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Complejo de Edipo y función paterna en Lacan

forclusion del NP 2

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1

Clase 2

Se va a trabajar el complejo de Edipo no como mito sino como estructura productora


de la estructuración subjetiva, estructuración que puede quedar detenida en
cualquiera de los tiempos del Edipo. Los síntomas de la época tienen que ver con
detenimientos en ciertos momentos de la estructura que no permite servirse del
padre como herramienta lo que implica llevar a cabo todos los tiempos del Edipo.

Cuando hablamos del Nombre del padre hay tres dimensiones:


-La dimensión del lenguaje
-La dimensión de las estructuras del parentesco, o sea de la cultura
-La dimensión de la familia

El Edipo enlaza a las 3. Es un concepto que tiene un uso tanto en lo estructural ,


desde la lógica y también desde la topología. Los tres hilos que se arman en la
enseñanza de Lacan hacen este recorrido, un periodo más estructural, un tiempo
más lógico y un tercer tiempo más topológico. En los 3 tiempos está el padre. Por
otro lado, la función paterna realiza varias operaciones, es función de excepción,
función de nominación, produce metáforas, transmite la ley, anuda de modo
borromeano los 3 registros, introduce lo interdicho (prohibido-interdicho) esto tiene
mucho peso, es muy importante está entrelazada a lo que Lacan trabaja en el
seminario 5 : paso de sentido-sin sentido.

Lacan no solo habla de la función, sino también de las declaraciones de la función


