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Guía Esencial para la Reforestación

solo hay tres meses para plantar arboles no más
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SUBSECRETARIA FORESTAL

UNIVERSIDAD AUTONOMA CHAPINGO

Guía Básica de la Reforestación.

José Ángel Prieto Ruíz


Alejandro Sánchez Vélez
PROGRAMA NACIONAL DE REFORESTACIÓN
SEPTIEMBRE DE 1991
SUBSECRETARIA FORESTAL

UNIVERSIDAD AUTONOMA CHAPINGO

Guía Básica de la Reforestación.

José Ángel Prieto Ruíz


Alejandro Sánchez Vélez
PROGRAMA NACIONAL DE REFORESTACIÓN

SEPTIEMBRE DE 1991

2
SUBSECRETARIA FORESTAL

UNIVERSIDAD AUTONOMA CHAPINGO

Guía Básica de la Reforestación.

José Ángel Prieto Ruíz*


Alejandro Sánchez Vélez**

* Investigador del CIFAP – Durango, del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales y


Agropecuarias y Becario del CONACYT.
** Maestro en Ciencias, profesor de la División de Ciencias Forestales de la UACh e
Investigador Nacional del SIN.

3
Edición y Revisión Técnica.
Dr. Hugo Ramírez Maldonado.
Dr. Santos Martínez Tenorio.
MC. Dante A. Rodríguez Trejo.

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA CHAPINGO


Primera edición en español 1991
ISBN 968 - 884 – I50 – I
[Link] Universidad Autónoma Chapingo.
Carretera México – Texcoco Km 38.5

Impreso en México

4
PRESENTACIÓN

La Subsecretaria Forestal ha convocado a los gobiernos estatales y municipales, instituciones


de enseñanza y a particulares a integrarse a su Programa Nacional de Reforestación. En este
marco de cooperación se han emprendido diversas acciones a nivel nacional para lograr mayor
eficiencia y participación en este proyecto. Es así como la Universidad Autónoma Chapingo
participa en la elaboración de esta Guía Básica de la Reforestación como un documento de
apoyo, cuyo contenido busca ayudar a todas aquellas personas interesadas en esta urgente
labor en las diferentes fases de la reforestación: Desde el acopio de germoplasma hasta el
establecimiento de una plantación.

La presente versión es un primer intento y aborda seis cuestiones básicas, que de acuerdo a
la experiencia y criterios de los autores representan los aspectos técnicos más cruciales en el
éxito de los trabajos de reforestación, mismos que implican mucho esfuerzo e inversión
económica y cuyos resultados en muchas ocasiones no son los esperados. Los aspectos a
que se refiere la obra son: La elección de la especie, la colecta de semillas, la producción de
planta en vivero, la preparación del terreno bajo diversos sistemas propuestos, la
determinación local de la fecha más propicia de plantación de acuerdo a las condiciones
climáticas del año en cuestión y el balance de humedad, así como la plantación, la protección
y el cultivo de los brinzales establecidos.
Los autores.

5
Al maestro Luis Pimentel Bribiesca,
pionero de la reforestación en México,
como una pequeña muestra de
gratitud a su incansable esfuerzo.

6
I NDICE DE CONTENIDO

N° Pág.
1. INTRODUCCIÓN. 9
2. ELECCIÓN DE LA ESPECIE. 9
3. COLECTA DE SEMILLA
3.1. Necesidades de semilla.
3.2. Localización de las áreas de recolección.
3.3. Definición de la época de colecta.
3.4. Equipo y herramienta a utilizar.
3.5. Necesidades de recursos humanos y organización de las
brigadas.
3.6. Secado y beneficio de la semilla.
4. PRODUCCIÓN DE PLANTA EN VIVERO.
4.1. Tratamiento a la semilla.
4.1.1. Estratificación.
4.1.2. Escarificación.
4.1.3. Hidratación.
4.1.4. Estimulantes químicos.
4.2. Siembra en almácigo.
4.2.1. Sustratos.
4.2.2. Época de siembra.
4.2.3. Profundidad de siembra.
4.2.4. Cantidad de semilla.
4.2.5. Protección y cuidados.
4.3. Envasado.
4.3.1. Características de los envases.
4.3.2. Sustratos.
4.4. Transplante.
4.5. Micorrizas.
4.6. Protección y mantenimiento.
4.6.1. Medias sombras.
4.6.2. Protección contra plagas y enfermedades.
4.6.3. Mantenimiento.
5. PREPARACIÓN DEL TERRENO.
5.1. Métodos manuales.
5.1.1. A pico de pala.
5.1.2. Cepa común.
5.1.3. Zanja ciega.
5.1.4. Sistema español.
5.1.5. Zanja trinchera.
5.1.6. Sistemas Sauceda I y II.
[Link]. Sauceda I.
[Link]. Sauceda II.
5.1.7. Sistema Netzahualcóyotl.
5.2. Métodos semimecanizados.
5.2.1. Sistema Gradoni.
5.2.2. Caballones o en bordo.
7
[Link]. Bordeo Superficial.
[Link]. Acaballonado con desfonde o camellones.
5.3. Métodos mecanizados.
5.3.1. Subsolado total.
5.3.2. Subsolado en contorno o a nivel.
5.3.3. Subsolado en fajas.
5.3.4. Terrazas de absorción.
5.3.5. Terrazas canal.
5.3.6. Sistemas combinados.
6. FECHA DE PLANTACIÓN.
6.1. Uso del balance de humedad para definir la fecha de
plantación.
6.2. Ejemplo para determinar la fecha de plantación.
7. PLANTACIÓN.
7.1. Trazado y densidad de plantación.
7.2. Selección y preparación de la planta en vivero.
7.3. Transporte de la planta.
7.4. Plantación.
7.4.1. Organización del personal.
7.4.2. Distribución de los brinzales.
7.4.3. Poda de la raíz, rasgado y quitado de los envases.
7.4.4. Plantado.
7.4.5. Replante.
8. PROTECCIÓN Y CULTIVO.
8.1. Cercado.
8.2. Deshierbes.
8.3. Protección contra incendios.
8.4. Aplicación de fertilizantes orgánicos.
8.5. Protección contra plagas y enfermedades.
8.6. Aporcado.
9. EVALUACIÓN.
10. CONSIDERACIONES FINALES.
11. BIBLIOGRAFIA CITADA.

8
1. INTRODUCCIÓN. La súbita destrucción de los recursos forestales de los últimos años
ha llegado a extremos alarmantes que ponen en peligro la existencia de cientos de especies
útiles, el deterioro de costosas obras de infraestructura hidráulica por la erosión y la
sedimentación, la deshidratación de las zonas continentales y el deterioro generalizado de la
calidad de la vida (Sánchez – Vélez, 1987a).
Una de las medidas más eficaces para la restauración es la repoblación forestal, no obstante,
esta actividad requiere muchos recursos y además presenta ciertas dificultades técnicas, ya
que con frecuencia escuchamos de la producción de millones de árboles, pero los bosques
que supuestamente se crearían no existen en muchos casos.
El gobierno, las instituciones y los campesinos participan en campañas de reforestación; sin
embargo, podemos observar con tristeza la muerte de los brinzales por las más diversas
causas, pero esencialmente por la carencia de cultivo, puesto que no basta con plantar los
árboles, sino que se deben proporcionar los cuidados y protección hasta una determinada
edad.
Por otro lado, la falta de bases técnicas objetivamente probadas para diversas condiciones, ha
malogrado plantaciones que de haber prosperado estarían ofreciendo invaluables beneficios
ecológicos y económicos. Ante esta situación, este documento recoge y propone resultados
de años de trabajo y de experimentación de campo de diversos autores, para que, de acuerdo
a las condiciones de cada zona, puedan ser seleccionados y se utilicen para lograr mejores
resultados.
Este escrito habla básicamente de plantaciones de protección y no precisamente con fines
comerciales, por lo que se parte de la idea de que la reforestación se lleva a cabo en terrenos
degradados, donde el principal producto es obtener es el mejoramiento del medio ambiente.
Debe quedar claro también, que en esta tarea el tiempo juega un papel determinante y no se
pueden exigir resultados inmediatos. El proceso de restauración aparte de ser costoso,
generalmente ocupa varios años, a veces más que la gestión política que lo promovió, por lo
tanto, esta realidad debe quedar bien clara en la mente de quienes con su buena fe y recursos
fomenta estas actividades, ya que es muy probable que no sean ellos quienes cosechen los
frutos de su loable esfuerza.
La información que se presenta ha sido sistematizada y jerarquizada, buscando presentar lo
más relevante y práctico, como anteriormente se mencionaba. El texto está dirigido al técnico
de campo que se inicia en la práctica de la reforestación, más que para el especialista. En este
sentido el trabajo es muy general, reconociéndose que cada caso tiene sus particularidades y,
por lo tanto, no existen recetas de aplicación universal.
2. ELECCIÓN DE LA ESPECIE. Cuando se eligen las especies arbóreas destinadas a
labores de restauración de suelos, se debe analizar cuidadosamente su posible adaptación a
las condiciones ambientales predominantes del lugar donde van a ser establecidas, sus
características morfológicas y su valor de aprovechamiento, no sólo en madera sino como
productoras de frutos o partes alimenticias y su capacidad para el mejoramiento del ambiente.

9
Cuando se trata de restaurar terrenos degradados los atributos que debe reunir la especie a
elegir son, según Sánchez – Vélez (1987):
a) Adaptación a condiciones adversas por sequía, ramoneo plagas y enfermedades,
incendios, etc.
b) Facilidad en la obtención de los frutos, semillas o propágulos y rusticidad para
su manejo en vivero.
c) Que no tenga efectos indeseables en el ambiente que se desarrollará.
d) Que sea más productiva posible de acuerdo a las condiciones prevalecientes.
e) Que tenga aceptación por parte de las comunidades donde se establecerá.
3. COLECTA DE SEMILLA. La colecta de semilla debe programarse cuidadosamente y
con mucha anticipación, para obtenerla en la cantidad y calidad requerida. Para lograrlo es
necesario considera los aspectos que se tratan a continuación:
3.1. Necesidades de semilla. La cantidad de semilla necesaria está definida por
varios factores, los cuales se enumeran a continuación.
a) Conocer la periodicidad de la producción de semilla, ya que varía entre especies
como se explicará posteriormente.
b) Definir la superficie a reforestar por año.
c) Determinar la densidad de plantación.
d) Conocer el porcentaje de germinación de la semilla.
e) Prever los factores de mortalidad desde la siembra hasta la plantación.
f) Considerar las reposiciones después de la reforestación.
En resumen, la cantidad de semilla necesaria se puede estimar por medio de la fórmula que
a continuación se propone, de acuerdo a diversas fuentes consultadas:
S*D
C =
Ps * Nb
Donde:
C = Cantidad de semilla necesaria en kilogramos.
S = Superficie anual a plantar en hectáreas.
D = Número de plantas por hectáreas (densidad).
Ps = Porciento de supervivencia estimada después de la plantación.
Nb = Número estimado de brinzales producidos por kilogramo de semillas.
Para estimar el número de brinzales a obtener por kilogramo de semilla empleada (Nb) puede
recurrir a la siguiente fórmula:
Nb = N * G * P * So
Donde:
N = Número de semillas por kilogramo.
G = Porciento de germinación.
P = Porciento de pureza.
So = Sobrevivencia estimada de plántulas en la etapa de vivero.
A manera de ejemplo, se estimará la cantidad de semilla necesaria de Pinus engelmannii Carr.,
suponiendo que se tienen los recursos económicos para la reforestación de 100 hectáreas.

