Resumen 1er Parcial
Resumen 1er Parcial
Alburquerque
Las características internas de la empresa incluyen los objetivos y valores de la misma, sus recursos y capacidades,
así como la estructura y sistema de dirección. La tarea de cualquier estrategia empresarial consiste, pues, en
decidir cómo organizar los recursos y capacidades de la empresa, a fin de alcanzar sus objetivos a largo plazo,
teniendo en cuenta las características del entorno, el cual incluye no solamente el entorno sectorial sino también
el entorno territorial.
Entorno territorial: aspectos territoriales decisivos del entorno empresarial, como son las infraestructuras y
equipamientos básicos, el sistema educativo y de formación de los recursos humanos, la investigación y desarrollo
para la innovación (I+D+i) o el marco jurídico y regulatorio, entre otros, suelen quedar, a veces, fuera del análisis
de la competitividad empresarial.
Entorno sectorial: contempla las relaciones de las empresas en sus respectivas cadenas productivas, las cuales
vinculan a los proveedores de materias primas, insumos y bienes de capital, con las empresas ocupadas de la
transformación del producto, las empresas encargadas de la logística y distribución, las empresas dedicadas a la
comercialización y venta, y las empresas de los servicios posventa y reciclaje del producto.
Las cadenas productivas incluyen no sólo los flujos de productos y servicios que van “hacia delante”, esto es,
desde los proveedores hasta los clientes y el consumo final, sino también los flujos de información “hacia atrás”,
es decir, que vienen desde las empresas encargadas de la venta de los productos y los servicios posventa a las
empresas transformadoras y sus proveedores, y permiten conocer los cambios que hay que introducir en las
actividades de transformación de los productos así como en la de sus proveedores.
El análisis del entorno empresarial no puede limitarse, por tanto, al entorno sectorial de las relaciones entre
empresas, sino que debe incorporar todos los factores que conforman el entorno territorial, el cual constituye una
red de empresas, instituciones y organizaciones de apoyo mucho más amplia.
CADENAS PRODUCTIVAS
En una visión amplia del concepto de cadena productiva cabe distinguir no solamente las relaciones entre
empresas proveedoras y clientes, sino también:
•
El ecosistema en el que se realiza la actividad.
•
La dotación de recursos humanos calificados.
•
El contexto social e institucional territorial.
•
El marco jurídico y regulatorio.
Cada eslabón de la cadena productiva está constituido por uno o varios agentes económicos o institucionales que
realizan actividades similares en el proceso de transformación y agregación de valor al producto. En cualquiera de
dichos eslabones de la cadena productiva pueden introducirse elementos de innovación, lo cual constituye una de
las principales ventajas de incorporar un enfoque de cadenas productivas con preferencia al tradicional
planteamiento agregado sectorial, ya que permite identificar puntos de actuación posibles para la mejora de la
eficiencia de dicha cadena productiva.
Eslabonamientos productivos
Eslabonamientos productivos hacia atrás, es decir, las vinculaciones productivas realizadas con proveedores
de insumos y servicios.
Eslabonamientos productivos hacia delante, o vinculaciones con distribuidores, comerciantes, empresas de
publicidad, marketing, clientes, servicios posventa y servicios de reciclaje de los productos.
La especificidad funcional de los mismos, esto es, si se trata de un eslabón altamente específico o
indispensable, o bien se trata de un elemento poco específico, susceptible de diversos usos.
El grado de interdependencia de funciones dentro de la cadena productiva, es decir, si cada función requiere
que los pasos previos respondan a estándares bien definidos (control de calidad, por ejemplo), o si se trata de
baja interdependencia, esto es, funciones que se desarrollan con relativa independencia unas de otras.
Las cadenas productivas basadas en una apuesta por la diferenciación y la calidad del producto, orientadas hacia
mercados exigentes, son casos típicos de eslabonamientos productivos específicos e interdependientes.
Asimismo, en una economía como la actual, donde las exigencias de calidad, atención al cliente, diferenciación
productiva y sustentabilidad ambiental son crecientes, la cadena productiva debe incluir no solamente las
actividades de la transformación productiva en sentido estricto, sino también:
o Las fases posteriores a la venta del producto como son los servicios posventa, lo cual incluye la atención al
cliente ante posibles reclamaciones por desperfectos, averías o insatisfacción del producto, y
o Las actividades de retirada, reciclaje y reutilización del producto tras el final de su vida útil.
El enfoque de cadenas productivas ofrece una visión estratégica y de carácter integrado, que facilita la
planificación de los negocios y la toma de decisiones, ya que:
Asimismo, este enfoque sugiere el tránsito desde estrategias empresariales basadas en la reducción de costos de
producción hacia estrategias basadas en la mejora de la calidad y la diferenciación del producto.
Las instituciones son el conjunto de reglas que articulan y organizan las interacciones económicas, sociales y
políticas entre los individuos y los grupos sociales. Se diferencian de las organizaciones ya que estas son las
instancias en las cuales los individuos se relacionan y organizan en grupos para emprender acciones cooperativas y
actuar como “actores colectivos” en el mercado, de acuerdo con las reglas contenidas en las instituciones
existentes.
Las instituciones formales son las reglas escritas en las leyes y reglamentos, y son construcciones
expresamente creadas para encarar problemas específicos de coordinación económica, social y política. Su
aplicación y cumplimiento son obligatorios y se refieren al ámbito del dominio público.
Las instituciones informales son las reglas no escritas que se van acumulando a lo largo del tiempo y que
quedan registradas en los usos y costumbres. Son, pues, el resultado de la evolución de los códigos de
conducta, de los valores, las ideas y tradiciones de las sociedades. Las instituciones informales están referidas al
ámbito de la esfera privada y las sanciones derivadas de su no cumplimiento son únicamente de carácter moral.
El contexto institucional puede promover u obstaculizar la incorporación de innovaciones productivas, así como
los procesos de vinculación o cooperación empresarial que son esenciales para el desarrollo de la competitividad
en un territorio.
Las organizaciones con las cuales las empresas interactúan pueden ser:
•
Otras empresas (proveedores, entidades financieras, clientes, competidores).
•
Cámaras empresariales y asociaciones de productores.
•
Organizaciones no empresariales: Universidades y centros de investigación; Entidades de asesoramiento
técnico, etc.
La técnica se refiere al dominio de los métodos operativos que intervienen en la transformación de un producto.
Se trata de operaciones, habilidades o destrezas adquiridas a través del aprendizaje y perfeccionadas
incesantemente en la práctica. Por su parte, la tecnología es el proceso de aplicación de conocimientos científicos
y técnicos en el ámbito de la producción, lo cual incorpora las técnicas necesarias para la fabricación del producto,
así como el “saber hacer” organizador de la actividad productiva y empresarial en todas sus actividades relevantes.
En suma, a la tecnología le corresponde la capacidad de elaborar, utilizar y perfeccionar las diferentes técnicas.
El cambio tecnológico hace referencia a la incorporación y difusión de innovaciones tecnológicas, así como a sus
efectos e impactos. Las innovaciones tecnológicas son aquellas actividades o procesos que incorporan nuevas
posibilidades o alternativas técnicas en la producción, orientadas por la existencia o identificación de
oportunidades de mercado o de necesidades de la población. El origen de las innovaciones tecnológicas puede ser
resultado de una invención o de la transferencia de tecnologías.
La invención es producto del conocimiento e implica un proceso de comprensión de la realidad (o la materia) con
la ayuda de los recursos intelectuales. Pero la invención no implica automáticamente la introducción de
innovaciones ya que ello requiere, esencialmente, un proceso económico y social. Asimismo, la innovación no
implica siempre la existencia de invenciones, ya que los cambios en las formas de organización productiva son
innovaciones importantes.
El proceso de incorporación de innovaciones no es lineal sino complejo. No existe una secuencia simple desde la
invención al desarrollo innovador y la mejora de la producción. El enfoque más tradicional establece una relación
causal o lineal entre ciencia y tecnología, mientras que el enfoque interactivo contempla la introducción de
innovaciones como un proceso complejo con múltiples retroalimentaciones, que requiere adecuados interfases (o
vinculaciones) entre los actores productivos y los poseedores de conocimiento en los distintos ámbitos
territoriales. Para el enfoque lineal o secuencial el cambio tecnológico depende del stock de conocimientos
científicos y de los que se obtienen a través de la investigación básica.
Gran parte de las innovaciones surgen de la capacidad de innovar de las distintas fases de desarrollo de las
tecnologías.
Hay un conjunto importante de innovaciones incrementales relacionadas con las mejoras de productos y
procesos.
La imitación creativa de innovaciones existentes es también una forma importante de innovación.
Las innovaciones tecnológicas han estado siempre en el origen de las transformaciones de los procesos
productivos. Sin embargo, todas las innovaciones tecnológicas requieren cambios o mejoras gerenciales y
organizativas en el funcionamiento de las empresas (y de la administración pública en general), así como
diferentes tipos de involucramiento entre los agentes socioeconómicos e institucionales, a veces como condición
previa para la introducción de dichas mejoras. En realidad, nunca se dan las innovaciones tecnológicas en el vacío,
sino como parte de las transformaciones sociales e institucionales señaladas. Por ello, hemos de entender las
innovaciones tecnológicas en su sentido más amplio, es decir, incluyendo las innovaciones gerenciales, sociales e
institucionales que las acompañan y hacen posible.
Tipos de innovaciones productivas
1. Innovaciones tecnológicas:
a. De producto: nuevos materiales, mejoras en diseño y diversificación de productos, creación de marcas,
certificación de calidad, etc.
b. De proceso: nuevos equipos, nuevas instalaciones, mejoras en la línea de producción, control de calidad,
informatización, control de la contaminación, etc.
2. Innovaciones de gestión: mejoras en flexibilidad y eficiencia productiva, fomento de la integración productiva,
calificación de los recursos humanos, mejoras en los procesos de trabajo, acceso a redes de información,
mejora de la relación con proveedores, etc.
3. Innovaciones socio institucionales: promoción de actividades innovadoras, diálogo y protección social, mejora
de las relaciones laborales, descentralización de decisiones sobre innovación, concertación de agentes públicos
y privados, difusión de “buenas prácticas”, etc.
Las empresas y organizaciones en general, deben dotarse de competencias estratégicas y organizativas que
faciliten los procesos de innovación. Entre las competencias estratégicas cabe citar la visión de largo plazo, la
capacidad para anticipar las tendencias de los mercados y el análisis de las necesidades, y la aptitud para recopilar,
tratar e integrar la información socioeconómica y tecnológica. Por su parte, las competencias organizativas aluden
a la capacidad para la asunción de riesgos, la coordinación al interior de los diferentes departamentos funcionales
de la empresa u organización, la cooperación eficiente en la red de empresas, organizaciones e instituciones de la
cadena productiva en la que se integra la empresa, la implicación en el proceso de cambio y formación de recursos
humanos, así como la integración con las entidades públicas y privadas de investigación y desarrollo.
El proceso de innovación se refiere, pues, a la forma en que la misma se concibe y se produce, aludiendo a los
diferentes elementos (creatividad, acceso a la información estratégica, diseño, calidad, etc.) y su articulación. Se
trata de un conjunto de interacciones entre las diferentes funciones y participantes cuya experiencia y
conocimientos se refuerzan mutuamente.
En la segunda acepción del término innovación, esto es, la difusión de los resultados, se hace referencia a la
incorporación de nuevos productos, procedimientos o servicios. En este caso pueden diferenciarse las
innovaciones de carácter incremental y las innovaciones radicales. Las innovaciones incrementales suponen
mejoras sucesivas en productos, procedimientos o servicios, mientras que las innovaciones radicales implican
rupturas con las anteriores formas de producción de bienes y servicios.
Mientras los fisiócratas atribuían el crecimiento a la productividad agraria, recién con los clásicos, pero sobre todo
con Marx, el cambio técnico aparece vinculado al proceso económico. Con la Revolución industrial, la innovación y
el cambio técnico forman parte del pensamiento social como involucrados en los procesos mismos de
funcionamiento del sistema económico, del capitalismo.
A los economistas clásicos se remonta la consideración del impacto económico del cambio técnico, en particular
su efecto sobre la productividad. La división del trabajo en la manufactura estilizada por Smith es lo que facilita el
uso de nuevas maquinarias y la acumulación de habilidades especializadas en los trabajadores. La ampliación de la
dimensión de los mercados y la extensión de la competencia y el comercio es lo que permite mayores escalas y
una profundización de la división del trabajo.
Hay en los clásicos una fe en la capacidad autorreguladora de los mercados (una “mano invisible”) y una
concepción exógena del estado de las artes industriales y técnicas. Parten de una conceptualización abstracta y
esencialmente ahistórica del impacto de la maquinaria sobre la productividad, que ve la tecnología de un modo
cosmopolita vinculado a los procesos de mercado liberalizados. En general, en los economistas clásicos de finales
del siglo XVIII y del siglo XIX, aparece un énfasis general y a veces indirecto del papel de la tecnología y de la
innovación en el aumento de la productividad y en el crecimiento de la economía, pero no un abordaje sistemático
y frontal sobre el tema.
Según Marx, la ciencia no opera en la sociedad como una variable exógena, sino que responde a las necesidades
cambiantes de los seres humanos. La tecnología es un proceso social que viene determinado por las relaciones
sociales de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas. En su enfoque, la función de las relaciones de
producción consiste en promover el desarrollo de las fuerzas productivas, pero estas deben cambiar cuando su
adecuación a ellas no se efectúa.
Otra de las reacciones al pensamiento de los clásicos que ha impactado fuertemente sobre las concepciones de la
moderna economía de la innovación es el historicismo y su influencia sobre el institucionalismo heterodoxo. Ello
se remonta a Friedrich List que consideró que Adam Smith subestimaba el rol de la ciencia y la tecnología en su
argumentación de la división del trabajo. Por tanto, introdujo su noción de sistema nacional de economía política,
con la que estableció el carácter orgánico de una sociedad para producir el cambio técnico, el progreso industrial y
el desarrollo de una nación, mediante el impulso estatal de la educación y capacitación de la fuerza laboral y la
infraestructura productiva necesaria para la acumulación de capital industrial. De este modo, a List se le reconoce
el primer antecedente teórico y sistemático de focalizarse en el carácter sistémico de la innovación de las
naciones.
