UNIDAD 1.
LA CONSTRUCCIÓN BIÓLOGICA IDENTIDARIA DE LAS MUJERES
Y DE LOS HOMBRES
¿Cuál es la verdadera diferencia entre los cuerpos sexuados y los seres
socialmente construidos? La sexuación de los seres humanos produce una
simbolización específica en cada cultura, y está tiene efectos en su imaginario.
Algo fundamental tanto para hombres como para mujeres, es que el “otro” es
básicamente el “otro sexo” el “sexo opuesto”.1 Para comprender mejor esta
unidad, comenzaremos por distinguir entre los conceptos de sexo y género.
SEXO BIOLÓGICO
Cada ser humano nace con un sexo biológicamente determinado. El sexo
biológico se refiere a las diferencias anatómicas y fisiológicas que distinguen los
hombres de las mujeres, mismas que se generan a partir del código genético
(hembras/mujeres XX – machos/hombres XY)
A pesar de que caracterizar al sexo como biológico puede parecer muy claro, no
aislamos una entidad unívoca, ya que éste puede dividirse en varios
componentes:
Sexo cromosómico o genético: Sexo que viene determinado por el cariotipo
o la dotación de cromosomas sexuales: XX en la mujer y XY en el varón.
Sexo genital o morfológico. Constituido por la morfología del aparato
reproductor tanto interno como externo, es decir la formación del pene y el
escroto en el hombre y de la vagina y el útero en la mujer.
Sexo hormonal (dado por el equilibrio entre andrógenos y estrógenos)
Sexo gonadal (dado por la presencia de testículos u ovarios)2
1
LAMAS Marta. DIFERENCIA DE SEXO, GÉNERO Y DIFERENCIA SEXUAL. Escuela Nacional de Antropología e
Historia, México, 2000
2
Salud, VIH-SIDA y sexualidad trans. Estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Agosto 2008.
Págs. 9-10
1
GÉNERO
Género es un término derivado del inglés (gender), que entre las personas
hispanoparlantes crea confusiones. En castellano género es un concepto
taxonómico útil para clasificar a que especie, tipo o clase pertenece alguien o
algo.
El género se conceptualiza como el conjunto de ideas, representaciones, prácticas
y prescripciones sociales que una cultura desarrolla desde la diferencia anatómica
entre mujeres y hombres, para simbolizar y construir socialmente lo que es
“propio” de los hombre (lo masculino) y “propio” de las mujeres (lo femenino).
La nueva acepción de género se refiere al conjunto de prácticas, creencias,
representaciones y prescripciones sociales que surgen entre los integrantes de un
grupo humano en función de una simbolización de la diferencia anatómica entre
hombres y mujeres. Por esta clasificación se definen no sólo la división del trabajo,
las prácticas rituales y el ejercicio del poder, sino que se atribuyen características
exclusivas a uno y otro en materia de moral, psicología y efectividad. La cultura
marca los sexos con el género y el género marca la percepción de todo lo demás:
lo social, lo político, lo religioso, lo cotidiano. Por eso, para desentrañar la red de
interrelaciones sociales del orden simbólico vigente se requiere comprender el
esquema cultural de género.
La investigación, reflexión y debate alrededor del género han conducido
lentamente a plantear que las mujeres y los hombres no tienen esencias que se
deriven de la biología, sino que son construcciones simbólicas pertenecientes al
orden del lenguaje y de las representaciones. Quitar la idea de la mujer y de
hombre conlleva a postular la existencia de un sujeto relacional, que produce un
conocimiento filtrado por el género. En cada cultura una operación simbólica
básica otorga cierto significado a los cuerpos de las mujeres y de los hombres. Así
se construye socialmente la masculinidad y la feminidad. Mujeres y hombres no
son un reflejo de la realidad natural, sino que son el resultado de la producción
2
histórica y cultural, basada en el proceso de simbolización; y como productores
culturales desarrollan un sistema de referencias comunes. De ahí que las
sociedades sean comunidades interpretativas que se van armando para compartir
ciertos significados.
El género produce un imaginario social con una eficacia simbólica contundente y,
al dar lugar a concepciones sociales y culturales sobre la masculinidad y
feminidad, es usado para justificar la discriminación por sexo (sexismo) y por
prácticas sexuales (homofobia). Al sostenimiento del orden simbólico contribuyen
hombres y mujeres, reproduciéndose y reproduciéndolo. Los papeles cambian
según el lugar o el momento pero, las mujeres y hombres por igual son los
soportes de un sistema de reglamentaciones, prohibiciones u opresiones
recíprocas.3
Esta distinción entre sexo y género produce un corrimiento de sentido de modo tal
que ser hembra ya no es condición para ser mujer o acceder a la feminidad (lo
mismo se aplicaría para la masculinidad). El género, siempre según Butler, sería
una interpretación cultural del uso de los cuerpos. Al ser el género una
construcción histórica y social, no aparece en forma pura sino que está atravesado
por otras variables, como la orientación sexual, la clase social o la raza.