10
Datos:
D = 2500 plantas por hectárea.
G = 80 %.
So = 80 %.
Ps = 85 %.
N = 30 000 Semillas / Kilogramo.
P = 95 %.
Primero se calcula el Nb:
Nb = 30 000 * 0.80 * 0.95 * 0.80
= 30 000 * 0.608
= 18 240. El número de brinzales a obtener por kilogramo de semilla empleada.
Finalmente se estima C:
S*D 100 * 2500 250000 16.12 Kg.
C = = 0.85 * = =
Ps * Nb
18240 15504
3.2. Localización de las áreas de recolección. Las fuentes de abastecimiento de semilla
para especies del género Pinus pueden ser: huertos semilleros, áreas semilleras, rodales
semilleros, frentes de corta y el bosque en general; cada una de ellas tiene sus ventajas y
desventajas, pero los mejores lugares de colecta son los citados primero, ya que un proceso
de mejoramiento genético, lo que garantiza obtener germoplasma de mejor calidad,
desafortunadamente no existen muchos en el país.
Los lugares de colecta más comunes en México son los rodales semilleros. Aunque
actualmente se está trabajando para que la mayoría de las colectas se realicen en áreas
semilleras, se espera también que en el futuro se cuente con huertos semilleros, lo cual
permitirá obtener semilla de mejor calidad genética en relación a los rodales semilleros. Para
el caso de latifoliadas, solo se puede recurrir a la colecta en masas naturales, ya que es poco
lo que se ha logrado en este grupo botánico.
Al realizar la colecta, se debe tener en cuenta que los árboles sean dominantes o
codominantes, que el fuste sea recto, que tengan buena poda natural, que la copa sea de
forma cónica y que estén libres de plagas y enfermedades, entre otras consideraciones, Sin
embargo, cuando se trata de reforestar terrenos degradados, las especies a emplear
necesariamente serán aquellas con los mejores fenotipos o las que más comúnmente se
utilizan, pues en este caso se requieren árboles inclusive arbustos agresivos y de alta
plasticidad cuyas semillas son fáciles de tratar, las cuales se establecen para mejorar el sitio y
posteriormente se van sustituyendo por especies más atractivas económicamente.
Otro aspecto importante que debe tomarse en cuenta, es que la zona de colecta no esté a más
de 160 Km del lugar donde se plantarán los brinzales, además, debe considerarse que el nuevo
sitio no rebase los 300 m en altitud de la cota de colecta; ello para evitar problemas de
adaptabilidad de la especie al sitio (Zobel y Talbert, 1988). Sin embargo, esto no quiere decir
que no haya especies altamente plásticas, las cuales se pueden mover a grandes distancias.

11
Una alternativa de apoyo, para saber cuál fuente de semilla es mejor son los ensayos de
procedencias, aunque en México se tienen escasas experiencias.
3.3. Definición de la época de colecta. La época de colecta de semilla depende de
las especies. Para el caso del género de Pinus los años semilleros fluctúan entre 2 y 7 años,
debido a que los árboles requieren ciertos niveles hormonales y nutricionales, lo cual es difícil
que se cumpla año con año; en cambio, en latifoliadas la producción de semillas ocurre menos
periodicidad, existiendo algunas que anualmente pueden proveernos de semillas. Para el
género Pinus la colecta de semillas puede hacerse de septiembre a marzo, dependiendo de
especie y región.
Otra recomendación que frecuentemente se hace es identificar los años semilleros de las
especies de interés en su área de distribución, para que la colecta se planee con mayor
precisión. Entre las hojosas, en los encinos la periodicidad suele ser más larga, por lo que se
requiere tener bien identificados los rodales semilleros para conocer su comportamiento en la
producción de semillas.
3.4. Equipo y herramienta a utilizar. La herramienta a emplear para la colecta de la
semilla está en función de las características que tenga el arbolado y los frutos; algunos
ejemplos de herramientas son: ganchos sencillos, ganchos cortadores de ramas (corta conos),
tijeras de podar, machetes, rastrillos, serrotes y cortadores de navaja (Patiño et al., 1983).
Otro tipo de equipo muy útil y necesario es el que se emplea para escalar los árboles; para
este efecto se pueden considerar espuelas o espolones, bicicletas, escaleras y maneas, entre
otros. También es importante que se cuente con el equipo básico que permita obtener los datos
de campo del sitio de colecta; por lo que, se requiere contar con brújula, altímetro, clinómetro,
cinta diamétrica y, sobre todo, vehículo para el transporte del personal y de la cosecha. El
germoplasma colectado se empaqueta con los datos de la especie, sitio, fecha y observaciones
complementarias, las cuales serán de gran utilidad en el vivero.
3.5. Necesidades de recursos humanos y organización de las brigadas. En
general, una brigada de campo debe estar compuesta por un jefe, tres escaladores y dos
ayudantes. El responsable de la brigada debe tener de preferencia un nivel técnico medio y
debe, además, conocer a detalle la región y saber identificar adecuadamente las especies de
interés. Así mismo, dicha persona es el responsable de seleccionar los árboles y obtener la
información.
Los escaladores son los encargados de subirse a los árboles y apear los frutos o conos; estas
personas deben tener una amplia experiencia en esa actividad. Por otra parte, los ayudantes
son los responsables de empacar y etiquetar la cosecha, además de ayudar a los escaladores
en el ascenso y en alguna otra actividad que se les requiera.
3.6. Secado y beneficio de la semilla. Estando la cosecha de conos aún en los
costales, estos deben ponerse inicialmente en lugares ventilados y cubiertos, para que pierdan
algo de humedad; posteriormente deberán sacarse de los costales y ponerse en una plancha
de cemento donde les pegue el sol, removiéndolos periódicamente con un rastrillo. La
extracción de la semilla debe hacerse golpeando los conos entre sí o utilizando alguna
12
golpeadora de conos, la cual es un cilindro de un metro de diámetro y de dos a tres metros de
largo, con paredes de malla con espacios que dejan salir la semilla al girar el cilindro sobre su
eje (Niembro,1986). La siguiente actividad, para las especies que tienen ala, es el desalado,
realizándose con las manos o por medio de la rotación de cilindros especiales; posteriormente
sigue la limpieza y se finaliza con la clasificación de la semilla.
En relación a los frutos secos, tales como: cápsulas, vainas, folículos, nueces, aquenios y
sámaras, en general requieren poco tratamiento para la extracción de la semilla después de la
colecta. Así, en el caso de especies como: Liquidambar styraciflua, Cedrela odorata, Ceiba
pentandra, Jacaranda mimosifolia, Phitecellobium dulce, Leucaena spp., etc., abren con
facilidad una vez que llegan a su madurez, por lo que los frutos deben colectarse cerrados
(Niembro, 1986).
Las vainas de algunas especies como Prosopis laevigata, Acacia farnesiana, Piscidia
communis, etc., abren tardíamente y en algunos casos permanecen cerrados por largo tiempo;
por lo que, las semillas (Niembro, 1986).
Por otro lado, los frutos carnosos como las bayas, drupas y pomos deben procesarse
inmediatamente después de la colecta, para evitar que la semilla se dañe debido a su
fermentación. El primer paso consiste en el despulpado lo que implica macerar el fruto en forma
manual o mecánica, dependiendo de la cantidad y características de los frutos; posteriormente
la semilla debe separarse de la pulpa y ponerse a secar, ya sea puestos directamente al sol o
en lugares cubiertos y ventilados (Niembro, 1986).
3.7. Almacenamiento del germoplasma. El almacenamiento de la semilla es una actividad
trascendental que sigue después de su beneficio, ya que en la mayoría de los casos la semilla
no se siembra inmediatamente después de ser colectada, llegando incluso a durar años
almacenadas.
Existen especies en las que el periodo de vida de la semilla es corto y llega a ser menor a los
tres años, conociéndoseles como microbiótica; en el grupo de este tipo de semillas están los
géneros: Quercus, Acer, Fagus, Salix, Juglans y Populus, principalmente (Patiño et al., 1983).
Debido a que las semillas microbióticas para ser almacenadas requieren condiciones de alto
contenido de humedad (entre el 20 y el 40 %) y bajas temperaturas (0 a 5 °C), comúnmente
se les conoce como semillas recalcitrantes. Asimismo, las semillas pueden ponerse en bolsa
de polietileno de bajo calibre, de manera que permita un buen intercambio de gases. Otra
posibilidad de almacenamiento es poniendo las semillas en arena húmeda y conservándolas
también a bajas temperaturas.
Por otro lado, las semillas que tienen una longevidad de 3 a 15 años se les conoce como
mesobióticas, mientras que las que duran con vida más de 15 años se les clasifica como
macrobióticas. En estos grupos se encuentran las especies del género Pinus, las especies de
la familia Leguminosae y muchas otras especies más. A este tipo de semillas generalmente se
conoce como ortodoxas debido a que deben ser almacenadas a bajos contenidos de humedad
(5 al 10 %) y a bajas temperaturas (0 a 5 °C y a veces menores).

13
Cuando se carece de algún lugar apropiado para el almacenamiento de la semilla donde se
tenga control de la temperatura y la humedad, una forma práctica de almacenarla es
poniéndola en un refrigerador casero, o incluso guardándola en un cuarto que este fresco, seco
y obscuro.
Los tipos de envases utilizados para el almacenamiento de semillas ortodoxas son variados y
entre ellos se tienen las bolsas de papel, de polietileno, envases metálicos, de plástico y de
vidrio, los cuales deben estar bien cerrados, recomendándose evitar abrirlos continuamente.
4. PRODUCCIÓN DE PLANTA EN VIVERO. La forma típica de producción de planta en
los viveros de México ha sido por medio de semilla y en envases; sin embargo, existen otras
posibilidades que han sido poco explotadas, y por lo mismo han tenido poco uso, como es
producción de planta directamente en el terreno, la cual se planta a raíz desnuda. Otra
alternativa es la reproducción asexual (vegetativa), donde su uso más común ha sido por
medio de estacas en los géneros Salix, Populus, Platanus, y Tamarix, principalmente.
Una de las razones por las cuales el sistema de producción de planta en envase es el más
utilizado se debe a las pocas restricciones técnicas que existen para lograrlo adecuadamente
en la mayoría de las especies forestales, situación que no ocurre con los otros sistemas.
En este tema, los aspectos a tratar se referirán únicamente al sistema tradicional de producción
de planta en envase, y se describirán los procesos más importantes que ocurren desde la
siembra hasta que la planta está lista para plantarse.
4.1. Tratamiento a la semilla. La mayoría de la semilla de especies forestales,
responde mejor a la germinación si se somete a ciertos tratamientos que estimulan y activan
fisiológicamente las células germinales, y en ciertos casos ayudan al rompimiento del letargo.
Dependiendo de la estructura de la semilla, principalmente de la dureza de la testa, tienen
experiencia de tratamientos que rompen la barrera física de las estructuras vitales y permiten
la imbibición, con lo cual se crean las condiciones para que inicie el proceso de formación de
tejidos radicales y aéreos, para formar una nueva planta. Entre esos tratamientos se tienen los
siguientes:
4.1.1. Estratificación. Consiste en colocar sobre las semillas capas o estratos húmedos
de arena, aserrín, vermiculita, agrolita, etc., a temperaturas bajas o altas que sirven como
medio de difusión hidrotérmica, con lo que se logra romper la latencia.
4.1.2. Escarificación. Consiste en rasgar la testa con algún instrumento punzocortante,
con abrasivos o inclusive utilizando licuadoras caseras, que rompan la testa de manera que
permitan el paso del agua y gases al interior de las semillas.
4.1.3. Hidratación. En este caso la semilla se sumerge en recipiente con agua con el
fin de ablandar las cubiertas y eliminar o reducir la presencia de sustancias inhibidoras.
Generalmente se recomienda usar agua caliente para acelerar el proceso de penetración y
consecuente activación fisiológica. El tiempo de inmersión y la temperatura del agua varía en
función de la dureza de la testa o cubierta de las semillas.
4.1.4. Estimulantes químicos. Consiste en aplicar sustancias químicas que eliminan
algunos inhibidores que suelen estar envolviendo la cubierta de las semillas, asimismo
14
permiten ablandar y adelgazar la testa. Los productos que pueden utilizar son el ácido sulfúrico,
clorhídrico o nítrico, el agua oxigenada, el alcohol y la acetona.
El Cuadro 1, tomado de Patiño et al. (1983), ejemplifica algunos tratamientos para 17 géneros
de árboles mexicanos.
Cuadro 1. Tratamientos recomendables para eliminar la latencia en algunos géneros y
especies.
Especie. Tipo de tratamiento. Aplicación del tratamiento.
Abies Estratificación. 1 a 5 °C por 14 a 28 días.
Cupressus Estratificación. 2 a 5 °C durante 21 días.
Fraxinus Estratificación. 5 °C por 30 a 120 días; a 30 °C por 60
días y 5 °C durante 90 días.
Lidustrum japonica Estratificación. 5 °C por 5 días.
Byrsonima crassifolia Escarificación. Lijado de la testa.
Cercis Hidratación. Remojo agua caliente
Robinia Hidratación. Remojo agua caliente
Erythrina Hidratación. Remojo agua caliente o lijado.
Cerotonia Hidratación. Remojo agua caliente.
Phitecellobium Hidratación. Remojo agua caliente.
Albizzia Hidratación. Remojo agua caliente.
Tamarindus Hidratación. Remojo agua caliente.
Cassia Hidratación. Remojo agua caliente.
Delonix Hidratación. Remojo agua caliente.
Prosopis Hidratación o estimulación Remojo agua caliente o inmersión en ácido
química. sulfúrico.
Acacia Hidratación o estimulación Remojo agua caliente o inmersión en ácido
química. sulfúrico.
Juniperus Estimulación química Inmersión en ácido nítrico o sulfúrico.

