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Madrid 2 4

Historia de Madrid y alrededores

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278 Madrid

La población de Madrid, según el censo de 1960, superaba en


200.000 habitantes las previsiones del Plan General de Ordenación, ofi-
cialmente vigente desde 1946, pero realmente poco respetado, como
hemos visto. Algunas desviaciones del desarrollo espacial de la ciudad
respecto a lo señalado en el plan eran escandalosamente visibles. Había
desaparecido la concepción «cuántica», al haberse ocupado los espacios
destinados a zonas verdes separadoras de los diversos fragmentos de
ciudad. Se soldaba en un amasijo sin solución de continuidad, lo que
había sido previsto como un conjunto poroso y despiezado de unidades
separadas. En realidad, podía constatarse que la ciudad pensada en
1941 tenía poco que ver con la que se había producido y estaba produ-
ciéndose. (Quizá sea éste el momento de repetir una vez más que, a pe-
sar de sus defectos y de la equivocada perspectiva demográfica desde la
que fue concebido, no cabe duda de que Madrid sería hoy una ciudad
de características incomparablemente mejores que las actuales, si aquel
plan hubiese sido respetado en sus previsiones de organización espa-
cial.) Por otra parte, la Ley del Suelo de 1956 había hecho preceptiva la
revisión de los planes de ordenación urbana a los 15 años de vigencia.
Se imponía, pues, una actualización del de Madrid, que volviera a esta-
blecer las líneas de organización del desarrollo de la ciudad. Y efectiva-
mente, la tarea fue abordada en 1961, dando lugar al nuevo plan que
sería aprobado en 1964.
Vista la operación desde la perspectiva histórica actual, resulta una
peripecia dramáticamente equivocada, que contribuyó notablemente a
aumentar la confusión y las tensiones en torno al desarrollo de Madrid,
sin establecer ninguna línea realmente válida para ordenarlo. Porque si
la política económica nacional estaba orientada en la forma que acaba-
mos de decir, lo cual implicaba para Madrid una potenciación priorita-
ria de su industrialización, ¿qué sentido tenía volver a plantear, para el
futuro inmediato de la ciudad, un modelo espacial acotado restrictivo
para el crecimiento físico, insistiendo en anillos verdes, «cierres definiti-
vos» del límite de la ciudad y descentralizaciones de población y activi-
dades? Y eso fue precisamente lo que se hizo en aquel plan, anclado en
la fidelidad a la teoría urbanística tradicional como un ejercicio acadé-
mico, ajeno a la realidad en la que tenía que insertarse. Contando con
una supuestamente posible desviación de la inmigración y de la locali-
zación industrial hacia otros puntos de la región circundante, se planteó
un escaso margen de suelo edificable para el crecimiento de Madrid y
Formación 279

de los pueblos que, en el propio plan, se incluían en el Área Metropoli-


tana. Porque, insistiendo en la misma idea descentralizadora de la que
había partido el plan anterior, y sin tener en cuenta lo que le había ocu-
rrido, se esboza ahora una nueva estrategia, aunque a una nueva escala,
para distribuir equilibradamente el flujo migratorio y la concentración
industrial sobre un amplio territorio, con apoyo en núcleos existentes.
El de área metropolitana era un concepto nuevo, recién importado,
del que faltaba elaboración teórica y conocimiento real. Al redactarse el
nuevo plan, el crecimiento de Madrid era todavía muy monocéntrico,
pero ya se veía que había un conjunto de municipios circundantes, con
los que había que contar para prever el desarrollo futuro, pues empeza-
ban a darse en ellos fenómenos de «resonancia». Esa fue una previsión
acertada, como pronto pudo comprobarse, pero no su dimensiona-
miento. Porque, como hemos dicho, el plan preveía, ambiciosa y utópi-
camente, una distribución de población y actividades por un amplísimo
territorio y, contando con ello, limitaba drásticamente la expansión fí-
sica de Madrid y de esos 23 pueblos que formaban el área metropoli-
tana. La expansión de la ciudad debería quedar frenada físicamente por
un nuevo anillo forestal. Los pueblos del entorno metropolitano debe-
rían acoger una parte limitada de ese crecimiento. El resto (demográfica
e industrialmente) debía repartirse por las cuencas de los ríos Henares,
Jarama y, especialmente, Tajo, acogiendo en total un contingente de, al
menos, 1.000.000 de habitantes.
Con este plan iba a enfrentarse Madrid con el desarrollo real de los
años siguientes. No sólo no iba a existir la política de obras públicas
que el plan requería, sino que toda su estrategia territorial se vería con-
trariada por las tendencias aglomeradoras desencadenadas por la polí-
tica de desarrollo económico. Planteado sobre bases que hubieran re-
querido el sustento de una completa política estatal sobre el territorio,
instrumentada con orientación coincidente, y dada la notable limitación
que imponía a la extensión del suelo edificable en el núcleo central y
en los pueblos del Área Metropolitana, el plan era lo menos adecuado
para dar respuesta a las verdaderas necesidades que la ciudad iba a de-
sarrollar. Las cuales eran, principalmente, dar vivienda y servicios a la
incesante e inevitable llegada de inmigrantes y responder, con el mí-
nimo de oferta infraestructural imprescindible, a la demanda creciente
de localización industrial. La consecuencia fue la continuación del pro-
ceso de concentración productiva, demográfica y edificatoria, sin nor-
280 Madrid

mas adecuadas ni suficiente suelo legalmente utilizable, lo que condujo


a la sobreedificación generalizada y a la invasión desorganizada del es-
pacio rural. Y ello, claro está, gracias a la sistemática transgresión del
plan y a su progresivo olvido.

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La construcción masiva de bloques de los años sesenta.


Formación 281

Y es la nueva demanda de vivienda, generada por esa nueva inmi-


gración, así como las necesidades de edifícabilidad para uso industrial y
terciario, la que dispara espacialmente el proceso de metropolización, al
saltar la ocupación del suelo desde los bordes de la periferia urbana de
Madrid a los pueblos de la primera corona, en busca de sus infraestruc-
turas de apoyo, especialmente de acceso, ya que no daba más de sí la
simple prolongación de las de la periferia madrileña, y no se producían
nuevas inversiones en ello. Por otra parte, jugaba también la estrategia
de las grandes empresas inmobiliarias, reteniendo especulativamente
suelo sin edificar en localizaciones bien situadas en ese espacio interme-
dio. Es entonces en esos pueblos, donde no sólo se sitúa buena parte
del crecimiento industrial, como ya hemos dicho, sino también, funda-
mentalmente, la construcción de gran cantidad de vivienda obrera, muy
frecuentemente de ínfima calidad. Y antes de finalizar la década se ini-
cia el crecimiento en pueblos algo más alejados, incluso fuera del Área,
como Alcorcón, Móstoles, Pinto, Fuenlabrada, Parla y Torrejón de Ar-
doz.
Así se produjo la realidad actual de todos esos pueblos del Área. Al
lado de sus pequeños cascos antiguos de origen medieval aparecieron
esos enormes conjuntos de bloques de pisos que cubren superficies in-
mensas, rodeándolos desorganizadamente, formando una especie de
puzzle compuesto de piezas diferentes e inconexas, correspondientes a
promociones independientes. Entre ellas, ya al final de la década apare-
cen conjuntos de mayor calidad: mejor construcción, aspectos estéticos
más cuidados, urbanización, arbolado y jardinería, más atención a servi-
cios y dotaciones, aunque generalmente muy por debajo de lo necesa-
rio.
Pero además de los conjuntos de bloques longitudinales, y de las in-
numerables casas nuevas que se adosaban al casco antiguo y venían a
sustituir con mayor altura a las existentes, había otro modo de ocupa-
ción del suelo con otra forma diferente de oferta de vivienda: es en ese
período cuando se empiezan a producir conjuntos de viviendas unifa-
miliares, destinadas a segunda residencia. Son las «urbanizaciones», que
aparecen asimismo en las periferias de los pueblos y especialmente en
el sector noroeste. En su oferta de pequeños chalets con mínimo jardín,
tratan de captar la inversión de clases medias en ascenso económico,
salpicando aquí y allá el territorio con sus localizaciones dispersas y dis-
continuas, con sus formas y delimitaciones sólo explicables en función
282 Madrid

de su origen catastral. En muchos casos se quedan en aquella etapa, en


suelos urbanizados y parcelados expectantes, sin edificación.
Toda esta organización espontánea del espacio exterior del Área
Metropolitana se produce simultáneamente a algunas importantes adap-
taciones del núcleo central. El centro de Madrid se transforma en
forma y contenido.
Una redistribución de funciones tiene lugar al producirse un
enorme aumento en la demanda de espacio para actividades terciarias,
y especialmente para oficinas. Inician éstas la ocupación de los barrios
de Salamanca y de Arguelles, así como de numerosos pisos en otras zo-
nas tradicionalmente residenciales de la ciudad, con el correspondiente
traslado de su población hacia la periferia. Se acelera la sustitución de
casas enteras por derribo de las anteriores, con importante repercusión
también en la fisonomía de la ciudad.
En alguna ocasión, la renovación supera la escala del edificio y
abarca una o varias manzanas. La eliminación del modesto e interesante
barrio de Pozas, creado en el siglo anterior, es quizá la operación más
conocida, tanto por la infructuosa resistencia opuesta en su día por los
vecinos expulsados, como por la aparición posterior del actual com-
plejo burocrático y comercial que le sucedió, con su flamante aire de
supuesta modernidad. Más distorsionante aún, por la acumulación de
funciones en su gigantesca mole arquitectónica, es el complejo donde se
sitúa el hotel Meliá, cerca de la plaza de España, que fue consumado en
1965.
Pero esta renovación de la edificación, derivada de la revalorización
de los espacios centrales, dada su ventajosa situación para los nuevos
usos terciarios que necesitan esa localización, exigió, a su vez, un acon-
dicionamiento infraestructural. Había que facilitar accesos, estancia y
desplazamiento dentro de ese centro, que se congestionaba al aumentar
su densidad de actividades y, vertiginosamente, el parque de vehículos
(que en 1964 había llegado a 400.000 matriculados en la provincia de
Madrid y pasaría de 1.000.000 al terminar la década, habiendo empe-
zado la misma con sólo 60.000).
A mediados de la década, es el ayuntamiento el que toma la inicia-
tiva de la reorganización de la circulación de la ciudad, con importantes
inversiones a favor de la movilidad del vehículo privado y su acceso al
centro. Así se acometió la destrucción de los tradicionales bulevares, el
estrechamiento de aceras con desaparición de arbolado del siglo ante-
Formación 283

rior, y la construcción de los pasos elevados, como el famoso scalextric,


uno de los 11 pasos a desnivel construidos en 30 meses, que quedó ins-
talado como gran artefacto metálico destrozando la plaza de Atocha. Y
también la creación de aparcamientos subterráneos de pago.
Esta transformadora operación interior tenía su complemento en las
mejoras de la red de carreteras del Área Metropolitana y en una reorga-
nización estructural más profunda, llevada a cabo por el Ministerio de
Obras Públicas, ante la creciente congestión dentro y fuera de la ciu-
dad. Pues no hay que olvidar que toda la movilidad de esa población
metropolitana, de diario ir y venir de la vivienda al trabajo, no contaba
con más medio de transporte, aparte del vehículo privado, que las lí-
neas de autobuses que contribuían poderosamente a aumentar esa con-
gestión circulatoria. El Ministerio se centró entonces en la paulatina
mejora de las carreteras radiales próximas a Madrid y en la construc-
ción de la llamada Red Arterial, un plan de vialidad urbana conce-
bido de acuerdo con las técnicas americanas de circulación de aquellos
momentos, superpuesto a posteriori al Plan General de Ordenación Ur-
bana modificándolo con criterios funcionales de ingeniería de trans-
porte. En ese período se construyó parte de la M-30 por el valle del an-
tiguo arroyo Abroñigal y se empezó a pensar en la M-40, que había sido
esbozada por el Plan General como límite y cierre definitivo de la ciu-
dad.
Para terminar esta breve presentación de la evolución de la ciudad
en los años 60, restaría hacer un comentario acerca de algunas mejoras
reales introducidas entonces en medio del desolador panorama general.
En esos años se construyeron varios jardines urbanos nuevos como los
parques de Azorín (avenida de la Albufera), de Sancho Dávila (amplia-
ción del de la Fuente del Berro) y el de Arganzuela. En 1969 se abrió al
público el Parque de Atracciones de la Casa de Campo y el Teleférico
sobre ésta, que permite una interesante visión aérea de la famosa fa-
chada de Madrid al Manzanares. Y en 1968 se había inaugurado la gran
Ciudad Sanitaria de la Diputación Provincial, uno de los más grandes
complejos hospitalarios del mundo, triste récord erróneo que sólo por
su ingente oferta de más de 1.000 camas puede considerarse entre las
mejoras del período, no por sus dimensiones y su concepción.
284 Madrid

LA TRANSICIÓN DE LOS AÑOS SETENTA

Como hemos visto, la orientación que había tomado la política eco-


nómica nacional desde 1959 había producido durante los años 60 un
espectacular crecimiento basado en la industrialización, acentuándose
con ello la concentración de población en las áreas urbanas de todo el
país. Junto con la máxima movilidad de personas y capital que había re-
comendado el Banco Internacional, se había forzado al máximo el apro-
vechamiento de las infraestructuras allí donde existían. La consecuencia
era que al principio de los años 70 el país había aumentado notable-
mente sus desequilibrios regionales, demográfica y económicamente, y
las ciudades mayores padecían fuertes problemas de insuficiencia in-
fraestructura! y escasez de vivienda económica provocada, fundamental-
mente, por la elevación especulativa del precio del suelo.
En ese contexto nacional, Madrid era una de las ciudades más afec-
tadas, pues estaba sufriendo un fuerte proceso de implantación indus-
trial y unas corrientes inmigratorias imposibles de asimilar. Pero la viru-
lencia del proceso descenderá a partir de 1975, cuando se empiezan a
sentir los efectos de la crisis económica mundial, que inciden en un de-
bilitamiento de la demanda, coincidiendo con restricciones financieras
y, finalmente, con disminución de la actividad inmobiliaria y reestructu-
ración del sector industrial. Es entonces justamente cuando puede
constatarse el gran cambio de comportamiento demográfico. El creci-
miento había disminuido espectacularmente a mitad de la década. A fi-
nales de ésta, no sólo había desaparecido, sino que, por primera vez en
su historia, Madrid perdía población.
En efecto, la población de Madrid, que había crecido un 19,5 % en
los años 60, pasando de 2.177.123 a 3.120.841, llega a crecer tan sólo un
3,4 % entre 1970 y 1975, alcanzando 3.228.059 habitantes. Pero en
1980 la población era menor que en 1975. Se había producido un
2,1 % de descenso, para quedar en 3.158.818 habitantes.
Sin embargo, estos datos (referidos al municipio de Madrid) no sig-
nifican, obviamente, que la población de la aglomeración madrileña
haya dejado de crecer. Las cifras correspondientes a otros municipio?
del entorno muestran enormes crecimientos en esa misma década. Se
trata, pues, tan sólo, de un reajuste interno en la propia aglomeración.
Decrece la población del municipio central; pero crece, mucho más, la
de los municipios periféricos. En total, de 1970 a 1981 se pasa de
Formación 285

3.761.348 a 4.686.895 habitantes en el ámbito de la Comunidad de Ma-


drid.
Por otra parte, en la segunda mitad de la década, la sucesión de los
decisivos acontecimientos políticos que tuvieron lugar condujo a la
puesta en marcha de todo un conjunto de reformas, necesarias para pa-
sar de la dictadura a la democracia. Entre ellas, la aparición de ayunta-
mientos libremente elegidos por sufragio público supuso una honda
transformación de la realidad institucional que, lógicamente, habría de
llevar a cambios de orientación en la conducción de las políticas urba-
nísticas locales. No obstante, en ese sentido los primeros momentos fue-
ron más bien de continuidad, y los cambios visibles de orientación y de
actuación real corresponderán a la década siguiente. La de los 70 fue la
de la transición.
Así pues, el principio de dicha década cae aún dentro del período
«desarrollista», en el que el sector inmobiliario había pasado a actuar a
gran escala, estimulado por los beneficios que originaba la fuerte de-
manda. Desde el Ministerio de la Vivienda se instrumenta entonces una
nueva forma de dinamizar la producción de viviendas. En unos casos la
propia Administración se haría cargo de la adquisición del suelo y de
su urbanización, para adjudicar después la edificación por sectores a la
iniciativa privada. Así es como nació Tres Cantos, al norte de Madrid.
En otros casos, todo lo haría la iniciativa privada, en una operación ca-
racterizada por su condición de «concesión» estatal adjudicada a través
de concurso, cuyas condiciones sólo permiten participar a las grandes
empresas. Es la época del llamado «urbanismo concertado», introdu-
cido por el III Plan de Desarrollo. Se planteaban así, por la iniciativa
privada, grandes operaciones de urbanización y construcción en suelo
rural, no edificable según el Plan General del Área Metropolitana, que
había acabado de perder toda su credibilidad. Como puede verse, la si-
tuación evolucionaba hacia un creciente protagonismo de los grandes
grupos financieros, en estrecha colaboración con una administración
que, en cierto modo, aspiraba a actuar en semejanza con los modelos
neocapitalistas europeos, pero que, en realidad, estaba favoreciendo un
oligopolio protegido.
A pesar de todo, la ausencia de un marco de referencia territorial
válido era denunciada contradictoriamente, y, también desde el princi-
pio de la década, se piensa en la revisión y actualización del Plan de
1963, cuyas previsiones resultaban ridiculas sólo siete años después de
286 Madrid

formuladas. En 1970 la población real sobrepasaba en un 30 % a la cal-


culada. La urbanización residencial desbordaba en miles de hectáreas el
límite del Área Metropolitana, especialmente por el sector noroeste. Se
había producido una importante ocupación industrial no prevista, espe-
cialmente en el sector suroeste, de modo que aproximadamente la mi-
tad del suelo total ocupado por la industria estaba fuera de las previsio-
nes del plan. Ya hemos dicho que ninguna de las medidas de política
desconcentradora en las que la estrategia del plan se basaba fueron ins-
trumentadas y que, por el contrario, esa estrategia resultaba contradic-
toria con los procesos de concentración que, inevitablemente, se deriva-
ban del modelo de política económica adoptado por el Gobierno.
Probablemente no vale la pena recordar aquí los trabajos que se re-
alizaron durante varios años, en desarrollo de sucesivos enfoques, para
dotar a Madrid de un nuevo documento orientador de su desarrollo.
Hoy podemos ver con perspectiva, al considerar aquel período, la im-
posibilidad de llegar a ello en aquellos momentos. No sólo el modelo
económico de desarrollo exigía la eliminación de trabas y rigideces, y
desataba la avidez de las grandes inmobiliarias; todo el sistema institu-
cional urbanístico estaba pendiente de revisión (en esos momentos es-
taba acometiéndose la reforma de la Ley del Suelo) y, a medida que pa-
saba el tiempo, se sabía, cada vez con mayor claridad, que iban a
producirse cambios políticos y administrativos inevitables que condicio-
narían los enfoques a adoptar en relación con el futuro de la ciudad.
Ello convertía en ejercicio poco útil la preparación de un «planea-
miento integrado regional» como oficialmente llegó a encargarse a la
Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área Metropolitana
para sustituir el tan erróneamente propuesto en 1963. Y, efectivamente,
los sucesivos intentos fueron resultando fallidos, aunque dieron lugar a
un profundo conocimiento de los problemas 25.
Ya a finales de la década, en una situación política completamente
distinta, después de la muerte de Franco y de las primeras elecciones
generales, la Comisión introdujo un planteamiento diferente, más posi-
bilista y más cercano a la realidad de los problemas inmediatos, consen-
suado entre los principales partidos políticos. Fruto de él fue el desarro-

25
Véase al respecto el maduro análisis contenido en la publicación titulada Informe sobre
ordenación del territorio en el Área Metropolitana de Madrid, publicado en 1980 por el Ministerio
de Obras Públicas y Urbanismo.
Formación 287

