GUIA DE ESTUDIO 5TO.
AÑO
Temas: El realismo mágico Contenidos: El realismo mágico. Características de este movimiento
literario.
Capacidades a EVALUAR:
Comunicación Pensamiento crítico Resolución de problema
Literatura El realismo mágico es un movimiento literario y pictórico del siglo XX que intenta
mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano o común.
Su objetivo no es el despertar emociones, sino expresarlas, siendo además y sobre todo, una
actitud frente a la realidad.
El realismo mágico en la Literatura Latinoamericana
El realismo mágico literario surgió en América Latina. A comienzos del siglo XX, era muy común
que los escritores viajaran frecuentemente a los centros culturales europeos como Berlín, París
o Madrid, y fueron influenciados por el movimiento artístico de la época.
Los escritores Alejo Carpentier o Arturo Uslar-Pietri, por ejemplo, fueron fuertemente
influenciados por movimientos como el surrealismo durante sus estadías en París entre 1929 y
1930.
Jorge Luis Borges inspiró y alentó a otros escritores latinoamericanos en el desarrollo de este
nuevo género
Jorge Luis Borges particularmente en su primera publicación del realismo mágico “Historia
Universal de la Infamia”, en 1935.
Entre 1940 y 1950, el realismo mágico latinoamericano alcanzó su apogeo con una gran
cantidad de escritores principalmente argentinos.
Visión del mundo occidental y del mundo nativo.
La perspectiva crítica hacia el realismo mágico como un conflicto entre la realidad y la
anormalidad proviene de la disociación del lector occidental con la mitología, una raíz del
realismo mágico que las culturas no occidentales comprenden con más facilidad.
La confusión en occidente se debe a la concepción de lo real creada en un texto realista
mágico. En lugar de explicar la realidad utilizando las leyes naturales o físicas, este género crea
una realidad en la cual la relación entre los incidentes, los personajes y el entorno no puede
basarse o justificarse por su estatus dentro del mundo físico.
Spindler sostiene que hay tres tipos de realismo mágico, aunque no son de ninguna manera
incompatibles entre ellos:
“Metafísico” europeo: con su sentido de extrañeza y lo extraño, ejemplificado por la ficción
de Kafka.
“Ontológico”: caracterizado por “seriedad” al relacionar eventos inexplicables
“Antropológico”: en donde una cosmovisión nativa se une a la cosmovisión racional
occidental. Si bien hay muchas críticas sobre que América Latina sea la piedra angular de todas
las obras del realismo mágico, es indudable que es en este continente en el que se aprovechó y
expandió al máximo, ofreciendo al mundo una gran cantidad de autores del género.
Autores destacados
Gabriel García Márquez, el máximo exponente del realismo mágico en la literatura
latinoamericana.
Horacio Quiroga, Miguel Ángel Asturias, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Alejo
Carpentier y Jorge Luis Borges son los autores más destacados del realismo mágico.
La obra “100 años de Soledad” de Gabriel García Márquez es el máximo exponente de este
género literario, siendo además un fenómeno a nivel mundial.
Otro autor que en parte perteneció al realismo mágico fue Julio Cortázar, con obras como
“Bestiario” y “Final del juego”. En el caso de Borges hay una salvedad y es que se debe incluir
en un movimiento contrario al realismo mágico, al negar de forma absoluta el realismo como
género.
El escritor cubano Alejo Carpentier, en su prólogo al libro “Reino de este mundo”, define la
escritura de Borges con un concepto propio: “real maravilloso”, el cual si bien tiene algunas
semejanzas con el realismo mágico, no debe ser asimilado a éste.
También hay autores que se han destacado dentro del Realismo Mágico con algunas obras,
como: Carlos Fuentes (“Aura”) Jorge Amado (“Doña Flor y sus dos maridos”) Juan Ruffo (“Pedro
Páramo”) Isabel Allende (“La casa de los espíritus”) José de la Cuadra (“Los Sangurimas”)
Arturo Uslar Pietri (“La lluvia”) Demetrio Aguilera Malta (“Siete lunas y siete serpientes”)
Manuel Mujica Lainez (“Bomarzo”) Laura Esquivel (“Como agua para chocolate”) Mario
Jorquera – “La harina mía”
ACTIVIDAD 1 a- Después de leer la información sobre “El realismo mágico”, extraiga la idea
principal de cada párrafo.
