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Castillo Interior - Monografia 3

Esoterismo

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MONOGRAFÍA 3

Programa de Estudios OPI

Publicación oficial de la Escuela Internacional de Filosofía Iniciática


1
MONOGRAFÍA 3

LOS CINCO SENTIDOS


Contenido

* La vista
* El gusto
* El olfato
* El oído
* El tacto

2
Los cinco sentidos
Phileas del Montesexto

En esta monografía brindaremos los elementos fundamenta-


les para comprender la sensación y la percepción, haciendo
un breve análisis de los cinco sentidos y destacando sus limi-
taciones como única fuente de conocimiento.
El proceso de recepción de impresiones externas se llama
“sensación”, y consiste en detectar estímulos del medio am-
biente para codificarlos en señales de tipo nervioso que llegan
hasta el cerebro, el cual actúa como puente entre el cuerpo
físico y los vehículos sutiles.
La sensación procede de los órganos de nuestros cinco senti-
dos, que detectan diferentes tipos de estímulos. La selección,
organización e interpretación de esas sensaciones en base a
la experiencia y los recuerdos previos se llama “percepción”.

La vista
La vista es el sentido que nos permite convertir la energía
luminosa en imágenes, mediante la información electromag-
nética que reciben nuestros ojos, la cual es interpretada como
“color” por el cerebro. Este punto es muy importante porque
deja en evidencia que los colores no son otra cosa que cons-
trucciones de nuestra mente y que simplemente se trata la
captación e interpretación de distintas medidas del espectro
de luz.

3
El estímulo específico del órgano de la visión es la luz, y el
campo receptor en el órgano es la retina.
Sabemos que la capacidad de nuestra vista es limitada y que
existe una enorme gama de colores que no podemos percibir,
que van desde el infrarrojo al ultravioleta, que sí son detecta-
dos por otros animales. La serpiente cascabel –por ejemplo–
puede “ver el calor” del infrarrojo en la oscuridad y guiado
por él ataca a sus presas, que son homeotermas, o sea de san-
gre caliente. Muchos insectos, por su parte, pueden percibir
el ultravioleta.
Nosotros captamos tres colores primarios (rojo, azul y verde)
que son los que podemos distinguir con unas células oculares
que se llaman “conos” y con los que componemos el resto
de los tonos. Los tres tipos de “conos” detectan los “rojos”
(longitudes de onda entre 700-600 nanómetros), los “verdes”
(longitudes de onda entre 550 nanómetros) y los “azules”
(longitudes de onda entre 450-400 nanómetros).
El nanómetro es la unidad de longitud que es igual a una mil-
millonésima parte de un metro y es usada generalmente para
medir longitudes de onda.
Mientras que los “conos” captan las frecuencias electromag-
néticas que nos ayudan a percibir los colores, existen otras
células fotorreceptoras que se denominan “bastones” y que
responden a las intensidades de la luz, permitiéndonos ver en
la noche aún con poca luminosidad.
Existen diferentes tipos de conos en el reino animal, y por
esta razón los animales perciben el mundo de forma distinta
según la presencia de este tipo de células fotorreceptoras en
su retina:

