Guía 2: Comprensión del Tiempo Presente
A partir de la lectura de la fuente: Modelos Epistemológicos y Metodológicos en el Desarrollo de la Historia, de la profesora Cristina Guerra, que tiene como principal propósito,
explicar de manera resumida, la evolución de la disciplina histórica desde sus inicios en el Siglo V a.C. hasta finales del Siglo XX, deberás completar la información solicitada.
Corriente ¿Qué función cumple la ¿Cuál es la tarea del ¿Qué estudia la Historia? ¿Cuáles son las fuentes y ¿Quién es su principal
Historiográfica Historia? Historiador? (Objeto de estudio) cuál es el rol en el estudio exponente?
de la Historia?
Historicismo
Alemán
Escuela Francesa de los Annales
Primera
Generación
Segunda
Generación
Tercera
Generación
MODELOS EPISTEMOLÓGICOS Y METODOLÓGICOS EN EL DESARROLLO DE LA
HISTORIA - Prof. Cristina E. Guerra (Adaptado)
Introducción
Precisiones sobre el concepto de historiografía.
Siguiendo los planteos de J. Aróstegui (1995) se pueden establecen dos acepciones para la
palabra Historia. Por un lado, designa la realidad de lo histórico, es decir, la realidad en la que
el hombre está inserto. Por otro lado también se denomina Historia a la disciplina que la
estudia, remitiéndose entonces al conocimiento y registro de las situaciones y los sucesos
que señalan dicha inserción. Así la misma palabra designa objeto y ciencia, de allí el
problema epistemológico que se genera por lo que se ensaya la denominación “investigación
de la Historia” A fin de establecer la diferencia se comienza a utilizar el término de
historiografía para referirse a los estudios históricos. Toposlski la denominará como la
“escritura de la Historia”1. Para J. Fontana (2002), será la producción escrita acerca de temas
históricos. Pierre Vilar (1982) considerará que la Historia es la actividad, el producto de la
actividad de los historiadores y también, la disciplina intelectual y académica constituida por
ellos.
Despejada así la confusión entre la historia vivida por los hombres y la Historia como
producción escrita acerca de la vida de los hombres, utilizaremos esta última acepción para el
presente trabajo. Es decir, la tarea del historiador implica una concepción de ciencia, una
teoría explicativa y los modos de producción del conocimiento histórico.
La función de la Historia.
Un debate permanente en el campo de las Ciencias Sociales es la función que cumple el
conocimiento del pasado. (…) Es decir, la Historia cumple una función teórica o académica
(explicar el pasado o movimiento anterior de la sociedad) y una función social, (organizar el
pasado para los requerimientos del presente); ambas funciones son complementarias (…).
Historia de la Historiografía
La forma o el modo en que se escribe la historia marca una época teórica y metodológica. El
objeto de estudio cambia y también lo hace la forma en que los historiadores realizan su
tarea. Asimismo la función de la Historia varía en el tiempo. En este sentido entendemos que
para su enseñanza se hace necesario comprender las formas de hacer Historia, sosteniendo
la coherencia entre el modo de producción de cada corriente historiográfica y las formas de
enseñar.
(…) La historiografía griega es considerada en occidente como la que marca el surgimiento
de la Historia. La expresión “con los griegos nace la Historia” surge a partir de un cambio en
la forma de escribir y en su función social. La diferencia está marcada porque ya no son las
crónicas de acontecimientos o lista de sucesos los que se registran sino que surge una
“investigación” histórica sobre los hechos presentes. La poesía épica, y Homero
particularmente, influyeron en la manera de historiar. Por otra parte, los registros de los
sucesos están contados por los protagonistas, de manera de darles un carácter de actualidad
al relato. Se puede establecer que, con Heródoto y Tucídides, en el siglo V a. C. nace la
historiografía griega.
