Adicción al Tabaco: Un Análisis
Adicción al Tabaco: Un Análisis
LA ADICCION AL TABACO
INVESTIGADORES:
I. MARCO TEORICO
En
En 1992, el Director del INER pasó a formar parte del Comité Editorial de la revista Control del
Tabaco (Brit Med J), la primera publicación mundial sobre el control del tabaco.
En 1993, la Dirección General de Epidemiología realizó una segunda Encuesta Nacional de
Adicciones, determinando que cerca de una cuarta parte de la población había consumido tabaco
"alguna vez en su vida", lo que permitió estimar el número de sus usuarios en 10 millones. y el
consumo sigue siendo alto, especialmente entre adolescentes, mujeres jóvenes y grupos urbanos.
En 1997, el Director del INER recibió un premio de la OPS por su participación en la lucha
contra el tabaco. Magaña (2006).
En 2005 entró en vigor el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco, ley
internacional para la reducción del consumo en la que participa CONADIC; se publicó el libro
“México ante el Acuerdo Marco para el Control del Tabaco del INSP”; en el marco del Día
Mundial Sin Fumar se realiza el simposio “Convenio Marco Contra el Tabaco y Avances
Recientes Contra el Tabaco” y todos los años desde 2001 la SSA, el INER y otras instituciones
de salud han participado en actividades académicas con motivo del día.
En nuestro país continúa creciendo el número de clínicas antitabaco, actualmente 175, superando
la meta trazada hasta el momento, con el apoyo de los Centros de Integración Juvenil, IMSS,
ISSSTE, UNAM, y la asesoría del INER, como reflejo de la compromiso para evitar el aumento
del consumo de tabaco, que incluyen el aumento de los impuestos, la prohibición de la publicidad
y la promoción generalizadas del tabaco en lugares públicos y medidas para apoyar el abandono
del hábito de fumar. Horacio (2006).
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El tabaco es una planta originaria de América latina que contiene más de 4000 sustancias
químicas perjudiciales para la salud. En la elaboración del tabaco se utiliza la hoja de
Nicotiana tabacum de la que existen cuatro variedades: brasiliensis, havanensis, virginica y
purpúrea. El tabaco recolectado se mezcla con diferentes sustancias aromatizantes, y se
expone al aire o calor artificial. A la hoja obtenida se le añaden aditivos para mejorar el sabor
y otras características y se trocea. Esta mezcla se envasa dentro de un cilindro de papel al que
se le coloca en un extremo un filtro de celulosa, de mayor o menor porosidad, y que puede,
además, contener otros materiales como carbón vegetal, etc. Martín, Rodríguez, Rubio
(2004).
Componentes químicos del humo del tabaco
Las sustancias químicas contenidas en las hojas del tabaco son las precursoras de las más de
4000 sustancias que aparecerán en el humo de la combustión, el cual se divide en dos fases:
fase gaseosa y fase sólida o de partículas. La separación de las fases se realiza pasando el
humo del tabaco por un filtro tipo Cambridge, formado por agujas de vidrio muy finas que
retienen las partículas dejando pasar la fase gaseosa. Posteriormente se identifican las
sustancias con espectrometría de masas, cromatografía gaseosa, etc. Cuantificando resultados
incluso en ng/ml, NNK, fenol, pireno, quinolona, stigmasterol, tolueno, “brea”, 2-naftilamina,
4-aminopifenil, etc. Se observan variaciones cuantitativas de los componentes en los
diferentes tipos de cigarros, debido a características del propio cigarro, tipo de filtros, factores
de producción, uso de fertilizantes, métodos analíticos, etc. La International Agency for
Research on Cancer (IARC) ha incluido algunos agentes químicos procedentes del humo del
tabaco en el “Grupo I de carcinógenos humanos”: benceno, Cd, As, Ni, Cr, 2-naftil-amino,
cloro vinil, 4 aminobifenil y Be. Cuando se usan los piretroides como insecticidas en el
cultivo del tabaco, algunos residuos de estos componentes pueden aparecer en el humo del
cigarrillo. En la tabla 1 se resumen las características de algunos componentes del humo del
cigarrillo. Martín, Rodríguez, Rubio (2004).
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1. Nicotina
Es la responsable de la adicción al tabaco. La mayoría de los cigarrillos del mercado contienen
10 mg o más de nicotina, de la cual se inhala entre 1 y 2 mg/cigarrillo. Es el alcaloide más
importante (90 – 95 % del total de alcaloides). En el humo de los cigarrillos está principalmente
en forma de sales ácidas (en el humo de los puros se encuentra en forma de sales básicas), por lo
que su absorción a nivel bucal es mínima; de ahí la necesidad del fumador de hacer inhalaciones
profundas para absorber la nicotina a nivel pulmonar, arrastrando consigo todas las sustancias
tóxicas presentes en el humo. Martín, Rodríguez, Rubio (2004).