4.2. Siembra en almácigo. Para realizar la siembra existen dos alternativas; la primera de
ellas es que se ponga la semilla directamente en los envases, y como segunda opción es que
la siembra se haga en almácigos y posteriormente se realice el trasplante.
Cuando la semilla es sembrada directamente en los envases se ahorra el proceso de siembra
en el almacigo y el transplante, pero existe el inconveniente de que se tienen que sembrar al
menos dos semillas por envase, y a veces más cuando el porcentaje de germinación del lote
de semillas es bajo, ya que se tiene que asegurar la emergencia de al menos una plántula. Por
otro lado, a veces la emergencia no es uniforme y las plántulas llegan a ser de mala calidad,
sin posibilidad de seleccionarlas cuando emerge sólo una plántula por envase; asimismo, las
camas de crecimiento donde están los envases se tienen que proteger para evitar el ataque
de pájaros y roedores. Este sistema es poco utilizado.
Por otra parte, el uso de semilleros o almácigos es la practica más común en México, ya que
permite eliminar los inconvenientes que se presentan con la siembra directa, pero para lograr
que la germinación sea eficiente, es necesario que se tomen en cuenta aspectos como:

15
4.2.1. Sustratos. Los sustratos deben ser preferentemente materiales que carezcan de
impureza y nutrientes, ya que las plántulas en general no duran mucho tiempo en el almácigo,
de lo contrario deberán contener algo de nutrientes. Además de lo anterior, deben tener
características que le permitan conservar buena temperatura, humedad y aireación, además
de tener buena permeabilidad; para cumplir con esas características, los sustratos deberán
ser, en general, de textura ligera. Algunos de los sustratos que pueden utilizarse son: arena de
río, vermiculita, agrolita, perlita, musgo, tezontle, mezclas de arena y tierra de monte.
De ser posible, los sustratos que se obtenga directamente del campo deben ser esterilizados
para prevenir daños por Damping – off y evitar la aparición de malas hierbas. La forma más
común de esterilizar los sustratos es utilizando bromuro de metilo, la dosis de aplicación varia,
pero una dosis recomendable puede ser una libra de bromuro de metilo por cada cuatro metros
cúbicos de sustrato.
4.2.2. Época de siembra. La época de siembra depende del tiempo que se requiere
para que las plantas estén en condiciones de ser plantadas, puede variar por especie y región,
y depende de la rapidez de crecimiento que tengan. En el género Pinus las plantas duran en
el vivero entre 12 y 18 meses; en cambio, para especies como Eucalyptus spp., Cupressus
spp., Leucaena glauca, Pithecellobium dulce, Piptedenis viyiciflora, Cedrela salvadorensis,
Swietenia humilis, Hauya elegans, Lysiloma divaricata y Acacia spp., entre otras, seis meses
son suficientes para que estén en condiciones adecuadas para plantarse.
En lugares fríos como el norte de México, las siembras deben hacerse de preferencia en
primavera, una vez que pase el periodo de heladas. En zonas subtropicales las siembras
pueden realizarse en invierno, cubriendo los semilleros con zacate o algún otro material que
los proteja. En regiones de clima tropical húmedo y subtropical, la siembra puede efectuarse
en cual quier época del año; sin embargo, el verano es la época menos propicia para la siembra
ya que existe mayor precipitación y calor, con lo cual aumenta la posibilidad de enfermedades
fungosas.
4.2.3. Profundidad de siembra. La profundidad de siembra depende del tamaño de la
semilla, en general se recomienda sembrar a una profundidad de dos veces el grosor de la
semilla, pero también se deben tomar en cuenta las características del sustrato y la forma en
como brota o emergen las plántulas; así, por ejemplo, a poca profundidad no hay un buen
anclaje, y por el contrario, si es muy profundo se corre el riesgo de que la semilla no alcance
a emerger o que tarde más tiempo del normal. Para especies como Pinus hartwegii, P.
montezumae, P. durangensi, P. pseudostrobus, P. arizonica y P. teocote, entre otros, la
profundidad de siembra varía entre 0.5 y 1.0 cm.
4.2.4. Cantidad de semilla. Para determinar la cantidad de semilla a sembrar en los
almácigos por unidad de superficie, se puede utilizar la siguiente fórmula:
A*D
C =
N*G*X
Donde:

16
C = Cantidad de semilla necesaria en Kilogramos.
A = Superficie del almácigo (m2).
D = Densidad de siembra deseado.
N = Número de semillas por Kilogramo.
G = Porcentaje de germinación.
X = Factor de correlación (generalmente es de 0.9).
A continuación, se ilustra un ejemplo para la especie Pinus engelmanii Carr.
Datos:
A = 6 m2.
G = 80 %.
D = 3000 plantas/m2.
N = 30000 semillas por kilogramo.
X = 0.9.
Formulas:
6 * 3000 18000 0.833 Kg
C = 30000 * 0.80 * = =
21600
0.90
4.2.5. Protección y cuidados. Los semilleros deben protegerse contra el ataque de
roedores y pájaros, la forma más común de protección es poner una malla de manera que
cubra el semillero, utilizando, además cebos y trampas. En lugares donde la intensidad del sol
es muy fuerte es recomendable que a los semilleros se les pongan medias sombras. Los
almácigos deben mantenerse siempre con humedad y como medida preventiva para evitar la
aparición de Damping - off, se recomienda que semanalmente se aplique un riego con Captán
en una dosis de 2.5 g/l de agua utilizada.
4.2. Envasado.
4.3.1. Características de los envases. Los envases de uso común son de polietileno
negro. El tamaño, definido por su altura y su diámetro, puede variar de acuerdo a las
características de crecimiento de la especie, duración de la planta en el vivero área disponible.
Para especies del género Pinus, el largo del envase puede variar entre 18 y 22 cm, con un
ancho, sin llenar, de 10 a 12 cm. Otro tipo de envases que se utilizan en menor escala son
conos con costillas internas.
4.3.2. Sustratos. Los sustratos para el llenado de los envases deben tener de
preferencia las siguientes características: buena textura, alto poder de retención de la
humedad, drenaje adecuado, buena aereación, contenido de materia orgánica adecuado,
presencia de micorrizas y con ausencia de malezas y microorganismos patógenos.
Las malezas más comunes que se conocen en México son tierra de monte y arena de río,
tierra de monte, empleándose en diferentes proporciones; a veces se llega a utilizar tierra de
monte sola o algunos otros tipos de sustrato como es la hojarasca y la corteza molida
compostada. Los tipos de sustratos y las proporciones que se emplean dependen, en
ocasiones, de la disponibilidad de los mismos.
4.4. Transplante. El transplante consiste en extraer las plántulas del almácigo y ponerlas
en los envases. Esta acción debe realizarse, de preferencia, cuando las plántulas tengan
17
apenas la radícula, antes de que emitan las raíces secundarias, ya que con ello se evita que
el sistema radical crezca demasiado y llegue a quedar enrollado o doblado en el envase. Si el
transplante no se pudo realizar a tiempo y el sistema radical está muy grande, se recomienda
que se haga una poda a la raíz para evitar los problemas señalados.
4.5. Micorrizas. Las micorrizas son estructuras que se forman por la asociación de las
raíces de las plantas y las hifas de ciertas especies de hongos. Generalmente a las micorrizas
se les clasifica en ectomicorrizas, endomicorrizas y ectendomicorrizas.
En las ectomicorrizas las hifas de los hongos se establecen en los espacios intercelulares de
las células corticales y forman un manto fungoso compacto alrededor de las raíces cortas;
comúnmente se encuentran en los árboles y son características de las pináceas, betuláceas y
fagáceas. Los cuerpos fructíferos que originan este tipo de micorrizas producen esporas, las
cuales se dispersan fácilmente por medio del agua y del viento (Pritchett, 1990). Los hongos
que producen ectomicorrizas son basidiomycetes, phycomicetes y ascomycetes.
Por otro lado, en las endomicorrizas las hifas de los hongos se desarrollan tanto intra como
extracelularmente en la corteza de la raíz, pero no forman un manto fungoso. Este tipo de
micorrizas son comunes en la mayoría de las familias de las angyospermas y gymnospermas;
entre los géneros que tienen a este tipo de hongos se encuentran: Acer, Alnus, Fraxinus,
Juglans, Liquidambar, Liriodendron, Populus, Platanus, Robinia, Salix y Ulmus
(Gerdemann y Trappe, 1975; Pritchett, 1990).
Finalmente, a las ectendomicorrizas poco se les conoce, pero se sabe que tienen
características de los dos tipos anteriores.
Las micorrizas son importantes en las plantas debido a que proporcionan los siguientes
beneficios:
➢ Aumenta la absorción de agua y nutrientes, al tener mayor superficie de contacto.
➢ Incrementan la movilización de nutrientes.
➢ Permiten que las raíces absorbentes duren más tiempo vivas, asimismo, incrementar
su tamaño en diámetro y longitud.
➢ Evitan la infección de las raíces por patógenos.
➢ Los hongos de las ectomicorrizas pueden ser capaces de descomponer algunas
sustancias minerales y orgánicas complejas.
Las micorrizas pueden lograrse a través de las siguientes alternativas:
1. Suelo del bosque; generalmente se utiliza la capa superficial no mayor a los 8 cm, el
cual contiene micelios o pedazos de hongos; este suelo se mezcla con el sustrato que
servirá para el llenado de los envases.
2. Cuerpos fructíferos de hongos micorrícicos; esto se puede lograr por medio de la
recolección de hongos en el bosque en el periodo de lluvias y se adicionan al sustrato.
3. Suelo del vivero o de un banco de micorrizas; consiste en poner varias plantas
micorrizadas en un banco de sustratos y se dejan que se desarrollen las hifas de los
hongos, de manera que se dispersan en el sustrato.
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4. Esporas dispersadas en el sustrato; estas se venden como producto comercial en los
Estados Unidos.
5. Esporas puestas en el orificio que se hace al momento de hacer el transplante.
Para el caso de algunos árboles de la familia de las leguminosas, el equivalente a la
micorrización es la obtención de cepas con bacterias fijadoras de nitrógeno (género
Rhizóbium), que forman nódulos en los sistemas radicales de las plantas y deben obtenerse
de sitios donde existen asociaciones de plantas afines como tréboles, lupinos y otras.
Es interesante mencionar que existen casos donde programas de reforestación han fracasado
debido a la ausencia de micorrizas o bacterias fijadoras de nitrógeno en el cepellón y en el
lugar reforestado.
4.6. Protección y mantenimiento.
4.6.1. Medias sombras. En lugares donde la intensidad del sol es muy fuerte es
recomendable que se pongan medias sombras, de manera que protejan a las plántulas de la
insolación después del transplante. Cozzo (1976) indica que se requiere usar medias sombras
cuando se transplantan plantas grandes, lo que permite además que consuman menos agua.
Las camas de crecimiento deben orientarse de Este a Oeste para eficientar la protección a
través de las sombras dependiendo de la época.
4.6.2. Protección contra plagas y enfermedades. Es conveniente recordar que un
ataque intenso de alguna plaga, si no es controlada a tiempo, puede provocar grandes
pérdidas de plantas. Para el caso de roedores se puede poner mallas que cubran a las camas
de crecimiento o aplicar raticidas y trampas. Es común que también llegue a existir ataque de
hormigas, grillos y gallina ciega por lo que, se deben usar insecticidas eficientes para su
control.
4.6.3. Mantenimiento. Una de las faces más importantes del mantenimiento son los
riegos; la frecuencia e intensidad de los mismos está en función de las condiciones
climatológicas de la región (frecuencia de las lluvias, humedad relativa, nubosidad, insolación,
etc.) de las características del sustrato y del tipo y también de las plantas.
Por regla general, en plantas forestales los riegos al principio tienen que ser frecuentes pero
ligeros, y a medida que la planta que tengan mayor tamaño, estos deben espaciarse más, pero
deben ser más fuertes.
Los deshierbe son otra práctica necesaria para evitar competencia por nutrientes, humedad y
espacio a las plantas, la forma más común de efectuarse los deshierbes es a mano y se deben
hacer evitando que las malas hierbas alcancen el tamaño de las plantas que se están
cultivando. Otra alternativa de control de las malas hierbas son los herbicidas, pero se tiene
que tener cuidado de no dañar a las plantas de interés.
La aplicación de fertilizantes es una actividad recomendable, pero antes debe saberse cual es
la condición de los sustratos respecto a los niveles de nutrientes que contienen. Como se sabe
la aplicación de nitrógeno ayuda a producir planta más suculenta, mientras que el fósforo
favorece la lignificación de la planta y el potasio permite aumentar su consistencia.
19
Dos meses antes de que los brinzales se planten, deben disminuirse los riesgos para que las
plantas adquieran cierta rusticidad y recientan menos al cambio de condiciones ambientales.
También, debe evitarse aplicar nitrógeno y, en cambio, se puede aplicar fósforo y potasio para
aumentar la lignificación y consistencia de las plantas.
La poda de raíces es otra práctica recomendable, la cual se hace con la finalidad de evitar que
las raíces se adhieran en el suelo; una forma de lograr la poda de raíces es remover las plantas
en la misma cama de crecimiento. Las plantas que no resistan la poda de raíces deben ser
excluidas, así como aquellas que tengan mala calidad.
Unos dos o tres días de llevar las plantas al campo, estas deberán ser regresadas fuertemente
para que lleguen con buena con buena humedad y se evite que el cepellón se desmorone en
el trayecto del vivero al lugar de plantación.
Para un manejo eficiente del vivero es importante que el forestal responsable tenga registrada
la información referente a las especies que produce, la existencia actual de plantas por
especie, la cantidad de semillas almacenada por especie y sitio de colecta. Esta estrategia y
operativamente el proceso productivo de acuerdo a las necesidades de reforestación
existentes.
5. PREPARACIÓN DEL TERRENO. Cuando se va a efectuar una plantación generalmente se
considera: la especie, lugar donde se plantará, necesidad de planta, densidad de plantación,
etc., pero casi siempre se ignora cómo se hará la preparación del terreno donde se pondrán
los brinzales. La preparación del terreno, como actividad previa a la reforestación, es un
aspecto de gran importancia, ya que es uno de los factores que influyen determinante en los
factores que influyen determinantemente Enel éxito de la plantación.
El método de acondicionamiento del terreno tiene influencia directa en el desarrollo de la
plantación, por lo que, se debe utilizar el más idóneo para que las plantas tengan un medio
propicio para su crecimiento. En algunos casos la forma de preparar el terreno rebasa la
finalidad única de plantar, ya que en ciertas situaciones existen problemas de erosión y se
busca controlar, en ocasiones la pendiente es muy alta y se requiere frenar o aminorar la
velocidad de los escurrimientos. En cada condición tal vez una o más técnicas sean las
adecuadas para la solución del problema.
La preparación del terreno depende de los objetivos que se persigan, de las características del
suelo, del clima prevaleciente, de las necesidades de mano de obra, de la disponibilidad de
maquinaria, equipo y del capital con que se cuenta, entre otros. Considerando los aspectos
anteriores, existen casos donde la preparación del terreno puede realizarse manualmente y en
otras situaciones lo más conveniente es hacerlo de forma mecanizada; para ello, se debe tener
en mente que se trate de minimizar costos, logran la estabilización de los suelos, cuando este
sea el problema, y lograr el éxito de la plantación.
Un aspecto de relevante importancia, que también debe ser tomado en cuenta, es la época de
preparación del terreno, la cual se recomienda realizar previo a la plantación, de preferencia
entre noviembre y abril, es decir en la época de estiaje, que es cuando los campesinos están
20
libres de los quehaceres agrícolas, acción que además permitirá una intemperización del suelo,
la cual es muy necesaria cuando se trata de tierras cerriles marginales.
En México, la técnica que más se ha empleado es la cepa común, usándose, en algunos casos
indiscriminadamente, lo que ha ocasionado que a veces no se obtenga el éxito esperado; lo
cual es la técnica idónea para cada condición y por facilidad se recurre a esa técnica por ser
sencilla y económica.
A continuación, se hace una descripción general de las técnicas de preparación del terreno
que se deben utilizar, de acuerdo a las condiciones prevalecientes en el terreno.
5.1. Métodos manuales.
5.1.1. A pico de pala. Este sistema consiste en abrir el hoyo en el suelo
en forma directa con una pala recta, enterrándola y moviéndola en vaivén para que exista el
suficiente espacio para poner la planta. La técnica es simple y se realiza en el momento que
se va a plantar, ya que es una acción simultánea, se hace el hueco y se planta inmediatamente
después, sin olvidar apisonar a un lado de las plantas (Figura 1).
Debido a que la pala tiene que hendirse sólo con la fuerza que se le dé al momento de
enterrarse, los suelos deberán ser blandos y sin piedras. Dadas las buenas condiciones del
terreno, la planta a establecer puede ser a raíz desnuda de unos 20 a 30 cm de tamaño. Una
de las ventajas de este método es que es muy sencillo y rápido.
Con el sistema “A pico de pala” se pueden presentar variantes como es la perforación en forma
de T o cruz, pero ello implica tardar más tiempo en hacer la cepa; sin embargo, las raíces se
desarrollarán mejor. El uso de cavahoyos es también una variante. Otra forma de hacer los
hoyos es con talacho, el cual se entierra y se palanquea hacia arriba (Pimentel, 1978). En
ambos casos la tierra adyacente al brinzal debe ser apisonada para su compactación.

Figura 1. Plantado “A pico de pala” en suelos de buena calidad. Tomado y modificado


de Carlson y Miller (1990).
5.1.2. Cepa común. La cepa común es la técnica que más se utiliza en México, y se le
conoce también como ahoyado manual y consiste en hacer hoyos de 30 a 40 cm por lado y
con la misma profundidad (Figura 2).

21
La cepa común requiere mucha mano de obra, aunque desde el punto de vista social permite
generar empleos en zonas rurales. Por otro lado, en el aspecto técnico es recomendable que
se aplique en suelos de buena calidad de al menos 30 cm de profundidad, evitando aquellos
que sean muy arcillosos, “tepetatosos” o con alta pedregocidad, donde la acción se dificulte
(Pimentel, 1987b), ya que la experiencia ha demostrado que en terrenos degradados es poco
eficiente.

Figura 2. Cepa común, tratamiento más frecuente para terrenos no degradados.


En sitios donde el suelo es duro se recomienda que las capas sean grandes para que las
plantas tengan un adecuado desarrollo. Aunque la técnica sólo es recomendada para terrenos
húmedos o semihúmedos, también se usa en terrenos semisecos y secos (zonas áridas y
semiáridas); en este caso es conveniente que las cepas se hagan en oquedades o donde se
pueda captar la mayor cantidad de agua posible, para que penetre al suelo, pero sin que
encharque o “anegue” por mucho tiempo, ya que puede provocar problemas fisiológicos a las
plantas (Patiño y Vela, 1980).
La cepa común no debe usarse en terrenos de fuerte pendiente y en áreas erosionadas, puesto
que no detiene la erosión causada por el agua, ni conserva la humedad y las mejoras al suelo
por la remoción son muy pequeñas, por lo que la inversión realizada puede ser útil.
Al hacer las cepas, es recomendable que la mitad de la tierra extraída se acomoda en un
montón y el resto, correspondiente a la parte más profunda, se ponga en otro montón, lo
anterior es con la finalidad de que al plantarse se deposite primero la tierra de la parte
superficial y después la del fondo de la cepa, ya que la tierra más superficial es más fértil y es
la que estará más en contacto con el sistema radical de la planta (Figura 2). Cuando se aprecia
que el suelo tiene características similares, la acción anterior no será necesaria y la tierra se
puede acomodar en un solo montón.
En caso de que las actividades anteriores se realicen en terrenos con bastante pendiente, se
recomienda que la tierra extraída se acomode aguas abajo o a los costados, pero nunca arriba
de la cepa, para que en caso de que llueva la tierra no sea arrastrada hacia el hoyo.

22
El equipo requerido para hacer las cepas es básicamente zacapicos, palas rectas y cuadradas,
barra o cavahoyos (poceras) cuando el terreno es blando.
5.1.3. Zanja ciega. La técnica para construir una zanja ciega consiste en iniciar su
apertura, siguiendo las curvas de nivel si existen como si fuera una cepa común, teniendo 40
cm de ancho e igual profundidad y un largo variable, la tierra extraída al principio al inicio se
coloca a un costado y después, al seguir aflojándola, se va colocando en la zanja, de manera
que al terminarla quede totalmente cegada; la tierra queda en la misma zanja, pero con la
diferencia de que el suelo está blando y permitirá que el agua se infiltre sin problema alguno
cuando llueva (Figura 3).
El largo de la zanja es variable, pero lo más común es que sea entre 3 y 7 m, la distribución de
las zanjas puede ser tresbolillo, para aprovechar al máximo la escorrentía de agua cuando
existe pendiente. Al momento de plantar los brinzales deben ponerse en el centro de la zanja,
separándolas de 1.5 a 2.5 m.

Figura 3. Construcción de la zanja ciega. Ajustado de Pimentel (1987b).