Heródoto (485 – 424 a. C.) realiza una descripción del mundo en que vivía, del mundo
conocido basado en sus experiencias personales, como, por ejemplo, su relato de las guerras
entre los griegos y Persia. Su intención, según escribe en el prólogo de “Historia”, es evitar el
olvido: “esta es la exposición de los resultados de las investigaciones de Heródoto de
1
Citado en J. Arostegui (1995)
2
Halicarnaso para evitar que con el tiempo los actos humanos permanezcan en el olvido”2. Sus
fuentes son los testimonios orales y sus recuerdos personales. Antes de la descripción de las
batallas, realiza una descripción minuciosa del “mundo conocido por los griegos” a partir de
sus propios viajes a Egipto, Fenicia y el Mar Negro y de conversaciones con los viajeros, de
las cuales Fontana destaca el hecho de que Heródoto, al obtener descripciones
contrapuestas, ofrece todas las versiones y “racionaliza a menudo los hechos maravillosos”.
Con Tucídides (460 – 400 a. C.) se puede decir que comienza una Historia más “política”. La
función que cumple su relato es justificar la guerra, es decir, mostrar la superioridad de los
griegos. En su “Historia de la guerra del Peloponeso”, da cuenta de los hechos sucedidos en
su presente. Comienza su obra planteando el método que empleó y una reseña de la historia
de Grecia hasta las guerras médicas. En los siguientes libros (del segundo al quinto) relata la
guerra año por año. Su método se basa en la descripción. Se destaca la búsqueda de
exactitud en la descripción de los acontecimientos. Sus fuentes son los relatos orales de los
protagonistas. Así dirá: “en lo que respecta a los sucesos que tuvieron lugar en la guerra no
me ha parecido oportuno escribirlos enterándome por cualquier, ni siquiera guiándome por mi
opinión, sino que he relatado las cosas en las que estuve presente o sobre las cuales he
interrogado a otros con toda la exactitud posible” (Ibid. 29)
Polibio (208 –118.C) escribió sobre Roma y los romanos en lengua griega. Su obra principal,
“Historia”, constaba de cuarenta libros. Su propósito era escribir una historia universal que
explicara «el cómo, el cuándo y por qué de la sujeción de todas las partes conocidas del
mundo al dominio de los romanos» (Ibid. 33)
Su método se basó en el estudio de documentos, para establecer la veracidad; la
investigación personal en el lugar donde ocurrieron los hechos y el “conocimiento directo de
las prácticas políticas a fin de no realizar una simple narración de los acontecimientos sino
establecer sus causas”. (Ibid.)
En Roma los antecedentes de registros de los acontecimientos (siglo II a. C.) estaban en
manos de los sacerdotes y se trataban de las denominadas «crónicas pontificias». Éstas,
reunidas luego en los “annales maximi”, eran cronologías de nombramientos de cónsules,
funcionarios, celebraciones y acontecimientos notables. El nacimiento de la historiografía
romana puede situarse en el siglo I a. C. con Julio César, Salustio, Tito Livio y Tácito.
Historiografía Contemporánea
SIGLO XIX: surgimiento de la Historia científica
La Escuela Histórica Alemana es la que va a dar un salto cualitativo en materia historiográfica
e influirá en generaciones posteriores de historiadores. En el marco del positivismo
decimonónico surge en Alemania una corriente -que luego se denominó “Historicismo” – cuyo
fundador fue Leopold von Ranke (1795 –1886). El mérito de Ranke está en haber establecido
una metodología para el trabajo histórico y en haber sentado las bases de una «Historia
científica» que surgiría y se desarrollaría en las universidades alemanas. Aróstegui planteará
que el siglo XIX puede denominarse el “siglo de la Historia”, en el cual deja de considerarse a
la Historia como una “crónica”, basada en los testimonios anteriores, para pasar a ser una
“investigación histórica”. Algunos términos que permiten comprender las características de
esta nueva escuela son: objetividad, método, profesionalismo.
Se hace necesario, en primer lugar, describir someramente el contexto en el cual surge esta
Escuela. Alemania se encuentra, a principios del siglo XIX, abocada a la unificación política
de ciudades, estados libres y feudos, para desde allí emprender el camino de la
modernización. Ya desde fines del siglo XVIII los intelectuales procuraban establecer las
bases de una cultura común en búsqueda de una identidad nacional, basada en la unidad de
la lengua y en la recuperación de mitos y poesías provenientes de la cultura popular. En el
ámbito histórico se trabajaba en la búsqueda de un pasado común a partir de la recuperación
de las crónicas medievales. Asimismo, el fin de la invasión francesa a Alemania y la
2
Citado en Fontana, J. 2002:27
3
constitución de los Estados – Nación en el siglo XIX llevarán a recurrir a la Historia en su
función de legitimadora de la nueva conformación política. Es decir, historicismo y
nacionalismo serán una conjunción que marcará la producción historiográfica.
