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WALKER, C. - El Legado de Túpac Amaru

Tupac Amaru texto informativo.

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Corralitos core El legado de Tupac Amaru unto con los levantamientos kataristas, la rebeli6n de Tupac Amaru se extendié desde el Cuzco hasta Potosi, con réplicas en distintas partes de "América del Sur. Al igual que otras revoluciones, arrastré a las personas a su centro, sean insurgentes o soldados realistas, victimas de la represi6n o refu- giados. Luego de los primeros meses de la rebelién, fire précticamente impo- sible permanecer neutral al conflicto. Las poblaciones del sur andino tuvicron que escoger un bando o huir, y decenas de miles, incluyendo aquellos que no simpatizaban ni con los rebeldes ni con Jos realistas, perdicron la vida. Tupac Amaru pidié que sus seguidores limitaran sus ataques a los espaiio- les explotadores, los corregidores, y a quienes los defendfan. Los realistas, a su vez, persiguieron a quienes consideraban potenciales rebeldes y combatientes indigenas. Ambos lados, no obstante, dejaron de lado dichas consideraciones a lo largo del conflicto, ampliando la definicién de enemigo y, por ende, el grupo de quienes debfan ser eliminados. Los rebeldes atacaron a cualquic- ra que fuese parte del mundo colonial espafiol —incluyendo a quienes solo hablaban espafiol o vestian ropas occidentales—, mientras que los realistas apuntaron hacia toda la poblacién indigena. No solo la violencia se intensifi- 6, sino que la brutalidad se increment de manera horrenda en la forma de decapitaciones, asesinatos rituales, violaciones y ejecuciones piiblicas. La rebelién de Tupac Amaru cambié al Perd para siempre y tuvo impor- tantes repercusiones en América del Sury al otro lado del Atlantico. Una vez 338 Charles derrotada la rebeli6n, las autoridades impusieron severas medidas que se ponfan castigar y buscar la asimilacién de la poblaci6n indigena, asf como rrar él pasado incaico. Estas también buscaban silenciar cualquier di sobre la rebelién para cubsit lo que habia ocurrido ¢ impedir la creacién memoria colectiva en torno a esta. En un inicio, las reformas adminis culturales y el silenciamiento en torno de los eventos de 1780-1783 exitosos, Los impulsores de las reformas destruyeron el sistema colonial como venfa operando desde la década de 1570, creyendo que eso pe restaurar el control en los Andes. También buscaron prevenir discusi y la conmemoracién del Jevantamiento. Este éxito, sin embargo, dex ser fugaz. Las reformas administrativas de corte radical sucumbieron su propio peso, y su objetivo central —el rol de la poblacién indigena ex Perti— ha permanecido como un objeto de disputa hasta el dia de hay. reformas no solucionaron este «problema» ni en el corto, ni en el largo pi ‘Tampoco fueron mis exitosas en trarar de silenciar las discusiones alre del levantamiento o de impedir la creacién de una memoria de este. Las sonas comenzaron a recordar el levantamiento de muchas formas difere’ y José Gabriel y Micaela reaparecieron en lugares y momentos inespe! en el Perti y fuera de él, como mértites, héroes y paradigmas. Las luchas torno al olvido y a la memoria de la rebeli6n —la fase tiltima de toda g las batallas por la memoria—contintian hoy en dia. Rescoldos de pasados fuegos Los realistas que quedaron a cargo del Cuzco luego de la rebelién decidieran: no procesar a los miles de indigenas sospechosos de guardar simpatia par los rebeldes, pero sf iniciaron una intensa campafia contya la cultura anding y la memoria colectiva de los incas. Comprendieron que de Ilevar a cabs: juicios masivos, estos podrfan ser dificiles de ejecutar, costosos y, muy pos blemente, contraproducentes. También consideraban que los indigenas eran «an4quinas», en palabras de Mata Linares, simples seguidores sin iniciativa propia, Por ello, en vez de echar a andar una maquinaria judicial, las auso= ridades optaron por extirpar el recuerdo de los incas y forzar a la poblaciée indigena a abandonar el quechua, elemento fundamental de su cultura. La campatia se basé en los nuevos vientos reformistas que Ilegaban des de Espaiia, centrados de manera especial en los esfirerzos por controlar a la Iglesia catélica y homogeneizar las pricticas religiosas. También reflejaban la impresién que habfan causado en las autoridades las duras criticas sobre ef BANCO CENTRAL, 40000002 a» eresentaciones de Tupac Amaru en anverso de billetes, afios 1974 y 1985, y moneda, 1972 (Banco Central de Reserva del Perti). TUPAC AMARU LO PROMENS VELASCO LO CUMPLIO Juan Velasco Alvarado y Tupac Amaru, ¢ 1970 (International Institute of Social History, Amsterdam), Conclusién: El legado de Tupac Amaru Ht lamentable estado de los Andes. En la btisqueda del origen del levantamien- to, Areche, Mata Linares ¢ incluso el obispo Moscoso y