Reflexiones de una vida estancada
Reflexiones de una vida estancada
Hace años entré a esta empresa, había trabajado en otros lugares, nunca me quedaba por tanto
tiempo, siempre pensé que había algo mejor para mí. Me imaginaba otra vida...
Ella, en el bosque de los susurros espera a una sombra tan oscura que con trabajo alcanza a ver
la silueta, apenas nota esa figura extraña, sus pupilas se dilatan al compás de su corazón que
Armaba un rompecabezas con la tranquilidad que revelaba su rostro. Era una tarde
placentera, el viento suave atrapaba las hojas de los árboles que deseaban seguir en ese vaivén
de música clásica. Desde su balcón se concentraba sentada sobre una manta dorada. La lluvia
hizo su aparición y no tuvo más remedio que meterse, gotas enormes caían lento y como el cielo
rompecabezas estaba terminado y la oscuridad rebotó sin aviso: la luz se había apagado.
Miró sus pies descalzos sobre el pasto húmedo, tan frío que apenas pudo moverlos. Castillo de
piedra a distancia, levantó la vista y detrás, se alzaba una ola de enormes magnitudes, corrió
tratando de alejarse, pero el lodo la apresaba cual grilletes de acero y, de pronto, el agua llegó
cubriéndola. La respiración se hizo pesada, densa en esa agua turbia; abrió los ojos con dolor y
Suena el despertador, respiro tres veces mientras me despabilo de esa quimera extraña. Me
ha pasado en otras ocasiones, aunque cada vez son más raros. A veces suelo llorar dentro del
sueño, me toco la cara, siento empapadas mis mejillas, me levanto lento. Aunque me gustaría
entenderlo, no tengo tiempo porque el trabajo me aguarda. Voy a la cocina y preparo el café, me
percato de unos rasguños en la puerta de la entrada, me acerco para revisarlos y ver si hay
forma de arreglarlos. Rento esta casa, empecé a vivir aquí hace ocho años, no esperaba
quedarme tanto tiempo, era por mientras, pero se está convirtiendo en un para siempre. No he
podido ganar más dinero, de hecho, me gustaría que me subieran el sueldo, pero cada vez que
entro a la oficina de mi jefe para pedirlo, no me salen las palabras y me decepciono de mí,
siempre me decepciono.
Hace años entré a esta empresa, había trabajado en otros lugares, nunca me quedaba por
tanto tiempo, siempre pensé que había algo mejor para mí. Me imaginaba otra vida, a veces,
trato de aparentar felicidad, en mis redes sociales subo fotos de mí y parezco feliz, pero siempre
me pregunto por qué no lo soy. Deseo otras cosas que no son mías, siempre que veo las fotos de
los demás encuentro algo que quiero pero que no puedo obtener y eso me consume por dentro y
en ocasiones me da depresión. La mayoría de la gente admira mis fotos, todo el tiempo escucho,
“¿cómo le haces para hacer tantas cosas?” Yo también me pregunto lo mismo, con el sueldo tan
mísero que gano no sé cómo le hago. Estudié diseño de interiores, cuando elegí esta carrera
estaba en boga y parecía que era una buena elección, pero se volvió tan competida que es difícil
obtener un buen trabajo. Por mientras, acepté empleos sencillos, pero no me daban el nivel que
deseaba obtener, entonces intenté entrar a un corporativo, lo ambicionaba desde que salí de la
universidad, hice todo, arreglé mi currículum y lo dejé perfecto. En una cena conocí a una
persona que laboraba en esa empresa por la que yo babeaba, me presentaron y le dijeron que yo
quería entrar; por supuesto, me platicó todo. ¡Me dio tanta rabia! porque sólo hablaba de lo
espectacular que era, que estaba muy a gusto ahí, que era la empresa que había deseado. ¡Cómo
se me retorcieron las tripas al escucharla y al ver su hermosa apariencia!, parecía tan feliz,
aparentaba que todo era perfecto, ¡pero no lo creo!, todos mienten al igual que yo, ¿o no? Y
mientras la escuchaba me di cuenta de que era muy buena en lo que hacía, de hecho, era
excelente, como decía mi profesor “fuera de este mundo”. Me enseñó su Instagram, allí tenía
todo lo que había hecho y entendí que no estaba a la altura. Decidí no enviar mi currículum.
La seis de la mañana y no sé qué artículo escribiré para el blog, pero sé en qué lugar obtendré
ideas. Mi trabajo no es lo mejor del mundo, pero me pagan bien y tengo las prestaciones
necesarias, por ahora es suficiente. Para sacar mis historias siempre compro una revista que es de
baja calidad y como casi nadie las lee, pues es más sencillo. Lo hago con la finalidad de
entretener a la gente, esa revista es de notas sobrenaturales, pero mal investigadas y peor escritas,
así que sólo tengo que indagar un poco y listo, ¡un texto más y más dinerito!
—Hola, Javier.
Javier, apenas levanta la vista y hace una mueca como saludo, nunca ha sido el mejor
vendedor; de hecho, tiene este pequeño puesto de periódicos por su papá. Cuando era joven no
quería saber nada del negocio, poco después se dio cuenta de que no era bueno con los estudios y
luego de andar del tingo al tango y de sobreponerse a la drogadicción, terminó aquí, frente a un
puesto de periódicos que no vende ni para pagar su renta, por eso Javier tiene tres trabajos.
—¿Tienes el nuevo número de la revista?
—A tu izquierda.
—Si quieres una mejor historia, tengo una, sólo que te va a costar.
—¿Será mejor que éstas? La verdad no me interesa, estas ideas me dan para comer bien y el
—Para que veas que soy cuate, te doy un adelanto de la historia, ¿qué te parece?
Entre las revistas del fondo saca un cuaderno pequeño y me dice que les tome fotos a ciertas
partes del texto. Lo hago, pero de todas maneras compro mi revista y me voy a trabajar.
Mi costumbre de la noche es llegar a bañarme, cenar algo que tenga en la cocina, a veces las
sobras de la comida que traigo del trabajo, me preparo un café o, si es que tengo, tomo un vino.
Voy a la habitación, me trepo en la cama, esta vez y con gran curiosidad tomo mi celular y estoy
mucha tranquilidad, porque mi casero es insoportable. La verdad, estas casitas no están nada
cuidadas, pero el señor inmediatamente se da cuenta y cobra todos los desperfectos, aunque no
me puedo quejar, tengo una renta muy barata y fija, pero este lugar se está poniendo cada vez
peor, los vecinos que han llegado son sucios y groseros, tiran su basura por todos lados y como
nadie dice nada, el patio parece un chiquero. No me puedo mudar, así que me conformo, eso sí,
mi espacio lo tengo lo mejor posible; sin embargo, el casero nunca ve esas mejorías.
Paro de leer, porque la lectura estaba de flojera, “¡de verdad, ésta es la gran historia que me
quería vender!” Cambio la foto, quiero ver si más adelante mejora ¡y vaya que lo hizo!