Ranke, catedrático de la Universidad de Berlín, publica una frase en 1824 que recorrerá el
mundo y que sentará las bases de su forma de hacer historia: “Se ha atribuido al historiador la
misión de juzgar el pasado, de enseñar el mundo contemporáneo para servir al futuro:
nuestro intento no se inscribe en tales elevadas misiones, sólo intenta mostrar lo que
realmente fue”. Este historiador planteará así su concepción de objetividad. Para él la
investigación histórica consistía en la descripción de los hechos, de los acontecimientos
despojados de intencionalidades. Noiriel (1997: 56) dirá que “Ranke quiere demostrar que es
la investigación empírica, el estudio de los hechos, la que posibilita el progreso del
conocimiento y no las especulaciones metafísicas sobre el sentido de la historia”. En este
sentido, la Historia de Ranke tiene como objeto de estudio los acontecimientos políticos. “Sus
libros hablan siempre de los estados y de las relaciones que se establecen entre ellos por
medio de la diplomacia y la guerra”. (Fontana, 2002: 170)
Un aspecto a destacar de la metodología rankeana es el uso de las fuentes. Para esta
escuela los documentos son los que validan la investigación histórica. Las fuentes son los
documentos oficiales. Su método, denominado “heurístico”, consta de cuatro etapas. En
primer lugar está la “etapa heurística” que recorre distintos momentos. En un primer momento
se recoge bibliografía sobre la temática. En segundo lugar, se fija el problema o tema,
también denominado momento “temático” El tercer momento es el “erudito” y consiste en la
búsqueda de las fuentes”. Por último, se realiza el “diagnóstico” que consiste en una
descripción a partir de las fuentes. La segunda etapa es la “crítica” donde se analizan las
fuentes (ya seleccionadas a partir de determinar el tema), la tercera etapa es la de “síntesis”,
donde se analizan los testimonios, se seleccionan, se organizan y se interpretan, por último,
se llega a la etapa de “exposición”, la cual consiste en la publicación.
En síntesis, la Escuela Histórica Alemana va a centrarse en la investigación de los
acontecimientos políticos, destacando los hechos y las acciones, sin intentar profundizar en el
análisis de los mismos. La función legitimadora está vinculada con la constitución de los
Estados - Nación, surgidos en el siglo XIX y, en Alemania particularmente, con la
construcción de una identidad nacional. Las fuentes, que son las que garantizan la verdad del
relato histórico, son los documentos oficiales. Estas fuentes son seleccionadas, organizadas,
y analizadas minuciosamente de acuerdo al método “heurístico”. Este método es el que
garantiza la objetividad del historiador. Los historiadores son profesionales, es decir, la
Historia se constituye en disciplina dentro de las universidades alemanas, y su estudio está a
cargo de docentes universitarios. La redacción de estilo narrativo, es fundamentalmente
descriptiva y episódica.
En Francia, a fines del siglo XIX también se dará un cambio en la forma de hacer historia. La
Historia que se escribía básicamente para ser utilizada en la enseñanza, dará un salto desde
la narrativa a la “objetividad” de los documentos de archivo, documentos oficiales que se
guardaban en las nuevas instituciones creadas como archivos nacionales, bibliotecas, etc. La
fuente, la pieza de archivo, era el garante de la legitimidad
Al igual que en Alemania el objeto de estudio eran los acontecimientos políticos, militares,
diplomáticos y las biografías de los personajes ilustres3. Así Lavise escribe una “Historia de
Francia” en 1894, que consistía en una obra de 27 volúmenes dedicada a destacar la historia
nacional. Esta Historia legitimaba a la “nación burguesa y liberal” surgida de la Revolución
Francesa.
