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Impacto del Divorcio en los Hijos

Padres Separados

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EL HIJO DE PADRES SEPARADOS O DIVORCIADOS

El divorcio es siempre para los hijos una experiencia diferente que para los padres: la familia en la
cual los niños nacieron, crecieron y vivieron toda su vida se muere y cualquiera que fueran sus
deficiencias, sienten que es la familia, que les brinda el apoyo y la seguridad que necesitan. Las
consecuencias pueden ir de moderadas a graves, de transitorias a permanentes (4) y que dependen:
• Del grado del conflicto previo, especialmente que se involucre o no a los hijos.
• Del ejercicio o no de la coparentalidad (crianza conjunta de los hijos).
• De los efectos del deterioro económico y del estilo de vida que, por lo general, trae aparejado.
El divorcio implica el derrumbamiento de los planes comunes, cada adulto se ve obligado a
reestructurar su proyecto de vida y, a veces, tiene que lidiar con la sensación de haber fracasado (5).
Disuelve el vínculo conyugal, pero conserva el vínculo parental que los une como padres. Esta
disolución implica la transformación de la familia nuclear original –constituida por padres e hijos–
en una familia con una estructura diferente: la familia binuclear, con dos núcleos representados por
la casa de la mamá y la casa del papá. Este tipo de configuración familiar requiere, para ser viable,
el ejercicio conjunto de la parentalidad o coparentalidad (6). Es decir, la familia del divorcio es
viable, en tanto los padres cumplen conjuntamente las funciones de crianza. Los divorcios que
afectan la coparentalidad se conocen como divorcios destructivos y sus consecuencias adversas para
los hijos son irreparables (Tablas I y II).

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Estos factores emocionales originan juntos.
• Bajada en el rendimiento académico.
• Peor autoconcepto.
• Dificultades en las relaciones sociales.
• Dificultades emocionales, como: depresión, miedo o ansiedad, entre otras.
• Problemas de conducta.
Judith Wallerstein(3) ha realizado, en 1994, el seguimiento de 131 niños durante 25 años y ha
encontrado que estos efectos del divorcio en ellos, no se limitaban al periodo de duración del
divorcio, sino que trascendían a toda su vida. En su obra “La ley del divorcio” hace conclusiones
contundentes sobre el perfil psicológico de los hijos de divorciados.
• El 25% de ellos no ha terminado el colegio (en comparación con el 10% de abandono escolar que
se produce en los hijos de matrimonios estables).
• El 60% ha requerido tratamiento psicológico (frente al 30% el de niños de matrimonios estables).
• El 50% ha tenido problemas de alcohol y drogas antes de los 15 años.
• El 65% tiene una relación conflictiva con el padre.
• Pese a que la mayoría pasa de los 30 años, apenas el 30% se ha casado.
• Del total de casados, el 50% ya se ha divorciado.
Por si fuera poco, los niños que crecen en hogares divididos son más propensos a enfermar. Durante
los 4 años después del divorcio, el riesgo de que los hijos sufran problemas de salud, es más
elevado, además tardan en recuperarse de las enfermedades, debido al estrés al que se encuentran
sometidos.
Básicamente, el divorcio suele intensificar la dependencia del niño y acelerar la independencia del
adolescente; a menudo, provoca una respuesta regresiva en los niños y una respuesta agresiva en los
adolescentes.
El divorcio está caracterizado por tres etapas:
• Etapa de predivorcio: la fase de conflicto manifiesto: en la cual los problemas normales de la
vida de pareja se maximizan, hay insatisfacción, malestar, desilusión, se inicia el alejamiento
emocional y físico, pero pueden existir intentos de reconquista. Viene luego la segunda fase de
divorcio emocional, en la cual los afectos positivos están anulados por los negativos, e inicia una
serie de confrontaciones y agresiones verbales y físicas, en las que se intenta colocar a los hijos en
contra del otro progenitor.
• Etapa de transdivorcio: se inicia el divorcio legal, económico y los problemas de custodia y
relación parental donde, en muchas ocasiones, no importa el beneficio de los hijos, los cuales son

