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Diferencias Fabulas Samaniego e Iriarte Preguntas

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¿Cuáles son las similitudes y diferencias entre las fábulas de Samaniego y las de

Iriarte?

Resumen

Este trabajo se redacta desde la pretensión de comparar la producción fabulística de


ambos autores. Con el fin de facilitar la comparativa, el trabajo se divide en secciones dedicadas
a parámetros específicos. En cada uno de estos apartados, se plantearán las características de
ambos autores y con ello sus similitudes y más importantemente sus diferencias dentro de lo
que el género permite.

1. Contexto de las obras.

Antes de comenzar con el análisis y comparación de las obras, es pertinente aportar


brevemente el contexto que rodea la producción literaria de estos autores, así como las
motivaciones de estos a la hora de escribirlas, que, según se verá, no coinciden necesariamente.
Tanto Samaniego como Iriarte desarrollan su obra en la segunda mitad del siglo XVIII, en
pleno apogeo del pensamiento ilustrado, que había ido calando e integrándose en el colectivo
intelectual español desde principios de siglo. En este contexto, sobra explicar el precepto de
“instruir deleitando” y la concepción de la literatura como un útil en el contexto de la enseñanza
y la difusión de conocimiento y pensamiento, especialmente compartida por los autores de
ideas ilustradas. Este uso doctrinario y didáctico de la literatura remontaba su presencia en la
lengua castellana siglos atrás, ejemplo de ello, son los exempla y colecciones de cuentos como
Calila e Dimna o el Conde Lucanor, que explotaban este uso de la literatura desde el género de
la narrativa breve. De forma paralela, aunque relacionada con el movimiento ilustrado, la
segunda mitad del siglo XVIII también vio el auge de la estética neoclasicista y con ello el
interés por las obras clásicas. Teniendo esto en cuenta no sorprende que los autores que nos
conciernen tuvieran interés en explorar el género fabulístico y más aun teniendo por aliciente
el reciente éxito del francés Jean de la Fontaine, a quien ambos autores, especialmente
Samaniego, deben parte de su obra.

2. Pretensiones y motivaciones

Partimos del punto principal de que las fabulas de ambos autores se escriben desde una
postura de aportar valor al lector, como fuente de aprendizaje o de mejora personal. Dicho esto,
los dos escriben desde puntos ligeramente distintos. Cabe señalar que la labor que ocupaba la
mayor parte del tiempo de Samaniego era la enseñanza, entre otras cosas, en la Real Sociedad
Bascongada de amigos del país. Desde esta posición, Samaniego postula muy claramente en
el prólogo de su obra Fábulas en verso castellano para el uso del Real seminario Vascongado,
que escribe con la intención de que su lectura sea de ayuda para sus alumnos en el estudio de
la moral y demás valores fundamentales, así como facilitar el posterior estudio de los clásicos
latinos que tratan estos mismos temas. He aquí la cita,

[…] Fábulas: me destinó á poner una Colección de ellas en verso Castellano, con el obgeto de
que recibiessen esta enseñanza, ya que, no mamándola con la leche, según deseó Platón, á lo menos
antes de llegar á estado de poder entender el Latin. (María de Samaniego, Félix, 1781: p.4 [Fabulas en
verso castellano para el uso del real seminario Bascongado])

Además, pretende que la lectura de las fábulas sea un ejercicio útil tanto para jóvenes como
para adultos, «Siguiendo este su ambiciosa condición desea que respectivamente logren mis fábulas
igual acogida que en los niños en los mayoress aun si es posible entre los doctos». En cuanto a la obra
de Iriarte, es preciso señalar que carece de prólogo en prosa escrito por el propio autor, si bien
algunas ediciones cuentan con un prólogo de un editor, más o menos cercano a este. Lo que sí
ofrece Iriarte es un prólogo en verso, que podemos dividir en dos secciones. La primera
meramente literaria en la que el autor pone en boca de un elefante una serie de defectos y vicios
a los que posteriormente dedicará fábulas individualmente. En la segunda división de este
prólogo, el autor avisa al potencial lector que aquellas actitudes que critica en su obra son tan
atemporales como comunes a todas las naciones. De forma que el autor no deja por escrito la
idea con la que escribe su obra más allá del querer señalar y criticar el proceder erróneo del
hombre en según qué aspectos. Dicho esto, según se avanza en la lectura de las fábulas de
Iriarte, uno se percata de que es, entre otras cosas, un listado de preceptos que un potencial
autor debería seguir. Dado el alto porcentaje de fábulas que dedica a la crítica de actitudes
meramente literarias.

