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Corazon Con Tintes Negros

Mini novela sobre el amor y un giro inesperado

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Corazón de TinTes negros

Mi nombre es Ángel. No hay mucho de qué hablar de mí; esta no es


mi historia, es la historia de un amor que me llevó a la **orilla** de la
**vida y muerte**. Todo empezó en una **negra noche**. Me dirigí a
una tienda de pasteles para comprar uno porque simplemente tenía
un antojo después del trabajo. Justo al pasar la puerta, miré al
mostrador y ahí estaba ella: **era la mujer ideal**. Era hermosa, sus
ojos brillaban como la luz de la **luna llena** y su cabello era negro
como los **caminos sombríos** que atravesaba después del trabajo.
Lástima que para ella solo fui un cliente más. Con solo una mirada,
me imaginé toda una vida junto a ella.

Al día siguiente, decidí volver a aquella pastelería porque no podía


concentrarme en el trabajo ni en el gimnasio pensando en ella, en
aquella **mujer gentil**. Las cosas que me resultaban fáciles ahora
eran **imposibles**. Como no podía quedarme con la duda, fui a
buscarla a su trabajo. Cuando llegué, me atendió otra persona, así
que decidí preguntar por aquella mujer. El chico que me atendió me
miró raro por mostrar tanto interés por su compañera, pero no me iba
a dar por vencido. Me presenté y decidí preguntar **nuevamente**.
El chico me contestó: “Me temo que no podrá verla, porque por ser
**verano** le dieron vacaciones y ella regresó a su pueblo”. Después
de una larga plática, el chico me contó todo sobre ella; al parecer
eran amigos. Sé que sonará muy acosador de mi parte, pero decidí
emprender un viaje a su pueblo.
Después de un día entero en carretera, llegué a mi destino.
**Llegando a ese pueblo**, sentí una vibra extraña. Todas las
personas me miraban y sus miradas **transmitían** miedo y duda,
pero no le di importancia, pues yo tenía claro a quién iba a ver: la
mujer de mis sueños. Me animé a hablar con la gente del pueblo para
dar con su ubicación. La describí físicamente y no me fue difícil
encontrarla; incluso un anciano me llevó a la casa de la chica. Toqué
la puerta y ahí estaba, mi chica ideal. Mis ojos se volvieron
**sollozos**; no pensé que la volvería a encontrar tan rápido. Ella se
veía confundida, pero con una voz amable me dijo: “Eres Ángel, aquel
chico que atendí en mi trabajo”. Me quedé helado, mi piel se erizó;
eran las palabras más **impactantes** que me habían dicho. Pero no
me importó, pues estaba **intensamente** enamorado de ella y lo
ignoré. No tomé en cuenta lo extraño que era que una desconocida
supiera mi nombre cuando nunca se lo dije. Le conté que estaba
enamorado de ella y que había venido desde muy lejos para verla.
Me sonrió y me dio un beso. Obviamente le correspondí. Ella se
apartó y me dijo: “Perdóname por lo que hice, pero me emocioné
tanto de que alguien hiciera todo eso por mí”. Me quedé platicando
con ella hasta que oscureció, y como no había hoteles en ese
pequeño pueblo, me dijo que me quedara. Le dije que no podía hacer
eso, pero ella respondió: “No te preocupes, si es por **mi familia**,
vivo solo con mi madre”. “O espera, creo que ya sé por qué no puedes
quedarte: es porque soy una extraña”, dijo, y comenzó a llorar.

No entiendo cómo no me parecieron raras todas esas cosas en aquel


momento, pero como dije antes, estaba enamorado y la tenía
idealizada; era un sueño para mí. Me convenció y entré a su casa. Lo
primero que vi fue una **caja** con **cadenas** por todas partes. Ella
se dio cuenta de que me fijé en eso y, con una voz nerviosa, me dijo:
“No veas eso, no es de importancia; son algunas de mis cosas que
mi madre guardó por su seguridad”. Sé que esto a cualquiera le
hubiera resultado extraño y que hubiera salido de esa casa en cuanto
pudo, pero mi corazón solo sabía **amar intensamente** a ella,
mientras mi cabeza me decía que todo esto estaba mal y que debía
salir corriendo. De nuevo, ignoré todo. Me llevó a un cuarto para que
durmiera. Me dijo que si escuchaba ruidos, no saliera, que solo eran
unos ruidos de la **avenida** y que si veía unas **sombras**, solo
era su madre.