2. Monóxido de carbono
En los cigarrillos representa entre el 1,9 y el 6,3 % del humo, y en el humo de los puros está
entre el 9,7 y el 12,7 %. Se produce en aquellas combustiones incompletas. De forma natural, en
el catabolismo de la hemoglobina se forma CO, capaz de saturar el 0,4 – 0,7 % de la hemoglobina
del cuerpo; este porcentaje puede subir hasta el 2 % por el CO inhalado del medio urbano, y en
fumadores puede llegar hasta el 6 %. Su mecanismo de acción se basa en su extraordinaria
afinidad por la hemoglobina, que es hasta 270 veces superior a la del O2, por lo que lo desplaza,
formando carboxihemoglobina (COHb), que bloquea el transporte de oxígeno a los tejidos e
impide la función respiratoria. Martín, Rodríguez, Rubio (2004).
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Los principales son: formaldehido, NO2, acroleína, ácido cianhídrico y acetaldehído (Tabla
3). Entre los carcinógenos más potentes aislados del humo están los hidrocarburos aromáticos
policíclicos (HAP) y las nitrosaminas. Más del 90 % de los HAP inhalados en el humo del
tabaco son retenidos en el tracto respiratorio, actuando fundamentalmente como carcinógenos
de contacto. Son sustancias que se activan metabólicamente (intervienen sobre las mono
oxigenasas microsomales), formando carcinógenos definitivos. Martín, Rodríguez, Rubio
(2004).
8. Arsénico:
Aparece en sangre y orina y se acumula en uñas y cabellos. Puede afectar a la piel, al sistema
nervioso, al aparato respiratorio (con posibilidad de perforación del tabique nasal), y puede
producir afecciones cardíacas y hepáticas. Martín, Rodríguez, Rubio (2004).
9. Níquel:
Afecta al aparato respiratorio produciendo rinitis, sinusitis, perforación del tabique nasal, asma
alérgica, cáncer de etmoides, y cáncer broncopulmonar. Martín, Rodríguez, Rubio (2004).
10. Cromo:
A nivel del aparato respiratorio produce ulceración de la mucosa nasal, perforación del tabique
nasal, faringitis, tos, asma, y favorece la aparición de cáncer de pulmón. También pasa a sangre y
una parte se elimina por la orina. Martín, Rodríguez, Rubio (2004).
1.3
Una revisión sistemática de 75 cohortes, que incluyó datos de 2,4 millones de personas y más de
44 000 eventos coronarios en total, muestra que, en comparación con las no fumadoras, las
mujeres que fuman tienen un riesgo relativo de enfermedad cardiovascular un 25 % mayor que
los hombres que fuman. otros riesgos cardiovasculares. factores (RR 1,25, IC 95% 1,12-1,39, p
< 0,0001); además, se calculó que las mujeres presentan un aumento del riesgo del 2% por
cada año de seguimiento (p = 0,03). La asociación entre tabaquismo y ECV también se ha
estudiado en fumadores actuales y en individuos sin antecedentes o fumadores actuales
agrupados por rango de edad (30 a 80 años); en todas las categorías excepto en las más jóvenes
(30-44 años), el efecto del tabaquismo sobre el riesgo de ECV fue mayor en mujeres que en
hombres, aunque la diferencia solo fue significativa en las personas de 60-69 años. Un análisis de
los datos de 53 estudios no encontró diferencias entre los ex fumadores y las mujeres en
comparación con los que nunca habían fumado en el riesgo de enfermedad cardiovascular (RR
0,96, IC del 95 % 0,86–1,08, p = 0,53); no está claro si la probabilidad de CVD para cada género
disminuye o aumenta con la edad. Aunque la mayoría de los estudios reportan un mayor riesgo
de desarrollar enfermedad cardiovascular en mujeres fumadoras que en hombres fumadores, no
está claro si los mecanismos que subyacen a esta diferencia son biológicos o están relacionados
con el comportamiento de fumar entre hombres y mujeres. Villegas (2018).
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La Sociedad Estadounidense del Cáncer señala que 1 de cada 10 muertes CV está relacionada con
el tabaquismo, especialmente las asociadas con infarto de miocardio y accidente cerebrovascular,
y que el tabaquismo pasivo también es un factor de riesgo importante de infarto de miocardio; la
exposición al humo de segunda mano aumenta el riesgo entre un 25 y un 31 %. Eliminar el humo
de segunda mano reduce la incidencia del humo de segunda mano, lo cual tiene sentido biológico
porque la exposición puede inducir rápidamente cambios fisiopatológicos, según un estudio que
comparó a fumadores activos y no fumadores en la agregación plaquetaria, la formación de
trombos, disfunción endotelial e inflamación.
Villegas (2018).
Dentro de las afecciones más severas del tabaquismo en el sistema nervioso central se
destaca el ACV, que al igual que otras ECV, es una de las principales causas de discapacidad
y muerte en el mundo.
Un gran estudio encontró que los hombres que fumaban un cigarrillo al día tenían un 25 %
más de riesgo de accidente cerebrovascular en comparación con los que nunca habían fumado, y
las mujeres fumadoras tenían un 31 % más de riesgo en comparación con las mujeres. Sin
antecedentes de tabaquismo. Específicamente, se encontró que el riesgo relativo de accidente
cerebrovascular en los hombres era de 1,25 para los fumadores de 1 cigarrillo al día y de 1,64
para los fumadores de 20 cigarrillos al día. En las mujeres, se calculó en 1,31 y 2,16 para las
fumadoras de 1 y 20 cigarrillos, respectivamente. Incluso teniendo en cuenta múltiples factores
de confusión, se ha reconocido que los fumadores empedernidos tienden a tener factores de
riesgo cardiovascular más severos que los fumadores "ligeros" (menores cantidades de tabaco)6.
