El Libro Invisible
El Libro Invisible
Agradecimientos
A Ana
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ME llamo César, hoy empiezo el nuevo que estemos siempre de mudanza. Y
curso en un nuevo colegio. Por eso estoy precisamente por eso, por culpa de esos
de muy mal humor. libros, empiezo hoy en un nuevo colegio.
Todos los años me pasa lo mismo, Por lo menos, esta vez he tenido suerte
tengo que cambiar de colegio, de y el colegio está cerca de mi casa. Aunque
compañeros, de profesores, de barrio y, lo debería decir que el nuevo colegio está
que es más grave, de casa. Eso ocurre por cerca de mi nueva casa. Hace apenas un
culpa de mi padre. mes que vivimos en esta ciudad, aún no
No es que mi padre sea un bandido tengo amigos y ni siquiera conozco a mis
perseguido por la policía como esos que vecinos.
tienen que cambiar continuamente de Este colegio es muy grande. Igual que
ciudad. No, no es eso..., mi padre es la clase, que parece la habitación de un
escritor. palacio de esos que salen en las películas.
El dice que es un espíritu inquieto y no He llegado temprano y he entrado el
puede estar mucho tiempo en el mismo primero, sé por experiencia que así puedes
sitio. Por ese motivo, nos quedamos en elegir sitio. Me acabo de sentar en un
cada ciudad lo justo para que escriba una pupitre de las filas traseras, cerca de la
novela y luego... ¡Adiós! ventana.
—Mi imaginación se atasca —nos He aprendido que los profesores no se
explicó un día a mi hermano Javier, a suelen fijar en los que se sientan detrás y
mamá y a mí en un avión—. No soy capaz que estar cerca de la ventana tiene la
de escribir dos libros en el mismo sitio. ventaja de que, mientras miras al cielo, te
Necesito ver caras nuevas, otros distraes y el tiempo pasa más deprisa.
ambientes... Esas son las cosas que se aprenden
Escribe libros para niños, pero yo no he cuando uno cambia tanto de colegio y se
querido leer ninguno. Lo he intentado encuentra siempre solo.
algunas veces pero me pongo de tan mal La clase se está llenando poco a poco.
humor que no consigo terminarlos. Veo que casi todos se conocen y se
Estoy enfadado con los libros de mi saludan mientras que, a mí, me miran
padre porque creo que son los culpables de como a un bicho raro. La verdad es que ya
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estoy acostumbrado, siempre me pasa lo —Sí —respondo sin levantar la cabeza
mismo. de mi cuaderno—. Soy nuevo aquí.
Creo que el profesor y yo no nos —¿Y en la ciudad? —insiste.
vamos a entender. El otro día mi madre me —Sí, también soy nuevo en la ciudad.
lo presentó y es de esos a los que les gusta Además de fea es una pesada.
que todo el mundo les hable con respeto, —Yo vengo a este colegio desde que
como si fuesen más importantes que el era pequeña —me explica—. Soy una
resto del mundo. veterana. Si quieres saber algo de aquí,
—¡Hola! pregúntamelo a mí.
—¿Qué? —respondo un poco Lo que me temía, también es tonta.
sobresaltado. —Claro, claro... —le digo para que se
—¿Cómo te llamas? calle—. Ya te preguntaré si se me ocurre
—¿Quién? ¿Yo...? Me llamo César — algo.
digo. —Oye, a mí no me trates como si fuese
—Y yo Lucía —dice la chica que acaba tonta, ¿sabes? —dice de repente, como si
de sentarse a mi lado. me hubiera leído el pensamiento— Puedo
No me había dado cuenta, pero son tener cara de boba, pero no lo soy.
pupitres dobles y, tarde o temprano, —Yo no...
alguien tenia que compartirlo conmigo. —Tú sí —me corta—. Tú me has
Pero no esperaba que me fuese a tocar tomado por una estúpida, pero te
una chica tan fea. equivocas.
La estoy mirando de reojo y veo que —Oye, que yo no he dicho nada —
tiene una cara que me pone nervioso. Lo protesto.
peor no son esas pecas marrones que le —Pero lo has pensado, que es lo
tapan casi toda la cara, lo peor son esas mismo —me reprocha.
gafas tan grandes y tan redondas que —¿Y cómo sabes tú lo que pienso?
lleva. Es como si se hubiera puesto un —Porque soy escritora. Y los escritores
antifaz. sabemos mucho sobre las personas.
En fin, vaya curso que me espera. —¿Ah, si?
—¿Eres nuevo, no? -¡Sí!
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Prefiero callarme. Me ha tocado lo peor —Tengo problemas con una chica —le
que me podía tocar: otro escritor. explico—. Me ha tocado la compañera de
—Pues para que lo sepas, mi padre es pupitre más tonta y más fea que he visto
escritor y publica libros, no como tú, que ni en mi vida. Te espantarías si la vieras.
publicas ni nada. Prefiero no contarle que un grupo de
—¿Y qué escribe tu padre? ¿Está chicos me ha estado molestando. Que se
escribiendo algo ahora? ¿Cómo se llama? han pasado todo el día lanzándome
¿En qué editorial publica? ¿Cuántos pelotitas de papel a la cabeza con una
libros...? goma. Y que creo que van a ser un
—¡Cállate! —le ordeno—. ¿No ves que problema aunque he tratado de no dar
el profesor nos está mirando? Me lanza una demasiada importancia al asunto.
mirada de enfado pero no dice nada más. Llegamos a casa y hacemos los
Hoy ha sido uno de los días más duros deberes. Después llega papá y cenamos.
de mi vida. Creo que mañana trataré de —¿Qué tal vuestro primer día de
cambiarme de pupitre porque yo, a la tal colegio? —nos pregunta apenas nos
Lucía, no la aguanto. ¿Qué le importará a sentamos. Yo le miro y no respondo.
ella lo que está escribiendo mi padre? A lo —He tenido una pelea con un chico
mejor se cree que me cuenta lo que hace. que me ha llamado novato —dice Javier—.
Mi hermano me está esperando a la Pero le he dado...
salida del colegio. Nos vamos andando —Javier, hijo, te he dicho mil veces que
hacia casa. no quiero que te pelees con tus
—¿Qué te pasa en la mejilla? —le compañeros de clase —le regaña mamá—.
pregunto mientras observo algunos No tendrás nunca amigos si te comportas
arañazos en su cara. así.
—Me he pegado con uno de la clase — —No tendremos nunca amigos —
me dice. intervengo.
—¿Estás bien? —He empezado una nueva historia —
—Sí, creo que sí —me responde—. dice mi padre, evitando una discusión que
¿Oye tal te ha ido a ti? no le gusta nada.
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—¡Qué bien! —dice mamá, tratando de Tiene la costumbre de escribir de
crear un buen clima. noche. Durante el día escribe a mano en
—Y nosotros hemos empezado un un cuaderno y luego, por la noche, lo pasa
nuevo curso —digo, llenando mi cuchara a su ordenador. Vamos, que escribe dos
de sopa y llevándomela a la boca. veces lo mismo. Por eso digo que los
—¿De qué va tu libro? —pregunta mi escritores son muy raros.
hermano Javier. —Hasta mañana, papá —le despide
—Se titula «El libro invisible»... Estoy Javier.
muy contento. Aún no puedo contaros —Que os vaya bien en el colegio —
muchos detalles porque estoy empezando. dice, levantándose de la mesa y saliendo
—¿«El libro invisible»? —repite del comedor.
sorprendido mi hermano. Nosotros nos quedamos un rato viendo
—Bueno, si... —dice mi padre—. Es la la tele. Hoy ponen una película de
historia de un libro que no todo el mundo aventuras y mamá nos deja verla.
puede ver y...
—¡Eh! ¿No decías que da mala suerte 2
contar las historias mientras se están
escribiendo? —le corta mamá. ESTOY cada día más enfadado. No me
—¡Mamá! —protesta Javier. gusta ir a este colegio y me irrita tener que
—Ella tiene razón —dice mi padre—. aguantar a mi compañera de pupitre.
No voy a contaros nada más. Ya la leeréis —¿Qué te pasa? —me pregunta Lucía
cuando esté terminada. apenas me siento—. Pareces descontento.
Yo no he dicho nada. Me da igual la Esta pregunta me la hace todos los
historia de mi padre. Por culpa de sus días. A veces pienso que lo hace para
libros nos pasamos la vida cambiando de enfadarme aún más.
ciudad, de casa y de colegio... y ahora, —Nada, no me pasa nada —le
además, tengo que aguantar a Lucía. respondo en un tono que significa
—Bueno, me voy a escribir —dice mi claramente que debe dejarme en paz y no
padre después de cenar—. Buenas noches molestarme más en todo el día.
a todos.
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—Bueno, bueno, tampoco hay que —Tardarán todavía mucho tiempo en
ponerse así —dice como si hubiera captado sacarla a la venta —le explico—. Tendrás
perfectamente el mensaje—. ¡Mira que que aguantarte.
eres antipático! —No, lo que quiero decir es que me
—Yo no me pongo de ninguna manera gustaría leerla ahora.
—le digo, insistiendo con el mismo tono de —¿Estás loca? No se puede leer una
enfado—. ¿Vale? historia mientras se escribe —le digo en
Parece que, finalmente, decide plan reproche—. Nadie lo hace.
callarse. Pero hoy tengo ganas de guerra. En ese momento, un pelotazo de papel
—Mi padre ha empezado a escribir un se estrella contra mi cabeza.
nuevo libro —le digo un poco más tarde. —¡Ay! —grito sin poder contenerme.
—¿Qué? ¿Una nueva novela? — —¿Qué pasa ahí? —dice el profesor
exclama muy interesada. mirándome. Sin darme cuenta, me he
—Sí —respondo sin mirarla—. Ya tiene puesto de pie.
bastantes páginas escritas. —César... Haz el favor de no distraer a
—¿De qué trata? ¿Le falta mucho para tus compañeros.
terminarla? —Yo no...
Me hago el interesante y tardo un buen —Siéntate y calla —ordena,
rato en responder. volviéndose hacia la pizarra. Obedezco y
—Bueno, ya sabes que estas cosas son procuro no moverme.
secretas. Pero, en ese momento, otra pelota de
—¿Quién es el protagonista? ¿Una papel me atiza en el cuello. ¡Plaf!
chica? Esta vez reacciono con más rapidez y
—Todavía no te puedo contar nada —le me levanto a tiempo para descubrir quién
digo bajando la voz—. Lo siento. ha sido.
Ya he dicho que hoy estoy de mal Lo malo es que, al levantarme, se me
humor, por eso me comporte así con ella. A caen los libros y la cartera al suelo... Y toda
lo mejor, así se me pasa. la clase empieza a reír.
—Me gustaría leerla —dice suplicante. —¿Otra vez? —exclama el profesor,
mirándome con enfado.
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—Es que Lorenzo me ha tirado un —¿Es una novela grande? Decido no
pelotazo... —digo señalando al que me ha responder.
disparado. —La novela de tu padre —insiste— ¿es
—Eso es mentira, señor González — muy gorda?
dice rápidamente Lorenzo, poniéndose en —Y yo qué sé... No ves que todavía no
pie. la ha terminado.
—¡César, sal de la clase ahora mismo! —Ya, pero cuando la termine, ¿será
—me ordena—. ¡Y no vuelvas hasta una de esas historias de muchas páginas?
después del recreo! —¿Y eso qué importa?
Salgo de la clase sin rechistar mientras —Nada, es por curiosidad. Es que a mi
los demás me miran con una sonrisa me gustan mucho los libros gordos.
burlona. Acelero un poco el paso a ver si me
Llego al patio y me siento en las deshago de ella.
escaleras de piedra del edificio principal, —Oye, no corras tanto —me grita. Pero
pero no consigo tranquilizarme. Estoy muy no le hago caso y sigo con lo mío.
enfadado y muy nervioso. Me pongo a —¡Mira quién está aquí!
correr alrededor del patio hasta que los Es Lorenzo, el de las pelotitas, que se
demás salen al recreo. ha puesto delante de mí, cortándome el
Apenas me ve, Lucía viene corriendo paso. Viene con otros dos.
hacia mi. —¿Adónde crees que vas?
—¡Hola! ¿Qué haces? —No me meto con nadie —respondo—.
—Correr. Así se me pasa el enfado. Dejadme en paz.
—¿Puedo correr contigo? —me —¿Sí? Pues en clase parecías más
pregunta, acercándose un poco. valiente —insiste.
—Como quieras, pero te advierto que —Quería hacerse el héroe delante de
estoy de muy mal humor. las chicas —dice otro.
—Me da igual. Es que quiero hablar —Es el chivato del profesor —remata el
contigo. tercero. Estoy parado ante ellos y me
—Cuando se corre, no se habla —le tiemblan las piernas.
digo.
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—¿Y ahora qué? —dice Lorenzo en plan
provocador.
—Yo no quiero peleas —le respondo—.
Sólo quiero...
—¡Tú eres un cobarde! —dice Lorenzo,
agarrándome de la camisa.
De repente, detrás de mi, una sombra
salta sobre ellos y le pega un pisotón a
Lorenzo... ¡Es Lucía!
—¡Tú sí que eres un cobarde! —le grita
mi amiga. Lorenzo y sus amigos dan un
paso atrás. —Vámonos —ordena Lorenzo a sus
—¿Por qué te metes donde no te amigotes—. Ya le pillaremos en otra
llaman? —grita Lorenzo. ocasión.