Esta noche nuevamente no pude dormir, he estado así por días y en la mañana tengo mucho
sueño, me siento tan extenuada que a veces en la oficina cabeceo, me da tanta pena, al principio
no se notaba, ahora ya no lo puedo ocultar. Ayer entré al baño y escuché los comentarios de tres
compañeras, en ocasiones pienso que la gente tiene tanta malicia. Decían que por fin se me
había hecho tener un galán y que de seguro por eso estaba tan agotada, la otra le contestaba
que finalmente mi trabajo me había vuelto loca. Alguna vez le comenté que no me gustaba y
hacía lo necesario para sacar lo que me pedían. La tercera; que por fin me había dado cuenta de
que nunca iba a tener a alguien y que me quedaría sola. Creo que de todos los comentarios este
Hace mucho tiempo que he dejado de buscar a alguien, cuando era joven lo intenté ¡tantas
veces! Mi primer amor parecía un chico sensato y noble, tocaba el piano, eso era lo que más me
agradaba. Hice todo por él, le llevaba cartas, le hacía la promoción de sus conciertos, pero
nunca me tomó en serio, sólo me daba amor a migajas, nunca fuimos novios, sólo era amor de
medio tiempo y cuando conocía a otra, pues andaba con ella y yo me quedaba desolada. Lo
peor, era cuando me decía nuevamente que me quería, ¡yo le creía! y volvía. Obviamente era
porque él no tenía a nadie. Tantas historias similares tengo, que les llamo mis amores a migajas.
Después, dejé de salir y traté de enfocarme en mi carrera para ser la mejor, tampoco lo logré,
pronto entendí que soy promedio y en ocasiones pienso que soy peor que eso. Y sí, elegí
quedarme en este empleo, porque no he podido encontrar algo mejor. En la universidad sentía
que tenía todas las oportunidades de la vida, ahora mi vida se está apagando, se está
consumiendo más rápido de lo que pensé. Lo único que me salva son mis fotos que subo a las
redes, las veo una y otra vez, sé que la gente piensa que soy feliz y eso me hacer sentir feliz.
Mis compañeras salen del baño, tacones hirientes que suenan y dejan un eco en mi
cabeza. Por fin puedo salir. Me veo en el espejo, mis ojeras no las oculta el maquillaje, mi dolor
se refleja ahí, mi angustia, mi insomnio, mi estrés de toda la vida y de esos sueños que aparecen
en la noche.
En la casa preparo la cena, no quiero que llegue la hora de dormir, pero llega.
Gruñidos, sonidos que rompen la oscuridad, pasos constantes de una fiera infernal.
Frente a un espejo escribe con la sangre que deambula en sus dedos. Dolor de trueno que
revienta su cabeza, gritos ahogados dentro de su mente. Se sienta, se para, se vuelve a sentar,
mueve la cabeza de lado a lado con una rapidez de locura, ojos cerrados, ojos abiertos, ojos de
la noche oscura, ojos que ven más allá de lo que logra comprender.
Me levanto otra vez, no puedo dormir, ¿o dormí?, cierro los ojos y me asusta lo que veo,
los abro y no recuerdo lo que soñé. Camino a mi ventana y mejor espero el amanecer, pero un
sonsonete me sorprende, me dirijo a la puerta de la entrada y veo de nuevo los rasguños, esta
vez son más profundos, abro y los arbustos se mueven, el miedo me invade y vuelvo a entrar.
Esta historia está agarrando forma, lo malo es, sólo tengo una foto más para leer, tendré que ir
Me invitaron a una fiesta, aunque no tenía ganas de ir, siempre voy a todo lo que me invitan
nunca digo que no, porque rodeada de personas siento que mi soledad es menor. Esta vez no
conocía a nadie, pero aun así fui. Me senté en el sillón de la esquina, que por cierto tenía un olor
amargo, normalmente platico, o trato de tener alguna conversación simple, también saco fotos
para subirlas a mis redes, para que vean que soy feliz. Odio esa palabra, ¡en verdad, la odio!,
porque desde que la incorporaron al lenguaje cotidiano la engrandecieron, a veces creo que
siempre debo de estar feliz, pero… ¿quién puede ser feliz todo el tiempo?, ¿quién puede estar
contenta y agradecida con la vida todo el tiempo?, es algo agotador, pero me dejé llevar y entré
al juego. Por eso hago estas fotos de gente que no conozco, de gente que me invita a salir y yo
digo que sí, sólo para que digan que soy feliz.
sin sentido que regurgitan mi mente; de pronto las apago, porque veo pasar en la ventana algo
desconocido, me paro rápido y uno de los invitados se levanta y camina hacia mi lado y me
pregunta:
—¿Qué pasa?
sobresale la pata de un animal. Se termina la fiesta y poco a poco los invitados se retiran, por
supuesto no me quiero ir sola, así que me salgo con una pareja, pero ellos se despiden de mí
Me quiero regresar a la fiesta en ese instante, pero me da pena, así que camino en la
oscuridad de aquellas calles sin pavimentar. La inseguridad no es algo que me preocupa en este
Me despierto con un grito desgarrador y me doy cuenta de que estoy en casa. ¡cómo
demonios llegué aquí!, no recuerdo qué sucedió después de caminar por esa calle.
Me preparo para ir al puesto de revistas. Salgo de casa y en una esquina está Javier como
—Pues… está interesante y quiero enterarme en qué acaba. ¿Cuánto por el diario?
—No.
Aunque el precio aún es caro, reflexiono un momento porque si hago bien esta historia,
—Tengo dos mil quinientos —le muestro el dinero, no lo puede resistir y los toma.
Llego a casa, abro el refrigerador y tomo para cenar las sobras de ayer. ¿Qué me pasó en la
oficina?, me pregunto una y otra vez. Escuché un gruñido tan fuerte como si alguien se hubiera
puesto a lado de mi oreja, pero nadie más lo oyó. Me levanté tan espantado que grité, recuerdo
cómo me miraron, totalmente desconcertados. Traté de actuar normal, pero fue en vano, una
cabeza. Me senté, moría de pena y seguí comiendo. Qué más da, ya pasó, es momento de leer mi
nueva historia.
Amo a Luis, es un hombre tan bueno, la primera vez que lo conocí estaba sentado leyendo en
una cafetería que se encuentra afuera de mi trabajo, con las piernas cruzadas y esa barba de
candado que me hizo vibrar. Me senté a su lado para que me notara, después de unos minutos lo
hizo. Dijo que una amiga de él me conocía y que me había visto en las fotos. Si supiera que ni es
mi amiga, ese día alguien me invitó a la fiesta y me sentía tan triste que pensé que alcohol
salvaría mi día. Sé cómo aparentar que estoy feliz, así que lo hice con él. Me salió tan bien que
me invitó a salir. Las primeras veces fueron mágicas, pero conforme pasaba el tiempo me di
cuenta de que algo me ocultaba. Un día se metió a bañar y dejó sobre mi buró su celular que
sonaba constantemente y me despertó, me dio curiosidad y leí los mensajes, era su esposa que le
estaba diciendo que le tenía preparada su comida preferida para cuando llegara. ¡No lo podía
creer!, otro hombre que me defrauda. Salió del baño y no pude confrontarlo, se fue. Otra vez
estaba sola en casa, pensé que era diferente, pero todos han sido iguales.
Pies descalzos sensación acuosa, sensación hibrida entre frío y calor, un calor tan
intenso, volcán que hace erupción, un frío que quema los huesos. Un corazón que palpita tan
fuerte que deja sordo a quien lo carga. Agitada respiración jadeante, sin descanso, trotando
Esta mañana me despierto sin desearlo, me levanto, doy dos pasos y me regreso a la
cama, es viernes, así que me reportaré enferma, nadie me va a extrañar. Soy tan remplazable,
eso es lo que le escuché decir a la secretaria de mi jefe y tiene razón, mi puesto lo puede hacer
cualquiera. Y la nueva generación viene más despierta, me remplazarían sin dudarlo. Raquel
tiene once años menos que yo, hace un trabajo eficiente, no tardó en pedir su aumento, le dieron
Llevo a mi cama la poca comida chatarra que tengo. Pongo en mi computadora una
serie larga, de esas que te sacan de la cotidianidad, de la realidad, esas historias me gustan.
