N X
Antología de poesía
modernista
Karla Michelle Nevarez Gómez
Índice
Nota introductoria
I. La noche emerge
-Primer intermedio romántico, de Luis G. Urbina
II. La noche y la mortificación
-Para entonces, de Manuel Gutiérrez Nájera
-Nocturno, de Rubén Darío
-Rimas, de Salvador Díaz Mirón
III. La noche y el alma
-Viaje, de Alfonsina Storni
-Nocturno, Delmira Agustini
IV. La noche y el amor
-En la noche, de Francisco A. de Icaza
-Noche de lluvia, Juana de Ibarbourou
V. La noche y la creación
- La noche es la propicia, de Josè Martí
Bibliografía
El modernismo, fue un movimiento que surgió en latinoamèrica: sus
gestores pretendìan encontrar sus propias características estèticas, por
lo que consideraban que
FRANCISCO A. DE ICAZA
Francisco de Asís de Icaza y Beña fue escritor, ministro de México en
España y miembro de la Académica mexicana, entre muchos otros
cargos que obtuvo a lo largo de su vida. Nació en la Ciudad de México en
el año de 1863, y murió en Madrid en 1925. Escribió estudios acerca de
la historia de la literatura, de las Novelas ejemplares de Cervantes, a las
cuales les dedicó un libro, escribió también acerca de la historia de
México, pero, también, se dedicó a la poesía. Jorge Cuesta escribió
acerca de Icaza y su poesía en la Antología de la poesía mexicana
moderna, en la cual menciona que “cuando releemos sus versos,
creemos tener en nuestras manos la obra de un poeta español de muy
finales de fin de siglo…”1, lo que puede notarse en el poema que se
presenta a continuación: por el paisaje que describe que recuerda un
poco a Andalucía (como menciona Cuesta también) y por lo tanto,
recuerda al poeta andaluz por excelencia, Federico García Lorca 2.
Lo anterior, puede verse reflejado en el poema que se presenta a
continuación.
1
Cuesta, Jorge. Antología de la poesía mexicana moderna, (Lecturas mexicanas, 99), CFE/SEP, México, 1985,
p. 68
2
Cfr. Poema Andaluzas de Lorca, también menciona una luna roja y habla de un camino.
En la noche
Los árboles negros
la vereda blanca,
un pedazo de luna rojiza3
con rastros de sangre4 manchando las aguas
Los dos, cabizbajos,
prosiguen la marcha
con el mismo paso, en la misma línea,5
y siempre en silencio, y siempre en distancia.
Pero en la revuelta,
3
La importancia de los tres colores: los primeros dos, marcan polos opuestos que es interrumpido por el
rojo de la luna que se refleja en el lago.
4
Es una metáfora de color rojo de la luna. El color rojo puede simbolizar un posible indicio de muerte:
sangre que corre en el rìo, que fluye. Pero es un indicio que nunca se vuelve realidad.
5
Hay una reduplicación de la palabra “mismo”: el tono recuerda la repetición de los
movimientos de los caminantes, que van igual, ninguno se adelanta, y van al mismo
tiempo, en el mismo lugar, pero no están juntos de físicamente, cuerpo a cuerpo.
de la encrucijada,6
frente a la taberna, algunos borrachos
dan voces y cantan.7
Ella se le acerca,
sin hablar palabra
se aferra8 a su brazo,
y en medio del grupo, que los mira, pasan.
Después, como antes,
caen el brazo flojo y la mano lacia,
y aquellas dos sombras, un instante juntas,
de nuevo se apartan.9
Y así entre la noche
prosiguen su marcha
con el mismo ritmo, en la misma línea10,
y siempre en silencio y siempre a distancia. 11
6
Las palabras revuelta y encrucijada representan la interrupción del ritmo constante
que se había tenido antes en las imágenes del poema.
7
Interrumpen el silencio que, hasta ese momento, había permeado en la atmósfera.
Esas interrupciones son amenazas de que la calma se rompa, y por eso la mujer se
acerca al hombre, para tratar de recuperar la calma y la seguridad perdidas.
8
Se aferra a su brazo, pero, como mencioné anteriormente, se aferra a lo corporal
porque eso también está amenazado: lo tangible (cuerpo de ambos) lo intangible
(calma, tranquilidad)
9
Se recupera la seguridad anterior y es por eso que regresan al estado inicial:
separados, en silencio, aunque, eso no significa que sus espíritus estuvieran realmente
conectados.
