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Historia Del Pais Vasco - de Los Origenes A Nuestros Dias

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Inprimatzailea: Leitzaran Grafikak, Martin Ugalde Kultur Parkea - Andoain 20140 (Gipuzkoa)

MANUEL MONTERO

HISTORIA DEL PAIS VASCO (De los origenes a nuestros das)

EDITORIAL TXERTOA Plaza de Olaeta, s/n bajo 20011 San Sebastian

Reservados todos los derechos. De conformidad con lo dispuesto en el artculo 534 bis del Cdigo Penal, podrn ser castigados con penas de multa y privacin de libertad quienes reprodujeren o plagiaren en todo o en parte, una obra literaria, artstica o cientfica fijada en cualquier tipo de soporte sin la preceptiva autorizacin.

Portada: Luis M Jimenez de Aberasturi. Ilustracin portada: John Harper,Boys. Litografa Seleccin y localizacin de las ilustraciones: Estibaliz Jimenez de Aberasturi Apraiz Archivos utilizados: Archivo Foral de Bizkaia, seccin fotografia. E. I., Centro de documentacin. Hondarribia. K.G. fototeka, Donostia. Archivo E. Txertoa. Asimismo, se ha contado para la identificacion de las ilustraciones de Bizkaia con la valiosa colaboracin del Sr. Salva Aristondo. Fotografas de los archivos: Iaki Aguirre.

Manuel Montero Editorial Txertoa Plaza de Olacta, s/n - bajo 20011 San Sebastin Tels. (943) 45 97 57. Fax (943) 46 09 41 E-mail: [email protected] ISBN.: 84-7148-310-6 Depsito legal: SS-1006/2004

I. LA PREHISTORIA DE LOS VASCOS Est constatado que el hombre habita el actual territorio vasco desde hace 150.000 aos, aunque su presencia quizs fue anterior. Era el perodo del Paleolitico Inferior, que dur hasta hace 90.000-80.000 aos. Epoca interglaciar, de clima clido, el hombre viva en las terrazas de los ros, al aire libre. Las primeras seales de vida humana se han encontrado en los amplios valles fluviales del norte y sur del Pas, en torno al Adour y en la cuenca del Ebro. Quizs todo el territorio estuvo habitado, pero la franja cantbrica, de ros cortos con frecuentes crecidas, no facilita la conservacin de restos. Desconocemos qu hombre viva entonces en el actual Pas Vasco, pues no se han encontrado restos humanos, sino utensilios como hachas, construidas de piedra. En el Paleoltico Medio (80-90.000 a 30.000 aos) el clima se enfri. Al inicial clima preglaciar sucedi la ltima glaciacin. Por eso, aunque algunos yacimientos arqueolgicos estn al aire libre, como los de Sopelana, los ms importantes son las cuevas, que se convirtieron en la principal vivienda. Destacan las de Lezetxiki, Olha e lsturitz. De esta fase son los primeros restos humanos localizados. Correspon den al hombre de Neardenthal. Aunque se recogan frutos y tubrculos, la subsistencia dependa de la caza. Se capturaban bisontes, caballos, renos, rinocerontes lanudos, es decir, las especies de clima fro que, como el mamut, abundaron durante la glaciacin. A veces, su captura explica la eleccin de la vivienda. Es el caso de la cueva de Lezetxiki, situada en un lugar idneo para la caza por ojeo: se bata el monte hasta acorralar a los animales en una hondonada, donde se les daba muerte. El hombre deba enfrentarse, adems, a las grandes fieras, a los leones, leopardos y osos, a los que disputaba, incluso, las cuevas en que invernaba el animal. No se conocen de este perodo autnticas manifestaciones artsticas. Es posible que en algunas ceremonias adornasen sus cuerpos con ocres, pues hay restos de stos en cuevas. Haba, quizs, alguna concepcin del ms all, pues se practicaban enterramientos en los que junto a los cadveres se depositaban armas y alimentos. Los instrumentos bifaces, discos, raederas, cuchillos, raspadores localizados en poblamientos aire libre como los del Raso y Osa-portillo, en Urbasa, o en la cueva de Coscobilo, en Olazaguta, demuestran que, con cierto desfase, arraigaron en el Pas Vaso los diversos estadios culturales del perodo, como el achelense, el musteriense, etc. El Paleoltico Superior (30.000-10.000) coincidi con lo ms riguroso de la glaciacin. Las nieves perpetuas descendieron en el Pas Vasco hasta los 1.100 metros, por lo que gran parte de las cumbres no las perdan nunca. Todo el territorio sufra los fros glaciares. La habitacin humana era exclusivamente en cuevas. Son muy pocos los yacimientos arqueolgicos de las tierras altas de Alava y de Navarra, pues no podan habitarse las tierras del Sur. Se interrumpi, as, el poblamiento de Urbasa, que haba sido continuo desde el Paleoltico Inferior. Gran parte de Navarra qued despoblada durante un largo perodo, quizs de cinco milenios, al final del Paleoltico Superior. Los yacimientos del Alto Baztn, abundantes en la poca anterior, desaparecen entre el 17.000 15.000 y el 12.000. Los principales restos del Paleoltico Superior estn en la franja cantbrica, la

unica que posibilitaba la presencia humana en los momentos ms rigurosos del perodo glaciar. Son las cuevas de Aizpitarte, Isturitz, Urtiaga, Santimamie Los restos corresponden al hombre de Cro-Magnon, que, segn Barandiarn, se asent en el Pas Vasco hace unos 40.000 aos. El clima no permita otros frutos que bayas, por lo que la caza continu siendo la base de la alimentacin. En las armas, mucho ms perfeccionadas que las de la poca anterior, el material bsico era la piedra, pero las azagayas tenan puntas muy afiladas, construidas con astas de reno o de huesos de animales. Es probable que se practicase la caza con trampas.

Crneo magdaleniense. encontrado en la cueva de Urtiaga de Deba (Itziar). Datado en unos 11.000 aos antes de Cristo.

Las manifestaciones artsticas del Paleoltico Superior son muy abundantes. El arte mobiliar, que adorna los objetos que el hombre utiliza, est muy bien representado, pero slo en la cueva de Isturitz, una de las ms ricas de Europa en este aspecto. Se han encontrado varillas semicilndricas fabricadas con cuernos de reno, a veces muy decoradas, bastones perforados, de las que una representa una cabeza de bisonte, siluetas de cabezas de animales, esculturas de animales en huesos y piedras, etc. Apenas hay arte mobiliar en el resto del Pas Vaco. En cambio, se desarroll la pintura, en las paredes de las cuevas. Las de Altxerri (Orio), Ekain (Deba), Santimamie, etc. estn decoradas con grupos de animales, y, excepcionalmente, con alguna figura antropomorfa. Quizs tenan un propsito mgico-religioso, relacionado con la caza, la actividad que aseguraba la subsistencia. En ese caso, se confiara en que la imagen atraera al animal representado, y, quizs, asegurara su captura. El yacimiento de Isturitz pertenece al rea cultural pirenaica, mientras que casi todo el Pas Vasco entraba dentro de la denominada rea cantbrica. Se caracterizaba sta por la tendencia al aislamiento, fruto de su abrupta orografa, que retrasaba la entrada de innovaciones culturales; por la pobreza de las representaciones mobiliarias; y por la gran duracin de los sucesivos estadios culturales, mayor que la de su entorno. Plenamente partcipe de esta cultura, el Pas Vasco tena, adems, dos tendencias contradictorias. Su accidentado relieve acentu el aislamiento y la evolucin autnoma, de lo que se derivaba, primero, la reticencia a asimilar nuevos elementos; y, despus,

que cuando stos arraigaban, perdurasen ms que lo habitual. De otro lado, su posicin geogrfica converta al Pas Vasco en zona de paso entre el continente y la pennsula, por lo que estaba en contacto con los distintas corrientes paleolticas; as, se encuentran elementos que eran exticos dentro del rea cultural cantbrica. El Mesoltico (10.000-3.500 a. de C.) fue una fase de transicin. Acab la glaciacin, retrocedieron las nieves perpetuas, desapareci la fauna propia de los climas fros, resurgi el mundo vegetal El hombre pudo abandonar las cuevas. Viva an de la caza, pero ya no dependa tanto de ella, pues la complementaba con la recogida de frutos. Capturaba ahora caballos, cabras, jabales, zorros, gatos monteses e incluso comenz a recolectar moluscos. La economa, pues, sigui siendo depredadora. La cueva no era ya la unica ni la principal habitacin humana. Las temperaturas lo permitan. El hombre que habita el Pas Vasco construye sus viviendas, que estn en espacios amplios. Se extiende, al parecer, por todo el territorio vasco, incluso por el Sur, pues en Trevio hay restos mesolticos. El instrumental, ms pequeo pero similar al del perodo anterior, sigui basndose en la piedra tallada como material bsico. Por lo dems, las manifestaciones artsticas del perodo son muy escasas. Las que hay, muestran una tendencia hacia la estilizacin, con figuras geomtricas, abstractas. El abandono de las cuevas redujo las posibilidades de conservacin de poblamientos humanos, por lo que quedan pocos yacimientos de esta etapa. Destacan los de Ispster, Umieta, Arrazu, y Santimamie, entre otros.

Cueva de Santimamie. grupo de bisontes.

En el Neoltico se produjo la gran revolucin cultural de la prehistoria. Comenz hacia el 7.000 a. de C. en el Prximo Oriente, desde donde se extendi paulatinamente. Al Pas Vasco lleg hacia el 3.500. El hombre abandon la economa depredadora y se convirti en productor. Fue el inicio de la agricultura y de la domesticacin de animales. El cambio productivo implic transformaciones sociales y culturales. Apareci la cermica, por exigencia de las nuevas provisiones alimenticias, as como la piedra pulimentada. Al tiempo, la nueva economa exiga una mayor organizacin social, con especializacin del individuo en tareas organizativas o en las distintas labores agrarias o ganaderas.

Los cambios no fueron simultneos. La reseada tendencia al aislamiento hizo que coincidieran a la vez estadios culturales diferentes. En algunas zonas, como por ejemplo en Navarra, el conjunto de las innovaciones neolticas no penetr hasta comienzos de la Edad del Bronce.

Cueva de Ekain, representacin de dos osos.

La agricultura y la domesticacin de animales como la cabra, la oveja, la vaca y el cerdo impuls a la vez la sedentarizacin (representada por la cueva de Arenaza en Bizkaia y por Los Husos, al Sur) y movimientos de trashumancia anual entre las tierras bajas del norte y las altas del sur. Lo ms caracterstico del Neoltico vasco fue la economa pastoril. Le acompa una expresin cultural, los dlmenes, cuya distribucin se corresponde con la trashumancia ganadera. Abundan en la divisoria de aguas, pero los hay tambin al norte y al sur. Eran enterramientos colectivos en una cmara cerrada por varias piedras verticales, cubiertas por una horizontal. Los movimientos trashumantes pusieron a los habitantes del Pas Vasco en contacto con otros pueblos. De ello dan fe algunos elementos culturales, como la costumbre de incinerar los cadveres, y nuevos rasgos tnicos, que se mezclaron con el anterior substrato, especialmente en el sur, en cuya poblacin estaban presentes elementos mediterrneos. La Edad de los Metales comenz hacia el 2.000 a. de C., pero La economa neoltica pervivi en amplias reas, incluso hasta la llegada de los romanos. La introduccin de la cultura del bronce fue escasa, y no cambi las formas de vida ni el instrumental, similar al de pocas anteriores, aunque construido de metal. La Edad del Hierro corresponde al ultimo milenio antes de Cristo. Representaban esta cultura los pueblos indoeuropeos. Penetraron, procedentes del centro de Europa, hacia el 900 a. de C., por los pasos navarros del Pirineo. Desde all siguieron, al parecer, dos direcciones. Unos, se expandieron por la Ribera del Ebro, hacia tierras de Aragn. Otros, continuaron hacia el Oeste, penetrando en la Llanada alavesa. As, la cultura del hierro qued circunscrita en el Pas Vasco a las tierras navarras y alavesas, donde se ha encontrado instrumental propio de una economa cerealista, como hoces y molinos. En estas reas se encuentran poblados fortificados, de origen celta. A esta cultura pertenecen, tambin, los cromlechs, esto es, monumentos funerarios formados por crculos de piedras o losas por lo comn

verticales, que rodean tmulos o dlmenes, donde se depositaban las cenizas de los cadveres incinerados. Slo los hay en la parte oriental del Pas, al este del valle de Leizarn. Al oeste, seguan levantndose dlmenes. A finales de la prehistoria haba, por tanto, diversos estadios culturales. La presencia de grupos celtas incorpor al Pas Vasco nuevas creencias religiosas. De ello es buen reflejo el ido/o de Mikeldi, encontrado en Durango. Representa un novillo con un disco que simboliza el sol o la luna, y es un producto tpico de una cultura celta. Lo es tambin el tesoro de Antzoki, que consiste en dos cuencas de oro decoradas con bandas horizontales, con motivos semejantes a los vasos de la primera Edad de Hierro en Centroeuropa. Se encontr en Escoriaza, cerca del castro de Peas de Oro. Los castros fortificados que se levantaron en lugares estratgicos de Alava y Navarra representaban nuevas formas de dominio. Resulta verosmil que los nuevos pueblos, que dejaron numerosos topnimos de Alava y Navarra, impusiesen su poder militar y consiguiesen alguna preeminencia sobre la poblacin indgena, y hasta propiciasen la divisin en clanes, gentilidades y tribus. De hecho, al menos dos de los gentilicios con que se denominaba a las tribus vasca a la llegada de Roma eran de raz celta: los vascones y los autrigones. Sin embargo, los nuevos pueblos acabaran siendo asimilados por la poblacin antes existente. Slo as se explica la supervivencia del euskera, una lengua preindoeuropea. Durante la Edad del Hierro, cuando extensas zonas permanecan aun en el Neoltico, se produjo la llegada de los romanos. Con ellos, el Pas Vasco entr en la historia.

II. DE LA LLEGADA DE ROMA A LA PRIMERA EDAD MEDIA Las tribus vascas Referencias de escritores latinos permiten trazar un cuadro general del territorio vasco antes del contacto con Roma. Lo ocupaban cuatro tribus diferentes, que compartan rasgos tnicos y lingsticos. De oeste a este eran los autrigones, caristios, vrdulos y vascones. Limitaban al norte con el Cantbrico, ocupando los vascones una franja de los Pirineos. Las cuatro tribus se extendan longitudinalmente hacia el Sur, hacia el Ebro, con territorios a ambos lados de la divisoria de aguas. Posiblemente, esta configuracin naca de la trashumancia neoltica, de los desplazamientos pastoriles que buscaban la alternancia estacional entre las tierras altas y las bajas. Los autrigones abarcaban por la costa el espacio entre el ro Asn, que desemboca en Laredo, o quizs el Agera, unos kilmetros al este, y el Nervin; al sur, penetraban en tierras de la actual Burgos, por el valle de Mena y una amplia zona que inclua Villarcayo, Pancorbo y Briviesca; tenan tambin la porcin occidental de Alava. Los caristios se extendan del Nervin al Deva; su territorio era el que menos se prolongaba hacia el sur, pero contena la mayor parte de la actual Alava: una lnea entre Trevio y Miranda describa aproximadamente su lmite meridional. Los vrdulos englobaban por el norte el espacio entre el Deva y el actual Oyarzun, que era vascn; por el sur, habitaban el extremo occidental de Navarra y el oriental de Alava. Los vascones ocupaban un amplio territorio, que llegaba quiz hasta Bayona, aunque resulta improbable; ocupaban la Rioja Baja y probablemente alcanzaban el Ebro; por el Este estaban, adems de en la actual Navarra, en una zona de Aragn, limtrofe a la Jacetania. Desconocemos cmo vivan estos pueblos, ni si tenan diferencias entre s o con su entorno. Los escritores romanos slo se refirieron genricamente a los pueblos del norte de la pennsula, en un difuso cuadro que inclua a cntabros, astures, autrigones, vascones, vrdulos, caristios o berones y que dilua las posibles peculiaridades tribales. Segn Estrabn, quien ms se extendi, eran tribus pobres y frugales. Coman carne de cabra, manteca de vaca y bellotas, que molan para hacer pan. Escaseaba el vino y beban agua y sidra, y practicaban la lucha. Su economa estaba en un estado intermedio, pues recurran al intercambio de productos, aunque utilizaban tambin una moneda rudimentaria, laminillas de plata sin acuar. Realizaban sacrificios humanos y sus costumbres eran, para el escritor latino, rudas c inhumanas. Roma consigui dominar el territorio vasco sin fuerte enfrentamiento armado, en contraste con la difcil conquista de sus vecinos los cntabros (las guerras cntabras llenaron el ultimo siglo antes de Cristo). La ausencia de noticias blicas es general, pero se vislumbra que los comportamientos de los vascones y los de las otras tres tribus fueron diferentes. Los romanos entablaron tempranas y amistosas relaciones con los primeros. Posiblemente, dominaron antes su territorio, pues ya en el 75 a. de C. Pompeyo fund Pamplona. Resulta probable, en cambio, que slo controlaran definitivamente las tribus occidentales al terminar las campaas contra los cntabros el ao 19 a. de C.

Principales vias romanas del Norte de la Pennsula Ibrica (segn datos de Ptolomeo). Julio Caro Baroja, Los pueblos del Norte.

Vias romanas del territorio vasconavarro y los vecinos; las sealadas con trazos interrumpidos, problemticas. Julio Caro Baroja, Los pueblos del Norte.

La romanizacin Una vez establecidas, las relaciones entre Roma y las tribus vascas fueron amigables. Romanos y vascones llegaron incluso a una autntica colaboracin, que explica quizs la expansin de stos ltimos. Se extendieron hacia el este, dominando la Jacetania; hacia el sureste, por tierras de los suessetanos, en torno a las actuales Sos, Sangesa y Ejea de los Caballeros; y hacia el sur, pasando el Ebro, pues Calagurris y Cascantum se convirtieron en ciudades vasconas. Probablemente, los romanos favorecan a un pueblo con el que tenan buenas relaciones, en detrimento de otros cuyo dominio exigi enfrentamientos, corno sucedi con los suessetanos. No slo los vascones, todas las tribus vascas tuvieron buenas relaciones con Roma. Participaron pronto en su aparato militar, corno lo indican algunas lpidas del siglo I. Una, encontrada en Brescia, en el norte de Italia, cita a una cohors cariestum et veniescum; otra, localizada en Inglaterra, alude a una cohors prima, fide vascorum, civium romanum. De forma que estaban al servicio de Roma unidades militares compuestas por caristios y por vascones, muy alejados de sus lugares de procedencia. Sabemos, tambin, que haba vrdulos en la guardia de Mario.

Grabado en una estela discoidal del periodo visigtico.

La colaboracin propici la romanizacin de parte del Pas, que fue muy acusada en la vertiente meridional, y escasa en la cantbrica. El carcter de la dominacin romana explica la diferente penetracin territorial de la civilizacin latina. Roma buscaba, ante todo, un dominio econmico, que le suministrase trigo y vino. Su presencia fue importante en las zonas de explotacin rentable, por lo que se asentaron en el Sur del Pas Vasco. Entre los Vascones meridionales resume Caro Baroja, la romanizacin fue tan intensa como en la zona que ms de la pennsula. Proliferaron las grandes explotaciones agrarias, que reciban el nombre de fundi, o villae, y utilizaban esclavos. En cambio, las comarcas del norte, malas productoras de cereal y de vino, poco ofrecan. All, la presencia romana se limit a algunos enclaves mineros, como el de Oyarzun, y quizs Triano; y a algunos puntos costeros que servan de refugios portuarios, los de Flavibriga posiblemente Castro Urdiales, Portus Amanus no identificado, Frua su nombre deriva de forum, trmino latino que se aplicaba a un nucleo pequeo y tal vez el Nervin.

Divisiones gentilicias del Norte de la Pennsula Ibrica (segn Ptolomeo).

Para consolidar su dominio militar, Roma construy en su imperio una densa red viaria, que result decisiva para la explotacin econmica y como vehculo de transformacin cultural. En el Pas Vasco, la vertiente meridional conoci intensamente el impacto de estas comunicaciones. La cruzaban el camino del Ebro que una Lrida con Len, a travs de Briviesca y Astorga; y la va Burdeos-Astorga, que atravesaba el Pirineo por Ibaeta, cerca de Roncesvalles, tocaba Pamplona y segua hasta Briviesca, donde conectaba con la anterior. Por estos caminos penetr la civilizacin romana. Hubo, quizs, alguna ruta secundaria, como la posible calzada a los puertos de Flavibriga y Frua desde la Burdeos-Astorga. As parecen indicarlo las monedas e inscripciones halladas en Carranza, Valmaseda y el alto de Gueretiz.

El distinto impacto de la romanizacin cre economas contrapuestas. En la vertiente meridional aparecieron las primeras ciudades de las que tenemos noticia documental, como las de Pamplona, Veleia, Cascantum, Calagurris, Segia, Caria. Abundaban en el valle del Ebro y en torno a las grandes calzadas. En la franja cantbrica, en cambio, pervivi la economa pastoril, si bien la presencia romana tuvo, forzosamente, que crear algunas relaciones comerciales, e introducir algunos cambios de ellos dan fe las monedas halladas en Gipuzkoa y Bizkaia cuya entidad e intensidad desconocemos. Los siglos oscuros En el siglo III cambi radicalmente la situacin el Pas Vasco. El Imperio entr en crisis. Fuertes tensiones sociales, pillaje y bandolerismo precedieron a los bagaudas, documentados desde el siglo IV, bandas armadas de campesinos pobres y esclavos fugitivos, que llegaron a enfrentarse al ejrcito regular y que encontraron, al parecer, apoyos en territorio vasco. Las autoridades imperiales perdieron el control de los pueblos del norte peninsular. Se tornaron en violentas las relaciones entre vascos y romanos. Estos incrementaron la presencia militar en torno a la zona no romanizada, levantando un limes militar seguramente para frenar a los vascos de la vertiente norte. El cerco de guarniciones inclua las de luliobriga (Retortillo, junto a Reinosa), Veleia, en Alava, y Lapurdum (Bayona). Resulta verosmil, tambin, que el Bajo Imperio fuese un perodo de desromanizacin. En esta poca se desdibuj la antigua divisin tribal. Un documento del ao 456 cita a los vrdulos, pero es la ltima referencia a este nombre. Los de caristios y autrigones haban desaparecido ya. Se impona la general denominacin de vascones. Todo da a pensar que las luchas del Bajo Imperio obligaron a los vascos situados al norte del limes fortificado a unirse y los escritores romanos o visigodos les aplicaron, como nico, el nombre del ncleo principal, concluye Maarica. La divisin tribal dej algunas huellas. Una de ellas fue, al parecer, la lingstica. La ubicacin de las antiguas tribus corresponde a la difusin de los dialectos vascos. Los autrigones se asentaban en la zona donde primero se perdi el euskera. El dialecto vizcano se prolonga en Gipuzkoa hasta la altura del Deba, precisamente el lmite de los caristios. El gipuzkoano no sobrepasa Oyarzun, donde comenzaba el territorio vascn. Las demarcaciones tribales influyeron en la posterior divisin territorial del Pas Vasco. Navarra se corresponde, en lo fundamental, a la zona de los vascones. Bizkaia y Gipuzkoa, a la vertiente cantbrica de caristios y vrdulos; Alava, a la mediterrnea. Adems, en los siglos X y XI se llamaba Bizkaia a la franja entre el Nervin y el Deba, la zona donde habitaron los caristios. Con las invasiones brbaras del siglo V y el hundimiento definitivo del Imperio Romano comenz un nuevo perodo histrico, en el que la situacin del Pas Vasco no es bien conocida. Slo hay escasas noticias, de autores cuyos pueblos estaban, por lo comn, enfrentados con los vascos. Sus versiones son parciales, ambiguas e imprecisas.

Lauda sepulcral, localizada en Franco (Trevio). De procedencia ibrica y datada a comienzos de nuestra Era o algo anterior, demuestra los contactos culturales qe tenian las tribus vascas.

Los rabes slo llegaron a ocupar una parte de Navarra. Los enfrentamientos continuaron, con stos en el Sur y los francos en el Norte.

El ao 509 suevos, vndalos y alanos entraron en la pennsula. Llegaba una etapa de inestabilidad, unas dcadas de frecuentes incursiones, saqueos y destrucciones, hasta la estabilizacin de fines de siglo, cuando los pueblos germnicos se asentaron en el territorio. Desde entonces, los vascos tenan dos vecinos: los francos al norte, y los visigodos al sur. Unos y otros intentaron extender su dominio al Pas Vasco. No lo consiguieron. La relacin de los vascos con estos pueblos contrasta con la que tuvieron con Roma. Lejos de ser amistosa, se caracteriz por los continuos enfrentamientos. Abundan las noticias de incursiones vasconas hacia el sur y el norte, y de esfuerzos francos y visigodos por controlar el territorio vasco. No llegaron a establecer un dominio duradero y estable, aunque probablemente s sometieron de forma espordica algunas zonas. As lo atestigua la discontinua asistencia de un obispo de Pamplona a los concilios de Toledo.

Dibujo original de Jose Miguel Barandiaran, trabajo de campo. La plena cristianizacion del Pas Vasco fue tardia, pero el proceso sigui distintos ritmos, por el desigual grado de romanizacin del territorio vasco.

Durante el perodo existi un Ducado de Vasconia, que abarcaba posiblemente el actual Pas Vasco y Aquitania, donde se dejaban sentir las incursiones vasconas, pero el nombre no refleja un dominio efectivo, ni una unidad poltica. Creada por los francos y utilizada tambin por los visigodos, probablemente esta entidad existi slo en la intencin de sus promotores. Al duque de Vasconia se le encargara dominar la zona, o, al menos, limitar los movimientos de los vascones. Es posible que actuara en algn momento de forma independiente, pero esto que tampoco exiga el dominio efectivo de su jurisdiccionse enmarca en las constantes luchas intestinas de las monarquas visigoda y merovingias. Por lo dems, desconocemos la situacin interna del Pas Vasco. En el ao 711 los rabes entraron en la pennsula. Sorprendieron al rey don Rodrigo en una campaa contra los vascones. La situacin del Pas Vasco no cambi cuando al poder de los godos sustituy el de los rabes, que en el Pas Vasco slo llegaron a ocupar una parte de Navarra (dominaban Pamplona en los aos 716-719 y 734-740). Continuaron los enfrentamientos armados, con los rabes al sur y los francos al norte. Los simboliza la batalla de Roncesvalles con la derrota de Carlomagno en el 778. La lenta introduccin del cristianismo en el Pas Vasco refleja su azarosa evolucin del primer milenio. A fines del siglo Ill haba llegado a las romanizadas ciudades del sur, pero las convulsiones del Bajo Imperio dificultaron su difusin. Durante muchos siglos convivieron cristianismo y paganismo. En el siglo IX las monarquas de Pamplona y Asturias iniciaron una poltica misional, para la que se crearon monasterios y dicesis. En el siglo XI, con la proliferacin de pequeos monasterios en Bizkaia y Gipuzkoa, se consumaba la cristianizacin del Pas Vasco, lo que no obsta para que subsistiesen prcticas paganas, en lento retroceso.

III. LOS TIEMPOS MEDIEVALES Reino, condados, seoro Durante la Edad Media aparecieron Alava, Gipuzkoa, Navarra y Bizkaia. Su origen lo explica la dinmica que sigui el Pas Vasco desde comienzos de la Reconquista. Al comenzar el dominio rabe de la pennsula subsistan quizs organizaciones de tipo gentilicio, de referencia tribal, pero ya en el siglo VIII se inici el proceso que gestara nuevas estructuras polticas. Esta evolucin se enmarca en la formacin de las monarquas cristianas que iniciaron la Reconquista. En el territorio de los antiguos vascones surgi el reino de Pamplona; al este del Pas Vasco naci la monarqua asturiana, despus convertida en el reino asturleons y, por fin, en el de Castilla. La evolucin poltica del Pas Vasco durante la Alta Edad Media dependi del desarrollo de estos dos poderes, de sus vaivenes y de su capacidad de influencia. El territorio vasco sigui caminos diferentes. En Navarra se configur un poder monrquico, en tomo al rey de Pamplona, con una dinmica propia durante el Medievo. Las futuras Provincias Vascongadas, situadas entre la monarqua asturleonesa o castellana y la navarra, oscilaron entre el reino occidental y el oriental, segun cambi la relacin de fuerzas, hasta que a fines del siglo XII entraron definitivamente en la esfera de Castilla. La lucha contra musulmanes y francos introdujo en Navarra los cambios que desembocaran en la formacin de un Reino. Desde los aos 798-803 las necesidades blicas alentaron el caudillaje de la familia Arista. Al caudillaje militar sucedi despus la monarqua, con Sancho Garcs I, en el 905, pues la preeminencia poltica se convertia en hereditaria. Comenzaba a reinar la dinasta Jimena, que gobern durante tres siglos, de momento como reyes de Pamplona. El mximo esplendor lleg con Sancho el Mayor (1000-1035), que consigui dominar, adems de casi toda la Navarra actual menos la ribera del Ebro, an en manos musulmanas, Sobrarbe, Ribagorza, los condados de Aragn y de Castilla, el territorio de las Vascongadas y el reino de Len. Desde los inicios de la Reconquista ningun rey cristiano haba alcanzado en la pennsula tan amplio poder territorial. Reuni directamente o por lazos de vasallaje todos los Estados cristianos espaoles, y hasta alguno francs.

Grabado que representa a Carlomagno. La batalla de Roncesvalles (778) simboliza los enfrentamientos armados de los vascos con los francos.

No seconsolid este poder poltico. Sancho el Mayor reparti tan amplio territorio entre sus hijos. A Garca le correspondi el Reino de Pamplona, las Vascongadas y el Norte del actual Burgos. Haba comenzado la descomposicin de la monarqua, que lleg a desaparecer en 1076, tras la tragedia de Pealn el asesinato de Sancho IV por sus hermanos. Los reinos de Aragn y de Castilla se repartieron sus territorios. En 1134 Navarra recuper la independencia. Garca Remrez se alz como rey, titulndose ya rey de Navarra. Su reino tena los perfiles actuales, pues incorpor Tudela y territorios al sur del Ebro, conquistados en el intervalo a los rabes. Algunos aos despus, lleg a dominar la Rioja y las Vascongadas, que, excepto breves momentos, permanecieron en la esfera navarra hasta acabar el siglo. Terminaron entonces las vicisitudes territoriales. Desde 1234, cuando comenz a reinar la dinasta Teobaldo, con intereses en Francia, los vaivenes polticos de Navarra dependieron del acercamiento a Francia o a la poltica peninsular. Hasta el 1200 el territorio de las Vascongadas fluctu entre la monarqua navarra y la asturleonesa/castellana. Al tiempo, surgieron las tres demarcaciones en que se dividira en lo sucesivo. Alava y Bizkaia son los primeros nombres de los que tenemos noticia. Aparecen en la Crnica de Alfonso III, del ao 900, al relatar acontecimientos de mediados del siglo VIII. Es slo una mencin geogrfica, pero evidencia que existan ya unos enclaves con tales nombres, cuyo contenido poltico o territorial desconocemos. De Bizkaia se excluan Ordua, So-puerta y Carranza, mencionados aparte en el texto, por lo que quizs comprenda el territorio al este del Nervin que habitaran los caristios. En el siglo IX el trmino Alava adquiri connotaciones polticas, pues se le cita como condado. La Crnica de Alfonso II menciona, primero, que Eylo era conde de los alaveses hacia el 868; despus, a los Vela Jimnez como condes de Alava. Y en torno al 918 Monio Vlaz, casado con una hija del navarro Sancho Garcs I, ostent los ttulos de conde de Alava y de Bizkaia. Las vinculaciones polticas de estos territorios son imprecisas. La cita del 918 los relaciona con la Corte navarra, pero antes, cuando an no se haba consolidado el Reino de Pamplona, posiblemente estaban en la esfera asturiana: Alfonso II, hijo de alavesa, se refugi una vez en Alava a fines del siglo VIII; y los Vela Jimnez y los condes de Castilla, ambos bajo la gida asturiana, colaboraron estrechamente en la lucha contra los musulmanes. La relacin que en el siglo X tuvieron las Vascongadas con Navarra debi de ser transitoria. Alvaro Herramlliz figura como conde de Alava entre el 919 y el 931 dentro de este mbito. Despus, entre el 932 y el 970 el ttulo lo ostent Fernn Gonzlez, que reuni los condados de Castilla y de Alava. Por contra, a comienzos del siguiente siglo, durante el reinado de Sancho el Mayor, el conde de Alava figura en el mbito de Navarra, coincidiendo con la expansin de esta monarqua. Y dentro de la misma corte se movan el conde de Gipuzkoa, cuya primera mencin es de 1025, y los condes de Bizkaia, documentados de forma continua desde 1040.

Teobaldo I (1234-1253). Msico y poeta, desarroll el Arte Gtico en Navarra, y consigui, en el plano militar, fama en la sexta Cruzada a Tierra Santa.

Es posible que al principio el condado de Alava incluyese todas las Vascongadas, y que en el siglo XI se convirtiesen en entidades diferenciadas Gipuzkoa y Bizkaia. Con la crisis del Reino de Pamplona estos enclaves pasaron en 1076 a Castilla, en cuya rbita estuvieron hasta la reconstitucin de la monarqua navarra en el 1135. Desde entonces, y hasta fines de siglo, por lo comn permanecieron en Navarra. Desde 1 180 el seor de Bizkaia figura siempre en la corte de Castilla. Al terminar el siglo, Alava y Gipuzkoa se incorporaron definitivamente a los dominios del rey castellano. En 1199, tras el cerco y capitulacin de Vitoria, Alfonso VIII conquist Alava; al ao siguiente, el rey navarro le entreg algunas plazas alavesas que seguan en su poder. Tambin en el 1200 Castilla se hizo con Gipuzkoa; se ha escrito que por entrega voluntaria, pero la documentacin es imprecisa: dice a veces que el rey adquiri la provincia, y otras que la pris, que la tom; en todo caso, no menciona enfrentamientos armados. Los condes de Alava y Gipuzkoa eran, al parecer, cargos designados por el rey, para gobernar comarcas fronterizas que exigan atencin militar. Titular y territorio no tenan ms nexo que la voluntad del rey, que era la mxima autoridad. Quizs el condado de Alava fue de los Vela Jimnez hasta el 918, pero desde entonces los reyes designaron los condes de Alava sin tener en cuenta vinculaciones anteriores. Sancha de Navarra, Fernn Gonzlez, Munio Gonzlez, Lope Iiguez, los Ladrn de Guevara, entre otros, ostentaron sucesivamente el ttulo. En el mismo caso estuvo el condado de Gipuzkoa, en manos de Garca Armriz, Or-bita Arnrez, Vela de Guevara, Lope Iiguez, los Ladrn de Guevara. Ambos ttulos desaparecieron con la ocupacin castellana. El Seoro de Bizkaia estuvo vinculado a sus titulares en mayor grado. Al menos desde el 1040 los Seores de Bizkaia fueron los Lpez de Haro: slo perdieron el condado entre 1135 y 1180, cuando recay en los Guevara, hasta que se lo devolvi el rey castellano. Los Haro cambiaron varias veces la fidelidad monrquica sin perder el

dominio sobre Bizkaia, de forma que ostentaron el Seoro en Navarra y en Castilla. A diferencia de los otros, el de Bizkaia era un seorio jurisdiccional. Posiblemente, el ejercicio de la autoridad gubernativa gener un dominio que no dependa estrictamente de la voluntad del Rey. El seor de Bizkaia tena competencias que en Alava y Gipuzkoa ejerca el rey: tena el mando militar, cobraba tributos, nombraba funcionarios (prestameros y merinos), y ejerca la potestad judicial. Mientras en Alava y Gipuzkoa las villas las fund el rey, en Bizkaia lo hizo el Seor.

En el siglo XIV naci otra ruta mercantil. Una el interior de la penincula con los puertos del norte de Europa, privilegiando el papel de las Vascongadas.

Tras la definitiva entrada en la rbita castellana no desapareci el Seoro de Bizkaia, que sigui en manos de los Haro. Era sta la ms poderosa familia de Castilla despus de la real, lo que sin duda contribuy a consolidar el Seoro. Al extinguirse la casa de Haro, el Seoro pas a los Lara, otro linaje importante. Recay en 1371 en el infante don Juan, que en 1379 hered la corona de Castilla. Reino y Seoro tendran desde entonces un mismo titular, pero Bizkaia mantuvo sus peculiaridades jurdicas. Durante la Alta Edad Media se forj la composicin territorial de las cuatro demarcaciones vascas. Navarra, formada por la anexin de territorios al reino de Pamplona, que al principio comprenda la Navarra Media, reproduca bsicamente la zona de los antiguos vascones, si bien perda en 1200 la franja entre Oyarzun y el Bidasoa, conquistada por Castilla. La antigua distribucin tribal tuvo, pues, influencia en la divisin territorial. La principal novedad fue la aparicin de Alava como enclave diferenciado. Probablemente, se debi a la dinmica histrica de este rea, con personalidad propia por el papel fronterizo que jug durante siglos. Lo tuvo ya durante la crisis del Bajo Imperio; despus, fue frontera entre godos y vascones, entre stos y rabes las crnicas rabes refieren 21 incursiones por tierras alavesas y, por fin, entre la monarqua navarra y la asturleonesa o castellana. Alava no inclua en el 1200, cuando la anexin a Castilla, todo el aetual territorio alavs. Varias plazas militares las dirigan sus seores, hasta que se agregaron a la provincia las de Portilla, Trevio y Laguardia. Bizkaia accedi a la unidad por adscripcin personal de diversos territorios al

Seor de Bizkaia. Al principio, tena ste la Bizkaia nuclear, que exclua el Duranguesado y las Encartaciones. Era la vertiente norte de la antigua zona caristia. Durango form en los siglos XI y XII una circunscripcin poltica, que en 1 195 pas a manos castellanas; en 1212 Alfonso VIII lo don a Diego Lpez de Haro. Ms compleja fue la incorporacin de las Encartaciones (antiguo territorio autrign), pues careci de una unidad poltica como la de Durango. Santurce y Gordejuela eran del Seor de Bizkaia en el siglo XI; Sopuerta, Somorrostro y Carranza lo fueron en el XII; Lanestosa se incorpor a fines del siglo XIII, y Valmaseda al acabar el XIV. Gipuzkoa no inclua durante la primera mitad del siglo XI territorios al oeste del Deva, de forma que reproduca la franja norte de los antiguos brdulos, pero s durante la centuria siguiente. Se incorpor el antiguo territorio vascn situado al este de Oyarzun en 1200, conquistado por el rey castellano. Dentro de Gipuzkoa hubo un demarcacin diferenciada, el seoro de Oate, que no entr en la provincia hasta la Edad Moderna. La economa medieval No conocemos bien la economa del Pas Vasco medieval. La documentacin sugiere que en el sur y en Navarra la agricultura estaba ms desarrollada que en el norte: en Alava existan fincas agrcolas protegidas por torres; y el asentamiento rabe en el Ebro, en el sur navarro, hizo progresar las tcnicas agrcolas, con la noria y sistemas de riego. Posiblemente, esta zona practicaba el pastoreo, pero sin que alcanzase la importancia que tena en la vertiente septentrional, de economa ganadera y forestal: la ganadera era su actividad ms importante; el bosque, que se usaba para la cra del ganado, slo desapareca para dejar sitio a las pomaradas; las huertas eran escasas. BERMEO (Bizkaya). Vista general.

