Historia y características del latín
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Para otros usos de este término, véase Latín (desambiguación).
Latín
Lingua Latīna, Sermo Latinus
Adquirió gran importancia con la expansión de Roma,4 y fue lengua oficial del
Imperio romano en gran parte de Europa, África septentrional y Oriente Próximo,
junto al griego. Como las demás lenguas indoeuropeas en general, el latín era una
lengua flexiva de tipo fusional con un mayor grado de síntesis nominal que las
actuales lenguas romances, en la cual dominaba la flexión mediante sufijos,
combinada en determinadas veces con el uso de las preposiciones, mientras que en
las lenguas modernas derivadas dominan las construcciones analíticas con
preposiciones, mientras que se ha reducido la flexión nominal a marcar solo el
género y el número, conservando los casos de declinación solo en los pronombres
personales (estos tienen, además, un orden fijo en los sintagmas verbales).a
La Iglesia católica lo usa como lengua litúrgica oficial (sea en el rito romano o
sea en los otros ritos latinos), aunque desde el Concilio Vaticano II se permiten
además las lenguas vernáculas.5 También se usa para los nombres binarios de la
clasificación científica de los reinos animal y vegetal, para denominar figuras o
instituciones del mundo del Derecho, como lengua de redacción del Corpus
Inscriptionum Latinarum, y en artículos de revistas científicas publicadas total o
parcialmente en esta lengua.
El alfabeto latino, derivado del alfabeto griego (en sí derivado del alfabeto
fenicio), es ampliamente el alfabeto más usado del mundo con diversas variantes de
unas lenguas a otras. El estudio del latín, junto al del griego clásico, es parte
de los llamados estudios clásicos, y aproximadamente hasta los años 1970 fue
estudio casi imprescindible en las humanidades. Hasta el día de hoy, en países como
Alemania, en los Gymnasien se enseña latín o griego junto a lenguas modernas.
Historia
La historia del latín comienza en el siglo VIII a. C. y llega, por lo menos, hasta
la Edad Media:
Arcaico: desde que nace hasta que la sociedad romana entra en la órbita cultural de
Grecia (helenización): siglo VIII a. C.-siglo II a. C. Autores destacados de este
período son Apio Claudio el Ciego, Livio Andrónico, Nevio, Ennio, Plauto, Terencio.
Clásico: en una época de profunda crisis económica, política y cultural, la élite
cultural crea, a partir de las variedades del latín coloquial, un latín estándar
(para la administración y escuelas) y un latín literario. Es la Edad de Oro de las
letras latinas, cuyos autores más destacados son Cicerón, Julio César, Tito Livio,
Virgilio, Horacio, Séneca, Catulo, Ovidio. Esto ocurrió aproximadamente en los
siglos siglo I a. C. y siglo I d. C.
Postclásico: la lengua hablada se va alejando progresivamente de la lengua
estándar, que la escuela trata de conservar, y de la lengua literaria. Esta
distancia creciente hará que de las diversas maneras de hablar latín nazcan las
lenguas románicas. Y la lengua escrita, que inevitablemente también se aleja,
aunque menos, de la del período anterior, se transforma en el latín escolástico o
curial.
Tardío: los Padres de la Iglesia empiezan a preocuparse por escribir un latín más
puro y literario, abandonando el latín vulgar de los primeros cristianos. A este
período pertenecen Tertuliano, Jerónimo de Estridón (San Jerónimo) y San Agustín.
Medieval: el latín como se conocía ya no es hablado; por ende, el latín literario
se refugia en la Iglesia, en la Corte y en la escuela, y se convierte en el
vehículo de comunicación universal de los intelectuales medievales. Mientras, el
latín vulgar continuaba su evolución a ritmo acelerado. Ya que las lenguas romances
fueron apareciendo poco a poco, unas antes que otras, y porque el latín seguía
siendo utilizado como lingua franca y culta, no se puede dar una fecha en la que se
dejara de utilizar como lengua materna.
Renacentista: en el Renacimiento la mirada de los humanistas se vuelve hacia la
Antigüedad clásica, y el uso del latín cobró nueva fuerza. Petrarca, Erasmo de
Róterdam, Luis Vives, Antonio de Nebrija y muchos otros escriben sus obras en
latín, además de en su propia lengua.
Científico: la lengua latina sobrevive en escritores científicos hasta entrado el
siglo XIX. Descartes, Newton, Spinoza, Leibniz, Kant y Gauss escribieron sus obras
en latín.
