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Guion de "Edipo Rey" en Tebas

OBRA DE TEATRO

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Isabel López
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GUION DE LA OBRA ¨EDIPO REY¨

NARRADOR: Escuchad ahora, oh mortales la historia del rey Edipo aquel que
luchando
contra la voluntad de los dioses se encontró con su destino, en la legendaria
ciudad de
Tebas
LA HISTORIA DE EDIPO REY: (LEER CON VOZ AGUDA)
Narrador: En la ciudad de Tebas, la reina Yocasta bendijo a su reino con un
príncipe sano que
gobernaría en el lugar. Antes de que alguien pudiera festejar el nacimiento del
progenitor de
Layo(el rey de Tebas), acudió al oráculo de Delfos, veamos pues que le deparara
su historia.
Layo: respetada adivina con el motivo del nacimiento de mi hijo, vengo a
preguntaros que
depara el destino.
Oráculo: Su majestad no son buenos los augurios que el Dios Apolo nos manda,
su hijo
matará a su padre y se casará con su madre.
Layo: Oh no, mientes sin duda ese presagio debe ser erróneo.
Oráculo: Mi señor los dioses han hablado, lo que a su hijo le ocurra es inevitable.
Narrador: El rey layo sale del templo del oráculo dirigiéndose al palacio con su hijo
en
brazos, en el palacio layo sentado en su trono llamo a su sirviente
Layo: Sirviente mío, agarra a ese niño y llévalo al bosque de Corinto Este niño no
debe
vivir, cógedlo, átalo y mátalo para que las alimañas se coman su cadáver, no
quiero que mi
hermoso Tebas sea ensuciado con la sangre de un bebe maldito.
Sirviente: O mi rey cumpliré su orden con todo gusto
Layo: Que nadie se entere de esto, solo tú, mi esposa, y los dioses que todo lo
ven
Narrador: En el monte el sirviente, conmovido por los llantos del recién nacido e
incapaz de
llevar a cabo su cometido, atraviesa con una fibula su pequeño pie y lo cuelga en
un árbol
con la esperanza de que alguna bestia en el bosque haga lo que él no pudo hacer,
un pastor
que pasa por ahí alertado por los llantos descubre al pequeño niño, lo acoge y ya
de vuelta
a Corinto su ciudad natal lo entrega a sus soberanos Pólibo y Mérope a sabiendas
de su
incapacidad para tener hijos y del anhelo que sentían por tener un sucesor
llamándolo
Edipo.
AÑOS MÁS TARDE EN LA CORTE DE CORINTO
Narrador: El bebe creció y se convirtió en un joven, un día se veía con una cara de
angustia,
Mérope su madre se le acerco
Mérope: ¿Qué te sucede hijo mío hace días que te encuentro desgraciado y me
preocupe
por ti? ¿qué te atormenta?
Edipo: Nada madre son solo habladurías que se oyen por la ciudad:
Pólibo: ¿Y qué es aquello que se habla hijo?
Edipo: Se dice que yo no soy vuestro hijo. ¿acaso es eso verdad padre?
Pólibo: Claro que no, tú eres nuestro hijo único y bien amado y como bien dices
son sólo
habladurías.
Edipo: Probablemente tengas razón padre pero aún así iré al oráculo para poder
dar así
tranquilidad a mi alma.
EN EL ORÁCULO:
Oráculo: Joven príncipe Edipo escucha atentamente pues es este el destino del
que no
puedes escapar, acabarás matando a aquel que te engendró y te casarás con tu
madre.
Edipo: No es posible, jamás volveré a Corinto y pondré una gran distancia entre
mis padres
y yo, sólo así podré evitar las predicciones.
EDIPO UYENDO DE LA PROFECIA DEL ORACULO:
Narrador: Edipo al escuchar la profecía del oráculo huyendo los mas lejos posible
para que
no se haga realidad la predicción del oráculo, en su camino se encontró con un
carruaje
escoltados por soldados de Tebas
Soldado: Ey tú fuera del camino de mis señor.
Edipo: ¿Calmaos acaso no sabeis con quien estais hablando?
Layo (aunque no se sabía que era él) : Acaso no sabes quién soy yo apartaos de
inmediato
maldito bastardo.
Edipo: Si lo quieres así pagarás caro tus palabras.
