Derecho de Recursos Naturales
Derecho de Recursos Naturales
materia
Derecho de
los Recursos
Naturales
DRN · SÉPTIMO CUATRIMESTRE
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Índice
Bienvenida 4
Propósito 4
Competencia 5
Objetivos 6
Contenidos mínimos 6
Contenidos 7
Bibliografía 9
Planificación 10
Metodología 10
Evaluación 11
Mapa conceptual 12
Módulos
› Módulo 1 13
› Módulo 2 33
› Módulo 3 56
Referencias
Propósito
Estimado/a estudiante ¡Bienvenido/a a Derecho de los Recursos Naturales!
Para iniciar vamos a recordar que nuestro ordenamiento constitucional y el Código Civil
resaltan que todos los habitantes tenemos “derecho a un ambiente sano y equilibrado”.
Se trata de uno de los derechos considerados de “tercera generación”, que tiene carácter
de derecho fundamental y por lo tanto se encuentra tutelado por la CN, y que el Estado
está obligado a garantizar. Ello implica la preservación de los recursos naturales a partir
del aprovechamiento racional y sustentable que debe efectuar el hombre, toda vez que
el ejercicio de sus derechos no debe afectar el funcionamiento ni la sustentabilidad de
los ecosistemas de la flora, la fauna, la biodiversidad, el agua, los valores culturales, el
paisaje, entre otros” [CCCN, art. 240].
Estas actividades del hombre en relación con la naturaleza están, en gran medida, regu-
ladas por el ordenamiento jurídico. El uso ilimitado de los recursos naturales lo ha trans-
formado en recurso escaso y es por ello que abordaremos los cuerpos legales y principios
jurídicos, filosóficos y económicos que conforman el régimen de dominio y explotación o
aprovechamiento del suelo, la flora, la fauna, la biodiversidad que procuran limitar el ejer-
cicio individual de los derechos y evitar así conflictos entre los individuos (ciudadanos).
Reconocer las necesidades sociales en relación con las transformaciones del Derecho
en un contexto de Estado republicano de derecho y con compromiso con los Dere-
chos Humanos.
Transversales
Análisis crítico: saber identificar los distintos aspectos y aristas que componen un fe-
nómeno, para expresar juicios evaluativos basados en criterios fundamentados, que
tomen en cuenta aspectos del contexto.
› Desarrollar una actitud investigativa respecto a los problemas generales que plantea
el Derecho Internacional Privado, a fin de proponer soluciones pertinentes para cada
caso concreto.
Contenidos mínimos
Derecho Agrario. Concepto. Contenido. La propiedad agraria. La ganadería. Régimen jurídi-
co. Comercialización y producción de productos ganaderos. La agricultura. Su régimen jurí-
dico. El crédito agrario. La hacienda agraria. Sindicato y cooperativismo agrario. El Derecho
Forestal. Legislación nacional y provincial. Régimen forestal especial. El Derecho Minero. El
Código. Bases. Fuentes. División. La exploración minera. Adquisición, registro y concesión
de minas. Explotación. Responsabilidades en el Derecho Minero. Los contratos mineros. Los
hidrocarburos. Régimen legal. Las sustancias radiactivas. El procedimiento minero.
1. Régimen jurídico de los hidrocarburos: Relevancia del petróleo y gas. Evolución del régi-
men legal nacional: Breve reseña de los antecedentes legislativos y políticas hidro-
carburíferas. Régimen actual: dominio y jurisdicción legislativa. Coexistencia del
régimen federal y regímenes provinciales: Competencias. Reservorios convencionales
y no convencionales. Exploración. Explotación. Transporte. Concesiones. Plazos. Dis-
posiciones Fundamentales. Canon. Regalías hidrocarburíferas.
Bibliografía
Obligatoria
› NONNA, Silvia; KROM, Beatriz Silvia; DEVIA, Leila; coordinación general de Silvia
Nonna. “Manual de Recursos Naturales y Derecho Ambiental”. 2ª edición. Ciudad
Autónoma de Buenos Aires. Editorial Estudio, 2020.
Planificación
34% 32%
40% 34%
30% 30% 40%
MÓDULOS 1 2 3
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
Módulo 1 Módulo 2 ✔ Módulo 3 ✔
Metodología
A) Estrategias de enseñanza: Este espacio curricular fue diseñado según lo previsto en
el Sistema Institucional de Educación a Distancia (SIED) de la UBP (Resolución MECCYT
197/2019), las características de los destinatarios, las necesidades de esta disciplina, com-
petencias que se espera promover en esta asignatura y el perfil del egresado.
Evaluación
La metodología de evaluación propuesta se presenta conforme al Reglamento Académi-
co General de la UBP.
Regularidad
Para alcanzar la condición de alumno regular usted deberá aprobar la Evaluación Inte-
gradora dentro de los plazos previstos para el cursado.
Si reprueba esta instancia podrá reelaborar la evaluación según los requerimientos del
docente.
Examen Final
Deberá rendir, en condición de regular, una evaluación final que se realizará a través de
un examen escrito integrador, presencial, en el periodo que disponga la Universidad.
› Identificar al ambiente en su relación con el contexto social y cultural del hombre para
comprenderlo como un bien colectivo, y distinguir la articulación con los derechos
individuales.
› Identificar los objetivos de protección del ambiente para ejercer los derechos de ter-
cera generación.
› Analizar la función del derecho ambiental en el Estado de Derecho a los fines de iden-
tificar el sistema de protección del ambiente como bien jurídico protegido.
Contenidos
Según Ihering, al estudiar el vínculo entre Derecho y Sociedad, “una sociedad es la reu-
nión de varios individuos, unidos entre sí, para la persecución de un fin común, y donde
cada uno de ellos, obrando en vista del fin social, al mismo tiempo trabaja para sí mismo”.
Luego, el mismo autor sostiene que en esta acumulación de un fin sobre el otro reside la
noción de sociedad que se define como “la organización de la vida por y para otro, y cómo
el individuo es lo que es por otro”1.
Lorenzetti2 señala que el concepto ha evolucionado. Entiende que, desde una perspectiva
restrictiva, incluye los recursos naturales tales como agua, suelo, flora, fauna y otros, y
la interrelación entre ellos; una más amplia, comprende todo lo que rodea al hombre y
que, como tal, lo puede influenciar y también puede ser influenciado por él; incluye a los
bienes culturales como el patrimonio histórico; y, la más extensa abarca problemas tales
como la pobreza, la calidad de vida y todas aquellas cuestiones que afectan al hombre.
1. Cafferatta, Nestor A.; Perreti, Enrique. “Nuevos desafíos del Derecho Ambiental: la solidaridad y la susten-
tabilidad como pilares del derecho ambiental”. Ed. Rubinzal Culzoni. 1º Ed. Revisada. Santa Fe. 2019, p. 48.
2. Lorenzetti, Teoria del Derecho Ambiental, 1ª reimpresión, 2009, p.13
Según Valls3, el ambiente está constituido por el conjunto de elementos naturales que
acoge y sustenta al hombre, pero también lo agrede y limita. No se circunscribe al entor-
Énfasis no físico y sus elementos – agua, atmosfera, biosfera, tierra, subsuelo- sino que abarca los
elementos que el hombre crea, como el patrimonio artístico e histórico4.
Por su parte, Gelli define al ambiente como el conjunto de elementos naturales o trans-
formados por el hombre y creados por él, como la cultura, que permiten el nacimiento y
desarrollo de organismos vivos.5
En cuanto a la naturaleza jurídica del ambiente, debemos destacar que son numerosos los
autores que entienden que el ambiente –como macro bien- constituye un sistema inte-
grado por numerosos micro bienes, que interactúan entre sí. Todos ellos constituyen un
único sistema y por ello el ambiente es considerado como un todo.
Al considerar la relación del hombre con el medio que lo rodea, esto es la naturaleza,
encontramos distintas concepciones, a saber: a) antropocentrismo fuerte, b) antropocen-
trismo moderado, y, c) biocentrismo.
Desde la visión ecocéntrica, se reconoce al ambiente como un sujeto de derecho que ne-
cesita ser tutelado o protegido.
El ambiente como derecho humano básico: El derecho a un ambiente sano y equilibrado es uno
de los derechos considerados de tercera generación, tiene carácter de derecho funda-
mental y por lo tanto se encuentra tutelado por la CN.
Los derechos fundamentales son aquellos derechos subjetivos que corresponden a todos
los seres humanos por su status de persona, de ciudadano.
› 1ª generación, son los derechos civiles y políticos (por ejemplo, el derecho a la propie-
dad, a la libertad)
En esta unidad también nos referiremos a los recursos naturales que se los define como
aquellos bienes de la naturaleza no transformados por el hombre y que pueden serle úti-
Énfasis les, esto es proporcionarle algún provecho, beneficio o comodidad.
Se clasifican en no renovables y renovables. Los primeros son aquellos que existen en una
cantidad determinada y su aprovechamiento ilimitado conduce a su extinción. Son los
minerales, el carbón, el petróleo, etc. Mientras que los renovables son aquellos que se
pueden reconstituir una vez aprovechados parcialmente de manera racional. Son los ele-
mentos de la flora, fauna, suelo, etc.
El art. 41 de la Constitución Nacional dispone que “Todos los habitantes gozan del de-
recho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las
actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las
generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prio-
ritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley.
Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de
protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alte-
ren las jurisdicciones locales.
En armonía con el art. 41, la Constitución Nacional dispone en el art. 121 que las provincias
conservan todo el poder no delegado a la Nación, mientras que el art. 124 establece que
las provincias tienen el dominio originario de los recursos naturales existentes en su terri-
torio. Ello implica que las provincias regulan el uso y goce de los mismos.
Es por ello que las provincias –en ejercicio del poder de policía ambiental- pueden dictar
normas necesarias para complementarlas, sin que ello constituya un avance sobre las fa-
cultades delegadas a la Nación. Así lo entendió la Corte Suprema de Justicia de la Nación
al sostener que “complementar supone agregar alguna exigencia o requisito no conteni-
do en la legislación complementada” (conf. Fallos: 330:1791, “Villivar”, voto de los doctores
Lorenzetti, Fayt y Petracchi, considerando 7°).
Por su parte, las provincias al dictar las normas locales que complementen las de presu-
puesto mínimo, puede ser más rigurosa, aumentar las condiciones o requisitos impuestos
por la Nación, imponer mayores condiciones maximizando los estándares de conserva-
ción del medio ambiente. Aunque no pueden establecer menores exigencias ni oponerse
a ellas, puesto que la norma nacional constituye un piso inderogable. Esain sostiene que
las normas provinciales y municipales deben adecuar su contenido a los presupuestos mí-
nimos federales, bajo apercibimiento de ser declaradas invalidas por inconstitucionales7.
La Nación tiene competencia para regular la utilización de los recursos naturales, por
ejemplo, la navegabilidad de los ríos interiores (art. 75, inc. 10 CN).
7.Esain, Jose Alberto. “Competencias legislativas entre la Nación y las Provincias en materia ambiental”. Revista de
Derecho Público 2009 (1). Santa Fe. Ed. Rubinzal Culzoni
Por último, en cuanto a la competencia judicial, la Ley General del Ambiente Nº 25.6758,
en el art. 7 establece que “la aplicación de la ley corresponde a los tribunales ordinarios
según corresponda por el territorio, la materia, o las personas. En los casos que el acto,
omisión o situación generada provoque efectivamente degradación o contaminación
en recursos ambientales interjurisdiccionales, la competencia será federal”. Es decir que
todo lo relacionado al dominio de los recursos naturales que integran el territorio de las
provincias y todos los conflictos o controversias que afecten a aquellos será competente
la justicia ordinaria de las provincias. Mientras que, de manera excepcional, la cuestión
ambiental será de competencia federal, en los casos en que el acto, omisión o situación
generada provoque efectivamente degradación o contaminación en recursos ambienta-
les interjurisdiccionales, sea por los recursos naturales involucrados o por afectar al am-
biente de manera integral.
