1.
Técnicas de exposición
Este tipo de técnicas son empleadas especialmente en los casos de
fobias y trastornos de ansiedad y control de los impulsos. Se basan en
confrontar al paciente al estímulo temido o generador de ansiedad hasta
que ésta se reduzca, de manera que pueda aprender a gestionar su
conducta ante él a la vez que a nivel cognitivo reestructura los procesos
de pensamiento que le hacen sentir malestar ante dicho estímulo o
situación.
En general, se procede a hacer entre paciente y terapeuta una jerarquía
de estímulos temidos, de manera que este pueda ir poco a poco
acercándose y exponiéndose a ellos paulatinamente. La velocidad de
aproximación puede variar enormemente según el paciente se sienta
más o menos capaz de hacer frente a lo temido.
Las técnicas de exposición pueden aplicarse de muy diversa manera,
tanto en vivo como en imaginación e incluso es posible aprovechar las
posibilidades tecnológicas para aplicar exposición a través de realidad
virtual.
2. Desensibilización sistemática
Si bien el procedimiento aplicado en la desensibilización sistemática es
semejante al de la exposición, ya que en él se establece también una
jerarquía de estímulos ansiógenos a los que el paciente va a exponerse,
se diferencia de las técnicas anteriores en el hecho de que previamente
se ha entrenado al paciente en la realización de respuestas
incompatibles con la ansiedad.
Así, se busca reducir la ansiedad y la evitación de situaciones y
estímulos mediante la realización de conductas que eviten que esta
aparezca, y con el tiempo provocar un contracondicionamiento que se
termine generalizando.
Diferentes variantes de esta técnica son las escenificaciones emotivas
(aplicada especialmente con niños y empleando un contexto agradable
en que poco a poco se introducen los estímulos), la imaginación emotiva
(en que se usan imágenes mentales positivas que eviten en lo posible la
ansiedad) o la desensibilización por contacto (en que el terapeuta
ejercería de modelo para enseñar cómo actuar).
3. Técnica de la flecha ascendente
Se basa en la modificación de los esquemas de pensamiento del
paciente a través de diversos métodos, identificando los propios
patrones de pensamiento y su influencia sobre la vida del paciente y
generando junto al paciente alternativas cognitivas más adaptativas y
funcionales.
Esto se consigue acerca de una serie de preguntas que buscan explorar
el porqué de cada respuesta que se da ante temas que resultan
importantes o significativos para la persona, y que tienen que ver con su
motivo de consulta. Así, se va preguntando por el significado de esas
ideas y pensamientos, hasta que se llega a un punto en el que la
persona se enfrenta a dudas como: “¿por qué he dado por supuesto que
soy así?”, “¿Por qué motivo me he estado comportando de esta
manera?”, “¿Por qué le doy tanta importancia a aquella vivencia?”.
Se trata de una técnica que se utiliza en el marco de la reestructuración
cognitiva, un método muy usado para mofificar patrones de
pensamiento, y que tiene como objetivo permitir que los pacientes se
desprendan de creencias irracionales y limitantes, para adoptar otras
más adaptativas.
Así pues, se modifican creencias, actitudes y puntos de vista, todo ello
con el objetivo de hacer que la persona pase a interpretar las cosas de
otro modo, por un lado, y se plantee diferentes objetivos y expectativas,
por el otro.
Estas modificaciones tienen el poder de hacer que aparezcan nuevos
hábitos y que desaparezcan esas rutinas que son poco útiles o
generadoras de malestar. De esta manera, se propicia que sea la propia
persona la que se involucre en contextos, iniciativas, tareas con
potencial terapéutico, y a las que no se habría expuesto en el caso de
haber conservado el viejo sistema de creencias.
4. Técnicas de modelado
El modelado es un tipo de técnica en la que un individuo realiza una
conducta o interactúa en una situación con el objetivo de que el
paciente observe y aprenda una manera de actuar concreta de manera
que sea capaz de imitarlo. Se busca que el observador modifique su
conducta y/o pensamiento y dotarle de herramientas para afrontar
determinadas situaciones.
Existen diferentes variantes según el observador deba o no replicar la
conducta, el modelo domine desde el inicio de realizar la conducta
deseada o tenga recursos semejantes al paciente de modo que se vaya
haciendo una aproximación al objetivo, el número de personas que
actúan como modelo o si el modelado se realiza en vivo o a través de
otros medios como la imaginación o la tecnología.
5. Inoculación de estrés
Esta técnica se basa en la preparación del sujeto de cara a hacer
frente a posibles situaciones de estrés. En ella se pretende en
primer lugar ayudar al paciente a entender cómo le puede afectar
el estrés y cómo puede hacerle frente, para posteriormente
enseñarle diferentes técnicas cognitivas y conductuales como las
otras aquí reflejadas y finalmente hacer que las practique en
situaciones controladas que permitan su generalización a la vida
cotidiana.