Como definición operativa, podemos decir que identidad genérica es la íntima y
subjetiva certeza que tiene cada persona de ser hombre o mujer. Siempre
teniendo en cuenta que hombre y mujer no son términos absolutos sino tan sólo
los extremos de un continuo que incluye muchas variantes y sin implicar
orientación sexual alguna.
De la identidad de género se desprende el concepto de rol, palabra que deriva del
latín, y que se refería al libreto destinado a los actores. Para la sociología y la
3
LAMAS Marta. DIFERENCIA DE SEXO, GÉNERO Y DIFERENCIA SEXUAL. Escuela Nacional de Antropología e
Historia, México, 2000
3
antropología, el rol es lo que uno representa y que es variable de acuerdo a la
circunstancia particular del sujeto. Así, yo puedo ser médico en un lugar, y ser hijo
o padre en otros. Algunos de estos roles definen la autopercepción así como la
forma en que somos percibidos por otros. Es un punto de encuentro que relaciona
lo individual con lo social.
Para J. Money, el rol de género es "todo lo que una persona dice o hace para
comunicar a los demás o a sí misma el grado en el que es hombre o mujer. El
género es la expresión privada del rol mientras que éste es la expresión pública
del género".
En el rol intervienen todos los elementos culturales que identifican lo masculino y
lo femenino en una sociedad dada, desde la ropa hasta las actitudes culturales e
incluso la forma en que pueden relacionarse con el otro sexo o expresar sus
afectos. Estos elementos son extremadamente variables.
Hace treinta años ningún hombre hubiera usado aros o maquillaje, por citar sólo
un ejemplo. En nuestro país los hombres no usan polleras mientras que en
Escocia el kilt es una prenda nacional y exclusivamente masculina. Muchos/as
miran con sorpresa a una mujer conduciendo un colectivo o un taxi, ya que
estamos habituados a pensar esos trabajos como roles típicamente masculinos.4
ESTEREOTIPOS
Los estereotipos son creencias, ideas y hasta definiciones simplistas, que
comparten las poblaciones de una sociedad o de una cultura determinada, sobre
el ser humano.5
4
Salud, VIH-SIDA y sexualidad trans. Estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Agosto 2008.
5
Glosario de Género, Instituto Nacional de las Mujeres, México, 2007.
4
Estos estereotipos se usan regularmente para designar o calificar a las personas a
partir de convencionalismos sin tomar en cuenta sus particularidades, capacidades
o sentimientos de manera analítica. 6
Los estereotipos más comunes son los que se relacionan con el género de las
personas, en ellos se atribuyen roles, rasgos y actividades que caracterizan y
distinguen a las mujeres de los hombres. Por ejemplo, los niños se visten de azul y
las niñas de rosa, las mujeres son sentimentales y emocionales mientras que los
hombres son racionales y no tienen derecho a llorar, se espera que los niños
practiquen más la bicicleta y que las niñas se inclinen por las muñecas.
Los estereotipos de género se construyen a partir de la diferencia biológica entre
los dos sexos. Se inculcan desde la infancia en el seno de la familia y, junto con
una serie de valores y costumbres, terminan fijando lo que es “propio” del hombre
y lo que es “propio” de la mujer.7
El género se ha convertido en motivo de discriminación y desigualdad, la
diferencia anatómica entre hombres y mujeres no provoca por sí sola las actitudes
y conductas distintas, es la valoración misma del género femenino por abajo del
masculino lo que introduce asimetría entre los derechos y las obligaciones. Esta
asimetría se traduce en la práctica en desigualdad social, económica y política.
La división sexual del trabajo en la familia es un claro ejemplo de esta desigualdad
entre hombres y mujeres. Como ya mencionamos en los roles del padre y de la
madre, “las características atribuidas a la mujer son idóneas para el cuidado de los
hijos y las labores del hogar mientras que el hombre es más apto para el trabajo
en el mercado laboral”.
La búsqueda de la equidad de género o de la igualdad de oportunidades para
hombres y mujeres nos lleva a retomar algunas ideas:
6
Lamas M,, El enfoque de género en las políticas públicas, en Revista Defensor, Órganos oficial de difusión
de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Núm. 8, año VII, agosto de 2009.