Así por ejemplo, en el conflicto suscitado por la cuenca del Rio Atuel, entre las provincias
de Mendoza y La Pampa, la CSJN se refiere al federalismo de concertación cuando señala
que frente a la existencia de tensiones en las relaciones interjurisdiccionales, es necesario
asumir una percepción conjuntiva o cooperativa, propia de un federalismo de concerta-
ción, que supere los enfoques disyuntivos o separatistas; por ello, ante el inevitable surgi-
miento de desentendimientos e, incluso, hostilidades entre las provincias en el ejercicio
de los poderes no delegados que son el resultado del reconocimiento de su autonomía,
a fin de garantizar la supervivencia del sistema federal en cuanto “unión indestructible
de Estados indestructibles, la Constitución ha previsto un mecanismo de solución de
conflictos, asignando a la Corte Suprema de Justicia de la Nación la trascendente misión
de dirimir, resolver, solucionar y/o componer tales controversias, estableciendo líneas de
acción que permitan disiparlas. Se trata de la “competencia dirimente”, que surge del ar-
tículo 127 de la Norma Fundamental argentina (Fallos: 340:1695).
El orden público ambiental: la Ley General del Ambiente (LGA), en su art. 3 dispone que la
ley regirá en todo el territorio del país y que sus disposiciones son de orden público y se
utilizarán para la interpretación y aplicación de la legislación específica sobre la materia,
la cual mantendrá su vigencia en cuanto no se oponga a los principios y disposiciones
contenidas en la ley. Así establece la prioridad de su contenido respecto a las normas es-
pecíficas sobre la materia, y mantendrán su vigencia siempre que no se opongan a los
principios y disposiciones contenidas en la ley marco.
Se ha dicho que una ley es de orden público cuando con un sentido de equidad se ampara
el interés general de la sociedad para la realización de una idea de justicia9
Es por ello que el concepto va mucho más allá del crecimiento del hombre en su esfera
pura y exclusivamente económica. Se pretende garantizar que el ambiente sea idóneo
para que se puedan alcanzar objetivos tales como la “calidad de vida”.
Señala Rosatti que “el desarrollo de una comunidad incorpora no solo los indicadores ma-
croeconómicos clásicos vinculados con la generación de la riqueza (v. gr., PBI) sino también
otros que aluden a diversos aspectos culturales, educativos, institucionales y sociales de la
población tales como la esperanza de vida al nacer, el promedio de vida de la población12.
Destaca Leonardo Boff13 la definición de desarrollo sustentable como aquel que atien-
de a las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer la capacidad de las
generaciones futuras de atender a sus necesidades y aspiraciones; y, afirma que una so-
ciedad es sustentable cuando se organiza y se comporta de tal forma que, a través de las
generaciones, consigue garantizar la vida de los ciudadanos y de los ecosistemas en los
que está inserta. Mientras que Lorenzetti14 explica que el desarrollo debe ser sustentable,
lo que implica mantener un volumen de recursos apto para que las generaciones futuras
puedan aprovecharlo.
10. Cafferata, Néstor. “Orden Público y Paradigma ambiental”, en Derecho Ambiental, El Derecho, serie es-
pecial, ejemplar del 6/2/2007
11. Es imprescindible la lectura del art. 12 CCCN pues estipula que las convenciones de los particulares no
pueden dejar sin efecto las leyes en cuya observancia estén interesados el orden público.
12. FALBO, A. J. (2010). Derecho ambiental. La Plata, Argentina: Librería Editora Platense S.R.L. Recuperado
de https://elibro.net/es/ereader/ubpelibro/66604?page=53.
13. BOFF, Leonardo. Sustentabilidad. La urgencia ante el grito de la Tierra, 1ª ed., Santa María, Ciudad Autó-
noma de Buenos Aires, 2017, pags.37/38.
14. LORENZETTI, Ricardo Luis. Derecho Ambiental. 1ª ed. Revisada, Sante Fe. Rubinzal Culzoni, 2018, p.132.
15. Fallos: 332:663.
El derecho Ambiental en el Código Civil y Comercial: el art. 2º del Código Civil y Comercial
de la Nación, establece como regla de interpretación, que la ley debe ser interpretada
teniendo en cuenta los principios y los valores jurídicos de modo coherente con todo el
ordenamiento.
Se trata de una regla que contribuye a la tutela del ambiente, pues además de las leyes
de presupuesto mínimo se deben considerar las disposiciones que surgen de los tratados
sobre derechos humanos, los principios y los valores jurídicos, de manera integral.
Asimismo, el CCCN constituye un gran avance para la defensa del ambiente, pues recono-
ce al ambiente como bien jurídico protegido, regula los derechos individuales y derechos
de incidencia colectiva, introduce conceptos de ambiente y sustentabilidad, reconoce las
normas de presupuestos mínimos, amplía los supuestos de abuso del derecho (cuando
se afectan derechos de incidencia colectiva), y pone el acento en la función preventiva del
derecho de daños.
Así, el art. 14 reconoce los derechos individuales y de incidencia colectiva y estipula que
no se ampara el ejercicio abusivo de los derechos individuales cuando afecta el ambiente
o los derechos de incidencia colectiva en general. Luego, el art. 240 establece que el ejerci-
cio de los derechos individuales sobre los bienes debe ser compatible con los derechos de
incidencia colectiva, conforme a las normas del derecho administrativo nacional y local
dictadas en interés público y no debe afectar el funcionamiento ni la sustentabilidad de
los ecosistemas de la flora, la fauna, la biodiversidad, el agua, los valores culturales, el
paisaje, entre otros, según los criterios previstos en la ley especial.
Además, en el art. 241, determina que el ejercicio de los derechos debe respetar la nor-
mativa sobre presupuestos mínimos que resulte aplicable, cualquiera sea la jurisdicción
en que se ejerzan. Por otra parte, consagra el deber genérico de evitar el daño mediante
la función preventiva (art. 1710) que se vincula directamente con el principio preventivo
establecido en la LGA; y, regula el ejercicio y tramitación de la acción preventiva que nace
frente a un hecho u omisión antijurídica que haga previsible la producción de un daño
(arts. 1711 a 1713).
la LGA otorga una tutela ambiental uniforme para todo el territorio nacional, y tiene por
objeto imponer condiciones necesarias para asegurar la protección ambiental; y, conse-
cuentemente, contiene una serie de principios de política ambiental para su interpreta-
ción y aplicación.
Estos principios a partir de lo que dispone el art. 240 CCCN son operativos en las deci-
siones regulatorias y judiciales. Gonzalo Sozzo sostiene que una de las funciones que
cumplen los principios es la de “integración supletoria” que ejercen los magistrados al
momento de resolver y por ello cumplen una tarea de complemento de lo establecido
por el legislador.
Lorenzetti16 recuerda que los principios son un enunciado normativo general, que no
definen un supuesto de hecho especifico, sino que “son mandatos de optimización” y
pueden ser cumplidos en diversos grados. Mientras que Robert Alexy17 concibe a los prin-
cipios como mandatos de optimización, y sostiene que el punto decisivo entre reglas y
principios es que estos últimos son normas que ordenan que algo “sea realizado en la
mayor medida posible, dentro de las posibilidades jurídicas y reales existentes”. También
pueden ser un instrumento técnico para resolver una laguna normativa y pueden ser una
guía en la actividad legislativa.
El art. 5 prevé que “Los distintos niveles de gobierno integrarán en todas sus decisiones y
actividades previsiones de carácter ambiental, tendientes a asegurar el cumplimiento de
los principios enunciados en la presente ley”, ello implica que todas las decisiones que se
adopten en materia ambiental deben observar estas pautas básicas.
16. Lorenzetti, Ricardo Luis. Derecho Ambiental. 1º ed. Revisada. Santa Fe. Rubinzal Culzoni, 2018. Pag. 108
y sgtes.
17. ALEXY, Robert, “El concepto y la validez del derecho”, traducido del alemán por Jorge M. Ceña, p. 75,
p. 162. Gedisa, Barcelona 1997. Teoría de la argumentación jurídica”, Palestra, 2007, p. 458. Teoría de los
derechos fundamentales”, versión castellana de GARZÓN VALDÉS, Ernesto, Centro de Estudios Políticos y
Constitucionales, Madrid, 2001, p. 86. ALEXY, Robert, “Sobre la estructura de los principios jurídicos” en Tres
escritos sobre los derechos fundamentales y la teoría de los principios, Universidad Externado de Colombia
Serie de Teoría Jurídica y Filosofía del Derecho Nº 28, 2003, ps. 93-103.
› “In Dubio Por Natura” implica que en caso de duda la interpretación debe ser favorable
a la naturaleza.
Entre los objetivos que debe cumplir la política ambiental nacional, la LGA dispone en
el art. 2º, que el Estado debe fomentar la participación social en los procesos de toma de
decisión y organizar e integrar la información ambiental, asegurando su libre acceso a la
población. Es decir, ha sentado las bases y principios para institucionalizar el acceso a la
información pública en materia ambiental y el logro de una participación en igual senti-
do. A su vez, los individuos deben tener una participación activa que les permita tener un
conocimiento de los aspectos ambientales, del deterioro, fragilidad e impacto que sufre
el entorno a partir de las acciones humanas, para que se concretice su derecho a un me-
dio ambiente adecuado.
El art. 16 de la LGA estipula que los particulares tienen la obligación de suministrar infor-
mación relacionada con la calidad ambiental y referida a las actividades que desarrollan
y además tienen el derecho de obtener información ambiental de las autoridades gu-
bernamentales, en especial aquella que se refiera al proceso de toma de decisiones que
impliquen una alteración al ambiente.
Su aplicación debe compatibilizar además con la Ley Nº 25.831- “Régimen de libre acceso
a la información pública ambiental”19, que establece los presupuestos mínimos de pro-
tección ambiental para garantizar el derecho de acceso a la información ambiental que
se encuentre en poder del Estado, regulando los aspectos sustantivos y procedimentales
para garantizar su acceso.
18. LORENZETTI, Ricardo Luis. Derecho Ambiental. 1º ed. Revisada. Santa Fe. Rubinzal Culzoni, 2018. Pag. 72.
19. Boletín Oficial, 07/01/2004.
20. RODRIGUEZ, Carlos A. Ley General del Ambiente de la República Argentina: Ley Nª 25.675, comentada. 1º Ed.,
Buenos Aires, Lexis Nexis Argentina, 2007. Pag. 131/132.
Proponemos ahora trabajar con la Actividad 1 titulada: Recapitulando, ponemos los fallos
en acción.
Actividad
Ahora, nos proponemos analizar el diseño de las distintas categorías de los derechos
afectados por un conflicto ambiental, que habilita el acceso a la tutela judicial del am-
biente, y que se califican en tres categorías.
Lorenzetti señala que ante un conflicto ambiental existen distintas categorías de dere-
chos afectados que, conforme preciso la CSJN en el precedente “Halabi”,se califica en las
Énfasis siguientes categorías:
› Derechos sobre bienes jurídicos individuales: el interés es individual y por ello la legiti-
mación también; en donde cada titular que ha sufrido una lesión sobre sus intereses
personales y directos, inicia una acción y obtiene una sentencia en el proceso.
Además, resalta que los derechos de incidencia colectiva que tienen por objeto bienes co-
lectivos (art. 43 de la Constitución Nacional) son ejercidos por el Defensor del Pueblo de
la Nación, las asociaciones que concentran el interés colectivo y el afectado, y la petición
debe tener por objeto la tutela de un bien colectivo- lo que ocurre cuando éste pertenece
a toda la comunidad-, siendo indivisible y no admitiendo exclusión alguna, razón por la
cual sólo se concede una legitimación extraordinaria para reforzar su protección, pero en
ningún caso existe un derecho de apropiación individual sobre el bien ya que no se hallan
en juego derechos subjetivos, no perteneciendo estos bienes a la esfera individual sino
social y no son divisibles de modo alguno.
En nuestro ordenamiento jurídico, las acciones que se pueden ejercer para la tutela o de-
fensa del bien colectivo son:
El acceso a la justicia ambiental, que hace a la tutela judicial efectiva, debe ser amplio,
permeable, flexible. Es que la problemática del riesgo amenaza o peligro de daño am-
biental, daño ambiental colectivo o daño al ambiente por sí mismo, incide, influye o im-
pacta, perjudica a un sinnúmero de personas, vecinos, interesados, titulares de derechos
comunes, homogéneos, iguales o similares.