Orígenes y expansión
Así lo demuestran las etimologías de muchos términos del culto religioso, del
derecho o de la vida militar. Destacamos los términos stipulare ('estipular'),
derivado de stipa ('paja'), o emolumentum ('emolumento'), derivado de emolere
('moler el grano'), en el lenguaje del derecho.
En este sentido, los latinos, desde época clásica al menos, hablaban de un sermo
rusticus ('habla del campo'), opuesto al sermo urbanus, tomando conciencia de esta
variedad dialectal del latín. «En el campo latino se dice edus ('cabrito') lo que
en la ciudad haedus con una a añadida como en muchas palabras».6
Después del periodo de dominación etrusca y la invasión de los galos (390 a. C.),
la ciudad se fue extendiendo, en forma de República, por el resto de Italia. A
finales del siglo IV a. C., Roma se había impuesto a sus vecinos itálicos. Los
etruscos dejaron su impronta en la lengua y la cultura de Roma, pero los italiotas
presentes en la Magna Grecia influyeron más en el latín, dotándolo de un rico
léxico.
Influencia sustrato
Los habitantes de las regiones de la antigua Italia en las que posteriormente se
difundió el latín eran hablantes nativos de otras lenguas, tanto indoeuropeas del
grupo itálico (como el latín), como de otros grupos de lenguas indoeuropeas y
preindoeuropeas, que al ser asimilados finalmente a la cultura latina ejercieron
cierta influencia lingüística de sustrato. A veces, para indicar estas lenguas, se
habla de sustrato mediterráneo, que proporcionó al latín el nombre de algunas
plantas y animales que los indoeuropeos conocieron al llegar. Son lenguas muy poco
conocidas, pues quedan solo unos pocos restos escritos, algunos aún sin descifrar.
Un sustrato del latín arcaico en la ciudad de Roma y alrededores fue claramente la
lengua etrusca.
Influencia superestrato
Durante un tiempo, Roma tuvo importantes contingentes de población de origen
etrusco, por lo que el etrusco fue tanto una lengua substrato como una lengua
superestrato, al menos durante el período que abarca la monarquía romana y, en
menor medida, la república romana. La influencia del etrusco es particularmente
notoria en ciertas áreas del léxico, como la relacionada con el teatro y la
adivinación. Roma también sufrió invasiones de los galos cisalpinos, aunque no
parecen existir importantes indicios de influencia celta en el latín. Sí existen
algunas evidencias en el vocabulario de préstamos léxicos directos de lenguas osco-
umbras, que constituyen la principal influencia de tipo substrato en el latín
clásico.
Por otra parte, si bien desde antiguo los romanos tenían contactos con pueblos
germánicos no existen fenómenos de influencia léxica en latín clásico. A diferencia
de lo que sucede con las lenguas románicas occidentales que, entre los siglos V y
VIII, recibieron numerosos préstamos léxicos del germánico occidental y del
germánico oriental. Esto contrasta con la profunda influencia que el latín ejerció
en el predecesor del alto alemán antiguo. Igualmente, existen abundantes rastros de
la administración romana en la toponimia de regiones que hoy son de habla
germánica, como por ejemplo Colonia. Los elementos germánicos en la Romania
occidental proceden del período del Bajo Imperio, y constituyen el principal
superestrato en latín tardío. El flujo no se interrumpió en la formación de las
lenguas románicas. Las influencias de los pueblos godo, alemánico, borgoñés, franco
y lombardo en las lenguas románicas se da mayoritariamente en el campo de la
toponimia y la antroponimia. Aparte de estos, el número de préstamos es bastante
reducido.
Influencia adstrato
Es la debida al contacto con pueblos que convivieron con los latinos sin tenerlos
dominados ni depender de ellos. Este tipo de influencia se nota más en el estilo y
el léxico adquiridos que en los cambios fónicos de la lengua. Los adstratos osco,
umbro y griego, son responsables del alfabeto y sobre lo relacionado con la
mitología, pues los romanos tomaron prestados los dioses helenos, aunque con
nombres latinos.
Después de la Edad Clásica, el cristianismo fue uno de los factores más potentes
para introducir en la lengua latina hablada una serie de elementos griegos nuevos.
