Unidad 2: Ética
Prof. Ana Emilia Schwager
Immanuel Kant: ¿Qué debo hacer?
Introducción
Immanuel Kant nació en 1724 en Königsberg, Prusia (hoy
Kaliningrado, Rusia) en el seno de una familia humilde y
devota. Su familia practicaba el pietismo, un movimiento
reformista dentro de la Iglesia luterana. Lo ubicamos en el
contexto de la Ilustración, la cual define como la mayoría de
edad que una época alcanza cuando se atreve a pensar por
cuenta propia. Sus obras más reconocidas son sus tres
críticas: Crítica a la razón pura, Crítica a la razón práctica y
Crítica del juicio.
Este sistema al que se le suele llamar criticismo o filosofía
crítica, los denominamos como filosofía trascendental. Por
«filosofía trascendental» entiende el examen a que hay que someter a la razón humana
para indagar las condiciones que hacen posible el conocimiento a priori, o bien el mero
intentar responder a la pregunta de «¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?», o a
la de «¿cómo es posible la experiencia?», o bien a la de «¿cómo es posible la naturaleza?».
Kant murió el 12 de febrero de 1804.
Su revolución copernicana
“...si Copérnico mostró al género humano que a pesar de las apariencias no era el Sol el
que giraba alrededor de la Tierra, sino esta alrededor del Sol, Kant descubre que el
pensamiento no consiste en una percepción pasiva de los datos suministrados por
los sentidos, sino que son las facultades del sujeto cognoscente las que permiten
que haya conocimiento. En otras palabras, el acto de conocer no es algo pasivo y fácil,
sino que es el sujeto quien crea el conocimiento mediante la intervención de sus facultades:
papel receptivo por parte de la sensibilidad (facultad de registrar impresiones sensibles o
intuiciones) y papel interpretativo del entendimiento (facultad de los conceptos).
Si la revolución kantiana en teoría del conocimiento es decisiva para la marcha de la
filosofía futura, no es menos esencial su aportación en el campo de la ética, expuesta
principalmente en la Crítica de la razón práctica y la Fundamentación de la metafísica de las
costumbres.
Apuntemos aquí lo que desarrollaremos después: Kant se aleja de las éticas basadas en
una interpretación de la naturaleza humana, que determinan las máximas y los preceptos a
partir del modo de entender la idiosincrasia de la persona (por ejemplo: el hombre aspira a
la felicidad y para alcanzarla debe hacer esto y lo otro); rehúye también los planteamientos
condicionales caracterizados por la persecución de un fin y la determinación de los medios
para alcanzarlo (...) La muy novedosa filosofía moral de Kant se caracteriza por su
universalismo y su formalismo. Tiene que ser una ética válida y obligatoria para todos los
seres racionales, en cualquier circunstancia, e independiente de cualquier condición (...) No
puede fundamentarse en contenidos particulares y parciales, del tipo de los diez
mandamientos (No matarás, No robarás), porque el carácter universal e incondicional que
Kant desea conferir á su ética requiere que su precepto sea previo a cualquier circunstancia
personal, social o histórica, y autónomo respecto a cualquier ideología y religión.”
El giro copernicano en la filosofía. Joan Solé. (2019)
Para estudiar su planteo ético, nos centraremos en la obra Fundamentación de la
metafísica de las costumbres.
“Ni en el mundo, ni, en general, tampoco fuera del mundo, es posible pensar nada que
pueda considerarse como bueno sin restricción, a no ser tan sólo una buena voluntad. El
entendimiento, el gracejo, el Juicio, o como quieran llamarse los talentos del espíritu; el
valor, la decisión, la perseverancia en los propósitos, como cualidades del temperamento,
son, sin duda, en muchos respectos, buenos y deseables; pero también pueden llegar a ser
extraordinariamente malos y dañinos si la voluntad que ha de hacer uso de estos dones de
la naturaleza, y cuya peculiar constitución se llama por eso carácter, no es buena. Lo mismo
sucede con los dones de la fortuna. El poder, la riqueza, la honra, la salud misma y la
completa satisfacción y el contento del propio estado, bajo el nombre de felicidad, dan valor,
y tras él, a veces arrogancia, si no existe una buena voluntad que rectifique y acomode a un
fin universal el influjo de esa felicidad y con él el principio todo de la acción (...)