5.1.4. Sistema español. Esta forma de preparar el terreno ha sido empleada desde hace
muchos años en España y consiste en hacer una cepa de más o menos 40 cm de diámetro e
igual profundidad; asimismo, alrededor de la cepa se construye un cajete de un metro de
diámetro con una profundidad de 10 a 15 cm en su parte más baja, a un lado del centro (Figura
4); lo anterior es con el objeto de que se capte agua para el árbol (Pimentel, 1987b).
La planta se coloca en el centro del hoyo y alrededor de la misma se ponen algunas piedras
para:
➢ Reducir la evaporación del agua del suelo debido al calentamiento.
➢ Impedir la aparición de malas hierbas.
➢ Disminuir el impacto de las bajas temperaturas en invierno.
➢ Proteger las plantas contra el pisoteo de los animales e incendios.
➢ Retener el calor del sol.
Esta última característica puede ser contraproducente en regiones donde el calor es fuerte, ya
que las piedras refractan los rayos del sol y queman a las plantas pequeñas. No obstante, este
sistema ha sido útil en lugares con precipitación escasa, ya que la cepa capta gran cantidad
de agua de lluvia.

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En general, las técnicas de preparación del terreno, descritas anteriormente, son efectivas en
condiciones donde la degradación del terreno es casi nula, al existir buena cantidad de mantillo
y suelo; por lo que, el objetivo no es detener la pérdida de suelo, sino propiciar las condiciones
adecuadas a la planta para su buen desarrollo.
Por otro lado, las técnicas que a continuación se describen se recomienda para sitios donde
existen problemas de erosión y se persigue, por lo tanto, detener o aminorar también la pérdida
de suelo.

Figura 4. Características del sistema español.


5.1.5. Zanja trinchera. La apertura de zanjas trinchera como medio para preparar el
suelo, es recomendable en regiones donde los terrenos están degradados y se requiere captar
agua para la planta a establecer. Este método puede dar buenos resultados en suelos
tepetatosos, siempre y cuando se encuentre en un grado avanzado de intemperización, de lo
contrario si el tepetate es demasiado duro, este sistema es poco efectivo (Pimentel, 1987a).

Figura 5. La zanja trinchera es un método más eficiente en la captación de agua en


relación a los métodos manuales. Ilustración ajustada de Pimentel (1987b).
La construcción de la zanja se hace siguiendo las curvas de nivel y su longitud debe ser entre
3 y 7 m, dejando entre zanja y zanja un tabique divisor de 50 cm, el cual puede ser a nivel del
terreno o un poco más abajo con el objeto de que exista comunicación del agua entre las
zanjas, con ello, también se evitan escurrimientos con cierta velocidad (Figura 5; Pimentel,
1987b).
24
Las dimensiones de la zanja son de 40 cm de ancho e igual profundidad, la tierra producto de
la excavación se deposita aguas debajo de la zanja, dejando un pequeño espacio libre a un
lado de la misma (no mayor de 15 cm), para evitar que los deslaves aceleren el azolvamiento
de zanjas, además de que la finalidad de la misma es captar agua. Con la tierra extraída se
forma un bordo de 30 a 35 cm de corona, por 30 cm de altura, con taludes de 1:1 a 1:2,
dependiendo de las características del terreno y de la pendiente que exista (Pimentel, 1987b).
El bordo debe hacerse lo mejor posible debiendo estar compactado puesto que ahí se
colocarán las plantas y debe evitarse que exista un exceso de aereación (Pimentel, 1978), ya
que puede ocasionar un arraigo deficiente de las plantas.
La distribución de las zanjas debe realizarse a tresbolillo, para lograr una mejor captación del
agua producto de los escurrimientos. La equidistancia vertical entre hileras varía con la
pendiente y condiciones del terreno que existan, pero generalmente se ponen a 5 m de
distancia horizontal (Pimentel, 1987b).
En Perú se utiliza un sistema similar a la zanja trinchera y consiste en hacer surcos sobre las
curvas de nivel de 30 cm de profundidad, acomodando la tierra en el borde inferior del surco,
formando una especie de camellón. Cuando la pendiente es fuerte y el terreno es rocoso las
zanjas se hacen manualmente, tapándose cada 20 m con tierra o piedras. Por otro lado, en
Chile se llegan a utilizar arados, los cuales son jalados por caballos, el arado se llega a pasar
tres veces para hacer la zanja (Galloway, 1986).
5.1.6. Sistemas Sauceda I y II. En 1973, investigadores del Campo Experimental
Forestal “La Sauceda”, Coahuila, idearon los Sistemas Sauceda I y II con la finalidad de
aprovechar al máximo la escasa precipitación que ocurre en las zonas áridas y semiáridas y
controlar la erosión hídrica (Zapien et al., 1978).
[Link]. Sauceda I. Para construir este sistema es trazar curvas a nivel y sobre
las mismas se localizan los lugares donde se plantará, lo cual se hará con cepa común, con
espaciamiento entre cepas no menores a los 3 m, para que no exista competencia por
humedad y nutrientes. A los lados de la cepa común, en dirección paralela de la pendiente, y
a unos 20 cm de la cepa se hacen excavaciones de 40 cm de profundidad, 60 cm de largo y
ancho, formando un talud de 35° con pendientes formadas hacia el sistema radical de la planta,
para que se les facilite la llegada de la humedad (Zapien et al., 1978).

Figura 6. El sistema Saucera I en zonas de escasa precipitación. Modificado de Zapien


et al. (1978).

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Es recomendable que en las curvas de nivel se hagan bordos para la retención del agua (Figura
6). En los casos de donde los terrenos son difíciles de trabajar (duros) y de pendientes suaves,
se recomienda emplear el sistema Gradoni (Pimentel, 1987b).
[Link]. Sauceda II. Al igual que el sistema anterior se trazan curvas a nivel y
sobre las mismas se señalan los puntos equivalentes donde se plantará, lo cual será igual que
el Saucera I, posteriormente se traza un semicírculo, agua arriba, de 30 cm de radio a partir
del centro del punto a plantar, después se traza otro semicírculo de 70 cm de radio y entre
estos dos radios se hace la excavación hasta 40 cm (Figura 7; Zapién et al., 1978). Trabajos
de repoblación realizados en el Suroeste de Puebla, para probar diferentes métodos y fechas
de plantación demostraron que el Sistema Sauceda II logró la mayor sobrevivencia.

Figura 7. El Sistema Sauceda II tiene mayores ventajas para captar escurrimiento en


suelo pobre. Modificado de Zapien et al. (1978).
5.1.7. Sistema Netzahualcóyotl. Este método es el más antiguo de México y su
invención se atribuye al rey texcocano Netzahualcóyotl, quien lo desarrollo en el cerro del
Tetzcutzinco, Texcoco existen donde aún evidencias a pesar del tiempo que ha pasado
(Pimentel, 1987b).
El sistema Netzahualcóyotl tiene similitud con la zanja trinchera, con la diferencia de que la
tierra extraída se acomoda aguas arriba en lugar de hacerlo hacia aguas debajo de la zanja,
lo cual significa un mayor recorrido del agua de escorrentía y en consecuencia disminución de
la velocidad y mayor infiltración.
En el bordo que se forma suelen plantarse arboles forestales, frutales, magueyes o nopales,
que de alguna manera reportan a futuro algún beneficio al dueño del terreno; esto permite
combinar cultivos forestales y agrícolas (agroforestería), puesto que en los espacios entre los
bordos se pueden sembrar cultivos agrícolas, aprovechándose además el agua que retienen
los bordos. Este método es ideal para la producción de árboles de navidad a nivel parcelario,
ya que no afecta a los cultivos por luz ni por nutrientes, al tener los árboles portes bajos y ser
cortos los turnos, otro beneficio que se obtiene es la función protectora que cumplen los árboles
como cortina rompevientos (Figura 8; Pimentel, 1987b).

26
Las zanjas deben ser limpiadas periódicamente, ya que con el paso del tiempo se azolvan, la
tierra extraída se coloca en el bordo; es conveniente que exista intercomunicación entre las
zanjas para que el agua se comunique y amortigüe su velocidad.
Este método ha sido poco empleado ya que es poco conocido, sin embargo, se considera uno
de los más eficientes en la retención de los escurrimientos y la erosión, lo cual se manifiesta
por la alta tasa de sobrevivencia y desarrollo de los árboles.

Figura 8. El método prehispánico Netzahualcóyotl es el más eficiente de los manuales.


La ilustración de la parte superior está tomada de Pimentel (1987b).
5.2. Métodos semimecanizados.
5.2.1. Sistema Gradoni. El uso de este sistema es propio para terrenos con pendiente
y consiste en trazar pequeñas terrazas, sobre las curvas de nivel, de 0.60 a 1.20 m de ancho
con una contrapendiente muy fuerte y no menor del 50 % (Pimentel, 1987a); entre menor sea
la precipitación la terraza debe ser más ancha, para que pueda captar el máximo de agua
posible (Figura 9).
La separación horizontal entre las terracillas varía en función de la pendiente y la precipitación
(a menor precipitación mayor separación y viceversa), aunque un criterio general que se ha

27
tomado es que sea de 5 a 7 m. Otro criterio que se toma en cuenta es el desnivel vertical que
existe y éste puede variar de 0.5 a 3.0 m entre terracillas (Pimentel, 1987b).
Generalmente en las terracillas que se construyen a nivel se dejan interrupciones naturales no
mayores a 50 cm (tramos pequeños sin remover), para evitar riesgos de que el agua destruya
alguna terracilla en toda su longitud, debido a algún defecto de construcción.

Figura 9. La terracilla Gradoni puede construirse fácilmente de manera manual o por