En Francia, ésta será la época de las “grandes historias nacionales”. En Alemania Ranke
escribe “Historia de los pueblos románicos y germánicos de 1494 a 1514”. Droysen publica en
1886 su “Historia de la política prusiana”. Mommsen la “Historia romana” y Heinrich von
Treitschke “Historia de Alemania en el siglo XIX”. En Inglaterra, Macaulay publica en 1849
3
Nora, P. (1993:48)
4
“Historia de Inglaterra”, y Henry Buckle “Historia de la civilización en Inglaterra”. A fines del
siglo XIX también en España la Academia de la Historia intenta publicar una “Historia general
de España”.
Un nuevo paradigma historiográfico
Fontana señala que a partir de 1918 hay un agotamiento del modelo académico y sostiene
que “Desde comienzos del siglo XIX empezaba a resultar visible en el terreno de la Historia el
agotamiento de los viejos métodos de la erudición académica profesionalizada del siglo XIX,
con sus pretensiones de objetividad científica, que enmascaraban el hecho de que su función
real era la de servir, por un lado, para la educación de las clases dominantes y, por otro, para
la producción de una visión de la historia nacional que se pudiera difundir al conjunto de la
población a través de la escuela” (2002:181).
En el contexto de la Primera Guerra Mundial, de los cambios en las ciencias (con los avances
de Einstein, Bohr y Heisenberg), de la Revolución Rusa y de la influencia del pensamiento de
Marx, de los cambios operados en la sociología a partir de Durkheim y Weber y de la
antropología (que se había desligado del evolucionismo y comenzaba a recibir los aportes de
Radcliffe-Brown y Malinowski), la historiografía había quedado sellada en la descripción de la
vida de los reyes y los dirigentes, olvidándose de los grandes movimientos sociales que
ocurrían a principios del siglo XX.
En el período denominado “entre guerras” (1918 a 1939) la sociología había declinado en su
función de explicar los problemas derivados de la primera gran guerra, y es entonces que la
historiografía comienza a ser la que intenta comprender los movimientos sociales de la
época. Alrededor de 1930 las Ciencias Sociales se organizan en torno a la Historia.
Es en esta etapa que se pone en entredicho el status epistemológico de la Historia. El debate
entre ciencia natural y ciencia social cobra relevancia y la Historia es relegada del ámbito
científico por algunos filósofos como Popper, para quien la incapacidad de predecir de la
Historia no permite considerarla una ciencia, o los planteos de Gardiner y Hempel para los
cuales el problema radica en la imposibilidad de establecer leyes históricas (…).
La Historia Económica y Social. La Escuela francesa de Annales.
En el marco de estas disputas por la “cientificidad de la Historia” y de los cambios sociales y
políticos en Europa, surge en Francia una nueva corriente historiográfica, la Historia
Económica y Social que influirá, de diversa manera, en otros países y escuelas4. Los
historiadores Marc Bloch y Lucien Febvre encabezarán este enfoque historiográfico con la
publicación, en 1929, de la revista Annales d`histoire èconomique et socieale..
En oposición a la Historia política, que caracterizó a la historiografía precedente, la Historia
Social rescata al hombre como su protagonista. Así como se oponían al reduccionismo
político, también lo hicieron frente a la «Historia relato» de carácter descriptivo, postulando la
«Historia problema», y frente a la cronología de los hechos, se propusieron estudiar los
procesos. Es decir, el historiador parte de una problemática, de un hecho inexplicable, de una
situación particular, para desde allí arribar a una explicación que tenga en cuenta la mayor
cantidad de aspectos a indagar. Febvre5 dirá que “Plantear un problema es precisamente el
comienzo y el fin de toda Historia. Sin problema no hay Historia”. Así, el estudio de la historia
se inscribe en el marco general de las Ciencias Sociales. Una de las características de esta
escuela es la multidisciplinariedad6 y por ello recoge el aporte de la antropología, de la
4
En Inglaterra ya había trabajos inspirados desde un enfoque social y no político, a partir de la
fundación de la Economic History Society en 1926. El auge se de dio luego de la Segunda Guerra
Mundial con los aportes de los llamados historiadores marxistas británicos, que procuraron realizar
una «Historia de la sociedad». En Francia ya los socialistas, especialmente Jean Jaures y François
Simiand, enfocaban el estudio de la historia hacia los aspectos económicos y los relacionaban con los
enfrentamientos de clase.
