Contrato Matrimonial
y Terapia de Pareja
Mtro. Amparo Iván González González
1. El concepto de contrato matrimonial
y sus aplicaciones en terapia
Los contratos matrimoniales escritos han
existido desde los orígenes de nuestra historia.
En 1971, el New York Times informó que dos
eruditos habían traducido un contrato
matrimonial celebrado entre Tamut, una liberta
recién convertida al judaismo, y su esposo
Ananiah bar Azariah, funcionario del templo
israelita de Elefantina, isla del Nilo. El
documento databa del año 449 a. C.
Contratos legales
En todas las épocas, los códigos legales han
institucionalizado los derechos conyugales
con respecto a personas y bienes, legislando
generalmente a favor del varón.
Un estudio de los contratos matrimoniales
usados en la actualidad, observando que
estos suelen incluir las siguientes
estipulaciones:
1) división del trabajo doméstico
2) uso del espacio habitacional;
3) responsabilidad de cada cónyuge en la
crianza y socialización de los hijos;
4) disposiciones sobre bienes, deudas y
gastos de subsistencia;
5) dedicación profesional y domicilio legal;
6) derechos de herencia;
7) uso de apellidos;
8) relaciones lícitas con terceros;
9) obligaciones de la diada marital en diversos
aspectos de la vida diaria, como trabajo,
esparcimiento, vida social y comunitaria;
10) causales de separación o divorcio;
11) períodos contractuales iniciales y
subsiguientes, y su negociabilidad;
12) fidelidad sexual y/o relaciones sexuales
extramatrimoniales;
13) posición asumida con respecto a la procreación
o adopción de niños
Dichas cláusulas figurarían en los
contratos, que son fundamentalmente
acuerdos tácitos, no escritos, entre
cónyuges y concubinos.
El contrato formal que puede firmar una
pareja expresa su ideología y resume sus
principios; es una expresión concreta de
sentimientos y actitudes, en la medida en
que los individuos son concientes de
ellas.
Dichas actitudes también quedan expresadas,
aunque de una manera más simbólica, cuando
las parejas omiten la frase «y obedecer» en el
juramento matrimonial de la esposa; esta
pequeña omisión implica un gran cambio en
las relaciones entre marido y mujer.
Si bien deben alentarse los contratos escritos,
estos no están destinados a contemplar las
necesidades, expectativas y obligaciones
emocionalmente determinadas, y más o
menos concientes, que existen en toda
relación íntima.
A decir verdad, los contratos con que nos
topamos en terapia no son tales: la esencia de la
relación es que los integrantes de la pareja no
han negociado un contrato, sino que cada cual
actúa como si su propio programa matrimonial
fuera un pacto convenido y firmado por ambos;
cada cual piensa únicamente en su propio
contrato, aunque llegue a desconocer partes de
él.
Así pues, no son verdaderos contratos, sino dos
conjuntos diferentes de expectativas, deseos y
obligaciones, cada uno de los cuales existe sólo
en la mente de un cónyuge.
Estos no-contratos representan el ejemplo más
común, clásico y devastador (en cuanto al daño
que infligen a la condición humana) de falta de
comunicación eficaz, de conciencia deuno
mismo y de una percepción exacta de los
demás. Cada miembro de la pareja cree que
recibirá lo que quiere, a cambio de lo que él
dará al otro.
Pero como cada cual actúa basándose en un
conjunto diferente de cláusulas contractuales, e
ignorando el de su compañero, y como, además,
esas cláusulas van cambiando con el tiempo
Al alcanzarse distintas etapas del ciclo vital
y actuar fuerzas externas sobre la pareja
como tal o sobre sus integrantes, suele
ocurrir que uno de los esposos modifique las
cláusulas o reglas de juego sin discutirlas y,
ciertamente, sin el consentimiento del otro.
Dadas estas circunstancias, no es
sorprendente que en 1975 haya habido un
millón de divorcios en Estados Unidos, lo
cual representa, aproximadamente, un
divorcio por cada dos matrimonios.
Contratos Matrimoniales
Individuales
Este concepto ha resultado útilísimo en el
tratamiento de matrimonios y familias, como
modelo para dilucidar las interacciones entre
los esposos. Específicamente, procuramos
comprender dichas interacciones en función
de la congruencia, complementariedad o
conflicto existente entre las expectativas y
obligaciones recíprocas de los esposos.
Siendo esta «dinámica contractual» un
poderoso determinante de la conducta
individual dentro del matrimonio y,
asimismo, de la calidad de la relación
marital, es lógico suponer que el análisis de
las transacciones maritales basado en este
modelo nos permitirá, quizás, aclarar
conductas y sucesos conyugales de otro
modo inexplicables, y nos proporcionará un
foco en torno del cual organizar una terapia
eficaz del individuo, matrimonio o familia
afectados.
Entendemos por contrata individual los
conceptos expresados y tácitos,
conscientes e inconscientes, que posee una
persona con respecto a sus obligaciones
conyugales y a los beneficios que espera
obtener del matrimonio en general y de su
esposo en particular, pero subrayando, por
encima de todo, el aspecto recíproco de
este contrato: lo que cada cónyuge espera
dar al otro y recibir de él a cambio de lo
otorgado constituyen elementos cruciales.
Los contratos abarcan todos los aspectos
imaginables de la vida familiar: relaciones con
amigos, logros, poder, sexo, tiempo libre, dinero,
hijos, etc. El grado en que un matrimonio pueda
satisfacer las expectativas contractuales de cada
esposo en estos terrenos es un determinante
importante de su calidad. Los términos de los
contratos individuales son fijados por los
profundos deseos y necesidades que cada
persona espera satisfacer mediante la relación
marital; estas necesidades pueden ser sanas y
plausibles, en un sentido realista, pero también
las habrá neuróticas y conflictivas.
En mi propia práctica, los pacientes y el
terapeuta elaboran en forma conjunta el
contenido del contrato matrimonial individual,
dividiéndolo en tres categorías de información o
estipulaciones: expectativas del matrimonio;
determinantes intrapsíquicos de las
necesidades del individuo; focos externos de
problemas conyugales, síntomas producidos por
problemas suscitados en las dos categorías
anteriores. Cada categoría contiene materiales
procedentes de tres niveles de conciencia
distintos: concientes y expresados; concientes
pero no expresados; no concientes.
Aplicabilidad del concepto de
contrato
En terapia marital pueden emplearse muchas
técnicas y enfoques, siempre y cuando
concuerden con las opiniones y preferencias
teóricas del terapeuta. El concepto de contrato
matrimonial es adaptable a la mayoría de los
enfoques teóricos. En términos específicos, el
terapeuta que utiliza el enfoque contractual
supone que los desengaños relacionados con el
contrato son una causa fundamental de
desavenencias conyugales.