ACTIVIDAD 2 b- Lea los siguientes fragmentos pertenecientes a la novela Cien años de soledad:
“Si no volvemos a dormir, mejor”, decía José Arcadio Buendía de buen humor. “Así nos rendirá
más la vida.” Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era
la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable
evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo
se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de
la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y
aún la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado. José
Arcadio Buendía, muerto de risa, consideró que se trataba de una de tantas dolencias
inventadas por la superstición de los indígenas.”
“El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió
todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados
uno tras otro en una sola noche, antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años. Escapó
a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento. Sobrevivió a
una carga de estricnina en el café que habría bastado para matar a un caballo. Rechazó la
Orden del Mérito que le otorgó el presidente de la república. Llegó a ser comandante general
de las fuerzas revolucionarias, con jurisdicción y mando de una frontera a la otra, y el hombre
más temido por el gobierno, pero nunca permitió que le tomaran una fotografía. Declinó la
pensión vitalicia que le ofrecieron después de la guerra y vivió hasta la vejez de los pescaditos
de oro que fabricaba en su taller de Macondo.”
“Deslumbrada por tantas y tan maravillosas invenciones, la gente de Macondo no sabía por
dónde empezar a asombrarse. Se trasnochaban contemplando las pálidas bombillas eléctricas
alimentadas por la planta que llevó Aureliano Triste en el segundo viaje del tren, y a cuyo
obsesionante tumtum costó tiempo y trabajo acostumbrarse. Se indignaron con las imágenes
vivas que el próspero comerciante don Bruno Crespi proyectaba en el teatro con taquillas de
bocas de león, porque un personaje muerto y sepultado en una película, y por cuya desgracia
se derramaron lágrimas de aflicción, reapareció vivo y convertido en árabe en la película
siguiente. El público que pagaba dos centavos para compartir las vicisitudes de los personajes,
no pudo soportar aquella burla inaudita y rompió la silletería.
” Ahora responde
1- ¿Existe algún elemento fantástico tomado en forma natural?
2- 2- ¿Existe algún elemento de origen realista percibido en forma fantástica?
3- 3- ¿Entre qué años situarían, tentativamente, la acción?
4- 4- ¿Se describen costumbres, hechos, o procesos históricos asimilables a la realidad
latinoamericana
Cosmovisión Realista
El concepto de Realismo permite identificar la manera de contar, presentar, considerar o
percibir lo que ocurre tal como sucede.
Son relatos que narran historias basadas en hechos reales o imitados de la realidad, cuya
principal condición es la verosimilitud, es decir, crear el efecto de que lo que se cuenta puede
ser cierto.
Por tanto, el cuento realista es una representación seria y a veces trágica de la realidad.
Generalmente el autor parte de la observación directa de su entorno y lo refleja en sus obras
apelando a lo verosímil. A raíz de esto, se puede decir que la postura realista tiene la
particularidad de evitar exageraciones: sólo narra los acontecimientos concretos.
Cabe resaltar que el realismo también representa una doctrina filosófica que se caracteriza por
resaltar la existencia objetiva de los conceptos de carácter universal. Desde la perspectiva de la
filosofía moderna, el realismo constituye un saber basado en la idea de que los “objetos que
pueden percibirse a través de los sentidos poseen una existencia que resulta independiente
respecto de ellos mismos.”
En el campo del arte se conoce como realismo a la estructura estética que busca surgir como
una imitación fiel de la naturaleza. Puede hablarse de realismo pictórico (el cual pretende
plasmar la realidad en cuadros) o realismo literario (cuyos textos intentan aportar un
testimonio sobre una determinada época). Además, el concepto también se utiliza para
denominar aquella opinión, comentario, pensamiento o doctrina que favorece a la monarquía:
"En la época colonial, las fuerzas del realismo se enfrentaban en sangrientas batallas frente a
los movimientos independentistas de América Latina".
