La paz de Dios
¿Qué necesitas para tener paz?
Todos quieren vivir en paz: disfrutar de una vida libre de conflictos y problemas. Para muchos la
paz es : ¿Bienestar? ¿Satisfacción? ¿libertad de perturbaciones y preocupaciones? ¿prosperidad?
¿tranquilidad? ¿salud? ¿cero conflictos? ¿descanso? pensamos que nuestra vida debe cumplir con
requisitos como esos para que en verdad podamos sentir paz. Sin embargo, la vida jamás será
perfecta y sencilla en todos los aspectos. Entonces, ¿cómo podemos afrontar las pruebas y sentir
paz al mismo tiempo?
De hecho, cuando estudiamos el AT podemos observar la importancia que el término tenía para
las personas. El Shalom de Dios era algo muy anhelado y esperado. Estaba incluido en el saludo
tradicional entre las personas. Todavía al día de hoy judíos y musulmanes usan la expresión “la paz
sea contigo.”
Por medio de Su evangelio, Jesucristo nos proporciona una paz interior que sobrepasa la paz que
ofrece el mundo. Si confiamos en Él con fe, podemos sentir paz en cualquier circunstancia.
El Salvador enseñó: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan
14:27; cursiva agregada). Las siguientes son algunas de las formas en que la paz del mundo difiere
de la paz de Jesucristo.
“Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. Y el efecto de la justicia
será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada
de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo.” (Isaías 32:16–18
I. Dios se describe a sí mismo como un Dios de paz.
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo,
sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Tes. 5:23
“Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos,” (1 Cor.
14:33,
“Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con
vosotros.” (Fil. 4:9
“Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las
ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su
voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la
gloria por los siglos de los siglos. Amén.” (Hebreos 13:20–21,
Estamos más acostumbrados a escuchar que “Dios es amor”. Pero como pueden observar, la Biblia
enfatiza que nuestro Dios es paz. Es un Dios de paz, caracterizado por la paz. El mismo
experimenta paz. Es la fuente de la paz.
II. Nuestro Mesías es identificado como “Príncipe de paz.”
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su
nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6,
Hay varias profecías que hacen referencia al reino de paz que Cristo traerá. En su primera venida
hizo la obra que nos concede la paz con Dios, que nos garantiza la experiencia de la paz interior y
de conciencia. En su segunda venida nos proveerá de la paz circunstancial aun. Por fin habrá
verdadera paz, reposo y descanso, seguridad y salud, plenitud de gozo y alegría.
Sólo Él en su venida será el autor de la paz mundial.
Obviamente, esta designación de nuestro Salvador nos impone la obligación de ser nosotros
también entes de paz: propiciadores tanto de la paz relacional como de la paz personal.
III. El mensaje con que Dios nos alcanzó y que debemos predicar es un “evangelio de paz.”
“Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de
Jesucristo; éste es Señor de todos.” (Hechos 10:36
“Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban
cerca;” (Ef. 2:17,
“Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.” (Ef. 6:15,
“¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de
los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Rom. 10:15,
“Nos encargó el mensaje de la reconciliación” (2 Cor. 5:19
IV. Dios es la fuente de nuestra paz.
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda
oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,
guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil. 4:6–7,
V. La obra de Cristo garantiza nuestra paz con Dios y nuestra paz personal.
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;”
(Rom. 5:1, “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5,
La Biblia dice que no hay paz para los impíos (Is. 57:21 Éramos enemigos de Dios, dirigiéndonos a
una condenación eterna. Pero Cristo nos rescató, nos redimió. Nos trajo a una nueva relación con
Dios.
“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de
separación,” (Ef. 2:14,
La obra de Cristo nos abrió las puertas, para que aún nosotros los gentiles seamos hoy recipientes
de las misericordias del Señor. Al recordar la muerte del Señor hacemos bien en recordar que por
medio de su muerte hoy tenemos paz con Dios y hemos sido aceptados en su presencia. Aquellos
que estaban lejos fueron hechos cercanos.