tracción animal donde, la pendiente lo permite.
La separación horizontal entre las terracillas varía en función de la pendiente y la precipitación
(a menor precipitación mayor separación y viceversa), aunque un criterio general que se ha
tomado es que sea de 5 a 7 m. Otro criterio que se toma en cuenta es el desnivel vertical que
existe y éste puede variar de 0.5 a 3.0 m entre terracillas (Pimentel, 1987b).
Generalmente en las terracillas que se construyen a nivel se dejan interrupciones naturales no
mayores a 50 cm (tramos pequeños sin remover), para evitar riesgos de que el agua destruya
alguna terracilla en toda su longitud, debido a algún defecto de construcción.
Para plantar los arbolitos se hacen cepas, las cuales se abren en el tercio inferior o en el centro
de la terraza, dependiendo del tiempo de estancamiento del agua y de la cantidad de azolve
que ocurran.
El sistema Gradoni (de gradas o escalones) se ha empleado en gran escala en Italia (país de
origen), Norte de África, India, Japón y otros países, y la finalidad ha sido la restauración de
terrenos muy degradados, lo que les ha permitido obtener magníficos resultados (Gutiérrez,
1987).
El sistema Gradoni es recomendable utilizarlo en lugares donde la precipitación es escasa y
su distribución es errática, ya que además de retener el agua, permite detener la erosión
ocasionada por los escurrimientos, lo que hace que sea un sistema seguro cuando se trata de
evitar la pérdida de suelo. En México, este sistema se emplea desde 1967.
5.2.2. Caballones o en bordo.
[Link]. Bordeo Superficial. El bordeo superficial consiste en hacer una
preparación mecanizada y continua del terreno a través de la formación de lomos o caballones,
según curva de nivel, mediante la acumulación de la tierra somera de las fajas que quedan
28
entre ellas, subsolando estas en forma paralela a los bordos (Rojo, 1975). Este sistema se usa
en clima secos, donde los suelos están degradados y desprovistos del horizonte A debido a la
erosión. Se usa principalmente en terrenos secos de montaña y con pendientes de hasta un
30 %.
Para hacer los bordos se vierte el suelo con la cuchilla frontal del tractor de orugas, producto
de la remoción de unos 10 cm, hacia el costado descendente formando con ella un caballón
de unos 60 cm de alto, el caballón también contendrá el matorral que existe en la banda barrida
por la pala. En función del ancho de la pala, los caballones pueden quedar separados
aproximadamente a 3 m (Rojo, 1975).
El acaballonado en laderas con pendiente se inicia en la parte más baja; el avance del tractor
es rápido por la poca profundidad de la cuchilla y lo blando del suelo que remueve, lo que le
permite avanzar sin tener que retroceder ante obstáculos como piedras grandes, roca madre
dura o matorral. Los brinzales pueden plantarse en el bordo o en las líneas subsoladas.
El equipo necesario para hacer el borde es un tractor de oruga provisto de pala frontal. La
ventaja que se logra con este sistema es la retención del agua de la escorrentía, en caso rotura
de algunos bordos se corrige por los situados aguas abajo, que la reparten y resisten con el
embalse complementario. La infiltración debida al subsolado es grande (Rojo, 1975).
[Link]. Acaballonado con desfonde o camellones. El acaballonado con
desfonde consiste en preparar el suelo de forma mecanizada y lineal para la plantación,
formando cordones, lomos o caballones, según curvas de nivel; lo anterior se hace con un
arado de vertedera bisurco reversible de un peso aproximado de dos toneladas. Este proceso
se caracteriza por el volteo de la tierra profunda con la vertedera (Alegría et al., 1975a).
El acaballonado con desfonda funciona en clima seco o intermedio, ya que bajo condiciones
húmedas no se requiere un laboreo intenso del suelo; asimismo, es necesario que la
profundidad del suelo sea uniforme y al menos de 50 cm, además la pedregocidad no debe
ser tan alta (Alegría et al., 1975 a).
El proceso no es aplicable en condiciones de alta sequía, ya que el arado no penetra lo
suficiente y el caballón quedara chico, tampoco es recomendable que se realice cuando el
suelo está saturado de humedad, ya que al sacarse el caballón tendrá una textura muy
deficiente y el efecto de mullido queda anulado (Alegría et al., 1975a).
El lugar donde se planta sobre los caballones varía, según el éxito obtenido en los países
donde se usa; así, por ejemplo, en Israel la planta se acomoda sobre el lomo del camellón, en
Argelia se hace en el tercio inferior y en España se realiza en el tercio superior del camellón.
5.3. Métodos mecanizados.
5.3.1. Subsolado total. Esta operación puede definirse como una preparación del
terreno en forma mecanizada que consiste en el paso de subsoladores en surcos paralelos
con profundidades homogéneas, lo suficientemente unidas para remover el suelo; la
profundidad del subsolado debe ser de 60 a 80 cm. Como una medida de seguridad para evitar
su destrucción por exceso de agua, de trecho en trecho se construye una terraza canal
29
(después se describe esta técnica) con subsolado al centro, donde también se plantarán
árboles, o se hace un bordo de contención para desviar el agua a un lugar protegido.
El acomodo de la planta se realiza sobre la misma línea de subsolado, haciéndose una
pequeña cepa para mejor colocación de la planta. La densidad de plantación debe ser alta
para proteger al terreno, ya que el movimiento del suelo es muy agresivo.
El subsolado total es inadecuado para climas húmedos y donde la vegetación arbustiva es
abundante, restringiéndose su uso en regiones donde la precipitación es baja y el suelo es de
roca madre debe ser resquebrajada con un subsolador. Este sistema de preparación del
terreno, paulatinamente pierde importancia por el alto riesgo que tiene de provocar la aparición
de erosión (Pimentel, 1978), aunque es una preparación muy eficaz del suelo cuando se usan
procesos de plantación mecanizados.
5.3.2. Subsolado en contorno o a nivel. Este tipo de subsolado es una variante
del subsolado total, para poder hacer el subsolado en contorno es necesario que la pendiente
no sea mayor del 20 %, que la vegetación sea nula o escasa, que los suelos estén poco
degradados y que al menos existan unos 40 cm de suelo para que se pueda colocar los
brinzales al momento de plantarlos (Pimentel, 1978).
El procedimiento que se sigue para hacer el subsolado es el siguiente: se trazan las curvas a
nivel con un clisímetro o algún otro apartado que funcione de forma práctica, dejándose marcas
visibles que permitan al tractorista ubicar las curvas; posteriormente se hace el subsolado con
algún tractor D6, D7, D8 o su equivalente. Los subsoladores “Ripper” deben tener una
separación máxima de dos metros; después de la primera pasada del tractor, la segunda línea
se toma como guía, ya que el “Ripper” se regresará por la última línea subsolada y el otro pico
abrirá un nuevo surco, de esta manera cada línea tendrá doble pasada. En caso de que la
penetración de los subsoladores sea muy efectiva, al regreso se abren otros nuevos surcos,
tratando de conservar el paralelismo inicial (Pimentel, 1978).
Si las condiciones topográficas del área de trabajo cambian y limita seguir con la línea guía
que se traía, se traza otra. Entre más degrado esté el suelo, la profundidad del subsolado debe
ser aplicado en terrenos pequeños donde existan cultivos abandonados.
5.3.3. Subsolado en fajas. El subsolado en faja tiene mucha similitud con el
subsolado en línea y consiste en preparar el suelo en forma mecanizada, mediante la ruptura
de los horizontes del suelo, con la finalidad de crear un medio adecuado para las plantas a
establecer (Díaz et al., 1975). El proceso de preparar el suelo consiste en el desplazamiento
de un tractor sobre curvas de nivel, cuando existe pendientes, subsolado en ambos sentidos,
de manera que se formen fajas de dos o tres surcos, según sea el número de rejones utilizados.
En ciertas especies, para que su crecimiento sea adecuado, sólo se requiere un deshierbe
localizado, por lo que es suficiente laborar únicamente una banda estrecha de 1 a 2 m para
que la planta crezca adecuadamente.
El subsolado en fajas se hace en suelos de 30 a 70 cm de profundidad, aunque en suelos
menos profundos también es factible de realizarse. La pedregocidad no impone limitaciones,
30
asimismo la pendiente en la que puede operar este sistema es entre el 35 y 55 %; el equipo
que se emplea es un tractor de oruga de 145 a 270 caballos de fuerza, equipado con barra de
levante hidráulico, rejones o “Ripper” de 1.20 m de longitud (Alegría et al., 1975).
5.3.4. Terrazas de absorción. Para construir las terrazas de absorción se necesita
maquinaria y equipo pesado, ya que se remueve bastante suelo, por lo que se emplean
tractores D6, D7 o D8 y arados de subsoleo o “Ripper”, para que rompan las cepas profundas
del suelo de manera que esté blando y permita la infiltración del agua precipitada, la cual será
aprovechada por los árboles. Este método es uno de los más eficientes para terrenos
tepetatosos (Pimentel, 1987a).
Las terrazas presentan el mismo principio que el sistema Gradoni, sólo que su construcción es
más complicada y costosa. Se construyen en zonas con terrenos erosionados y con pendientes
superiores al 40 % (Santillán, 1986).
El primer paso para la construcción de las terrazas es trazar las curvas a nivel (usando
clisímetro o nivel fijo), las marcas de nivel se ponen cada 20 a 25 m, posteriormente se
subsolea el suelo con tractor para romper el material compactado, hecho lo anterior se empieza
a formar la terraza con el “bulldozer”, cuidando de que esté a nivel en el sentido de la pendiente,
checando cada 10 a 12 m; la terraza debe tener una ligera contrapendiente que puede ser
como máximo del 5 % (Figura 10). Se considera que la terraza está a nivel si tiene
ondulaciones verticales de hasta 5 cm (Santillán, 1986).

Figura 10. La terraza de absorción se construye en terrenos muy degradados y la


densidad de plantación debe ser alta.
El ancho de las terrazas depende del equipo con que se haga, pero puede variar de 3.0 a 4.5
m, es importante que los extremos queden tapados, para evitar fugas de agua y pérdida de
suelo. Entre dos terrazas consecutivas debe dejarse una franja de 2.5 m sin alterar para dar
consistencia y protección en caso de un desbordamiento de agua. La equidistancia vertical
entre terrazas varía de 0.5 a 5.5 m, dependiendo de la pendiente del terreno. Otro criterio es
que exista una separación de a 10 m entre centro y centro de las terrazas (Pimentel, 1978).
Una vez trazada y nivelada la terraza, se procede a hacer dos líneas paralelas de subsolado
de 60 a 90 cm de profundidad. Las líneas de subsolado deben hacerse a 0.75 m del límite del
31
talud y a 1.00 m de la parte final de la terraza, lo anterior es para que las plantas no estén en
el suelo menos intemperizado (cerca del talud), ni cerca del terraplén, donde el suelo está
suelto o con restos vegetales aún sin descomponerse (Pimentel, 1978).
Se señala que el método es bueno en cuanto a retención de humedad y control de la erosión,
pero se cuestiona que es un proceso antinatural de preparación del suelo, ya que interrumpe
la evolución edáfica por el movimiento del suelo. Cuando falta equipo pesado para la
construcción de las terrazas el trabajo no se puede hacer.
5.3.5. Terrazas canal. Las terrazas canal se construyen con la finalidad de
desalojar el agua en los lugares donde ésta no puede ser retenidas, para que llegue a un cauce
que esté protegido (Figura 11). Donde existen terrazas de absorción, las terrazas canal son el
complemento obligado y es necesario intercalarlas como una medida de seguridad que eviten
la destrucción de terrazas de absorción, al permitir que el agua llegue a un cauce seguro; en
términos generales se debe construir una terraza canal por cada cinco de absorción y su
ubicación se hace a criterio, considerando los lugares donde se pueda acumular la mayor parte
del agua (Pimentel, 1978).
La forma de construcción de las terrazas canal es semejante a las de absorción, sólo que en
éstas existen una contrapendiente del 10 al 15 %, dándole además un declive longitudinal de
4 a 5 m al millar bordeando la ladera; como razón lógica de la pendiente que tiene la terraza y
la función de descarga del agua, el extremo deberá estar abierto, para que por ahí se
descargue el agua hacia un cauce empotrado y protegido por obras de control de azolves,
cuidando además que ocurra por la cuneta y no por el terraplén, para evitar pérdida del suelo
de las terrazas (Pimentel, 1987a).