Un autor crítico de la postura neoclásica fue Joseph Schumpeter (1883-1950). Schumpeter quizá sea el escritor
más influyente en el moderno tratamiento del cambio tecnológico. Él consideró la innovación como el motor del
desarrollo económico. Analizó el crecimiento junto con los ciclos, y ató estos al desarrollo del modo de producción
capitalista, porque su fuente son las innovaciones, para las que el sistema provee un aliciente constante.
La innovación se define, en general, como la realización de nuevas combinaciones de los medios de producción, e
incluye los siguientes casos: a) la introducción de un nuevo producto; b) la introducción de un nuevo método de
producción, de alguna manera basado en un descubrimiento científico nuevo o en un nuevo modo de
comercialización; c) la apertura de un nuevo mercado; d) el acceso o conquista de una nueva fuente de insumos; y
e) la realización de una nueva organización de la industria.
Por tanto, solo en un mundo sin innovación, un abordaje estático puede ser adecuado para identificar una
solución óptima o conveniente en un momento del tiempo. Pero el mundo real, en el que se introducen
constantemente innovaciones que, por naturaleza y definición son desequilibrantes y transformadoras del
sistema, solo puede ser comprendido y explicado por medio de un abordaje dinámico.
En consecuencia, desarrolla una visión del capitalismo como un organismo en constante cambio, imposible de ser
concebido como un sistema que alcance un estadio de último o transitorio reposo. En sus palabras: “El capitalismo
es, por su naturaleza, una forma o método de transformación económica y no solamente no es jamás estacionario,
sino que no puede serlo nunca”.
Surgen de esta manera los modelos neoclásicos de crecimiento a la Solow, en el que este se trata como un
fenómeno de equilibrio y se adopta una concepción exógena del cambio técnico, pero ya a nivel agregado. Estos
modelos englobaron el estado del conocimiento tecnológico en el instrumental de una función de producción
agregada de la economía. Solow (1957) mostró cómo atribuir el crecimiento a diversas fuentes (cambios en la
dotación de factores productivos), entre las cuales el residuo no explicado de sus estimaciones se consideró el
avance tecnológico.
En los modelos a la Solow la tecnología es presentada como un conjunto de técnicas libremente conocidas y
sustituibles, en que el capital se considera maleable, y las técnicas son meramente información disponible a costo
cero, de modo tal que pueden ser evaluadas de manera exclusiva del diferencial entre tasa de beneficios y de
salarios. El conocimiento tecnológico se percibe como explícito, articulado, imitable, codificable y perfectamente
transmisible. Independientemente de su historia, su situación específica o ambiente institucional, los agentes
económicos pueden producir y usar innovaciones a partir de un stock o pool de conocimiento científico y
tecnológico que ofrece información codificada y fácilmente reproducible. Así, el cambio tecnológico consiste en
modificar la intensidad del capital cuando la relación beneficio / salario cambia.
El modelo emblemático en esta línea es el de Richard Nelson y Sidney Winter (1982), que intenta estudiar la
relación entre los patrones de cambio tecnológico y patrones de crecimiento a partir del análisis de la interrelación
y competencia entre un conjunto heterogéneo de agentes con distintas capacidades de innovación e imitación. Las
empresas son las incubadoras y acarreadoras de las tecnologías y prácticas productivas en la forma de rutinas
(operativas, de comportamiento inversor y de procesos deliberados de búsqueda). Si los procesos de búsqueda
son exitosos, la técnica es incorporada solo si la tasa esperada de rentabilidad es mayor a la actual, estando las
expectativas sujetas a error acerca de cuáles son los verdaderos valores de los coeficientes productivos. Nuevas
empresas pueden entrar y las entidades son más o menos aptas según su nivel de rentabilidad. De este modo,
opera el proceso de selección simultáneamente sobre las empresas y sobre las técnicas productivas.
Los modelos de crecimiento evolucionista que siguieron a la obra de Nelson y Winter presentan una serie de
ventajas respecto de los de la economía ortodoxa. En primer lugar, explican las series temporales superando la
principal inconsistencia que tiene la economía ortodoxa con la evidencia empírica microeconómica: virtualmente
todo estudio sobre los aspectos microeconómicos del cambio técnico ha mostrado como central la
heterogeneidad de los agentes. En segundo lugar, permiten incorporar en modelos de crecimiento formales otros
aspectos esenciales y subyacentes al cambio técnico tales como: 1) la tecnología como un cuerpo de conocimiento
y prácticas, y los procesos implícitos en el dominio y avance de la tecnología; 2) la naturaleza de las
organizaciones, presentando una concepción de la empresa y de su organización más sofisticada; 3) estos modelos
representan un avance en incorporar la path dependency que caracteriza a los fenómenos históricos (como el
desarrollo), lo que los ha llevado a ser caracterizados como modelos “history – friendly”.
Durante las décadas de 1940 y 1950, los estudios de los teóricos clásicos del desarrollo económico enfatizaban la
disparidad entre las estructuras productivas de las economías periféricas respecto de las economías centrales y las
diferencias de productividad intersectoriales, como un factor explicativo de las diferencias en sus niveles de
desarrollo.
En su modelo dual (en que hay un sector “moderno” y uno “tradicional”), W. Arthur Lewis (1954) planteaba que la
eliminación de la heterogeneidad estructural y que la transformación de la estructura productiva son aspectos
centrales para sortear la situación de subdesarrollo. Así, en estos autores subyacía la idea de que el desarrollo
implicaba el traslado de los recursos de la producción hacia los sectores de alta productividad, en que prevalecen
los rendimientos crecientes, capaces de generar significativos efectos de derrame, externalidades pecuniarias y
tecnológicas y encadenamientos hacia el resto de la economía.
Por el contrario, de las conceptualizaciones a la Solow se deriva que solo los países desarrollados están en
condiciones de generar tecnologías nuevas y que las economías menos desarrolladas pueden acceder con su
incorporación, libre u onerosamente, a similares niveles de eficiencia que los países desarrollados.
En contraposición a ello, el estructuralismo latinoamericano retomó muchos de los aspectos de los clásicos
estudios del desarrollo, enfatizando la dependencia tecnológica como una de las principales causas explicativas de
la dependencia económica de las economías latinoamericanas. Desde su visión, el sistema comercial internacional
es incapaz de distribuir de modo homogéneo los beneficios del progreso tecnológico, y ello ha repercutido en las
economías periféricas tornando sus estructuras productivas altamente heterogéneas.
La teoría neoclásica supone, entre otras cosas, perfecta información y racionalidad de los agentes económicos. En
consecuencia, las empresas se mueven en un mundo sin incertidumbre (o acotada probabilísticamente) en busca
de maximizar sus utilidades.
La tecnología es considerada como el conjunto de técnicas productivas que en un momento del tiempo están
disponibles. Son perfectamente conocidas por las empresas, que las seleccionan en función de sus costos y
beneficios. El desarrollo de la tecnología cae fuera del ámbito de la problemática neoclásica y se lo considera
desincorporado de la función de producción existente e independiente de la acumulación de capital.
Normalmente, los modelos suponen que solo hay dos factores productivos: trabajo y capital agregado. También se
supone que la función de producción es continua y continuamente diferenciable en ambas variables, y que los
productos marginales son decrecientes. De este modo, es posible suponer la existencia de infinitas (o al menos de
varias) combinaciones de factores productivos que permiten obtener el mismo nivel de producto. El progreso
tecnológico se manifiesta en el aumento en la producción manteniendo constante el uso de factores productivos.
El “problema tecnológico” se reduce entonces a: i) un análisis beneficio- costo para determinar la conveniencia o
no de utilizar una tecnología determinada (de entre un conjunto de opciones tecnológicas de las que la empresa
puede optar libremente), cuyas características y potencialidades, actuales y futuras, son perfectamente conocidas;
ii) al estudio de las “consecuencias” que una nueva tecnología tiene sobre los precios de las mercancías
producidas y sobre las variaciones en la capacidad productiva, en la producción y en los niveles de productividad;
iii) y a la determinación del grado de sustituibilidad entre factores productivos (capital y trabajo) ante variaciones
en el precio relativo de dichos factores.
Riesgo e incertidumbre son fenómenos de distinta naturaleza. El riesgo aplica a situaciones en las que no se
conoce exactamente el resultado de cada acción posible, pero sí es conocido el universo de cursos de acción,
y el pasado permite construir una función de distribución de probabilidades subjetivas del resultado de cada
una de ellas. En las situaciones de incertidumbre el pasado no ofrece una guía suficiente para calcular la
distribución de probabilidad de cada uno de los cursos de acción posibles e identificados. En estos casos, la
toma de decisiones económicas no se basa en certezas o probabilidades ciertas sino en expectativas
subjetivas que se forman los agentes y en normas de comportamiento, hábitos o rutinas.
Ante un ambiente incierto, los agentes forman expectativas sobre el futuro, de naturaleza esencialmente
subjetiva, y no deciden en base a probabilidades ciertas, sino a sus expectativas (no matemáticas, sino
subjetivas y mentales) sobre las posibilidades de ocurrencia de construcciones mentales de lo que pueden
constituir los resultados de unos cursos de acción. Este es el contexto en el que la decisión humana no es una
decisión vacía, sino una apuesta intencional, en un mar nebuloso e incierto de posibilidades.
El reconocimiento de la naturaleza irreversible del paso del tiempo histórico, y del devenir incierto de la
dinámica social implica que los resultados sociales en un momento del tiempo cualquiera (por ejemplo, un
“equilibrio”) son absolutamente dependientes del sendero que los ha llevado hasta ese momento, son path
dependent.
El equilibrio representa una situación en la que todos los participantes (agentes representativos) consideran
que han alcanzado la mejor posición posible, dadas las condiciones (precios relativos) vigentes. Como todos
han alcanzado la mejor posición posible, el equilibrio significa por definición la ausencia de cambio. Solo un
shock exógeno (desde fuera del modelo) puede sacar a los agentes del equilibrio temporalmente, hasta que
encuentren una nueva posición de equilibrio (o retornen a la original). O sea, el cambio y la innovación solo
pueden ser explicados por un shock o evento exógeno que modifique las condiciones vigentes y “empujen” a
las empresas a una nueva situación de equilibrio.
En síntesis, la teoría neoclásica puede ser adecuada para tratar con fenómenos que impliquen repetición y
continuidad, pero manifiesta severas limitaciones en el tratamiento de los procesos de cambio, particularmente
inciertos en su evolución y resultados finales. Algunos de sus supuestos básicos sobre los que se asienta el
razonamiento neoclásico, por ejemplo, el de firma representativa, tendencia al equilibrio, perfecta información,
etcétera, muchas veces bloquean, más que facilitan, la conceptualización de los problemas relacionados con la
innovación y el cambio tecnológico
¿Qué es la tecnología?
La tecnología es más que solo información, es conocimiento. Información son proposiciones acabadamente
establecidas y codificadas sobre estados de la naturaleza. Conocimiento involucra categorías cognoscitivas,
códigos de interpretación de la información, habilidades tácitas y heurísticas de resolución de problemas,
altamente relacional y contexto específico. Estas son irreductibles meramente a algoritmos. Conocimiento es más
que información.
Una parte de ese conocimiento es explícito o codificado, pero otra parte es tácito (no puede ser especificado ni
por quienes lo poseen) y específico a la firma (sirve para esa firma pero tiene menor o ninguna utilidad para otras).
Los componentes explícitos o codificados son aquellos susceptibles de poder “trasmitirse utilizando el lenguaje
formal y sistemático”, es decir, constituyen aquella parte del conocimiento que está articulada por medio de
palabras, números, códigos, fórmulas científicas, etcétera. La mayoría del conocimiento de tipo científico tiene
esta característica. Por otro lado, el conocimiento posee una dimensión tácita enraizada en la experiencia y que
“es personal y de contexto específico y, así, difícil de formalizar y comunicar”. Esto es así porque se trata de
conocimiento que el individuo aplica sin ser totalmente consciente de ello, reglas contextuales que se aplican pero
no son enteramente reconocidas como tales ni pueden ser correctamente definidas por quienes las siguen, que no
son codificables en manuales de procedimientos ni publicaciones de otro tipo, razón por la cual, se trata de
conocimiento que es desde difícil a imposible de transmitir.
Además, el conocimiento tecnológico es –en parte– específico a cada empresa, en el sentido que no es
perfectamente transferible a otra firma. Habitualmente, la empresa receptora (adoptante o “imitadora”) de una
tecnología recibe un conocimiento menos completo que el que posee el vendedor o el primer usuario, aunque se
sigan las mismas instrucciones, se emplee el mismo tipo de máquinas, etcétera, lo que la obliga a introducir
algunas soluciones propias. También es distinto el contexto en el que cada empresa utiliza una determinada
tecnología, por lo que –por lo general– no resulta eficiente que las organizaciones receptoras utilicen dicha
tecnología exactamente como lo hace la transferente, sino que le realicen ciertas modificaciones o adaptaciones a
la tecnología original.
El elemento tácito es propio de la empresa, no se puede comprar fácilmente en el mercado y, por eso, es un factor
fundamental de las diferencias tecnológicas de las empresas y sus ventajas competitivas. Es un activo estratégico
de las empresas.
Por otra parte, la tecnología puede ser caracterizada en sus aspectos más relevantes desde el punto de vista
económico en términos de su grado de oportunidad tecnológica, acumulatividad del progreso técnico y
apropiabilidad privada, que son todos aspectos que varían según el tipo de sector productivo que se trate y entre
distintas actividades económicas.
La oportunidad tecnológica se refiere al potencial de avance del progreso científico, lo que se refleja en los
beneficios potenciales y en los costos asociados al proceso de innovación. La oportunidad tecnológica depende,
entre otras cosas, de la base de conocimientos científicos y tecnológicos en los que se apoya. Y como el
conocimiento evoluciona siguiendo una lógica parcialmente interna, se deduce que distintos sectores productivos
diferirán significativamente en su grado de oportunidad tecnológica.
Por su parte, al hablar de acumulatividad del progreso técnico se hace referencia al hecho de que la probabilidad
de que una empresa logre producir o incorporar nuevos avances técnicos es, entre otras cosas, función del nivel
tecnológico que haya alcanzado previamente. Finalmente, la apropiabilidad privada de los efectos del cambio
técnico se refiere al grado de control que el innovador tiene sobre los resultados económicos del cambio técnico
que introduce (y al grado de exclusividad que tiene sobre el conocimiento generado).