Suena mi teléfono y puedo ver todos los mensajes, porque le quité a mi WhatsApp las palomitas
de leído. Me desespera que me digan, “pero vi que leíste el mensaje”. No hay privacidad y eso
quita la tranquilidad. Los mensajes son de un compañero del trabajo, sé lo que quiere, escuché
cómo le platicaba su plan a Renata, parece que siempre me buscan para eso. Apago el celular y
avanza con gran velocidad. Manos que se sacuden tan fuerte, sacuden ese mar rojo que las
pinta, las envuelve de pasión oscura. Se chupa los labios como gato lamiendo su última comida,
ese sabor le regresa su instinto primitivo. Olfato que se abre, rompe como trueno los olores. Las
ideas se interrumpen.
¡Interesante!, no se dio cuenta de las incoherencias que escribía. Me detengo un momento para ir
¿Qué es ese sonido?, proviene del baño, ¡ah!, dejé abierta la ventana y eso hace que la
cortina se mueva. Me veo al espejo y una sombra rápida, fugaz, pasa por detrás, se dirige a mi
cuarto. Sin miedo voy a revisar, no hay nada, esta historia confusa se está apoderando de mi
Cada vez estoy más confundida, cada vez me siento más extraña, es como si el mundo cambiara,
menos yo. Mis amigos de la universidad están casados, algunos tienen hijos, otros, parejas
estables. ¡Estoy tan harta de desear lo que otros tienen!, siempre me pregunto por qué yo no he
tenido suerte en el amor. Me justifico con este pensamiento “soy libre como el viento, voy a
donde me lleve”. Pero la verdad es que sueño con tener una pareja, antes soñaba con una
familia, ahora me conformo con alguien para compartir mi vida. En mi cama trato de no pensar,
pero nunca lo logro. Los pensamientos me arrebatan la tranquilidad, malos pensamientos que
empiezan por uno y luego son dos y luego tres y después mis manos empiezan a temblar y la
taquicardia llega. He bajado todas las cortinas de mi casa para que nadie me vea; de pronto, me
saltan a la vista esos rasguños de la puerta más profundos que la última vez, es como si un
Sonidos guturales desgarran la garganta, sonidos que llenan el ambiente de horror. La piel se
escucho que se detienen, pero vuelven a tocar, ahora de manera agresiva; entonces, salgo de la
Es mi vecina, está preocupada porque no encuentra a su perro, dice que escuchó unos
aullidos y después un gemido, piensa que ha sido atacado. Me asomo por encima de su cabeza y
veo a otros inquilinos en el patio principal; me comenta que todos lo escucharon y la están
ayudando.
Ve mis pies y luego mis manos, me pregunta qué me pasó, me observo y no sé qué
responderle, no he salido de la casa y estoy llena de lodo. La plática se interrumpe por un vecino
que le llama, sólo observo el movimiento de sus labios, y de pronto llora sin parar, mueve la
cabeza de un lado al otro, no puede creerlo, la escena es tan desgarradora que me da tristeza.
Su perro ha muerto, fue atacado por un animal salvaje, aunque es raro en esta ciudad de
concreto.
Me meto a la casa, me limpio mis manos y pies, mis sabanas están igual de sucias; ¿qué
sucedió?, ¿qué me está pasando?,¡no recuerdo nada! He estado encerrada en la casa, ¿seré
¡En esto gasté mi dinero!, ya sé qué sucederá; primero está perdiendo los estribos y después se
convertirá en una mujer loba, estoy tan seguro de eso. ¡Ya ni quiero molestarme en leer! Me
levanto con enfado y voy por un refrigerio, me reclamo por ser tan estúpido, me preparo un
sándwich, le pongo todo lo que se me ocurre y para calmarme, una cerveza. En ese instante
escucho un aullido y se me pone la piel de gallina, pero como no soy nada cobarde, salgo de mi
apartamento para averiguar lo que sucede. Mi edificio es de cinco pisos, da a la calle principal la
cual es muy transitada, elegí este sitio porque es fácil tomar el transporte público, aunque el ruido
Como es de madrugada, sólo veo en la parada del autobús a unos chicos borrachos y a una
enfermera, pero no hay nada fuera de lo común, creo que el aullido proviene de mi imaginación.
Regreso a mi habitación que no es hermosa pero sí espaciosa, con esa decoración barata pero no
fea, mi base es de medio uso, estilo mediterráneo, se la compré a unos amigos, y está muy bien
cuidada. Soy amante de lo retro, por eso mandé hacer un cuadro lleno de discos de acetato, y
tengo otros que sí funcionan como el de los Beatles. Me termino mi cerveza, me han dado ganas
de ir al baño y me da un leve retorcijón. Me siento en el retrete, obligo a mis ojos buscar otra
dirección que no sea el espejo, siento adrenalina, miedo de niño que se queda varado en mis
tripas, sin querer veo el espejo, pero no pasa nada. Me recuesto nuevamente, y tomo el
Sigo sin conciliar el sueño y más después del incidente, la inquietud no me deja. Me siento
exhausta, ahora sí, todos en el trabajo se han dado cuenta. Mi compañera no me ha vuelto a
que tengo colitis y gastritis, pero no puedo dejar de comer eso, aunque me hagan mal. ¡Deseo
bajar de peso!, pero no puedo ir en contra de mi filosofía de vida que siempre comparto con
cualquiera: “no hay que privarse de nada”. Si supieran cómo me siento en las noches después
Cuando pasa eso tengo que ir con doctores alternativos que a veces no me curan, pero no puedo
pagar otra cosa. Esto también me ha pasado con los psicólogos, pago la primera consulta, pero
no vuelvo a ir y prefiero un brujo que me diga las cosas que quiero escuchar. De repente
escucho como que alguien grita y regreso al tiempo presente. Mis compañeros me están
mirando, siento algo húmedo en mi mano, volteo y estoy comiendo carne cruda, ¡el asco me
invade!
Me encuentro en la oficina de mi jefe, es la primera vez que entro, siempre invita a todos
menos a mí. Desde hace tiempo ha querido despedirme, pero no le he dado motivos, hasta hoy.
Su oficina es limpia, pulcra, tiene unos cuadros de su novia en el librero, ¡se ven tan
bien juntos!, siempre sonriendo. Me choca las fotos que son para presumir como ésas, para
decirle al mundo que son el uno para el otro. Y yo aquí tan sola, conociendo a hombres que no
desean más que un acostón. Sé que no soy bonita, y aunque me digan lo contrario lo sigo
pensando, nunca seré capaz de verme hermosa, nunca seré capaz de tener una relación estable,
Mi jefe, me mira con desagrado ni siquiera me percaté cuándo entró, de seguro me vio
hablar conmigo misma, ha de creer que estoy loca, como todos mis compañeros que llevan más
de dos semanas sin hablarme, sin mandarme mensajes, sin invitarme a ningún lado. Estoy tan
vulnerable y transparente.
¡Se está volviendo demente!, toda su vida es un caos, no sé cómo las personas llegan a ese
extremo, cómo no pueden tomar el control de su vida. Yo siempre he sido tan controlado,
siempre he hecho un plan que me ha salido tan bien. Recuerdo que un profesor de la universidad,
¡incauto!, me dijo que los planes no salen como uno los traza, pero a mí sí me han salido.
