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10 Leyendas de Guatemala

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EL SOMBRERON

Cuentan las leyendas que el sombrerón vio a una mujer que lo deslumbró con su
belleza, de ojos oscuros y pelo negro. Al verla no pudo resistirse y quiso enamorarla,
por lo que se acercó a su balcón y le cantó serenata. La mujer, a quienes en algunas
leyendas la llaman Celina, se enamoró de este pequeño hombre con esta angelical
voz a quien esperaba todos los días.
Celina dejo de comer esperando a la llegada del hombre con la voz melodiosa. Los
padres de Celina, preocupados, llaman a un sacerdote y al ver que este no podía
ayudarla, la llevaron a un convento. La muchacha murió de tristeza y el día del
velorio apareció el Sombrerón cantando y llorando de tristeza. Desde ese día,
cuentan las leyendas que se puede escuchar al Sombrerón cantar con su guitarra
en las noches y busca a mujeres de pelo negro y ojos oscuros. Se dice que para
ahuyentar al Sombrerón de una mujer a la que persigue, a esta se le debe de cortar
el pelo.
LA SIGUANABA

Cuenta la leyenda de la Siguanaba, que ella se originó hace mucho cuando una
mujer llamada Sihuehuet (que significa mujer hermosa) tuvo una relación con el hijo
de un Dios llamado Tlaloc, del cual se embarazó.

Cuando nació el bebé, Sihuehuet no era buena madre y no quiso cumplir con sus
obligaciones. Ella prefirió dejar todo y tener un amante del cual prefería estar más
con él. Cuando Tlaloc descubrió sus falencias, la maldijo de la siguiente manera:
Cuando ella esté lejos de las personas, sería una mujer bella; pero si ellos se la
acercaban, verían a una mujer muy horrible.
Hoy en día, esta leyenda continúa viva, y así se origina la Ciguanaba que, puede
parecer una mujer muy hermosa de lejos, y cuando estás cerca tiene una cara de
caballo o de una calavera. Ella persigue a los hombres infieles o que gustan
amanecerse en la calle. Gusta de atraer a los Hombres a los barrancos o a lugares
desiertos, para que perezcan al seguirla.

En otras versiones, la Siguanaba mata del susto a sus víctimas; pero si no muere y
logran escapar, se vuelven locos de por vida.
EL CADEJO

El Cadejo, según la tradición guatemalteca, es un perro protector de quienes beben


mucho alcohol. Aunque suena extraño, no creas que los ebrios la tienen tan fácil:
según la leyenda, hay dos tipos de cadejo: uno blanco que protege y uno negro que
maldice.
Aunque parecen perros, tienen los ojos rojizos, cascos de cabra y mucho pelaje. El
“bueno” deambula por las calles durante las madrugadas y ayuda a los borrachos a
encontrar el camino a casa sin que les suceda nada. Hay quienes dicen que hasta
cuida a niños que están solos por la noche.
El “malo”, sin embargo, tiene una mirada feroz y lame la boca de la persona y con
eso la maldice de forma en que nunca más vuelve a estar sobrio.
Por si fuera poco, queda condenado a que el cadejo lo aceche durante nueve días
seguidos hasta que finalmente muere.
Nadie puede tocar al cadejo, incluso algunos dicen que no lo llegan a ver, pero que
“sienten” su presencia y tienen la certeza de que está allí.
También es posible que ambos cadejos deambulen juntos y al toparse con un
borracho, luchan entre sí, uno para protegerlo y otro para atacarlo. El cadejo blanco,
sin embargo, nunca cuidará a una persona que se emborrache con malas
intenciones.
La creación del hombre, según los mayas
Un mito antropogénico narra la aparición del ser humano, quien puede ser creado
a partir de cualquier materia viva (planta o animal) o inerte (polvo, lodo o arcilla). Por
lo general, están vinculados a los mitos cosmogónicos.
LA TATUANA

Se dice que por haber sido acusada de brujería y encarcelada, la mujer se volvió
loca e hizo un pacto con el diablo. Este ser la liberó de la cárcel. Además, la condenó
a vagar eternamente sobre un barco en los días de lluvia.

Una de las versiones más antiguas, afirma que en la época colonial guatemalteca
existió una mujer joven y bella, de origen mulato. A esta la llamaban Tatuana, quien
disfrutaba de los placeres carnales y del lujo. Sus actitudes no eran bien vistas en
una sociedad como la de ese entonces.