4
a) Tetracromáticos: cuatro o más conos (algunas aves, repti-
les, peces y arácnidos).
b) Tricromáticos: tres tipos de conos (el ser humano y la ma-
yoría de los primates).
c) Dicromáticos: dos tipos de conos (el perro y la mayoría de
los animales).
d) Monocromáticos: un tipo de cono (el mapache, la sala-
mandra, etc.).
En ocasiones, nuestras percepciones no se corresponden
exactamente con lo que estamos observando. Estos fenóme-
nos de ilusión que nos llevan a percibir la realidad física erró-
neamente, reciben el nombre de “ilusiones ópticas”. Muchas
de ellas no tienen una explicación clara en el marco de la fi-
siología o de la psicología, lo cual demuestra la complejidad
de la percepción visual.
La filosofía esotérica enseña que vivimos en un mundo ilu-
sorio o “Maya”, y que las percepciones visuales son las más
engañadoras de todas porque nos llevan a creer que lo que es-
tamos observando es “la” realidad, cuando estamos captando
simplemente una porción mínima de esa realidad (la punta
del iceberg).
Darse cuenta de esta situación y lograr ver “más allá de lo
evidente” son los primeros pasos para vencer a Maya, quitán-
donos las telarañas de los ojos y despertando a la realidad,
siguiendo el camino del prisionero de la caverna platónica
que logró escapar de las sombras para descubrir la realidad.
Taimni reflexiona: “Pensamos que vemos los objetos sólidos
tangibles, con forma, color, dureza, etc., que nos rodean, pero
¿qué son ellos? Sólo átomos y moléculas que son práctica-
5
mente espacio vacío con algunos pocos puntos moviéndose a
velocidades inimaginables y sumamente separados entre sí”.
(1)
Por lo antes expuesto, la frase preferida por los positivistas:
“ver para creer”, centrada en el conocimiento sensorial, es
una falacia que hace tiempo ha sido superada pero que aún
es perpetuada por los materialistas obstinados, sabiendo que
“una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en
verdad”. (2)
Nos hemos vuelto tan dependientes del sentido de la vista
que si por alguna razón en particular nos vemos privados de
él, nuestra primera reacción será de desorientación y deses-
peración.
Cuando queremos concentrarnos en un sonido, un aroma o
un gusto, lo primero que hacemos habitualmente es cerrar
los ojos, que los estímulos visuales suelen ser una fuente de
distracción. En este sentido, podemos referirnos a los enamo-
rados que cierran los ojos al besarse o que apagan la luz para
hacer el amor. ¿Por qué? Ackerman sugiere que “los amantes
cierran los ojos cuando se besan porque si no lo hicieran se-
rían muchas las distracciones visuales a notar y a analizar: el
súbito primer plano de las pestañas y del cabello del otro, el
papel de la pared, el mostrador del reloj de pie, las partículas
de polvo en suspensión en un rayo de sol. Los amantes quie-
ran tocarse con seriedad sin que nada los perturbe. Así, cie-
rran los ojos, como si pidiesen a dos queridos familiares que
los dejaran a solas”. (3)
En las prácticas introspectivas de concentración o meditación
es necesario el “bloqueo” de los sentidos para poder comple-
tar las prácticas sin interferencias: la vista cerrando los ojos,
6
el olfato mediante el uso de sahumerios y de un aroma mo-
nótono, el oído con tapones o con música que no distraiga,
el tacto con una postura cómoda y el gusto manteniendo la
boca cerrada y la lengua relajada.

Cuento: La serpiente que no estaba ahí


Un magistrado estaba muy satisfecho de su secretario, y para
recompensarle decidió invitarle a cenar un día a su casa. Des-
pués de la exquisita cena, el magistrado le ofreció una copa
de licor a su eficiente secretario.
Un arco que pendía de una de las paredes se reflejaba en la
copa y el secretario creyó ver una serpiente dentro de la mis-
ma, pero como no podía permitirse desairar al magistrado,
sacando fuerzas de flaqueza, aunque aterrorizado, se bebió
el contenido de la copa. Después se fue a su casa y pasó una
noche terrible. Empezó a sentir a la serpiente mordiéndole
las entrañas y, aunque ingirió varios medicamentos, no pudo
superar el dolor que le afligía.
Transcurrieron los días. El secretario se sentía muy enfermo.
El magistrado, extrañado por su ausencia, acudió a visitarle
a su casa.
–Pero ¿qué le ocurre, amigo mío? –preguntó el magistrado–.
¿Qué enfermedad padece?
–Debo serle sincero, señoría –dijo el secretario, apenado–.
No sé si se trata de la serpiente que me tragué al beber la copa
de licor y que no logro evacuar, o simplemente del terror que
sentí al tragármela. Pero el caso es, señoría, que no dejan de
presentarse los terribles dolores de estómago y las náuseas.
7
El magistrado, extrañado, regresó a su casa y se puso a re-
flexionar. De repente la luz se hizo en su mente. ¡Eureka! Hizo
llamar urgentemente a su secretario y, como hiciera días atrás,
le ofreció una copa de licor. De nuevo el arco se reflejaba en
la misma y el secretario, viendo otra vez una serpiente dentro
de la copa, retrocedió espantado.
El magistrado le explicó: –Sólo es el reflejo del arco que hay
detrás de usted, colgado en la pared. Ya ve, mi eficiente secre-
tario, que su mente le ha jugado una muy mala pasada.
Unas horas después el secretario había recuperado el buen
color de tez, el sentido del humor y la salud.
En el escenario de la mente, por enfoques incorrectos y per-
cepciones erróneas, podemos asistir al más amargo de los
dramas. Debemos cuidar la mente como a la más hermosa de
las orquídeas. La mente engendra confusión o claridad según
nos apliquemos o no a su purificación y ejercitamiento. (4)