—¡Porque me da la gana! —responde —Sí —dice el que ha recibido el
ella sin acobardarse. empujón—, ya te enseñaremos a hacerte el
—Somos más que vosotros —dice uno listillo.
de ellos—. Y os podemos... Entonces suena el timbre que anuncia
Pero no termina la frase porque Lucía el fin del recreo y todo el mundo se dirige a
le da un empujón que casi lo tira al suelo. su clase.
Yo reacciono y me pongo al lado de —Gracias, Lucía —le digo mientras
ella, con los puños preparados, igual que subimos las escaleras—. Has sido muy
los boxeadores. Ya sé que no sirve de nada valiente y si no es por ti...
porque no sé boxear, pero no se me ocurre —Lorenzo es un cobarde que busca
hacer otra cosa. pelea cuando está con sus amigos —
responde, mirándome con una sonrisa.
—Bueno, yo... no quería ser grosero
contigo. Lo que pasa es que me pones muy
nervioso.
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—Sí, ya lo sé... La gente se pone —El libro de mi padre —le explico— se
nerviosa conmigo. Es que soy un poco titula «El libro invisible». Me mira fijamente
pesada y pone cara de asombro.
—dice, agachando la cabeza. —¡«El libro invisible»! —exclama—.
—Además, haces muchas preguntas. ¡Menudo título!
—Ya lo sé... Perdóname —contesta—. —Gracias —le digo, soltándole el brazo.
No he debido preguntar tanto por la novela Lucía se marcha volando mientras yo
de tu padre. voy en busca de mi hermano Javier.
Entramos en clase y el profesor me Por la noche, en casa, cenamos
lanza una mirada de reproche que me tranquilamente. Después, mi padre se
preocupa. Creo que no me ha perdonado, levanta y entra en su despacho a escribir
así que más vale andar con cuidado. mientras nosotros nos quedamos un rato a
La clase empieza y nadie se mete ver la televisión.
conmigo. Lorenzo no me lanza pelotitas de La película acaba de terminar y, antes
papel y sus dos amigos ni siquiera me de irme a la cama, decido ir al cuarto de
miran. Además, Lucía ha decidido portarse baño a lavarme los dientes y todo eso.
bien y ya no hace preguntas sobre el libro Al salir, veo que el despacho de mi
de mi padre. padre tiene la puerta entreabierta...
Tengo que reconocer que Lucía es una Andando de puntillas, me acerco y miro al
chica valiente. Si no es por ella, no sé qué interior.
habría pasado en el recreo. La verdad es La habitación está en penumbra. Hay
que se ha portado bien conmigo... Si no una pequeña lámpara sobre la mesa para
fuera tan pesada... iluminar el cuaderno y el teclado. El
—¡La clase ha terminado por hoy! — monitor encendido ilumina frontalmente la
anuncia el profesor—. ¡Hasta mañana! figura de mi padre que teclea sin cesar. A
—Me voy corriendo —dice Lucía—. su derecha, la impresora está en marcha...
Tengo prisa. y de ella salen unas hojas impresas que se
La sujeto del brazo y le digo: depositan suavemente sobre la bandeja.
—«El libro invisible».
—¿Qué dices? —pregunta extrañada. 3
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—¿Has discutido con tu madre? —le
HOY, cosa rara, Lucía apenas me ha pregunto con interés.
hablado en clase. Espero que no esté Como veo que no responde, decido
enfadada conmigo. cerrar la boca otro rato. Creo que es lo
—¿Te pasa algo? —le pregunto. mejor.
—Nada, es que hoy no tengo un buen —Es que quiero enseñarte algo —le
día. digo antes de callarme definitivamente.
—Ya, a lo mejor es por culpa mía —le Pero no me hace ni caso. Me parece que
digo. está realmente enfadada.
—No seas pesado. Te he dicho que no Durante todo el día no ha abierto la
tengo ganas de hablar con nadie. Además, boca ni una sola vez y, durante el recreo,
no quiero molestarte. ni siquiera se me ha acercado.
Mi madre dice que a veces hay que La clase ha terminado y el profesor nos
saber callarse, así que voy a tratar de acaba de dar permiso para salir. Me
cerrar la boca. De verdad que lo voy a levanto y salgo corriendo. Bajo las
intentar. escaleras a toda velocidad y me pongo en
—Si quieres, luego, a la salida, te invito la puerta del autobús que debe llevar a
a tomar algo —le propongo un poco Lucía.
después. Un poco después, Lucía aparece. Viene
—No puedo, tengo que coger el andando despacio y se le nota bastante
autobús —responde sin hacerme mucho triste. Cuando pasa a mi lado, extiendo el
caso. brazo y le digo: —¡Mira!
—Puedes llamar por teléfono a tu Ella se queda muy sorprendida
madre para decirle que te retrasas. Y luego mirando las hojas de papel que pongo ante
te acompaño a tu casa. sus ojos.
—Mira, César, hoy no tengo ganas de Su expresión va cambiando a medida
hablar con nadie. Estoy de mal humor y que lee lo que pone en la primera página.
todo me sale mal. Además, esta mañana —¡«El libro invisible»! —exclama
he tenido una discusión con mamá y no finalmente.
creo que me deje llegar tarde, ¿entiendes?
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Yo no me muevo, no digo nada y ni Sólo de pensarlo, empiezo a sudar y me
siquiera parpadeo. tiemblan las manos.
—¡Es el libro de tu padre! —dice muy El camarero se planta delante de mí y
ilusionada—. ¡Me lo has traído! me mira con cara de reproche.
—¿Quieres leerlo? —le pregunto. —Aquí no se viene a hacer los deberes
Está atónita. Se pone la mano delante —dice finalmente.
de la boca y mira hacia todas partes. Está —No vamos a hacer los deberes, sólo
claro que la he sorprendido. vamos a leer.
—Vamos a la heladería —logra decir—. —Esto no es una biblioteca —insiste.
Desde allí puedo llamar a mi madre. —No tardaremos mucho —digo
—Ya te lo decía yo esta mañana... suavemente—. Enseguida nos vamos.
Ni caso. Me agarra del brazo y casi me —Supongo que tomaréis algo,
arrastra hasta el interior. ¿verdad?
—Siéntate aquí —me ordena—, pídeme —Dos helados de vainilla con
un helado de vainilla con chocolate. Ahora chocolate.
vengo. —¿Copa grande o pequeña?
Me acomodo en la silla y espero —Grande. Sí, que sean dos copas
pacientemente a que venga el camarero a grandes de helado de vainilla con
preguntarme qué vamos a tomar. chocolate... Con mucho chocolate —le
Reconozco que estoy un poco nervioso. respondo.
Es la primera vez en mi vida que voy a El camarero se queda mirando con
tomar un helado con una chica. También cara de no haberme entendido. A lo mejor
es la primera vez que le voy a leer un libro ha pensado que le estoy tomando el pelo.
a una chica. Claro que, ayer, también fue A ver cómo le explico yo que lo que me
la primera vez que una chica me defendía pasa es que estoy nervioso y que por eso
en una pelea. En fin, supongo que debe hablo tanto.
haber una primera vez para todo… —¿Quieres guinda? —me pregunta
Aunque reconozco que lo que más mientras toma nota en su libreta.
nervioso me pone es lo de leer en voz alta. —Mmmm... Creo que sí.
—¿Crees o estás seguro?
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—Sí, quiero guinda. Tengo dinero para pagar hasta diez
—¿En los dos o en uno solo? —vuelve a guindas.
interrogar. Ahora sí que no le ha hecho gracia.
—En los dos —le respondo—. Quiero Con una mirada asesina, coge las monedas
una guinda en cada helado. y se marcha.
No sé cómo ha sido, pero este señor —¿Te pasa algo? —me pregunta Lucía,
me ha puesto más nervioso de lo que sentándose enfrente de mí—. Estás pálido.
estaba. —Sí, estoy nervioso —le respondo con
—Son seis euros —dice poniendo una toda naturalidad.
nota encima de la mesa—. Hay que pagar —Yo también —dice juntando las
antes de servir. manos—. Estoy emocionada.
Saco mis monedas del bolsillo, pero no —¿Qué ha dicho tu madre? —me
estoy seguro de tener suficiente. Le lanzo intereso.
una sonrisa amistosa mientras las cuento. —Nada. No estaba en casa y le he
Para bromear, estoy a punto de dejado un mensaje en el contestador
preguntarle cuánto me descuenta si me automático.
quita las guindas pero me aguanto, no se —Espero que no se enfade —le digo
vaya a enfadar. con tono de preocupación—. No quisiera
—¿No tienes bastante dinero? —dice que por mi culpa...
en plan irónico—. Si quieres, te puedo —No seas tonto y saca las hojas del
quitar las guindas y te hago un pequeño libro, que me muero de curiosidad. Le
descuento. sonrío y abro la cartera.
Es como si me hubiera leído el —Hay pocas páginas —le digo como
pensamiento. Y luego dicen que los disculpándome—. No sé si será suficiente.
camareros no tienen sentido del humor. —Déjate de tonterías y empieza a leer.
Le río la gracia, y me tranquilizo —¿Quieres que lea en voz alta?
durante un momento. —Leeremos una página cada uno.
—No creo que haga falta —le digo, Venga, empieza tú.
poniendo las monedas sobre la nota—. Ahora sí que me he puesto nervioso. Si
llego a saber que tengo que leer, no...
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—Empieza, empieza ya... —me La visión de los impresionantes
apremia. helados me deja sin habla y no puedo darle
Parece que no me queda más remedio las gracias. Aunque tampoco me da tiempo
que leer, así que empiezo: ya que desaparece rápidamente.
—«El libro invisible» por César...
—Es un título increíble —dice Lucía,
interrumpiéndome.
—¿Qué tiene de increíble? —le
pregunto, mirando la página impresa.
—¿Has visto algún libro invisible en tu
vida? —responde.
—Pues... ahora que lo dices, creo que
no.
—¿Crees que no? —pregunta con ironía
—. ¿No estás seguro?
—Bueno, sí... Si estoy seguro. No he
visto nunca un libro invisible —le explico—.
Es que no existen.
—Y tú ¿cómo lo sabes? ¿Eh? ¿Cómo —¡Vaya helados! —digo entusiasmado
sabes que los libros invisibles no existen si y con los ojos abiertos como platos—.
no has visto ninguno? ¡Son increíbles! Bueno... ¡Son creíbles!
—No los he visto porque no existen — —Parece que te gustan, ¿eh? —dice
insisto. Lucía como si tuviera algo que
—No los has visto porque son invisibles reprocharme por ello.
—responde tercamente. —Mira como chorrea el chocolate,
—Dos helados grandes de vainilla con mira la guinda... ¿A que no has visto nunca
mucho chocolate y guinda en cada uno — un helado invisible como éste? —le
dice el camarero poniendo las copas sobre pregunto, tratando de hacer una broma.
la mesa, ante nuestros ojos. Lucía no sigue el chiste y me mira con
cara de disgusto.
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—No hay helados invisibles. Las cosas libro, que estaba escrito sobre un material
invisibles no existen —le explico cogiendo muy resistente, aguantaba todos los golpes
una cucharita. y permanecía intacto.
—Tú sólo crees en lo que ves — De repente, deja de leer y, mirándome
comenta ella en voz baja. con cara sonriente, dice: —¡Es increíble!
—Y en lo que como —le digo después —Sí, ya te lo he dicho —le respondo
de tomarme una cucharadita de chocolate después de atacar mi helado.
—. ¡Está delicioso! Pruébalo y verás lo —¿Es que no te gusta? ¿Es que no te
que quiero decir. interesa? —grita de repente, como si
—Si no crees en las cosas invisibles, no estuviera enfadada.
creo que puedas leer este libro —dice —Claro que me gusta —le contesto,
cogiendo las hojas impresas—. Yo lo haré comiéndome la guinda.
mientras tú te pones ciego con el helado. —¡Me refiero al libro, no al helado!
De buena me he librado. Ahora sí que —Bueno, chica, tampoco es para
me empiezo a tranquilizar. ponerse así —le digo en plan defensivo.
—Escucha bien —dice—, ésta es la —Presta atención y escucha:
historia: Hasta que un día, Hanna, la hija del rey
Hace más de mil años, en el olvidado Ignacius, tropezó casualmente con el libro
reino de Navar, alguien escribió un libro y cayó escaleras abajo.
invisible. Pero se perdió y nadie pudo —¿Qué pasa aquí? —preguntó,
leerlo. Pasaron muchos siglos y el libro totalmente sorprendida. Miró al suelo,
estuvo abandonado hasta que todo el levantó la alfombra, pero no vio nada.
mundo se olvidó de él. —¡Qué raro! —comentó en voz baja—.
Empujado por el viento y arrastrado Juraría que he tropezado con algo.
por las aguas, recorrió todo el reino sin que Convencida de que tenía que haber
nadie se percatase de su presencia. De vez algún objeto, empezó a pasar las manos
en cuando, sin querer, alguien le daba una por el suelo hasta que...
patada, le arrojaba un cubo de agua o la —¿Qué es esto? Parece un paquete o
tiraba a la calle, y los caballos y los una caja...
carruajes le pasaban por encima. Pero el
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Con mucho cuidado, levantó aquel La verdad es que se trata de una
extraño bulto y lo sujetó con las dos historia un poco rara. No sé a quién se le
manos. puede ocurrir escribir un libro invisible para
—¿Qué será? —se preguntó con interés que no lo lea nadie. ¿Para qué vas a
—. No pesa mucho, tampoco es muy escribir si luego no se puede leer?
grande y parece agradable al tacto. Sin embargo, el helado sí que se veía
La princesa Hanna, se sintió atraída bien. Ahí sí que no había duda de que
por aquel extraño objeto y decidió que no estaba delante de mí, de que podía
pararía hasta descubrir de qué se trataba. tocarlo... y comérmelo.