Peralta culparon a los indigenas por no ser suficientemente europeos (0 por ser demasiado in- digenas), pero al final responsabilizaron a las autoridades por su obstinacién, especialmente a los criollos y a los sacerdotes, por permitir que la poblacién indfgena mantuviera su autonomia. Aun cuando el visitador y el juez, por un lado, y el obispo, por el otro, se enfrentaron durante el levantamiento, y Moscoso y Peralta afronté una década de juicios y procesos sobre su supuesto apoyo a los rebeldes, ellos estaban de acuerdo en que los indfgenas estaban muy apegados a los incas y muy alejados de los espafioles. Lamentaban la permanencia de la vestimenta indfgena, las canciones y sus representaciones artisticas, asf como la presen cia extendida del quechua, amonestando a los sacerdotes por su poco éxito en convertirlos y asimilarlos. En su correspondencia, asf como en sus infor- mes enviados a Lima y Madrid, dichas autoridades enfatizaron la lamentable situaci6n que se viva en los Andes. Moscoso y Peralta lamé al Cuzco «una Babilonia».' Mata Linares despotricé sin cesar contra el Cuzco y sus habitan- tes. Consideraba a los Andes cesta Sierra aspera y desagradables, y sefialaba que quienes vivian en el Cuzco eran «traydores y cobardes».? Estas quejas sobre el terco apego de los indigenas a su pasado y su rechazo a aprender espafiol derivarfan en una politica de mayor alcance. La guerra de papeles entre los «duros» y los «moderados» no solo determiné las ticticas realistas durante la guerra, sino que también moldes los programas y las politicas luego de la rebelién. La campafia de asimilacion posterior a la rebelién o el genocidio cultural fall6. Las reformas no pudieron erradicar ¢l quechua o la cultura andina, como tampoco asimilaron a las masas indigenas al mundo catélico espafiol. No obstante, las disposiciones de Areche cambiaron las relaciones entre Es- pata y los Andes. Las medidas draconianas pusicron fin al sistema de las dos reptiblicas impuesto por el virrey Toledo en los afios 1570. Este sistema le brindaba a los indios autonomia cultural, politica y econémica a cambio de ser considerados vasallos inferiores y distintos de los espafioles, pero carga- dos con Ia obligacién de un tributo y trabajo obligatorio para la Corona. Bajo el sistema toledano, a los indigenas se les permitia hablar quechua, recordar alos incas, mantener a los kurakas como jefes étnicos, administrar las tierras 1, AGI, Lima, leg. 1088, carta de Moscoso y Peralta a Jéuregui, 8 de junio de 1782, 2. RAH 1991: 1571, Carta de Mata Linares a Galvez, sobre la expedicién al Cuzco para someter a Tupac Amaru, Huamanga, 18 de enero de 1781. 342 Charles Wallccr comunales y disfrutar otros derechos en la medida en que cumplieran com enviar el impuesto, trabajar en las minas bajo la modalidad de la oprobiosa mita y jurar obediencia al rey y a la Iglesia, Desde mediados del siglo XVIII, las reformas borbénicas habfan socavado este «pacto colonial», reemplazan— do a las autoridades indfgenas por europeos ¢ incrementando los impuestos y las demandas laborales. Estos cambios motivaron la ira de la poblaciém andina, mestizos, europeos y castas, lo que Ilevé a disturbios, revueltas y pequefios levantamientos que precedieron al de Tupac Amaru. Sin embargo, las reformas administrativas previas a 1780 solo desestabilizaron las estructa- ras profindas de la relaci6n entre la poblacién indigena y el Estado colonial. La rebelign y su secuela las demolieron por completo. Incluso cuando el antiguo sistema de las dos reptiblicas se desintegré bajo la presin de la represién postebelion y los cambios en las politicas, no emergié un sistema alternativo que lo reemplazara. Por decirlo de otra manera, las reformas destruyeron més que lo que construyeron; estas de~ molicron el sistema implementado por Toledo en el tardio siglo XVI, pero ho crearon uno coherente que lo sucediera. La furia posterior a la rebeliGn y las ideas antiindigenas condenaron las reformas en lugar de contribuir 2 delinear los cambios que debfan seguir. Eliminar un lenguaje hablado por millones de personas y asimilar a la poblaciGn indfgena practicamente de la noche a la mafana era una fantasia imposible de alcanzar, especialmente si Madrid no tenfa intenci6n alguna de invertir en Pert y si la Tglesia catélica carecfa de curas bilingties. Este ftacaso significé que muchas preguntas sobre el lugar de la poblacion indigena en los Andes coloniales continuaran sim respuesta la incertidumbre y los desacuerdos se impusieron en el escenario. Desde 1780 y hasta la Independencia y afios posteriores, la poblacién andina —autoridades, indigenas y quienes se encontraban en medio— debatieron y sc enfrentaron en torno a la legitimidad de los nobles indigenas, el rol y Is sucesi6n de los kurakas, la continuacién de la mita y el peso de los impuestos que lastraba a