El oído
El oído es el órgano que permite la audición, convirtiendo
las ondas sonoras en actividad neuronal. Este órgano consta
de una parte externa, donde se canalizan las ondas auditivas
hasta el tímpano, y una parte interna que es la que recibe las
vibraciones, transformando las señales acústicas físicas en
energía nerviosa. Sin entrar en detalles, en el llamado “ór-
gano de Corti” existen células receptoras que –cuando son
estimuladas– producen un componente químico generador
de impulsos eléctricos que se transmiten al nervio acústico y
luego al nervio auditivo.

8
El rango máximo de audición en el hombre incluye frecuen-
cias de sonido que van desde 16 hasta 28.000 ciclos por se-
gundo.
El sonido audible es el que corresponde a las ondas sonoras
en un intervalo de frecuencia de 20 a 20.000 Hz. Las ondas
sonoras que tienen frecuencias por debajo de este intervalo
audible se denominan infrasónicas, y las que tienen frecuen-
cias por encima se llaman ultrasónicas.
Al igual que en el sentido de la vista, el ser humano no puede
captar muchas frecuencias mientras que algunos animales sí
pueden hacerlo. Es bien conocida la capacidad que poseen los
perros de escuchar los ultrasonidos, o la utilización que ha-
cen las ballenas del infrasonido para comunicarse a grandes
distancias.
Por medio del infrasonido, algunos animales pueden prever
desastres naturales como terremotos o tsunamis al percibir
con antelación la inminencia de la catástrofe.
No obstante, aunque no podamos escucharlos, estos sonidos
pueden afectarnos y causarnos varios trastornos como dolo-
res de cabeza, fatigas, ansiedad, etc.
Sabiendo esto, los productores de armamento bélico ya han

9
desarrollado armas de infrasonido que causan “desorienta-
ción, vómitos y defecación involuntaria”. (5)
Un cañón sónico de estas características fue diseñado y fa-
bricado por Vladimir Gavreau, (jefe de los laboratorios de
Electroacústica y Automatización del Centre National de la
Recherche Scientifique de Francia). Su primera versión emi-
tía un sonido que podía ser escuchado (196 Hz) y aún así
provocó graves trastornos estomacales a los científicos. Su se-
gunda versión emitía 37 Hz, causando pequeñas grietas en las
paredes del laboratorio y la tercera (7 Hz) hizo vibrar toda la
estancia, que parecía derrumbarse ante el poderoso sonido.
En nuestros días ha sido desarrollado el “Long Range Acoustic
Device” (Dispositivo Acústico de Largo Alcance), que emite
sonidos dolorosos de hasta 151 decibelios para situaciones
bélicas (guerra de Irak, combate a los piratas de Somalia, etc)
y para el control policial de manifestaciones violentas (EE.
UU., Chile, Georgia, etc.).