Lucía se calla y yo levanto la cabeza Creo que la heladería es un buen sitio
después de engullir otra cucharada de para leer historias sobre libros invisibles...
vainilla con chocolate. Me encuentro con o lo que sea.
una expresión desconocida en su cara. Es curioso, pero Lucía no ha venido hoy
Está tan emocionada con la lectura, que a clase. A lo mejor le sentó mal el helado y
hasta parece más... si, eso es, más guapa. se ha puesto enferma. La verdad, ahora
que lo pienso, eran muy grandes.
4 El caso es que la he echado de menos.
Incluso me he aburrido un poco sin ella. Ya,
EL helado de ayer estaba buenísimo. ya sé que parece mentira.
A pesar de que Lucía se enfadó un —¿Qué tal te ha ido hoy en clase? —
poco conmigo porque no presté atención a pregunta mi hermano mientras vamos
la historia del libro, reconozco que fue una hacia casa.
tarde muy bonita. Aunque, lo mejor de —Bien, normal... Nadie se ha metido
todo, fue que Lucía se leyó todas las hoy conmigo —le contesto—. Oye, Javier...
páginas ella sólita y yo casi me tuve que ¿Tú crees en las cosas invisibles?
comer su helado. —¿Tú no? —responde inmediatamente.
Anoche, cuando llegué a casa, dejé las —¿Tú si? —digo un poco sorprendido.
páginas en el despacho de papá... nadie se —Debes de ser la única persona que
ha dado cuenta. conozco que no cree en las cosas invisibles
—me recrimina.
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—¿Qué dices? Las cosas invisibles no Efectivamente, tal y como sospechaba,
existen. resulta que hay cosas invisibles en mi
—¿Ah, no? ¿Los gnomos no existen? ¿Y personalidad.
las hadas? ¿Y los magos? Ahí sí que me ha —¿Soy un poco tonto porque no creo
pillado. No se me había ocurrido pensar en en las cosas invisibles? —le pregunto en un
eso. tono de ironía.
—Yo me refiero a las cosas..., a los —No. Eres tonto porque no distingues
libros, por ejemplo. ¿Pueden existir los las cosas visibles de las invisibles. Porque
libros invisibles? no comprendes cuáles existen de verdad y
—Hombre, si son invisibles, es difícil cuáles no —me explica con detalle.
saber si existen... Pero yo creo que sí. —Oye, mocoso, yo se muy bien cual es
¿Comprendes? la diferencia entre...
—Comprendo —le digo con —No, tú no sabes nada. Estás
resignación. enfadado con papá porque cambiamos
—Pues eso. continuamente de ciudad. Eso es lo único
Ahora resulta que todo el mundo cree que ves.
en las cosas invisibles menos yo. Parece —¿Y no es verdad? ¿No nos lleva de un
ser que vivimos en un mundo lleno de sitio a otro como si...?
objetos y personas que no se ven. —Pero lo que no ves es que él necesita
—¿Te puedo decir algo? —me pregunta cambiar de sitio para escribir sus historias.
Javier con su voz más inocente. ¡No lo hace para fastidiarnos!
—Sí —le respondo tranquilamente—. Me detengo en seco y lo miro
Lo que quieras. fijamente. Estoy tan sorprendido que ni
—César, no te enfades, pero yo creo siquiera me enfado.
que eres un poco tonto. —No te lo digo para que te enfades —
—¿Qué? —pregunto atónito. me dice Javier, levantando la mano y
—Bueno, no mucho, sólo un poco — haciendo el signo de la paz como los indios
dice, bajando la voz y mirando al suelo. en las películas.
Trato de sonreír para que vea que
acepto bien las críticas, pero no me debe
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salir muy bien porque se da la vuelta y sale —¿Eres la Lucía del colegio? —insisto,
corriendo, dejándome solo en plena calle. sabiendo cuál es la respuesta.
Para mí, ha sido peor que una ducha —Si sigues portándote como un tonto,
fría de esas que nos dan en la clase de colgaré el teléfono. ¿entiendes?
gimnasia. —¿Quién te ha dado mi número de
Un poco más tarde, llego a casa y le teléfono? —le pregunto, cambiando de
doy un beso a mamá. tema.
—¡Hola, César! —me saluda con cariño —Pues Telefónica, tonto. Como lleváis
—. ¿Qué tal te ha ido? poco tiempo en esa casa pues todavía no
—Bien —le respondo sin mucho estáis en la guía, así que he llamado a
convencimiento—. ¿Y papá? Información y me lo han dado —me explica
—Está a punto de llegar. Lleva todo el —. No ha sido tan difícil.
día fuera escribiendo su novela. Espero —Pero no sabes a nombre de quién
que le haya cundido. está el teléfono —insisto, interesado en
Inesperadamente, el teléfono empieza saber cómo ha resuelto el asunto.
a sonar y Javier, que ya estaba en casa, se —He preguntado por tu padre —
hace con él antes de que nadie lo coja. responde con naturalidad.
—César, te llaman —dice a voz en grito —¿Mi padre? ¿Y cómo sabes tú cómo
desde el fondo del pasillo—. Es una chica. se llama mi padre?
—¿Una chica? —pregunto extrañado —Lo ponía en la primera página de «El
mirando a mamá—. ¿Seguro que es para libro invisible»: César Durango. ¿No se
mí? llama así tu padre?
Javier deja el auricular sobre el mueble Hoy no es mi día. Hoy me toca quedar
y se aleja corriendo. como un bobo, así que lo mejor es no
—¿Quien es? —pregunto, seguir haciendo más preguntas.
tímidamente, al aparato negro. —¿Te gustó el libro? —pregunta Lucía,
—Lucía, soy Lucía —me responde una dándose cuenta de que no voy a decir
alegre voz chillona. nada más.
—¿Lucía? ¿Qué Lucía? —interrogo.
—¿Cuántas Lucías conoces, eh?
17
—¿Te refieres a «El libro invisible»? — —Oye, perdona, pero tengo que
digo, haciendo nuevamente una pregunta colgar... Es que me llaman para cenar,
estúpida. ¿sabes?
Hay un silencio. Evidentemente, Lucía —Bien, pero consigue más páginas —
no está dispuesta a responder más me ordena.
preguntas estúpidas. —¿Páginas?
—Sí, creo que sí —contesto finalmente —Sí, páginas de «El libro invisible»...
—. No está mal. No querrás que me quede a medias, ¿no?
—¿Qué no está mal? —dice con tono —Mañana nos vemos en el colegio.
de irritación—. ¿Dices que no está mal? Me Adiós.
parece que me he metido en un nuevo lío. Esta chica es un huracán, un vendaval,
—Bueno, quiero decir que... un tornado. ¡Dios mío! Está loca y quiere
—¿Cómo puedes decir una cosa así volverme loco. Quiere hacer de mí un
sobre una historia tan... tan... tan... lector de libros. Quiere... ¡Yo qué sé lo que
¡fantástica!...? —me reprocha. quiere de mí!... Yo sólo le llevé algunas
—Tampoco hay que exagerar —me páginas porque le estaba agradecido por
defiendo. haberme ayudado con aquellos chicos... Y
—Oye... ¿Tú has leído muchos libros en ahora resulta que quiere más páginas... y
tu vida? —pregunta de repente. mañana querrá más y más.
—¿Qué? —logro decir, ya que me ha ¿Qué voy a hacer?
sorprendido con la preguntita—. ¡Claro que —¡Hola a todos! —dice mi padre,
sí! Todos los que me mandan en el colegio. entrando por la puerta— ¿Que tal estáis?
—¿Seguro que te los has leído del Y además parece que viene de buen
todo?... ¿Y con ganas?... humor.
—Bueno, sí... Casi todos... —¡Hola, cariño! —le dice mi madre,
Prácticamente todos... dándole un beso de bienvenida— ¿Qué tal
—Me parece que a ti no te gusta te ha ido hoy?
mucho leer —dice en tono de reproche—. —Bien, bien, muy bien. He escrito
No te... algunas páginas más. Esta historia es
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fantástica, se me ocurren miles de ideas. Ahora sí me ha oído porque me mira
Va a ser un libro genial. incrédula y contenta a la vez, lo cual es
Durante la cena, mi padre no habla verdaderamente difícil.
más que de su libro. Parece entusiasmado —Déjamelas. Quiero leerlas.
y dice que si todo sigue así, lo terminará en —¿Estás loca? Estamos en clase y si
poco tiempo. nos ve el profe se nos va a caer el pelo —le
Mi madre y mi hermano Javier le miran digo, negándome a cumplir su petición—.
embobados, como si estuviera hablando de Esta tarde las verás. En la heladería.
algo real. No se dan cuenta de que está —¿Ya las has leído?
hablando de algo que no existe. Se trata —No, quería leerlas contigo —digo,
sólo de un libro. mordiéndome la lengua por haber hablado
—Me voy a mi cuarto a trabajar —dice más de la cuenta.
papá, apenas termina de cenar—. Estoy Lucía me lanza una mirada maliciosa
deseando pasar a ordenador todo lo que que más o menos significa: «¿Te va
he inventado hoy. gustando la cosa, eh?».
Están todos locos. Hasta Lucía se ha Prefiero no decir nada, pero se
contagiado de esa locura y no piensa más equivoca. Todo esto es una tontería y,
que en leer un libro que todavía no existe. aunque no sé muy bien por qué lo hago, no
¡Lo que hay que ver! quiere decir para nada que me guste. No
señor, no significa que sea feliz leyendo un
5 libro que aún no está terminado y que a lo
mejor no se acaba nunca. A lo mejor lo que
—TENGO más páginas. sí me gusta es leerlo mientras me tomo un
—¿Qué dices? —pregunta Lucía, helado.
poniéndose la mano en la oreja para Suena el timbre del recreo.
hacerme comprender que he hablado —¡Coge las páginas! —dice Lucía en
demasiado bajo. plan jefa—. Vamos a leerlas.
—Digo que he traído más páginas de —¿Durante el recreo? —le pregunto un
«El libro invisible». poco sorprendido.
—¡Vamos, haz lo que te digo!
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—Pero... —Este es un lugar secreto —dice
—¡No tenemos mucho tiempo! ¡No cerrando la puerta tras ella—. Aquí
discutas! estamos seguros.
No discuto. Abro mi cartera y saco las Claro que estamos seguros. Aquí no
páginas impresas que llevo guardadas bajaría nadie aunque empezara la tercera
dentro de un libro grande, y salgo guerra mundial. Es el lugar más feo, sucio
corriendo tras ella. Aunque sería más y abandonado que he visto en mi vida. Hay
exacto decir que me dejo arrastrar por ella. telarañas en el techo, cucarachas en el
Bajamos las escaleras y cuando creo suelo y, posiblemente, las ratas nos
que vamos a salir al patio, recibo una acechan.
nueva orden: —Por aquí... ¡Sígueme! —¿Te gusta? ¿A que es bonito? Parece
—¿Adonde? que estamos en un castillo encantado.
Ella sigue bajando las escaleras que Ya sé que yo no tengo mucha
llevan al sótano, así que decido no seguir imaginación, pero creo que Lucía es un
haciendo preguntas. poco exagerada.
—¡Venga, corre antes de que nos vea —Si, creo que éste es un buen sitio
alguien! —dice Lucía. para leer «El libro invisible». Venga,
—Pero está prohibido bajar aquí. empecemos —dice para animarme.
—Por eso, así no nos molestará nadie. Hay una pequeña mesa con dos sillas
Llegamos abajo y Lucía enciende una en el centro de la estancia. Lucía, después
luz. Después, se lanza hacia el final de un de limpiar el polvo de una silla, se sienta
largo pasillo en el que hay varias puertas en ella.
cerradas. —Siéntate y empieza a leer. Ya sabes,
—Aquí es —dice abriendo la puerta del cada uno lee una página.
fondo—. Entra. —Estás un poco loca —le digo mientras
—¿Qué es esto? limpio un poco mi silla—. Y me vas a volver
—El cuarto de la caldera de la loco a mí también.
calefacción, pero no te preocupes, no la —Deja de protestar y ponte a leer, que
van a encender. no tenemos mucho tiempo.
—Esto es muy peligroso —protesto.
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Esta chica no se rinde. Ya le puedes embajador de las islas Brumosas, que se
decir lo que sea, que no hay forma de hallaba en visita oficial, se dio cuenta de lo
desanimarla. que era.
—Está bien —digo—, ya empiezo: —¡Un libro! —gritó asombrada
Hanna no se separaba nunca del libro mientras todo el mundo la veía correr con
invisible. las manos vacías—. ¡Es un libro!
El rey, al ver a Hanna hablar sola, en
vez de enfadarse por la travesura, se sintió
bastante preocupado.
—Mi hija se ha vuelto loca —le dijo al
embajador mientras le ayudaba a
incorporarse—. Debéis perdonarla.
Hanna se fue corriendo a su habitación
que estaba en lo más alto de la torre
central y se puso a pensar en el libro.
—¿Habrá algo escrito en este libro? —
se preguntó.
Entonces, cogiéndolo con las dos
manos, lo abrió y, poniéndolo al trasluz,
frente al sol de mediodía, trató de ver si en
aquellas páginas invisibles había algo
escrito.
—¿Y había algo?
—¿Qué? —le digo.