la poblacién indigena. La dificil o casi imposible aplicaciém de las politicas posteriores a Tupac Amaru, junto con los vientos de cambio que comenzaban a llegar desde Francia, la Peninsula Ibérica y, hacia 1800, de otras partes de la América espafiola, conyirticron estas disputas locales en crecientes pugnas sobre el dominio espafiol.? EI fracaso del proyecto cultural posterior a Ia rebelién, que de ha- ber triunfado hubiese supuesto una revolucién cultural, no debe ser 3. La literatura sobre el cambio a finales del siglo XVII es vasta. Pata una perspectiva pene- ante, véase Paquette 2011. Conclusion: El legado de Type Amaru 343 sobredimensionado. Los comentarios y planes en contra del quechua apare- cieron en ese momento. Por ejemplo, en 1798 el padre José Fernando Baeza busc6 «extinguirs el quechua y evitar que los indigenas se volviera letrados en espaiiol. Como él lo explicd, [..] nadie que haya observado con algun cuidado y atencién el caracter y genio del Indio, habré dejado de conoser que la ilustraci6n lo hace orgulloso. Le basta saver leer y escrivir para inquietar el sociego y arrosttar a todo. José Gabriel Condorcanqui, alias, Tapac Amaro viviria hoy tal vez tranquilo en su cavafa, y no huviera ocacionado los males casi irreparables que se experimentan, sino huviese havido en esta cuidad un colegio de Indios que se llaman nobles donde se educase, y a su consequencia no hubiese bebido en Garcilaso el veneno que lo atocige.* El padre Baeza proponfa que se obligara a los mestizos a aprender que- chua para que de esa manera pudiesen pagar el tributo indfgena y sostuvo que las mujeres espafiolas fomentaban el quechua al no imponer el espaol en sus criadas y sirvientes domésticos. El rencor y los sentimientos contra los indigenas persistieron. Puede que las duras reformas de Areche hubiesen colapsado répidamente, mas no asf las actitudes antiindigenas. Mata Linares y otros tuvieron un mayor éxito en la prohibicién de las representaciones de los incas y de Tupac Amaru y Micaela Bastidas, asi como en la limitacién de otras formas de recuerdo y celebraci6n del Imperio incai- co, Las batallas contra las pinturas son particularmente reveladoras. En abril de 1781, el arzobispo Moscoso y Peralta supervisé personalmente el retiro de «Los Incas del Peri» del colegio San Francisco de Borja para los hijos de la nobleza indigena, donde Tupac Amaru habfa estudiado, y de la iglesia de Curahuasi en Abancay. Moscoso y Peralta consider una medida «quan- to prudente», debido a la persistencia de wel recuerdo de unos gentiles que tanta impresion han hecho en estos naturales, siempre propenso a aquella memoria»® Las autoridades destruyeron los retratos de Tupac Amaru junto a muchos otras pinturas, aunque algunas lograron sobrevivir, especialmente aquellas ubicadas en casas y haciendas que escaparon a la vigilancia del Es- tado.° No siempre las autoridades destruyeron las pinturas, sino que permi- tieron a los artistas que pintaran encima de los lienzos. Los especialistas han descubierto muchas pinturas coloniales con referencias a nobles indigenas, 4. AGI, Cuzco, leg. 65, carta al Sr. Intendente Conde Ruiz de Castilla, 28 de junio de 1798, 5. AGI, Cuzco, leg 29, Moscoso y Peralta a Areche, 13 de abril de 1781, 6. — Véase la detallada explicacién de Estenssoro 1991: 415-439. 344 Charles Waller los incas 0 incluso al mismo Tupac Amaru, que en las décadas posteriores al levantamiento fueron cubiertas con temas religiosos. Las autoridades no tuvieron éxito en eliminar todas las referencias iconograficas de los incas y sus descendientes, pero sf lograron destruirlas en su gran mayoria.” Las medidas fueron mis efectivas en hacer un tema tabti de las refe- rencias a Tupac Amaru, Micacla Bastidas y ¢l levantamiento en el Cuzco por muchas décadas. Las ejecuciones piiblicas, el prolongado juicio contra el obispo Moscoso y Peralta, y otros, y la arrogancia antisubversiva de Mata Linares tuvieron como consecuencia que, por los siguientes afios, indigenas, mestizos y criollos se preocuparan de no ser acusados de albergar simpatias hacia los rebeldes. En el sistema legal, insinuaciones de esta naturaleza—sin prueba de por medio para respaldar dichas acusaciones— podian afectar un proceso; en consecuencia, la poblacién escondié su apoyo hacia la rebelién® No era tinicamente el miedo, por supuesto, lo que desalentaba a las personas a hablar sobre el levantamiento. Ningtin grupo que mirara hacia atras lo recordaba con orgullo y satisfaccin. Para los espafioles supuso una conmocién terrible, que tuvo un enorme costo en vidas humanas, recursos financieros, cohesin y legitimidad. Sabfan que habfan resistido casi mila grosamente y que no tenfan nada de qué regodearse. Para los ind{genas, las brutales ejecuciones representaban una derrota por demas dolorosa. En los emocionantes dias de fines de 