El Rey de Castilla o el Seor de Bizkaia crearon Villas en la Costa, para potenciar los puertos; as naca Bermeo en 1237.

As, el Fuero de los labradores de Durango de 1150, se promulg para una sociedad en la que primaba la ganadera. Los labradores tenan que pagar al seor segn sus cabezas de ganado. Varios documentos aluden a los pastos, y a tierras, huertas y manzanales, rboles, montes, y pastos, como figura en la donacin de la iglesia de Yurreta a San Milln de la Cogolla de 1072. Posiblemente, en los siglos XI y XII se introdujeron prcticas agrcolas pues a mediados del XIII una mala cosecha tena ya secuelas de hambres y pestes; se paliaban con sacrificios ganaderos, de forma que se complementaban ambas producciones agropecuarias.

Bayonne o Baiona, que perteneci al Reino de Navarra, fue uno de los principales puertos del Pas Vasco, por el que salan en tiempos los productos navarros.

As, pues, la economa de la vertiente mediterrnea estaba ms avanzada. Desde al menos el siglo IX la primera noticia es del 871, haba ferreras en tierras alavesas, mientras hasta fines del XIII no se documentan en el norte: los votos de San Milln pedan a las localidades alavesas el pago en rejas de hierro, mientras exigan bueyes en las dos provincias costeras. Contribuy a las diferencias econmicas el mayor impacto que tuvo en Navarra y en el sur del Pas Vasco la ruta de los intercambios mercantiles altomedievales, que se estableci en el siglo XI a travs del camino de Santiago. Con las peregrinaciones, masivas en el siglo XII y que se practicaban an el XV, penetraron en la pennsula influencias culturales, polticas y econmicas. El camino ms antiguo que afect al Pas Vasco segua el trazado de las calzadas romanas. Tras penetrar en Navarra por Roncesvalles y alcanzar Pamplona, derivaba hacia Salvatierra, Armentia y Miranda de Ebro, a travs de Huarte-Araquil. En el reinado de Sancho el Mayor, la conquista de tierras a los rabes permiti un camino ms meridional, por lo que la ruta segua desde Pamplona a Puente la Reina y Viana, para dirigirse despus hacia Logroo. Adems, se utilizaban el camino que entraba en la Pennsula por Somport (conectaba con el anterior en Puente la Reina, tras pasar por Jaca, Lidena y Monreal) y, con ms frecuencia, el camino del Ebro. Aunque a comienzos del siglo XIII algunos peregrinos llegaban por Irun (seguan por Hernani, Tolosa, el puerto de San Adrin, Vitoria y Miranda), estos intercambios econmicos y culturales afectaron sobre todo a Navarra y a la vertiente meridional del Pas, insertas por el camino de Santiago en el eje que recorra el norte peninsular en sentido esteoeste. En el siglo XIII naci otra ruta mercantil, que sustituira en importancia a la anterior, en declive desde el XIV. Una el interior de la pennsula con los puertos del norte de Europa: Inglaterra, por ejemplo, importaba lana castellana ya a mediados del siglo XIII. Se privilegi as el papel de las Vascongadas, pues sus puertos participaron en el trfico nortesur. De fines del siglo XIII datan, adems, las primeras noticias de ferreras en Gipuzkoa y en Bizkaia. Durante la Baja Edad Media, por tanto, la economa de la vertiente cantbrica se modernizaba. Las villas

Las sucesivas novedades econmicas propiciaron la aparicin de nucleos urbanos. Cuando se fundaban, las villas reciban un marco legal que favoreca se estableciesen artesanos y comerciantes: se les conceda una estructura administrativa propia, dependiente del rey, un territorio bajo su jurisdiccin, la autorizacin para celebrar mercados semanales, privilegios econmicos y un rgimen jurdico propio. Las primeras villas se crearon en el camino de Santiago. Fueron Sangesa y Estella, fundadas en el 1090. Despus, nacieron las de Tudela, Puente la Reina y Pamplona. Con la recuperacin de la independencia de Navarra en 1134 sigui el aforamiento de villas en el centro y sur del Reino (Olite, Monreal, Los Arcos, Artajona, etc). La ribera del Ebro era, de momento, la zona ms urbanizada. Falces, Funes, Sesma, Caparroso, Carcastillo aparecieron ya en el siglo XII. A los mviles econmicos se unieron los militares. El rey navarro y el castellano crearon villas para asentar su hegemona en las tierras intermedias. El primero fund en 1165 Laguardia, Vitoria en 1181 y Antoana y Bernedo el ao siguiente, para afirmar sus posiciones en Alava. Las preocupaciones militares propiciaron, a su vez, la creacin de Viana, una plaza fuerte para defenderse de Castilla, as como la fundacin entre 1263 y 1279 de Torralba, Aguilar y Genevilla, y, a comienzos del siglo XIV, de Huarte Araquil, Echarri Aranaz y Espronceda. Salinas de Aana, fundada en 1140 para potenciar la poblacin que explotaba las salinas, fue la primera villa creada por Castilla en las Vascongadas. Razones militares inspiraron la fundacin de la Puebla de Arganzn, tambin en el siglo XII, y las erigidas por el rey castellano en Alava durante el XIII (Labastida, Santa Cruz de Campezo, Fresnedo, Corres, Antoana, Salvatierra, Trevio). La aparicin del comercio norte-sur en el siglo XIII relanz la fundacin de villas en las Vascongadas. La formacin de San Sebastin por el rey navarro, en 1181, anticipaba el inters por el trfico martimo, pero la nueva fase la protagoniz Castilla, que dominaba las Vascongadas desde fines de siglo. El rey de Castilla o el Seor de Bizkaia crearon villas en la costa, para potenciar los puertos, y en el interior, buscando fomentar las rutas comerciales. En 1 199 naca la de Valmaseda, situada en el camino entre Burgos y puertos vizcanos. En 1209 reciban la carta-puebla Hondarribia, Getaria y Motrico; en 1237, Zarautz y Bermeo. Entre 1256 y 1268 nacan varias villas en los caminos gipuzkoanos: en la ruta entre Vitoria y San Sebastin, las de Segura, Villafranca y Tolosa: Mondragn y Bergara, como puntos de paso desde el interior a Deba, Zumaya y Getaria. Bizkaia fue el ltimo territorio en contar con una amplia red de villas. Al acercarse el final del siglo XIII slo tena tres: un puerto, Bermeo, y dos villas en los accesos al Seoro: Valmaseda y Ochandiano, fundada esta ltima en 1254. Posiblemente, el camino de Ochandiano una Vitoria con los puertos ms occidentales de Gipuzkoa. Las siguientes villas vizcanas, Durango y Ermua, creadas en 1290, estuvieron en esta ruta. En el cambio de siglo, sin embargo, se inici una amplia poltica fundacional. En 1299 nacieron las villas de Plencia y de Ordua un nuevo acceso al Seoro y en 1300 la de Bilbao. Entre 1322 y 1327 otros tres puertos se convirtieron en villas, Portugalete, Lequeitio y Ondrroa. Desde 1330 la creacin de villas tuvo un sentido diferente. Haba empezado la crisis social de la Baja Edad Media, y con villas, enclaves amurallados, se protegi a la poblacin del amenazante entorno dominado por las luchas banderizas. Menos

Gernika, nacida en 1366, todas las de esta fase tuvieron tal carcter defensivo. Proliferaron en los lmites entre Bizkaia y Gipuzkoa, donde surgieron Deba, Placencia, Eibar, Elgibar, Zumaya, Marquina y Elorrio. Miravalles, Villaro, Mungua, Larrabeza, Rigoitia nacieron en la misma coyuntura. La agitacin provoc tambin que en Alava se crearan Alegra y Elburgo, segn su carta fundacional para que sus pobladores sean tenidos en paz y justicia. As, pues, razones muy diversas alentaron la fundacin de villas. Hubo motivos econmicos, militares y polticos. Estaban, tambin, las causas demogrficas. Probablemente, en el Pas Vasco la poblacin, como en todo el occidente europeo, se desarroll entre el siglo XI y comienzos del XIII. La fundacin de villas del perodo sirvi para asimilar este crecimiento, propiciando nuevas funciones productivas. De otro lado, en Navarra las villas atraan a francos, por una poltica que captaba extranjeros para las actividades burguesas: se restringi la presencia de navarros en las villas hasta que el empuje demogrfico forz a admitirlos; desde 1180-1190 se permita ya el asentamiento sive navarras sive alias. A mediados del siglo XIII se interrumpi la presin demogrfica. Las villas creadas desde entonces no respondan al avance de la poblacin. Los aforamientos navarros se paralizaron. La mayor actividad fundacional en las Vascongadas sirvi, posiblemente, para reordenar la poblacin que haba crecido en perodos anteriores. Hubo, tambin, mviles sociales al fundarse las villas, sobre todo desde 1330. La conflictividad bajomedieval provoc que los labradores pidiesen proteccin. Las villas cumplan esta funcin, pero con frecuencia las de esta fase no gestaron un mundo urbano, y muchas apenas superaron su inicial carcter agrcola. Las poblaron labradores que se refugiaron en sus muros, pero siguieron viviendo de la agricultura. Pero por lo comun las villas representan enclaves burgueses, con formas econmicas diferentes a las del entorno rural y con una estratificacin social relacionada con las actividades artesanales y mercantiles. La crisis bajomedieval Pese al desarrollo de los burgos, la del Medievo era una sociedad fundamentalmente agraria, jerarquizada en funcin de la propiedad de la tierra. En Navarra los villanos campesinos, por oposicin a los ruanos, que vivan en las calles de las poblaciones eran el grupo ms numeroso. Distintas denominaciones villanos, rsticos, mezquinos, pecheros, collazos, aludan a varias situaciones, no siempre bien conocidas. Con frecuencia, estaban adscritos a la tierra y pagaban a los seores renta y tributos, y, como pecheros, contribuciones al rey, a quien prestaban servicios. No faltaban campesinos libres, ni quienes podan abandonar la tierra, si bien al hacerlo la perdan. En conjunto, no distaban mucho de los hombres de la gleba tpicos del feudalismo europeo, pues se constata el carcter de siervos. Eran la base de una sociedad rural de rasgos feudales, dominada por los nobles, que presentaban una variada tipologa (ricoshombres, caballeros, infanzones o hidalgos). Los escasos documentos altomedievales que informan sobre las Vascongadas apuntan una sociedad de rasgos similares. En la Baja Edad Media, mejor conocida, en la sociedad agraria haba tres grupos bsicos: Los ricoshombres reunan las ms extensas propiedades, con posesiones que rebasaban el mbito del Pas Vasco. Su actividad fundamental la desarrollaban en la corte de Castilla, donde con frecuencia jugaron un importante papel.

Con los anteriores, los hidalgos componan la nobleza de las Vascongadas. Posean la mayor parte de la tierra y acaparaban las rentas, pero presentaban situaciones muy diversas, por sus distintos niveles econmicos. Destacaban los Parientes Mayores, la cpula de una sociedad de rasgos feudales. Con amplias posesiones, encabezaban los linajes. Los labradores, el estrato social inferior, eran la mayora de la poblacin. En Alava, la provincia mejor documentada, haba durante la Baja Edad Media tres tipos de campesinos. Los labradores censuarios estaban vinculados al rey, que poda adscribirlos a una villa; sin tierras, pagaban tributos y prestaban ciertos servicios. Los collazos, sujetos a la jurisdiccin real, estaban adscritos a la tierra; los hidalgos los podan trocar, comprar, venderlos o donar. Algunos labradores de las tierras de los hidalgos estaban sometidos a la jurisdiccin seorial; podan abandonar tierra y seor, perdiendo sus derechos sobre la heredad que cultivaban. Desconocemos la proporcin de cada grupo y sus condiciones concretas. En las dos provincias costeras se documentan las tres situaciones estudiadas en Alava, pero los collazos slo aparecen espordicamente, por lo que quizs eran caractersticos de la vertiente meridional. Por lo que sabemos, los labradores de Bizkaia y Guipuzkoa dependan tambin del seor, de los hidalgos o del rey, y no deba de ser excepcional su adscripcin a un solar, la restriccin de su movilidad, o que careciesen de ella; satisfacan rentas y prestaciones que variaban segun su grado de dependencia. Hubo tambin campesinos libres. Posiblemente, trabajaban como arrendatarios tierras ajenas, pero no conocemos bien su situacin, ni el papel social que desempearon. En la jerarquizada sociedad medieval hubo agudos conflictos sociales. Los que afectaron a Navarra a fines del siglo XIII tuvieron una dimensin poltica. La conflictividad que generaba la alternativa de acercarse a Francia o a la pennsula culmin cuando los francos de Pamplona, apoyados por tropas francesas, arrasaron la Navarrera, en 1276, sellando el triunfo de la poltica de aproximacin a Francia. ' Despus, en la Baja Edad Media la crisis social sacudi a todo el Pas Vasco. Se manifest en la guerra de bandos de las Vascongadas y, en Navarra, en las luchas entre agramonteses y beaumonteses.

La crisis bajomedieval tuvo en el Pas Vasco su propia dinmica, pero probablemente segua las mismas pautas de la que sufra la sociedad europea. En torno a 1280 los primeros sntomas de estancamiento econmico interrumpieron el crecimiento iniciado a fines del siglo X. Durante el XIV, sobre todo de 1340 a 1370, la crisis fue muy acusada: el hambre y de la peste castigaron a una poblacin excesiva

para una economa en recesin. Los problemas desembocaron en una crisis social. El retroceso de las rentas gener agudas tensiones en el siglo XIV, que se prolongaron durante buena parte del XV. Fue decisiva la actitud de la nobleza, pues para mantener su nivel econmico acentu su presin sobre los campesinos y la burguesa. Adems, abundaron los enfrentamientos entre los nobles. Con el empleo de la violencia en estos tres frentes (campesinos, villas, y las luchas contra otros potentados) intentaban los nobles captar una mayor parte de la produccin, para compensar la disminucin que sta sufra. La evolucin econmica del Pas Vasco coincide, por lo que sabemos, con la del Occidente europeo, bien que con un ritmo propio. En las Vascongadas entre 1280 y 1350 el desarrollo urbano y mercantil coincidi, al parecer, con el deterioro de las rentas agrarias. La depresin se generaliz entre 1350 y 1420. Desde esta fecha, hubo ya una mejora demogrfica y econmica, si bien el campo fue reacio a la recuperacin hasta aproximadamente 1475. Esta evolucin provoc una crisis social de rasgos similares a la europea. En las Vascongadas el episodio mejor conocido es la guerra de bandos, esto es, los enfrentamientos entre los hidalgos, pero abundan las noticias de presiones nobiliares sobre campesinos y villas. Basten algunos ejemplos: en 1353 algunos campesinos entraron a formar parte de Mondragn para evitar los males dapnos furtos fuerzas desaguisados de los hidalgos; la carta-puebla de Mungua, Rigoitia y Larrabeza, de 1376, refiere que los fijodalgos otros poderosos se atreben tomar, robarles. Los nobles presionaban tambin a las villas Salinas de Lniz, Valmaseda y Ordua fueron otorgadas en seoro y se entrometan en actividades mercantiles: por ejemplo, algunos Salazar cobraban impuestos a los barcos que cruzaban Portugalete, contra lo dispuesto en la carta-puebla de Bilbao. Caracteriz a la crisis bajomedieval vascongada la lucha entre los seores de la tierra, la guerra entre oacinos y gamboinos, los dos bandos en que se dividi la nobleza. Los bandos, vinculaciones de rasgos feudales, quizs con reminiscencias gentilicias, se formaban por asociacin de varios linajes, que algunas veces procedan del mismo tronco. La institucin bsica era, as, el linaje, que agrupaba a una extensa comunidad ligada por lazos de sangre y por dependencias personales o colectivas: gran parte de la poblacin, incluso no nobles, se integraba en la estructura de bandos.

Torre de Orgaz, finales del siglo XIV. Fontecha

El Pariente Mayor defenda el patrimonio familiar y tutelaba a los dems miembros del linaje, cuyas propiedades, vida y honor protega. Como titular del solar, smbolo y soporte material del linaje, posea la mayor cantidad de tierras, privilegios y rentas, con ingresos muy diversos, desde los tpicamente seoriales hasta, a veces, los relacionados con el comercio y la industria. Molinos, pastos, montes, ferreras, derechos sobre vasallos, patronatos de iglesias (que le permitan percibir el diezmo

eclesistico) componan una compleja gama de composicin no bien conocida. Del Pariente Mayor dependan parientes, atreguados, encomendados y lacayos. Con la entrada en treguas, uno o ms nobles incluso otro pariente mayor se comprometan a prestarle servicios blicos a cambio de proteccin. Por la encomienda, un vecino o grupo de vecinos se vinculaba al jefe de un linaje, de buen grado o por la fuerza: sus prestaciones econmicas aseguraban a los encomendados el amparo de los parientes mayores. Adems, formaban parte del bando multitud de lacayos, malhechores y salteadores, que los parientes mayores encubran, protegan y utilizaban en sus expediciones.

Las agitaciones medievales que sacudieron el Occidente europeo tuvieron su expresin en el Pas Vasco en las guerras de bandos y en las luchas entre agramonteses y beaumonteses. Torre defensiva (siglo XIV) y palacio de Murga (siglo XVI).

Los vnculos sanguneos entre linajes fueron quizs origen de los bandos, pero su fidelidad no eran incondicional: a veces cambiaban de bando. En Gipuzkoa la rivalidad entre oacinos y gambonos se estruetur a partir de la oposicin de los Gamboa-Olaso y los Lazcano, germen respectivo de ambas parcialidades. En Bizkaia encabezaban a los oacinos los Butrn y los Mujica, y a los gamboinos los Abendao y los Salazar. Por lo dems, la distribucin de ambos bandos, tambin con presencia en Alava, dependi de las decisiones de los Parientes Mayores. Las guerras banderizas comenzaron a fines del siglo XIII. Los motivos de las luchas, muy diversos, slo son inteligibles a partir de la mentalidad medieval. A veces, ocasionaron altercados sangrientos problemas nimios, como el robo de unas castaas o la posesin de una bocina. Era la lucha por el valer ms, por la vala personal y familiar, el no reconocer nunca supremacas ajenas. Pero a veces motivos de ms enjundia sealan mejor el trasfondo de los antagonismos, como las disputas por la herencia del seor de Ayala, el Seoro de Orozco o el de Marquina. Y si en una villa vivan uno o ms linajes, la lucha por el poder municipal origin numerosos incidentes, como sucedi en Bergara, Deba, Mondragn, Lekeitio, Bermeo o Bilbao.

Enrique IV, titulado rey de Navarra y Francia, tenia como divisa Navarra sin miedo. Era un vestigio del periodo iniciado en el siglo XIII en el que el Reino de Navarra estuvo en el rea de influencia de las dinastas francesas.

Las luchas llegaron a ser muy violentas, a veces con gran nmero de hombres: a la batalla de Elorrio Juan Alonso de Mujica llev 4.000; en 1414 Alonso de Mjica acudi a la de Mungua con 1.500, mientras su oponente, Gonzalo Gmez de Butrn, mandaba a 800. La inseguridad se adue de todos los rdenes de la vida. Algunos labradores huan, para engrosar el bandolerismo; otros, solicitaban la creacin de villas amuralladas. Pero hubo una reaccin ms general. El rey impuls la formacin de Hermandades para acabar con los banderizos, conforme al modelo de Castilla, compuestas por campesinos, habitantes de las villas y algunos hidalgos. Las villas donde, por ser de realengo, era ms inmediata la accin del soberano tuvieron la mayor participacin: formaron las primeras Hermandades provinciales. A fines del siglo XIV, sin embargo, toda la tierra vascongada se iba integrando en ellas. En el XV se dotaron de una slida organizacin. Contribuyeron a que las provincias se convirtiesen en comunidades polticas: en su seno nacieron las primeras legislaciones de corte foral. Las Hermandades protagonizaron el ataque a la hegemona banderiza. La primera campaa general la dirigi Gonzalo Moro, corregidor del rey, que en 1390 encabez a la Hermandad vizcana contra los Parientes Mayores. En 1394 junto a la Junta de Gernika y en 1397 con la de Getaria elabor severas ordenanzas y organiz la justicia con duras disposiciones, que castigaban con la muerte a los ladrones y, tambin, a sus encubridores. No acabaron las agitaciones, que llegaron a su punto culminante en 1448, cuando los bandos quemaron Mondragn. Se reorganiz entonces la Hermandad gipuzkoana, que entre 1451 y 1456 destruy muchas casas fuertes y expuls a algunos Parientes Mayores. En respuesta, los bandos desafiaron a ocho villas. Provocaron as la definitiva ofensiva de la Hermandad, dirigida personalmente por Enrique IV.

Destierros, confinamientos, destrucciones de casas fuertes acabaron por fin con la hegemona de los bandos en Gipuzkoa. A peticin del banderizo Lope Garca de Salazar, confinado por sus hijos, y de mercaderes burgaleses y vizcanos, perjudicados por los robos, Enrique IV envi a Bizkaia al conde de Haro, para acabar con los bandos. No lo consigui, pues en 1471 le derrotaron los Mjica y los Abendao. El ocaso banderizo en Bizkaia se produjo con los Reyes Catlicos, que a instancias de Bilbao enviaron a Garci-Lpez de Chinchilla. Su Ordenamiento, de 1487, rompi el equilibrio de fuerzas a favor de las villas, al colocarlas bajo el control de la corona.

Pacificacin de los bandos Oacino y Gamboino ante el corregidor Gonzalo Moro.

Todo indica que en las Vascongadas estos conflictos acabaron con la victoria al menos parcial de las Hermandades, a lo que contribuyeron la mejora econmica y la fuerza que adquiran las villas, por el desarrollo comercial. Los Parientes Mayores conservaron algunos privilegios, pero al establecerse la hidalgua universal terminaron en Bizkaia y Gipuzkoa las diferencias jurdicas entre hidalgos y labradores. En Navarra, la crisis social de la Baja Edad Media sigui una dinmica diferente. Hubo tensiones como las del Occidente europeo, con presiones seoriales sobre villas y campesinos, pero lo ms relevante fue el enfrentamiento entre nobles, que present caractersticas singulares. Tuvo connotaciones polticas, al entremezclarse con un problema dinstico en el que se jugaba el destino del Reino. Adems, la hegemona nobiliar no gener una respuesta organizada, slo reacciones aisladas, como la de los campesinos de Falces, que en 1337 atacaron al infante Luis, gobernador del Reino; el deterioro de la monarqua impidi que el rey encabezase iniciativas colectivas como la de las Hermandades, de modo que las agitaciones no terminaron por su accin, sino por la intervencin exterior. La prdida de identidad de la monarqua condicion la lucha entre agramonteses y beaumonteses, los dos bandos en que se dividi la nobleza. Desde el siglo XIII, con la corona en dinastas francesas, Navarra se subordinaba a intereses exgenos: los franceses copaban la administracin, el rey intervena en la Guerra de los Cien Aos. Y despus del fecundo, pero excepcional, reinado de Carlos III (13871425), el rey, Juan II, particip corno un noble ms en las agitaciones nobiliarias de Castilla. As, el marco

de los problemas que se sucedan en la Navarra bajomedieval sobrepasaba sus fronteras. Influyeron en las agitaciones navarras del siglo XV las polticas de otros reinos. Situada entre las poderosas Castilla, Aragn y Francia, los reinos limtrofes quisieran influir en Navarra, para incorporar o subordinar este enclave estratgico. Tuvieron xito, por la debilidad de la monarqua y las disputas internas. Unas veces, los propios reyes se apoyaron en facciones forneas; otras, los reinos limtrofes encontraron apoyos en los bandos navarros. Adems, los reyes no intentaron, corno en otros reinos, fortalecer el poder real en detrimento de la nobleza, sino que participaron en sus contiendas. Un problema dinstico desencaden la guerra. El testamento de doa Blanca, muerta en 1441, nombraba heredero a su hijo don Carlos, el Principe de Viana, pero le exiga que no se titulase rey sin permiso de su padre. Don Juan, empeado en las luchas nobiliares castellanas, no lo otorg, y retuvo el gobierno. Estall un conflicto que se complic al heredar don Juan la corona de Aragn; el Prncipe de Viana era su primognito, por lo que los territorios de Aragn se vieron afectados por el mismo problema. Las disensiones que haba en la nobleza navarra, cuyos dos bandos se haban enfrentado ya, se reprodujeron a gran escala, por el apoyo a don Juan o a don Carlos. A ste secundaron los Beaumont, que dieron nombre a su bando. La faccin opuesta lo recibi de los Agramont. Ambas familias eran de la Baja Navarra, pero su antagonismo sacudi a todo el Reino, dividido en dos por las impredecibles aspiraciones de los nobles. Casi toda la Montaa, Pamplona, Olite y algunas villas ribereas (Lern, Lesma, Mendoza y Arellano) eran beaumonteses. La Ribera era el principal baluarte de los agramonteses, que contaban con Estella y Tudela. De los valles pirenaicos, slo se alineaba con ellos el Roncal, pero era un punto vital, pues les comunicaba con el conde Foix, aliado de don Juan. La guerra civil se desarroll de forma favorable a los agramonteses. Don Juan ostent la corona hasta su muerte, en 1479. Despus, agramonteses y beaumonteses apoyaron distintas alternativas dinsticas. Las disensiones favorecieron las interferencias exteriores. Terminaron en 1514, con la conquista de Navarra por Fernando el Catlico. En guerra con Francia, el rey castellano-aragons invadi el Reino al estimar que apoyaba a los franceses. Tena el apoyo beaumonts: en el ejrcito castellano marchaban significados miembros de este bando. Concluyeron as las disputas nobiliares, y, con ellas, la independencia de Navarra. Las Cortes juraron a Fernando como rey. En 1516, cuando doa Juana y Carlos I heredaron la corona, se especificaba que tendran a Navarra como reyno de por s, de forma que mantendra sus peculiaridades polticas. Durante la Baja Edad Media se crearon los regmenes forales, que regularon la vida de los cuatro territorios: establecan su organizacin poltica e incluan variadas disposiciones, desde las econmicas y sociales hasta un derecho civil especfico, que slo falt en Alava. En las villas slo se aplicaron en parte, pues se organiza ban por sus propios fueros, que les otorgaban adems el derecho civil comun. La foralidad vasca desarrollaba los mismos principios que tenan los mltiples fueros nacidos por entonces en los reinos peninsulares, que reproducan los del

Occidente europeo. Eran usos y costumbres convertidos en ley por el reconocimiento real, conforme a las concepciones medievales: el ordenamiento poltico se basaba en el compromiso entre reino y monarca, en un pacto por el cual el poder de ste se supeditaba a la observacin de fueros, usos y privilegios.

Grabado que representa la batalla de Pavia, 1525, en la que el gipuzkoano Juan de Urbieta apres al rey francs. En el siglo XVI, los vascos participaban activamente en la Administracin y el Ejrcito de la Monarqua.

Formada tempranamente una monarqua, los Fueros de Navarra se promulgaron los primeros. Las tensiones entre Teobaldo I y la nobleza forzaron a clarificar las obligaciones de rey y sbditos, ponindolas por escrito en 1238. Al llamado Fuero Antiguo se aadieron en el siglo XIII diversas disposiciones (los fueros de Estella y Pamplona, usos locales y ordenanzas). En conjunto formaban un cuerpo jurdico de gran prestigio, que reformaron las Cortes de 1330, a instancias de Felipe de Evreux, en el Amejoramiento de Don Felipe. Con algunas ampliaciones, fue el Fuero General que pervivi tras la conquista castellana. Lo completaron Reales Cdulas y leyes elaboradas por las Cortes y sancionadas por el rey. Las Hermandades formadas contra los banderizos fueron el marco en que se promulgaron los fueros de las Vascongadas. Tras varias disposiciones destacan las que en Gipuzkoa y Bizkaia promovi Gonzalo Moro a fines del siglo XIV, los primeros cdigos completos se elaboraron a mediados del XV. Fueron el Fuero Viejo de Bizkaia de 1452, los Cuadernos Viejo y Nuevo de la Hermandad de Gipuzkoa de 1457 y 1463; y el Cuaderno de la Hermandad de Alava de 1463 Trevio, un siglo antes donado por el rey en seoro, qued fuera de la Hermandad. Formaron parte de los Fueros de Gipuzkoa y de Alava, tambin, Reales Cdulas y ordenanzas elaboradas por las Juntas y aprobadas por los monarcas. En Alava rega adems la escritura de 1332, que describa la situacin social y generalizaba en la provincia el Fuero Real (el derecho comn). En Bizkaia, la legislacin se actualiz en 1526, en el Fuero Nuevo, acabadas las luchas banderizas, pues muchas de las duras disposiciones de 1452 eran ya innecesarias.

IV. LA EDAD MODERNA Caracteriz al Pas Vasco de la Edad Moderna la subsistencia del sistema foral creado en el Medievo. Mientras, en Espaa, desaparecan los dems fueros, de origen y principios polticos similares, el Pas Vasco se rigi por estas legislaciones durante los siglos en que se construa la monarqua absoluta. A la singularidad poltica se una una estructura productiva atpica. La agricultura de la vertiente cantbrica, escasa en vino y cereales, no consegua una produccin suficiente para toda la poblacin. Por contra, la industria y el comercio presentaban un desarrollo notable, que serva para paliar el dficit de subsistencias. As, la economa del Pas Vasco tena rasgos modernos (debilidad del sector primario y desarrollo del secundario y terciario), acentuados con el paso del tiempo. La sociedad vasca del Antiguo Rgimen presentaba tambin notas singulares, al menos en Bizkaia, Gipuzkoa y norte de Alava y Navarra: no se divida en los estamentos caractersticos de la Edad Moderna, que distinguan entre nobleza, clero y tercer estado sin privilegios. La hidalgua universal, impuesta a fines de la crisis bajomedieval, generalizaba el estatus privilegiado de nobles, y supona internamente la igualdad jurdica, una circunstancia excepcional en el perodo. As, la sociedad no se jerarquizaba de forma estamental, sino por la posicin dentro del aparato productivo. En esto el Pais Vasco presentaba tambin caracteres modernos. De otro lado, el mbito rural y el urbano tenan sus propias estructuras internas y criterios de diferenciacin social. En el primero, la concentracin de la propiedad de la tierra, entre otras formas de dominio, permita la hegemona de los jauntxos, la nobleza rural; en las ciudades, las variadas situaciones generadas por la economa urbana destacaban a la burguesa mercantil como grupo dominante. Los fueros vascos Los Fueros definan el ordenamiento jurdico y poltico del Pas Vasco durante el Antiguo Rgimen. Los fueros vascos compartan algunos principios comunes, pero eran diferentes en cada provincia, por rango y contenido. A veces, sus peculiaridades separaban hondamente las distintas foralidades, pues no hubo uniformidad institucional o normativa. An as, durante la Edad Moderna se asent la idea de que los fueros de las Vascongadas coincidan en aspectos esenciales, mientras se entenda a los fueros navarros como una realidad diferente. La distincin no era arbitraria. El rango de monarqua que tena Navarra implicaba, adems de un mayor desarrollo institucional, una legitimidad distinta. La organizacin poltica, por ejemplo, justifica tanto la distincin entre Navarra y las Vascongadas como la afirmacin de la identidad foral de Bizkaia, Gipuzkoa y Alava. En estas tres provincias los organigramas forales (basados en el esquema de Juntas Generales-Diputaciones) presentaban similitudes. Diferan radicalmente del sistema navarro de Cortes, Diputacin y Consejo Real, equiparable al de los Reinos nacidos en el Medievo.

Torturas de la Inquisicin. La Inquisicin persigui durante siglos (hasta comienzos del XIX) las desviaciones de costumbres, as como las religiosas y polticas.

Este entramado legal se basaba en los Cdigos Forales, que, sin embargo, no reglamentaban toda la organizacin poltico-administrativa. No siempre recogan por escrito aspectos fundamentales, sobre todo en las Vascongadas; a veces slo

mencionan instituciones tan bsicas como el Corregidor o las Juntas Generales, sin detallar su papel o funcionamiento. Tales materias, y otras muchas, no las regulaba una concreta norma legal, sino la tradicin. Esta lgica reproduca el proceso por el que se cre el sistema: los fueros deban su rango de ley al reconocimiento real, pero tenan un origen consuetudinario. Sobrevivieron, por tanto, las concepciones pactistas bajomedievales. Su originalidad resida no en los principios que los animaban, sino en su pervivencia con la monarqua absoluta, basada en teoras diferentes. Con todo, la foralidad no cuestionaba al absolutismo, sino que especificaba, adems de normas que regan la vida de la comunidad, la forma en que el soberano ejerca su poder supremo. Por eso, parte de los Fueros la compusieron diversas Cdulas y Ordenanzas promulgadas por el rey. En el ejercicio del poder participaban representantes del rey y autoridades que designaban las entidades locales. Cada mbito tena sus funciones. En Navarra encarnaban al poder real el virrey y el Consejo Real. Los delegados del rey en Gipuzkoa y Bizkaia eran los corregidores. En Alava no haba una autoridad similar; segun la prctica foral, el diputado general asuma la representacin real, pero sin las atribuciones de los corregidores. La participacin de los delegados reales en la vida poltica y administrativa de las provincias vascas constitua una pieza bsica del rgimen foral, no una intromisin que alterase su contenido y significado. Una de sus competencias fundamentales era la administracin de justicia, impartida en nombre del rey. Se atena al derecho civil foral donde estaba vigente. En casi toda Alava rega el Fuero Real y las autoridades judiciales eran similares a las de Castilla. Por lo dems, en Navarra el virrey asuma la representacin del monarca, a quien la foralidad adjudicaba el poder supremo. Ostentaba el gobierno de Navarra y era el eje de la vida poltica del Reino. En Gipuzkoa y Bizkaia los corregidores tenan tambin atribuciones polticas y administrativas. Al participar en los rganos representativos intervenan en la toma de decisiones, con funciones de control, inspeccin o arbitraje. Presidan en Gipuzkoa y Bizkaia las Juntas Generales, cuyas decisiones deban avalar. En Bizkaia formaban parte, adems, de la Diputacin, con la que colaboraban en Gipuzkoa. De otro lado, controlaban la vida municipal, pues los Ayuntamientos tenan que rendirles cuentas; cualquier impuesto municipal requera su aquiescencia. En Alava el diputado general presida las Juntas, pero el control de los Ayuntamientos corresponda al poder central. Esta funcin la ejerca en Navarra el Consejo Real, que fijaba, adems, los requisitos para acceder a cargos municipales. Completaban el organigrama foral las instituciones designadas localmente. En las Vascongadas las Juntas Generales ocupaban el lugar central de esta estructura administrativa, papel que en Navarra ejercan las Cortes. Componan las primeras junteros designados por los municipios. Las Cortes de Navarra las formaban tres brazos estamentales.

Grabado que ilustra el libro de Pierre de Lancre Tableau de l'inconstance, Paris, 1612, del polaco Jane Ziamko. Pierre de Lancre, de ascendencia vasca (su apellido era Rosteguy) fue uno de los jueces ms drsticos en sus veredictos sobre supuestos casos de brujera. Para Julio Caro Baroja sus libros sobre el tema merecen el siguiente comentario: ... saqu la impresin de que deba ser un espritu vulgar y adocenado con bastante cultura humanstica y una falta absoluta de criterio....

Las Juntas se reunan peridicamente. Resolvan conflictos entre entidades locales, establecan las directrices de la administracin provincial, planificaban la construccin de caminos (que ejecutaban los municipios, encargados tambin del orden publico, bajo la direccin de los rganos forales), definan los impuestos provinciales, votaban los donativos al rey y nombraban diversas autoridades (diputados, regidores, escribanos, secretarios, sndicos), que desarrollaban sus decisiones o ejercan algunas competencias forales. Decidir sobre el pago de impuestos era, tambin, una atribucin fundamental de las Cortes navarras; puesto que no se reunan con periodicidad, sino a convocatoria del rey, ste sola congregarlas cuando apretaban las necesidades de la Hacienda; podan, adems, elaborar pedimentos de ley, esto es, propuestas legislativas que entraban en vigor si reciban la sancin real. Las Cortes de Navarra eran estamentales. En el brazo eclesistico figuraban el obispo de Pamplona y las autoridades de diversos monasterios; en el militar, representaban a la nobleza los caballeros a los que el rey conceda este privilegio, anejo a veces al ttulo; el popular lo componan delegados de las localidades que tenan tal autorizacin (pasaron de 27 a 38 a lo largo de la Edad Moderna); los designaban los ayuntamientos. Por contra, en las Juntas Generales de las Vascongadas todas las localidades tenan alguna representacin. Por lo comun, en los pueblos pequeos a los junteros los elegan entre todos o gran parte de los vecinos, mientras que en los de poblacin numerosa slo intervenan el Ayuntamiento o algunos vecinos. Esto favoreca la aristocratizacin de las Juntas, consagrada por los requisitos que deban cumplir los junteros, pues se les exiga un determinado nivel de bienes races o de rentas, as como saber leer y escribir en castellano, lo que reservaba el cargo a una lite local. El sistema foral defina un rgimen de autogobierno limitado. Correspondan al rey las principales decisiones, pero los rganos provinciales tenan importantes atribuciones. Eran autnomas en lo administrativo, aunque sus disposiciones requeran la sancin real. Tenan incluso cierta participacin en el poder legislativo, en Navarra

por la capacidad de las Cortes de pedir leyes, y en las Vascongadas en virtud del pase foral, un mecanismo que quera garantizar que las rdenes reales se ajustasen al fuero. Si los rganos locales estimaban que una orden no respetaba la foralidad, podan devolverla mediante la frmula se obedece pero no se cumple.

Enrique IV jur el Fuero de Bizkaia en Guernika el 2 de marzo de 1457, bajo amenaza de "no recibir ni obedecer sus cartas".

El mecanismo del pase foral no era cortapisa definitiva a las decisiones del poder central. Devuelta la orden considerada desafuero, si el rgano que la promulgara estimaba que no vulneraba la foralidad, se aplicaba, tras el segundo mandamiento: as se especificaba en 1703, cuando el pase foral se extendi a Alava, en una Real Cdula que describa similar mecanismo para Gipuzkoa. El Fuero de Bizkaia de 1526 prevea, por contra, que la orden que fuese contrafuero sea obedecida y no cumplida ni en primera ni segunda ni tercera fusin (mandamiento), si bien en la prctica del siglo XVIII el pase funcionaba en Bizkaia como en las otras dos provincias. Similar institucin exista en Navarra, con el nombre de derecho de sobrecarta: dificultaba la transgresin del fuero, pero no coartaba la soberana del rey, pues lo ejerca el Consejo Real, un rgano cuyos miembros designaba el monarca. De esta forma, el rgimen de autogobierno limitado que exista en las provincias vascas quedaba definido en los siguientes trminos: Plena autonoma administrativa, sin ms lmites que la supervisin de los representantes del poder central, su control de las economas municipales y la necesaria sancin real a las decisiones de los rganos provinciales. 2. Un poder judicial en manos de los rganos delegados del rey, ajustado al derecho foral donde rega. 3. Una participacin local en el poder legislativo, en las Vascongadas de carcter negativo (capacidad de oponerse a una disposicin que afectaba a materias previstas por el fuero, pero no la de elaborar leyes), por el veto suspensivo que supona el pase foral, y positivo en Navarra, por la iniciativa legislativa a que equivala el pedimento de ley.
1.

4.

5.

Un poder ejecutivo en las Diputaciones para el desarrollo de las decisiones de Cortes o Juntas Generales. La aplicacin de la legislacin promulgada por el poder central en las cuestiones no afectadas por la foralidad.