Villegas (2018).
Al respecto, otro estudio encontró que entre los participantes para quienes fumar era el único
factor de riesgo, la incidencia de accidente cerebrovascular isquémico fue mayor en hombres que
en mujeres, en comparación con los participantes que exhibieron otros factores de riesgo.
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Se realizó un análisis multivariante que incluyó otros factores de riesgo típicos (edad, obesidad,
antecedentes de ECV), entre los cuales el tabaquismo se asoció con un mayor riesgo relativo.
Además de la edad, fue el factor de riesgo causal de la mayoría de los eventos.
Villegas (2018).
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Para tener un marco de referencia general, se dan algunas definiciones de lo que se entiende
por uso de sustancias psicoactivas o drogas y los factores psicosociales, particularmente aquellos
que fueron significativos para el uso de alcohol y tabaco. El uso de sustancias psicoactivas se
refiere al hecho o comportamiento particular de entrar en contacto con drogas (no medicinales),
ya sea por vía oral (tragada o masticada), inyectada, fumada, por ingestión anal o vaginal, a las
condiciones físicas o químicas cambiantes del organismo (Organización Mundial de la Salud
[OMS], 2002) afectando el sistema nervioso central [SNC] y consecuentemente provocando un
cambio en el comportamiento (Parrott, Morian, Moss y Scholey, 2004). Pérez (1999, 2000) y
Becoña y Vázquez (2001) han abordado algunas etapas de uso y parecen estar de acuerdo en que
el uso experiencial y social se asocia con intentos aleatorios, de tiempo limitado y de baja
frecuencia. Con el uso regular, la cantidad y la frecuencia de uso aumentan para alterar el estado
de ánimo. Por ejemplo, cuando bebe alcohol, es más probable que el adolescente elija bebidas
con un contenido de alcohol superior al que está acostumbrado. En esta etapa comienzan a
aparecer cambios de comportamiento relacionados con la escuela (ausencia de clases, no hacer
los deberes), la familia (aislamiento de las actividades), los amigos (aumento de las salidas con
usuarios de drogas) y la vida personal (es más probable que sean emocionales). inestables y
pierden interés en lo que antes parecía haberlos motivado). El uso intensivo se caracteriza por
ocurrir al menos una vez al día y tiende a aumentar la dosis y la frecuencia del comportamiento.
Se desarrolla adicción, lo que significa que la droga es tolerada y la persona que la padece no
puede dejar de usarla sin experimentar molestias fisiológicas o cambios en la función mental,
razón por la cual las recaídas son comunes. (Tapia y Cravioto, 2001).
En los jóvenes, el consumo puede alternar entre estas etapas y no progresar consistentemente a la
adicción. El resultado variará en función de la interacción entre la capacidad de la propia
sustancia (tipo, cantidad y frecuencia) de provocar cambios físico-químicos cerebrales, así como
de las expectativas y factores de vulnerabilidad personal, familiar, social y otras circunstancias
ambientales (amigos , escuela). , estilo de vida, etc.) en los que consumen o experimentan en esta
etapa de la vida (Becoña y Vázquez 2001; OMS, 2004). Durante estas etapas de la vida, valoran
mucho las drogas porque son una forma fácil y rápida de sentirse cómodos, les hacen sentir más
aceptados en su grupo de iguales o porque tienen la capacidad de controlar sentimientos
desagradables. , cambiar o reducir los estados de ansiedad y depresión, así como reducir la
tensión. Así, estos aspectos pueden ser considerados como algunos de los motivos para empezar a
utilizarlo. El daño causado por el consumo de drogas es muy diverso. Sin embargo, se pueden
agrupar de la siguiente manera: (1) consecuencias crónicas para la salud, como el daño a ciertos
órganos o la aparición de enfermedades (cirrosis, cáncer, enfisema, etc.); (2) los efectos físicos
que la sustancia produce directamente en un corto período de tiempo, tales como pérdida de
coordinación motora, deterioro del juicio, incapacidad para mantener la concentración, etc.; y (3)
problemas sociales asociados al consumo, como daño en las relaciones interpersonales, pérdida
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del trabajo, ruptura familiar, etc. Finalmente, si se continúa bebiendo, se produce la muerte por
depresión de los centros respiratorios (Álvarez y Del Río, 2003; Brick, 2004). La intoxicación
aguda por alcohol es socialmente aceptable y las leyes relativas a su uso son bastante liberales. El
costo y riesgo social asociado al abuso de esta sustancia es muy alto debido a la cantidad de horas
no trabajadas por los sujetos ebrios, los accidentes causados directa o indirectamente, el costo de
la atención médica y el deterioro de las relaciones familiares y sociales. La forma de consumo
más común es fumando (en un cigarrillo), pero también se puede masticar.