10
Representa una monotonía recuperada.
11
“Y siempre en silencio, y siempre en distancia”, es un polisíndeton pues se repite la
conjunción y, de hecho no es el único momento del poema en que podemos encontrar
esta figura de repetición: se encuentra una vez anteriormente.
Comentario sobre el poema
En este poema, se presenta la noche como un paisaje, donde la luna es
una de las protagonistas que pinta el panorama con su color y crea una
atmósfera especial, en el paseo romántico entre dos personas que están
separadas por un espacio físico pero que están realmente unidas en lo
intangible.
Trata de reflejar el ritmo que llevan los amantes al caminar: es un ritmo
continuo, constante, que no se transforma más que una vez en todo el
poema. Por lo mismo utiliza algunas figuras de repetición; para
representar ese movimiento consecuente y lineal. En lo fonético, se
puede notar que posiblemente en la primera estrofa se utiliza mucho la
líquida para dar ese énfasis de fluencia que remite al movimiento
constante. Esa idea se rompe en la tercera estrofa, que es cuando se
encuentran a los borrachos, y utilizan más vibrantes que tal vez rompen
con la fluidez de la líquida que se presentó en la primera estrofa.
El paralelismo entre los cuerpos de los personajes, su caminar continuo
y el silencio, son interrumpidos por la aparición de aquellos hombres
borrachos en la escena: todo vuelve a la normalidad un poco después. Al
parecer, la irrupción de los hombres en la escena no es relevante, pero,
considero que sí lo es porque representa el momento en que nos damos
cuenta de que ellos en realidad nunca han estado separados, que si bien
lo han estado físicamente, en lo espiritual siempre han estado unidos: no
por nada van caminando solos por la noche y tratan de resguardarse
cuando ven su seguridad amenazada ante los hombres borrachos.
En cuanto a la forma, utiliza más versos heptasílabos, endecasílabos y
algunos dodecasílabos: son formas constantes, sin embargo, juega
mucho en sus combinaciones, por lo que puedo decir que no es una
forma tan cerrada; lo mismo pasa con la rima, que es libre y refleja esta
posibilidad de romper con las formas preestablecidas.
MANUEL GUTIÈRREZ NÀJERA
Manuel Gutiérrez Nájera, fue un poeta y periodista que nació en la
ciudad de México en el año de 1859 y murió, ahí mismo, en el año de
1895. Fue un escritor autodidacta que logró abrirse camino desde muy
joven en el mundo de las letras. Le gustaba utilizar pseudónimos; tuvo
varios a lo largo de su vida; por ejemplo: el Duque Job, Puck, Junius,
Recamier, el cura de Jalatlalco e Ignotus, 12 el más conocido fue el
primero.
El filólogo Rafael Luis Álvarez, menciona que Gutiérrez Nájera rescató
muchos elementos de la poesía francesa simbolista y decadentista:
12
Cfr. en Montes de Oca, Francisco. Poesía mexicana. (Sepan cuantos, 102), novena
edición, Editorial Porrúa, México, 2018, p. 403
entre esos elementos, está el deseo de morir y de escapar del mundo
materialista13, tal como se puede observa el poema que se presenta en
breve.
Para entonces
Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía14
y el alma un ave que remonta el vuelo.15
13
Cfr. p. 180-181
14
No le gustaría agonizar cuando muera.
15
Idea de liberar el alma del cuerpo que lo encarcela
No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes16
que el majestuoso tumbo de las olas.
Morir17 cuando la luz retira
sus áureas18 redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira:19
algo muy luminoso que se pierde.
Morir, y joven: antes que destruya20
el tiempo aleve la gentil corona,
cuando la vida dice aún: “Soy tuya”21,
aunque, sepamos bien que nos traiciona.
Comentario sobre el poema
El poema está compuesto de versos endecasílabos, a excepción de uno
en la tercera estrofa que es eneasílabo. Esto puede indicar también la
oportunidad que aprovechaban los modernistas para romper de repente
con la forma. La rima es alterna: ABAB. El acento recae a veces en 4, 8,
10 y a veces en 6 y 10.