(Edipo saca su espada y se dispone a luchar, primero mata a un soldado, luego a
aquel que
osó llamarle bastardo y el último soldado huye)
CAMINO A TEBAS
Pocos meses después. Yendo de camino a Tebas, Edipo se encuentra con un
viajero que le
habla sobre una bestia que guarda la ciudad. Se trata de la esfinge un monstruo
alado con
rostro y pecho de mujer
Edipo: ¿Viajero tranquilo, decidme tan terrible es esa esfinge?
Viajero: Sí, detiene a los viajeros y les plantea un enigma, si no adivinan la
respuesta los
mata y se los come sin piedad.
Edipo: Y dime ¿cuál es la recompensa para aquellos que logran resolver
ese enigma?
Viajera: Desgraciadamente nadie hasta la fecha de hoy ha conseguido librar a la
ciudad de
la bestia, pero Creonte, el nuevo rey de Tebas ,ha prometido dar la mano de su
hermana
Yocasta a aquel que consiga matar a la bestia.
Edipo: ¿Creonte? ¿Acaso el rey de Tebas no es Layo?
Viajero: Así era pero hace poco fue asesinado ahora Creonte dirige el reino
mientras espera
que su hermana Yocasta consiga un esposo que será el
nuevo rey
Narrador: Edipo dirigiéndose a la puerta de Tebas, donde estaba el esfinge
Edipo: Yo mataré a la esfinge y entraré glorioso a Tebas o quizás muera qué más
da. Tal vez
así pueda burlar la voluntad de los dioses
EDIPO Y LA ESFINGE
Esfinge: Alto imprudente si tanto deseas atravesar estas murallas, deberás
responder
primero a este acertijo. ¿Cúal es la criatura que por la mañana anda en cuatro
patas, por la
tarde camina sobre dos y pro la noche en tres?
Edipo: Esa criatura es el hombre, el hombre que de pequeño usa sus cuatro
extremidades
para gatear de mayor usan sus dos piernas y de viejo
se vale de un bastó para caminar.
Narrador: La esfinge se derrumbo y así liberando el pueblo de Tebas
EDIPO REY:
Luego de resolver el enigma de la Esfinge Edipo contrae matrimonio con Yocasta,
reina de
Tebas, viven durante varios años juntos y procrean a 4 hijos, pasa el tiempo y de
pronto una
gran peste arrasa a toda la región sin que haber remedio alguno. Edipo como rey
de Tebas
deciden tratar de dar soluciones a las calamidades. Frente al palacio de Edipo, un
grupo de
Tebanos, en actitud suplicante y portando ramas de olivo se acercan. El Sacerdote
de Zeus
se adelanta solo hacia el palacio. Edipo sale y contempla al grupo en silencio.
Después les
dirige la palabra.
EDIPO: ¿Por qué vienen apresuradamente con ramos suplicantes? ¿Cuál es el
motivo de esta
reunión? ¿Que temen? ¿Que desean?
SACERDOTE: La ciudad como ves, está invadido de pestes, y estos jóvenes y yo
venimos a
implorarte, que nos socorras de esta desgracia, porque tú fuiste nuestro libertador.
Ahora
pues te suplicamos que busques remedio a nuestra desgracia.
EDIPO: Sus males me son conocidos; ustedes sufren, y la única solución que
encuentro es
enviar a mi cuñado Creonte al templo de Delfos para que se informe de los
sacrificios que
debamos hacer, pero su ausencia tarda mucho más de lo que debería.
NARRADOR: Ingresa Creonte.
EDIPO: ¿Que respuestas nos traes de parte del Dios? ¿Qué medio nos librara de
la desgracia?

CREONTE: Desterrando al culpable y limpiar con su muerte el asesinato que


impurifica a la
ciudad.
EDIPO: ¿A qué hombre se refiere al mencionar ese asesinato?
CREONTE: Teníamos aquí un rey llamado Layo, antes de que tu gobernaras la
ciudad y nos
manda el oráculo que se castigue a los homicidas.
EDIPO: ¿Cómo encontraremos las huellas de un crimen tan difícil de probar?
¿Fue en la
ciudad?¿en el campo?¿en otra tierra?
CREONTE: Se fue a consultar al oráculo y no volvió a casa.
