0% encontró este documento útil (0 votos)
88 vistas3 páginas

Danilo

Cuento corto
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
88 vistas3 páginas

Danilo

Cuento corto
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Danilo

Mientras caminaba de un lado a otro en mi cuarto pensaba en Esmeralda, mi


madre, acababa de llegar de la entrega de boletines y sabía que estaba
esperando que yo bajara para empezar a darme la cantaleta de siempre, y
Germán, mi padre, también esperándome para premiarme por la medalla que
había obtenido en deportes, aunque en el resto de materias no había superado el
2.0 eso a él no le importaba. Baje silenciosamente las escaleras, hasta llegar a la
sala y vi que mi madre preparaba algo en la cocina, volví a subir lentamente,
prefería que fuera ella quien me buscara para regañarme por haber perdido el
año, ya era la tercera vez que repetía grado noveno y esta vez sonaba en serio
que no me comprarían el portátil.

2:50 pm, ya se acercaba la hora en la que empezaba el partido, Colombia contra


Costa de Marfil, mis padres alistaban algo de comer para ver el pardito todos.
Estaba en mi cuarto jugando con el celular cuando escuche a mi madre gritar –
Daniloooo!!! Baja que el partido ya va a empezar - una seña de enojo se dibujo en
mi rostro, pues odiaba que me gritara a cada rato, baje y cuando me iba a sentar
en el sofá, mi hermano de 10 años estaba sentado en mi lugar preferido, quítate! -
Le grite - ese es solo mi lugar. El sin decir ni una sola palabra agacho su mirada y
se levanto, mi madre ya venía con una bandeja y mi padre con la gaseosa, me
entregaron un sanduche con queso, jamón, lechuga, huevos de codorniz… y allí
fue cuando explote, grite a mi madre – como se te ocurre poner estos asquerosos
huevos en mi sanduche – acaso no te he dicho mas de mil veces que no me
gustan – mi madre negó con la cabeza y se dirigió a la cocina a traer una escoba y
un recogedor. Recogió el sanduche que le lance mientras la gritaba.

Mientras tanto, mi padre se burlaba entre dientes al verme enojado, mi hermano


lloraba y mi hermana Samy de tres años seguía a mi madre jalándola de la blusa.
Me fui a mi cuarto y me puse a llorar hasta que tuve los ojos tan hinchados que no
los podía abrir, cuando logre cesar el llanto, pensaba en lo cruel que era mi
familia, mis hermanos me molestaban todo el tiempo, decían que mi madre
siempre me prefería a mí, mi madre era sobreprotectora y mi padre prefería pasar
horas frente al televisor viendo futbol. Sabía que tenía la familia más horrible del
mundo, los detestaba y me detestaba, y también detestaba al creador del mundo,
por haberme mandado una familia tan imperfecta.

Cuando baje, el partido ya iba en el segundo tiempo, mi silla estaba vacía y el


sanduche sin huevos listo en la mesa para digerir. Cogí el sanduche y la gaseosa
y me senté a ver el final del partido, el resto de la familia, en excepción de mi
padre que estaba muy concentrado en el partido, me miraban con nobleza y yo
con mi ego sentado al lado me digne a mirarlos con ira y acomodarme
sínicamente. Apenas termino el partido, me levante y subí a mi cuarto, ignorando
las buenas noches de mi familia, sentí que por fin podía descansar del tortuoso día
que había tenido. En la noche sentí cuando mi madre entro silenciosamente a mi
cuarto y me beso la frente dándome las buenas noches.

A la mañana siguiente mi madre y mis hermanos me llevaron el desayuno a la


cama, entraron, lo pusieron sobre la mesa de noche y se dieron vuelta sin susurrar
ni una sola palabra, esa es la última vez que recuerdo haberlos visto. Cuando
estaba acomodándome para beber un soro de chocolate sentí un estruendo, en
ese mismo instante me acurruque debajo de la mesa de estudio, recordando los
tontos simulacros que nos hacia mama. Allí fue cuando un movimiento brusco
destruyo todo mi hogar. Cuando desperté el polvo nublaba mi vista, el terremoto
había dejado rastros de nuestra ropa, el baloncito favorito de mi hermano, las
cabezas de las muñecas de mi hermana, pedazos del televisor que tanto amaba
papa. También había una tela de seda de un vestido de mi madre que usaba
especialmente para mis entregas de boletines.

El reloj de mi padre que usaba para decirme que ya era hora de irme a dormir y
una calificación de 0.8 de mi examen final, en el intento de mirar escuche una voz
que gritaba mi nombre, ¡Danilo estoy aquí!… un calosfrío corrió por todo mi
cuerpo, era mi hermano Jostin se encontraba atrapado entre los escombros con
su rostro raspado, le di vuelta y pude ver una agujero en su pecho, mi hermano
me miro fijamente y me dijo con voz temblorosa; se bien que tú no quieres ni a
mama, ni a papa, ni a ninguno de nosotros, pero te suplico que me ayudes a
encontrarlos… Jostin – continuo – yo hubiera querido que mi madre me abrazara
como a ti, que papa me comprara los bonitos juguetes que tu tenias, y por
supuesto unos hermanos con los cuales jugar, en cambio… tu Danilo, tu nunca
valoraste la hermosa y perfecta familia que tuviste. No sé cuánto tiempo
transcurrió antes de que un hombre interrumpiera el incomodo silencio que
quedaba entre Jostin y yo… nos dijo que no habían más sobrevivientes y que
debíamos salir pronto antes de que la casa se derrumbara por completo. … tenía
un nudo en la garganta y se me inundaron los ojos, no pude mencionar ni una sola
palabra, vi a mi hermano morir ante mis ojos y no pude hacer nada, absolutamente
nada.

Hoy me arrepiento del poco valor que le di a mi familia, no tengo a nadie, ya no


tengo familia, ni horrible, ni perfecta, ni nada, estaba solo en el mundo, no me
había percatado de que no sabía cómo defenderme sin ellos. Tuve todo y hoy, con
17 años de edad me encuentro encerrado en un manicomio por qué no soporto la
despedida tan cruel de mi familia… si otra vida tuviera, de seguro el creador me
mandaría a otra familia, pero todo lo que haga o diga es en vano, el tiempo no da
vuelta atrás. DANILOOO ¡!! – Grito mi madre – me desperté sudando y sin cobijas.
Este definitivamente era el mejor sueño que había tenido en toda mi vida. Me
apresure para abrazar a mi mama y decirle lo mucho que la amaba.

“comprenda lector, de nada sirve arrepentirse cuando ya todo está escrito, así que
valore lo que aun tiene para no tener que lamentarse, de seguro la vida a mi me
envió un sueño, usted quizá no corra con tanta suerte”

También podría gustarte