La LGA define, en el art. 27, al daño ambiental como toda alteración relevante que modifi-
que negativamente el ambiente, sus recursos, el equilibrio de los ecosistemas o los bienes
o valores colectivos, a partir de un acto u omisión. Se sostiene que el daño ambiental es
bicéfalo o bifronte, y los perjuicios individuales y colectivos que se produzcan, son las dos
caras de una misma moneda[5].
Entonces, podrán ser sujetos pasivos las personas físicas o jurídicas, entidades o estable-
cimientos públicos o privados. En todos los casos, el Estado está sujeto a la responsabi-
lidad en general, y en especial responde por omisión en el ejercicio del poder de policía
que le corresponde en la protección del medio ambiente.
En particular, el art. 43 de CN dispone que toda persona puede, contra todo acto u omi-
sión de autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o inminente lesione,
restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garan-
tías reconocidos por esta Constitución, un tratado o una ley, interponer acción expedita
y rápida de amparo. Mientras que la LGA, en el art. 30, in fine, estipula que toda persona
podrá solicitar, mediante la acción de amparo, la cesación de actividades generadoras de
daño ambiental colectivo.
Esta acción se presenta como un mecanismo para reprimir actos en ejecución, pero tam-
bién el legislador, en el caso de la provincia de Córdoba, ha previsto su procedencia pre-
ventiva (ex ante, es decir antes de la ocurrencia del hecho dañino propiamente dicho),
siempre que exista una amenaza concreta a intereses difusos o en el goce de derechos
colectivos cuando sea por hechos u omisiones arbitrarias o ilegales. Para su procedencia,
Respecto a las medidas cautelares en los procesos judiciales, el art. 32 de la LGA dispone
que, en cualquier estado del proceso, podrán ser solicitadas por la parte o dictadas de
oficio por el magistrado interviniente. Son admitidas todas aquellas que son aptas para
lograr adecuada tutela.
Para comprender mejor este tema, se sugiere la lectura del fallo emitido por la CSJN en
los autos caratulados “Salas Dino y otros c/ Pcia de Salta y Estado Nacional- Amparo” (Fallos:
Lectura 331:2925). (disponible en plataforma)
complementaria
En cuanto a la prueba en los procesos judiciales, el art. 33 señala que los dictámenes emi-
tidos por organismos del Estado tendrán la fuerza probatoria de los informes periciales.
Por último, refiere que la sentencia dictada en el marco del proceso hará cosa juzgada y
tendrá efecto erga omnes, a excepción de que la acción sea rechazada, aunque sea par-
cialmente, por cuestiones probatorias.
La tutela del ambiente importa el cumplimiento de los deberes de los ciudadanos, que
son el correlato que tienen a disfrutar de un ambiente sano, para sí y para las generacio-
nes futuras. La mejora o degradación del ambiente beneficia o perjudica a toda la pobla-
ción, porque es un bien que pertenece a la esfera social y transindividual, y de allí deriva
la particular energía con que los jueces deben actuar para hacer efectivos estos mandatos
constitucionales.
El juez ambiental se caracteriza por ser un juez interesado. En los procesos ambientales,
el juez no se limita a ser un mero observador. En estos litigios se exige de él un rol com-
prometido, atento a los requerimientos y las necesidades de la sociedad. Su compromiso
es con el ambiente, por lo cual, si bien cumple en el proceso un rol protagónico, no por
ello deja de ser imparcial. Entonces este rol proactivo que desempeña el magistrado en
procesos ambientales implica que nos encontramos ante un juez que tiene interés en la
búsqueda de la verdad y en la defensa del ambiente. Sin embargo, esa proactividad no
debe entenderse como incompatible con el respeto de la debida defensa de las partes, y
con el resguardo del principio de legalidad de sus actos.
Es decir, la normativa vigente les confiere a los magistrados actuantes amplias facultades
en relación a la valoración de la magnitud de los daños o amenazas a los intereses difu-
sos y/o derechos colectivos comprometidos; pudiendo ordenar de oficio la producción de
medidas de prueba no propuestas por las partes o complementarias de ellas, decretar las
Desarrollo sustentable: aquel que atiende a las necesidades de las generaciones actua-
les sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de atender a sus necesida-
des y aspiraciones.
Orden público ambiental: consiste en «la preservación del equilibrio ecológico, el deber
de la autoridad administrativa de preservarlos y también de los integrantes del Minis-
terio Público de velar por él, aun respecto de actos de la autoridad sea administrativa o
judicial.
Presupuesto Mínimo: toda norma que concede una tutela ambiental uniforme o común
para todo el territorio nacional, y tiene por objeto imponer condiciones necesarias para
asegurar la protección ambiental. En su contenido, debe prever las condiciones necesa-
rias para garantizar la dinámica de los sistemas ecológicos, mantener su capacidad de
carga y, en general, asegurar la preservación ambiental y el desarrollo sustentable.
Consigna
A continuación, se sugiere la lectura de dos fallos dictados por la Corte Suprema de Jus-
ticia de la Nación.
Luego de su lectura identifique los principios ambientales y el alcance que les otorga la
sentencia. Elabore un escrito describiendo cada uno.
› Identificar el objeto de estudio del derecho agrario para distinguir las características o
cualidades de la actividad agrícola productiva.
› Comprender las acciones adoptadas por la policía sanitaria para alcanzar una produc-
ción agrícola ganadera sustentable.
Contenidos
Los sujetos agrarios son entes o personas de derecho privado y en algunas ocasiones de
derecho público, que mediante las actividades que desarrollan pretenden obtener de la
Naturaleza, a través del ciclo biológico, recursos vivos, animales y vegetales, para la ali-
mentación o para su transformación por las industrias.
Catalano señala que el derecho agrario no regula los procesos técnicos de la actividad
agraria, como industria vinculada a la explotación del suelo o del agua, generadora de
los bienes agrarios, sino que regula las instituciones creadas por el hombre para acom-
pañar los procesos productivos, como son, la propiedad fundiaria, los contratos agrarios,
el régimen de la sanidad animal y vegetal, de la fertilización, de las marcas y señales, etc.
El objeto del derecho agrario es la empresa agraria, es decir, la actividad, formada por el
conjunto de actos dirigidos a la producción de bienes.
Sin embargo, la ejecución de las tareas agrarias ocasiona diversos impactos ambientales,
principalmente en el suelo, que es el soporte de la actividad agraria. Entre las principa-
les actividades agrarias, podemos mencionar la agrícola (cultivo de fundo) y la ganadera
(crianza de animales), y constituyen la actividad propia de la actividad agraria. Además,
existen las actividades accesorias, que consisten en la actividad extractiva, como la acti-
vidad forestal, la apicultura, avicultura, horticultura. Finalmente, las actividades conexas,
que están vinculadas con las actividades comerciales de manufacturación, transporte, etc.
Existen distintos criterios para caracterizar a la empresa agraria. El primero, entiende que
en la empresa agrícola o agraria hay un elemento predominante sobre los otros y es el
fundo preparado para la producción, se apoya en una finca rústica y por ende se vincula
con la tierra. Este criterio es el que sostienen los agraristas clásicos (Bolla, Basanelli). El
segundo criterio, es el que se pregunta qué es lo que distingue a la actividad producti-
va agrícola. Carrozza sostiene que entender a la actividad agrícola como la que utiliza a
la tierra, como un especifico medio de producción, no es suficiente y no proporciona un
concepto de agrario; pues existen empresas con modernos procedimientos productivos
y tecnología avanzada. Adopta así un criterio biológico y señala que la actividad agrícola
productiva consiste en el desarrollo de un ciclo biológico, vegetal o animal, ligado directa
o indirectamente al disfrute de los recursos naturales, y que se resuelve económicamente
en la obtención de frutos vegetales o animales, destinados al consumo.
En efecto, para que los inmuebles o predios rústicos puedan subdividirse deben ser aptos
para la explotación agropecuaria. Se trata de una limitación en base a la unidad econó-
mica agraria. El art. 228 del CCCN establece que son cosas divisibles las que pueden ser
divididas en porciones reales sin ser destruidas, cada una de las cuales forma un todo
En el caso de la provincia de Córdoba, la ley 5485 estipula que ningún acto de disposición
que implique la subdivisión actual o futura de inmuebles rurales en jurisdicción provin-
cial, podrá ser válidamente otorgado, si como consecuencia del mismo se establecen par-
celas o remanentes cuyas superficies no constituyen unidades económicas agrarias.
Considera que los inmuebles rurales son aquellos que están ubicados totalmente fuera
del perímetro de los radios urbanos y su superficie represente al menos una unidad eco-
nómica agraria.
Además, la ley provincial nos señala que el concepto de unidad económica será aplica-
do con criterio flexible, considerándose que el predio responde a sus exigencias cuando,
por sus condiciones agroecológicas, ubicación, las mejoras y demás cualidades para su
explotación eficientemente trabajado por una familia agraria que aporte la mayor parte
de las tareas necesarias, permite subvenir a las necesidades de la misma y una evolución
favorable de la empresa.
Dispone que las parcelas con explotación agropecuaria intensiva, deberán contar con
una superficie mínima de 5 has. y mejoras atinentes a los trabajos; las que se destinan a
explotación agrícola extensiva, con mejoras, deberán contar con una superficie mínima
de 15 has; las parcelas destinadas a explotación ganadera, con mejoras, deberán contar
con una superficie mínima de 30 has; y, los predios o lotes sin mejoras deberán contar con
una superficie mínima de 100 has. No se debe incluir en las limitaciones de superficie las
parcelas destinadas a viviendas rurales, casas de fin de semana, explotación turística y/o
destinos comerciales no agropecuarios.
En el ámbito nacional, la ley 22.428 que establece el régimen legal para el fomento de
la acción privada y pública tendiente a la conservación y recuperación de la capacidad
productiva de los suelos.
Las provincias que se adhieran a este régimen, deben: a) Designar una autoridad provin-
cial de aplicación; b) Completar el relevamiento de los suelos y el conocimiento agroeco-
lógico de su territorio a una escala de estudio que posibilite el cumplimiento de los obje-
tivos de la presente ley; c) Realizar las obras de infraestructura que sean necesarias para
la conservación, el mejoramiento y la recuperación del suelo, coordinando, en su caso, la
construcción de las mismas con las autoridades nacionales correspondientes según su
naturaleza; d) Promover la investigación y experimentación en los aspectos relaciona-
dos con la conservación del suelo, así como difundir las normas conservacionistas que
correspondan a toda la población a partir de la enseñanza elemental; e) Propiciar la for-
mación de técnicos especializados en la materia, pudiendo a tales efectos celebrar conve-
nios con la Secretaría de Estado de Agricultura y Ganadería, con el Instituto Nacional de
Tecnología Agropecuaria, u otros organismos oficiales o privados; f) Otorgar, a través de
los bancos oficiales o mixtos de su jurisdicción, créditos especiales a los productores que
integren un consorcio.
La ley define que las tierras rurales son aquellos predios ubicados fuera del ejido urbano,
independientemente de su localización o destino. Tiene como objeto: a) Determinar la
titularidad, catastral y dominial, de la situación de posesión, bajo cualquier título o situa-
ción de hecho de las tierras rurales, y establecer las obligaciones que nacen del dominio
o posesión de dichas tierras, conforme las previsiones de la presente ley; b) Regular, res-
pecto de las personas físicas y jurídicas extranjeras, los límites a la titularidad y posesión
de tierras rurales, cualquiera sea su destino de uso o producción.
Debe contener lugar y fecha de emisión, datos particulares de las partes (nombre, do-
micilio y la mención de los documentos de identidad); especificar la operación que se
realiza (compraventa, permuta, donación) y los animales (cantidad, sexo y especie, etc),
matrícula del título de la marca, señal o medio alternativo de identificación propuesto
exclusivamente para el ganado porcino, y diseño de éstos; firma del transmitente o de su
representante, y si no pudiere o no supiere firmar, la firma a ruego de otra persona, junto
con la impresión digital del que no pudiere o no supiere firmar. La firma del transmitente
podrá ser suplida por la del consignatario; y, la firma y sello del oficial público competen-
te que autentica el certificado.
Mientras que las guías de tránsito, es la documentación que acredita la licitud del trans-
porte del ganado y asi evitar el robo de los animales. Son extendidas por la autoridad
local con arreglo a los certificados y en ellas debe constar el diseño de las marcas de los
animales que se transportan.
