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Fútbol y Vida: Relatos de Pasión

Segundo tiempo

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J

-
"Segu ndo tiempo", de Carlos Bejar Portilla.
En A'rea de candela. Flacso Ecuador.

"Cuando me gu staba el ftitbo l", de Raul Perez Torres.


En Area de candela. Flacso Ecuador.

Agradecemos fa colabomci6n deJuanJose Panno (www. cuentospnas. [Link])).de


iWanos Cezn; de Ediciones Al Ano ([Link]).

Diseno de tapa ), colecci6n: Plan Nacional de Lec tura 2011


Colecci6n: Pasion pOl' leer 2011

MINISTERIO DE EDUCACION DE LA NACION


Secretarfa de Edu cacion
Plan Nac ional d e Lectura 2011
Pi zzu!'1lo 935 (C1020ACA) Ciudad de Buenos Aires
Tel: (011) 4129-1075/1127
planlectul'a@[Link] - [Link] [Link]

Reptiblica Argentina , 20 11

~arlos Bejar

so mismo Ie cligo. Si a "Cascarita"l se Ie ocurrc cruzarla por la izquierda


asi, en forma total, era seguro que yo la agarraba d e chanfle, pero el atro
an aj6 y tuvo miedo de driblar en la linea de corner y p ara no p erder el
cuero prefirio, eI menso 2, toear los botines del back centro y los hizo rcfu-
giarse en el tiro de csquina. jQue Ie eucnto! Faltaban minutos para termi-
nar y Ia general era un d espelotc completo, gritaban y ya invadian cl grass
para celebrar el empate y sacar a los locales en hombros. Con esc pun to,
ganaban el campeonato. Bien aliviados nos ibamos a quedaJj y eso que
nosotros vcniamos d e sostener en Bolivia varias confrontaciones y en
M ontevid eo, las ganamos todas para que yea llamas la experiencia qu e lra-
lamas como visitan tes. Pero habia que ver, los paisanos eran duros y eI
machete zumbaba en las dieciocho. EI referi n o d ecia nada, como que eI
muy torcuato ya estaba pitando cargado d esde que empezo la complem en-
taria y m e derribaron un par de veces, a la altura de los veinte y los cuarenta
y dos, cuando en traba embalado; por mas que reclamam os, n ada, nada. AI
ver esto la d efensa de ellos se avispo y comenzaron con los Jauls d escarados,
si hasta me sacaron la m an ga de la camiseta, ad em as que como nueve m e
tocaba la peor p arte y usted siente que las ca£ioneras se Ie agarrotan y cuan-
do corre en profundidad a buscar eI claro 0 hace la pared con eI intel;or es
como que va con plomo en los botines. Eso siempre p asa a los cuaren ta, as!
que no se pued e hacer jugadas d e [<mtasia y que me cache acal;ciar eI
cuero, las cascaritas se acaban, se busca eI hueco para patear, p ero lodo se
cierra. Ve unicamente d efensas por todos lados de manera que hay que
retrasar eI balon con las consabidas rechiflas de la generaL M e imagino aqui
los nervios d e toda la fanaticada oyendo la radio ya casi para linalizar y la
vieja esperando que ponga eI d e honor que tambien nos hubiera dado eI