5
Citado en Wallerstein, H. (1993: 131, n 1)
6
J. Revel (1993), dirá que los historiadores de Annales habían reflexionado con profundidad sobre su
5
geografía humana de Vidal de la Blanche y de la sociología de Durkheim. Un punto relevante
para esta corriente, que fue explicitado por Bloch en “Introducción a la Historia”, es el tema de
las fuentes. A diferencia de la escuela Rankeana, los historiadores de Annales no
restringieron su trabajo al uso de las fuentes oficiales. El trabajo con las fuentes es intensivo y
escrupuloso y se basa en la interpretación de las mismas.
Respecto de la Escuela francesa de Annales los historiógrafos marcan tres etapas. A la
primera (1929-1945) se la denomina Historia Social y es el período en que la revista –y la
dirección de esta corriente- estuvo a cargo de Bloch y de Febvre7. La segunda etapa (1945-
1969) corresponde a la dirección de Fernand Braudel, y se la denominó Historia Tota8l8. A
partir de la muerte de Febvre -en 1956- Braudel asume la dirección de la revista y con ello
también le imprimirá a esta corriente un desarrollo académico que trascenderá las fronteras
francesas.
Esta etapa es la que más influencia ha tenido en los historiadores9. Se destaca junto a
Braudel la obra de Ernest Labrousse, quien trabajará sobre los retornos cíclicos en un modelo
socioeconómico. Para Fontana son estos dos autores los que le devolvieron el contenido de
«Historia económica y social» a la escuela de Annales, dado que con la muerte de Bloch y la
asunción de la dirección de la revista por parte de Febvre, se había perdido el carácter
económico que había querido darle M. Bloch.
Fernand Braudel, autor de una obra emblemática titulada “El mediterráneo y el mundo
mediterráneo en la época de Felipe II”, es quien ha sido “canonizado” en materia
historiográfica. Los conceptos que marcarán su investigación histórica son los de tiempo y
espacio. Respecto del tiempo, este autor marcará tres momentos históricos: la larga duración
(o estructura), la coyuntura y el acontecimiento. Este autor toma las estructuras que
permanecen, como por ejemplo, la historia de la relación entre los hombres y la tierra que
habitan. El espacio se inscribe así en la larga duración, en sus palabras “un tiempo casi
inmóvil”. Braudel privilegia el estudio de sistemas por sobre los cambios. El cambio no como
desarrollo, como evolución, sino como ruptura, identificando las diferencias entre dos
sistemas sucesivos. Cambios o revoluciones tecnológicas, económicas o de las
mentalidades. Pero la “realidad de los hombres” también tiene otros tiempos y es aquí donde
se debe realizar un análisis de las coyunturas sociales, los ciclos económicos, las formas
institucionales y culturales. Por último, el historiador debe ver lo acaecido en el “tiempo corto”,
en el acontecimiento, aquello a lo que se habían dedicado los historiadores hasta ese
momento y que se establecen como los hechos que pueden ser tanto una batalla como la
muerte de un rey. Braudel es “relevado” de la dirección de la escuela de Annales en 1968, allí
comienza una etapa que durará hasta los años 80 y que Fontana denomina “nouvelle
histoire”.
La crisis de “la Historia” y la tercera “generación de Annales”.
Varios autores sostienen que a partir de 1970 se produjo una crisis en el campo de la
investigación histórica. Algunos la sitúan en el movimiento denominado “Giro Cultural” (o Giro
disciplina y oficio. Se organizaron en torno a hacer salir a la Historia del aislamiento disciplinario y
abrirla a interrogantes y métodos de las otras ciencias sociales.
