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Las 3 Cruces

la verdadera cruz que debemos de cargar
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Las 3 Cruces

Si leemos el contexto encontraremos que Jesús desde este momento, ha


comenzado a anunciarle a sus discípulos acerca de su muerte y
resurrección. Dice el versículo 21: “Desde entonces comenzó Jesús a
declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer
mucho a manos de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los
escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día” (v. 21)
Jesús plantea un camino que se ha iniciado en Galilea y que culminaría en
Jerusalén. Usualmente, cuando se habla de Jerusalén en relación a Jesús, se
la simboliza como un lugar de muerte. También es un centro de poder
cultural, religioso y político. De este modo, Jesús no está anunciando un
camino de gloria y mucho menos sencillo para el Mesías, sino uno de
sufrimiento y conflictos.
Un camino que sus discípulos eventualmente también tendrían que
transitar.

Pero en el versículo 23 encontramos a Jesús que le recrimina a Pedro, para


que no interfiera en la voluntad de Dios. Un modo nítido de hacerle
comprender que por encima de uno mismo está el plan de Dios.
El Maestro prosigue diciendo que hay que aceptar la cruz para poder
seguirlo, y a no cometer el error de querer “ganar” la vida en este mundo,
sino más bien la vida eterna.

Y aquí es donde Jesús pronuncia estas palabras: Si alguno quiere venir


en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame.

Para los discípulos fue una declaración completamente extraña, porque aún
no se les había declarado que el maestro había de morir en una cruz.
Pero ahora el maestro del dice que, si quieren ir en pos de él, deben tomar
su cruz y seguirle.

¿Pero cuál cruz?

Ellos no entendieron estas palabras hasta que su maestro fue crucificado.


Pero cuando Jesús fue colgado no solamente se encontraba únicamente su
cruz, ¿o sí?
Estaban otros dos personajes a cada lado, pero solamente una seria el
ejemplo que los discípulos tendrían que seguir.
Esto nos hace entender que a veces cargamos con una cruz que no es la
que deberíamos de cargar.

1- La primera es la cruz del pecado, si, así como el ladrón que


injuriaba a Jesús diciéndole que, si era el Cristo, se salvara él y a ellos.
Esta cruz del pecado es la que muchos cargan sin arrepentimiento, es
la que muchos sufren por sus malas decisiones y su falta de
conciencia.
Es esa que sufrimos por nuestra necedad de no entregarnos de lleno a Dios
y a su dirección.
2- Una cruz que no es nuestra pero que queremos cargar: El que lleva
esta cruz es aquel que desea llevar la carga de otro, ¿de qué manera?
Ocultados pecados, se muestra cuando creemos que ayudamos a otros,
pero no es así.

Es aquella cruz que usted toma cuando empieza a mal aconsejar a su


prójimo o a avivar el fuego que hay dentro del corazón del alma herida.
Pensamos que hacemos un bien cargando su cruz, cuando no es la cruz que
Dios nos pide llevar.

3- Pero esta la tercera cruz, aquella de la cual hablo Jesús diciendo: Tome
su Cruz, en otras palabras: la tercera es la cruz de Cristo.

Aquel que entiende lo que es de Dios y no de los hombres.


Aquel que sigue el ejemplo de mansedumbre y templanza, el de amor
y sinceridad.

El que sufre, pero no sin causa, más por la causa de Dios.

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