I. [I sobrenombre haee alusion a cascarila: haeer jueguilos con Ia pelola.


2. Menro: IonIa.
campeonato. En eso lesionaron al zurdo Gobea, cuand o h acia una entrada
de mucho peligro, arrem etiendo por el cen tro y ya todos coreaban el gol, la
bola que viaj a al fondo d e los piolines, y el referi no pita, aplican do la ven-
taja y hace sonar el silbato sancionand o el tanto. Faltaban treinta segundos.
Era nuestra victoria y nos pusimos a brincar como ninos en la grama. EI
estadio se derrumbaba d e p uro silen cio, los paisanos se quedaron fri os
cuando en eso el arbitro indica el punto en doncle se cometi6 la infracci6n
para que se cobre, anulando asi nuestra conquista. Gobea se levan t6 y
corri6 como loco a reclamarle y tod avia no saliam os d e la euforia cuando
ya 10 habia expulsad o. ES10 me hace acordar de las fin ales que jugamos en
Bogota por la Libertadores. Era en el sesenta y dos y el respetable hab ia col-
mado totalmente las aposen tadurias del "Campin " sin d ejar claros. R ecord
de taquilla que pasaba d el mi1l6n de pesos. N uestro cartel era labuloso p or-
que veniamos de cumplir una camp ana de puros triunfos. Yo esL:.ba en la
cabeza d e la tabla, veintid6s goles en d oce p artidos. Gobea y el nato
Santacruz tod avia andaban por eI banco. Nos entrenaba Pep e Silveira que
despues se fue al Corinthians y nos impuso el cuatro a tres con un libero
adelante, que esc era yo, como nueve, a p esar de que algunas veces cam-
biamos las camisetas para confundir un p oco a las defensas. El h echo es que
tenia n depositadas en nosotros todas las exp ectativas. En esa vez teniamos
poca barra p orque lueron p ocos los aficionados que pudieron acompaiiar-
nos, n o como en Guayaquil, un partido a n tes d e la final, cuando la hinch a-
da se venia eSlaclio abajo ya que en los primeros cuaren ta y cinco les ha bi-
amos m etid o cin co a los p eruanos.
No se olvide d e que los del Rimae son 10 que hay para un d esmarque y jue-
gan en profundida d. Perico Cruz era un show p ateando desde las dieciocho
pero n o habia nada que hacer, estabamos inspirados y a tras el pa tuch0 3
Carpio n o d ej aba p asar ni el aire. Com en zam os con el baile, la fili grana, el
ballet Iuncionaba como nunca y nos marcaban el ritmo desde las llibunas
batien do las manos. D os minutos antes el arbitro dio p or finalizado el
encuentro, porque eI respetable emp ez6 a invadir la canch a p ara sacarnos
en hom bros y todo era una locura increible; las banderas, los pitos, los cohe-

3. Persona de haja esta1UJa.

2
tes, encendieron los periodicos en galena, nos arrancaron en pedazos la
celeste y al rato tam bien m e quede sin los botines. I maginese usted el reci-
bimiento que me esperaba en el banio. La vieja estana llorando d e pura
emocion prendida de los comentarios final es en doncle se iba a dar cuen ta
exacla de los tres goles que m e {ocaron, sobre todo del segundo que fue una
jugada de mucha inspiracion. Vino un cen tro d e la derecha para nadie.
Saco ellateral uno de los muchachos justo sobre mi cabeza, saltamos con el
back y m e 10 lleve largo pa ra bajarla con el pecho, dliblar a dos mas que se
botaron y dispara r d e zurda al vuelo, baj o y cruzado sobre el parante dere-
cho porque habia visto con el rabillo del ojo que el man del areo andaba
cazando m oscas en el Izquierdo. Un partido mas y nos llevabam os la Copa.
Por eso vino 10 de Quito y como Ie dije era algo barbaro que dos equipos
nacionales se hubieran clasificad o pero todos nos daban el mayor chance
para el triunfo. Se sabia que los paisanos juegan recio y en cancha propia
se creen como cuand o Ie m etieron dos a cero al seleccionado d e Argen tina,
pero que Ie ibamos a hacer, llevabam os Ia camise ta, usted sabe 10 que son
los calores, y teniamos fe absoluta en llevarnos los puntos. EI partido iba a
ser tramite violento por 10 que se jugaba y Ie repito que en el area chica
zumbaba la parada, ademas teniamos miedo d e que el refen a puro bandi-
do nos pile un penal en las postrimerias, asi que habia que jugar limpio
abajo, entrand ole al cuero con anticipacion. Va Ie conte como nos anularon
el gol del zurdo G obea faltando treinta segundos y estaba mos jugando el
descuento con el publico m etido d entro d e Ia cancha cuand o un mal recha-
zo de la defensa permitio desviar la esfelica hacia la izquierda en donde el
£iato la cogi6 solo y enfil6 pOlente canonazo a m edia altura hasta el mismo
fondo de las red es, asi que fu e que nos llevamos Ia Copa.
Ahora, si usted quiere que Ie cuenle el partido que jugamos con San tos en
el sesenta, pida m edia botella mas de cana, brindeme otro trago y vera 10
que es la candela.