¿Qué es la innovación?
El Manual de Oslo definió la innovación como la introducción de “producto o proceso mejorado (o combinación de
los mismos) que difiere significativamente de los productos o procesos anteriores de la unidad y que se ha puesto
a disposición de los usuarios potenciales (producto) o ha sido puesto en uso por la unidad (proceso)”.
La innovación puede ser incremental o radical. La innovación radical se identifica con eventos discontinuos que
implican novedad y complejidad técnica, generalmente resultado de I+D, y que generan familias de nuevos
productos, procesos, etcétera. Implican cambios revolucionarios la manera de concebir la tecnología en un sector
o rama productiva y representan puntos de inflexión para las prácticas existentes. Por su parte, las innovaciones
de tipo incremental se definen como cambios menores que se introducen como resultado de procesos de
aprendizaje, por lo general, en el proceso productivo y se refieren a pequeñas mejoras en productos o procesos ya
existentes.
Fuentes de la innovación
Las fuentes de conocimiento para la innovación pueden ser tanto internas como externas a la empresa.
Internamente, la firma puede servirse de conocimiento acumulado en sus competencias, enquistadas en su propia
estructura y producto de su historia. También internamente puede llevar adelante actividades innovativas de
aprendizaje interno, para la generación de conocimiento nuevo. Y externamente, esta puede acudir a la
adquisición de conocimiento desde otros agentes, vía transferencias o vinculaciones.
El aprendizaje interno es concebido como un proceso interactivo de naturaleza social. El desarrollo de nuevos
conocimientos al interior de la empresa, y la apropiación y adecuación de los conocimientos generados
externamente depende, en buena medida, de la intensidad y de las modalidades de interacción tanto entre
agentes internos de la firma, como entre estos y agentes externos.
En suma, para dominar una nueva tecnología la firma adoptante debe poseer ciertas competencias iniciales, y
realizar esfuerzos e inversiones con ese fin. Asimismo, los resultados finales que se alcanzan son inciertos y varían
de empresa a empresa dependiendo de la calidad y cantidad de insumos aportados (las recientemente
mencionadas competencias iniciales, esfuerzos e inversiones) y de elementos aleatorios.
Las empresas que realizan actividades de innovación se enfrentan a cuatro dimensiones de la incertidumbre: i)
incertidumbre técnica, que se relaciona a la imposibilidad de conocer con certeza, ni siquiera probabilística, de la
factibilidad de alcanzar un resultado esperado; ii) incertidumbre temporal, relacionada con el impedimento de
saber el tiempo necesario para alcanzar dicho resultado; iii) incertidumbre comercial, respecto del posible éxito o
no del producto en el mercado; y iv) incertidumbre estratégica, en la que entra la dificultad de conocer cuál será la
acción o reacción de los competidores ante las estrategias que lleve adelante la firma.
Características de la innovación
1. Incertidumbre e innovación: Las actividades innovativas son de una naturaleza intrínsecamente inciertas. El
resultado técnico (y mucho más aún, el comercial) de las actividades de investigación muy difícilmente puede
ser conocido ex ante. La incertidumbre no solo tiene su origen en la falta de conocimiento sobre los costos y
resultados precisos de las distintas alternativas, sino también –muy a menudo– en la falta de conocimiento
sobre cuál es el conjunto exhaustivo de todas las alternativas y de sus secuelas. Las empresas realizan procesos
de búsqueda de innovaciones por la percepción de una oportunidad inexplotada, pero no puede conocer a
priori los resultados de esa búsqueda.
2. La innovación como proceso: Estas dos características del desarrollo tecnológico, su carácter local y path
dependent ayudan a explicar por qué la innovación debe ser considerada como un proceso y no como actos
aislados. Por lo general, la introducción primera de una innovación radical o significativa (como, por ejemplo, el
automóvil o el transistor) tiene escaso impacto económico. Sin embargo, el posterior perfeccionamiento de
dicha innovación a través de una larga serie de mejoras incrementales, que reducen costos y mejoran su
desempeño y la productividad, y su complementación con otras innovaciones posibilitan una amplia difusión de
la misma.
El considerar la innovación como proceso implica una ruptura con la tradicional distinción schumpeteriana
entre invención (generación de nuevo conocimiento potencialmente aplicable en el proceso productivo),
innovación (introducción exitosa de la invención en el mercado) y difusión (imitación de una innovación por
parte de los competidores).
¿Qué factores explican la dirección y el ritmo de la introducción de innovaciones? Los modelos de innovación
Hay dos tipos de modelos lineales, los basados en la ciencia y los empujados por la demanda.
En los primeros, se parte del supuesto que el avance de la ciencia, que es considerado exógeno al sistema
económico, genera un conjunto de inventos. Estos inventos, expresados en términos de información
perfectamente transferible, están a disposición de los empresarios. Como estos actúan siguiendo conductas
racionales y optimizadoras introducen, en forma de innovaciones, aquellos que les permiten aumentar
(maximizar) sus beneficios, aunque sea durante un corto lapso, hasta que se difundan por todo el sector.
La segunda formulación en los modelos lineales de innovación tiene su origen en un clásico artículo de Schmookler
(1962), denominado Demand Pull. Según este autor los incentivos para realizar un invento dependen de la relación
entre rendimientos esperados y costos esperados. Y dado que los beneficios esperados de las invenciones
cambian según las circunstancias sociales y de mercado, son estos factores los que direccionan la actividad
científica.
La idea por detrás de esta visión es que, en tanto la sociedad y los mercados funcionen “libremente”, ante la
aparición de una necesidad; el mercado eleva los precios y la rentabilidad de bienes y servicios que
potencialmente podrían satisfacer esa necesidad. Ello induciría a la búsqueda de alguna tecnología capaz de
abordar esa demanda adicional, sea invirtiendo en desarrollar una solución particular, o modificación al estado
actual de las artes tecnológicas, o explorar la preexistencia de alguna tecnología creada para solucionar ese
problema (por ejemplo, en un banco de patentes), para ponerla en valor económico. Se trataría, en esencia, de un
mecanismo que responde a las señales e incentivos de los precios esperados de los mercados.
Modelo interactivo
Este modelo plantea que el ritmo y dirección de las innovaciones no sigue un proceso lineal entre etapas, sino un
proceso interactivo entre las mismas.
Ciencia, oferta y demanda interactúan constantemente en este proceso. Así, el proceso de innovación se
caracteriza por las continuas interacciones entre las distintas etapas y actividades que están involucradas. Aquí, la
información y el conocimiento no solo fluye desde los laboratorios de I+D hacia el área de producción y de
comercialización, sino también en sentido contrario. Los productos y procesos ya introducidos experimentan
cambios debido al aprendizaje en la producción y a la interacción con usuarios y proveedores y la producción de
conocimiento pasa a ser una actividad de la cual todas las áreas de la firma son responsables.
Etapas del proceso de innovación (investigación básica, investigación aplicada, el desarrollo, la producción y la
comercialización) pueden ser utilizados como insumos por todos los actores y etapas del proceso. De esta manera,
todos los actores “reposan sobre un conjunto de conocimientos con los cuales se interactúa constantemente, es
decir, se realiza un fluido intercambio con el stock existente de conocimientos al mismo tiempo que se elaboran y
agregan otros nuevos conocimiento”.
Schumpeter propuso una distinción entre la innovación, vista como la introducción comercial de un nuevo
producto o una “nueva combinación”, y la invención, restringida al dominio de la ciencia y la tecnología.
Las innovaciones radicales suelen introducirse en una versión relativamente primitiva y, una vez aceptadas por el
mercado, están sujetas a una serie de innovaciones incrementales que siguen el ritmo cambiante de una curva
logística.
Además del ritmo, una trayectoria supone también una dirección dentro de un espacio de posibilidad. Se introdujo
el término de paradigma técnico para representar el acuerdo tácito de los agentes involucrados en torno a una
dirección válida de búsqueda y a lo que podría considerarse una mejora o la versión superior de un producto,
servicio o tecnología. Un paradigma es, entonces, una lógica colectiva compartida en que convergen el potencial
tecnológico, los costos relativos, la aceptación del mercado, la coherencia funcional y otros factores.
Las nociones de trayectoria o paradigma resaltan la importancia de las innovaciones incrementales en la ruta de
crecimiento seguida por cada innovación radical. Aunque en verdad las grandes innovaciones tienen un rol muy
relevante en la determinación de las nuevas inversiones y el crecimiento económico, la expansión depende de la
innovación incremental. Las numerosas innovaciones menores en la mejora de productos y procesos que siguen a
la introducción de cualquier producto nuevo tienen un importante impacto en los aumentos de la productividad y
el crecimiento del mercado. Se ha mostrado que, poco después de su lanzamiento, tanto el número como la
importancia de las innovaciones incrementales en los procesos tienden a superar los cambios en el producto.
La innovación suele ser un proceso colectivo que va involucrando cada vez a nuevos agentes de cambio:
proveedores, distribuidores y muchos otros, hasta incluir a los consumidores. Las interacciones tecnoeconómicas y
sociales entre productores y usuarios tejen redes dinámicas complejas a las que Schumpeter se refirió como
conglomerados (clusters). Más aún, las grandes innovaciones tienden a inducir el surgimiento de otras, en la
medida en que demandan innovaciones complementarias aguas arriba y aguas abajo, al igual que facilitan
imitaciones, incluyendo las alternativas en competencia. Cuando son suficientemente radicales, las innovaciones
estimulan industrias completas.
Este tipo de interrelaciones dinámicas es la esencia de la noción de sistema tecnológico cuando se intenta
describir la conformación y desarrollo de los clusters schumpeterianos.
Los nuevos sistemas tecnológicos no solo modifican el espacio de negocios, sino también el contexto institucional
e incluso la cultura en la cual tienen lugar.
La madurez se alcanza cuando las posibilidades de innovación dentro del sistema comienzan a declinar y los
mercados correspondientes a saturarse. El punto clave a entender aquí es que las tecnologías no se introducen de
manera aislada, sino que entran en un contexto cambiante que ejerce una fuerte influencia sobre su potencial y
está moldeado de antemano por innovaciones anteriores dentro del sistema.
Los productos nuevos que aparecen en la fase temprana de un nuevo sistema suelen tener una vida más larga en
el mercado que los introducidos en la fase de madurez. Esto se debe principalmente a dos razones. La primera es
el agotamiento del espacio de oportunidad de ese sistema en particular, de manera que las últimas innovaciones
suelen tener poca relevancia. La segunda razón es el intenso aprendizaje que tiene lugar dentro del sistema y las
externalidades resultantes. Estas tienden a reducir el tiempo de llegada al mercado y a facilitar la aceptación del
usuario, por lo que se reduce el ciclo de vida del producto y se acorta el tiempo de rendimiento de beneficios.
El complejo y cambiante mundo de interacciones y cooperación entre los diversos agentes que contribuyen con la
innovación a medida que un sistema tecnológico evoluciona –investigadores, ingenieros, proveedores,
productores, usuarios e instituciones– ha sido conceptualizado como un sistema nacional de innovación.
Una revolución tecnológica (RT) puede definirse como un conjunto interrelacionado de saltos tecnológicos
radicales que conforman una gran constelación de tecnologías interdependientes; un “clúster” de “clústeres” o un
sistema de sistemas.
Lo que distingue una revolución tecnológica de un conjunto aleatorio de sistemas tecnológicos, justificando su
conceptualización como una revolución, son dos rasgos básicos:
La capacidad de una revolución tecnológica para transformar otras industrias y actividades es resultado de la
influencia de su paradigma tecnoeconómico, un modelo de prácticas óptimas para la forma más efectiva de usar
las nuevas tecnologías tanto en las industrias nuevas como en las otras.
El proceso de difusión de las revoluciones tecnológicas sucesivas y sus paradigmas tecnoeconómicos –junto con su
asimilación por parte de la economía y la sociedad, con los aumentos en la productividad y la expansión
resultante– constituyen lo que puede denominarse una gran oleada de desarrollo.
Cualquiera sea la importancia y dinamismo de un conjunto de tecnologías nuevas, solo merece el nombre de
revolución cuando tiene el poder de traer consigo una transformación en toda la economía. El paradigma
tecnoeconómico (PTE) que se va articulando mediante el uso de las nuevas tecnologías a medida que estas se van
difundiendo, es lo que multiplica su impacto en toda la economía y, eventualmente, modifica también la manera
como se organizan las estructuras socioinstitucionales.
Un metaparadigma es, entonces, el conjunto de las prácticas más exitosas y rentables en términos de preferencia
de insumos, métodos y tecnologías, así como de estructuras organizativas, modelos y estrategias de negocios.
En la dinámica de la estructura de costos relativos de los insumos para la producción, en ella aparecen
nuevos elementos de costo bajo y decreciente, que se convierten en la opción más atractiva para la
innovación y la inversión rentables.
En los espacios de innovación percibidos, en ellos las oportunidades para el emprendimiento están
delimitadas con mayor nitidez para el desarrollo ulterior de las nuevas tecnologías o para su uso ventajoso
en los sectores existentes.
En los criterios y principios organizativos, en ellos la práctica continúa mostrando el mejor desempeño de
ciertos métodos y estructuras particulares cuando se intenta aprovechar el poder de las nuevas tecnologías
para alcanzar el máximo de eficiencia y beneficios.
Un elemento crucial para la articulación de una constelación revolucionaria es la aparición de un insumo clave que
i) es barato y se abarata cada vez más, ii) es inagotable en el futuro previsible, iii) tiene aplicaciones generalizadas
y iv) es capaz de aumentar el poder de creación de riqueza tanto del capital como del trabajo y disminuir su costo.
La ventaja creciente en costos de la nueva infraestructura modifica también radicalmente el perfil general de
precios. Esto ocurre de dos maneras: directamente a través de la reducción de los precios de transporte (a medida
que el volumen de operaciones provoca la reducción del costo por unidad); e indirectamente, gracias a que la
ampliación del mercado usuario permite mayores economías de escala en producción y distribución. De manera
que la dirección preferida por la innovación está ya sugerida por el perfil de costos relativos de los insumos y el
transporte, lo cual forma parte del metaparadigma.
