Reflexiones sobre las cosas; los objetos como parte de la identidad humana
Leonardo Arnao Bustamante
2023
Lo que se pretende a continuación es reflexionar sobre la lectura de Soetsu Yanagi, What is
folk craft? y complementar con algunos capítulos del texto La biografía cultural de las cosas:
La mercantilización como proceso, de Igor Kopytoff así como Contribuciones para una
Antropología del Diseño, de Fernando Martín Juez, lecturas que han sido coincidentemente
leídas para otro curso y extrapoladas para este trabajo.
Cuando Soetsu Yanagi se refiere a la artesanía folclórica o popular como objeto
indispensable de la cotidianidad de las personas ordinarias se refiere no solamente a una
realidad parcialmente real y actual, sino también se refiere a una realidad pasada. Previo a
la industrialización la artesanía era una extensión cultural, política y social, pues eran las
necesidades de la comunidad así como sus interacciones sociales y culturales las que
definían el rol de la artesanía, la cual era simplemente una respuesta natural a estas
necesidades compartidas. El rol de la artesanía en el mundo moderno se ha visto
abruptamente dañado en su propia identidad, pues la atomización de la sociedad ha
convertido a las personas ordinarias en individuos altamente singularizados, un fenómeno
que si se analiza desde las relaciones antropológicas del humano/objeto y se realiza una
comparativa histórica nos permitirá exponer una realidad occidental propia, junto con una
serie de problemas estructurales mismos.
Volvamos a la artesanía. Actualmente esta actividad humana ha sido reconceptualizada,
relacionándola muchas veces con un trabajo manual y cultural por parte de ciertas etnias o
comunidades. Desde esta temprana afirmación ya se puede realizar un análisis a su
significado, pues desde occidente consideramos muchas veces a la artesanía como ajeno a
nosotros y parte de sí de culturas que podemos concebir como “primitivas” debido a su
legado histórico ajeno a la modernidad. La estética visual del objeto en el mundo occidental
se ha visto afectado por un discurso ideológico de progreso y libertad, lo que ha
explosionado a la sociedad en un mundo cada vez más mercantilizado, afectando también a
la estética del arte y la artesanía misma.
Según Igor Kopytoff, una sociedad pequeña posee una serie de clasificaciones internas que
limitan las clasificaciones privadas. Esto se da debido a la interconexión necesaria de una
comunidad para la supervivencia de esta misma. Se necesita proveer de materia básica
para vivir, organizar una serie de actividades culturales o religiosas, administrar los recursos
locales e involucrarse en relaciones sociales dentro y fuera de estas mismas comunidades,
entre muchas otras actividades, con el fin de poder asegurar una estabilidad del colectivo,
pues cada individuo es parte de este. Es debido a esta integración colectiva que el manejo
de sistemas monetarios complejos no se han visto presentes en este tipo de
configuraciones sociales, pues prevalece el intercambio material, ya sea en materia misma
o en materia procesada. Caso contrario sucede en sociedades de gran magnitud donde el
sistema monetario se abstrae a un nivel tan elevado que termina por homogenizar la
mercancía en un único valor, dinero. Y es que previamente existía un balance entre el valor
económico, cultural y privado de un objeto, balance que ha sido reemplazado por una
singularización de los objetos.
Para mi, el problema viene de los conceptos mismos, arte, artesanía y objeto/producto.
¿Por qué hablar de ellos como diferentes? ¿Qué significa diferenciarlos? Hay algo muy
bello de la artesanía y es que ella posee en gran medida los 3 conceptos unificados, pues
por norma general, suele ser un producto utilitario, pero cargado de simbología, geometrías,
colores y usos propios de una cultura misma, implementando aspectos no necesariamente
utilitarios pero sí expresivos para una comunidad, siendo el aspecto artístico este mismo y
finalmente al ser un producto hecho por y para las mismas personas por lo cual ha sido
pensado, se vuelve en sí una artesanía. Claro está que estos conceptos responden a una
serie de particularidades del mismo contexto en el cual se analice.
En el mundo moderno, sin embargo, la artesanía ha sido cada vez más relegada debido
justamente a una motivación contraria a su misma actividad, la cual ha sido la progresiva
individualización de las personas. La sociedad actual, cada vez mayor en población y cada
vez mayor en estimulaciones visuales, han encontrado en este último un medio para
incentivar una valoración privada de las cosas. Es así que 2 personas que viven en un
mismo hogar son radicalmente diferentes, mientras una persona escucha rock la otra
escuchará música clásica, así como sus mismos objetos pertenecientes a su cuarto mismo.