Las previsiones econmicas de los Fueros respondan a la debilidad agrcola y a la necesidad de importar subsistencias, y protegan los sectores secundario y terciario, esenciales en este modelo econmico. Se buscaba el abastecimiento con la libre importacin de consumos, la prohibicin de su reexportacin y la exigencia de que desembarcaran parte de su carga los buques que recalasen con vituallas. Para proteger las ferreras, que jugaban un decisivo papel, se prohiba exportar mineral de hierro y carbn vegetal. Con estos lmites los Fueros establecan la plena libertad econmica, eliminando trabas para el comercio e impidiendo los monopolios. Diversas normas establecan la exencin fiscal. Sobrevivan principios impositivos de la Edad Media, cuando el rey tena dos tipos de ingresos, los ordinarios y los extraordinarios. Los primeros eran ya casi irrelevantes: slo alcanzaban alguna entidad los derechos de ferreras en Bizkaia, la alcabala en Alava y el impuesto de tablas, sobre la exportacin, en Navarra. Las principales contribuciones a la Hacienda Real se realizaban, as, por via extraordinaria, esto es, en rgimen de donativo voluntario, a conceder previa solicitud del rey. La exencin fiscal imposibilitaba que se generalizase en el Pas Vasco el rgimen impositivo comn. El pago de donativos y la financiacin de la administracin local generaron cuadros fiscales propios y diferentes en cada provincia, determinados por las instituciones locales. La libertad econmica y el principio de exencin fiscal hicieron del Pas Vasco una zona de libre comercio y baja presin impositiva, que contribuyeron al desarrollo mercantil. Colaboraba a ello la ubicacin de las aduanas que no estaban en la costa, sino en el interior. Los Fueros de las Vascongadas prevean la exencin del servicio militar, que los de Navarra slo disponan para la nobleza (an as, no hubo levas en el Reino). No era un principio absoluto: cada provincia deba prestar el servicio militar en tiempo de guerra, cuando afectara a su territorio; para prestarlo fuera de la provincia se necesitaba el acuerdo de las Juntas. De otro lado, las localidades portuarias participaban en el servicio militar martimo aun en tiempo de paz. La legislacin foral inclua, tambin, un derecho civil. No rega en todo el territorio: en casi toda Alava (excepto en el valle de Ayala) y en las villas y ciudades que haban recibido en su carta-puebla un fuero especfico, la legislacin civil era similar a la de Castilla, construida a partir del derecho romano. El derecho foral, vigente en zonas rurales, buscaba la conservacin del casero como la base econmica de la sociedad. El individuo no tena plena capacidad de disponer sobre sus bienes, pues no podan salir de la familia a la que pertenecan. Se quera, as, evitar la enajenacin y la divisin de la heredad, y asegurar el mantenimiento de unos niveles de produccin suficiente. Las instituciones ms caractersticas de este derecho civil eran la troncalidad (dificultaba que los bienes pasaran a otras personas), la libertad de testar (heredaba el

hijo al que se considerase ms adecuado, quedando apartados los dems) y la comunicacin de bienes entre marido y mujer (los bienes que aportasen eran comunes a ambos si tenan hijos).

La negociacin de los Conciertos Econmicos llevaba a la colaboracin de las diputaciones de Alava, Gipuzkoa y Bizkaia. En la fotografia, los miembros de la Comisin que nombraron las tres diputaciones para negociar el Concierto de 1906. Madrid. Fot. Antonio Cnovas del Castillo y Vallejo, Kaulak.

En las Vascongadas el sistema poltico consagraba la hegemona rural, con la preeminencia de los jauntxos, pero la burguesa mercantil tena una participacin significativa en el poder. As lo muestran los organigramas forales de cada provincia. Las Juntas Generales de Bizkaia se reunan en Gernika cada dos aos, adems de las convocatorias extraordinarias si lo exigan las circunstancias. A fines del siglo XVIII las formaban 101 representantes: 72, de las anteiglesias de la tierra llana, es decir, de los pueblos de la Bizkaia nuclear (todo el Seoro menos las Encartaciones y el Duranguesado) que no tenan el estatus de villa; 21, de las villas y ciudad; I, de las Encartaciones (que tenan su propia forma de organizacin en las Juntas de Avellaneda); 1, del Duranguesado (en el mismo caso, celebraba sus juntas en Gerediaga); 6, de los concejos encartados que obtuvieron el privilegio de enviar junteros. La representacin era abrumadoramente rural. El principal enclave urbano, Bilbao, con el 10 % de la poblacin, tena slo un voto de los 101. En los rganos ejecutivos nombrados por las Juntas Generales se atenuaba la distorsin que primaba a los municipios rurales. En ellos Bilbao tena mayor influencia que en las Juntas. Eran fundamentalmente dos instituciones: el Regimiento y la Diputacin General. El primero, compuesto por el corregidor, doce regidores, dos letrados, dos escribanos y dos sndicos, asuma las funciones de la Junta cuan do no estaban reunidas. En cuanto a la Diputacin, formada en el XVIII por el corregidor y seis diputados, desarrollaba los acuerdos junteros. En la prctica, la Diputacin tomaba. las principales decisiones cotidianas y diriga la administracin de la provincia. En ella la burguesa urbana tenan un peso decisivo. Resida en Bilbao, como el corregidor, y su propio origen traduca la preeminencia bilbana. Naci por las dificultades de reunir a los 19 miembros del Regimiento: se decidi que asumiesen sus funciones los regidores que viviesen en Bilbao, lo que fue el germen de la Diputacin. En Gipuzkoa los junteros procedan tambin mayoritariamente del campo, pero la votacin fogueral atenuaba el desequilibrio entre la importancia de una localidad y su

peso poltico. En sus Juntas Generales (que con carcter ordinario se reunan una vez al ao en una de las 18 villas que rotaban en un orden fijado a fines del siglo XV) no corresponda un voto a cada juntero, sino tantos como vecinos tena la localidad que representaba, segn un cmputo establecido por la tradicin:10 de los 63 junteros alcanzaban la mayora. Por otra parte, la composicin del gobierno provincial privilegiaba a San Sebastin, Tolosa, Azpeitia y Azcoitia, las cabezas de los partidos judiciales en las que alternativamente, por trimestres, resida el corregidor. Conforme rotaba ste, lo haca la Diputacin General Ordinaria, cuya composicin cambiaba. Las Juntas slo designaban a dos de sus miembros, al diputado general y su adjunto, que deban ser vecinos de las cuatro villas mencionadas y que ejercan el cargo mientras el corregidor resida en su localidad, formando la Diputacin junto a los dos principales cargos municipales. Tambin exista desde 1748 la Diputacin Extraordinaria, que se reuna dos veces al ao, si haba cuestiones graves. La componan once personas: los cuatro de la Diputacin General en ejercicio, los otros tres diputados generales que la presidan por turno y cuatro diputados elegidos por los pueblos de la provincia, uno por partido.

El pretendiente Carlos VII en Gernika.

Las Juntas Generales de las Hermandades de Alava se reunan dos veces al ao, en Vitoria y en Arriaga. Eran mayoritariamente rurales, como las Juntas Particulares (compuestas por el diputado general y seis representantes de las cuadrillas en que se agrupaban las hermandades), pero este hecho tena menos relevancia que en las provincias costeras, por el menor desarrollo urbano. En todo caso, la importancia de Vitoria, el principal centro mercantil, se reflej polticamente, al ser la residencia del diputado general o maestre de campo que, elegido por las Juntas, diriga la administracin provincial. El organigrama poltico de Navarra era radicalmente diferente al de las Vascongadas. De principios similares a los de los dems reinos espaoles nacidos en la Edad Media, sus principales instituciones se crearon en el Medievo, de forma que desde fechas muy tempranas quedaron definidas sus competencias y la forma en que haban de designarse. Las caractersticas ms destacadas del rgimen poltico navarro eran las siguientes: el amplio desenvolvimiento poltico e institucional de la legitimidad proveniente del poder real; el carcter estamental de las instituciones representativas;

la decisiva intervencin del rey en el nombramiento de quienes podan estar presentes en las Cortes; y el mermado papel que jugaban en el proceso poltico las instituciones provenientes del mbito poltico local, circunscritas a lo administrativo, al pedimento de ley y a la decisin sobre los donativos y la forma de recaudarlos. Para paliar el absentismo real se institucionaliz desde el siglo XVI la figura del virrey, que asuma las funciones del monarca: ostentaba el mando militar, convocaba las Cortes, presida el Consejo Real y designaba a los alcaldes, entre otras atribuciones. El Consejo Real de Navarra el nico Consejo de la monarqua que no resida en Madrid lo formaban siete personas designadas por el rey: un regente (el virrey) y seis consejeros, de los que al menos tres tenan que ser navarros. Las Cortes se reunan a convocatoria del rey, que poda ponerles un plazo fijo para sus debates, o incluso cerrarlas, lo que no sucedi hasta 1801. Deliberaban los tres brazos reunidos, pero cada estamento votaba por separado. Cualquier decisin requera la unanimidad de los tres brazos. El rgano ejecutivo delegado de las Cortes era la Diputacin. Desde 1678 contaba con siete miembros: dos los nombraba el brazo militar, dos el popular y los otros dos la ciudad de Pamplona. Al votar, tenan peso diferente: los dos del brazo popular contaban con un slo voto, lo mismo que los designados por Pamplona. Las competencias de la Diputacin navarra se limitaban a la ejecucin de lo que expresamente les encargaban las Cortes. Por ello, el cobro de los impuestos para pagar el donativo constitua el nucleo de su actuacin. Prosperidad demogrfica y econmica Aunque hubo mortalidades catastrficas, como la peste de 1530, en los dos primeros tercios del XVI continuaba la expansin demogrfica iniciada en el siglo anterior. Las Vascongadas, con algo ms de 60.000 habitantes por provincia, tenan una densidad Inedia de unos 30 ha./Km2., relativamente alta (la de Castilla era de 18 ha./Km2), muy superior a la de Navarra (con unos 145.000 habitantes en 1553), en torno a los 12 ha./Km2. Coincida esta expansin con una etapa de auge econmico, en la agricultura, la industria, el comercio y la pesca. La agricultura, que empleaba a la mayor parte de la poblacin., presentaba gran heterogeneidad.

Grabado de Calixto Ortega: "Manual del viajero en las Provincias Vascongadas por un vascongado" (1847).

La de la vertiente cantbrica viva una fase de transicin. Las rentas comenzaban a fijarse en cereal, pero an haba multas en ganado y se protega al roble, haya, castao o manzano: la agricultura estaba sustituyendo a la explotacin preferente de bosque y ganado, si bien persisti el dficit de subsistencias. La roturacin de bosques, pastos y pomaradas, habitual desde el siglo XV, permiti la expansin del mijo, un cereal pobre. En retroceso, pero an con importancia, estaba la produccin de manzana y de chacol. La vid, que se extendi por Bizkaia y Gipuzkoa en el siglo XIV, produca una cantidad de chacol insuficiente para la demanda de ambas provincias. De ah que se importase vino de la Rioja y la Ribera. Su consumo redujo la necesidad de sidra, y permiti roturar las pomaradas. La vertiente mediterrnea produca, por lo comn, subsistencias suficientes para la poblacin. La agricultura de Alava era, en conjunto, pobre, pero dos comarcas solan ser excedentarias, la Llanada, de orientacin cerealista, y la Rioja alavesa, que se estaba especializando en la produccin de vid, complementada con cereales. Mayor diversificacin presentaba Navarra. Adems de trigo, produca cebada, avena, mijo y, en el sur, vid y oliva. La canalizacin de las aguas del Ebro o el uso de pantanos correspondan a una agricultura evolucionada, con comarcas excedentarias en vino, aceite o trigo. Tambin se exportaba lana, producida por la trashumancia realizada desde los valles pirenaicos. En conjunto, durante el XVI la produccin agraria creci en las Vascongadas en torno al 30 %. En Alava se generaron mayores excedentes y en Bizkaia y Gipuzkoa no se agrav el dficit de subsistencias, pese al desarrollo demogrfico. La expansin fue similar a la de toda la pennsula, pero acentuada por las transformaciones de la vertiente norte. El equilibrio econmico de Bizkaia y Gipuzkoa dependa en parte de las ferreras. La exportacin del hierro elaborado permiti importar subsistencias. Los campesinos complementaban sus ingresos en las ferreras o en las labores derivadas de ellas. Las ferreras pocas veces empleaban una docena de personas, pero generaban

numerosas actividades, para preparar la fundicin y dar salida a sus productos: el cuidado y tala del arbolado, la elaboracin de carbn vegetal, la extraccin de hierro, su transporte hasta la ferrera, el de los elaborados a las renteras (las lonjas donde se vendan), el trabajo de herreros o forjadores, la construccin naval. Las ferreras, al principio situadas en los montes (cuando slo usaban la fuerza humana), se ubicaron en los valles fluviales desde que en el siglo XV empleaban la energa hidrulica. Esta se aplic primero a los fuelles que insuflaban aire para mantener el fuego y, despus, a comienzos del XVI, a los martinetes que golpeaban los tochos eliminando las escorias.

Pintura sobre tabla procedente de Legazpia, que representa un milagro que se haba producido en la ferrera de Mirandaola. Reproduce la indumentaria de los ferrones y el utillaje utilizado en las ferreras.

Se explotaron diversas minas, como las del valle del Bidasoa, Peas de Aya, Aitzgorri, Udala, Araya, Maeztu, Santa Cruz del Fierro o el valle de Zuya, pero la mayora de stas no podan abastecer con continuidad a las ferreras. As, las de Somorrostro fueron el principal suministro de mineral. De all se transportaba, en mulas o por mar, a las ferreras. Por su importancia econmica, el sector estaba muy protegido. Adems de la prohibicin de exportar vena y carbn vegetal, cabe sealar la preferencia en el uso de bosques comunales o la existencia de una jurisdiccin especfica. El alcalde de ferreras, nombrado por los dueos de las ferreras de una comarca, entenda en los litigios, suscitados por los transportes o por la explotacin del bosque, y, sobre todo, de

los ros. En el siglo XV y gran parte del XVI las ferreras conocieron una notable expansin, al aumentar las demandas agraria (aperos de labranza), de origen blico (armas, armaduras) y de los astilleros (anclas, clavos). En 1550 se deca que en Bizkaia y Gipuzkoa haba 300 ferreras, una cifra excepcional, no mencionada ni antes ni despus. Buena parte de la produccin se enviaba al exterior, a la pennsula o al norte de Europa. Las 300 ferreras que menciona Pedro Medina estaban dispersas por toda Bizkaia y Gipuzkoa. Unas 180, en el Seoro, especialmente concentradas en Baracaldo, en el lbaizbal y en el Cadagua. Gipuzkoa superaba las 100, en el Oria, Urola y Deba. La produccin gipuzkoana era, al parecer, la ms importante. En el valle del Deba, que se especializ pronto en la siderurgia, se instalaron las mayores ferreras. No faltaron en Alava, que a la sazn contaba con unas 20, ni en Navarra, en el valle del Bidasoa. donde slo las de propiedad real eran 28 a fines de la Edad Media. La slida implantacin de varios circuitos comerciales caracterizaba al Pas Vasco del perodo. A caballo entre Francia y Castilla, entre Aragn y el Cantbrico, era necesario punto de paso para diversos intercambios. Adems, la necesidad de importar consumos para Bizkaia y Gipuzkoa y la exportacin del hierro de las ferreras impulsaron el desarrollo mercantil. El trfico ms importante era el de la lana de Castilla. El circuito arrancaba de las ferias castellanas, entre las que descollaba la de Medina del Campo. Por Burgos, se llevaban las lanas a los puertos del Cantbrico, y de stos, por mar, a Flandes. En el viaje de retorno se importaban paera flamenca y otras manufacturas. No faltaron viajes a Inglaterra y a Francia. Similar era el circuito que generaba la lana navarra, que sala por Gipuzkoa, sobre todo por San Sebastin. Junto a la lana, los buques vascos llevaban al norte de Europa el hierro de las ferreras. Aunque movilizaban menos capitales, otros flujos mercantiles eran imprescindibles para la economa del Pas: el trfico minero desde Somorrostro a las ferreras; el transporte del cereal que abasteca a Bizkaia y Gipuzkoa, habitualmente desde la Llanada alavesa, Navarra, la Tierra de Campos y la Bureba, aunque en aos de escasez se traa de Andaluca, del interior de la meseta o de Francia; importancia local tena, tambin, el comercio de vino de Navarra a Gipuzkoa y de la Rioja a Bizkaia. As, los viajes de arrieros y marinos conectaban al Pas Vasco con el exterior. Castilla la Vieja, Aragn, el litoral peninsular y los puertos franceses, ingleses y flamencos formaban su rea de influencia mercantil. Diversos puertos participaron en el trfico, pero pronto San Sebastin y Bilbao canalizaban la mayor parte. Los principales caminos del comercio con Castilla eran, en el XVI, los siguientes: el que penetraba por Valmaseda y por el Cadagua comunicaba con el Nervin; la senda que, desde Miranda o Vitoria, se diriga a Bilbao por Ordua; el camino tradicional que, por San Adrin, atravesaba Cegama y Segura y una a Vitoria con Gipuzkoa. Esta infraestructura era una evolucin de las rutas jacobeas medievales, bien que potencindose los tramos que unan a Bizkaia y Gipuzkoa con el interior. Dos accesos de la meseta a la costa, los de San Adrin y Valmaseda, existan a comienzos de la Baja Edad Media. Despus, se abri el paso de Ordua, pues para competir con

los puertos de Cantabria resultaba necesario mejorar las comunicaciones con Burgos. Navarra comunicaba con el exterior por las siguientes vas: con Castilla, por Cintrunigo; con Aragn, desde Tudela, por el valle del. Ebro; con Francia, a travs de los pasos del Pirineo; su conexin con Gipuzkoa, que posibilitaba el acceso al mar, se efectuaba por Lecumberri y Tolosa.

En Bilbao se fund en 1511, para escapar a la jurisdiccin del Consulado Burgals, el Consulado y Casa de Contratacin de Bilbao, que hasta el siglo XIX aglutin a los mercaderes bilbanos.

En el principal comercio, el de la lana, los vascos actuaban como intermediarios. No haba an grandes comerciantes vascos que controlaran este trfico. Eran ms bien transportistas que vendan sus servicios. Los mercaderes de Burgos monopolizaban este comercio, por su estratgica situacin en las rutas que unan las ferias de la lana y el Cantbrico. En Bilbao se fund en 1511, para escapar a la jurisdiccin del Consulado burgals, el Consulado y Casa de Contratacin de Bilbao, que hasta el siglo XIX aglutin a los mercaderes bilbanos. Se ocup de defender los privilegios de la villa, de los pleitos mercantiles y de los trabajos portuarios.

Al principio, junto a la costa, despues en zonas cada vez ms alejadas, la caza de la ballena fue desde la Edad Media una de las actividades ms caractersticas de los puertos pesqueros.

Esta iniciativa era sntoma de la expansin mercantil que viva el Pas Vasco desde el siglo XV, prolongada hasta fines del XVI. Se deba al desarrollo del trfico internacional, al auge demogrfico que demandaba ms subsistencias y a la expansin ferrona. Era ya un comercio muy variado; se exportaba sobre todo lana y hierro, pero

entre las importaciones encontramos, adems de vituallas, plomo, estao, camo, brea, cueros, azucar y textiles (lienzos, caamazos, telas, merceras, paos, cuartillas). El trfico lanero, el de mayores implicaciones, gener la aparicin de una burguesa de creciente peso social. Pero la participacin vasca en este comercio era muy inferior a la de Santander, que entre 1562 y 1570 captaba el 65 % del producto. Para disputarle esta preeminencia, Bilbao, entre otras iniciativas, intent en 1553 abrir un camino real en la va de Ordua para mejorar la conexin con Burgos. Fracas, por la oposicin de Santander, Gipuzkoa y Vitoria, que vean amenazados sus negocios. En la costa tena importancia econmica la pesca, con dos actividades: la del litoral abasteca de besugo, congrio y merluza; y la pesca de la ballena, con gran desarrollo, aportaba grasa, lengua, huesos, carne. Durante el Medievo las ballenas se capturaban cerca de la costa, donde se presentaban entre octubre y marzo. Cada puerto colocaba en su atalaya un servicio de vigilancia. Avistado el cetceo, todo el pueblo se movilizaba en pequeas chalupas. Desde que en el siglo XV disminuy la afluencia de ballenas, los pescadores tuvieron que desplazarse. A comienzos del XVI estas campaas duraban unos ocho meses, entre primavera y otoo. Se persegua a los cetceos en el Atlntico norte. La presencia vasca en Terranova, el Labrador y la desembocadura del San Lorenzo ha dejado su rastro en topnimos (Ille-aux-Basques, Placencia, Port-aux-basques). Corresponden a factoras que servan para fundir la grasa de la ballena o como secaderos de bacalao, cuya pesca complementaba la de la ballena. La crisis del siglo XVII En el Pas Vasco el XVII fue, como en toda la pennsula, un siglo de crisis, pero con caractersticas peculiares. No en las comarcas cerealistas de Alava, y probablemente en casi toda Navarra, pues su depresin fue similar a la castellana. S, en cambio, en la vertiente cantbrica, que sigui una evolucin contradictoria y excepcional: disminuyeron los productos de las ferreras y del comercio, pero compens estas cadas con importantes avances en la agricultura, que experiment, a su vez, cambios profundos. La profunda depresin de la Alava del cereal se debi a la gran inestabilidad de las cosechas, al retroceso de la demanda de las provincias costeras, ahora ms autosuficientes, y a la presin fiscal. La produccin agraria disminuy en torno al 35 %, ms que la poblacin, que en esta zona baj alrededor del 25 %. El agricultor, con menos producto disponible, sufri, adems, mayores impuestos y exacciones de los ejrcitos reales a su paso por la provincia, circunstancia frecuente en este agitado perodo. La peste de 1596-1601 marca, probablemente, la inflexin de la produccin agraria. Esta epidemia se not tambin en las provincias costeras, pero en ellas probablemente dinamiz los cambios en el sector agrario. Y es que en esta zona la crisis del XVII (en la que la demografa se estanc, pero sin retroceder) tuvo una dinmica muy diferente. Cay la demanda exterior de bienes (los artculos de las ferreras) y de servicios (el comercio), de los que dependa el equilibrio econmico, roto a fines del XVI: al reestructurarse las bases productivas, la revitalizacin agraria compens este retroceso. Desde la segunda mitad del siglo XVI las exportaciones de hierro vasco retrocedan, por la competencia de los nuevos centros siderrgicos de Suecia y Lieja.

Especial importancia tuvo la concurrencia del hierro sueco, cuya evolucin tcnica (utilizaba altos hornos al carbn vegetal), lo haca ms rentable que el de las ferreras vascas, pequeas explotaciones con hornos bajos, sin capacidad financiera para modernizarse. La prdida de mercados se inici en torno a 1560. Para 1580 disminua, incluso, el nmero de ferreras. Entre 1561 y 1612 no se pudieron arrendar los derechos de ferreras: nadie se arriesgaba a hacerse con los derechos de una produecin en declive. Hacia 1590, por la crisis, surgan tendencias proteecionistas en Bizkaia y Gipuzkoa, enfrentadas al querer monopolizar la produccin. Contribuyeron a los apuros ferrones las alteraciones comerciales. La conflictividad blica colaps, a veces definitivamente, los circuitos mercantiles. En ocasiones, los enfrentamientos forzaron a suspender el trfico. Esta contraccin mercantil se agrav por la presencia de corsarios en el litoral, que hasta mediados del XVII afect a todos los puertos vascos. En 1564 haba ya piratas portugueses en la costa vasca. En 1575 se suspendi el comercio con Inglaterra. En su lucha con Holanda, Felipe II cerr lentamente el comercio con las Provincias Unidas, y Felipe III lo prohibi en 1598. La derrota de la Invencible destruy, adems, parte de la flota vasca. Al retraerse las exportaciones de bienes y servicios cambi la es-e tructura productiva del Pas Vasco. Se produjo la ruralizacin de parte de la poblacin, que abandon la actividad industrial, mercantil o pesquera por la explotacin de la tierra. La ruralizacin exiga, a su vez, cambios en la agricultura, para absorber el aumento de mano de obra. Se ampli as el espacio cultivado e importantes reformas incrementaron la productividad. A principios del XVII se roturaban ya tierras yermas, pero tuvo ms implicaciones la transformacin intensiva: se generaliz el maz, una planta adecuada a las condiciones de este rea, que increment la productividad. Conocido en el Pas Vasco ya desde el siglo XVI (en 1576 se le cita como mijo de Indias en Mondragn), el maz se extendi en el XVII, como respuesta a las nuevas necesidades. Al parecer, primero se aclimat en la costa y despus, siguiendo los valles, penetr en el interior, donde su produccin alcanz a los dems cereales hacia 1640-80. La revolucin del maz, que desplaz al mijo, centeno y lino, transform la explotacin agraria, que incluso se localiz en nuevos espacios: el maz se plant en los valles, hasta entonces tierra de pastos por su excesiva humedad para el cereal. La produccin se multiplic en el XVII por 2 o por 2,5. De mayor productividad que los cereales cultivados hasta entonces, el maz permita eliminar el barbecho, al rotar con trigo y nabo. Tambin la Rioja alavesa sald positivamente la crisis del XVII. Posiblemente se cuatriplic su produccin de vino, impulsada por la demanda de Bizkaia, donde se roturaban tierras dedicadas al chacol y al manzano. En el sector comercial hubo tambin importantes transformaciones. Al descender el trfico se agudiz la competencia. Nacieron las grandes compaas comerciales, que se disputaban las exportaciones de las reas productivas. Burgos no consigui adaptarse a las nuevas condiciones y los grandes mercaderes europeos se hicieron con los intercambios mercantiles. El control del comercio que se realizaba a travs del Pas Vasco pas as de manos burgalesas a comerciantes extranjeros. Al mismo

tiempo, se traslad el centro de contratacin, que de Burgos pas a a Bilbao. Entre 1600 y 1635 los comerciantes europeos comenzaron a actuar desde Bilbao, donde se asentaron importantes colonias, sobre todo de ingleses y holandeses.

En 1564 habla ya piratas portugueses en la costa basca. En 1575 se suspendio el comercio con Inglaterra. En su lucha con Holanda, Felipe II prohibi el comercio en 1598 con las Provincias Unidas y la derrota de la Invencible destruy, adems, parte de la flota vasca.

Ante este cambio la actitud de los comerciantes vascos fue de pasividad, que hay que interpretar como de cierto apoyo, al menos por lo que se refiere a Bilbao, beneficiado por su nuevo papel en las contrataciones. Por lo dems, les resultaba indiferente que la lana la controlasen burgaleses o ingleses y holandeses. No cambiaba su funcin, que segua siendo la de transportistas. Burgos, por contra, intent, sin xito, evitar la presencia extranjera, con continuos pero inutiles Memoriales al Rey. Las nuevas estrategias comerciales tuvieron esplndidos efectos para Bilbao. Se convirti en el principal puerto del norte. A mediados del XVII canalizaba el 70 % de la lana que exportaba Castilla por mar, y la totalidad de la que sala por el Cantbrico. Cantabria y Gipuzkoa la haban perdido totalmente. Los bilbanos se hicieron, pues, con el circuito comercial de la lana castellana, evitando la crisis que paraliz a los dems puertos vascos. Adems, a lo largo del XVII los bilbanos comenzaron a buscar el control del comercio, enfrentndose con las colonias extranjeras. La nueva actitud se percibe ya en 1661, cuando Bilbao impidi que los ingleses creasen un consulado con jurisdiccin sobre el comercio de su puerto. Desde entonces, se dificult la actividad extranjera, como lo evidencian las frecuentes protestas de ingleses y holandeses por las vejaciones a que les sometan los jueces del contrabando. Por otra parte, la crisis del XVII se manifest en los apuros fiscales de la monarqua. En Bizkaia provocaron entre 1631 y 1634 el conflicto que se conoce como rebelin de la sal, que muestra la dinmica social del Seoro y el funcionamiento del sistema poltico foral. Provoc el motn la Real Orden de enero de 1631 que estableca el estanco de la sal (convertida as en monopolio de la Real Hacienda) y suba su precio en un 44 %. Era un contrafuero: se opona a la libertad de comercio y a la exencin fiscal. Varios alegatos insistieron en ello. Un escrito annimo presagiaba la asonada, al afirmar que por cualquier fuerza que los vizcainos yzieren en defensa de los fueros no yncurran en pena ninguna.

Cuando estall el motn la defensa del fuero pas a un segundo plano. Se desbord incluso la cuestin de la sal, perdida entre diversas protestas contra la presin fiscal. As, esta rebelin fue, ante todo, un amotinamiento popular contra el aumento de los impuestos reales, similar a los que sacudieron los territorios de los Austrias en torno a 1640, de los que los ms relevantes fueron la rivolta catalana y la separacin de Portugal. El estanco de la sal era una medida ms de las que sufra el Seoro desde comienzos de siglo. Ya en 1601 quiso el rey extender a Bizkaia la contribucin de los millones, a lo que los rganos forales se opusieron tajantemente, con xito. Despus, se sucedieron los donativos. En 1629 el rey peda un servicio de soldados. En 1631 un nuevo donativo acompaaba al estanco de la sal, que fue la gota de agua que desbord el vaso. La presin fiscal coincida con un alza de precios que deterior los niveles de vida. Las Juntas, dominadas por una aristocracia rural vinculada a la corte (a la que acudan los segundones de las familias hidalgas para hacer carrera en la Administracin), venan aceptando los donativos. Eso s, los jauntxos evitaban que los impuestos gravasen sus propiedades, fijndolos sobre las transacciones mercantiles. Los amotinados, al tiempo que contestaban los impuestos, cuestionaron a los grupos que ejercan el poder y a su poltica.

Ochoa Ruiz de Albiz fue condenado a muerte por el juez Chinchilla, "por haber deservido a sus seores".

El motn empez el 23 de septiembre de 1631, cuando se suspendi la Junta General de Gernika por el acaloramiento de los nimos. Se celebr tumultuariamente al da siguiente, ante unos 1.500 vecinos. Sus expresiones revelan el trasfondo sociopoltico del conflicto. Parece ser que se gritaba dice la documentacinque se hablase en vascuence para que todos entendiesen lo que se dijera, que no deban de ser Diputados los que vistiesen calzas negras sino las personas sencillas. El brote popular tuvo xito, pues no se aplic la disposicin. Cuando intent el corregidor implantar el estanco se recrudeci el motn, que lleg a su punto lgido en octubre de 1632, con la muerte del procurador de la Audiencia del Corregidor. Se movilizaron entonces en Bilbao marinos, curtidores, sastres, campesinos... Era ya un agudo conflicto social. Las mujeres de los artesanos

increpaban a las mujeres principales dicindoles que ahora sus maridos e hijos serian alcaldes y regidores, y no los traidores que vendan a la repblica y pues todos eran iguales, no era bien que unos comiesen gallina y ellos sardinas. De nuevo los amotinados consiguieron su objetivo, imponiendo al Ayuntamiento sus reivindicaciones, que reclamaban contra los impuestos creados los ltimos aos: ninguna aluda a la sal. El ultimo estallido tuvo lugar en la Junta General de febrero de 1633. Se congregaron en Gernika cerca de 2.000 marineros y campesinos armados con lanzas, que forzaron a sancionar 24 decretos: se oponan a los nuevos impuestos sobre el comercio, a las trabas que tenan los marineros y a la pesada carga que supona la represin del bandolerismo. Slo uno aluda indirectamente a la sal y dos, de forma tangencial, a la cuestin foral. El conflicto termin en 1634. Los seis principales responsables fueron detenidos, juzgados sumariamente y ejecutados. Los machines huyeron, durante varios das ningun casero baj a Bilbao, que, al parecer, llev la iniciativa en la represin. Despus, a fines del 34, la corona suprima el estanco y perdonaba a los implicados. Cabe pensar que los comerciantes, que haban apoyado el motn contra los impuestos, lo abandonaron al radicalizarse y cuestionar las estructuras polticas del Seoro. Quizs solicitaran entonces al rey que, a la vez que aboliese el estanco, se reprimiese la asonada, de lo que se encarg la villa mercantil. El siglo del capitalismo comercial El siglo XVIII fue de prosperidad econmica y demogrfica: se calcula que la poblacin creci entre 1720 y 1790 en torno al 50 %, gracias al auge del comercio, al crecimiento agrario y a la recuperacin de las ferreras. El sector ms dinmico fue el mercantil. La burguesa comercial se convirti en el grupo social con ms influencia en la marcha econmica del pas, en un perodo en el que se form un mercado interior y se generaliz la economa monetaria. El progreso del comercio, general, justifica que se pueda denonimar al XVIII el siglo del capitalismo comercial. La expansin del comercio internacional benefici sobre todo a Bilbao, que se haba hecho con el monopolio del trfico lanero. El auge bilbano contrasta con la inicial depresin mercantil de Gipuzkoa, peor tratada por los cambios de la centuria anterior. Sin embargo, en el primer tercio del XVIII la burguesa donostiarra busc sus propios recursos; se hizo un nuevo circuito mercantil, que una a Gipuzkoa con las colonias americanas, al formar la Real Compaia Gipuzkoana de Caracas. Por lo dems, los trficos del siglo XVIII mantenan las estructuras tradicionales, si bien era un comercio ms diversificado. Y los comerciantes vascos abandonaron su papel de transportistas en el trfico internacional y controlaron los principales circuitos comerciales en que participaban. El punto de arranque de la preeminencia bilbana fue la reforma de las Ordenanzas Municipales de Bilbao de 1699. Prohiba que los extranjeros interviniesen en su comercio, en una autntica nacionalizacin del comercio que se efectuaba a travs de Bilbao, desde este momento controlado por mercaderes locales. Desde entonces, stos desplegaron una ingente actividad econmica, encargndose de efectuar las contrataciones. Por vez primera, captaban el gran comercio de la lana que se haca a travs del Pas Vasco. Las circunstancias polticas, por otra parte, colaboraron a la expansin mercantil:

en especial el que en 1700 los Borbones pasaran a ocupar la corona espaola. El cambio de dinasta y el conflicto que le acompa afianzaron a Bilbao. Consolidaron las Ordenanzas de 1699, pues la guerra de Sucesin abort las intenciones de holandeses e ingleses de desviar su trfico hacia Santander, descalificados como competidores por ser considerados enemigos. Adems, los puertos vascos fueron fundamentales durante la contienda para la comunicacin con Francia, pues los de Catalua estuvieron en manos de los aliados del Archiduque.

El navo del Almirante Oquendo en la batalla de Las Dunas.

La burguesa bilbana (cuyo apoyo a los Borbones no le impidi comerciar con las potencias enemigas, Inglaterra y Holanda) pudo imponer sus exigencias. Impidi, incluso, que los franceses participaran en el comercio bilbano, al negarse a transformar sus nuevas ordenanzas. Bilbao consolid durante la guerra el monopolio del trfico lanero. As, en 1714 sala por su puerto el 49 % de las 108.000 arrobas de lana que por mar export Espaa, todo lo que se enviaba por el Cantbrico. En 1715, se embarcaban en Bilbao 93.000 arrobas. Desde entonces, con espordicos descensos, se conservaran cifras iguales o superiores.

Torre de Maaria (Bizkaia). Construccin tpica de la poca en que rige el sistema de linajes.

Por lo dems, el comercio bilbano sigui siendo de reexportacin, mantenindose los circuitos tradicionales. Eso s, se diversific, pues entraban en Bilbao productos coloniales como azcar, tabaco y cacao, enviados clandestinamente a Castilla. El contrabando tom carta de naturaleza entre las actividades de los burgueses vizcanos. San Sebastin y Vitoria se quejaban al rey, ya en 1661, del escaso control de las aduanas de Ordua y Valmaseda, pero a lo largo del siglo el trfi co fraudulento adquiri gran fuerza. Lo favoreca la situacin arancelaria del Pas Vasco, un territorio de baja presin fiscal, con dos zonas, al sur y al norte, de fuertes aranceles. Constitua una plataforma desde la que atender

fraudulentamente la demanda francesa y castellana sin un riguroso control aduanero. El auge mercantil del Bilbao de comienzos del siglo XVIII implic cambios socioeconmicos, que se reflejaron en el motn que tuvo lugar en Bizkaia en 1718. Lo motiv un grave contrafuero, el traslado de las aduanas a la costa: la medida entraba dentro de la ideologa uniformadora de los Borbones, en su bsqueda de un Estado con unidad poltica y econmica. La respuesta a la medida fue una aguda crisis social, slo comprensible desde las implicaciones de la prosperidad comercial de Bilbao. Las tensiones se haban ido acumulando desde comienzos de siglo. Frente al auge burgus la crisis intercclica castigaba al campo vizcano. A veces, como sucedi en 1700 y 1718, las sequas hicieron peligrar las cosechas, y hasta llegaba la amenaza del hambre. De ah la inquietud que reinaba en el campo y en los sectores populares urbanos. De ah, tambin, que se acentuasen los resquemores de la nobleza rural, cuyas rentas se depriman, respecto a la burguesa, que mejoraba posiciones econmicas. Adems, los bilbanos aprovecharon su prosperidad para mejorar su situacin poltica. En 1704-06 disputaban los derechos de prebostazgo de Bilbao, adquirindolos en detrimento del Duque de Ciudad Real, Francisco Idiquez Butrn Mujica. Despus, se estableci en Castilla la Junta de Incorporaciones con el objeto de que el rey recuperase lo enajenado de su patrimonio. La nobleza tena que demostrar documentalmente la legitimidad de sus posesiones, rentas y prerrogativas, si quera mantenerlas. Peligraban en especial los patronos laicos, que podan perder sus derechos sobre el diezmo, de orgenes no bien documentados. Dur poco esta situacin. La nobleza recuper pronto posiciones. La paz de 1714 merm, primero, la capacidad de presin de la burguesa, tan relevante durante la guerra de Sucesin. Cuando el equipo Alberoni entr en el Gobierno volva la hegemona nobiliar. En Bizkaia, se cre un clima de revancha. La nobleza quiso limar la pujanza comercial de Bilbao. As, en 1714 se dispona que el corregidor asumiese el gobierno de la villa. Y se estableci una Factora Real de Tabaco, para comprar el que no se consumiese en Bizkaia y reexpedirlo a Castilla. La medida perjudicaba seriamente a los comerciantes, acusados de contrabando de este producto. Las tensiones se agudizaron con el traslado de las aduanas, que amenaz los negocios mercantiles. Se afirmaba, adems, que de no aceptar la medida, Bilbao perdera el monopolio de exportacin lanera. Es posible que la monarqua consiguiese apoyos de la nobleza rural, que vera en ella un medio de menoscabar la influencia burguesa. Pero la medida era un contrafuero, pese a que seguan exentos los cereales, vinos, aceites y legumbres. Las Juntas Generales, controladas por los jauntxos, se opusieron al decreto, pero se sospech que sus enviados a Madrid, tachados de traidores durante el motn, estaban siendo sobornados. Es posible que al coincidir lo dispuesto por el rey con sus intereses la nobleza rural no defendiese el fuero con la contundencia de otras ocasiones. La medida supona, sobre todo, un duro golpe al trfico de coloniales y de subsistencias; adems de pagar un arancel, desapareca la posibilidad del contrabando. Perjudicaba tambin a campesinos y artesanos, al encarecerse los productos. El panorama no era muy halageo, mxime cuando la sequa amenazaba la cosecha.