En este punto, estudiaremos algunas cuestiones sobre la sanidad animal y para ello va-
mos a distinguir dos aspectos, que a nuestro criterio están vinculados. El que refiere a
la sanidad animal, o sea, del ganado y de las aves, y el que concierne a las condiciones
higiénico-sanitarias de los establecimientos donde se faenan, procesan o almacenan ga-
nados, aves, carnes y sus subproductos.
En 1920, en nuestro país se dictó la Ley 3959 llamada “Ley de Policía Sanitaria Animal” que
establece el régimen básico para determinadas enfermedades que aún siguen vigentes
y contempla supuestos de obligaciones por parte de los propietarios o personas que de
cualquier manera tienen a su cargo el cuidado o asistencia de animales atacados por en-
fermedades contagiosas o sospechosos de tenerlas, y tiene por finalidad que éstos no
contraigan enfermedades contagiosas y si las contrajeran, evitar su propagación.
Una de las obligaciones consiste en que si los animales a su cargo contraen una enfer-
medad debe denunciar ante la autoridad tal circunstancia y proceder al aislamiento del
animal enfermo, separándolo de los sanos en cuanto sea posible.
En cuanto al contralor de la sanidad agrícola, acorde con los sistemas de lucha y con los
conocimientos científicos sobre el desarrollo de las plagas de la agricultura, para evitar
daños a la producción agrícola que ocasionan las distintas plagas, el Decreto Ley 6704
contempla un esquema similar al régimen de sanidad animal, facultando a la autoridad
de aplicación para que declare las plagas que afectan la producción agrícola y los meca-
nismos o métodos que se deben aplicar para su control o erradicación.
Está encargado de ejecutar las políticas nacionales en materia de sanidad y calidad ani-
mal y vegetal e inocuidad de los alimentos de su competencia, así como de verificar el
cumplimiento de la normativa vigente en la materia. También es de su competencia el
control del tráfico federal y de las importaciones y exportaciones de los productos, sub-
productos y derivados de origen animal y vegetal, productos agroalimentarios, fárma-
co-veterinarios y agroquímicos, fertilizantes y enmiendas.
Además, mediante la Ley Nº 27.233 se declara que la sanidad de los animales y los vege-
tales es de interés nacional, así como la prevención, el control y la erradicación de las en-
fermedades y de las plagas que afecten la producción silvoagropecuaria nacional, la flora
y la fauna, la calidad de las materias primas producto de las actividades silvo-agrícolas,
ganaderas y de la pesca, así como también la producción, inocuidad y calidad de los agro-
alimentos, los insumos agropecuarios específicos y el control de los residuos químicos
y contaminantes químicos y microbiológicos en los alimentos y el comercio nacional e
internacional de dichos productos y subproductos.
Esta declaración abarca todas las etapas de la producción primaria, elaboración, trans-
formación, transporte, comercialización y consumo de agroalimentos y el control de los
insumos y productos de origen agropecuario que ingresen al país, así como también las
producciones de agricultura familiar o artesanales con destino a la comercialización, su-
jetas a la jurisdicción de la autoridad sanitaria nacional.
A su vez, se declaran de orden público las normas nacionales por las cuales se instrumen-
ta o reglamenta el desarrollo de las acciones destinadas a preservar la sanidad animal y
la protección de las especies de origen vegetal, y la condición higiénico-sanitaria de los
alimentos de origen agropecuario.
Productos Fitosanitarios
Los fitosanitarios son una de las herramientas utilizadas para prevenir y controlar pla-
gas o enfermedades, y hacer más eficiente la producción agrícola. Es decir, desempeñan
un rol importante en la protección de los cultivos. Se considera al producto fitosanitario
como aquella sustancia o mezcla de sustancias naturales y/o de síntesis, de origen sinté-
tico o biológico, destinadas a prevenir, controlar o destruir cualquier organismo nocivo,
incluyendo las especies no deseadas de plantas o animales, que causan perjuicio o in-
terferencia negativa en la producción, elaboración o almacenamiento de los vegetales
y sus productos. Podemos mencionar entre los productos fitosanitarios a los Acaricidas,
Alguicidas, Bactericidas, Fungicidas, Herbicidas, Insecticidas, Fertilizantes.
Además, establece principios rectores para una producción agrícola sustentable, consis-
tente en:
También, la ley establece las restricciones sobre los usos de estos envases señalando que
se prohíbe toda acción que implique abandono, vertido, quema y/o enterramiento de en-
vases vacíos de fitosanitarios en todo el territorio nacional, del mismo modo que la co-
mercialización y/o entrega de envases a personas físicas o jurídicas por fuera del sistema
autorizado; y, el uso del material recuperado para elaborar cualquier tipo de productos
que, por su utilización o naturaleza, puedan implicar riesgos para la salud humana o ani-
mal, o tener efectos negativos sobre el ambiente.
La Autoridad de Aplicación definirá los usos prohibidos del material valorizado o reci-
clado procedente. La ley establece que la autoridad de aplicación será conjuntamente la
Secretaría de Agricultura y Ambiente.
Cabe recordar que la cláusula ambiental del art. 41 de la C.N. reconoce el derecho a un
ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades
productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de generaciones
futuras. Es por ello que impone al Estado la obligación de asegurar las condiciones am-
bientales que les permita a las personas gozar de este derecho. No se trata solo de pre-
servar o evitar la contaminación de los elementos como el agua, el suelo, la flora sino que
además se refiere a todos los elementos construidos por el hombre que tienen el deber
de reunir los requisitos mínimos de bienestar1.
Además, se sostiene que la protección del ambiente es un derecho - deber pues si bien se
reconoce el derecho de todos los habitantes a un ambiente sano también tienen el deber
de preservarlo (López Alfonsín,2012). En relación a este punto, la Corte Suprema de Justi-
cia de la Nación en el precedente “Mendoza” sostuvo que “la tutela del ambiente importa
el cumplimiento de los deberes que cada uno de los ciudadanos tiene respecto de los
cuidados de los ríos, de la diversidad de la flora y la fauna, de los suelos colindantes, de la
atmosfera. Estos deberes son el correlato que esos mismos ciudadanos tienen a disfrutar
de un ambiente sano, para sí y para las generaciones futuras”.
Entonces, entre los derechos que reconoce la cláusula ambiental es el derecho a la diver-
sidad biológica.
1. TAWIL, Guido S., La cláusula ambiental en la Constitución Nacional, en La ley 1995- B- 1291
A los fines de integrar el marco teórico de este módulo, sugerimos la lectura del Convenio
sobre la Diversidad Biológica y el Documento “Plan de Acción sobre la Biodiversidad”. (dis-
Lectura ponible en plataforma)
complementaria
El Convenio sobre la Diversidad Biológica fue firmado en la Cumbre de la Tierra de Río de
1992, por 150 líderes gubernamentales. En nuestro país entró en vigencia el 29 de diciem-
bre de 1993 y fue aprobado por Ley N.º 24375.
Concebido como una herramienta práctica, tiene por objetivo la conservación de la di-
versidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la distribución justa y
Énfasis equitativa de los beneficios derivados de la utilización de los recursos genéticos, incluso
mediante el acceso a los recursos genéticos y mediante la transferencia adecuada de tec-
nologías pertinentes, teniendo en cuenta todos los derechos sobre esos recursos y tecno-
logías, y mediante la financiación adecuada.
La Convención reconoce que la diversidad biológica es más que plantas, animales y mi-
croorganismos y sus ecosistemas: se trata de las personas y nuestra necesidad de seguri-
dad alimentaria, medicinas, aire fresco. y agua, vivienda y un ambiente limpio y saluda-
ble en el cual vivir.
Por “diversidad biológica” se entiende a la variabilidad entre los organismos vivos de todas
las fuentes, incluidos, entre otros, los ecosistemas terrestres, marinos y otros ecosistemas
acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte; esto incluye la diversidad
dentro de las especies, entre las especies y de los ecosistemas.
También aporta servicios ecológicos relacionados con las funciones de los ecosistemas,
como la regularización del clima, la fijación de CO2, la recuperación de la fertilidad del
suelo, la amortiguación de las inundaciones y la descomposición de residuos. Además,
brinda un aporte clave para mantener la variedad de recursos genéticos de cultivos; y,
posee valores intangibles, aquellos difíciles de cuantificar en términos materiales: los va-
lores éticos, estéticos, recreativos, culturales, educativos y científicos.
Argentina es uno de los países con mayor número de ecorregiones del mundo (Lean et
al. 1990) debido a su gran diversidad eco geográfica, pues posee una complejidad geo-
Argentina cuenta con 18 ecorregiones, (15 continentales, dos marinas y una en la Antár-
tida): Altos Andes; Puna; Monte de Sierras y Bolsones, Selva de las Yungas; Chaco Seco;
Chaco Húmedo Selva Paranaense; Esteros del Iberá; Campos y Malezales; Delta del Para-
ná; Espinal; Pampa; Monte de Llanuras y Mesetas; Estepa Patagónica; Bosques Patagóni-
cos; Islas del Atlántico Sur; Mar Argentino y Antártida.
1. Estrategias in situ:
Cada Estado establecerá un sistema de áreas protegidas o áreas donde se deban tomar
medidas especiales para conservar la diversidad biológica. Cuando sea necesario, desa-
rrollará lineamientos para la selección, establecimiento y manejo de áreas protegidas o
áreas donde sea necesario tomar medidas especiales para conservar la diversidad bio-
lógica. Además, reglamentará o administrará los recursos biológicos importantes para
la conservación de la diversidad biológica, ya sea dentro o fuera de las áreas protegidas,
con miras a asegurar su conservación y uso sostenible. También, procurará promover la
protección de los ecosistemas, hábitats naturales y el mantenimiento de poblaciones
viables de especies en entornos naturales; y, el desarrollo sustentable y ambientalmente
racional en áreas adyacentes a áreas protegidas con miras a aumentar la protección de
estas áreas.A tal fin, intentará rehabilitar y restaurar ecosistemas degradados y promover
la recuperación de especies amenazadas, entre otras cosas, a través del desarrollo e im-
plementación de planes u otras estrategias de manejo. Además, establecerá los medios
para regular, gestionar o controlar los riesgos asociados con el uso y la liberación de or-
ganismos vivos modificados resultantes de la biotecnología que probablemente tengan
impactos ambientales adversos que podrían afectar la conservación y el uso sostenible
de la diversidad biológica, teniendo también en cuenta en cuenta los riesgos para la sa-
lud humana; y, evitará o adoptara medidas para controlar o erradicar aquellas especies
exóticas que amenacen ecosistemas, hábitats o especies. Respetará, preservará y man-
tendrá los conocimientos, las innovaciones y las prácticas de las comunidades indígenas
y locales que incorporen estilos de vida tradicionales relevantes para la conservación y
el uso sostenible de la diversidad biológica y promover su aplicación más amplia con la
aprobación y participación de los titulares. de dichos conocimientos, innovaciones y prác-
ticas y fomentar la distribución equitativa de los beneficios derivados de la utilización de
dichos conocimientos, innovaciones y prácticas.
2. Estrategias ex situ:
Por otra parte, se obliga a regular y gestionar la recolección de recursos biológicos de los
hábitats naturales con fines de conservación ex situ para no amenazar los ecosistemas y
las poblaciones de especies in situ.
Por último, deberá cooperar en la prestación de apoyo financiero y de otro tipo para la
conservación ex situ de los componentes de la diversidad biológica.
Las áreas naturales protegidas, conforme sostiene Cafferatta2, son áreas terrestres o ma-
rinas especialmente dedicadas a la protección y mantenimiento de la diversidad biológi-
ca y de los recursos naturales y culturales asociados, gestionadas mediante medios lega-
les o efectivos de otro tipo. Se sostiene a nivel mundial, que estas desempeñan un papel
central en la preservación de los ecosistemas y de sus valores sociales y económicos.
En Argentina, la Ley 22.351 es el régimen legal que regula la protección de los Parques
Nacionales, Monumentos Naturales y Reservas Nacionales.