Siempre he trazado un camino fijo, soy firme con mis decisiones y he logrado todo lo que me he
propuesto. Me considero una persona fuerte, jamás me doy por vencido, por eso obtendré este
viajar, eso me tranquiliza, me da un propósito en la vida y esta vez no podré. Pero existe una
frase que me cae como bomba: “si no resuelves tus problemas en casa, te siguen para todos
lados”, y es cierto. Una vez me enamoré en el extranjero y pasó lo mismo, no entiendo por qué
me dejan, si pongo todo de mi parte, siempre estoy al pendiente de sus necesidades, si quieren
algo, veo la manera de conseguirlo, pero al final, siempre terminan rompiendo mi corazón y
Me tocará estar en casa con mis pensamientos que me suicidan, pensamientos negativos.
Bosque de enormes proporciones, cuevas latentes de sonidos constantes que rugen sin
ahogar el sonido, lo dejan salir. Dientes filosos rechinan, la saliva se hace presente, baila en la
boca del diablo; ojos que anuncian la muerte, el bosque se vuelve concreto, los árboles se
vuelven edificios grises. La bestia arrastra su dolor y su venganza en su corazón, ataca, los
Me despierto con un mal sabor de boca y voy por agua a la cocina de mi apartamento. ¡Esta
historia no es tan buena como para sugestionarme de esta manera!, soñé lo que ella narraba, fui
un hombre lobo. ¿Por eso será una buena historia?, y ni siquiera la he terminado. De un sorbo me
tomo el agua, como si no hubiera bebido en días. Tocan el timbre y es algo raro porque no espero
a nadie. Insisten, dejó que toquen más, con la esperanza de que se vayan, pero continúan. Me
acercó a la puerta y veo unos rasguños, ¡no lo creo!, me estoy volviendo loco. ¡Tocan, tocan,
Un señor fornido, un poco pasado de peso me toma de la mano y me empieza a jalar. ¡No
entiendo lo que pasa!, le pregunto con firmeza “¿qué es lo que quiere?”, pero me sigue jalando,
me arrastra hasta llegar a otro apartamento, el cual parece una oficina; respiro y siento presión en
mi cabeza, me muerdo los labios, la ansiedad vuelve a mi cuerpo, la identifico, aunque nunca he
Del baño sale un señor de edad avanzada, vestido de manera jovial, tenis casuales blancos
—Hola.
—Bien... la verdad… es que no entiendo lo que pasa, ese señor me sacó de mi apartamento y
—No... ¿de qué platica me habla? ¡Si no me explica lo que esta pasando dejaré este lugar!
Me paro bruscamente, pero el hombre corpulento se pone frente a la entrada con su mirada
desafiante.
—Hola, Julia.
—Sí.
—No.
—Es que es un hombre y piensan más lento, pero yo le voy a ayudar, sólo tiene que darle mi
diario. Se lo dejo.
—Un té.
—Mira.
Aviento el té que está sobre la mesa, el vaso se rompe y lo escucho tan fuerte, tan
penetrante, como si pudiera percibir cada quiebre por minúsculo que sea.
Grito, me sostienen, llegan dos más. Me sacan de ahí. No comprendo, ¡oh dios, que está
pasando!, por favor... “SoyJulia, ¿quieres irte de aquí?” ¿Quién habla?, ¿de quién es esa voz?,
¡salte de mi cabeza! “No tenemos mucho tiempo, te pondrán a dormir, ¿qué dices?, están
Con un pequeño empujón lanzo al señor corpulento lejos de mí. ¿De dónde proviene esta
fuerza?, es como si mi cuerpo ardiera en llamas, calor abrazador, loca efervescencia. Siento como
mi sangre fluye, mi corazón late al máximo y puedo sentir las palpitaciones en mis ojos. Salgo al
—¡Agárrenla!
La conmoción hace que los pacientes se levanten y comiencen a gritar desde sus
habitaciones, unos se golpean, otros aplauden y algunos se tapan los oídos con ansiedad. Ese
revoloteo de sonidos apaga la voz del psiquiatra que se ha quedado atrás y cuando sale de su
consultorio vislumbra la gran mancha de sangre, los enfermeros han sido lastimados. Se acerca a
El señor de intendencia toma su trapeador para limpiar la sangre del piso, tranquilo y sereno
—Era un Nahual.
Fin.
He vuelto
En la redes sociales se postea mensajes de cómo ayudar a que el calentamiento global sea menor,
pero… ¿realmente nos comprometemos a qué eso suceda o sólo le damos like para quedar bien
ante la sociedad?
La ciudad de los jardines, el lugar más espectacular de la tierra. ¡No esperes más, visítalo! Miles
—No te lo pierdas, es emocionante. Cuando fui por primera vez, no podía creer que hubiese un
lugar en este planeta con tanta vegetación, me hizo pensar que todavía hay salvación para la tierra
—decía una mujer de cabello rojizo, anfitriona del programa matutino. Su voz resonaba en las
enormes pantallas de grafeno que estaban colocadas en esos edificios retorcidos. La gente la veía
exóticos, lugares con vegetación. Su trabajo daba esperanza a la población y por eso tenía miles
de seguidores que pagaban sus viajes. Al llegar a su microcasa, que estaba en una zona de clase
media, se dispuso a preparar su partida, colocó lo necesario en una maleta y salió. El taxi
Mateo creía en lo que hacía, consideraba que algún día tendría recompensas. Mostraba sus
mensajes para ayudar al planeta, sin embargo, en el tiempo que llevaba haciendo esto, nunca
logró ver ningún cambio, al contrario, la gente era más apática y ensimismada en sus problemas.
Al llegar a la zona de abordaje, dos adolescentes se le acercaron para saludarlo y tomarse una
foto con él y se fueron contentos. Mientras Mateo los veía alejarse, uno de ellos tiró una colilla de
cigarro en la calle, eso siempre lo sacaba de balance y hacía que sus pensamientos vibraran de
una manera negativa. A veces quería abandonar las redes sociales, pero sabía que no podría vivir
de una manera holgada sin ese trabajo; se sentía un hipócrita al aceptar dinero de esa clase de
gente. Al fin abordó, puso sus cosas en el compartimiento de equipaje, se sentó, le pidió a la
Ya en la habitación en la que se hospedaba, después de colocar sus cosas, salió, ahí estaba parado
en la Ciudad de los Jardines, un aroma fresco invadía su nariz, gozó de una vida que se había
esfumado; su piel estaba húmeda. Ese arcoíris floral y los árboles le daban la bienvenida; se quitó
los zapatos y sintió el pasto verde mojado, cerró los ojos. Todas las personas que llegaban hacían
exactamente lo mismo, era un desfile ilimitado de sensaciones que la naturaleza les otorgaba. Él,
aunque lo deseaba, no podía perder tiempo porque tenía una cita para conocer la historia de este
hermoso lugar.
Mi nombre es Romualdo, soy el conserje de este edificio, mi oficina se encuentra en el sótano, es
un lugar oscuro y frío. Mi trabajo es apretar estos botones para que los robots salgan a realizar la
limpieza de las oficinas. Oficinas con largos pasillos de pisos aperlados. Llego a las seis de la
mañana antes que todos, soy el único trabajador de mi área que sobrevivió al despido masivo.
Las personas llegan a las siete, vestidos de blanco, no porque sean doctores, sino porque el
gobierno así lo decidió, según dicen es para la tranquilidad y la serenidad, así la gente tiene un
rendimiento laboral más alto. Los doctores ya no existen, la tecnología los superó.
Mi horario es de seis de la mañana a once de la noche; siempre tengo que estar al pendiente de las
cámaras, si se llega a derramar algo en una junta, tengo que enviar al robot. Este trabajo se volvió
solitario, no tengo contacto humano, no puedo abandonar mi área laboral. Mi día de descanso es
el domingo. Al llegar a casa, lo único que hago es dormir y así, todo vuelve a empezar.