EDIPO: ¿Y no hay ningún mensajero ni compañero de viaje, que presenciaran el
asesinato?
CREONTE: Han muerto todos excepto uno, que no sabe decir más que lo
asaltaron unos
ladrones y mataron a Layo.
EDIPO: ¿Y qué desgracia una vez muerto vuestro rey, impidió descubrir a los
asesinos?
CREONTE: La Esfinge con sus enigmas nos hizo olvidar un crimen tan misterioso.
EDIPO: Pues yo procurare indagarlo desde su origen, pues quien mato a Layo,
puede que
también me quiera matar.
NARRADOR: Sale el sacerdote y sus acompañantes.
CORO: Se va arruinando todo el pueblo, y no aparece idea feliz que nos ayude a
librarnos
del mal.
NARRADOR: Entra Tiresias y su acompañante.
EDIPO: ¡Oh Tiresias! Bien sabes en que ruina yace la ciudad, y no halle otro, sino
tú, que
pueda socorrerla y salvarla.
TIRESIAS: No debería haber venido, deja que vuelva a casa.
EDIPO: No rehúses decirnos todo lo que sabes; pues te lo pedimos en actitud
suplicante
TIRESIAS: No quiero afligirme, ni afligirte, de mi nada sabrás. Porque eso que
deseas saber,
ya vendrá, aunque yo me lo callo.
EDIPO: Pues eso que ha de venir, es preciso que me lo digas; y si no estuviera
ciego,
afirmaría que tu solo has cometido el asesinato.
TIRESIAS: ¿Verdad? Pues desde hoy te ordeno que no me dirijas la palabra,
pues tu eres el
ser impuro que mancilla esta tierra.
EDIPO: ¿Que has dicho? Repítelo para que lo entienda bien.
TIRESIAS: ¿Es que hable, a una piedra? eres tú el asesino de Layo, a quien
deseas encontrar.
EDIPO: Te aseguro que no repetirás dos veces la mortificante injuria que me has
lanzado.
TIRESIAS: ¿Quieres que te diga otras cosas, que aumentara tu desesperación? tu
ignoras la
desgracia en que vives, con los seres que te son más queridos.
EDIPO: ¿Tiene algo que ver Creonte en todo esto?
TIRESIAS: Ningún daño te ha hecho Creonte.
EDIPO: (Solo) Sin haberlo yo solicitado, el fiel Creonte, amigo desde el principio
conspira en
secreto contra mí y desea suplantar, sobornando a este mágico embustero y
astuto
charlatán.
NARRADOR: Parece Edipo, que tus palabras y también las de este, han sido
proferidas a impulsos de cólera
TIRESIAS: Aunque tú seas rey, te contestare como si fuera tu igual ¿Tú no te das
cuenta que
eres un ser odioso ante todos los individuos de tu familia, tanto como los que han
muerto
como a los que viven; ni que la maldición de tu padre y de tu madre te arrojara de
esta
tierra, ¿y no veras más que tinieblas?
EDIPO: ¿Cómo no mando que te manden enseguida?
TIRESIAS: Yo nunca habría venido aquí si no me hubieses llamado, para tus
padres que te
engendraron yo era un sabio, y a tu parecer soy un necio.
EDIPO: ¿Quién fue el que me engendro?
TIRESIAS: Hoy lo conocerás y lo mataras, me voy ya, niño guíame.
EDIPO: Si, que te guie lejos de aquí, que tu presencia me atormenta.
TIRESIAS: Me voy, así pues te digo: Ese hombre que tanto tiempo buscas y a
quien
amenazas y pregonas como asesino de Layo, está aquí; se le tiene por extranjero;
pero
pronto se descubrirá que es tebano de nacimiento. El mismo s e reconocerá,
hermano y
padre de sus propios hijos, hijo y marido de la mujer que lo pario, y co-marido y
asesino de
su padre.
NARRADOR: Sale Tiresias
CORO: Ya es hora de que emprenda la huida el que llevo a cabo el más horrendo
e infame
crimen, pues se lanzan contra él, terribles e inevitables furias.
NARRADOR: Ingresa Creonte
CREONTE: Ciudadanos, me he enterado de las terribles acusaciones que el
tirano Edipo ha
lanzado sobre mí, si en medio de las desgracias él cree que yo he sido capaz de
causarle
algún perjuicio, no quiero vivir cargados de deshonras.