paterna. Además también habla desde los inicios de la caída del Nombre del Padre.
Para Lacan es un significante privilegiado, es decir, que cumple una función, se
utiliza para producir metáforas y para detener metonimias, de modo tal que se
puedan encadenar frases, un punto, punto de capitón. Si no hay punto de capitón
hay metonimia y enlace significante y nunca se termina de producir una
significación, las metáforas producen significaciones y el punto de capitón también
las produce. El Nombre del Padre es el significante que introduce la ley en la
cadena y entonces permite constituir cadenas de discurso que organicen la
posibilidad de comunicación, introduce la ley en las generaciones, la prohibición del
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incesto encadena una generacion a la otrra. Encarna también la ley en el deseo ,es
la función del padre en lo que es la familia.
El Nombre del Padre está en el modo de hacer lazo social, pero no existe en lo
concreto, Lacan dice que el Nombre del Padre es impensable, no puede entrar en la
lógica del pensamiento. El Nombre del Padre está ahí como instrumento, en el otro.
En la primera enseñanza de Lacan, con la primacía de lo simbólico, decir que algo
era significante era decir que tenía un valor mayor que si hablabas de lo imaginario
o lo real, entonces, Lacan habló del Nombre del Padre como significante fue por
esta razón, pero en realidad lo más correcto es decir que el Nombre del Padre es
una función, proviene del lenguaje, no está en el semejante, proviene del Otro. Ni
siquiera se puede decir que alguien encarne el Nombre del Padre, si se puede
deducir que en algún momento alguien hace uso del Nombre del Padre. Llamamos
padre a la función que pone en acto que hay lo imposible. En cada una de las
funciones -nominación, etc.- lo que introduce el Nombre del Padre es que hay lo
imposible. Al menos un modo de lo imposible es lo femenino, por lo tanto el Nombre
del Padre es una función que dice hay lo femenino. Padre y femenino no están en
oposición, diferente es el patriarcado y feminismo, que son derivaciones sociales.
Lo femenino es silencioso, no entra en lo simbólico, pero en realidad la función del
padre es lo que hace lugar a esto imposible.
La metáfora paterna es una operación fundamental que realiza el padre en el Edipo,
es la función que Lacan más recalca cuando explica el Edipo en el seminario 4 y el
5. La metáfora paterna consiste en introducir la significación fálica, la significación
fálica está en relación al falo simbólico, no al falo imaginario, sino al falo como
significante de deseo. Lacan dice que el falo es la medida del deseo, es lo que
desea el deseo, todo lo que produce deseo tiene condición de medida. El falo es un
patrón de medida, el falo tiene que ver con el sujeto. El falo simbólico es una
constante, es como una horma, un valor fijo para el deseo en el sentido en que hace
ausente el objeto, lo que el sujeto deseo no es colmable por ningún objeto, el objeto
del deseo es un vacío, es una ausencia de objeto. Cuando el Nombre del Padre se
ofrece como objeto sustituto del deseo de la madre, lo que hace es dar una
herramienta fundamental: hacer que ningún deseo se colme con nada, ni siquiera
con un niño, ese deseo no se tapona con un hijo, ni siquiera tampoco con una
imagen que pueda ofrecerle ese niño. Padre es el que tiene la capacidad de
introducir este vacío y no es el vacío infinito, ilimitado, por el contrario, está bien
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localizado en el falo y deja el objeto de satisfacción del otro primordial por siempre
por fuera del cuerpo del niño y en ese acto también deja el objeto de satisfacción del
niño para siempre separado del mismo, al hacer que el cuerpo del niño no colme por
completo el deseo de la madre, hace que el objeto de satisfacción del niño se
separe de su cuerpo, lo que Lacan llama en el seminario 11 la separación, el objeto
queda perdido, cedido por el miño al campo del otro. En la segunda parte del
seminario 10 Lacan va a trabajar la separación del niño de sus objetos y lo va a
llamar cesión, el niño cede el objeto al campo del otro, queda para siempre
separado de él. Esto le introduce al niño la posibilidad del deseo, pero además ir a
buscar en el cuerpo del otro, en otro cuerpo, ese objeto que le falta, así se introduce
el lazo con el otro. Aquello que es capaz de recordarle a la madre que su deseo no
se colma con el cuerpo del niño, eso es padre. La función del padre es hacer entrar
los goces que hay entre la madre y el niño en un aparato, estructura a la que