(Tapia y Cravioto, 2001). Debido a su naturaleza adictiva, el fumador habitual tiende a mantener
los niveles de nicotina en la sangre relativamente constantes; cuando estos valores disminuyen. El
ritual de buscar un cigarrillo, conseguirlo y finalmente fumarlo se convierte en un componente
estructurado del comportamiento en muchas situaciones cotidianas de fumar hasta que se
convierte en un hábito. En cuanto al consumo de drogas, se acumula evidencia empírica y teórica
de la existencia de algunos factores de riesgo psicosocial para el consumo de sustancias
psicoactivas. Se consideran tales factores las características o características individuales
(personalidad y comportamiento), así como las condiciones situacionales o contextuales, que
aumentan la probabilidad de iniciar y mantener el consumo de estas sustancias y como
consecuencia de las cuales se producen una o varias consecuencias adversas (Fanzel , 2005;
OMS, 2002). Al mismo tiempo, los factores de protección psicosocial aumentan la probabilidad
de que no se produzca el consumo de drogas, o de que, en caso de producirse, las características
individuales y las condiciones del entorno físico y social eviten que el problema se repita y se
cronifique, deteriorando la salud y la calidad de vida. En este caso, los factores tienen la
capacidad de favorecer cambios en los hábitos de comportamiento de los individuos y grupos
afectados. Es importante aclarar que la relación de estos factores psicosociales con la conducta de
consumo no es casual, sino que aparece como un efecto acumulativo de las diversas variables que
confluyen en la vida del sujeto que aumentan o disminuyen el inicio, la exacerbación o el
consumo crónico. incluso causar un trastorno por uso de sustancias
(Organización Panamericana de la Salud [OPS], 2001). A continuación, se describen los factores
psicosociales que tienen sustento empírico y teórico y que los estudios han encontrado que están
particularmente asociados con el consumo de alcohol y tabaco. Estos problemas emocionales
están asociados al consumo de sustancias psicoactivas (Barlow, 2002; Galaif, Sussman, Chou
& Wills, 2003; Gutierrez-Baró & Aneiros-Riba, 1999; Marmorstein & Iacono,
2003; Shrier, Harris, Kurland & Knight, 2003) .
Esto significa además que la persona tiene la capacidad de controlar su comportamiento para las
consecuencias a largo plazo, esforzándose por no actuar exclusivamente en busca de refuerzos
directos y agradables. Las personas con autocontrol atribuyen su comportamiento principalmente
a factores internos y los ven como modificables y cambiantes con el tiempo. . Se ha identificado
como un factor de riesgo para el consumo de sustancias psicoactivas en el sentido de que un
autocontrol reducido se asocia con una menor búsqueda del placer y un menor esfuerzo personal.
(Del Barrio y Alonso, 1994; Gutierrez-Baró y Aneiros-Riba, 1999; Higgins y Marcum, 2005;
Risolidaria, s.f.; Williams y Ricciardelli, 1999).
h) Las relaciones interpersonales, que incluyen la cantidad y el grado de satisfacción con las
mismas. La insatisfacción con las relaciones interpersonales ha sido relacionada con el
consumo de sustancias psicoactivas (Oman, Vesely, Aspy, McLeroy, Rodine y Marshall,
2004; Unger, Sussman y Dent, 2003) tanto en cuanto las personas no cuentan con apoyo
social eficaz o la percepción que tienen de este apoyo social no les permite emplearlo
adecuada y oportunamente. Considerando entonces los distintos factores que han sido
enunciados como aquellos que están relacionados con el consumo de drogas, queremos
evaluar específicamente si actúan como factores de riesgo para el consumo de alcohol y
tabaco o, por el contrario, están presentes en estos jóvenes universitarios como factores que
los protegen del consumo.
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El tabaco es un producto muy tóxico, entre cuyos ingredientes conocidos figura una larga lista
de compuestos químicos recogidos en los contaminantes ambientales y sustancias peligrosas para
la salud (amoníaco, piridina, alquitranes, hidrocarburos aromáticos policíclicos, nitrosaminas,
cadmio, cianuro, polonio-210, radón, acetaldehídos y un largo etcétera). La combustión del
tabaco libera más de 4.000 sustancias tóxicas para la salud y 60 de ellas se ha demostrado que son
carcinógenas3. Miranda (2004).
El normal funcionamiento del organismo puede verse gravemente afectado en sus funciones
vitales (comprometiendo su supervivencia) como consecuencia de la inhalación directa del humo
de tabaco (tabaquismo activo) o bien debido a la exposición a los contaminantes que conforman
el humo ambiental de tabaco (tabaquismo pasivo).
A partir de los años 40 se inician investigaciones para relacionar el tabaquismo con la aparición
de determinadas enfermedades, principalmente respiratorias y pulmonares. Desde entonces se
genera una cascada de información epidemiológica y médica, que termina por considerar el
consumo de tabaco como un problema de salud mundial. Como protección y promoción de la
salud, la OMS insta a los gobiernos para que desarrollen programas específicos antitabaco. En
este artículo se hace una revisión sobre la toxicidad de los componentes químicos del tabaco y los
estudios más actuales sobre sus efectos en el organismo. Palabras clave: Tabaco, nicotina,
toxicidad, fumador activo, fumador pasivo. Introducción En la elaboración del tabaco se utiliza la
hoja de Nicotiana tabacum de la que existen cuatro variedades: brasiliensis, havanensis, virginica
y purpúrea. Miranda (2004).
Efectos neuroendocrinos
la liberación de hormona adrenocorticótropa, cortisol, vasopresina, aldosterona, hormona del
crecimiento y prolactina.