La buena voluntad no es buena por lo que efectúe o realice, no es buena por su adecuación
para alcanzar algún fin que nos hayamos propuesto; es buena sólo por el querer, es decir,
es buena en sí misma. Considerada por sí misma, es, sin comparación, muchísimo más
valiosa que todo lo que por medio de ella pudiéramos verificar en provecho o gracia de
alguna inclinación y, si se quiere, de la suma de todas las inclinaciones.
Para desenvolver el concepto de una voluntad digna de ser estimada por sí misma, de una
voluntad buena sin ningún propósito ulterior, tal como ya se encuentra en el sano
entendimiento natural, sin que necesite ser enseñado, sino, más bien explicado, para
desenvolver ese concepto que se halla siempre en la cúspide de toda la estimación que
hacemos de condición de todo lo demás, vamos a considerar el concepto del deber, que
contiene el de una voluntad buena, Prescindo aquí de todas aquellas acciones conocidas ya
como contrarias al deber, aunque en este o aquel sentido puedan ser útiles; en efecto, en
ellas ni siquiera se plantea la cuestión de si pueden suceder por deber, puesto que ocurren
en contra de éste. También dejaré a un lado las acciones que, siendo realmente conformes
al deber, no son de aquellas hacia las cuales el hombre siente inclinación inmediatamente;
pero, sin embargo, las lleva a cabo porque otra inclinación le empuja a ello. En efecto; en
estos casos puede distinguirse muy fácilmente si la acción conforme al deber ha sucedido
por deber o por una intención egoísta. Mucho más difícil de notar es esa diferencia cuando
la acción es conforme al deber y el sujeto, además, tiene una inclinación inmediata hacia
ella. Por ejemplo: es, desde luego, conforme al deber que el mercader no cobre más caro a
un comprador inexperto; y en los sitios donde hay mucho comercio, el comerciante avisado
y prudente no lo hace, en efecto, sino que mantiene un precio fijo para todos en general, de
suerte que un niño puede comprar en su casa tan bien como otro cualquiera. Así, pues, uno
es servido honradamente. Mas esto no es ni mucho menos suficiente para creer que el
mercader haya obrado así por deber, por principios de honradez: su provecho lo exigía; mas
no es posible admitir además que el comerciante tenga una inclinación inmediata hacia los
compradores, de suerte que por amor a ellos, por decirlo así, no haga diferencias a ninguno
en el precio. Así, pues, la acción no ha sucedido ni por deber ni por inclinación inmediata,
sino simplemente con una intención egoísta.
En cambio, conservar cada cual su vida es un deber, y además todos tenemos una
inmediata inclinación a hacerlo así. Más, por eso mismo, el cuidado angustioso que la
mayor parte de los hombres pone en ello no tiene un valor interior, y la máxima que rige ese
cuidado carece de un contenido moral. Conservan su vida conformemente al deber, sí; pero
no por deber. En cambio, cuando las adversidades y una pena sin consuelo han arrebatado
a un hombre todo el gusto por la vida, si este infeliz, con ánimo entero y sintiendo más
indignación que apocamiento o desaliento, y aun deseando la muerte, conserva su vida, sin
amarla, sólo por deber y no por inclinación o miedo, entonces su máxima sí tiene un
contenido moral.”
¿Qué es el deber, para Kant?
“...el deber es la necesidad de una acción por respeto a la ley.”
“Una acción realizada por deber tiene, empero, que excluir por completo el influjo de la
inclinación, y con ésta todo objeto de la voluntad; no queda, pues, otra cosa que pueda
determinar la voluntad, si no es, objetivamente, la ley y, subjetivamente, el respeto puro a
esa ley práctica, y, por tanto, la máxima de obedecer siempre a esa ley, aun con perjuicio
de todas mis inclinaciones.”
¿Cuál es esa ley moral que debe seguir el deber?
Es un principio objetivo válido para todas las personas. Implica una obligación y una
necesidad, la ley moral manda de forma absoluta más allá de las circunstancias o
preferencias, o beneficios que la acción me pueda brindar.
ES A PRIORI: La ley moral no es extraída de ningún conocimiento empírico, sería
contingente y no necesaria, su origen es a priori y para todos los seres racionales en
general. El ser humano tiene la racionalidad y la voluntad para tomar decisiones y elegir lo
que la razón conoce como bueno y necesario.