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288 Madrid

lio de análisis pormenorizados de toda la ciudad por fragmentos,


detectando e inventariando los problemas locales más acuciantes, con
ayuda de la población más afectada. Se trataba de que la participación
pública contribuyese a determinar la asignación de inversiones de la ad-
ministración, proporcionando así soluciones a corto plazo, al mismo
tiempo que se obtenía una información de carácter poco convencional
para montar la revisión del Plan General del Área Metropolitana «de
abajo a arriba». Como mucho después se ha reconocido mayoritaria-
mente la experiencia tuvo valor por sí misma, como contribución a un
proceso de maduración de una nueva cultura urbanística que estaba
gestándose, al propiciar el contacto entre los análisis técnicos y los pro-
blemas reales de la ciudad, cuestionando una tecnocrática visión «desde
arriba», e incorporando toda una corriente de opinión pública y reivin-
dicación ciudadana reprimida hasta entonces. Hay que recordar que
desde principios de la década existía un «movimiento ciudadano» bien
organizado en Madrid, capaz de poner en marcha movilizaciones y cam-
pañas reivindicativas de gran repercusión pública, y que las asociacio-
nes de vecinos (unas 100 en 1977) habían entrado de lleno en los pro-
blemas urbanos.
Como ya hemos dicho, el proceso de concentración se lentificó, por
razones económicas generales, en la segunda mitad de la década. A ello
hay que añadir el inicio, ya desde la primera, de una cierta descentrali-
zación industrial espontánea hacia los pueblos del Área, coincidente
con el crecimiento demográfico de los mismos, iniciado ya en los años
60, y que ahora continúa. Pero quizá lo más significativo sea ese creci-
miento espectacular inducido por Madrid, fuera de los límites del Área
Metropolitana, que había empezado a manifestarse al final de los años
70. Allí se sitúan, a finales de los 70, los municipios de crecimiento de-
mográfico más rápido y también más del 40 % de las viviendas en cons-
trucción en toda la comunidad madrileña, sin contar las segundas resi-
dencias, cuyo número se triplica a lo largo de la década, especialmente
en el arco noroeste-suroeste. Algunos de esos municipios multiplican as-
tronómicamente en 1980 su población de 1970. Móstoles, Fuenlabrada
y Parla la quintuplican con creces. Alcorcón pasó de 46.073 a casi
140.957; Fuenlabrada, de 7.369 a 78.096; Getafe, de 69.396 a 126.558;
Leganés, de 56.279 a 163.910, y Móstoles, de 17.895 a 150.259.
También continúan en este período las actuaciones de renovación
urbana. Pero junto con la de barrios pobres y deteriorados de antigua
Formación 289

construcción, como los de Malasaña y Tetuán, se plantea entonces la de


espacios urbanos de reciente aparición e ínfima calidad, revalorizados
ahora por la centralidad adquirida con la expansión urbana posterior a
su nacimiento. Barrios de origen marginal, muy mayoritariamente com-
puestos de infraviviendas, sin pavimentación de calles, sin servicios de
agua y alcantarillado, o recién adquiridos no mucho antes del final de
los años 60, empiezan a ser objeto de atención por empresas inmobilia-
rias. Estas se plantean la realizción de operaciones de desalojo, derribo,
nueva urbanización y nueva construcción, considerando la rentabilidad
de la operación. Pero surge entonces un movimiento social que da lugar
a uno de los episodios más interesantes de la reciente historia urbana
de Madrid.
Como ya hemos dicho anteriormente, a lo largo de los año 70 se ha-
bían ido formando las asociaciones vecinales. Estas, primero clandesti-

CHINCHON
LOS CARMENES CAÑO ROTO
SAN FERMÍN
SAN BLAS
PD.SAN BLAS H
POZO DEL TÍO RAIMUNDO
MESETA DE ORCASITAS
PAN BENDITO
ZOFIO
PINAR DE CHAMARTIN
ORCASUR
SAN PASCUAL-LA ALEGRÍA
CORNISA DE ORCASITAS
-EL CARMEN
• FONTARRON
• PALOMERAS
' CANILLEJAS
UVAVALLECAS
• UVA VILLAVERDE
RM.DE VALLECAS
SANTA ANA FUENCARRAL
-VALDEACEDERAS
- VENTILLA
SANTA PETRONILA
- MARQUESA DE AMBOAGE
- P.D. DE ORCASITAS
•CARABANCHEL
- CRUZ BLANCA
• LAS CAROLINAS
- ALMENDRALES

Operación de remodelación de barrios en los años setenta y ochenta.


290 Madrid

ñámente, durante el fin de la dictadura, luego públicamente, una vez re-


conocidas, incluían entre sus objetivos la mejora de las condiciones de
habitabilidad de sus barrios. Su arma era la presión ante la Administra-
ción, realizada por protesta pública ciudadana, que podía ir desde la
manifestación multitudinaria hasta los cortes de circulación.
Es así como el movimiento ciudadano consigue de la nueva Admi-
nistración, surgida de las primeras elecciones generales, la organización
de una operación de conjunto, que implica la actuación sobre una
treintena de barrios. Ello suponía la construcción de más de 38.000 vi-
viendas nuevas, sustituyendo a las casuchas existentes, para realojar
dentro del mismo espacio remodelado a los mismos habitantes. La ope-
ración, que se pone en marcha en 1979, venía a ser el reconocimiento
de una deuda social pendiente, con más de 20 años de retraso.
También hay que señalar, dentro del período, el inicio de la línea
de preocupación por el deterioro (o desaparición) del patrimonio ur-
bano edificado, producto de la visible destrucción que se estaba produ-
ciendo, al amparo de la política de renovación puntual (edificio a edifi-
cio) a que inducía el plan general de 1963. Al otorgar mayores
volúmenes edificables en el núcleo urbano central, estimulaba derribos
y reedificaciones que, aparte de aumentar la concentración, iban ha-
ciendo cambiar el aspecto de la ciudad con pérdida de muchos valores
ambientales ligados a la arquitectura anterior. Lo cual era continuación
de un proceso que venía de atrás, pero que había empezado a mostrar
toda su capacidad transformadora durante los años 60, estimulada en-
tonces por la euforia modernizadora que acompañaba al «desarro-
llismo». La simultánea exaltación de una arquitectura internacional co-
rrespondía a la necesidad de los estamentos directivos de la sociedad
española de cambiar la imagen, arrinconando definitivamente los restos
de los tradicionalismos ligados al período autárquico. Se ha calculado
que, a mediados de la década, se derribaba en los distritos centrales de
Madrid una media anual de 150.000 metros cuadrados. Varios intentos
se realizan desde 1971 para establecer protecciones a edificios de inte-
rés, previamente catalogados. En 1977 se incoa el expediente de decla-
ración de conjunto histórico-artístico para gran parte del centro, de
acuerdo con la Ley del Patrimonio Nacional. En 1978 se redacta el
Plan Especial de Protección del Conjunto Urbano de Madrid, que no
llega a aprobarse hasta que, muy reforzado y reelaborado, se transforma
en el actual Plan Especial de Protección y Conservación de Edificios y
Formación 291

Conjuntos Históricos Artísticos de la Villa de Madrid, aprobado en


1980, ya por el primer ayuntamiento democrático.
Como piezas arquitectónicas de importancia urbanística, por su di-
mensión, o por su localización, o por su singularidad acusada, habría
que recordar que durante esa década se fue poblando de extremo a ex-
tremo el paseo de la Castellana y su prolongación. Por lo que respecta
al paisaje urbano, el Palacio de Exposiciones y Congresos fue una opor-
tunidad perdida (sólo salvada a medias por la posterior incorporación
del monumental friso de Miró en su frente). Pero hay toda una serie de
buenos edificios, jalonando el importante eje urbano, que le confieren
belleza y dignidad. Aunque también los haya, desde luego, anodinos y
malos. De ese momento son, por ejemplo, entre los más inolvidables, el
Bankinter, obra de Moneo (1976), el Banco Bilbao-Vizcaya de Sáenz de
Oiza (1978) y el edificio Adriática (1979) de Carvajal, que merecen figu-
rar entre los mejores edificios de la ciudad. El de Oiza, sin duda una
obra maestra universal, está situado dentro del gran rectángulo del cen-
tro comercial previsto desde tanto tiempo antes y ocupa precisamente
el lugar destinado a una torre coronada por chapitel escurialense, en la
fantasmagórica escenografía herreriana concebida en la posguerra para
todo aquel sector que iba a prolongar la ciudad hacia el norte.
Ese espacio urbano, junto con el que aparecía simétricamente al
otro lado de la Castellana, estaba compuesto de grandes bloques altos y
macizos, geométricamente dispuestos, y de escasos espacios libres entre
ellos. Al final, la presión de los propietarios y las inmobiliarias en busca
de disparatadas rentabilidades había impuesto tan altas densidades, que
aquello que había podido nacer como un espacio de calidad ambiental,
controlado a través de un diseño y unas condiciones impuestas por la
Administración, se convertía en un nuevo pedazo de ciudad maciza y
congestionada. ¿Debilidad y claudicación, o formas diversas de conni-
vencia? En cualquier caso, el emplazamiento ótimo y la decidida acción
estatal para materializar rápidamente la avenida central produjeron una
clara aceptación de aquel nuevo ensanche, que pronto empezó a fun-
cionar como una parte importante de la ciudad. Allí iba acomodándose
una buena parte de las nuevas capas dirigentes de la sociedad madri-
leña, arrastrando al comercio de lujo y a las diversiones. Allí empezó a
manifestarse más abierta y generalizadamente el cambio de costumbres
que había desencadenado la modernización emprendida en los años 60.
Allí se sitúa precisamente la acción de Madrid, Costa Fleming la novela
292 Madrid

que Ángel Palomino publicó en 1973, verdadero documento socioló-


gico, como retrato de esa sociedad emergente de negocios rápidos, di-
nero fácil, empresarios sin escrúpulos, nuevos ricos, burócratas compla-
cientes, ejecutivos internacionalistas y prostitutas de lujo. Mientras
tanto, el censo de la infravivienda suburbial realizado también en 1973
detectaba 35.000 infraviviendas en Madrid.

ÚLTIMOS AÑOS Y SITUACIÓN ACTUAL

Las elecciones municipales de 1979, que habían dado paso a los


nuevos ayuntamientos democráticos, instalaron en el de Madrid una
coalición de socialistas y comunistas. Había una clara mayoría de ayun-
tamientos de izquierda en el área metropolitana, que llegaban con una
intención política general de cambio, muy explícitamente formulada en
los programas electorales, pero escasamente definida en propósitos con-
cretos. Había que cambiar los hábitos administrativos de burocracias
encapsuladas y supuestamente corruptas. (No en balde la izquierda ha-
bía ganado con el señuelo de la honestidad y había capitalizado una
más que favorable acogida a la oferta de renovación moral y de regene-
ración administrativa ante los devastadores efectos de los negocios in-
mobiliarios.) Había que acercar la administración al ciudadano y pedir
su colaboración activa y participante. Había que incidir resueltamente
en los graves problemas de habitabilidad, aprovechando la sensibiliza-
ción existente, que convertía el tema urbanístico en altamente priorita-
rio. Había que transformar el espacio urbano, corrigiendo los graves de-
fectos con los que se había ido configurando: aquellos que habían
llevado a ese clima social reivindicativo que había estimulado el movi-
miento ciudadano. Había que mitigar los daños de la «urbanización sal-
vaje» que aparecía ahora como herencia del «desarrollismo», con sus
características costes sociales de aglomeración, abigarramiento, disfun-
cionalidad y carencias. Una terrible herencia, manifestada fundamental-
mente en una situación deficitaria de infraestructuras, servicios y equi-
pamientos, al mismo tiempo que marcada por la congestión circulatoria,
los excesos de densidad y el deterioro ambiental. Así, el inicio de la an-
dadura de esos nuevos ayuntamientos se configura como una gestión
remediadora de carácter urgente, fragmentario y puntual, encaminada a
la resolución de conflictos concretos inmediatos. Pero enseguida mu-
Formación 293

chos de esos ayuntamientos entendieron que, además, necesitaban esta-


blecer una programación de sus inversiones que requería la definición
intencionada de unos objetivos más generales con visión de futuro y
unas estrategias más durables. Y se lanzaron a la preparación de planes
de ordenación urbana o a la revisión de los existentes, asumiendo mu-
chas veces que el plan urbanístico era el documento básico de la polí-
tica municipal.
Esto planteó una nueva cuestión. Los municipios del área metropo-
litana, y varios otros exteriores a ella, habían alcanzado tal grado de in-

Desarrollo de Madrid, 1985. La gran metrópoli actual.


294 Madrid

terpenetración en sus desarrollos y en sus problemáticas, que era impo-


sible planificar sus respectivos futuros de modo independiente. Hasta
entonces, la coordinación había estado atribuida tanto al Plan General
de 1963, como a la Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área
Metropolitana de Madrid. Con independencia de que tales atribuciones
no hubiesen funcionado, era evidente (y la experiencia internacioinal lo
avalaba) la necesidad de una visión de conjunto de todo el territorio
metropolitano, ahora más extenso que en 1963, y una gestión coordi-
nada de ciertos aspectos estructurales del mismo, por encima de las de-
marcaciones administrativas de los términos municipales. Pero en aque-
llos primeros momentos de su vida los nuevos ayuntamientos, alentados
por el clima general de revisionismo, por una parte, y de exaltación au-
tonomista, por otra, rechazaron la labor «tutelar» de la Comisión. De-
nunciaron su carácter de herencia del centralismo estatal propio del ré-
gimen anterior, plantearon la cuestión de su desaparición y crearon un
Consejo de Municipios, como antítesis municipal del órgano de la ad-
ministración central. (No se olvide, para entender todo esto, que la ma-
yoría de esos municipios estaban gobernados por socialistas y comunis-
tas, mientras que la Comisión, como órgano de la administración
central, quedaba en manos del partido del Gobierno, la UCD.)
Consecuencia de ello fue, en 1980, la disposición oficial que, reco-
nociendo que la nueva situación política «demanda un mayor nivel de
autonomía a la hora de formular documentos de planeamiento general
que permitirán la ordenación urbanística de los respectivos munici-
pios», daba paso a la preparación de 23 planes municipales indepen-
dientes, acabando con el documento unitario de 1963.
Dentro de esta situación, el ayuntamiento de Madrid empieza a es-
tablecer criterios y objetivos para la redacción de su plan general, mien-
tras que desarrolla una política urbanística casuística y típicamente re-
mediadora de temas concretos, inmersa en una intención correctora
general. Los primeros planes de inversiones asumen la tarea de dismi-
nuir el desequilibrio de dotaciones, servicios y calidad ambiental entre
los distritos del norte y los del sur. Se acelera drásticamente la ejecu-
ción del plan de saneamiento integral, que en poco tiempo permite sol-
tar patos y carpas en el Manzanares. Se aprueba la creación de un gran
parque y la construcción del Planetario, ambos en el sur, en terrenos
áridos y sucios. Se pone en marcha la construcción de numerosos pe-
queños equipamientos de barrio y la realización de reformas materiales
Formación 295

del escenario de la vida cotidiana. Para la ciudad antigua se habilita un


programa de ayudas municipales a la rehabilitación de viejos edificios,
con apoyo en el Plan Especial Villa de Madrid, aprobado en 1980. La
combinación de las prohibiciones de demolición, con las subvenciones
a la rehabilitación, consiguieron frenar la destrucción especulativa del
período anterior y devolver su atractivo a muchos edificios del siglo an-
terior o principios de éste, que se encontraban deteriorados. El cambio
cualitativo del paisaje urbano es, gracias a ello, bastante visible.
En 1985 fue aprobado el nuevo plan general de ordenación urbana.
Aunque lógicamente abarcaba todo el ámbito municipal, como corres-
ponde a un documento de su clase, estaba concebido de acuerdo con
esa visión fragmentaria del espacio urbano, que lleva a entenderlo como
mosaico de piezas heterogéneas. Lo cual, unido al descubrimiento del
comportamiento demográfico regresivo y a las modas circunstanciales
negadoras de la validez del planeamiento a escala supramunicipal, con-
dujo a una imagen futura de la ciudad básicamente cerrada y estática
respecto al crecimiento demográfico y económico, y a poner el énfasis
en el tratamiento morfológico interno del municipio, sin consideración
del resto metropolitano.
Coherentemente, el plan desarrollaba una nueva forma de entender
la red viaria, contraria a las grandes arterias especializadas y favorable,
en cambio, a trazados muy urbanos y a una ramificación de la malla cir-
culatoria para evitar los fuertes impactos ambientales y las destruccio-
nes de la edificación. Lo cual se apoyaba en una opción fundamental a
favor del transporte colectivo que, desbordando los límites de acción
del propio plan, implicaba el desarrollo de una política administrativa
muy decidida al servicio de tal elección, en niveles locales y estatales y
en ámbitos municipales y metropolitanos.
Hoy es evidente que algunos de estos puntos de partida del plan
eran equivocados y han tenido efectos negativos en el desarrollo poste-
rior de la ciudad. Especialmente perjudicial y lesiva fue precisamente
esa concepción de la red viaria, que renunció explícitamente a cual-
quier previsión de gran volumen de tráfico, con una tremenda equivo-
cación respecto a la demanda real de movilidad, que pronto hubo que
enmendar. El convenio entre el Ayuntamiento, la Comunidad Autó-
noma y el Ministerio de Obras Públicas, abrió desde 1986 la puerta del
proceso de actuación sobre esa red viaria, más allá de las previsiones
del plan aprobado sólo tres años antes. Gracias a ello se abordó un
296 Madrid

planteamiento ambicioso, que corregía la enorme insuficiencia de aquél.


Nació así la M-40, que en el plan aparecía como una vía urbana, llena
de glorietas, y fue materializada como una arteria rápida, en gran parte
durante los últimos años. También se proyectó la M-50, como último
anillo regional. Al mismo tiempo, se reforzaba el conjunto de las vías ra-
diales de insuficiente dimensionamiento en el plan.
Pero también es cierto que la política a favor del transporte colec-
tivo que el plan preveía no ha sido desarrollada en la alta medida nece-
saria y que muchos otros graves problemas que oscurecen el panorama
actual de la ciudad no pueden achacarse a él. El plan de 1985 es un
gran plan en la orientación de sus previsiones concernientes al trata-
miento morfológico del espacio urbano existente, que desde luego ha
mejorado y está en vías de mejorar muchísimo más, cuando se terminen
de realizar todas las operaciones previstas. Pero, demasiado condicio-
nado por actitudes circunstanciales, erró en creer que, con el creci-
miento demográfico, cesaba también el crecimiento económico y la acu-
mulación de actividades y que cesaban las necesidades de expansión de
la ciudad y que ésta podía resolver sus problemas volviéndose hacia
dentro de sí, olvidándose de la inseparable parte de ella misma que está
fuera de su término municipal. Una vez más se había ido a la siempre
repetida pretensión de cerrar Madrid, de limitar su crecimiento espacial
que tiene, como hemos visto en páginas anteriores, una larga historia de
antecedentes, llena de murallas, cercas, fosos, anillos verdes, vías de cin-
cunvalación y prohibiciones jurídicas. Lo que el plan no había previsto
es que, poco después de su aprobación, la salida de la crisis y la interna-
cionalización de la economía española iban a configurar una situación
expansiva muy diferente, que iba a generar una nueva demanda de es-
pacio para oficinas, para industria y para vivienda.
Otra cosa es, desde luego, que toda esa demanda expansiva deba
ser acogida en el término municipal de Madrid. Es claro que la situa-
ción congestiva de sus áreas centrales aconseja no seguir aumentando
su densidad y que sería muy conveniente la localizador) exterior de las
actividades. Pero ello remite la cuestión a otro ámbito territorial más
amplio y a la obvia necesidad de una planificación supramunicipal. Por-
que si algo ha quedado claro después de la experiencia de los planea-
mientos municipales autónomos, es que el desarrollo de Madrid no
puede pensarse más que en referencia con el de todos los núcleos urba-
nos de su entorno, y que si el plan de 1985 pudo concebirse casi de
Formación 297

puertas adentro, ello se debió a las circunstancias históricas del mo-


mento en que fue realizado, que, entre tantas afirmaciones apresurada-
mente estúpidas, incluyó la enfática condena del urbanismo a escala su-
pramunicipal. Por eso conviene que veamos ahora qué es lo que ha
venido ocurriendo en los últimos años en relación con ese tema.
Cuando en 1983 se constituyó la Comunidad Autónoma de Ma-
drid, se inició, desde la responsabilidad de su gobierno, una reflexión
sobre el territorio, que condujo a la izquierda mayoritaria a posiciones
muy distintas de las fragmentarias y localistas que había venido defen-
diendo antes, negadoras de la necesidad de establecer coherencias glo-
bales en estrategias territoriales previas.
A partir de esa oportuna corrección de actitud básica, se inicia un
fecundo período en el que se va instrumentando una política de orde-
nación territorial y se va construyendo conceptualmente el nuevo mo-