llamamos metáfora paterna. Ese pasaje traduce, transforma el goce en deseo a
través de la instauración del falo simbólico, el deseo es siempre metonímico, lo que
se desea es el falo y el falo es un agujero, un vacío, una ausencia, entonces el
deseo es incapaz de volverse goce. La metáfora paterna articula entonces goce y
significante, o lo que llamaríamos objeto y obstáculo, deseo de la madre y Nombre
del Padre. A la desregulación del goce la metáfora paterna le ofrece una salida por
el lado del deseo, se resta goce, y además al retirar el objeto que engarza
perfectamente con la necesidad, se produce una desregulación del goce, un
desenganche del objeto. El Nombre del Padre le ofrece a esa desregulación una
salida por el lado del deseo. Lo que llamamos el deseo del otro cuando está en
estado bruto, produce efectos de goce en quien está sometido a ese deseo, o sea,
en el niño. El deseo del Otro en estado bruto produce efectos de goce en el niño, el
deseo del Otro puede operar como deseo del Otro - el deseo del hombre es el
deseo del Otro- para que el deseo pueda ingresar en esa dimensión, produce en el
sujeto también eso se necesita la operación del padre. El niño solo se enfrenta
verdaderamente al goce puro cuando hay rechazo del significante del nombre del
Padre de la ley en el Otro, o sea, cuando hay forclusión y esto sucede por una
insondable decisión del ser que elige tomar el lugar de objeto del Otro, objeto del
goce del Otro, al elegir quedar en ese lugar no avanza en la estructuración y
entonces no se produce de separarse, de ser el propio cuerpo el objeto del otro, y
entonces tampoco se produce la separación del objeto del cupro el niño, por eso
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Lacan dice que el psicótico lleva su objeto en el bolsillo. En cambio si hay admisión
del Nombre del Padre el niño no se enfrentará al goce del Otro primordial, sino a su
deseo, que puede ser muy enigmático y aterrador, pero lo que va a hacer es
producir goce en el sujeto, porque cuando el deseo del otro es enigmático el efecto
es producir goce en el sujeto, pero ya no va a haber gpce en el otro, esto estará
perdido por la admisión del Nombre del Padre, después el sujeto deberá poder
seguir sirviéndose del Nombre del Padre para hacer algo con su goce, algo que
implique introducirlo en la dimensión del deseo. El Nombre del Padre se ofrece
como instrumento para que el niño no tenga como única opción a la madre, es decir,
que su única opción no sea servirse de las operaciones que introduce la función
materna, sino que tenga la posibilidad de tener otras operaciones a su servicio. De
esta forma el Nombre del Padre es una solución al enigma del deseo de la madre,
solución que no es total y que además toma solo una parte de esa parte del deseo
de la madre, no lo recubre por completo, no-todo el goce del otro entra en la vía del
padre y o todo sujeto admite la opción del padre. Hay otras soluciones que hay por
la vía de la madre, esto es lo que vemos en la época actual, el Nombre del Padre no
tiene la fuerza como para ser elegido como instrumento para enfrentar las
cuestiones del goce, se eligen las que son por la vía de la madre. Pero en la medida
en que el padre no opera sobre la función materna también las operaciones de la
función materna se empobrecen, no son tantas, no hay tantas para elegir,
identificación de la madre… la misma función de la madre se empobrece al no poder
servirse de la función del padre.
El Edipo es muchísimo más que la metáfora paterna, pero es su hueso. El deseo de
la madre y el Nombre del Padre son funciones que ponen en acto el objeto de goce
para el niño y el obstáculo que impide que haya el encuentro entre ese objeto y el
sujeto, haciendo que el lazo quede solo en término de goce. A esta altura de la
enseñanza de Lacan el deseo de la madre y Nombre del Padre son significantes,
junto con el falo, son significantes que realizan operaciones. Más vale llamarlos
funciones y no tanto significantes. El deseo materno deviene significante por el
Nombre del Padre, significante del deseo de la madre es lo que el padre puede
tomar de ese deseo para decir lo que quiere la madre y que lo que quiere la madre
es el falo, jhay tiida otra parte que queda enigmática. La metáfora paterna opera
ofreciendo un instrumento de lectura, ayuda a interpretar el deseo del otro y ayuda a
reducir una gran parte del falo, lo que es trabquulizador porque da un nombre a la
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falta de la madre, la vacía y entonces el niño no teme en volverse el único objeto de