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usados en el conflicto, tratando de “ganárselos”, a través de chantajes emocionales, regalos y
privilegios.
• Etapa postdivorcio(8,20): se presenta un conflicto de lealtades en los hijos, pero, a la vez, es una
etapa muy importante, porque se inicia la elaboración del duelo, hay nuevas amistades y rutinas con
los hijos, y una fase de elaboración psicológica final, con aceptación de la pérdida (8).
Como lograr que el divorcio no afecte a los niños
1. Explícale lo que sucede con claridad, de manera que lo pueda entender (9,10). A la hora de
comunicar la decisión del divorcio, es importante que ambos progenitores estén presentes, ya que
esto le dará mayor seguridad al niño y no se sentirá abandonado por uno de ellos.
2. Hazle saber que no es su culpa(9,10). Muchos niños se sienten culpables por la separación de sus
padres, creen que el divorcio se debe a su comportamiento. Por eso, es importante dejar claro a tu
hijo que no tiene ninguna responsabilidad en lo ocurrido y que ambos le seguiréis queriendo igual (9).
3. Dale los detalles que necesita saber(9,10). Después de que le comuniques la noticia, es normal que
el niño se sienta confuso y desorientado, ya que siente que su mundo se está desplomando. Intenta
explicarle qué sucederá a partir de ese momento. No es necesario que entres en demasiados detalles.
Se trata de pequeños detalles que, a menudo, los padres pasan por alto, pero que le transmiten
seguridad y confianza a los niños.
4. Mientras asimila la noticia, valida sus emociones (9,10). La mayoría de los niños necesitan un
poco de tiempo para asimilar el divorcio de sus padres, normalmente unos 2 a 6 meses. Durante esa
fase, hay que tener paciencia y apoyarle. Valida esas emociones y anímale a hablar de ellas (10).
5. Mantén la rutina, incluyendo nuevas actividades motivadoras (9,10). Los hábitos cotidianos
sirven para que el niño se sienta seguro, por lo que es importante que, dentro de lo posible,
mantengas las mismas rutinas. Por supuesto, también es conveniente incluir nuevas actividades que
el niño disfrute, de manera que pueda comprender que, aunque todos estáis atravesando por una
situación difícil, también podéis seguir disfrutando de la vida.
6. No hables mal del otro progenitor(9,10). Para los niños, las razones del divorcio no son
suficientes. El niño quiere a ambos padres y no le parece bien que se separen, por encima de
cualquier error de pareja se encuentra su amor de hijo. Por encima de las rencillas personales debe
prevalecer el bien del niño, y lo mejor para este, es que sus padres sigan queriéndole y apoyándole
como siempre.
7. No abandones ni descuides a tu hijo(9,10). En algunos casos, la sensación de abandono que tiene
el niño es real, ya que uno de los progenitores le abandona, literal o metafóricamente. De hecho, el
abandono no es solo físico, del padre que se desentiende del niño, sino también emocional, en cuyo
caso es más habitual del padre que se queda a cargo del hijo. En estos casos, lo usual es que los
niños se conviertan en cuidadores del padre, asumiendo roles y responsabilidades para los cuales no
están preparados.
Las consecuencias del divorcio según la edad: Tanto hombres como mujeres suelen presentar
estrés, ansiedad y pérdida de autoestima, y con mayor intensidad quienes no han tomado la decisión
de separarse. Estos frecuentemente se sienten: sorprendidos, heridos, rechazados, furiosos,
avergonzados, traicionados y devastados, padeciendo enorme confusión emocional, acompañada de
rabia y pérdida; quienes toman la decisión de la ruptura de pareja, especialmente si esta tiene hijos,
pueden sentirse culpables, y mantener cogniciones y sentimientos contradictorios. Todo ello les
transforma, en muchos de los casos, en personas vulnerables y en gestores incompetentes de sus
vidas, especialmente como progenitores(19). De esta manera, no es infrecuente que las personas que
se están separando presenten pensamientos y sentimientos negativos hacia el otro, y que la mala
gestión del proceso los transforme en odio, rencor e incluso espíritu de venganza. Lo que convierte
el proceso de separación de la pareja en un enfrentamiento personal, donde el conflicto va in
crescendo y la brecha familiar se va agrandando exponencialmente. Llegando, en algunos casos, a
suponer un proceso de alto maltrato a los hijos, con consecuencias terribles e inimaginables para
estos. No siempre la mala actuación de los progenitores se debe al odio que se procesan, sino al
desconocimiento que tienen sobre el alcance que sus conductas tienen en sus descendientes. Con

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independencia de la motivación, lo cierto es que los hijos se convierten en víctimas de su proceder,
lo que justifica la necesidad de los programas de ayuda a familias separadas (22).
En los procesos de separación y divorcio, el maltrato a los hijos puede ser de cuatro tipos:
1. Maltrato emocional, con conductas tales, como: judicialización de la relación parental,
declaración de los hijos en el proceso judicial, falsas denuncias de abuso sexual, interferencias
parentales, motivación de la ilusión de reconciliación, utilización del menor como espía o
mensajero, la parentificación, etc.
2. Maltrato físico, principalmente producido por sobrecarga en las obligaciones del menor, tenerse
que ocupar de tareas que no le corresponden por la etapa evolutiva en la que se encuentran.
3. Abandono físico o negligencia, esto ocurre, por ejemplo, cuando el progenitor que ejerce la
custodia, a sabiendas de que no puede atender todas las necesidades de los niños, no pide ayuda al
otro progenitor ni a otros adultos o instituciones; cuando el progenitor que no ejerce la custodia no
ofrece soporte necesario.
4. Abandono emocional, puede producirse, por ejemplo, cuando: no se le ofrece una explicación a
los hijos acorde a su edad; no se les brinda el apoyo, por parte de los progenitores o profesionales,
para superar la separación; o se desatiende el cumplimiento del tiempo de estancias y
comunicación.
Los niños de padres divorciados presentan un mayor riesgo de padecer problemas de salud física,
entre ellos: obesidad, asma, cáncer, hipertensión y enfermedades de tipo coronario. Igualmente, se
han encontrado alteraciones psicosomáticas, como dolores de cabeza y estómago. Por otra parte, en
jóvenes menores de edad, la separación de los padres se presenta como una de las causas más
frecuentes de suicidio y tentativa de suicidio, con frecuencia a causa de sentimientos de rechazo o
detrimento del interés de sus progenitores hacia ellos(11,19,22-25).
Los niños preescolares: Suelen reaccionar al proceso de separación o divorcio de sus padres con
ira, tristeza o tendencia al aislamiento; pueden sufrir regresiones en su desarrollo, es decir, volver a
conductas de edades anteriores, como orinarse en la cama, por ejemplo.
Es posible que las niñas adquieran una actitud adulta y se encarguen del cuidado de sus hermanos
menores; el asumir estas conductas depende del niño o la niña y de las relaciones y factores que
estén acompañando este proceso(11)(Tablas III-V).

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Los niños escolares
Generalmente, se sienten tristes y extrañan mucho al padre que deja el hogar; puede ser que los
niños sean difíciles de disciplinar y no acaten las normas y condiciones que pone el padre que se
queda. Es muy posible que busquen apoyo fuera de la familia; de ahí, la importancia de conservar
buenas relaciones con las familias de ambos padres. El apoyo de los abuelos es significativo para
ellos durante la crisis y posteriormente a ella(11)(Tabla VI).

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