Líneas principales de la estrategia metropolitano-regional esbozada en 1990 por


la Comunidad de Madrid.
298 Madrid

délo de «región metropolitana». Hay en la trayectoria acciones de muy


diverso signo. La Ley de Disciplina Urbanística (destinada a corregir la
proliferación de parcelaciones y urbanizaciones ilegales) y la Ley de Or-
denación Territorial sientan bases normativas desde 1984. Las Directri-
ces de Ordenación del Territorio de la Comunidad de Madrid (1985 y
1988) someten ese territorio, sus problemas y sus posibilidades a un
exhaustivo análisis, e inician la interpretación de su sentido y el de
su deseable evolución, en la nueva perspectiva de una coyuntura de
expansión económica. Los documentos de Estrategias Territoriales
(1988-1990) establecen criterios para incidir en la localización de activi-
dades generadoras de empleo, coordinadamente con las mejoras del sis-
tema de transporte y del medio ambiente, apoyándose en actuaciones
directas de promoción de suelo. Finalmente, un maduro documento de
síntesis ofrece en 1991 un completo proyecto de la Región Metropoli-
tana en que se muestra la coherencia de una política, pactada con los
ayuntamientos afectados, tendente a equilibrar la localización de la vi-
vienda y el empleo, mediante la creación de áreas descentralizadas para
actividades económicas y culturales, apoyadas en medidas de mejora
ambiental 26 . El recinto ferial (Campo de las Naciones) con su centro de
actividades terciarias, la zona industrial del Olivar de la Hinojosa, la
zona industrial de Villaverde, el Área de Centralidad de Alcorcón, el
Centro de Transportes de Getafe, el Centro de Servicios a la Produc-
ción en Leganés, los Parques Empresariales de Leganés, Fuenlabrada,
Arroyo Meaques y Las Rozas, el Centro de Actividades Audiovisuales
(Ciudad de la Imagen) de Somosaguas, el Parque Tecnológico de Tres
Cantos, el Centro de Transportes de Coslada y el Parque Industrial de
Torrejón de Ardoz, son algunas de esas actuaciones que han sido desa-
rrolladas en estos últimos años, o están siéndolo actualmente. Muchas
de ellas están en el término municipal de Madrid y se plantean en cola-
boración con el ayuntamiento. Se suman así a las actuaciones de éste en
el desarrollo del Plan General, que están transformando radicalmente
muchas partes de la ciudad. Especialmente significativas por su enver-
gadura son las operaciones correspondientes a la Gran Vía de San Fran-
cisco y a la avenida de la Ilustración. La primera ha dotado de forma y
calidad ambiental a una zona que permanecía inacabada y desdibujada,
con grandes vacíos. La segunda ha estructurado toda un área de confu-

2,1
Comunidad de Madrid, Madrid, región metropolitana, Madrid, 1991.
Formación 299

sos crecimientos fragmentarios, a través de un gran eje circulatorio,


que se intenta sea también arbóreo y monumental. A ellas se suma la
creación de nuevos campus universitarios, de los que ya es realidad
el de Leganés-Getafe, y la creación de parques metropolitanos, de los
que ya están terminados o en realización avanzada los de Leganés (Bu-
tarque y Polvoranca), Getafe (Alhóndiga) y Barajas (Olivar de la Hi-
nojosa).
Pero más allá de planes y proyectos, y más allá también de las inten-
cionadas actuaciones reales, de efectos indudablemente positivos que
hemos ido consignando, tratemos ahora de esbozar el panorama de la
evolución general, realizada en los últimos años por la ciudad y el terri-
torio de Madrid.
En primer lugar, una referencia al comportamiento demográfico. La
pérdida de población en el municipio madrileño, iniciada ya anterior-
mente, ha aumentado notablemente durante los años 80. Casi un cuarto
de millón de habitantes han dejado la ciudad, cuya población ha que-
dado por debajo de los 3.000.000 (2.909.792), después de haber alcan-
zado la cifra de 3.228.059 de habitantes en 1975. Por su parte, la Comu-
nidad Autónoma ha tenido en total un aumento de 158.956 habitantes,
lo que la sitúa con 4.845.851. El fenómeno es semejante al ocurrido an-
teriormente en la dinámica demográfica de otras grandes ciudades eu-
ropeas, que han experimentado dispersiones de su población en áreas
cada vez más extensas, siguiendo una pauta general en los países indus-
trializados.
Económicamente, la primera mitad de la década de los 80 está pre-
sidida por la crisis, con pérdida de puestos de trabajo y disminución de
la productividad.
Pero a partir de 1986, con la apertura e internacionalización de la
economía española, se empieza a producir una transformación de la es-
tructura productiva madrileña y su inserción en circuitos mundiales. El
papel de Madrid se ve reforzado como centro de negocios y de deci-
sión, con flujos de inversión extranjera.
En esa recuperación tiene importante peso un sector industrial re-
convertido hacia la producción de bienes de consumo y de equipos de
alta tecnología.
Más significativa es aún la reestructuración del sector terciario que
también se inicia entonces, con importante incidencia en la organiza-
ción comercial, los servicios públicos, la sanidad, la banca, la hostelería,
300 Madrid-

Ios servicios financieros y las empresas, y con una fuerte concentración


del llamado «terciario decisional».
La localización del gran aumento de los espacios requeridos por es-
tas actividades se produce entonces fundamentalmente en el núcleo
central de la ciudad, y muy especialmente en la parte norte del mismo,
acentuándose así notablemente la diferenciación ya existente del uso
del espacio urbano: concentración de actividades terciarias en el centro,
con preferencia en el norte del mismo, y localización periférica de la in-
dustria, especialmente en el sur y en el este.
Pero a esta diferenciación en la distribución espacial de las activida-
des se suma la localización de la vivienda, con un alto grado de segrega-
ción cualitativa, acorde con la localización de los niveles socioeconómi-
cos. Ya hemos visto que el desplazamiento de la vivienda hacia la
periferia metropolitana era claramente discriminatorio.
Esta acentuación de la dualidad espacial puede relacionarse con el
aumento de las diferencias económicas, que se produjo a partir de la sa-
lida de la crisis. Porque si bien es cierto que esta salida condujo a una
elevación general de la renta media de toda la población madrileña,
también es cierto que los mayores aumentos se han localizado en la po-
blación del sector oeste, y los menores, en la del sur. Como ha mos-
trado una reciente investigación del sociólogo Jesús Leal, los más ricos
han crecido en un porcentaje que casi triplica al de los más pobres,
acrecentándose las diferencias entre esas dos zonas 27.
Tal aumento de la desigualdad es correlativo, según el mismo autor,
con una menor integración social, que se ha traducido en un incre-
mento de la delincuencia. Probablemente puedan achacársele también
el de la inseguridad, la marginación y la drogadicción. Y tal vez pueda
afirmarse que ello es la contrapartida, no tanto del crecimiento econó-
mico, como de la manera en que éste se manifiesta visiblemente en las
más agresivas formas de incitación al consumo que ha introducido la
«década prodigiosa» de los 80.
Desgraciadamente, una descripción objetiva de la evolución general
de Madrid en los últimos años no puede dejar de incluir una larga serie
de problemas y conflictos generados o aumentados durante su trans-
curso, que se contraponen a las innegables mejoras que se han produ-

27
J: Leal, Prosperidad y desigualdad social en Madrid, ponencia inédita presentada en el se-
minario «Las Metrópolis Globales en la Economía de los 90», Madrid, 1991.
Formación 301

cido. Porque no se trataba simplemente de hacer frente a la lamentable


situación de finales de los años 70. No era sólo la herencia de toda la
terrible historia reciente, con sus problemas conocidos, sino que ha ha-
bido que encajar duros golpes nuevos que se han venido luego encima.
Muchos de ellos como consecuencia, en gran medida, de la recupera-
ción económica y del lanzamiento de Madrid a la red formada por las
grandes ciudades europeas. Porque ello ha contribuido, por ejemplo, a
estimular la inmigración africana y a convertirla en un centro interna-
cional del comercio de droga. Así, reconocer el acierto, en general, de la
actuación de las instituciones administrativas durante ese período, no
exime de señalar su notable insuficiencia. Porque, a pesar de los esfuer-
zos de estos años, Madrid no ha podido remontar los conflictos hereda-
dos antes de que se le vinieran encima los nuevos, y durante estos últi-
mos años ha continuado afirmando su carácter como una ciudad y un
territorio profundamente desequilibrados, con graves problemas de de-

Visión sintética de Madrid en 1992.


302 Madrid

sigualdad en la calidad y uso del espacio y en la distribución de dota-


ciones y equipamientos, con significativos contingentes de infravivienda
en formaciones periféricas, con índices elevados de delincuencia y dro-
gadicción, con una permanente congestión circulatoria y con unos pre-
cios de suelos y edificación tan elevados, que resulta crónica la insufi-
ciencia de oferta ante la demanda de vivienda y espacio para oficinas y
actividades productivas. Como ya hemos señalado, este marco encierra
problemas funcionales, ambientales y sociales graves, que no pueden
ser ignorados a la hora de presentar una imagen completa de la ciudad
actual. Esa ciudad altamente contradictoria, con sus atractivos y sus va-
lores innegables, pero también con sus problemas y defectos. Esa ciu-
dad que es producto de un largo y complejo proceso de formación,
cuya historia acabamos de contar. Esa ciudad cuya imagen actual he-
mos ofrecido en la primera parte de este libro (con la que ahora enlaza-
mos) al hacer la presentación del fenómeno urbano territorial de Ma-
drid.
Madrid señor, Madrid canalla, Madrid estraperlista, navajero, poeta lí-
rico, Madrid pasota y unidimensional, Madrid, Madrid, Madrid con el cla-
vel en la solapa vuelta para fuera de un brote de sangre que le ha salido al
último visitado por la parabellum antimadrileña o la delincuencia incon-
trolada.

FRANCISCO UMBRAL
III
CONCLUSIÓN

PERSONALIDAD DE UNA CIUDAD

La comprensión y entendimiento de una ciudad no se realiza sola-


mente a través de la percepción e interpretación de sus rasgos visibles.
Tampoco con el análisis de los datos que proporcionan los estudios re-
alizados sobre los aspectos interiores de la vida de su población, o de
las actividades que ésta realiza, ni del funcionamiento y la organización
de todo el conjunto físico-social. Porque la entidad de una ciudad no se
agota en los hechos que pueden ser empíricamente investigados, descri-
tos, analizados e interpretados. Hay todo un conjunto de elementos no
directamente perceptibles que, sin embargo, actúa sobre quien se
acerca a la ciudad, se mueve dentro de ella, la mira o simplemente la
imagina. Y nadie puede prescindir del impacto que esos elementos pro-
ducen en su visión y aprehensión de la realidad, condicionándola y ti-
ñéndola.
Ese conjunto está hecho de cosas tales como vivencias personales,
resonancias emotivas, herencias culturales, juicios ajenos conocidos, ac-
titudes más o menos generalizadas y otras cosas semejantes, que contri-
buyen decisivamente a formar la visión que cada observador se hace de
la realidad, porque la inundan, aunque él no quiera, de imágenes y sen-
timientos que se mezclan con sus percepciones directas y con los resul-
tados de sus posibles profundizaciones e interpretaciones de la realidad.
Nadie escapa a ello. Nos situamos ante la realidad, no como mecánicos
procesadores de datos extraídos de ella, sino que ese proceso se hace a
través de nuestros previos conocimientos, de nuestra previa sintoniza-
ción emotiva, de nuestra sensibilidad coyuntural, de nuestras concretas
306 Madrid

actitudes y sentimientos personales o ajenos asumidos. Ello ocurre par-


ticularmente ante esas realidades tan excepcionalmente cargadas de sig-
nificados inmateriales y tan provocadoras de reacciones emotivas, que
son las ciudades. Esos espacios acotados en los que, desde hace siglos,
se producen sucesiones ininterrumpidas de acontecimientos concentra-
dos, que son la historia humana misma. Y ello ocurre, en concreto, con
la ciudad que aquí estamos considerando, la cual, como hemos dicho,
acumula sobre la historia de su propia realidad local limitada, nada me-
nos que el entramado de partes muy importantes de la historia de Es-
paña y de otros territorios del mundo. Por eso, el entendimiento de
Madrid, como el de toda ciudad, pasa a través de la comprensión que
se tenga acerca de los contenidos culturales de los aspectos materiales,
y también a través del conocimiento de las cadenas de antecedentes
que han conducido a la situación actual, así como de las actitudes que
se hayan asumido (alguna siempre hay, incluida la indiferencia) ante el
papel que desempeñó y desempeña la ciudad en la vida del país. Com-
prender Madrid es imposible prescindiendo de su cualidad de capital
de España. Y por ello hablar de Madrid es igualmente imposible sin te-
ner en cuenta los aspectos políticos de la historia de España, que en
gran medida se han cocido en ella. Madrid es una ciudad indisoluble-
mente ligada a la vida política nacional. En ese sentido, y debido funda-
mentalmente a este último factor, la componente emotiva de la aproxi-
mación al entendimiento de Madrid suele ser particularmente fuerte, en
función, claro está, de esos conocimientos y actitudes aludidos, dando
lugar a visiones de la ciudad cargadas de subjetividad que, por ello
mismo, son variadas y hasta contrapuestas. Y muchas de éstas, habién-
dose divulgado y generalizado, han pasado a formar parte, reforzándola,
de esa carga emotiva que actúa sobre el que se acerca al conocimiento
de la ciudad. Porque algunas pueden ser superficiales o parecemos
equivocadas, si nuestro punto de partida nos orientó en otro sentido,
pero muchas otras, estando o no de acuerdo con ellas, vemos que cons-
tituyen profundizaciones certeras en ciertos aspectos de la realidad ur-
bana que nos interesa, que ningún análisis científico podría haber reve-
lado y sí la sensibilidad y la empatia de algunos individuos
especialmente lúcidos para captar esos impalpables aspectos de la reali-
dad, de una realidad compleja, que engloba múltiples facetas, que ellos
han comprendido y nos han enseñado a comprender. Es así, fundamen-
talmente, como se pueden llegar a captar algunos de los rasgos que per-
Conclusión 307

miten hablar de la personalidad de una ciudad, uniéndolos a los de su


aspecto físico, del mismo modo que unimos fisonomía, psicología y bio-
grafía, cuando hablamos de la personalidad humana, incluyendo en la
biografía, no sólo los acontecimientos vividos, sino los comportamientos
y las actitudes. Ello lleva, en muchas ocasiones, a la personalización de
la ciudad.
Personalizar una ciudad, atribuirle un carácter y unas actitudes, un
comportamiento, hablar de ella como de una persona, es una práctica
coloquial habitual, una forma literaria de expresión muy extendida y un
recurso simplificador, también frecuente en los historiadores: «Medina
fue ingrata y hostil con el profeta; La Meca, amable, acogedora y esti-
mulante.»
No es sólo la suma de las actitudes de los habitantes a lo que así se
pretende aludir, sino que hay algo que se atribuye al ambiente, al me-
dio físico y social, y a una especie de síntesis histórica que, se supone,
ha dejado su marca. Así se puede decir y se dice: «Madrid es alegre y
viva, llena de luz purísima y claridad de altura», o «Madrid es sórdida,
triste y mezquina», o «Madrid es noble y señorial, siempre se ha com-
portado honradamente», o «Madrid es plebeya y populachera, tornadiza
e inconstante, no se puede confiar en ella». Y también «Madrid es soca-
rrona, frivola y despreocupada, nunca se ha creído demasiado su propia
importancia, su papel en la historia»; «Es una ciudad que se ha desen-
tendido de ser ella misma», «Le gusta la imprevisión y el azar», «Es
inestable, desarraigada, flotante».
Naturalmente, esta operación se hace con apoyo en una selección
parcial de rasgos subjetivamente elegidos y subjetivamente calibrados.
Muchos de ellos ni siquiera están fundados en datos contrastables, sino
que son, en sí mismos, elaboraciones también subjetivas de una amal-
gama de observaciones incompletas, generalizaciones e interpretaciones.
La personalidad que de esta manera se atribuye a la ciudad puede ser
así enormemente contradictoria según-quien sea el observador y lo que
le resulta a él particularmente destacable. Porque, en definitiva, la cap-
tación de una personalidad es una respuesta emocional.
Madrid, de biografía ligada a un poder cuyas decisiones marcaron
la historia de forma controvertida, denostada o ensalzada, ha sido ob-
jeto de variadas personalizaciones realizadas por escritores, políticos,
ensayistas, historiadores, periodistas, comentaristas varios, e incluso de
forma impersonal, por la opinión pública. Todo ello ha proporcionado
308 Madrid

lo que pueden considerarse tanto ayudas para el conocimiento y la com-


prensión de la ciudad, como nuevos condicionantes de nuestra propia
visión, que habrá de abrirse camino entre ellos, rechazando o acep-
tando los que concuerden con nuestro propio juicio.
Dos grandes bloques de visiones de la personalidad de Madrid
emergen del conjunto de esa literatura que, en principio, parece mayo-
ritariamente crítica. Para una gran cantidad de quienes han dejado
constancia de esa visión, se define la personalidad de Madrid en fun-
ción de una serie de rasgos negativos, referentes tanto a su aspecto fí-
sico, como a esos contenidos culturales y biográficos. Para esta visión,
Madrid es fundamentalmente, como gran ciudad, una creación artificial
de la voluntad centralista, imperialista, impositiva y unificadora, que ha
marcado un polo de la historia de España, frente a la espontánea diver-
sidad e independencia de sus pueblos. Y sólo la acumulación de poder
y el acaparamiento de recursos han hecho posible su pervivencia y
afianzamiento como tal gran ciudad. Esta visión de Madrid hunde sus
raíces en la denuncia de la estrategia de «vertebración» de España por
Castilla, se articula definitivamente alrededor de la protesta ante la ho-
mogeneización borbónica (que inicia simbólicamente la construcción de
la ciudadela de Barcelona por Felipe V) y se renueva y moderniza en la
oposición a la unificación por la dictadura de Franco. Y de tal manera
se ligan estas estrategias (y la actitud de fondo que representan en rela-
ción con una idea de España) con el lugar desde donde son promovidas
e impuestas a la fuerza, que éste queda directamente involucrado y, más
Conclusión 309

aún, «personalmente» responsabilizado. Así, es el propio Madrid quien


impulsa y garantiza la «vertebración», quien dicta las reformas borbóni-
cas y quien impone la represión franquista. Y ello, claro está, no lo hace
sin beneficio. Ya desde el siglo XVII se decía que «todas las ciudades tra-
bajan para Madrid, que no trabaja para ninguna» Y de ahí deriva toda
una serie de rasgos de esa personalidad atribuida a Madrid, autoritaria,
represora y rapaz, mezclada con señoritismo, desdén, superficialidad,
parasitismo, ostentación y altanería practicados desde el páramo reseco.
Y es interesante señalar que esta visión no se expande sólo desde aque-
llos ámbitos más directamente afectados por el papel histórico de Ma-
drid (es bien conocido, por ejemplo, el insuperable antimadrileñismo
catalán), sino que nace también desde ella misma (¿antimadrileñismo
madrileño?), especialmente a partir de muchos hombres que fueron por
ella atraídos desde fuera y que se integraron críticamente, haciendo de
contrapeso a la populosa legión de los ambiciosos, logreros y arribistas,
que buscaron en ella el trampolín personal al calor del poder.
Frente al conjunto de visiones negativas, que se traducen en el es-
bozo de esa personalidad que acabamos de evocar, puede detectarse
otro conjunto de visiones positivas, que han ido desembocando en los
intentos de construcción de otras personalidades más atractivas. Varios
caminos se han seguido para ello.
Están, en primer lugar, las sintonizaciones emotivas de carácter fun-
damentalmente estético y cultural, de creación bastante moderna: Ge-

Panorámica del paseo del Prado. De la fuente de Apolo a la de Neptuno.


