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El Principe Rana

Cuento infantil

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EL PRINCIPE RANA

En una tierra muy lejana, una princesa disfrutaba de la brisa fresca de la tarde
afuera del palacio de su familia. Ella llevaba consigo una pequeña bola dorada
que era su posesión más preciada. Mientras jugaba, la arrojó tan alto que
perdió vista de ella y la bola rodó hacia un estanque. La princesa comenzó a
llorar desconsoladamente. Entonces, una pequeña rana salió del estanque
saltando.
—¿Qué pasa bella princesa? —preguntó la rana.
La princesa se enjugó las lágrimas y dijo:
—Mi bola dorada favorita está perdida en el fondo del estanque, y nada me la
devolverá.
La rana intentó consolar a la princesa, y le aseguró que podía recuperar la bola
dorada si ella le concedía un solo favor.
—¡Cualquier cosa! ¡Te daré todas mis joyas, puñados de oro y hasta mis
vestidos! —exclamó la princesa.
La rana le explicó que no tenía necesidad de riquezas, y que a cambio solo
pedía que la princesa le permitiera comer de su plato y dormir en su habitación.
La idea de compartir el plato y habitación con una rana desagradó muchísimo a
la princesa, pero aceptó pensando que la rana jamás encontraría el camino al
palacio.
La rana se sumergió en el estanque y en un abrir y cerrar de ojos había
recuperado la bola.
A la mañana siguiente, la princesa encontró a la rana esperándola en la puerta
del palacio.
—He venido a reclamar lo prometido —dijo la rana.
Al escuchar esto, la princesa corrió hacia su padre, llorando. Cuando el amable
rey se enteró de la promesa, dijo:
—Una promesa es una promesa. Ahora, debes dejar que la rana se quede
aquí.
La princesa estaba muy enojada, pero no tuvo otra opción que dejar quedar a
la rana. Fue así como la rana comió de su plato y durmió en su almohada. Al
final de la tercera noche, la princesa cansada de la presencia del huésped
indeseable, se levantó de la cama y tiró la rana al piso. Entonces la rana le
propuso un trato:
—Si me das un beso, desapareceré para siempre —dijo la rana.
La princesa muy asqueada plantó un beso en la frente huesuda de la rana y
exclamó:
—He cumplido con mi parte, ahora márchate inmediatamente.
De repente, una nube de humo blanco inundó la habitación. Para sorpresa de
la princesa, la rana era realmente un apuesto príncipe atrapado por la
maldición de una bruja malvada. Su beso lo había liberado de una vida de
soledad y tristeza. La princesa y el príncipe se hicieron amigos al instante,
después de unos años se casaron y vivieron felices para siempre.

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