El 19 de marzo de 1718 se trasladaron las aduanas y el clima se enrareci. En agosto estall el motn, con la muerte de un aduanero y la quema de los barcos que en Bermeo y Algorta servan de aduanas. Distintas juntas acusaban en los pueblos a la oligarqua del Seoro de querer perder a Bizkaia. Afirmaban que, a ese paso, pronto quedaran sujetos a la fiscalidad castellana y todos serian pecheros y obligados a comer hierba. El 4 de septiembre campesinos de Deusto, Abando y Begoa bajaban a Bilbao. Exigieron al corregidor que se quitasen las aduanas de la costa. Al negarse, la violencia se generaliz. Se saquearon casas de enemigos de la patria, autoridades que pertenecan a la nobleza rural. Al da siguiente, los campesinos de varias anteiglesias tomaban Bilbao. Obligaron al corregidor a asentir sus propuestas, quemaron varias casas y mataron a tres notables; entre ellos, al diputado Arana, acusado de ser el principal influyente en el establecimiento de las aduanas. Gernika, Portugalete y Bermeo vivan tambin horas tensas. Despus, poco a poco se relaj la tensin. En noviembre entraron en Bizkaia las tropas reales sin encontrar resistencia. En la represin, muy dura, hubo varios ajusticiados. Eso s, en 1723 las aduanas volvieron al interior. El indulto lleg en 1726. En el motn vizcano de 1718 result decisivo el antagonismo entre notables rurales y comerciantes. Todo indica que el traslado de las aduanas fue, si no provocado, s utilizado por los jauntxos para perjudicar a los mercaderes. De hecho, los campesinos dirigieron su accin contra los notables rurales, y no contra las autoridades delegadas del rey. Todo indica, de otro lado, que los comerciantes no se opusieron a los campesinos. El corregidor no consigui reunir fuerzas para defender Bilbao. Posiblemente, habia alguna connivencia, pues los intereses burgueses coincidan con los campesinos. Quizs hubo comerciantes que incluso participaron en el motn. Se sabe que algn mercader de tabacos tuvo un papel activo, instigando a los amotinados. Frente al auge de Bilbao, al iniciarse el XVIII el comercio gipuzkoano viva malos momentos. Haba perdido el trfico de lana castellana, y estaba en declive, tambin, el comercio con Aragn y Navarra, desplazado hacia Bayona, al parecer por el menor control aduanero. La creacin en 1682 del Consulado de San Sebastin quiso iniciar la recuperacin, que no lleg hasta 1728, al fundarse la Real Compaia Guipuzcoana de Caracas, la mejor expresin del capitalismo comercial en Gipuzkoa. Presidida por el conde de Peaflorida, la promovi un grupo de notables gipuzkoanos, de comerciantes donostiarras y nobles progresistas con negocios mercantiles. Buscaba un nuevo trfico, basado en productos coloniales venezolanos. Tena dos concesiones: el comercio de cacao y la facultad de perseguir al corso (lo que confiscasen sera para la Compaa). Constitua una innovacin, pues hasta entonces Cdiz y Sevilla tenan el monopolio del comercio americano. Adems, la frmula de la compaa mercantil, con capital reunido por suscripcin de acciones, no se conoca en Espaa. La Compaa podra enviar a Venezuela dos navos anuales, que saldran de Gipuzkoa. En su viaje de regreso recalaran en Cdiz, para pagar los derechos, y descargaran lo importado en Gipuzkoa, desde donde se distribuira en un rea comercial, que, segn el acta fundacional, comprenda las Vascongadas, Navarra, Aragn, Rioja y Castilla la Vieja.

Regatas entre los Guardias Marinas de la "Nautilus" en presencia de S.M. la Reina Regente. Al fondo, el edificio de la "Real Compaa Guipuzcoana de Caracas". San Sebastin.

Al principio la Compaa fue muy rentable: entre 1728 y 1740 reparti beneficios equivalentes al 160 % del capital invertido. Pronto la compaa tuvo 20 barcos dedicados al trfico y otros tantos a la vigilancia del corso y contrabando. Lleg a emplear en mar hasta 2.000 hombres. Hacia 1740 se torcieron las cosas. Primero, por la oposicin que levant en Venezuela la Compaa Guipuzcoana: en 1738 el cabildo de Caracas protestaba de que estaba estrangulando la economa de la colonja, al pagar por el cacao precios muy inferiores a los de los comerciantes extranjeros, en su trfico fraudulento. Adems, por estas fechas hubo mayor actividad de corsarios ingleses y, por la competencia entre las grandes compaas mercantiles europeas, descendieron los precios de los coloniales. Para superar los apuros en 1751 se traslad la sede de la Compaa a Madrid, pero ya no se recuper. Desapareci en 1778, fusionada con la que se dedicara al comercio de Filipinas. Contribuy a su fracaso relativo la falta de apoyo de sectores de la burguesa donostiarra, que por entonces tenan ya en el contrabando una esplndida fuente de recursos. Con todo, la Compaa Guipuzcoana de Caracas inici la recuperacin mercantil de la provincia. Benefici, adems, al puerto de Pasajes, desde entonces el ms importante de Gipuzkoa, y a la industria ferrona, al fomentar la fabricacin de armas en el valle del Deva (tena centro de compras en Placencia y las exportaba a los puertos espaoles y venezolanos). El despegue mercantil del siglo XVIII estuvo desligado de los dems sectores econmicos, pero provoc importantes cambios en stos. La creciente presencia burguesa relanz la industria ferrona e inici la explotacin capitalista del campo, siquiera de forma localizada. La estructura productiva de las ferreras propici que los comerciantes entrasen en el sector. Los ferrones, pequeos industriales con pocos recursos econmicos y una produccin de acusado ritmo estacional, realizaban los principales desembolsos (la compra de hierro y carbn o el arreglo de la maquinaria) antes de iniciar la produccin en noviembre, mientras las ventas no se generalizaban hasta mayo. De ah el recurso a prstamos, por lo comn concedido por comerciantes, con hipoteca sobre la produccin e intereses equivalentes al 30 % anual o superiores. Con el auge mercantil y la mayor demanda rural se recuperaron las ferreras, favorecidas por la Real Cdula de 1702 que prohibi introducir hierros extranjeros en las colonias. As, la vena que sala de Bizkaia por mar pas de 140.000 quintales en 1640-48 a 240.000 en 1763-65, segn los arrendamientos del derecho de ferreras. Si

en 1687 funcionaban en Bizkaia 127, en 1766 lo hacan 162. No hubo, sin embargo, mejoras tcnicas sustanciales, por lo que pervivieron los problemas estructurales del sector.

Crecimiento agrario no significaba necesariamente mejores condiciones de vida. De hecho, se acentu la dependencia de los labradores respecto a la elite terrateniente.

La agricultura vasca, que en parte haba soslayado la retraccin del siglo XVII, estaba en idneas condiciones para aprovechar la tendencia alcista del XVIII. En la Rioja alavesa, Bizkaia y Gipuzkoa esta expansin prolong el anterior desarrollo, mientras que en las comarcas cerealistas represent una autntica recuperacin, iniciada en torno a 1720, a juzgar por los datos de la Llanada alavesa. Desde esta fecha se constata un cambio general en la coyuntura agraria: la produccin creci durante el siglo en torno al 40 %, aunque en algunas zonas el progreso fue mucho mayor. La produccin aument por roturarse tierras yermas e intensificarse los cultivos. Por ejemplo, a partir de 1720 en algunas localidades de Bizkaia se ampli el espacio cultivado hasta en un 25 %, se generaliz el maz y se intensific la explotacin, al parcelarse las heredades. En este crecimiento se desarroll la economa monetaria e inici el final del rgimen de autoconsumo, con una incipiente especializacin, en la que se generalizaron los intercambios. Se cre un mercado interior. Lo reflejan las ferias nacidas en la segunda mitad del XVIII en Ermua (1752), Axpe de Busturia (1779), Sopuerta, Sopelana y Guecho (1780), Gabica, Frniz y Brriz (1781) y Amorebieta (1782) y las que funcionaban en Gipuzkoa en 1757 (Beasin, Bergara, Azpeitia, Ordizia, Azkoitia, Urretxu, Mondragn, Segura, Elgibar y Oati). Algunas se convirtieron en mercados semanales. Estas transformaciones cambiaron los modos de vida campesinos, cada vez ms dependientes de los intercambios. Crecimiento agrario no significaba necesariamente mejores condiciones de vida. De hecho, se acentu la dependencia de los labradores respecto a la lite terrateniente. De ah el retroceso del porcentaje de campesinos propietarios, que a lo largo del siglo baj en Bizkaia y en Gipuzkoa aproximadamente del 50 % al 35 %.

Con la economa monetaria y los intercambios llegaba el liberalismo econmico, y, por tanto, la especulacin. Desde comienzos de siglo, cada vez se respetaba menos la tasa del trigo, que se suprimi oficialmente en 1765. El progresivo endeudamiento campesino fue una de las consecuencias del nuevo estado de cosas. Para participar en la expansin agraria, quienes roturaban nuevas tierras y los pequeos propietarios que trabajaban con reducidos mrgenes hubieron de adquirir censos hipotecarios. El recurso al prstamo resultaba arriesgado en un sector cuyo crecimiento no evit profundas crisis cclicas, como las producidas en torno a 1713, 1736, 1765 y 1798. A las deudas sigui, con frecuencia, la prdida de la propiedad, en beneficio del prestamista. De otro lado, la explotacin con criterios capitalistas hizo que los arrendamientos se concertasen a plazo ms corto, actualizndose para obtener mayores beneficios. Otra secuela de la especulacin fue, en parte, la venta de bienes comunales. En las crisis de subsistencias, haba campesinos que no podan pagar los elevados precios del trigo. Los municipios cubran la diferencia entre el precio al que colectivamente se compraba el trigo y lo que abonaban los consumidores. As, los ayuntamientos se endeudaron, hipotecando los bienes concejiles, que a veces hubieron de vender. En 1764 las Juntas Generales conocan las primeras ventas de comunales, que siguieron los siguientes aos. De momento, esta desamortizacin municipal tuvo escasa envergadura, pero evidencian cmo los apuros campesinos acompaaban al crecimiento agrario. Con la venta de comunales los labradores perdan un complemento importante de sus rentas. Tensiones sociales y econmicas y realizaciones culturales Las nuevas condiciones sociales agudizaron las tensiones. As se reflej en la machinada de 1766 (paralela a los motines de Esquilache que salpicaron Espaa), cuyo epicentro estuvo en el valle del Deva. Fue una respuesta a la subida del precio del trigo provocada por la crisis agrcola intercclica y la especulacin. Desde 1760 la produecin descenda notablemente. En 1765, la sequa arruin parte de la cosecha. En Castilla el trigo se encareci 2,5 veces entre 1759 y 1765. Se aboli entonces la tasa del trigo, por Real Pragmtica de 1 1 de julio de 1765, una decisin de gran impacto. En el motn gipuzkoano se protest contra el alza de precios, pero tambin contra la especulacin que los suba, y, por tanto, contra una oligarqua provincial compuesta por los terratenientes y comerciantes que almacenaban el grano y lo vendan en los meses de caresta. En toda Gipuzkoa se palpaba en 1766 la inquietud social. En San Sebastin mismo, donde viva la mayora de los comerciantes, amenazadores pasquines revelaban la agitacin, que contuvo el Ayuntamiento bajando los precios. No sucedi lo mismo en el valle del Deva. Comenz el motn el 14 de abril, en Azcoitia, cuando los especuladores sacaban trigo, para llevarlo a sitios de mejores precios. Unos zapateros y herreros los detuvieron, y despus, una movilizacin popular exigi que los caballeros abaratasen los granos. Se propag rpidamente por una amplia zona, que inclua Elgoibar, Deba, Beasin, Atun, Eibar, Getaria, Mondragn, Placencia, Ordizia, Zarautz, y, en Bizkaia, Ondrroa, Berriata, Ereo, Nachitua y Ea. Los amotinados pedan pan ms barato, pero sus protestas afectaban a diversos aspectos de la vida campesina. Reivindicaban una moral publica tradicional, que exclua la especulacin, pero tambin los fraudes en pesos y medidas y, sobre todo, los

abusos eclesisticos (que ningun clrigo tuviese ms de dos capellanas ni cobrasen por los sacramentos, etc.).

60 encarcelados varios procesos, multas, destierros, presidio y condena a galeras fue el resultado de la represin de la "matxinada".

La oligarqua provincial reaccion enseguida. Al tiempo que se enviaba grano a los pueblos, a bajos precios, en San Sebastin se organizaron milicias de ciudadanos. El 24 de abril estaban ya en Azpeitia, desde donde continuaron una represin con penas de muerte (no ejecutadas), unos 60 encarcelados y varios procesos, que impusieron multas, destierros, presidio y condenas en galeras. Al final, la represin fue inferior a lo previsto, pero pronto se liberaron de nuevo los precios del trigo. En otro orden de cosas, en 1766 naci una institucin con un importante papel a fines del XVIII: la Real Sociedad Bascongada de Amigos del Pais, inserta dentro de las corrientes racionalistas que recorran Europa. Fue la primera de las sociedades de amigos del pas que surgieron en Espaa durante el reinado de Carlos III. Agrup a lo ms florido de la intelectualidad vasca. El racionalismo ilustrado de los caballerizos de Azcoitia un grupo social vinculado a las actividades mercantiles, en el que estaba presente, tambin, la nobleza rural progresista, alejado de especulaciones tericas, apost por un reformismo que buscaba mejoras concretas de la sociedad. Impuls la Bascongada Francisco Javier M de Munibe, Conde de Peaflorida. Los estatutos, autorizados por el rey en 1765, constituan un proyecto de regeneracin social por la va de la educacin y la ciencia. Pretenda fomentar la agricultura, industria, comercio, artes y ciencias, con la consigna de que se dever siempre preferir lo til lo agradable. Tuvo socios en el Pas Vasco, en las principales ciudades espaolas y hasta en Amrica y Filipinas, sin perder su carcter vascongado. Su divisa Irurac bat simbolizaba la hermandad de Bizkaia, Gipuzkoa y Alava. Algunas obras de sus socios figuran entre las ms notables aportaciones de la Ilustracin espaola, como las de Arriquibar, Munibe, Samaniego o Landzuri. Preocupada por la educacin, cre Escuelas de letras menores, en Vitoria,

Loyola, Bergara, San Sebastin y Bilbao, y el Real Seminario de Bergara, el primer centro de enseanza tcnica superior en el Pas Vasco. Del reformismo de la Bascongada dan fe, tambin, sus propuestas de reformas econmicas. La creacin de prados artificiales, el fomento del ganado con ejemplares importados, los intentos de mejorar las ferreras, los estudios sobre la minera revelan una concepcin moderna, como tambin la publicacin de libros y noticias, las pensiones a jvenes para estudiar en el extranjero o los certmenes y premios sobre temas de aplicacin prctica. Financiaron sus actividades con suscripciones publicas. Quizs fue ste, el de la financiacin, el punto ms dbil de su programa de reformas. A pesar de su coherente planteamiento, no consigui detener la crisis econmica que se apuntaba en el ultimo tercio del siglo XVIII. Por entonces varios sntomas sealaban que el modelo de desarrollo tocaba techo. A los apuros agrarios se aadieron los del comercio. Tenan un origen poltico. La bsqueda de la unidad nacional inspir a la monarqua medidas que cuestionaban la foralidad. No todas fueron contrafueros, pero s la supresin en 1766 del pase foral, que no estuvo vigente durante algunos aos, o el intento de restablecer en 1788 el capitulado de Chinchilla, una reglamentacin medieval que privilegiaba los poderes del monarca. Ms importancia tuvieron a largo plazo las disposiciones que queran unificar el mercado espaol, revisando el rgimen mercantil. El comercio vasco fue gravado en las aduanas del interior. Poco a poco se tendi un cerco arancelario en torno a las Provincias Exentas. Se buscaba, as, ahogar los negocios de la burguesa vasca, sin recurrir a desafueros. En la prctica, era el final del libre comercio. En 1763 se orden registrar en Burgos las mercancas que iban a las aduanas de Vitoria, Ordua y Valmaseda; de salir por Santander, se las desgravaba en un 4 %, exima de alcabalas y rebajaba a la mitad el peaje del nuevo camino de Reinosa. La nueva postura del Estado se confirm en 1778: se hizo ver que, para comerciar con Amrica, las provincias vascas deberan reformar su sistema aduanero. San Sebastin y Bilbao no fueron habilitados para tal trfico, pues se negaron, quizs porque les resultaba ms atractivo seguir con el contrabando de coloniales, no muy problemtico gracias al escaso control. Pero las cosas estaban cambiando. En 1779 se fijaron impuestos a los productos que se llevasen a San Sebastin o Bilbao desde cualquier puerto espaol. Por fin, en 1789 se cre una barrera arancelaria, con derechos en las aduanas interiores que eliminaban las ventajas de la exencin fiscal. Constitua una seria amenaza para los negocios de unos comerciantes que haban prosperado, precisamente, en virtud del libre comercio.

V. TRADICIN CONTRA REVOLUCIN (1793-1839) De la Guerra de la Convencin a la Guerra de la Independencia La Guerra de la Convencin, iniciada tras la ejecucin de Luis XVI en 1793, enfrent por vez primera en el Pas Vasco a tradicin y liberalismo. En julio de 1794 las tropas francesas que penetraron por Navarra, llegaron a Tolosa, envolviendo las defensas del Bidasoa. Se rindieron Hondarribia, por su insostenible situacin militar, y San Sebastin, sin resistencia, quizs por las coincidencias ideolgicas de los burgueses con los convencionales. Lo confirmara su inicial colaboracin. Comisionados donostiarras pidieron a los franceses que sea la provincia independiente como lo fue hasta el ao 1200. Despus, la Junta de Gipuzkoa, reunida en Getaria, estudi enviar diputados a la Convencin. Al parecer, parte de Gipuzkoa, de ideas liberales, busc nuevas alternativas (la independencia, la insercin en la Republica Francesa...). No se desarrollaron, pues los convencionales gobernaron Gipuzkoa sin un estatus especial. La Junta Particular y la Diputacin que los notables rurales formaron en Mondragn, en cambio, llamaron a defender al rey, la religin y la Patria. El lema tradicionalista moviliz a los campesinos contra los franceses. En la campaa del 95 Pamplona resisti, pero Bilbao y Vitoria caan en manos del ejrcito invasor, que lleg al Ebro. Tras la Paz de Basilea, de julio de 1795, los franceses abandonaban sus conquistas. La guerra, y en particular la actitud gipuzkoana, tuvo consecuencias polticas: el Gobierno promovi una campaa ideolgica para demostrar que los fueros los haba otorgado el rey, y que, por tanto, poda abolirlos.

Tras la Paz de Basilea, de julio de 1795, los franceses abandonaron sus conquistas.

Por otra parte, las deudas generadas por la contienda forzaron la venta sistemtica bienes comunales y abrieron en Bizkaia el proceso que desemboc en la zamacolada, en la que se enfrentaron burguesa urbana y nobleza rural. En 1796, el presupuestos provincial se confeccion segun los intereses mercantiles, pero al ao siguiente la nobleza rural, alentada por Zamcola, se grav al comercio. Las tensiones se agudizaron. Despus, Zamcola ide crear un puerto en el Nervin, que acabase

con los privilegios de Bilbao. Estara en Abando y se llamara Puerto de la Paz en honor de Godoy, el Prncipe de la Paz, que tena que autorizarlo (lo hizo a fines de 1801). Al parecer, Zamcola prometi a Godoy, a cambio, un proyecto que se entendi como un paso hacia el servicio militar obligatorio. As, en 1804 estall un grave motn, en el que participaron varias anteiglesias y, en especial, las prximas a Bilbao. La villa fue invadido varias veces por los amotinados. Una tensa Junta General extraordinaria anul a la vez los proyectos de servicio militar y de Puerto de la Paz.

Alto de Jndiz. Batalla de Vitoria.

Las tensiones sociales se agudizaron por la profunda crisis de la economa tradicional. La agricultura alcanz su techo entre 1780 y 1790. La roturacin de nuevas tierras rompi el equilibrio agrario, al eliminar pastos y bosques. La produccin cay entre un 15 y un 20 % en treinta aos. La tala del bosque dispar, adems, los precios del carbn. Se redujo la competitividad de las ferreras, que tenan que enfrentarse ya a los altos hornos de la revolucin industrial britnica. Por la dificil venta en Europa y la prohibicin de importar hierro, en 1800 el 71 % del que sala por Bilbao se enviaba a puertos espaoles, cuando veinte aos antes el 62 % iba a los europeos. Pero la reserva del mercado espaol era slo un parche, por su reducido consumo y la relajacin de los nexos econmicos con las colonias. En torno a 1800 comenz la crisis del comercio, al desaparecer los grandes circuitos mercantiles: quebraba el trfico de lana, desde que la revolucin industrial privilegi a la produccin algodonera. En esta coyuntura depresiva, la Guerra de la Independencia tuvo profundas repercusiones en el Pas Vasco. La presencia francesa tuvo respuestas diferentes. Con Jos I estuvieron los sectores ilustrados, de planteamientos reformistas. Frente a los afrancesados, se produjo la sublevacin popular: se moviliz contra el extranjero liberal y en defensa del orden tradicional. Se levantaron partidas que hostigaban al invasor. Una Junta Patritica se hizo por unas semanas con Bilbao. No sucedi as en San Sebastin,

Vitoria o Pamplona, con ms presencia militar, por su posicin estratgica en la ruta a Madrid. Los afrancesados participaron en la aprobacin de la Constitucin de Bayona. No reconoca los fueros, si bien un artculo, incluido por presin de los diputados vascos, anunciaba que las Cortes los examinaran. Tambin defendieron el fuero los vascos que estuvieron en las Cortes de Cdiz, pero la Constitucin de 1812 era igualmente uniformista, aunque su prembulo enalteca las libertades forales como antecedente de las constitucionales. En febrero de 1810 Napolen desgaj a Catalua, Aragn, Navarra y las Vascongadas del poder de Jos 1. El general Dufour se hizo cargo de Navarra y Thouvenot de las Vascongadas, agrupadas en el Gobierno de Bizkaia. Eran gobiernos militares que buscaban aumentar la presin fiscal para financiar la guerra. La Guerra de la Independencia concluy en 1813. Tras la batalla de Vitoria, la capitulacin de Pamplona, sitiada por Wellington, y el abandono de Bilbao, slo una poblacin importante, San Sebastin, permaneca en manos francesas, hasta el violento ataque ingls origen del incendio que destruy la ciudad. Por fin, la batalla de San Marcial, en Irun, puso trmino a la invasin francesa de la Pennsula. La crisis de la economa tradicional Las destrucciones, impuestos y costos de la guerra agravaron las dificultades del aparato productivo. A partir de 1813, se aceler la venta de comunales. La paralizacin econmica que acompa a la restauracin absolutista y la crisis colonial precipitaron, adems, la retraccin mercantil y ferrona. Se restablecieron los fueros, pero absolutismo y liberalismo compartan en los albores del XIX los afanes uniformizadores. El contrafuero de 1818 impuso a las provincias vascas un servicio militar. Seis aos despus de la restauracin de Fernando VII desaparecan sbitamente los fueros, tras el pronunciamiento de Riego. Hasta 1823, durante el Trienio Liberal, estuvo vigente la Constitucin de Cdiz. Se trasladaron las aduanas, se suprimieron la exencin fiscal y militar y las instituciones forales. Para la burguesa progresista, en el poder durante estos aos, el nuevo rgimen ampliaba las libertades histricas. Frente a ellos, se levantaron partidas realistas que defendan la tradicin. La movilizacin campesina la alentaba por el clero y financiaban los jauntxos. Las agitaciones del Trienio concluyeron en 1823 con la invasin francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis, que restableci el Antiguo Rgimen, el absolutismo y las formas tradicionales de gobierno. La persecucin de liberales, la represin de sus agrupaciones y el control de la prensa caracterizaron al decenio absolutista 1823-33. Ahora bien, la evolucin del rgimen hacia posturas menos intransigentes tuvo secuelas en el Pas Vasco. Por ejemplo, las Juntas de Bizkaia aprobaron en 1827 un reglamento minero de connotaciones liberales. Introdujo en las minas el sistema liberal de concesiones, pero con una adaptacin foral que las reservaba en exclusiva a los vizcanos. Los mineros locales pudieron obtener concesiones sin competencia de capitales forneos. A fines del periodo la profunda crisis econmica provocaba ya ntidas reacciones sociales. As, en 1831 los donostiarras intentaron que las aduanas se trasladasen a la

costa (similar peticin haban hecho los vitorianos en 1813), para acceder a la unidad del mercado espaol y contener el derrumbamiento del comercio. San Sebastin, apoyada por Irun, pidi a las Juntas de Gipuzkoa que lo solicitasen al Gobierno. Al rechazarlo las Juntas, los comerciantes amenazaron con romper la unidad provincial. En vsperas de la carlistada, pues, estaban delimitados los antagonismos entre la burguesa urbana y la sociedad tradicional rural. Las discrepancias ideolgicas tenan un vvido trasfondo socio-econmico. La primera Guerra Carlista Tras la muerte de Fernando VII el 29 septiembre de 1833, comenz la sublevacin carlista. Defenda los derechos al trono de Carlos Maria Isidro de Borbn frente a los de Isabel II, hermano e hija de Fernando VII. El pleito dinstico se convirti en una guerra civil de contenido ideolgico y poltico. Se enfrentaron los defensores de la tradicin y los de la revolucin liberal. A comienzos de octubre se oyeron en el Pas Vasco las primeras proclamas carlistas. Identificaban la causa dinstica con la defensa del Antiguo Rgimen y el repudio del liberalismo. Dios. Patria. Rey, el primer lema carlista, arraig profundamente en los sectores rurales del Pas Vasco, mientras la burguesa urbana apost por el liberalismo. El enfrentamiento tuvo especial virulencia, por la profunda crisis social iniciada a fines del XVIII, con la quiebra de la economa tradicional. Responda a los antagonismos de la sociedad vasca, al resumir las tensiones histricas entre la burguesa urbana y la sociedad rural. Los campesinos vascos cerraron filas con el carlismo: el liberalismo econmico haba empeorado ya sus condiciones de vida. Los carlistas vascos se movilizaron, asi, por la tradicin. De sta formaban parte, tambin, los fueros, que haban funcionado con el absolutismo. Al principio apenas se mencionan, pero al de unos aos las proclamas los incluan entre los objetivos de la lu cha. Dios, Patria, Fueros, Rey simbolizaba ya en 1836 las aspiraciones carlistas.

Desembarcando armas para el bando carlista.

Tambin los liberales vascos defendan los fueros. Pero mientras el carlismo quera unos fueros inmutables, cobertura del orden social tradicional, ellos proponan que se adaptasen a las nuevas necesidades, que pervivieran autogobierno y

exenciones, pero no las trabas al sistema poltico revolucionario o a las reivindicaciones econmicas burguesas. Los campesinos, alentados por clero y nobleza rural, levantaron partidas guerrilleras. Los carlistas consiguieron Bilbao y Vitoria, pero carecan de plazas fuertes que actuasen como guarnicin militar. As, tras acabar con las partidas formadas en Castilla, el isabelino general Sarsfield ocup Vitoria y Bilbao sin dificultades. El ejrcito tena as slidos puntos para sofocar las guerrillas levantadas en el campo. La sublevacin pareca sin futuro. A las dispersas partidas carlistas les faltaba estructura organizativa y estrategia para hacer la guerra con posibilidades de xito. Zumalacrregui consigui cambiar las tornas. Organiz las guerrillas con la consistencia de un ejrcito regular y dirigi la guerra con eficacia espectacular. Dio as su oportunidad poltica al carlismo, al proporcionarle una notable capacidad militar y el control sobre un amplio territorio. Incorporado a la sublevacin en noviembre de 1833, pronto obtuvo el mando de las tropas carlistas. Las dirigi hasta muerte en junio de 1835. En slo 19 meses consigui crear un fuerte ejrcito, capaz de plantearse el asalto de Madrid. A la casi total carencia de medios se sobrepusieron sus excepcionales capacidades militares y sus virtudes como lder carismtico. Pueden distinguirse tres etapas en la jefatura militar de Zumalacrregui. La primera, entre noviembre de 1833 y junio de 1834, la dedic a disciplinar y entrenar las tropas. Impidi, adems, que los isabelinos controlaran el territorio rural, evitando enfrentamientos abiertos y utilizando la guerra de guerrillas: en ella la superioridad carlista era incuestionable, por su conocimiento del terreno, el apoyo campesino y las capacidades tcticas de Zumalacrregui. En la segunda fase, entre julio del 34 y abril del 35, Zumalacrregui se hizo con el control de la zona rural y de las comunicaciones. Hizo frente a la nueva estrategia gubernamental, basada en operaciones de envergadura, a cargo de 25.000 soldados. La llegada de Carlos V al Pas Vasco, de otro lado, condicion las decisiones de Zumalacrregui, por la necesidad de protegerle. Los liberales intentaron cercar a Zumalacrregui en las Amzcoas, el corazn del carlismo, estrechando el rea dominada por los sublevados. Sin tropas suficientes para mantener las guarniciones que iban ocupando, fueron rechazados. Fracasaron tambin en su intento de prender a Don Carlos. En septiembre Zumalacrregui march a Logroo, se apoder de un convoy militar, y, al regresar, derrot a O'Doyle en Alegra de Alava. Meses despus, ya con caballera y artillera, triunf en el Baztn y en el Sur de Navarra. En abril el liberal Mina fue derrotado en la batalla de las Amzcoas. El carlismo obtuvo entonces cierto reconocimiento internacional. El convenio Elliot, negociado con ambos bandos por los ingleses, buscaba terminar con las represalias sistemticas que unos y otros realizaban. En mayo y junio de 1835, la tercera etapa, Zumalacrregui pas a la ofensiva. Se hizo con la mayora de las guarniciones liberales. Tom primero Trevio, aislando Vitoria, y despus Villafranca, Eibar y Ochandiano. Los isabelinos abandonaron Durango, Estella, Tolosa, Bergara y el Baztn. Los carlistas dominaban casi todo el territorio vasco, con la excepcin de las capitales, algunos pueblos costeros y la franja entre Salvatierra y Vitoria.

Zumalacrregui propuso tomar Vitoria y rpidamente marchar a Madrid. Era quizs la unica posibilidad de triunfo carlista, atacar antes de que se reorganizase el enemigo, sucesivas veces derrotado, pero la corte de Don Carlos impuso que en vez de Vitoria se ocupase Bilbao, para conseguir reconocimiento internacional y los recursos de la villa, segn los jauntxos rica y prspera. Quizs los recelos rurales ante Bilbao pesaron en esta decisin, fatal para el carlismo: concedi tiempo a los isabelinos para reorganizarse, y, adems, en el sitio Zumalacrregui recibi la herida que, mal tratada, caus su muerte. Pronto los carlistas debieron levantar el sitio. Pocos das despus, les derrotaban en Mendigorra. Con 33.000 soldados de infantera y 1.000 de caballera, el general Egua intent reorganizar el ejrcito, pero los carlistas fueron ya incapaces de lanzar grandes operaciones. La situacin se estabiliz. Quisieron desbloquearla desde 1836 algunas expediciones, como la del general Gmez, que march hasta Andaluca buscando adeptos, y la Expedicin Real, que lleg a las puertas de Madrid. Regresaron sin resultados sustanciales. Intentaron tambin ocupar Bilbao. El sitio de diciembre de 1836, en el que hubo una encarnizada lucha, lo levant Espartero tras la pica batalla de Luchana. Tambin San Sebastin sufri el acoso carlista, contenido por los liberales donostiarras, el ejrcito gubernamental y voluntarios extranjeros. Algunos xitos carlistas de 1837 (la victoria de Oriamendi y la toma de Hernani y de Oyarzun) no desnivelaron la situacin.

Guardias forales de Buzkaia que participaron en la defensa de Bilbao durante el sitio carlista de 1874.

Para entonces, el Gobierno se haca ya con un ejrcito numeroso y el desaliento se adueaba de los carlistas, cansados de la movilizacin permanente y los elevados impuestos. En este clima se sugirieron nuevas vas polticas, como la promovida por Jos Antonio Muagorri. Instigado por el Gobierno, su oferta de Paz y fueros invitaba a

buscar la paz abandonando las reivindicaciones dinsticas, a cambio de conservar los fueros.

Desfile de tropas regulares (1931) con momo de la inauguracin del monumento a los carabineros fusilados por la partida del Cura de Santa Cruz, en Behobia. En 1936, los requets lo volaron. Aos despus, fue repuesto.

El enquistamiento militar agudiz las tensiones en la lite carlista. Algunos empezaron a pensar en acuerdos con los liberales. Las disputas entre moderados e intransigentes dieron lugar a la ejecucin en Estella de varios generales, ordenada por el moderado Maroto. Esta crisis, la desmoralizacin de las tropas y el cansancio civil anticipaban la descomposicin del carlismo. La guerra acab tras las negociaciones entre Espartero y Maroto, jefe del Estado Mayor carlista. El 31 de agosto de 1839 se firmaba el Convenio de Bergara. Lo desautoriz Don Carlos, pero en septiembre los ultimos focos carlistas quedaron sofocados. En el Convenio Espartero se comprometa a recomendar al Gobierno que propusiese la concesin o modificacin de los fueros a las Cortes. No se hablaba de confrmalos, por lo que quebraba el principio de la legitimidad histrica. El planteamiento era liberal: con la Constitucin de 1837 los derechos histricos no podan imponerse a los rganos soberanos. Pero del texto firmado en Bergara se deduca que algunos fueros se conservaran.

Iglesia de Begoa, efectos de los proyectules sobre la torre del campanario.

VI. LA LTIMA ETAPA FORAL (1839-1876) El sistema poltico durante la ltima etapa foral Tras la I Guerra Carlista se instaur el rgimen liberal en el Pas Vasco, pero no se impuso la uniformidad, por el compromiso gubernamental con el carlismo y la presin de los liberales vascos, que la rechazaban. Se inici la abolicin de los fueros, con la ley del 25 de octubre de 1839, que confirmaba los fueros sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquia. Las imprescindibles modificaciones de los fueros las propondra el Gobierno a las Cortes, tras or a las provincias forales. No se exiga una negociacin, bastara la audiencia del Gobierno. En Navarra se form una nueva Diputacin elegida con procedimientos liberales, no estamentales. De su entendimiento con el Gobierno naci la llamada Ley Paccionada, que no fue tal, pues sigui el trmite legislativo habitual, previas conversaciones entre Gobierno y Diputacin. La Ley, de agosto de 1841, liquid los Fueros de Navarra. Desaparecan las Cortes, las aduanas interiores, el derecho de sobrecarta y la exencin fiscal y militar y se aplicaban los procedimientos judiciales y electorales generales. Sin embargo, la Diputacin increment sus capacidades: asumi la de fijar impuestos, que conservaba Navarra aun teniendo que abonar un cupo anual; y le rendiran cuentas los Ayun tamientos, que antes lo hacan al Consejo Real. La subsistencia del derecho civil foral y el fortalecimiento autonmico de la diputacin se present como una adaptacin de la foralidad. En Alava, Gipuzkoa y Bizkaia pervivieron Juntas y Diputaciones Forales, que no eran estamentales. Optaron por no dialogar con el Gobierno, de modo que no se desarrollara la ley de 25 de octubre de 1839. Esta se haba recibido con alborozo, pero no dur la tranquilidad. Las dificultades comenzaron al asumir en 1840 la regencia el progresista Espartero. Las diputaciones forales proclamaban su lealtad a M Cristina, cuando tuvo que exiliarse: en el Pas Vasco los liberales se estaban inclinando al modernismo, quizs por temor al uniformismo radical de los progresistas.

Los generales Maroto y Espartero

Las Diputaciones se adhirieron despus a la sublevacin moderada de octubre de 1841, cuyo principal escenario fueron las provincias forales. Iniciada en Pamplona, se sum la guarnicin de Vitoria, donde Manuel Montes de Oca, antiguo ministro de M Cristina, se puso al frente del levantamiento, que fracas. Casi sin apoyo fuera del Pas Vasco, incluso las adhesiones locales haban sido escasas. Montes de Oca fue ejecutado en Vitoria. Tras su triunfo Espartero aboli los Fueros, con el Decreto de 29 de octubre de 1841. Vulneraba la ley de 1839: no era decisin de las Cortes, ni se haba odo a las provincias forales. Y es que el liberalismo progresista quera eliminar un foco propicio para ulteriores levantamientos. El Jefe Politico (similar al actual gobernador civil) se hara cargo del orden publico; diputaciones y ayuntamientos dejaran de organizarse segn uso y costumbre y se aplicaban los nuevos sistemas electorales; desaparecan las Juntas Generales; subsista el Derecho Civil foral, pero no las peculiaridades de la organizacin judicial, al dividirse el territorio en partidos; desapareca el pase foral; las aduanas se trasladaban a la costa y frontera. Nada deca el Decreto sobre la exencin fiscal y militar, pero anunciaba que se aplicaran sin trabas las leyes generales de la monarqua. As, la medida se entendi como el ocaso de las libertades vascas. Espartero, consciente de que seria mal recibida, disolvi el Ejrcito del Norte, para reconstituirlo personalmente y evitar nuevas sublevaciones, por influencia de los moderados locales. Para atraerse a las Vascongadas, peda una relacin de los daos de la guerra, con vistas a futuras indemnizaciones. Espartero perdi el poder en mayo de 1843, tras un pronunciamiento en el que participaron las guarniciones locales. Y entre 1844 y 1854, la dcada moderada, retuvieron el Gobierno los moderados. Ante la cuestin vasca adoptaron una actitud diferente a la progresista. Primero, por oportunidad poltica: si los fueros haban sucumbido como castigo a una sublevacin moderada, era lgico que ahora los restaurasen. En segundo lugar, por razones ideolgicas: frente al dogmatismo progresista preferan el pragmatismo; el concepto de soberana nacional no era para ellos principio radical, pues defendan la adecuacin a las realidades histricas. El Decreto de 4 de julio de 1844 restituy parte de los fueros. Volvan las Juntas Generales y las Diputaciones Forales y los Ayuntamientos recuperaban sus competencias tradicionales. Sin embargo, no se restableca el pase foral, ni se retocaban las aduanas ni los procedimientos electorales liberales, la organizacin judicial y las competencias de orden pblico del jefe poltico, ahora llamado corregidor poltico, que presidira las Juntas. Se gestaba as un nuevo sistema poltico, que engarzaba con la tradicin foral, pero que tena nuevos componentes. De ello es buen reflejo el rgimen de doble diputacin. Subsistan las Diputaciones Provinciales, si bien con reducidas competencias: tutelaban las elecciones y controlaban la libertad de prensa. Las Diputaciones Forales, designadas por las Juntas, concentraban, con estas excepciones, sus competencias tradicionales y las de las diputaciones constitucionales. Despus, los moderados incrementaron el autogobierno de las Vascongadas. La Real Orden de 6 de marzo de 1849 del Ministerio de Gobernacin concedi a la Diputacin de Alava la facultad de entender sobre los presupuestos municipales, tradicionalmente en manos del poder central. La medida ampli notablemente las atribuciones de la diputacin alavesa, pese a su escaso rango jurdico. En 1853 se ex-

tendi similar capacidad a las Diputaciones vizcana y gipuzkoana. Por vez primera en la historia foral las tres provincias se configuraron como marcos administrativos autnomos. As, durante la ltima etapa foral las Vascongadas siguieron una evolucin contradictoria. Desaparecieron competencias polticas, como el pase foral, pero se ampli la autonoma administrativa y econmica, aun sin engarzarse en el sistema constitucional. Pese a la indefinicin jurdica, a la burguesa vasca le resultaban satisfactorias las exenciones, la autonoma y, tambin, la aplicacin de las ms caractersticas medidas liberales. Y es que se introducan los cambios propugandos por la revolucin burguesa, pues el liberalismo no se reduca a las transformaciones del rgimen foral. Se generalizaban nuevos conceptos, gestados en torno al individualismo burgus. Se liberalizaba la propiedad de las minas y se desarrollaba la desamortizacin eclesistica, regulada por las leyes de Mendizbal de 1835 y 1836, el mejor ejemplo del triunfo de los esquemas burgueses: tras el Convenio de Bergara se emprendi en el Pas Vasco la venta de los bienes de la Iglesia. Aunque stos slo en Navarra y en Alava alcanzaban cierta envergadura, la desamortizacin tena hondo significado, por el poder ideolgico de la Iglesia y su animadversin al liberalismo. La desamortizacin suscit resistencias sociales, alentadas por el tradicionalismo, que desanim a eventuales compradores. An as, entre 1841 y 1844, durante el perodo progresista, alcanz rpido ritmo. Se interrumpi en 1844, con los moderados. Contra lo pretendido, los campesinos apenas participaron, por su debilidad econmica, por no ofertarse las tierras en condiciones adecuadas, o por la hostilidad a unas ventas que condenaba la Iglesia. Por lo comun, los compradores residan en los ncleos urbanos. Pese a las trabas tradicionalistas, se aplic tambin la desamortizacin de Madoz, a partir de 1855, con menos dificultades. Pese a los vaivenes del perodo (en el que rigieron tres constituciones, las de 1837, 1845 y 1869) y las luchas polticas entre moderados y progresistas, el nuevo rgimen, que podra calificarse como una adaptacin foral del liberalismo, propici unos aos de relativa estabilidad. La mayor autonoma administrativa y econmica compens, desde la perspectiva burguesa, los dficits de legitimidad que tena el nuevo sistema de autogobierno, as como la prdida de algunos derechos forales. Los comienzos de la modernizacin econmica En los aos cuarenta, tras el traslado aduanero, diversas iniciativas burguesas comenzaron a modernizar la economa, cuyas bases tradicionales (las ferreras, el trfico de lana...) se haban hundido. El trigo, que desde 1841 export Espaa durante unos 40 aos, se convirti en la base del comercio vasco. La burguesa mercantil mantuvo as sus negocios y pudo afrontar empresas innovadoras, como las que queran mejorar las comunicaciones. La burguesa bilbana intent promover un ferrocarril en 1845, para situar a la villa en un punto estratgico dentro de los enlaces de la meseta con Francia y el Cantbrico y hacer frente al proyecto de una lnea Avils-Madrid, con la que peligraba su participacin en el comercio castellano. Se form la Compaia del Ferrocarril Madrid Irn por Bilbao, con sede en Pars y colaboracin madrilea y extranjera, pero la lnea no se construy, al no desembolsarse el capital por la crisis financiera de 1846.