7
M- Bloch se especializó en Historia Medieval y Febvre trabajó en la Historia de las Mentalidades. A la
muerte de Bloch en 1944 (De origen judío y miembro de la Resistencia francesa es detenido, torturado y
asesinado por los alemanes en Lyon) asume la conducción L. Febvre
8
J. Revel (1993) dirá que dos generaciones de Annales (primera y segunda) tienen la perspectiva de una
“Historia total o global”. Y esta Historia global es posible porque no hay encasillamiento de disciplinas
sino que se integra al campo de las ciencias sociales. “El historiador decidió no prohibirse nada de entrada:
era geólogo, economista, demógrafo, antropólogo, lingüista, naturalista. Importaban en su investigación las
nociones, las hipótesis, los elementos inéditos de comparación” (Revel, 1993:127) En la Historia global el
historiador renunció a la lógica y a la dinámica del relato, revocó la perspectiva evolucionista y las
interpretaciones finalistas: en lo sucesivo el pasado no estaba más asegurado que el presente.
9
Entre otros historiadores podemos citar a P. Vilar, Leroi-Gourhan, Lefebvre, Le Goff, Le Roy Ladurie,
Chaunú, Duby.
6
Lingüístico) y en la teoría “posmoderna10”. En Francia, surge la crítica hacia la orientación
político- economicista de la Historia Social en su búsqueda de la “Historia total” de Braudel.
Corriente, que como se planteó anteriormente, buscaba develar las estructuras sociales que
explicaban los acontecimientos1111. Burke (1991:14) planteará que “La nueva Historia por su
parte ha acabado interesándose por casi cualquier actividad humana. [...]Aquello que antes
se consideraba inmutable, se ve ahora como un construcción cultural sometida a variaciones
en el tiempo y el espacio.”
Esta nueva etapa ha sido denominada por Burguiere como “La fragmentación de la Historia”,
Fontana (2002) la llamará “Migajas de la Historia” y para Burke (1991) surgirá “La nueva,
nueva Historia”. Representantes de esta nueva generación son Burguiere, Revel, Le Roy
Ladurie, Le Goff, Furet, Chaunú, Nora, Aries, Darton, Ginzburg, White, etc.
Aróstegui (1995) plantea que en los años 80 / 90 se produce el abandono de tres grandes
paradigmas: Annales, el marxismo y el estructural-cuantitativismo. Para este autor la crisis no
se ha resuelto, y se asiste a un estado de confusión metodológico y teórico. Sostiene que la
crisis se produce debido a un “cansancio” por la Historia globalizadora y despersonalizada.
Agrega que la Historia se acerca a las perspectivas de la antropología, la lingüística, la
microsociología, la Historia de vida y de la vida cotidiana. Que se abandona la primacía de lo
social para ir en busca de la manifestación de lo mental» Según Burke (1991) estos nuevos
historiadores abandonan la base económica en favor de la superestructura cultural.
Las críticas a esta nueva corriente se centran en la falta de precisión sobre el objeto de
estudio. Así las mentalidades se plantean como el “imaginario colectivo” (Duby) o el
“inconsciente colectivo” (Ariés), con un cierto grado de vaguedad y separadas de la existencia
material de los hombres.
Corrientes históricas que se corresponden con esta nueva concepción son: la microhistoria, la
historia del tiempo presente, la historia cultural, la historia desde abajo, el narrativismo, la
historias de las mujeres, del cuerpo, de la vida cotidiana, de la muerte, de la infancia, de la
vida familiar, de la lectura, de ultramar, etc.
10
Eagleton (1998) plantea cuáles son las nociones del pensamiento moderno con las que está en desacuerdo
el pensamiento de la posmodernidad. En su prefacio va a detallar “La posmodernidad desconfía de las
nociones clásicas de verdad, razón, identidad y objetividad, de la idea de progreso universal o de
emancipación, de las estructuras aisladas, de los grandes relatos o de los sistemas definitivos de
explicación. Contra esas normas iluministas considera el mundo como contingente, inestable,
indeterminado, un conjunto de culturas desunidas o de interpretaciones que engendra un grado de
escepticismo sobre la objetividad de la verdad, la historia y las normas, lo dado de las naturalezas y la
coherencia de las identidades” (Prefacio).
11
Para Eagleton (1998: 84) “La Historia de la posmodernidad, por contraste, tiende a ser vivida como
unidimensional, exprimiendo ese estratificado concepto del tiempo en función del corto plazo, del
contexto contemporáneo de la coyuntura inmediata”.
7