LECCION Nº 8 EL MESIAS
SIGNIFICADO DEL VOCABLO MESIAS:
La palabra mesías viene del latín “Messias” y del hebreo “Mesiah”, según el
diccionario de la Real Lengua Española. Se pronuncia Mashíaj que significa
“ungido”, y se sobreentiende “ungido con aceite”, pues esta era la forma en
que los antiguos judíos ungían a un nuevo rey, derramando aceite de oliva
consagrado en su cabeza.
La historia de ésta etimología nace con el profeta Isaías, a este le tocó un tiempo
de turbulencia política, guerra y el primer exilio Judío; y acompañó a su pueblo a
Babilonia y lo consoló en aquellas horas difíciles.
En las profecías, Isaías nombra con increíble claridad y en un lenguaje rico, las
desgracias o castigos divinos que recibirá Israel. Pero a continuación le inyecta
esperanza al nombrar a un niño, Emmanuel que significa “Dios con nosotros”, que
traería un reino de justicia y paz, aún entre el lobo y el cordero. Todo esto dio
origen al mito de un Mesías, ungido que salvaría a Israel (el pueblo Judío), del
exilio, de las persecuciones, y que además ayudaría a reconstruir el Reino de
Israel. Se esperaba que El Mesías fuera a un hombre, y no a un ser divino.
Cuando sucede la aparición del cristianismo la palabra hebrea “Mesiah” fue
traducida al griego bastante pronto, debido a que en la zona oriental del Imperio
romano se hablaba masivamente el griego, por la palabra “christós” (ungido con
aceite) que generó en la forma “Cristo” siendo su compuesto “Jesucristo”, y que
a la larga dio lugar a la denominación en latín de los seguidores de Jesús de
Nazaret como “Christiani”, seguidores que en principio eran llamados más bien
“nazareni” que traducido significa Nazarenos.
Es importante decir, que si usamos el terminó Mesías en un sentido general, este
es un término utilizado en la historia de las religiones y antropología de las
religiones para referirse a todo personaje heroico, divino o semidivino sobre en
cuyo advenimiento hay puesta una confianza inmotivada o desmedida. Se emplea
el término mesiánico para referirse al mesianismo, o al que profesa cualquier tipo
de mesianismo, postura religiosa o laica caracterizada por una confianza ciega en
la acción de cualquier futuro agente benefactor o innovador que implante un nuevo
orden en las cosas.
ES JESUS EL MESIAS?
Jesús es llamado “El Cristo”, es decir, el Mesías en Mateo 1:16 dice textualmente:
“Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado
Cristo.” Como ya lo expliqué en su traducción del nombre del hebreo “Mesiah” al
griego “Christós”.
De hecho, cada vez que alguien dice, "Jesucristo," se está refiriendo a Jesús
como el Mesías, porque Cristo significa "Mesías" o "Ungido." El Antiguo
Testamento predice el Mesías y el Nuevo Testamento revela al Mesías como
Jesús de Nazaret.
Jesús nació de la simiente de una mujer: En Genesis 3:15: Por la
desobediencia del hombre Dios le dice a la serpiente: “Y pondré en enemistad
entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la
cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”
Esta se considera como la primera profecía del plan divino de redención de Dios,
en donde se avisora una lucha larga entre el bien y el mal, y la venida en un futuro
de un mesías nacido de la cimiente de una mujer, que obtendrá la victoria sobre el
mal y la muerte.
El hecho de que Jesús haya nacido de una mujer le hace uno igual a todos los
hombres, porque Jesús nace igual a todos ellos.
Si Jesús no hubiera nacido de una mujer no podría identificarse con los hombres;
sería un ser diferente, mágico, y no podría cumplir su misión redentora porque, si
no fuera hombre, si no hubiera nacido igual que todos los hombres, no podría
haber ocupado el lugar que a los hombres les correspondía en la Cruz. Si nó
hubiera nacido de una mujer no podría ser el Salvador.
Isaías 9:6 “Porque un niño nos es nacido. Hijo nos es dado, y el principado
sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte,
Padre Eterno, Príncipe de Paz.”
En Gálatas 4-4 dice: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios
envió a su hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.”
Lucas 1: 30-33 “Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has
hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a
luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado
hijo del altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará
sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”
Lucas 1:35 “Respondiendo el Ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti,
y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo
Ser que nacerá, será llamado hijo de Dios.