16
Morir para dejar de sufrir y escuchar cómo los demás sufren: se refuerza la idea de
versos anteriores
17
Anáfora creada con la palabra morir
18
“parecido al oro o dorado”, “perteneciente o relativo al siglo o edad de oro”
19
Símil o comparación entre el sol y él mismo, quiere ser como una luz que se apaga, que deja de dar luz,
calor, y por lo tanto, deja de tener y crear vida.
20
Morir antes que todo se destruya, antes de que duela: reforzamiento de las ideas anteriores.
21
Esta expresión hacer referencia a que cuando uno es joven, se tiene una vida por delante, por lo que se
puede decir que la vida es suya, y todo lo que la vida le ofrece también.
Se puede encontrar mucho el intento de repetir una misma idea: por
ejemplo, menciona que quiere morir joven, y dice lo mismo
posteriormente pero con otras palabras cuando dice que quiere morir
antes de que el tiempo lo destruya o morir cuando aún la vida está por
delante y que puede declararla como suya: ahí hay un giro importante,
porque el poeta sabe que la vida es suya, que todo mundo a su
alrededor le ha inculcado que los jóvenes deben disfrutar la vida porque
les falta mucho por delante, pero, como sabemos, realmente un joven
puede morir sin necesidad de convertirse en viejo; además la traición
puede hacer referencia a que la vida promete dar todo, pero la promesa
puede no ser cumplida y dejar al poeta sin nada.
Se presenta entonces la mortificación con esa idea de aflicción y
angustia por el porvenir, por la posible falta y por el dolor que esto
implica, pero también, la mortificación en el sentido de su etimología,
pues la palabra mortificar viene del latín mortificare, que a su vez
proviene de mors, muerte y ficare/facere, hacer y significa hacer daño,
pero con la idea de hacerle daño a algo hasta matarlo: y en esta sentido,
es como si dijéramos que morimos poco a poco, en cada instante y
sufrimos por eso.
MANUEL JOSÉ OTHÓN
El poema que se presenta a continuación, está compuesto de seis
sonetos: son endecasílabos, con una rima ortodoxa ABBA en sus
primeras dos estrofas, excepto en el poema cuatro donde presenta
rimas ABBA, BAAB y el seis donde escribe ABAB, ABAB. En los tercetos
Idilio22 salvaje
¿Por qué a mi helada soledad viniste
cubierta con el último celaje
de un crepúsculo gris?... Mira el paisaje
árido y triste, inmensamente triste.
Si vienes del dolor y en él nutriste
tu corazón, bien vengas al salvaje
desierto, donde apenas un miraje
de lo que fue mi juventud existe.
Mas si acaso no vienes de tan lejos
y en tu alma aún del placer quedan los dejos,
puedes tornar a tu revuelto mundo.
Si no, ven a lavar tu ciprio manto
en el mar amarguísimo y profundo
de un triste amor, o de un inmenso llanto.
II
22
Poema bucólico de carácter amoroso.
Mira el paisaje: inmensidad abajo,
Inmensidad, inmensidad arriba;
En el hondo perfil, la sierra altiva
Al pie minada por el horrendo tajo.
Bloques gigantes que arrancó de cuajo
el terremoto de la roca viva;
y en aquella sabana pensativa
y adusta, ni una senda, ni un atajo.
Asoladora atmósfera candente,
do se incrustan las águilas serenas,
como clavos que se hunden lentamente.
Silencio, lobreguez, pavor tremendos
que viene sólo a interrumpir apenas
el galope triunfal de los berrendos.
III
En la estepa maldita, bajo el peso
de sibilante brisa que asesina.
irgues tu talla escultural y fina,
como un relieve con el confín impreso.
El viento, entre los médanos opreso,
canta cual una música divina,
y finge, bajo la húmeda neblina,
un infinito y solitario beso.
Vibran en el crepúsculo tus ojos,
un dardo negro de pasión y enojos
que en mi carne y mi espíritu se clava;
y, destacada contra el sol muriente,
como un airón, flotando inmensamente,
tu bruna cabellera de india brava.
IV
La llanada amarguísima y salobre,
enjuta cuenca de océano muerto
y en la gris lontananza, como puerto,
el peñascal, desamparado y pobre.
Unta la tarde en mi semblante yerto
aterradora lobreguez, y sobre
tu piel, tostada por el sol, el cobre
y el sepia de las rocas del desierto.
Y en el regazo donde sombra eterna,
del peñascal bajo la enorme arruga,
es para nuestro amor nido y caverna,
las lianas de tu cuerpo retorcidas
en el torso viril que te subyuga,
con una gran palpitación de vidas.
