1453 tras la invasión otomana.
Pero las respuestas serias son básicamente dos. Por un lado, que Roma cayó porque el
sistema político era tremendamente caótico. La sucesión de los emperadores era
demasiado indeterminada y el Estado era al mismo tiempo muy burocrático y siempre se
encontraba enzarzado en batallas por el liderazgo militar.
Al día de hoy no hay un acuerdo preciso acerca de los motivos que llevaron a la caída del
Imperio Romano, explica la Enciclopedia Mundial de Historia, una organización sin fines
de lucro que pretende mejorar la educación histórica en todo el mundo.
Entre otras cosas, el artículo publicado en el año 2018 menciona que el cristianismo jugó
un papel fundamental ya que la nueva religión (instaurada en el siglo IV) minó las
costumbres sociales del imperio que proporcionaba el paganismo.
Por otra parte, Britannica asegura que el siglo venidero a los cinco buenos emperadores
estuvo plagado de conflictos y mala gestión, los cuales fueron sucedidos por una serie
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de emperadores que gobernaron haciendo mal uso de la milicia, la riqueza y el
poder reestablecido por la época dorada del Imperio Romano.
Por lo tanto, Roma se dividió en los imperios oriental y occidental hacia la muerte de
Teodosio, en el año 395 d.C. Estas facciones tenían intereses propios y miradas distintas
de un imperio a otro, lo cual derivó en la debilitación de uno en comparación con el otro.
En el año 410 d.C, la ciudad occidental sufrió una serie de saqueos en Roma por parte de
los Visigodos, una nación errante de pueblos germánicos del noreste explica Britannica.
A esta serie de actos ilícitos se le suma la destitución del último emperador romano,
Rómulo Augusto, en manos de un caudillo germano llamado Odoacro.
Por otro lado, la región oriental del Imperio Romano, más rica y fuerte continuó
como Imperio Bizantino durante la Edad Media.
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Conclusión
El Imperio Romano, con su vasta extensión territorial y su duración de más de mil años,
ha dejado un legado que continúa influyendo en el mundo moderno en múltiples
dimensiones. El sistema político y administrativo de Roma, que logró gobernar
eficazmente un territorio tan diverso, sirve de modelo para la centralización del poder y
la administración pública en muchas naciones modernas. La República Romana, con su
complejo sistema de pesos y contrapesos, inspiró los principios de la democracia moderna
y el concepto del estado de derecho.
El derecho romano, que ha sido codificado y transmitido a través de los siglos, sigue
siendo la columna vertebral de muchos sistemas jurídicos contemporáneos, especialmente
en Europa y América Latina. Los principios de justicia, equidad y razonabilidad que los
juristas romanos desarrollaron son esenciales para el funcionamiento de los sistemas
legales modernos. Además, las técnicas y conceptos de ingeniería, arquitectura y
urbanismo romanos se encuentran en las bases de la infraestructura de muchas ciudades
actuales.
La caída del Imperio Romano en el siglo V d.C. marcó el inicio de la Edad Media, pero
el legado cultural y legal de Roma siguió vivo a través del Imperio Bizantino y la Iglesia
Católica, así como a través de la recuperación y estudio de los textos clásicos durante el
Renacimiento. La capacidad de Roma para integrar y gestionar una multitud de culturas
y pueblos diferentes bajo un solo sistema administrativo y legal es un testimonio de su
sofisticación y adaptabilidad.
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Bibliografía
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