Las profecías fueron dadas a David, autor de los Salmos (Salmos 2 y 110),
aproximadamente 1.000 años antes de Cristo, y a Isaías, el profeta que actuó 750
años antes de Cristo. Estos fueron muy importantes en la historia del pueblo de
Israel, así mismo se escribieron profecías en ley de Moisés, y otros profetas
(Daniel, Jeremias, Miqueas, Malaquias y otros)
La importancia de la Profecía: (Carácter del Mesías)
La profecía anuncia que el Mesías sería el Hijo de Dios.
Para los cristianos el tema es más que importante porque creemos que Jesús es
el Mesías que Dios había prometido, y que una de las condiciones básicas de su
personalidad es el ser el único Hijo de Dios.
Por este concepto no debe entenderse que Jesús es una creación divina como lo
son todas las demás cosas, sino que siempre fue al lado del Padre, que participó
del acto Creador (Ver Juan 1: 1-14) y que es lo mismo entender que Él es el Hijo
de Dios, que entender que Él es Dios Hijo, una de las tres manifestaciones de
Dios o de la Trinidad como la llaman algunos.
El Mesías es El Hijo de Dios hecho Hombre:
Este concepto tiene dos interpretaciones complementarias:
1º Debe entenderse que Cristo es el Hijo de Dios desde la eternidad y que como
tal existió desde antes de la Creación. Esta es la interpretación de Cristo como
parte misma de Dios en su concepción espiritual.
2º Debe entenderse que Jesús como hombre es el Hijo de Dios porque fue
concebido en su madre María por obra y gracia del Espíritu Santo. (Mateo 1:18)
Esta es la interpretación de Cristo como Hijo de Dios en su vida terrenal.
Ambas, como ya ha sido dicho, se complementan, porque Jesús en tanto que
estuvo en la tierra, si bien por propia voluntad, para cumplir los designios del
Padre en su misión redentora, se despojó de su divinidad, y nunca dejó de ser el
mismo ser que era cuando estaba con el Padre: su único Hijo
PROFESIAS MESIANICAS:
Jesús fue descenciente de Habraam, de Isaac, de Jacob, de la tribu de Judá,
de David:
Génesis 22: 18 Le dijo Dios a Habraam: “En tu simiente serán benditas todas
las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.”
Confirmando su pacto perpetuo con su descendencia Isaac, Jacob, Judá, David.
(ver Génesis 12-3; 17-19; Números 24:17; Génesis 49:10; Isaías 9:7)
En relación al Pacto de Dios con David: en Salmos 89:36-37 dice: “Su
descendencia será para siempre, Y su trono como el sol delante de mí. Como
la luna será firme para siempre, Y como un testigo fiel en el Cielo.”
En Jeremías 23: 5 “He aquí que vienen días, dice Dios, en que levantaré a
David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y
justicia en la tierra.”
Hay varias cosas que el pueblo judío que había anticipado el Mesías esperaba de
Él, basado en las profecías del Antiguo Testamento: El Mesías sería un hombre
hebreo (Isaías 9:6) nacido en Belén (Miqueas 5:2) de una virgen (Isaías 7:14), un
profeta como Moisés (Deuteronomio 18:18), un sacerdote de la orden de
Melquisedec (Salmo 110:4), un rey (Isaías 11:1–4), el Hijo de David (Mateo
22:42) que sufrió antes de entrar a Su gloria (Isaías 53). Jesús cumplió cada uno
de estos requisitos mesiánicos.
Jesús cumplió los requisitos del Mesías en que Él era un hebreo de la tribu de
Judá (Lucas 3:30), y nació en Belén (Lucas 2:4–7) de una virgen (Lucas 1:26 –
27).
Otra prueba de que Jesús era el Mesías es el hecho de que Moisés y Jesús eran
profetas (Deutoronomio 18:18), por lo que tendría también UNA MISION
PROFETICA Juan 8:38, pero Jesús es un profeta aun mayor que Moisés, ya que
mientras Moisés libró a Israel de la esclavitud de Egipto, Jesús nos libera de la
esclavitud del pecado y la muerte. A diferencia de Moisés, Jesús no sólo
representa a Dios — Él es Dios (Juan 10:30). Jesús no sólo nos lleva a la Tierra
Prometida; nos lleva al cielo por la eternidad (Juan 14:1–3). Por estas y muchas
razones más, Jesús es un profeta superior a Moisés.
