DESCRIPCIÓN
Árbol de porte medio, de 12-15 m de altura y con una copa ancha, a veces aparasolada, que
recuerda a las mimosas, especialmente por su follaje plumoso. Tiene un tronco algo
encorvado, con una corteza lisa que en los ejemplares viejos se vuelve áspera y muy
agrietada. Las hojas son caducas, opuestas y compuestas. Son grandes, de hasta 30-50 cm
de longitud, porque además son bipinnadas, así que es fácil confundir las hojas completas
con las hojuelas, que son linear-lanceoladas u ovadas, de algo más de 1 cm de longitud,
enteras en el margen y acabadas en punta. Sus vistosas flores son también grandes, de unos
3-5 cm de longitud, de aspecto sedoso, color azul violeta y con forma de campana estrecha
terminada en 5 lóbulos. Nacen al final de primavera en racimos muy numerosos que suelen
aparecer incluso antes que las hojas. Los frutos, que permanecen bastante tiempo en el
árbol, recuerdan a unas castañuelas o ‘chácaras’: son cápsulas leñosas, redondeadas,
aplastadas lateralmente, de unos 6 cm de diámetro y con los márgenes a veces algo
ondulados. En la madurez se abren en dos partes o valvas y liberan gran cantidad de
semillas pequeñas, aplanadas, con forma de corazón, de color café y con alas membranosas.
ECOLOGÍA
Árbol de crecimiento relativamente rápido, que resiste tanto fríos transitorios como olas de
calor y florece abundantemente si crece en lugares soleados. Es muy utilizado como
ornamental, de forma aislada o en grupo. Se adapta perfectamente al clima de Canarias, con
sus extremos térmicos ocasionales, donde crece desde el nivel del mar hasta los 1000 m de
altitud.
DISTRIBUCIÓN
Es una especie oriunda de Sudamérica (Argentina y Bolivia), donde su estado de
conservación es catalogado como ‘vulnerable’, según la Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza (UICN). La jacaranda es además el árbol ornamental por
antonomasia de Canarias, pues adorna numerosas ciudades y pueblos del archipiélago. Solo
ha sido observado asilvestrado en la isla de Tenerife.
MÁS INFORMACIÓN
La jacaranda domina con su llamativa floración azul violácea las plazas, parques y jardines
del archipiélago canario. Su presencia es tan común, que el biólogo Wolfredo Wildpret
relata: «Dentro de la flora urbana de Santa Cruz, la jacaranda mimosifolia y su color
violeta son los que marcan el principio de la primavera». Y añade: «Hay lugares en Santa
Cruz que son característicos por su presencia, pero el mejor bulevar que existe de esta
especie está en la calle Méndez Núñez».
Este árbol es también habitual en el paisaje urbano de distintos lugares del mundo. Tanto es
así, que la ciudad de Pretoria (Sudáfrica) es conocida popularmente con el nombre de
‘Jacaranda city’ (ciudad de las jacarandas).
Los frutos, conocidos en el Paraguay como ‘caroa’ o ‘kaí jepopete’ por su forma de
castañuela, son utilizados en floristería y en artesanía, para confeccionar llaveros,
monederos, pendientes o collares.
Su madera, de tono crema y rosado, es algo dura, pesada y resistente, aromática, fácil de
trabajar y de buen acabado; por lo que se usa en ebanistería y carpintería, especialmente
para realizar laminados, muebles y decoraciones de interiores de coches de lujo.
En cuanto a sus propiedades medicinales, las semillas pulverizadas se han utilizado para
curar llagas. Las hojas son astringentes y diuréticas.
Las jacarandas se mencionan con mucha frecuencia en textos literarios. Así, el escritor
mexicano Alberto Ruy-Sánchez relata: «La flor de la Jacaranda es una copa sonriente, algo
torcida, como un beso que se vuelve mordida». Por su parte, la cantante, actriz y
compositora mexicana Sasha Sokol evoca el poder que tienen las jacarandas de ser
alfombra y nube a la vez.
Jacaranda es una versión latina moderna del nombre indígena tupí-guaraní, jacarandá; el
epíteto mimosifolia se deriva de la semejanza de sus hojas con las de algunas mimosas de
los géneros Mimosa (como la común dormilona) o Acacia.