Ej: παραβολή > parábola. Encontramos esta palabra dentro de la terminología
retórica, pero sale de ella cuando se usa por los cristianos y adquiere el sentido
de parábola, es decir, predicación de la vida de Jesús. Poco a poco va adquiriendo
el sentido más general de «palabra», que sustituye en toda la Romanía al elemento
que significaba «palabra» (verbum). El verbo que deriva de parabole (parabolare,
parolare) sustituye en gran parte de la Romanía al verbo que significaba «hablar»
(loquor).
Literatura latina
Artículo principal: Literatura en latín
El cuerpo de libros escritos en latín, retiene un legado duradero de cultura de la
Antigua Roma. Los romanos produjeron una extensa cantidad de libros de poesía,
comedia, tragedia, sátira, historia y retórica, trazando arduamente al modo de
otras culturas, particularmente al estilo de la más madura literatura griega. Un
tiempo después de que el Imperio romano de occidente cayese, la lengua latina
continuaba jugando un papel muy importante en la cultura europea occidental.
La literatura latina romana indígena ha dejado muy pocos vestigios y solo nos
ofrece fragmentos verdaderamente arcaicos e intentos de arcaísmo deliberado que
proceden fundamentalmente de tiempos de la República, de los emperadores y
principalmente de los Antoninos.
La literatura latina romana imitada ha producido composiciones en que la
inspiración individual se junta a la imitación más feliz, obras numerosas y
elegidas que nos han llegado enteras. A veces, se han confundido las obras de
origen italiano, producciones más toscas del genio agrícola o religioso de los
primitivos romanos (que ofrecen un carácter más original), con las copias latinas
de las obras maestras de Grecia, que ofrecen un encanto, una elegancia y una
suavidad correspondientes a una civilización culta y refinada. En este último
aspecto señalamos la tendencia de dos escuelas retóricas de origen griego que
tuvieron gran influencia en Roma: el asianismo y el aticismo. Desde los tiempos de
Cicerón estas dos tendencias estilísticas del griego entraron de lleno en latín y
perduraron durante varios siglos en la literatura latina.
Literatura temprana
Con el renacimiento carolingio del siglo IX, los mayores pensadores de la época,
como el lombardo Pablo el Diácono o el inglés Alcuino de York, se ocuparon de
reorganizar la cultura y la enseñanza en su imperio. En lo que se refiere al latín,
las reformas se dirigieron a la recuperación más correcta de forma escrita, lo que
le separó definitivamente de la evolución que siguieron las lenguas romances.
Renacimiento
En el siglo XIV, en Italia, surgió un movimiento cultural que favoreció un renovado
interés por el latín antiguo: el Humanismo. Comenzado ya por Petrarca, sus mayores
exponentes fueron Poggio Bracciolini, Lorenzo Valla, Marsilio Ficino y Coluccio
Salutati. Aquí la lengua clásica empezó a ser objeto de estudios profundos que
marcaron el nacimiento, de hecho, de la filología clásica.
Edad Moderna
En la Edad Moderna, el latín aún se usa como lengua de la cultura y de la ciencia,
pero va siendo sustituido paulatinamente por los idiomas locales. En latín
escribieron, por ejemplo, Nicolás Copérnico e Isaac Newton. Galileo fue de los
primeros científicos en escribir en un idioma distinto del latín (en italiano,
hacia 1600), y Oersted de los últimos en escribir en latín, en la primera mitad del
siglo XIX.
Gramática
Artículo principal: Gramática latina
Al conjunto de formas que puede tomar una misma palabra según su caso se le
denomina paradigma de flexión. Los paradigmas de flexión de sustantivos y adjetivos
se denominan en gramática latina declinaciones, mientras que los paradigmas de
flexión de los verbos se llaman conjugaciones. En latín el paradigma de flexión
varía de acuerdo con el tema al que está adscrita la palabra. Los nombres y
adjetivos se agrupan en cinco declinaciones, mientras que los verbos se agrupan
dentro de cuatro tipos básicos de conjugaciones.
Sustantivos
En latín, el sustantivo, el adjetivo (flexión nominal) y el pronombre (flexión
pronominal) adoptan diversas formas de acuerdo con su función sintáctica en la
oración, formas conocidas como casos gramaticales. Existen en latín clásico seis
formas que pueden tomar cada sustantivo, adjetivo o pronombre («casos»):
El adjetivo también tiene formas flexivas, dado que concuerda necesariamente con un
sustantivo en caso, género y número.