Los objetos entonces se han vuelto representaciones directas de nuestra identidad,
identidad que ha sido moldeada en parte por una serie de estimulaciones visuales
propuestas por marcas y empresas que, en su búsqueda por ofrecer necesidades, generan
una serie de productos que lejos de satisfacer necesidades en común, satisfacen
necesidades individuales. Es entonces que la artesanía, por concepción misma, no puede
compartir más un significado en conjunto con el objeto o el producto.
Es innegable que la sociedad ha cambiado y ya no solo se habla de comunidades o
naciones, se habla de una cultura mundial, justamente debido a los avances tecnológicos, el
internet, las ondas de radio, etc. También es innegable afirmar que esta división conceptual
entre objeto y artesanía ha derivado a un juzgamiento estético sobre ambos, considerando
bello lo que podría representar un avance tecnológico vs lo que consideramos tradicional y
cultural como podría ser la artesanía. ¿Qué nos impide pensar en un retroceso tecnológico
como un avance y en la artesanía como un mero objeto? Simplemente nuestra manera de
concepción del mundo mismo y lo que consideramos “avance”.
Entonces, si ya no existen personas ordinarias que realicen artesanía, porque todos somos
personas singulares, ¿qué es lo que queda? El arte. El arte es el objeto singularizado en su
máxima expresión, pues el arte, que está exento de la utilidad, es sí capaz de ser útil a nivel
de identidad propia, pues su utilidad ¿Qué significa esa afirmación? Significa que yo como
persona soy parte de una singularidad misma, que me impide sentirme parte de un común
justamente por mi modo de vida. Entonces inclusive si yo, que aprecio y soy partícipe de la
percepción visual occidental, puedo valorar la artesanía, mi valoración termina siendo
sesgada por una serie de valores intrínsecos y mi nula participación en el contexto en la
cual esta ha sido creada. Esto no significa que mi valoración sea totalmente acertada o
totalmente falaz, por lo contrario, la artesanía, al igual que cualquier otra cultura, posee
grados de entendimiento y de participación cognosiva que el individuo puede manejar,
siendo mientras más involucrado en el contexto, en la cultura y con las relaciones sociales,
mayor el entendimiento propio de la artesanía misma.
No es necesario pertenecer a una comunidad andina o selvática para entender la artesanía,
pues esta ha sido una actividad humana históricamente realizada por las comunidades
locales (entendamos locales como sociedades con sistemas autosostenibles, o sea, que
satisfacen sus necesidades de manera interna). Un caso muy llamativo y representativo a
mi parecer de un reencuentro entre objeto y artesanía en la sociedad moderna es el diseño
disruptivo nacido en Cuba. Este fenómeno es una respuesta directa de las relaciones
sociales, culturales y políticas del momento, lo que resultó en una serie de productos
artesanales producidos por la misma comunidad cubana, que en su necesidad se vio
obligada a aprender una serie de conocimientos como soldar, conectar cables,
funcionamiento de la electricidad, reciclaje y evaluación de materiales para reutilizar así
como una serie de conocimientos extras que fueron recopilados por la misma comunidad
para ser impreso en un libro recopilatorio y ser distribuido a más personas. Fenómeno que
llegó incluso a poseer un internet artesanal propio, pues este respondía a las necesidades
de la misma comunidad, ya que era un sistema hermético dónde la misma comunidad
administraba y utilizaba bajo su propia percepción. Entonces, cuando hablamos de
artesanía no hablamos de un objeto, hablamos de una actividad y un tipo de relación con
los objetos.
La sociedad actual posee muchos retos por delante. Las clases sociales cada vez se
distancian más debido a esta singularización de los objetos que repercute directamente en
nuestra manera de entender las relaciones sociales. A su vez, es inviable regresar al
pasado y sí considero cierta melancolía por el pasado cuando hablamos de artesanía en la
historia. Pero ¿Por qué no hablamos de la artesanía del futuro? La actividad misma de
artesanía, como he dicho previamente, es parte natural del ser humano y que ha sido
expropiada en su práctica y concepción por las corporaciones internacionales y su influencia
a través del mercado, sin embargo, sí creo que como diseñadores no solo tenemos el rol de
saber cómo diseñar sino saber por qué diseñamos. Entender el objeto y su relación
intrínseca con el ser humano, para mí, es necesario como diseñador. A su vez que entender
que revalorizar la artesanía no solamente es exponer la artesanía nacional, consumirla o
inclusive comprenderla conceptualmente, sino es entender que la artesanía no es exclusiva
de comunidades, etnias o grupos sociales tradicionales, sino es una actividad misma por la
cual el ser humano ha expresado sus maneras de relacionarse entre sí y con su mundo.
Volver a esa relación con los objetos significaría una reconexión a nivel comunitario, dónde
prevalece un diálogo, una identidad compartida y una cultura que prevalece por encima de
las individualidades. ¿Cómo lograrlo en un mundo cada vez más atomizado?