La ley establece en el art. 1º, que podrán declararse Parque Nacional, Monumento Natu-
ral o Reserva Nacional, las áreas del territorio de la República que por sus extraordinarias
bellezas o riquezas en flora y fauna autóctona o en razón de un interés científico deter-
minado, deban ser protegidas y conservadas para investigaciones científicas, educación
y goce de las presentes y futuras generaciones, con ajuste a los requisitos de Seguridad
Nacional. En cada caso, la declaración será hecha por ley.
Determina que las condiciones que se deben cumplir para que determinada área adquie-
ra la calidad de parque nacional, reserva nacional o monumento natural, son:
Énfasis
› Contar con una exorbitante belleza o notable riqueza en flora y fauna autóctona o en
razón de un interés científico determinado, que justifique su resguardo y conservación.
› Sea declarado por ley.
› Cesión del dominio y jurisdicción del área que se pretende proteger a favor del Estado
Nacional.
Luego, en el art. 4º define al Parque Nacional como las áreas a conservar en su estado na-
tural, que sean representativas de una región fitozoogeográfica y tengan gran atractivo
en bellezas escénicas o interés científico, las que serán mantenidas sin otras alteraciones
que las necesarias para asegurar su control, la atención del visitante y aquellas que co-
rrespondan a medidas de Defensa Nacional adoptadas para satisfacer necesidades de
Seguridad Nacional. En ellos está prohibida toda explotación económica con excepción
de la vinculada al turismo, se prohíbe: la exploración y explotación mineras; la instalación
de industrias; la explotación agropecuaria, forestal y cualquier tipo de aprovechamiento
de los recursos naturales; la pesca comercial; la caza y cualquier otro tipo de acción sobre
la fauna, la introducción, trasplante y propagación de fauna y flora exóticas;
Mientras que en el art. 8, determina que los monumentos naturales, son las áreas, cosas,
especies vivas de animales o plantas, de interés estético, valor histórico o científico, a los
cuales se les acuerda protección absoluta. Serán inviolables, no pudiendo realizarse en
ellos o respecto a ellos actividad alguna, con excepción de las inspecciones oficiales e in-
vestigaciones científicas permitidas por la autoridad de aplicación, y la necesaria para su
cuidado y atención de los visitantes.
Con relación a las reservas naturales, el art. 9 determina que esa categoría comprende las
áreas que interesan para: la conservación de sistemas ecológicos, el mantenimiento de
zonas protectoras del Parque Nacional contiguo, o la creación de zonas de conservación
independientes, cuando la situación existente no requiera o admita el régimen de un Par-
que Nacional. La promoción y desarrollo de asentamientos humanos se hará en la medi-
da que resulte compatible con los fines específicos y prioritarios enunciados.
Esta categoría tiene como destino principal la conservación, en forma restrictiva y con fi-
nes científicos, de la fauna y de la flora autóctonas, de las principales características fisio-
gráficas, de las bellezas escénicas, de las asociaciones bióticas y del equilibrio ecológico.
En las mismas se podrá realizar actividades deportivas, comerciales e industriales, como
también explotaciones agropecuarias y de canteras, quedando prohibida cualquier otra
explotación minera. También, se habilita la estructuración de “sistemas de asentamien-
tos humanos” en tierras de propiedad particular o estatal, siempre que tengan como ac-
tividad principal la turística.
Declara de interés público la conservación de los ambientes naturales y sus recursos, por
constituir un patrimonio natural de fundamental valor cultural e importancia socio-eco-
nómica, por lo que se declara de interés público su conservación.
› Silvestre; son los animales salvajes o nativos que viven en ambientes naturales y no
necesitan del hombre para alimentarse.
› Marítima, formada por animales que viven en los oceanos, mares y ríos.
› Avícola, conformada por aves, patos, gallinas, pájaros.
› Exótica, son las especies que no pertenecen a un territorio determinado y han llegado
por medio de la actividad del hombre.
La fauna silvestre se caracteriza por su desarrollo en áreas naturales sin la intervención del
hombre.
Determina que se entiende por fauna silvestre a los animales que viven libres e indepen-
dientes del hombre, en ambientes naturales o artificiales; a los animales bravíos o salva-
jes que viven bajo control del hombre, en cautividad o semicautividad; y los originalmen-
te domésticos que, por cualquier circunstancia, vuelven a la vida salvaje convirtiéndose
en cimarrones.
Luego establece que la reglamentación de esta ley deberá respetar el equilibrio entre los
diversos beneficios económicos, culturales, agropecuarios, recreativos y estéticos que la
fauna silvestre aporta al hombre, pero dando en todos los casos la debida prelación a la
conservación de la misma como criterio rector de los actos a otorgarse.
El régimen legal es de interés público por lo que se aplica en todas las provincias, aunque
no hayan adherido.
Se aplica esta ley a la caza, hostigamiento, captura o destrucción de sus crías, huevos,
nidos y guaridas, tenencia, posesión, tránsito, aprovechamiento, comercio y transforma-
ción de la fauna silvestre y sus productos o subproductos. Sin embargo, quedan excluidos
de este régimen los animales comprendidos en leyes sobre pesca.
Luego, al referirse a la caza, la ley otorga una definición, señalando que consiste en la ac-
ción ejercida por el hombre, mediante el uso de artes, armas y otros medios apropiados,
persiguiendo o apresando ejemplares de la fauna silvestre con el fin de someterlos bajo
su dominio apropiárselos como presa, capturándolos, dándoles muerte o facilitando es-
tas acciones a terceros.
Por último, dispone que el Poder Ejecutivo Nacional y cada provincia, establecerán por
vía reglamentaria las limitaciones a la práctica de la caza por razones de protección y con-
servación de las especies o de seguridad pública.
La flora silvestre es el conjunto de especies vegetales que no han sido plantadas por el
hombre. A continuación, estudiaremos el régimen que regula la protección de la flora
silvestre y luego el régimen forestal vigente en Argentina.
La ley 13.273 regula el ejercicio de los derechos sobre los bosques y tierras forestales de
propiedad privada o pública; y, declara de interés público la defensa, mejoramiento y am-
pliación de los bosques. Además, incluye definiciones y conceptos fundamentales, tales
como:
› bosque, es toda formación leñosa, natural o artificial, que por su contenido o función
le resulta aplicable la presente ley.
› tierra forestal, es aquella que por sus condiciones naturales, ubicación o constitución,
clima, topografía, calidad y conveniencias económicas, es declarada inadecuada para
cultivos agrícolas o pastoreo y susceptible de forestación.
a) Protectores, son aquellos que por su ubicación sirven para la defensa nacional;
proteger el suelo, caminos, las costas marítimas, riberas fluviales y orillas de lagos,
lagunas, islas y prevenir la erosión de las planicies y terrenos en declive; proteger y
regularizar el régimen de las aguas; fijar médanos y dunas; asegurar condiciones
de salubridad pública; defensa contra la acción de los elementos, vientos, aludes e
inundaciones; albergue y protección de especies de la flora y fauna cuya existencia
se declare necesaria.
Los lugares donde se ubican ambas categorías de bosques son declarados de utilidad pú-
blica y sujetos a expropiación, y los inmuebles necesarios para realizar obras de foresta-
c) Experimentales; son los que se designan para estudios forestales de especies indí-
genas y los artificiales destinados a estudios de acomodación, aclimatación y natu-
ralización de especies indígenas o exóticas.
d) Montes especiales; son los de propiedad privada creados con miras a la protección u
ornamentación de extensiones agrícolas, ganaderas o mixtas.
e) De producción, los naturales o artificiales de los que resulte posible extraer periódi-
camente productos o subproductos forestales de valor económico mediante explo-
taciones racionales.
Además, para el caso de los bosques protectores y permanentes, dispone un régimen fores-
tal especial. Por ello, establece que el procedimiento para la inscripción en el registro de
bosques protectores, se iniciará de oficio o a instancia de parte interesada. La declaración
respectiva se formulará en base a los planos y estudios técnicos y será notificada al inte-
resado cuando se conozca su domicilio y, en su defecto, publicada y registrada. Notificada
la iniciación del procedimiento, no podrá innovarse en el estado del bosque sin autoriza-
ción administrativa, hasta tanto recaiga resolución.
c) Realizar la posible explotación con sujeción a las normas técnicas que a propuesta
del interesado se aprueben;
Para reforzar lo que hemos estudiado en este módulo, sugerimos la lectura del siguiente
Convenio sobre diversidad biológica que le servirá como antecedente sobre el tratamiento
Lectura de la biodiversidad. (disponible en plataforma)
complementaria
Invitamos ahora a resolver la Actividad 1 titulada: aplicación de los fundamentos del TSJ, a
través de la cuál usted podrá analizar un caso real.
Actividad
Mientras que por manejo se entiende a toda actividad productiva que se realice en un bos-
que nativo, aprovechando sus recursos y permitiendo en forma simultanea la conserva-
ción de las funciones o servicios ambientales que el bosque brinda.
Uno de los ejes centrales de esta ley, es ordenamiento territorial de los bosques nativos
que cada jurisdicción debe realizar conforme a los criterios de sustentabilidad estableci-
dos en el Anexo de la presente ley, estableciendo las diferentes categorías de conserva-
ción en función del valor ambiental de las distintas unidades de bosque nativo y de los
servicios ambientales que éstos presten.
Determina que las categorías de conservación de los bosques nativos son las siguientes:
› Categoría I (rojo): sectores de muy alto valor de conservación que no deben transfor-
marse. Incluirá áreas que, por sus ubicaciones relativas a reservas, su valor de conectivi-
dad, la presencia de valores biológicos sobresalientes y/o la protección de cuencas que
ejercen, ameritan su persistencia como bosque a perpetuidad, aunque estos sectores
puedan ser hábitat de comunidades indígenas y ser objeto de investigación científica.
› Categoría II (amarillo): sectores de mediano valor de conservación, que pueden estar
degradados pero que a juicio de la autoridad de aplicación jurisdiccional con la imple-
mentación de actividades de restauración pueden tener un valor alto de conserva-
ción y que podrán ser sometidos a los siguientes usos: aprovechamiento sostenible,
turismo, recolección e investigación científica.
› Categoría III (verde): sectores de bajo valor de conservación que pueden transformarse
parcialmente o en su totalidad, aunque dentro de los criterios de la presente ley.
Establece que las personas físicas o jurídicas, públicas o privadas, que soliciten autoriza-
ción para realizar manejo sostenible de bosques nativos clasificados en las categorías II y
III, deberán sujetar su actividad a un Plan de Manejo Sostenible de Bosques Nativos que
debe cumplir las condiciones mínimas de persistencia, producción sostenida y manteni-
miento de los servicios ambientales que dichos bosques nativos prestan a la sociedad;
y, en caso de solicitar autorización para realizar desmontes de bosques nativos de la ca-
tegoría III, deberán sujetar su actividad a un Plan de Aprovechamiento del Cambio de
Uso del Suelo, el cual deberá contemplar condiciones mínimas de producción sostenida
a corto, mediano y largo plazo y el uso de tecnologías disponibles que permitan el rendi-
miento eficiente de la actividad que se proponga desarrollar.
Tanto los Planes de Manejo Sostenible de Bosques Nativos y los Planes de Aprovecha-
miento del Cambio de Uso del Suelo deberán elaborarse de acuerdo a la reglamentación
Asimismo, dispone que todo proyecto de desmonte o manejo sostenible de bosques na-
tivos deberá reconocer y respetar los derechos de las comunidades indígenas originarias
del país que tradicionalmente ocupen esas tierras.
En el caso de la Provincia de Córdoba, la ley que regula la protección de los bosques nati-
vos es la Ley 9814.
Efectúa una clasificación similar a las categorías de conservación de los bosques nativos
de la ley nacional. Sin embargo, presenta problemas de congruencia, en particular a lo
que dispone en el art. 14 al autorizar en las Categorías de Conservación I (rojo) y II (amari-
llo), la realización de obras públicas, de interés público o de infraestructura. Para el otor-
gamiento de dicha autorización, la Autoridad de Aplicación deberá, en su caso, someter
el pedido a un procedimiento de Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) y su correspon-
diente audiencia pública.
Aquí observamos que la exigencia de la norma provincial es menos rigurosa que la nacio-
nal para otorgar las autorizaciones para la ejecución de las obras referidas.