La otra forma como el metaparadigma señala la mejor dirección para la inversión y la innovación es contribuyendo
a la percepción de los espacios de oportunidad de mayor rentabilidad. Estos se definen cada vez con mayor
claridad a medida que las tecnologías se propagan y multiplican, y son de dos tipos principales: espacios de
oportunidad en la producción misma de nuevas tecnologías o en su utilización productiva.
A medida que las nuevas tecnologías transforman los patrones de trabajo y consumo, también transforman la
manera como se organizan las fábricas y los negocios. Los nuevos principios organizativos se van construyendo a
medida que se utilizan las nuevas tecnologías y se enfrentan las nuevas condiciones del mercado. Dichos principios
van mostrando su superioridad en relación con los anteriores y van articulando el nuevo sentido común para la
eficiencia y la efectividad.
Cada gran oleada de desarrollo supone un proceso turbulento de difusión y asimilación. Estos cambios en la
economía perturban en extremo el statu quo social y en cada caso han acompañado el crecimiento explosivo de
nueva riqueza con una fuerte tendencia a la polarización del ingreso. Estos y otros desequilibrios y tensiones que
resultan de la disrupción tecnológica –incluyendo una gran burbuja financiera y su colapso terminan por crear
condiciones que exigen una transformación igualmente profunda de todo el marco institucional. Solo cuando esto
se ha logrado y el contexto habilitador se ha establecido puede desplegarse todo el potencial de creación de
riqueza de cada revolución.
Albuquerque y Dini
EL CONTEXTO INTERNACIONAL: CAMBIO ESTRUCTURAL Y ORGANIZACIÓN
Cambio estructural y globalización
El cambio estructural consiste en una nueva fase de reestructuración tecnológica y organizativa que afecta tanto a
las formas de producción y gestión empresarial, como a la propia naturaleza del Estado y la regulación socio-
institucional, así como al funcionamiento eficiente de cualquier tipo de organizaciones, públicas o privadas.
Respecto a las revoluciones tecnológicas, esto es, un conjunto de nuevas tecnologías, productos, industrias e
infraestructuras capaces de sacudir los cimientos de la economía y la sociedad, y de impulsar “oleadas de
desarrollo” de largo alcance. Estas oleadas de desarrollo que impulsan las revoluciones tecnológicas tienen una
manifestación y secuencia temporal distintas según países y territorios, en lo cual influye el contexto socio-
institucional y cultural existente.
Las revoluciones tecnológicas incluyen también cambios en los principios organizativos, que afectan a las
actividades económicas y las relaciones laborales tradicionales, así como al sistema económico en su conjunto. De
este modo, el vehículo principal de difusión de estas prácticas es un “paradigma tecno económico” el cual define y
orienta el sentido de las actividades innovadoras tanto en el ámbito empresarial privado como en el conjunto de
las administraciones públicas y organizaciones de la sociedad civil.
Dicha fase de reestructuración tecno económica y organizativa constituye un profundo proceso de cambio social,
institucional y cultural, en el que hay que identificar la introducción de innovaciones tanto incrementales como,
sobre todo, de carácter radical, que abren nuevos horizontes en lo relativo a los óptimos de producción y
funcionamiento competitivo, alentando la emergencia de nuevos sectores y actividades económicas y el declive de
otros sectores maduros. Se despliega así todo un conjunto de procesos de “destrucción creadora” (Schumpeter,
1978), con movimientos de desestructuración y reestructuración del tejido productivo y empresarial
preexistentes, de desinversión y reinversión de capitales y de destrucción neta de empleos, todo ello con efectos
diferentes en cada territorio.
Los factores que están exigiendo mejoras sustantivas en los diferentes sistemas productivos locales, se refieren,
entre otros:
- Al tránsito hacia nuevas formas de producción más eficientes, que concretan la actual revolución tecnológica y
de gestión.
- La introducción de nuevas tecnologías de la información y telecomunicaciones, que posibilita la vinculación de
las diferentes fases de los procesos productivos y de gestión trabajando en la misma unidad de tiempo real,
esto es, conociendo el previsible comportamiento de la demanda con anterioridad a la toma de decisiones de
producción.
- La renovación incesante y rápida de productos y procesos productivos, acelerando notablemente los ritmos de
obsolescencia técnica y amortización de los activos físicos.
- La importancia de la calidad y diferenciación de los productos como estrategia de competitividad dinámica.
- La identificación más precisa de la segmentación de la demanda y la promoción de la diversificación productiva
según la existencia de diferentes nichos de mercado.
Todo ello depende de actuaciones eficientes que deben llevarse a cabo tanto en el sector privado empresarial
como en las administraciones públicas, a fin de mejorar su gestión empresarial u organizativa, y promover su
participación en procesos de cooperación para el fomento del desarrollo económico y el empleo.
En lo relativo al sector privado
empresarial estas exigencias
del cambio estructural
apuntan al fomento de la
asociatividad y la cooperación
empresarial, así como a la
búsqueda de fórmulas de
integración productiva para
incrementar la eficiencia de
las actuaciones, en particular
cuando se trata de
microempresas y pequeñas y
medianas empresas.
Es importante no confundir los desafíos del cambio estructural con el contexto de la globalización, aunque existe
interdependencia entre ambos aspectos, es decir, los cambios tecnológicos tienen también una influencia
importante en el aliento del proceso de globalización, del mismo modo que las mayores exigencias de
competitividad en los mercados internacionales inducen a adoptar innovaciones para alcanzar mayores niveles de
eficiencia productiva interna. Pero dicho esto, es claro que los citados procesos se refieren a esferas diferentes,
siendo el cambio estructural un aspecto que apunta esencialmente a las formas de producción interna (y a retos
relativos al logro de mayor productividad), mientras que la globalización se refiere a la circulación en los mercados
internacionales y a exigencias relativas a la competitividad en ellos.
El grafico muestra la existencia de un núcleo globalizado y dinámico en el sistema económico mundial no puede
explicar por sí sola el funcionamiento de los segmentos con menor o nula inserción al mismo, los cuales requieren
políticas específicas para la incorporación de las innovaciones requeridas en la actual fase de cambio estructural.
Conviene no olvidar que los imperativos de la fase de transición tecnológica en la que nos encontramos plantean
una cuestión principal que es la de asegurar la introducción de innovaciones productivas y organizativas en el
conjunto del tejido empresarial existente al interior de los diferentes territorios de cualquier país, hecho éste que
no puede abandonarse a la simple suposición de que ello puede lograrse sólo mediante la inserción a los
segmentos productivos dinámicos del núcleo transnacional de la economía mundial.
Tanto en el núcleo globalizado de la economía mundial como en los diferentes sistemas productivos locales, la
política de desarrollo empresarial debe incorporar una mayor atención al hecho territorial. En un mundo de
comunicaciones más fluidas, reducción de los costes de transporte y mayor facilidad de movimientos, la
territorialidad no sólo no pierde relevancia, sino que, por el contrario, se acentúa como factor potenciador de
nuevos modelos de organización productiva y empresarial, representando -además- los elementos de identidad
territorial características distintivas que permiten una diferenciación de productos en el contexto global.
La aceleración del cambio tecnológico y la posibilidad abierta por las tecnologías de la información y las
comunicaciones para la incorporación de innovaciones en las formas de producción y gestión de todo tipo de
organizaciones, han generado nuevos retos y oportunidades para empresas y territorios. Asimismo, el creciente
dinamismo y segmentación de los mercados y la necesidad de incorporar mayores niveles de diferenciación y
calidad en los procesos productivos y productos, incluyendo asimismo procedimientos mucho más eco-eficientes
desde el punto de vista de la sostenibilidad medioambiental, llevan consigo un requerimiento de flexibilidad
productiva muy alto, que replantea las anteriores formas de producción basadas en la producción en serie.
Este profundo cambio del contexto económico, tecnológico e institucional, ha hecho de la preocupación por la
competitividad una cuestión de la máxima importancia para orientar las actuaciones públicas y privadas,
incorporando un diseño territorial en temas decisivos para el desarrollo y la competitividad empresarial en los
respectivos territorios, como son:
La política de capacitación de recursos humanos según las necesidades de cada ámbito territorial,
Por otro lado, como se ha señalado, las empresas no compiten en el vacío, sino en un determinado entorno
territorial, de cuya calidad y adecuación dependen de forma decisiva los niveles de eficiencia productiva y
competitividad de las actividades empresariales.
La proximidad geográfica se refiere a la distancia física y la distancia funcional, es decir, no solamente alude a los
límites naturales o físicos, sino que incluye, asimismo, aspectos relativos a la estructura socioeconómica como, por
ejemplo, las infraestructuras de transporte que pueden influir en los tiempos de acceso, o el aseguramiento de los
recursos financieros.
La proximidad organizacional se refiere, por el contrario, a la vinculación económica entre las empresas,
instituciones y organizaciones existentes. La proximidad geográfica se ocupa, de aspectos relacionados con la
distancia, mientras que la proximidad organizacional se refiere a los vínculos existentes en la organización
productiva. La noción de proximidad territorial incluye, la intersección de ambas formas de proximidad, geográfica
y organizacional.
Esta se basa, a su vez, en las categorías de pertenencia y similitud. Según la lógica de pertenencia se consideran
próximos en términos organizacionales, los actores, empresas e instituciones que pertenecen al mismo espacio de
relaciones económicas, en el cual despliegan interacciones diversas según su función en la cadena productiva o el
agrupamiento empresarial. Por otra parte, la lógica de similitud se refiere a los actores, empresas e instituciones
que tienen el mismo espacio de referencia y comparten en él los mismos conocimientos.
La actuación a nivel meso, a fin de crear entornos innovadores para el desarrollo empresarial competitivo,
integrando las políticas sectoriales e impulsando la coordinación eficiente entre los diferentes niveles territoriales
de las administraciones públicas.
El nivel meta hace alusión a la necesidad de dotarse de una visión de medio y largo plazo en las estrategias de
desarrollo territorial concertadas entre los diferentes actores, lo cual exige casi siempre incluir en las citadas
estrategias la construcción de condiciones para la concertación social, así como promover la cultura
emprendedora local, la animación y movilización social, la cooperación pública privada y la modernización de las
administraciones públicas.
Por último, el nivel macro trata de asegurar las condiciones generales de estabilidad y promover la adecuación de
normas y marco regulatorio general, a fin de colaborar a la promoción del desarrollo productivo de las
microempresas y pequeñas empresas y la creación de empleo.
La competitividad es resultado de una acción sistémica que se despliega desde los diferentes niveles citados, lo
cual requiere la participación del conjunto de la sociedad. Ante tales exigencias no cabe una actitud pasiva, ni
tampoco limitada a las actuaciones de nivel macroeconómico, siendo obligado buscar iniciativas desde el nivel
microeconómico (de la actividad productiva y empresarial), así como intermediar desde el nivel meso para el
diseño conjunto y coordinado de políticas e instrumentos y, sobre todo, para impulsar la creación de la
institucionalidad local para el desarrollo económico de forma concertada con los diferentes actores sociales
territoriales, públicos y privados.
Bianco, C.
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“La habilidad de un país de alcanzar, en forma sostenida, altas tasas de crecimiento del PBI per cápita” – World
Economic Forum.
“La habilidad de las firmas, industrias, regiones, naciones o regiones supranacionales de generar altos niveles
de empleo y de ingresos de los factores mientras están expuestas a la competencia internacional” – OCDE.
“La capacidad para sostener e incrementar la participación en los mercados internacionales, con una elevación
paralela del nivel de vida de la población. El único camino solido para lograrlo, se basa en el aumento de la
productividad” – Michael Porter.
“Capacidad de una empresa para suministrar bienes y servicios igual o más eficaz y eficientemente que sus
competidores” – Enright et.
El principal referente entre los economistas ortodoxos, quienes sostiene que la competitividad es un concepto
aplicable únicamente a nivel de firma, es Krugman, para quien las formas particulares de verificar la
competitividad a nivel de firma tienen que ver con “los resultados obtenidos [que] se van a reflejar en las ventas
logradas y, por ende, en la participación en el mercado respectivo”. En tal sentido, se expresa no sólo en el
mercado doméstico en cuyo marco se desempeña la firma frente a importaciones, sino también en mercados
externos, de acuerdo a sus exportaciones. Esta noción de competitividad podría ser denominada como
“competitividad microeconómica comercial” (Cuadrante A del Esquema 1). Podría también pensarse en una
definición de “competitividad microeconómica de bienestar” que implique no sólo la obtención de una mayor
porción del mercado, sino también una mejora de las ganancias de la firma asociadas al incremento en la
participación (Cuadrante D), que puede estar dada no sólo por los esfuerzos realizados por la propia firma como
en transferencias obtenidas, que si bien pueden implicar una mejora en su rentabilidad, no implican per se una
mejora sostenible de su competitividad.
A diferencia de lo sostenido por Krugman y los “ortodoxos”, otros autores abonan con la idea de que “en el
mercado internacional compiten no sólo empresas [sino que] se confrontan también sistemas productivos,
esquemas institucionales y organismos sociales, en los que la empresa constituye un elemento importante, pero
integrado en una red de vinculaciones con el sistema educativo, la infraestructura tecnológica, las relaciones
gerencial-laborales, el aparato institucional público y privado, el sistema financiero, etcétera”.
A este respecto, cabe decir que existe una noción de competitividad a nivel país o macroeconómica. Por lo tanto,
la competitividad de un país puede expresarse en la mera participación comercial en el mercado mundial,
denominándose así como “competitividad macroeconómica comercial” (Cuadrante B), o en el desempeño
comercial a nivel mundial sumado a la mejora de los ingresos de la nación o la calidad de vida de sus habitantes,
bautizada en este caso como “competitividad macroeconómica de bienestar” (Cuadrante C).
En el primero de los casos la competitividad macroeconómica puede ser vista como la sumatoria de las
competitividades comerciales individuales de
las firmas que actúan en él; se trata, pues, de
la capacidad de la economía nacional de
colocar sus productos en el mercado
internacional, siendo nada más que la mera
extensión del concepto de competitividad
microeconómica comercial al ámbito nacional.
I. El enfoque tradicional
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Mide la competitividad en términos de exportaciones totales o saldos comerciales.