3. Inspiración y elaboración de las obras.

Si bien la fábula como tal nunca ha dejado de ser producida, hasta la llegada de estos
dos autores pasó más bien desapercibida y concebida como un género menor en este país. Es
por esto que más allá de los autores clásicos griegos y latinos y el impulsor moderno del género,
Jean de la Fontaine, nuestros autores tenían poco en lo que inspirarse. Samaniego reconoce en
su prólogo que para la elaboración de la obra estudió previamente a Esopo, Fedro y la Fontaine.
Del primero dice no poder traspasar mucho a su obra ya que las carencias del castellano frente
al latín no le permitían reflejar la gracia y sencillez de la obra del autor griego. A pesar de esto,
Samaniego dice que un gran catálogo de sus fábulas tiene su forma original en escritos de Fedro
y de por consiguiente una evolución de los mismos a través de la Fontaine, que, de la misma
manera, se basó también en Esopo o autores de similar lejanía para escribir sus apólogos. A
raíz de estas obras clásicas Samaniego dice hacer una adaptación a la estética actual, en la que
incluye elementos nacionales, normalmente desde el foco de la crítica, de forma que no hace
una mera traducción de la fábula, sino que la modula, llegando en algunos casos a hacer una
reestructuración completa del argumento. De todas formas, el autor más importante en cuanto
a inspiración para Samaniego es el francés la Fontaine, especialmente en el tratamiento que
hace de las obras anteriores a él y las variaciones de este proceso. Esta adaptación del
argumento Fédrico al verso castellano moderno se lleva a cabo en distintos grados. Para algunas
obras Samaniego suprime o añade secciones nuevas a la fábula clásica, a veces el hilo narrativo
y la moraleja son la misma pero los personajes y el escenario cambian y en otras, toma
prestados los animales ya caracterizados por sus atributos fáciles de personificar y crea un
argumento nuevo. En resumen, sin desacreditar el genio o la capacidad imaginativa de
Samaniego, gran parte de su obra fabulística tiene como origen o incluso una versión paralela
la Fontaine o Fedro, en algunos casos existen hasta tres versiones de una misma fábula, cada
una con la esencia propia del autor y los cambios que este considere oportunos. Cabe resaltar
que, en gran parte de estas obras con origen en otro autor, Samaniego acorta considerablemente
la extensión del texto, característica que, por otro lado, contrasta con la longitud más extensa
que por norma general tienen las fábulas de Iriarte. Se diferencia de Samaniego la producción
de Iriarte porque, exceptuando algunas fábulas prototípicas, este crea un catálogo casi
enteramente original y prescinde de la tradición fabulística previa en cuanto a argumento se
refiere. Esto se debe a que gran parte de estas tienen un carácter literario y están destinadas o
al menos critican actitudes de sus compañeros de oficio, es decir, escritores. No poseen
enseñanzas o moralejas tan generales en cuanto a la ética del individuo, sino que están
destinadas a definir las dotes de un literato ideal, a través de la crítica del proceder de, según él
dice, muchos de sus contemporáneos.

4. Características formales de las fábulas y su estructura.

En cuanto a la estructura no solo de las fábulas, sino de la obra. El número de fábulas