Verbos
Artículo principal: Conjugación del latín
Tema infectum Tema perfectum
Presente presente mittit pretérito perfecto misit
Pasado imperfecto mittebat pretérito pluscuamperfecto miserat
Futuro futuro imperfecto mittet futuro perfecto miserit
A grandes rasgos hay dos temas dentro de la conjugación del verbo latino, infectum
y perfectum: en el infectum están los tiempos que no indican un fin, una
terminación, como el presente, el imperfecto y el futuro; son tiempos que no
señalan el acto acabado, sino que, sea que está ocurriendo en el presente, ocurría
con repetición en el pasado (sin indicar cuando acabó), o bien un acto futuro. En
este tema del verbo la raíz no cambia, al contrario que con el perfectum, que tiene
su propia terminación irregular (capere: pf. cepi — scribere: pf. scripsi — ferre
pf. tuli — esse pf. fui — dicere pf. dixi).
Ambos cuentan con los siguientes modos gramaticales (a excepción del imperativo,
que no existe en perfectum): el indicativo, que expresa la realidad, certeza, la
verdad objetiva; el subjuntivo expresa irrealidad, subordinación, duda, hechos no
constatados, a veces usado como optativo; el imperativo, que denota mandato, ruego,
exhortación, y el infinitivo, una forma impersonal del verbo, usada como
subordinado ante otro, o dando una idea en abstracto. Con seis personas en cada
tiempo —primera, segunda y tercera, cada una en singular y plural— y dos voces —
activa cuando el sujeto es el agente y pasiva cuando el sujeto padece una acción no
ejecutada por él—, más los restos de una voz media, un verbo no deponente
normalmente posee unas 130 desinencias.
Sintaxis
El objeto de la sintaxis es organizar las partes del discurso de acuerdo con las
normas de la lengua para expresar correctamente el mensaje. La concordancia, que es
un sistema de reglas de los accidentes gramaticales, en latín afecta a género,
número, caso y persona. Esta jerarquiza las categorías gramaticales, de tal manera
que el verbo y el adjetivo adecúan sus rasgos a los del nombre con el que
conciertan. Las concordancias son adjetivo/sustantivo o de verbo/sustantivo.
Obsérvese el ejemplo: «Animus aequus optimum est aerumnae condimentum» («Un ánimo
equitativamente bueno es el condimento de la miseria»).9
Fonética y fonología
Artículo principal: Pronunciación y escritura del latín
Letra Pronunciación
Clásica Vulgar
a A breve [a̠ ] [a̠ ]
ā A larga [a̠ ː] [a̠ ]
e E breve [ɛ] [ɛ]
ē E larga [eː] [e]
i I breve [i] [e]
ī I larga [iː] [i]
o O breve [ɔ] [ɔ]
ō O larga [oː] [o]
u V breve [u] [o]
ū V larga [uː] [u]
y Y breve [y] [e]
ȳ Y larga [yː] [i]
æ Æ [a̠͡ e̯ː] > [ɛː] [ɛ], a veces [e]
œ Œ [ɔ͡e̯ː] > [e] [e]
au AV [a̠͡ u̯ː] [a̠͡ u̯ː] > [o]
(Consúltese el Alfabeto Fonético Internacional
para una explicación de los símbolos usados)
No hay un acuerdo entre los estudiosos. Pero parece ser que el latín, a lo largo de
su historia, pasó por períodos en los que el acento era musical y por otros en los
que el acento era de intensidad. Lo que está claro es que el acento tónico depende
de la cantidad de las sílabas según el siguiente esquema:
El sistema fonológico del vocalismo latino estaba conformada por la oposición dos
tipos de cantidad o duración: las vocales de mayor duración, denominadas largas, y
las de menor duración, denominadas breves. En la actualidad el símbolo (˘) lo
usamos para designar las vocales breves y el símbolo (¯) los empleamos para
designar las vocales largas.