7
ídem
5
Así como las mujeres ya comparten el trabajo público, antes asociado sólo con las
actividades masculinas, ahora los hombres deberían incursionar, con la misma
obligación y responsabilidad, en el trabajo privado, como es el “cuidado de los
niños, niñas, personas ancianas, enfermos y discapacitados”, normalmente
asociado a la feminidad.
Así Género, sexo de asignación y de crianza van de la mano en una compleja
mezcla de procesos identificatorios. Esto permitirá el reconocimiento del otro como
semejante o distinto, y así construir la imagen corporal _real o imaginaria_ que
marcará rumbos identitarios, estables, pero no necesariamente fijos, visto que la
identidad (genérica, sexual) nunca es fija y cerrada en sí misma sino que la
podemos entender como un devenir de identidades posibles. Y aun tomando todo
esto en consideración, no podríamos predecir conductas, prácticas, elecciones,
etc. Como vemos, una persona cualquiera es un complejo rompecabezas con final
abierto a pesar de que los condicionantes culturales tiendan a que nos manejemos
con identidades más o menos estables.
Si pensáramos en armar una mujer heterosexual, por ejemplo, tendríamos que:
_ Su sexo biológico es el de una hembra, donde deberían coincidir todas las
variables consideradas (cromosomas, cromatina, etc.).
_ Su identidad de género es femenina.
_ Su identidad de rol se corresponderá con la identidad de género, aunque esto
dependerá del medio en que esta mujer se mueva y de la permisividad de las
pautas culturales en relación con sus roles sociales.
_ Su orientación sexual será, obviamente, heterosexual. Y si pensáramos en
armar a una mujer homosexual veríamos que todo sería igual salvo que su
orientación sexual sería homosexual.
6
DISTRIBUCIÓN DEL TRABAJO EN RAZÓN DEL GÉNERO.
Desde distintos enfoques y perspectivas teóricas se considera que la ‘división
sexual del trabajo’ en la sociedad es el mecanismo central a través del cual se
producen sistemáticamente diferencias en la participación laboral y en los salarios
de hombres y mujeres. La ‘división sexual del trabajo’ hace referencia al reparto
social de tareas o actividades según sexo-género.
El concepto refiere a la existencia de procesos de sexualización de la ‘división
social’ y ‘técnica’ del trabajo, a una inserción diferenciada de hombres y mujeres
en la división del trabajo existente en los espacios de la reproducción y en los de
la producción social que se expresa:
a) En el espacio de la reproducción: en la segregación o concentración de las
mujeres en las tareas domésticas.
b) En el ámbito de la producción: en la segregación ocupacional o concentración
de las mujeres en determinados sectores de actividad, ocupaciones y puestos de
trabajo específicos.
En efecto, mientras que la concentración de la mujer en el trabajo doméstico es
prácticamente universal, en las actividades no-domésticas, como afirma Hakim, la
mayoría de las ocupaciones están estereotipadas como masculinas o femeninas.
Esto ocurre cuando el porcentaje de mujeres o de hombres es mayor que su peso
en el empleo total; o cuando hay ocupaciones típicamente femeninas o masculinas
(aproximadamente en un 30% vs 70%). A su vez, según este autor, la segregación
ocupacional puede ser horizontal: cuando hombres y mujeres trabajan en distintos
tipos de ocupaciones. O, vertical: cuando los hombres dominan las ocupaciones
en la parte alta de la escala profesional o tienen carreras mejores y más rápidas
dentro de las ocupaciones, mientras las mujeres se ubican principalmente en los
escalones más bajos.
7
La vigencia de la ‘división sexual del trabajo’, es corroborada por la información
disponible. No obstante que las diferencias en la distribución del uso del tiempo
entre ambos sexos son menos pronunciadas que las que existieron en el modelo
convencional, según el cual trabaja en forma remunerada exclusivamente el
hombre y la mujer permanece en el hogar, en todas partes, el tiempo promedio de
trabajo remunerado de los hombres sigue siendo mayor que el de las mujeres e,
inversamente, el tiempo doméstico continúa siendo más femenino.
En efecto, entre los hombres aproximadamente el 73 por ciento del tiempo de
trabajo total (doméstico y laboral) es destinado al trabajo remunerado y sólo 27 por
ciento a actividades domésticas.