1780, cuando Tupac Amaru y Micaela Bastidas dirigfan decenas de miles de tropas en el cerco del Cuzco, 0 a fines de 1781, cuando Diego Cristébal, Andrés y Mariano parecfan imparables en el Alti- plano, alrededor del lago Titicaca, los indigenas pensaban que los rebeldes estaban cercanos a alcanzar la victoria (algunos percibicron esto con temor o desilusién; no debemos olvidar que no todos los indigenas apoyaban el levan- tamiento). Ambos episodios terminaron con los lfderes coronando lanzas o colgados de érboles como una alerta macabra; y los hacendados y propietarios de obrajes, al igual que las antoridades poco populares, retornaron pronto. En el mejor de los casos, los indigenas que apoyaban cl levantamiento vieron la rebelién como una trigica oportunidad perdida. Los mestizos y otros atra- pados en medio del conflicto recordaban Ia amenaza de violencia tanto por parte de los rebeldes como de las tropas realistas, asf como el alto ntimero de muertos que la revuelta causé en la economfa regional y la vida cotidiana. Los oficiales solfan quejarse de la posibilidad de més violencia o, incluso, 7. Agradezco al profesor Tom Cummins por alertarme sobre esto y compartir imagenes. 8 Walker 19992: 100-106, Conelusi6n: El legado de Tupac Amaru 345 del retorno de algtin miembro de la familia de Tupac Amaru. Por ejemplo, en julio de 1783, el corregidor del Cuzco, Matfas Baulen, escribié: «Aun hay rescoldos de los pasados firegos y no es increfble buelvan a acolorar a los que hoy ostentan el mejor temperamento. Esta chusma se mueve y obra de pri- meras inapresiones».? Para algunos, como Baulen, la permanente sensacién de que otro levantamiento podria ocurrir, y que este se encontraba a la vuelta de la esquina, sugiere que la represidn no habia sido lo suficientemente efec~ tiva; para otros, los promotores de la «linea dura» se habfan excedido en sus fanciones, poniendo en peligro el control espaiiol de los Andes. Se trataba, sin embargo, de rumores 0 reflexiones Ilevadas a cabo de manera privada. La represién buscé silenciar cualquier discusién péblica y expresiones de nos talgia o veneraci6n hacia Tupac Amaru por décadas. Pero ello cambiarfa. Pese al esfiterzo para construir un «silencio oficial, las voces de quienes apoyaban a Tupac Amaru se alzaron para venerarlo y construir asf un camino alterna- tivo desde su memoria."” 2Qué signifies Tupac Amaru para las trayectorias politicas en el Pera? En una publicacién que rompié con la burbuja celebratoria por el sesqui- centenario de la Independencia peruana (la Independencia fue declarada en 1821, pero los espafioles no serfan derrotados sino hasta 1824), Heraclio Bonilla y Karen Spalding enfatizaron que Tupac Amaru habia atemorizado a los criollos, asf como a otros no indigenas, desalentindolos de apoyar le- vantamientos con centro en los Andes, Ambos historiadores sugerfan que los eventos de la década de 1780 ampliaron la brecha entre le costa y los Andes, y brindaron a los criollos de Lima, quienes de por si eran mucho més con- servadores que sus contrapartes en «reas periféricas» como Buenos Aires 0 Caracas, més motivos para vacilar frente a las luchas contra los espafioles que emergieron a inicios del siglo XIX."! La ironfa era més que evidente: Bonilla y Spalding sostenfan que un levantamiento masive que por ese entonces, la década de 1970, era celebrado como el precursor de Ia Independencia perua- nna, en realidad haba debilitado o retrasado la ruptura con Espatia. Décadas de investigacién posterior sobre las clases populares y Ia politica durante el periodo de Independencia afinaron esta afirmacién y resaltaron el rol que las clases populares tuvieron en los movimientos regionales, enfatizando diver sas formas de politica popular. No obstante, la brecha entre los movimientos 9. Citado en Zudaire 1979: 441 10. Esto se basa en Walker 1999. 11. Bonilla y Spalding 1981: 74-114. Renee 346 Charles Walleer independentistas en la costa y la poblacién andina fue inmensa, consolidada por el temor de la élite costefia a guerrillas indigenas saqueadoras. | La rebelin demostré a los criollos y mestizos el alto costo de un alza~ miento: la insubordinacién y la violencia de los sectores bajos, por un lado, y la brutal represién de las autoridades, por el otro. Asimismo, la rebelién envié una sefial de alarma a los grupos no indigenas e increments el ya exis- tente distanciamiento entre la costa y los Andes. El levantamiento terminé en la aniquilacién del clan Tupac Amaru, de otros kurakas y de decenas de miles de indigenas. La represi6n exterminé, o al menos intimid6, a fituros lideres rebeldes y potenciales seguidores, y disminuyé posibles escenarios de levantamientos que tuviesen como base el Cuzco.!? No obstante, la violencia también quebré el pacto hist6rico entre indigenas y el Estado colonial, y de- mostré 2 miles de