El Realismo en la Literatura
El realismo literario tuvo su origen en la primera mitad del siglo XIX y sus precursores fueron
Honoré de Balzac y Stendhal. Se trató de una corriente estética que se impuso ante el
imperante Romanticismo de la época, oponiéndose no sólo en cuestiones ideológicas sino
también en lo estructural, provocando un rotundo quiebre entre las letras del siglo XIX.
Una de las características fundamentales se centró en su atención en la sociedad y no en el
individuo. Los autores comenzaron a describir de forma específica cómo era el pueblo y
pintaron objetivamente los problemas sociales que acontecían; así surgió la que se llamaría
novela burguesa. Esta nueva inclinación no sólo se vio reflejada en las descripciones escénicas
sino también en la interacción de los personajes, para los cuales se buscó una expresividad más
coloquial. Se les hizo adoptar la forma de lenguaje adecuada para cada uno de ellos, teniendo
en cuenta su estrato social, su educación y demás cuestiones que pueden indicar cómo debe
comunicarse un individuo.
Entre los autores más destacados puede mencionarse a Miguel de Cervantes Saavedra, Pérez
Galdós, Charles Dickens y Gustave Flaubert. También podría incluirse en la lista a Fedor
Dostoyevski, aunque algunos prefieren ubicarlo dentro del existencialismo, dado su inmenso
interés por temas como la psicología humana y las preguntas filosóficas relacionadas con el
sentido de la vida.
Existe por último una variante del realismo en la literatura, que se conoce como realismo
mágico. Se trata de un movimiento de carácter literario que surgió en Latinoamérica a mitad
del siglo XX y que se caracteriza por introducir elementos fantásticos en medio de una narrativa
realista. El novelista colombiano Gabriel García Márquez es uno de los principales exponentes
de esta corriente literaria.
Característica
Temática: En el cuento realista el autor se propone dar una idea cabal y verdadera del mundo
que lo rodea en todos sus aspectos: material, moral, económico, político y religioso. Por ello, la
realidad del hombre en su esencia y existencia y la descripción del medio en que éste se
desarrolla como individuo o como ser social es la materia literaria de este tipo de relato.
En el afán de testimoniar la realidad inmediata, las obras resultan a menudo vastos cuadros
sobre la vida, las creencias, el lenguaje y las tradiciones del hombre contemporáneo. En estos
casos, la anécdota se diluye o es solamente un pretexto para la descripción de caracteres y de
costumbres. Narrador: El escritor realista trata de narrar los hechos con objetividad y para
lograrlo se vale de la observación directa. Por lo general utiliza la tercera persona gramatical y
adopta la posición de narrador testigo u omnisciente.
Personajes: Los personajes aparecen caracterizados con una técnica tipificadora o genérica. El
tipo, síntesis de virtudes y defectos fácilmente reconocibles facilita al escritor explicitar una
doctrina moral o social a través de su conducta.
La descripción: La descripción, en los cuentos realistas tradicionales, tiene la función de guiar al
lector para que pueda imaginar un mundo reconocible.
Lenguaje: Como recurso de verosimilitud el narrador realista reproduce el lenguaje de los
personajes: habla local, modismos, formas coloquiales. Es asimismo importante la mayor
inclusión de diálogos como procedimiento para la caracterización de los personajes y su
presentación objetiva.
Espacio y tiempo: Como recurso de verosimilitud, describe minuciosa y detalladamente el
escenario en que vive el hombre y, en mayor medida que en otras clases de cuentos, incorpora
el contorno humano con el objeto de sugerir una atmósfera o de crear un clima de realidad.
El espacio es el ámbito de la burguesía urbana y el ambiente rural. En ocasiones, el autor se
detiene en la observación de los aspectos más vulgares de la sociedad con una intención de
denuncia, o para presentar una tesis.