• •

3
Perez

o bajaba con O swaldo por la Avenida America, roda nclo la pelata con
pases largos d e vered a a vereda, cu ando mama sali6 a Ia ventana d e
la casa y m e lla ma a gritos. ivle pare en seen mirando c6mo Ia pelo ta
se iba solita, sin nadie que la detuvie ra, que la acariciara, como 10 lucia
yo can mis zapalos d e ca uch o ennegreciclos y rotos. O swaldo estupefacto
por un m omento, ca rri6 luego tras ella y yo regrese dande m ama, lim-
piandome las manos en el pantal6 n.
]\ili vicja, enfa dada y m archi ta, llen a d e gran d es surcos sus m ej illa s, m e
habl6 de la misma m anera que hablan tadas las madres pobres, m e recri-
mino m i su ciedad, mi vagancia y esc juego maldito que d estruia mis zapa-
los y dejaba la ropa "hech a senclalcs".
Luego llevandom e al comedor m e dij o: " D esclava ese cuadro de la
pared y limpialo porque d ebes ir a empeiiarlo".
J\II e d edique por en tero a esla labor y O swaldo m e ayudaba, tratando
de sacarle el m ejo r brillo con eilrapo que u tilizaba mama para limpiar los
cu bierlos (que casi siempre estaban li mpios) . Era un cuadro pla leado d e
La Divina Cen a tallado a mano. D espreciaba ese cuadro, siempre 10
habia mirado d esde mi silla con esa muerta b en evolencia que no servia
para n a da, con el tip o de barbas largas sentado en la milad d e una m esa
en orm e y los doce mas mira ndo nuestro almuerzo de caras macilentas y
sopa de fid eo. O swaldo m e dijo: "H ay que j ala rle las barbas a este" y yo

4
m e rei buscando en su acti tud esa sombra protectora d e la amistad, pero
luego m e puse triste y con ganas de decir puta madre, p orque m e daba
pen a ver como poco a poco n os ibamos quedando sin n ada, primero el
ra dio, luego la vajilla que Ie regalaron a Micaela cuando se caso, el d es-
pertador d e Julia, el abrigo que lVlanolo h eredo de papa, el prendedor que
Ie rega lo el tio Alfonso a mama cuando regreso d e Espana, los libros d e
Medicina d e cuando el naJ104- estudia ba y a si todo, y tambien estaba eso
de que podia ve rme Gabriela en el momento de en trar a la casa de emp e-
110 de don Carios, como ya m e habia visto otras veces. Po r eso y p or
mucho m as estaba triste. Pero O swaldo m e dijo que m e acompaJ1aria y
adem as recorde que el cuadro n o m e gustaba y que ahora podria com er
en paz, mirando las p a redes vacias y las telas d e arai'ia que siempre m e
prochu eron una extrana fascinaci6n .
GUal'damos la pelota en la red que l\1icaela teji6 cuando estaba encin-
ta y baj a mos a 10 d e don Carlos.
Qued aba en el primer piso de la casa de Gabriela, h abia que atrave-
sar un zaguan largo y embaldosado. Yo procuraba n o topar las baldosa s
n egras y caminaba en puntillas. Siempre que no tocaba las baldosa s
n egras, don Carlos me recibia aJectuosam ente y d ecia: " Veam os, veamos,
que m e traes ahora con d ena do" . Al final habia dos puertas cerradas y
despintad as, con mucha mugre y m a noseo, con el timbre a un lado (toda s
las veces que tocaba ese timbre m e daban gan as d e OI;nar), se a bria sigi-
losamenle una puerta p equena corrediza y unos ojos chiquitos sin luz,
escudrinaban a los lad os de mi rostro, sin fij arse en mi, lusta que final-
m ente me miraba y d ecia con voz gangosa: "Veamos, veamos, que m e
traes ahora condenado" .
Estire el p aquete y don Carlos pregunto: "Que es esto", a la vez que
abria el envoltorio con su s m a n os amarillas y temblorosas ..M e d esen ten-
di del asunto y m e puse a mirar tras suyo todo 10 que mis ojos podian ver,
m edallones empolvados, chalinas de diJe rentes colores, relojes, radios,