Figura 11. La terraza canal se recomienda para zonas degradadas, pero de abundante
precipitación.
5.3.6. Sistemas combinados. Los sistemas combinados se refieren a la
preparación del terreno donde se hace uso de más de un método, de manera que se
complementen y puedan ser más eficientes mezclados, que solos.
En las partes más degradadas debe recurrirse a los métodos de mayor eficiencia en la
retención de humedad y control de los escurrimientos; las colinas de pendiente moderada
pueden procurarse métodos más sencillos y para las zonas cuyos suelos se encuentra en
32
buenas condiciones la cepa común o el sistema a pico de pala pueden ser la opción más
económica y seguro.
Existen casos en donde en una misma área se pueden intercalar zanjas trincheras y ciegas,
las primeras retendrán el agua en la zanja y la segunda permitirán la infiltración del agua en
suelo mullido donde se haga la zanja.
La construcción del sistema Gradoni puede ser intercalado con zanjas trincheras, lo anterior
podrá funcionar en áreas donde el sistema Gradoni sea costoso para su construcción, debido
a las características del terreno, por lo que su densidad puede ser baja, y entre los espacios
libres, entre las terracillas, se pueden intercalar las zanjas trincheras, para evitar dejar mucho
terreno sin plantar.
Otra forma de combinar métodos es haciendo caballones o bordos y entre ellos se puede hacer
subsolado en fajas o en contornos, esta combinación de métodos funcionará en lugares donde
la pendiente sea mínima; los caballones servirán como bordos para la retención del agua.
Una de las combinaciones más eficientes para suelos muy erosionados y con fuerte pendiente
son las terrazas de absorción y el subsolado a nivel, esta combinación es ideal cuando la
distancia entre terrazas es de 7 a 15 m. El subsolado a nivel ayuda a evitar los escurrimientos
superficiales excesivos; además de que se pueden intercalar de 4 a 8 hileras más de árboles,
con lo que se le da un mejor uso al terreno (Pimentel, 1987a).
Otro método combinado, es cuando se construyen terrazas de absorción y como complemento
casi obligado es necesaria la existencia de terrazas canal, que cumplen funciones importantes
para el desagüe cuando existen precipitaciones abundantes, evitando así la descripción de las
terrazas de absorción. Las terrazas canal también pueden funcionar combinadas con el
subsolado total, las cuales permitirán el desalojo de agua cuando escurre en exceso. Por ello,
no se puede decir que un método es mejor que otro, sino que dependiendo de las condiciones
y presupuesto se deben elegir las combinaciones más funcionales.
6. FECHA DE PLANTACIÓN. La mayor parte del territorio nacional presenta climas
estacionales, es decir, con una marcada estación de secas generalmente prolongada y una de
lluvias más breve y errática que suele adelantarse o atrasarse por cierto tiempo.
Considerando lo anterior, este apartado trata de justificar objetivamente porque para la mayoría
de las regiones del país no es recomendable plantar durante toda la época lluvias, sino que
estas actividades deben concentrarse preferentemente al inicio del temporal, siguiendo la
lógica de las labores agrícolas de temporal.
Por ello, podemos asegurar que otra de las cuestiones básicas para lograr éxito en la
reforestación es la fecha de plantación. Hasta el momento podemos observar que las labores
de reforestación se realizan durante toda la época de lluvias, lográndose muy poca
sobrevivencia, sobre todo cuando los árboles se plantan al final de dicho periodo de lluvias,
atribuyéndose entre otras posibles causas, a que los brinzales no logran arraigar por la
subsecuente falta de humedad y en el ambiente, que les estimule a franquear el estrés y a que
el sistema radical se establezca.
33
Por esta razón se sugiere definir una fecha apropiada de plantación basada en el balance de
humedad, el cual se determina a través de una comparación grafica entre la
evapotranspiración y la precipitación; para ello, se requiere que en la localidad de interés
existan estaciones climatológicas, que registren al menos estos dos factores, para graficar su
distribución y definir con precisión el periodo húmedo, el cual junto con las observaciones y
registros del año en que se va a trabajar, permita lograr mejores resultados. Si a esta
consideración se agrega una especie adecuada, una preparación óptima del terreno y la
protección de los pequeños árboles establecidos, los resultados pueden ser más favorables.
6.1. Uso del balance de humedad para definir la fecha de plantación. El balance de
humedad es un concepto útil para estimar rendimientos, para conocer la cantidad de agua
perdida durante el ciclo vegetativo de las plantas y, para saber cuál es la cantidad de humedad
disponible en determinado momento.
Es indispensable recordar aquí algunos conceptos como la evaporación potencial (Ev), que es
la cantidad de vapor de agua que puede ser emitida desde una superficie libre hacia la
atmosfera, la cual es registrada por el tanque de evaporación o evaporímetro. La transpiración,
por otro lado, es la perdida de agua liberada hacia la atmosfera a través de los estomas y
cutícula de las plantas; por lo tanto, la evapotranspiración (Et) es la suma de la cantidad de
agua evaporada desde el suelo y la transpirada por las plantas.
Por otra parte, la evaporación potencial (ETP) es la máxima cantidad de agua capaz de ser
perdida por una capa continua de vegetación que cubre todo el terreno, cuando es ilimitada la
cantidad de agua suministrada al suelo. La evapotranspiración real (ETR) es la cantidad de
agua perdida por el complejo planta-suelo en las condiciones meteorológicas, edáficas y
biológicas existentes. En estas últimas se incluye el tipo de cultivo y su fase de crecimiento y
desarrollo. En las condiciones edáficas se incluye el contenido de humedad y la fuerza con
que está es retenida. La ETP y la ETR se igualan durante el periodo húmedo, es decir, cuando
la precipitación (P) es mayor a la ETP (Ortiz, 1984).
Por consiguiente, la Ev es la demanda de vapor de agua de la atmosfera, la cual normalmente
excede a la ETP en aproximadamente un 20 %, debido principalmente a la mayor reflexión de
la capa vegetal comparada con la superficie de agua, según se a demostrado
experimentalmente (Ortiz, 1984). Es por ello, que para determinar la ETP, el registro de Ev se
multiplica por 0.80 y se obtiene de manera indirecta. Estos conceptos se mencionan por su
aplicación para determinar el balance de humedad y definir la mejor fecha de plantación para
determinada localidad
6.2. Ejemplo para determinar la fecha de plantación. Consideremos una localidad del
estado de Morelos donde deseaban realizar labores de reforestación, forestación o plantación.
Lo primero que debemos hacer es recurrir a la estación climatológica más cercana al área a
reforestar y recabar las estadísticas promedio mensual de la precipitación y la evaporación; las
cuales deben agruparse como lo muestra el Cuadro 2, y se grafican de acuerdo a la Figura
12a y b.
La primera grafica compara precipitación y evapotranspiración potencial, definiendo el periodo
de crecimiento y el periodo húmedo (Figura 12a). En la gráfica siguiente (Figura 37) se define
la fecha de plantación, asumiendo que el inicio de las lluvias es similar al inicio del del periodo
de crecimiento, el cual se sustituye por el periodo de plantación, que ocurre cuando la curva
de precipitación se intercepta en la gráfica en el 0.5 de la ETP, (que fisiológicamente
representan las necesidades de humedad para la germinación de los cultivos).
34
Cuando la precipitación (P) es mayor a la ETP, se considera que existen excedentes de agua
en el terreno y la planta arraiga, debido a este estímulo para superar el estrés natural. Cuando
la estación de lluvias termina y la precipitación vale el 0.50 de la ETP se da subsecuentemente
el final del periodo de crecimiento, aquí se supone que la planta ha arraigado y puede franquear
la estación seca de acuerdo a su capacidad ecológica adaptativa.
Cuadro 2. Registros climatológicos de la estación Jonacantepec, Morelos. A una altitud
de 1165 m.s.n.m.; una precipitación media anual de 863.9 mm y un clima Aw.
Mes P Ev ETP (0.80*Ev) 0.50 ETP
Enero 8.1 109.2 87.36 43.68
Febrero 1.1 127.4 101.92 50.96
Marzo 3.0 177.7 142.16 71.08
Abril 11.0 182.4 145.92 72.96
Mayo 64.7 189.4 151.52 75.76
Junio 200.4 138.9 111.12 55.56
Julio 162.0 147.2 117.60 58.80
Agosto 182.0 130.1 104.08 52.00
Septiembre 162.2 120.2 96.16 48.00
Octubre 52.8 110.4 88.35 44.17
Noviembre 13.8 101.7 81.36 40.68
Diciembre 1.9 101.2 80.96 40.48
P = Precipitación media mensual total en mm;
Ev = Evaporación potencial en mm; y
ETP = Evapotranspiración potencial en mm.

Figura 12a. Balance de humedad de acuerdo a la información climática de la estación


Jonacatepec, Morelos.
35
Figura 12b. Consideraciones climáticas para definir la fecha de plantación.
Utilizando las figuras correspondientes a la estación de Jonatepec, Morelos, representativa de
una gran superficie de esta entidad, podemos observar que para la región las fechas del inicio
del periodo de lluvias y la estación húmeda pueden servir para definir la fecha de plantación
de acuerdo a la siguiente lógica y usando la Figura 12b.
1). Usar el lapso entre a1 y b2 para el establecimiento de la plantación, considerando que en
estas circunstancias existe la humedad suficiente para el arraigo de las plantas. El periodo
anterior puede cambiar un poco de acuerdo a las observaciones y registros del año a plantar,
puesto que existen años en los que las lluvias se adelantan, se atrasan o se presentan
seguidas; por lo anterior, el balance de humedad es un indicador útil en función de las
condiciones en cuestión.
2). Que la preparación del terreno se haga previo al inicio de las lluvias y de preferencia bajo
sistemas de alta retención del escurrimiento. Dado que cuando los programas de reforestación
abarcan grandes áreas, es difícil concentrar ambas actividades.
Cabe señalar, que, si no se cuenta con la información de estaciones climatológicas, la fecha
de plantación deberá definirse siempre al inicio del periodo de lluvias. Debe destacarse que
los campesinos conocen bastante sobre el comportamiento del clima de su región, lo cual suele
ser de singular importancia.
Es importante, conocer que se sabe que, en el estado de Tabasco, México, se tienen definidas
dos épocas de plantación, una al inicio de las lluvias en los meses de junio y julio y la otra la
temporada de reforestaciones de plantado y de restaurado mejor al inicio de los nortes en los
36
meses de noviembre y diciembre sobre los meses de lluvia de junio a julio (Pérez y Chacón,
1994; Martínez et al., 2006). Ello porque en temporada de nortes se tienen temperaturas bajas
que evitan la deshidratación de la planta (Pérez y Chacón, 1994; Martínez et al., 2006;
Gutiérrez, 1989).
7. PLANTACIÓN.

7.1. Trazado y densidad de plantación. El trazado para localizar los puntos donde se
plantará puede ser de diferentes formas; si las condiciones del terreno son homogéneas y sin
pendiente, se puede utilizar un merco real (forma de cuadros) o un tresbolillo (forma de
triangulo isósceles), estos trazos también pueden funcionar en terrenos con pendiente pero
uniformes, en cambio, si el terreno es poco uniforme, la distribución de la planta deberá
realizarse en forma irregular, de acuerdo a las características del terreno, tratando de que el
lugar donde se haga la cepa esté libre de obstáculos (rocas, vegetación arbustiva, etc.). Cabe
aclarar que en terrenos degradados bajo ninguna circunstancia debe eliminarse la vegetación
arbustiva o herbácea, salvo el perímetro adyacente a las plantas establecidas, para evitar la
competencia.
Por otra parte, la densidad de plantación que se maneja con fines de restauración, en términos
generales, debe ser alta y utilizando diversas especies, sobre todo donde se remueve el suelo
ya que puede hacerlo más erodable, por lo que se debe cubrir lo más posible. No obstante, la
densidad de plantación depende también de otros factores como: la preparación del terreno,
la precipitación y las posibles expectativas económicas, entre otros.
La densidad de plantación más usual es de 2500 a 4444 plantas/Ha (1.5 a 2.0 m entre plantas)
cuando se trata de coníferas y de 1111 a 2500 plantas/Ha (2.0 a 3.0 m entre plantas) si son
latifoliadas. Para precipitaciones menores a los 750 mm la densidad de plantación debe ser
menor y en consecuencia la preparación del terreno debe buscar una mayor eficiencia en la
captación del agua.
7.2. Selección y preparación de la planta en vivero. La selección de la planta debe ser
hasta cierto punto rigurosa, ya que la calidad de la misma influirá en la prosperidad de la futura
plantación, por ello, los brinzales deberán tener cuando menos 20 cm de altura, con tallo
endurecido o lignificado, sin deformaciones, sin daños, con un sistema radical bien
desarrollado y capaz de superar el estrés natural de la plantación y la subsecuente estación
de sequía. En reforestaciones urbanas se recomienda que la planta sea más grande.
Por otro lado, uno o dos días antes de la plantación, debe aplicarse un fuerte riesgo a las
plantas con la finalidad de que la humedad pueda ser utilizada por los brinzales en caso de
que no lleva inmediatamente después de la plantación, asimismo, se persigue que el cepellón
tenga buena consistencia y no se desmorone con el manipuleo a que está sujeto al
transportarse y plantarse.
7.3. Transporte de la planta. El transporte de la planta generalmente implica altos costos,
por lo que se debe aprovecharse al máximo el espacio disponible del medio de transporte.
Para lograr un traslado eficiente y facilitar su distribución en el área a reforestar, es conveniente
37
que se utilicen cajas de plástico o de madera, lo que ayudará, además, a que la planta no se
maltrate. Algunas consideraciones a tomar en cuenta para hacer un transporte adecuado, son
las siguientes:
1. La planta debe trasladarse en horas frescas del día para evitar que se deshidraten o
marchiten.
2. Los vehículos deben desplazarse a bajas velocidades para evitar que la planta se maltrate
y se deseque.
3. Los vehículos deben, de preferencia, protegerse con una lona para que la planta no se
estrese por la acción del sol o del viento.
4. Se debe evitar apretar demasiado los envases al acomodarlos para no dañar la planta.
7.4. Plantación.
7.4.1. Organización del personal. Para lograr que la actividad de reforestación se
realice eficientemente es recomendable que exista un responsable, el cual coordinará las
acciones a desarrollar, y como primer paso es necesario que reúna a la gente y les especifique
detalladamente la forma de plantar los brinzales.
7.4.2. Distribución de los brinzales. La distribución de la planta en el sitio de
plantación debe hacerse tal como se trajo del vivero, dejándose a un lado de la cepa,
procurando seguir cierto orden. Para lograr una eficiente distribución es recomendable que se
haga por línea o en fajas.
7.4.3. Poda de la raíz, rasgado y quitado de los envases. Para hacer la poda de la
raíz se corta el envase con todo y cepellón a 1 o 2 cm de la base, de manera que las raíces
de la parte final sean podadas y se eliminen posibles enrollamientos de las mismas (Figura
13). Con esta acción se logra desechar defectos del sistema radical y se ayuda a que las raíces
se fijen más rápidamente en el suelo, al crear las condiciones para que se generen nuevos
puntos de crecimiento.

