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Frankenstein

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El atlas de Pandora los códigos de su época al vivir con el poeta Percy B. desgraciado en el bosque. Conscientemente, la
Shelley y tener hijos sin casarse. Los prejuicios sobrecogedora escena evoca los linchamientos de

Benditos monstruos sociales afectaron a las ventas del libro y la autora negros en Estados Unidos. Whale se identificó no con
fue condenada al ostracismo. Como afirma su la horda de furiosos ciudadanos sino con la víctima,
La literatura de terror alude a una pulsión humana muy primitiva, ancestral, biógrafa Charlotte Gordon: “A principios del siglo injustamente atacada por ser extraña e insólita. En El
común a todos los individuos: el temor al distinto. XIX, las mujeres artistas eran monstruosas por espíritu de la colmena, del maestro Víctor Erice, otra
definición”. niña descubre que el auténtico peligro procede de
esos adultos de mirada inclemente, no del monstruo
La mirada de Mary Shelley hacia su
acorralado.
protagonista es siempre compasiva. Aunque
popularmente lo llamamos Frankenstein, en la La palabra “monstruo” comparte raíz con el
novela carece de nombre propio, más allá de latín monstrare, “señalar con el dedo”, ese índice
demonio, miserable o desgraciado. Rechazado por apuntado hacia lo diferente, hacia aquello que invade
su creador Víctor Frankenstein, representa la nuestros arraigados mapas de la realidad. Por tanto,
orfandad y el anhelo de compañía, en un eco de la es el dedo que apunta y rechaza el que crea al
infancia solitaria de la propia escritora. Huyendo del monstruo. En cambio, “normal” proviene de norma,
laboratorio de Ingolstadt donde despertó a la vida, el nombre latino de la escuadra, un instrumento de
encuentra cobijo en el cobertizo de una granja. A carpintería destinado a fabricar objetos en serie,
fuerza de observar a escondidas a los habitantes de todos iguales. El ser imaginado por Mary Shelley
la casa, aprende a hablar, leer y escribir. Aunque encarna lo contrario: pieles cosidas y órganos
Los presuntos monstruos nos invitan a inventar otras reglas de juego.
(Ilustración: Román) conoce la carne, elige ser vegetariano. Lector ávido, entretejidos, un cuerpo múltiple que nacía a una
Irene Vallejo devora libros de Plutarco y Goethe. Se vuelve culto, nueva vida.
sagaz y sensible, pero también consciente del
Ciudad de México / 02.12.2023 [Link] La literatura de terror alude a una pulsión
espanto que provoca su aspecto. La parte más
El miedo nos asfixia, nos ciega, ofusca y paraliza Dos mujeres fueron pioneras de la novela de humana muy primitiva, ancestral, común a todos los
conmovedora de la novela relata cómo la sociedad
la mente. A primera vista, resulta inexplicable terror moderna: la española María de Zayas y la individuos: el temor al distinto. En palabras de H. P.
defrauda al monstruo. Al verlo, todos se horrorizan y
nuestro apetito por las historias de terror. Nace de inglesa Mary Shelley, que hibridó oscuros relatos Lovecraft: “La emoción más antigua y más intensa de
lo expulsan a golpes. Incluso cuando salva la vida a
un deseo contradictorio: ante el umbral de una góticos del pasado con la naciente ciencia ficción. De la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más
una niña, el padre dispara contra él. Sus intentos por
temida y excitante revelación, nos estremecemos de forma fulgurante, lo siniestro irrumpió en la intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”.
aproximarse a los seres humanos terminan de forma
curiosidad y turbación. Cuando nos asusta una amansada realidad cotidiana, territorio familiar para Todavía nos resulta difícil convivir alegremente con la
violenta y cruel.
película, nos tapamos los ojos, pero abrimos las escritoras, excluidas durante siglos de la vida diferencia, reconocer su belleza y fortaleza, su

rendijas entre los dedos para espiar lo espeluznante. pública, centinelas del hogar, de sus rutinas y ruinas. En la película Frankenstein, clásico dirigido variedad fabulosa y festiva. Los presuntos monstruos

Deseamos conocer lo secreto y a la vez intuimos el Quizá por eso fue durante décadas un género por James Whale, una multitud enfurecida, nos invitan a inventar otras reglas de juego: no es

peligro. En el temblor de los cuentos late la sombra tachado de infantil y menospreciado. Cuando Mary empuñando antorchas y ansiedades, tortura al casualidad que diversión provenga de diversidad.

del monstruo. inventó a su criatura más famosa en 1816, ya infringía

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