La construccin de maquinaria fue uno de los sectores que se desarroll en Bizkaia en el primer tercio del siglo XX.

Otras iniciativas consiguieron transformar algunas ferreras en modernas metalurgias. As, en Gipuzkoa funcionaban en 1860 varias fbricas de hierro colado, fundiciones y de armas, nacidas de esta reconversin. Similar renovacin se produca en las ferreras alavesas de Araya. Y en varias localidades vizcanas (Valmaseda, Durango, Amorebieta, Galdcano, Begoa, Ortuella) se reconvirtieron antiguas instalaciones, como sucedi con la Santa Ana de Bolueta, creada en 1841 por unos comerciantes que importaron tcnicas europeas. Resultaron decisivas las iniciativas de los mineros y comerciantes Ibarra Hermanos. En 1846 formaron la Fbrica de Nuestra Seora de la Merced para explotar unas instalaciones de Guriezo. Estaba mal comunicada, por lo que en 1855 los Ybarra fundaron en Baracaldo la Fbrica de Nuestra Seora del Carmen, pionera en la industrializacin del Nervin. Constniy hacia 1872 el primer alto horno de carbn mineral del Pas Vasco.

La ria es una de las cosas mas sugestivas de Espaa. no creo que nada exista en la Peninsula que d una impresin de fuerza, de trabajo y de energia como esos catorce o quince kilmetros de via fluvial, escribi Po Baroja.

De ndole modernizadora fue tambin la creacin de papeleras en el valle del Oria, iniciada en 1841 por La Esperanza, de los comerciantes donostiarras Brunet,

Tantonat y Guardamino, a la que siguieron las fbricas de Irura (1843), Txarama (1856), Amaroz (1858)... Los intereses prioritarios de la burguesa vasca seguan siendo los mercantiles, pero algunas iniciativas de los comerciantes resultaron decisivas, como las del Ferrocarril Tudela-Bilbao y del Banco de Bilbao. La burguesa bilbana viva crticas circunstancias. En 1855 un grupo francs fund la Compaia de los Caminos de Hierro de! Norte de Espaa, para construir el Madrid-Irun a travs de Miranda de Ebro, Vitoria y Alsasua. Bizkaia se quedaba al margen de la principal conexin de la meseta con el norte. Los comerciantes locales decidieron entonces promover una lnea desde Bilbao al interior; y crear el Banco de Bilbao, para dotarle de una base financiera. Los dos primeros ferrocarriles que cruzaron el Pas Vasco fueron as el del Norte, que una Irun y Miranda del Ebro en 1864, y el Tudela-Bilbao, que funcion desde 1863, conectaba con el anterior en Miranda y lo financiaron en lo fundamental capitales de las comarcas afectadas.

La modernizacin econmica del Pais Vasco llev a la aparicin de muy diversos sectores productivos. La fbrica Chocolates Bilbainos (Chobil) se constituy en 1920. La fotografia corresponde a 1960.

La Compaia del Ferrocarril Tudela-Bilbao fue absorbida por la del Norte en 1878, pero haba conseguido su objetivo de conectar a Bilbao con el mercado interior. El Banco de Bilbao, tambin de 1857, obrevivi, como un banco comercial que hasta 1874 tuvo la capacilad de emitir papel moneda. El desarrollo de la desamortizacin de Madoz, que afect desde 855 a los bienes comunales, adems de a los eclesisticos, fue otro xito del liberalismo burgus. En el Pas Vasco no tuvo gran importancia econmica, pero s poltica: simbolizaba el triunfo de la idea burguesa de la propiedad.

Contra la Ley Madoz se movilizaron los grupos tradicionalistas, pero slo pudieron retrasar su aplicacin. En las provincias costeras se realiz el gran asalto a la propiedad eclesistica. Tambin se vendieron bienes comunales.

Contra la Ley Madoz se movilizaron los grupos tradicionales, pero slo pudieron retrasar su aplicacin. En las provincias costeras se realiz el gran asalto a la propiedad eclesistica. Se vendieron tambin comunales (en torno a un tercio de lo enajenado en el XIX), si bien no desaparecieron totalmente. Compraron amplios sectores: pese a las reticencias tradicionalistas sobre todo, la condena a quienes se hacan con bienes eclesisticos, disminua su capacidad de presin social. No cambiaron las caractersticas de los compradores (burguesa urbana y hacendados locales, no los campesinos). Hubo tambin decisivos cambios en la minera. El hierro de Bizkaia adquiri creciente inters, tras el invento Bessemer de 1855: consegua mejor acero, pero exiga hierro no fosfrico, que en Europa slo abundaba en Suecia y Bizkaia. El mineral vizcano presentaba mejores condiciones para explotarlo con destino a la demanda inglesa: era muy rico, fcil de extraer (estaba en superficie) y, cercano a la costa, de transporte poco costoso. Para explotar de forma masiva hierro deba construirse una nueva infraestructura, la principal inversin que requera en Bizkaia la minera, pues para la extraccin bastaba un trabajo de cantera. El primer ferrocarril fue el de Triano, terminado en 1865. Lo construy la Diputacin, contra los hbitos econmicos del XIX, pues estas iniciativas sola realizarlas el capital privado. La va una al monte de Triano con el Nervin y le eran tributarias las minas ms ricas, por lo que sus tarifas fijaron los precios del transporte minero en Bizkaia. La Diputacin explot la lnea con precios polticos, que no se correspondan al decisivo papel que el ferrocarril jugaba en el sector. As, los propietarios y explotadores de las minas pudieron percibir los mayores beneficios, pese a sus exiguos desembolsos iniciales. Vinculados a los rganos forales a la produccin minera, las Juntas Generales suprimieron en 1863 la norma foral que prohiba la saca de hierro. En vsperas de la guerra varias compaas inglesas se interesaron por el mineral de Bizkaia, como la Bilbao River & Cantabrian Railway, que en 1870 adquiri minas en Galdames y proyect un ferrocarril hasta la ra. Pero la mayor parte de la poblacin trabajaba an en la agricultura. Super sta el estancamiento del primer tercio del siglo, por el desarrollo de enclaves urbanos, a los

que haba que abastecer de subsistencias, y por las mejores comunicaciones, que permitieron dedicar cada comarca a los cultivos ms adecuados, pues era posible proveerse de productos de zonas lejanas. Crecieron algunos cultivos tradicionales y las producciones se diversificaron, impulsndose hortalizas y legumbres. La expansin ganadera aument la productividad, al aportar ms abono, al que se sum el artificial.

Tranvas areos de la Sociedad Orconera Iron Ore Co. Lid., en el Monte Matamoros, 1893. La explotacin masiva del mineral de hierro exigi la construccin de una completa infraestructura, que inclua tranvas areos, planos inclinados y ferrocarriles mineros. Fotografa, Hauser y Menet.

Desde la pesca de la ballena en la Edad Media hasta las modernas flotas pesqueras. esta actividad martima ha jugado un papel de primer orden en el Pais Vasco. en pueblos costeros dotados de gran personalidad.

Pero en las provincias costeras el trigo tendi a desaparecer, desde que el tren acerc a mejores precios el de la meseta. El maz se convirti en el cereal por excelencia de este rea, en la que la mayor diversificacin colabor a aumentar la productividad, al generalizar la rotacin de cultivos. Pero los cambios, muy lentos, no eliminaron el dficit de subsistencias. Tambin en el campo alavs los cultivos se hicieron ms diversos, pero en conjunto no sali de su estancamiento. Slo en las mejores tierras de la Llanada se recuper el trigo. El ferrocarril tuvo efectos negativos en las comarcas que no podan competir con el cereal castellano. En la Rioja alavesa hubo intentos de mejorar la

fabricacin vincola, sin resultados sustanciales hasta los aos 70, tras la ruina del vino francs por la filoxera.

La descarga de los barcos del Nervin sola corresponder a las mujeres. Muelle de Ripa, hacia 1915.

La evolucin demogrfica permite valorar estos cambios. La poblacin creci lentamente, por los apuros econmicos y blicos. Entre 1787 y 1857 aument de 310.000 a 430.000 habitantes, a un ritmo medio del 0,48 % anual, por detrs del espaol (0,55 %). Entre 1857 y de 1877 la poblacin creci an ms despacio, hasta 450.000 habitantes, con una tasa del 0,27 % (la media espaola fue del 0,37 %). Hubo ntidas diferencias provinciales. En 1857 Bizkaia era ya el territorio ms poblado de las Vascongadas, y entre 1857 y 1877 inici un neto despegue, con un aumento medio del 1,35 % anual; se haba convertido en polo de atraccin migratoria. Por contra, Alava perda poblacin y Gipuzkoa creca al ritmo del 0,17 % anual. Aparecan, pues, nuevos desequilibrios provinciales. El estancamiento alavs contrastaba con los comportamientos de las provincias costeras, y, sobre todo, con la prosperidad que, a Enes de la etapa, viva Bizkaia. La ltima guerra carlista Durante el periodo los carlistas mantuvieron su ideario, pero parecan acomodarse al vigente estado de cosas. Desde que en 1844 se restablecieron en parte los fueros sus actuaciones se quedaron en las trabas a la desamortizacin o en las protestas de 1857 por la Ley Moyano que eliminaba atribuciones forales al designar maestros. En ambas ocasiones fracasaron. Tambin el liberalismo vasco perdi radicalidad. Logradas sus principales reivindicaciones, apoy la gestin de los moderados. Subsistieron las convicciones foralistas, un sentimiento general. De ah el xito de Iparraguirre, que alcanz con su Gernica'co Arbola enorme popularidad. Tambin tuvieron amplio apoyo las Diputaciones al negarse al desarrollo de la ley de octubre de 1839, as como los senadores Egaa, Barroeta Aldamar y Lersundi cuando defendieron los fueros en las Cortes de junio de 1864. En este ambiente se cre en 1862 la Dicesis de Vitoria, que comprenda Alava, Gipuzkoa y Bizkaia, antes dispersas en varios obispados. Era la nica unidad administrativa que reuna a las Vascongadas. Pero bajo la aparente estabilidad persistan hondas disensiones. Estallaron en una nueva guerra civil, en 1872. Se reprodujeron los antagonismos de la primera

carlistada: liberalismo contra tradicin, campo contra ciudad, pero ahora las cosas fueron ms complejas, como lo era la sociedad vasca. En el bando carlista hubo algunos sectores urbanos (miembros de la burguesa media, artesanos o un proletariado subempleado). El campo fue mayoritariamente carlista, pero no con la rotundidad de aos atrs. En algunas zonas no predomin el tradicionalismo (que recurri al reclutamiento forzoso) y en otras el conflicto signific un enfrentamiento social. En el carlismo de los aos setenta subyaca la protesta contra los nuevos ricos, el malestar de campesinos, artesanos y pequeos notables rurales contra los comerciantes, los propietarios y los nuevos industriales.

Interior del fuerte de Miravilla durante el cerco carlista de 1874. El ejrcito liberal organiz, con el auxilio de la poblacin civil, una completa defensa de Bilbao. Foto Carlos Monncy.

El carlismo defendi su lema Dios, Patria, Fueros, Rey, pero apenas recurri a la justificacin legitimista. En cambio, la defensa de la religin (atacada, afirmaban, por la revolucin liberal) pas a un primer plano y la causa de los fueros tradicionales jug un papel mayor que en la primera guerra. Reuni a quienes coincidan en la protesta contra el rgimen democrtico y en la defensa de unas formas de vida que incluan los Fueros, la monarqua catlica, una moral tradicional y el sistema socio-econmico del Antiguo Rgimen. El ensaamiento carlista contra el liberalismo incluy acciones contra ferrocarriles, smbolos de la modernizacin que se repudiaba, la destruccin de registros civiles, la repulsa de las mujeres casadas civilmente y la reposicin de diezmos o primicias. El camino hacia la guerra se inici en 1868, con la Revolucin de Septiembre que puso fin al reinado de Isabel II (le sorprendi el pronunciamiento veraneando en San Sebastin) y a la hegemona del liberalismo moderado. El rgimen de aspiraciones democrticas fue un revulsivo para un Pas Vasco adaptado al liberalismo conservador. Por entonces encabezaba la Legitimidad un nieto del primer Pretendiente, Carlos VII para los carlistas. Desde 1868 aumentaron sus partidarios; en l vieron catlicos y liberales conservadores el instrumento para detener la revolucin, que despert la animadversin de quienes aoraban las antiguas formas de vida, siempre reticentes al liberalismo. Al principio Don Carlos propuso combatir dentro de los cauces legales, si bien hubo ya en 1869 un intento de sublevacin. El carlismo desarroll una intensa campaa publicitaria en toda Espaa. En las elecciones a Cortes Constituyentes

obtuvo resultados satisfactorios, con ms de 20 diputados entre ellos, toda la representacin de Gipuzkoa y de Bizkaia, que formaron una combativa minora. La creacin de la Monarqua Constitucional cerr al carlismo la remota posibilidad de una va legal para acceder al poder. La corona recay en Amadeo de Saboya. Don Carlos, con escasos medios materiales, sigui utilizando vas pacficas. En 1871 consegua un notable avance electoral, con 51 diputados (15 en el Pas Vasco), pero baj en las elecciones de 1872. Mantuvo 14 diputados vascos, pero en total slo obtuvo 38. Tras este fracaso Carlos VII llam a las armas. Se levantaron partidas en el Pas Vasco y el Pretendiente cruz la frontera. Tras la derrota de Oroquieta volvi al exilio. Los carlistas vizcanos firmaron la paz en el Convenio de Amorebieta. La definitiva sublevacin comenz el 18 de diciembre de 1872, aunque ya unas semanas antes se levantaron partidas, como la del cura Santa Cruz, proclive a acciones violentas. Don Carlos nombr a Dorregaray comandante general. Y al proclamarse la Repblica en febrero de 1873 la sublevacin se generaliz. Aun con poco armamento y ninguna artillera, la sublevacin se consolid, en parte por la inoperancia del Gobierno ante la inestabilidad poltica, el levantamiento cantonal en Levante y la sublevacin cubana.

En la batalla de Luchana, en la Nochebuena de 1836, Espartero levant el sitio carlista de Bilbao, tras conseguir cruzar el ro Asa. Lit. Vallejo.

Dedic Dorregaray los primeros meses a instalar al carlismo en el campo, recurriendo a la guerra de guerrillas. Rehuy la batalla hasta la accin de Erul de mayo de 1873, que se sald con triunfo de los carlistas, que en agosto tomaban Estella, una plaza importante militar y polticamente. Desde el 16 de julio Carlos VII estaba en el Pas Vasco. La sublevacin tena ya un ejrcito de 24.000 hombres. El ejrcito liberal se encerr en San Sebastin, Tolosa, Irun, Bilbao, Portugalete, Vitoria y Pamplona. El carlismo control y dirigi el territorio durante ms de dos aos. Su base administrativa fueron las Diputaciones Forales de las Vascongadas y la Junta Gubernativa de Navarra, que dispusieron levas obligatorias, organizaron los suministros, relanzaron la produccin de armamento de Eibar y Placencia y financiaron la sublevacin con im puestos y requisas a los liberales, estableciendo una agotadora fiscalidad. En la batalla de Montejurra de noviembre resistieron a los liberales y, tras conquistar Tolosa, los carlistas decidieron sitiar Bilbao, el smbolo del liberalismo al que

se enfrentaban. Su conquista les proporcionara recursos econmicos y quizs reconocimiento internacional, imprescindible para obtener apoyos financieros exteriores. Tras tomar Portugalete, en enero de 1874 los carlistas iniciaron el sitio de Bilbao, que resisti pese a los intensos bombardeos. El ejrcito liberal respondi entrando en Bizkaia desde Santander. Tras la cruenta batalla de Somorrostro el general Concha liber Bilbao el 2 de mayo de 1874, tras 125 das de asedio. El carlismo an controlaba el territorio, tras fracasar el intento liberal de ocupar Estella, en una accin en la que muri Concha. Lo organiz como un Estado, con capital en Durango, un gobierno de tres ministerios (Guerra, Estado e Interior) y un Boletn Oficial; abri la Universidad de Oate, donde instal una Casa de la Moneda y el Real Tribunal de Justicia. Pero la situacin militar se haba estancado. El sitio carlista de Pamplona dur varios meses sin avances sustanciales; y fracas el bloqueo de Irun: 15.000 soldados llegados por mar a San Sebastin levantaron el cerco. Restaurados los Borbones en la persona de Alfonso XII y sofocadas las sublevaciones cantonales, en 1875 el Gobierno canaliz recursos para el Ejrcito del Norte, que lleg a los 80.000 hombres, frente a unos 40.000 oponentes. Los liberales levantaron el sitio de Pamplona. Los carlistas an triunfaron en Lacar, pero estaba ya claro que su victoria era imposible. El hostigamiento liberal fue minando la moral de los partidarios de Don Carlos. Llegaron las disensiones: varios generales se sucedieron en el mando, el propio Dorregaray lleg a ser procesado. El territorio carlista era ya un pas cansado de una guerra sin futuro y exhausto por las contribuciones. A fines de 1875 las tropas liberales iniciaron el ataque definitivo. Vencieron en Zumeltzu y avanzaron sobre Bizkaia y Navarra. El ejrcito carlista se desmoron. El 27 de febrero de 1876 Carlos VII cruzaba la frontera. Marcharon 15.000 exiliados. La guerra termin sin acuerdos. Ningn compromiso como el Convenio de Bergara ataba a los liberales.

Los carlistas abrieron la Universidad de Oate instalando en ella una Casa de la Moneda y el Real Tribunal de Justicia.

VII. TRANSFORMACIONES POLTICAS Y ECONOMICAS A FINES DEL SIGLO XIX La abolicin de los fueros y la instauracin del rgimen liberal Tras la derrota carlista se abolieron los fueros, pese a la oposicin de los liberales vascos. Aducan que ellos eran fueristas, y que si se castigaba a los carlistas eliminando los fueros, tambin se les castigaba a ellos, que tanto haban sufrido durante la guerra. El pragmatismo de Cnovas dio una solucin poltica al problema: opt por la abolicin de los fueros, pero manteniendo una autonoma de las provincias vascas. El Gobierno buscaba asi una base social en el Pas Vasco para el sistema de la Constitucin de 1876. La burguesa vasca, liberal, insista en la validez de la autonoma foral. En el Parlamento los diputados y senadores vascos, liberales fueristas, defendieron unnime y contundentemente los fueros con argumentos histricos y politicos, en un debate en el que destac el alavs Mateo Benigno de Moraza. No pudieron impedir la aprobacin de la Ley de 21 de julio de 1876. Con ella, los fueros vascos quedaron suprimidos. La ley acababa con las exenciones militares y fiscales. Al mismo tiempo abra la posibilidad de un rgimen excepcional. Nada se deca del autogobierno que podra subsistir, que se aplazaba a futuras conversaciones con representantes de las Vascongadas. En todo caso, si perviva alguna autonoma provincial no sera en virtud de derechos histricos. Quedaba al arbitrio del Gobierno, cuya nica obligacin sera dar cuenta a las Cortes. El acuerdo fue costoso, por el rechazo que tuvo en el Pas Vasco la ley del 21 de julio. Juntas y Diputaciones se negaron al principio a aceptar la nueva situacin. Por fin, en la primavera del 77 a la decisin de las Juntas de Alava y Gipuzkoa de conversar con el Gobierno se unieron fueristas vizcanos. Integraron una Diputacin Provincial provisional (la Diputacin Foral se haba autodisuelto al no aceptar la ley abolitoria, siguiendo la lnea del liberal Sagarmnaga) designada por el Ministro de Gobernacin y compuesta por liberales que queran as salvar alguna autonoma. De las negociaciones naci un nuevo rgimen poltico-administrativo, el de los Conciertos Econmicos. Se regul por decreto el 28 de febrero de 1878, que estableca cmo el Pas Vasco contribuira econmicamente al Estado. No se aplicara el rgimen tributario comn. Cada provincia pagara un cupo negociado entre el Estado y las Diputaciones, y stas recaudaran y fijaran los impuestos, que podran ser diferentes a los del resto de Espaa. Haba cambiado la legitimidad de la autonoma fiscal, que ahora naca de una concesin estatal, pero sta se mantena. El Concierto se prorrog en 1887, 1894, 1906 y 1925, variando los impuestos concertados y el montante del cupo. En base a la autonoma fiscal las Diputaciones ampliaron sus competencias administrativas, pues en 1878 se les reconoci a sus decisiones valor ejecutivo, la capacidad de crear arbitrios y el control de los Ayuntamientos, que les deban rendir cuentas. As, la autonoma liberal consolid a las provincias vascas como marcos fiscales y administrativos autnomos. Las Diputaciones desarrollaron una actividad muy amplia: pactan con el Gobierno, establecen impuestos, emiten emprstitos, construyen carreteras y vas frreas, disponen de cuerpos armados, etc. Nunca estas instituciones haban tenido tanta autonoma. Ni unas Juntas Generales, ni un Gobierno, ni unas Cortes, ni un Tribunal de Cuentas fiscalizaba su actuacin. Quienes dominaban las Diputaciones podan realizar sin cortapisas su poltica fiscal y administrativa. De otro lado, fueron designadas por el cuerpo electoral, no por las Juntas Generales. El

sistema anterior permita la hegemona de la aristocracia rural; el nuevo favoreci a quienes controlaban las elecciones directas con los mecanismos caciquiles de la Restauracin. Este autogobierno careca de una base jurdica slida. Los soportes legales de la autonoma administrativa eran rdenes ministeriales, ambiguamente reconocida por las leyes. El autogobierno econmico se regul por Decretos gubernamentales, excepto en 1887, cuando se incluy el Concierto en el Presupuesto estatal. La fragilidad conceptual de la autonoma liberal se aprecia tambin en la renovacin de los conciertos. Las negociaciones no se ajustaban a ningn marco normativo: sus resultados dependan de la correlacin de fuerzas del momento. No se fijaba el cupo a partir de un aparato estadstico, sino de estimaciones a veces arbitrarias.

Asi, la autonomia liberal consolid a las provincias vascas como marcos fiscales y adminsitrativos autnomos. Las Diputaciones desarrollaron una actividad muy amplia. aprovechando la nueva y amplia autonomia.

Los Conciertos supusieron una rebaja fiscal frente a otras provincias, por negociarse con valores subjetivos, al margen de situaciones concretas, y al establecerse el cupo para varios aos, en los que la presin fiscal se estabilizaba mientras creca en el resto de Espaa. Hacia 1912 se calculaba en los impuestos concertados una desgravacin entre el 50 % y el 60 %. No se concertaban todos los impuestos, por lo que tambin hubo en las provincias vascas una Hacienda estatal. No eran los principales ingresos, pero correspondan a reas que el Estado consider privativas: los productos del monopolio del tabaco, de la administracin judicial o de las minas. La autonoma administrativa no tuvo una definicin precisa: ninguna ley enumer o delimit las competencias de las diputaciones, slo reconocidas de forma vaga con la frmula de que stas mantendran las atribuciones que han venido ejercitando. En la prctica, la autonoma liberal de las Diputaciones naca de su posibilidad de establecer cuadros fiscales y del control de los municipios, que en otras provincias ejerca al Estado, una atribucin que se legitimaba apelando a la tradicin foral, pero que hasta 1849 la haban tenido las autoridades delegadas de la monarqua. Su escasa entidad jurdica minusvaloraba la autonoma liberal. Apenas se integraba en el sistema legislativo y su supervivencia dependa de la voluntad del Gobierno. Pero la ambigedad permiti autonomas provinciales mucho mayores que

las previstas por la Constitucin de 1876. La fiscalidad que aplicaron las Diputaciones se bas en los impuestos indirectos, especialmente en los que gravaban el consumo. Era la misma de la ltima etapa foral, pero las estructuras productivas haban cambiado, al menos en Bizkaia y Gipuzkoa, como consecuencia de la industrializacin. Los nuevos grupos hegemnicos, que controlaron las diputaciones, pudieron, apelando a la tradicin foral, desviar hacia la imposicin indirecta la fiscalidad que hubiera correspondido a las actividades empresariales. El constante aumento de sus gastos por aumentos del cupo, y, sobre todo, por sus mayores servicios forz a las Diputaciones a introducir nuevos conceptos imponibles, similares a la contribucin que gestionaba el Estado. Los adaptaron para atenuar su carcter directo. Inici el proceso Gipuzkoa, que ya en los aos ochenta introduca contribuciones directas, si bien no lo hizo sistemticamente hasta 1917. Alava comenz el cambio con el nuevo siglo, mientras que Bizkaia fue ms reacia a actualizar sus bases impositivas, si bien en 1906 haba ya formas del nuevo tipo de imposicin. Al crear esta fiscalidad las Diputaciones de Gipuzkoa y Bizkaia adaptaron los Reglamentos del Estado (en Alava se recurra al repartimiento por municipios, que equivala a un concierto dentro de la provincia), pero los nuevos impuestos se introdujeron de forma selectiva, prefirindose las contribuciones indirectas. Por ejemplo, en Bizkaia en 1913 por el impuesto de industria y comercio se pagaba el 84 % menos que en el resto de Espaa. El principal ingreso era el impuesto de consumos, desaparecido de los presupuestos del Estado. El rgimen de Conciertos Econmicos y la autonoma provincial permitieron que los nuevos grupos hegemnicos administrasen el pas. Pudieron imponer sus criterios, regresivos, sin graves interferencias exteriores. En conjunto, el sistema constituy un sistema singular, que slo en parte enlazaba con los precedentes histricos. Pese a sus precarias bases jurdicas y su dependencia ltima respecto a la voluntad gubernamental, permiti el funcionamiento estable del Pas Vasco dentro del sistema constitucional, sin graves disensiones. Constituy la solucin poltica al problema planteado desde comienzos de siglo por la revolucin liberal. La revolucin industrial En el ltimo cuarto del siglo XIX se produjo en Bizkaia un rpido proceso de industrializacin. Lo protagoniz la burguesa minera, capitalizada gracias a la exportacin de hierro. Sus iniciativas industriales gestaron el nuevo modelo de crecimiento. El auge minero fue rpido y sbito. En 1878 se extraa 1,3 millones de Tms. de mineral y en 1883 se llegaba a 3,6. En 1890 se acercaba a 5 millones, para alcanzar la mxima explotacin en 1899, con 6'5. La produccin creci con altibajos de carcter cclico. Hubo tres momentos de expansin, los aos 1878-1882, 1887-1890 y 1895-1899. La venta del hierro gener un importante flujo de capitales, del que entre el 75 y el 80 % se qued en Bizkaia, en mano de obra, instalaciones, servicios, impuestos, o en la forma de beneficios empresariales. De stos, hacia el 40 % correspondi a las compaas extranjeras que participaron en el negocio minero. Los mineros vizcanos obtuvieron beneficos cuya cuanta signific un revulsivo econmico. Se concentraron

en un reducido grupo.

Edificio del Banco de Bilbao con sus ventanales protegidos con pieles, durante el ataque carlista de 1874.

En la ltima dcada del siglo 6 grupos, compaas o corporaciones, obtenan alrededor del 58 % de los beneficios devengados por el mineral: Orconera Iron Ore, Martnez Rivas, Franco-Belga, Ibarra Hermanos (que participaban adems en un cuarto del capital de Franco-Belga y Orconera), la Diputacin de Bizkaia (obtenidos en el Ferrocarril de Triano) y el grupo Chvarri. Hubo otros mineros locales con beneficios importantes, como los Echevarrieta y Larrnaga, Daro p. Arana, Gandarias o Lezama Leguizamn. Los Sota, que explotaron minas en Saltacaballos (Cantabria) desde 1887, obtuvieron beneficios similares a los de la lite minera de Bizkaia. La inversin de beneficios mineros inici la industrializacin, cuya cronologa sigui, con algn desfase, el ritmo cclico de la minera. En el ciclo 1878-1882 se fundaron tres siderurgias. Las promovan los principales mineros. Los Rivas, la San Francisco (1878), Vctor Chvarri la Bizkaia (1882), mientras Altos Hornos de Bilbao (1882) era transformacin de la Fbrica de Nuestra Seora del Carmen que regentaban Ybarra Hermanos. Las dos primeras buscaban slo elaborar lingote, para exportarlo, y Altos Hornos de Bilbao aspiraba a dirigir su produccin al mercado nacional. En el ciclo inversor 1888-92 estos empresarios apostaron por el mercado nacional, reconvirtiendo las siderurgias y promoviendo metalurgias que transformaran sus semielaborados. El cambio se inici hacia 1888, al crearse Astilleros del Nervin, que fabricaron buques para la armada. La burguesa vizcana comenz a reivindicar el proteccionismo. Con el acicate de la ley proteccionista de 1891 nacieron varias metalurgias (Talleres de Deusto, Aurrer, Basconia, Alambres del Cadagua o Tubos Forjados). De estos aos data tambin la compra por bilbanos de minas de carbn en Asturias y Len, el ferrocarril de la Robla (para transportar la hulla leonesa), el Banco del Comercio y las primeras navieras de Sota y Aznar. El siguiente ciclo comenz tras la guerra de Cuba. Los altos beneficios mineros de estos aos y las mejores expectativas econmicas provocaron entre 1898 y 1901 una inusitada movilizacin de capital. Naci un nuevo sector naviero (133 buques vizcanos recalaban en 1901 en el puerto de Bilbao, frente a los 37 de 1897), surgieron

los seguros, promocionados por navieros, que constituyeron tambin el astillero Euzkalduna. Se compraron minas de plomo, hierro, cobre, azufre, etc., en Gipuzkoa, Santander, Lugo, Crdoba, Huelva, Sevilla, Jan, Almera, Teruel, Ciudad Real, Albacete... Proliferaron las iniciativas financieras: en 1901 haba en Bilbao 7 bancos, algunos especulativos. Varios desaparecieron. Sobrevivieron Banco de Bilbao (fusionado con el del Comercio), Banco de Vizcaya y Crdito de la Unin Minera. Los dos primeros los dirigan miembros de la gran burguesa, y al Crdito medianos mineros. En este ciclo se fundaron las primeras empresas elctricas importantes, se fusionaron Altos Hornos de Bilbao, la Vizcaya y la Iberia en Altos Hornos de Vizcaya y los vizcanos participaron en diversos monopolios, asociaciones de productores y compaas que aspiraban a controlar su ramo productivo. En la fundacin empresarial de los aos 1898-1901 se movilizaron pequeos y medianos capitales, pero no se diluy el control de la oligarqua de origen minero. La euforia econmica termin a mediados de 1901, con el crack de la Bolsa de Bilbao, que liquid a muchas empresas. Pero haba nacido ya una moderna y diversificada estructura de la economa vizcana.

La industrializacin guipuzcoana del XIX no tuvo la intensidad de la vizcaina.

Frente al despegue industrial de Bizkaia, Alava experiment una grave recesin. Surgieron algunas pequeas fbricas, en parte artesanales, pero su economa segua dependiendo de la agricultura, que vivi malos tiempos. Con la revolucin de los transportes naci un mercado mundial, en el que difcilmente poda competir el cereal alavs. La legislacin proteccionista de 1891 contuvo la competencia exterior, pero no mejor la baja productividad del cereal alavs. En cuanto a la Rioja alavesa, vivi aos de auge tras la guerra, por la mayor demanda consecuencia de la crisis vitcola francesa. No se aprovecharon para captar los mercados que abandonaron los franceses y al recuperarse los vinos de Burdeos acab esta expansin. Hacia 1888 se agrav la crisis al afectar la filoxera a las cepas de la Rioja. La industrializacin gipuzkoana del XIX no tuvo la intensidad de la vizcana. En el ltimo cuarto del siglo sigui el asentamiento paulatino de fbricas dedicadas a distintas ramas productivas. Se instalaron industrias de consumo, como la alimenticia o la de madera y muebles, las papeleras modernizaron sus procesos de fabricacin y se

acentu la especializacin armera de Eibar. Coincidiendo con el boom de Bizkaia de 1898-1901 hubo en Gipuzkoa un auge empresarial, representado por el Banco Guipuzcoano o la participacin de fbricas gipuzkoanas en compaas nacionales, como Construcciones Metlicas y La Papelera Espaola... Como fruto de su mayor dinamismo, Bilbao tuvo un notable peso en la construccin de la infraestructura ferroviaria del Pas Vasco. Las vas tendidas entre 1879 y 1890 recorran las riberas fluviales de su entorno. Unan Bilbao con las poblaciones de ambas mrgenes de la ra (Portugalete y Las Arenas), con Durango (siguiendo el Ibaizbal) y con Valmaseda (por el Cadagua). En la siguiente dcada se prolongaron algunas lneas fuera de los lmites de Bizkaia. A partir de Durango y Valmasedalos ferrocarriles que enlazaron Bilbao con Santander, San Sebastin y el norte de Len. La poblacin creci a un rpido ritmo. Entre 1877 y 1900 aument un 34 %, de 450.000 a 604.000 habitantes. Era un saldo excepcional, pues la poblacin espaola creca slo un 9,3 %. Consecuencia del despegue industrial y minero, el crecimiento era, sobre todo, de Bizkaia, pues pas de 190.000 a 311.000 habitantes. Aument en un 64 %, en contraste con el estancamiento de Alava, que creci slo el 3 % (de 93.500 a 96.400): se abandonaban las zonas agrarias y slo Vitoria presentaba netos ascensos. En Gipuzkoa, acorde con su pausada mejora de econmica, el crecimiento fue ms moderado que el vizcano: subi de 167.000 a 196.000, un 17 %. La inmigracin fue el fenmeno ms caracterstico del boom demogrfico. Su impacto no fue similar en las tres provincias. Mientras en 1900 slo el 12,3 % de la poblacin gipuzkoana era inmigrante, en Bizkaia alcanzaban el 27,8 %. La inmigracin se concentr en las zonas directamente afectadas por el despegue minero e industrial. As, mientras los contingentes de poblacin fornea eran muy reducidos en las comarcas rurales de Bizkaia, entre el 3 y el 7 % del total, en los distritos de Bilbao y Valmaseda ocupaban un porcentaje decisivo, del 42 %. En estas zonas, de creciente influencia por su vitalidad econmica, se estaba creando una nueva sociedad, con problemas y comportamientos distintos a los tradicionales. El despegue econmico y el boom demogrfico provocaban en la vida de Bizkaia bruscos y traumticos. Las transformaciones acabaran influyendo en todo el Pas Vasco, pero la gnesis del pluralismo vasco se explican por los intensos cambios que se daban en esta provincia.

VIII. EL PLURALISMO VASCO La nueva sociedad A fines del XIX naci en Bizkaia, inducido por la industrializacin, el pluralismo vasco, en el que convivan distintos mbitos, cada uno con sus valores, comportamientos y concepciones polticas. Lo representaban el liberalismo monrquico, el nacionalismo vasco y el movimiento obrero. En la burguesa industrial naci una nueva versin del liberalismo, que aspiraba a influir en la poltica del Estado; el proteccionismo inici una evolucin ideolgica hacia un nacionalismo espaol. Entre los grupos de trabajadores surgi un movimiento obrero, de carcter socialista, articulado en agrupaciones sindicales y polticas. Y el nacionalismo vasco fue la reaccin de la sociedad tradicional ante las nuevas condiciones; a diferencia del carlismo tena en cuenta las consecuencias de la revolucin industrial. El liberalismo de referencia fuerista y el tradicionalismo pervivieron en las zonas que no recibieron el impacto directo del hecho industrial. Aun en retroceso, durante dcadas los antagonismos polticos de Gipuzkoa y Alava pudieron entenderse en las mismas claves del perodo anterior. Liberalismo espaolista, socialismo y nacionalismo vasco constituan respuestas diferenciadas a un mismo fenmeno, la modernizacin econmica, y reflejaban a distintos mbitos sociales, con sus dinmicas propias. Los dos ltimos, antagnicos polticamente, se vertebraron como movimientos de masas; el liberalismo, como un grupo de presin, compuesto por notables, sin arraigo popular, pero con capacidad de controlar el poder, gracias al sistema poltico de la Restauracin, basado en el caciquismo.

Las prcticas caciquiles decidan los resultados electorales, que no reflejaban la voluntad popular. El Rey Alfonso XIII en Las Arenas.

El rgimen se asentaba en el turno entre los dos partidos dinsticos, liberal y conservador, que alternaban en el poder. Los caciques locales se encargaban de obtener los resultados previstos por el Gobierno, falseando las elecciones, un funcionamiento que no cambi tras la instauracin del sufragio universal (masculino) en 1891. En el Pas Vasco este peculiar sistema poltico tuvo una dinmica propia. Se introdujo el sistema caciquil y la corrupcin electoral, pero por lo comn las oligarquas locales se sobrepusieron a las orientaciones del Gobierno.