310 Madrid

neración del 98; Institución Libre de Enseñanza; exaltación poética del


Guadarrama, como telón de fondo, y como naturaleza inmediata a dis-
frutar viéndola de cerca; alabanza del cielo madrileño y de su «luz purí-
sima», de sus paseos arbolados, de ciertas partes hermosas de su pró-
ximo entorno natural que tanto gustaban, por ejemplo, al presidente de
la Segunda República, Manuel Azaña. Elogio también de su arquitec-
tura rosa y gris, de algunos de sus grandes edificios, ante los cuales es
imposible desligar su apariencia de su contenido (El Greco, Velázquez,
Goya, desde los interiores de El Pardo). Muchas personas han sentido
esta sintonización de base estética que, transformadas y transmutadas
algunas de sus referencias, sigue presente en una parte de la juventud
actual, que gusta estéticamente de Madrid, a pesar de hacerlo en medio
de un ritmo de vida trepidante y un entorno general que, ahora, es más
bien agresivo y opresivo.
Por otro camino, se ha producido también una valoración positiva
de Madrid. Intermitentemente se anima el intento, más bien artificioso,
de crear un localismo madrileño. Frente a la realidad del desarraigo,
que corresponde a una población en la que siempre fue y es decisivo el
peso de los foráneos, está el deseo de rescatar las esencias «castizas»,
que se suponen supervivientes en unos ciertos ambientes populares y
sus correspondientes entornos callejeros. El intento es originalmente
decimonónico. Pasa por una idealización literaria que se pretende inspi-
rada en la realidad, pero que en gran medida la inventa. Los ambientes
organilleros de zarzuelas y saínetes, las letras de los chotis, se convierten
en referencias claves para el entendimiento de una supuesta personali-
dad de Madrid. Como señaló en su día Juan Salcedo, se trataba de la
creación de una mitología que presentara a Madrid como una Villa,
como una ciudad provinciana más, a pesar de que la corte tenía en ella
su sede. En definitiva, y esto perdura, se trata de un deseo de encontrar
una identidad local, independiente de la realidad oficial, a pesar de ella,
a pesar de que tiene que soportarla. Madrid sería así algo por sí misma,
no sólo la consecuencia del poder '.
A estas dos formas de valoración positiva de Madrid se une fre-
cuentemente la exaltación de los contenidos culturales. No ya sólo de
lo que se encuentra efectivamente contenido en los interiores de ciertos
edificios, como los cuadros del Museo del Prado, sino de los conteni-

1
J. Salcedo, Madrid culpable, Madrid, 1977, p. 25.
Conclusión 311

dos simbólicos evocados por los propios edificios o lugares. La valora-


ción positiva de Madrid debería ganar así en profundidad y calidad,
cosa que no siempre ocurre, según como se haga esa exaltación de con-
tenidos, que exige una previa interpretación. En muchos casos, ésta se
ha hecho también en función de ese papel histórico de Madrid, ligado
inevitablemente al poder central, que tanto disgusta a los forjadores de
la personalidad negativa de Madrid. Pero ahora, en este caso, lo que se
hace es una valoración simétricamente opuesta, ya que la «vertebra-
ción» y la unificación se consideran como algo positivo, que ha evitado
la disgregación de España, la «España rota». De todos modos, para su
ventura, Madrid nunca pudo proporcionar demasiados apoyos para esa
interpretación, que hubo que ir a buscar a El Escorial. La dictadura no
llegó a imponer el aspecto de capital imperial, como había sido progra-
mado al final de la Guerra Civil, con modelo en las reformas del Berlín
de Hitler y la Roma de Mussolini, pues el ideario al que correspondía
la teoría de la ciudad falangista quedó pronto deshancado por la necesi-
dad del régimen de apoyarse en el capital y olvidarse del dirigismo de
la inicial autarquía. Pero otras veces, la valoración de contenidos es me-
nos sesgada políticamente y puede llegar a facilitar la comprensión de
muchos aspectos positivos de Madrid. En unos casos, esa valoración se
acerca a la actitud de sintonización estética. En otros, enlaza con las re-

Desde la Ciudad Universitaria.


312 Madrid

surrecciones casticistas. Sin duda, es el libro del arquitecto Fernando


Chueca, Madrid, ciudad con vocación de capital, el más culturalmente rico
exponente de esta forma de valoración que, por otra parte, nunca
puede sobrepasar un comedido medio tono, acorde con la modesta re-
alidad de una ciudad que, comparada con otras capitales mundiales, ca-
rece casi por completo de grandes espacios urbano-arquitectónicos de
empaque y categoría, así como de un centro histórico de valor monu-
mental o ambiental indiscutible y bien conservado. Ni las más encendi-
das sintonizaciones emotivas del madrileñismo más amoroso pueden
ocultar esa falta de «calidad de gran ciudad», del tópico «poblachón
manchego», al que el complicado morador de El Escorial confió la aco-
gida de su corte, hurtándole al mismo tiempo la dignidad ambiental
que hubiera debido corresponder a ello. Por eso, estas actitudes favora-
bles a Madrid tienen siempre algo de cariñosa disculpa, a veces de con-
miseración, que en el caso de Chueca desemboca en la identificación
de una personalidad generosamente despreocupada de sí misma, acaso
por entrega a una misión superior:

Madrid se ha hecho y se ha deshecho en España. No se sabe si es lo


más español de España, porque eso nos llevaría a muy espaciosas consi-
deraciones, no faltas, por otro lado, de atractivo, pero sí podemos decir
que Madrid es la ciudad de España que más se ha desentendido de ser
en alguna manera ella misma. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que
Madrid no tenga personalidad, ¡ah!, eso es otra cosa. Muchos hombres
sustancialmente despreocupados son de una personalidad a veces impre-
sionante. Madrid tiene una de esas personalidades basadas en la despreo-
cupación; en la despreocupación de sí mismo. Otras ciudades menos des-
preocupadas forman parte de España, son también España, pero en la
medida que son ellas mismas, sus caracteres genéricos son más o menos
contravenidos por los específicos. No sé si Madrid es más España que
otras ciudades de la Península, pero podría llegar a serlo, al menos por
vía de omisión, por vía de renunciamiento 2.

Sí, en el mejor madrileñismo hay siempre una cierta frustración, un


agridulce sentimiento, un inevitable deseo de que esa ciudad querida
sea más y mejor. Una íntima y casi inconfesable tristeza, que a veces se
manifiesta en crítica irritación, porque se haya quedado a medias en el
camino que siguieron con más éxito tantas otras grandes y hermosas
ciudades. Por haber perdido el tren en tantas ocasiones (en contra de la
2
F. Chueca Goitia, op. cit., p. 25.
Conclusión 313

acusación de estar siempre beneficiándose), desde que hace siglos se


quedó sin catedral. Posiblemente, nadie haya expresado con tanta
fuerza esa dualidad de sentimientos como lo hizo el gran escritor Luis
Martín Santos en aquella retahila ininterrumpida, contenida en su no-
vela inolvidable Tiempo de silencio:

Hay ciudades tan descabaladas, tan faltas de sustancia histórica, tan


traídas y llevadas por gobernantes arbitrarios, tan caprichosamente edifi-
cadas en desiertos, tan parcamente pobladas por una continuidad apre-
hensible de familias, tan lejanas de un mar o de un rio, tan ostentosas en
el reparto de su menguada pobreza, tan favorecidas por un cielo esplén-
dido que hace olvidar casi todos sus defectos, (...) tan insospechadamente
en otro tiempo prepotentes sobre capitales extranjeras dotadas de dos
catedrales y de varias colegiatas mayores y de varios palacios encantados,
(...) tan vueltas de espalda a toda naturaleza (...) tan abufaradas de autobu-
ses de dos pisos que echan humo cuanto más negro mejor sobre aceras
donde va la gente con gabardina los días de sol frío que no tienen cate-
dral \

Como es lógico, las actitudes antimadrileñas se reforzaron en todas


partes durante el régimen de Franco. No sin razón se reavivaron las vie-
jas identificaciones. De hecho, desde Madrid se intervenía directamente
en el control de todo lo que ocurría en cualquier rincón del país, y así
durante 40 años, y, a pesar de la oposición que también existía en Ma-
drid, se identificó a esta ciudad con la burocracia intervencionista y con
las fuerzas represoras del franquismo. También con la sede más visible
de un improvisado y rapaz empresariado, ávido de fáciles negocios in-
mobiliarios o simplemente de especulación de suelo, surgidos al calor
del crecimiento demográfico y amparados en una connivencia adminis-
trativa, autojustificada en la necesidad de dar respuesta a la demanda
de vivienda y suelo urbanizado. No es éste, ciertamente, como es bien
sabido, un mal exclusivamente propio de Madrid en ese período. Todas
las ciudades españolas lo sufrieron en mayor o menor grado, quedando
para siempre marcadas por sustanciosas operaciones inmobiliarias de
difícil justificación. Pero sí fue Madrid la más emblemáticamente repre-
sentativa, al irse sustituyendo la idea falangista de la «capital imperial»
por la del «Gran Madrid» como «capital del capital», donde a los chapi-
teles de pizarra de inspiración escurialense (las huellas de la inicial

5
L. Martín Santos, Tiempo de silencio, Madrid, 1962, pp. 11-13.
314 Madrid

orientación arquitectónica del régimen) sucedían los primeros rascacie-


los del país, con todo lo que ello suponía de reorientación real hacia el
oficialmente denostado modelo yanqui. En el contexto del desarro-
llismo económico, sucesor y negador de la pureza autárquica del falan-
gismo inicial, Madrid adquiere la parte más importante de su actual fi-
sonomía, tanto en el gigantesco crecimiento de la periferia y del área
metropolitana, como en las operaciones de renovación interior. Estas
son responsables de algunas pérdidas irreparables de los ya escasos va-
lores históricos y ambientales, contribuyendo poderosamente a la bana-
lización visual de un espacio urbano que, contra lo que tantas veces se
dice irreflexivamente, debe tanto o más, en su falta de calidad y atrac-
tivo, a la arquitectura en sí misma, que al tratamiento urbanístico. En
cambio, éste sí es directamente responsable de la concentración volu-
métrica congestiva, sobre un trazado viario a todas luces insuficiente,
cuya capacidad hubo que ampliar con pérdida de aceras, paseos, bule-
vares y arbolado, y con profusión de obras de ingeniería, que sacrifica-
ron la habitabilidad de la ciudad a la mejora de la circulación vehicular.
Todo lo que se insista es poco: los peores males que aquejan hoy a Ma-
drid proceden de ese período de irreflexivo crecimiento. La ausencia
de comprensión acerca de la prioridad de valores de una ciudad estaba
instalada a todos los niveles en la realidad, dando paso a un acontecer
en el que cualquier intento de control racional era inoperante. Como
hemos visto anteriormente, Madrid tuvo en 1946 un excelente plan que
hundía sus raíces en trabajos previos a la Guerra Civil. Y la actual ciu-
dad sería hoy de una calidad incomparablemente mejor si, llegado el
momento en que se vio la insuficiencia de las previsiones demográficas
de dicho plan, se hubiese decidido ampliar su ámbito de ordenación,
en vez de ir multiplicando los volúmenes edificables y ocupando los ge-
nerosos espacios libres que en el plan se disponían.
Es verdad que en todo el mundo se produjo un explosivo creci-
miento urbano después de la Segunda Guerra Mundial, y que todas las
ciudades pasaron por períodos de presión por parte de un agresivo ca-
pitalismo inmobiliario. Pero también lo es que en ningún país europeo
los negocios inmobiliarios y de especulación de suelo tuvieron un volu-
men tan considerable y contaron con unas condiciones tan óptimas de
falta de control público y de connivencia administrativa.
Pero durante los últimos años de aquel régimen se produjo en Ma-
drid la eclosión de un importante movimiento ciudadano que, en su re-
Conclusión 315

lación más directa con la ciudad, supuso la aparición de una creciente


toma de conciencia generalizada de los problemas urbanos sentidos
desde los barrios. Así, cuando llegó el cambio político en el país, la pri-
mera administración democrática inició, con apoyo en las reivindicacio-
nes ciudadanas, una transformación en la orientación de la política ur-
banística que, poco después, ya con el primer ayuntamiento elegido
desde tiempos de la Segunda República, empezaría a dejar constancia
de ello en la fisonomía de la ciudad, a través de operaciones limitadas
de mejora funcional y ambiental.
Pero, ¿qué puede decirse que ha pasado mientras tanto con la per-
sonalidad de Madrid? Una efectiva descentralización administrativa ha
trasladado a los gobiernos de los diversos territorios constitucional-
mente autónomos una ingente cantidad de tareas y decisiones que antes
se desarrollaban en los reductos de la administración central. Esta ha
quedado realmente aligerada y reducida en muchos aspectos. Pero ocu-
rre también que el Gobierno y el Parlamento de la Nación siguen te-
niendo su sede en Madrid, y esto sigue siendo de gran trascendencia
para muchas cosas, lo mismo que las heredadas condiciones, práctica-
mente irreversibles, de concentración de instituciones financieras de
ámbito nacional, de centros universitarios y de investigación, de dimen-
sión de los mercados y de economías de aglomeración. Por ello, Madrid
continúa atrayendo mayoritariamente dentro de España la inversión ex-
tranjera, a través de flujos financieros, capital inmobiliario y localización
de grupos empresariales con estrategias internacionales. Por ello, Ma-
drid está siendo capaz de subirse bastante ágilmente al tren de la evolu-
ción de la economía internacional, desarrollando rápidamente una espe-
cialización en actividades relacionadas con aquélla, ante la perspectiva
del mercado único europeo. Y por ello Madrid sigue siendo hoy, no
sólo el principal centro de gestión política nacional, sino también de
gestión económica y de servicios, además de la segunda concentración
industrial.
Así pues, a pesar de la descentralización administrativa y de las nue-
vas condiciones políticas del país, Madrid sigue manteniendo clara-
mente su histórico papel capitalino y concitando la persistencia de esa
tradicional malquerencia, que le reprocha aprovecharse de ello. Sí, es
cierto que las viejas críticas, en la mayor parte de los casos, se presentan
ahora en otra forma, suavizadas, matizadas por una cierta simpatía que
antes no existía. Parece que podría decirse que, en general, ha mejo-
316 Madrid

rado la imagen de Madrid. Pero nunca podrá lograr que se le perdone


todo.
La realidad es que, desde los primeros momentos del cambio polí-
tico en el país, empezó a producirse una evidente modificación de as-
pectos muy visibles del «aire» de la ciudad. Bastaba moverse por ella
para captar directamente ese cambio. Se manifestaba especialmente en
un cierto tono festivo que llenaba la calle de música, juegos y activida-
des culturales, y era particularmente perceptible al atardecer, por la no-
che hasta altas horas, y en las mañanas de los domingos, cuando se pro-
ducía una verdadera toma de la ciudad por una multitud que invadía
pacíficamente los parques y los museos (que acababan de ser declara-
dos, entonces, de entrada gratuita). Sin duda, en ello tuvieron un cierto
papel desencadenante las fiestas populares multitudinarias, organizadas
por los partidos políticos, en aquella inicial etapa de lanzamiento de su
vida pública, con colaboración de grupos musicales y conocidas estre-
llas de la canción. Lo cierto es que Madrid se llenó de lugares que, sin
estar preparados para ello, se convertían de la noche a la mañana en es-
cenario de concentraciones humanas consumidoras de música, alcohol
y drogas (blandas por entonces). Aceras insuficientes, desbordadas, cal-
zadas invadidas por la gente, altavoces en los chiringuitos, músicos am-
bulantes, actores, mimos. Se inicia entonces, además, una doble forma
de recuperación y reutilización del espacio urbano: ciertos ámbitos casi
cerrados lo ofrecen casi todo dentro de ellos para la diversión y el con-
sumo, especialmente de los jóvenes. Pero en otras partes, calles que es-
taban casi muertas se llenan de tiendecitas, de bares y de animación.
Poco después empezó «la movida», ese movimiento espontáneo
Conclusión 317

fundamentalmente lúdico y estético, protagonizado por una juventud


que ya no había vivido conscientemente ni la oposición progresista, ni
la adscripción al régimen anterior. Una juventud sin compromisos y sin
ideologías, no proletaria, sino procedente de familias acomodadas, que
monta su vida como divertida experiencia de inicial ambición creativa.
Es el momento de un rock original, con prosaicas letras castellanas, alu-
sivas a la banalidad cotidiana inmediata. Y de unas nuevas orientacio-
nes para el diseño, especialmente visibles en la moda masculina. Y de
unas nuevas actitudes, que pronto son divulgadas e imitadas generaliza-
damente a través de un nuevo cine que se apoya en ellas. Y de unas
nuevas formas de expresión, que encuentran su versión literaria en las
diarias columnas de Umbral, y en su Teoría de Madrid, así como en los
bandos de un insólito alcalde que sabe mezclar las expresiones «cheli»
más recientemente incorporadas, con una- recreación arcaizante y hu-
morística del castellano del Siglo de Oro. Por supuesto que la impor-
tancia de la figura del insigne catedrático Enrique Tierno va mucho
más allá, amparando y conduciendo desde la alcaldía el desarrollo de
todo un entramado de manifestaciones culturales espontáneas, con es-
pecial incidencia en la formación y arranque de grupos musicales nue-
vos.
No es raro que en este contexto Madrid se sume entonces con en-
tusiasmo a ciertas reivindicaciones más generales en el país, como la
reinvención del Carnaval y la comprensión de que los toros y el fla-
menco no son patrimonio de la derecha, a pesar de su utilización por el
régimen anterior. La asimilación por Madrid de sevillanas y bulerías y su
incorporación tanto en fiestas populares, boites y discotecas, como en
salones de la alta sociedad, es una novedad que arranca de entonces.

La cornisa del Manzanares.


318 Madrid

Pero también hay que señalar que a medida que «la movida» se ex-
tiende, afianza y generaliza, se convierte en un gigantesco montaje de
consumo, bien aprovechado por las cadenas de la discografía y la moda,
que pronto inician incluso el camino de la exportación.
Todo esto supuso, qué duda cabe, una alteración de la anterior ima-
gen pública de Madrid, que asumió entonces un cierto protagonismo,
en el camino que siguió el país entero hacia formas de vida desenfada-
das, desinhibidas, muchas veces dentro de un hedonismo exhibicio-
nista, en algunos casos un tanto escandaloso.
Porque, al mismo tiempo, las generaciones maduras, que acababan
de acceder al poder, hacían entonces su apasionada conversión al buen
vivir, a través de la exaltación del éxito medido por el dinero. Madrid
alcanza entonces, con la ayuda de la prensa especializada, esa calidad
que sigue teniendo de escaparate nacional para historias de bragas e in-
timidades de famosos, aderezadas también en cuatricromía para el con-
sumo. Es el Madrid que llena los restaurantes de lujo, que mima en so-
ciedad al nuevo empresario audaz, que se deslumhra con los grandes
banqueros y con las figuras de papel de la jet y que tiene su expresión
plástica en la apabullante banalidad de la Torre Picasso. Ello enlaza, en
forma renovada, con la vieja tradición madrileña del señorito frivolo y
el arribismo impúdico, pero tiene, al mismo tiempo, otra dimensión, ya
Conclusión 319

que, en buena medida, está resultando un deslumbrante exponente, e


incluso un modelo a seguir, dentro de una de las líneas que lamentable-
mente aparecen con mayor fuerza en la evolución general del país.
Pero naturalmente, eso no es todo Madrid. Si algo va quedando
claro en relación con él, es la multiplicidad heterogénea de su carácter,
que impide insistir en personalizaciones caracterizadoras unívocas.
Estas, si alguna vez fueron algo más que simplificaciones abusivas y ge-
neralizaciones de rasgos parciales, chocan hoy con la enorme dimensión
del fenómeno completo, inabarcable, prácticamente inaprensible por la
experiencia directa. También con la pluralidad difícilmente integrable
de sus múltiples piezas, elementos, aspectos y facetas. Basta, para com-
prenderlo, echar un vistazo a alguna de esas otras caras de Madrid y de
su sociedad dual, de cuya realidad han quedado algunos datos en pági-
nas anteriores. O simplemente tener en cuenta tantos aspectos insatis-
factorios del habitat en que se desenvuelve la vida de la mayoría de los
madrileños, con records europeos de contaminación ambiental y casi
mundiales de nivel de ruidos, con altos niveles de delincuencia, droga-
dicción y sida.
La manifestación más visible de esa dualidad está, obviamente, en

Panorámica del Centro Comercial de la Castellana (AZCA).


320 Madrid

la pervivencia de los núcleos de chabolismo, en los que siguen dándose


condiciones dramáticamente inhumanas y donde, además, se ha insta-
lado una parte fundamental del comercio y uso de la droga. No hace
falta adentrarse por el terrible laberinto de la hondonada de La Celsa,
por las laderas del cerro de la Mica o por el camino de la Cruz del
Cura, para encontrar en las inmediaciones los demoledores efectos so-
bre una población joven, prácticamente irrecuperable, que extiende la
inseguridad desde la calle al interior de los vehículos del transporte co-
lectivo.
Y la miseria no está confinada sólo en esos núcleos periféricos. Hay
otra que se ve menos. La confección del último censo ha permitido
constatar la persistencia de casos interiores que parecen imposibles.
Como buhardillas de habitación única, sin ventilación directa y sin re-
trete ni cocina, habitadas por unidades familiares completas, porque es-
tán censadas como viviendas. Y están también las 1.000 personas que
duermen en la calle. Y todo ese submundo de prostitutas y «chaperos»,
«trileros», «yonkis» y «camellos», entre los que corre a gusto el «caba-
llo». Así, la Gran Vía y las calles adyacentes se convierten, de madru-
gada, en un barrio chino de alto riesgo, con el suelo plagado de frag-
mentos de papel de plata quemado, latas y botellas vacías y charcos de
vómitos.
Pero a pesar de esa pluralidad inabarcable, cada cual tiene su idea
de Madrid y, a partir de la propia subjetividad, uno imagina confusa-
mente una compleja amalgama de aspectos contradictorios, hecha de
sensaciones. Uno, que no ha nacido en Madrid, y vive en él con distan-
ciamiento, siente que el conjunto de sus sentimientos ante la aglomera-
ción madrileña es, en lo esencial, bastante generalmente compartido. De
ello resulta, fundamentalmente, una visión antinómica, porque Madrid
aparece como una realidad altamente dinámica, incitante, estimulante,
atractiva y hermosa en parte, pero al mismo tiempo, en parte fea y repe-
lente, agobiante, densa, tensa, inquieta, conflictiva, incómoda y desaso-
segada. Uno, que acostumbra a buscar la explicación de la realidad a
través de su proceso de formación, encuentra en Madrid muy escasa
presencia visible y significativa de la memoria de sí misma, de su histo-
ria, comparando con lo que ocurre en otras ciudades en las que el pa-
sado está tan iluminadoramente patente. Por eso, a fuerza de tener que
echarle encima a la realidad evocaciones que apenas salen de ella, no se
puede evitar que parezca Madrid, también contradictoriamente, un
Conclusión 321

tanto carente de identidad propia, de imagen clara y, en definitiva, de


personalidad bien definida, a pesar de la innegable singularidad y origi-
nalidad de su biografía.