sobrevivientes que los espaftoles no debian ser tolerados, El incafsmo no desaparecié, y durante las guerras de Independencia y en décadas posteriores, intelectuales y otros actores expresaron su admiraci6n por el Imperio inca y lo propusieron timidamente como un posible simbolo nacional." La rebelién de Tupac Amaru posterg6 y apresuré al mismo tiem- | po la Independencia desde Espafia: ampli6 la brecha entre los Andes y la costa, y records a las clases altas y otros grupos el alto costo de un alzamien~ to, pero también rompié el sistema toledano, base del gobierno colonial por doscientos afios. ‘Tupac Amaru y su movimiento no se convirtieron en héroes, modelos, fconos 0 puntos de referencia para los lideres de las guerras de Independen- cia entre 1808 y 1824 en el Peri. El nombre de Tupac Amaru reaparecié cada cierto tiempo, como héroe y villano, pero no fue sino hasta muchos afios 12, Este ha sido un tema principal en los estudios andinos en affos recientes. Entre las nu- ‘merosas monografias en inglés, véanse Mallon 1995, Méndez 2005 y Thurmer 1996, Los criollos no dieron la espalda de manera completa al pasado andino. En un importante estudio de la imagen de lo inca, 1780-1900, Natalia Majluf (2005: 252-319) subraya la apropiacisn criolla del «incafsmo». Ella muestra la fascinacién con la mésica e historia inca en las décadas coloniales finales en Lima y mas alli, lo que demuestra, entonces, la corta vida tril de las medidas antiandinas de Areche y Mata Linares. Al menos en tér~ minos simbélicos o historicos, la brecha entre los Andes y la costa no era insuperable. ‘Véanse también Sala i Vila 1991 y Earle 2007. 13, Un punto sefialado y exagetado por Bonilla y Spalding 1981: 97 14. Curiosamente, el incaismo fue més fuerte en Rio de la Plata-Argentina, donde algunos lideres de la Independencia buscaron nombrar a un inca como monarca y, como se vio, recibieron a Juan Bautista Tupac Amaru, Esto es curioso, porque el Imperio inca apenas se extendié en lo que se convertiria en el noroeste de Argentina, El incafsmo colonial tard{o en el Perd fue comparativamente débil, incluso subterrineo. Majluf 2005 y Diaz 2008: 1-22. Conctusién: El egedo de Tupac Amaru 347 después que volvié a ser mencionado con mayor frecuencia. En 1814, el intelectual criollo José Baqufjano y Carrillo escribio: EI Yndio es tenasisimo en conservar el resentimiento [...] lamentan el atroz suplicio de Diego Tupac-Amaru en 1780 [sic], después de haber rendido las armas y concediosele el perdén, juréndolo dentro de la Yglesia por el Prelado del Cuzco y demés autoridades al tiempo de celebrar el més augusto de los sacrificios."® Pero quienes protagonizaron la rebelién de 1814 en Pert, que parti del Cuzco y fue dirigida por, entre otros, Mateo Pumacahua, el enemigo de Tupac Amaru, no pelearon invocando el nombre de José Gabriel o de Mi- caela."® Tupac Amaru se convirtié en un simbolo nacional, pero solo décadas o siglos después. Podemos suponer que Tupac Amaru y Micacla permane- cieron como personajes miticos pata un amplio ntimero de indigenas cn el Cuzco y otras Areas, pero es probable que nunca lo sepamos con certeza. Si las voces indigenas de por sf son ya extrafias en los documentos escritos, en las sombrfas décadas que siguicron al levantamiento, las poblaciones indige- nas se replegaron a tn impenetrable silencio en los archivos.” En 1783, una junta compuesta por tres distinguidas autoridades reunidas en Madrid revisé los procesos de 1781 contra Tupac Amaru y otros segui- dores para evaluar si los procedimientos, las sentencias y los castigos fueron Jos més idéneos. Sin mencionar los nombres de Mata Linares 0 Areche, la junta amonesté a los jueces por ordenar que a José Gabriel se le cortase la lengua mientras estaba con vida: ello no estaba permitido de acuerdo con las leyes de Castilla o de las Indias. También cuestionaron el que los cuerpos hubiesen sido quemados y sus cenizas esparcidas, asf como algunas de las acciones tomadas contra los més jévenes. Los tres jueces pidieron «pruden- cia» respecto de la prohibicién de la vestimenta de kurakas e incas, asf como de las representaciones teatrales, haciendo notar que era mejor ir adeste- rrando poco a poco, todo lo que recuerde la antigitedad y gentilismo de los indios, pero con cuidadosa politica y de forma que facilmente no advierten 15. Baquijano y Carrillo (1960: 174-206) en la compilacién documental, citado en la p. 198, 16. Sobre la sumamente importante rebelién de 1814, véase Grave 2006: 196-217. 17. Conesto quiero decir que moderaron su critica y demandas, pero ciertamente no se ale Jaron a una caverna apolitica. Como han mostrado recientes corrientes de historiografia, las voces indigenas murmuran a través de los archivos, pero como errantes contribuyen- tes, alborotadores o victimas, y muy rara vex como sujetos tridimensionales. 