Para reforzar lo que hemos estudiado en este módulo, sugerimos la lectura del material
bibliográfico básico: LOPEZ ALFONSIN, Marcelo; KROM, Beatriz Silvia (pról.). “Derecho
Lectura
obligatoria Ambiental”. 2ª Edición. Buenos Aires. Editorial Astrea, 2019.
Empresa agraria: entendida como actividad, como un complejo de hechos y actos jurí-
dicos que se realizan de manera ininterrumpida para la producción de bienes y servicios,
en consecuencia, se trata de una actividad económica que se desarrolla de manera pro-
fesional.
Guía de tránsito, es la documentación que acredita la licitud del transporte del ganado,
extendida por la autoridad local.
Inmueble rural: aquel que se encuentra ubicado totalmente fuera del perímetro de los
radios urbanos y su superficie represente al menos una unidad económica agraria.
Latifundio, es el fundo de una extensión muy superior a la unidad económica o a las me-
didas ordinarias de la zona o región, se trata de extensiones de tierra que excede las ne-
cesidades familiares.
Marca: es la impresión que se efectúa sobre el animal de un dibujo o diseño, por medio
de hierro candente, de marcación en frío, o de cualquier otro procedimiento que asegure
la permanencia en forma clara e indeleble.
Consigna
A continuación, se sugiere la lectura del precedente judicial caratulado
“FISCHER, DIEGO AGUSTÍN Y OTROS” mediante el cual la Sala Electoral del Tribunal Su-
perior de Justicia efectúa un análisis sobre la aplicación o fumigación con productos fi-
tosanitarios en un radio de 500 metros alrededor del límite externo del predio de una
escuela.
Contenidos
Derecho Minero
Así, se entiende por yacimiento mineral al lugar donde en forma natural se ha concentrado
o acumulado una gran cantidad de sustancia mineral útil –depósitos de sustancias mine-
rales-, susceptible de aprovechamiento económico. El concepto de mina, para el Código de
Minería, tiene varios sentidos: “geológico”, son los depósitos o masas de sustancias minera-
les objeto de la concesión; “jurídico”, es la concesión misma; y, el “técnico”, es el conjunto de
trabajos mineros dirigidos a la extracción y explotación de las sustancias minerales.
Además, el Código Civil y Comercial de la Nación establece, en el art. 236, que las minas son
bienes privados de la Nación o de las provincias según el territorio donde se encuentren.
Así, el Estado asume el dominio originario de los recursos minerales y nadie los puede
explorar y explotar sin su consentimiento por su carácter de dueño originario, y en las
Énfasis condiciones que fija la ley. Es decir, se concede a los particulares el derecho de propiedad
minera (es decir la facultad de buscarlas, aprovecharlas y disponer de ellas como dueños).
Se entiende por dominio originario al derecho que pertenece desde su origen o descubri-
miento a una determinada persona, mientras que el derivado, es aquel que reconoce la
existencia de un dueño anterior.
Entre los sistemas que tratan de explicar la atribución del dominio originario de las mi-
nas, los más conocidos son: el de la accesión, el regalista, el dominial y res nullius.
Según el sistema que se adopte, serán mayores o menores los derechos reconocidos a los
particulares sobre las minas. A continuación, estudiaremos cada uno de los sistemas que
mencionamos:
› El sistema res nullius, entiende que las minas son consideradas sin dueño, pero el
Estado, actuando en interés general, interviene para concederlas por medio de licita-
ciones y/o concesiones entre quienes tengan interés en su explotación. Se admite para
las sustancias de segunda categoría.
El régimen que establece el Código es el del patronato minero, en virtud del cual el Estado
no puede, como principio general, explotar ni disponer libremente de las minas, sino que
Énfasis debe permitir que los particulares puedan explotarlas para lograr un aprovechamiento
económico. De este modo, el Estado conserva el dominio de las minas, pero el particular
obtiene el derecho de aprovecharla como dueño mediante la concesión legal. Sin embar-
go, el Estado –en ejercicio del patronato minero- controla que la distribución y explota-
ción de las minas se efectúe conforme a las disposiciones legales.
El art. 11 establece como principio que las minas forman una propiedad distinta de la del
terreno en que se encuentran, sobre la que el Estado hace valer su derecho de jurisdicción
mientras que el concesionario su derecho de goce de la mina, por lo que se interpreta que
la concesión minera constituye un derecho de propiedad y tiene todos los alcances que la
CN determina respecto a la propiedad. Claudio Kiper2 explica que a veces se confunden
los términos propiedad y dominio, pero lo cierto es que existen diferencias desde el punto
de vista jurídico. La CN, en el art. 17, garantiza el derecho de propiedad y dispone que “la
propiedad es inviolable”. Por su parte, la jurisprudencia de la Corte Suprema ha interpreta-
do que el concepto de propiedad es más amplio, ya que abarca una serie de derechos y
prerrogativas patrimoniales que pueden interesar a una determinada persona; en el caso
bajo estudio, es el concesionario.
2. Kiper, Claudio. Manual de Derechos Reales: segunda edición actualizada. Santa Fe. Rubinzal Culzoni, 2021.
Pag. 133/134.
Las minas se conceden por tiempo ilimitado, es decir hasta el agotamiento del mineral o
el incumplimiento de las obligaciones del concesionario para mantener la concesión legal.
Las minas clasificadas en la primera categoría incluyen las especies minerales de mayor
valor económico e industrial. Por sus características y la forma de presentación de los ya-
cimientos, pertenecen exclusivamente al Estado (sistema regalista) y sólo pueden explo-
tarse en virtud de concesión legal otorgada por autoridad competente. Es decir que las
minas incluidas en esta categoría forman una propiedad distinta y separada del suelo,
por lo que el propietario del suelo no puede invocar derecho o preferencia alguna sobre
ellas. El art. 3º dispone que corresponden a la primera categoría: a) Las sustancias meta-
líferas siguientes: oro, plata, platino, mercurio, cobre, hierro, plomo, estaño, zinc, níquel,
cobalto, bismuto, manganeso, antimonio, wolfram, aluminio, berilio, vanadio, cadmio,
tantalio, molibdeno, litio y potasio; b) Los combustibles: hulla, lignito, antracita e hidro-
carburos sólidos; c) El arsénico, cuarzo, feldespato, mica, fluorita, fosfatos calizos, azufre,
boratos y wollastonita; d) Las piedras preciosas; y, e) Los vapores endógenos.
Las sustancias incluidas en la segunda categoría son aquellas que se conceden preferen-
temente al dueño del suelo (cuando el mineral es de poca importancia, como las salinas
o turberas); o que por las condiciones de su yacimiento se destinan al aprovechamiento
común, es decir se concede a cualquier persona porque la sustancia carece de valor. En
el primer caso, adopta el sistema regalista y de accesión, mientras que, en el segundo, el
sistema res nullius.
La Exploración minera:
Se resalta que, si bien la exploración no es una etapa previa obligatoria para explotar un
yacimiento, resulta de gran importancia porque implica un conjunto de operaciones des-
tinadas al descubrimiento de sustancias minerales y evaluar con mayor certeza la riqueza
potencial de las sustancias (Nonna, 2020).
Los artículos 25 y 27 determinan los pasos que debe cumplir quien pretenda explorar un
terreno en busca de sustancias minerales.
El régimen minero establece que las obligaciones del explorador consisten en: abonar
el canon por unidad de medida solicitada; manifestar la instalación de los trabajos de
exploración; cumplir con el programa de trabajos mínimos; indemnizar al propietario
del terreno por los daños que cause con los trabajos de cateo y afianzar el daño eventual;
presentar la información y documentación técnica obtenida, cuando la autoridad minera
lo exija, dentro de los noventa (90) días de vencido el permiso, bajo pena de multa.
Por último, se denomina cateador ilegal al tercero que ejecuta trabajos de exploración
sin autorización de la autoridad ni del dueño del suelo, dentro de los límites de minas
concedidas (Art. 38 CM).
Continuando con el desarrollo de este módulo, ahora nos referimos a la cuestión regu-
lada por el régimen minero cuando dispone que las minas se adquieren en virtud de la
concesión legal otorgada por la autoridad competente. Se encuentra regulado a partir del
art. 44 el permiso de explotación que se otorga a un particular. Para ello, se debe cumplir
con las siguientes etapas:
En primer lugar, nos interrogamos a cerca de cuando se considera que hay descubrimien-
to de una mina. El art. 45 dispone que cuando, mediante una exploración autorizada o a
consecuencia de un accidente cualquiera, se encuentra un criadero antes no registrado,
se produce el descubrimiento. Estos constituyen la causa originaria más importante de
adquisición de la concesión minera:
Además, la normativa autoriza la manifestación y registro de una mina para otra perso-
na, cuya representación se podrá acreditar mediante poder especial, carta poder dirigida
a la autoridad minera o ante dos testigos. Sin embargo, no necesitan poder los ascen-
dientes, descendientes, ni los hermanos del descubridor; ni los socios en la empresa, ni
los cateadores e individuos que compongan la expedición exploradora.
Se otorga un plazo de diez días para que el descubridor o dueño del descubrimiento ra-
tifique, rectifique o rechace la manifestación o registro hecho a su nombre, y vencido el
plazo se presume su conformidad.
En el caso en que una persona se encuentre ejecutando por otro un trabajo minero y des-
cubre una mina, lo hace para el dueño de los trabajos. Pero si los trabajos no son verdade-
ramente mineros, el descubrimiento pertenece a ambos por mitad.
Se considera primer descubridor a aquel que efectúa la denuncia o declaración del hallazgo
ante la autoridad minera y solicita su registro. Rige el principio “primero en la manifestación
y registro primero en el derecho”
La manifestación debe ser presentada ante el escribano de minas (funcionario que de-
pende de la autoridad minera), quien dejará constancia en cada uno de los ejemplares de
los pedimentos el día y hora de presentación; y, certificará si existen otros pedidos o regis-
tros del mismo cerro o criadero. Se consignará un número cronológico y la autoridad de
catastro minero analizará si el descubrimiento recae en un terreno franco o no. Además,
se debe publicar en el Boletín Oficial o en el diario que designe la autoridad minera por
tres veces en el plazo de quince días. La publicación tiene el efecto de notificación para
todas las personas que pretendan oponerse al descubrimiento.
Luego, continuará el registro de la manifestación. Se trata del acto más importante del
proceso de adquisición de minas, en virtud del cual la autoridad minera ordena el regis-
tro del pedimento, reconoce al descubridor como titular del derecho de explotación. Por
otra parte, el registro autoriza a tomar posesión del terreno y a iniciar la explotación.
La labor legal es el pozo, galería, trinchera o perforación efectuado sobre el cuerpo del ya-
cimiento, de diez metros de extensión, que debe efectuar el explorador, para poner de
manifiesto el yacimiento y comprobar la clase de mineral, su dirección, potencia e incli-
nación. Se trata de la primera obligación del descubridor, que debe cumplir dentro de los
cien días desde que el descubrimiento fue registrado. En el caso que se encontrare con
un obstáculo por razones de fuerza mayor, se podrá otorgar una prórroga de cien días
más. El descubridor tiene derecho a tomar en el criadero de su elección tres pertenencias,
contiguas o separadas.
Vencido el plazo para realizar la perforación, sin que el descubridor hubiese solicitado, en
el plazo de treinta días, el pedido de mensura sobre la zona donde se pretende ejecutar
las tareas de explotación de las sustancias minerales, la autoridad minera de oficio orde-
nará la realización de la mensura y declarará caducos los derechos del descubridor y las
minas serán registradas como vacantes.
Aquellos que se consideren con derecho a reclamar tendrán un plazo de quince días a
contar desde que fueron notificados o desde la última publicación, aunque tal circuns-
tancia no impide a que proceda la mensura.
El concesionario dentro de los veinte (20) días siguientes a la demarcación de los puntos
correspondientes, debe colocar los linderos de su pertenencia.
La operación de mensura y demarcación sólo puede ser impugnada por error pericial o
violación manifiesta de la ley. Para ello se debe acreditar un perjuicio real, debe ser plan-
teada por el interesado o terceros. Tiene un plazo de prescripción de dos años.