Este funcionamiento autnomo se debi en Alava y Gipuzkoa a la debilidad del liberalismo, que tena que competir con el tradicionalismo. No pudo imponerse el turno de partidos, pues con frecuencia tenan que coaligarse liberales con planteamientos encontrados. En Bizkaia dominaron los liberales, pero tampoco se introdujo el sistema de partidos turnantes. Durante los aos 80 slo tuvo acogida el partido liberal, por el desprestigio del conservador, al que se responsabilizaba de la abolicin foral. Despus, el grupo hegemnico, la oligarqua minera, pas en bloque al partido de Cnovas, porque defenda el proteccionismo. Se situ as al margen del turnismo, a lo que colabor su deseo de asegurarse el control de la provincia. Los partidos del perodo (fuesen liberales o tradicionalistas) carecan de una organizacin estable y de programas definidos. Eran agrupaciones de notables, que juntaban sus redes de influencias en las elecciones. Las prcticas caciquiles decidan los resultados electorales, que no reflejaban la voluntad popular. En el Pas Vasco arraig tempranamente la compra de votos, sobre todo en Bizkaia, aunque tambin tuvo importancia en Vitoria y se llev a cabo en Gipuzkoa. Desde de 1891, en todas las elecciones se compraron votos, una corrupcin que quizs indicaba cierta conciencia poltica, pues al menos el elector daba un precio a su voto. A veces el dominio del cacique dur una gran perodo. Casos extremos los representaron el dominio de los Urquijo sobre el distrito de Amurrio, el de los Gandarias en Gernika o el de Joaqun Arteaga en Zumaya. Mantuvieron sus actas de diputados sucesivas elecciones. La lentitud de la modernizacin de Gipuzkoa y su ausencia en Alava explican que en ambas provincias el principal antagonismo del perodo enfrentase a tradicionalistas y liberales, como en las dcadas anteriores. En el carlismo desaparecan las invocaciones al Rey, pues Carlos VII se haba desprestigiado durante la guerra antes sus seguidores. Los ejes de la propaganda fueron unos fueros vinculados a concepciones ultracatlicas y la defensa de la influencia de la Iglesia en la poltica. En 1888 el carlismo sufri una escisin, encabezada por Ramn Nocedal. Acusaba a Carlos VII de liberal. El Pretendiente apoyaba un partido ms abierto para actuar ms en la esfera poltica que en la religiosa. Surgi un nuevo grupo, el integrista, que se desvinculaba del pleito dinstico y afirmaba defender la verdad catlica ntegra: combatir la secularizacin de la sociedad y recristianizarla eran sus objetivos. Perdan el proyecto de Estado carlista y afirmaban que slo hacia falta el reinado social de Jesucristo. Cristo Rey fue su divisa. No despert en el Pas Vasco las adhesiones populares del carlismo, pero influy en las elites intelectuales y en el clero fiel al tradicionalismo ultrarreligioso. La prensa carlista, carmelitas y jesuitas participaron del integrismo. Tambin los liberales de Alava y de Gipuzkoa permanecieron anclados en sus anteriores bases doctrinales. Componan un grupo heterogneo, con escasa penetracin fuera de las capitales y algunas medianas poblaciones. Se vieron seriamente afectados por el resultado de la guerra. El fin de los fueros desconcert a quienes tenan en el fuerismo una de sus referencias. Fragmentados en conservadores, liberales y republicanos de diversas tendencias, su unin no era fcil, pues slo compartan su anticarlismo. En Alava y Gipuzkoa durante el ltimo cuarto del siglo el tradicionalismo pudo

captar cuotas del poder local y provincial y representaciones en Cortes. Ahora bien, su presencia disminua segn se ascenda en la escala poltica. Controlaban los municipios de amplias reas, y alguna vez hasta el de Vitoria, pero su participacin en el poder provincial era sustancialmente menor, aunque algunos aos tuvieron la mayora de la Diputacin de Gipuzkoa, y excepcionalmente de la alavesa; la captacin tradicionalista de actas en Cortes disminua considerablemente. Los tradicionalistas dominaban algunos distritos. No se les escaparon casi nunca los de Tolosa y Azpeitia. Los liberales, por contra, controlaban los de San Sebastin e Irun y Amurrio. Los distritos de Bergara, Zumaya, Laguardia y Vitoria, en cambio, se los disputaban los dos sectores polticos. En Bizkaia el liberalismo dinstico se hizo con el control poltico. Y hacia 1890 la nueva burguesa industrial capt las representaciones en Cortes y control los principales ayuntamientos y la Diputacin. No confiaron la defensa de sus intereses a polticos profesionales, sino que ellos mismos estuvieron en las Cortes. Lo explica la importancia que para el desarrollo empresarial tenan los centros de decisin de Madrid y la bsqueda de reconocimiento social por los nuevos ricos.

El comercio, y despus la industria, hicieron que en Bilbao hubiese una importante colonia extranjera. De ello es muestra el cementerio protestante, que tambin se llam Cementerio Britnico, en lo que hoy se conoce como Campa de los Ingleses. La imagen es de 1874.

Inici este cambio poltico Vctor Chvarri, diputado por Valmaseda ya en las elecciones de 1886. Desde las siguientes, en 1891, fue habitual la presencia de grandes empresarios en las elecciones a Cortes. Esta hegemona poltica de la oligarqua se reprodujo en el nivel provincial. Chvarri fue en esto la personalidad con mayor influencia: a veces se identificaba a diputados provinciales como chavarristas, sin ms precisiones. En Bilbao la numerosa poblacin y la presencia de tradicionalistas, republicanos, socialistas, nacionalistas o fueristas dificultaban el dominio de las redes caciquiles del liberalismo dinstico. Fue el origen de La Pia, como se conoci a la Unin Liberal promovida por Chvarri, formada para impedir disputas entre liberales y preparar las elecciones municipales de 1897. Se repitieron sucesivas veces iniciativas similares. La Pia simboliz el control caciquil del sufragio y la hegemona de la gran burguesa vizcana. Al acabar el siglo nacionalistas y socialistas participaban ya en las elecciones,

pero sin grandes xitos. Estos dos movimientos y las nuevas opciones ideolgicas de la burguesa vizcana transformaran en algunas dcadas el panorama poltico del Pas Vasco. Hacia el liberalismo espaolista: el proteccionismo Entre las novedades ideolgicas de fines del XIX se cuenta la aparicin del proteccionismo, que arrastr desde 1891 a casi toda la burguesa vizcana. Quera aranceles que desanimasen la importacin. La toma de postura naca de los intereses siderrgicos y llev a la burguesa vizcana a integrarse en un movimiento de alcance nacional, junto a catalanes, andaluces, asturianos y madrileos. Sus argumentos anticipaban las lneas de un naciente nacionalismo espaol, al grito de Espaa para los espaoles. Viva el trabajo nacional. El proteccionismo fue as el puente ideolgico con el que la burguesa liberal vasca vade la distancia entre su fuerismo del siglo XIX y los postulados centralistas del XX. La reorientacin de las siderurgias hacia el mercado espaol a fines de los aos 80 generaliz en los grupos burgueses estas convicciones. Adems, nacieron en Bizkaia diversas metalurgias, desde que en 1890 se anunci una inminente ley proteccionista. Desde entonces un grupo numeroso de capitalistas iba a luchar por la rentabilidad de sus inversiones. La presin proteccionista ante el Estado se convirti en el medio de asegurar sus negocios. Pronto los industriales captaron las representaciones de Bizkaia, como fruto de unos anlisis que apreciaron las dimensiones polticas de los problemas econmicos. Pero no bastaba la presencia en Cortes y Diputacin. Se emplearon tambin cauces no institucionales para presionar al Estado. El Decreto proteccionista de 31 de diciembre de 1891 creaba altos derechos para los productos siderrgicos, pero permita que el Gobierno introdujese rebajas en los aranceles mediante Tratados de Comercio; y conservaba tarifas especiales para la importacin de material ferroviario. La primera gran movilizacin, de 1893, la provoc el intento gubernamental de concertar Tratados de Comercio con Alemania e Italia. El arancel quedara sin efecto si, como se anunciaba, servan como base para convenios con otros pases. Como afectaba a todos los sectores proteccionistas, no slo a los siderrgicos, el movimiento fue general. Los industriales bilbanos pudieron colaborar con la burguesa catalana. En diciembre de 1893 se celebr en Bilbao un meeting-protesta contra los Tratados de Comercio, que result clave en la organizacin de la burguesa vizcana como grupo de presin. Demostr una gran capacidad de movilizacin, que le otorg de momento el liderazgo del proteccionismo espaol, bien representado en el mitin. Los discursos definieron algunos caractersticas ideolgicas del movimiento. Nacionalismo econmico espaol, identificacin de los intereses industriales con las necesidades nacionales, aspiracin autrquica, exigencia de la intervencin estatal en la economa: se configuraban un nuevo ideario, que caminaba hacia un proyecto nacionalista espaol vinculado a las posiciones empresariales. Del mitin sali la idea de una asociacin de los industriales vizcanos. Fue la Liga Vizcana de Productores, que se integr en la Liga Nacional de Productores, nacida casi a la vez, con representantes de Catalua, Vascongadas, Navarra y Asturias. Su meta iba ms all que la lucha contra los Tratados. Peda la supresin de todos los privilegios arancelarios.

La Liga Vizcana de Productores, fundada en enero de 1894, dirigi desde entonces la agitacin proteccionista. Ejerci una constante presin sobre la opinin pblica, alertndola cuando el Gobierno adoptaba medidas librecambistas. Organiz adems a las fuerzas vivas vizcanas para respaldar a senadores y diputados en la defensa de la proteccin. Y coordin la agitacin, promoviendo mtines, fomentando una campaa de prensa y alentando las protestas de empresas y corporaciones bilbanas.

Desde que en 1890 se anunci una inminente ley proteccionista, nacieron en Bizkaia diversas empresas metalrgicas.

La movilizacin tuvo xito pues, tras complejas negociaciones, en julio de 1894 se abandon el proyecto de los Tratados de Comercio. Sin embargo, la Liga Vizcana de Productores no desapareci. Reivindic en lo sucesivo progresos en el rgimen arancelario. En esta poltica la burguesa vasca apenas se vi acompaada por industriales de otras regiones. Su siguiente objetivo eliminar los privilegios ferroviarios no afectaba a todo el complejo industrial espaol. Era una reivindicacin sectorial, en la que la siderometalurgia vasca era la principal, casi la nica, implicada. El acto central de la nueva campaa fue el mitin de enero de 1895, en Bilbao. Fue un acto netamente local, con oradores vizcanos que plantearon los problemas de su industria. Presentado como una reunin de todas las clases sociales, reuni 7.000 obreros, que actuaban as como elemento de presin ante el Gobierno. Se reivindic el fin de las tarifas especiales de ferrocarriles, y, tambin, la intervencin del Estado en la economa, de modo que en las obras pblicas slo se admitiesen productos nacionales. El ascenso de Cnovas al poder en marzo de 1895 abri las puertas al triunfo de las reivindicaciones de la burguesa vasca. Al ao siguiente las Cortes discutieron la ley de auxilios a los ferrocarriles y los industriales vizcanos solicitaron la proteccin expresa a la siderurgia. La Liga Vizcana de Productores lleg a amenazar con el cierre de fbricas, si no se abolan las tarifas que desgravaban la importacin de material ferroviario. Una ley de septiembre de 1896 las anul. La Liga lograba as las principales aspiraciones formuladas durante el quinquenio anterior. El nuevo status permiti que en 1897 se formase el primer Sindicato siderrgico: las fbricas espaolas se repartan el mercado, para aprovechar al mximo los altos precios permitidos por la ley proteccionista, que tenda a aislar al mercado espaol. Los

resultados fueron espectaculares. En 1899 los dividendos de Altos Hornos de Bilbao y la Vizcaya alcanzaban el 20 % del capital, beneficios nunca conseguidos por una industria en el Pas Vasco. La burguesa vasca comprobaba as las ventajas de la intervencin estatal y las posibilidades que se derivaban del proteccionismo, convertidas definitivamente en sus principales aspiraciones polticas. Se completaban con la bsqueda de la concentracin empresarial: se concret en la formacin de Altos Hornos de Vizcaya. La integracin en los crculos de poder de Madrid, el recurso a los mecanismos de presin y una poltica corporativa para exigir la intervencin econmica del Estado configuraban el nuevo panorama poltico que encabezaba la gran burguesa vizcana. Esta actitud responda al mismo espritu que triunfaba en casi toda Europa en los aos de la segunda revolucin industrial. Surga el capital monopolista, en el que las pequeas y medianas empresas difcilmente podan rivalizar con el gran capital. Se superaba de forma generalizada el liberalismo ortodoxo. Las lites econmicas estimaron que un mayor protagonismo del Estado poda resultar vital para su crecimiento. Se otorg as un nuevo papel al Estado, que tena que dejar de ser neutro desde el punto de vista econmico. La burguesa de la primera mitad del XIX se haba preocupado de distinguir sociedad y Estado, para que el libre juego econmico regulase a la sociedad, conforme al principio del laissez faire. A fines del XIX haba quebrado de este principio, el Estado no poda quedar al margen de los negocios en la sociedad presidida por el gran capitalismo. De las nuevas concepciones particip plenamente la gran burguesa vizcana, que lleg al mundo empresarial cuando se afirmaban las nuevas tendencias. Alababa al orden liberal basado en la competencia, pero apostaba por el modelo monopolista nacido de la segunda revolucin industrial. La singularidad del camino que sigui la burguesa vasca no radicaba en estas posiciones. Resida en que llegaban sin pasar antes por la etapa del individualismo empresarial, tal como lo entenda el liberalismo ortodoxo. Al corporativismo de mediados de siglo sucedi otro corporativismo monopolista, que buscaba el apoyo estatal. Y es que en la industrializacin de Bizkaia fueron primero las grandes empresas. Despus, las medianas y pequeas, que dependan institucional y econmicamente de aquellas. El nacionalismo vasco El nacionalismo vasco naci a partir de las repercusiones que tuvieron en la sociedad tradicional la abolicin foral y los cambios que produjo en Bizkaia la industrializacin. Lo elabor Sabino Arana, que articul aspiraciones dispersas de sectores de la sociedad vasca vinculados al tradicionalismo. No obstante, en el nacionalismo tambin jugaron un papel elementos de origen liberal. Tras 1876 un sector minoritario del liberalismo fuerista evolucion hacia posturas de tipo nacionalista. Lo representaban en Navarra la Asociacin Euzkara y en Bilbao la Sociedad Euskalerra. Rechazaban a los partidos monrquicos, de los que, decan, tendran que separarse los vascos, para defender la bandera foral. Subyaca la idea de que los vascos tenan una personalidad propia, diferente de la espaola. Pero el nacionalismo sabiniano naci desde el tradicionalismo, cuya orientacin mantena; eso s, a diferencia del carlismo tena en cuenta las implicaciones de la revolucin industrial. Su ideologa se configur como respuesta a las novedades socioeconmicas, cuando se aceleraba en Bizkaia la destruccin de las formas de vida

tradicionales y la inmigracin haca retroceder el euskera, cambios que se sumaban a la abolicin foral.

Las propuestas de Sabino Arana se concretaron en su enunciacin independentista de que Euskadi es la patria de los vascos.

Para Sabino Arana la invasin maketa (la invasin espaola) era el origen de los males de la sociedad vasca. Teora antiindustrial, el primer nacionalismo se opona genricamente a los males de la industrializacin, destacando a uno de ellos, la inmigracin. Reforzaba su carcter tradicionalista el peso de la religin, pues se atribua una misin salvfica de tipo religioso, expresada en el lema Gu Euskadirentzat Ta Euskadi Jaungoikoarentzat (Nosotros para Euskadi, Euskadi para Dios). Para Arana la invasin espaola constitua germen de deterioro de la moral. Las propuestas de Sabino Arana se concretaron en su enunciacin independentista de que Euzkadi es la patria de los vascos. Se justificaba con argumentos historicistas. Su reinterprctacin del pasado legitimaba tales aspiraciones, con el argumento de que las provincias vascas (llamadas ex-Estados vascos) haban sido independientes hasta 1839. La historia inspiraba tambin su proyecto poltico, apenas concretado, al proponer la vuelta a las formaciones tradicionales del Pas Vasco, restaurando usos y costumbres. Los males terminaran con la vuelta a la tradicin, una imaginaria sociedad rural formada por caseros de raza vasca legalmente iguales, partcipes de una democracia perfecta, sin las tensiones que traan liberalismo y espaolismo. Era la exaltacin ruralista de una sociedad preindustrial. Al principio el nacionalismo, elaborado en Bizkaia, se identific con bizkaitarrismo: la argumentacin histrico-foral le forzaba a expresarse en trminos provinciales. Pero implicaba una teora nacional, al justificarse por la existencia de una raza vasca_ Alaba, Benabarra, Gipuzkoa, Lapurdi, Nabarra y Zuberoa tenan as una identidad sustancial con Bizkaya. Propona una Confederacin de los Estados euskerianos, ligados en el orden social y en el de las relaciones con el extranjero, con posibilidad de secesin. El primer nacionalismo vasco responda al modelo romntico o tradicionalista:

defina la nacin en virtud de caracteres objetivos, situados al margen de la voluntad de los individuos. Cinco elementos componan la nacionalidad vasca: raza; lengua; gobierno y leyes; carcter y costumbres; personalidad histrica. El prioritario era la raza, por la reaccin a la invasin maketa. Para el primer nacionalismo exista una raza vasca original y pura, si bien no intent definirla. Se limitaba a afirmar su originalidad, que probaba por la existencia del euskera. Consideraba vasco al de apellido vasco: sea deriv una dinmica excluyente, que dificultaba el arraigo del nacionalismo, por las trabas a quienes no tenan el necesario apellido. La lengua, secundaria respecto a la raza, serva para demostrar la originalidad y pureza de sta. Concebida como elemento diferenciador, tena una funcin instrumental: el euskera deba propagarse entre las personas de raza vasca, impidindose que la aprendiesen los make-tos. Los otros tres factores definitorios de la nacionalidad, con menos importancia, precisaban las virtudes de la raza vasca y legitimaban el planteamiento nacionalista. Tal concepto de nacin era tradicionalista. Frente al Dios, Patria, Fueros, Rey del carlismo propuso el lema Jaungoikoa eta Lagizarra (JEL). Mantena el peso de la religin (Jaungoikoa, Dios), pero el Lagizarra le apartaba del carlismo, cuyo error, segn Arana, fue vincular la causa foral a una dinasta. Fuero poda confundirse con privilegio: lo sustituy con lagizarra, la ley vieja, los usos y costumbres tradicionales. En Jaungoika eta Lagizarra, Eta simbolizaba las relaciones entre Iglesia y Estado. Arana propona separar ambos campos, aunque la legislacin civil debera ajustarse a los preceptos catlicos. El primer nacionalismo vasco, tradicionalista y ruralista, provena de mbitos burgueses vinculados al mundo tradicional, cuyos negocios quedaban desplazados en la nueva sociedad industrial. Naci en Bilbao, donde tuvo sus primeros adeptos y xitos polticos. Su antiindustrialismo reaccionaba ante los emigrantes, pero haba una crtica implcita a los nuevos capitalistas, a los que se responsabilizaba de la nueva situacin. Su alternativa evocaba un mundo ideal, a construir cuando se consiguiese la independencia. Sabino Arana empez su vida poltica en 1893. En su discurso de Larrazbal expuso las lneas bsicas de su doctrina. En 1894 fund la sociedad nacionalista Euzkaldun Batzokija, con casi 200 miembros. La efervescencia poltica de algunos sectores propiciaba se propagase el independentismo. As se revel en la Sanrocada de 1893, un acto de exaltacin fuerista en Gernika, en la manifestacin de San Sebastin del mismo ao, al grito de Vivan los Fueros!, o en la Gamazada, movilizaciones navarras de 1893 y 1894 contra un presupuesto que vulneraba la Ley Paccionada, que forzaron la dimisin de Gamazo, ministro de Hacienda. Protagoniz esta agitacin el liberalismo fuerista, en el que un sector de la Sociedad Euskalerria evolucion hacia posiciones nacionalistas. Lo encabezaba Sota y abundaban los navieros. Al principic Arana les rechazaba por liberales, pero afirmaban en 1897 que profesaban su misma doctrina, aun discrepando de la intransigencia que dificultaba el avance nacionalista.

Politicos nacionalistas vascos. De izquierda a derecha de la imagen: Garay, Apodaca, Arbeloa, Heliodoro de la Torre, Jos Hom Areilza, Luis Arana Goiri, Ramn de Vicua, Jos Antonio Lecube y Zarandona (1930).

Coincidiendo con la crisis de 1898 confluyeron sabinianos y euskalerrianos. Estos, un grupo burgus no monopolista, ingresaron en el nacionalismo. Sin una teora nacional propia, asuman la de Arana, que admiti a los liberales provenientes de la Euskalerria. Influyeron quizs las dificultades que creaban los problemas financieros, la persecucin gubernamental y las limitaciones del radicalismo purista. No se haba consolidado an el nacionalismo. Sus dos primeros peridicos los cerr el gobierno. En 1897 se disolva el Euzkeldun Batzokija, suspendido dos aos antes por orden gubernativa. En 1895 se haba creado el Partido Nacionalista Vasco, pero su irradiacin no pasaba de Bilbao y algunos pueblos de Bizkaia. La unin de euskalerrianos y sabinianos fue rentable. En 1898 Sabino Arana fue elegido diputado provincial. Pero naca un movimiento complejo, con sectores tradicionalistas y burgueses liberales, que no rechazaban la industrializacin, ni sacralizaban el independentismo. Sus intereses (que no exigan la intervencin estatal proteccionista, pero s la unidad del mercado espaol) iban ms bien por la va autonomista. No lo formularon explcitamente, ni cuestionaron en el terreno ideolgico (s en la prctica) la ortodoxia independentista, pero el radicalismo sabiniano se hizo compatible con el pragmatismo burgus. Desde 1898 se abandon el antiindustrialismo extremo, aun manteniendo idealizaciones ruralistas. Al comenzar el siglo el nacionalismo, con minoras municipales en Bilbao, Bermeo, Mundaka, Arteaga, sufri una mayor represin. En 1902, cuando Arana estaba en la crcel, avanz la idea de crear una Liga de Vascos Espaolistas. Pretenda al parecer crear un partido que aceptando el hecho constitucional luchase por la autonoma, para, evitar problemas legales y defender mejor la nacionalidad vasca. Al morir Arana en 1903 se abandon esta va. Desapareci tambin la posibilidad de innovaciones tericas. Se fren cualquier rectificacin del radicalismo sabiniano, que quedara abortada apelando a la fidelidad al fundador, cuya figura se mitific. En la primera dcada del siglo el nacionalismo vasco adoptaba la forma de un movimiento nacional, dotado de un sentido de comunidad. Su implantacin social creca, tanto en Bizkaia como en Gipuzkoa.

El movimiento obrero El movimiento obrero comenz a incidir en la vida del Pas Vasco desde 1890. La clase obrera estaba surgiendo de forma rpida y brusca, por la puesta en explotacin de las minas y la instalacin de nuevas fbricas. Formaban una nueva sociedad, compuesta bsicamente por inmigrantes. En principio llegaban a Bizkaia como temporeros, en los meses de paro estacional agrcola, o con la idea de volver en algunos aos a su pueblo. Los mineros sufran las peores condiciones. La mayora eran peones que acarreaban hierro. El patrono poda sustituirlos con facilidad, por la abundancia de mano de obra. Tenan escasa capacidad de exigir mejores condiciones de trabajo. Los obreros industriales podan ejercer mayor presin sobre la empresa. Ms estables, su capacidad asociativa era mayor, si bien en este mbito haba situaciones diversas, segn trabasen en grandes fbricas o pequeos talleres, o fuesen peones u obreros especializados. Unos y otros vivan en condiciones precarias, con psimas condiciones de higiene, de vivienda y de alimentacin. El rpido crecimiento de pueblos y barrios no preparados para el boom deterior los niveles de vida. Las tasas de mortalidad llegaron a superar el 40 % (el doble que en las zonas agrarias) y se redujo la esperanza de vida, en algunas localidades por debajo de los 20 aos, por las deficiencias higinicas, sanitarias y laborales. El hacinamiento alcanz su mxima expresin en la zona minera. Alejadas las minas de los pueblos, los patronos construyeron barracones, donde se agolpaban un centenar o ms de camas, cada una para dos o tres obreros. Por lo comn los mineros deban vivir en los barracones, que regentaban capataces de la empresa, a cambio de un pago elevado. Tambin en las viviendas de los barrios era habitual el hacinamiento. La caresta de los alquileres forzaba a subarrendar cuartos. Solan vivir en el mismo piso, de reducidas dimensiones, dos o tres familias y varios huspedes. La alimentacin precaria fue habitual. La base de la dieta era el pan, y se completaba con tocino, tasajo, alubias, garbanzos, patata y vino. Para los mineros era obligatorio consumir en las cantinas de la empresa, cuyos abastecimientos, de altos precios, eran de muy baja calidad. Las jornadas de trabajo eran largas. En las minas eran al principio de sol a sol. Exista el trabajo a tarea (a destajo): pequeas cuadrillas ajustaban el sueldo por tanta cantidad de mineral. Era un trabajo agotador, en el que cada obrero obtena unas dos toneladas diarias de hierro.

MINAS DE D. TOMAS ALLENDE

El trabajo en las minas, de sol a sol, era agotador. Cada obrero obtena unas dos toneladas diarias de hierro. Vista general de la mina Carolina.

En Bizkaia arraig la vertiente socialista del movimiento obrero. Fue, con Madrid y Asturias, uno de los pilares del socialismo espaol. Se propag en Bizkaia tras la accin ideolgica que encabez Facundo Perezagua. En 1879 haba participado con Pablo Iglesias en la fundacin del Partido Socialista Obrero Espaol y lleg a Bizkaia en 1886 para difundirlo. Surgieron dos tipos de organizacin: las sindicales, sociedades de resistencia enmarcadas en la U.G.T., y las de carcter poltico, las Agrupaciones Socialistas adscritas al P.S.O.E.. La primera fue la Agrupacin Socialista de Bilbao. La impuls en 1887 Perezagua, tipgrafo, con compaeros de profesin. En 1888 nacan las de Ortuella, Sestao y La Arboleda, as como la primera sociedad de oficio, constituida por tipgrafos. La huelga general de mayo de 1890 result decisiva en la formacin del movimiento obrero. Iniciada en las minas, se extendi entre los obreros fabriles por solidaridad. Al despido de 5 trabajadores sigui una huelga general en la que se reivindicaba la readmisin de los despedidos, la jornada de trabajo de 10 horas y la supresin del trabajo a tarea, de los barracones y de la compra obligatoria en las cantinas. El conflicto se generaliz, con 21.000 obreros en huelga, y se declar el estado de guerra. La autoridad de la provincia pas al general Loma. El Pacto de Loma, tras una reunin entre empresarios y representantes obreros impuesta por el general, puso fin al conflicto. Los huelguistas vean satisfechas sus reivindicaciones. Constituy un hito histrico, si bien sus trminos se vulneraron despus. La huelga consagr el liderazgo socialista. Se inici as la etapa pica del movimiento obrero vizcano, que dur hasta 1912-14 y se caracteriz por la radicalidad socialista y las enconadas relaciones entre patronos y trabajadores. La violencia acompa tambin a las otras cuatro huelgas generales que se realizaron hasta 1910. Las mejoras en la situacin de los trabajadores fueron entas. Las sociedades de resistencia, con muy pocos trabajadores, fueron escasas. Para conseguir mejoras sustanciales se confiaba en la huelga general. Era, pues, un movimiento obrero dbil, disperso y poco organizado, en parte porque les resultaba fcil a los patronos susituir a los trabajadores. Tuvo un marcado carcter cclico. Las huelas de los aos de bonanzas econmicas, cuando los patronos tenan

nayores beneficios y margen de maniobra, se saldaron con victorias obre-as. Les seguan la afiliacin a las agrupaciones socialistas y nuevos movimientos huelgusticos. Al llegar la crisis, el proceso se inverta. A las actividades sindicales acompaaron las polticas. Las Agru>aciones Socialistas participaron en las elecciones desde 1891, las >limeras con sufragio universal (masculino). En Bizkaia, por la prein del movimiento de masas sobre las estructuras caciquiles, las :lecciones otorgaban algunas posibilidades polticas. Pablo Iglesias ola presentar su candidatura por Bilbao, con derrotas menos abulta-las que las que sufra en Madrid. Y en Bilbao el PSOE consigui en 1891 su primer concejal. Desde los aos noventa, en Bilbao y en los municipios obreros los socialistas solan tener una minora de concejales, insuficientes para condicionar las polticas municipales. La ideologa socialista defenda la lucha por la sociedad sin clases; la oposicin a colaborar con partidos burgueses; una visin catastrofista del capitalismo, al que se supona le colapsaran sus contradicciones; y la huelga revolucionaria como arma para acabar con el sistema. Pero el radicalismo ideolgico hubo de adaptarse a las realidades concretas. Paulatinamente surgi una lnea moderada, que defenda el gradualismo en los cambios sociales. El antagonismo entre nacionalismo y socialismo fue constante. Para los socialistas la nacin era un concepto burgus, que negaba los intereses proletarios. Adems, Sabino Arana tachaba al socialismo de antivasco y propona un movimiento etnicista, con argumentos peyorativos sobre los inmigrantes. Los planteamientos de Arana dieron pie a la aparicin de una competencia sindical a los socialistas. Para el nacionalismo los obreros vascos slo encontraran solucin definitiva a sus problemas con la independencia de Euskadi. En todo caso deban rehuir las agrupaciones socialistas. En 1911 naci Solidaridad de Obreros Vascos, para acoger a los obreros nacionalistas. Sindicato catlico, con finalidades mutualistas, se apartaba de los planteamientos de clase de los socialistas. Su actuacin, sin embargo, dist mucho de la de los sindicatos catlicos no reivindicativos impulsados por la Iglesia a comienzos de siglo. El sindicalismo nacionalista busc su expansin entre los obreros de origen vasco. Por contra, la principal base social del socialismo la componan los inmigrantes, para los que fue vehculo de integracin en la sociedad local, al proporcionales instrumentos de participacin poltica. Pero el socialismo atrajo tambin a obreros de origen vasco. Los haba entre los afiliados vizcanos. Y formaban el primer ncleo obrerista surgido fuera de Bizkaia, el de Eibar, donde se afianz una sociedad de oficio compuesta por armeros. Adquiri notable fuerza, en parte por la gran capacidad de presin de los armeros, una mano de obra muy especializada. La tradicin liberal de Eibar, con un acentuado anticlericalismo, caracteriz tambin a este ncleo obrerista. A comienzos del XX Gipuzkoa no haba profundizado an en el proceso de industrializacin, ni los grupos obreros alcanzaban una presencia relevante. Pero el ncleo socialista de Eibar evidenciaba que este eje del pluralismo vasco no era exclusivo de Bizkaia.

IX. MODERNIZACIN SOCIALY CAMBIOS POLITICOS (1900-1937) El desarrollo de la sociedad capitalista En el primer tercio del XX la poblacin creci a un rpido ritmo, desde los 600.000 habitandes de 1900 a los cerca de 900.000 en 1930. Se mantuvo la expansin de Bizkaia, que en 1930 llegaba a 485.000 habitantes. Su incremento decenal se situ entre el 12 y el 18 %, a la cabeza de las provincias espaolas. Su poblacin se concentraba sobre todo en Bilbao y las mrgenes del Nervin. Gipuzkoa alcanz desde 1900 ascensos similares, en torno al 15 % cada diez aos. Superaba los 300.000 habitantes en 1930. Caracterizaba a su poblacin la dispersin geogrfica. En Alava persisti el estancamiento. En 1930 tena una poblacin de 104.000, slo un 8 % ms que en 1900. Su lento desarrollo despobl las zonas rurales, que sufrieron la sangria de la emigracin hacia la capital y las provincias industriales. La evolucin demogrfica refleja los comportamientos econmicos, tanto el desarrollo capitalista de Bizkaia como el despegue industrial gipuzkoano y el anquilosamiento de las estructuras productivas en Alava. En Bizkaia los avances siderrgicos, navieros, bancarios y los astilleros compensaron el agotamiento minero. Se reafirm la concentracin geogrfica de la industria vizcana. En Bilbao naci un complejo espacio urbano, con barrios obreros en los que se hacinaban las viviendas y amplias reas burguesas en el Ensanche. Su impulso abarc toda la ra. En la margen izquierda crecan los ncleos obreros y al otro lado de la ra, frente al Abra, comenz a construirse en 1906 Neguri (el neologismo, de Azkue, quera decir poblacin para el invierno), para residencia permanente de las familias que encabezaban el desarrollo industrial.

Con la Primera Guerra Mundial se multiplicaron los precios de los fletes y las navieras vizcainas conocieron un ascenso sin parangn.

Aunque tras el crak burstil de 1901 se liquidaron muchas empresas, sobrevivi el marco econmico creado a fines del XIX, pese a la paralizacin de la primera dcada del siglo. El sector siderrgico lleg a repartir pinges beneficios, sobre todo desde que en 1906 se recompusiera el Sindicato Siderrgico espaol, tras dos aos de dura lucha empresarial: eliminada la competencia, se rentabiliz al mximo la proteccin arancelaria.

Con la I Guerra Mundial lleg la euforia econmica, tras las primeras incertidumbres que provocaron la suspensin de pagos del Crdito de la Unin Minera. Despus, se inici un despegue espectacular, que dur hasta 1919. La neutralidad espaola permita vender a los paises beligerantes a los altos precios de guerra. Se dispararon los precios del hierro, en bruto o elaborado, al reclamarlo con urgencia las naciones en guerra. Las navieras vizcanas conocieron un ascenso sin parangn, al multiplicarse el precio de los fletes. El aumento de los beneficios compens con creces la prdida de algunos buques, hundidos durante la contienda. Sus dividendos alcanzaron cifras fabulosas, sin que fuese excepcional el reparto de un 100 % anual. Semejante acumulacin de capital, que se reprodujo a menor escala en banca, siderurgia y minera, provoc una nueva etapa inversora. La constitucin de nuevas navieras fue constante desde 1915. Tambin astilleros, bancos y siderurgias ampliaron sus capitales; aun sin crearse masivamente nuevas compaas nacieron algunas importantes sociedades, como la Babcok Wilcox, para la construccin de maquinaria, y la Siderrgica del Mediterrneo, en Sagunto, creada por Sota. En 1920 llegaron los tiempos difciles, al caer los precios tras estabilizarse las naciones beligerantes. La industria vizcana se resinti, pues las inversiones se haban acomodado a los altos precios blicos. Los aranceles de 1922 y el intervencionismo de la Dictadura de Primo de Rivera permitieron a la economa vizcana reanudar su progreso. La siderurgia result favorecida por la poltica de obras pblicas. La banca, potenciada por las nuevas leyes bancarias, consolid su presencia en los centros neurlgicos de Espaa. Las inversiones elctricas daran entonces sus frutos. Paralelamente, Gipuzkoa se afirmaba durante el primer tercio del siglo como una economa industrial. Su proceso de modernizacin lo protagoniz una burguesa autctona, capaz de impulsar un modelo de industrializacin caracterizado por la dispersin geogrfica, el protagonismo de una pequea y mediana burguesa y la relativa diversificacin industrial. Las papeleras y las metalurgias dinamizaron el crecimiento de Gipuzkoa, pero hubo tambin otros sectores: textil, pesquero, del mueble, de alimentacin... La industria gipuzkoana se distribuy en los distintos valles fluviales, en los del Deva, Urola y Oria, junto al tringulo descrito por Hernani, Pasajes e Irun. En la nueva fase industrial de Gipuzkoa se mantuvieron los rasgos bsicos que se apuntaban en el XIX. El sector papelero creci y se reestructur al crearse La Papelera Espaola, que buscaba el monopolio e integr a algunas factoras gipuzkoanas. Pero fue el sector metalrgico el que se afirm como el ms importante. En 1906 se constituy ya la Unin Cerrajera, de Mondragn, por la fusin de Bergarajuregui, Rezusta y Ca. y la Cerrajera Guipuzcoana. Y durante los aos de la guerra mundial nacieron numerosas empresas en el sector. La mayora eran de reducidas dimensiones. Muchas se creaban por la iniciativa de pequeos capitalistas vinculados anteriormente a la industria. Hubo tambin capitales exgenos, como los que impulsaron la Compaia Auxiliar de Ferrocarriles, instalada en Beasin. En esta renovacin tuvo la primaca la industria armera, con centro en Eibar, privilegiada por la demanda blica. Tras la guerra la produccin de bicicletas y mquinas de coser sustituy a veces a la de armas. Para afrontar la crisis, Alfa fue un primer ensayo de la frmula de cooperativas. A los avances econmicos descritos acompaaron transformaciones sociales. El movimiento obrero se moderniz: a su anterior radicalismo sucedi la moderacin; la negociacin sustituy al sistemtico recurso a la huelga como medio de resolver los

conflictos laborales. Las tensiones internas derivadas del fracaso de la huelga general de 1911 favorecieron el cambio de estrategia sindical. Comenzaba una nueva etapa: en la cpula socialista vizcana Indalecio Prieto sustitua a Facundo Perezagua; ganaban posiciones los partidarios de reforzar el juego poltico, contra la anterior postura, de lucha y enfrentamientos sindicales directos con la patronal; y se consolid el pacto electoral de 1909 con los republicanos. La actividad sindical se moder, buscando mejoras laborales concretas, con una tctica que combinaba negociacin y huelga. A las huelgas generales sustituyeron los conflictos puntuales en empresas o ramos de industria. A su vez, los sindicatos se reorganizaron, agrupando a los obreros de un mismo oficio en distintas localidades, frente a las antiguas agrupaciones locales por gremios. Se crearon las cajas nicas. El fortalecimiento de los sindicatos, con ms servicios asistenciales, y el nuevo rumbo moderado hicieron que, tras el bache de 1911, aumentase la afiliacin. En los aos de la Guerra Mundial se produjo una aguda crisis social. Creci el nmero de obreros, pero descendi su nivel de vida, mientras el capital se enriqueca. Los precios subieron muy por delante de los sueldos. Los socialistas decidieron acentuar la lucha sindical. Junto a los anarquistas convocaron una huelga de 24 horas en diciembre de 1916 y una huelga revolucionaria en agosto de 1917, ambas generales. La de 1916 tuvo enorme xito en Bizkaia y Gipuzkoa. Desarrollo distinto fue el de la huelga del 17, peor organizada: socialistas y anarquistas acabaron formulando consignas diferentes. Los primeros (responsables de la huelga en el Pas Vasco, por el escaso peso anarquista) transformaron su inicial idea revolucionaria en una revuelta reivindicativa. En Bizkaia pararon unos 100.000 obreros, de forma pacfica. An as, actu el ejrcito y hubo varios muertos. En Gipuzkoa y en Vitoria la huelga tuvo tambin fuerte eco, pero sin altercados. Pese a la amplia respuesta, la huelga fracas. Sigui la represin de los sindicatos, pero despus su desarrollo fue favorecido por el deterioro de las condiciones de vida, la crisis poltica y la buena coyuntura empresarial. La UGT, en enero de 1917 con 4.600 afiliados en Bizkaia, llegaba a 18.000 en mayo de 1920; en Gipuzkoa superaba en 1920 los 5.000. El sindicato nacionalista arraig en zonas como Bergara, Mondragn o Azpeitia. Los movimientos reivindicativos consiguieron sustanciales mejoras. Un hito lo constituy en 1919 el logro de la jornada de 8 horas. Aument la conflictividad, pero las organizaciones socialistas no abandonaron la lnea moderada. Al contrario: su auge reforz su capacidad de presin y se mantuvo la tctica negociadora. Ningn conflicto tuvo carcter general. La situacin cambi en 1921, por la crisis. Los patronos no estaban dispuestos a concesiones, en un momento de escasos pedidos. Los salarios se negociaron a la baja, y a veces se fij una jornada laboral mayor que la legal. Los sindicatos perdieron efectivos, por su menor capacidad de presin. Algunos obreros se radicalizaron, descontentos con la moderacin de la UGT; de forma aislada, hubo protestas violentas. El nico sindicato cuya afiliacin creci fue el anarquista: la CNT protagoniz conflictos laborales y a veces acciones terroristas de accin directa. Y los socialistas sufrieron la divisin de la III Internacional, partidaria de

intensificar la accin revolucionaria. Conectaba con el socialismo vizcano tradicional, vinculado a Perezagua, que encabez la escisin del Partido Comunista en 1921. Los comunistas permanecieron en la UGT: se recrudecieron las tensiones internas, con altercados por el control y orientacin de las agrupaciones.