Mateo escuchaba atento la historia de un señor de mediana edad que tenía una personalidad
serena y apacible. Lo entrevistaba en una banca de piedra, bajo un frondoso árbol que los
Me perdí en mi vida… de joven, bueno…, también eran otros tiempos, la gente se veía a los ojos.
Al recordar esa época, escucho la voz de mi primera novia, la recuerdo frente a la playa, aún la
siento, aún veo su rostro pecoso, su piel morena y su cabello castaño, siempre estaba sonriente; es
como una imagen de película que nunca se va. Me encantaba pasar tiempo con ella.
Los colores de ese verano fueron maravillosos, eran tonos dorados que contrastaban con ese mar
azul. Yo era un adolescente muy normal, iba a la escuela, tenía miles de aspiraciones y quería
realizarlo todo. Hacía ejercicio, no tanto como hubiese querido, pero me mantenía sano. Tenía
una gran familia, aún los escucho reír, los escucho conversar de cosas que al parecer no tienen
gran valor, pero créeme, tienen un valor excepcional. Lo disfrutaba tanto, a esa edad no pensabas
en tanto las cosas, sólo te dejabas llevar y disfrutabas el momento. Lo único que me preocupaba
era la escuela.
El señor narraba en primera persona y Mateo empezó a creer que él era Romualdo.
Llegó el momento anhelado, pedirle a ella que fuera mi esposa. El trabajo iba bien, tenía todo
bien planeado, ya había acabado de pagar mi carro y pedí el préstamo para una casa para que ella
estuviese tranquila. Todo se dio a pedir de boca.Era de noche, el esplendor de las estrellas
iluminaba nuestro camino, la tomé de la mano, caminábamos por esas calles empedradas, sentía
que podía volar y era imparable con ella. La manera en que lucía, sonreía mostrándome
simultáneamente esos ojos coquetos que abría y cerraba de manera suave, el cabello agarrado en
una coleta sin verse rígido, más bien suave. Nos sentamos en una fuente iluminada, no podíamos
dejar de mirarnos; el olor de su cuerpo era kryptonita para mí. Abrazados, hablábamos de todo y
de nada a la vez, era un mundo mágico, era como flotar en el universo. Mi recuerdo es tan vivo,
puedo escuchar su voz, puedo decir exactamente de lo que ella hablaba: “me imagino en un país
diferente, trabajando para ayudar a los animales porque son mi pasión”. Después de platicar un
buen rato sentados frente a la fuente, yo dudaba, dudaba si era el momento indicado para hacer la
pregunta, pero no podía ni deseaba echarme para atrás, el destino decidió que era el momento
Ella reaccionó, se tapó la boca, lloró unos segundos y después me dijo que sí. Y ahí estábamos,
Mateo tomó unas fotos para sus redes sociales, deseaba preguntar, pero el señor continuaba con
su narración.
… Nos casamos, la boda fue espontánea.Ella no era nada ostentosa, era sencilla pero elegante.
Encontramos una montaña que daba a un risco, sin nada estructurado le hablamos a nuestros
amigos y familiares más cercanos y llegaron; unos traían la bebida, otros alimentos y mi amigo
ofició la ceremonia. Aun con el sol en todo su esplendor, la lluvia hizo su aparición, así, mojados
observamos el espectáculo, un arcoíris nos decía que otra etapa de nuestra vida comenzaba…
Los pájaros cantaban, Mateo dibujaba en su mente todo lo que el hombre le contaba, lo veía tan
claro como una película, incluso llegaba a sentir el aire de esa montaña.
… Los años pasaron de una manera rápida. Las veía caminar, correr, me gustaba observarlas todo
el tiempo, eran tan similares, tan hermosas. En el cumpleaños número cuatro de mi niña fue
cuando sucedió el despido masivo de los empleados, desapareció mi área laboral.Yo me salvé por
el hecho de que sabía programar de manera sencilla, era el más calificado para el puesto, y
aunque lo había conservado, la reducción de salario fue bastante. Por otro lado, mi esposa perdió
su trabajo y yo no podía darme el lujo de rechazar éste. A pesar de que todos mis compañeros se
fueron a huelga, la empresa ganó y se quedaron sin jubilación. Yo recibí críticas, perdí amigos,
La ciudad cada vez estaba peor, tiendas, locales abandonados, gente pidiendo dinero y buscando
alimento. Yo me levantaba día a día, realizaba el mismo trabajo para que a ellas no les faltara la
Mateo no podía imaginar La Ciudad de los Jardines de esa manera. Y no podía dejar de
… Me arrepentí de no salir de esta ciudad cuando tuve tiempo, cuando tenía el dinero. Siempre
pensaba que todo mejoraría. Pasó un presidente, otro y otro… pero la situación sólo empeoró.
Me encantaba ser optimista, pero eso se pierde cuando el alimento escasea, cuando la situación
era cada vez peor y como todo era peor, el crimen subió y así las perdí.
Una noche llegué a casa y ellas no estaban. No me esperé, salí a buscarlas, era muy extraño que
no estuvieran porque mi hora de llegada era a las 12:30 de la noche. Caminé por la zona y nada,
denuncié su desaparición y nada. Pasó una semana, dos, tres, un mes y no sabía nada de ellas. Mi
corazón estaba fracturado, roto, ¡cómo fui tan estúpido!, ¡cómo no las saqué de esta ciudad!
Muchos de mis amigos emigraron a otro país, no sé por qué no lo hice. Las busqué… ¡cómo las
busqué! Algunos testigos mencionaron que las secuestraron en un carro negro, otros que las
vieron aquí y allá, pero nada concreto, nada que pudiese ayudarme a rescatarlas. Mi corazón
dolía, dolía inmensamente, no tenía ganas de ir al trabajo, ¡deseaba la muerte!,la muerte era un
sueño perfecto, un lugar sin dolor, la nada, pero no tuve el valor. Era un zombi que sólo
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El sufrimiento que tuvo aquel señor, Mateo lo podía visualizar, le dolía, le corrompía las
… Todos los días me levantaba, tomaba el mismo licuado, lo absorbía, sin pensar en el sabor, sin
percibir el olor. La casa se volvió turbia y gris. Las añoraba, las soñaba todo el tiempo, las veía de
vez en vez caminar en la casa. Adelgacé, mis ojos perdieron el brillo, al igual que mi cuerpo.
Salía en dirección al trabajo, en la hora y media del trayecto veía la ciudad, deseaba no pensar en
nada, pero siempre veía a mi niña y a mi mujer sentadas en el autobús o caminando en cualquiera
Al llegar al trabajo, me esperaba ese edificio gris. Entraba por la puerta automatizada, no veía a
nadie, siempre estaba sólo, bueno… ellas estaban ahí conmigo todo el tiempo, pero no siempre
estaban felices y esos días eran los peores. No todas las visiones de ellas eran buenas como
cuando entré al baño, sentado en el escusado, escuché un chillido, no podía ser nadie más que mi
mente aclamándolas. Ese chillido se volvió un sollozo, ese sollozo se volvió un llanto sepulcral.