El Mesías iba a tener MISION SACERDOTAL o deberes sacerdotales; Jesús no
era un levita, y sólo los levitas podían ser sacerdotes. Entonces, ¿cómo podría
calificar Jesús? Jesús es un sacerdote en la orden de Melquisedec como lo fue
Habraam y David (Génesis 14: 17-20; Salmo 110:4; Hebreos 6:20). Melquisedec
estuvo ministrando antes del templo judío y su nombre significa «Rey de
Justicia». Melquisedec fue llamado también el "Rey de Salem," que significa
"Rey de Paz" (Hebreos 7:2). Melquisedec bendijo a Abraham (el mayor bendice al
menor, Hebreos 7:7), y Abraham dio a Melquisedec un diezmo. Por lo tanto, como
un sacerdote en la orden de Melquisedec, Jesús es mayor que Abraham (ver Juan
8:58) y que el sacerdocio levítico. Él es un sacerdote celestial que ofreció un
sacrificio que quita el pecado permanentemente, no sólo cubriéndolo
temporalmente, en Malaquías 3:1 hace referencia al "ángel del pacto", haciendo
referencia al Mesías como mediador de un nuevo pacto entre Dios y el hombre,
Su función como Sumo Sacerdote es la de presentar ante Dios los pecados de
todos los hombres para que sean perdonados por el Padre; esto es lo que Jesús
vino a hacer al morir en la Cruz del Calvario.
Jesús también debe ser un rey para ser el Mesías, POR LO QUE TENDRIA UNA
MISION REAL. Jesús era de Judá, la tribu real. Cuando Jesús nació, los sabios
(magos) del Oriente llegaron buscando al Rey de los judíos (Mateo 2:1–2). Jesús
enseñó que un día Él se sentaría en un trono glorioso (Mateo 19:28; 25:31).
Mucha gente de Israel reconoció a Jesús como su Rey anticipado y esperó que Él
estableciera su reino inmediatamente (Lucas 19:11), aunque el Reino de Jesús
hasta el día de hoy, no es de este mundo (Juan 18:36). Al final de la vida de
Jesús, durante su juicio ante Pilato, Jesús no se defendió excepto para responder
afirmativamente cuando Pilato preguntó si Él era el Rey de los Judíos (Marcos
15:2).
Otra forma que Jesús cumple con la descripción del Mesías del Antiguo
Testamento y tiene que ver con aspectos que describen el CARÁCTER DE
JESUS, La humildad es una característica necesaria en Jesús para que El pudiera
aspirar a ser un rey espiritual, en la vida interior del hombre (Isaías 53:2; Mateo
13:55)
Los Judíos reconocieron en Jesús el simple hijo de un carpintero de la no muy
bien afamada Nazaret. Ya la profecía había anticipado que su figura y su estampa
no serían llamativas y que su proceder sería humilde. Si así no hubiera sido los
judíos hubieran visto en El a un guerrero militar o a un político prominente y le
hubieran hecho su rey humano. Pero éste no era el propósito divino.
La mansedumbre es otra de las características que Jesús cumple como el mesías,
en Isaías 42:2 dice: no gritará ni alzará su voz; no hay parecer en él, ni
hermosura, sin atractivo, es que Él era el Siervo Sufrido de Isaías 53. En la Cruz
Jesús fue "despreciado" y "desechado entre los hombres" (Isaías 53:3). Fue
"traspasado" (versículo 5) y "angustiado… y afligido" (versículo 7).
Era tierno y compasivo (Isaías 40:11) El Mesías tendría como misión principal
salvar a los pecadores; esta misión sería imposible sin ternura y compasión.
Era Puro y sin mancha (Isaías 11:5; 53-9) La muerte del Mesías expiando el
pecado de la humanidad tiene sentido sólo porque el sería puro y sin mancha.
Era Celoso de Dios, (salmos 69:9; mateo 21:12) El Mesías era Dios mismo
encarnado en un hombre; como tal en su humanidad debería ser celoso cuidador
de las cosas de Dios. Esta actitud debe entenderse como un repudio a todo lo que
humillara el culto al Padre
Sería el libertador de su pueblo (profecía en Isaías 61:1-3 cumplida en Lucas
4:18-21)
Él murió con los ladrones y fue enterrado en la tumba de un hombre rico (Isaías
53:9; Marcos 15:27; Mateo 27:57–60). Después de Su sufrimiento y muerte,
Jesús el Mesías fue resucitado (Isaías 53:11; 1 Corintios 15:4) y glorificado
(Isaías 53:12). Isaías 53 es una de las profecías más claras identificando a Jesús
como el Mesías; es el mismo texto que el eunuco etíope leyó cuando Felipe lo
conoció y le explicó acerca de Jesús (Hechos 8:26–35).
