Filosofía de la Educación.
Profesor: Brailovsky, Daniel.
Alumna: Montoya, Rosalía Mercedes.
Actividades: Realizar un análisis – ante una situación escolar planteada - tomando en
cuenta los insumos teóricos que la materia ha proporcionado, y hacer un decálogo de
certezas provisorias.
ANÁLISIS: Mientras leía el relato (referido a una situación escolar), recordé mi recorrido
en mi escuela primaria- diferentes fechas, años pero la misma época- tal como se
describe en dicho relato: “…como en aquellos años las banderas, las filas y los actos
solemnes fueron un vehículo privilegiado del autoritarismo escolar.” Y señoritas Teresas…
¡uf! unas cuántas; hasta puedo llegar a confirmar que todas las señoritas tenían esa
manera de enseñar: “tomar distancia extendiendo el brazo en un gesto demasiado similar
al saludo nazi, responder al unísono a los saludos, repetir hasta el hartazgo las marchas
escolares”, memorizar las tablas de multiplicar, cálculos, frases y si escribías una palabra
con algún error ortográfico, tenías que escribir -en muchos renglones- esa palabra
corregida…
Muchos años pasaron, y el tiempo cambia, modifica muchos aspectos: económico,
político, social, cultural y pedagógico. Y aquí es cuando comienzan las distinciones,
comparaciones de cómo era antes y ahora, cuál época fue la mejor y peor. Y en relación
a lo pedagógico, aparece: la “escuela tradicional” y “escuela nueva”, el conductismo y
constructivismo, autoridad y democracia… ¿y cuántos estereotipos comparativos
seguiremos utilizando?
Coincido con Daniel Brailovsky: ¿por qué tenemos que elegir todo el tiempo entre una
cosa u otra? ¿Por qué no permitirnos dejar coexistir estrategias recuperando las
fortalezas de los diferentes posicionamientos?
La diferencia entre nuevo/tradicional, tapa, oculta otras distinciones que es curioso e
interesante observar: la distinción entre “lo que nos piden las relaciones” (promesa de la
bandera, donde los chicos estaban felices…porque estaban compartiendo un día
especial con sus amigos y amigas"), y “lo que nos pide el sistema” (los estudiantes deben
valorar y respetar los símbolos patrios. El Silencio. Y repetir las marchas escolares, como
lo imponía la señorita Teresa). Y me pregunto: ¿Cómo transmitir el respeto y valoración
en el momento de la Promesa a la Bandera? Prometer la bandera con toda la energía y
fuerza dramática que la Señorita Teresa reclamaba; o compartir, entre los chicos, la risa
contenida cuando algunos respondían el “sí, prometo” antes de que la directora terminara
de enumerar los prometéis. Vuelvo a la comparación, distinción para desarmar esa
cuestión. Donde el docente necesita ser arquitectos, porque nuestras aulas merecen ser
pensadas desde la perspectiva de la practicidad, de la accesibilidad, de la presencia de
instrumentos y de recorridos posibles, diversas miradas en un mismo asunto. Pero
también necesitamos ser anfitriones, para que el aula sea un lugar cómodo y
caracterizado por el cuidado y la confianza.
Terminar con dilemas falsos, distinciones y reinventar nuestras prácticas, donde todos los
estudiantes tengan la oportunidad de aprender, de ambas maneras, “tradicional” y
“nuevo”, mezcladas (como una ensalada de frutas. No puede faltar la fruta ni el juego,
porque su sabor no sería el mismo. Para ello, me como la fruta y aparte tomo el jugo…
¿es igual su sabor?) y complementadas.