El gusto
El sentido del gusto, al igual que el del olfato, es un sentido
“químico”, es decir que nos permite detectar diversas sustan-
cias que son solubles en la saliva para brindarnos la sensación
de sabor.
Las células sensoriales del gusto están contenidas en los lla-
mados “botones del gusto”, que son pequeñas estructuras re-
ceptoras localizadas en la lengua.
Este sentido se considera el más débil de todos y tiene varias

10
limitaciones. Por ejemplo, si la sustancia química que se in-
tenta “gustar” no puede disolver, no se podría distinguir su
sabor. También es posible notar que al ingerir un alimento
con la nariz tapada no es posible mantener su gusto. Este fe-
nómeno se llama “interacción sensorial” y parte de la depen-
dencia del sentido del gusto con relación al olfato. Por esta ra-
zón, un mero resfriado hace que los alimentos más sabrosos
nos parezcan insípidos y sin sabor.
Generalmente se habla de cuatro gustos fundamentales: el
dulce, el salado, el amargo y el ácido, aunque en Oriente suele
agregarse un quinto: el umami. Los libros clásicos de fisiolo-
gía también limitan la cantidad de gustos e incluso los rela-
cionan con algunas zonas de la lengua, donde se reconocen
los diversos sabores. Sin embargo, no es difícil darse cuenta
que hay muchos gustos amargos, dulces, ácidos y salados, y

El tetraedro de los sabores de Henning. Adaptado por Alexandra Logue


en “The Psychology of Eating and Drinking”
11
limitar la gama de sabores a solamente cuatro es demasiado
simplista. Si cerramos los ojos realizamos un sencillo ejerci-
cio de concentración en el gusto, detectaremos una gama de
sabores que antes seguramente nos pasaron desapercibidos.
A esta conclusión de “múltiples sabores” también llegó el in-
vestigador Hans Henning quien propuso en 1916 un mapa
tridimensional de los sabores en forma de tetraedro. De
acuerdo con Carolyn Korsmeyer: “El vértice de cada ángulo
del tetraedro representa a un sabor primario puro. Las com-
binaciones de dos de cualesquiera de estos sabores se van a
representar como puntos situados en uno de los lados de la
figura. La limonada, por ejemplo, podría estar situada en el
punto “a”, entre el ácido y el dulce. Las combinaciones de tres
de los sabores primarios estarían situadas en uno de los pla-
nos del tetraedro. La lechuga –especialmente la de la clase
disponible en invierno– se situaría en “b”. Si una sustancia
combina todos los sabores, la sensación descrita estaría en
algún punto en el interior de la figura. Quizá la sopa de col y
ternera podría situarse alrededor de “c”.” (6)
¿Cuál es la función del gusto? En primer lugar la boca actúa
como un primer filtro a toda aquella sustancia que penetra en
nuestro organismo para ser digerida. Por esta razón el senti-
do del gusto actúa como discriminador entre lo que nos con-
viene y lo que no nos conviene ingerir.
De acuerdo con Francesc Fossas: “En la naturaleza los vene-
nos más potentes tienen sabor amargo o ácido mientras que,
por el contrario, se piensa que nuestro gusto innato por lo
dulce podría tener una base biológica, por ser los alimentos
dulces fuentes de calorías fácilmente disponibles”. (7)
El sentido del gusto está supeditado al entorno cultural y el
12
uso de la sal es un buen ejemplo de ello. Como bien señala
Fossas: “El consumo de la sal es el resultado de un aprendi-
zaje. La práctica diaria nos demuestra que existe un deter-
minado consenso en cuanto al uso de este condimento. (…)
Cuando los cocineros hablan de que “corrigen” los platos de
sal dejan claro de que hay un punto óptimo que alcanzar, una
zona donde los alimentos saben “como es debido”, un punto
de encuentro donde la mayoría de comensales se encontra-
rán, y nunca mejor dicho, a gusto. Y si pedimos una torti-
lla nos la traerán, de no pedirlo explícitamente, con sal. ¿Por
qué? Por la sencilla razón de que al cocinero y a nosotros nos
han enseñado que debe ser así”. (8)