escritas por Iriarte es considerablemente menor que el de Samaniego. Un dato de importancia
menor es que ninguna de las dos obras cuenta con epígrafes, a excepción de alguna edición de
las “fabulas literarias” de Iriarte, donde, bien por decisión del autor o del editor, después del
título de cada fábula se inserta un epígrafe de una frase a lo sumo, donde se resume la moraleja
con una fórmula sencilla similar al refrán. En cuanto a la extensión de las fábulas y el estilo.
Por norma general las fábulas de Iriarte suelen contar con un número mayor de versos y poseen
un peso narrativo más marcado, sin que esto afecte en demasía a la musicalidad de las mismas.
En relación a la integración de la moraleja, Samaniego es más dado a dedicar una estrofa al
final de la fábula para explicarla, esta estrofa puede o no estar separada de la parte narrativa y
a su vez puede estar integrada en el habla de uno de los personajes o ser introducida por el
propio autor o un narrador omnisciente. Cuando el autor interviene suele hacerlo en primera
persona con frases tales como “yo veo” o “yo pienso” aunque también es bastante común el uso
de las pasiva. En cambio, Iriarte es más propenso a obviar este fragmento y dejar al lector
extraer la enseñanza por sí mismo de la fábula. En Iriarte se debe puntualizar que esta ausencia
del fragmento explicativo no se da en aquellas fábulas que critican actitudes de escritores,
donde el autor siempre interviene en los versos finales, sino que obvia esta estrofa en aquellas
de carácter más general. Dicho esto, esto son meras observaciones puntuales que se extraen de
la lectura de todas las fábulas de uno y otro, la estrofa explicativa suele estar presente en la
amplia mayoría de las fábulas existentes, de igual manera ocurre con las de estos autores. La
métrica es un factor en el que los dos autores se diferencian enormemente. Si bien los dos
producen la mayoría de sus obras con versos heptasílabos y endecasílabos y en muchas
ocasiones siguiendo el esquema de la silva. Ambos cultivan el verso libre. Samaniego usa los
versos mencionados previamente en un 80% de sus fábulas, mientras que en las de Iriarte no
sobrepasa el 30%, el tercer verso más común en los dos es el octosílabo, a partir de aquí la
producción de Samaniego en otro tipo de verso es mínima, mientras que Iriarte experimenta
con todas las estructuras imaginables, desde alejandrinos hasta hexasílabos. Finalmente, es
preciso señalar la diferencia de tratamiento que reciben los personajes en las obras. Partiendo
de la base de que en todas las fábulas a uno de los personajes le sucede algo malo como
consecuencia de sus actos, Samaniego afronta esto desde una perspectiva reformista, siempre
explicando la causa del problema y muy frecuentemente proponiendo una solución o cambio
de actitud. Estas cualidades de Samaniego se pueden achacar a su pensamiento tan
marcadamente ilustrado y reformista en el sentido europeo que pone en evidencia en otras obras
suyas, así como labores a las que se dedicó en el plano político y social. En cambio, los
personajes de Iriarte son más propensos a ser humillados, a sufrir una burla o ser puestos en
evidencia, sin que el autor proponga una solución o una mejora para el individuo. Esto va de
la mano con la previamente mencionada falta de explicación en parte de las fabulas de Iriarte.

4. Conclusiones.

En resumen, las diferencias más notables en la obra de Samaniego e Iriarte son, la


dependencia e inspiración del primero en autores anteriores, la motivación meramente
didáctica de este en contraposición a la de Iriarte que escribe con una intención más satírica y
burlesca y finalmente las características formales, la libertad que Iriarte se toma en la
experimentación métrica y la faceta más narrativa de sus fábulas.

Bibliografía

María de Samaniego, Félix. 1781 [Fábulas en verso castellano para el uso del real seminario
Bascongado] Edición digital basada en la edición de Valencia, Benito Monfort, 1781.
De Iriarte y Nieves Ravelo, Tomás. 1782 [Fábulas literarias]
Cascón Dorado, Antonio. 2003 [Fedro en Samaniego] Revista de Filología Románica, Vol. IV (1986),
Madrid, Facultad de Filología, Universidad Complutense, pp. 149-170.
Palcios Fernandez, Emilio. 2003 [Las fábulas de Félix María de Samaniego: fabulario, bestiario,
fisiognomía y lección moral / Emilio Palacios Fernández] Revista de Literatura. Tomo LX, núm. 119
(enero- junio 1998), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1958, pp. 79-100.
Osaeta Galvez, María Rosario. 2003 [Los fabulistas españoles: (con especial referencia a los siglos
XVIII y XIX)] Epos : Revista de Filología, vol. XIV (1998), Madrid, UNED, Facultad de Filología,
pp. 169-205.

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