La concesión minera
Es el acto jurídico por el cual el Estado -dueño originario de las minas- a través de la Au-
toridad Minera, otorga en virtud de una disposición imperativa de la ley a una persona
Énfasis física o jurídica, previo al cumplimiento de determinadas condiciones un derecho de ex-
plotación de determinada sustancia, en un determinado espacio y por un determinado
tiempo y mientras cumpla las obligaciones establecidas.
Se sostiene que cuando el Estado concede una mina, estableciendo sobre ella una pro-
piedad particular, no se desprende de su dominio originario; por el contrario, mantiene
el mismo con tal alcance que, de no cumplir el propietario particular con las condicio-
nes de amparo o conservación de la concesión que el Código le impone -pago del canon,
inversión de capital, mensura de pertenencias y, en su caso, explotación efectiva-, los
derechos de éste caducan, pudiendo, consecuentemente, el Estado volver a conceder la
mina en propiedad particular al primer solicitante, cuantas veces se opere la caducidad”
(C.C.Ap.8ºNom., autos “MINA LUISA, Sent. 07/12/2010).
Pertenencias mineras
El art. 72 define a la pertenencia minera como la extensión del terreno dentro de cuyos
límites puede el minero explotar su concesión. Constituye cada uno de los lotes mineros
que la ley concede para el aprovechamiento del yacimiento o mina.
Se trata del lote mínimo de trabajo para la explotación de la mina, es decir la “Unidad de
Concesión”.
¿Cómo se presentan los minerales en la tierra? Para ello vamos a considerar las diferentes
categorías de sustancias.
Concurrencia y preferencia
Esta prioridad es factible siempre que no resulte de dolo o fraude. Catalano señala que
se consideran actos dolosos o fraudulentos realizados por el registrador, la simulación de
funciones de autoridad minera para obtener la declaración del descubrimiento; la mani-
festación por el apoderado o socio o dependiente a nombre propio de un descubrimiento
desconociendo los derechos del verdadero descubridor; la omisión de la presentación de
la muestra de mineral, para favorecer a un tercero, la ley no le reconoce la calidad de des-
cubridor.
En el Título VI del C.M. se encuentra regulado las cuestiones referidas a los efectos que
produce la concesión minera.
Allí, se refiere a los derechos del concesionario minero al reconocer la calidad de dueño
de todas las sustancias minerales registradas (criaderos, yacimientos) encontradas, que
se encuentren dentro de sus pertenencias.
3. Servidumbre de uso de agua, implica el uso de aguas naturales para utilizar en la explo-
tación, bebida de las personas y animales que trabajan, para el movimiento de las
maquinas que se utilizan en la explotación
Es el derecho que tiene el concesionario minero a internarse con sus trabajos en una per-
tenencia ajena para explotar su veta siguiendo el criadero cuando penetra en la perte-
nencia vecina.
Recordemos que la regla fijada por ley consiste en que cada concesionario desarrolla su
actividad productiva en los espacios definidos y exclusivos a las pertenencias autoriza-
das. Pero cuando los trabajos que realiza, siguiendo el criadero con mineral en mano,
tendrá derecho a internarse por la latitud de la pertenencia vecina hasta que las labores
de ambas se comuniquen.
Esta facultad se podrá ejercer siempre que el concesionario notifique de manera feha-
ciente al colindante de la aproximación de las labores y del propósito de internarlas. Los
minerales que se extraigan de la internación se partirán por mitad con el colindante, lo
mismo que los costos.
Sin embargo, mientras las minas no han sido demarcadas (mensura) o los linderos han
desaparecido, el concesionario que interno sus labores en la pertenencia vecina no está
obligado a participar de los productos de la internación y/o restituir las sustancias obte-
nidas por la falta de aviso oportuno.
El régimen minero reconoce este derecho al dueño de una pertenencia minera para vi-
sitar la pertenencia colindante. Para ello se debe expresar las razones por la que se pre-
tende la visita, y en el caso que su propietario no la autorice, la autoridad minera podrá
autorizar la visita.
El grupo minero es la reunión de dos o más minas contiguas con el objeto de constituir
una sola propiedad para realizar una sola explotación. Se autoriza la formación de estos
grupos para favorecer o permitir un mejor aprovechamiento de las sustancias minerales
en base al aporte de fuerzas, de ideas y de capitales para obtener resultados económicos
más provechosos.
› Que las pertenencias estén unidas en toda la extensión de uno de sus lados, formando
un solo cuerpo, sin que entre ellos quede ningún espacio vacante. Es decir, la existencia
de una unidad económica funcional.
El art. 286 del C.M. dispone que hay compañía cuando DOS (2) o más personas trabajan
en común una o más minas conforme a lo estipulado por la normativa minera vigente.
En cuanto la forma y escala del canon el art. 215 del C.M. fija para las sustancias de la pri-
mera categoría que se exploten en establecimientos fijos, mil novecientos pesos ($ 1.900)
por pertenencia o unidad de medida; para las sustancias de la segunda categoría, nove-
cientos sesenta pesos ($ 960) por pertenencia; para las concesiones provisorias para la
exploración o cateo de las sustancias de la primera y segunda categoría, sea cualquiera el
tiempo que dure, según las disposiciones de este Código, pagarán nueve mil seiscientos
ochenta pesos ($ 9.680) por unidad de medida o fracción.
La mayoría de la doctrina respecto a la naturaleza jurídica del canon entiende que se tra-
ta de una condición o requisito que debe cumplir el concesionario minero para mantener
la explotación de la concesión y no de una tasa, impuesto o contribución.
El canon debe ser abonado por adelantado y en dos partes iguales en dos semestres, que
vencen el 30 de junio y 31 de diciembre de cada año, y comienza a devengarse desde el día
del registro
La concesión minera, sus accesorios y productos gozan de una exención impositiva gene-
ral de cinco años contados a partir del registro del descubrimiento. Se destaca aquí que la
exención impositiva obedece al carácter promocional que se otorga a la actividad minera.
Otra de las condiciones que debe cumplir el concesionario es la de presentar ante la au-
toridad minera, dentro del plazo de un año desde la petición de la mensura, un plan de
inversión de capital que se propone efectuar en cada uno de los siguientes rubros:
Los recursos contra las declaraciones de caducidad se concederán con efecto suspensivo,
por causar gravamen irreparable.
En cualquier caso de caducidad la mina volverá al dominio originario del Estado y será
inscrita como vacante, en condiciones de ser adquirida conforme estipula la normativa
vigente.
Cuando la caducidad fuera dispuesta por falta de pago del canon minero, será notificada al
concesionario en el último domicilio constituido en el expediente de concesión. El conce-
sionario tendrá un plazo improrrogable de cuarenta y cinco (45) días para rescatar la mina,
abonando el canon adeudado actualizado más un recargo del cien por ciento (100%) ope-
rándose automáticamente la vacancia si la deuda no fuera abonada en término.
Cuando la caducidad fuera dispuesta por falta de pago del canon la concesión quedará
supeditada a que el concesionario no haya ejercido en término el derecho de rescate.
Inscripta y publicada la mina como vacante, el solicitante deberá abonar el canon adeu-
dado hasta el momento de haberse operado la caducidad, ingresando con la solicitud el
importe correspondiente.
Caso contrario la solicitud será rechazada y archivada sin dar lugar a recurso alguno. No
podrá solicitar la mina el anterior concesionario, sino después de transcurrido UN (1) año
de inscripta la vacancia.
Cuando la mina hubiera estado inactiva por más de CUATRO (4) años, la autoridad mi-
nera podrá exigir la presentación, en el plazo de seis meses, de un proyecto de activación
o reactivación, con ajuste a la capacidad productiva de la concesión, a las características
de la zona, medios de transporte disponibles, demanda de los productos y existencia de
equipos de laboreo.
Se considera que la mina ha estado inactiva cuando no se han efectuado en ella trabajos
regulares de exploración, preparación o producción, durante el plazo señalado en el pá-
rrafo precedente.
Una vez admitido el abandono, cualquier persona podrá solicitar y registrar la mina sin
otro requisito que la constancia del hecho.
Énfasis
La responsabilidad civil en la actividad minera conforme a las disposiciones del C.M. exis-
te por el solo hecho del daño, independientemente de que el responsable haya actuado
con dolo o culpa. El art. 161 establece que el propietario de una mina es responsable por
los perjuicios que ocasione a terceros, tanto por los trabajos superficiales como por los
subterráneos, aunque estos perjuicios provengan de accidentes o casos fortuitos. Los per-
juicios serán previamente justificados, y no podrán reclamarse después de transcurridos
seis (6) meses desde el día del suceso.
4. Cuando el peligro para las obras o trabajos que se emprendan, existía antes o era con-
siguiente a la nueva explotación.
La autoridad minera establece las reglas de seguridad, policía y conservación del am-
biente a las que se debe ajustar la actividad minera. La protección del ambiente y la con-
servación del patrimonio natural y cultural en el ámbito de la actividad minera quedarán
sujetas a las disposiciones del CM y a las que oportunamente se establezcan en virtud del
Artículo 41 de la Constitución Nacional.
Se entiende que la actividad minera de manera inevitable puede ocasionar daño; y, por
ello resulta necesario adoptar medidas que tiendan a prevenirlo y, en caso de no poder
evitarlo, minimizar sus efectos.
Es decir que toda persona pública o privada que desarrolle las actividades mineras que
detalla el art. 249 del C.M., y consisten en: a) Prospección, exploración, explotación, desa-
rrollo, preparación, extracción y almacenamiento de sustancias minerales comprendidas
en este Código de Minería, incluidas todas las actividades destinadas al cierre de la mina;
b) Los procesos de trituración, molienda, beneficio, pelletización, sinterización, brique-
teo, elaboración primaria, calcinación, fundición, refinación, aserrado, tallado, pulido
lustrado, otros que puedan surgir de nuevas tecnologías y la disposición de residuos cual-
quiera sea su naturaleza, serán responsables de todo daño ambiental que se produzca
por el incumplimiento a la normas ambientales, ya sea que lo ocasionen en forma directa
o por las personas que se encuentran bajo su dependencia o por parte de contratistas o
subcontratistas, o que lo causa el riesgo o vicio de la cosa.
Por otra parte, las sustancias de aprovechamiento común son propiedad del Estado y
cualquier persona sin necesidad de concesión, permiso o aviso de descubrimiento puede
explotarlas.
Se otorga un plazo de trescientos días para la instalación del establecimiento fijo y para
que comience a funcionar. Estas concesiones están sujetas al pago del canon minero que
corresponde para las sustancias de primera categoría.
Mientras que para la explotación de los desmontes, relaves y escoriales de las minas
abandonadas se concederán al primer solicitante, previa notificación a los dueños de las
minas para que en el plazo de cien días inicien la explotación. Si estos no la inician, el
concesionario tendrá derecho a continuar su explotación.
El C.M. cuando se refiere al régimen legal de las sustancias radioactivas dispone que la
exploración y explotación de minerales nucleares y de los desmontes, relaves y escoriales
que los contengan, se regirán por las disposiciones referentes a las minas de primera y
segunda categoría, aunque persiste el contralor estatal en la utilización y el aprovecha-
miento de estas sustancias. Entiende que son minerales nucleares el uranio y el torio.
Estos productos no podrán ser reutilizados ni concedidos para otro fin sin la previa auto-
rización del organismo referido y de la autoridad minera.
Para reforzar lo que estamos estudiado en este módulo, sugerimos la lectura del siguien-
te fallo que se puede complementar con el Dictamen de la Procuración General de la Na-
Lectura ción. Este fallo tiene relevancia ya que el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba (TSJ)
complementaria ratificó la plena constitucionalidad de la Ley N° 9526, en tanto prohíbe la actividad mi-
nera metalífera cuando se realice bajo la modalidad “a cielo abierto” o cuando para ello
se utilicen sustancias como el cianuro, el mercurio y otras calificadas como peligrosas,
rechazando la acción declarativa de inconstitucionalidad que habían planteado los re-
presentantes de la Cámara Empresaria Minera de la Provincia de Córdoba (Cemincor) y
de la Asociación de Profesionales de la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Activi-
dad Nuclear (APCNEAN).