Destaco la cita de Larrosa: …“en un curso, un asunto se transforma en materia
seleccionando los textos que se van a leer y diseñando los ejercicios que se van a hacer”,
de modo que “un curso tiene que ver con el pensamiento (con dar a pensar alguna cosa)
y no solo con el saber, tiene que estar organizado en torno a un asunto y no a una lista de
"contenidos". Actualmente, tenemos esta gran oportunidad, de complementar, entrelazar
ambos procesos de enseñanzas. Y tomo la cita de Graciela Frigerio (1992), la cual
relaciono con estas dos comparaciones-tradicional y nuevo-: …”Cara y Ceca: dos facetas
de una unidad que perdería valor si no se articularan”. (Las instituciones educativas Caray
Ceca, TROQVEL Educación Serie FLACSO-Acción, p.11).
Hasta aquí analicé desde mi rol como docente de grado, en nivel primario. Si me ubico en
la gestión, oficio, posición que se ocupa, se relaciona rápidamente con impulsos de orden,
sugerir, entre otros. Y volvemos a caer en otra distinción entre los docentes y equipos
directivos. Y considero que tanto el docente como el directivo es necesaria la calidez
propia de este oficio del lazo. El orden del vínculo como lo llama Graciela Frigeiro.
Recordar que en el “otro” hay un espejo, en el “otro” nos reconocemos, sentimos,
sabemos, somos. Aquí esta lo esencial, en este tejido de relaciones.
DECÁLOGO DE CERTEZAS PROVISORIAS.
1. Educar es un oficio del lazo, oficios con otros, de acompañar, que necesitan
acompañamiento (acompañamiento de colegas con los que se vuelva posible y
alegre pensar, acompañamiento de conceptos y nociones para dialogar). Porque
trabajamos con otros. Y no para enfrentarse, sino construir lo común.
2. La educación hace referencia al acto de enseñar y al de cuidar. Enseñamos
contenidos y también a conmovernos. Cuidar y enseñar están totalmente
imbricados. Porque existe un tejido de relaciones, el cual no debe ser ignorado
sino aceptado.
3. Las instituciones tramando red al estilo de lo arácnido como necesidad vital, como
asunto público, común…por las modificaciones que genera el transcurso del
tiempo, las sociedades, las culturas.
4. Nunca enseñamos sólo “cosas”, por más escritas en el diseño curricular que las
cosas estén, sino que enseñamos desde nuestra propia relación con las cosas.
Porque todo programa se materializa en experiencias, y fabrica intereses.
5. La posición en la gestión en relación a ser un poco arquitectos y un poco
anfitriones simultáneamente, evitando los extremos. Desconfiar sobre el discurso
de “lo nuevo”, remarcando cómo las críticas mercantilizadas ven a un docente
vago, desenamorado de su oficio y en consecuencia justifican una reforma de la
escuela en pos de políticas de ajuste y racionalización del gasto.
6. La responsabilidad de quienes gestionan en las instituciones es des-estereotipar
un poco la cuestión: lo tradicional y lo nuevo. Los falsos dilemas.
7. Los docentes necesitamos ser anfitriones, para que el aula sea un lugar cómodo y
caracterizado por el cuidado, con todo lo que ello implica. Cuidar es prestarle
atención al otro, es pensar en el otro, es brindar el tiempo propio al otro, un tiempo
amoroso y honesto. Pero también necesitamos ser arquitectos, porque nuestras
aulas merecen ser pensadas desde la perspectiva de la practicidad, de la
accesibilidad, de la presencia de instrumentos y de recorridos posibles, pensados
desde antes, como medios útiles para alcanzar los fines deseados.
8. Es en las escuelas donde deben circular nuevas ideas, y donde deben producirse
experiencias y propuestas que contribuyan a los objetivos federales de inclusión y
acceso a la información.
9. Toda persona necesita de la educación para enriquecer la cultura, el espíritu, los
valores y todo aquello que nos caracteriza como seres humanos. Porque la
educación es necesaria en todos los sentidos.
10. Gestionar no es dirigir, imponer, ordenar. Va más allá de eso. Sino de ser
interlocutores; ser un anfitrión y un arquitecto, no dejar de lado este aspecto en la
tarea gestiva y solo pensarla desde un lugar puramente técnico. Así, surge esta
necesaria calidez propia de este oficio del lazo desde la gestión.