El olfato
“El olfato es un hechicero poderoso que nos transporta a lo
largo de muchas millas y años que ya vivimos. Los aromas
de los frutos del Sur, me transportan a mi casa en el Sur, a
mis travesuras infantiles en el medio de los durazneros. Otros
olores, instantáneos y fugaces, hacen que mi corazón lata ale-
gremente o se contraiga recordando un viejo dolor. Me basta
con pensar en aromas y mi nariz se llena de fragancias que
despiertan dulces memorias de veranos pasados y maizales
distantes”. (Hellen Keller)

El olfato humano es uno de los sentidos más sensibles, pues


unas pocas moléculas, es decir, una mínima porción de mate-
ria, bastan para el estímulo de las células olfativas.
El gusto y el olfato tienen numerosos puntos en común. Am-
bos son sensibles a estímulos químicos y captan la presencia
13
de partículas disueltas en el medio ambiente. La olfacción de-
tecta partículas en fase gaseosa, mientras que la degustación
detecta partículas disueltas en medio líquido. Al introducir
en la boca una sustancia que desprende vapores, parte de és-
tos llegan a la región olfatoria y dan lugar por lo tanto a una
sensación mixta de olor-sabor, como dijimos anteriormente.
En los animales que no pueden mantenerse en una postura
erecta, el sentido del olfato desempeña un papel más impor-
tante que en los seres humanos, ya que les permite detectar
peligros y fuentes de alimento a grandes distancias. El hom-
bre, al poder mantenerse erguido, usa con más frecuencia la
vista y el oído, que le “facilitan las cosas”, utilizando raramen-
te los estímulos olfativos.
Mientras que la superficie olfatoria de la nariz humana es de
cinco centímetros, la del perro es de unos 150 centímetros
cuadrados. También podemos comparar las células olfatorias
del ser humano con las de los canes: mientras que nosotros
tenemos 5 millones de células de este tipo, los perros pueden
llegar a tener 220 millones y las razas rastreadoras, como los
sabuesos, 300 millones.
Por esta razón se estima que las capacidades olfativas de los
perros son un millón de veces superiores a la de los seres hu-
manos.
Los catadores de vino utilizan una serie de ejercicios para que
su olfato sea más sensible, distinguiendo dentro de la bebida
aromas primarios, que son propios de la variedad del vino,
aromas secundarios, que se originan en la fermentación alco-
hólica, y finalmente aromas terciarios que se producen como
consecuencia del envejecimiento y la crianza del vino.

14
De este modo se explican las curiosas contraetiquetas de las
botellas que indican que determinado vino tiene aroma a ba-
yas salvajes, pimienta verde, almendras tostadas, etc. Estas
denominaciones fueron creadas por analogía y están basa-
das en una clasificación muy específica que incluye aromas
florales, especiados, frutales, vegetales, animales, balsámicos,
empireumáticos, químicos, minerales, etc.
Los “perfumistas” profesionales están incluso por encima de
los catadores de vinos y pueden llegar a distinguir miles de