› “Cemincor c/ Sup. Gobierno de la Provincia de Córdoba” (disponible en plataforma)
› Sentencia CEMINCOR (disponible en plataforma)
El régimen minero establece en el art. 317 que los actos y contratos de minas se encuen-
tran sujetos a las disposiciones que rigen los actos jurídicos en general, siempre que no se
encuentren regulados en el C.M.
Contrato de Compraventa
El art. 323 del C.M. dispone que “las minas pueden venderse y transmitirse como se ven-
den y transmiten los bienes raíces. En consecuencia, el descubridor de un criadero puede
vender y transmitir los derechos que adquiere por el hecho del descubrimiento”. En cuan-
to a la capacidad para adquirir minas, recordemos que la legislación minera en el art. 22
determina quiénes no están habilitados o carecen de capacidad para adquirir minas.
Por el carácter de bienes raíces que ostentan las minas, estas pueden ser hipotecadas.
Para ello, es necesario que la mina se encuentre mensurada porque desde ese momento
se encuentra determinada su superficie.
El C.M. se refiere a dos casos de adquisición por prescripción de una concesión minera vi-
gente, mediante la cual el tercero que se encuentre ocupando la mina por dos años podrá
adquirir la mina siempre que esa posesión haya sido pacífica y de buena fe. Y si la pose-
sión de la concesión minera fue mediante actos de violencia o de manera clandestina,
adquiere el dominio una vez transcurridos los cinco años.
Por otra parte, una mina no registrada o que permanece caduca o vacante no es suscepti-
ble de ser adquirida por prescripción, debido a que el art. 326 dispone que la prescripción
no se opera contra el Estado propietario originario de la mina.
Las minas pueden ser objeto de arrendamiento como los bienes raíces; pero con las limi-
taciones expresadas por la legislación minera. Los arrendamientos de minas y canteras
podrán celebrarse por plazos de hasta VEINTE (20) años.
El arrendatario puede aprovechar la mina en los mismos términos que puede hacerlo el
propietario y debe mantener el amparo de la mina y efectuar sus trabajos con arreglo a
las prescripciones de este Código.
El Régimen de Inversiones para la Actividad Minera, regulado por la Ley 24.196 establece
los alcances y limitaciones para generar inversiones en la actividad minera.
La ley determina que pueden acogerse a este régimen las personas físicas con domicilio
en la República Argentina y las personas jurídicas constituidas en ella, o que se hallen ha-
bilitadas para actuar dentro del territorio con ajuste a sus leyes, debidamente inscriptas,
que desarrollen por cuenta propia actividades mineras en el país o se establezcan en el
mismo con ese propósito.
Estabilidad Fiscal
Con relación al impuesto a las ganancias, la ley establece que los sujetos acogidos al pre-
sente régimen de inversiones podrán deducir en el balance impositivo del impuesto a las
ganancias, el ciento por ciento (100 %) de los montos invertidos en gastos de prospección,
exploración, estudios especiales, ensayos mineralógicos, metalúrgicos, de planta piloto,
de investigación aplicada, y demás trabajos destinados a determinar la factibilidad téc-
nico-económico de los emprendimientos mineros.
Regalías Mineras
La regalía minera, consiste en “una contribución creada por el Estado mediante una ley,
que se impone el propietario y/o explotador de un yacimiento minero ubicado en el te-
rritorio de ese Estado y que se implementa mediante una obligación del propietario y/o
explotador de entregar una parte de los minerales extraídos al Fisco y abonarle una suma
de dinero proporcional a la extracción realizada”, el régimen de promoción dispone que
las provincias adheridas a este régimen no podrán cobrar un porcentaje superior al tres
por ciento (3 %) sobre el valor ‘boca mina’ del mineral extraído.
Se considera ‘mineral boca mina’, el mineral extraído, transportado y/o acumulado previo
a cualquier proceso de transformación.
Se define el ‘valor boca mina’ de los minerales y/o metales declarados por el productor
minero, como el valor obtenido en la primera etapa de su comercialización, menos los
costos directos y/u operativos necesarios para llevar el mineral de boca mina a dicha eta-
pa, con excepción de los gastos y/o costos directos o indirectos inherentes al proceso de
extracción.
Además del C.M., el Congreso de la Nación ha dictado diversas leyes que regulan la ex-
ploración de sustancias mineras. En este módulo estudiaremos el régimen de explora-
ción de hidrocarburos líquidos y gaseosos.
Los hidrocarburos (el petróleo crudo, el gas natural y sus derivados) son recursos estraté-
gicos para el desarrollo social y económico de los países.
Desde sus inicios, la matriz energética mostró una alta dependencia de los hidrocarbu-
ros. Las fuentes más importantes son el petróleo y el gas, y representan poco más del 84%
de la matriz primaria.
Hasta 1907, en virtud de la vigencia del Código de Minería, el Estado no podía realizar ac-
tividades mineras ni prohibir que las realizaran los particulares. Luego, se permitió explo-
tar petróleo (mientras se buscaba de manera casual en Comodoro Rivadavia se encontró
petróleo) por cuanto se consideraba que se trataba de un recurso estratégico que se debía
asegurar su oferta.
En el año 1935, se sancionó la primera ley nacional de Hidrocarburos - Ley 12.161, donde se
establecieron las bases de explotación del petróleo y se sostenía el principio de dominio
regalista (los yacimientos petroleros pertenecen al Estado).
Continua como antecedente legislativo, la Ley 14.773 (Ley Frondizi) por medio de la cual
se nacionaliza los yacimientos de hidrocarburos. Se considera que son bienes de dominio
público y se reconoce a las provincias la participación del 50% del producido neto.
Conforme esta delimitación, las autoridades provinciales son concedentes de los permi-
sos y concesiones y autoridades de aplicación de la Ley de Hidrocarburos respecto de los
hidrocarburos ubicados en sus respectivos territorios. Por su parte, las autoridades nacio-
nales ejercen estas potestades respecto de los hidrocarburos ubicados en la plataforma
continental más allá de la milla 12.
La Corte Suprema de Justicia ha sostenido que “la materia federal predominante resulta
de la reserva del diseño de la política hidrocarburífera a nivel federal, por ser la explo-
tación del petróleo y sus derivados una cuestión de política industrial y económica de
significación para todo el país” (Fallos 333:1386).
Por el contrario, si las instalaciones exceden el territorio de una provincia o están destinadas
a la exportación de hidrocarburos, esas concesiones estarán sujetas a jurisdicción federal.
La Ley de Hidrocarburos regula las distintas etapas o segmentos de esta industria: (i) la
exploración y producción (upstream); (ii) el transporte (midstream) y (iii) la industrializa-
Énfasis ción y comercialización (downstream).
Los interesados en realizarlos deberán contar con la autorización previa del propietario
superficiario y responderán por cualquier daño que le ocasionen.
Al vencimiento del plazo del permiso, los datos primarios del reconocimiento superficial
serán entregados a la autoridad de aplicación, la que podrá elaborarlos por sí o por terce-
ros y usarlos de la manera que más convenga a sus necesidades. No obstante, durante los
La autoridad de aplicación estará facultada para inspeccionar y controlar los trabajos in-
herentes a esta actividad.
Los hidrocarburos son compuestos orgánicos que pueden ser solidos (carbón), líquidos
(petróleo crudo) o gaseosos (gas) y están formados por átomos de hidrógeno y carbo-
no. El petróleo es un compuesto químico líquido, oleoso, de color negro y origen natural,
integrado por distintas sustancias orgánicas ubicado en depósitos de roca sedimentaria
bajo la superficie terrestre.
› Convecionales: cuando esa interconexión es buena, (la roca es permeable, dado que
los hidrocarburos pueden moverse por el interior de la roca).
Este tipo de hidrocarburo no puede obtenerse por simple extracción como es el que caso
de los convencionales (que cuentan con facilidad de movimiento por su porosidad y per-
meabilidad). Estos son reservorios de baja permeabilidad donde las moléculas de gas no
pueden fluir sin ayuda hacia el yacimiento de los pozos productivos. Es por ello que la di-
ferencia principal radica en la dificultad que hay en lograr que el gas y el petróleo migren
hacia la superficie, por lo que deben emplearse técnicas con tecnologías más avanzadas y
complejas que hacen que su extracción sea aún más costosa.
Invitamos ahora a trabajar aspectos teóricos con el finde repasar los temas abordados
realizando la Actividad 2 titulada: diferencias entre regímenes.
Actividad
¿Qué es el Fracking?
El art. 69 del régimen legal que estudiamos, se contemplan las obligaciones de permisio-
narios y concesionarios en relación a las cuestiones ambientales que deben contemplar
en sus actividades. Es decir, tienen el deber de:
› Realizar todos los trabajos observando las técnicas más modernas, racionales y efi-
cientes, adoptando las medidas necesarias para evitar daños a los yacimientos, con
motivo de la perforación, operación, conservación o abandono de pozos, dando
cuenta inmediata a la autoridad de aplicación de cualquier novedad al respecto;
› Evitar cualquier desperdicio de hidrocarburos; si la pérdida obedeciera a culpa o negli-
gencia, el permisionario o concesionario responderá por los daños causados al Estado o
a terceros;
› Adoptar las medidas de seguridad, a fin de evitar siniestros de todo tipo, dando cuenta
a la autoridad de aplicación de los que ocurrieren;
› Adoptar las medidas necesarias para evitar o reducir los perjuicios a las actividades
agropecuarias, a la pesca y a las comunicaciones, como así también a los mantos de
agua que se hallaren durante la perforación.
Compañía de minas: dos o más personas trabajan en común una o más minas conforme a
lo estipulado por la normativa minera vigente.
Concesión minera: Es el acto jurídico por el cual el Estado -dueño originario de las minas-
a través de la Autoridad Minera, otorga en virtud de una disposición imperativa de la ley
a una persona física o jurídica, previo al cumplimiento de determinadas condiciones un
derecho de explotación de determinada sustancia, en un determinado espacio y por un
determinado tiempo y mientras cumpla las obligaciones establecidas.
Concesionario: es aquel que tiene derecho a explotar en forma exclusiva los yacimientos
de hidrocarburo.
Grupo minero es la reunión de dos o más minas contiguas con el objeto de constituir una
sola propiedad para realizar una sola explotación.
Hidrocarburos: compuestos orgánicos que pueden ser solidos (carbón), líquidos (petró-
leo crudo) o gaseosos (gas) y están formados por átomos de hidrógeno y carbono.
Labor legal: es el pozo, galería, trinchera o perforación efectuado sobre el cuerpo del ya-
cimiento, de diez metros de extensión, que debe efectuar el explorador, para poner de
manifiesto el yacimiento y comprobar la clase de mineral, su dirección, potencia e incli-
nación.
Patronato minero: régimen en virtud del cual el Estado no puede, como principio general,
explotar ni disponer libremente de las minas, sino que debe permitir que los particulares
puedan explotarlas para lograr un aprovechamiento económico.
Pertenencia minera: extensión del terreno dentro de cuyos límites puede el minero ex-
plotar su concesión. Constituye cada uno de los lotes mineros que la ley concede para el
aprovechamiento del yacimiento o mina.
Permisionario: aquel que tiene derecho a obtener un permiso para ejecutar todas las ta-
reas para buscar hidrocarburos, dentro de un perímetro limitado.
Petróleo: es un compuesto químico líquido, oleoso, de color negro y origen natural, inte-
grado por distintas sustancias orgánicas ubicado en depósitos de roca sedimentaria bajo
la superficie terrestre.
Primer descubridor: aquel que efectúa la denuncia o declaración del hallazgo ante la au-
toridad minera y solicita su registro.
Regalía minera: contribución creada por el Estado mediante una ley, que se impone el
propietario y/o explotador de un yacimiento minero ubicado y consiste en la obligación
de entregar una parte de los minerales extraídos al Fisco y abonarle una suma de dinero
proporcional a la extracción realizada.
Consigna
actividad 2
Diferencias entre regímenes
Consigna
A los fines de integrar el marco teórico de este módulo, lo invitamos a realizar la activi-
dad que se propone:
Confeccione un cuadro comparativo con las principales diferencias entre el régimen que
establece la ley de hidrocarburos y el régimen del Código de Minería, teniendo en cuenta
los siguientes criterios:
a) Tipo de dominio,
b) Tipo de concesión,
c) Plazo,
d) Requisitos para explorar/explotar.