Aparato circulatorio
de la presión sanguínea, y vasoconstricción a nivel de pequeños vasos periféricos, lo que
implica menor aporte sanguíneo a la parte irrigada y ↓ de la temperatura sobre todo de manos y
pies. Sistema gastrointestinal Reducción o supresión de las contracciones de la pared gástrica, y ↑
de las secreciones ácidas del estómago, lo que puede originar la aparición de gastritis y úlceras, o
dificultar su tratamiento. La nicotina suprime la liberación de insulina del páncreas.
Sistema respiratorio
El de la frecuencia respiratoria hace que se reduzca la función inmunitaria del pulmón, lo que
favorece la aparición de infecciones y el desarrollo de neoplasias. Perfil lipídico los niveles de
colesterol-lipoproteínas de baja densidad y de muy baja densidad, a su vez que las
concentraciones de colesterol-lipoproteínas de alta densidad. Esto favorece la formación de
placas de ateroma.
Coagulación ↑
en el recuento celular y en el tamaño, y ↓ en la capacidad de deformación. El mayor número
de plaquetas, junto con la ↓ en la síntesis de prostaglandinas I2 favorece la adhesividad y la
agregación plaquetar, lo que puede dar lugar a trombos plaquetarios intravasculares. Pero además
la nicotina produce ↑ de tromboxano, trombina y fibrinógeno, lo que también favorece la
formación de trombos plaquetarios intravasculares.
Metabolismo
del metabolismo basal. Interacciones metabólicas Se van a producir interacciones con muchas
sustancias, incluidos fármacos, que utilizan la misma vía de metabolización que la nicotina (P-
450), bien compitiendo con ellos, o bien acelerando su metabolismo (es el caso de la teofilina).
Espinosa (2002).
21
En los fumadores se produce un descenso de los niveles de monoamino oxidasas con respecto
a los no fumadores o ex – fumadores, que se atribuye a un efecto del propio humo y no a una
característica biológica del fumador. Esta inhibición de las MAO contribuye a un mayor riesgo de
depresión, mayor riesgo de adicción al alcohol y a otras sustancias, y en general, a mayor
prevalencia de enfermedades psiquiátricas en fumadores. Además, existe una relación entre el
tabaquismo y el estado nutricional: • Fumar altera el sentido del gusto y del olfato. • En el
estómago disminuyen las contracciones estomacales por lo que se atenúa la sensación de hambre.
• A nivel de vías digestivas y del hígado se impide la absorción y utilización del complejo
vitamínico B. • Los componentes del humo van a interaccionar con algunas vitaminas (Vit C,
ácido fólico, Vit A, etc.). • Algunos nutrientes inorgánicos (como el Fe, Zn y Cu) se ven
afectados por algunos de los metales presentes en el humo, como es el caso del Cd. • La nicotina
aumenta hasta en un 10 % más el gasto energético. El humo del tabaco produce radicales libres,
por lo que es importante el aporte de antioxidantes en la dieta (Vit E, algunos carotenos, ácido
ascórbico, Mn, Co, Zn y Se). Algunos estudios han concluido que aportes extras de algunos de
estos componentes pueden ser perjudiciales; es el caso del caroteno que, a dosis altas, unido a la
exposición al humo de los cigarros, potencia los efectos carcinogénicos. Numerosos estudios han
demostrado que las mujeres fumadoras presentan: • Mayor riesgo de infertilidad • Retraso en la
concepción • Adelanto de la menopausia • Incremento de osteoporosis y del riesgo de fractura de
cadera. En caso de embarazo se pueden producir importantes riesgos como: • Placenta previa. •
Parto prematuro • En el desarrollo del cerebro fetal van a influir negativamente la nicotina y el
CO, ejerciendo una acción directa sobre el mismo, y también de forma indirecta produciendo
hipoxia intrauterina. • Los efectos directos que se producen en la madre (trastornos de la
circulación, taquicardia, aumento de la presión sanguínea) influyen también en el feto. •
Malnutrición fetal por disminución de la vascularización de la placenta y por lo tanto del área de
intercambio de gases y nutrientes entre la madre y el feto. Esto implica un retardo en el
crecimiento intrauterino del feto. • Incremento de la mortalidad. Los efectos producidos en niños
de madres fumadoras son: • Bajo peso al nacer • Prematurez • Aumenta el riesgo del síndrome de
muerte súbita • Mayor riesgo de enfermedades respiratorias, de asma infantil • Retraso en el
crecimiento postnatal y en el desarrollo cognitivo a más largo plazo [33]. En la lactancia la
nicotina pasa al niño a través de la leche materna, pudiendo conferirle un sabor desagradable.