4. Se refiere al hermano.

5
libros, maquinas d e easer y de escribil; d os 0 lres biblias d e cn orme tama-
£10, un cafre d e hueso, cobijas, un estuche de cu ero, una espada, un titulo
de aboga do con marco tallado de madera, ternos de hombre, abrigos,
toda ordenado y p egado con un p apelito blanco . Pero eI cuarto llcno d e
humo no m e dejaba ver mas alta, dondc una bruma esp esa se cxtendia
como b orrfl.l1dolo, como debe ser la entrada al infierno, hasta que su voz
ronca son6 en mi oido como cu erno y dij o: " Esto no sirve, es pura lata" ,
Volvi mi cabeza desamparada hacia O swaldo que estaba escondido incli-
nacla tras la puerta y ei m e hiza una seiia impaciente frunci endo las cejas
y agitando las manos, indicandome que insista, entonccs yo micnlras bai-
IOleaba desesp eradamente en mi puesto, frotfmdome las piernas, Ie dij e:
" Es nuevo, el rio nos 10 [Link] d e Roma".
Don Carlos pasaba el dedo por los ap6stoles y m ascullaba algo entre
dientes, luego prendi6 un foco y se ilumin6 el cuarlo con miles d e reflejo s
dorados que por simple coincidencia venian a estrellarse contra mis oj os;
" " C uan
a 1 rata dIJO: ' t0 " , y responcI'I: " C'len, mama, 10 sacara' a fi111 d e m es " .
D on Carlos lanz6 una risotada y grit6: " Ni comprado, ni que estuvieran
vivos" . Trague saliva y respondi: " Cuanto ofrece" y m e senti com o esa s
mlue res que vendian verduras en el m ercad o del barrio. D on Carlos fu e
a su escritorio y sac6 d os billetes d e a veinte, diciendome : "Toma esto con-
denado para que no te vayas con las manos vacias, firma aqui" y m e se£i.a-
16 ellibro azul con la pasta rota. Finne y recogi los dos papeles y se nti un
profundo resentimiento con mama, con O swaldo, con don Carlos y con
esos viejos plate ados de la divina cena . Cuando m e retira ba d on Carlos
m e grit6: "E spera la contrasei'ia" y m e lanz6 un recibo que doble y guar-
de en el bolsillo d e la camisa junto con los billetes, p ensando en que ya
teniamos p ara otro dia d e comida.
Antes d e salir pedi a Oswaldo que saliera primero y me avisara si
Gabriela eSlaba en la ve ntana. O swaldo sali6 alegre pateando la pelota y
luego me hizo unas se£ias que yo no entendi bien. Cuando sali , la voz