EDIPO: Hey! Tú, ¿Cómo te atreves a venir por aquí? ¿Creías acaso que yo no
descubriría
esas intrigas tuyas, o que aunque las descubriera, no te iba a castigar?
CREONTE: Primero debes oír mi contestación, dime que daño es ese que te
inferido yo.
EDIPO: ¿Cuánto tiempo hace que Layo desapareció?
CREONTE: Muchos años desde entonces
EDIPO: Pero hiciste investigaciones, para descubrir al culpable?
CREONTE: Lo hicimos, y nada logramos averiguar
EDIPO: Entonces ¿Por qué el sabio no revelo antes, lo que ahora dice?
CREONTE: No lo sé, no quiero hablar de lo que ignoro.
EDIPO: Cuando el enemigo procede en su conspiración, yo tomo resoluciones,
porque si me
quedo tranquilo, mis proyectos serán en vano.
CREONTE: ¿Qué quieres pues, desterrarme del reino?
EDIPO: No, más bien matarte por ser un traidor. CREONTE: Y si estuvieses mal
informado…?
CORO: Cesad príncipes, porque Yocasta se dirige hasta aquí.
NARRADOR: Ingresa Yocasta
YOCASTA: No se avergüenzan, el odio mutuo en medio de esta desgracia.
CREONTE: Hermana, Edipo tu marido, acaba de amenazarme con uno de estos dos
castigos:la muerte o el destierro. EDIPO: Es verdad mujer, porque lo he sorprendido,
tramando un complot contra mi [Link]: Yo jamás planee algo contra ti, y si
fuera verdad lo que tú me dices, que me muera lleno de maldiciones. YOCASTA: Cree en
lo que este te dice. CORO: Deseo que a un pariente, no lo acuses, ni lances una deshonra
por una vana sospecha EDIPO: Si me pides eso, pides mi muerte, o mi destierro. CORO:
Muera yo abandonado, si tal es mi pensamiento. No quiero que se añadan más sufrimientos.
EDIPO: (Hacia Creonte) Que se vaya, aunque yo deba morir o ser lanzado de esta tierra,
pero en donde se halle, me será odioso. CREONTE: Se ve que cedes con despecho. Me iré
si lograr convencerte de mi inocencia. CORO: (Mientras Creonte sale) ¡Mujer!, que esperas
que no lo llevas al palacio. YOCASTA: Saber lo que ha ocurrido. EDIPO: Te diré mujer el
complot que Creonte ha tramado contra mí: Dice que yo soy el asesino de Layo.
YOCASTA: Te lo dijo el mismo, o algún otro. EDIPO: De un miserable adivino.
YOCASTA: Te probare, que no todas las adivinaciones son ciertas. *//// Un oráculo,
predijo a Layo, que su destino era morir a manos de un hijo que tendría de mi. Pero Layo
murió en manos de los bandidos de un paraje que se cruzaba tres caminos; respecto al niño
no tenia aun tres días cuando su padre lo ato de los pies y lo entrego a otras manos, para
que loa arrojaran a un monte. ////* Ahí tienes, ni el hijo fue el asesino de su padre, ni Layo
se atormento con la profecía de morir a manos de su hijo; por lo tanto no puedes hacer caso
a las predicciones, porque cuando un dios quiere hacer una revelación, el mismo la da a
conocer. NARRADOR: Edipo se siente confundido EDIPO: ¿Creo haberte oído que Layo
murió en un cruce de tres caminos? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces?
YOCASTA: Así se dijo en Fócida EDIPO: ¡Oh Zeus! ¿Qué has decidido hacer de mí?
YOCASTA: ¿Qué pasa Edipo? ¿En qué piensas? EDIPO: (ignorando la pregunta de
Yocasta) Dime, ¿Cuál era el aspecto de Layo, y que edad tenía? YOCASTA: Era alto, con
canas y su fisionomía era parecida a la tuya. EDIPO: ¡Oh Dios mío! Creo que he acabo de
lanzar maldiciones hacia mí. (Hacia Yocasta)Pero me aclararas el asunto, si me dices una
cosa: ¿Quién es el que les dio la noticia?
YOCASTA: Un criado, que fue el único que se salvo
EDIPO: ¿Y se encuentra ahora en el palacio?
