Testimonio: terremoto de Pisco
Olivia, mi esposa, estudiaba inglés en un instituto ubicado en el centro de Pisco. Yo
trabajaba como cobrador en una combi. La tarde del terremoto, Olivia había ido a estudiar
y yo me encontraba con mi pequeña hija Alison en un taller. Cuando se inició el terremoto,
empecé a correr y me detuve en el centro de la pista para que no nos cayeran los postes
de luz o los edificios. Cuando pasó el terremoto, nos dirigimos a buscar a mi esposa.
Llegamos al instituto y vi que adentro todo estaba tapado por los ladrillos. Un profesor me
dijo que casi todas las personas habían logrado salir y que solo dos chicos habían quedado
atrapados. Salí de prisa y fui con mi hija a buscar a su mamá al hospital, pero no la
encontramos. Luego fuimos a la plaza de Armas y empecé a silbar, porque sabía que ella
podía reconocer mi silbido. Tampoco pude encontrarla. Nuevamente volvía a buscarla al
hospital, sin éxito.
Me fui a Túpac Amaru. Ahí me encontré con mi suegro y me contó que Olivia se había
salvado de milagro. Me dijo que cuando salía del instituto la pared le cayó encima y la hirió
en la mano. Las personas que estaban ahí lograron rescatarla y la llevaron a una posta
médica.
Al día siguiente, Olivia seguía mal. Tenía una herida profunda. Intenté llevarla a Ica, pero
en el hospital atendían a los heridos hasta en la calle. Quise llevarla a Lima, pero era difícil
porque la autopista estaba completamente destruida. Tuve que volver al hospital de Pisco,
porque había llegado ayuda humanitaria. Ahí la atendieron, le limpiaron y le curaron la
herida.
Lo más difícil que me tocó vivir en esos años fue empezar de nuevo. Ahora trabajo con una
mototaxi. Mi esposa logró terminar sus estudios y ya es maestra. Los fines de semana,
Olivia regresa de su trabajo y salimos a pasear por Pisco. Ella es una buena mujer; está
conmigo en las buenas y en las malas.