Campaa de Marruecos. Quintos alaveses. 1921-1922. Fot. T. Alfaro.

En conjunto los sindicatos se debilitaron. La mayora de los conflictos terminaron en derrotas obreras, lo que a su vez les rest apoyos. Al llegar la Dictadura de Primo de Rivera, en 1923, vivan un profundo bache. El golpe de Estado acab con la Restauracin, en abierta crisis desde 1917. El sistema tena en el Pas Vasco una dinmica propia. En general se mantuvo el dominio caciquil de las elecciones, pero se dej sentir la accin de socialistas, que aliados con los republicanos consiguieron el distrito de Bilbao, y nacionalistas, que alcanzaron sonados xitos electorales. Y los liberales, al responder al nacionalismo, llegaron a formulaciones ideolgicas inusuales en los grupos que tenan el poder durante la Restauracin. Algunos grupos propugnaban la profundizacin democrtica. Los republicanos combatan por erradicar el caciquismo y por la enseanza laica; se ali con el socialismo democrtico, que comparta tales inquietudes. Tambin el nacionalismo quera democratizar la poltica local. Y sufri la tensin independentistas-autonomistas, apenas explicitada. El pragmatismo burgus del grupo encabezado por Sota, que no hablaba de independencia, tuvo frutos como la designacin en 1907 de un alcalde de Bilbao nacionalista.

Fiesta de los somatenes en Alava.

Las disidencias nacionalistas se tradujeron en la prensa, en el enfrentamiento entre el moderado Euzkalduna y el independentista Aberri. En 1910 se produjo una

efmera escisin en el PNV, la del grupo Askatasuna, aconfesional y republicano. Las tensiones se reprodujeron durante la I Guerra Mundial. La divisin entre aliadfilos, que se expresaban en el Euzkadi (el diario nacionalista desde 1913), y germanfilos, encabezados por Luis Arana, esconda diferencias ms profundas. En la Asamblea General de 1916 triunfaron los moderados; se adopt el nombre de Comunin Nacionalista Vasca, sustituyendo la idea de Comunin a la de Partido.

El Somatn y la Unin Patritica fueron los instrumentos politicos con los que la Dictadura de Primo de Rivera quiso institucionalizarse. Foto E. Guinea.

El boom econmico de los navieros durante la guerra mundial est, al parecer, en la raz del xito de la estrategia autonomista. Las elecciones provinciales de 1917 dieron a los nacionalistas el control de la Diputacin de Bizkaia. Al ao siguiente abandonaron su absentismo en las elecciones a Cortes. Se anunciaron como los polticos que terminaran con el caciquismo, si bien la presencia del nacionalista Ramn de la Sota Aburto al frente de la Diputacin no garantiz la limpieza electoral. Los nacionalistas obtuvieron 5 de los 6 escaos de Bizkaia (el de Bilbao iba a manos de Prieto). En Gipuzkoa y Navarra conseguan sendos diputados. Se interrumpan dcadas de dominio de la oligarqua liberal. Se impona un nacionalismo moderado, que participaba en empresas culturales como la revista Hernies (se public entre 1917 y 1922). En ese ambiente se fund en 1917 la Sociedad de Estudios Vascos, todo un movimiento de recuperacin cultural. En 1917 se produjo el primer intento de lograr un Estatuto de Autonoma. Tena su precedente en 1906, cuando se negoci el Concierto Econmico. La Liga foral autonomista de Gipuzkoa (con monrquicos, tradicionalistas y republicanos), secundada despus por las otras dos provincias, plante tal posibilidad, abandonada tras renovarse del Concierto. El nacionalismo vasco, tras su victoria electoral de 1917, impuls la demanda autonmica. Cont con amplias adhesiones, incluyendo la de Prieto, que arrastr al grupo socialista del Ayuntamiento de Bilbao. A iniciativa vizcana las tres Diputaciones demandaron al Gobierno los fueros y, en su defecto, una autonoma radical, que incluyese la gestin provincial de los servicios pblicos. Al Estado se reservaran Relaciones Exteriores, Guerra y Marina, Aduanas, Correos y Telgrafos, Pesas y Medidas, Moneda y Deuda Pblica. Se reivindicaba tambin el reconocimiento por las Cortes de su personalidad como regin. El Gobierno cre en 1918 una Comisin

Extraparlamentaria para elaborar tal estatuto. El movimiento estatutista fracas, al caer Romanones y subir al poder los conservadores en 1919. Los xitos nacionalistas de 1917-18 abrieron una nueva etapa, sobre todo en Bizkaia. Se caracteriz por la dialctica vasquismo-espaolismo: el enfrentamiento entre nacionalismos vasco y espaol condicion la vida poltica de 1918 a 1923. Frente a la amenaza nacionalista, los monrquicos vizcanos terminaron con sus diferencias. En 1919 constituyeron la Liga de Accin Monrquica, que defenda una concepcin unitaria de Espaa. En el campo espaolista militaban tambin los socialistas, cuya concepcin, sin embargo, distaba del patriotismo de las derechas: en 1918 el PSOE haba incluido en su programa el reconocimiento de las nacionalidades. Con todo, las buenas relaciones de la oligarqua con el socialista Prieto daban pie a expresiones del Euzkadi, como la de que el espaolismo es Prieto. En las elecciones de 1920, pasadas ya las euforias navieras, la Comunin Nacionalista perda sus diputados. Sus dirigentes hubieron de enfrentarse a los independentistas, que les acusaban de falsear el nacionalismo. Estall as la escisin del grupo Aberri (el nombre del peridico que expresaba esta crtica). Expulsado en 1921, retom el nombre departido nacionalista vasco y se declar heredero de la doctrina sabiniana. En septiembre de 1923 el golpe de Estado de Primo de Rivera puso fin a la Restauracin. En general fue recibido sin hostilidad: muchos vieron en la Dictadura un perodo excepcional que saneara la vida poltica. En el Pas Vasco algunos grupos burgueses colaboraron con la dictadura, como los mauristas, que enarbolaban la idea regeneracionista de la revolucin desde arriba de Antonio Maura. Tambin lo hicieron muchos carlistas.

En septiembre de 1923 el golpe de estado de Primo de Rivera puso fin ala Restauracin. En el Pais Vasco algunos burgueses, como los mauristas, colaboraron con la Dictadura. Los primeros propsitos descentralizadores, de inspiracin maurista, animaron a la Diputacin de Gipuzkoa a solicitar del Directorio Militar la reintegracin foral, el servicio militar autnomo y el apoyo para el euskera. La Diputacin vizcana, en la que abundaban miembros de la Liga Monrquica, tacharon la idea de inoportuna, por fomentar el separatismo. La derecha vizcana, antes liberal fuerista, haba asumido

posturas centralistas. Queriendo institucionalizarse la Dictadura cre la Unin Patritica, un partido gubernamental que tuvo implantacin en el Pas Vasco. No se toleraron otros partidos. Si las actividades sindicales y culturales. Gibe! egiak ekatxari (da la espalda a la tormenta): tal fue el lema que recomend el Euzkadi. Impedidas sus actividades polticas, el nacionalismo se volc en empresas culturales. Cre una liturgia de smbolos que definan su concepto del ser vasco. En 1927 celebr en Mondragn el da de! euzkera, una movilizacin en defensa del idioma y una nueva lnea de accin propagandstica. El clero joven se convertira, a su vez, en uno de los difusores del nacionalismo. Y recibi gran impulso su organizacin de montaeros, los mendigoizales, para mantener unida a sus juventudes. Con algunas excepciones, los socialistas vascos colaboraron con la Dictadura, siguiendo la orientacin del PSOE y UGT. Su poltica laboral de compromiso levant crticas de otros grupos obreros. As, si en los ltimos aos aument la sindicacin, la UGT perdi posiciones relativas, en beneficio de anarquistas y, sobre todo, nacionalistas: Solidaridad de Obreros Vascos opt por una poltica reformista, pero sin comprometerse con la dictadura. A partir de 1927 las primeras huelgas mineras pedan aumentos salariales. No se sumaron los socialistas. En 1928 Solidaridad promova con los Sindicatos Catlicos un frente nico contra la UGT en las elecciones metalrgicas a los comits paritarios y denunciaba el injusto monopolio socialista de estos rganos de arbitraje, auspiciados por el Dictador. El crecimiento econmico de los aos veinte ensombrecidos en el Pas Vasco slo por la quiebra en 1925 del Crdito de la Unin Minera, cuyo hondo impacto se resolvi al negociarse el nuevo Concierto permiti a Primo de Rivera gobernar sin oposicin, pero a partir de 1928 la peseta se desplom. Se increment la agitacin contra el rgimen. Creci la subversin estudiantil y la oposicin intelectual que encabezaba Unamuno, desde el primer momento contrario a la dictadura. Los socialistas, a inspiracin de Prieto, optaron por aliarse con los republicanos. En enero de 1930 Alfonso XIII despidi a Primo de Rivera. Pensaba que as salvaba a la Corona. En realidad perda su ltimo apoyo, tras su compromiso con la dictadura. La II Repblica Sigui, en 1930, una amplia movilizacin popular. La conflictividad laboral alcanz los altos niveles de 1919-20. La agitacin, sntoma de la descomposicin del rgimen monrquico, afianz a la oposicin republicana. En agosto de 1930 se lleg al Pacto de San Sebastin, que proyect una repblica democrtica, la eleccin de Cortes Constituyentes, la plena libertad religiosa y poltica y la elaboracin de estatutos de autonoma. Participaron grupos republicanos y los nacionalistas catalanes, as como el socialista Indalecio Prieto, a ttulo personal. No acudi el nacionalismo vasco, reacio a aliarse con fuerzas republicanas a las que tachaba de anticlericales y radicales. Prieto y Fernando Sasiain, de Unin Republicana, lograron que se reconociese el derecho vasco a la autonoma, aun sin un compromiso autonmico expreso como con los catalanistas, por temor a que un nacionalismo reaccionario hiciese peligrar al futuro Estado republicano.

Manifestacin en Vitoria. I dc mayo de 1931. Foto E. Guinea.

El nacionalismo vasco estaba por entonces dividido en Comunin y el grupo Aberri. Las nuevas oportunidades polticas que se abran animaron a acabar con las disensiones. En noviembre de 1930 se celebr en Bergara una asamblea de reunificacin, en la que se volvi al nombre de Partido Nacionalista Vasco. La unidad no dur mucho. Al de dos semanas surga una nueva escisin, la de Accin Nacionalista Vasca. Quera modernizar el nacionalismo con criterios democrticos y prestar ms atencin al problema social. No sostena un planteamiento anticlerical, pero s la tesis de la no confesionalidad. Fue, durante la Repblica, un pequeo partido, sin grandes adhesiones populares: su idea de secularizar al nacionalismo levant recelos entre el clero, con un papel de primer orden en la movilizacin nacionalista.

Proclamacin de la repblica. Vitoria, 1931. Foto E. Guinea.

El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales, con las que el Gobierno quera iniciar la vuelta a la normalidad poltica. En las principales ciudades, donde las elecciones no estaban manipuladas, triunfaron las fuerzas republicanas. En las tres capitales vascas ganaron los republicano-socialistas. En Alava y Gipuzkoa (no en Bizkaia) los concejales monrquicos eran mayora, por el peso de los municipios pequeos, donde persistan los tradicionales vicios electorales, pero quedaba claro que la opinin pblica rechazaba la monarqua. Eibar fue la primera localidad en proclamar

la repblica el 14 de abril, anticipndose a Barcelona y Madrid. Los aos de la II Repblica (1931-36) estuvieron condicionados por una profunda crisis econmica, con la cada de la produccin a partir de 1930. Por ejemplo, el hierro elaborado en Bizkaia baj un 37 % entre 1929 y 1931. Era la manifestacin local de la crisis del 29. La Bolsa se resinti en 1931, al alterarse las condiciones polticas y sociales. El Banco de Bilbao cotizaba a 435 a fines de 1930 y a 200 un ao despus. La Basconia bajaba de 248 a 135. Antes, hubo cierta resistencia a la crisis, por el relativo aislamiento de la economa espaola, que, por lo mismo, era mucho ms vulnerable a las convulsiones internas. El descenso continu hasta que hacia 1935 se inici una leve recuperacin. Hubo un fuerte aumento del desempleo: ya en 1932 se contabilizaban en Bizkaia 25.600 parados. Las organizaciones obreras, beneficiadas por el cambio de rgimen, crecieron espectacularmente. Los sindicatos socialista y nacionalista superaron los 30.000 afiliados. Pero durante el bienio progresista 1931-33 descendi la conflictividad laboral, por la crisis y por las polticas sindicales. La UGT buscaba que se desarrollase la legislacin progresista del socialista Largo Caballero y Solidaridad se desplaz hacia la reivindicacin autonomista. Slo anarquistas y comunistas, opuestos a una repblica que calificaban de burguesa, se alejaron de entendimientos con la patronal. La Repblica constitua la gran oportunidad de llegar a la autonoma. El PNV impuls un movimiento de alcaldes para prepararla. La izquierda, que mantena su postura autonomista pero que antepona el asentamiento de la repblica a cualquier demanda, se vio desbordada por la iniciativa. El proyecto de Estatuto, redactado por la Sociedad 'e Estudios Vascos, quera armonizar la tradicin foral y la creacin de instituciones comunes para el Pas Vasco. Sufri cambios tras su entrega a los Ayuntamientos. El ms significativo reservaba al Estado vasco la facultad de negociar concordatos con la Santa Sede. Las fue as confesionales empezaron a ver en el Estatuto la posibilidad de aislar al Pas Vasco de la poltica laica de la Repblica. El alma del Estatuto de Estella es la libertad religiosa del pueblo vasco: as opi naba el beligerante catolicismo de La Gaceta del Norte. El Estatuto de Autonoma fue suscrito en Estella por 427 alcaldes (de un total de 548), pero no estuvieron representados las ms importantes y pobladas ciudades vascas, cuyos alcaldes planteaban el autogobierno desde principios ms laicos y democrticos. De Gibraltar vaticanista calific Indalecio Prieto al Pas Vasco que el estatuto de Estella configuraba. En las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 triunf la coalicin que formaron PNV, tradicionalistas y catlicos independientes, comprometidos en la defensa de la Iglesia y del estatuto de Estella. Slo en el distrito de Bizkaia-Capital triunf la coalicin republicano-socialista. La alianza estatutaria obtuvo 15 de los 24 diputados que elega el Pas Vasco con Navarra. En las Cortes formaron la Minora Vasco-navarra. No tuvieron xito. Republicanos y socialistas, mayoritarios, impusieron su criterio, alejado de planteamientos conservadores. Al aprobarse en octubre de 1931 la separacin de Iglesia y Estado, la minora vasco-navarra se retir de las Cortes. Al tiempo, diversas medidas del Gobierno Provisional levantaron en el Pas Vasco la oposicin religiosa. El Gobierno lleg a cerrar peridicos, suspender manifestaciones contra la Repblica y a incautar fbricas de armas en Gernika y Eibar, por temor a una sublevacin.

En el nuevo sistema constitucional no tena cabida el Estatuto de Estella, con su carga religiosa. Pero, aunque la Minora Vasconavarra se neg en diciembre a aprobar la Constitucin, los nacionalistas pronto la consideraron un cauce vlido para sus reivindicaciones autonmicas. Un decreto fij a fines de 1931 el procedimiento para elaborar los Estatutos. Las Comisiones Gestoras de las Diputaciones (las designaba el Gobierno, pues no hubo elecciones provinciales, por los que republicanos y socialistas tendran la iniciativa) elaborara el anteproyecto. Tendran que aprobarlo despus los Ayuntamientos y, antes de pasar a las Cortes, un referndum. El nacionalismo vasco viva un momento de intensa efervescencia. En 1932 celebraba el primer Aberri Eguna. Eligi el domingo de Resurreccin, pues el nacionalismo, impregnado de religiosidad, emparentaba la resurreccin de Cristo con lo que para el Pas Vasco supona la aparicin del nacionalismo. Se plante como homenaje a Sabino Arana y conmemoracin de los 50 aos del nacionalismo, cuya primera inspiracin, segn escribi Sabino, le lleg en 1882. Fue el mayor acto de masas hasta entonces afrontado por este movimiento. Acudieron, se calcul, 65.000 personas.

Aberri Eguna de 1934. Instituido en 1932 por el Partido Nacionalista Vasco como Dia de la Patria, desde esta fecha, el domingo de Resurreccin fue una jornada de afirmacin nacionalista. Foto E. Guinea.

La autonoma no deba sacrificarse a posturas religiosas ni al rechazo a la izquierda: tal fue el planteamiento de la nueva generacin nacionalista que encabezaba Aguirre y asuma valores democrticos modernos, de inspiracin cristiana. Era un viraje decisivo en la trayectoria nacionalista. La Asamblea celebrada en Pamplona en junio de 1932 para aprobar el proyecto de Estatuto provoc la salida de Navarra: los municipios navarros que se opusieron superaron a los que lo aprobaron. Los tradicionalistas, mayoritarios en Navarra, no queran participar en una autonoma sin impronta religiosa. Tras la defeccin navarra hub de reiniciarse el proceso. De momento se frustraba la esperanza de que entrase en vigor un estatuto vasco, mientras a fines de 1932 se aprobaba el cataln, en la reaccin parlamentaria que sigui al fracasado golpe de Estado del general Sanjurjo.

El primer equipo Athletic de Bilbao, hacia 1900. El club se haba fundado en 1898 y se convirti pronto en uno de los smbolos de la villa. Circa 1900. Foto Manuel Torcia Lux

Los gigantes y cabezudos constituan, junto al Garganta, los emblemas festivos de Bilbao. Tenan su personalidad propia, y los presidan don Terencio y doa Tomasa. Formaban parte del grupo, tambin, los turcos, los arratianos... Circa 1930. Fot. Manuel Torcida Lux

Este referndum cerr en el Pas Vasco el bienio reformista 1931-33, en el que el gobierno presidido por Azaa haba intentado crear un Estado democrtico, con mayor justicia social y autonomas regionales, contra la oposicin de las derechas. El 19 de noviembre de 1933 se celebraron nuevas elecciones. Los partidos acudieron sin alianzas. En Navarra ganaron las derechas, mientras el PNV se benefici en Bizkaia, Gipuzkoa y Alava del voto catlico y del temor a la izquierda: obtuvo 12 de los 17 diputados de las tres provincias, el mayor xito electoral de su historia; la izquierda slo consegua 2 (por Bizkaia-Capital) y la derecha 3. Pero la autonoma se frustr en las

Cortes: la mayora, de centro-derecha, era menos sensibles al autogobierno que los partidos que dominaron en el bienio anterior.

Primer aniversario de la proclamacin de la Repblica. Vitoria, 1932. Fotografa Yanguas.

El nuevo proyecto de Estatuto, ya sin Navarra, lo aprobaron los alcaldes en agosto de 1933. Despus, en noviembre, se realiz el referndum. Seguido con menor entusiasmo por republicanos y socialistas, el PNV desarroll una amplia campaa de apoyo, que le enfrent con las fuerzas polticas ultracatlicas. Estas alegaban que no se poda refrendar el Estatuto, pues equivaldra a legitimar un rgimen antirreligioso. Tuvo importancia por ello la postura del obispo, requerido por los nacionalistas. Afirm Mateo Mgica que eran compatibles el voto autonmico y la oposicin al anticlericalismo. La votacin a favor del Estatuto fue mayoritaria en Bizkaia y Gipuzkoa y menos contundente en Alava, donde el ejemplo del Obispo, votando a primeras horas, anim a muchos electores indecisos. La definitiva ruptura del PNV con las autoritarias mayoras catlicas se produjo al aprobar las Cortes una desgravacin fiscal para el vino. La medida exiga aumentar otros impuestos para compensar los menores ingresos y vulneraba el Concierto Econmico, por el que las Diputaciones tenan autonoma fiscal. La aplicacin del Estatuto del vino por las Gestoras, de designacin gubernamental, encon el conflicto. Monrquicos, tradicionalistas, republicanos, socialistas, comunistas y nacionalistas apoyaron las reclamaciones municipales de elecciones para designar las Diputaciones. Al radicalizarse el movimiento las derechas lo abandonaron. La movilizacin, que no consigui sus objetivos, fue reprimida por el Gobierno. Los socialistas haban derivado en 1933 hacia posturas radicales, conforme la derecha bloqueaba las reformas. Tras su derrota electoral el proceso se precipit: se propusieron alianzas con otros partidos obreros, para dar una respuesta revolucionaria a la derecha. Los socialistas vascos buscaron converger con los comunistas. Paralizaron el proceso las direcciones nacionales de PSOE y UGT, que teman per der el control, pero en 1934 fueron frecuentes en el Pas Vasco las ac ciones conjuntas. La patronal vasca, en la misma lnea que el empresariado espaol, urga a enmendar la poltica social del primer bienio, en su opinin obrerista en exceso. Varias organizaciones patronales vascas entraron en la Unin Nacional Econmica.

El temor a que la CEDA accediese al gobierno estuvo en el origen de la revolucin de octubre de 1934, una huelga general revolucionaria que alcanz envergadura en Asturias, Catalua y el Pas Vasco. En las provincias vascas el paro fue unnime y hubo enfrentamientos sangrientos con la Guardia Civil y el Ejrcito.

Cuando entraba en accin, la Guardia Civil recurra frecuentemente a las ametralladoras. George Soria, Guerra y revolucin en Espaa

Con algunas excepciones, la Iglesia se inclino por los partidos de derechas, pero una parte del clero vasco lo hizo por el nacionalismo y los catalanes por la Lliga.

Numerosos alcaldes y concejales fueron condenados por abandonar sus funciones, y las crceles se llenaron de socialistas y comunistas, acusados de alzarse en armas contra el Gobierno. Hubo tambin condenas para solidarios, pues con frecuencia participaron en los movimientos revolucionarios, pese a la orden de abstencin dada por el PNV.

Desde octubre del 34 hasta febrero de 1936 el movimiento obrero languideci, por la represin. En este perodo se abri una escisin profunda en el socialismo, entre la tendencia reformista y la va revolucionaria que defenda Largo Caballero. Los socialistas vascos, con excepcin de las Juventudes, se alinearon con Prieto, lder del socialismo moderado. El segundo bienio, contrarrevolucionario, concluy en las elecciones del 12 de febrero de 1936. La izquierda form el Frente Popular, que inclua republicanos, socialistas y comunistas y en el que particip ANV. Su programa ofreca la amnista para los presos de octubre y la reanudacin de la poltica democrtica de 1931-33; en el Pas Vasco se incluy el Estatuto. La derecha no consigui formar una coalicin. Las elecciones dieron la victoria al Frente Popular, cuya representacin en Cortes fue mayor que la de los votos, gracias al sistema electoral que favoreca a las coaliciones. En el Pas Vasco el gran perdedor fue el PNV, que baj 5 diputados: obtuvo 7, igual que el Frente Popular. Los nacionalistas perdan su clientela ms conservadora, retraida por su viraje del segundo bienio republicano. Tras el triunfo del Frente Popular, mientras las derechas conspiraban contra la Repblica, las izquierdas preparaban, bajo la direccin de Prieto, el Estatuto vasco que garantizase la fidelidad nacionalista al rgimen. La radicalizacin izquierdista de la primavera de 1936 tuvo su reflejo en el Pas Vasco. Masivas concentraciones acogieron la excarcelacin de los presos polticos y a las autoridades de eleccin popular, repuestas en los ayuntamientos. Proliferaron huelgas en una proporcin inusitada. La radicalizacin apartaba al nacionalismo de la poltica republicana, pero esto no implic que apoyase la insurreccin militar. Hubo al parecer contactos entre nacionalistas y quienes preparaban la rebelin, pero se impuso la lnea que expona Aguirre en junio de 1936. Reconoca la preocupacin nacionalista por la escalada izquierdista: pero sublevarse, jams. La Guerra Civil El golpe de Estado del 18 de julio de 1936, largamente preparado, fracas en los centros neurlgicos de la Repblica y se transform en guerra civil. Como en el resto de Espaa, en el Pas Vasco se produjo el enfrentamiento de la poblacin, adscrita a los bandos beligerantes. La revolucin en marcha. Para parte de la izquierda, la Repblica significaba una oportunidad revolucionaria, pero subsistia el temor a la reaccin de la derecha (que se revel en el fracasado golpe de Estado del general Sanjurjo en 1932).
En la fotografia, una manifestacin en Bilbao en 1932.

En julio del 36 los insurrectos triunfaron en Navarra y Alava, donde el carlismo asegur su xito. Al parecer, Mola, director de la conspiracin, supona que el PNV no se unira al Frente Popular para defender la Repblica, y que con su neutralidad la rebelin ganara en Gipuzkoa y Bizkaia. Err en el clculo. En Gipuzkoa milicianos socialistas y anarquistas sofocaron la insurreccin de militares del cuartel de Loyola y de falangistas y tradicionalistas. El nacionalismo, a iniciativa de Irujo, se posicion por la Repblica. En Bilbao las autoridades abortaron los conatos de sublevacin. El PNV vizcano llam a defender la legalidad, vencidas las resistencias de quienes queran mantenerse al margen del conflicto. Gipuzkoa y Bizkaia quedaban fieles a la Repblica y su territorio aislado del Gobierno legtimo.

En Gipuzkoa se fragment el poder poltico, con menoscabo de la eficacia. Se formaron tres Juntas de Defensa. La de San Sebastin, con tensiones entre anarquistas y nacionalistas, la formaban los partidos del Frente Popular, la CNT y el PNV. La de Azpeitia, presidida por Irujo, tena impronta nacionalista; y la de Eibar, socialista. Columnas de soldados y requets avanzaron en julio desde Navarra por el Bidasoa, Urumea y Oria, llegando a Oyarzun, Beasin y Tolosa. El 26 de agosto comenz la ofensiva contra Irun, pues los sublevados queran cortar la comunicacin republicana con Francia. La superior capacidad de ataque de los insurrectos, con intensa preparacin artillero y apoyo de la aviacin, fue decisiva. El 5 de septiembre tomaron Irun, que antes fue incendiado por sus defensores anarquistas. San Sebastin quedaba sin posibilidades de defensa: as lo estimaron las organizaciones del Frente Popular y el PNV, contra el criterio de la CNT. Abandonada la capital, los nacionales llegaron al Deva, donde los republicanos consiguieron frenarles. El frente se estabiliz. Unas 50.000 personas huyeron a Bizkaia. La represin franquista incluy la ejecucin de 14 sacerdotes, pese a que la rebelin deca defender la religin.

San Sebastin, 1936. Voluntarios republicanos, con las escasas armas conseguidas.

El triunfo de la intolerancia. Las tropas liberadoras destrozan los signos de llos partidos democrticos. Ha llegado la dictadura. San Sebastin. 1936.

Bilbao frente a las tropas franquistas. Una barricada en la calle Buenos Aires levantada en 1936. Foto Manuel Torcida Lux.

En Bizkaia, donde la situacin se haba estabilizado, se form en agosto una Junta de Defensa presidida por el gobernador civil y compuesta por todos los grupos que defendan la Repblica, incluida la CNT. Mientras Bilbao era bombardeado y miles de nios evacuados hacia Inglaterra, Blgica y la Unin Sovitica, se iniciaron los contactos politicos que llevaron a la aprobacin del Estatuto de Autonoma el 1 de octubre. Largo Caballero consegua as que el PNV colaborase en su Gobierno Nacional, en el que figur el nacionalista Irujo como ministro. J. Antonio Aguirre fue elegido presidente del Gobierno Vasco el da 7, en una casi unnime votacin de los alcaldes y concejales vizcanos y de algunos ayuntamientos gipuzkoanos. Los resultados de las elecciones de febrero no justificaban tal preeminencia, pero para asegurar la adhesin republicana del PNV se prim su presencia poltica en el Pas Vasco.

Bilbao. 1937. Blindado ligero entrando en Bilbao. Comenzaba una nueva etapa histrica construida sobre una victoria militar. Foto Manuel Fernndez Cecilio.

Requets en el Palacio del Obispo agrupados para recibir la bendicin antes de salir para Somosierra. Vitoria, 10 de agosto de 1937. Foto E. Yanguas.

En los primeros meses las autoridades militares llevaron la direccin de la

guerra. El Gobierno cre el Hospital Central Militar, el Voluntariado de Mar y la Escuela Militar de Euzkadi, y estructur a un Ejrcito formado espontneamente por partidos y sindicatos. Adems, se militarizaron empresas de utilidad blica. A partir de abril, en plena ofensiva franquista, se consagr la dependencia gubernamental del Ejrcito. El 9 de mayo el propio Aguirre asumi el mando militar. El Ejrcito Vasco se organiz en difciles condiciones, por la falta de armamento y de oficiales profesionales. Su inferioridad tcnica se hizo patente en la nica ofensiva vasca de la guerra. Fue en noviembre de 1936, cuando el mando republicano pens que un ataque desde Bizkaia aliviara la presin sobre la capital de Espaa. La ofensiva de Villarreal de Alava dur doce das. El Ejrcito Vasco no logr su objetivo, pese a la dbil cobertura de las tropas de Mola.

Por Dios, por la Patria y el Rey lucharon nuestros padres. Por Dios, por la Patria y el Rey lucharemos nosotros tambin...

El Ejrcito franquista en Bilbao. Con la entrada en Bilbao de las tropas nacionales, el 19 de julio de 1937, terminaba la resistencia armada de la Repblica en el Pais Vasco. Foto Manuel Fernndez Cecilio

En marzo de 1937 Franco, tras fracasar su ataque a Madrid, impuso la estrategia de avanzar pedazo a pedazo. Concentr el potencial blico para acabar con

el frente del Norte. Buscaba conquistar las decisivas materias primas e industrias de Bizkaia y de Asturias. La ofensiva empez en el Pas Vasco, el 31 de marzo. Los bombardeos areos en masa, realizados con ayuda de la aviacin alemana y facilitados por la carencia de aviones del Gobierno Vasco, preparaban el avance de las tropas y perseguan desmoralizar a la poblacin. Ochandiano, Eibar, Durango y Gernika sufrieron atroces bombardeos. Aun as, el avance fue lento, por la enconada resistencia. La destruccin de Gernika pas a ser smbolo universal del horror de la guerra. El gobierno franquista prefiri negar su autora a asumir la responsabilidad. Compusieron el Gobierno miembros del PNV, PSOE, Unin Republicana, Izquierda Republicana, ANV y PCE. La mayora formaba parte del Frente Popular, pero la hegemona corresponda al PNV. Tena la Presidencia, era el partido con ms carteras, y sus reas de poder le reservaban la toma de las decisiones ms importantes, tales como la Defensa y el mantenimiento del orden. Pero se establecieron directrices comunes, con un grado de consenso al parecer muy alto, pese a formar el Gobierno seis partidos distintos. La accin gubernamental busc afirmar el autogobierno, con medidas como la emisin de moneda o la subordinacin del Ejrcito al Gobierno. Justificadas por el aislamiento del Pas Vasco, expresaban la voluntad nacionalista de representar a la soberana vasca. Se desarroll, adems, una poltica de orden, con el mantenimiento de la libertad religiosa y del orden social. No hubo cambios revolucionarios en el sistema econmico, tan frecuentes en la Espaa republicana. Las incautaciones slo afectaban a quienes se probase la colaboracin con los sublevados.
Informacin de los vencedores. Militares y civiles del bando nacional reparten La Gaceta del Norte en el parque de Doa Casilda. Bilbao, 1937. Foto Manuel Fernndez Cecilio

Ms de una generacin fue educada con estos libros que ensalzaban las virtudes de la "Raza Espaola" y aoraban el "Imperio".

Desfile de falangistas. San Sebastin, 1936.

A comienzos de junio la aviacin atac el Cinturn Defensivo de Bilbao, an sin terminar, cuyos puntos dbiles conocan los insurrectos por los informes del ingeniero Goicoechea, que se pas al bando nacional. Roto el Cinturn de Hierro y superada la resistencia de Archanda, las brigadas navarras se apoderaron de Bilbao el da 19. En la retirada no se destruyeron las fbricas, slo se volaron los puentes para dificultar el paso al enemigo. El Ejrcito Vasco se repleg sobre Santander, pero los nacionalistas, perdida Euskadi, no parecan dispuestos a seguir el combate por la Repblica. De sus negociaciones secretas con los italianos saldra el Pacto de Santoa. El 25 de agosto los batallones nacionalistas se entregaron a las tropas de Mussolini. Unos das despus pasaban a ser prisioneros de los nacionales.

X. EL FRANQUISMO La ocupacin franquista abri una nueva etapa de la historia del Pas Vasco. Dur casi cuarenta aos. El rgimen dictatorial construy un Nuevo Estado de caractersticas totalitarias, en el que no caba el pluralismo poltico. Impona una nica visin de Espaa, uniformista: pocos das despus de tomar Bilbao un decreto suprimi los Conciertos Econmicos de Bizkaia y Gipuzkoa, como castigo a su posicionamiento republicano, alegando que haban correspondido con la traicin y realizado la ms torpe poltica antiespaola. Quera aniquilarse cualquier valor distinto a la unidad de destino o a la vocacin de Imperio con los que se identificaba a Espaa. En 1937 prosegua la guerra, fuera de las provincias vascas. Miles de vascos combatieron en ambos bandos hasta acabar la contienda en 1939. En el republicano, quienes seguan defendiendo la legalidad constitucional. En el sublevado, adems de los partcipes de la rebelin, antiguos gudaris incorporados a la fuerza. Varios miles de vascos marcharon al exilio. El gobierno personal de Franco se institucionaliz en abril de 1937. Un decreto uni en una misma organizacin a carlistas, Falange y monrquicos independientes. La Falange Tradicionalista y las JONS, el Movimiento Nacional, fue la base poltica de un rgimen autoritario que diluy las seas de identidad de sus componentes, si bien ech mano, segn las circunstancias, de mensajes tradicionalistas, del fascismo de la Falange o del nacionalcatolicismo, que sirvi para legitimarlo desde que el episcopado bautiz como Cruzada la sublevacin. El Nuevo Estado se construy sobre la represin de los vencidos y con la hegemona poltica de carlistas, falangistas y la derecha tradicional. La gran burguesa, que colabor activamente en la victoria franquista, copara el poder local, y no faltaron miembros de este grupo en la cpula del Estado. La industria vizcana, prcticamente intacta, se puso al servicio de las necesidades del ejrcito franquista. Las fbricas de utilidad blica contribuyeron decisivamente a inclinar la balanza militar del lado nacional, que se dotaba de mayor potencia industrial que sus oponentes. Los empresarios recuperaron sus empresas. Y el Fuero del Trabajo defini en 1938 las relaciones laborales del perodo franquista. Prohiba toda actividad sindical independiente. La Falange obtuvo el control de la nica organizacin sindical, vertical, de adscripcin obligatoria para empresarios y obreros. La autarqua El ideario fascista aspiraba a la autarqua, una economa basada estrictamente en los recursos nacionales. Pero al margen de estas formulaciones la II Guerra Mundial, con las potencias industriales implicadas en la contienda, oblig a que se intentase desarrollarla. Despus, durante la postguerra, siguieron los mtodos autrquicos, por el aislamiento espaol. La bsqueda del autoabastecimiento era forzosa. Ante la escasez, se introdujo el racionamiento. Como consecuencia, surgi un amplio mercado negro y la corrupcin administrativa, con graves repercusiones sociales. Se deterior el nivel de vida de la poblacin. En el Pais Vasco, y en general Espaa, el hambre se convirti en una amenaza real para amplios sectores sociales. Los niveles de ingresos se ajustaron a lmites desconocidos en ms de tres generaciones. Diversas noticias indican que en las ciudades el estraperlo proporcionaba un porcentaje de subsistencias a veces superior al 50 %. La existencia de un doble mercado, junto al retroceso de la produccin agraria, desestructur la

economa. En las ciudades las subsistencias llegaban a venderse a precios 10 veces superiores al oficial. Por ejemplo, en Bilbao el precio del pan en el mercado negro lleg a ser en 1942 casi 13 veces superior al precio del mercado oficial (1,4 ptas., frente a 18 ptas.); el ao anterior, el litro de aceite vala en el mercado oficial 4,25 ptas.; en el mercado negro, 55. Los ejemplos podran multiplicarse. Hasta 1950 el crecimiento de los precios fue vertiginoso, con un salto espectacular en 1945 y 1946, cuando se produjo una autntica crisis de subsistencias, la ms grave del siglo, con una brusca elevacin de precios y un deterioro del mercado que no tiene parangn, ni siquiera en los aos de la guerra. En diciembre de 1946 la vida era, conforme a los precios oficiales, casi un 50 % ms cara que dos aos antes. La situacin era ms dramtica medida en los trminos del mercado negro. Posiblemente en 1946 se redujo el poder adquisitivo de los trabajadores en torno al 40 %, mientras el ao anterior su capacidad adquisitiva se haba meneado, cuando menos, el 30 %. Los salarios crecieron, pero no al mismo ritmo que los precios. Por ejemplo, se estima que el sueldo de un pen siderrgico haba subido en Bizkaia entre 1936 y 1947 tan slo un 60 %. A la par, el pan vala en el mercado oficial cuatro veces ms que en 1936, 30 veces ms en el mercado negro. En diez aos el salario real se haba reducido, probablemente, en torno al 80 %. La dramtica situacin fue objeto de preocupacin empresarial, pues llevaba a que disminuyese el redimiento laboral, que, segn fuentes empresariales es, en general, inferior, al de tiempos normales. Las causas, se deca, son, principalmente, dos: falta de personal suficientemente especializado y depauperizacin fsica del obrero por alimentacin deficiente. La crisis de la posguerra signific, paradjicamente, la oportunidad para esplndidos negocios. Lo permita el estraperlo, pero incluso los dividendos empresariales subieron, pese a las retricciones en el abastecimiento de materias primas. Con todo, a finales de los aos cuarenta, se reclamaba ya el final de la autarqua, una mayor apertura comercial. Por entonces, el rgimen se haba institucionalizado. En 1945 se promulgaba el Fuero del Trabajo, cuando la derrota de las potencias fascistas exiga al rgimen dotarse de una fachada de legalidad. Regulaba un sistema de derechos y obligaciones, pero otorgaba al Gobierno la facultad de suspender las garantas. En 1947 llegaba la Ley de Sucesin, refrendada plebiscitariamente tras una coactiva propaganda. Declaraba reino a Espaa y facultaba la jefatura de Estado vitalicia del general Franco. Espaa estaba aislada polticamente, tras la derrota de Italia y Alemania, las potencias que haban apoyado la instauracin franquista. Eso s, el rgimen mantuvo el control del orden interior, reprimiendo cualquier contestacin. La cultura vasca fue objeto de sospecha, por no ajustarse a la versin oficial de Espaa. Los partidos antifranquistas, con la direccin en el exilio, intentaron, con desigual fortuna, levantar estructuras en el interior. En las primeras organizaciones clandestinas del Pas Vasco, impulsadas por el PNV, colaboracin los dems antifranquistas.