YOCASTA: No, porque cuando volvió, te vio a ti en el trono y a Layo muerto, y me
suplico
que lo enviara al campo.
EDIPO: Entonces, ¿Cómo haremos para que venga lo más pronto posible?
YOCASTA: Fácilmente, pero ¿Para qué lo quieres?
EDIPO: Me hallo en una incertidumbre: *////Mi padre era Pólibo, y mi madre
Mérope; fui el
hombre más respetado, hasta que ocurrió el siguiente caso: En un banquete, un
hombre
había bebido demasiado y me dijo que yo era hijo fingido de mi padre, lo aguante
a duras
penas; aquel día les pregunte a mis padres y se sintieron ofendidos, sus palabras
me
calmaron, pero aun sentía incertidumbre, y sin que supieran me fui a Delfos donde
Febo me
rechazo sin creerme digno, pero me rebelo los males más terribles, diciendo que
yo había
de casarme con mi madre y también sería el asesino del padre que me engendro,
desde que
oí esas palabras , me escondía pero en mi marcha llegue al sitio donde dices que
mataron a
Layo. Se encontraban en el coche el anciano que me describiste, y el cochero me
empujo
violentamente, por lo que yo le di un golpe con furia, pero el anciano, me infirió dos
heridas
con el aguijón en medio de la cabeza. No pago el de la misma manera, porque le
golpe que
le di con el bastón que llevaba en la mano, cayo rodando muerto: Enseguida los
ante a
todos. ////* Si quienes lo mataron fueron varios, entonces no fui yo; pero si dice que
lo mato
uno solo, claro está que el crimen recae sobre mí.
NARRADOR: Edipo sale
CORO: Todos estamos llenos de espanto, pero hasta que te enteres del testigo de
estos
hechos, ten esperanza.
YOCASTA: El pastor jamás probara, que tú eres el asesino de Layo, porque el
oráculo dijo
que debía morir en manos de su hijo, pero su hijo murió antes que él.
NARRADOR: Entran los mensajeros
MENSAJERO: Tengo buenas nuevas para tu familia y para tu marido. Los
habitantes de
Istmo, van a proclamarlo rey, ya que Pólibo murió
YOCASTA: ‘‘Dirigiéndose hacia una criada = Llama rápido a rey’’. Edipo huyo
hace tiempo de
ese hombre por temor a matarlo, y ahora ha muerto por su propia suerte y no en
sus
manos.
NARRADOR: Entra Edipo
EDIPO: ¿Para qué me haces venir aquí desde el palacio? ‘‘Dirigiéndose al
mensajero’’ ¿Quién
es este? ¿Qué me quiere decir?
YOCASTA: Viene de Corintio, para anunciarte que tu padre Pólibo a muerto a
causa de la
vejez.
EDIPO: Él ya ha muerto, y no soy yo el que lo ha matado, a menos que haya
muerto a causa
de mi ausencia. Pero todavía temo por Mérope.
MENSAJERO: ¿Por qué aun temes, acaso tienes miedo cometer algún sacrificio
por
ellos?............ ¿Y sabes que no tienes ninguna razón para que temas?... Porque
Pólibo no
tenía ningún parentesco contigo.
EDIPO: Entonces, ¿porque me llamaba hijo?
MENSAJERO: Porque un día te recibió de mis manos como un presente, ya que le
afligía el no
tener hijos.
EDIPO: ¿Y tú me habías comprado o me encontraste?
MENSAJERO: Te encontré en las cañeras del Giterón y te salve.
EDIPO: ¿Qué dolores me afligían cuando me recogiste? MENSAJERO: Las
articulaciones de tus pies, como que por eso se te puso el nombre que tienes.
EDIPO: ¿Quién me lo puso, mi padre o mi madre? MENSAJERO: No lo sé, el que
lo puso en mis manos sabe mejor que yo. EDIPO: ¿Quién es ese, lo sabes para
decírmelo? MENSAJERO: Solo decía que era uno de los criados de Layo. EDIPO:
(Dirigiéndose a todos) ¿Hay alguno de vosotros que conozca al pastor al que se
refiere este hombre? Para aclarar todo de una vez. YOCASTA: ¡Hay
malaventurado! Ojala nunca sepas quien eres! ¡ay!¡ay! infortunado de aquí en
adelante no te hablare más. NARRADOR: Sale corriendo Yocasta CORO: ¿Por
qué Edipo, se ha ido tu mujer arrebatada de desesperación? Temo que tales
lamentos, estallen en grandes males. NARRADOR: Entra el Criado EDIPO: Eh! tu
anciano, ¿Fuiste tú criado de Layo? CRIADO: Si, cuide los rebaños en Citarón.