348 Charles Walker las intenciones y fines con que se ejecuta»."* Los jueces comprendicron que la guerra se venfa desarrollando en el campo de la memoria, en cémo Tupac Amaru era recordado y la forma en que podian silenciar a sus seguidores indigenas de manera efectiva. En una nota marginal realizada en una copia de los hallazgos realizados por la junta, donde se cuestionaba algunas de las técticas y procedimientos, pero se apoyaban las sentencias emitidas, asf como: la represién cultural, alguien de la corte de Madrid anot6: «Con atencién a la cnormidad de estos delitos y demés circunstancias que intervinieron en este caso, aprueba el Rey lo que se hizo con los cadaveres, para terror y es~ camiento piblico».” En lo que podria ser el primer recuento hist6rico del levantamiento, el sacerdote argentino Gregorio Funes escribié en 1816, en su Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos-Ayres y Tacumdn: A fuerza de terrores se habfa logrado cn el antiguo réjimen, que los escritos, y aun los discursos sobre este punto, fuesen tratados como conspiraciones contra el Estado. Se querfa que estos hechos fuesen borrados de la memoria de los oprimidos, y que a més no poder existiesen en la conciencia de los opresores™ Pasarfan algunas décadas antes que los escritores vencieran el silencio oficial y comenzaran a criticar a los espaftoles por su brutalidad y a obser var a Tupac Amaru bajo una nueva luz! Presentando la rebelién como una conspiracién aislada, los espafioles habfan hecho un extraordinario trabajo al silenciar las discusiones sobre ella. ‘Tupac Amaru reaparecié en formas y lugares inesperados. En 1802, em las ctapas finales de la Revolucién de Haiti, Jean-Jacques Dessalines, ¢l co- mandante general del Ejército Revolucionario de Haiti y, en ese momento, gobernador general, Ilamé a sus tropas «el Ejército de los Incas» y «los Hijos del Sob», La invocacién a Tupac Amaru y el Perti tiene sentido. Solo dos: décadas antes, el arrollador ejército indigena habia estado cerca de desplazar a Espafia de su base de poder en Sudamérica, creando asf un nuevo esce= nario revolucionario. Los eventos que ocurrian en el Caribe eran igual de 18. CDBRETA 1981-1982, vol. V, tomo 3, «Informe», Madrid, 3 de noviembre de 1783. pp. 613-614. 19, Ibid., «Conclusiones a las que llegé en Madrid la Junta de Ministros sobre sen: por la rebelién y otras», p. 635. 20. Funes 1856, vol. 2: 229-230. 21. Ferrer del Rio 1856, vol. 3, cap. 5; y Lobo 1875, vol. 3. Véase también Clement 198i 325-335. Conclusin; El legado de Tupac Amare 349 impactantes y trascendentales. Los esclavos haitianos estaban en medio del proceso de demolicién del colonialismo francés y la esclavitud atlantica, en una isla que era el centro de la economia azucarera.” Hacia 1810, los rebeldes gauchos que peleaban contra los espaioles al norte de Buenos Aires —lo que hoy en dfa es Uruguay— adoptaron el nombre de Tupamaros.” La posibili- dad de que un Tupac Amaru liderara otro levantamiento fuera del Pert fue motivo de preocupacién entre las autoridades por varias décadas. En 1790, tun oficial de la corte de Madrid solicité que los gobernadores de Guayana y Venezuela investigaran si dos sobrinos de Tapac Amaru se habfan infiltrado en el territorio holandés de Surinam. El oficial pidié a los gobernadores que averiguaran si dichos sospechosos se escondian entre la poblaciGn fugitiva, «si tienen trato con los Indios, y si estos los miran con alguna consideracion». Nunca fueron encontrados.”* Por décadas, quizés incluso siglos, las autori- dades del Cuzco, Lima y otras reas se preocuparon por la reaparicién de Tupac Amaru o de sus seguidores, Memoria y legado En 1964, el poeta peruano Antonio Cisneros escribié en Tupac Amaru relegadon: Hay libertadores de grandes patillas sobre el rostro, que vieron regresar muertos y heridos después de los combates. Pronto su nombre fae hist6rico, y las patillas creciendo entre sus viejos uniformes Jos anunciaban como padres de la patria. Otros sin tanta fortuna, han ocupado dos paginas de texto con los cuatro caballos y su muerte.® 22. Los investigadores estin en desacuerdo acerca de si el Ifder de esta masiva revolucién de esclavos se estaba refiriendo al Imperio inca (algunos piensan que los ind{genas de His- ppaniola, los tafnos, descienden de los incas) o a los rebeldes del Cuzco. Fouchard 1984: 13-17 (la relaci6n con el Perti es discutida en la 14) y Dubois 2009: 122. Gepgus (200: 214) es escéptico, 23. Camnitzer 2009: 73. 24. AGI, Estado, leg. 65, n.° 1, carta del 4 de junio de 1790, al gobernador de Guyana, 25. Del poemario Comentarios reales, en Cisneros 1996: 67. 