Hoy gozamos de paz de conciencia por su sangre derramada.
“Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los
inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual
mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias
de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:13–14, Pero Cristo también es la
fuente de nuestra paz interior.
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero
confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33,
¿En quién está nuestra paz? “Para que en mí tengáis paz.” Nuestra paz con Dios está anclada en
Cristo.
VI. La obra del Espíritu en el creyente es propiciadora de la paz relacional.
Dios hace las paces con nosotros y convierte a sus hijos en embajadores de paz.
Los seguidores del Príncipe de paz son hechos pacificadores.
· “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9, ·
“Pedid por la paz de Jerusalén; Sean prosperados los que te aman. Sea la paz dentro de tus muros,
Y el descanso dentro de tus palacios. Por amor de mis hermanos y mis compañeros Diré yo: La paz
sea contigo.” (Salmo 122:6–8, · “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con
todos los hombres.” (Rom. 12:18,
· “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.
Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres.
Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.” (Rom. 14:17–19, · “Yo
pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis
llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en
amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” (Ef. 4:1–3
El fruto del Espíritu es… paz (Gál. 5:22
VII. La vida de fe es conducente a la paz interior.
Nuestras preocupaciones y temores revelan nuestra desconfianza en Dios.
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha
confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los
siglos.” (Isaías 26:3–4,
Esta es una paz verdadera, completa. Dios hace algo aquí: Él es quien guarda en completa paz.
Pero hay algo que hacemos: perseverar en Él con nuestros pensamientos. Debemos confiar en Él,
tener fe. A veces creemos más en nuestros problemas que en Dios. Debemos confiar en él
perpetuamente porque en Él está la fortaleza de los siglos.
VIII. La paz de Dios es diferente a la del mundo.
No la doy como el mundo la da.
La paz del mundo
La paz debe llegar de forma instantánea; ¡no deberíamos tener que esperarla!
No puedes hallar paz durante las dificultades.
La paz es la ausencia de guerra.
La paz se alcanza cuando vives tal como quieres vivir.
Admitir tus faltas y debilidades no trae paz.
La paz se obtiene al procurar la aprobación de los demás.
La paz en Cristo
En ocasiones tenemos que aguardar la paz; no obstante, “no te des por vencido… Confía en Dios y
cree en las cosas buenas que están por venir”1.
La paz puede llegar incluso en medio de las pruebas.
La paz puede hallarse en cualquier circunstancia.
Conclusión:
La paz se alcanza al vivir el Evangelio y al obedecer los mandamientos. El arrepentimiento sincero
nos da paz
La paz llega al prestar servicio y al ser un pacificador para los demás.
La paz se logra al procurar ser mejores discípulos de Jesucristo.
Si hacemos de Jesucristo el centro de nuestra vida, en verdad sentiremos que Él “[habla] paz a
nuestras almas” (véase Alma 58: 11). En este mundo, experimentaremos momentos difíciles, pero
tenemos la bendición de saber que tenemos a Alguien a quien acudir en cualquier circunstancia
problemática. El Salvador dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo
tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). La paz es posible hoy y para
siempre gracias a la expiación del Salvador.
· “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro
corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27,
Observen que Cristo no estaba prometiendo a sus discípulos que iban a estar libres de problemas.
Lo que los apóstoles experimentaron luego de la ascensión del Señor fue todo lo contrario.
Tuvieron que confrontar muchas aflicciones y dificultades, persecuciones y tribulaciones, pero
tenían la paz de Cristo en sus corazones.
Sobrepasa todo entendimiento.
· “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda
oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,
guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil. 4:6–7,
Sobrepasa todo entendimiento porque el creyente puede tener paz en condiciones en las que las
personas sin Cristo se vuelven locas y se desesperan. La paz del creyente no es normal; es algo
celestial. Es la paz de Cristo. La paz de Cristo es real en medio de los problemas.