Es un enfoque asociado exclusivamente a ganancias de competitividad precio o costo
Pone el foco en las ventajas comparativas o dotación factorial
La competitividad está determinada por la relación entre salarios promedio de la economía y nivel del tipo
de cambio.
Particularmente, este enfoque lleva a: a) otorgarle gran importancia a las devaluaciones con el objeto de ganar
competitividad; b) orientar la política económica en función de reducir los costos laborales unitarios, actuando
sobre los salarios y, en ocasiones también, sobre la productividad laboral.
___
Este enfoque se asocia muy directamente a la definición de competitividad presente en el Cuadrante B del
Esquema 1, o sea al desempeño comercial de las naciones como sumatoria de la performance de las firmas que en
ellas se localizan.
Por tanto, en términos generales, la competitividad de un país, desde el enfoque tradicional, está determinada por
la relación entre salarios promedio de la economía y nivel del tipo de cambio. En este sentido, una caída de los
salarios o un aumento del tipo de cambio (depreciación de la moneda nacional) implica ganancias de
competitividad; por el contrario, un aumento de los salarios o una caída del tipo de cambio (apreciación de la
moneda nacional) implica pérdidas de competitividad.
Las recomendaciones de política sobre cómo mejorar la competitividad que se desprenden de este tipo de
enfoque tienen que ver, principalmente, con la realización de “devaluaciones competitivas” o la reducción de la
carga salarial, frecuentemente escondida tras el velo de la “flexibilización laboral”. Desde la política pública se
sugiere, además, dejar actuar al mercado en la asignación de los recursos hacia los sectores relativamente más
eficiente de modo de mejorar la productividad promedio de la economía en su conjunto, asegurando un ambiente
macroeconómico estable y “amigable” para las inversiones e interviniendo, a lo sumo, en la corrección de algunas
fallas de mercado (mercados incompletos o inexistentes, aseguramiento de la competencia, etcétera) y en la
provisión de ciertos bienes meritorios (educación, salud pública, seguridad, etcétera) o, como mucho, de algunos
bienes públicos adicionales (infraestructuras, servicios, información de mercados, seguridad jurídica etcétera) con
impacto horizontal sobre el aparato productivo. En este sentido, si bien se reconoce que la mejor forma de ganar
competitividad es mediante la mejora de la productividad de las empresas, se sostiene que eso es “cosa de la
firma” y no asunto de la política pública.
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La competitividad es producto del conjunto de innovaciones y conductas tecnológicas de los agentes dentro de un
determinado sistema nacional de innovación. La principal fuente de competitividad es el conocimiento que da
lugar a ventajas competitivas dinámicas.
Determinantes de la competitividad:
La competitividad estructural puede ser entendida como aquella que deriva del conjunto de innovaciones y
conductas tecnológicas de los agentes que se desenvuelven dentro de un determinado sistema nacional de
innovación, sean éstos empresas u otras instituciones u organizaciones ligadas a las actividades de cambio técnico
u organizacional.
Este enfoque propone trabajar para alcanzar procesos de upgrading, es decir, actualización, modernización,
innovación para aumentar el valor añadido. Son pequeños saltos de crecimiento.
Se pueden reconocer tres niveles distintos en la determinación de la competitividad estructural: un primer nivel
relacionado a los esfuerzos individuales o competencias de las firmas, un segundo nivel vinculado a la existencia
de una estructura productiva predeterminada dentro de la cual operan esas firmas y, por último, un nivel
relacionado a las políticas de fomento de la competitividad que afectan no sólo a la firma sino a su entorno.
o De procesos – Las firmas pueden mejorar procesos, transformando inputs en outputs más eficientemente por
reorganización del sistema de producción o introduciendo tecnología superior. Ej.: productores de muebles en el
Valle Synos Brasil
o De productos – Las firmas pueden dar un salto moviéndose hacia líneas de productos más sofisticados. Ej.: la
cadena de textiles en Asia hizo un proceso de upgrading de las tiendas de descuento a las grandes tiendas. En
Chile: los productores pasaron de la venta de salmón fresco a la venta de filete de salmón congelados
o Funcional – Las firmas pueden complementar la producción con el diseño o marketing, o salir de las actividades de
producción de bajo valor. Ej: la industria de jeans de Torreón pasó de un modelo de maquila a otro de "paquete
completo" de manufactura. La marca Colombiana de café Juan Valdez paso de vender cafe a desarrollar cadenas
propias en EEUU.
o Intersectorial – Las empresas pueden aplicar las competencias adquiridas en una función particular para moverse
hacia un nuevo sector. Ej: en Taiwan la competencia usada para producir televisores sirvió para hacer monitores y
por lo tanto entrar en el sector de la informática.
____
La competitividad estructural puede ser entendida como aquella que deriva del conjunto de innovaciones y
conductas tecnológicas de los agentes que se desenvuelven dentro de un determinado sistema nacional de
innovación, sean éstos empresas u otras instituciones u organizaciones ligadas a las actividades de cambio técnico
u organizacional. Por lo tanto, si bien desde este enfoque se entiende que existe una multiplicidad de fuentes
desde donde emana la competitividad, se sostiene que su fuente principal es el saber o el conocimiento necesario
para llevar a cabo tales actividades, el cual determina la aparición de ventajas competitivas dinámicas, entendidas
como aquellas que no están basadas en la dotación de recursos con que naturalmente cuentan las naciones sino
que pueden ser construidas y reconstruidas a través de esfuerzos conscientes y conjuntos realizados por las
firmas, coadyuvadas por distintas medidas, instrumentos de política e instituciones relacionadas al sistema
nacional de innovación.
Se dirá que un país mejora su posición competitiva en el mercado mundial de acuerdo a dos circunstancias, ambas
relacionadas con la innovación. En primer lugar, un país puede ganar crecientes porciones del mercado mundial a
través de la introducción de nuevos productos o productos diferenciados (innovaciones tecnológicas de producto),
cuyos precios tienden a ser mayores o, al menos, tienden a caer en menor proporción que los productos
tradicionales o no diferenciados. Esta situación conduce a la idea de ganancias de competitividad medida como un
mayor market share, tal como se define la mejora de la competitividad en términos del enfoque tradicional. El
enfoque estructural incorpora el incremento del market share como una de las formas en que se miden las
ganancias de competitividad, aunque ésta no es la única. Por tanto, la introducción de nuevos o diferenciados
productos mejora la competitividad de acuerdo al enfoque estructural no sólo porque está basada en el cambio
técnico sino porque ello se refleja en la forma de medición de la competitividad correspondiente a dicho enfoque:
mejora de la porción del mercado mundial junto con ingresos crecientes de la fuerza de trabajo.
En segundo lugar, un país puede mejorar también su competitividad internacional a través de la introducción de
innovaciones tecnológicas de proceso u organizacionales que, en ambos casos, tienen como resultado una mejora
en la productividad del trabajo y, por ende, menores precios de exportación.
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Lo que diferencia al enfoque sistémico de los enfoques estructurales son tres hechos. Primero, comparte la visión
sobre la competitividad estructural, pero agrega a las variables micro, meso y macroeconómicas, un nivel
adicional: el nivel meta.
En segundo lugar, dentro del enfoque sistémico se vinculan elementos provenientes de la economía industrial, la
teoría de la innovación y la sociología industrial, de modo de que no son tenidas en cuenta sólo las categorías
económicas en el análisis sino también las políticas.
Por último, esta visión está más relacionada con las políticas necesarias para que las empresas de un país logren
mejorar su competitividad industrial, la cual es vista como el producto de la interacción entre los cuatro niveles
mencionados.
El modelo de competitividad sistémica muestra que las ganancias de competitividad de una firma determinada no
provienen sólo de los esfuerzos que ésta realiza, sino que se obtienen de manera sistémica, tal como lo muestra el
Esquema 3, a través de la interacción de las variables y políticas correspondientes a cada uno de los niveles.
_____
El nivel “macro” implica la estabilización de los fundamentals de la economía necesaria eficientemente los
recursos de la economía. El nivel “meso” se refiere a los esfuerzos y políticas de promoción y fomento específico
puestas en marcha por las distintas estructuras del Estado en pos de la creación de ventajas competitivas
dinámicas a partir de la formación de nuevas estructuras y la articulación de procesos de aprendizaje. En el nivel
“micro” se incluyen las acciones encaradas por las firmas de modo de afrontar el nuevo escenario competitivo
caracterizado por una mayor competencia a nivel mundial, la diferenciación de la demanda y la rápida
obsolescencia de productos y procesos.
A este respecto, se trata particularmente
de poder articular tres tipos de
innovaciones de manera concomitante:
técnicas (de producto y de proceso), de
organización (de la producción; del
desarrollo de productos; de las
relaciones de suministro, con clientes y
con otras empresas e instituciones) y
sociales (reducción de planos
jerárquicos; delegación de la toma de
decisiones a nivel operativo). Por último,
el nivel “meta” refiere a la capacidad
estatal de conducción de la economía y a
la existencia de patrones de organización
social que permitan movilizar la
capacidad creativa de la sociedad, ambos
factores necesarios para mejorar el
desempeño en los anteriores tres niveles.
______
Nivel META
Socioculturales
Escala de valores
Patrones básicos de organización político-jurídico-económica
Capacidad estratégica y política
Cómo operan
Nivel MACRO
Actores que participan
Congreso
Gobierno nacional
Instituciones estatales nacionales
Banco Central
Órganos judiciales
Cómo operan
Nivel MESO
Cómo opera
Promoción económica.
Infraestructura.
Comercio regional - información comercial
Estructura industrial.
Políticas apuntadas al fortalecimiento de la competitividad de algunos sectores
Políticas sobre ambiente, tecnología, educación, trabajo.
Regulación y Articulación.
Nivel Micro
Productores.
Proveedores.
Consumidores.
Cómo opera
Las empresas enfrentan requerimientos que le imponen las tendencias en la economía mundial:
o Globalización de la competencia
o Incremento del número de competidores
o Demanda más exigente y diferenciada
o Ciclos de renovación de producto
o Tecnología y organización
o Competencia y límites sectoriales difusos
Cómo opera
Las empresas necesitan reorganizarse a nivel interno como en su entorno inmediato. Siguiendo cuatro criterios:
________
El carácter sistémico de la competitividad viene dado por el hecho de que a cada patrón de concurrencia sectorial,
entendido como el conjunto de regularidades en las formas dominantes de competencia vigentes en ese sector,
corresponden tres tipos distintos de factores
críticos que serían los que asegurarían el éxito
en ese mercad específico. En primer lugar,
están los factores empresariales,
relacionados con cada una de las áreas de
competencia de las firmas: gestión,
innovación, producción recursos humanos. El
desempeño de las firmas depende de la
acumulación de capacidades en cada una de
las áreas de competencia realizada a lo largo
del tiempo a partir de esfuerzos realizados
una vez escogida una determinada estrategia
competitiva. A su vez, la estrategia escogida
es una función de las capacidades previas que
posee la firma, tal como lo muestra la parte
correspondiente a la empresa dentro del
Esquema 4 (rectángulos amarillos dentro del triángulo).
En segundo lugar, aparecen los factores estructurales, referidos a la industria en donde participa la firma. En el
Esquema 4 aparecen dentro del “triángulo de la competitividad estructural”, cuyos vértices (rectángulos azules)
son los factores determinantes del patrón de concurrencia sectorial y, por ello, conforman el ambiente
competitivo dentro del cual se enfrentan las empresas. El primero de los vértices lo constituye el mercado
particular en el que se desenvuelven las firmas, así como sus características específicas. El segundo está
compuesto por la configuración particular de la industria en lo que se refiere a las tendencias intrínsecas de
cambio técnico (ciclos de productos y procesos; intensidad de los esfuerzos de I+D; oportunidades tecnológicas;
etc.) Por último, aparece el vértice relacionado con el régimen de incentivos y de regulación de la competencia, los
cuales determinan el grado de rivalidad entre las firmas del sector.
Para finalizar, aparecen los factores sistémicos, quienes constituyen absolutas externalidades para el conjunto de
empresas que conforman el tejido productivo nacional pero que constituyen, al mismo tiempo, señales para la
toma de decisión por parte de las empresas. Estos pueden ser macroeconómicos, político-institucionales, legales y
regulatorios, infraestructurales, sociales e internacionales.
Puede hablarse de dos tipos de ganancias de competitividad, de acuerdo al nivel de dificultad a la hora
implementar sus herramientas, al efecto producido sobre el nivel de ingresos promedio y a la posibilidad de que
sean mantenidas o sostenidas en el tiempo. De acuerdo al Esquema 5, en primer lugar, se encuentran las
ganancias de competitividad “espurias”, y son aquellas ganancias de competitividad fácil y rápidamente
obtenibles que se hacen presentes de manera inmediata pero que no pueden ser sostenidas en el mediano plazo y
que, asimismo, generan un impacto regresivo sobre el nivel de ingresos y su distribución.
Dentro de este grupo aparecen distintos métodos de obtener ventajas competitivas frente a otros países. La forma
más típica es la de recurrir a una devaluación nominal de la moneda nacional, de modo de abaratar de manera
instantánea los productos domésticos y encarecer los importados. Una forma adicional de lograr este cometido, si
bien más “dolorosa” y difícil de llevar a la práctica, es lograr deflación de precios a través del ajuste recesivo de la
economía o, al menos, que la inflación interna sea menor a la internacional, de manera de que se deprecie la
moneda en términos reales.
Otra de las formas típicas de obtener ganancias de competitividad de tipo espurias es la reducción de los salarios
reales de los trabajadores o de las cargas laborales asociadas a su contratación o despido, de modo de lograr una
reducción en los costos de producción y, por ende, en los precios de exportación.
Otros modos de obtener ganancias de competitividad espurias vía caída de los precios de exportación pueden ser
i) la reducción de la remuneración al capital, ii) la caída en los costos de aprovisionamiento de las empresas o iii) la
relajación de la presión fiscal sobre el capital.
En términos generales, vale decir que si bien el conjunto de medidas anteriormente reseñado puede ser efectivo
ante determinada coyuntura, en el largo plazo no es sostenible ni se condice con los enfoques “estructural” o
“sistémico” de la competitividad, según los cuales mayor competitividad no significa sólo detentar una mayor
porción del mercado mundial sino mejorar el nivel de vida de la población del país a que se hace referencia. Por el
contrario, todas estas formas de mejorar la competitividad macroeconómica atentan contra de los ingresos
promedios de la población, en particular sobre la clase trabajadora, al tiempo que se condicen con el “enfoque
tradicional”, en tanto las mejoras competitivas, en la totalidad de los casos, se corresponden con reducción de
costos o precios.