PERSPECTIVAS: MADRID, SIGLO XXI

Como hemos visto, al terminar el recorrido del proceso histórico de


su formación, Madrid ha entrado hace poco tiempo en una fase de su
evolución, de características muy diferentes a las de etapas anteriores. Si
aquéllas estuvieron marcadas inequívocamente por el signo de la con-
centración y la acumulación, la actual se caracteriza en gran medida por
la descentralización y la dispersión.
Este cambio de comportamiento, si bien pudo ser inimaginable
hace sólo dos décadas, no corresponde a una extraña anomalía capri-
chosa o patológica de carácter singular. Por el contrario, si se examina
lo que está ocurriendo en las otras grandes ciudades de la Comunidad
Económica Europea, se puede constatar que el comportamiento de Ma-
drid muestra bien claramente la forma en que esta ciudad se ha incor-
porado a un proceso general, aunque ello haya ocurrido con cierto re-
traso respecto a las más evolucionadas. Éstas sufrieron antes sus
grandes transformaciones y crecimientos caracterizados por fuertes au-
mentos de población y de concentración de actividades. Pero a ello ha
sucedido, desde los primeros años 70, una nueva situación en la cual
pierden población y empleo, en función de movimientos espontáneos
de descentralización a partir de ellas, dando lugar a un crecimiento im-
portante de ciudades menores próximas y a la formación de amplias pe-
riferias suburbanas en los alrededores de sus áreas metropolitanas. Ello
se corresponde con una reestructuración económica en la que las eco-
nomías de escala ya no regulan el comportamiento de la industria.
A nivel universal, estos procesos de desconcentración urbana es-
pontánea empezaron a ser advertidos en algunos de los países más in-
dustrializados, como Estados Unidos y Gran Bretaña, en los primeros
años 70, si bien algunos analistas habían anticipado su posibilidad algu-
nos años antes, como modelo futuro de desarrollo urbano. Pronto se-
rían estudiados y caracterizados como tendencia global y como nuevo
estadio del proceso universal de urbanización. Para algunos autores se
trataba de la aparición de una nueva forma de organización espacial
para la sociedad postindustrial.
322 Madrid

Desde entonces, el proceso ha ido extendiéndose, hasta llegar a


comprobarse en 1980, con carácter bastante general, el hecho de que el
crecimiento de las ciudades europeas se detenía en las áreas de más an-
tigua industrialización y se incrementaba en las regiones con naciente
predominio del sector terciario, así como en la periferia de las áreas ur-
banas y metropolitanas. Antes de acabar la década de los 70, la mayoría
de los países de la Comunidad Económica Europea había iniciado el
proceso. (Se trataba entonces de la Comunidad inicial, antes de su am-
pliación posterior con los países de industrialización más joven.) Ello
producía importantes alteraciones de las pautas tradicionales de locali-
zación de población y empleo. Y esa dispersión centrífuga de la pobla-
ción, junto con la de las actividades productivas, estaba provocando de-
cadencia económica y deterioro físico en las ciudades centrales. Porque
la pérdida de población y empleo es la manifestación visible de una
pérdida de protagonismo en la organización de las actividades humanas
por parte de las ciudades, una pérdida de la oferta de ventajas para el
asentamiento de esas actividades, que venía caracterizándolas desde ha-
cía varios siglos. Y ello no ocurre impunemente. Si las ciudades dejan
de ofrecer condiciones adecuadas para la localización de esas funciones,
dejan de ofrecer condiciones económicas de subsistencia a sus habitan-
tes, y éstos las abandonan. La pérdida de población y empleo va se-
guida entonces de la aparición de ciertos problemas sociales, económi-
cos y ambientales, tales como altos niveles de desempleo y pobreza,
deterioro físico, obsolescencia infraestructura!, segregación social y ago-
bio fiscal.
Un informe de la Comisión de la Comunidad de 1988 sostiene que
«el cambio de las ciudades, de ser imanes de crecimiento a ser focos de
declive, está íntimamente asociado con la transición desde un pasado
industrial a un futuro postindustrial» 4. De ahí que el cambio no puede
empezar a manifestarse significativamente mientras continúa la etapa de
desarrollo industrial, ya que durante ésta lo característico sigue siendo
el movimiento de concentración en los lugares de mayor potencial eco-
nómico con vaciamiento de los de menor. Por ello, la situación espa-
ñola fue caracterizada como incipiente por uno de los grandes expertos
mundiales, el profesor Peter Hall, que en 1985 decía:

4
Commission of the European Communities, Urban problems and Regional Policy in tbe
Europea» Communily, Luxemburgo, 1988.
Conclusión 323

en España, intuyo que el cambio no hace más que iniciarse. Durante


gran parte de los años 50 y 60, España tenía todas las características de
un país de reciente industrialización y esos países se caracterizan por un
movimiento continuo del campo a las ciudades. Pero durante los años
setenta, España alcanzó progresivamente la situación de un sistema in-
dustrial avanzado y es en ese momento, que se debe producir un cambio
de la centralización a la descentralización 5.

Posiblemente, la situación española no va tan deprisa, en general.


Los estudios de la Comunidad Económica Europea nos colocan siem-
pre a medias, con unos problemas de declive urbano incipiente en ciu-
dades de antigua industria, como Bilbao, Gijón y Aviles, pero mayorita-
riamente con problemas aún de crecimiento urbano. Y en relación
precisamente con Madrid, el informe ya citado, señala: «Muchas ciuda-
des españolas están pasando de la fase de manufactura pesada, directa-
mente a una economía dominada por los servicios. Madrid es un caso
clásico de ello.» Así pues, dentro del panorama general europeo, pode-
mos decir que Madrid se ha incorporado a un modo de evolución ya
conocido y experimentado con cierta anticipación por otras ciudades y
que, con toda seguridad, va a seguir en los próximos tiempos las mis-
mas pautas de conducta que han seguido éstas. Lo cual facilita no poco
la labor de intentar prever cómo va a ser su futuro, pues nada hace
pensar que los países menos industrializados de Europa no vayan a se-
guir las tendencias generales ya manifestadas en los que les han prece-
dido, salvo en caso de trastocarse las normales expectativas en función
de una gran crisis mundial. Pero en ese caso, no totalmente descartable,
entraríamos en una nueva situación mundial, con incógnitas mucho más
inquietantes que las referentes al futuro de la ciudad, que quedaría de-
pendiendo de ellas. El futuro de las ciudades europeas depende, en
efecto, directamente, del futuro de la economía general de Occidente, y
sólo en la hipótesis de que ésta continúe aproximadamente en la línea
en que va actualmente, tiene sentido conjeturar acerca de ese futuro ur-
bano. Pero a ésta hay que añadir una segunda hipótesis, relativa a la
continuidad de signo de la economía española, con su proceso expan-
sivo, que permita mantener y reafirmar la incipiente inserción de Ma-
drid en los circuitos económicos que entrelazan a las grandes ciudades
europeas.

5
P. Hall, «El impacto de las nuevas tecnologías sobre los cambios urbanos y regionales»,
en Metrópolis, territorio y crisis, Madrid, 1985, p. 67.
324 Madrid

Aceptadas tales hipótesis favorables, y la ausencia, por tanto, de


grandes sorpresas negativas en ese terreno, cabe hacer una previsión ra-
zonable acerca de las características principales con las que puede Ma-
drid entrar en el siglo XXI, a partir de las tendencias actuales. Ello su-
pone, por supuesto, asumir que las tendencias de las grandes
magnitudes van a continuar desarrollándose en el mismo sentido, lo
cual resulta razonable, dadas las premisas aceptadas, aunque, desde
luego, no exista ninguna predeterminación. De esa forma, la previsión,
inevitablemente, se perfila en gran medida como una caricatura (acen-
tuamiento de rasgos) de la ciudad actual, que puede ser más o menos
dura en función de la fe que pueda depositarse en la capacidad de miti-
gar esa acentuación tendencial, por medio de políticas adecuadas.
Los últimos datos disponibles indican que la población de la Co-
munidad de Madrid ha estado creciendo en el último decenio, encon-
trándose ésta entre las cinco regiones españolas que han tenido un au-
mento mayor de población. Lo más probable es que en el próximo siglo
pase de los 5.000.000 de habitantes. Pero al mismo tiempo, sabemos
que el municipio de la capital ha perdido en el mismo período casi un
cuarto de millón de habitantes. La continuidad de estas tendencias con-
duciría a un debilitamiento del peso demográfico de la ciudad central
en beneficio del resto de la comunidad, cuya población seguiría cre-
ciendo, aunque cada vez más débilmente. Por otra parte, la estructura
de la población y sus características de fecundidad, mortalidad, edad y
sexo, permiten prever un aumento importante de ancianos y una para-
lela disminución de jóvenes y niños. Al mismo tiempo, crecería también
notablemente el número de personas de edades intermedias, precisa-
mente las que nutren el contingente de población activa. No es necesa-
rio decir que las necesidades de atención a una tercera edad muy nu-
merosa plantearían problemas casi tan importantes como los derivados
de la demanda de trabajo por esa creciente población activa, que, sin
duda, va a ser uno de los temas cruciales del futuro de esta aglomera-
ción, al exigir un muy alto ritmo de creación de empleo.
Pero ese comportamiento de la población no puede considerarse
aisladamente. Está en relación con otros factores que obligan a contem-
plar paralelamente la evolución del mercado de trabajo en los sectores
más dinámicos y especialmente su localización. De hecho, ya hemos se-
ñalado la tendencia centrífuga espontánea que se da en la industria ma-
drileña, que también está inmersa en un proceso de desindustrializa-
Conclusión 325

ción de la capital y de periferialización de la actividad, la cual desborda


incluso el límite del territorio de la Comunidad de Madrid. Ello plantea
ya problemas fronterizos con comunidades autónomas vecinas, que ya
están exigiendo negociaciones intercomunitarias. No ocurre lo mismo,
tan claramente al menos (excepto en las actividades comerciales), con el
sector terciario, que mayoritariamente sigue las tradicionales pautas de
concentración en los lugares centrales de las grandes ciudades sin que
sea aún muy significativa en Madrid la formación de nuevos lugares de
localización, como los márgenes de las carreteras A-2 hacia el noreste y
A-6 hacia el noroeste, por su proximidad a aquéllas, ni sea muy previsi-
ble una fuerte continuidad de ello.
Así pues, a partir de esas tendencias actuales podemos aceptar
como primera caracterización del Madrid del próximo siglo una mayor
extensión de las superficies ocupadas por vivienda y por industria,
tanto en la periferia del Área Metropolitana, como en lugares más aleja-
dos, mientras que se acentuaría el carácter terciario del centro. Por ello,
aunque una parte de la población, la empleada en la industria, podría
aproximar vivienda y trabajo, otra parte mayor (puesto que la actividad
dominante se terciariza) no podría hacerlo y continuaría teniendo que
desplazarse diariamente entre centro y periferia, con la correspondiente
pervivencia de los problemas circulatorios.
Teniendo en cuenta las preferencias de modelo de vivienda que se
dan actualmente, y el tipo de industria característico de la reconversión
posterior a la crisis, puede afirmarse que, mayoritariamente, la expan-
sión urbana tendrá un carácter difuso, tanto por la dispersión de las
áreas ocupadas, como por su carácter discontinuo, como también por la
tipología edificatoria dominante, compuesta fundamentalmente de vi-
viendas unifamiliares y pequeñas naves, semiintegradas frecuentemente
con núcleos rurales en transformación. Unas veces se trataría de forma-
ciones suburbanas de carácter modesto, unidas a la dispersión de la in-
dustria y el comercio. Otras veces sería la continuación del proceso de
acceso a «la vivienda soñada», con su pequeño jardín y, tal vez, su pe-
queña piscina, por parte de una clase media encandilada hasta el en-
deudamiento vitalicio por los modelos de éxito social, y en otras ocasio-
nes sería la prolongación de las «urbanizaciones» residenciales de
mayor ambición, compuestas de viviendas unifamiliares aisladas en par-
celas grandes, para grupos sociales económicamente bien situados. Geo-
gráficamente, todas estas formaciones nuevas se situarían predominante-
326 Madrid

mente en prolongación de las direcciones ya marcadas anteriormente, al


oeste, noroeste y norte del Área Metropolitana, ampliándose también
ahora por el noreste.
Paralelamente, el agotamiento del suelo y su creciente precio en el
interior de la ciudad para albergar actividades terciarias darían lugar a
que continuase su aprovechamiento intensivo. Surgirían así nuevas ope-
raciones de compactación y verticalización para grandes edificios buro-
cráticos nuevos, y nuevas operaciones de renovación y rehabilitación
para viviendas de calidad. Probablemente habría más renovación (que
supone destrucción de lo preexistente para edificar en su lugar con ma-
yor intensidad) que rehabilitación (cuidadoso aprovechamiento de lo
existente) como reacción al exceso de proteccionismo, no siempre justi-
ficado, practicado desde la mitad de los años 80, como ya hemos seña-
lado. Pero, al mismo tiempo, ese mismo centro crecientemente terciari-
zado, tomado al asalto por las grandes empresas con sus edificios de
cristal, continuaría albergando (siempre a la espera del correspondiente
desalojo para otra operación de renovación) a una población de clase
media superviviente, pero en disminución, y a un conjunto de gentes
marginadas, o en proceso de marginación (jubilados, pensionistas, pe-
queños comerciantes, inmigrantes del tercer mundo, comerciantes de
sexo, vendedores de drogas, vagabundos, drogadictos y mendigos), para-
petadas a veces en edificios aún bien conservados, pero también otras
veces, en otros claramente deteriorados, o incluso en ruinas precinta-
das, en solares vallados, o sin lugar fijo.
Y situado entre ese centro compacto, donde conviviría el esplendor
con la miseria, y la periferia difusa suburbana en expansión, continuaría
estando el enorme espacio urbano aparecido en los años 50 a 70, con
su irremediable confusión, abigarramiento y banalidad, cuando no feal-
dad, a pesar de muchas bienintencionadas operaciones recientes y futu-
ras de remodelación y recualificación. Es ese espacio densamente po-
blado, compuesto reiterativamente por abrumadores conjuntos de
bloques paralelepipédicos independientes, separados por esos espacios
vacíos, de tan difícil mantenimiento en condiciones de mediana calidad
ambiental, dentro del cual quedaron embebidos los núcleos rurales
preexistentes. Las mayores porciones de él estarán habitadas por pobla-
ción trabajadora ligada a la industria, correspondiente a mano de obra
no cualificada, o cualificada en actividades poco dinámicas, con un por-
centaje variable, pero siempre presente y significativo, de parados. Pero
Conclusión 327

también seguirán coexistiendo fragmentos cualitativamente diferencia-


dos, ocupados por clase media más relacionada con actividades tercia-
rias. No es esperable que este tipo de espacio vaya a seguirse produ-
ciendo en la misma forma, aumentando su extensión. Las nuevas áreas
que se irán creando tendrán unas características formales y ambientales
muy diferentes, tanto por su menor densidad como por su concepción
del espacio, mucho más tratada y geométricamente clara. Mas el espa-
cio existente, en sus características fundamentales, es muy difícil que
pueda cambiar. Operaciones completas de remodelación de barrios,
para transformarlos enteramente, son excesivamente costosas como tra-
tamiento generalizado. Dotar de jardines, bancos, farolas y aceras enlo-
sadas los espacios entre bloques podrá dignificar algo su aspecto, pero
no aliviar la congestión general. La creación de dotaciones escolares
culturales, deportivas y recreativas ya iniciada, podrá continuar gene-
rando en muchos sitios un sentimiento vecinal de interés por el propio
espacio, mitigando los síntomas de anomia y desarraigo. Pero es difícil
que muchos de estos espacios, con alta proporción de población juvenil
desmotivada, profesionalmente no cualificada, con bajas expectativas de
integración laboral estable, puedan remontar su actual situación de ais-
lamiento y marginación respecto a la vida económica, social y cultural
de la ciudad y salir del horizonte vital de la economía informal o la de-
lincuencia.
Como puede verse, se deduce de lo dicho que la aglomeración ur-
bana madrileña continuaría presentando un carácter notablemente dife-
renciado en cuanto a la distribución espacial de población y activida-
des, manteniéndose la segregación social y funcional heredada, al
continuar la desigualdad económica y cultural entre las dos grandes
áreas tradicionalmente diferentes. Parece que, para la política econó-
mica española, de la que tan directamente dependen factores decisivos
del futuro de Madrid, el mantenimiento de la desigualdad es el precio
del rápido desarrollo económico que es absolutamente necesario conse-
guir para no caer en insostenibles tasas de desempleo. Ello justificaría la
prioridad de las inversiones infraestructurales, por ejemplo, sobre las de
carácter asistencial a la vejez y a la marginación. Igualmente es previsi-
ble, como ya hemos indicado, que continúen los graves problemas de la
movilidad interna. En efecto, el mantenimiento (o incluso el creci-
miento) de su capacidad de empleo por parte del centro fuertemente
terciarizado, al mismo tiempo que la creciente localización externa de
328 Madrid

la población, sólo puede redundar en aumento de la diaria entrada y sa-


lida de quienes viven fuera y trabajan dentro de ese centro. A lo que
hay que sumar el aumento previsible de la proporción de empleos ge-
nerados por el sector terciario, frente a los creados por la industria. Y
además, el aumento del índice de motorización que, casi con toda segu-
ridad, llegará a ponerse a principios del próximo siglo en la tasa de un
vehículo por familia.
Así pues, tendencialmente, Madrid se perfila para el próximo siglo
como una de las grandes aglomeraciones meridionales europeas, for-
mada por un centro terciario denso y vital, una confusa semicorona me-
tropolitana industrial y una periferia suburbana extensa y dispersa por
toda la región. Sus problemas y aspectos negativos fundamentales esta-
rían relacionados principalmente con el desempleo juvenil de larga du-
ración, con la segregación social y funcional (mantenida por la desigual
dotación de facilidades culturales), desigual distribución espacial de las
facilidades, así como con la creciente inmigración de africanos, y con el
deterioro ambiental, tanto interior como exterior, producido por el alto
grado de contaminación atmosférica y por el progresivo deterioro del
paisaje urbano y del natural periférico.
Esta aglomeración de 5.000.000 de habitantes no sería una ciudad-
región, en el sentido en que el término fue acuñado por la literatura an-
glosajona especializada. La macrocefalia que le caracteriza actualmente,
como hemos señalado en la presentación, no habrá desaparecido para
dar paso a la realidad multinuclear, con varias ciudades de papeles
complementarios, que es lo que, por el contrario, determina la natura-
leza de aquélla. Porque el proceso histórico de formación de Madrid ha
configurado ese resultado espacial de alta concentración central, que lo
marcará para el resto de sus días. La de región metropolitana se confirma,
pues, para el futuro como una designación bien elegida.
Pero hemos estado hablando exclusivamente de una visión tenden-
cial. Es decir, de un futuro de Madrid derivado exclusivamente de la
continuidad de las tendencias actualmente en curso. Y ello, como ha-
bíamos anunciado, nos ha conducido, por acentuación de rasgos actua-
les, a una especie de caricatura de la ciudad actual. Ahora tendríamos
que preguntarnos acerca de la forma en que ese futuro tendencial po-
dría ser voluntariamente alterado a través de la introducción de accio-
nes intencionadas, que incidiesen en el desarrollo de los acontecimien-
tos, modificando parcialmente su rumbo. Es claro que ello sería posible,
Conclusión 329