ese deseo. Ambos son los elementos con los que se realiza la metáfora paterna que
sólo puede llevarse a cabo si el significante del Nombre del Padre tiene un cierto
peso, si se lo considera un instrumento útil. La metáfora paterna explica un
tratamiento del goce por el deseo, como deseo de falo, hay otros tratamientos del
goce, pero la metáfora paterna transforma el goce en deseo de falo. Este recorrido
localiza un objeto de goce al señalar lo que está prohibido, lo transforma
automáticamente en objeto de deseo por prohibirlo, orienta, da un valor de
castración al hecho estructural de la satisfacción siempre en menos e introduce la
noción de falo como falo simbólico. Recupera el goce por la escala invertida del
deseo a partir de esa introducción de la ley, ley y deseo están absolutamente
articulados, señalan que objeto sería el objeto de goce del sujeto, de eso prohibido
el sujeto rescata ciertos signos que son los que después busca en una mujer que sí
esté permitida. No todo del goce liberado en el trauma puede ser tomado en esta vía
del deseo materno y del Nombre del Padre, resta siempre un goce mudo que no
entra en las vías del significante. Este goce no debe confundirse con el goce
materno, es más bien lo que llamamos goce femenino.
Los tiempos del Edipo
El Edipo es el despliegue, la realización encarnada de la metáfora paterna, que está
instalada en el mundo, es la estructura de la cultura (Lacan, p. 198, sem. 5). Los
tiempos del Edipo son movimientos de piezas que van construyendo la estructura y
despejan los pasos lógicos que se van a ir produciendo en el psiquismo para
apropiarse de esa estructura, para subjetivarla, para transmitirla en los lazos
sociales y a la descendencia. En cada tiempo del edipo las funciones vuelven a
escribirse de otra manera se ratifica y rectifica por otras vías, sufren transformación
que a la vez transforman al sujeto. Por ejemplo, en el 1er tiempo el padre aparece
velado, en el 2do tiempo aparece mediado y en el 3er tiempo aparece revelado.
Primero velado como algo que circula entre la madre y el niño, como elemento de la
cultura. En este sentido aparece en la madre, porque atravesó a la madre como
sujeto. Luego aparece en la palabra de la madre, en el no de la madre, es decir, la
madre hace de mediación para transmitir ese no del del padre: a la madre es no
reintegrarás tu producto y al niño no cometerás incesto con tu madre. En el tercer
tiempo el padre se revela, se presenta como quien tiene el derecho a la madre,
aquel con quien el varón se podrá identificar y en quien la niña irá a buscar lo que le
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interesa, que es el falo simbólico. Esto nos indica que la mujer en parte se dirige a
su partenaire para encontrar en su partenaire al padre, porqué es aquel que es
capaz de extraer, de identificar lo femenino en esa mujer que será madre.
Si se atraviesan los 3 tiempos del edipo satisfactoriamente, tiene una función
normativa, permite que la subjetivación tal como se venía dando llegue a su final.
Este final de la subjetivación en el edipo implica 3 cuestiones: una es respecto de .a
asunción del sexo, el edipo ayuda en la asunsción del sexo. El edipo ayuda a ir a
buscar o ir a ejercer la función del padre en el formar familia, en la transmisión a los
hijos. Además ayuda a estar a la altura de poder relacionarse con el partenaire. La
ley del padre no es norma, es ley de padre todo lo que transforme goce en deseo,
todo lo que tenga efecto de transformación de goce en deseo. Eso es la ley del
padre. Nunca se resuelven los 3 tiempos favorablemente, el padre falla en algún
punto siempre.
Debemos articular lo que Lacan llama per-versión - versión hacia el padre- con lo
que acontece en el 3er tiempo del edipo porque ahí es donde se juegan la mujer y el
hombre en el padre y en la madre. Se pone en jego algo de la diferencia sexual que
va más allá de la función de ,padre y de adre, lo importante es que esté enjuego la
diferencia, porque ahí se encarna lo imposible, lo real y sino se hace lugar a lo real
se nos impone lo real de la tecnociencia por ejemplo, que en algunas cosas es
fantástica y en otras es terrorífica.
¿En qué sentido la época trastoca los tiempos del Edipo y cuáles?
-1er tiempo del edipo. La constitución subjetiva sólo es posible en la medida en
que al hablarle a un niño alguien se aviene, por un lado y en un primer término, a
encarnar la presencia/ausencia que es lo propio de la dimensión del lenguaje. La
primera versión de la madre que tiene el niño es la que pasa de la presencia a la
ausencia, toma el grito del dolor del niño como un llamado, luego se ausenta y al
próximo llamado se hace presente y así. De este modo lo hace entra en la
dimensión de la demanda (este tema está desarrollado en: Rabinovich, “La teoría
del objeto” y en “La lógica del superyó, cap. 2. Marcela Negro). Si alguien se aviene
a encarnar al Otro al niño, se aviene a hacerle función de presencia/ausencia, y en
segundo viaje a ofrecer esos elementos, que son los significantes de entre los
cuales el niño podrá elegir algunos para sus traerlos de ese enjambre de S que es
lalengua y servirse de ellos para identificarse, con ellos armara el rasgo unario, el
ideal, los rasgos de carácter, etc. Esta función de la madre es lo que Lacan, en la
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significación del falo dice que una madre es aquella que acepta estar premiada del
Otro , es aceptar admitir, encarnarle el Otro primordial del niño, el Otro como lugar