La oposicin antifranquista

El nacionalismo vasco, como en general las organizaciones republicanas, confiaba en que tras la guerra los aliados acabasen con el rgimen franquista. De ah el creciente proamericanismo que encabez Jos Antonio Aguirre. En este contexto se produjo la huelga de mayo de 1947, impulsada por Aguirre y preparada por diversos grupos anti-franquistas, con las consignas del Consejo Vasco de la Resistencia, que integraba a todas las fuerzas polticas vascas. La huelga afect a las grandes empresas vizcanas y a algunas zonas gipuzkoanas. Hubo unos 30.000 huelguistas, una cifra sin precedentes desde la guerra, movilizados tambin por las crtica situacin social. El rgimen respondi despidiendo masivamente a los trabajadores y readmitindolos de forma controlada, con prdida de derechos de antigedad. Pese a su xito, la huelga del 47, que quera demostrar el descontento social ante el rgimen, fue el canto del cisne de una poca. La estrategia de la oposicin, que confiaba en la actuacin internacional para restaurar la democracia, qued invalidada desde que comenz en 1947 la guerra fra. Con ella desaparecan casi todas las posibilidades de que los pases occidentales hicieran algo para derrocar a Franco. El boicot diplomtico se relajara en 1950, cuando la ONU cancel su resolucin de 1946 de retirar los embajadores, pero ya antes se haban iniciado los contactos entre Estados Unidos y Franco, que dieron lugar en 1953 al acuerdo sobre bases militares. El anticomunismo de los Estados Unidos abri la puerta a un rgimen que poda presumir de haber derrotado en su guerra a los comunistas. No tardara mucho el reconocimiento norteamericano, y con l, el internacional. Fracas as la estrategia de la oposicin. Sin margen de maniobra, el nacionalismo en el exilio sigui confiando en la ayuda americana. Medidas como la expulsin de los comunistas del Gobierno Vasco en el 48 queran adaptarse a la guerra fra, pero el gesto, similar a la evolucin del PSOE, que tambin marginaba a los comunistas, era ya polticamente irrelevante. Los acuerdos entre Estados Unidos y el rgimen diluan la estrategia del Gobierno Vasco y, en general, la de la oposicin al franquismo. El desarrollismo Adems, en los aos cincuenta se producan decisivos cambios en el interior. Se abandonaba, por agotamiento, la va autrquica. Los prstamos norteamericanos y cierta liberalizacin econmica iniciaron el crecimiento de la produccin. Las mejoras en los niveles de vida de los trabajadores eran an escasas, pero se suprimi el racionamiento. Desapareca tambin el mercado negro sobre productos agrcolas, aunque no el de productos industriales y materias primas. Persista el proteccionismo a ultranza, y el crecimiento produjo graves desequilibrios, evidenciando la escasa capacidad espaola de importar bienes de equipo y productos energticos. La inflacin se dispar a partir de 1956. Las subidas de precios llegaron a crear una situacin crtica. As lo comprueba un informe secreto del Servicio de Informacin, de 1957. Desaconsejaba que se subiesen las tarifas ferroviarias de Bilbao-Santurce y BaracaldoSomorrostro, pues, en opinin policial, as lo recomiendan actualmente las circunstancias de caracter social. En este clima de expectante pesimismo colectivo se dan a conocer otras nuevas tarifas, las de autobuses y trolebuses la situacin se agrava, el clima se obscurece, el descontento y la desilusin aumenta... [Si RENFE sube los precios] se producir el chispazo y sin que haya nada organizado polticamente podramos encontrarnos, como protesta, con un paro absoluto, en

principio de ms de 50.000 productores de las principales factoras.

El crecimiento econmico cre una nueva sociedad vasca: entre 1950 y 1975 la poblacin casi se duplic. Viviendas en construccin en la calle Rodrguez Arias. Bilbao, 1960

Fue el momento del cambio econmico. Con el Plan de Estabilizacin de 1959 se inici una nueva poltica, que buscaba el saneamiento econmico y la apertura al comercio exterior. A partir de 1962 se pusieron en marcha los Planes de Desarrollo. Pretendan mantener un crecimiento del 6 %, controlar la inflacin y diversificar la geografa industrial. Coincidieron con una etapa internacional de expansin econmica, que fue decisiva en el boom econmico espaol. Se inici un perodo de rpido crecimiento. Las provincias vascas no estaban entre las de inters nacional de los planes de desarrollo, pero recibieron intensamente la influencia del desarrollismo de los aos sesenta. Las inversiones propagaron por todo el pas las fbricas, que saturaron los valles de Bizkaia y Gipuzkoa y que afectaron a Alava, incorporada as a la sociedad industrial. Promovieron el desarrollo capitales locales y, tambin, el capital extranjero, que penetr en los sectores ms competitivos, sobre todo en el qumico. En Gipuzkoa se extendieron las cooperativas, un movimiento nacido en Mondragn, que generara un importante ncleo de sociedades, estructurado en torno a la Caja Laboral Popular y dedicadas a diversos ramos de actividad, como fundiciones, forjas, bienes de equipo, bienes de consumo para el hogar... La saturacin industrial de las provincias costeras canaliz inversiones hacia Alava. En 1950 su actividad fabril se reduca a algunos pequeos establecimientos. Despus se produjo una convulsin econmica, con un rasgo singular, desconocido en los anteriores modelos industrializadores del Pas Vasco: la planificacin del Ayuntamiento de Vitoria, que cre zonas industriales dotados de una infraestructura. As, las industrias de Alava se concentraron sobre todo en torno a Vitoria, si bien su comarca del Nervin conoci tambin el influjo inmediato de la ra de Bilbao. Todo el Pas Vasco se vio afectado por la onda expansiva que arranc del Plan de Estabilizacin y lleg hasta 1973. Se cre una importante industria qumica, con centro en Bizkaia, donde se instalaran Sefanitro, Petronor, Dow-Unquinesa... Y continu el desarrollo de la metalurgia, hegemmica incluso en Alava: en los aos setenta aportaba el 40 % de la oferta industrial vasca. Apenas se diversificaron las actividades industriales, pues siguieron mandando las tradicionales, sin decisivas innovaciones tcnicas ni racionalizacin espacial. Se mantuvieron fuertes desequilibrios y al boom industrial no acompaaron avances significativos del sector servicios, revelando las insuficiencias del modelo desarrollista. El crecimiento econmico cre una nueva sociedad vasca: entre 1950 y 1975 la

poblacin casi se duplic. La demografa haba pasado los crticos decenios de 1930 a 1950 con un crecimiento moderado, mayor que la media espaola, pero inferior al de 1900-30: los casi 900.000 habitantes de 1930 eran 1.061.000 en 1950, aumentando el 7 y el 11 % cada diez aos. Despus, se inici un boom inusitado, del 29 % en los aos cincuenta y del 37 % en los sesenta. En 1975 el Pas Vasco tena 2.070.000 habitantes. La inmigracin result decisiva en el mantenimiento de la prosperidad industrial.

Franco, emulando a la familia real, pasaba largas temporadas en San Sebastin. Yate Azor. Franco recibe a Balduino y Fabiola de Blgica. El escndalo en Blgica por esta entrevista hizo cambiar de lugar de veraneo a la familia real belga para no coincidir con Franco. San Sebastin, 1961.

Foto de propaganda de ETA que mitifica su armamento. El wazooka es un trozo de caera de aguas pluviales y la mira telescpica pertenece a un rifle de 12mm.

El boom demogrfico iniciado en 1950 afect a las tres provincias Bizkaia pas en 25 aos de 570.000 habitantes a 1.043.000, su poblacin de 1975, creciendo el 102 %. Gipuzkoa salt de 364.000 a 682.000, un 82 % ms. Pero la principal novedad fue que Alava se incorpor a los avances de la poblacin: sus 118.000 habitantes de 1950 se duplicaban en 1975, con 237.000. El despegue industrial de Alava provoc un hito demogrfico sin precedentes: entre 1960 y 1970, er slo diez aos, creci el 47 %. Tan

espectacular boom supuso ante todo una fuerte concentracin en Vitoria. En general, el rpido desarrollo demogrfico gener concentraciones urbanas con graves taras de hacinamiento y precarias infraestructuras. La prosperidad desarrollista acentu un proceso iniciado en la postguerra, la acomodacin de amplios sectores de la sociedad vasca al franquismo. Llmese indiferencia poltica o adaptacin a las circunstancias, la apata de la mayora silenciosa ayud a sostener el rgimen. Hubo apoyos expresos al dictador, pero tambin la avenencia no explcita de quienes se enriquecan, de capas medias urbanas... Si bien la represin y el control de los medios de comunicacin contribuyeron a la desmovilizacin, se dio tambin una adaptacin al orden social del rgimen, al margen de que los partidos antifranquistas justificaran sus fracasos por la actuacin policial. Las nuevas posiciones polticas El crecimiento econmico y los nacientes desequilibrios creaban nuevas condiciones sociales, para las que no siempre encontraron respuesta los partidos de la repblica, anclados en dinmicas que se quedaban desfasadas, con sentido en la postguerra, pero que no valan para las generaciones formadas durante el franquismo, cuyo nivel de vida mejoraba. Contribuy a ello el exilio de sus dirigentes, con un conocimiente superficial de las nuevas realidades. Fue el caso de los socialistas, que permanecieron aferrados a los viejos esquemas, agudizndose la separacin entre la militancia del interior y la direccin exterior. Sucedi lo mismo con los republicanos, casi sin presencia interior. S se adapt a las nuevas circunstancias el Partido Comunista, cuya implantacin comenz a crecer. Impuls Comisiones Obreras, que participara en las principales movilizaciones obreras yen 1966 asaltara con xito el sindicato vertical. La evolucin del nacionalismo fue ms compleja. El PNV haba subordinado su estrategia a una intervencin exterior y relegado la creacin de estructuras activas interiores, aunque no faltaron acciones que demostraban la existencia de una resistencia vasca. En este contexto surgi en 1959 un nuevo grupo nacionalista, Euskadi ta Askatasuna, ETA, que reclamaba mayor activismo. Se convertira en el grupo antifranquista con ms resonancia pblica. Era una escisin de EGI del grupo Ekin, un movimiento nacido en 1952 que se integr en la organizacin juvenil del PNV y cuyas relaciones con la direccin del partido se haban hecho difciles.

El PC, cuya implantacin comenz a crecer, impuls Comisiones Obreras, que participaran en las principales movilizaciones obreras y en 1966 asaltaran con xito el sindicato vertical. El atentado contra Carrero Blanco visto por la publicacin clandestina Askatasuna.

Cruce de caminos. Manifestantes contra la muerte de un miembro de ETA se cruzan con un jeep del ejrcito con soldados de reemplazo

ETA elabor pronto una nueva estrategia, ms activa que la del PNV, al tiempo que redescubra el nacionalismo sabiniano. A las pintadas y colocacin de ikurrias siguieron en 1961 los primeros explosivos y el intento fallido de descarrilar un tren de excombatientes franquistas. En los aos siguientes comenz a teorizar la va guerrillera, bajo la seduccin de los movimientos de liberacin nacional de Cuba, Argelia e Israel. Hacia 1964, traduciendo el impacto de los cambios sociales, ETA se alejaba del nacionalismo tradicional, formulando un nacionalismo de los trabajadores. En 1966 se celebr la V Asamblea de ETA. Triunfaron los partidarios de la lucha armada, que se definan como marxistas y abertzales radicales. Defendan un modelo tercermundista y estimaban que la liberacin de los vascos exiga construir una sociedad socialista en Euskadi. Conforme al principio de la espiral accin represin accin se determin acometer acciones armadas. ETA, definida como movimiento vasco de liberacin nacional, lanzaba la idea de un Frente Nacional, acorde con su concepcin de Euskadi como colonia, e intentaba penetrar en el movimiento obrero. La muerte de Etxebarrieta en 1968 empuj definitivamente a ETA hacia la va armada: replic dando muerte al comisario de polica Melitn Manzanas. Por entonces adquiran fuerza otras contestaciones al rgimen. Aun siendo actitudes sectoriales, crearon, junto a ETA, una notable efervescencia poltica. Para el rgimen result particularmente grave la evolucin de la Iglesia vasca, pues la religin constitua una de sus bazas ideolgicas. Parte del clero vasco, nacionalista, disenta de la jerarqua. 339 clrigos denunciaban en 1960 la persecucin de las caractersticas tnicas, lingsticas y sociales vascas. Pronto a las posiciones nacionalistas se sumaron las sociales, tras el giro de la Iglesia durante el papado de Juan XXIII. Las organizaciones cristianas de base (HOAC, JOC, HARC), con xito en los barrios obreros, representaban la nueva actitud. Al negarse la jerarqua al dilogo la contestacin del clero vasco se convirti en

abierta oposicin poltica antifranquista. Hubo sacerdotes que colaboraron en CC.OO. o que participaron en ETA. La tensin entre jerarqua y clero se reflej en ocupaciones del obispado, detenciones, multas. Hasta se habilit en 1968 una crcel especial para religiosos, en Zamora. Hacia 1971 la jerarqua vasca adopt una actitud ms abierta. El nuevo obispo de Bilbao, Aoveros, protagonizara en 1974 un sonado enfrentamiento con el rgimen. Una homila le vali la amenaza de expulsin, por atacar la unidad nacional. La evolucin obrera fue otra fisura del rgimen. La conflictividad laboral se hizo crnica a medida que se consolid el crecimiento econmico. Naci un nuevo movimiento obrero, que creaba sus propias normas de actuacin, adaptada a las condiciones de un rgimen antidemocrtico. Conforme a una ley de 1958 los salarios se fijaban con negociaciones dentro del Sindicato Vertical entre empresarios y trabajadores. A menudo los convenios colectivos aumentaban salarios a cambio de mayor productividad, situada en lmites exhaustivos y conseguida sin modernizar equipos ya obsoletos. El procedimiento motiv plantes obreros. En 1962 estallaron mltiples huelgas, contestadas con despidos y el estado de excepcin en Bizkaia y Gipuzkoa, adems de en Asturias. Consiguieron romper la congelacin salarial iniciada en 1957. Durante las huelgas comisiones de obreros cubrieron el vaco dejado por los sindicatos tradicionales. El nuevo movimiento obrero se consolid los aos siguientes. La huelga de Bandas de Laminacin de Echvarri de 1966-67, que dur 163 das, la ms larga del franquismo, desat la declaracin del estado de excepcin y encarcelamientos y destierros. Entre 1967 y 1972 se contabilizaban ms de mil huelgas en Gipuzkoa y Bizkaia y los trabajadores de Michelin consiguieron en el 72 extender su movimiento a toda Vitoria. La conflictividad se desbord: hubo 300 huelgas en 1973 y ms de 1.000 en 1974. Abundaron las huelgas con motivaciones polticas. En diciembre de 1970 tuvo lugar el Proceso de Burgos. Un tribunal juzg a 15 dirigentes de ETA. El Gobierno espaol quiso convertir el Consejo de Guerra en un escarmiento poltico. Result fatal para el rgimen, por la movilizacin de la opinin pblica mundial y la popularidad que adquiri ETA. En toda Espaa se propagaron movilizaciones contra la represin franquista. La sentencia fue una seversima condena, con seis condenados a muerte. No se ejecutaron, ante la presin internacional y la contestacin interior. Pese a la escisin de ETA VI (que se fragmentara en varios grupos izquierdistas), de 1972, quienes seguan fieles a la V Asamblea iniciaron un despegue espectacular, en activismo y en militancia. Concluy esta fase en el asesinato de Carrero Blanco, presidente del Gobierno (diciembre de 1973). Se acercaba el final del rgimen, y surga la escisin entre ETA militar y ETA poltico-militar, que discrepaban sobre la funcin de la lucha armada y su articulacin con la lucha popular. ETA-pm mantena los esquemas insurreccionales, mientras ETA-m no consideraba conveniente, como grupo armado, participar en acciones de masas. En 1975 el Gobierno respondi a la intensa actividad de ambos grupos con un estado de excepcin y la Ley Antiterrorista. En septiembre las movilizaciones no consiguieron salvar la vida de Paredes Manot (Txiki) y Angel Otaegui, fusilados el da 27. Dos meses despus mora el dictador.

XI. LA TRANSICIN DEMOCRATICA Y LA AUTONOMIA VASCA La efervescencia poltica se intensific en 1976, con conflictos como el que provoc la actuacin policial en Vitoria-Gasteiz al reprimir una concentracin obrera, con resultado de varios muertos. El impacto de la crisis econmica internacional iniciada en 1973 coincidi con la transicin. La agravaron factores locales, como el terrorismo, con acciones contra empresarios que desanimaran la inversin, o la lentitud con la que la afrontaron los partidos, por entonces ms preocupados por cuestiones polticas que por encarar los problemas econmicos, de difcil e impopular solucin. Repercuti sobre todo en sectores tradicionales como el siderrgico o el naval, bases de la industria vasca. Pronto comenz la escalada del paro. En diciembre de 1976 se aprob en referndum la Ley de Reforma Poltica. La apoy casi la mitad del electorado vasco (el 49 % del censo). Pese a las iniciales reticencias de la oposicin antifranquista, que llam a la abstencin, condujo a las primeras elecciones democrticas, las de junio del 77. El partido ms votado fue el PNV (281.000 votos, el 28 % del total). En la elaboracin de la Constitucin de 1978, basada en el consenso de los principales grupos polticos, colabor el PNV, que finalmente decidi abstenerse, alegando que se ignoraban los derechos histricos del pueblo vasco. En el referndum constitucional la abstencin del Pas Vasco (56,2 % en Gipuzkoa, 55,3 % en Bizkaia y 45,8 % en Alava) super a la participacin. La Constitucin dise un Estado de las Autonomas que permiti la promulgacin del Estatuto de Gernika, llamado as por el lugar donde se aprob el proyecto. Fue negociado por Surez, presidente del Gobierno, y Garaikoetxea, lder del PNV y tras las elecciones de marzo de 1979 (en las que subi el PNV y bajaron UCD y PSOE) presidente del Consejo General Vasco que formaban los parlamentarios. El estatuto permita un elevado autogobierno, con una autonoma financiada por los Conciertos Econmicos, restablecidos para Bizkaia y Gipuzkoa en 1977. Navarra qued fuera de la autonoma vasca: el escaso eco nacionalista en Navarra pes en la decisin. El Estatuto de Autonoma consigui un consenso mayoritario. Fue aprobado en referndum en octubre de 1979. Vot el 59,77 % y en las tres provincias gan el s, en total un 90,3 % de los votantes (el 54 % del censo). Se opuso Herri Batasuna, la coalicin formada en 1978 por grupos nacidos en el entorno de ETA-m, que mantuvieron su oposicin al sistema. ETA-pm, por contra, propici la formacin de Euskadiko Ezkerra y desapareci en 1981. Las elecciones al primer Parlamento Vasco, en 1980, las gan el PNV. Triunf en las tres provincias, con 340.000 votos (el 36 %). No obtena la mayora absoluta, pero poda gobernar en solitario, por el retraimiento parlamentario de HB. El PNV tena as su oportunidad histrica de construir una autonoma vasca en tiempo de paz. Intent los aos siguientes desarrollar su proyecto de comunidad vasca. Sus smbolos se convirtieron en los del Pas Vasco y promovi una completa estructura poltica, que inclua una televisin, una polica, medidas que buscaban la euskaldunizacin, etc. En la transferencia de competencias UCD sigui una poltica cicatera. Quiso en 1981 (en colaboracin con el PSOE, en la marea revisionista que sigui al fracasado golpe de estado de Tejero) enmendar las autonomas con la LOAPA, finalmente declarada anticonstitucional.

La victoria socialista de 1982 en el Pas Vasco el PSOE igual en representacin al PNV abri nuevas circunstancias polticas. Se realizaron nuevas transferencias y se inici una nueva poltica econmica. El PSOE opt por acelerar la reconversin industrial. Result conflictiva. Sus crticos, aun reconociendo la necesidad de modernizar el aparato productivo, la tacharon de mecanicista, sin que se impulsase de forma suficiente el empleo alternativo. A fines de 1984 (cuando se daban por concluidas las principales medidas reconversoras) apenas se haba acometido la reindustrializacin. En medio quedaba una larga secuela de tensiones, como los enfrentamientos entre trabajadores y polica en los astilleros Euzkalduna de Bilbao. Por lo dems, en la gestin econmica se subordinaron todas las medidas al objetivo de controlar los precios. La poltica de ajuste fue, en general, admitida por sindicatos y patronales entre 1983 y 1986. A corto plazo los efectos de la poltica monetarista fueron limitados. De forma lenta se contuvo la inflacin, pero continuaba la destruccin de empleo. ETA segua actuando, pese a las movilizaciones en contra. El PSOE sistematiz una nueva estrategia antiterrorista, basada en un plan global para la actuacin policial (el llamado plan ZEN, Zona Especial Norte), la accin internacional para quitar a ETA su refugio francs (con deportaciones y extradiciones) y la reinsercin para quienes abandonasen las armas. En 1983 Bizkaia y Alava sufrieron graves inundaciones que ocasionaron numerosas muertes y prdidas de ms de 500.000 millones. Por entonces las cada vez ms frecuentes movilizaciones contra ETA y las protestas abertzales contra acciones policiales y por sospechas de actuaciones irregulares de los aparatos estatales enrarecieron el clima poltico. Contribuy a ello la aparicin a fines del 83 del GAL (Grupos Armados de Liberacin), con oscuras implicaciones policiales y atentados a refugiados en el Pas Vasco francs, as como el asesinato del senador socialista Enrique Casas, en la campaa electoral de febrero de 1984. En las autonmicas de 1984 el PNV obtuvo 450.000 votos, pero pronto le estall un problema interno, en torno a la Ley de Territorios Histricos, que regulara la articulacin poltica del Pas Vasco. Garaikoetxea defenda que se consolidase el poder gubernamental. Frente a l los foralistas abogaban por transferir competencias a las Diputaciones. El conflicto se encon y Garaikoetxea hubo de dimitir a fines del 84. El nuevo lehendakari fue Ardanza, a la sazn diputado general de Gipuzkoa. Su pacto de legislatura con el PSOE agiliz las transferencias, bloqueadas desde 1982. Varios acontecimientos importantes se produjeron en 1986. Espaa ingres en la Comunidad Europea, acabando con su histrico aislamiento internacional. Se celebr el referndum sobre la OTAN: gan la permanencia en la Alianza Atlntica, pero el Pas Vasco tuvo de nuevo un comportamiento diferencial, pues la abstencin y el no fueron mayoritarios. Y se convocaron elecciones generales, en las que el PNV, con tensiones internas, perdi 150.000 votos. Las disputas entre crticos y oficiales se recrudecieron, hasta estallar la escisin de Eusko Alkartasuna (EA), el partido que form Garaikoetxea. La crisis forz elecciones anticipadas al Parlamento Vasco, realizadas a fines de ao. El PNV fue el partido ms votado, pero perdi otros 50.000 votos y el PSOE le super en parlamentarios. EA consegua 180.000 votos, mientras las otras dos formaciones nacionalistas, HB y EE, aumentaron su peso. La fragmentacin poltica exigi formar una coalicin gubernamental. La realizaron PNV y PSOE, con la presidencia de Ardanza.

En 1983, Bizkaia y Alava sufrieron grandes inundaciones que ocasionaron numerosos muertos y prdidas de ms de 500.000 millones de pesetas.

Los ayuntamientos, disponiendo de mayores recursos, acometen nuevas obras y conservan el patrimonio histrico. Plaza de la Brulleria, con la catedral de Santa Mara y la torre de los Anda. Vitoria.

En esta legislatura se firm el pacto de Ajuria Enea, el acuerdo de todos los partidos parlamentarios, excepto HB, por la pacificacin. Impuls una postura comn de aislamiento a quienes apoyaban la violencia poltica. Por entonces, ETA defenda la estrategia negociadora. En la primavera de 1988 fracasaron las negociaciones de

Argel, entre ETA y Gobierno. Hacia 1986 se inici una recuperacin econmica. Comenzaron a crearse empleos netos y el Producto Interior Bruto creci, en 1987 y 1988, en torno al 5 %. Ascenda la inversin extranjera y se contena la inflacin. Pero la mejora no incidi por igual en todos los sectores sociales. Crecan los beneficios empresariales, pero se mantena un paro superior al 18 %. La euforia econmica quedaba reservada a quienes participaban de las alegras burstiles, mientras slo poco a poco aumentaba la capacidad adquisitiva de los asalariados. Se inici una fase de crisis social, con tensiones entre Gobierno y sindicatos. Su mxima expresin fue la huelga general del 14 de diciembre de 1988, con rotundo xito en el Pas Vasco. Las euforias financieras de fines de los ochenta no sirvieron para reestructurar la economa vasca, que mantendra un sntoma de su precaria modernizacin: es la regin de la Comunidad Europea donde tiene mayor peso la industria, que aporta el 48,3 % del PIB. Tan extrema especializacin implica un deficiente desarrollo del sector servicios. Adems, tiene el mayor ndice de paro de las regiones industriales, el 19,1 %. El censo de 1990 mostraba un hecho sin precedentes en ms de un siglo: bajaba la poblacin vasca respecto a la de diez aos antes. El terrorismo sigui condicionando la poltica vasca, pero las acciones de ETA disminuyeron desde fines de los ochenta. Contribuyeron a ello xitos policiales como la detencin de parte de la cpula de ETA en 1987 y en 1992. HB mantuvo su propuesta de negociacin y una amplia capacidad de movilizacin, pero sus apoyos electorales descencieron ostensiblemente hacia 1993 (perdi cerca de 60.000 votos sobre los casi 200.000 de 4 aos antes). De otro lado, el secuestro de Julio Iglesias Zamora provoc este ao una amplia reaccin popular, encabezada por los grupos pacifistas surgidos los aos anteriores, tras la aparicin de Gesto por la Paz. Los primeros enfrentamientos armados entre la polica autonmica y comandos de ETA agudizaron las tensiones entre el nacionalismo moderado y el radicalismo abertzale.

Una adecuada poltica de construccin de viviendas, con apoyo de diversas instituciones pblicas, trata de amortiguar los elevados costes del suelo. San Sebastin.

Las elecciones autonmicas de 1990 consolidaron al PNV en la cabeza de la comunidad autnoma. Tras un efmero gobierno tripartito nacionalista, del PNV, EA y EE, se lleg a fines del 91 a la frmula PNV-PSOE-EE, convertida en bipartito al fusionarse PSOE y EE. Y tras lo que se llamaron los fastos del 92 comenz la crisis del

sistema de poder socialista. A fines de 1992 todo pareci quebrar. Lo hizo primero la economa, con un rebrote de la inflacin y del paro. Siguieron las tensiones internas del PSOE, que gan las elecciones generales de 1993, pero perdi la mayora absoluta. Despus, llegaron los escndalos financieros y la corrupcin. Los apuros socialistas se tradujeron en las autonmicas de octubre de 1994: el PNV repeta victoria, mientras el PSOE perda 4 de sus 16 parlamentarios de 1990. IU consegua hacerse con una presencia significativa en el Parlamento Vasco y UA la fuerza alavesista que desde 1990 se opona a polticas nacionalistas como la cuskaldunizacin se consolidaba. Las elecciones mostraban graves riesgos para la cohesin interna del Pas, por la fragmentacin politica del Parlamento (de nuevo con 7 partidos diferentes) y las distintas dinmicas provinciales. A fines de 1994 se formaba un nuevo gobierno tripartito, presidido por Ardanza y compuesto por PNV, PSOE y EA. Fue el ejecutivo que gobern hasta mediados de 1998, cuando el PSOE lo abandon, tras negarse los nacionalistas a exigir el acatamiento a la Constitucin para acceder al Parlamento Vasco. Quedaba un gobierno bipartito PNV-EA, pero eran ya inminentes las elecciones autonmicas, a celebrar el 25 de octubre. Significaban stas el final de una etapa, pues Ardanza no sera el candidato del PNV a lehendakari. Durante los tensos aos 1994-1998 se consum el desgaste del PSOE, derrotado en las elecciones de 1996 por el PP, que form Gobierno en Madrid. Por entonces se desvelaban las implicaciones polticas del GAL, hasta llegar al juicio y condena de antiguos altos cargos socialistas. En parte, la poltica vasca gir en torno al terrorismo. ETA emprendi el hostigamiento al PP, asesinando a varios de sus concejales. El de Miguel Angel Blanco desencaden en julio de 1997 la mayor movilizacin antiterrorista hasta entonces conocida. Pareci detener el desgaste de la Mesa de Ajuria Enea. Las tensiones polticas entre sus componentes, sin embargo, la paralizaron los meses siguientes. Se gestaba una nueva lnea divisoria. Los nacionalistas, junto con IU, se mostraban partidarios de negociar con ETA. PP y PSOE rechazaban esta estrategia. Ambas opciones tuvieron sus apoyos intelectuales. HB sigui sosteniendo la tesis de la negociacin. Su decisin de acudir a las elecciones con otras siglas EH, Euskal Herritarrok se present como una apertura poltica. Precedi a la formacin del Foro de Irlanda, en el que participaban las organizaciones nacionalistas, incluidas PNV y EA. Defenda el dilogo como va pacificadora. La iniciativa ahond la crispacin, pues fue contestada por los dos principales partidos no nacionalistas del Pas Vasco. La agudizacin de las tensiones polticas coincidieron, en estos aos, con una real recuperacin econmica, propiciada por la coyuntura internacional y los ajustes realizados para entrar en la unidad monetaria europea. Sus principales sntomas fueron la cada de la inflacin y la mejora del empleo. Las nuevas infraestructuras transformaron en parte la imagen del Pas Vasco. Algunas realizaciones, como el Museo Guggenheim de Bilbao, inaugurado en 1997, se convirtieron en el smbolo de una sociedad que apostaba por la modernizacin. En la noche del 16 de septiembre de 1998 ETA anuncia una tregua indefinida.

Menos de cien aos separan estas dos fotos.

INDICE
I LA PREHISTORIA DE LOS VASCOS......................................... 6 II DE LA LLEGADA DE ROMA A LA PRIMERA EDAD MEDIA...............................................................................11 Las tribus vascas..........................................................................11 La romanizacin...........................................................................12 Los siglos oscuros........................................................................14 III Los TIEMPOS MEDIEVALES...................................................17 Reino, condados, seoro.............................................................17 La economa medieval ................................................................ 21 Las villas.......................................................................................23 La crisis bajomedieval.................................................................. 24 IV LA EDAD MODERNA.............................................................. 32 Los fueros vascos.........................................................................32 Prosperidad demogrfica y econmica........................................ 0 4 La crisis del siglo XVII...................................................................45 El siglo del capitalismo comercial.................................................49 Tensiones sociales y econmicas y realizaciones culturales.......... 55 V TRADICIN CONTRA REVOLUCIN (1793-1839).................59 De la Guerra de la Convencin a la Guerra de la Independencia..................................................................... 59 La crisis de la economa tradicional............................................. 1 6 La primera Guerra Carlista...........................................................62 VI LA LTIMA ETAPA FORAL (1839-1876).................................. 67 El sistema poltico durante la ltima etapa foral .......................... 67 Los comienzos de la modernizacin econmica.......................... 69 La ltima guerra carlista............................................................... 74 VII TRANSFORMACIONES POLTICAS Y ECONMICAS A FINES DEL SIGLO XIX............................................................. La abolicin de los fueros y la instauracin del rgimen liberal........................................................................... La revolucin industrial ............................................................. VIII EL PLURALISMO VASCO.................................................. La nueva sociedad ................................................................... Hacia el liberalismo espaolista: el proteccionismo.................. El nacionalismo vasco............................................................... El movimiento obrero................................................................ IX MODERNIZACIN SOCIAL Y CAMBIOS POLTICOS (1900-1937)............................................................................... El desarrollo de la sociedad capitalista..................................... La II Repblica.......................................................................... La Guerra Civil.......................................................................... X EL FRANQUISMO................................................................. La autarqua.............................................................................. La oposicin anti franquista....................................................... El desarrollismo......................................................................... Las nuevas posiciones polticas................................................ XI LA TRANSICIN DEMOCRTICA Y LA AUTONOMA VASCA...................................................................................... 78 78 80 84 84 86 89 93 96 96 102 109 115 115 117 117 120 123

EDITORIAL TXERTOA COLECCIN ASKATASUN HAIZEA Extracto 63 EL MAR DE LOS VASCOS. Torno II. Leyendas, tradiciones y vida. (Del Golfo de Vizcaya al Mediterraneo). L.P. Pea Santiago. 64 HISTORIA DE GUIPUZKOA (De los orgenes a nuestros das). Lola Valverde. 66 NOVENTA CRONICAS DE UN VIAJERO IMPERTINENTE. L.P. Pea Santiago. 67 BRUJERIA Y BRUJAS (Testimonios recogidos en el Pas Vasco). 4 edicin. Jos Miguel Barandiaran. 68 LOS VASCONES Y SUS VECINOS. Julio Caro Baroja. 69 HISTORIA DEI. PARTIDO NACIONALISTA VASCO. Koldo San Sebastin. 71 IIISTORIA DE IPARRALDE (De los orgenes a nuestros das). E. Goyhenetxe. 73 CASILDA MILICIANA (Historia de un sentimiento). L.M. Jz. de Aberasturi. 75 DEL PAIS: FAMILIA Y MAESTROS. Julio Caro Baroja. 76 FLORENCIO ALFA RO ZABALEGLI (1882-1936) . (Trayectoria y testamento poltico de un concejal republicano). Angel Garca-Sanz. 77 I IISTORIA DE ALMA. Tomo 1 (De los orgenes a la Epoca Foral). Varios autores. 78 HISTORIA DE ALAVA. Tomo II (El Antiguo Rgimen y la Edad Contempornea). Varios autores. 79 PROBLEMAS VASCOS DE AYER Y DE 110Y. Julio Caro Baroja 80 BIOGRAFIAS Y VIDAS HUMANAS. Julio Caro Baroja. 82 LA RITA DE LOS BRUJOS (Travesa inslita a travs de Navarra, Guipzcoa y Alava). L.P. Pea Santiago. 83 NAVARRA DE CAMINOS, BATALLAS Y BANDIDOS (Recorridos de montaa). L.P. Pea Santiago. 88 MONTAAS DEL PAIS VASCO. Tomo VI (La vuelta a Navarra a pie, en 34 excursiones). Ed. ilustrada. L.P. Pea Santiago. 92 ZAMALZAIN EL CHAMAN Y LOS MAGOS DEL CARNAVAL VASCO (Los ritos de inicacin). Txema Hornilla. 94 MONTAAS DEL PAIS VASCO. Tomo VII (La ruta del peregrino). Ed. ilustrada. L.P. Pea Santiago. 95 RECETAS Y REMEDIOS DE LA TRADICION POPULAR VASCA. 2 edicin. Jos Miguel Barandiaran. 97 LOS HOMBRES Y SUS PENSAMIENTOS (Sobre los vascos, la brujera, etc.). Julio Caro Baroja. 99 RITO Y FORMULA EN LA MEDICINA POPULAR VASCA (La salud por las plantas medicinales). 2' edicin. Ed. ilustrada. Juan Garmendia. 100 MATERIALES PARA UNA HISTORIA DE IA LENGUA VASCA EN SU RELACION CON LA LATINA Julio Caro Baroja 101 El. ZORTZIKO DE IRAETA PARA ARPA Y TXALAPARTA. Mark Legasse. 102 FELIX MARIA SANCHEZ SAMANIEGO, UN VASCO DEL SIGLO XVIII. Salvador Velilla. 103 LA ARGAIZOLA VASCA (Creencias, ritos, leyendas y tradiciones populares). Ed. ilustrada. L.P. Pea Santiago. 104 COSTUMBRES Y RITOS FUNERARIOS EN EL PAIS VASCO. Ed. ilustrada. Juan Garmendia. 105 POR LA RIOJA ALAVESA A PIE (De Labastida a Ovn, pasando por Toloo). Ed. ilustrada. L.P. Pea Santiago. 107 LAS SIETE VIRGENES NEGRAS DE GIPUZKOA. Ed. ilustrada. L.P. Pea Santiago. 108 ESCUELAS Y MAESTROS EN LAVA (Un siglo de formacin intelectual (le los

docentes alaveses, 18301930). Daniel Reboredo. 109 MANUEL DE IRUJO (Un hombre de su tiempo). Martn de Ugalde. 110 LA HISTORIA DE NAVARRA DE 1445 A 1814 (Entre la tradicin y la modernidad). Emilio Valerio Martnez de Murian. 111 HISTORIAS DE UNA CIUDAD (Vitoria en los libros de viajes). Angel Martnez Salvar. 112 LA DANZA DE LOS REPTILES (Novela). Soledad Nez. 113 GIGANTES Y CABEZUDOS. Ed. Ilustrada. E Escano. 115 HISTORIA DEL PAIS VISCO (De los orgenes a nuestros das). 3 edicin. Ilustrada. M. Montero. 116 I HISTORIA DE SAN SEBASTIAN. 4' edicin. Ilustrada. J. Sada. 117 LOS VASCOS DEL PIRINEO. Ed. Ilustrada. Koldo San Sebastin. 118 FUNDIDO EN NEGRO (Novela de intriga desarrollada en San Sebastin). Soledad Nez. 119 HISTORIA DE VITORIA. 2 edicion Ilustrada J. M. Imizcoz - P. Manzanos. 120 HISTORIA DE PAMPLONA. Ed. Ilustrada. R. Jimeno - M D. Martnez.

Con este libro la editorial Txertoa asume un reto editorial: proporcionar una breve sntesis de la evolucin del Pas Vasco desde la Prehistoria hasta la actualidad que explique los acontecimientos fundamentales y, tambin, que interprete las claves de una historia compleja en la que se interrelacionan aspectos polticos, econmicos, sociales, demogrficos y culturales. Historia del Pas Vasco (de los orgenes a nuestros das) viene, pues, a cubrir un vaco en nuestro panorama intelectual. Sin prolijas erudiciones, resume los principales hitos histricos del Pas Vasco: los rasgos bsicos de la Prehistoria, las luchas bajomedievales, las organizaciones forales, las guerras carlistas, el movimiento obrero, el nacionalismo vasco, la industrializacin, la II Repblica, el franquismo o la transicin son algunas de las cuestiones que se exponen. En el relato se conjugan un estilo accesible para el lector no especialista y el rigor de una interpretacin que indaga sobre las razones de las vicisitudes histricas del Pas Vasco y que narra los principales hechos que han determinado este desarrollo (los contactos de los vascos con Roma, las guerras de bandos, los motines de la Edad Moderna, las actividades mercantiles y ferronas, las Guerras Carlistas, la abolicin de los Fueros, el desarrollo industrial, la Guerra Civil, etc.). El autor, Manuel Montero, es catedrtico de historia contempornea en la Universidad del Pas Vasco y ha llevado a cabo una intensa labor de investigacin y de divulgacin de la historia vasca.Tiene publicadas en esta misma editorial, Historia contempornea del Pas vasco, Diccionario de Historia del Pas Vasco, Historia de Vizcaya, La construccin del Pas Vasco Contemporneo. Dentro de la serie "Crnicas de Bilbao y Vizcaya: El progreso de Bilbao, Acontecimientos decisivos en la Historia del Pas Vasco, Vida cotidiana en los siglos XIX-XX, Los negocios de Bilbao, Construccin histrica de la Villa de Bilbao, Momentos histricos, Vizcaya. Convulsiones y conmociones sociales

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