puesto que no estamos ante un proceso totalmente predeterminado,


que vaya a producirse en función de una ciega fatalidad. Porque la ciu-
dad es mucho más un artefacto que un ser viviente y, por tanto, frente a
la evolución natural cabe la manipulación y frente a su crecimiento or-
gánico cabe su proyecto y su construcción.
Pero para ello hace falta que exista el proyecto y que haya medios
para su construcción. Lo cual remite al terreno de la política. Que el fu-
turo de Madrid pueda ser diferente de aquel al que apuntan las tenden-
cias actuales, depende de la política que se instrumente para ello y de
los medios que se le dediquen. Hay variables importantes que determi-
nan ese futuro, que están directamente relacionadas con procesos gene-
rales de ámbito muy superior al regional y que, por ello, son difícil-
mente asequibles a los niveles en que se toman las decisiones de la
política local. Son datos del problema. Pero a partir de esos datos se
puede actuar de diversas formas. Es seguro que el problema del paro
juvenil de Madrid depende menos de cualquier medida de política re-
gional o local, que de la política económica nacional. Y lo mismo puede
decirse del ritmo al que va a producirse la inmigración de africanos, o
de la evolución y transformación de la industria o de la elección de Ma-
drid como base de operaciones de muchas multinacionales. Pero el
mantenimiento o agravamiento de la tradicional segregación social y
funcional sí puede ser combatido a nivel regional y local, lo mismo que
el aumento de la concentración terciaria en el centro, con su secuela de
movimientos diarios pendulares de población periférica. En ese sentido
puede hablarse de la viabilidad de acciones intencionadas, que podrían
contrarrestar la dirección de las líneas tendenciales anteriormente con-
sideradas. Lo cual nos lleva a considerar, y no es una paradoja, una
nueva línea tendencial de naturaleza diferente: la orientación de las po-
líticas en curso, con incidencia futura en el desarrollo de la aglomera-
ción madrileña.
Hay una creciente conciencia de que Madrid no puede dejar de
aprovechar la oportunidad que se le ofrece de llegar a ser una ciudad
completamente competitiva a nivel internacional, capaz de atraer sobre
sí un conjunto de inversiones productivas que vitalicen su economía. Y
puede estar en camino de serlo, aunque los análisis comparativos de su
situación, respecto a la que ofrecen las grandes ciudades europeas más
dinámicas, manifiestan la existencia de numerosos temas críticos que
habrían de corregirse. Entre ellos, aparece enseguida el problema de la
330 Madrid

circulación que, como venimos diciendo, está directamente relacionado


con el de la desequilibrada localización de las actividades y la vivienda.
También se constata la carestía y escasez de superficie edificada desti-
nada a vivienda y oficinas, relacionada con la saturación de usos tercia-
rios en el centro. Y también el déficit de equipamientos colectivos espe-
cializados, los problemas de falta de integración social y la baja calidad
medio ambiental de los espacios urbanos y periféricos. Y también,
cómo no, se acusa una cierta falta de imagen de esta ciudad, que pode-
mos poner en relación con los problemas que hemos llamado anterior-
mente de personalidad.
Consecuente con aquella conciencia y con el conocimiento de estos
factores negativos que actúan como limitaciones, existe también un ge-
neralizado deseo de que puedan llegar a ser superados, por lo cual se
ha venido abriendo camino un conjunto de actitudes políticas y sociales
que abogan por la realización de esfuerzos conducentes a esa supera-
ción. Y ello está llevando a la formulación de previsiones, propuestas y
estrategias de actuación que pasan por proyectos muy concretos y por
realizaciones que ya están en marcha, que van a condicionar el futuro
de Madrid. La magnitud y complejidad del tema hace que los tres nive-
les de la administración estén directamente implicados: los ayuntamien-
tos, la Comunidad Autónoma y el Estado, con un entramado adminis-
trativo en que se entrelazan las competencias de modo no siempre
satisfactorio. Y es precisamente de ese entramado, de donde parten
tanto las realizaciones en marcha, como las estrategias para el futuro.
Ya hemos hablado de la colaboración de los tres niveles en la defi-
nición y realización de la nueva red viaria que ha llevado a la construc-
ción de la M-40, a la realización de nuevos tramos de carretera, al en-
sanchamiento de otros, o a su desdoblamiento, y también al inicio de
algunos tramos de la M-50. Esta será la gran arteria perimétrica del Ma-
drid del siglo xxi, que facilitará la movilidad regional, de acuerdo con la
intención de descentralización y reparto de actividades por todo el te-
rritorio, que se está poniendo en marcha desde la Comunidad de Ma-
drid. Porque dentro de la política que desarrolla esta joven administra-
ción, se ha concedido un papel importante a la definición de una
ordenación territorial, cuyos principales objetivos (y ya muchas realiza-
ciones) van en esa línea. La nueva red viaria es concebida como soporte
canalizador del incesante movimiento de personas y mercancías por un
amplio territorio que caracteriza a estos entes urbano-territoriales de las
Conclusión 331

sociedades postindustriales. Pero a esta actuación en marcha, obligada


por la creciente demanda de movilidad y por su proyección hacia el fu-
turo, se une la política de intensificación del transporte colectivo, que
día a día avanza en la prolongación o apertura de nuevos tramos de la
red de ferrocarriles de cercanías. Se produce así una oferta creciente de
un modo de transporte alternativo al vehículo privado, altamente eficaz
en la reducción de los conflictos de accesibilidad por carretera y de
congestión interior. Y esta política de transportes aparece directamente
relacionada con una estrategia de localización de actividades que va en-
caminada a fomentar el desarrollo económico en determinados puntos
del territorio especialmente desvitalizados, y a equilibrar la distribución
de equipamientos de todo tipo. Para ello, no sólo se determinan las
áreas correspondientes sino que se actúa mediante inversiones públicas
de la propia Comunidad o de los otros niveles de la administración (la
Comunidad lleva invertidos más de 40.000 millones de pesetas en ad-
quisición y urbanización de suelo para esas operaciones), creando el so-
porte infraestructural para el asentamiento de las actividades. De
acuerdo con la terminología empleada en los documentos, se trata de
crear «áreas de centralidad» y «áreas de oportunidad». Están destinadas
las primeras a ofrecer localización alternativa a la demanda de espacios
para las actividades económicas y directivas que tienden a localizarse en
el centro de las ciudades. Mientras que las segundas son reservas estra-
tégicamente localizadas para destinar a los usos que vayan revelándose
necesarios. La intención es la de producir una «difusión de la centrali-
dad», para conseguir una ciudad más policéntrica y equilibrada. Por
ello se añade también una localización de grandes equipamientos nue-
vos (hospitales, universidades, parques metropolitanos...) y una política
de vivienda (con el énfasis puesto en las viviendas de protección oficial
y precio tasado) en localizaciones intencionadamente buscadas.
Realmente, es difícil no estar de acuerdo con este planteamiento,
después de conocer la problemática actual de la aglomeración metropo-
litana. La única duda que plantea no se refiere a su concepción, sino a
su viabilidad económica, lo que, nuevamente, conduce el tema a un te-
rreno puramente político, en el que se deciden las prioridades presu-
puestarias. En cualquier caso, el Madrid del próximo siglo va a estar
condicionado por la forma en que se lleve adelante ese programa y lo
está ya por algunas de las operaciones emprendidas como la termina-
ción de la M-50, la creación del Parque Empresarial de Las Rozas, con
332 Madrid

su atractiva y ordenada oferta de suelo para instalación de actividades


directivas, o la creación de la Universidad Carlos III, en Getafe y Léga-
nos, llevando la oferta cultural a las carentes áreas del sur.
El problema es diferente en el nivel municipal, dentro del que no
cabe la posibilidad de una alteración global de todo el territorio regio-
nal, ni una actuación estratégica, desde una visión de conjunto. Esa vi-
sión, cuya necesidad era tan tontamente negada hace sólo 10 años por
tantos irreflexivos defensores de la mal entendida autonomía municipal.
Por eso, el conjunto de los planes de ordenación de cada municipio,
que forman un mosaico de previsiones locales, va siendo sometido a las
obligadas modificaciones que exige la visión de estructuración global,
introduciendo las operaciones estratégicas puntuales necesarias. En ese
contexto, como pieza central excepcional se encuentra el municipio de
la capital, cuyo Plan General de Ordenación Urbana está seriamente
cuestionado, habiéndose iniciado los trabajos para su revisión, la cual
habrá de incorporar algunas de esas operaciones estratégicas situadas
en el término municipal, como el Recinto Ferial del Campo de las Na-
ciones, la ampliación del aeropuerto de Barajas o el nuevo centro direc-
tivo de Campamento, impulsando el desarrollo de toda una nueva área
urbana en el lugar que ocupan las actuales instalaciones militares, con
su previsto Parque Empresarial y su nuevo campus universitario. Por-
que el problema fundamental que plantea el planeamiento urbano de
Madrid es antiguo. Se encontraron con él ya desde 1931, como hemos
tenido ocasión de ver. Pero con el paso del tiempo y lo ocurrido entre
tanto, no ha hecho más que multiplicar su importancia. Es, sencilla-
mente, el de la imposibilidad de establecer las líneas del futuro de la
ciudad, sin tener en cuenta todo lo que pasa en ese amplio ámbito terri-
torial exterior al ámbito del propio plan (es decir, al término municipal
de Madrid), en el cual se está jugando, en gran medida, el futuro de esta
ciudad. Por ello es absolutamente imprescindible que la revisión del
plan general esté coordinada con la estrategia de ordenación del territo-
rio de la Comunidad, que las opciones básicas sean las mismas y que no
existan planteamientos contradictorios. Piénsese, por ejemplo, en lo que
supondría, en relación con todo lo que hemos venido viendo, que con
estrechas y alicortas miras de intereses económicos locales la política
municipal se orientase hacia la potenciación de la concentración tercia-
ria en el centro de la capital, propiciando una manhatanización del
mismo.
Conclusión 333

Pero con independencia de las orientaciones generales que puedan


presidir esa revisión del plan general, en relación con el desarrollo del
sector terciario en el municipio, o de las previsiones sobre el suelo in-
dustrial, o sobre la política de vivienda, merece la pena recordar que
también dentro del municipio, y a cargo del ayuntamiento, están en vías
de desarrollo algunas operaciones estructurales y regeneradoras, que
también van a contribuir a configurar el Madrid del siglo xxi, mejo-
rando notablemente algunas de sus partes y elementos. Algunas, ya cita-
das, forman parte de la estrategia territorial de ámbito supramunicipal,
aunque se localicen dentro del municipio. Otras son plenamente loca-
les, como la del Parque Lineal del Manzanares (un hermoso proyecto
de convertir las márgenes del río, al norte y al sur de la ciudad, en una
gran zona verde dotada de equipamientos recreativos) o la del Pasillo
Verde Ferroviario (que, también en forma de parque lineal, acompañará
al enlace de la Estación del Norte con la de Atocha).
Pero, como ya hemos dicho, no basta con el proyecto. Son necesa-
rios los medios para construirlo. Es mucho lo que se está haciendo, mas
no podemos saber si el ritmo de las inversiones es suficiente para que
pueda lograrse ese generalizado objetivo de que Madrid llegue a ser en
el siglo XXI la tan reiteradamente proclamada «eficaz y competitiva» me-
trópoli europea, inserta, sin lugar a dudas y sin vuelta atrás, en los cir-
cuitos mundiales de decisión económica. Cuando se compara, a pesar
de toda la carga de subjetividad que ello comporta, el aspecto general
directamente aprehensible en la realidad cotidiana de Madrid, con el
que nos ofrecen muchas, demasiadas, ciudades europeas mucho meno-
res y económicamente menos significativas, no puede evitarse que apa-
rezca cierta extrañeza y perplejidad, ante eso que dicen los indicadores
de algunos estudios científicamente elaborados que llegan a situar a
Madrid en el cuarto lugar de las grandes ciudades europeas, sólo detrás
de Londres, París y Milán. Indicadores sobre relaciones internacionales,
comunicaciones, poder económico, investigación y.tecnología, y función
cultural. Y clasificaciones que sitúan a Madrid entre las ciudades euro-
peas con un «nivel modesto de problemas socioeconómicos». No es ésa,
desde luego, la impresión subjetiva que se obtierie deambulando por
Madrid, ni es tampoco un diagnóstico compaginable con los más serios
estudios realizados dentro de casa. El optimismo es actitud básica fun-
damental para la acción decidida, y está bien que presida la actividad
de las instituciones de las que depende el futuro de Madrid. Pero ello
334 Madrid

no debe hacer olvidar la realidad evidente de las insuficiencias presu-


puestarias para forzar los ritmos de la transformación. Lo cual, con in-
dependencia de los demás caminos que puedan utilizarse, evoca el viejo
tema de la subvención por capitalidad, que sólo durante la Segunda Re-
pública llegó a concederse a Madrid.
Es éste un tema de gran inoportunidad política, en el momento en
que la construcción del Estado de las Autonomías requiere el máximo
tacto en relación con ese otro viejo tema del centralismo madrileño, au-
tobenefactor a expensas de los demás, que frecuentemente lleva a algu-
nos a la proposición contraria: que sea Madrid quien pague por ser la
capital.
Desde una actitud serena y objetiva, y con independencia de esa
inoportunidad política, parece que el tema merecería alguna reflexión
seria, mientras aquí siga habiendo un único Estado, con una capital
Conclusión 335

ante la Comunidad Económica Europea y ante el resto del mundo. Una


mínima coherencia exigiría que esa capital única fuese algo más digna y
representativa.
Conjeturar acerca del futuro es siempre un ejercicio arriesgado.
Como sabemos, la historia no permite la predicción científica, sólo la
«posdicción». El margen de incertidumbre respecto al futuro de cual-
quier ciudad debe ser reconocido como importante. Como ha dicho
Peter Hall,

las grandes ciudades del mundo nos han engañado en el pasado y segui-
rán, sin lugar a dudas, engañándonos en el futuro, incluso a los que so-
mos lo bastante atrevidos para llamarnos urbanistas profesionales 6.

A pesar de ello, un cuadro bastante parecido al que hemos trazado


acerca del futuro de Madrid tiene bastantes probabilidades de realidad,
siempre que se mantengan las hipótesis de partida. Un cuadro que, para
que resulte más ajustado, habrá que considerar como una combinación
de la visión tendencial con la intención correctora. Es decir, lo más pro-
bable es que la realidad nos depare una continuidad de las tendencias
coexistiendo con una acción voluntarista correctora, de mayor o menor
intensidad incisiva, pero siempre insuficiente, que nunca llegará a alcan-
zar plenamente sus objetivos. En el mejor de los casos, sería pueril pen-
sar que Madrid puede entrar en el siglo xxi, habiendo eliminado de su
cotidianidad la incomodidad, el malestar y la injusticia, puesto que és-
tos son, en gran medida, atributos característicos del tipo de ciudad co-
rrespondiente al modelo de sociedad en la que, desgraciadamente, pa-
rece que nos hemos metido.
¿Existe alguna alternativa? No en el horizonte previsible. Del
mismo modo que las tendencias espontáneas pueden ser alteradas por
la acción política, las tendencias que configuran esa acción política po-
drían ser, a su vez, alteradas por unas actitudes ideológicas diferentes,
que cambiasen las prioridades actualmente definidas, diesen mucho
más énfasis al tratamiento de las diferencias sociales y, en definitiva, nos
apartasen de aquel modelo de sociedad. Pero ello, según parece, sería
por ahora nadar a contracorriente del momento histórico universal, y
por tanto, resulta poco atractivo y poco previsible.

6
P. Hall, op. al., p. 77.
APÉNDICES
CRONOLOGÍA

300.000 a 200.000 a. C. Abundantes pruebas arqueológicas de existencia de ho-


mínidos en el territorio comprendido entre los valles del Henares y el Jarama.
3.500 a 2.000 a. C. Pruebas arqueológicas de asentamientos humanos preurbanos
en el mismo territorio.
1.500 a. C. Pruebas arqueológicas de existencia de actividad agrícola, trabajo del
metal y asentamientos humanos semiurbanos.
Siglo vil a siglo V a. C. Pruebas arqueológicas de continuidad de poblamiento en
ese territorio, con aparición de «castros» y «acrópolis» (primeros asentamientos
urbanos).
Siglo II a. C. Se inicia el dominio romano sobre ese territorio, con aprovecha-
miento de asentamientos indígenas preexistentes.
Siglo II d. C. Múltiples yacimientos acreditan la romanización, sin núcleos urba-
nos importantes.
Siglos m y iv. Aparición de villae y casas de campo en los valles del Henares y del
Jarama, así como en Villaverde y Carabanchel.
Siglo v. Consolidación del asentamiento visigodo en este territorio.
Siglo vil. Posible aparición de un vicus (cerca del emplazamiento actual del Pala-
cio Real) dotado de abundante agua, hipotéticamente denominado, por ello,
Matrice.
Siglos vm y ix. Existencia probada de un Madrid de origen visigodo dominado
por los árabes.
Siglo IX. Bajo el emirato de Muhamid I, el gobierno de Córdoba crea una fortifi-
cación en el lugar donde se encontraba Matrice. El nombre queda traducido:
Mayrit.
932. Las crónicas cristianas dan cuenta del ataque de Ramio II a Mayrit (que lla-
man Magerit).
1085. Alfonso VI conquista Magerit para la cristiandad.
1152. Determinación del territorio propio de Magerit por Alfonso VIL
1202. Fuero de Alfonso VIII. La ciudad cuenta con nueva muralla.
1217. San Francisco de Asís instala su convento extramuros, al sur.
1262. Fuero de Alfonso V.
340 Madrid

1309. Se celebran Cortes en Madrid, por primera vez.


1345. Primera referencia documental a la existencia de un puente sobre el rio
Manzanares en lugar próximo al posterior llamado de Segovia.
1399. Enrique III recibe el Sitio de El Pardo como propiedad de la Corona de
Castilla.
1436. Primera referencia documental a un puente sobre el rio Manzanares, en lu-
gar próximo al posterior llamado de Toledo.
1464. Creación de una plaza para mercado, extramuros.
1476. Isabel la Católica inicia su reinado desmantelando la muralla.
1506. El cardenal Cisneros, regente, instala su gobierno en Madrid.
1561. Felipe II instala la corte en Madrid.
1566. Se inicia la construcción de la cerca de la ciudad.
1584. Se inicia la construcción del puente de Segovia por Juan de Herrera.
1590. Madrid duplica la extensión territorial encerrada por la cerca de 1566.
1601. Traslado de la corte a Valladolid.
1606. Regreso de la corte a Madrid.
1617. Se inicia la construcción de la plaza Mayor.
1625. Se inicia la construcción de la nueva cerca por orden de Felipe IV.
1630. Se inicia la construcción del Palacio del Buen Retiro.
1635. Se imprime el plano llamado de Wit.
1656. Se imprime el plano de Teixeira.
1726. Se inicia la construcción del Hospicio (hoy Museo Municipal).
1732. Se inaugura el puente de Toledo, proyecto de Ribera.
1734. Destrucción, por incendio, del Palacio Real.
1749. Planimetría general de la Villa.
1752. Catastro del marqués de la Ensenada: 109.752 habitantes.
1764. Inauguración del nuevo Palacio Real.
1785. Se inicia la construcción del paseo del Prado.
Se inicia la construcción del Museo del Prado.
Se imprime el plano de Tomás López.
1786. Censo de Floridablanca: 156.672 habitantes.
1808. Resistencia ciudadana a la dominación francesa. Fusilamientos del 2 de
mayo. Napoleón Bonaparte en Madrid.
1816. Construcción de la puerta de Toledo dedicada a Fernando VIL
1831. Se inicia la construcción del Teatro Real.
1835. Se inicia la Desamortización de Mendizábal.
Madrid alcanza los 200.000 habitantes.
1843. Construcción del Congreso de los Diputados.
1848. Plano de Coello.
1850. Inauguración del ferrocarril Madrid-Aranjuez.
1851. Se inicia la construcción del Canal de Isabel II.
1856. Construcción de la estación del Norte.
1858. Inauguración de la traída de aguas por el Canal de Isabel II.
Aprobación inicial del plano de Ensanche de Castro.
Derribo de la cerca de Felipe IV.
Cronología 341

1859. Inauguración del ferrocarril Madrid-Zaragoza.


Trazado de la plaza de la Puerta del Sol.
1875. Impresión de la primera hoja (correspondiente a Madrid) del mapa nacio-
nal a escala 1:50.000.
Madrid alcanza los 400.000 habitantes.
1884. Se inicia la construcción del edificio del Banco de España.
Construcción de la Biblioteca Nacional.
1895. Se inicia la construcción de la Ciudad Lineal.
1898. Se inauguran los primeros tranvías eléctricos.
1900. Madrid alcanza los 500.000 habitantes.
1901. Se inaugura el parque del Oeste.
1905. Edificio de la Unión y el Fénix (hoy Metrópolis).
1909. Puente de la Reina Victoria.
1910. Se inicia la apertura de la Gran Vía.
Construcción del hotel Ritz.
1912. Construcción del hotel Palace.
1916. Ciudad Jardín Alfonso XIII.
1918. Monumento al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles.
1919. Se inaugura el metropolitano.
Palacio de Comunicaciones (Correos).
1924. Palacio de la Música.
1926. Edificio de la Telefónica.
1927. Se inicia la construcción de la Ciudad Universitaria.
Ídem de la necrópolis del Este (Almudena).
1928. Barriada de La Prosperidad.
1929. Colonia de la Residencia.
1931. El primer ayuntamiento republicano traspasa la propiedad real de la Casa
de Campo al pueblo de Madrid.
1932. Plan de Extensión.
Casa de las Flores.
1933. Colonia de El Viso.
Edificio Capítol.
1940. La población de Madrid es de 1.037.924 habitantes.
1942. Plan General de Ordenación, con ampliación del término municipal.
Museo de América.
1950. Inauguración del Edificio España, primer rascacielos de Madrid.
Población de Madrid: 1.500.000 habitantes.
1951. Se inicia la construcción del escurialense Ministerio del Aire.
1955. Se inicia la construcción de los Poblados de Absorción.
1957. Se inicia la construcción del Centro Comercial de la Castellana (AZCA).
1960. Población de Madrid: 2.177.123 habitantes.
1963. Plan General del Área Metropolitana.
1966. Construcción de la gran presa de El Atazar.
1968. Torres Blancas.
342 Madrid

1970. Población de Madrid: 3.120.941 habitantes.


Población del Área Metropolitana: 3.500.000 habitantes.
1972. Se inaugura el nuevo parque Zoológico.
Se inician las obras de Tres Cantos.
1974. Inauguración de la avenida de la Paz (Abroñigai) y de la avenida del Man-
zanares, constituyendo la M-30.
1976. Construcción de la estación de Chamartín.
Edificio de Bankiter.
1977. Jardines del Descubrimiento y Centro Cultural Villa de Madrid.
1978. Banco Bilbao Vizcaya.
1979. Edificio Adriática.
1980. Madrid tiene 3.158.818 habitantes y el Área Metropolitana 4.500.000.
Comienza la construcción de la torre Picasso.
1982. Se inaugura Mercamadrid, mercados centrales.
1983. Madrid, capital de la Comunidad Autónoma.
1984. Patos y carpas son soltados en el río Manzanares, que ha recobrado condi-
ciones adecuadas.
1985. Plan General de Ordenación Urbana del municipio de Madrid.
1986. Reforma de la Puerta del Sol.
1987. Reforma de la glorieta de Carlos V.
1988. Reordenación y construcción de la Gran Vía de San Francisco.
Construcción de la avenida de la Ilustración.
1989. Iniciación de la construcción del nuevo Recinto Ferial (Campo de las Na-
ciones).
1990. Población de Madrid: 2.909.792 habitantes. Comunidad Autónoma:
4.845.851.
1991. Entrada en funcionamiento del Parque Empresarial de Las Rozas. Aper-
tura del parque del Olivar de la Hinojosa.
Comienza la construcción de las torres de la plaza de Castilla.
BIOGRAFÍAS

Felipe II. Nacido en Valladolid en 1527, se ocupó personalmente, siendo todavía


príncipe heredero, de la mejora del Palacio Real de Madrid. En 1561, ya rey,
ordenó el traslado de la Corte desde Toledo, con lo que Madrid inició el
enorme proceso de crecimiento que la transformó en poco tiempo en la mayor
ciudad española y la consolidó como capital. Pero el egocéntrico monarca no
se planteó el engrandecimiento y dignificación de la ciudad, volcando su cono-
cido interés por la arquitectura en el Monasterio de El Escorial, donde murió
en 1598.