Espinosa (2002). El exceso de nicotina puede provocarle náuseas y diarreas. Al disminuir el
apetito de la madre, disminuye la calidad y cantidad de la leche materna. Infertilidad masculina:
En los países desarrollados se ha detectado que un alto porcentaje de parejas infértiles tienen la
causa en el hombre, es decir, fumar es uno de los factores que influye en la calidad del semen:
disminuye su densidad, la cantidad total de espermatozoides, el número de espermatozoides
móviles, el porcentaje de formas normales y la concentración de citrato. Todas estas razones son
suficientes para aconsejar el cese de fumar a aquellas parejas que deseen fecundar. Tabaco, HTA
y Diabetes: Importancia tiene la asociación de tabaquismo con la excreción urinaria de albúmina
en sujetos hipertensos y diabéticos, que a su vez se relaciona con un peor perfil lipídico y es la
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causa de morbimortalidad cardiovascular en estos enfermos. El tabaco actúa sobre el riñón por
varios mecanismos: • Indirectamente, por la acción de la nicotina (aumenta la presión arterial), se
elevaría la presión intraglomerular y como consecuencia la albuminuria. • Directamente el tabaco
podría ejercer un efecto sobre la hemodinamia glomerular. Se estudió que tanto en fumadores,
como en ex fumadores, se producía un aumento significativo de endotelina 1, que es una
sustancia vasopresora que actúa a nivel glomerular. Además, el tabaco altera la función del
túbulo proximal renal, reflejándose con una elevada excreción urinaria de beta-hexosaminidasa.
Espinosa (2002).
Efectos tóxicos en fumadores pasivos
Se considera fumador pasivo aquellas personas no fumadoras que están expuestas a los
productos de combustión del tabaco en ambientes cerrados. El humo del tabaco ambiental
proviene una parte del que es exhalado por el propio fumador, y otra parte del humo desprendido
entre caladas. Hoy se sabe que esta toxicidad es tan importante como la de la corriente principal.
Espinosa (2002). La corriente lateral contiene numerosas sustancias citotóxicas: hidrocarburos
aromáticos policíclicos, aminas aromáticas, nitrosaminas, metales pesados, gases venenosos,
residuos pesticidas y elementos radioactivos, muchos de ellos en mayor cantidad que los
encontrados en la corriente principal. Los marcadores que dan fe de la exposición de sujetos al
humo del tabaco son la nicotina, y especialmente su metabolito la conitina, que puede aislarse de
sangre, orina y saliva, y tiene una vida media en adultos de 15-40 horas, y de 37-160 horas en los
niños. En los fumadores pasivos adultos las principales enfermedades relacionadas con esta
exposición son cáncer (de pulmón y otras localizaciones), enfermedades cardiovasculares, asma
bronquial, EPOC y síntomas respiratorios (agudos y crónicos). En el caso de mujeres
embarazadas que sean fumadoras pasivas, los efectos sobre el feto y los riesgos del neonato son
equiparables a los ya citados para los casos de mujeres embarazadas fumadoras activas. Espinosa
(2002).
En los niños menores de 18 meses las consecuencias pueden ser más dramáticas, ya que su
aparato respiratorio está inmaduro y no están suficientemente desarrollados los mecanismos de
defensa de éste. Investigaciones anteriores ya han demostrado que la nicotina favorece el
crecimiento de bacterias que pueden causar caries, por lo que los padres fumadores que besan a
sus hijos pueden estarle pasando estos gérmenes. También en los fumadores pasivos es necesaria
la monitorización de aquellos medicamentos cuya vía de metabolización coincida con la de
algunos de los componentes presentes en el humo; hay estudios que claramente demuestran esta
importancia, como es el caso de la administración de teofilina a la población infantil expuesta al
humo del tabaco, y cuyo aclaramiento plasmático es significativamente más elevado con respecto
a los no expuestos. Espinosa (2002).
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La adolescencia se caracteriza por ser una etapa de pérdida y de renovación. Una etapa en la
que gradualmente tiene que ir abandonando el funcionamiento infantil, las relaciones infantiles
con los padres, un cuerpo infantil y unas vivencias psíquicas de tipo infantil. Es un período en el
cual destacan los elementos de ruptura, de pérdidas y abandonos necesarios para seguir adelante
en el desarrollo, un período donde el adolescente debe elaborar ese duelo con las ansiedades y
dolor depresivo consiguiente. Podemos agrupar la labor de duelo y dolor depresivo del
adolescente en tres ámbitos fundamentales: a) duelo por el cuerpo infantil perdido. El adolescente
no pocas veces ve sus cambios como algo externo, como espectador impotente de lo que sucede
en su propio organismo; b) el duelo por el rol y la identidad infantil que le obliga a una renuncia
de la dependencia infantil y a una aceptación de responsabilidades, que en muchas ocasiones
desconoce; c) y el duelo por los padres de la infancia a los que persistentemente trata de retener
en su mundo interior, buscando el refugio y la protección que ellos significan. Esta situación se
ve complicada por la actitud de los propios padres que también tienen que aceptar su
envejecimiento y el hecho de que sus hijos ya no son niños, y sí en cambio adultos o como
mínimo están en vías de serlo. A estos duelos hay que añadir el duelo por la bisexualidad infantil
que también se perderá en aras de conseguir una identidad sexual clara y definida. Javeriana
(2006).
Este período supone un cambio, en concreto, en la relación con los padres, quienes para el
niño lo sabían y lo podían todo, y ahora para el adolescente ya no saben ni pueden tanto, lo que,
si bien provoca dolor e inseguridad al perder también la seguridad y contención que
proporcionaba, permite al niño liberarse de la sumisión y obediencia a ellos. Este cambio es
vivido como una pérdida y se expande a sus creencias, relaciones de objeto y al mundo en
general, tal como lo conocía de niño. En definitiva, afecta a todo el sistema de valores infantiles.
