“Tipos de prostitución”
Voluntaria: Se da cuando una persona adulta decide dedicarse a prestar servicios sexuales para
obtener un lucro. Si este lucro no es compartido con ninguna persona, entonces, es un ejercicio libre
de la voluntad.
Involuntaria: Aquellas personas que son sometidas y obligadas a ejercer el oficio de prostitución
mediante el proxenetismo o trata están en una peor situación: son maltratadas física y
psicológicamente, torturadas, amenazadas y no disponen de libertad.
Prostitución clásica: Este tipo de prostitución incluye a las mujeres más desprovistas de capitales,
es decir, aquellas que acumulan todas las desventajas (económicas, sociales, culturales, familiares,
psicológicas), entran dentro del mundo de la prostitución a una edad muy temprana tras haber
tenido una infancia difícil. Estos determinantes las llevan a una situación limite en la cual no
encuentran una salida convencional. Se familiarizan rápidamente con el mundo de la prostitución o
alguien les ayuda a entrar en contacto con él y comienzan un itinerario del que esperan escapar
algún día.
Económica: Este tipo de prostitución incluye a las mujeres que no están mal dotadas de capitales,
pero que, en algún momento dado por alguna circunstancia, se ve afectada por una grave carencia
de los recursos económicos, valora las alternativas que hay a su alcance y opta por la prostitución,
son mujeres que confían en recuperar la normalidad cuando cambien las circunstancias.
Callejera: La mujer que ejerce esta actividad generalmente va ataviada con prendas provocadoras,
ajustadas o reveladoras. Se las puede ver en lugares públicos como esquinas, plazas, parques, o
mientras camina por avenidas o calles. Por lo general esperan hasta que el cliente inicie el contacto
con ellas y posteriormente se comienza la negociación. Normalmente las actividades se realizan en
el vehículo del cliente, en un sitio apartado o en algún hotel de baja categoría cercano al lugar de
encuentro. Esta categoría de prostitución es la que conlleva más peligros y riesgos para las
ejecutantes; debido a que se encuentran en la calle y están expuestas a delincuentes o cualquier
tipo de agresión violenta. También es considerada la que más riesgos de tipo sanitario conlleva.
En burdeles: En algunos casos en el establecimiento no hay ninguna relación formal entre la
prostituta y el local. Por costumbre, los clientes van a sabiendas de la alta concentración de
prostitutas, y viceversa. En otros casos, el local y la prostituta tienen una relación establecida entre
ambos, a cambio de un salario mínimo o de una comisión en las bebidas que le invitan. Ella debe
cumplir con un mínimo de normas de la casa, como por ejemplo ir a "trabajar" un mínimo de días a
la semana y cumplir con un horario mínimo. En ambos casos la prostituta termina su jornada en
cuanto consigue un cliente dispuesto a contratar sus servicios.
Escorts: es una persona que actúa como acompañante remunerado, es decir, alguien a quien un
cliente paga por acudir con él o ella a reuniones, fiestas, salidas a otra ciudad, etc. La contratación
puede incluir o no sexo. El interés de contratar a un o una escort es que se trata de alguien con un
gran atractivo sexual, pero también intelectual: frecuentemente son personas con un alto nivel
educativo, por lo que resultan una compañía exquisita. Los servicios de escort o chicas de compañía
se diferencian de otras formas de prostitución en que las actividades sexuales no están publicitadas
explícitamente como incluidas en el servicio. El pago está asociado al tiempo y compañía de la
escort. Sin embargo, es habitual la expectativa de que las actividades sexuales están incluidas. Las
escort pueden ser independientes o trabajar para una agencia. Los servicios se suelen publicitar en
Internet, en publicaciones regionales o guías telefónicas.
Gigoló: Un gigoló es un hombre que se ofrece a una mujer a cambio de dinero. Normalmente la
mujer es de mayor edad y el intercambio entre ambos tiene una finalidad sexual. El gigoló es
generalmente un hombre joven de buena apariencia física y que se dedica profesionalmente a las
mujeres, con el fin de obtener una gratificación económica, así como regalos y atenciones diversas.