Felipe III. Nació en Madrid en 1578. Aunque al iniciar su reinado llevó la Corte a
Valladolid, su decisión de reinstalarla en Madrid con carácter definitivo tiene
tanta o más importancia que la de su padre para el desarrollo de la ciudad. Es
entonces, en efecto, cuando ésta adquiere realmente su carácter de Capital del
Imperio, con el monarca instalado en ella, e inicia una transformación dignifi-
cadora muy importante a instancia del propio rey madrileño, que muere en su
ciudad, en 1621, sin lograr su deseo de dotarla de catedral.

Juan Gómez de Mora. Nacido en Cuenca en 1586, es el artífice indiscutible de la


transformación de Madrid durante el reinado de Felipe III y parte del de su
sucesor, Felipe IV. Nombrado Arquitecto Mayor en 1611, desarrolló una in-
gente labor arquitectónica y urbanística, con unidad de visión y estilo, que
dotó a la ciudad de una nueva personalidad. Además de supervisar todo lo que
se construía, y de dictar todas las normas de edificación, embellecimiento y sa-
nidad, se ocupó personalmente de modernizar el Palacio Real, construyó la
Plaza Mayor, el palacio de la Plaza de Santa Cruz, el Ayuntamiento, iglesias y
conventos, palacios y casas, reformó calles, abrió plazas, proyectó fuentes, puer-
tas y monumentos... Murió en Madrid en 1648.

Pedro de Ribera. Es el gran artífice del Madrid barroco de principios del siglo
xvm, que se transformaba bajo una nueva dinastía. Su imaginación y su talento
plástico enriquecieron la ciudad, especialmente entre 1720 y 1735, con edifi-

344 Madrid

cios tan singulares como el antiguo Hospicio (hoy Museo Municipal), el Cuar-
tel del Conde Duque, el Palacio del Marqués de Ugena (hoy Cámara de la Pro-
piedad) y la iglesia de Montserrat. También hizo fuentes tan bellas como la de
La Fama y tratamientos urbanísticos de conjunto, como el paseo, alameda y er-
mita de la Florida, o los alrededores ajardinados del Puente de Toledo, éste
también obra suya.

Carlos III. Cuando en 1760 llegó a ser rey de España, ya había mostrado en Ñapó-
les su interés por la arquitectura y el urbanismo, como buen monarca del Siglo
de las Luces. Pasa por ser el rey que más se ocupó de Madrid, tanto para digni-
ficarlo y embellecerlo como para hacerlo más limpio, habitable y culto. Promo-
vió la construcción de colectores de saneamiento, de los que la ciudad carecía,
así como el empedrado de las calles y la instalación del alumbrado público en
ellas. Se preocupó personalmente del tratamiento paisajístico de las márgenes
del río y de los paseos arbolados que se trazaron y se plantaron para bajar a él
desde las puertas de la ciudad. Ordenó comenzar la construcción del Canal del
Manzanares, que habría de hacer posible la navegación desde Madrid hasta
Aranjuez, Toledo y tal vez Lisboa. Puso en marcha la creación del gran eje ur-
bano monumental del Paseo del Prado, con el Museo, las fuentes de Cibeles,
Apolo y Neptuno, y el Jardín Botánico. Durante su reinado Madrid adquirió,
sin duda, más aspecto de ciudad europea. Murió en El Escorial en 1788.

Francisco Sabatini. Traído por Carlos III de Italia, fue Arquitecto Mayor y hombre
de confianza del rey durante un reinado especialmente rico en realizaciones ar-
quitectónicas y urbanísticas. A partir de 1761 puso en marcha los programas de
modernización, higiene y embellecimiento (pavimentación, saneamiento, ilumi-
nación, jardinería...) y ejerció una profunda influencia en la arquitectura de Ma-
drid. Aparte de edificios tan importantes como el actual Ministerio de Ha-
cienda, San Francisco el Grande y el Hospital de Atocha, Madrid le debe la
emblemática Puerta de Alcalá, construida en 1778. Murió en Madrid en 1798.

Juan de Villanueva. La serie de grandes arquitectos que enriquecieron Madrid con


sus obras durante el siglo xvm (Ventura Rodríguez, Francisco Sabatini, Benito
de Churriguera...) tiene una figura señera en el autor del Museo del Prado, el
Observatorio Astronómico y el Jardín Botánico. Desde 1786 hasta 1811, fecha
de su muerte, Villanueva fue Arquitecto y Fontanero Mayor de Madrid, proce-
diendo a la terminación del Ayuntamiento y a la reconstrucción modificada de
la Plaza Mayor (parcialmente destruida por un voraz incendio) en la forma que
actualmente tiene.

Juan Bravo Murillo. Extremeño nacido en 1803, exitoso abogado de sólida forma-
ción, catedrático de Filosofía de Sevilla durante el reinado de Fernando VII,
accede a la política durante la Regencia de María Cristina, militando en las filas
conservadoras y acrecentando su prestigio como jurista. Reinando ya Isabel II
fue ministro, en sucesivos gobiernos, de Justicia, Comercio, Instrucción, Obras

Biografías 345

Públicas y Hacienda, organizando la puesta en marcha del sistema nacional de


ferrocarriles. Nombrado presidente del Gobierno en 1851, arbitró los medios
necesarios para la construcción de esa obra trascendental para el desarrollo de
Madrid, que fue el Canal de Isabel II, que llevó el agua del Lozoya a la ciudad
en 1858, cuando Bravo Murillo estaba ya apartado de la política. Murió en Ma-
drid en 1873.

Ramón de Mesonero Romanos. Nacido en Madrid en 1803, dedicó prácticamente


su vida a esta ciudad, en tres frentes muy interrelacíonados. Como sagaz obser-
vador y erudito historiador, publicó la primera verdadera guía, Manual de Ma-
drid, que era al mismo tiempo una historia y un repertorio monumental, así
como otros numerosos escritos sobre la situación de la ciudad y su historia.
Esa misma capacidad de observación, aliada con su ideología conservadora, dio
lugar a su obra de escritor costumbrista, propulsora de un casticismo madrile-
ñista de perdurable éxito. Finalmente, sus observaciones y críticas, le llevan a
la proposición de acciones concretas de mejora de la ciudad, cuya realización
pudo acometer una vez convertido en concejal del Ayuntamiento. Murió en
Madrid el año 1882.

Ángel Fernández de los Ríos. Periodista, escritor, editor, conspirador, revoluciona-


rio, autor de otra guía de Madrid y promotor de numerosas reformas urbanísti-
cas que deberían ser realizadas para obtener un «Futuro Madrid» grandioso,
aprovechando la situación creada por la revolución de 1868. Después de ésta
fue nombrado Concejal encargado de Obras Públicas del Ayuntamiento de
Madrid, dando a la acción de la corporación un impulso renovador, si bien
muy parcial y limitado, en relación con su ambiciosa visión. A él se debe la cir-
cular Plaza de la Independencia, alrededor de la Puerta de Alcalá y el paso del
Parque del Retiro de propiedad real a bien público. Murió en París en 1880,
exiliado ante la Restauración.

Carlos María de Castro. Ingeniero de Caminos que, por encargo del Gobierno, pre-
paró en 1857 el Proyecto de Ensanche de Madrid, que fue aprobado por Real
Decreto en 1860. Constituyó un documento de trascendental importancia para
el desarrollo de la ciudad, a pesar de las muchas modificaciones, siempre para
empeorarlo, que sufrió en su materialización, a consecuencia de las presiones
de los propietarios y la complacencia municipal hacia ellos. La obra de Castro
marca decisivamente la formación de Madrid, a través de su larga y espinosa
gestión personal en el desarrollo del proyecto.

José de Salamanca. Llegó a Madrid en 1873, como diputado, procedente de Má-


laga, dedicándose pronto a la Bolsa y a la política. Ministro de Hacienda en
1847 y Marqués de Salamanca en 1863. Adquirió una enorme fortuna que le
permitió emprender múltiples negocios (comercio de sal, teatro, carruajes pú-
blicos, periódicos, bancos...) y convertirse en importante empresario de las pri-
meras líneas ferroivarias del país. A él se deben los ferrocarriles Madrid-Aran-
346 Madrid

juez, Madrid-Toledo, Madrid-Alicante, entre otros, y ese sector importante del


Ensanche llamado Barrio de Salamanca, cuya construcción inició en 1864. Mu-
rió en Madrid, totalmente arruinado, en 1883.

Arturo Soria. Inquieto y polifacético personaje madrileño, nacido en 1844 y


muerto en 1920. Filósofo, inventor, político, periodista y empresario, dirigió
una de las primeras líneas de tranvías (de tracción animal inicialmente) de Ma-
drid, haciendo interesantes propuestas para la mejora de la ciudad, en artícu-
los, folletos y conferencias. En 1882 enunció un principio teórico de importan-
tes repercusiones posteriores en la cultura urbanística universal: la Ciudad
Lineal. A partir de 1894 se dedicó a materializar en pequeño ese gran principio
con base en un ferrocarril de circunvalación de Madrid, cuya concesión obtuvo
del Gobierno, y con apoyo en la Compañía Madrileña de Urbanización que
creó entonces. Así surgió esa singular pieza longitudinal (mínima parte del pro-
yecto total, que no llegó a completar) que, enormemente desfigurada respecto a
sus características originales, se inserta en el plano de Madrid, a lo largo de la
actual calle de Arturo Soria, atrayendo el curioso interés de urbanistas de todo
el mundo.

Modesto López Otero. Nacido en Valladolid, en 1885, fue un de los arquitectos


más renombrados de las décadas inmediatamente anteriores y posteriores a la
guerra civil, dejando importantes edificios en la Gran Vía y en otros lugares de
Madrid. Pero su gran aportación a la formación de la ciudad fue el proyecto y
dirección de la construcción de la Ciudad Universitaria, iniciada en 1929, para
lo que contó con la colaboración subordinada de varios grandes arquitectos y
de un ingeniero tan singular como Eduardo Torroja. La continuidad de López
Otero al frente de la empresa después de la guerra aseguró no sólo la unidad
(en lo esencial), sino también la restauración de los importantes daños sufridos,
con fidelidad a los proyectos iniciales. Murió en Madrid en 1962.

Secundino Zuazo. Nació en Bilbao en 1887. Autor de importantes edificios madri-


leños (La Casa de las Flores y el proyecto inicial, luego desfigurado, de los
Nuevos Ministerios, entre otros) su visión urbanística y su actuación personal,
fueron fundamentales para definir muchas de las líneas del moderno desarrollo
de la ciudad. En colaboración con el alemán Hermán Jansen presentó ya en
1929, una clara propuesta de ordenación de Madrid y los municipios adyacen-
tes, de profundas repercusiones en el posterior planeamiento de la ciudad. Con
el apoyo de Indalecio Prieto desde el Ministerio de Obras Públicas, planteó los
enlaces ferroviarios y la prolongación del Paseo de la Castellana hacia el norte.
Desterrado durante algún tiempo, después de la guerra, y marginado sectaria-
mente del urbanismo oficial, murió en Madrid en 1970.

Francisco Franco. Nació en El Ferrol en 1892. Era un prestigioso general cuando


se puso al frente de la sublevación militar que acabó con la Segunda Repú-
blica. Ejerciendo después un poder absoluto como Jefe de Estado, decidió per-
Biografías 347

sonalmente, no sin previa duda, mantener la capitalidad en Madrid, así como


estimular su desarrollo industrial para contrarrestar el peso económico de Ca-
taluña y el País Vasco. Ello contribuyó decisivamente a la transformación cuali-
tativa de la ciudad, que pasó a ser la segunda concentración industrial del país.
Menor importancia real tuvo el programa de reformas urbanas preparado bajo
su supervisión, a semejanza de las escenografías fascistas y nazis, del que sólo
queda alguna muestra, como la Plaza de la Moncloa y el Arco del Triunfo. Mu-
rió en Madrid en 1975.

Pedro Bidagor. Nació en San Sebastián en 1906. Arquitecto colaborador de Zuazo


durante la República, es la figura clave del urbanismo de posguerra, desde la
Dirección Ténica de la Comisaría para la Ordenación Urbana de Madrid, pri-
mero, y desde la Dirección General de Urbanismo, después. Fue autor del Plan
General de Ordenación de Madrid de 1941, inspirador de la Ley Especial de
1946, que anexionó los municipios circundantes, y de la Ley del Suelo de
1956, así como principal artífice de la ordenación de los terrenos situados a
ambos lados de la prolongación del Paseo de la Castellana hacia el norte, lla-
mado entonces Avenida del Generalísimo. Permanece apartado de la vida pú-
blica desde 1969.

José Luis de Arrese. Nació en Bilbao a principios de siglo, estudiando arquitectura


en Madrid. Después de la guerra, desempeñó diversos cargos políticos relacio-
nados con Falange Española. En 1957 fue nombrado ministro de la Vivienda,
acometiendo enseguida el Plan de Urgencia Social de Madrid, que supuso el
lanzamiento de un intenso programa oficial de construcción de viviendas mo-
destas (poblados dirigidos, poblados mínimos, poblados de absorción...), así
como la entrada masiva de la promoción privada en el negocio inmobiliario, es-
timulada por las sucesivas medidas de protección oficial y la complaciente dis-
posición de la Administración para aumentar ocupaciones y densidades. Murió
en Estella (Navarra) en los años sesenta.

El Movimiento Ciudadano. Nació a finales de los años sesenta y alcanzó su madu-


rez en la década siguiente. Actuó a través de movilizaciones y campañas reivin-
dicativas, con resultados en mejoras concretas por modificación de planes,
construcción de equipamientos, realización de infraestructuras... Formado por
asociaciones de vecinos, comités de usuarios, organizaciones de consumidores,
amas de casa, clubs juveniles, jubilados y pensionistas, ecologistas, comercian-
tes, entidades culturales y deportivas, planteó públicamente y exigió soluciones
a los problemas y necesidades de una población sometida a las consecuencias
del desequilibrado y agresivo desarrollo urbano que se había producido en
Madrid. En 1978 y 1979 colaboró con la Comisión de Planeamiento y Coordi-
nación del Área Metropolitana madrileña en la elaboración de un Programa de
Acciones Inmediatas, abandonando después por desacuerdo entre los partidos
políticos. El funcionamiento de éstos a través de las instituciones democráticas
fue desvitalizando al Movimiento Ciudadano, que dejó de ser significativo en
348 Madrid

los años ochenta, pero muchas de sus propuestas pasaron a ser objetivos y lo-
gros de las políticas municipales posteriores.

Enrique Tierno. Catedrático de Derecho Político en la Universidad de Madrid,


ocupó la alcaldía de esta ciudad en 1979, tras las primeras elecciones munici-
pales libres celebradas desde 1931. La coincidencia de este cambio histórico,
con su singular personalidad política e intelectual, contribuyó poderosamente a
producir una significativa transformación cualitativa de la imagen de Madrid,
muy perceptible incluso a nivel internacional, amparando y conduciendo desde
el Ayuntamiento un entramado de manifestaciones culturales, hábilmente enla-
zado con un espontáneo movimiento popular fundamentalmente lúdico y esté-
tico. Afianzado en la alcaldía por las segundas elecciones de 1983, no pudo ter-
minar su mandato al fallecer en 1986.

Joaquín Leguina. Nacido en Villaescusa (Cantabria) en 1941. Economista, demó-


grafo y profesor de demografía. Desempeña la presidencia del Gobierno Regio-
nal de la Comunidad de Madrid, desde que fue creada la autonomía madrileña
en 1983. Esa continuidad hace que se personalice en él la acción política sobre
el territorio de Madrid en la última década. Con independencia de que todo
puede hacerse siempre de muchas maneras, lo cierto es que en los años trans-
curridos bajo su presidencia se ha afianzado un nuevo modelo de institución
política y administrativa y se ha esbozado una nueva estrategia de organización
territorial, con operaciones en realización, muy contundentes para el futuro,
aprovechando un periodo de intenso cambio económico y tecnológico mun-
dial, que ha redundado más positiva que negativamente en la situación de Ma-
drid.
BIBLIOGRAFÍA

Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, Cartografía básica de la ciudad de Madrid.


Planos históricos, topográficos y parcelarios de los siglos xvu. xvui, xix y xx, Madrid,
1979.
Presentado en forma de Atlas de formato grande (DIN A-3), ofrece un con-
junto casi exhaustivo de los planos de Madrid, desde el llamado de Wit (1635)
hasta la reciente cartografía municipal. Indispensable ayuda para entender el pro-
ceso de formación histórica de la ciudad desde el siglo xvi.

Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, Guía de Madrid, Madrid, 1983.


Con los correspondientes planos, que permiten la rápida localización, ofrece
esta exhaustiva guía de la arquitectura de Madrid un breve pero certero comenta-
rio sobre los edificios o conjuntos arquitectónicos de mayor interés de la ciudad.

Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área Metropolitana de Madrid, In-


forme sobre ordenación del territorio en el Área Metropolitana de Madrid, Ministerio
de Obras Públicas, Madrid, 1980.
Elaborado en plena transición política a la democracia, constituye un análisis
en profundidad de la situación de Madrid y el territorio circundante, realizado a
partir del gran acopio de información realizado por el organismo editor, con vistas
a replantear la forma de abordar la ordenación territorial del espacio provincial. In-
dispensable para conocer la etapa inmediatamente anterior a la actual.

Comunidad Autónoma de Madrid, Madrid, Región Metropolitana. Actuaciones y estra-


tegias, Madrid, 1991.
Clara exposición de los problemas actuales de la Comunidad de Madrid y de
la estrategia preparada para mitigar sus efectos negativos sobre la eficiencia y habi-
tabilidad de la región, de cara a conseguir su vitalización económica y su inserción
competitiva en el conjunto de las grandes ciudades europeas.

Corral, J. del, y Sanz García, J. M., Madrid es así, Madrid, 1953.


La erudición, el torrente de informaciones diversas, desde la anécdota humorís-
350 Madrid

tica, la historieta y la tonadilla, hasta la documentada cronología, corren parejas en


este ameno recorrido por el Madrid de siempre, visto en los años 50. Concebido
como conjunto de paseos a realizar a pie, durante una semana, por la ciudad, va
describiendo la realidad y reviviendo al mismo tiempo la historia. Si su fecha le
resta no poca adecuación a determinadas situaciones posteriormente evoluciona-
das, ello mismo le confiere el interés de un retrato que ya es histórico.