Las modificaciones corporales incontrolables e irreversibles, junto a la presión del medio que
exige del adolescente nuevas pautas de comportamiento y convivencia, pueden hacer el proceso
de duelo persecutorio. Esto obliga al adolescente, en ocasiones, a retener como defensa muchos
de sus logros infantiles, como un refugio temporal, de acopio de fuerzas psíquicas para dar el
siguiente paso. Estamos hablando del concepto de "Regresión al servicio del desarrollo". El niño
necesita tomarse tiempo para terminar de asumir y conformarse a esos cambios, en definitiva para
aceptarse a sí mismo. Pero sólo llega a esta conformidad mediante un largo proceso de duelo a
través del cual puede tolerar renunciar a su cuerpo de niño y abandonar la fantasía omnipotente
de la bisexualidad. El niño pide tiempo para crecer y dejar de ser niño. Javeriana (2006).
El adolescente se puede sentir amenazado si se ve forzado a asumir precozmente su identidad
genital. Esto supondría la pérdida de su dependencia infantil en un momento de confusión, de
duelo, en el que esa dependencia se hace aún más necesaria si cabe por lo que necesita tomarse su
tiempo. Necesita realizar ensayos y pruebas de pérdida y recuperación de ambas edades: la
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infantil y la adulta, para consolidar así una mayor confianza en su nueva identidad, en esa nueva
independencia. Javeriana (2006).
La adolescencia es el período entre la triste despedida de la infancia, del self y de los objetos
del pasado, y una gradual entrada en el mundo adulto, lo que requiere una reorientación,
transformaciones energéticas y estructurales, y una drástica recomposición de toda la
organización psíquica. En afortunada expresión de L. Kaplan, la adolescencia es " El adiós a la
infancia".
Para comprender cabalmente el significado profundo y el dolor del duelo que tiene que
efectuar el adolescente ante esas pérdidas, podríamos decir que: "Aceptar la pérdida de la niñez,
significa aceptar la muerte de una parte del yo y sus objetos para poder ubicarlos en el pasado "
(Aberastury y Knobel). Javeriana (2006).
El adolescente siente el cuerpo como algo extraño a él, que le viene impuesto, ajeno a su
voluntad y control. El cuerpo proporciona unas referencias espaciales nuevas que hacen sentir al
adolescente como un ciego en medio de unas dimensiones espaciales que han cambiado, le han
cambiado las medidas. Por eso puede aparecer una torpeza psicomotórica en su respuesta a
estímulos súbitos porque carece de las pautas aprendidas al no estar familiarizado con las nuevas
medidas de su cuerpo.
El adolescente se siente invadido por un cuerpo que siente ajeno, que no controla ni puede guiar y
que supone la pérdida dolorosa del cuerpo de la infancia, pérdida que es vivida de forma
irreversible e irrectificable, viéndose obligado a aceptar un cuerpo que no ha elegido. El
adolescente necesita y pide tiempo para aceptar su nuevo cuerpo.
Todo ello le hace temer su inadecuación, tanto en su evolución y capacidades psicomotoras,
como en su función sexual. Así se compara con los demás. Necesita saber si es normal o no, qué
piensan los demás de él. Necesita diferenciarse de los demás en las pirámides de edad, busca su
reaseguramiento con los de su edad, se burla de las discapacidades de los demás en la medida en
que suponen una amenaza para la propia integridad y normalidad. Vigila, observa y sigue
atentamente cada uno de los cambios que se producen en su cuerpo. Como consecuencia de su
estudio minucioso pueden aparecer ansiedades hipocondríacas, dismorfofóbicas; como los
cambios son nuevos y extraños proporcionan la base de los sentimientos de extrañeza y de
despersonalización. Javeriana (2006).
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Método
Participantes
La muestra fue estratificada y se formó con 763 estudiantes (52,4% mujeres y 46,5% hombres)
de una universidad privada de Cali (Colombia). Su participación fue voluntaria y conocían los
objetivos del estudio. Los sujetos tenían entre 15 y 25 años con una media de 20 años y una
desviación típica de 2,27; agrupados de la siguiente manera: el 63,6% tenía entre 18 y 21 años, el
24,5% entre 22 y 25 años y el 11,9% era menor de edad (18 años). El 88,9% estaba soltero y el
48,4% tenía una relación de pareja en el momento de responder al cuestionario. El 82,4% no tiene
una ocupación diferente al estudio y las actividades que realiza en el tiempo de ocio son:
rumbear1 (52,2%), dormir (51,7%), escuchar música (49,9%), ir a comer (47,9%) y practicar
algún deporte (40,3%). Diseño El estudio fue de modalidad no experimental, descriptiva y
correlacional (Hernández, Fernández y Baptista, 2003). Instrumento Se utilizó el «Cuestionario
de medición de factores de riesgo y de protección para el consumo de drogas» (Salazar, Varela y
Cáceres, 2005), que ofrece información sobre:
• Aspectos sociodemográficos:
se incluyen 10 ítems que permiten determinar el sexo, la edad, el estado civil, el programa y
año académico que cursan, con quién viven, si tienen pareja y las actividades de ocio. Estos tres
últimos aspectos fueron evaluados con preguntas cuyo formato de respuesta era de opción
múltiple.