—Que si había algo escrito —insiste
Jugaba con él y hacía travesuras. Lo Lucía.
ponía en el suelo para que la gente de —Espera, déjame leer —le respondo—.
palacio tropezara con él. Se divertía sin No, parece que no se ve absolutamente
saber de qué se trataba, hasta que un día, nada.
al cogerlo después de hacerle tropezar al
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—Entonces, ¿en el libro, no hay nada distraerla, hacerla reír y que se olvide de
escrito? aquello que le preocupa.
—No se sabe, lo único que pasa es que —Nadie puede resistirse a mis bromas
Hanna no ve nada —le explico. —respondió el enano—. Soy capaz de
—Si no ve nada es porque no hay nada matar de risa a quien me proponga...
—dice con ansiedad Lucia. —Pues si quieres conservar la cabeza
—Lucía, no seas pesada... en su sitio, haz que mi hija recupere el
—Trae, déjame, ahora me toca a mí juicio —sentenció el rey Ignacius.
leer —dice, cogiendo las hojas. —Los padres son todos iguales —digo,
—¡Oye, tú! ¡Que aún no he interrumpiendo de nuevo la lectura de
terminado...! Lucía—. Siempre se entrometen en las
—¡Calla! Calla y escucha: cosas de sus hijos.
Hanna se quedó muy decepcionada al —Ten en cuenta que el rey está muy
comprobar que no veía ni texto ni dibujos preocupado por su hija. Al fin y al cabo es
en las páginas de aquel libro. la princesa del reino —argumenta Lucía.
—Claro, no se ve nada porque es un —Pues yo no soy el príncipe de nada y
libro invisible. Lo que tengo que hacer es mi padre siempre se está metiendo en mis
que se haga visible y así podrá leerlo. asuntos.
—Oye, Lucía, ¿tú sabes cómo se puede —Mi madre también —asiente Lucía—.
leer un libro invisible? —le pregunto Claro que a mí siempre me llama princesa.
interrumpiéndola. —¿Tu madre te llama princesa?
—No lo sé, jamás he tenido un libro —Bueno, sí... De vez cuando.
invisible —dice—. Pero déjame leer: —Anda, sigue leyendo —le digo.
Hanna estaba desesperada. No comía, Reconozco que la historia es
no jugaba y no asistía a las clases con sus apasionante. Mientras oigo leer a Lucía, me
maestros, ya que no pensaba en ninguna doy cuenta de que «El libro invisible» es
otra cosa que no fuese el libro invisible. una aventura alucinante y, aunque me
—Mi hija está obsesionada con algo — cuesta trabajo reconocerlo, creo que mi
le dijo un día el rey al bufón—. Tienes que padre es un fantástico inventor de
historias.
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Lucía y yo vamos leyendo cada uno haciendo el gesto de cortar el cuello—.
una página. O más bien debería decir que ¡Arrgg!
las devoramos. Creo que, aunque Lucía exagera, a lo
—¡Se ha terminado! —dice Lucía de mejor tiene un poco de razón: hacer reír a
repente—. Ya no quedan más páginas. la gente es muy difícil.
—¿Y qué vamos a hacer? —pregunto. —¿Qué hacéis vosotros aquí?
—Conseguir más —dice mi amiga—. Levanto la cabeza y veo a Lorenzo con
Tienes que traer más páginas. tres amigos suyos en la puerta del
—Eso es muy fácil de decir —le cuchitril. Tengo la impresión de que nos
respondo—. Ahora tenemos que volver a cierran el paso.
clase. —¿A ti qué te importa? —le responde
—Prométeme que traerás más páginas. Lucía, con un tono bastante agresivo.
—Es muy difícil —le contesto—. Si mi —Mira los tortolitos. Vienen aquí a leer
padre me pilla, no sé qué pasará. cartas de amor.
—No te quejes, que Hanna lo tiene —Sí, como Romeo y Julieta —le apoya
mucho peor que tú. uno de sus amigotes.
—Sí, en eso tienes razón... ¿Tú crees —Eres un inculto —le responde Lucía—.
que conseguirá leer «El libro invisible»?— Romeo y Julieta no leían cartas de amor.
pregunto con interés. —Además —digo yo, apuntándole con
—A lo mejor... Si logra encontrar a el dedo—, nosotros no estamos leyendo
alguien que la ayude... Ya ves que el bufón cartas de amor.
no ha conseguido nada —explica ella con —¿Ah, no? —dice Lorenzo,
pena. acercándose a la mesa—. ¿Qué estabais
—Sí, y el rey está muy enfadado con él. leyendo?
Creo que le va a cortar la cabeza y colgara —A ti no te importa y no...
su cuerpo en las almenas del castillo para Pero ya es tarde, Lorenzo ha cogido las
que se lo coman los buitres. páginas de «El libro invisible» y se pone a
—Es muy difícil ser bufón. Si no sabes leer.
hacer reír a la gente, mueres —dice, —¡Escuchad!:
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Hanna decidió buscar ayuda para mesa de su despacho, pero no consigue
hacer visible el libro que tanto le ordenarlos.
obsesionaba, pero no sabía a quién Lucía y yo nos miramos con miedo.
recurrir... Estamos preocupados y un poco
—¡Dame eso! —grita Lucía, lanzándose asustados. Dice que somos los
contra él—. ¡Dame eso! responsables de todo el lío, ya que no
Y comienza la pelea. Lucía empuja a hemos debido bajar nunca al cuarto de la
Lorenzo después de darle una bofetada. Yo caldera.
cierro los puños y me dispongo a pelearme Además, Lorenzo y sus amigos dicen
contra los otros, pero me llevo algunos que la pelea la hemos empezado nosotros.
puñetazos y acabo rodando por el suelo. Y, claro, como son cuatro, los creen más a
Lorenzo se sube a la mesa y comienza a ellos que a nosotros.
gritar. —El libro in... la princesa Han... el
—¡Mirad lo que hago con vuestra bufón... el castillo del rey Igna... —dice el
historia! director, leyendo algunos trozos de las
Empieza a romper hojas de «El libro páginas, imposibles de recomponer—.
invisible». Yo trato de levantarme para ¿Qué es esto?
impedirlo, pero los otros no me dejan y me Lucía y yo preferimos no responder.
llevo otro par de bofetadas. Bajamos los ojos y miramos al suelo.
Lucía, indignada, se lanza contra una —César, lee esto —me dice el señor
pierna de Lorenzo. director, entregándome media hoja, la
Parece que todo está perdido cuando única que tiene algunos párrafos
suena un pitido. Pero no es el que anuncia completos—. ¡Lee antes de que me
el fin del recreo, es el del vigilante que enfade! —me ordena.
entra en el cuarto de la caldera atraído por La princesa Hanna no encontraba la
nuestros gritos. forma de hacer visible aquel extraño libro y
6 cada día empeoraba más. Pero, un día,
después de que el médico saliera de su
EL director trata de unir los trozos de habitación, y a causa de la fiebre alta que
las hojas de «El libro invisible» sobre la padecía, habló de lo que le atormentaba.
24
Sigfrido, un paje que la servía fielmente, lo cómo salir del castillo sin que nadie se dé
escuchó todo. cuenta.
—Creo que puedo ayudarte —le dijo —Pero el rey nos castigará —protestó
éste al día siguiente—. Podemos ir a ver al el pobre simiente, completamente
Mago de la Montaña. El puede hacer cosas asustado—. A mí me mandará al potro de
imposibles. tortura.
—¿Dónde está ese mago? —inquirió la —Si tienes miedo, iré yo sola —le dijo
princesa con ilusión—. ¿Puedes llévame la princesa—. Explícame con precisión
ante él? dónde vive ese mago y ya no te necesitará.
—En la montaña mágica de Artón — —Si el rey se entera de que te he
respondió el muchacho—. A dos jornadas a dejado ir sola, me tirará al foso de los
caballo. Vive solo en su cabaña y seguro dragones —dijo el aterrorizado paje.
que podrá hacer conjuros para que el libro —¿Entonces?
se haga visible. —Iré contigo —confirmo.
Hanna estaba tan ilusionada con —¡Bien! —exclamó Hanna, dándole un
aquella noticia que recuperó el ánimo y se beso en la mejilla—. Eres un valiente.
fue a hablar con su padre. Esa noche, la luna llena acompañó a
El rey, que no creía en magias ni en dos jinetes que salieron a escondidas del
fantasías, se negó a dejar marchar a su castillo en dirección a las montañas de
hija. La montaña de Artón estaba en tierra Artón. Uno de ellos llevaba un libro
enemiga y temía por su vida. Sin embargo, invisible en un zurrón.
la princesa no estaba dispuesta a renunciar Desde una almena, el rey Ignacius los
tan fácilmente al viaje, ya que se había observaba con lágrimas en los ojos.
propuesto leer aquel libro, costara lo que «Espero que tengan suerte», pensó...
costara. —Eso es todo —digo, devolviéndole el
Algunos días más tarde, Hanna llamó al papel.
paje a su habitación. —¿Y puedes explicarme qué significa?
—Esta noche nos vamos —le informó —me insiste.
—. Tengo dos caballos preparados y sé No me atrevo a decirle que es un libro
que mi padre está escribiendo, porque si le
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llama y se lo cuenta, creo que acabaré en director no responde. La mira con enfado,
un correccional o algo así. pero no dice nada.
—Es un cuento que estoy escribiendo Se sienta en su enorme sillón negro de
—dice de repente mi amiga Lucía a la que respaldo muy alto y, acariciándose la
a partir de ahora debería llamar «Lucía, la barbilla, se balancea tranquilamente. En el
salvadora». despacho no se oye ni una mosca. Ni
—¿No me digas? —exclama el director siquiera nuestra respiración. Nada de nada.
como si no lo creyera. Todo el mundo espera la sentencia del
—Quiere ser escritora —dice nuestro señor director.
profesor—. Siempre dice que quiere —¿Y de qué trata este libro? —le
escribir libros. pregunta directamente a Lucía.
—¿Y los tiene que escribir en el cuarto —Es sobre una niña que encuentra un
de la caldera? —responde el señor director. libro invisible —le explica ella—. Y de todos
los esfuerzos que hace para poder leerlo.
—¿Y lo consigue?
—No lo sé, todavía no lo he terminado
—responde ella tranquilamente.
El vigilante y nuestro profesor sueltan
una pequeña risita que irrita al director.
—Bien, vuelvan todos a clase —
sentencia éste—. Ya seguiremos hablando
de este tema. Ah, y no quiero más
problemas, porque si no me enfadaré de
veras...
¿Entendido?
Al volver a clase, todos los niños nos
miran y a mí me da mucha vergüenza que
nos señalen con el dedo y hablen bajito de
—Perdone —dice Lucía—, pero no nosotros.
estaba escribiendo, estábamos leyendo. El Estoy enfadado. Enfadado y harto.
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—¡Se terminó! —le digo a Lucía—. Ya —Muy bien, hijo... He estado toda la
no habrá más páginas de «El libro tarde en el ordenador y he escrito tres
invisible». páginas más.
—¿Por qué no? —me responde, como si Mientras ponemos los cubiertos, me
no se hubiera dado cuenta de la gravedad cuenta algunos detalles del libro. La verdad
de los hechos. es que está absolutamente entusiasmado
—¿Y todavía me lo preguntas? —digo, con su historia.
sin salir de mi asombro—. ¿Es que no te —¡Aquí llega la sopa! —anuncia mi
das cuenta de lo que ha pasado? hermano Javier entrando en el salón con la
Me mira despectivamente tras sus sopera humeante.
grandes gafas y, sin responderme, se pone Mi madre nos sirve a cada uno porque
a escribir en su cuaderno. es la única de la familia capaz de poner
—No tienes personalidad —me dice al sopa en los platos sin manchar el mantel.
cabo de un rato—. Y, además, eres tonto. Después, empezamos a cenar y ya me
Y dicho esto, coge sus cosas, se siento un poco más tranquilo.
levanta y se sienta en un pupitre vacío de —Esta noche ponen una película de
la última fila. risa —dice mi padre—, si os parece,
¡Pues mira qué bien! Ahora tengo todo podríamos verla.
el sitio para mí solo. Ya empezaba a estar —¿Qué película es? —dice Javier, que
harto de la mocosa esta que no hacía más siempre es el primero en preguntar.
que complicarme la vida. —Es una película que se titula «El
Hoy ha sido un mal día para mí. mundo está loco, loco, loco», y trata de un
He llegado a casa hace un rato y mi montón de gente que va en busca de un
madre me ha mandado poner la mesa, tesoro escondido.
pero he tenido suerte porque mi padre ha —¿Es de piratas? —pregunto yo.
salido de su despacho cuando estaba —No, nada de eso. Es de gente de
poniendo el mantel y se ha puesto a ahora que aun cree en los tesoros. Esa es
ayudarme. la gracia de la película.
—¿Qué tal te ha ido hoy? —le pregunto —¿Tú crees en los tesoros? —le
por hablar de algo. interroga Javier.
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—Bueno, de alguna manera sí — en ese momento, se ha quedado encerrado
responde papá en plan pensativo—. en un sótano y hace explotar la puerta con
Escribir libros es como buscar tesoros... Es dinamita para poder salir. La puerta sigue
algo así como soñar que vas a encontrar intacta después de la explosión, pero ellos
una historia interesante que todo el mundo están pringados de pintura. Es una escena
querrá leer. Un buen libro es igual que un muy divertida que demuestra que buscar
tesoro. tesoros es un trabajo muy peligroso.
—Entonces... ¿tú tienes muchos Cuando voy a entrar en el cuarto de
tesoros? —pregunto. baño, veo la puerta del despacho de papá
—Sí, y ahora con «El libro invisible» es entreabierta... y el monitor del ordenador
como si estuviera buscando otro tesoro encendido.
más. Me detengo un momento picado por la
Empieza la película y se ve a un tipo curiosidad. Mientras, mi padre da palmas
que cae en su coche por un barranco. riéndose a carcajadas.