Aromas que un sabueso puede percibir y diferenciar simultáneanente


Emisión del coche Comida del niño
Niño Dos niños
Carnicería

15
aromas, alrededor de 500 de origen natural y más de 5.000 de
origen sintético.
En el caso de los catadores y los perfumistas se puede hablar
de una “base de datos olfativa” donde el especialista recurre
a su memoria para identificar determinado aroma. Un perfu-
mista experimentado puede recopilar en su memoria olfati-
va una colección de olores con los que trabaja más a gusto y
sabe combinarlos con maestría para crear nuevos perfumes
de éxito.
Algunos han comparado a los perfumistas con los músicos,
aseverando que “trabajan con olores, a los que llaman “notas
olfativas” y los ligan formando “acordes” sencillos los cuales,
unidos a otros “acordes” sencillos forman “acordes más com-
plejos”. Éstos se adornan y se redondean con otras notas hasta
dar como resultado una composición perfumística”. (9)
Esta memoria vinculada al olfato o al gusto (recordando que
ambos sentidos están interrelacionados) nos recuerda a la
magdalena de Proust de la célebre obra “En busca del tiempo
perdido”, en la cual el aroma del bizcocho retrotrae inmedia-
tamente al escritor a su infancia por un inexplicable suceso
de asociación. Este fenómeno es conocido justamente con el
nombre de “síndrome de Proust” y se refiere a la capacidad de
algunas personas de retroceder en el tiempo y despertar una
cantidad de recuerdos y vivencias vinculadas a ese estímulo.
Ciertamente, tiene toda la razón Diane Ackerman cuando
afirma que “cuando ofrecemos un perfume a alguien, esta-
mos ofreciendo memoria en estado líquido”. (10)
En nuestras prácticas de meditación podemos usar sahume-
rios con diferentes aromas, pero si usamos siempre la misma

16
fragancia, más fácilmente alcanzaremos estados introspecti-
vos más profundos, ya que el aroma repetido nos recordará
inconscientemente experiencias meditativas anteriores y así
podremos “retomar” el grado de concentración alcanzado,
facilitándonos la práctica.
Existe una técnica terapéutica que actúa a través del sentido
del olfato: la psicoaromaterapia. La misma está basada en una
serie de efectos psicológicos que son producidos a través de
ciertos aromas seleccionados en los aceites esenciales. Estas
esencias concentran todos los agentes químicos de las plantas
(vitaminas, hormonas, antibióticos y antisépticos).
Los diversos efectos que producen los diferentes aceites esen-
ciales se clasifican en las siguientes categorías: relajantes, es-
timulantes, afrodisíacos, anafrodisíacos, equilibradores, anti-
depresivos y estimulantes mentales.

El tacto
El tacto es el sentido que se manifiesta a través del órgano fí-
sico más extenso (la piel), y en ese lugar se encuentran distin-
tos tipos de receptores, sensibles a diferentes tipos de vibra-
ciones. Estos responden a estímulos específicos de, al menos,
cuatro diferentes frecuencias: la presión, el calor, el frío y el
dolor.
Las diferentes regiones corporales presentan una diferencia
en la sensibilidad táctil debido al número de esos receptores
en cada zona del cuerpo. Por ejemplo la nariz, los labios y las
puntas de los dedos, están muy pobladas de receptores cu-
táneos, mientras que la espalda, el dorso de la mano, la pan-

17
torrilla, el brazo, etc., presentan una densidad de receptores
menor.
Ciertamente, el inmenso caudal de información que recibi-
mos diariamente no puede ser retenido en su totalidad y ne-
cesita ser filtrado, discriminado de algún modo pues de otra
forma nos volveríamos locos. Esto puede ser fácilmente no-
tado porque si en todo momento fuéramos conscientes del
contacto y del roce de la ropa nos sentiríamos sumamente
incómodos.
Aquellas personas que carecen del sentido de la vista suelen
agudizar sus otros sentidos, en especial el tacto y, teniendo
en cuenta esto, el francés Louis Braille creó el sistema de es-
critura que lleva su nombre. El mismo consiste en celdas con
seis puntos en relieve que se disponen en tres filas por dos
columnas.
A las personas que poseen sus capacidades visuales intactas
se les dificulta la identificación y la diferenciación de los ca-
racteres Braille, lo cual evidencia que los sentidos pueden ser
ejercitados y perfeccionados, del mismo modo que los cata-
dores y los perfumistas perfeccionan su sentido del olfato.
Más aún: los sentidos en los ciegos poseen otras funciones
que son peculiares y dignas de atención como la ecolocación,
es decir, aquella facultad que les permite detectar y esquivar
obstáculos sin tener que tocarlos. Este sistema está bien de-
sarrollado en los murciélagos que perciben auditivamente
los objetos y sus presas. Un ciego entrenado puede detectar
muros, columnas y grietas a más de tres metros de distancia,
para lo cual debe producir ruidos con el bastón, con sus zapa-
tos, e incluso con su cuerpo para que el sonido se expanda y