Kant la expresa en el IMPERATIVO CATEGÓRICO:
“Como he sustraído la voluntad a todos los afanes que pudieran apartarla del cumplimiento
de una ley, no queda nada más que la universal legalidad de las acciones en general -que
debe ser el único principio de la voluntad-; es decir, yo no debo obrar nunca más que de
modo que pueda querer que mi máxima deba convertirse en ley universal.”
Es imperativo porque implica un deber, un mandato, una obligación. Es categórico porque
se sigue sin importar las condiciones, no se subordina a fines ni a ninguna opción o
restricción. A diferencia del imperativo hipotético que sí admite condiciones, fines posibles,
intereses. “Si quieres x, haz z”. El imperativo categórico es “Haz z” sin importar lo que uno
quiera o la situación en la que nos encontremos.
El imperativo categórico establece lo mismo para todos y en las mismas circunstancias, y se
nos presenta como un test de deberes éticos que se aplica a las acciones humanas
individuales. Debe ser autónomo (no depender de ninguna religión o ideología) y ser capaz
de regir todas las manifestaciones del comportamiento humano. Ejemplos: no prometer en
falso, cultivar el talento, ayudar a otros.
El imperativo categórico de Kant para determinar qué se debe hacer (qué es acción moral),
dice: “Obra solo de acuerdo con la máxima por la cual puedas al mismo tiempo querer
que se convierta en ley universal.”
Sigue 3 principios:
- PRINCIPIO DE UNIVERSALIDAD: La máxima que decide tu voluntad puede servir
siempre al mismo tiempo como principio de una legislación universal.
Se debe poder universalizar. En otros términos “Nunca hagas algo que no aceptarías que
pudiera ser hecho por todos.”
Pero la universalización de una máxima no es condición suficiente para su obligatoriedad ya
que llevaría a cosas absurdas (ejemplo de la frutilla).
Además de ser universalizable debe ser también exigible y obligatoria. Si la Máxima es
universalizable ¿cómo se si es obligatoria, si es acción moral? • Si m y –m resisten la
generalización: no es acción moral, es indiferente moralmente. Si –m no resiste la
generalización: M es acción moral obligatoria y -M está prohibida.
PRINCIPIO DE AUTONOMÍA: para Kant, la acción moral buena la dicta su conciencia y no
lo que dicen los demás, es obtenida por la razón: el sentido moral está en nosotros. No
surge de otras instancias exteriores a él: Dios, la naturaleza, el placer, etc.
- PRINCIPIO DE RESPETO A LA PERSONA HUMANA: “Obra de tal modo que trates a los
demás como un fin y no como un medio para alcanzar otros objetivos, ya que el fin absoluto
es la libertad de la humanidad”. En vez de exigir que comprobemos que todos puedan
adoptar las mismas máximas, exige de manera menos directa que al actuar siempre
respetemos, es decir, no menoscabemos, la capacidad de actuar de los demás (y de este
modo, de hecho, les permitamos obrar según las máximas que adoptaríamos nosotros
mismos).
Ejercicio
i) Lee los siguientes ejemplos, analízalos y clasifícalos según el tipo de acción ética al
que corresponde en relación al deber. Fundamenta tu respuesta.
1. Un comerciante entrega el cambio correcto a sus clientes ya que trae buenos
resultados al atraer a la clientela y aumentar las ganancias.
2. “...cuando las adversidades y una pena sin consuelo han arrebatado a un hombre
todo el gusto por la vida, si este infeliz, con ánimo entero y sintiendo más indignación
que apocamiento o desaliento, y aun deseando la muerte, conserva su vida, sin
amarla...” (Kant, 1921, pp. 12)
3. “Un tercero encuentra en sí cierto talento que, con la ayuda de alguna cultura, podría
hacer de él un hombre útil en diferentes aspectos. Pero se encuentra en
circunstancias cómodas y prefiere ir a la caza de los placeres que esforzarse por
ampliar y mejorar sus felices disposiciones naturales.” (Kant, 1921, pp. 37)
4. “Una cuarta persona, a quien le va bien, ve a otras luchando contra grandes
dificultades. Él podría ayudarles, pero piensa: ¿qué me importa? ¡Que cada cual sea
lo feliz que el cielo o él mismo quiera hacerle: nada voy a quitarle, ni siquiera le
tendré envidia; no tengo ganas de contribuir a su bienestar o a su ayuda en la
necesidad!” (Kant, 1921, pp. 37)