Al día siguiente, se repitió la rutina: solo platicamos, me dio


**comida** y dormí. Pasaron los días siempre igual, y yo seguía sin
conocer a su madre ni saber qué éramos, solo estar encerrado en
una casa vieja. No creí que tan rápido se me pasaría aquel amor que
juré tenerle; esos pensamientos tan lindos se iban desvaneciendo, la
rutina me agotó. Además, ella era muy extraña; hacía cosas que no
estaban bien, pero como en mi corazón la quería, nunca le decía
nada. De pronto, pasó lo peor, lo que hizo que rompiera mis **propios
límites**, inclusive los límites de cualquier persona, porque nadie
soportaría tal cosa. ¿Qué pasó? Aunque aún me duele y me cuesta
contarlo, lo haré por todos ustedes. Aquella chica de voz linda, mirada
tierna y sonrisa perfecta era un monstruo, una persona horrible y
enferma. Sinceramente sabía que algo malo tenía porque hay que
ser sinceros: ¿qué persona aceptaría estar con otra sin siquiera
conocerse?
Pero bueno, demasiada charla. Lo que sucedió fue que una noche
por fin conocí a su madre, pero no de la forma que me hubiera
gustado. En la madrugada, escuché unos ruidos muy extraños, así
que me quedé atento a lo que sucedía. Lo poco que pude escuchar
fue cómo discutía esa chica con su madre. Su madre le dijo con una
voz enojada y seca: “¿Todavía tienes a ese hombre aquí? ¿Cuántos
más, América, cuántos más tendrán que caer en tus sucias
mentiras?” Ella respondió: “Déjame, él me ama y yo lo amo y estaré
para siempre con él, ¡SIEMPRE!”. Su madre se quedó en silencio y
después contestó: “Hija, entiende, tú no estás bien. Todo el pueblo
sabe lo que hiciste con los otros muchachos, saben que eres una
asesina. Tú no amas a nadie, estás loca, estás enferma”. Ella, a
gritos, respondió: “¡La que está loca eres tú por no dejarme estar con
ellos! ¡Ellos me quieren, por eso tienen que quedarse para siempre
conmigo! Pero siempre los dejas irse y yo no puedo permitir que
lleguen a estar con otra mujer. Por eso hice lo que hice. Sabes que
ya me tienes harta; no me vas a arruinar mis planes con él”.

Después de escuchar todo esto, me quedé congelado, no sabía qué


hacer, entré en pánico y no podía hablar; estaba atrapado con una
psicópata. En eso, escuché cómo se desgarraba algo; era un sonido
horrible y asqueroso. No escuché gritos. Me armé de valor y salí de
aquel cuarto donde probablemente habían dormido muchas
personas más. Cuando abrí la puerta, vi la escena más asquerosa y
traumatizante de mi vida: su madre estaba tirada en el suelo con la
cara desgarrada y el pecho apuñalado. Casi me desmayaba, pero
pude mantenerme en pie, aunque sin poder hablar. En eso, ella volteó
a verme con su ropa, manos y cabello repletos de sangre. “¿Qué
pasa, cariño? ¿Ah, mi madre? Tranquilo, era lo que tenía que pasar,
ella no me dejaba ser feliz contigo, así que **murió**”. Congelado y
lleno de miedo respondí: “Me das asco, eres una enferma, déjame ir,
por favor, y no le diré a nadie, solo déjame ir”. Ella respondió: “¿Qué?
¿Cómo que irte, corazón? Tú no puedes hacerme eso, tú me amas,
tú lo dijiste, por algo viajaste de tan lejos solo para verme, ¡ME AMAS!
No me puedes dejar”. “No, no te amo, ESTÁS LOCA, nunca te amaré,
no sé cómo pude ignorar tantas cosas raras de ti”. Ella dijo:
“Entonces, si no me amas, tendré que arrancarte el corazón para que
nunca puedas sentir amor por otra chica que no sea yo”. De pronto,
algo me golpeó la cabeza y cuando desperté, estaba en la sala donde
todo había sucedido. Ella estaba frente a mí con una sonrisa. Lo
único que hice fue levantarme, agarrar mis cosas e irme de ese lugar
tan asqueroso. Casualmente, ella no hizo nada; lo único que hizo fue
levantar a su madre y acomodarla en un sillón. Yo ni siquiera podía
hablar, mi cerebro no procesaba todo lo que estaba pasando, solo
salí. Me di la vuelta y ahí estaba ella con una sonrisa y de pronto, con
su voz dulce y amable, me dijo: “Gracias por todo, Ángel”, mientras
le tomaba la mano al cadáver de su madre para decirme adiós.

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