El desarrollo del tiempo de la acción es lineal y cronológico. Con el fin de precisar los hechos
narrados y dotarlos de realismo, las fechas son indicadas con exactitud (meses, años, días,
horas o minutos). Incluso algunos relatos aparecen desarrollados en un momento histórico
determinado. La historia presentada es preferentemente la inmediata o contemporánea al
escritor. En estos casos el plano histórico se conjuga e integra con el plano de la invención. El
ofrecer hitos temporales precisos permite al autor exponer los hechos en orden lógico y
sucesivo y, de este modo, acentuar la verosimilitud de la ficción.
Primera parte
*Luego de leer la información, responder:
ACTIVIDADES
1) Extraer del texto el concepto de Realismo.
2) ¿A qué se llama verosímil o verosimilitud?
3) Realizar una red o mapa conceptual sintetizando la teoría leída anteriormente.
Segunda parte
*Para trabajar el Realismo literario, leer el siguiente cuento:
"PATRÓN" de Abelardo Castillo
I
La vieja Tomasina, la partera se lo dijo, tas preñada, le dijo, y ella sintió un miedo oscuro y pegajoso: llevar una
criatura adentro como un bicho enrollado, un hijo, que a lo mejor un día iba a tener los mismos ojos duros, la
misma piel áspera del viejo. Estás segura, Tomasina, preguntó, pero no preguntó: asintió. Porque ya lo sabía;
siempre supo que el viejo iba a salirse con la suya. Pero m’hija, había dicho la mujer, llevo anunciando más
partos que potros tiene tu marido. La miraba. Va a estar contento Anteno, agregó. Y Paula dijo sí, claro. Y
aunque ya no se acordaba, una tarde, hacía cuatro años, también había dicho:
–Sí, claro.
Esa tarde quería decir que aceptaba ser la mujer de don Antenor Domínguez, el dueño de La Cabriada: el
amo. –Mire que no es obligación. –La abuela de Paula tenía los ojos bajos y se veía de lejos que sí, que era
obligación. –Ahora que usté sabe cómo ha sido siempre don Anteno con una, lo bien que se portó de que nos
falta su padre. Eso no quita que haga su voluntad. Sin querer, las palabras fueron ambiguas; pero nadie
dudaba de que, en toda La Cabriada, su voluntad quería decir siempre lo mismo. Y ahora quería decir que
Paula, la hija de un puestero de la estancia vieja –muerto, achicharrado en los corrales por salvar la novillada
cuando el incendio aquel del 30– podía ser la mujer del hombre más rico del partido, porque, un rato antes, él
había entrado al rancho y había dicho:
–Quiero casarme con su nieta –Paula estaba afuera, dándoles de comer a las gallinas; el viejo había pasado
sin mirarla. –Se me ha dado por tener un hijo, sabes. –Señaló afuera, el campo, y su ademán pasó por encima
de Paula que estaba en el patio, como si el ademán la incluyera, de hecho, en las palabras que iba a
pronunciar después. –Mucho para que se lo quede el gobierno, y muy mío. ¿Cuántos años tiene la muchacha?
–Diecisiete, o dieciséis
–la abuela no sabía muy bien; tampoco sabía muy bien cómo hacer para disimular el asombro, la alegría, las
ganas de regalar, de vender a la nieta. Se secó las manos en el delantal. El dijo:
–Qué me miras. ¿Te parece chica? En los bailes se arquea para adelante, bien pegada a los peones. No es
chica. Y en la casa grande va a estar mejor que acá. Qué me contestas. –Y yo no sé, don Anteno. Por mí no
hay…
–y no alcanzó a decir que no había inconveniente porque no le salió la palabra. Y entonces todo estaba
decidido. Cinco minutos después él salió del rancho, pasó junto a Paula y dijo “vaya, que la vieja quiere
hablarla”. Ella entró y dijo:
–Sí, claro
. Y unos meses después el cura los casó. Hubo malicia en los ojos esa noche, en el patio de la estancia vieja.
Vino y asado y malicia. Paula no quería escuchar las palabras que anticipaban el miedo y el dolor.
–Un alambre parece el viejo. Duro, retorcido como un alambre, bailando esa noche, demostrando que de
viejo sólo tenía la edad, zapateando un malambo hasta que el peón dijo está bueno, patrón, y él se rió,
sudado, brillándole la piel curtida. Oliendo a padrillo.