• Características del consumo de drogas:
mediante 12 ítems se evalúan la conducta (frecuencia y forma) del sujeto, las situaciones
antecedentes y las consecuencias. Se utilizó el formato de respuesta múltiple.
• Factores psicosociales de riesgo y protección para el consumo de drogas:
los 216 ítems de este apartado del cuestionario incluyen los indicadores más relevantes de
algunos aspectos que según la literatura científica están asociados con el consumo de drogas.
Estos son las alteraciones psicológicas, la autoestima, los comportamientos perturbadores, el
maltrato, las habilidades de autocontrol, las habilidades sociales, las habilidades emocionales, las
habilidades de afrontamiento y enfrentamiento, la espiritualidad, los preconceptos y la valoración
de las sustancias psicoactivas, la relación con personas consumidoras, las relaciones
interpersonales y el funcionamiento familiar. Los ítems tienen un formato de respuesta «sí/no».
La validez del cuestionario se obtuvo mediante la evaluación del instrumento por el panel de
expertos en evaluación y tratamiento del consumo de sustancias psicoactivas (validez de
contenido) y, para evaluar la consistencia interna del cuestionario, se calculó el alpha de
Cronbach, que fue de 0,906, indicando que la consistencia interna es elevada.
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Resultados
Los resultados fueron analizados con el Statistical Package for Social Sciences [SPSS] versión
13.0 para Windows. La caracterización del consumo de alcohol y tabaco se realizó a partir de la
estadística descriptiva (incluyendo las variables sociodemográficas) y se establecieron tres
categorías de acuerdo con el tipo de interacción que el sujeto ha tenido con la sustancia:
• Nunca ha consumido: se refiere a que el comportamiento no se ha presentado en ninguna
ocasión a lo largo de la vida.
• Consumo actual: el comportamiento de consumo se ha presentado y mantenido por lo menos
durante el último mes.
• Consumió antes y actualmente no («consumo histórico»): se refiere a que en alguna ocasión
del pasado hubo consumo de las sustancias, pero no se ha presentado en los últimos 30 días.
Por otra parte, los factores psicosociales evaluados se clasificaron en dos categorías: «de
riesgo» o «de protección». Teniendo en cuenta lo anterior y de acuerdo con la respuesta del
sujeto, a cada ítem se le asignó un valor de cero o uno. En todos los casos se seleccionó el 75%
de la suma total de los ítems que componían el factor y en este valor se estableció el punto de
corte. Si una puntuación alta en los ítems es indicador de la presencia del factor como «de
riesgo», entonces, aquellos sujetos cuyas puntuaciones estaban por encima del punto establecido
quedaban clasificados como «expuestos al riesgo»; así, si un individuo obtenía una puntuación
inferior al 25% de la suma se consideraba que el factor tenía un «efecto protector». Se realizaron
tablas de distribución de frecuencias simples, así como asociaciones entre los factores, tanto a
nivel descriptivo como de inferencias, mediante tablas de contingencia y pruebas chi cuadrado
(χ2), con una significación del 0,05. Consumo de alcohol. Esta sustancia es la más consumida
entre los estudiantes universitarios; el 97,4% de los jóvenes lo ha hecho por lo menos una vez en
su vida y de estos, el 74,5% mantiene su consumo actualmente. Entre los que consumen alcohol
actualmente el 52% son mujeres; el 50,8% tiene entre 18 y 20 años y el 39% tiene entre 21 y 25
años. El inicio del consumo de alcohol ocurre en la mayoría de los casos a los 14,9 años. Las
bebidas alcohólicas que más consumen son la cerveza (88,5%), el aguardiente2 (86,2%) y el vino
(74,7%) y lo hacen en bares (78,1%),
discotecas (76,7%), casas de amigos
(65,4%) y su propia casa (43,1%),
especialmente en eventos como la
rumba (83%), las reuniones sociales
(62,9%) y las celebraciones (62,8%), en
los que está en compañía de amigos
(92,7%), familiares (37,2%) y la pareja
(34,1%). En el 61,2% de los casos, los
amigos son los que les han pedido que
consuman alcohol. Javeriana (2006).
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Es por eso que es importante erradicar el consumo del tabaco y evitar su propagacion, debido
a todos los daños ya mencionados. Ortega (2007).
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Horacio Rubio Monteverde, Alessandro Rubio Magaña (2006) Breves comentarios sobre la historia del
tabaco y el tabaquismo
Articulo oct./dic. 2006- vol.19 no.4
Breves comentarios sobre la historia del tabaco y el tabaquismo ([Link])
Martín Ruiz, Rodríguez Gómez, Rubio, C (2004) Efectos tóxicos del tabaco Revista de
Toxicología, Revista de Toxicología vol. 21, núm. 2-3, revista 2004, pp. 64-71
¿Qué es el tabaco? – ecca
[Link]
Martín Ruiz, Rodríguez Gómez, Rubio, C (2004) Efectos tóxicos del tabaco Revista de
Toxicología, Revista de Toxicología vol. 21, núm. 2-3, revista 2004, pp. 64-71
[Link]
Dra. Andrea Hernández Pérez, Ismael Cosío Villegas (2018).