del lenguaje y el Otro como lugar del deseo. Si bien hacer del grito un llamado
implica un deseo del otro, porque hay que tener cierto deseo por ese viviente que
grita para darle dimensión de un niño que llama al otro para que sea auxiliar el otro.
Entonces, para que ese grito cobre la dimensión de llamado es necesario el deseo
del otro, pero el niño, en este momento de la estructuración no lo percibe de esta
manera. Este deseo debe ser un deseo no anónimo, debe ser una presencia que
libidinize, debe ser una presencia que lo nombre, que hable de él, lo mira, la libido
de la madre está tomada por el niño, habla por él, interpreta lo que el niño quiere.
En esta transmisión no anónima del deseo está ya presente la función del Nombre
del Padre, la madre en sus cuidados que dirige al niño, con su interés
particularizado, ese interés le otorga algunos significantes de entre todos los
significantes que conforman el tesoro de los significantes, ese otro encarnado en
esa mujer que se avino a ser otro para el niño, el encarnar esa función implica que
no estarán disponibles todos los significantes del tesoro de lalengua, sino aquellos
que esté en condiciones de transmitir esa que hace de madre del niño, es una
cantidad reducida, hace a esos significantes especiales, son los que viene de la
transmisión de la filiación, de las generaciones. La madre, con su interés
particularizado, le otorga algunos significantes de todos los que constituyen el
tesoro, esto implica que el significante comande, esto da la posibilidad lógica de
hacer uso del Nombre del Padre, y con él la constitución del rasgo unario y del ideal.
Si todo va bien, esa madre, a partir de su interés particularizado, va a producir, el
interés por un partenaire que sea pareja no el niño, sino un partenaire que haga
pareja y que la ubique como mujer.
A ese deseo del otro que introduce al niño en el lenguaje, el niño no lo toma en
cuenta como tal, para él simplemente la madre representa el automatón de la
presencia/ausencia. Es recién cuando en algún momento por alguna azarosa
circunstancia, cuando esa presencia se haga esperar y el otro primordial no
responda al llamado, es ahí cuando al niño se le presentifica la pregunta por el
deseo del otro, recién ahí va a aparecer el deseo del otro, es decir, aparece cuando
ese otro primordial vira hacia otra dirección y deja de dirigirse al niño. Es el instante
en que el niño hace su primera experiencia de su carencia de la madre y de la
carencia en la madre. Lo fundamental para el niño son las carencias que la madre
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tiene como mujer. Son las versiones que él se hace de esas carencias en la madre,
este encuentro del deseo en la madre implica el ingreso del sujeto en la dimensión
de la palabra. El deseo como tal solo es apercibido por el niño en el momento en
que va en una dirección que no es él, y a partir de aquí se puede hacer una
divergencia entre deseo de la madre y deseo en la madre. En el casos del deseo de
la madre (entendiendo deseo de la madre como una función que produce un avance
en el psiquismo) el “del” debe leerse en más de una dirección, uno que en el niño
se arma el deseo en la función madre, o sea, un avance en la estructuración, en lo
que se le está armando como función materna, que hasta ahora era la función
significante presencia/ausencia, hasta ahora esa era la función madre para él, ahora
se agrega algo más que es el deseo. En segundo lugar, el otro se presenta como
deseante de otra cosa, y en tercer lugar, se arma en este momento el deseo del
niño por la madre, hasta ese momento había demanda. Esto implica que se
produzca la pregunta subjetiva acerca de qué quiere el otro, esto es fundamental
porque esto da la posibilidad de tomar un lugar en el mundo, hacerse un lugar en los
otros, qué quiere el otro de mí para quedarse, para volver qué espera que yo sea
para ser deseado por su deseo, ahí se conforma para el niño que el deseo es el
deseo de Otro. Este deseo de la madre es independiente del sexo de quien oficie de
otro, independiente de su elección sexual. Que el deseo lo incluya le permitirá
avanzar en su constitución porque si el deseo se él cae como sujeto en el absoluto
desamparo. Ahora se arma la condición del desamparo, pero la madre vuelve y él
tiene un lugar en su deseo. Respecto del deseo EN la madre de lo que se trata es
de que el niño se construye algo que es un deseo que lo excluye a él, es un deseo
misterioso, peligroso porque puede no volver, es vivido por el niño como caprichoso
y eso es construirse en la subjetividad el goce femino como algo opuesto a lo
materno, se lo construye con la madre pero independientemente de si la madre se
va efectivamente por algo que sea del orden de lo demnino o que sea del orden de
ir a buscar el falo en otro lado, no sabemos por qué se va la madre. Lo importante
es que aquí al niño se le divide la madre entre la madre y otra cosa que es el inicio
de la madre como mujer y la mujer tiene, en este momento lógico de la
constitución, el carácter de lo imposible, en el sentido de que es lo inaccesible. Es
en ese no volver que la madre se convierte en objeto primordial para el niño, porque
hasta ese momento no era objeto, porque se la llamaba y venía, se devienen objeto
cuando su deseo es puesto en otra cosa y eso la lleva a faltarle en el niño. Esa otra
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cosa que le interesa a la madre constituye para el niño el obstáculo entre él y el


