CAPÍTULO II: Violencia y crimen organizado
En la realidad peruana y latina, el sistema democrático se ha implantado como el más
fuerte dentro de los estados políticos, sin embargo, una de las problemáticas actuales
que viene afectando la democracia en el Perú y Latinoamérica es la violencia y el
crimen organizado. En ese sentido la violencia es definida como un conjunto de
conductas consientes o inconscientes que utilizan el poder o la fuerza física como
medio de intimidación o como hecho, ya sea hacia uno mismo u otra persona,
causando: daño físico, psicológico, deceso y demás (OMS, 2002). Mientras tanto, el
crimen organizado, se puede conceptualizar como el conjunto de actividades delictivas
realizadas por un grupo, con el objetivo de adquirir algún tipo de beneficioso mediante
la realización de algún delito (Vizcarra et al., 2020). Estas controversias se sustentan
en la teoría de la anomía social de Durkheim, que define estos hechos en la ausencia
o rompimiento de las normas. Estos grupos se caracterizan por una falta de principios
que regulen las conductas pasionales y morales (Reyes Morris, 2008). En la misma
línea existen 2 teorías con mayor aceptación debido a su validación empírica, que
explican el comportamiento criminal y se complementan así mismas. La teoría de la
desorganización social desarrollada por Clifflord Shaw y Henry McKay en 1942 señala
3 categorías decisivas en la adquisición de conductas conflictivas
En referencia a ello, un tipo de acto violento social se manifestó el 9 de noviembre del
2020, luego de la vacancia de Martín Vizcarra por el cierre del congreso, la sociedad
peruana se levantaría en contra del poder legislativo, agravado en gran medida por la
crisis sanitaria, económica y política que en ese entonces se suscitaba (Paredes et al.,
2020). Más adelante, durante el corto gobierno de Manuel Merino, las protestas en
todo el país incrementarían su fuerza y firmeza, y con ello un despliegue significativo
por parte de la policía, reprimiendo de manera violenta a los ciudadanos,
especialmente a los situados en la capital del país, dejando 2 jóvenes muertos (Arroyo
et al., 2020). De manera análoga, en Venezuela se agravaba la persecución violenta
de la libertad de expresión y de prensa, debido a necesidad de estos por retratar la
realidad en la época de pandemia (Bartolomé, 2017). Evidenciando ello la represión de
los medios políticos hacia los defensores de los derechos humanos y libertad de
expresión( UNODC, s. f.).
Otro factor considera es la violencia de género, que se encuentra dentro los homicidios
interpersonales y la cual ha escalado vertiginosamente en los últimos años. Para el
2022 se señalaba una proporción de incidencia del 55% en comparación con los
homicidios en hombres por parte de la pareja o algún familiar (UNODC, s.f. ). De
hecho hubo un aumento significativo en el Perú durante la época de pandemia debido
al confinamiento social, acceso limitado a recursos de asistencia externa, lo cual
desembocó en la prevalencia notable en casos de violencia y feminicidios (Villanueva,
2024).
Sin embargo, el crimen organizado es más preponderante en América Latina. Se
demuestra que tiene uno de los índices más altos en cuanto a homicidios
intencionales, unos 154, 000 víctimas, solo por debajo de África, que tiene 176, 000.
Agregando a ello, se posee una tasa de 15 homicidios por cada 100, 000 habitantes,
muy por arriba de todos los continentes. La incidencia está mayormente orientada a
hombres de entre 15 y 26 años, asesinados a causa de crímenes tales como:
asesinatos terroristas y muertes por conflicto, esencialmente armado (40%),
principalmente por grupos de crimen organizado o discrepancias por el negocio de la
venta de sustancias ilícitas (UNODC, s. f.). En Perú. Acá durante los dos últimos años
se ha incrementado los índices de delincuencia, sumado a la falta de seguridad
ciudadana (INEI, 2024).
Estos fenómenos no solo representan una amenaza para la seguridad, sino que
también erosionan las instituciones democráticas y debilitan la confianza en el estado.
Ante esta serie de complicaciones la población propone la intervención de las fuerzas
armadas para finiquitar la problemática, sin embargo en Perú y demás países latinos
es un hecho que esta organización no es capaz de brindar una correcta intervención,
debido a la falta de capacitación y protocolos deficientes en el ámbito legislativo
(Jáuregui, 2018). Ello puede resultar en la violación de derechos humanos,
limitaciones a los derechos individuales, intensificar tensiones comunitarias y debilitar
el régimen democrático (Soares et al., 2024). INEI (2024) da a conocer el grado de
desconfianza de la ciudadanía sobre los poderes del estado, siendo la más baja
puntuación el poder legislativo con 4,8. Es por ello que se plantea medidas oportunas
que logren estabilizar la situación. La creación de políticas dirigidas a encargarse de
las principales causas de la violencia y crimen organizado, como los factores de riesgo
económicos, sociales y educativos que pueden ser decisivos en el camino de la
ciudadanía. Además se plantea disminuir las desigualdades tan contrastantes en el
Perú y Latinoamérica, fortalecer el vínculo entre estado y ciudadanía, mediante la
implementación de proyectos en relación a la transparencia de los órganos
gubernamentales y participación ciudadana, y reformar o fortificar las instituciones
judiciales y de orden público (Agudelo y Celis, 2023). Aunque claro está que la
ejecución y aplicación de estas medidas se verán entorpecidas por un sistema
corrupto y por un pueblo conformista y sumiso.
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52 personas perdieron la vida por homicidio cada hora en el mundo durante 2021, según un
nuevo informe de UNODC. (s. f.). Naciones Unidas : Oficina de las Naciones Unidas
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