Figura 13. Forma de podar la raíz y quitar el envase al momento de plantar.


7.4.4. Plantado. Antes de poner la planta en la cepa, es conveniente que en el fondo
se pongan unos 8 cm de tierra, de manera que quede asentada en el suelo blando. La planta
debe quedar ubicada en el cetro de la cepa y en posición vertical, después se procede a vaciar
la tierra; una vez que esté llena la cepa, deberá apisonarse fuertemente alrededor de la planta
38
para que tenga buen contacto con el suelo y se evite que queden espacios de aire. Los envases
deberán enterrarse en una esquina o recogerse, debiendo evitar que queden tirados ya que el
proceso de su degradación es lento.
Finalmente es aconsejable hacer un cajete aireador de la planta para que exista buena
captación de agua, sobretodo en lugares de escasa precipitación, independientemente del
método de preparación del terreno empleado.
7.4.5. Replante. Una alternativa que permite obviar el proceso de producción de planta
en vivero, es la obtención de brinzales en los rodales de las cortas de regeneración donde se
origina una densidad de renuevo abundante; a esta técnica se le conoce como replante y
consiste en traer los brinzales de hasta un metro de altura, envolviendo y atado el cepellón
removido y llevándolos a las áreas donde la densidad del renuevo es insuficiente.
La preparación del terreno para el replante está sujeta a las condiciones del nuevo sitio. Esta
técnica, aunque puede aplicarse a pequeña escala, representa economía para propietarios de
predios pequeños, al obviar el proceso de producción de planta y el transporte.
8. PROTECCIÓN Y CULTIVO. Después de plantar es de suma importancia establecer un
programa de mantenimiento y protección de las áreas plantadas. Para ello se deben definir los
aspectos más trascendentales, como los siguientes:
8.1. Cercado. En la fase inicial es conveniente evitar totalmente el acceso del ganado,
previo acuerdo con los dueños de los hatos, sobre todo de caprinos. Debe hacérseles ver las
ventajas posteriores si permiten que los árboles arraiguen, lo que permitirá que sus fuentes de
forraje se acrecenten, máximo si las especies cuentan con frutos o follaje ricos en proteínas y
susceptibles de podas, que no obstante al inicio de crecimiento los hacen extremadamente
vulnerables.
Cuando no se puede restringir el acceso del ganado como medida de seguridad, debe
recurrirse al cercado temporal; esta actividad a pesar de ser costosa en algunos lugares es
indispensable cuando el ganado no solo pisa los árboles, sino que los consume desde el cuello
de la raíz. Por ello, debe establecerse una cerca de púas o vallado de piedra y ramas con
espinas que eviten el paso del ganado. Los tendidos de alambre pueden volverse a utilizar en
otras áreas, cuando los árboles alcancen un desarrollo apropiado.
8.2. Deshierbes. Las malas hierbas deben eliminarse periódicamente ya que provocan
competencia por nutrientes, luz, espacio y agua, sobre todo en las primeras fases de
desarrollo, ya que como se sabe las etapas críticas de una plantación para su establecimiento
son al inicio y en el periodo de secas del primer ciclo anual. Por otro lado, estas actividades
deben realizarse solo alrededor de las plantas y los residuos del deshierbe deben colocarse
compactos en el diámetro de la cepa, lo cual evitará el rebrote y la evaporación excesiva. No
obstante, esta práctica puede constituir un almacenamiento de combustible para los incendios
en la estación de secas; si no se logra descomponer inmediatamente debe cubrirse con tierra
para coadyuvar en su descomposición.

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8.3. Protección contra incendios. Los incendios forestales pueden afectar
significativamente una plantación, puesto que cuando los brinzales están pequeños el fuego
más leve puede matarlos. Cuando más atención y cuidado debe tenerse es en el periodo de
secas, que es cuando la temperatura asciende, la humedad relativa baja y los vientos son
fuertes. Como medida preventiva se recomienda hacer una brecha cortafuego en el perímetro
de la plantación. Otra medida eficaz es realizar campañas de divulgación entre la población
para que participe en las actividades de protección del recurso en caso de siniestro. Además,
es conveniente que en este periodo crítico se tenga vigilancia y se lleven a cabo labores de
limpia de combustibles que fortuitamente pudieran propagar un incendio, materiales de alto
riesgo.
8.4. Aplicación de fertilizantes orgánicos. Si existe la posibilidad de contar con estierco,
debe aplicarse en dosis moderadas dentro de la cepa al inicio de las lluvias y hasta mediados
de la estación. Aunque esta práctica es difícil y poco común, ofrece mejores oportunidades
para el desarrollo de las plantas establecidas.
8.5. Protección contra plagas y enfermedades. Después de realizar la reforestación, es
conveniente hacer un recorrido por el área para tratar de determinar si existe algún problema
de plagas y enfermedades para que, de existir, se tomen las providencias necesarias. Una de
las plagas más comunes es la gallina ciega, sobre todo en coníferas como la experiencia nos
lo ha podido demostrar, por citar un ejemplo. De abandonar los brinzales sin determinar su
estado fitosanitario, se está corriendo un alto riesgo de que se fracase.

8.6. Aporcado. Esta actividad es recomendable que se efectúe cuando menos durante los
tres primeros años de desarrollo y al inicio del periodo de lluvias. El aporcado consiste en
arrimar la tierra al brinzal en torno a su base de manera que se forme un promontorio cónico
por medio del azadón o pala recta (Figura 14). Lo anterior permite que el cajero se vuelve a
formar y en consecuencia se capte mayor volumen de agua, además de que no estará en
contacto con la base de la planta; otras ventajas que representan esta faena es reducir la
evaporación y resequedad del suelo al disminuir el sobrecalentamiento del horizonte superficial
(Pimental, 1987b).

Figura 14. El aporcado es una practica útil para lograr mayor desarrollo de los árboles
en su etapa juvenil.
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9. EVALUACIÓN. Una vez establecida la plantación, es conveniente que se registre la
información básica como: origen de la semilla, especies, año de plantación, densidad de
plantación, nombre del sitio, tipo de propiedad, exposición, pendiente, clima, altura sobre el
nivel del mar y responsable técnico, entre otros. Esta información ayudara a que se conozcan
las características principales del área reforestada.
Por otro lado, es necesario conocer el grado de sobrevivencia y desarrollo que tienen los
árboles conforme transcurre el tiempo; por lo que se tiene que recurrir a evaluaciones
periódicas, las cuales se recomienda que se efectúen en sitios de muestreo permanente, las
dimensiones de estos varían en función del tamaño de los brinzales (entre mayor sea el tamaño
de las plantas, mayor será el tamaño de los sitios), pero cuando se evalúa regeneración,
frecuentemente se utilizan sitios de 100 m2.
La intensidad de muestreo también es importante y, básicamente, esta función de la precisión
deseada, de la homogeneidad de las variables y de los costos. En general se puede pensar
en una intensidad del 5 %, ya que, si se aumenta demasiado, los costos se incrementan
notablemente.
Las principales variables a evaluar serán sobrevivencia, crecimiento, vigor y coloración del
follaje de las plantas, la primera permite detectar la existencia de factores críticos que pueden
causar la muerte a las plantas, como pueden ser escasez de humedad, presencia de plagas y
enfermedades, daños por incendios y ganado.
Las evaluaciones deberán hacerse al menos cada cuatro meses, de manera que se conozca
a detalle el estado físico de la plantación, para en caso de que se tengan problemas, se tomen
a tiempo las medidas de control pertinentes. En cambio, las evaluaciones de crecimiento
pueden realizarse anualmente, de preferencia una vez que termine el periodo de crecimiento
de las plantas, lo cual puede ser a finales de otoño o principios de invierno. La evaluación de
las variables debe hacerse en función de los objetivos que se persigan.
10. CONSIDERACIONES FINALES. Es importante que previo a cualquier actividad de campo,
los responsables establezcan convenios de colaboración con los dueños y/o poseedores de
los terrenos a reforestar, independientemente de que sean tierras ejidales, comunales o
privadas. Asimismo, debe informárseles del programa que se va a desarrollar y de la
importancia del mismo, haciéndoles ver los beneficios que se obtendrán a futuro; además, se
debe tratar de involucrarlos en las actividades operativas que se lleven a cabo, de tal manera
que a futuro ellos sean los responsables de cuidar y cultivar a las plantaciones.
Queremos esbozar al menos la idea de que los trabajos de repoblación forestal son costosos
y el éxito de esta empresa no sólo depende de la aplicación adecuada de la técnica, en muchas
ocasiones está en función de nuestra capacidad para organizar la participación de la población
local, procurando que estas actividades coadyuven a un desarrollo auténticamente
comunitario, sobre todo de los estratos más necesitados de la sociedad, ya que la cultura
forestal que hoy se necesita no es conocimiento ni conciencia; en estos tiempos debe ser una

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actitud, que los lleve del decir al hacer y que en la práctica demuestren su efectividad (Sánchez
– Vélez, 1987).
Es conveniente señalar también la necesidad de considerar que existen cientos de árboles y
arbustos nativos potencialmente útiles para la reforestación, ya que en todo el país se da
preferencia al género Pinus y a otros introducidos como Eucalyptus spp., especies muy
nobles y económicamente muy apreciados, pero en ciertos casos existen otras más rusticas y
productivas para condiciones con cierto grado de deterioro. En las regiones diferentes a la
zona templada tenemos árboles y arbustos cimarrones cuya producción maderable es
modesta, sin embargo, su papel estratégico en el mejoramiento ambiental es fundamental y
deben propagarse para evitar su desaparición o su degradación genética.
Por ello, debe remarcarse que existen en México una gama de especies potenciales como
elementos reforestadores, no necesariamente productoras de madera, sino de alimentos,
forrajes, medicinas, sustancias químicas, industriales, etc., que merecen la misma atención
que cualquier otro recurso forestal económicamente importante. Por lo tanto, el papel que en
el futuro jugarán las especies actualmente consideradas no convencionales será decisivo para
la restauración hidrológico – forestal de las cuencas degradadas, por lo que no debemos
menospreciar como elemento reforestador a ninguna especie.
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Esta edición estuvo a cargo del
Departamento de Imprenta Universitaria,
se imprimieron 2000 ejemplares.
Octubre de 1991.

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