objeto. objeto que se constituye en el mismo momento en que lo separa. Aca el
padre opera sin aparecer, es porque la madre tiene operativo el Nombre del Padre
en ella que en algún momento se va y no se colma con ese niño, y porque eso
sucede al niño se le arma en su psiquismo la operación del obstáculo. El deseo de
otra cosa es un obstáculo que impide ser tomado como puro objeto de goce de la
madre, este deseo como obstáculo es lo que se arma el niño. Lo que importa es
que aquí se arma ahí para él un deseo de otra cosa que no es él, un deseo que no
lo tiene en cuenta, que no lo desea a él. Ese deseo es obstáculo para quedar
atrapado como puro objeto de goce, y a la vez es un deseo que orienta respecto de
qué objeto él va a empezar a desear. Vemos que en el armado del deseo del otro se
le arma el deseo propio, el objeto que él desea será la madre pero
fundamentalmente el deseo de la madre, no la madre como objeto prohibido, objeto
de deseo -que también será- sino que se le arma para él el hecho de que su deseo
va a ser ser deseado por esa madre, que el deseo de la madre lo tome como objeto
de deseo. Acá tenemos una conexión entre la función del padre y lo femenino,
ambos operan en el mismo sentido. Si operó el Nombre del Padre en la madre ella
no lo usa de tapón -al niño- para no encontrarse con su agujero, con lo femenino
en ella. Este panorama enfrenta al niño a un panorama enigmático. Cuando
decimos que surge el objeto del deseo del niño debemos precisar que su objeto de
deseo no es la madre en sí. Esto es crucial, es el deseo de ese otro primordial. El
deseo del niño nace como deseo del otro, deseo de ser deseado por el deseo del
otro. Para el niño el deseo enigmático es puro goce feminino, la madre se fue y ni se
sabe si el puede llegar a ser un objeto para ella que la haga volver, lo deja en el
desamparo. Luego, cuando intervenga el padre y ofrezca la metáfora paterna que
dice que ese deseo de la madre dirigido a otro lado tiene objeto y ese objeto es el
falo, allí se volverá un deseo no-todo, y esto porque solo una parte entrará en el
circuito fálico, la otra para él queda oscura y enigmática como goce femenino. En
este primer tiempo lo podemos leer como lo que del deseo entra en el circuito de ser
deseo del otro y del otro lado el deseo de otra cosa (sem. 4, p.188).