Sin embargo, dentro del enfoque tradicional también pueden ser conseguidas ganancias de competitividad de
carácter “auténtico” o “genuino”. Este tipo de ventajas competitivas se encuentran asociadas con actividades de
cambio técnico u organizacional. Por definición, las ganancias de competitividad obtenidas de este modo perduran
y pueden ser recreadas en el tiempo, ya que tienen la capacidad de retroalimentarse debido a los procesos de
aprendizaje que durante su desarrollo o implementación se generan.
En este caso, se tratan también de mejoras (reducciones) en los costos de producción o precios de exportación,
pero conseguidas de una manera sustentable y que permite la mejora de los ingresos promedio, aunque su forma
de obtención es más compleja y requiere de mayores esfuerzos que en los casos anteriores. Particularmente, se
trata de las mejoras en la productividad del trabajo, del capital o en la utilización de los insumos productivos a
causa de la mejor organización de la producción o la implementación de nueva maquinaria y equipos.
Las ganancias de competitividad genuinas asociadas a los enfoques estructural y sistémico son sostenibles y
recreables en el tiempo e implican una mejora en los ingresos promedio de la economía, no sólo para el capital
sino también para el trabajo, ya que la fuerza de trabajo utilizada en este tipo de producción requiere de mayores
capacidades, por lo que tiene un mayor valor y, por ello, es retribuida de mejor forma. Asimismo, la aparición de
estas ventajas comparativas no requiere de ajustes recesivos pero sí estructurales que implican una alta carga en
términos de recursos invertidos y esfuerzos realizados de modo de llevar a las economías hacia sectores y
funciones productivas más dinámicas y más intensivas en conocimiento.
Conclusión
Alarco
La conceptualización de Porter sobre la competitividad está referida a la habilidad de los países para proveer altos
niveles de prosperidad a sus ciudadanos; es decir, el reflejo de la productividad con la que cada país usa sus
recursos humanos, naturales y de capital. La empresa es el nivel donde se combinan esos recursos para generar
bienes y servicios, en forma eficiente y productiva. De manera que la productividad alcanzada establece salarios,
retornos de capital y de los recursos naturales y, por extensión, el estándar de vida del país. Las empresas son más
productivas cuando el ambiente de negocios en el que operan es positivo. Por ello, los países compiten ofreciendo
ambientes apropiados donde las empresas puedan ser altamente productivas.
Porter señala que las devaluaciones del signo monetario muestran la debilidad del sistema económico, la
insuficiente productividad para competir en el mercado global y reflejan la poca competitividad del país.
Como consecuencia del aumento de la productividad, los países más competitivos muestran un gran dinamismo
en el comercio internacional de bienes y servicios, flujos crecientes de inversión directa al país y este al extranjero
y, sobre todo, un alto grado de innovación tecnológica. Es la capacidad innovadora de los países la que, en última
instancia, sustenta el crecimiento de la productividad.
Empresa
La fuente primaria de creación de riqueza es la empresa. Por ello, la competitividad de los países se basa en la
capacidad que sus empresas tienen para competir. En la perspectiva de Porter, la base de la consecución de los
fines a obtener descansa en la capacidad y sofisticación de las organizaciones que operan en el país. Ninguno es
competitivo si sus empresas no lo son y, para ello, estas, más allá de poseer eficiencia operativa, deben tener un
posicionamiento de estrategias único. El Estado no crea riqueza, pero puede ayudar a crearla, de la misma forma
que puede alentar o desalentar la competitividad del país.
Localización
Porter plantea que, con la intensificación de la globalización, la localización geográfica es más importante en lugar
de serlo menos, como se suele afirmar. La evaluación final de las empresas está orientada a elegir la localización
que garantice el mejor ambiente de negocios para lograr sus objetivos estratégicos, que le asegure un alto nivel de
rentabilidad en el largo plazo. Esto no sucede, necesariamente, en un país que cobre bajos impuestos, ofrezca
mano de obra barata y/o que no cuide el medio ambiente.
Determinantes de la Competitividad
El conjunto de recursos naturales, la localización geográfica, el legado histórico-cultural, entre otros, constituyen el
endowment con los que cuenta un país. Esta dotación de recursos es importante para aumentar la competitividad,
ya que presenta la oportunidad de edificar sobre ellos. Los países que compiten solo sobre la base de su riqueza en
recursos naturales no son altamente competitivos y sus niveles de crecimiento son erráticos.
② Macroeconomía de la competitividad
La macroeconomía de la competitividad crea el potencial para lograr alta productividad y fija el contexto para la
competitividad. Los aspectos macroeconómicos que influyen en el nivel, de la misma, que alcanza un país se
encuentran en dos áreas: la infraestructura social e institucional y las políticas macroeconómicas.
④ Políticas macroeconómicas
Las medidas de política económica, por positivas que estas sean para alentar una mayor competitividad, no serán
suficientes si no van acompañadas de un buen comportamiento a nivel microeconómico. Por ejemplo, en la década
de 1990, la mayoría de países de América Latina realizó cambios importantes a nivel macroeconómico, como la
apertura de mercados, el control de la inflación, el control del déficit público, la privatización de empresas públicas,
el otorgamiento de una legislación promotora a la competencia y a la inversión extranjera, entre otras. Sin
embargo, su posición competitiva no ha variado mucho y sus niveles de prosperidad tampoco.
⑤ Microeconomía de la Competitividad
La microeconomía de la competitividad está determinada por el comportamiento de tres elementos: la calidad del
ambiente de los negocios, el estado del desarrollo de los clusters y el nivel de sofisticación de las operaciones y
estrategias de las empresas.
Condiciones de los factores: establecen las bases para la actividad de las empresas. La disponibilidad o carencia
de factores (cuadro) hacen que el ambiente para la empresa sea atractivo o desalentador.
Contexto para la estrategia y competencia de las empresas: formado por todos los elementos que garantizan y
vigorizan la competencia en el mercado doméstico.
Condiciones de la demanda: está constituida por las características del mercado local en términos de
comportamiento del consumidor. Cuando este es más sofisticado y exigente por la calidad de los bienes y
servicios, las empresas están obligadas a ser más competitivas.
Sectores afines y de apoyo: Un ambiente local es más competitivo cuanto más se aleja de la noción de empresas
aisladas y/o desconectadas, y más se acerca a la noción de cadenas productivas y de clusters.
Estado del desarrollo de los clusters
Los clusters son un grupo interconectado de empresas e instituciones asociadas, ligadas por elementos comunes y
complementarios, que se encuentran ubicados en cierta proximidad geográfica y se dedican a la producción de
determinados bienes o a la prestación de servicios. La propuesta de Porter sugiere ver la organización y la política
económica a través de los clusters, ya que reflejan mejor la racionalidad económica.
La casuística internacional sugiere que los clusters estimulan el aumento de la productividad y la innovación,
constituyen una fuente dinámica de generación de empleo e ingresos y se convierten en motor del desarrollo
económico regional. En los clusters normalmente están ubicadas empresas de varios sectores, desde proveedores
especializados, de servicios industriales, industrias relacionadas y de soporte, instituciones financieras, educativas
y de entrenamiento, de investigación, proveedores de infraestructura y otros. Todos ellos tienen alguna forma de
interacción y están localizados en una determinada proximidad geográfica que les facilita la comunicación,
logística y la interacción personal. Así es como crean sinergias que los benefician.
Para llegar a niveles altos de competitividad internacional, las empresas pasan de la eficiencia operacional al
posicionamiento estratégico. La primera consiste en asimilar, adaptar y expandir las mejores prácticas del
mercado, es un paso necesario para obtener mayor rentabilidad, pero no suficiente. Las organizaciones más
competitivas crean un posicionamiento estratégico único y sostenible.
Corresponden a países que compiten a base de mano de obra barata y de la exportación de productos básicos
relacionados, principalmente, con el uso de recursos naturales. Las empresas basan su competencia en los precios
y comercializan productos básicos con escasa productividad reflejada en bajos salarios.
Agrupa países capaces de sostener altos salarios y niveles de vida para su sociedad. Los países en esta etapa basan
sus ventajas competitivas en la innovación, utilizan los métodos más avanzados para producir bienes y servicios, y
se ubican en la frontera tecnológica para competir sobre la base de la creación de valor.
Alarco
Según Adam Smith, se dice que un país tiene una ventaja absoluta cuando logra producir un bien empleando
menos recursos que otro. El economista inglés David Ricardo estaba en desacuerdo con el enfoque de la ventaja
absoluta y proponía como alternativa la ventaja comparativa, aquella que logra un país si produce un
determinado bien con un costo de oportunidad más bajo que otro. La diferencia fundamental entre ambos
enfoques radica en que la primera se da en la producción de un bien y se define por los recursos empleados; en
cambio la comparativa se basa en el “costo de oportunidad”, que se mide en términos de los otros bienes que se
podrían haber producido con esos recursos.
Desde entonces, las ventajas comparativas están relacionadas con la especialización propia de cada país, es decir,
aquello que es capaz de producir comparativamente mejor.
Porter (1999) plantea el enfoque de ventaja competitiva como el valor que una empresa logra crear para sus
clientes y que supera los costos de ello. Este es igual a lo que la gente está dispuesta a pagar y el valor superior se
logra ofreciendo precios más bajos que la competencia, por beneficios equivalentes a tener un precio más alto.
Porter identificó tres estrategias genéricas que podían usarse, individual o conjuntamente, para crear en el largo
plazo esa posición defendible que sobrepasara el desempeño de los competidores en una industria. Esas tres
estrategias genéricas son: (a) el liderazgo en costos, (b) la diferenciación y (c) el enfoque.
Porter señala que la competitividad en una nación depende de la capacidad de sus industrias para innovar y
mejorar, y que determinadas empresas son capaces de hacerlo coherentemente, buscando implacablemente las
mejoras y una fuente cada vez más perfeccionada de “ventaja competitiva”. Para el autor, estos entendimientos
dependen de los cuatro atributos de una nación que constituyen el póquer de la ventaja nacional. Determinantes
de la ventaja nacional competitiva:
Warner (2006) considera que la definición de competitividad de las naciones, durante las décadas de 1980 y 1990,
se desarrolló abarcando una amplia gama de factores cuyo origen fue el crecimiento de la participación del
intercambio comercial internacional, es decir, principalmente la exportación de bienes y servicios, dando origen al
debate sobre hasta qué punto los factores de la competitividad, aplicables a las empresas, pueden ser
considerados para las políticas económicas y sociales de los países.
Con el paso de los años, Porter y Bishop (2007) maduraron la definición de competitividad:
La meta última de la misma es la prosperidad de las personas en la nación o los estándares de vida per cápita. La
fuente fundamental de prosperidad de largo plazo es la productividad con la que una nación puede utilizar sus
recursos naturales, humanos y de capital. Competitividad no se trata de una fuerza laboral de bajo costo, la
mayor participación en las exportaciones o inclusive el crecimiento económico más acelerado. Se trata de crear
las condiciones bajo las cuales las empresas y los ciudadanos pueden ser más competitivos, de tal manera que los
salarios y los retornos sobre la inversión puedan dar soporte a un estándar de vida atractivo.
UNIDAD 3 | Desarrollo Territorial
Espondaburu - definición
El desarrollo territorial es un proceso multidimensional que (reconociendo las particularidades de cada territorio)
se construye entre todos los actores y agentes interesados en participar y cooperar en la concertación de una
estrategia local planificada con la finalidad de mejorar la calidad de vida de las personas que allí habitan,
generando más bienes y servicios distribuidos con equidad y que redunde en más y mejor trabajo/empleo.
Es un proceso porque se produce a lo largo del tiempo, y es multidimensional, es decir, tiene una dimensión
económica, social, ambiental, institucional, cultural, política, histórica y relacional (por lo menos 9 dimensiones).
Que reconoce las particularidades de cada territorio, no todos los territorios son iguales. Y además se construye,
no viene dado, no es automático, lo construyen los agentes y actores de ese territorio. Los actores son los
representantes de un interés previo sectorial. Los agentes son gente que tiene que diseñar estrategias pensando
en el conjunto, generalmente agentes públicos estatales, pensando en todos y conciliando los diferentes intereses
de los actores que participen. Todos deben participar y cooperar para concertar una estrategia local que tiene que
ser planificada. Con la finalidad de mejorar la calidad de vida de las personas. Y que además redunde en más y
mejor trabajo y empleo.
Trabajo y empleo son complementarios pero no son lo mismo. Puede pasar que haya un proceso de crecimiento
económico y que haya que hacer mucho más trabajo, pero que ese trabajo lo hagan maquinas, y eso no supone
más empleo que incluya a más gente. O que lo hagan trabajadores autónomos, que no son empleados porque son
trabajadores independientes. O que ese proceso de crecimiento de bienes y servicios lo hagan robots. O se use la
inteligencia artificial para generar bienes y servicios y se use menos gente. Los dos son importantes, pero puede
no haber más empleo cuando haya más trabajo. Trabajo no implica que haya empleo.
Albuquerque 2013
EL DESARROLLO TERRITORIAL: ENFOQUE, CONTENIDO Y POLÍTICAS
Proceso que intenta lograr una mejora del ingreso y de las condiciones y calidad de vida de la gente que vive en un
determinado ámbito territorial.
El Desarrollo Territorial requiere que las estrategias sean elaboradas a partir de la movilización y participación
activa de los actores territoriales. Por ello se subraya que se trata de una acción surgida “desde abajo”, no
elaborada “desde arriba” por las instancias centrales del Estado o de la Provincia.
El enfoque territorial se diferencia claramente de la mirada sectorial sobre la realidad, dotándose de una visión
sistémica, esto es, que integra las diferentes dimensiones del desarrollo en un determinado ámbito territorial
específico.
__________
Desarrollo económico local: visiones que se posan sobre la importancia el entramado institucional a lo publico
privado.