Algunas personas bajan para ayudarle y él, Entro en el baño y me noto un poco
antes de morir, les dice dónde hay un intranquilo. Es como un hormigueo en el
tesoro escondido. estómago. Creo que estoy a punto de
Mientras nos tronchamos de risa, todos hacer una locura...
los personajes salen corriendo para Me lavo las manos mientras me miro
hacerse con el botín. en el espejo, entonces descubro que no
Es una película muy divertida y lo más voy a poder evitar hacer lo que no quiero
gracioso es que no se sabe si el tesoro hacer.
existe o es una broma del moribundo. A lo Salgo silenciosamente del baño y entro
mejor por eso le han puesto ese título. en el despacho de papá. Afuera, los
Pensándolo un poco, a lo mejor es sonidos de la película y las risas de mi
verdad que el mundo está loco. familia se mezclan y casi lamento no estar
—Voy al servicio un momento —digo, con ellos. Se lo están pasando bomba.
levantándome. Ahora he oído una explosión y la voz
Nadie me hace caso. Se están de un personaje que grita a los otros: «¡Ese
partiendo de risa con un matrimonio que,
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tesoro es mío, y no lo compartiré con —Esto se complica —dice Lucía—.
nadie!». Ahora nadie podrá ayudarles a ver el libro.
Cojo el ratón y hago aparecer en la —Hay más cosas, escucha:
pantalla las últimas páginas escritas por El viejo criado los invitó a dormir en la
papá. ... y empiezo a leer. solitaria cabaña. Al día siguiente, cuando
—¡Dios mío! —exclamo al ver las los chicos se disponían a volver al castillo,
primeras líneas—. ¡Es alucinante! les dijo: —Ese libro sólo lo podréis leer a la
Ahora se oye un ruido estruendoso. luz de las minas de azufre... Pero son muy
Parece que un avión ha chocado contra la peligrosas, allí perdí este ojo. Además, si os
torre de control y el piloto está descubren, os convertirán en esclavos y
entusiasmado. O loco. pasaréis el resto de vuestras vidas
Alargo la mano y descuelgo el trabajando en lo más profundo de las
auricular. Después de oír el pitido, marco minas.
un número. Piii.... piii... piii. Hanna, a pesar del peligro que
—¿Quién es? suponía, no estaba dispuesta a
—¿Lucía? —digo en voz baja. acobardarse.
—Sí, soy yo... ¿Quién eres? —¿Dónde están esas minas de azufre?
—Soy yo, César... —preguntó con decisión.
No contesta. La oigo respirar pero no —En el valle del Norte. No tenéis
contesta... aunque tampoco cuelga. pérdida si seguís en esa dirección —les
—Escucha —le digo—. Acaba de pasar explicó el viejo Tessius—. Yo que vosotros
algo inesperado: no iría. Ese juego tiene vida, os quemará la
Hanna y Sigfrido llegaron a la cabaña piel y os sacará los ojos.
de la montaña mágica, justo cuando el Pero los dos amigos ya no le oían.
mago acababa de morir. Su criado, —Eso es muy grave —dice Lucía
Tessius, un loco con un solo ojo que desolada—. Pueden morir.
vigilaba la tumba, les explicó que ningún —Espera y verás...
otro mago del mundo podría ayudarlos a Cabalgaron durante dos días y
materializar el libro invisible... finalmente llegaron al deshabitado valle
del Norte. Buscaron afanosamente las
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temidas minas de azufre, pero no empezaron a aullar en la noche cerrada y
encontraron absolutamente nada. el miedo hizo presa en el corazón de
—Esto es una locura —protestó Sigfrido. Incluso la princesa miró con recelo
Sigfrido, al cabo de varias jornadas de hacia el bosque.
búsqueda—. Estamos perdidos en la —¡Vámonos de aquí! —ordenó Sigfrido
oscuridad, no sabemos dónde están esas —. ¡Ya no puedo más!
minas si es que existen. Y todo para leer Tiró de las bridas e hizo girar su
un libro que no se ve y que a lo mejor no caballo. Observó entonces a Hanna que,
tiene nada escrito. con cara de asombro, miraba a la lejanía.
—Las encontraremos —le respondió —¡Mira! —le dijo ella—. ¡Allí!
Hanna con decisión—. Quiero leer ese libro Sigfrido giró la cabeza y vio en la
y lo conseguiré con tu ayuda o sin ella. oscuridad una brillante luz amarillenta que
¿Entiendes? parecía salir del interior de una montaña...
—Lo que entiendo es que estamos más —Ese maldito Tessius tenía razón —
locos que ese tuerto de Tessius — insistió susurró el joven.
el paje—. El rey no nos perdonará. —¿Qué estás haciendo? —dice alguien
Sin hacer caso de las protestas de su detrás de mí.
compañero, Hanna continuó la búsqueda. Me han descubierto y me he asustado.
—¿Hay más? —pregunta Lucía, Es Javier, que acaba de entrar.
completamente enganchada a la historia. —Nada. ¿Cómo va la película? —le
—Sí, sí hay, si... —le digo con emoción pregunto.
—. Escucha: —Bien. Ahora resulta que los policías
Los dos compañeros estaban perdidos, también quieren encontrar el tesoro. Están
agotados y hambrientos. todos locos, pero papá se lo está pasando
—Es mejor volver al castillo e implorar de locura.
el perdón del rey —comentó Sigfrido—. Los —Bueno, pues vuélvete al salón...
caballos están agotados, ya no pueden —¿Estás leyendo el libro de papá? —
más. dice mirando la pantalla.
Hanna no le respondió y siguió —No es asunto tuyo —le respondo—.
cabalgando. De repente, los lobos No te metas...
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—Si no me dejas leer, se lo voy a —Te estás metiendo en un lío —me
decir. dice—. ¿Lo sabes, verdad?
¡Lo que me faltaba! Que el mocoso de
la familia venga a chantajearme. 7
—Lucía, tengo un problema. Ahora no
puedo seguir... NO sé por qué le hago caso a esta
—Dime si entran en las minas de mocosa de Lucía, pero he decidido ir a la
azufre —ordena. Eso es lo que se llama cita de hoy. Espero que todo vaya bien y
estar entre la espada y la pared. no tengamos problemas, porque con ella
—No lo sé. Aquí dice que ven muchos siempre pasan cosas malas.
soldados armados vigilando la entrada de Lucía es una curiosa, una entrometida
la cueva. y una lianta.
—Pero eso es muy peligroso... Bueno, también es atrevida... y eso me
—Ahora tengo que colgar. La película gusta. Sí, creo que es la chica más lanzada
debe estar terminando. Mañana nos que he conocido en toda mi vida.
veremos y te lo contaré. Pero es mejor que no se haga ilusiones
—No, imprime las páginas —dice conmigo, aún no pienso tener novia.
desesperadamente—. A ti se te puede Lo digo porque llevo mucho rato en el
olvidar algo. portal esperándola y a lo mejor se cree que
—Bueno, haré lo que pueda. lo hago porque estoy loco por ella o algo
—¡Imprímelas! —dice justo antes de así. Y de eso, nada. Estoy aquí porque
colgar. hemos quedado y, además, en mi casa no
—Está bien... El lunes nos veremos en hay nadie. Mi madre se ha ido de compras
clase. con Javier y mi padre debe de estar
—¡Ni hablar! Mañana te espero a las escribiendo en alguna cafetería, o sea, que
seis, en el portal de tu casa. si Lucía no viene, tendré que quedarme en
—Pero mañana es sábado y no... la calle hasta que...
—¡Hasta mañana! —dice antes de Le pregunto la hora a una señora que
colgar. Javier se queda mirando con cara pasa por aquí y me dice que son casi las
de reproche. seis y media. Esto me pasa por bobo. Me
31
podía haber quedado tranquilamente en
casa viendo la tele en vez de hacer caso a
esta niña estúpida.
—¡César! ¡César!
¡Por fin aparece!
—Lo siento —dice cuando llega al
portal—. No he podido venir antes... De
verdad que lo siento. —No sé si me conviene —le respondo.
—Llevo aquí más de media hora —Si aceptas, yo puedo leer mientras
esperando —le respondo—. Y hace frío, comes —dice con esa voz que pone cuando
¿sabes? quiere salirse con la suya.
—Perdóname —insiste. —A mí me da igual, yo ya lo he leído —
—¿Crees acaso que soy tu novio para le contesto, para que vea que a mi no me
tenerme esperando todo el tiempo que te domina.
dé la gana? —Anda, venga —dice en plan de ruego
—No, no... No lo he hecho a propósito —, yo te invito. Finalmente le digo que sí
—responde. con la cabeza.
La miro con cara de enfado, pero ni le —Allí arriba hay un Burger —dice,
respondo. Así aprenderá a no tomarme el señalando con la mano—. Acabo de pasar
pelo. por delante y había poca gente.
—Te invito a una hamburguesa y a un Ella empieza a andar y yo la sigo
helado —dice de repente—. ¿Quieres? aparentando una cierta desgana. Incluso
procuro no hablar hasta que llegamos al
sitio ese que se llama Burger Flash.
—Nos podemos sentar aquí, al lado del
cristal —dice Lucía—, así no nos molestará
nadie.
—Bueno —le digo mientras miro a la
mesa.
32
—Sí, eso es, tú siéntate y dime lo que reconozco que esta chica tiene una
quieres, que yo te lo traigo. preciosa voz. Voz de locutora de esas que
Mientras miro la carta y le digo lo que doblan a los actores de cine.
me apetece para merendar, pienso que, de —Escucha:
repente, se ha vuelto muy simpática. Procurando no ser vistos por los
Un rato después aparece con dos guardianes, llegaron hasta la entrada de la
bandejas repletas de cosas y se sienta cueva. Ocultos tras las rocas, vieron cómo
enfrente de mí. unos hombres semidesnudos que parecían
—¡Por fin! —exclama—. Ya estamos esclavos mantenían las hogueras
preparados. encendidas alimentándolas con paladas de
—Toma —le digo—, aquí están las azufre. De vez en cuando, otros
páginas. Ya puedes empezar a leer. trabajadores traían vagones cargados con
—Gracias —dice, lanzando una sonrisa el preciado mineral que acababan de
de agradecimiento. extraer del fondo de la tierra. Algunas
No sé cómo lo consigue, pero siempre chispas, que saltaban y rebotaban contra
le devuelvo la sonrisa. Después, cojo mi las paredes, herían a veces a los mineros.
hamburguesa y le doy un buen bocado. Cerca de las fogatas, protegidos por los
—Allá va: escudos de los soldados, había hombres y
Hanna y Sigfrido ataron sus monturas a mujeres que escribían ansiosamente sobre
un árbol, al pie de la montaña negra. los pergaminos que mantenían apoyados
—Subamos —ordenó la princesa—. Ya en sus rodillas.
hemos llegado. —Mira —dijo Hanna—. Son
—Ojalá no te hubiera hecho caso — escribientes.
protestó Sigfrido. —Si los soldados nos descubren, nos
—Deja de quejarte —respondió ella—. convertiremos en esclavos —dijo Sigfrido,
Por fin vamos a saber qué hay escrito en mirando la escena con los ojos muy
ese libro. abiertos—. Y nunca saldremos de aquí.
La hamburguesa está buenísima y —Tenemos que acercarnos a una
tengo que reconocer que Lucía lee muy fogata —susurró Hanna—. Es la única
bien. Si señor, ahora que me doy cuenta, forma de leer el libro invisible.
33
Y sin esperar respuesta de su —¿Qué dices? —le pregunto,
compañero, empezó a descender por el sorprendido.
interior de la cueva, escondiéndose entre —Pues eso, que quiero hablar con él.
las rocas. Sigfrido la miró con sorpresa y, Quiero saludarle, oírle... —me explica—. Es
después de tragar saliva, la siguió. el primer escritor que conozco en mi vida.
—Yo también quiero saber qué hay en —No tiene nada de especial —le replico
ese extraño libro —musitó—. No me lo —. Es como las demás personas. No te
perdería por nada del mundo. interesará. ¡Vámonos antes de que...!
Unos minutos más tarde, Hanna, que Me ha dejado con la palabra en la
ya estaba cerca de una fogata, abrió su boca. Se ha levantado y se marcha... ¡Se
zurrón, sacó el libro invisible y... dirige hacia mi padre!
—¡Calla! ¡Cállate! —le digo a Lucía—. Decididamente, hoy no es un buen día
No digas ni una palabra más. para mi.
—¿Qué te pasa? ¿No te gusta como La loca de Lucía se ha detenido delante
leo? de la mesa de mi padre..., está hablando
—¡Mi padre! ¡Mi padre está en ese con él..., le da la mano.
rincón! —le digo, señalando con el dedo. ¡Dios mío! ¿Qué va a pasar ahora?
Lucía se queda con la boca abierta, sin Mi padre se gira hacia aquí, Lucia le
decir nada. indica con la mano donde estoy, él me está
—Tenemos que irnos —le digo en voz mirando y... ¡me saluda agitando el brazo!
baja—. Antes de que me vea. Ahora me hace gestos para que me una a
—Pero... ¿qué hace aquí tu padre? — ellos.
dice Lucía, mirando de reojo. ¡Lo que faltaba, reunirme con mi padre
—Supongo que escribir. Tiene la y con Lucía en una hamburguesería!
costumbre de escribir sus historias en —¡Hola, papá! —saludo sin mucha
bares y cafeterías... y, por lo que veo, convicción cuando llego a la mesa.
también en hamburgueserías, pizzerías, —¡Hola, César...! —responde él. Parece
pastelerías. En cualquier sitio donde haya contento de verme.
gente. —Es usted escritor —dice Lucía— ¿Qué
—¡Quiero conocerle! —dice de repente. escribe?