EDIPO: (Señalando al mensajero) ¿Has tenido algún trato con este? CRIADO: No
te lo puedo decir, no lo recuerdo MENSAJERO: Pues yo te lo hare recordar,
cuando yo estaba recogiendo mi rebaño, me entregaste a un niño para que lo
criase como si fuera mío. CRIADO: Ojala que te mueras, ¿no te callaras? EDIPO:
Atadle enseguida las manos por detrás de la espalda, ya que no quiere hablar de
buen grado. CRIADO: ¿Qué quieres saber? EDIPO: Si entregaste a aquel niño por
quien pregunta. CRIADO: Se lo entregue, ojala hubiese muerto aquel día EDIPO:
¿Y dónde lo recogiste, era tuyo o de otro? CRIADO: Lo recibí de otro, había
nacido en el palacio de Layo. EDIPO: Era ciervo, o hijo legitimo de aquel.
CRIADO: ¡Hay de mi!, me horroriza el decirlo. EDIPO: Y a mí el escucharlo.
CRIADO: Se decía que era hijo, pero tu mujer te dirá mejor que yo, como fue esto.
EDIPO: ¿Ella misma fue quien te lo entrego? ¿Para qué?
CRIADO: Si, para que lo matara. Por qué se decía que él había de matar a sus
padres. EDIPO: Ya todo está aclarado, fui yo quien contrajo relaciones con
quienes estaban prohibidas, y mato a quien no debía. 2DO MENSAJERO: Vengo
a anunciarles otra mala noticia: ha muerto Yocasta. DONCELLA: ¿Quién la ha
matado? 2DO MENSAJERO: Ella misma, porque no aguantaba el dolor que sentía
por dentro. EDIPO: ¿Para qué me servía la vista, si nada grato mire? DONCELLA:
Como quisiera nunca haberte conocido. EDIPO: Ojala muera quien me salvo de
aquel monte. NARRADOR: Salen los mensajeros e ingresa Creonte CREONTE:
No he venido aquí para reírme, ni para burlarme de tus pasadas desgracias.
EDIPO: Concédeme un último deseo: Échame de la tierra lo más prisa posible,
donde muera sin que nadie me hable. NARRADOR: Entra las hijos e hijas de
Edipo, Etéocles, Polinice, Antígona e Irmene. Edipo echa a llorarEDIPO:
Destiérrame. CREONTE: Eso depende de los dioses. EDIPO: Pues para los
dioses, soy muy odioso. Llévame a esa tierra. CREONTE: Sigue pues, y apártate
de tus hijas EDIPO: (Suelta a sus hijas, y tanto dolor se desgarra los ojos).
DONCELLA: ¡Oh habitantes de Tebas, tengan consideración a Edipo que adivino
los famosos enigmas y fue el hombre más poderoso, pero siendo mortal antes de
llegar al término de su vida, tiene que haber sufrido alguna desgracia.
NARRADOR: ESTA OBRA CONCLUYE DE LA SIGUIENTE MANERA: Dos de sus
hijos le expulsaron de Tebas y Edipo se fue al Ática donde vivió de la mendicidad
y como un pordiosero, durmiendo en las piedras. Con él viajaba una de sus hijas,
Antígona que le facilitaba la tarea de encontrar alimento y le daba el cariño que
requería. Una vez, cerca de Atenas, llegaron a Colono, santuario y bosque
dedicado a las Erinias, que estaba prohibido alos profanos. Los habitantes de la
zona lo identificaron e intentaron matarlo pero las hermosas palabras de Antígona
pudieron salvar su vida. Edipo pasó el resto de sus días en casa de Teseo, quien
le acogió misericordiosamente. Otra versión afirma que murió en el propio
santuario, pero antes de fallecer Apolo le prometió que ese lugar sería sagrado y
estaría consagrado a él y sería extremadamente provechoso para todo el pueblo
de Atenas

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