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Relieve y Clima del Próximo Oriente

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1.

Un medio natural marcado por la aridez


Un complejo relieve de montañas, altas mesetas y llanuras, en líneas generales, el relieve
de esta región se resuelve en tres grandes dominios morfológicos claramente
diferenciados:
— las montañas de Asia Menor, Irán y Afganistán
— los desiertos arábigo-iraníes
— las cuencas sedimentarias y fosas tectónicas
La disposición actual y la naturaleza de estos grandes dominios deben su génesis y
posterior evolución a un largo proceso geológico. El desplazamiento hacia el norte, entre
el Cretácico superior y Plioceno, de las placas africana, arábiga e índica y su encuentro con
la placa euroasiática produjo la compresión de un amplio geosinclinal, situado en el gran
mar de Tethys, dando como resultado el sistema alpino-himalayo que, considerado en su
conjunto, se extiende desde Gibraltar en el oeste, hasta el Himalaya e Insulindia, en el
este.
La disposición actual del relieve del Próximo y Medio Oriente asiático queda configurada
en tres grandes unidades morfo estructurales:
— las montañas septentrionales, pertenecientes al conjunto alpino- himalayo, con una
estructura joven, fragmentada e inestable.
— el zócalo arábigo, recubierto de grandes mesetas y plataformas donde la horizontalidad
es el rasgo dominante
— y, entre ambos, la cuenca sedimentaria mesopotámica.
Las montañas alpinas septentrionales
Con una dirección predominante Este-Oeste, se extienden desde Turquía hasta
Afganistán. Así, siguiendo esta misma orientación, se pueden distinguir la meseta y los
arcos montañosos de Asia Menor, el nudo de Armenia, y el área de Oriente Medio,
formada por la meseta y cadenas montañosas iraníes. Es decir, se distinguen tres
conjuntos:
— el sector occidental (Asia Menor) que se resuelve en una gran meseta flanqueada al
norte y al sur por dos grandes cadenas montañosas.
— el nudo de Armenia
— el sector oriental, donde se repite la misma estructura que en Asia Menor: la meseta
iraní, rodeada al norte y al sur por dos extensas cadenas montañosas.
a) La meseta y arcos montañosos de Asia Menor
La meseta de Anatolia, situada en el centro de la península del mismo nombre, está
formada por un zócalo precámbrico muy fracturado, cubierto por sedimentos mesozoicos
y cenozoicos. Presenta un relieve escalonado que va ganando altura desde la costa del
mar Egeo hasta la región de Frigia, donde alcanza los 2500 m. En toda esta región la
erosión fluvial ha sido muy intensa.
Al sur de esta inmensa altiplanicie se levantan los montes Taurus, que forman parte del
sistema montañoso alpino de los Dinárides. Se trata de un imponente conjunto de bloques
y pliegues calcáreos que dibujan dos arcos tangentes: el Taurus occidental y el Taurus
oriental.
Al norte de la península de Anatolia, bordeando el mar Negro, se levantan los montes
Pónticos. Se trata de unos macizos que presentan una dirección predominante este-oeste,
pero que a menudo se ve interrumpida por fallas transversales de dirección norte-sur,
acentuadas por la erosión fluvial.
b) el nudo de armenia: Hacia el este, en la parte oriental de Anatolia, las estribaciones de
los montes Pónticos y de los Taurus se unen dando lugar al nudo de Armenia, región de
relieve complejo y de elevada sismicidad y vulcanismo. En esta complicada región,
convergen también las montañas que encierran la altiplanicie iraní: los Zagros y los
montes Elburz.
Se trata de un imponente conjunto de montañas y mesetas basálticas, cuya altura más
importante corresponde al pico de Ararat (5.165 m), de origen volcánico.
Hacia el sur, las elevadas montañas del Kurdistán se abren ya paso hacia las llanuras
mesopotámicas, mientras que, hacia el Norte, la cordillera del Cáucaso se extiende en el
istmo entre el mar Negro y el mar Caspio, a lo largo de más de 1.300 km.
c) El sector oriental. Las estructuras ya conocidas en Asia Menor se prolongan hacia Irán y
Afganistán: de nuevo aquí una inmensa altiplanicie, de considerable altitud y carácter
árido –la meseta de Irán–, es flanqueada por dos arcos montañosos alpinos –Zagros y
Elburz–. Igualmente, estas dos cadenas montañosas se aproximan hasta coincidir en la
meseta de Pamir.
El zócalo arábigo
Se extiende por toda la península arábiga y se caracteriza por un relieve básicamente de
plataforma, basculada hacia el noreste. Esta plataforma arábiga está formada por el
zócalo precámbrico que aflora en su sector occidental, mientras que hacia el este, queda
recubierto por una cobertera sedimentaria, fruto de las sucesivas transgresiones marinas