Se acusó a la mujer de brujería y de hacer hechizos para atraer a los hombres.


Además se dijo que era codiciosa y no seguía los preceptos de la Iglesia. Esto dio
paso a que La Tatuana fuera juzgada por el tribunal de la Santa Inquisición y fue
condenada a muerte.
EL CARRUAJE DE LA MUERTE

Los abuelos relatan que, en las calles de los barrios coloniales, después de las ocho
de la noche, considerada la hora de las ánimas, los habitantes suelen escuchar
cómo un carruaje se arrastra con sus llantas chillantes.
Es guiado por grandes caballos negros, con pelo brillante, quienes van en busca de
las almas de los muertos. La leyenda indica que este carruaje se estaciona afuera
de las casas en las que una persona ha muerto, para llevarse su alma.
LA LLORONA
En un pueblo rural vivía una joven llamada María. Venía de una familia pobre, pero
era conocida en su pueblo por su belleza. Un día, un noble extremadamente rico
viajó por su pueblo. Se detuvo en su camino cuando vio a María. María estaba
encantada con él y a él le cautivó su belleza, así que cuando le propuso matrimonio,
ella aceptó inmediatamente. La familia de María estaba encantada de que se casara
con una familia rica, pero el padre del noble estaba muy decepcionado de que su
hijo se estuviera casando en la pobreza. María y su nuevo esposo construyeron una
casa en la aldea para estar lejos de su desaprobado padre. Finalmente, dio a luz a
dos hijos. Su esposo siempre estaba viajando y comenzó a dejar de pasar tiempo
con su familia. Cuando llegó a casa, sólo prestó atención a los hijos y, con el paso
del tiempo, María pudo darse cuenta de que su marido estaba perdiendo el amor
por ella. Un día, regresó a la aldea con una mujer más joven y se despidió de sus
hijos, ignorando a María.

María, enojada y herida, llevó a sus hijos a un río y los ahogó en una furia ciega. Se
dio cuenta de lo que había hecho y los buscó, pero el río ya se los había llevado.
Días después, fue encontrada muerta en la orilla del río.
Desafiada a las puertas del cielo por el paradero de sus hijos, no se le permite entrar
en la otra vida hasta que los encuentre. Atrapada entre la tierra de los vivos y los
muertos, pasa la eternidad buscando a sus hijos perdidos. Siempre se le oye llorar
por sus hijos, lo que le ha valido el nombre de “La Llorona”. Se dice que si la oyes
llorar, debes correr en sentido contrario. Si oyes sus gritos, podrían traer desgracia
o incluso la muerte. Muchos padres en Guatemala usan esta historia para asustar
a sus hijos y evitar que se queden hasta muy tarde. La Llorona secuestra a los niños
deambulando por la noche, confundiéndolos con los suyos. Pide perdón al cielo y
ahoga a los niños que secuestra, las personas que dicen haberla visto dicen que
aparece de noche o a última hora de la tarde en los ríos o lagos, vestida con una
bata blanca o negra con un velo.

Algunos creen que los que oyen los lamentos de La Llorona están marcados por la
muerte o la desgracia. Entre sus lamentos, se dice que grita: ¡Ay, mis hijos! Raspa
el fondo de los ríos y lagos, buscando a sus hijos. Se dice que cuando sus lamentos
suenan cerca, ella está realmente lejos y cuando suena distante, ella está realmente
muy cerca.
EL WIIN

En el Asintal, Retalhuleu, se relata que hay hombres que invocan al diablo en


rituales llevados a cabo en el cementerio de la localidad. Este consiste en oraciones
y danzas, en las que giran el cuerpo hacia delante y hacia atrás.

Cuando el diablo aparece, le puede conceder a la persona el don de la


transformación, para que le permita robar animales de patio, objetos de valor o
molestar a las mujeres, especialmente, a las solteras o a las casadas que se quedan
solas porque su esposo emigró. A ese hombre se le conoce como El Wiin. Algunos
lugareños lo han visto transformado en forma de perro, sentado en medio de la
carretera. Se le reconoce por sus ojos que no son de humano ni de animal, sino dos
bolas de fuego que atemorizan a quien lo ve.
LA LEYENDA XOCOMIL

En tiempos ancestrales, en el territorio de la actual Guatemala se hablaba el idioma