Chueca Goitia, F., El semblante de Madrid, Ed. Revista de Occidente, Madrid, 1951.
Hermosamente literaria visión del espacio central del pequeño Madrid de mi-
tad de siglo. Al lado de certeros aciertos interpretativos sobre las características for-
males de ese espacio y de su proceso de formación, se apuntan las limitaciones e
insuficiencias congénitas del mismo que le privan de empaque y monumentalidad.
Lleno de referencias históricas y evocaciones nostálgicas, es en sí mismo, para el
lector actual, una evocación literaria y estética de un Madrid que había salido in-
demne de la revolución industrial europea y no había iniciado aún su propia in-
dustrialización.

Chueca Goitia, F., Madrid, ciudad con vocación de capital, Ed. Pico Sacro, Santiago de
Compostela, 1974.
Escrito en los años «convulsivos y turbios» del desarrollismo y del gran creci-
miento atropellado, este libro es, en parte, un irritado lamento ante la rapaz des-
trucción y expolio que estaba amputando los valores históricos de la ciudad. Pero
es también un exhorto vitalista, que mostrando lo que todavía vale la pena de ser
conservado esboza, en cierto modo, un programa de salvamento que, en gran me-
dida, anticipa en una década la política municipal de los últimos años.

Estébanez, J., y otros, Madrid, presente y futuro, Ed. Akal, Madrid, 1990.
Excelente conjunto de trabajos de varios autores, que ofrecen un análisis en
profundidad, con investigación original en muchos aspectos de la situación actual y
sus principales problemas, del fenómeno urbano territorial madrileño, así como
una interpretación del proceso histórico que condujo a esa situación.

Molina Campuzano, M., Planos de Madrid de los siglos xvu y xviu, Instituto de estu-
dios de Administración Local, Madrid, 1960.
Exhaustiva, erudita y, al mismo tiempo, incitante recopilación de toda la inicial
cartografía de Madrid, minuciosamente analizada con interesantes observaciones
del autor, tanto sobre las características técnicas de los propios documentos, como
sobre la realidad representada en ellos. La edición peca, evidentemente, de una la-
mentable pobreza gráfica.

Montero Vallejo, M., El Madrid medieval, Ed. Avapiés, Madrid, 1987.


Texto imprescindible para el conocimiento de la historia de la ciudad en el pe-
ríodo de referencia, con apoyo documental exhaustivo, investigación propia y origi-
nales interpretaciones de hechos y situaciones, que arrojan luz sobre los orígenes y
primer desarrollo de Madrid.
Bibliografía 351

Navascués Palacio, P., Arquitectura y arquitectos madrileños del siglo xix, Instituto de
Estudios Madrileños, Madrid, 1973.
Aunque después se han realizado otras profundizaciones sectoriales en el tema,
este libro sigue ofreciendo el más rico, completo y documentado estudio panorá-
mico de la arquitectura desarrollada en Madrid y de su contribución a la forma-
ción de la ciudad, durante ese variado y decisivo capítulo de su historia que es el
siglo xix. Se enriqueció con un conjunto monumental de primera categoría, sólo en
parte conservado: Congreso, Biblioteca Nacional, Estaciones, Palacios de Exposi-
ciones, Plaza de Toros, Banco de España, cementerios...

Promadrid y Arthur Andersen y Cía., Madrid a las puertas del futuro, Madrid, 1989.
Como primera fase del Plan Estratégico en elaboración para Madrid se realiza-
ron una serie de análisis y encuestas, confiados a expertos destacados en cada ma-
teria, sobre aspectos diversos de la situación actual de Madrid y las perspectivas de
su evolución: actividades económicas, vivienda, mercado de trabajo, evolución de
la población, transporte, equipamientos, cambios sociales, habitabilidad... La pu-
blicación en forma de fascículos ofrece una sólida base factual e interpretativa de
lo que está ocurriendo.

Umbral, F., y González, A., Teoría de Madrid, Espasa-Calpe, Madrid, 1980.


Un gran escritor y un gran dibujante han reflejado literaria y plásticamente, de
modo extraordinariamente certero, bello y expresivo, sus concordantes visiones del
variado y palpitante panorama humano y ambiental que ofrecía Madrid al iniciarse
la andadura democrática. Pero trascendiendo lo momentáneo, por su incisiva pro-
fundidad, puede resultar más útil que muchos largos análisis para la comprensión
de la realidad madrileña actual.

W . AA, Madrid, del siglo ¡x al XI, Comunidad de Madrid, 1990.


Originado como acompañamiento erudito de una exposición de heterogénea
calidad y rigor, el conjunto de trabajos recogidos en esta publicación ofrece una in-
teresante puesta al día del panorama general de investigaciones históricas acerca de
los orígenes y primeras etapas de formación de Madrid, incluyendo valiosas aporta-
ciones originales.

W . AA., Madrid y los Borbones en el siglo xvui. La construcción de una ciudad y su terri-
torio, Comunidad de Madrid, Madrid, 1984.
La población a través de las primeras estadísticas, los grandes edificios civiles y
religiosos, los paseos, las fábricas, las carreteras y los puentes, los canales, los sitios
reales incluido el Palacio Real, los jardines, son los temas principales que aparecen
en este libro a través de trabajos monográficos, cuya brevedad y valor sintético los
hace muy adecuados para obtener rápidamente una certera visión panorámica de
la evolución de la ciudad en el siglo xvm.

W . AA., Madrid, cuarenta años de desarrollo urbano. 1940-1980, Ayuntamiento de Ma-


drid, 1981.
352 Madrid

Cubren los trabajos recogidos en esta publicación variados aspectos relaciona-


dos con la poderosa transformación que sufrió Madrid durante el período de refe-
rencia, pero especialmente los relacionados con el papel del planeamiento y con la
relación que tuvo con él el desarrollo urbano real.

W . AA., Madrid, Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1980.


Publicado inicialmente en fascículos, luego integrados en cinco volúmenes,
constituye, sin duda, el más extenso acopio de estudios pormenorizados realizados
sobre Madrid. Cada uno de los 100 fragmentos en que se ha dividido la ciudad,
componiendo en total un completo mosaico de la misma, es en sí mismo una pe-
queña monografía que da una visión actual (a veces sobrepasada) y una referencia
histórica de cada uno de esos fragmentos. El número y la diversidad de los autores
producen alguna heterogeneidad en el tratamiento y la profundidad.
ÍNDICE ONOMÁSTICO

Aalto, Alvar, 72. 176, 177, 178, 180, 181, 188, 190,
Alba (duquesa), 175. 196.
Al-Himyari, 132. Carlos IV, rey de España, 180, 181, 183.
Al-Rahman, Muhamed ben Abd, 129. Caro Baraja, Julio, 223.
Alfonso VI, rey de Castilla y León, 133. Carrere, Emilio, 10.
Alfonso XII, rev de España, 186, 204, Carvajal, Javier, 291.
206. Casero, Antonio, 10.
Alfonso XIII, rey de España, 14, 219, Castro, Carlos María de, 198-200, 203,
225,231. 205,206,211.
Álvarez Bacua, José Antonio, 9. Cela, Camilo José, 258.
Amadeo I de Saboya, rey de España, Cerda, Ildefonso, 200.
186. Cisneros, Francisco Jiménez de, 140.
Amador de los Ríos, José, 9. Coello, Claudio, 203.
Ambrona y Fossman, 171. Collingwood, R. G., 120.
Antonio, emperador de Roma, 124. Collins, George G , 214.
Arguelles, Agustín, 210. Covarrubias, Alonso de, 140, 152.
Arrese, José Luis de, 271. Chueca Goitia, Fernando, 15, 55, 101,
Asín, Oliver, 111,126, 132. 155,264,311,312.
Austrias (dinastía), 150, 152, 163, 167, Churriguera, Alberto, 167.
168, 190, 191,263. Descartes, Rene, 12.
Azaña, Manuel, 242, 309. Díaz Cañábate, Antonio, 10.
Azorín, José Martínez Ruiz, llamado, 30. Einstein, Albert, 247.
Baraja, Pío, 220. Enrique II de Trastámara, rey de Casti-
Besteiro, Julián, 243, 247, 253. lla, 180.
Bidagor, Pedro, 260, 262, 274. Enrique III, rey de Castilla y León, 137.
Blasco Ibáñez, Vicente, 220. Enrique IV, rey de Castilla y León, 138.
Bohigas, Oriol, 231. Espinosa de los Monteros, 171.
Borbones (dinastía), 165, 183. Felipe II, rey de España, 47, 140, 141,
Borras, Tomás, 10. 147, 148,152, 156, 157, 163.
Bravo Murillo, Juan, 197. Felipe III, rey de España, 58, 148, 150.
Cárdenas (arquitecto), 230. Felipe IV, rey de España, 60, 153, 156,
Carlos I, emperador de España y V de 157, 167, 190, 205.
Alemania, 140, 147, 200. Felipe V, rey de España, 165, 168, 169,
Carlos II, rey de España, 163. 308.
Carlos III, rey de España, 171, 173, 175, Fernández Casado, 251.
354 Madrid

Fernández de los Ríos, Ángel, 9, 205, Le Corbusier, 12, 13, 247, 275.
206. Leal, Jesús, 300.
Fernando VI, rey de España, 169, 175, Lerma (duque), 150.
177. Lemaur, Charles, 171, 176.
Fernando VII, rey de España, 183, 188, Levi-Provencal, Evariste, 132.
190, 192. López, Tomás, 171.
Fevrier, 225. López Otero, Modesto, 230, 231.
Francisco I, rey de Francia, 140. López Sallaberry, 227.
Franco, Francisco, 35, 260, 267, 286, Madoz, Pascual, 9.
308, 313. Marcelli, 157.
Gamir Orueta, A., 95. María Cristina de Borbón, reina y re-
Gardel, Carlos, 98. gente de España, 186, 206.
Geddes, Patrick, 119. Marías, Julián, 14.
Gil del Palacio, León, 190. Martín Santos, Luis, 271, 312-313.
Giménez Caballero, Ernesto, 255. Martínez y Méndez, 211.
Godoy, Manuel, 183. Mesonero Romanos, Ramón, 9, 191,
Gómez de la Serna, Ramón, 10. 192.
Gómez de Mora, Juan, 150, 152, 153, Miró, Joan, 291.
156, 157, 160, 165, 182. Molina, Miguel, 160.
González Dávila, Gil, 9. Moneo, Rafael, 291.
González Velázquez (arquitecto ), 193. Montero Vallejo, M., 127, 130, 138,
Goya, Francisco de, 183, 309. 139.
Grases y Riera, 227, 228, 234. Mora, Francisco de, 147, 150.
Greco, Doménikos Theotokópulos, lla- Moyano, Claudio, 198.
madoE\, 309. Mussolini, Benito, 311.
Gutiérrez, Alonso, 144. Murat.Joachim, 183.
Gutiérrez Solana, José, 258. Napoleón I Bonaparte, emperador de
Gutiérrez Soto, Luis, 230, 263. Francia, 183.
Hall, Peter, 322, 335. Navascués, Pedro, 190.
Hardoy, Jorge E., 271. Núñez Granes, Pedro, 228, 234.
Hermosilla, José de, 175. Oriol, J. L, 227.
Herrera, Juan de, 141, 147, 152, 163, Ors, Víctor d', 255.
167. Orueta, Gamir, 95.
Hilberseimer, Ludwig, 12. Palacio, Alberto de, 208.
Hita, Juan Ruiz, arcipreste de, 36. Palacios, Antonio, 226, 229, 230.
Hitler, Adolfo, 311. Palomino, Ángel, 292.
Howard, Ebenezer, 239. Pascual y Colomer (arquitecto), 193.
Ibáñez de Ibero, Carlos, 210. Pérez, Silvestre, 188.
Ibárruri, Dolores, 253. Perpiñá, Antonio, 275.
Isabel I la Católica, reina de Castilla, Pinelo, León, 9.
137. Poete, Marcel, 119.
Isabel II, reina de España, 14, 185, 190, Prieto, Indalecio, 250, 251.
204. Primo de Rivera, Miguel, 238.
Jansen, Hermán, 236. Quintana, Jerónimo de la, 9.
Joli, Antonio, 14. Rafo (ingeniero), 197.
José I Bonaparte, rey de España, 183, Ramón y Cajal, Santiago, 12.
187, 188, 190. Répide, Pedro de, 10.
Juana la Beltraneja, 137. Reyes Católicos, 137, 138, 140, 147,
Jules, 225. 157, 163, 165.
Juvara, Filippo, 168. Ribera (ingeniero), 197.
índice onomástico 355

Ribera, Pedro de, 167. Tierno Galván, Enrique, 19, 317.


Rodríguez, Ventura, 31, 173, 174, 175, Toledo, Juan Bautista de, 157.
176. Torroja, Eduardo, 231, 251.
Rothschild, 204. Tovar, Virginia, 156.
Rowe, Colin, 11, 51. Trastámara (dinastía), 136.
Rudolph, Paul M, 72. Tricart, 120, 130.
Ruiz Palomeque, Eulalia, 191. Ulibarri (arquitecto), 210.
Sabatini, Francisco, 14, 172, 174. Umbral, Francisco, 317.
Saborit (concejal), 247. Valle, Lucio del, 194.
Sachetti, G. Battista, 169. Vargas (familia), 148.
Sáenz de Oiza, Francisco Javier, 291. Vega, Luis de, 140.
Salamanca, José de, 203, 204. Velázquez, Diego de Silva, 162, 309.
Salcedo, Juan, 310. Velázquez, Isidro, 190.
Serrano Anguita, 10. Velázquez, Ricardo, 209.
Seseña, 9. Villanueva, Juan, 175, 176, 181, 182,
Soria, Arturo, 213, 214, 217, 233, 241, 190, 196, 197, 263.
242. Villapadierna (conde), 212.
Soynard, Próspero, 213. Vitruvio, Polión Marco, 30.
Tarik ben Zeyad, 129. Ward, Bernardo, 178.
Teixeira, Pedro, 121, 159, 162, 171. Wyngaerde, Antón van den, 148.
Terán, Fernando de, 9, 10, 12, 15, 17, . Zazo, Antonio, 10.
24, 115. Zuazo, Secundino, 230, 236, 237, 250,
Thornthwaite, Charles W., 42. 251,260,264.
ÍNDICE TOPONÍMICO

Abroñigal (arroyo), 40, 46, 124, 176, Cabezas de Hierro (monte), 37.
258, 261, 262, 283. Cádiz, 185, 186.
Aceca, 143. Castilla, 35, 169,251,308.
Al-Andalus, 132, 133. Cataluña, 179, 267.
Álamo (El), 93. Central (cordillera), 26.
Albacete, 204. Colmenar Viejo, 15, 28, 81, 169.
Alcalá de Henares, 26, 81, 85, 106, 124, Coruña(La), 178,251.
127, 134. Coslada, 26, 106.
Alcobendas, 26, 81.99. Cuba, 220.
Alcorcón, 28, 81, 85, 93, 99, 208, 281, Cuerda Larga (monte), 37.
288, 298. Chinchón, 28.
Alemania, 256. Ecce Homo (cerro), 123.
Alicante, 204. España, 9, 11, 30, 33, 42, 55, 91, 94, 95,
Almodóvar (cerro), 33. 126, 135, 136, 147, 148, 150, 165,
Almorox, 208. 178, 183, 186, 187, 201, 205, 206,
Andalucía, 11, 112, 113, 147,261. 208, 219, 223, 229, 230, 236, 242,
Ángeles (Los), (cerro), 33. 256, 260, 267, 272, 306, 308, 311,
Aragón, 179. 312,315,323.
Aranjuez, 26, 124, 143, 176, 178, 183, Estados Unidos, 24, 267, 321.
203, 204. Europa, 21, 24, 25, 28, 99, 165, 176,
Aravaca, 68, 243. 180, 181,217,225,239,249,323.
Arganda, 93, 208. Extremadura, 259.
Austria, 25. Filipinas, 64.
Aviles, 323. Francia, 64, 100, 140, 178.
Barajas, 299. Fresneda (La), 143.
Barcelona, 200, 201, 217, 261, 308. Fuenfría (La), 37, 124, 143.
Bayona de Tajuña, 126. Fuenlabrada, 26, 81, 85, 93, 281, 288,
Bélgica, 64. 298.
Berlín, 222, 311. Galicia, 113.
Bética (cordillera), 11. Gavia (La) (cerro), 123.
Bilbao, 323. Getafe, 26, 81, 85, 93, 107, 124, 261,
Boadilla del Monte, 28. 288, 298, 299, 332.
Brúñete, 28. Gijón, 323.
Buitrago, 28. Gran Bretaña, 321.
Burgos, 179. Grande (laguna), 37.
358 Madrid

Granja de San Ildefonso (La), 169, 176. Península Ibérica, 11, 21, 28, 127, 168,
Griñón, 93. 169.
Guadalajara, 26, 134, 137, 138, 139, Peña Águila (macizo), 37.
140, 141, 147, 148. Peñalara (monte), }}, 37.
Guadalix (río), 196. Pinto, 28, 281.
Guadarrama (sierra), 11, 26, 36, 37, 38, Pirineos (cordillera), 28.
42, 45, 124, 126, 169, 250, 309. Pozuelo de Alarcón, 28, 68, 107, 243.
Guadarrama (río), 178, 179, 196. Ribas del Jarama, 26.
Henares (río), 38, 124, 279. Roma, 123,311.
Henares (valle), 126. Rozas (Las), 28, 81, 99, 107, 298.
Hendaya, 203. Salamanca, 256.
Iberoamérica, 12. San Fernando de Henares, 26, 68, 81,
Inglaterra, 239. 99, 106, 124, 177, 262.
Irún, 204. San Sebastián de los Revés, 26, 81,
Italia, 169, 182, 256. 179.
Jarama (río), 38, 40, 122, 124, 171, 179, Segovia, 26, 37, 124, 127, 135, 148.
279. Siete Picos (monte), 37.
Jarama (valle), 126. Soto de Migas Calientes, 167.
Leganés, 26, 81, 85, 93, 288, 298, 299, Suiza, 25.
332. Tajo (río), 11, 26, 33, 38, 45, 124, 180,
León (puerto), 37. 279.
Lisboa, 11. Talamanca, 28.
Loeches, 28. Tíber (río), 122.
Londres, 25,222, 333. Toledo, 13, 26, 76, 124, 126, 127, 138,
Lozoya (río), 37, 38, 196, 220, 241. 141, 152.
Majadahonda, 28, 99, 107. Torrecilla (La), 124.
Mantua, 121. Torrejón de Ardoz, 26, 81, 106, 124,
Meaques (arroyo), 126. 179,281,298.
Meca (La), 307. Torrejón de la Calzada, 93.
Medina, 307. Torrejón de Velasco, 93.
Mejorada del Campo, 28. Torrelaguna, 28.
Mérida, 124. Torrelodones, 99, 129.
Milán, 25, 333. Tres Cantos, 298.
Móstoles, 85, 208, 281, 288. Troya, 122.
Murcia, 113. Vaciamadrid, 208.
Navacerrada, 37. Valdemoro, 93.
Navalcarnero, 208. Valencia, 11, 112, 178,261.
Nuevo Baztán, 28. Valsaín, 143.
País Vasco, 113,267. Valladolid, 141, 150.
Países Bajos, 148. Velilla de San Antonio, 28.
Pajares (Los) (laguna), 38. Viena, 14, 150.
Paracuellos del Jarama, 26. Villa del Prado, 208.
Pardo (El), 35, 36, 47, 137, 143, 167, Villaviciosa de Odón, 28.
169. Villanueva de la Cañada, 28.
París, 14, 222, 333. Villanueva del Pardillo, 28.
Parla, 26, 281, 288. Villaverde, 243, 262, 298.
Pavía (batalla), 140. Viso (El) (cerro), 123, 124.
Pedriza (La), 37. Zaragoza, 124, 204, 261.

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Este libro se terminó de imprimir
en los talleres de Mateu Cromo Artes Gráficas, S. A.
en el mes de junio de 1993.
El l i b r ó Madrid, d e F e r n a n d o d e T e r á n ,
f o r m a p a r t e d e la Colección «Ciudades d e
I b e r o a m é r i c a » , d i r i g i d a p o r el p r o f e s o r
Manuel Lucena, Catedrático de Historia
d e A m é r i c a d e la U n i v e r s i d a d d e Alcalá
de Henares.

COLECCIÓN CIUDADES
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Ciudades precolombinas.
La fundación de las ciudades
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El futuro de la ciudad iberoamericana..
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guientes finalidades de interés general:
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Las Colecciones MAPFRE 1492. de las que forma
parte este volumen, son el principal proyecto edi-
torial de la Fundación, integrado por más de 250
libros y en cuya realización han colaborado 330
historiadores de 40 países. Los diferentes títulos
están relacionados con las efemérides de 1492:
descubrimiento e historia de América, sus relacio-
nes con diferentes países y etnias, y fin de la pre-
sencia de árabes y judíos en España. La dirección
científica corresponde al profesor José Andrés-Ga-
llego, del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas.

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EDITORIAL

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