acaecidas durante el Mesozoico. Estos depósitos están formados fundamentalmente por
areniscas impermeables y rocas calizas.
Hacia Mesopotamia y el Golfo Pérsico la plataforma desciende suavemente debido a
movimientos de subsidencia, mientras que, hacia el oeste, fuertes presiones tectónicas
han dado lugar a alineaciones montañosas fragmentadas por numerosas fallas
transversales, en las que afloran emisiones volcánicas.
La cuenca sedimentaria mesopotámica
Es la gran llanura aluvial de los ríos Tigris y Éufrates, que discurren suavemente desde las
montañas de Armenia hacia el Golfo Pérsico. A unos 180 km de la desembocadura, ambos
ríos se unen dando lugar al Shatt al-Arab, que sale al mar formando un amplio delta.
Paulatinamente estos depósitos fluviales van colmatando el fondo del golfo Pérsico, a un
ritmo de unos 30 m por año.
Esta inmensa llanura aluvial, formada sobre la cobertera mesozoica y cenozoica del zócalo
arábigo, es una región de escasa altitud que, a medida que se acerca a su desembocadura,
experimenta periódicas inundaciones que dan lugar a terrenos lacustres y pantanosos en
los espacios más bajos.
La región del Próximo y Medio Oriente asiático, situada entre los 13º de latitud N, en el
suroeste de la península arábiga, y los 42º, en el norte de Turquía, y atravesada en su
sector meridional por el Trópico de Cáncer, se encuentra a caballo entre las zonas cálidas
y templadas del planeta.
La situación de una gran parte de este territorio bajo el dominio de las altas presiones
subtropicales explica la enorme extensión que adquieren los climas de desiertos cálidos
que desde el Sáhara se prolongan por la península arábiga y el golfo Pérsico hasta el Sind,
en el Pakistán meridional.
Hacia el norte –regiones interiores de Turquía y norte de Irak e Irán– el clima presenta
cada vez mayores rasgos de continentalidad, mientras que, hacia el sur, se observa una
progresiva desertización del paisaje. Durante el invierno, los altiplanos y los macizos
montañosos de las regiones septentrionales soportan temperaturas muy bajas a
consecuencia de la entrada de aire frío procedente de las altas presiones siberianas. Así
mismo, los vientos dominantes del oeste y del noroeste descargan su humedad en las
principales cadenas montañosas de la región (Taurus, Pontos, Zagros, Elburz).
Podemos destacar, pues, como rasgos distintivos del clima de esta región un escaso
volumen anual de precipitaciones y unas elevadas amplitudes térmicas. El régimen de
precipitaciones, no obstante, no es homogéneo en todo el territorio. Únicamente en los
dominios montañosos que bordean la península de Anatolia, sobre todo en las costas del
mar Negro, así como en las grandes cadenas montañosas de los Zagros y los Elburz se
pueden llegar a alcanzar los 2.000 mm anuales. Este volumen disminuye progresivamente
hacia el sur e interior del continente, llegando a situarse por debajo incluso de los 50 mm
en algunos sectores del interior de la península arábiga, Irán y suroeste de Afganistán. La
diferente altitud, el alejamiento de la costa y la disposición del relieve son factores que
influyen decisivamente en el régimen térmico de este espacio.
En consecuencia, de todo lo anterior, y teniendo siempre en cuenta la existencia de
amplios sectores de transición, se pueden delimitar, en líneas generales, los siguientes
dominios bioclimáticos:
 El dominio desértico: Se extiende por la mayor parte del Próximo y Medio Oriente
asiático: ésta es el área por excelencia de los climas de los desiertos zonales
cálidos, vinculados a la estabilidad de las altas presiones subtropicales. Afecta a
una amplia franja que se extiende desde la península arábiga hasta el valle del Indo
y se caracteriza por unas fuertes oscilaciones térmicas diarias, una acusada sequía
(fundamentalmente durante los meses de verano) y unas temperaturas muy
elevadas, tanto absolutas como medias.
 El dominio mediterráneo: En el litoral de Asia Menor y Levante domina un clima
típicamente mediterráneo. La costa de Turquía, Siria, Líbano e Israel tienen un
verano muy caluroso y seco debido a la influencia de las altas presiones
subtropicales que en esta estación se encuentran más desplazadas hacia el norte.
El invierno es suave y lluvioso a causa de la penetración de los vientos del Oeste.
 El dominio continental: En las regiones septentrionales, que desde el interior de la
península de Anatolia se prolongan a través de las altas tierras de Armenia hasta el
norte de Irán y Afganistán, las condiciones climáticas adquieren progresivamente
una mayor continentalidad.