¡Qué enferma y dolorida lontananza!
¡Qué inexorable y hosca la llanura!
Flota en todo el paisaje tal pavura,
como si fuera un campo de matanza.
Y la sombra que avanza… avanza, avanza,
parece, con su trágica envoltura,
el alma ingente, plena de amargura,
de los que han de morir sin esperanza.
Y allí estamos nosotros, oprimidos
por la angustia de todas las pasiones,
bajo el peso de todos los olvidos.
En un cielo de plomo, el sol ya muerto;
y en nuestros desgarrados corazones
¡el desierto, el desierto… y el desierto!
VI
¡Es mi adiós!... Allá vas, bruna y austera,
por las planicies que el bochorno escalda,
al verberar tu ardiente cabellera,
como una maldición, sobre tu espalda.
En mis desolaciones, ¿qué me espera?...
(ya apenas veo tu arrastrante falda)
una deshojazòn de primavera
y una eterna nostalgia de esmeralda.
El terremoto humano ha destruido
mi corazón y todo en èl expira.
¡Mal hayan el recuerdo y el olvido!
Aún te columbro y ya olvidé tu frente;
sólo, ¡ay!, tu espalda miro, cual se mira
lo que huye y se aleja eternamente.
LUIS G. URBINA
Primer intermedio romántico
Es diáfano23 el crepúsculo. Parece
de joyante cristal. Abre en el cielo
su ágata luminosa; y es un velo
en que el azul del lago desfallece.
En ámbares cloróticos decrece
la luz de sol; y ya en el terciopelo
de la penumbra, como la flor de hielo,
una pálida estrella se estremece.
Mientras las aves lentamente giran,
la sombra avanza que los oros merma,
y entre la cual las púrpuras espiran.
Yo dejo que mi espíritu se aduerma,
y me pongo a soñar en que me miran
tus ojos tristes de esmeralda enferma.
RUBÈN DARÌO
23
“Dicho de un cuerpo: que deja pasar a su través la luz casi en su totalidad
Nocturno
Silencio de la noche; doloroso silencio
nocturno… ¿Por qué el alma tiembla de tal manera?
Oigo el zumbido de mi sangre;
dentro de mi cráneo pasa una suave tormenta.
¡Insomnio! No poder dormir, y, sin embargo,
soñar. Ser la autopieza
de disección espiritual, ¡el auto-Hamlet!
Diluir mi tristeza
en un vino de noche:
en el maravilloso cristal de las tinieblas…
Y me digo: “¿A qué hora vendrá el alba?”
Se ha cerrado una puerta…
Ha pasado un transeúnte…
Ha dado el reloj tres horas… ¡Si será ella!
JOSÈ MARTÌ
La noche es la propicia
La noche es la propicia
amiga de los versos. Quebrantada,
como las mies bajo la trilla, nace
en las horas ruidosas la Poesía.
A la creación la oscuridad conviene-
Las serpientes de día entrelazadas
al pensamiento, duermen: las vilezas
nos causan más horror, vistas a solas.
Deja el silencio una impresión de altura:-
y con imperio pudoroso, tiende
por sobre el mundo el corazón sus alas.
¡Noche amiga, -noche creadora!:
más que el mar, más que el cielo, más que el ruido
de los volcanes, más que la tremenda
convulsión de la tierra, tu hermosura
sobre la tierra la rodilla encorva.
A la tarde con pasos majestuosos
por su puerta de acero entre la altiva
naturaleza, calla, y cubre el mundo,
la oscuridad fecunda de la noche:
surge el vapor de la fresca tierra;
pliegan sus bordes las cansadas hojas;
y en el ramaje azul tiemblan los nidos.
Como en un cesto de coral, sangrientas,
en el día, las bárbaras imágenes
frente al hombre, se estrujan: tienen miedo,
y en la taza de cráneo dolorido crujen las alas rotas de los cisnes
que duelen del dolor de su blancura.
¡Oh, cómo pesan en el alma triste
estas aves crecidas que le nacen
y mueren sin volar! ¡Flores de plumas
bajo los pobres versos, estas flores,
flores de funeral mortandad!
¿Dónde lo blanco
podrá, segura el ala abrir el vuelo?
¿Dónde no será crimen la hermosura?