El objetivo es que la persona se acostumbre a afrontar las situaciones
estresantes de manera racional, sin quedar bloqueada por sus
emociones.
Así, la inoculación de estrés es una especia de entrenamiento
psicológico que modifica nuestras predisposiciones de reacción ante las
situaciones estresantes, permitiendo que adoptemos un patrón de
comportamiento más adecuado y que no nos haga caer en la profecía
autocumplida (en este caso, al estrés por la previsión del estrés).
6. Entrenamiento en autoinstrucciones
Creado por Meichenbaum, el entrenamiento en autoinstrucciones se
basa en el papel de éstas sobre la conducta. Se trata de las
instrucciones que con las que guiamos nuestra propia conducta
indicando qué y cómo vamos a hacer algo, las cuales están teñidas por
las expectativas hacia los resultados a obtener o a la propia eficacia.
Determinadas problemáticas tales como una baja autoestima o
percepción de autoeficacia pueden producir que la conducta se vea
perjudicada y no pueda realizarse con éxito e incluso evitarse. Con esta
técnica se pretende ayudar al individuo a que sea capaz de generar
autoverbalizaciones internas correctas, realistas y que le permitan llevar
a cabo las acciones que desea realizar.
El proceso pasa porque en primer lugar el terapeuta realice un modelado
de la acción a realizar indicando los pasos en voz alta. Posteriormente el
paciente llevará a cabo dicha acción a partir de las instrucciones que irá
recitando el terapeuta. A continuación se procederá a que sea el propio
paciente quien se autoinstruya en voz alta, para luego repetir el proceso
en voz baja y finalmente mediante habla subvocal, interiorizada.
Esta técnica puede emplearse por sí misma, si bien es frecuente que se
incorpore como parte de otras terapias dedicadas al tratamiento de
diferentes trastornos como la depresión o la ansiedad.
7. Entrenamiento en resolución de problemas
El entrenamiento en resolución de problemas es un tipo de tratamiento
cognitivo-conductual a través del cual se pretende ayudar a los sujetos a
hacer frente a determinadas situaciones que por sí mismos no son
capaces de solucionar.
En este tipo de técnica se trabajan aspectos como la orientación hacia el
problema en cuestión, la formulación del problema, la generación de
posibles alternativas para solucionarlo, la toma de una decisión respecto
a la más apropiada y la verificación de sus resultados. En resumidas
cuentas, se trata de saber enforcar las situaciones complicadas del
modo más constructivo posible, sin dejarse llevar por los miedos y la
ansiedad.
8. Técnicas operantes para la modificación de conductas
Si bien de origen conductista, este tipo de técnicas forman parte
también del repertorio cognitivo-conductual. A través de este tipo de
técnicas se trata fundamentalmente de provocar una modificación en la
conducta a través de la estimulación.
Permiten tanto motivar y contribuir a aprender nuevas conductas como
a reducirlas o modificarlas mediante la aplicación de refuerzos o
castigos. Dentro de las técnicas operantes podemos encontrar el
moldeamiento y el encadenamiento para potenciar conductas
adaptativas, el reforzamiento diferencial para reducir conductas o
cambiarlas por otras y la saciación, el tiempo fuero o la sobrecorrección
como manera de modificar o extinguir las conductas.
9. Técnicas de autocontrol
La habilidad de autogestión es un elemento fundamental que nos
permite ser autónomos y adaptarnos al medio que nos rodea, mantener
nuestra conducta y pensamientos estables a pesar de las circunstancias
y/o ser capaz de modificarlas cuando es necesario. Sin embargo muchas
personas tienen dificultades en adecuar su conducta, expectativas o
forma de pensar a la realidad de una forma adaptativa, con lo que
pueden producirse diferentes trastornos.
Así pues, las técnicas de autocontrol son utilizadas para facilitar el
aprendizaje de patrones de conducta en las que la impulsividad se vea
aplacada por la consideración de las consecuencias futuras que ciertas
acciones pueden acarrear.
Realizar un entrenamiento que fortelezca las habilidades de autocontrol,
tal como se consigue con la terapia de autocontrol de Rehm, puede
servir para controlar problemas de diversa índole como los producidos
en procesos depresivos y ansiosos.
10. Técnicas de relajación y de respiración
La activación física y psíquica es un elemento de gran importancia a la
hora de explicar problemas tales como la ansiedad y el estrés. El
sufrimiento que provoca la presencia de problemas y dificultades puede
en parte ser reducida por técnicas de relajación, aprendiendo a partir de
ellas a gestionar las sensaciones corporales de manera que también
pueda ayudarse a gestionar la mente.
Dentro de este grupo encontramos la relajación progresiva de Jacobson,
el entrenamiento autógeno de Schultz o las técnicas de respiración.