Solos los dos, en sulky la llevó a la casa. Casi tres leguas, solos, con todo el cielo arriba y sus estrellas y el
silencio. De golpe, al subir una loma, como un aparecido se les vino encima, torva, la silueta del Cerro Negro.
Dijo Antenor:
–Cerro Patrón.
Y fue todo lo que dijo.
Después, al pasar el último puesto, Tomás, el cuidador, lo saludó con el farol desde lejos. Cuando llegaron a la
casa, Paula no vio más que a una mujer y los perros. Los perros que se abalanzaban y se frenaron en seco
sobre los cuartos, porque Antenor los enmudeció, los paró de un grito. Paula adivinó que esa mujer, nadie
más, vivía ahí dentro. Por una oscura asociación supo también que era ella quien cocinaba para el viejo: el
viejo le había preguntado “comieron”, y señaló los perros.
Ahora, desde la ventana alta del caserón se ven los pinos, y los perros duermen. Largos los pinos, lejos.
–Todo lo que quiero es mujer en la casa, y un hijo, un macho en el campo –Antenor señaló afuera, a lo hondo
de la noche agujereada de grillos; en algún sitio se oyó un relincho–.
Vení, arrímate.
Ella se acercó. –Mande –le dijo.
–Todo va a ser para él, entendés. Y también para vos.
Pero anda sabiendo que acá se hace lo que yo digo, que por algo me he ganao el derecho a disponer.
–Y señalaba el campo, afuera, hasta mucho más allá del monte de eucaliptos, detrás de los pinos, hasta pasar
el cerro, abarcando aguadas y caballos y vacas.
Le tocó la cintura, y ella se puso rígida debajo del vestido.
–Veintiocho años tenía cuando me lo gané –la miró, como quien se mete dentro de los ojos–, ya hace arriba
de treinta. Paula aguantó la mirada. Lejos, volvió a escucharse el relincho. El dijo:
–Vení a la cama
II
No la consultó. La tomó, del mismo modo que se corta una fruta del árbol crecido en el patio. Estaba ahí,
dentro de los límites de sus tierras, a este lado de los postes y el alambrado de púas. Una noche –se decía–.
muchos años antes, Antenor Domínguez subió a caballo y galopó hasta el amanecer. Ni un minuto más.
Porque el trato era “hasta que amanezca”, y él estaba acostumbrado a estas cláusulas viriles, arbitrarias, que
se rubricaban con un apretón de manos o a veces ni siquiera con eso.
–De acá hasta donde llegues –y el caudillo, mirando al hombre joven estiró la mano, y la mano, que era grande
y dadivosa, quedó como perdida entre los dedos del otro–. Clavas la estaca y te volvés. Lo alambras y es tuyo.
Nadie sabía muy bien qué clase de favor se estaba cobrando Antenor Domínguez aquella noche; algunos, los
más suspicaces, aseGuraban que el hombre caído junto al mostrador del Rozas tenía algo que ver con ese
trato: toda la tierra que se abarca en una noche de a caballo. Y él salió, sin apuro, sin ser tan zonzo como para
reventar el animal a las diez cuadras. Y cuando clavó la estaca empezó a ser don Antenor. Y a los quince años
era él quien podía, si cuadraba, regalarle a un hombre todo el campo que se animara a cabalgar en una noche.
Claro que nunca lo hizo. Y ahora habían pasado treinta años y estaba acostumbrado a entender suyo todo lo
que había de este lado de los postes y el alambre. Por eso no la consultó. La cortó.
Ella lo estaba mirando. Pareció que iba a decir algo, pero no habló. Nadie, viéndola, hubiera comprendido bien
este silencio: la muchacha era una mujer grande, ancha y poderosa como un animal, una bestia bella y
chucara a la que se le adivinaba la violencia debajo de la piel. El viejo, en cambio, flaco, áspero como una
rama.
–Contesta, che. ¡Contesta, te digo! –se le acercó. Paula sentía ahora su aliento junto a la cara, su olor a venir
del campo. Ella dijo:
–No, don Anteno.
–¿Y entonces? ¿Me querés decir, entonces…?