Mi piel se estremecía, no quería salir porque sabía lo que mi mente me iba a enseñar, pero no
podía quedarme ahí para siempre. El llanto seguía, abrí la puerta del baño, las manchas de sangre
estaban por doquier, ellas bañadas en ese rojo carmesí, culpándome, señalándome, ¡claro que fue
Mateo no podía contener la angustia que albergaba su corazón, se agarraba la cabeza, transpiraba,
era como si pudiese percibir todo. Quería que se detuviera, pero también continuaba
… Y pasaban las horas, los días, las noches, los veranos, las lluvias, la nieve y los años. Me volví
viejo y llegó otro momento oscuro de mi vida, mi jubilación. Nadie sabía de mi existencia, no
hubo despedida, sólo el silencio de mi oficina que me decía adiós. Era extraño sentir una
conexión con aquellos robots, estaba tan apegado a ellos, a esos limpiadores con los cuales
mantenía comunicación, mi única comunicación. Ese día sólo tomé mi pequeña caja de plástico,
agarré mis cosas y me fui, pero me robé a P3, mi robot predilecto. Era lo menos que podían
darme después de tantos años de trabajo. Llegando a casa lo coloqué en la mesa, me senté frente
a él y lo acaricié como si fuera un animal, aunque no funcionaba fuera del trabajo. Pasé semana
tras semana viendo la televisión, la casa era un desorden total, platos, vasos, comida por todos
lados; me dejaba morir, no me bañaba, y así, un día vi algo en la televisión que cambió mi vida…
Romualdo se levantó y llevó a Mateo a un jardín secreto. Abrió una puerta que estaba enramada,
en el centro de ese pequeño jardín se encontraba una fuente decorada con los colores del arcoíris,
… Fue el destino, porque ahora sé que existe uno. El programa de televisión se llamaba Jardines
que elevan tu alma. Me quedé observando la explicación, era sencilla. Al crear un jardín te
enfocas en tu presente. No era nada que no hubiese escuchado anteriormente, pero algo dentro de
mí me decía que iniciara este proyecto. No estuve completamente seguro hasta que en un sueño,
una u otra manera pensé que al crear esto las vería nuevamente y empecé.
Atrás de mi casa tenía un pequeño patio que ocupaba de basurero, había de todo. Limpié, tiré
cosas que conservaba desde la secundaria y cosas que mi esposa guardaba. Creo que eso fue lo
más difícil, tirar aquellos objetos que les pertenecían a ellas. Te preguntarás qué me motivaba a
cambiar, mientras el proyecto avanzaba, yo soñaba que ellas siempre estaban alegres, y lo mejor
es que las malas visiones se detuvieron, por ese motivo seguí trabajando.
Fui a la tienda, compré las flores más bellas, entendí todo acerca de ellas. Aprendía a la par que
arreglaba mi pequeño jardín, pero no fue tan sencillo, ya que los costos de las plantas eran
elevados y era de esperarse, los jardines eran para la gente de clase social alta, la gente como yo
no conocía la dicha de andar descalzo en el pasto u oler una flor. Nosotros no teníamos ese
privilegio. Mi dinero se fue acabando poco a poco, pero yo continuaba, los sueños eran cada vez
más perfectos.
Sueños que agradezco con el alma, en uno de ellos estaba con mi esposa en una habitación donde
el sol entraba por las ventanas, ese cálido viento de verano nos envolvía por completo. Mi hija
parada frente al espejo con su vestido de novia. Era extraño que la soñara de esa manera porque
mi niña murió pequeña, pero era la novia perfecta y se parecía a su madre, su sonrisa enmarcaba
ese gran día. Caminamos hacia el altar, ella me tomaba tan fuerte del brazo, yo no deseaba
soltarla porque era mi pequeña. Mi esposa como el primer día que la conocí, sólo un baño sutil de
madurez, la hacía verse más atractiva. El sueño terminó, me levanté extasiado, agradecido,
caminé, me paré junto a la ventana, le agradecí al jardín por ese dulce momento que me regalaba.
La luna estaba en todo su esplendor y la vi caminar, apenas distinguí su vestido verde, camuflaje
sublime, salí, pero se había ido. Me preguntaba ¿qué hacía una mujer a esa hora en mi jardín? No
El viento frío, Mateo se colocó la chamarra, su corazón ansiaba el final de la historia. Deseaba
que Romualdo tuviera un final feliz, aunque sabía que eso no sucedería, la realidad siempre era
diferente.
… El dinero por fin se agotó, preocupado, no sabía cómo iba a poder mantener ese lugar. No
quería perder su belleza, ¡no quería perderlas! Me senté en la banca que construí, le rogué al
jardín que no se fuera, que no me dejara solo, lloraba de angustia, no quería que esos sueños se
esfumaran. Miles de lágrimas caían en el pasto. No podía parar, seguía, sufría y de repente, el
viento arreció, las plantas se movían sin parar, las hojas se elevaron en espiral y ella apareció.
Una mujer de piel canela, pelo negro chino, ojos verdes, inmaculada belleza con un vestido
verde. Sus labios rosas se movían, susurraban palabras que no entendía, que apenas percibía. Me
acerqué a ella, me hinqué ante su presencia, mi mente le pidió el deseo. Ella era algo más que una
mujer, para mí era una diosa. Me dijo que era la ninfa delos jardines, la guardiana de la
naturaleza. Y morí, morí por ellas, morí porque era la única manera de conservar el jardín, porque
mi sacrificio y mi historia inspiraría a más gente. Acepté la muerte y ella me regaló a mi esposa e
hija que me esperaban frente a la fuente, las abracé como jamás y como siempre, las tenía frente a
mí. Mi deseo de verlas otra vez y quedarme en este jardín con ellas por siempre fue una realidad.
La ninfa sopló fuertemente, el viento traía consigo el susurró de la historia que atravesó toda la
ciudad y los oídos de las personas. La gente muda, atónita, sorprendida e inspirada fue en busca
de una planta, de una semilla para cultivar sus pequeños patios. Y aquellos que no tenían lugar,
destruían el cemento de las avenidas para sembrar, para crear un jardín hermoso, para crear La
Ciudad de los Jardines y desde entonces, la ninfa los protegió, celebrando el nacimiento de una
nueva era.
Mateo no podía creer lo que escuchaba, pero las ganas de ayudar lo invadían por completo. El
señor se reveló como la ninfa. Mateo transmitió la historia y la ola creció y así la ninfa de los
jardines resurgió.
Fin.
Cuentos de brujas
Duerme bebé, duerme tranquila que ya estoy aquí para velar tu dulce sueño. ¡No tengas miedo!
¡No estés tan pálida!, porque te dará un extraño sabor. Duerme bebé, duerme tranquila, no
Nací en Valle de Bravo, la arquitectura colonial es su aura. Caminar por estas calles empedradas
emociona a cualquiera. Mirar las casas que siempre están pintadas de color blanco y rojo ladrillo,
alimentan el alma. Los visitantes sonríen cuando transitan por este lugar. Se venden antojitos
típicos:elotes, esquites, quesadillas, tlacoyos. Si deseas algo más preparado también puedes
encontrar mole de guajolote, la trucha, la cabeza de res, cerdo al vapor, las carnitas y la barbacoa.
Si tienes sed, puedes disfrutar las aguas de sabor; pero si quieres algo más fuerte está el pulque, la
sambumbia y diversos licores de frutas. Las iglesias son hermosas, si deseas casarte, éste es el
lugar indicado. La Peña es una montaña en la cual disfrutarás de una vista arbolada que enmarca
las casas.
Hoy es el día de muertos y este lugar se vuelve increíble. Los altares hablan, las veladoras
iluminan todo. La gente llega a borbotones para admirar el entorno. Es un lugar mágico, pero
Camino directamente a la Peña, donde por costumbre en este día contamos cuentos de brujas, son
historias reales que han sucedido en el poblado. Algunas de estas narraciones pasan de
generación en generación y otras son actuales. Nos sentamos alrededor de la fogata, niños,
Jackie llegó al pueblo, le encantó. Era una mujer extranjera de pelo largo, dorado y lacio, ojos
verdes, alta, delgada, típico estereotipo gringo. Disfrutó tanto de este pueblo, que decidió
quedarse una temporada. Se enamoró de un joven mexicano llamado Pedro, quien era propietario
de una cafetería donde se conocieron, al verla quedó encantado con su belleza y comenzaron a
salir. Con el paso del tiempo él le pidió matrimonio y se casaron. Una ceremonia diferente.