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—Libros para niños —responde— Es lo —Eres un poco tonto —me reprocha
que más me gusta. Lucía—. No sé por qué no podía hablar con
—Yo también quiero ser escritora de tu padre. Al fin y al cabo somos escritores.
mayor —dice Lucía. —¿Escritores? Tú no eres escritora
—¿Ah, sí? —dice papá con la cara todavía —le respondo bastante enfadado
iluminada por una extraordinaria sonrisa—. —.
¿De verdad piensas ser escritora? ¿Qué pretendías, ponerte a hablar con
—Sí, quiere ser como tú —intervengo él de «El libro invisible»? ¿Eh?
—Sentaos si queréis —nos invita. —¿Crees que soy tonta?
—Gracias, papá, pero ya nos íbamos — —¡Sí! ¡Y entrometida!
digo rápidamente. —Pues conmigo no vuelvas a juntarte.
—¿Cómo se consigue ser escritor? —le Puedo vivir perfectamente sin ti. No sabes
pregunta mi amiga. tener amigos.
—¿Seguro que no queréis sentaros? —¡Eres tú la que no sabes
—No, no..., de verdad que tenemos comportarte!
prisa —vuelvo a repetir. —¡Qué te parta un rayo! —me grita.
—¿Es difícil escribir libros? —insiste Después se da la vuelta y se marcha
Lucía. dejándome en la calle, solo bajo la lluvia.
—Bueno, sí... cuesta trabajo pero es
divertido —responde amablemente mi 8
padre.
—¡Venga, Lucía..., vámonos! —digo, HACE días que Lucía y yo no nos
tirando de ella. hablamos. Está muy enfadada conmigo y
Consigo despegarla de la mesa de no parece dispuesta a perdonarme.
papá. Mientras nos alejamos, oigo la voz de He intentado charlar con ella, pero no
él que se despide. ha habido manera. Incluso hoy le he dicho
—¡Adiós, chicos! ¡Ya nos veremos! que traía más páginas de «El libro
Salimos a la calle y está lloviendo. invisible», pero ni con ésas.
Y eso no es todo, en clase, las cosas
han empeorado un poco. Lorenzo y sus
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amigos han vuelto a la carga, me han —¡Su guardaespaldas! —le contesta
estado molestando... Preveo problemas. Javier, lanzándose a por él.
Ha sido un día horrible, menos mal que Tal y como están las cosas, a mí no me
ha terminado. queda más remedio que enfrentarme con
Acaba de sonar el timbre y el profesor ellos.
ha dado por terminada la clase de hoy. Lo malo es que tardo un poco en
Lucía recoge sus cosas, se levanta y se reaccionar y los otros se adelantan... o sea,
marcha sin decirme siquiera adiós. que empiezo a cobrar antes de lo que
Salgo a la calle y me encuentro con mi esperaba.
hermano Javier que me está esperando. —¡Te vas a enterar, entrometido! —me
—Hoy he vuelto a tener pelea con uno gritan.
de mi clase —me dice mientras caminamos Caigo al suelo y, aunque trato de
hacia casa. defenderme, recibo toda clase de golpes. A
—A mí también me han estado mi lado, Javier pelea como un león y se lo
molestando —le cuento. pone difícil a Lorenzo. ¡Cómo lucha el
De repente, noto un golpe en la condenado!
cabeza. Me inclino, pongo la mano en la A mi, las cosas se me están poniendo
nuca y suelto un quejido. un poco mal. Lanzo puñetazos al aire y
—¿Duele? creo que no acierto ni uno. Los tres que
Es Lorenzo y sus amigos que nos tengo encima se echan conmigo y no
vienen siguiendo. pierden ni una ocasión de atizarme. No sé
—¿Por qué habéis hecho eso? —dice mi cómo voy a salir de esto.
hermano. De repente, uno de los tres se pone a
—Porque hemos querido. ¿Qué pasa? gritar... y parece que se queja.
Pasa que todo va a empeorar. Poco después, se levanta, se aparta de
—A ver si eres tan valiente ahora que mí y deja de golpearme. A lo mejor es que
estás solo —dice Lorenzo. se ha apiadado.
—No está solo—le responde Javier. No entiendo muy bien lo que ocurre...
—¿Quién eres tú, mocoso? —le Parece que alguien...
pregunta Lorenzo.
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—¡Cobardes!... ¡Sois unos cobardes! — —Desde luego, si vuelven, no será hoy
grita una voz. —comenta Lucía.
¡Es Lucía! Ahora, entre el revuelo, la —Gracias por tu ayuda —le digo a
veo claramente... Está furiosa y no para de Lucía.
darles patadas. —¿Dónde has aprendido a pelear? —le
Ahora que estoy liberado, me incorporo pregunta Javier.
y la ayudo. Lorenzo, al ver que las tomas —Bueno, yo no sé nada de peleas —
han cambiado, decide abandonar. responde ella tímidamente—. Lo que pasa
—¡No huyas, cobarde! —le dice Javier, es que cuando os he visto desde el
al ver que se le escapa de las manos—. autobús...
¡Ven aquí! —¿Te has bajado del bus para
—¡Vamos, valientes! —les digo a los ayudarnos? —le pregunto.
otros—. ¡A ver si ahora os atrevéis! —Pues... sí —contesta mientras se
—¡Largo de aquí! —les dice Lucía, agacha para recoger su cartera—. Me ha
finalmente, al verlos amedrentados—. ¡Sois parecido que necesitabais ayuda.
unos miserables! —Oye, tú..., yo no.
—¡Ya te pillaremos! —grita Lorenzo, —Gracias —digo, cortando a Javier—. Si
mientras se aleja acompañado de sus no es por ti, nos muelen a palos.
secuaces. Noto que Javier nos mira con sorpresa.
Javier, Lucía y yo les hacemos burlas, y Creo que no conoce mi faceta de sumiso
lanzamos algunas carcajadas para ante las chicas.
demostrarles que no les tenemos ningún —Bueno —dice Lucía—, aquí no
miedo. hacemos nada. Deberíamos irnos.
—En grupo son muy valientes —dice —Si quieres, te acompaño hasta tu
Lucía—, pero en solitario no son capaces casa —me ofrezco.
de nada. —ES que vivo un poco lejos...
—A mí no me dan miedo aunque —Por mí no os preocupéis —dice Javier
vengan por docenas —remata Javier. echando a correr—. Yo me voy.
—Espero que no vuelvan —digo yo. ¡Adiós!
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Ahora que nos hemos quedado solos, —¡Es verdad! —grita—. ¡Esta mañana
no se me ocurre nada que decir. Y me me has dicho que habías traído...!
parece que a ella tampoco. —¡Y era verdad! ¡Mira!
Caminamos un poco hasta que No tarda ni un segundo en quitármelas
llegamos a una avenida ancha. Entonces, de las manos.
empieza a llover. —¡Guauuu! Hay un montón de páginas
—Deberíamos protegernos —dice Lucía —dice con sorpresa.
—. Parece que va a caer un chaparrón —Lo malo es que hay poca luz—digo
bastante gordo. mirando el techo.
—Sí —digo, mirando al cielo cargado —Es igual —dice Lucía, abriendo su
de nubes oscuras—, más nos vale buscar cartera—. ¡Mira lo que tengo!
un sitio.
La lluvia arrecia y empezamos a correr.
—¡Allí! —dice Lucía, señalando con el
dedo—. ¡Allí hay un sitio!
Efectivamente, a nuestra izquierda hay
un portal solitario. Se trata de un local que
ahora está cerrado. De todas formas, es un
buen sitio para protegerse del agua. Nos
metemos en el hueco de la entrada y nos
sentamos.
La lluvia se hace más intensa y da la
impresión de que nos vamos a tener que
quedar bastante tiempo allí. Entonces, se
me ocurre una idea.
—Si quieres —digo tímidamente—,
podemos leer las páginas de «El libro Enciende una pequeña linterna de
invisible» que tengo en la cartera. bolsillo y proyecta la luz sobre la primera
Me mira sorprendida y alegre a la vez. hoja de papel.
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—A ver, ¿por dónde íbamos ? — les perdían de vista y estaban a punto de
pregunta. alcanzarlos.
—Pues creo que... Ah, sí, por lo de la Entonces, y ante el asombro de Hanna,
mina de azufre. Creo que Hanna intentaba Sigfrido actuó con valentía. Se detuvo al
poner el libro a la luz de... lado de una vagoneta cargada de azufre y,
—Sí, sí , calla y escucha: y algunas haciendo un esfuerzo supremo, trató de
chispas saltaron sobre él. Ella las apartó derribarla. Sin embargo, era muy pesada y
valientemente con la mano y se dispuso a apenas consiguió moverla.
leer. —¡Ayúdame/ ¡Ayúdame! —le ordenó el
—¡Intrusos! ¡Intrusos! —gritó de joven.
repente un guardián, señalándolos con la Aunando esfuerzos, entre los dos
punta de su lanza. consiguieron arrojar todo el azufre sobre
Instintivamente, Hanna cerró el libro y una fogata cercana. Se produjo una
se levantó. explosión y las chispas saltaron en todas
—¡Estamos perdidos! —exclamó direcciones, convirtiendo la cueva en una
Sigfrido—. ¡Huyamos! espectacular fiesta de fuegos artificiales.
La joven princesa comprendió que no Todo el mundo corrió a resguardarse y los
tenían otra alternativa y, muy a pesar dos compañeros de aventuras
suyo, emprendió la huida. «Mala suerte», aprovecharon la confusión para salir de la
pensó. cueva mientras algunas bolas de fuego
Los dos jóvenes corrían como gacelas, volaban sobre sus cabezas.
saltando por encima de las rocas y Llegaron al lugar en el que estaban sus
esquivando a los soldados que se caballos, pero, éstos, asustados por la
interponían en su camino. Al verlos, los explosión, huyeron corriendo dejando a sus
trabajadores empezaron a gritar y, en amos en tierra.
pocos minutos, la cueva se había —¡Mira! —dijo Hanna, señalando la
convertido en una jaula de locos. entrada de la cueva de la que salían
Corrían desesperadamente hacia la constantemente hombres armados—
salida de la cueva, pero los guardianes no ¡Vienen a por nosotros!
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Sigfrido y la princesa se agarraron de es muy expresiva y la desilusión se refleja
la mano y, juntos, se perdieron en la en su cara.
maleza cuando aún era de noche. —Lo siento —le digo—, yo también
Lucía levanta la cara con una estoy deseando saber cómo les va a Hanna
expresión extrañísima. y a Sigfrido con el libro.
—Nunca conseguirá leer ese libro — Lucía no responde. No es que esté
dice muy apenada. enfadada conmigo porque sabe muy bien
—Nosotros tampoco. Las páginas se que yo no tengo la culpa de lo de la
han terminado. impresora, es que se ha quedado un poco
—Supongo que podrás traer más chafada.
mañana. —No te preocupes —dice al cabo de un
—Haré lo posible —contesto—. Ya ratito—, tú no tienes la culpa. Es lo que yo
tengo ganas de saber qué pasa con este decía.
libro. —¿Cómo podías saber que la
—Y yo —repite Lucía—. Y yo. impresora se iba a estropear? —insiste.
Es tarde, ha dejado de llover y nos —Tienes razón —le contesto—. Yo no
vamos a casa. Por primera vez en mi vida, podía saberlo.
tengo ganas de leer un libro de mi padre. —No, no podías. Otra vez el silencio.
No sé cómo ha sido, pero me siento un
9 poco culpable de que la dichosa impresora
se haya puesto tonta.
HOY también llueve. —Le han dicho a mi padre que estará
Llego al colegio empapado y de mal arreglada la semana que viene —termino
humor. Veo a Lucía que me sonríe desde el diciendo.
pupitre. —¿Y qué hacemos mientras tanto?
—¡Hola, buenos días! —me saluda —Esperar tranquilamente.
antes de tomar asiento—. ¿Has traído más —No. Iremos esta tarde a tu casa y lo
páginas? leeremos en la pantalla.
—No. Hay un problema grave —le —¿Bromeas?
explico—. La impresora no funciona. Lucía
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—Lo digo muy en serio. Al fin y al cabo, que, irremediablemente, iremos juntos a
yo no tengo la culpa de que la maldita mi casa.
impresora no funcione. En la calle nos encontramos con Javier.
—Ni yo tampoco —protesto. —He invitado a Lucía a merendar —le
—¡Ya! digo.
Lo sabía. No sé por qué, pero lo sabía. Me mira con un gesto malicioso y
Al final yo soy el culpable de todo. contesta:
—Me invitas a merendar a tu casa y —Tened cuidado de que no os pillen.
con esa excusa, pues eso, nos colamos en —¿Qué dices? —le pregunto bastante
el despacho de tu padre. sorprendido.
Creo que ya lo he dicho en algún —Ya sabes tú a lo que me refiero.
momento, esta chica lo ve todo muy fácil. Mamá nos abre la puerta.
Y luego, claro, pasa lo que pasa y las cosas —Esta es mi amiga Lucía y la he
se complican. invitado a merendar, ¿te parece bien? —le
Y lo más curioso es que a ella parece explico.
que no le preocupa que las cosas se líen... —Claro que sí, hijo. Haces bien en traer
¿Cómo lo hará? a tus compañeras de clase —dice, dando
—Te agobias por todo —dice en este un beso a Lucía.
preciso momento—. Mira qué cara tienes, —Gracias, señora. César y yo nos
parece que te acaba de pasar un tren por sentamos en el mismo pupitre y somos
encima. muy buenos amigos.