Óleo sacerdotal unge las sienes
cuando el silencio de la noche empieza:
y como reina que se sienta, brilla
la majestad de hombre acorralada.
Vibra el mar, gozan las flores, se abre
al beso –de un creador que cruza
la sazonada mente: el frío invita
a la divinidad; y envuelve al mundo
la casta soledad, madre del verso.
SALVADOR DÌAZ MIRÒN
Rimas
El día con su manto
de vívidos colores,
inspira cosas dulces:
la risa y la ilusión.
Entonces la mirada
se inclina hacia las flores…
¡Las flores son los versos
que el prado canta al sol!
La noche con su sombra
que deja ardientes rastros,
inspira cosas graves:
la angustia y la oración.
Entonces la mirada
se eleva hacia los astros…
¡Los astros son los versos
que el cielo canta a Dios!
¿Qué pliegue su ala de oro
la tarde en el vacío;
que pasen por mi mente
las ondas del Cedrón;
que caiga de la nube
la gota de rocío;
que radien las estrellas,
¡que trine el ruiseñor!
ALFONSINA STORNI
Viaje
Hoy me mira la luna
blanca y desmesurada.
Es la misma de anoche,
la misma de mañana.
Pero es otra, que nunca
fue tan grande y tan pàlida.
Tiemblo como las luces
tiemblan sobre las aguas.
Tiemblo como en los ojos
suelen temblar las làgrimas.
Tiemblo como en las carnes
suele temblar el alma.
¡Oh! la luna ha movido
sus dos labios de plata.
¡Oh! la luna me ha dicho
las tres viejas palabras:
“Muerte, amor y misterio…”
¡Oh!, mis carnes se acaban!
Sobre las carnes muertas
alma mía se enarca.
Alma, gato nocturno
sobre la luna salta.
Va por los cielos largos
triste y acurrucada.
Va por los cielos altos
sobre la luna blanca.
DELMIRA AGUSTINI
Nocturno
Engarzado en la noche el lago de tu alma,
diríase una tela de cristal y de calma
tramada por las grandes arañas del desvelo.
Nata de agua lustral en vaso de alabastros;
espejo de pureza que abrillantas los astros
y reflejas la cima de la Vida en un cielo…
Yo soy el cisne errante de los sangrientos rastros,
voy manchando los lagos y remontando el vuelo.
JUANA DE IBARBOUROU
Noche de lluvia
Llueve… espera, no te duermas,
estate atento a lo que dice el viento
y a lo que dice el agua que golpea
con sus dedos menudos en los vidrios.
Todo mi corazón se vuelve oídos
para escuchar a la hechizada hermana,
que ha dormido en el cielo,
que ha visto al sol de cerca,
y baja ahora elástica y alegre
de la mano del viento,
igual que una viajera
que torna de un país de maravilla.
¡Cómo estará de alegre el trigo ondeante!
¡Con qué avidez se esponjará a hierba!
¡Cuántos diamantes colgarán ahora
del ramaje profundo de los pinos!
Espera, no te duermas,
Escuchemos
el ritmo de la lluvia.
Apoya entre mis senos
tu frente taciturna.
Yo sentiré el latir de tus dos sienes
Palpitantes y tibias,
Como si fueran dos martillos vivos
Que golpearan mi carne.
Espera, no te duermas.
Esta noche
somos los dos un mundo
aislados por el viento y por la lluvia
entre la cuenca tibia de una alcoba.
Espera, no te duermas.
Esta noche
somos acaso la raíz suprema
de donde debe germinar mañana
el tronco bello de una raza nueva.
Bibliografía
*Nota: Todas las definiciones presentadas a lo largo de la obra, fueron
tomadas del diccionario de la Real Academia Española.
Todas las notas biografías que se presentan al inicio de cada poema,
están basadas en las biografías escritas en la antología Poesía mexicana
de Francisco Montes de Oca, en la Antología de la poesía mexicana
moderna de Jorge Cuesta y en algunos artículos que hablan un poco
acerca de la vida de los poetas.
Cuesta, Jorge. Antología de la poesía mexicana moderna. (Lecturas
mexicanas, 99), Fondo de Cultura Económica y Secretaría de
Educación Pública, México, 1985, 247 p.
Montes de Oca, Francisco. Poesìa mexicana. (Sepan cuantos, 102),
novena edición, Editorial Porrùa, Mèxico, Mèxico, 2018, 431 p.