La distribución entre trabajo productivo y reproductivo para las mujeres es
justamente la contraria, aproximadamente 27 vs. 73 % respectivamente o de 36
vs 64%. Así, los hombres regularmente muestran un compromiso doméstico
particularmente bajo. A la inversa, las mujeres quienes trabajan menos de manera
remunerada y destinan un tiempo mayor a las labores domésticas.
En definitiva, el que la responsabilidad de compatibilizar la vida familiar con la vida
laboral recaiga aún hoy en las mujeres refleja la vigencia de la división sexual del
trabajo existente en la sociedad. Los datos muestran que aunque las mujeres
trabajen de manera remunerada, siguen estando a cargo de la mayor parte de las
tareas del hogar. Este resultado es válido tanto cuando se tiene como cuando no
se tiene hijos, aunque la maternidad sitúa a las mujeres en una posición más
desventajosa, especialmente cuando los hijos son muy pequeños.
Finalmente, es de interés señalar, que alguna evidencia internacional no ha
encontrado diferencias de clase en el número promedio de horas dedicadas al
trabajo doméstico por hombres y mujeres. Sin embargo, otros estudios han
mostrado que las mujeres de clase media y alta realizan menos trabajo doméstico
que las de clase baja.
8
Entre las personas que trabajan, las mujeres de clase alta dedican menos tiempo
al trabajo doméstico que las de clase baja (175 vs. 196 min. diarios), debido
probablemente a que poseen más recursos para contratar, en el mercado,
sustitutos de su labor doméstica.
Ahora bien, en relación con la división del trabajo existente en los espacios de la
producción, hombres y mujeres no se ven distribuidos de modo igual entre los
sectores de actividad, los tipos de ocupaciones y los niveles de responsabilidad.
En efecto, se observa que casi dos tercios de las mujeres están concentradas
principalmente en las siguientes actividades económicas: comercio al por menor
(19,8%), servicios personales y domésticos (19,4%) y servicios sociales y
comunales (18,8%).
Al mismo tiempo, dentro de estas ramas de actividad, las mujeres están
empleadas en un rango reducido de ocupaciones y se concentran en el grupo de
los trabajadores no calificados, específicamente en el que desempeña empleos de
ventas y servicios, ejerciendo labores de personal doméstico; limpiadoras de
oficinas, hoteles y otros establecimientos y vendedoras a domicilio y por teléfono,
vendedoras y demostradoras de tiendas y en servicios (cocineras, camareras,
niñeras, ayudantes de enfermería a domicilio, peluqueras, especialistas en belleza
y afines).
Por lo que hace a la mayoría de las mujeres empleadas en oficina, la mayoría,
encontramos que son oficinistas (específicamente secretarias) y el resto
empleadas de trato directo con el público, especialmente cajeras, recepcionistas,
empleadas de informaciones y telefonistas.
De las mujeres que ejercen cargos profesionales, la mitad son profesionales de la
enseñanza, especialmente de la educación preescolar, primaria y secundaria. En
las profesiones técnicas y de nivel medio la mayoría se desempeña en los
servicios administrativos y afines, pero también en la educación y en la salud.
9
Finalmente, dentro de los operarios y artesanos trabajan como modistas,
costureras y bordadoras.
De esta manera, las mujeres están concentradas y ubicadas en ocupaciones que
pueden ser entendidas como una prolongación de aquellas tareas que
tradicionalmente han desempeñado en el hogar o, se les asignan actividades que
son vistas como inherentes a la condición femenina. Pero, al mismo tiempo, las
mujeres se ven, en general, excluidas de los puestos de poder y dirección. Sólo
muestran una mayor presencia al interior de las ocupaciones directivas en
departamentos de personal y de relaciones laborales, organizaciones
humanitarias, el comercio minorista y las empresas de restauración y hostelería.
Los hombres, en cambio, tienen una participación bastante más diversificada en
las distintas ramas de actividad económica, de manera que están más presentes
en aquellos sectores donde las mujeres están poco representadas y se ubican
principalmente en los tipos de ocupaciones de los cuales las mujeres se ven
excluidas. Por su parte, con excepción de aquellas ocupaciones de alto nivel
donde las mujeres se han abierto algún espacio (la mayoría de las veces a través
de acciones afirmativas), los cargos directivos y de poder, públicos y privados, son
desempeñados casi en forma exclusiva por los hombres.8
8
URIBE-ECHEVERRIA Verónica. INEQUIDAD DE GÉNERO EN EL MERCADO LABORAL: EL ROL DE LA DIVISIÓN
SEXUAL DEL TRABAJO. Cuaderno de Investigación N° 35. Santiago de Chile, 2008.
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