18
choque con el objeto. De este modo, el eco regresa a los oídos
del invidente y éste detecta los obstáculos en su camino. (11)
Mediante diversas técnicas, las sensaciones de frío, calor y
dolor pueden paliarse e incluso eliminarse. Los faquires de la
India que se acuestan sobre camas con clavos o las personas
que caminan sobre las brasas son un buen ejemplo de esto. En
la mayoría de los casos no es necesario el empleo de técnicas
demasiado elaboradas de control mental para vencer al dolor
sino simplemente enfrentar nuestros miedos y derrotarlos.
El dolor puede tener un origen emocional (subjetivo) o sen-
sorial (objetivo). El primero es objeto del estudio de la Psico-
logía y está profundamente relacionado con la primera noble
verdad del Buddha: “Existe el dolor”.
El dolor se percibe a través del sentido del tacto nos advierte
que algo no va bien, indicando al sistema nervioso que algu-
na parte de nuestro cuerpo está siendo expuesta a una situa-
ción que puede tener como consecuencia una lesión o una
enfermedad.
La percepción sensorial del dolor depende de muchos facto-
res. Es bien sabido que las mujeres suelen ser más resistentes
al dolor que los hombres y que un trabajador rural habituado
a las duras tareas del campo puede soportar mejor las situa-
ciones de dolor que un ciudadano urbano de clase media que
trabaja en una oficina. Este límite se llama “umbral del dolor”
y es la capacidad que tiene cada persona para soportar el do-
lor. Lo que para unos individuos puede resultar intolerable,
para otros tal vez no lo sea tanto, aunque ambos sientan el
dolor. Por eso decimos que el dolor es una experiencia multi-
dimensional, única e intransferible, y por esta razón altamen-

19
te subjetiva, relacionada con estímulos sensoriales o emocio-
nales.

20
Referencias bibliográficas
(1) Taimni, Iqbal: El Hombre, Dios y el Universo. Buenos Ai-
res, Federación Teosófica Interamericana, 1979.
(2) Frase atribuida al tristemente célebre ministro de propa-
ganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels.
(3) Ackerman, Diane: Historia natural de los sentidos. Barce-
lona, Anagrama, 2000.
(4) Calle, Ramiro: Los mejores cuentos espirituales de Orien-
te. Barcelona, RBA, 2004.
(5) Fisas, Vicenç: Cultura de paz y gestión de conflictos. Bar-
celona, Icaria, 1998.
(6) Korsmeyer, Carolyn: El sentido del gusto: comida, estética
y filosofía. Barcelona, Paidós, 2002.
(7) Fossas, Francesc en revista “Fitomédica” Nro. 24, Junio
1999.
(8) Fossas: Ibid.
(9) Arenas, José Fernández: Arte efímero y espacio estético.
Barcelona, Anthropos, 1998.
(10) Ackerman: Historia, op. cit.
(11) Información disponible en [Link].

21
“La inteligencia (Buddhi) es influida directamente por el Alma Espiri-
tual. Por ello, si la mente sigue a la inteligencia, será capaz de guiar a los
sentidos por el camino correcto. (...) Para andar en un carro, el auriga es
quien desempeña el papel más importante. Ni los caballos que tiran de él
y ni siquiera el dueño que va sentado dentro, son competentes como para
asegurar un trayecto sin peligros: el auriga es el único que puede hacer-
lo. Si no es experto, los caballos se desbocarán y arrastrarán el carro en
cualquier dirección. Por lo tanto, el auriga deberá ser lo suficientemente
competente y experimentado como para llevar a cabo correctamente su
labor” (Sri Satya Sai Baba: “Lluvias de verano”, vol. VI)

22
ESCUELA DE FILOSOFÍA INICIÁTICA

[Link]

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