Alas de papel
Se fabricó unas alas caseras, y comenzó a ascender por los cielos, entre nubes de copos
blancos.
Conoció la lluvia, amó al sol y lloró la luna.
Se acordó de la imagen de Ícaro y no quiso asomarse al sol. Prefirió las nubes espesas y
cargadas alejadas del astro rey. Pero eso le enseñó que los peligros están por doquier porque
las gotas de lluvia pesaban sobre sus alas. Aleteaba desesperadamente, perdía altura.
Los astros lo aborrecieron y desconocieron.
La plaza del centro se agigantaba ante sus ojos. Sus alas borrachas cansadas no querían
rendirse.
Bajaba precipitadamente, mientras los chicos de la plaza empezaron a entornar sus ojos hacia
el cielo, que ahora abría su telón gris de nubes para dar paso al tímido sol.
Y entonces, cuando creía estrellarse sin atenuantes contra el monumento de la plaza, un haz
de globos multicolores le salió al encuentro.
Así fue que se posó sin estridencias, junto al carrito de garrapiñadas, y fue el héroe de chicos y
grandes, por única vez y para siempre.
Aleteaba desesperadamente, pero perdía altura y al fin descendió suavemente sobre la fina
hierba.