“kaqchikel”. Traducido a este peculiar lenguaje, Xocomil viene a decirnos que el
“pescado de las orillas del lago Atitlán es recogido por el viento”.
Según la leyenda, antes de que existiera el Lago de Atitlán, había 3 caudalosos ríos
que se unían entre sí justo en el centro de “Los Tres Gigantes”. Un idílico lugar de
gran belleza para la suerte de los aldeanos que habitaban en el lugar.
Cada mañana, la hija del cacique de la región venía hasta este punto para darse un
baño en el río, mientras disfrutaba del maravilloso paisaje. Su nombre era Citlatzin
que traducido a nuestro idioma significa Estrellita. Citlatzin era conocida en toda la
región por su gran belleza y por su dulce voz al cantar. Tan bonita era su voz que
los ríos estaban locamente enamorados de ella. Todos días, los ríos esperaban
ansiosos poder escucharla

A Citlatzin no le faltaban pretendientes y estaba prometida con el hijo de otro


cacique importante. Sin embargo, el amor lo encontró en un plebeyo, Tzilmiztli. Era
un amor imposible ya que en aquella época los nobles y los plebeyos tenían
totalmente prohibido tener algún tipo de relación. Aun así, el amor de ambos estaba
por encima de todo.
Cada día, los dos amantes se daban un baño en las cristalinas aguas de los ríos.
Con el tiempo, Citlatzin dejó de cantar. Los ríos, muy preocupados, preguntaron al
viento cuál era el motivo del repentino silencio de Citlatzin. Este le contó sobre su
relación con Tzilmiztli y los vientos se llenaron de furia.
Sus celos hicieron que los ríos acordaran con el viento que cuando Tzilmiztli se
introdujera en el agua, el viento lo empujara hacia lo más profundo de las aguas
hasta que el joven se ahogara. Querían deshacerse de él. Cuando la joven noble
vio lo que estaba sucediendo no se lo pensó y entró a las aguas para morir junto a
su amado. Cuando los ríos se dieron cuenta de lo ocurrido se enfurecieron aún más
y formaron unas corrientes por toda la región que dieron lugar al lago de Atitlán. El
viento que hoy en día sigue soplando de forma habitual es símbolo de que ambos
nunca olvidarán el pecado de Citlatzin.
Aunque la leyenda del Xocomil es una bonita historia de amor que explica el origen
del viento del Xocomil. Lo cierto es que es un fenómeno natural resultado de la
combinación de los vientos fríos y los vientos cálidos. Estos cambios de presión se
desplazan muy rápido generando fuertes turbulencias sobre el lago. Al estar
rodeado por montañas, el efecto es más fuerte. Esto ocurre por la tarde.
¡Ya sabes! Si tienes pensado visitarlo y quieres adentrarte en el lago, ten en cuenta
el oleaje antes de aventurarte ya que puede resultar peligroso.
EL HOMBRE DEL MÁS ALLÁ
Cuenta la historia de dos mujeres, madre y hija de escasos recurso y trabajos
sencillos; la hija vivía con el deseo de llegar a ser una mujer de sociedad y tramaba
la forma de tener dinero sin esfuerzo alguno. Una noche la hija estuvo a punto de
cumplir su sueño, pero por el egoísmo y la ambición del dueño del dinero enterrado
en secreto, la condenó por la eternidad y perdió la oportunidad de obtener su sueño.
Anteriormente, se acostumbraba a esconder los ahorros, enterrándolos y al morir la
persona, solo ella se llevaba el secreto de la ubicación del mismo, así que al
descubrir el dinero la señorita y ver sus malas intenciones el alma la condenó por la
eternidad.
LEYENDA DEL CURA SIN CABEZA
Esta leyenda afirma que en las iglesias abandonadas que hay en el país se aparece
durante las noches con luz de la luna un cura que, rodeado de incensio, celebra
misa, pero cuando las personas están lo suficientemente cerca, se dan cuenta que
no tiene cabeza.
Esta leyenda también es conocida como el sacerdote, Fraile o Padre sin cabeza, y
es fantasma que deambula por la noches, y que destaca por ser un sacerdote
católico vestido con sotana, pero sin cabeza.
Descripción de la foto para personas con discapacidad visual: Caricatura de un
hombre sin cabeza vestido con una sotana. (Créditos: mep.janium.net).
Asimismo, muchas personas afirman que durante las noches, cuando los templos
están vacíos, han escuchado en el interior de varios recintos católicos a un
sacerdote celebrando misa, también, en sitios donde se guardan tesoros.

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