Desarrollo territorial: no se habla solo de un enfoque económico sino que cuando hablamos de desarrollo
territorial pensamos en una multidimensión. Ya el foco no es solo en la empresa como unidad productiva, sino en
sistemas productivos locales, donde hay empresas pero hay muchos factores más que constituyen ese sistema, y
donde las empresas no compiten solas en el mercado, compiten los sistemas productivos locales con otros
sistemas productivos locales, es decir, compiten no solo las empresas de cada uno sino también los factores de
cada uno, hay que construir sistemas sólidos porque vamos a competir con eso y no solo con la empresa, entonces
cuanto más sólidos sean y mejores instituciones tengan, las empresas compiten mucho mejor, son más
competitivas aquellas empresas que están en sistemas bien desarrollados.
__________
El territorio no es solamente el espacio geográfico en el que tienen lugar las actividades económicas o sociales. Es
el conjunto de actores y agentes que lo habitan, con su organización social y política, su cultura e instituciones, así
como el medio físico o medioambiente del mismo. Se trata de un sujeto (o “actor”) fundamental del desarrollo, al
incorporar las distintas dimensiones de éste, es decir, el desarrollo institucional, cultural y político, el desarrollo
económico, el desarrollo sustentable ambientalmente, y el desarrollo social y humano.
Desarrollo económico
Desarrollo sustentable
Las estadísticas sectoriales no incorporan, pues, la interconexión existente en las actividades económicas reales,
las cuales poseen una vinculación territorial y otra económica. Se requiere identificar los sistemas productivos
territoriales, los cuales están compuestos de diferentes redes empresariales, cadenas productivas o clústeres, en
determinados entornos territoriales e institucionales, con una dotación de infraestructuras, equipamientos,
servicios, y contexto social y cultural favorable (o no) al desarrollo territorial.
Entorno sectorial: el conjunto de sus relaciones específicamente productivas entre las empresas (proveedores,
competidores y clientes).
Entorno territorial: compuestos por elementos como la base de recursos naturales, agua, energía y materiales
(que proporciona el medioambiente local en gran medida), la formación de recursos humanos y el mercado de
trabajo local, el marco jurídico y regulatorio, los aspectos sociales e institucionales territoriales, la investigación y
desarrollo para la innovación, las infraestructuras básicas y el sistema financiero.
De esta forma, las empresas, en el entorno competitivo se ven condicionadas tanto por la forma como organizan
su red o relaciones en el conjunto del sistema productivo local, así como por la dotación y las características del
entorno territorial.
Del mismo modo, otros aspectos del entorno territorial que influyen en la competitividad territorial de forma
determinante son la existencia de un sistema territorial de servicios de desarrollo empresarial, la dotación de
infraestructuras básicas y medioambientales, el involucramiento del sistema financiero formal e informal para
asegurar el acceso al crédito para las microempresas y Pymes, un sistema fiscal favorable para el funcionamiento
de este tipo de empresas, y la vinculación entre productores y sistema de conocimiento territorial para conformar
un sistema territorial de innovación (I+D+i).
La productividad depende de un conjunto de elementos entre los cuales se citan un buen sistema educativo y de
formación de recursos humanos, la dotación de infraestructuras y equipamientos básicos, la elección de
tecnologías adecuadas, la organización productiva, la calidad de relaciones laborales que asegure el
involucramiento de las personas que trabajan en dicha actividad productiva, el acceso al crédito, la cooperación
empresarial y la inclusión de la sostenibilidad ambiental como elemento de innovación de producto y proceso.
Las empresas no son entes aislados, sino que desarrollan sus actividades formando parte de un entramado más
complejo, a través de cadenas de relaciones (o eslabonamientos) de proveedores y clientes. Asimismo, acabamos
de insistir en que la productividad y la competitividad dependen de la calidad de las relaciones de la cadena
productiva y de las características del entorno territorial donde se localizan sus elementos.
El “diamante competitivo” de Michael Porter (1991) resume un conjunto de aspectos determinantes básicos de la
competitividad (estrategia, estructura y rivalidad de las empresas, condiciones de los factores, condiciones de la
demanda, y sectores conexos y de apoyo), a los cuales añade el gobierno (administraciones públicas) y la
casualidad.
Junto a estos factores explicativos, el enfoque del desarrollo territorial incorpora, además, el sistema político e
institucional del territorio, la movilización y participación de los actores territoriales, el sistema territorial de
formación de recursos humanos, el sistema territorial de innovación, y el medioambiente y la sostenibilidad, todos
ellos aspectos sustantivos que inciden en la formación de condiciones de eficiencia productiva y de competitividad
en un determinado territorio.
El concepto de competitividad sistémica territorial
El logro de la competitividad es resultado de la interacción de cuatro niveles básicos: meta, micro, meso y macro.
Desde este enfoque sistémico la competitividad sólo tiene sentido dentro de una estrategia de transformación
social. Y como tal, la política de desarrollo nacional debe incorporar una política de fomento del desarrollo
territorial, lo que implica un esfuerzo importante de coordinación interinstitucional entre los diferentes niveles
(vertical y horizontal) de las administraciones públicas (Central, Provincial y Municipal), así como una cooperación
entre actores públicos y privados desde cada territorio, tratando de seguir la orientación citada en el modelo de
“cuádruple hélice” en los territorios.
La mejora de la coordinación institucional entre los distintos niveles territoriales de las administraciones públicas
es una condición necesaria para avanzar en el enfoque del desarrollo territorial. Sin embargo, no es condición
suficiente. Se precisa impulsar una movilización territorial de actores, a fin de avanzar en la elaboración de
iniciativas o estrategias de desarrollo innovador en el territorio.
Cuando utilizamos la expresión de innovaciones productivas nos referimos no únicamente a las innovaciones
tecnológicas de producto o proceso. Se incluyen también –según el enfoque sistémico incorporado- las
innovaciones medioambientales, así como las innovaciones de gestión y organización y las innovaciones sociales,
laborales e institucionales.
El desarrollo territorial no puede, por tanto, implantarse desde arriba, ni desde una instancia externa, aunque es
muy importante que desde arriba se comprenda la importancia de potenciar este tipo de estrategias basadas en la
movilización endógena. En otras palabras, si bien se trata de un desarrollo desde abajo, lo cierto es que también se
requiere un apoyo desde arriba, o dicho de otro modo, la incorporación de las políticas de desarrollo territorial
como parte sustantiva de la política nacional de desarrollo del país.
En una fase de desarrollo histórico como la actual, en la cual el crecimiento económico se basa, en buena medida,
en una intensiva utilización de maquinaria y tecnología con reducido uso de mano de obra y fuerte eliminación de
antiguos empleos, la destrucción neta de empleo suele coexistir con procesos de crecimiento económico. No
obstante, las políticas de empleo planteadas a nivel genérico suelen recurrir al anterior supuesto, adoptando así
un carácter pasivo o dependiente de las políticas de crecimiento económico.
Sin embargo las políticas de empleo, para ser eficaces, deben plantearse territorialmente, esto es, teniendo en
cuenta las condiciones específicas de cada ámbito territorial en lo relativo a la oferta y demanda de trabajo. El
mercado de trabajo es un hecho territorial, no genérico, de ahí la necesidad de incursionar en las políticas activas
de empleo.
No hay que olvidar que la calidad de los recursos humanos es una pieza fundamental en la competitividad
dinámica. Igualmente, la necesidad de una reestructuración productiva de carácter sostenible ambientalmente
requiere la formación de “empleos verdes”, como parte sustantiva de las políticas activas de empleo.
Por trabajo decente la OIT entiende: (i) la generación de empleo de calidad y con ingresos suficientes y seguros; (ii)
protección social, asegurando la atención a la salud y necesidades básicas para los hogares; (iii) diálogo social que
permita a los actores una participación efectiva en las empresas; y (iv) respecto a los derechos humanos en el
trabajo, esto es, seguridad, tiempo libre, no discriminación de género, raza o religión, dignidad y respeto.
La crisis internacional no es sólo una crisis financiera. Es, sobre todo, una crisis energética y productiva, como
señala Jeremy Rifkin (2011). Nos encontramos ante una fase de cambios fundamentales debidos al agotamiento
del modelo energético basado en la utilización intensiva de combustibles fósiles. En la fase actual, que Rifkin
denomina como Tercera Revolución Industrial, la sostenibilidad ambiental, la nanotecnología, las energías
renovables, el diseño de sistemas, la ecología industrial, el desarrollo de aplicaciones de la química verde y la
implantación creciente de la ecoeficiencia de recursos y procesos productivos son elementos básicos.
Este es un escenario que las Agencias de Desarrollo Económico territorial deben contemplar con la mayor atención
ya que las energías renovables no exigen grandes instalaciones centralizadas de producción energética sino
estrategias de abastecimiento territorial de energía, utilizando para ello las diversas modalidades de fuentes de
energía renovable (solar, eólica, biomasa, entre otras).
Para Rifkin los pilares de la Tercera Revolución Industrial son los siguientes:
Conclusión
Entre los rasgos principales del enfoque del Desarrollo Territorial cabe señalar los siguientes:
•
Incorpora una aproximación territorial y no sólo sectorial o agregada.
•
Incluye la participación de los actores locales en la elaboración de estrategias de Desarrollo Territorial.
•
Hace énfasis en el aprovechamiento de los recursos y potencialidades endógenas.
•
Incorpora innovaciones productivas, de gestión, socio-institucionales y ambientales en el tejido productivo
y empresarial.
•
Considera clave las microempresas, Pymes, cooperativas y pequeñas unidades de producción rural, así
como la totalidad de la economía territorial, tanto formal como informal.
•
Valoriza las infraestructuras intangibles para facilitar la difusión de conocimientos.
•
Se basa en el análisis de sistemas productivos locales, (o sistemas agroalimentarios localizados) y mercados
locales de empleo.
•
Promueve la construcción social del territorio: redes, instituciones y capital social.
•
Se dota de una visión estratégica para el cambio de modelo productivo y de consumo (Economía verde y
Empleos verdes).
Esto implica el despliegue de estrategias pro-activas para la construcción de entornos favorables al desarrollo
territorial con el fin de:
•
Estimular la acumulación y difusión de conocimientos tecnológicos apropiados al perfil productivo de cada
territorio;
•
Facilitar la vinculación entre el tejido local de empresas y la oferta territorial de conocimientos y asistencia
técnica;
•
Orientar el sistema educativo y de formación profesional según las necesidades locales y el perfil territorial;
•
Fomentar desde la escuela la capacidad creativa;
•
Alentar la formación de redes y cooperación entre actores públicos y privados (empresas e instituciones);
•
Construir instituciones eficaces para la promoción del desarrollo productivo, la innovación y la creación de
empleo de calidad; y
•
Promover la cultura, participación e identidad territorial.
El enfoque del Desarrollo Territorial se aleja así del nivel agregado y abstracto de la macroeconomía convencional
y se basa en:
•
El abandono de las actitudes pasivas, dependientes de las ayudas o subsidios.
•
La movilización y participación de los actores territoriales.
•
La convicción del esfuerzo y decisión propios para concertar territorialmente las estrategias de desarrollo a
seguir.
•
Ello requiere instrumentos de intermediación desde los territorios como las Agencias de Desarrollo
Económico Local u otros mecanismos de gobernanza, y vincularse igualmente con las Agencias u Oficinas
Territoriales de Empleo.
•
Alburquerque 2001
Al tránsito hacia nuevas formas de producción más eficientes que concretan la actual revolución tecnológica
y de gestión “posfordista”;
A la introducción de la microelectrónica, que ha posibilitado la vinculación de las diferentes fases de los
procesos económicos trabajando en la misma unidad de tiempo real;
A la existencia de cambios radicales en los métodos de gestión empresarial;
A la importancia de la calidad y diferenciación de los productos como estrategia de competitividad dinámica;
A la renovación incesante de productos y procesos productivos, acelerando notablemente los ritmos de
obsolescencia técnica y amortización de los activos físicos; y
A la identificación de la segmentación de la demanda y la existencia de diferentes nichos de mercado.
A estos cambios estructurales debidos a la fase de transición tecnológica actual hay que sumar los condicionantes
de la creciente globalización de importantes sectores de la economía internacional, en un contexto caracterizado
por la desregulación financiera; la mayor apertura externa de las economías; la emergencia de bloques
geoeconómicos como forma de respuesta a las mayores exigencias competitivas existentes y a la necesidad de
ampliación de los mercados; Todo lo cual plantea mayores exigencias de competitividad, adicionalmente a los
retos de mayor productividad correspondientes a la fase de transición tecnológica estructural.
La política económica de desarrollo en los diferentes países de la región suele centrarse de forma prioritaria y, en
ocasiones, exclusiva, en las actividades orientadas hacia la exportación, en la suposición (escasamente contrastada
con los hechos) de que de tales actividades pueden suministrar los efectos difusores de introducción de
tecnologías y cualificación de recursos humanos requeridos en el conjunto de los sistemas productivos locales.
El enfoque del desarrollo económico local no acepta tal suposición y, en consecuencia, insiste en la necesidad de
acompañar las políticas de promoción de exportaciones con políticas activas de intervención desde las diferentes
instancias territoriales para el fomento productivo y empresarial, a partir de una concertación de actores públicos
y privados, a fin de impulsar la mayor articulación y capacidad competitiva de los diferentes sistemas productivos
locales.
Así pues, en la medida que los Estados Nacionales ya no son el único vertebrador de los sistemas económicos, los
cuales se encuentran con un grado de exposición muy superior en el escenario de la globalización, y sometidos a la
tensión de diferentes lógicas de funcionamiento, unas en el sentido de la transnacionalización y avance de los
procesos de integración supranacional, y otras obligadas a contemplar los requerimientos de fortalecimiento de
los diferentes sistemas productivos y mercados locales, parece obligado incorporar en todo este proceso de
readaptación económica e institucional la consideración de las circunstancias específicas territoriales, a fin de
incluir la diferenciación y potencialidad existentes en cada contexto y, de ese modo, poder definir las políticas
apropiadas según los distintos escenarios del desarrollo económico.