“Los criterios más relevantes para clasificar los mercados del trabajo sexual son siete”
Primer criterio (“Tipo de servicio”): Por servicio sexual directo se entiende que se está vendiendo
un tipo de contacto físico de naturaleza sexual. Cuando el intercambio sexual no involucra contacto
físico se habla de servicios sexuales indirectos como el striptease, las líneas telefónicas sexuales, la
pornografía, el baile exótico, etc.
Segundo criterio (“Escenario”): En donde se solicita el acto sexual, puede ser en el propio espacio
público (calle o auto), en un hotel, o en algún tipo de local. Algunos autores han señalado que el
tipo de localización, afecta el tipo de servicio provisto. Por ejemplo: el servicio sexual ofrecido en la
calle suele ser de menos duración, es menos multifacético, escasamente recíproco y con ausencia
de elementos no sexuales como diálogo y afectividad.
Tercer criterio (“Carácter jurídico”): Mientras que en algunos casos como Suecia y varios estados
de [Link], la prostitución está prohibida o es ilegal; en otros países como Holanda y algunos estados
de Australia se ha apostado por la legalización de la prostitución.
Cuarto criterio (“Tipo y nivel de la tarifa”): Aunque la principal tarifa de las y los trabajadores
sexuales es el dinero, existe una amplia variación en sus tarifas. El nivel de las tarifas está asociado
al tipo de prostitución y al lugar de ejercicio. Este tipo de trabajos, aunque en menor medida,
también pueden ser intercambiados por comidas, transporte, regalos, pago de cuentas, etc.
Quinto criterio (“Dependencia laboral”): Por un lado, se encuentra la prostituta que trabaja
autónomamente como “empresaria” y en el otro la que trabaja como “empleada”. No obstante,
algunas investigaciones demuestran que las mujeres que trabajan para otros individuos muchas
veces pueden verse triplemente beneficiadas: trabajar menos, obtener mayores ingresos y sufrir
menores niveles de victimización.
Sexto criterio (“Grado de libertad”): Esta libertad involucra tanto la opción por dedicarse a este tipo
de trabajo (y poder abandonarlo), así como la definición de las condiciones de trabajo: cantidad de
horas, tipos de actos sexuales, tipos de clientes. En un extremo se encuentran trabajadoras sexuales
que por la vía de violencia, la amenaza y el engaño han sido reclutadas para el ejercicio de la
prostitución (trata). Estas mujeres carecen de autonomía y son sometidas a prácticas esclavistas en
términos de tipo de trabajo, extensión de la jornada, servidumbre por deuda, etc. En otro extremo
se encuentran las que ejercen la prostitución en forma libre y sin coerción. Hay matices donde se
vuelve más complejo identificar los grados de libertad existentes. Una mujer puede ejercer la
prostitución sin coerción o amenaza de coerción, pero contar con escasa libertad para optar por una
fuente alternativa de ingresos por razones externas (baja probabilidad de ser contratada por escaso
capital humano y social) y razones internas (creencias distorsionadas acerca de sus posibilidades de
desistimiento).
Séptimo criterio (“Condición del oferente”): Tanto en términos del sexo (mujer, hombre o
transexual), como de edad (adulto o menor de edad). La prostitución masculina suele iniciarse a una
edad más temprana, sufren menores niveles de coerción y violencia, poseen mayor control sobre
las condiciones de trabajo y suelen trabajar más esporádicamente. Los trabajadores sexuales
transexuales tienen más probabilidad de sufrir asaltos en el trabajo que sus contrapartes hombres.
Adicionalmente, parecen ocupar el lugar más bajo en la jerarquía del trabajo sexual, en tanto poseen
niveles mayores de infección de SIDA, utilizan las peores locaciones, obtienen menos dinero