Un año después quedó embarazada, la joven mujer se veía radiante. Siempre caminaba en el
mercado, le encantaba ese lugar, compraba todo lo que se le antojaba, las frutas eran sus
favoritas. Cuando las señoras de mayor edad supieron que iba atener un bebé, le regalaban
amuletos, pero ella no creía en nada de eso y los tiraba. No le gustaba, rechazaba escuchar
aquellas leyendas e historias del pueblo. Nueve meses después nació una niña a la que llamaron
Margot.
Las visitas no se hicieron esperar, los regalos tampoco. La familia de Pedro y Jackie llegaba con
guantecitos, chambritas, zapatitos entre otras cosas, con el tiempo, las visitas cesaron. Una
semana después, la bebé comenzó a llorar por las noches y la llevaron al doctor, pero no
encontraron nada.
Doña María los fue a visitar a destiempo ya que sus achaques no la dejaban, sin embargo, ese día
se sintió de maravilla. La doña era una viejita de cabello blanco, siempre llevaba una trenza que
le llegaba más abajo de la cintura, portaba un mandil como si siempre estuviera guisando. Era de
estatura baja y complexión regordeta, su cara estaba llena de arrugas y manchas de sol. A Jackie
no le caía del todo bien, no le gustaba que hablara de cosas extrañas, pero la señora había sido
Doña María vio ala bebé dormida en su cuna, se acercó y notó que en uno de sus bracitos tenía un
moretón al igual que en una de sus piernitas. A Jackie no le agradaba que la estuviera revisando,
y aunque trataba de ser cordial, su cara manifestaba todo lo contrario. La viejita no pudo
contenerse y le dijo que colocara sal debajo de la cuna y que alrededor esparciera agua bendita, le
dio un amuleto y, por último, le dijo que pusiera unas tijeras bajo el colchón y le recalcó que así
la bebé estaría protegida. Jackie quería reclamarle, decirle que no era de su incumbencia, pero
La viejita sabía que la muchacha no haría lo que había sugerido, así que esa tarde, mientras la
mujer iba al mercado, regresó y se metió al cuarto de la beba, pero a Jackie sele había olvidado
algo y al regresar vio la puerta entreabierta, escuchó ruidos en la habitación de Margot y subió
como alma que lleva el diablo. Corrió a doñaMaría agresivamente, y aunque la doña intentó
explicarle, no la dejó.
Por la tarde Pedro regresó de trabajar y ella le contó lo sucedido. Él le dijo que tenía que respetar
las creencias de su pueblo. Jackie no dejaba de pensar en eso, aunque quería poner las cosas que
Exactamente a las doce de la noche la bebé comenzó a llorar. Los pasillos de la casa estaban
oscuros. A pesar de que el llanto de Margot podía despertar a cualquiera, Jackie y Pedro no
escuchaban nada; lloraba fuerte, lloraba gritando, lloraba ahogada de terror, sus manitas
temblorosas, su boca tan abierta aclamaba a su madre. Por fin Jackie abrió los ojos, escuchó a su
bebé, saltó de la cama, levantó a Pedro, corrieron por el pasillo tirando una mesa y una fotografía
de los tres.
Al llegar a la habitación, lo que vieron quedó tatuado para siempre en su ser y los dejó
paralizados. Una silueta encorvada encima de la cuna de Margot, cargaba a la bebé. Movió la
cabeza, sus ojos rojos y penetrantes los miraba directamente, haciendo un siniestro ruido.Los
perros de la colonia no dejaban de aullar y ladrar. La ventana estaba abierta y antes de que ellos
pudieran hacer algo, la bruja voló y se llevó a Margot. Después de lo sucedido, Jackie regresó a
su país, muchos dicen que quedó loca. A Pedro nadie lo volvió a ver.
Si escuchas detenidamente en esa fecha, mientras sopla el viento, podrás escuchar a Margot
La fogata tronaba desprendiendo las chispas que se llevaba el aire, parecían luciérnagas. Todos
tomaban un respiro, callados, mirando directamente hacia el fuego, el calor envolvía el entorno.
Imaginen una época pasada donde el Valle de Bravo era pequeño y todos se conocían. Los
hombres se vestían con sombreros y guaraches, las mujeres con vestidos y rebozos.Los niños con
esos pantaloncitos que les llegaban por debajo de la rodilla y antes del tobillo. Las cosas no eran
desechables, la ropa se remendaba, la comida se cosechaba, la luz provenía de las velas, la luna
iluminaba las calles por la noche. Si deseabas escuchar música existía el fonógrafo. Si deseabas
divertirte existían los juegos cómo la rayuela, las escondidillas o con un aro y un palo corrías a la
Como todas las tardes, José salió a jugar, corrió hasta llegar al parque del pueblo. Allí estaban
Juan, Francisco, Juana y Rosa. Era día de escuela, no podían quedarse tan tarde, por eso eligieron
su juego favorito: las escondidillas. La tarde era fresca con esos cielos de otoño donde las nubes
Las reglas del juego eran sencillas, tenían que esconderse entre las casas, más allá no estaba
permitido. Y lo hacían porque si cruzaban las viviendas estaba el bosque y no deseaban que el
juego se prolongara tanto. Les daba flojera buscar entre los árboles y aunque ellos no lo decían,
también les daba miedo. José recolectó del suelo cinco palitos rompiendo uno a la mitad, quien
Esta vez Rosa sacó la varita más corta y empezó: uno, dos, tres, cuatro, cinco hasta llegar al
treinta. Todos corrieron, Juana se ocultó detrás de la casa de doña Silvia que tenía un baúl viejo
que no ocupaba y ahí se metió. Francisco no se fue tan lejos, se quedó cerca, detrás de un árbol, a
él le encantaba ver a su buscador y a la par moverse. Su técnica le funcionaba bastante bien, por
lo regular era el último que encontraban. Juan, hermano pequeño de Juana, siempre la seguía
ocultándose muy cerca de ella. A José le fascinaba correr lo más rápido que pudiese, siempre
¿Recuerdan cómo se siente esconderse mientras los buscan? La panza te gruñe, te dan ganas de ir
al baño, las piernas tiemblan suavemente y por un momento te quedas en silencio, volteas a todos
lados, te encuentras solo, piensas que algo aparecerá. La ansiedad te atrapa, pero te diviertes con
José escondido, callado, pero su sexto sentido percibió algo. Al voltear, vio a Francisco que
andaba por el bosque. Le habló varias veces, pero no respondió. Francisco se ocultaba, salía, se
ocultaba entre los troncos. José lo seguía y sin darse cuenta la oscuridad lo cubrió, entró en un
trance, su cuerpo se movía solo, sudaba, su visión era borrosa. Una luz azul brillante iluminó una
pequeña parte de la arboleda. Conforme José se aproximaba, descubría seis sombras que
danzaban alrededor de esa luz. Las canciones le hacían sentir mareos, dolor en los músculos, pero
desgraciadamente su visión había mejorado y se paralizó, cayendo a lado de ese fulgor flotante.