—No te burles de mi —le imploro—. Si —¿Ah, sí? Pues no me había hablado
mi padre nos pilla mirando su ordenador, de ti. Es que es muy tímido con las chicas,
me mata. ¿sabes?
—No te preocupes, yo te defenderé — —Sí, ya lo sé. Me cuesta mucho trabajo
dice para consolarme. hacerle hablar.
Ella no lo sabe, pero paso el resto del Están hablando de mí ignorando mi
día muy preocupado. A la hora de salir, se presencia. Como si estuvieran hablando de
pega a mí como una sombra y comprendo otra persona.
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—Pues os voy a preparar una merienda Me da igual lo que digan, no pienso
que os vais a chupar los dedos —dice discutir.
mamá. —Venga, anda, sentaos a merendar,
—Si quiere la puedo ayudar, soy muy que yo tengo que ir a hacer un recado.
buena cocinera, ¿sabe? ¿Le he dicho ya Nos acomodamos en la mesa de la
que conozco a su marido? cocina. Han preparado sandwiches y
—¡No me digas! ¿Y cómo es eso? naranjada. Eso por lo menos me gusta.
—Estuvimos en un burger con él la otra Mamá se despide con la promesa de
tarde y nos habló del libro que está volver pronto. Parece que su recado será
escribiendo —dice Lucía. corto.
—¿Te refieres a «El libro invisible»? Lucía me lanza una mirada inocente de
—Sí..., ¿sabe usted que yo también voy esas que han engatusado a mamá, y se
a ser escritora? pone a comer.
Como para ellas soy un cero a la Como dos niños buenos, nos quedamos
izquierda, se van a la cocina y me dejan en la cocina tomando tranquilamente la
aquí, abandonado. merienda.
Entro en mi habitación, dejo la cartera Y como con la boca llena no se habla,
sobre la mesa y pongo un poco de orden. pues eso...
Por si acaso entra Lucía... —¡Ya he terminado! —dice finalmente
Después, me acerco a la habitación de Lucía, limpiándose la boca con la servilleta
papá y me asomo sigilosamente. No hay —. ¡Ha llegado el momento!
nadie y el ordenador está apagado. Yo tomo un larguísimo trago de
Vuelvo a cerrar la puerta y me acerco a naranjada y también hago uso de la
la cocina. servilleta.
—César, hijo —dice mamá—, tenías —Sígueme —le ordeno, poniéndome
que haber traído antes a Lucía. Es muy en pie.
simpática y te comprende muy bien. El despacho de papá está a oscuras
Lo que me faltaba por oír: ¡que Lucía pero no enciendo la luz. Con la que entra
me comprende! por la puerta consigo conectar el
—Sí, mamá —contesto dócilmente. ordenador.
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Poco a poco, voy abriendo programas, y ¡hala! ¡Qué maravilla! ¡Bah! Creo que es
ventanas, archivos, aplicaciones y cosas de un poco exagerada.
esas que tienen los ordenadores. —Espera, no corras tanto —dice,
—Eres un experto en informática — cogiéndome del brazo—. Pasa las páginas
dice Lucía con admiración. más despacio.... más despacio, por favor...
La verdad es que no lo había pensado, —O sea, siempre tienes prisa por leer y
pero ahora que lo dice... Creo que es mejor hoy, precisamente hoy, que estamos en
no desengañarla. peligro, me dices que no corra.
—Bueno, la verdad es que se me da —Tienes razón, pero esto... es
bastante bien. especial. Lo ha escrito un escritor.
—¡Ahí está! Arriba lo pone... —dice de Escucha:
repente, al ver el título de «El libro —¡Por aquí! —les dijo un hombre
invisible» en una lista de archivos. fuerte, de pelo largo y armado con un gran
—Ya voy, ya... —respondo manejando arco de madera, que se encontraba varios
el ratón. metros por delante—. ¡Seguidme!
En la pantalla aparece por fin lo que Hanna y Sigfrido se abstuvieron de
estamos buscando: «El libro invisible». Por hacer preguntas y lo siguieron entre
César Durango. árboles y matorrales. Durante horas
Lucía se queda pasmada, con los ojos caminaron en la oscuridad hasta que, al
muy abiertos, mirando la pantalla. llegar a la orilla de un río, el sol iluminó el
—¡Ahí va! ¡Es el libro! cielo con un bello color rosado.
—¿Qué pasa? ¿Es que nunca has visto —Creo que les hemos despistado —dijo
un libro en un ordenador? el extraño, tumbándose en el suelo
—¡No! ¡Jamás lo había visto! ¡Es completamente agotado—. Podemos
increíble! descansar un poco.
Con esta chica todo es muy raro. Llevo —¿Quién eres? —preguntó Hanna—.
toda la vida viendo los libros de mi padre ¿Por qué nos has ayudado?
en el ordenador y nunca me ha parecido —Me llamo Nasshan, soy cazador y
nada del otro mundo. Ahora llega esta loca suelo traerles alimentos. A mí no me harán
nada, pero si os cogen, estáis perdidos. No
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les gustan los extraños — explicó—. Por esa cueva era el único lugar del mundo
eso os he ayudado... Habéis tenido suerte para...
de que estuviera por aquí cerca. —No es verdad —interrumpió Nasshan
—¿Qué pasa en esa mina? —preguntó —. Hay otro sitio donde se pueden leer
Sigfrido. libros invisibles.
—Es un secreto —replicó el hombre—. —¿Dónde? —preguntaron
Nadie sabe quién ha creado esa cueva... ni ansiosamente los dos muchachos—
desde cuándo existe. ¿Dónde está?
—¿Por qué hay tantos esclavos y —Un poco lejos —contestó el cazador,
soldados? —quiso saber Hanna. señalando hacia el norte con una flecha—.
—No son esclavos, trabajan A dos días de aquí, río abajo.
voluntariamente para ayudar a los —Si nos llevas, te pagaremos bien —
escribientes. Esa gente tiene muchas ideas ofreció Hanna, sacando unas monedas de
y cosas que contar, por eso mantienen la oro del zurrón.
cueva iluminada de día y de noche, para —Venid conmigo, yo os llevaré —dijo,
que puedan escribir sin cesar — explicó poniéndose en pie, después de coger el
Nasshan, echándose agua a la cara—. Los dinero—. Iremos en mi barca.
soldados están allí para protegerlos de los Los jóvenes se dispusieron a seguirle
intrusos. pero, en ese momento, se desencadenó
—¿Ahí es dónde se hacen los libros? — una terrible tormenta y empezó a llover
preguntó Hanna con asombro. torrencialmente.
—Más o menos —respondió el cazador De repente, la potente voz de papá
después de reflexionar un poco, como si suena a mis espaldas, desde la puerta del
nunca hubiera pensado en ello—. ¿Qué despacho: —¿Qué hacéis aquí?
hacéis vosotros aquí?
Hanna y Sigfrido se miraron. 10
—Queremos leer un libro invisible —
dijo ella, golpeando el zurrón que llevaba —BUENAS noches, señor Durango —
colgando del hombro—. Nos dijeron que dice Lucía, reaccionando rápidamente.
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—¡Hola, papá! —digo, sacando mi Papá tampoco dice nada. Tamborilea
mejor sonrisa. con los dedos sobre la mesa. Parece
Papá no se mueve. Está en la puerta, bastante enfadado.
con los brazos cruzados, mirándonos —Nos gusta mucho su historia —dice
severamente. tímidamente mi amiga—. Si supiera usted
—Jovencitos, ¿me podéis explicar qué todo lo que hemos tenido que pasar para
buscáis en mi ordenador? —dice, seguirla, no se enfadaría con nosotros.
encendiendo la luz del despacho.
—Estamos tratando de saber si Hanna
y Sigfrido pueden leer el libro invisible —
responde Lucía con valentía.
Me parece que es ahora cuando
empieza la bronca en serio. De todas
formas, la culpa es mía, ya sabía yo que
nos pillarían.
—¿Y quién os ha dado permiso para
hacer lo que estáis haciendo? —pregunta
de nuevo.
—La culpa es mía, papá —digo,
sacando valor de no sé dónde.
—El no quería, pero yo le forcé —dice Papá levanta la vista y la mira con una
Lucía, viniendo en mi ayuda. extraña expresión.
—O sea, que los dos sois culpables, ¿no —Sí, señor —insiste ella—. Hemos
es así? tenido muchos problemas y ha sido todo
Papá entra en la habitación y se sienta muy difícil.
en su silla, ante el ordenador. —¿De qué hablas? —pregunta él de
—¿No sabéis que esto es secreto? repente.
Esta vez no respondemos, pero en —Pues eso, de que cuando empezamos
nuestra cara se nota que sí, que sabemos a leer la historia ya no pudimos dejarla, y
que es secreto. luego las cosas se complicaron.
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—¿Desde cuándo estáis leyendo «El —Pero a nosotros nos daba igual y
libro invisible»? Tardo un poco en seguíamos leyendo.
responder, pero finalmente me atrevo. —Sí, y nos lo hemos pasado muy bien.
—Casi desde el principio. —Ha sido como vivir una aventura de
—¿Durante todo este tiempo habéis verdad.
estado leyendo la historia a escondidas? — —Es que ha sido una aventura de
pregunta mi padre, absolutamente verdad —digo.
sorprendido. Tengo la impresión de que mientras
—Sí, señor —dice ella—, es una historia hablamos, las cosas mejoran. En ese
muy interesante... y divertida. momento, oímos que la puerta de la calle
—Y o le llevaba las páginas impresas al se abre.
colegio —explico—. Esta es la primera vez —¡Hola! —dice mamá alegremente—.
que venimos aquí. ¡Ya estoy aquí!
—Sí, señor, por culpa de la impresora. Unos segundos después, se asoma por
—Esto es increíble —dice él, el despacho de papá. Va a decir algo pero,
levantándose y llevándose las manos a la al ver el ambiente, su sonrisa desaparece.
cabeza. —¿Qué pasa? Parece que ha ocurrido
Sale del despacho. Nosotros no algo grave.
sabemos qué hacer, así que nos quedamos —Siéntate —dice mi padre—, escucha
quietos, sin decir una palabra. lo que han hecho los niños.
Un poco después, vuelve con una Ella entra y toma asiento. Cruza los
cerveza en la mano. brazos y espera pacientemente a que
—Estoy asombrado —dice mientras se alguien le cuente algo, pero nadie habla.
sienta—. Casi no me lo creo. Nadie sabe por dónde empezar.
—Pues es verdad. Y, además, hemos Finalmente, es papá el que en pocas
tenido pelea por culpa de «El libro palabras la pone al corriente de los hechos.
invisible» —continúa Lucía. Creo que se queda un poco
—Y se han burlado de nosotros —la desconcertada. Algo así como si no supiera
apoyo. qué hacer: si reír o llorar.
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—La culpa es toda mía —dice Lucía—. —¿Qué? —exclama mi padre, que no
Quiero ser escritora de mayor y le pedí a había contemplado esa posibilidad—.
César que... Espero que no..., ¿verdad, chicos?
—También es culpa mía —digo. —Sólo las hemos leído nosotros —se
Papá levanta la mano para que me rebela Lucía—. Nunca se nos habría
calle. ocurrido hacer eso que dice Javier.
—Pero... ¿por qué no me lo dijiste —Papá, te juro que sólo queríamos
desde el principio? —pregunta papá—. Yo leerlo, nada más.
os hubiera... —Pues es muy raro —dice Javier—.
Suena el timbre. Debe ser Javier. Nunca te han interesado los libros de papá.
Mamá se levanta a abrir la puerta y Este debe ser el primero que lees.
vuelve un poco después con mi hermano. —Para que lo sepas, le ha gustado
—¿Todavía estás aquí? —dice mi mucho —me defiende Lucía—. Le gusta
hermano al ver a Lucía—. ¿Pasa algo? mucho lo que escribe tu padre.
Entra también en el despacho y se sienta —¿De verdad? —pregunta papá.
con nosotros. —Bueno, la verdad es que «El libro
—¿Cuál es el motivo de esta reunión invisible» me ha gustado mucho... Me
familiar? —pregunta en plan simpático—. parece una historia interesante y estoy
¿Es que nos ha tocado la lotería? deseando conocer el final.
Papá se pone en pie y comienza a Papá me mira sorprendido. Creo que
hablar: no se imaginaba mi respuesta.
—Pues mira, estos dos jovencitos —Me parece que debe ser un poco
llevan meses sacando secretamente de mi tarde para Lucía —dice mamá en ese
ordenador las páginas de «El libro momento—. En su casa estarán un poco
invisible». inquietos.
Javier nos mira con una expresión que —¿Puedo acompañarla? —digo—. Es
dice claramente que él ya lo veía venir y que vive un poco lejos y...
que ya me había avisado. —No os preocupéis —dice mi padre—,
—¿Las has vendido? —pregunta. yo os llevaré en el coche.
47
Por una vez, todo el mundo está de
acuerdo. Después de las despedidas y de ALGUNAS semanas después, mientras
la promesa de que Lucía vendrá a menudo desayunamos, mamá me dice: —César,
por casa, nos vamos. papá quiere hablar contigo.
Me resulta curioso ver cómo mamá y —¿Conmigo? —pregunto un poco
Lucía han hecho tan buenas migas. extrañado.