350 Charles Walker Escrito hace cincuenta afios, el poema establece un contraste entre los bien conocidos héroes de la guerra de Independencia, todos de ascendencia europea, venerados y representados en museos y textos escolares, con el ig~ norado (0 «sin tanta fortuna») martir de Pampamarca. Tupac Amaru, sin embargo, no es més la figura olvidada que alguna vez fue. Los jévenes peruanos lo identifican tan bien (0 tan mal) como puc- den, al igual que lo hacen con los personajes principales de las guerras de Independencia (1808-1824), los «ibertadores de grandes patillas» a los que hace referencia Cisneros en su poema o los mértires de la Guerra del Pacifi- co (1879-1884). Los historiadores han volcado su atencién a los eventos de 1780-1783, y Tupac Amaru se ha convertido en un simbolo internacional de resistencia e, incluso, un fcono de piel marrén y cola de caballo. Dos grupos subversivos adoptaron su nombre: los Tupamaros en Uru- guay (1960-1974) y el Movimiento Revolucionario Tapac Amaru en el Perti (1980-1997).2 Mis estudiantes se sorprenden cuando se enteran de que el rapero Tupac Amaru Shakur fue Iamado asf por el rebelde cuzquefio. En 1972, Afeni Shakur (antes Alice Faye Williams), miembro de las Panteras Negras en los Estados Unidos, fire procesada por conspiracién (por integrar lo que hoy se conoce como Pantera 21). Ella cambi6 el nombre de su hijo de Lesane Parish Crooks a Tupac Amaru Shakur. El tenfa menos de un afio y habfa nacido el 16 de junio de 1971. Bl apellido buscaba honrar a su esposo y padrastro de Tupac, Mutulu Shakur, un importante nacionalista afroame- ricano. Era «Tupac Amaru» en alusin al revolucionario peruano.” Tupac Ievé el nombre con orgullo, adornéndolo con un «2-Pac» en su pecho, en uno de sus varios tatuajes. Apuesto, talentoso y asesinado por arma de fuego en la cumbre de su carrera, Tupac Shakur se convirtié en un simbolo de resistencia, «un barémetro global de malestar juvenil». Ambos Tupac, José Gabriel y Shakur, murieron como mirtires, con una popularidad y grupos de seguidores que aumentaron luego de su muerte. La creciente importancia de Tupac Amaru, su transformacién de un rebelde cualquiera en un simbolo internacional, puede ser rastreada en un 26. Los tupamaros tienen tres fuentes para el nombre: Tupac Amaru I, los gauchos ure guayos que luchaban con los espafioles a inicios del siglo XIX y asumicron el nombre de tupamaros, y una cancién popular de un grupo folcl6rico uruguayo en la década de 1960, Los Olimareftos. Camnitzer 2009: 73. 27. McQuillar y Johnson II 2010: 33-34 y Guy 2005. 28. Prestholdt 2007: 197-218; la cita es de la p. 197, primer parigrafo, También me enteré de Barrett 1999; 306-332. La literatura sobre Tupac Shakur es masiva; encontré estos dos particularmente agudos en relacién con su legado. Conclusién: El legado de Tupac Amaru 351 momento peculiar e importante de la historia peruana moderna: el régimen militar de inclinacién izquierdista de Juan Velasco Alvarado (1968-1975). Velasco convirtié al insurgente indigena en su simbolo por excelencia, ador- nando su imagen en carteles, pdsteres, monedas, billetes y publicaciones. ‘Tupac Amaru se volvié el simbolo de una amplia reforma agraria llevada a cabo por su régimen. Una supuesta cita de Tupac Amaru, «Campesino, el patrén ya no comer4 de tu pobreza», se convirtié en el eslogan principal del Gobierno durante la reforma de la tierra. Bl asistente de Velasco, encargado de escribirle los discursos, fue quien inventé dicha frase.” Tupac Amaru encajaba bastante bien con la forma en que el gobierno militar buscaba presentarse a sf mismo: un defensor de los campesinos indi- genas (los beneficiarios de la reforma agraria) y como un nacionalista que se enfrentaba a los poderes imperiales (las compafifas de petrdleo «gringasy mis que los espafioles). El gobierno de Velasco publicé varios voltimenes con colecciones de documentos sobre el levantamiento de Tupac Amaru y patro- ciné obras de poesfa, asf como concursos de mtisica y arte. Tomando como base la produccién académica nacionalista, los idedlogos de Velasco proyec- taron a Tupac Amaru como el precursor de las guerras de Independencia. Como lo subraya el poema de Cisneros, antes de que Tupac Amaru recibiese dicho reconocimiento, los héroes nacionales peruanos eran libertadores ex- tranjeros (€l argentino José de San Martin y el venezolano Simén Bolivar), personajes de la costa o de ascendencia europea. La iconografia y los diversos usos politicos de Tupac Amaru tienen una larga trayectoria. Un recuento de dicha trayectoria tendrfa que abarcar desde la creacin de Argentina —donde sc debatié seriamente sobre coronar a un inca rey en 1816, se presenté una obra de cinco actos titulada Tupac Amaru en 1821 y se recibié a Juan Bautista Tupac Amaru en 1822—, a través de varios movimientos politicos ¢ ideolégicos y escuelas de pensamiento en el Pert en los tiltimos dos siglos. Diversos grupos politicos —no solo las guerrillas— lo han reclamado para sf, y el Cuzco celebra a Tupac Amaru como un hijo heroico native de la ciudad. En 1950, el cabildo de la ciudad, la Universidad 29. Para un s6lido panorama acerca del uso que hizo Velasco de Tupac Amaru, véase Lituma 2011; véanse pp. 54-55 para el eslogan inventado, ‘Cant 2012: 1-37. Reflejando el interés por las insurgeneias campesinas y smo de las décadas de 1960 y 1970, los historiadores usaron estas fitentes recién disponibles y comenzaron a publicar extensamente sobre el levantamiento, Ellos debatieron acerca de si Tupac Amaru era verdaderamente un precursor de la Indepen= dencia o tenfa un proyecto bastamente diferente, y también lo insertaron en el debate iaquierdista de la €poca, preguntindose si cra un «reformista» o un «revolucionario». 