Hay otras formas en que Jesús demostró ser el Mesías. Todas las fiestas del
Señor en el Antiguo Testamento se relacionan y son cumplidas por Jesús. Cuando
Jesús vino la primera vez, Él fue nuestro Cordero de Pascua (Juan 1:29), nuestro
Pan Sin Levadura (Juan 6:35) y nuestras Primicias (1 Corintios 15:20). El
derramamiento del Espíritu de Cristo ocurrió en el Día de Pentecostés (Hechos
2:1- 4). Cuando regrése Jesús el Mesías, escucharemos la voz del Arcángel y la
trompeta de Dios. No es casualidad que el primer día del festival de otoño es Yom
Teruah, la Fiesta de Trompetas. Después de que regrese Jesús, Él juzgará la
tierra. Se trata del cumplimiento del próximo festival de otoño, Yom Kipur, el Día
de Expiación. Luego Jesús establecerá su Reino Milenial y reinará desde el trono
de David durante 1.000 años; esto completará la última fiesta del otoño, Sukot o la
Fiesta de Tabernáculos, cuando Dios morará con nosotros.
Finalmente, en Lucas 24:44-49 Jesús le dice a sus discípulos “Y les dijo: Esta
son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario
que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los
profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que
comprendiesen las escrituras; y les dijo: Así está escrito, así fue necesario
que el Cristo padeciese y resucitare de los muertos al tercer día; y que se
predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas
las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de
estas cosas. He aquí yo enviaré la promesa de mi padre sobre vosotros; pero
quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de
poder desde lo alto.”
COMENTARIOS FINALES COMO COMPLEMENTO:
Para aquellos de nosotros que creen en Jesús como Señor y Salvador, la
evidencia que Él es el Mesías judío es más que convincente. ¿Cómo es que, en
general, los judíos no aceptan a Jesús como su Mesías? Tanto Isaías y Jesús
profetizaron una ceguera espiritual a Israel como un juicio por su falta de fe (Isaías
6:9-10; Mateo 13:13–15). Además, la mayor parte de los judíos del tiempo de
Jesús buscó un Salvador político y cultural, no un Salvador del pecado. Quería
que Jesús quitara el yugo de Roma y estableciera a Zion como la capital del
mundo (Hechos 1:6). No pudo ver cómo el manso y humilde Jesús podria
posiblemente hacer eso.
Como ejemplo la historia de José ofrece un interesante paralelo a los judíos que
no reconocieron a su Mesías. José fue vendido como esclavo por sus hermanos, y
después de muchos altibajos fue nombrado primer ministro de todo Egipto.
Cuando una hambruna golpeó a Egipto e Israel, los hermanos de José viajaron a
Egipto para conseguir comida, y se reunieron con José, pero no lo reconocieron.
Su propio hermano, de pie justo en frente de ellos, pero no lo reconocieron por
una razón muy sencilla: él no pareció como ellos lo esperaban parecer. José
estuvo vestido como un egipcio; habló como un egipcio; vivió como un egipcio. El
pensamiento de que él podría ser su hermano perdido nunca cruzó su mente.
José era un pastor hebreo, después de todo, y no de la realeza egipcia. De
manera similar, la mayoría de los judíos no reconoció a Jesús como su Mesías.
Ellos buscaron un rey terrenal, no el gobernante de un reino espiritual. (Muchos
rabinos interpretan el Siervo Sufrido de Isaías 53 como el pueblo judío que ha
sufrido a manos del mundo). Su ceguera era tan grande que ninguna cantidad de
milagros podía hacer la diferencia (Mateo 11:20).
No obstante, hubo muchos en los días de Jesús que reconocieron la verdad
acerca de Jesús. Los pastores de Belén entendieron (Lucas 2:16–17). Simeón en
el templo entendió (versículo 34). Ana entendió y "hablaba del niño a todos los que
esperaban la redención en Jerusalén" (versículo 38). Pedro y los otros discípulos
entendieron (Mateo 16:16). Muchos más siguen entendiendo que Jesús es el
Mesías, Aquel que cumple la ley y los profetas (Mateo 5:17).