/ă/ breve /ĕ/ breve /ĭ/ breve /ŏ/ breve /ŭ/ breve
/ā/ larga /ē/ larga /ī/ larga /ō/ larga /ū/ larga
Pares contrastivos
Ejemplo 1 Ejemplo 2 Equivalente español del ejemplo 1 Equivalente español del
ejemplo 2
ānus anus ano, anillo vieja
cēdō cedo cedo dame
dīcō dicō digo dedico
mālum malum manzana calamidad, malo
nōvī novī conocí nuevos (plural), del nuevo (genitivo singular)
ōs os boca hueso
pūtet putet hiede piense
vēnit venit vino viene
La y (i græca) originalmente no formaba parte del sistema vocálico latino y solo
aparecía en préstamos cultos griegos. Su pronunciación en el griego clásico
correspondía aproximadamente a la de la u francesa o ü alemana [y]. En latín
generalmente se pronunciaba como una i, pues para la población poco educada resultó
difícil pronunciar la /y/ griega. Otras evidencias a favor de la existencia del
sonido /y/ en latín es que era una de las tres letras claudias, concretamente la
llamada sonus medius (escrito como: Ⱶ) se creó para representar un sonido
intermedio entre [i] y [u], muy probablemente [y] (o tal vez [ɨ]) que aparecía
estar detrás de ciertas vacilaciones como OPTUMUS / OPTIMUS 'óptimo', LACRUMA /
LACRIMA 'lágrima'.
Tanto unas como otras podían darse en cualquier posición; es decir, no tenían
ninguna relevancia fonológica el acento ni la intensidad.
El tratamiento de las vocales del latín clásico varía según el tipo de sílaba en
que se encuentran. Estaban muy influenciadas por el acento. El acento original de
la lengua “mater” del latín era musical y libre, pero ese sistema desapareció y ya
no estaba reflejado en el latín clásico, en el que el acento carga sobre la
penúltima sílaba si esta es larga y sobre la antepenúltima si la penúltima es
breve. Sin embargo los estudiosos están divididos en lo que respecta a sus
opiniones sobre la naturaleza del acento latino, aunque la opinión de la mayoría de
los lingüistas cree que el acento tonal o musical es la que se mantuvo hasta el
siglo IV d. C.
Las vocales del sistema fonológico latín clásico eran a, e, i, o, u, que podían ser
largas o breves, y las combinaciones en diptongo de las tres primeras con las
semivocales o sonantes i, u, r, l, m, n. El tratamiento de estos sonidos heredados
en latín varía según el tipo de sílaba en que aparecen. Pueden dividirse en sílaba
inicial, sílaba media y sílaba final. En el latín más antiguo estas vocales estaban
acentuadas, y por ello se mantienen con regular constancia.
Sílabas iniciales14
/a/
aciēs
/ā/
māter
/e/
egō
/ē/
fēmina
/ə/
este sonido
de la lengua mater
por la nacesidad
de dar razón
de ecuaciones
como păater.
/i/
video
/ī/
vīdeo
/o/
octō
/ō/
dōnum
/u/
juvenis
/ū/
mūs
En sílabas no iniciales, como hemos visto más arriba, las vocales breves y
diptongos breves experimentaron alteraciones que diferían según la sílaba terminase
en vocal o consonante. Todo esto lo podemos resumir bajo los epígrafes de las
sílabas abiertas y las cerradas.
Sílabas no iniciales
Sílabas abiertas Sílabas cerradas
a a: e, y o: u; e, i y u permanecen inalteradas.
e a
o e
i o
u u
Diptongos en sílabas no iniciales
ei y ou experimentaron los mismos cambios que en sílaba inicial.
ai: ei en latín arcaico y luego pasó a: ī
au: ū
oi
Vocales en sílabas no finales
Sílabas abiertas Sílabas cerradas
a a: e
e e
o: e i
i: e u
o: u
Diptongos
ai ei oi ei: ī
Las sonantes
Sonantes
Ĭ en posición inicial se conservó. ŭ se conservó en posición inicial ante vocales
y entre vocales. r ṙ l İ en latín aparece como ol. m ṁ n
ṅ
Consonantismo1214
Nasales: el subsistema de las nasales tenía cuatro fonemas: /m/ /n/ /mm/ /nn/.
Líquidas: el subsistema de las líquidas tenía también cuatro fonemas: /l/ /r/
/ll/ /rr/.
Semivocales: solo había dos fonemas: /ḽ/ y /ṷ/.
Orales no líquidas: se agrupan en los llamados “haces de correlación”. El español
tiene cuatro, pero el latín tiene tres: labiales, dentales y velares.