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inconfundible de Gabriela me grito: " Chino", pero yo acalambrado hasta
los talones m e lance contra O swaldo, Ie quite la pelota y corri con todas
mis fuerzas. En la esquina de la Panama cambie un billete y compre un
helado y dos delicados. AlIi Ie espere a O swaldo, pero no aparecioj enron-
ces empece a subir a la casa paleando las piedras y aplastando las pepitas
de capuli que encontraba en la calle, ese sonido m e producia una dulce
satisfaccion en las plantas d e los pies y en el oido.
Cerca de la casa me encontre con la jarga del flaco Dario, todos esta-
ban en rueda , tecniqueando con una cascara de narar~ia . ivle quede vien-
doles hasta que se acerco el Chivolo Saenz y m e dijo: " Chino, juguemos
un partidito". Yo m e iba a negar pensando en que mama me estaria espe-
rando para tomar cafe y comprar la leche d e la mamadera del hijo de
Micaela, pero el naco vino po r atras y me hizo sohar la pelota, asi que
decidi irme con ellos diciendome: que carajo, que esp eren.
H abia una canchila frenle a la Escuela Espejo. Alii jugaba yo siempre
al salir de la escuela, en el tiempo en que asistia, pero desde que murio
papa ya no volvi porque mama m e dijo que era preciso que la acompa-
11ara, que se sentia muy sola y triste y que yo era su unico ha lago, pero
ahora se que no rue par eso, sino que necesita ba alguien a quien insultar,
a quien man dar a los empenos, a quien enviar a la tienda a fiar el pan d e
la tarde. Pero en la cancha me olvidaba d e todo y Ie daba a la pelota m as
que ninguno, tal vez solo por eso gozaba de un pequellisimo respeto como
ahora en que el naco me d ecia: "Chino, haz vos el pa rtido" y yo medita-
ba, me daba aires, miraba a todos uno por uno y decia serio: " Vos Chivolo
aca, vos Patitas alIa " .
Ellos m etieron el primer gol. Nos sacamos las camise tas y entonces si
se distinguia mas. Yo me entendia bien con Perico pero mas con O swaldo,
iastima que Oswaldo no haya estado porque sino era goleada. D e todas
maneras ganamos un partido y suspendimos el otro parque casi ya no se
veia y decidimos pararlo para continuar al ofro dia.

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C uand o fui a ponerme la camisa, esta habia desaparecido. Comence
a buscarla primero con una risa nerviosa , luego angustiado y luego con
lagrimas en los oj os, pero la camisa nada. Todos empezaron a abando-
narme. Se me a bri6 un abismo oscuro, largo, de donde salia mama,
Micaela, su hijo, O swaldo, papa, el profesar, los zapatos d e caucho, don
Carlos, Gabriela, los ap6stol es.
Segui buscando par horas, debajo de las piedras con las que senaJa-
bamos el gol, tras d e los arboles, debajo de las yerbas, fui a la tienda y
rogue que m e presta ran una esperma y segui buscando, con el dorso des-
nudo, empapa do en Jagrimas, tras de las matas d e chica, en el tapial, al
otro lado d e la cancha.
Va muy entrada la noche, desolado y vencido, Ileno de frio y miedo m e
dij e: " Bueno C hino, que mierda" y m e Ilene d e tristeza. D c la misma tris-
teza que tenia mama cuando perdi6 a papa.
Ahora estoy en la estaci6n esperando que pase O swaldo y el negro
Bejarano, a vcr si nos vamos a Guayaquil para embarcarnos .

• ~N

B
5tI CARLOS BEJAR PORTILLA
r\
(1938, Ambato , Ecuador).
Obtuvo el doctorado enJurisprudencia, carrera que abandono pronto, en btisqueda de
otras horizontes. Novelista y poeta , posee un estilo original, con preferen cia hacia temas
no tradicionales, pOl' los que ha recibido Ilum e rosos reconocimientos. Es autor d e nove-
las: Tribu sf, Aifar abierlo; L a Rnsa de Singa/Jw; cuentos: Puerto de Luna, Salllballah, Osa
M(l)'OI; p oesia: Plumas, entre olros. En Mexico se publico su Cliento "Segu ndo tiempo",

en Goo~ siete historias de futbol, antologia qu e comparti6 junto a autores consagrados


como Mario Benedetti , Fernando Alegria , Mario Vargas Llosa; entre otras.

• •
5tI RAUL PEREZ TORRES
r\
(1941 , Quito, Ecuador).
Narrador, poet.1. y periodista , fue fundador de la revista La buJanda del sol, importante
publicaci6n de los j6ve nes escritores d e los ailos 70.
Es autor de novelas: Teoria del desencan/o; Clientos: lHusiquero joven, 1nusiquero viejo, En la
uoehe y en la niebla, S610 eenizas hallards, Da llevando, M anual/Jam mover las jiehas, M icaela
y olms wen/os, Un saco de a/acranes, Los [Link] hijos del bolero; poesia: POe/lias /Jam locarle,
teatro : La dama de mjo; entre otras.

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Ejemplar de dislribucion gratuita. PTohibida s u ven ia.

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