2.a) El aprovechamiento y control de los escasos recursos hídricos


La debilidad e irregularidad de las precipitaciones, la fuerte evaporación y la
permeabilidad de los suelos arenosos hacen del agua un recurso escaso y muy preciado en
gran parte de la región. En estas regiones tan áridas del globo, el agua constituye uno de
los principales condicionantes de vida, hasta tal punto, por ejemplo, que en Arabia Saudí
llaman a la lluvia la misericordia de Dios. La búsqueda y control de este recurso, cada vez
más demandado hoy en día, supone uno de los principales objetivos de todos los Estados
de este espacio.
Tradicionalmente, el sector agrícola ha sido el principal y casi exclusivo consumidor de
recursos hídricos. En una región donde la isoyeta de 250 mm marca el límite de la
agricultura pluvial, la irrigación debe paliar la insuficiencia de las precipitaciones. Desde
hace milenios, los campesinos han utilizado el agua tanto subterránea como superficial
para regar sus tierras. Con la ayuda de pozos artificiales hoy día se siguen utilizando las
aguas de las capas freáticas en los valles, llanuras y depresiones. La variedad de este tipo
de pozos que permiten elevar el agua hasta la superficie es enorme; un ejemplo
característico es el llamado shadouf (pozo con poleas), en Arabia Saudí. En este sentido, es
muy ingenioso el sistema de galerías subterráneas, llamadas qanats, que permiten
transportar el agua para regar los campos a distancias a veces de hasta 50 y 100 kms. Este
sistema es una técnica de irrigación de piedemonte y se le conoce con el nombre de
kanawat en Siria, karez en Irak, qanat en Irán o falaj en Omán. Parece ser originario de
Irán, donde aún hoy día quedan unos 18.000.
Hoy en día, el elevado crecimiento demográfico, la expansión de las ciudades, el aumento
de la industrialización o el auge del turismo son factores, entre otros, que contribuyen a
un vertiginoso aumento del consumo de agua.
La escasa disponibilidad de este recurso que padece la región no cubre el espectacular
aumento de su demanda, por lo que ya no son los campesinos, de manera individual, o las
pequeñas comunidades rurales quienes deben hacer frente a este problema, sino que la
necesidad de realizar grandes inversiones en materia de política hidráulica concierne al
Estado. Así, la construcción de grandes presas es objetivo primordial de todos los países
de la región.