De esta forma, para asegurar la innovación productiva del tejido empresarial, se hace necesario acompañar las
reformas macroeconómicas con esfuerzos de ámbito microeconómico y territorial, para lo cual es preciso el
fortalecimiento institucional de las administraciones territoriales, a fin de que los gobiernos locales, provinciales y
regionales (departamentales o estaduales) puedan desempeñar un papel activo como animadores y catalizadores
de iniciativas de desarrollo económico local junto a los restantes agentes socioeconómicos privados y el conjunto
de la sociedad civil. Esto supone, como se señala, el diseño de políticas de nivel microeconómico, así como
adaptaciones socioinstitucionales desde el nivel mesoeconómico, fin de estimular la creación de espacios de
concertación estratégica de actores públicos y privados, para la construcción de entornos innovadores en cada
territorio, capaces de encarar los retos del cambio estructural y la globalización de forma eficiente.
El funcionamiento de la actividad empresarial no se realiza en el vacío, sino que tiene lugar en una determinada
localización geográfica y dentro de un conjunto determinado de eslabonamientos productivos con proveedores,
clientes y mercados. Por eso es necesario identificar la localización de las empresas tanto en su territorio concreto,
como en su cluster o agrupamiento de empresas respectivo, ya que la eficiencia productiva no depende tan sólo
de lo que ocurre al interior de las empresas en términos de su reingeniería inteligente, sino que también es
resultado de la dotación, orientación y calidad de las infraestructuras básicas y los servicios avanzados de apoyo a
la producción existentes en el entorno territorial, así como de la eficiencia alcanzada en el conjunto de relaciones y
redes existentes en el cluster al que dichas empresas pertenecen.
La existencia de RRHH cualificados, la vinculación del sistema de educación y capacitación con el perfil productivo
de cada territorio y la disponibilidad de servicios empresariales avanzados, son algunos de los aspectos de un
mercado de factores estratégicos que hay que construir territorialmente. Esto es válido para todo tipo de
empresas y más aún para las microempresas y pequeñas empresas, las cuales por sí solas no pueden acceder a los
servicios avanzados de apoyo a la producción que requieren los procesos de innovación productiva y empresarial.
Este tipo de empresas de pequeña dimensión deben poder encontrar en su entorno territorial próximo los
insumos estratégicos para la innovación productiva y de gestión. El territorio y el medio local se convierten, de
este modo, en lugar de estímulo de innovaciones y de amplificación de informaciones, actuando como agente
suministrador de externalidades positivas para la productividad y la competitividad empresarial.
En suma, la eficiencia productiva no depende tan sólo de lo que ocurra al interior de la empresa, en términos de su
reorganización inteligente. También es resultado de la dotación, orientación y calidad de las infraestructuras
básicas y los servicios de desarrollo empresarial existentes en su entorno territorial y de la eficiencia alcanzada en
el conjunto de relaciones y redes existentes en el cluster al que pertenece dicha empresa.
Para ello se requiere un tipo de actuaciones que acompañe las reformas emprendidas en el nivel macroeconómico
y en el ajuste externo, con otras de nivel microeconómico y territorial que aseguren la innovación tecnológica y de
gestión de los diferentes sistemas productivos locales, a fin de generar un empleo de mayor calidad y nuevas
fuentes de riqueza para la población. Ello puede verse facilitado por la actuación de los gobiernos locales, los
cuales deben ampliar su campo de interés convirtiéndose en animadores y catalizadores estratégicos de iniciativas
concertadas con el sector privado, a fin de crear entornos innovadores territoriales estimuladores del desarrollo
empresarial y la generación de empleo productivo.
En los países desarrollados han ido surgiendo, a lo largo de estas dos últimas décadas, un conjunto diverso de
iniciativas locales de desarrollo, tratando de generar actividades, empresas o nuevos empleos a través del
estímulo de innovaciones y emprendimientos productivos, a fin de facilitar los necesarios ajustes en el nivel micro
de las actividades productivas locales. Igualmente, otras iniciativas se han basado en la organización de redes de
interdependencia entre empresas y actividades ligadas a los mercados; el impulso de la diferenciación y calidad de
productos y procesos productivos, así como en la identificación de la demanda y la emergencia de nuevas
necesidades y mercados. Finalmente, otros motivos del surgimiento de iniciativas locales de desarrollo se refieren
a la valorización de los recursos endógenos existentes en cada territorio y la búsqueda de nuevas fuentes de
empleo.
El núcleo propositivo básico de las iniciativas de desarrollo local subraya la necesidad de acompañar los esfuerzos
del ajuste macroeconómico con los ajustes flexibles desde los diferentes ámbitos territoriales, tratando de definir
en su propio contexto, las actividades de innovación tecnológica y de gestión, así como la necesaria cualificación
de recursos humanos, según el perfil específico de las actividades productivas y el tejido empresarial de cada
territorio. Esto implica subrayar la innovación y la capacidad propia de desarrollo local, más que las modalidades
de redistribución desde el nivel central. Por eso, la descentralización constituye una herramienta indispensable en
este proceso, al otorgar competencias, recursos y responsabilidades a las diferentes instancias territoriales.
Uno de los rasgos específicos de las iniciativas de desarrollo local es el énfasis que se pone en los procesos, la
dinámica económica y social y los comportamientos de los actores o agentes locales, más que en los resultados
cuantitativos.
Esta diferencia entre la información sobre capacidades de desarrollo (las cuales no se limitan al ámbito económico
exclusivamente), y la información sobre resultados es crucial, ya que, por lo general, la información económica
disponible tiende a referirse a los resultados del proceso y, de forma menos sistemática y precisa, a las
capacidades y características del proceso de desarrollo local, sus recursos, actores y potencialidades. Ello obliga a
las iniciativas de desarrollo local a cubrir desde el inicio esa laguna informativa. Las iniciativas de desarrollo local
poseen así una visión más integrada que la habitual percepción sectorial de la economía, al articular en el
territorio los diversos planos de lo económico, urbano, social, medioambiental, cultural e institucional, tratando de
dar al conjunto de actuaciones una coherencia mayor en la estrategia de desarrollo local. Esta voluntad de
integración de los diferentes aspectos se basa en la idea de que no es correcto deslindar las políticas económicas,
sociales, ambientales o urbanas, ya que todas ellas son parte de las políticas de desarrollo.
Cabe añadir también el fomento de la diversificación productiva como factor de solidez de la economía local,
tratando de reducir los excesivos niveles de vulnerabilidad de la misma. Este esfuerzo de diversificación
productiva, que debe indagarse a partir de las actividades económicas existentes y de las oportunidades nuevas
que puedan plantearse de forma viable, obliga a la dotación en el entorno innovador territorial de organismos
dedicados a promover estas iniciativas y posibilidades de diversificación.
La construcción de redes de cooperación entre empresas, y entre empresas y su entorno, para acceder a los
servicios avanzados a la producción, permite reducir significativamente los costes de transacción e incrementar la
eficiencia en los mercados de servicios y factores estratégicos.
La importancia del fomento empresarial constituye otro componente esencial de las iniciativas de desarrollo
económico local. Hoy día, el tamaño de la empresa no es el factor determinante ni la garantía de su éxito, ya que
el óptimo de producción no está relacionado únicamente con el logro de economías de escala, sino que también
cuentan las economías de gama, diferenciación y calidad. En definitiva, resulta crucial el acceso al conocimiento e
información estratégica sobre tecnologías, productos y procesos, mercados, etc., de manera que lo importante es
la innovación tecnológica y la buena gestión empresarial, a fin de poder asegurar un funcionamiento con eficiencia
productiva y capacidad de adaptación rápida (flexibilidad) ante escenarios llenos de incertidumbre.
Se impuso, en el pasado reciente, una concepción centralista del desarrollo territorial. A partir de los años ’80 se
fueron introduciendo, sin embargo, cambios importantes en el funcionamiento de las Administraciones Públicas,
en lo relativo al diseño de las estrategias de desarrollo territorial. La presión de las exigencias concretas del cambio
tecnológico e industrial en cada territorio, facilitó el progresivo reconocimiento de la importancia de las pequeñas
y medianas empresas en la creación de empleo e ingreso y en la difusión de progreso técnico. Igualmente, se
comenzó a reconocer la necesidad de impulsar las capacidades endógenas de desarrollo de cada territorio, a lo
cual contribuyó también, poderosamente, el avance de los procesos de descentralización y traspaso de
competencias y recursos a los gobiernos regionales y municipales.
Así pues, se aprecia hoy mejor el carácter intersectorial y territorializado de los procesos económicos, sociales y
laborales, diseñándose programas descentralizados de apoyo a la formación, la innovación, la creación de
empresas, las iniciativas locales de empleo e iniciativas de desarrollo local, etc. Todo ello conlleva una evolución
hacia cambios en el desarrollo organizativo interno de las entidades públicas y el despliegue descentralizado de
sus funciones o competencias, buscando espacios de concertación público-privada para abordar las diferentes
políticas de desarrollo en cada ámbito territorial.
Las tendencias a la descentralización y desconcentración de las funciones de las autoridades centrales han
permitido, de este modo, adecuar los niveles de gobierno más apropiados al logro de los diferentes objetivos y
políticas de desarrollo. De esta forma, se ha llevado a la práctica el denominado principio de subsidiariedad,
mediante el cual todo lo que puede ser realizado por una entidad de nivel inferior tiene prioridad sobre el nivel
superior, que no ejerce otro control que el de la legalidad de las acciones.
La constitución de redes asociativas es un método fundamental para movilizar diversos actores en favor de una
estrategia de desarrollo o en el diseño de la misma. Los socios y colaboradores pueden contribuir a cofinanciar o
aportar recursos al proyecto común de acuerdo al principio de adicionalidad, que implica compromisos concretos
de cada socio suscritos en contratos. Este principio permite incrementar el esfuerzo aislado de los actores
territoriales, aumentar el volumen de recursos comprometidos y, en suma, ampliar las posibilidades del conjunto.
Otro principio que se ha ido asentando en el transcurso de los últimos años, de forma paralela a la transferencia
de competencias y responsabilidades entre las diferentes Administraciones territoriales, ha sido el principio de
coherencia o unicidad, que permite reforzar la cohesión entre las iniciativas de las diversas regiones en el contexto
nacional, y de las iniciativas de desarrollo local de acuerdo a las estrategias de desarrollo regional.
Las políticas públicas deben tratar de reforzar la base económica de las diferentes comunidades locales tratando,
de ese modo, de acompañar las políticas de ajuste macroeconómico con actuaciones a nivel micro y
mesoeconómico, para el fomento productivo y el desarrollo empresarial a nivel territorial.
Los gobiernos deben actuar como catalizadores y medidadores. Todo ello implica: a) tener una visión prospectiva
de desarrollo y lograr compartirla con los líderes locales y regionales, a fin de animar la elaboración de estrategias
territoriales de desarrollo; b) apoyar a los actores territoriales aportando recursos y medios de formación para la
gestión del desarrollo local; c) coordinar las políticas públicas y analizar cuidadosamente los impactos locales de
las políticas sectoriales y globales, rindiendo cuentas de los efectos y utilización de los recursos; y d) ayudar a la
puesta en marcha de los sistemas de información y empleo en los respectivos territorios, facilitando los recursos
de investigación y desarrollo (I+D) apropiados a los problemas y situaciones de cada ámbito local.
Las políticas de ajuste estructural han permitido mejorar los indicadores macroeconómicos agregados, pero no se
ha conseguido crear las condiciones de desarrollo continuado y sostenible, ni asegurar el empleo. Por ello parece
razonable poner mayor atención a las iniciativas de desarrollo local como formas de ajuste flexible desde el
territorio, que acompañan los citados programas de ajuste macroeconómico, a fin de asegurar la innovación
tecnológica y organizativa en el tejido empresarial mayoritario en nuestros países, lo cual también involucra -como
vemos- una redefinición profunda de los papeles y responsabilidades de la gestión pública.
La cuestión a resolver es cómo conseguir que las economías locales estén más integradas en la economía
internacional y cómo lograr que sus sistemas productivos sean más competitivos. La solución pasa por
reestructurar el sistema económico y adaptar el modelo institucional, cultural y social de cada territorio a los
cambios del entorno y de la competencia.
De forma simplificada, se puede decir que el problema al que se enfrentan las ciudades y localidades consiste en
reestructurar su sistema productivo y mejorar su entorno urbano, de manera que sus explotaciones agrarias y sus
empresas industriales y de servicios mejoren la productividad y aumenten la competitividad en los mercados
locales y externos. Las experiencias de desarrollo local muestran, pues, que el camino adecuado a seguir exige la
definición y ejecución de una estrategia de desarrollo empresarial y urbano, instrumentada a través de acciones
que persigan los objetivos de productividad, competitividad y generación local de empleo.
Las políticas públicas tratan de reforzar esos procesos de adaptación estructural proponiendo acciones dirigidas a
incrementar la productividad y competitividad empresarial, mediante la mejora del funcionamiento de los
mercados de factores (capital, recursos humanos, tecnología) y del entorno urbano, así como la eficacia y
eficiencia del sector público, a través de la reforma del Estado.
Estas políticas tienen una expresión sectorial, pero deben coordinarse territorialmente, a fin de identificar
adecuadamente los problemas concretos del tejido empresarial existente en cada ámbito local, el cual está
compuesto mayoritariamente por microempresas y pymes, que deben ser, por tanto, objeto de atención
preferente, a fin de asegurar condiciones de competitividad frente a la gran empresa, y para buscar también la
mayor difusión territorial del crecimiento económico y la generación de empleo e ingreso.
Aún con las diferencias de los distintos casos, el objetivo de la nueva estrategia de desarrollo empresarial es el de
fomentar la difusión de las innovaciones, la capacidad emprendedora, la calidad de los recursos humanos y la
flexibilidad del sistema productivo, buscando una respuesta eficaz a los desafíos actuales.
El desarrollo de una localidad o de un territorio se organiza a través de las decisiones que toman los agentes
públicos y privados. Frecuentemente, la existencia de líderes locales cataliza el surgimiento de la política local
pero, en todo caso, es necesario contar con el apoyo explícito o tácito de los demás actores locales.
Pero para poder alcanzar las metas que los agentes locales se han marcado no es suficiente haber concebido una
estrategia adecuada e iniciado las acciones oportunas. Es necesario, además, gestionar la estrategia y las
iniciativas, así como utilizar eficientemente los recursos humanos y financieros disponibles. Las estrategias de
desarrollo local ganan en efectividad si se instrumentan a través de agencias con autonomía operativa y
flexibilidad en la gestión.