CASO CLÍNICO
Paciente de 27 años de edad, de nivel socioeconómico medio, se encuentra estudiando
Administración de empresas en el 6to ciclo, además, trabaja en un local de comida rápida por las
noches para costear sus estudios.
Acude a consulta con el fin de buscar ayuda psicológica debido a una serie de problemas
emocionales y de comportamiento que han afectado su calidad de vida y su rendimiento
académico, puesto que últimamente se ha vuelto más nerviosa y se sobresalta frente a estímulos
imprevistos.
En la evaluación clínica no se indican antecedentes médicos, ni enfermedades crónicas.
Adicional, no refiere historial de diagnósticos psiquiátricos previos u hospitalizaciones.
Al referirse a su familia, comenta vivir con sus padres: Ana de 60 años y Marcos de 65, con
quienes mantiene una relación afectiva y de respeto. No se informan antecedentes psiquiátricos
en la familia inmediata. Su padre consumía alcohol de manera frecuente, sin embargo, hace
aproximadamente dos años cesó el consumo, debido a diagnóstico de gastritis.
En los antecedentes personales, no se informan complicaciones durante el embarazo. Nació a
término, con peso y tamaño dentro de los parámetros normales; no se evidencian problemas de
salud materna o exposición a factores de riesgo prenatal y natal.
Durante su primera infancia, paciente alcanzó los hitos del desarrollo, como gateo, primeros
pasos, lenguaje, de manera típica y sin retrasos; recibiendo atención médica regular y
cumpliendo con las vacunaciones recomendadas. En cuanto a su alimentación, esta fue
adecuada, sin problemas de nutrición. No se mencionan trastornos de desarrollo infantil.
Paciente ingresó a estudiar a los 6 años de edad, demostrando un rendimiento académico
promedio; comenta que durante esta etapa se consideraba una persona tímida a la cual le
costaba tomar decisiones y hacer amigos, por lo cual, tendía a limitarse en sus relaciones
interpersonales. Pese a ello, esto no le afectaba ya que sus padres estaban constantemente
pendientes de su bienestar.
A los 12 años, continuó su educación en el colegio de manera aparentemente normal, sin
embargo, no mostró interés en actividades extracurriculares, refiriendo que se sentía incomoda
al estar fuera de casa, prefería no tener amigos y desempeñarse en actividades netamente
vinculadas al espacio familiar y académico. Comenta que, aunque sus padres eran
“sobreprotectores”, ella se estaba cómoda con la dinámica familiar, acatando órdenes y
resguardando siempre su integridad. No se mencionan problemas de conducta, como abuso de
sustancias o comportamientos delictivos.
A la edad de 19 años postula a la universidad, sin conseguirlo, generando en ella sentimientos
de tristeza, minusvalía y desesperanza, intensa ansiedad, estrés e incertidumbre. Refiere que
mantuvo problemas continuos con sus padres, debido a su irritabilidad y frustración
permanente, llevándola a aislarse por temor al rechazo y la vergüenza, considerando que es
incapaz de alcanzar sus metas. Misma sintomatología que disminuye progresivamente cuando
ingresa a un grupo de ayuda para adolescentes; posterior decide volver a rendir la evaluación,
inscribiéndose a los 23 años a la carrera de Administración de Empresas.
Manifiesta que pese a mantenerse asistiendo en su grupo de ayuda, sigue siendo una persona
“débil” porque se deja “asustar por cualquier cosa”, puesto en su primer año de universidad
inició una serie de problemas emocionales, cognitivos y de comportamiento que le han afectado
notoriamente, como palpitaciones, sudoración y temblores; incluso su rendimiento académico
ha disminuido por la falta de concentración, ha dejado de asistir a clases y cumplir de manera
adecuada en el ámbito educativo. Esto ha provocado que repruebe un periodo del ciclo
académico.
Al indagar sobre el motivo de su preocupación, refiere que desde pequeña ha sido “muy
nerviosa”, por lo cual, sus padres la protegieron de sobremanera, creando en ella temor hacia
varios factores ambientales y de su entorno, entre ellos, a los animales que pudieran generar
algún daño a su integridad. Además, a los 24 años, fue perseguida por un perro grande que
ladraba y gruñía mientras paseaba cerca de su casa. Desde entonces hasta la actualidad, suele
imaginar escenarios catastróficos, teniendo la certeza que está continuamente desprotegida y es
un blanco fácil para que cualquier animal peligroso le pueda causar daño, por ello, suele tener
mucho cuidado; por ejemplo, cuando ve a un perro en la calle, suele ponerse nerviosa,
preocuparse y cree que le podría morder, incluso, sino logra verlo, pero escucha a varios metros
los ladridos del can, empieza a sudar, pareciera como si su corazón se fuera a detener, se le
dificulta respirar, su mente se nubla e incluso algunas veces, desea vomitar.
Es por ello, que ha decidido dejar de salir a parques y calles concurridas donde podría
encontrarse con animales; o casa de amigos/familiares que tengan cualquier tipo de mascota
para evitar el contacto con estos animales, y así no sentirse incomoda. Por lo cual, su vida social
se ha visto afecta gravemente frente a esta evitación.