4. Espacio Rural: entre la tradición y el desarrollo


4.a) El retroceso del nomadismo pastoril: La pervivencia de una organización social
tradicional
Desde hace milenios, el hombre se ha tenido que adaptar a estos medios áridos
(desiertos) o semiáridos (estepas) donde la disponibilidad de agua ha condicionado los
modos de vida de los pueblos de estas regiones. El pastoreo nómada ha sido durante
muchos siglos la principal forma de utilización del territorio y la actividad agraria
tradicional por excelencia. El nomadismo ha dominado estos espacios desérticos y
esteparios, donde el continuo ir y venir de las caravanas ha supuesto un elemento esencial
de la economía y del paisaje de estas regiones.
La península arábiga constituye la tierra del nomadismo en su más pura esencia. Los
beduinos (del árabe bedawi, habitante del desierto), son pastores nómadas que viven de
la cría de ganado, del transporte y del pillaje (razzias).
Este tipo de nomadismo, llamado nomadismo horizontal, supone la movilidad de la
vivienda principal. Personas y animales se desplazan siguiendo los itinerarios establecidos
por los escasos recursos hídricos. Estos grandes desplazamientos, de centenares de
kilómetros a veces, en busca de pastos y agua, implican la movilidad de la tribu entera,
cuyos campamentos estaban compuestos de 4 a 6 tiendas, confeccionadas con pieles de
ganado y cuyo color y forma suele ser un elemento de identificación tribal. Era practicado
fundamentalmente por los beduinos, por las tribus de Anatolia (conocidos como los yörük,
en sentido literal: «los que se van») y de los sectores montañosos de Irán y Afganistán,
que mantenían una intensa actividad pastoril y comercial comunicando el Creciente Fértil
con el valle del Indo.
Según las características de los desplazamientos existe también un tipo de nomadismo,
conocido con el nombre de nomadismo vertical, cuyas diferencias con la trashumancia son
difíciles de delimitar y que en la mayoría de los casos no es más que una evolución del
nomadismo más puro. La badiya, zona de transición entre la estepa siria y el desierto, con
unas precipitaciones inferiores a los 200 mm anuales y que supone el 50% del territorio,
es otra de las zonas tradicionales de pastoreo nómada. Existen, pues, muchas
modalidades de transición entre el beduino o nómada puro, cuya vida transcurre
paralelamente a sus desplazamientos, y otro numeroso tipo de situaciones en las que son
mayoría los semi-nómadas, que participan tanto del pastoreo como de la agricultura. En la
actualidad, el nomadismo, considerado como un modo de vida propio del desierto, se
encuentra en franca regresión. Las rutas seculares caravaneras, cuyos desseguían unos
itinerarios sin preocupaciones de fronteras, se vieron enormemente afectadas por las
divisiones políticas de principios de siglo. La razzia o rapiña organizada, que suponía una
fuente de ingresos complementaria, fue prohibida.
La introducción del camión supuso la ruina de estas sociedades. El camión no sólo acabó
con el carácter mercantil de estas rutas caravaneras, sino que incluso los desplazamientos
de los rebaños utilizan ya este medio de transporte.
asi mismo las obras de infraestructuras, afecta negativamente a la sociedad rural. Al igual
que las sequias afectaron a países de esta región afectando a sus rebaños
4.b) El sector agrario
El sector agrario todavía emplea a una gran parte de la población activa en la mayoría de
los países. En conjunto, cuatro de cada diez activos trabajan en este sector, con
porcentajes que oscilan desde el 50% en Afganistán y Yemen, los dos países menos
desarrollados de la región, seguidos muy de cerca por Turquía y Siria, con tasas que
superan el 40 %, hasta valores inferiores al 10% en los pequeños Estados petrolíferos de la
península arábiga. Estos elevados índices de población activa agraria, si bien son
sensiblemente inferiores a los de África y resto de Asia, son en cambio bastante superiores
a los de América Latina
La extremada escasez de precipitaciones y su irregularidad dificultan la expansión de la
agricultura. Además, la mala calidad de los suelos, su elevada salinidad y la creciente
erosión que padecen, son otros factores negativos que el sector debe afrontar.
En este espacio, ocupado por estepas y desiertos, donde el avance de la desertificación es
una amenaza constante, el porcentaje de tierras cultivadas apenas supone el 10% de la
superficie total. No obstante, existen fuertes disparidades entre unos países y otros. Las
favorables condiciones bioclimáticas de los países del Levante mediterráneo, que
permiten el desarrollo de una agricultura sin necesidad de regadío, se reflejan en sus
mayores porcentajes de superficie cultivada, que alcanzan valores del 20% en Israel o casi
el 30% en Líbano y Siria, llegando incluso al 34,6 % en Turquía, el país con más desarrollo
agrícola del conjunto.
Por el contrario, en las regiones de clima desértico y semiárido, donde a las altas
temperaturas se suma una extrema aridez, las posibilidades agrarias dependen del
regadío, por lo que la proporción de tierras cultivadas desciende sensiblemente, con
valores que apenas superan el 1% en la mayor parte de los países de la península arábiga.
Los cereales representan el cultivo más importante, tanto en extensión como en
producción, ocupando casi el 50% de la superficie cultivada, el olivo, vid, higuera y
diversos árboles frutales ocupan colinas y laderas montañosas del Levante mediterráneo,
donde los agrios, fundamentalmente en Turquía e Israel, suponen importantes productos
de exportación, en los oasis de los grandes desiertos y en Mesopotamia, la palmera
datilera es el cultivo más característico.
Entre los cultivos comerciales e industriales, en su mayoría a expensas del regadío,
destacan la remolacha azucarera, tabaco, té y algodón. Té y tabaco se cultivan en las
laderas montañosas de Irán e Irak y en las costas turcas del Mar Egeo y Mar Negro,
mientras que el café fue un cultivo esencial en las regiones tropicales del Yemen.
El algodón, materia prima para numerosas industrias textiles locales, se cultiva
principalmente en Turquía (costas del Mar Egeo), Israel, Siria, Irak e Irán. La gran extensión
de zonas montañosas y desérticas da lugar a espacios libres para los pastos. La ganadería
ovina y caprina es la que mas se adapta a estos medios aridos y pobres

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