Las sombras seguían cantando, se acercaban y se alejaban sin romper el círculo. José gritó varias
Los chicos salieron de su escondite, los pobladores de sus casas, el alarido de José se escuchó en
todo el Valle. Con velas, palos, machetes y antorchas en mano, fueron a buscarlo. Dos días
pasaron sin encontrar nada. En la tarde del tercer día, mientras la gente gritaba su nombre,
mientras pisaban el pasto lleno de lodo, mientras los perros olfateaban, la madre de José,
aterrorizada, se desmayó. Sus amigos corrieron hacia ella, no sabían lo que pasaba; de pronto uno
de ellos miró el ahuehuete distinguiendo perfectamente la cara de angustia y dolor de José que se
Si vas al bosque y tocas el ahuehuete, percibirás la misma angustia que José, porque su alma fue
Más leño a la fogata, más leño porque la llama se extingue, dijo la abuela. Uno de los jóvenes
preguntó: ¿de verdad el árbol sigue ahí?... Un señor de pelo negro con barba de chivo le
Era una tarde de verano, el clima perfecto, la temperatura rondaba por los veintiocho grados
centígrados. Nuestras clases terminaban a las dos de la tarde, pero ese día salimos una hora más
temprano, por eso mis amigos y yo decidimos ir a nadar. Sonó el timbre de la preparatoria, todos
Éramos cinco personas. Normalmente nadábamos muy cerca de la escuela. Conocíamos los
peligros del lago, había zonas prohibidas porque las algas habían crecido tanto, que si te
sumergías podías quedarte atrapado en ellas. Ya habían sucedido accidentes de esa magnitud,
sobre todo con los turistas, pero sólo uno terminó en tragedia.
Como Manuel traía carro, esta vez nos aventuramos a ir más lejos, llegamos a la cascada Velo
deNovia, aunque el agua era fría nos encantaba darnos chapuzones. Por supuesto estaba
prohibido, pero nosotros conocíamos bien el lugar y sabíamos que los vigilantes no estarían.
Estacionamos el carro y caminamos para llegar; nadamos como nunca y no nos dimos cuenta de
la hora, hasta que nuestras tripas comenzaron a rugir, eran las seis de la tarde, así que todos nos
Yo me quedé atrás, necesitaba ir al baño y justamente vi el árbol perfecto que daba directamente
al río. Las voces de mis amigos se iban alejando; el sonido del viento, pájaros y otros animales se
hicieron más fuertes. Yo me quedé viendo el lago, al sol que se desvanecía y pegaba muy
sutilmente en una gran roca, de repente como si la roca se partiera en dos, comenzó a moverse, a
resbalar gelatinosamente convirtiéndose en una figura amorfa de color gris, que se levantaba a la
vez que iba tronando y se transformó en un ser alto, delgado con las manos largas afiladas. Su
columna vertebral era encorvada y le sobresalían asquerosamente los huesos; la cara larga
derretida, el cabello negro grasoso y sus ojos rojos que no dejaban de mirarme. Al principio me
paralicé, pero uno de mis amigos regresó por mí, por suerte yo traía las llaves del carro.
Cuando Manuel llegó, la bruja voló, su risa se quedó por más de tres minutos como un eco sin
fin. Manuel me tocó el hombro y me sacudió varias veces hasta que reaccioné, dijo que mi cuerpo
estaba tan duro como el metal y mis ojos en blanco. Los demás regresaron velozmente, porque
habían escuchado esa maldita carcajada que no se disipaba. Nos fuimos de ahí y jamás
regresamos. Aún hoy en día me da pánico ira esa hermosa cascada, pienso que esa bruja me está
La voz de una joven, guía experimentada de tan sólo veintidós años, fue escuchada...
Y pensar que fue hace tres años, recuerdo que pudo terminar en tragedia... Yo trabajaba en un
campamento de verano, aún era aprendiz de guía, así que me tocaba cuidar a los niños. Rara vez
hacía las cosas divertidas. Mis labores eran que ellos se mantuvieran en el horario establecido.
Por supuesto yo dormía en el campamento, al igual que la señora del aseo, el velador y la
El autobús llegó, eran quince niños, los repartí en sus respectivas habitaciones, les indiqué que
tenían que estar preparados en veinte minutos, ya que a esa hora la comida estaría lista. Ya saben
cómo son cuando apenas los conoces, todos hacen lo que les ordenas, pero cuando ya se sienten
La mesa estaba servida, se sentaron uno por uno y el festín de ese día comenzó. Al terminar,
regresaron a sus habitaciones para concluir con la organización de sus cosas. Después, nos tocaba
nadar un rato en la alberca. Yo, por mi parte, ya sabía a qué jugarían en el agua: waterpolo,
quemados y voleibol.
Ya casi entrada la noche, lo que continuaba en la agenda eran los juegos de mesa. Mientras ellos
se daban una ducha, yo dejaba todo en orden. Empezaron a divertirse, risas, pláticas, una bella
convivencia. Hoy en día es algo difícil de ver porque siempre estamos conectados a las redes
sociales.
Estaban listos, en pijamas, en sus respectivos cuartos. Yo pasaba a cada habitación para anunciar
que las luces se iban a apagar. Sabía que no se dormían, eso era lo divertido de un campamento,
las pláticas nocturnas de complicidad, pero yo tenía que callarlos, ésa era mi labor, hacer que se
durmieran temprano. Cuando por fin todos estaban dormidos, regresé a mi cuarto. Me acostaba
un poco más tarde para planificar los eventos del día siguiente.
Unos minutos después, Samuel tocó a mi puerta, estaba asustado, con los ojos llorosos. Me contó
que había escuchado cómo rascaban en su ventana tres veces. Él pudo percibir unas uñas largas y
gruesas. Yo no le hice caso, la mayoría de chicos se asustan la primera noche. Regresé con él, lo
chiquillo. Las actividades empezaron con broche de oro, porque les tocaba realizar su primer
rafting. Emocionados, con todas las ganas del mundo se subieron al autobús, yo más que nadie
deseaba ir, pero me tuve que quedar. Antes de partir,Daniel se me acercó y me preguntó si la
señora del aseo usaba peluca. Yo le contesté que no sabía. Él me platicó que la había visto
rascarse la cabeza y sin querer se le movió el pelo mientras lo hacía; me comentó, un poco
temeroso, que cuando ella se dio cuenta de que la estaba observando, lo miró agresiva y fijamente
como una estatua. No le di respuesta porque el tiempo apremiaba, el guía experto le llamó y se
subió al camión, pero un escalofrío llegó a mi espalda porque la señora del aseo estaba ahí
La luna salió. Los niños estaban listos para dormir, apagué las luces y me fui. No pasaron ni diez
minutos cuando Renata gritó, me encaminé hacia las habitaciones sin ninguna prisa. Me detuve
horrorizada, los niños estaban afuera abrazados, inmóviles como una pintura. Corrí, me acerqué,
viré la cabeza, en la oscuridad del patio se posaban unos ojos rojos y apenas distinguí una silueta.
No me esperé más, hablé a mis compañeros, a las familias de los niños y los saqué de ahí.
Busqué al cuidador, pero no estaba. Fui por la cocinera, tampoco estaba, pero en el fuego hervía
algo, al acercarme a la olla había sangre y cabellos humanos. Corrí por la señora del aseo y en su
pequeña alcoba, en el suelo, estaba la piel de la señora, como una víbora, como un disfraz. Estoy
segura que era la bruja. Es un recuerdo que me perseguirá por el resto de mis días.
Siempre he creído que las brujas son las más normales, las más rutinarias porque de esa manera
Las doce de la noche y cada uno regresó a casa a celebrar el Día de Muertos.
Espero te haya gustado este cuento. Si quieres saber más como se estructuran y se les da forma.
Fin.
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