Orales no líquidas
Labiales Dentales Velares
/p/ /t/ /k/
/b/ /d/ /g/
/t/ /s/
Los fonemas consonánticos comprendían una riza variedad de oclusivas, sordas (p, t,
k, q y qʷ), sonoras (b, d, g, y gʷ), con los correspondientes sonidos aspirados. La
única fricativa era la s. El latín no distingue entre la serie palatal y la velar
ni entre aspiradas sordas y sonoras. Del sistema mencionado, el latín conservó
generalmente p, t, k, (q), qʷ y b, d, g, (g), afectando los cambios importantes a
las labiovelares sonoras y a las oclusivas aspiradas.
En cuanto a los demostrativos, la mayoría de las lenguas románicas cuenta con tres
deícticos que expresan «cercanía» (este), «distancia media» (ese) y «lejanía»
(aquel). Sin embargo, el francés, el rumano y el extinto romance andalusí
distinguen solo dos términos (uno para «proximidad» y otro para «lejanía»). El
género neutro desapareció en todas partes menos en Rumania, Galicia y Asturias, en
la que existen algunos sustantivos no contables con terminación en neutro (-o) y
una terminación propia igual en el adjetivo cuando concuerda con sustantivos no
contables o "de materia", ya acaben en -a, -o, -u o consonante. El orden sintáctico
responde a la libre disposición de los elementos en la oración propia del latín.
Aun así domina ordenación sintagmática de sujeto + verbo + objeto (aunque las
lenguas del sureste permiten mayor flexibilidad en la ubicación del sujeto).
Cambios fonéticos
El latín tardío o latín vulgar cambió muchos de los sonidos del latín culto o
clásico (1).
Cambios morfosintácticos
Declinación
Artículo principal: Declinación del latín
Latín clásico
Nominativo: rosa
Acusativo: rosam
Genitivo: rosae
Dativo: rosae
Ablativo: rosā
Latín vulgar
Nominativo: rosa
Acusativo: rosa
Genitivo: rose
Dativo: rose
Ablativo:
Latín clásico
Nominativo: bonus
Acusativo: bonum
Genitivo: bonī
Dativo: bonō
Ablativo: bonō
Latín vulgar
Nominativo: bonus
Acusativo: bonu
Genitivo: boni
Dativo: bonu
Ablativo:
El latín de ser una marcada lengua sintética pasó a ser poco a poco una lengua
analítica, en la que el orden de las palabras es un elemento de sintaxis necesario.
Ya en el latín arcaico empezó a constatarse la desestima de este modelo y se
advierte su reemplazo por un sistema de preposiciones. Este sistema no se propició
de forma definitiva hasta que ocurrieron los cambios fonéticos del latín vulgar.
Esto provocó que el sistema de casos fuera difícil de mantener, perdiéndolos
paulatinamente en un lapso relativamente rápido.
Deixis
La influencia del lenguaje coloquial, que prestaba mucha importancia al elemento
deíctico o señalador, originó un profuso empleo de los demostrativos. Aumentó muy
significativamente el número de demostrativos que acompañaban al sustantivo, sobre
todo haciendo referencia a un elemento nombrado antes. En este empleo anafórico, el
valor demostrativo de ille (o de ipse, en algunas regiones) fue desdibujándose para
aplicarse también a todo sustantivo que se refiriese a seres u objetos consabidos.
De este modo, surgieron los artículos definidos (el, la, los, las, lo) inexistentes
en latín clásico y presentes en todas las lenguas romances. A su vez, el numeral
unus, empleado con el valor indefinido de alguno, cierto, extendió sus usos
acompañando al sustantivo que designaba entes no mencionados antes, cuya entrada en
el discurso suponía la introducción de información nueva. Con ese nuevo empleo de
unus, surgieron los artículos definidos (un, una, unos, unas) que tampoco existían
en latín clásico.
Determinantes
En latín clásico los determinantes solían quedar en el interior de la frase. Sin
embargo, el latín vulgar propendía a una colocación en que las palabras se
sucedieran con arreglo a una progresiva determinación, al tiempo que el período
sintáctico se hacía menos extenso. Al final de la época imperial este nuevo orden
se abría paso incluso en la lengua escrita, aunque permanecían restos del antiguo,
sobre todo en las oraciones subordinadas.
Las preposiciones existentes hasta ese momento eran insuficientes para las nuevas
necesidades gramaticales y el latín vulgar tuvo que generar nuevas. Así, se crearon
muchas preposiciones nuevas, fusionando muchas veces dos o tres que ya existiesen
previamente, como es el caso de detrás (de + trans), dentro (de + intro), desde (de
+ ex + de), hacia (facie + ad), adelante (adenante + ad + de + in + ante).