352 Charles Walker Nacional de San Antonio Abad y el Rotary Club instalaron una placa en la plaza de armas en honor de Tupac Amaru, no muy lejos de donde él y su grupo més cercano fueron capturados y ejecutados. Muchas otras placas y Pequefios monumentos en la plaza conmemoran a Tupac Amaru y el levan= tamiento, mientras que, tras décadas de debate, un grupo de trabajadores instald, en 1980, una estatua de gran tamaito de Tupac Amaru a caballo en una amplia y desierta plaza a un kilémetro y medio del centro de la ciudad." En el Cuzco y fuera de él, Tupac Amaru ha inspirado a artistas, escultores, dramaturgos, poetas y novelistas, con resultados diversos. Pese a la apropiacién de su imagen y al creciente ntimero de estudios, ‘Tupac Amaru, Micaela Bastidas y el movimiento que lideraron no han con- seguido entrar en el pantedn de las revoluciones del Atlintico norte. Los académicos y los textos escolares han privilegiado la creacién de los Estados Unidos y la Revolucién francesa, y han incorporado recientemente la Re- volucién de Haitf (1791-1804) en la gran narrativa de la Era de las Revolu- ciones. Hay razones para considerar que la insurgencia andina se alinea con las revoluciones més conocidas. La extensi6n territorial de las rebeliones de ‘Tupac Amaru y Tupac Katari sobrepasé a la de las guerras de Independencia norteamericana, mientras que el néimero de victimas (100.000) se aproxima a las 150.000 de Haiti. Los rebeldes repensaron ¢ intentaron reinventar el mundo colonial andino, poniendo el control de los espafioles en peligro. Ellos lograron unir diversas ideologias, especialmente el revivalismo incai- co, el igualitarismo cristiano y el «buen gobierno» espafiol, aunque excluye- ron elementos propios de la Ilustracién, Un motivo evidente por el cual los historiadores no consideran la rebelién de Tupac Amaru del mismo modo que las demés revoluciones famosas es que esta fue derrotada y que Tupac Amaru y sus camaradas no pudicron dertibar el poder espafiol. Asimismo, mientras la Revolucién de Haiti desafié a la esclavitud y la economfa azuca- rera transatlintica, movilizando asf una coalicién multinacional reaccionaria que combati6 contra la revolucién y el Haiti independiente por décadas, 31. Este libro ha subrayado esta ironfa: mientras que la energética defensa de la ciudad con 11a su sitio precedi6 su caida, Tupac Amaru se ha convertido en un hijo favorito de la Giudad del Cuzco, uno de sus simbolos preferidos. Para una fascinante historia de los monumentes y el incesante debate, véanse Silverman 2012; 89-112y Tamayo 1980. 32. La poesia es muy superior a la prosa. Véanse los poemas de José Marfa Arguedas, Pablo Neruda, Alejandro Romualdo y Antonio Cisneros, para nombrar unos pocos; yo no he finalizado ninguna de las varias novelas sobre el levantamiento. La pelicula peruano- cubana Tupac Amaru es entretenida, Conclusién: El legado de Tupac Amaru 353 los rebeldes andinos atrajeron menos atenci6n en el resto del mundo.” No obstante, los rebeldes tupacamaristas llevaron a cabo un fascinante y com- plejo movimiento que introdujo novedosas ticticas guerrilleras que, pese a haber sido derrotados, cambiaron los Andes y el mundo Atlintico de manera permanente. El atractivo de la memoria de Tupac Amaru no esté restringido tinica- mente a los académicos y a los izquicrdistas cultos. En 1980, un nifio que- chuahablante de 11 afios de edad, cuya familia habia sido desplazada por la violencia causada por Sendero Luminoso, le cont6 a tin antropélogo: Tupac Amaru luch6 por nosotros porque a los indios los hacfan trabajar mucho. Pele6, luch6, les hizo morir a los espafioles. A muchos. Asi luchan ahora tam- bién los indios. A mi me han contado que no ha muerto. El vive y nunca es un viejito. Dicen que con su caballo de aqui para allé camina, En el cerro vive. Pero nunca le vemos. Ocultindose camina, como el viento. iUuh!, iuuh! diciendo.* Para este nifio, asf como para muchos, muchos otros, Tupac Amaru con- tintia estando presente. 33. Dubois 2004, Geggus y Fiering 2009 y Ferrer 2012: 40-66. 34. Citado en Galvez Olacchea 2009: 62-63. Originalmente, de Granda 1990.

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