Este primer tiempo puede a la vez pensaste en 3 tiempos:


1- Presencia/ausencia
2-Constitución del deseo de la madre y el deseo en la madre
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3-Constitución del objeto como don -pasaje del lenguaje a la palabra en la


constitución subjetiva-

Este primer tiempo es en el que se establece el juego del fort da el objeto perdido;
aquí también se constituye el estadio del espejo con la constitución del yo como yo
ideal que permite hacerse una primera versión del falo, la del falo imaginario, ese
falo en el cual el niño se convierte como señuelo para interesar a la madre.
Al hecho de que el deseo del otro primordial se dirija a otra dirección que no sea el
niño, lo llamamos también función paterna y es el hecho del padre operativo en la
madre. Vemos como en la constitución subjetiva lo femenino se va entramando con
la función del padre. También vemos la presencia del padre en el hecho de que los
cuidados no sea únicamente una atención de las necesidades fisiológicas sino que
haya algo más amoroso. El Nombre del Padre introduce lo femenino, aun cuando su
función sea darle al hijo un elemento para, en cierto sentido, proteger de lo
femenino, porque el Nombre del Padre le va a dar el instrumento, que es la
metáfora paterna que deja a ese deseo, lo introduce, hace que parte de ese deseo
pueda ser interpretado como deseo de la madre y o en la madre por lo tanto como
deseo de falo.
Las tres formas en las que aparece el padre en el Edipo (como velado, como
mediado y como revelado, simbólico , imaginario y real) intentan dar una solución al
niño respecto de lo que en su subjetividad, en constitución, se constituye como goce
feminino, como goce materno y como goce del otro. Después el padre en su función
real, lo real del padre, va a introducir nuevamente la función de lo feminino ahora en
la madre, no en la constitución subjetiva del niño.
Si no opera el Nombre del Padre el niño queda atrapado en el goce materno, no
conquista ese punto de deseo de la madre, y mucho menos aún la versión de lo
femenino en la madre. Llamamos goce materno, no a determinada posición de la
madre, sino a la situación psíquica en la cual el niño no alcanza a constituir la
función deseo de la madre. El goce materno es algo que siempre, necesariamente,
se pone en juego en la constitución de todo sujeto. Cuando hay admisión del
Nombre del Padre el goce materno ya no comanda la relación madre-hijo, cede su
hegemonía a la función de deseo materno y entonces siempre va a estar el goce
materno para el niño en juego pero va a estar aplacado, entramado en términos de
deseo. Entonces, al goce materno no lo consideramos una función porque su
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incidencia no propicia la estructuración, al contrario produce más bien su


detenimiento. Sin embargo,está siempre presente y acompaña al deseo de la madre
si este logra producirse. Es necesario distinguir goce materno de goce en la madre.
El goce materno es por parte de la madre, ubicar al niño como objeto de su
fantasma. Y por parte del niño es consentir a ubicar únicamente ese lugar, sin
mediación de nada más, sin nada que lo separe un poco de ese lugar del objeto del
fantasma, ser objeto del fantasma no es el lugar del desecho. El desecho cae a tal
punto que ni siquiera se alcanza a tener el lugar en el fantasma, son los casos de
melancolía.
Lo misterioso del deseo es lo que se constituye como lugar lógico, como condición
lógica del goce femenino para el niño. Cuando a partir de la metáfora paterna parte
de ese interés en otra cosa entra en el molino del deseo de la madre, es
interpretado como deseo materno, es decir, como deseo de falo, se vuelve deseo de
falo, sin embargo algo resta, no ya como deseo, porque el deseo siempre es de falo,
sino como otra cosa y es un goce que prescinde completamente del niño. Y esto es
porque este goce que se arma en la subjetividad del niño, es un goce que no tiene
objeto, el goce feminino, dice Lacan, es un goce envuelto en su continuidad, está en
el cuerpo, no tiene objeto, es ilimitado. Todo esto es lo que se le arma al niño y es
en el momento imprescindible en el que la madre no responde al llamado.
Es importante distinguir entre lo que es no todo y lo que es no toda. Porque puede
que algún falito no sature su deseo de falo, entonces ese falito sea no todo para
ella, y ella sea no todo para él. No-toda implica que en ella no todo es falo. Hay
además algo indecible para ella, que no tiene objeto, esto es ser no-toda.
Deseo de la madre es una manera de expresar una función en el niño, por medio de
ella él logra hacerse un ser por la vía de hacerse un lugar en el otro que él se ha
construido a partir de los cuidado ajenos y a partir de eso significantes que lo fueron
bañando. Estos modos de alojarse en el deseo del otro, según qué lugar se le dé a
la función paterna son tres: síntoma, falo y objeto del fantasma.
En el seminario 17 Lacan habla del deseo materno en términos de la boca del
cocodrilo, esa forma de hablar del deseo materno, refiere al deseo del otro que al
niño se le arma como goce femenino. Es el punto como deseo que dirige al sujeto
está desdibujado por completo, no puede sostenerse como tal, es el momento de
goce femenino y de goce materno.

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