Ya en el coche, Lucía vuelve a la carga —Sí, me ha comentado que, a lo mejor,
con su tema favorito: —¿Es muy difícil ser nos quedamos también el año que viene
escritor? —le pregunta a mi padre. en esta casa. Creo que ya no tiene muchas
—Lo difícil es responder a tus ganas de seguir viajando.
preguntas —dice éste, en tono de broma. —¿Quieres decir que nos vamos a
—Usted no responde nunca —continúa quedar aquí para siempre? —digo,
Lucía—. No nos ha querido decir cómo absolutamente emocionado.
termina «El libro invisible». —Posiblemente —dice ella—,
—¿Quieres saberlo? ¿O prefieres posiblemente.
esperar a que salga el libro y lo puedas —¿Cuándo te lo ha dicho? ¿Crees que
leer tú misma? va en serio?
Lucía y yo nos miramos sorprendidos. —No sé, pregúntaselo tú mismo. Está
—Si queréis —dice él—, os lo digo. en el cuarto de baño. Termino mi desayuno
—Tenemos muchas ganas de saberlo justo cuando sale del servicio.
—dice Lucía, dominada por la impaciencia. —Papá —le digo—, me ha contado
—Pero esperaremos a que publiques el mamá que nos vamos a quedar aquí para
libro —digo, interrumpiendo a mi amiga. siempre.
—Haremos algo mejor —dice papá, Me mira un poco sorprendido.
deteniendo el coche ante el portal de Lucía —¿Eso te ha dicho?
—. En cuanto se publique, haremos —Sí, ahora mismo. En la cocina.
una fiesta para celebrarlo, y seréis los —Pues si lo dice mamá, será verdad.
primeros en leerlo. ¿No te parece?
¡Yupiiii! Doy un salto y me abrazo a su
11 cuello.
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—Papá, te quiero —le digo al oído. poder darle una buena noticia. Pero
—Lo sé, hijo, lo sé. alguien se interpone en mi camino.
—Venga, que va es hora de irse al —¿Dónde vas tan deprisa?
colegio —dice mamá—. Tu hermano Javier Es Lorenzo. Me impide el paso y está
ya se ha ido hace un rato. con sus amigos.
Voy a mi habitación a coger el anorak y —Hoy no tienes a nadie que te
la cartera. defienda, ¿eh?
—Por cierto —dice papá, después de —Dejadme en paz —les digo—. No
darme el beso de despedida—, ¿qué tal quiero problemas.
está Lucía? —Pues entonces no vuelvas a este
—Bien. Ha escrito un cuento y lo ha colegio.
presentado a un concurso del colegio. A lo Aquí no te queremos —insiste. Y me da
mejor gana. un empujón... Y otro....
—¿Por qué no hacemos una cosa? — Todo el mundo me mira. Si permito
propone—. Voy a buscaros esta tarde, a la que esto siga así me tendré que ir de aquí,
salida de clase, y nos tomamos algo juntos. nadie me respetará. Creo que ha llegado el
—¿Esta tarde? ¿De verdad? momento de arreglar las cosas.
—Si quieres... —No me sigas empujando —le ordeno.
—Podemos quedar en la heladería que —Vete de aquí —repite—. No te
hay enfrente del colegio. Papá asiente con queremos en este colegio.
la cabeza. —Creo que haré algo mejor —contesto
—Voy a contárselo a Lucía, se pondrá —. Me quedaré en el colegio este año, el
muy contenta. que viene, el otro, y el otro..., y todos los
Salgo a la calle y echo a correr. Hace que yo quiera.
un día lluvioso pero a mí me da igual —Te vamos a hacer la vida imposible
porque es el día más feliz de mi vida, y —me amenaza Lorenzo.
aunque cayeran truenos y lloviera granizo —Sí, te quitaremos las ganas de
del gordo, me importaría un comino. quedarte aquí —dice uno de los suyos.
Llego al colegio y entro rápidamente —Esto lo vamos a arreglar aquí ahora
en busca de mi amiga. Estoy contento de mismo —les advierto.
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Lorenzo no cree lo que acaba de oír. —¡Júralo! ¡Júralo! —insisto,
Aprovecho la sorpresa, doy un paso acercándome más.
adelante y me quito el anorak, tirándolo al —Está bien, está bien... Te dejaremos
suelo con la cartera. en paz —promete. Pero a mí no me parece
—¡Aquí estoy! —grito—. ¡Venga, suficiente.
venga...! Los otros dan un paso atrás. —¡Quiero que lo jures!
—¡Vamos, valientes! ¡Sois tres contra —Vale, vale, lo juro —declara
uno! ¿Es que me tenéis miedo? Estoy finalmente, levanta las manos en señal de
furioso. Y creo que se han dado cuenta. paz y se pierde entre los chicos y chicas
—¡Estoy solo y no os tengo miedo! — que nos rodean.
insisto—. ¿A quién vais a hacer vosotros la Me tiemblan las piernas, las manos y
vida imposible? ¿Eh? las orejas. El corazón va a mil por hora y
Pero no reaccionan. Resulta que no son estoy a punto de desmayarme o algo así.
tan valientes como parecían. Tengo la garganta seca y no podría decir ni
—Bueno, bueno, tampoco es para una sola palabra.
ponerse así —dice de repente Lorenzo al Aún no sé de dónde he sacado tanto
ver que la cosa no resulta como él había valor.
pensado. —Te has portado como un héroe —dice
Y, poco a poco, empiezan a retroceder. alguien. Giro la cabeza y encuentro a
Por un momento, estoy a punto de Lucía.
dejar el asunto así, pero enseguida —Lo he visto todo —dice—. Y estoy
reacciono y me dirijo hacia Lorenzo. Me orgullosa de ti.
planto ante él y le impido el paso. No puedo responder, pero agradezco
—Jura ahora mismo que no me vas a sus palabras. Silenciosamente, nos
seguir molestando... ¡Júralo! dirigimos a clase. Nos sentamos en nuestro
Mira hacia sus amigos, pero se ha pupitre y, un poco más tarde, le paso una
quedado solo. nota que dice: «Mi padre nos invita a un
—O lo juras, o te aseguro que... helado esta tarde.»
—Bueno, hombre... —empieza a decir
—. Si te pones así...
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—Me alegro mucho —dice muy bajito, —¡Hola, chicos! —responde él mientras
después de leer el mensaje—. Nos lo nos sentamos. Me doy cuenta de que tiene
pasaremos bien. la mesa llena de hojas.
Parece que las cosas han mejorado —¿Has estado escribiendo? —le
este año. Por primera vez me siento pregunto.
contento de estar en el colegio. Y creo que —Sí, llevo aquí toda la tarde y, la
le debo mucho a Lucia... verdad, ha sido una sesión bastante
Cuando la clase termina, Lucía y yo productiva.
somos los primeros en salir. Bajamos las Lucía y yo nos miramos. En realidad,
escaleras, cruzamos el patio y llegamos a nos morimos de ganas de preguntarle por
la heladería en un abrir y cerrar de ojos. «El libro invisible», pero nos
aguantamos.
—¿Qué van a tomar los señores? —
pregunta en ese momento el camarero
antipático.
—Lo de siempre, ya sabe: dos helados
de vainilla con una guinda en cada uno —
le ordeno.
—Comprendido.
—Sobre todo, no se olvide de las
guindas, es muy importante —insisto con
un poco de ironía.
El hombre está a punto de retirarse
cuando papá interviene: —Yo también
quiero otro —le pide—. Y también lo quiero
Papá está sentado en una mesa, al con guinda, ¿entiende?
lado de la cristalera. —Sí, señor.
—¡Buenas tardes, señor Durango! — Cuando nos quedamos solos, papá me
saluda Lucía. guiña un ojo.
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—¿Queréis que os lea lo que he escrito alrededor, pasaban personas que
hoy? transportaban libros.
—¡Claro que sí! —exclama Lucía Docenas de hombres y mujeres se
emocionada. esmeraban en organizar libros de toda
—Sí, sí nos gustaría —digo. clase. Los clasificaban y después los
Papá sonríe de satisfacción, coge sus archivaban en grandes cobertizos de
papeles y los ordena. madera en cuyas larguísimas estanterías
—Bien, pues prestad mucha atención: quedaban almacenados hasta que alguien
Dos días después, Hanna, Sigfrido y venía a pedir alguno para leerlo. La
Nasshan desembarcaron en la orilla de un gigantesca biblioteca formaba parte del
río ancho y turbulento. El cazador los había paisaje en aquel valle tranquilo y solitario.
llevado hasta un valle situado entre —Éste es el valle de los libros —explicó
grandes montañas verdes. uno de los ancianos—. Aquí guardamos
—Este es el lugar del que os hablé — todos los ejemplares que caen en nuestras
dijo el cazador—. Aquí no hay peligro para manos.
vosotros y podréis resolver vuestro —¿Para qué los queréis? —preguntó el
enigma. Que tengáis suerte. paje.
Después de despedirse calurosamente, —Para que no se pierdan —respondió
Nasshan alejó la barca de la orilla y, —. Para que todo el mundo pueda leerlos
remando con fuerza, desapareció entre la algún día.
bruma de la mañana. —Este es el libro del que os he hablado
Los chicos se quedaron quietos hasta —dijo la princesa, abriendo el zurrón de
que la niebla se disipó. Entonces, dos piel—. Hace meses que lo tengo y estoy
hombres de barba blanca salieron a su deseando leerlo.
encuentro. Con amables palabras les Un anciano extendió la mano cogió el
dieron la bienvenida y les invitaron a tomo, lo sopesó, lo tanteó y, de reflexionar
sentarse bajo un gran olmo centenario. un poco, dijo: —Si, no cabe duda, es el libro
Tranquilamente, Hanna les explicó el invisible que se escribió hace siglos en el
motivo de su expedición mientras, a su reino de Navar. Lo hemos buscado por
todas partes pero no logramos dar con él.
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Nadie lo ha leído... Has encontrado una y continuaba, de manera que se bebieron
joya. el contenido del manuscrito como si se
—¿Por qué es invisible? —preguntó tratase de una bebida especialmente
Sigfrido. creada para compartir y que, a cada sorbo,
—No tiene nada de extraño, en les resultaba más y más apetecible.
realidad, todos los libros son invisibles A la puesta de sol, los ancianos se
hasta que alguien los lee..., ¿entiendes? — acercaron al olmo que proyectaba su
explicó pacientemente el más anciano—. sombra sobre los dos lectores. Habían
Los libros se hacen visibles mientras son terminado la lectura.
leídos. Después, se colocan en estanterías —¿Ha valido la pena? —les
o se guardan en armarios y vuelven a ser preguntaron.
invisibles. Lo importante es que alguien Hanna y Sigfrido se levantaron con el
quiera leerlos. libro aún abierto.
—Sí, y éste ha tenido la suerte de caer —Ha sido lo más apasionante que ha
en vuestras manos —dijo el otro—. Este ocurrido en mi vida —dijo la princesa.
libro dejará de ser invisible durante el —Creo que vamos a buscar más libros
tiempo que vosotros queráis. invisibles —dijo el paje—. Debe haber
Y dicho esto, los dos hombres se muchos.
retiraron y dejaron a los dos amigos bajo el —Es una buena idea —explicó el
árbol. Desde lejos vieron como, anciano mayor—. Hay muchos libros
mágicamente, entre las manos de Hanna perdidos esperando que alguien los
aparecía un libro de color azul. Después de encuentre.
admirarlo, los dos amigos lo abrieron y... —¿Podremos venir aquí a leerlos? —
empezaron a leer. preguntó Hanna.
Durante horas estuvieron ocupados en —Naturalmente, siempre será una
la lectura disfrutando intensamente hasta ayuda contar con vosotros —dijo el otro
la última línea. Se olvidaron de todo lo que hombre—. A este lugar vienen lectores de
les rodeaba, incluso de comer. Se todo el mundo en busca de libros que
turnaban, y cuando uno se cansaba de apenas se conocen.
recitar en voz alta, el otro tomaba el relevo
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—Dejaremos nuestro libro aquí, en este —Gracias —murmuramos los tres a la
valle —dijo la princesa—. Así, otros podrán vez.
disfrutarlo. Es un helado espectacular. Tiene más
Los ancianos se miraron y, después de chocolate que la otra vez y la copa me
sonreír, se despidieron de los dos jóvenes. parece aún mayor. Va a ser el mejor
Al día siguiente, apenas salió el sol, helado de mi vida. Lucía me mira y noto
Hanna y Sigfrido reemprendieron el camino que también está alucinada.
de regreso. Tras varios días de viaje, —Es magnífico —dice.
llegaron finalmente al castillo. El rey, que —¡Impresionante! —digo.
los esperaba con impaciencia, escuchó —¡Es una locura! —exclama papá.
atentamente su relato y, después de Y, sin decir ni una palabra más,
meditar profundamente, los perdonó. empezamos a comernos el helado...
Para evitar que volvieran a escaparse, pensando en «El libro invisible»... y en el
dio orden a todo el mundo de buscar libros valle de los libros... y en la cueva de los
invisibles y que éstos fuesen entregados escribientes... y en todos los libros que
directamente a la princesa Hanna. debe haber en el mundo... esperando ser
Organizó expediciones escoltadas por leídos.
soldados al valle de los libros y,
periódicamente, Hanna, Sigfrido y otros
amigos iban allí a depositar y a leer los
libros invisibles que la gente les entregaba.
Hanna y Sigfrido leyeron libros
apasionantes durante toda su vida, pero
nunca olvidaron el primer libro invisible
que les permitió vivir aquella increíble
historia.
—Aquí tienen: tres helados de vainilla
en copa grande con guinda en cada uno —
dice el camarero—. ¡Que aproveche!
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