Sífilis
Introducción
La sífilis es una infección crónica de transmisión sexual (ITS) causada por la espiroqueta
Treponema pallidum. Es una enfermedad sistémica que, si no se trata, progresa a través de
varias fases clínicas, cada una con características específicas. La sífilis ha sido
históricamente una de las ITS más importantes debido a su capacidad para causar
complicaciones graves, incluyendo daño neurológico y cardiovascular en sus etapas
avanzadas. A pesar de la disponibilidad de tratamientos eficaces, la sífilis sigue siendo un
problema de salud pública global, con un resurgimiento notable en muchas regiones.
Epidemiología
La sífilis afecta a personas de todas las edades, géneros y grupos socioeconómicos,
aunque ciertos grupos, como los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y las
personas con múltiples parejas sexuales, están en mayor riesgo. La prevalencia de sífilis
varía geográficamente, siendo más alta en regiones de África, América Latina y el Caribe. El
resurgimiento de la sífilis en países desarrollados en las últimas décadas ha sido atribuido
en parte a prácticas sexuales de riesgo y al insuficiente uso de medidas preventivas.
Etiología y Patogénesis
Treponema pallidum es una espiroqueta gramnegativa, delgada y móvil, que se visualiza
mejor mediante microscopía de campo oscuro o tinción de plata. Esta bacteria tiene la
capacidad de invadir casi todos los órganos y tejidos del cuerpo, lo que resulta en una
variedad de manifestaciones clínicas.
● Transmisión: La sífilis se transmite predominantemente a través del contacto sexual
directo con lesiones infectadas, aunque también puede transmitirse de madre a hijo
durante el embarazo (sífilis congénita) y, raramente, a través de transfusiones
sanguíneas o contacto no sexual con lesiones infecciosas.
● Patogénesis: Tras la entrada del organismo al cuerpo, T. pallidum se disemina a
través del torrente sanguíneo y del sistema linfático. La bacteria es capaz de evadir
la respuesta inmune del huésped durante largos periodos, lo que permite la
persistencia de la infección. El curso natural de la enfermedad, en ausencia de
tratamiento, progresa a través de fases bien definidas: sífilis primaria, secundaria,
latente y terciaria.
Fases Clínicas
● Sífilis primaria: Se caracteriza por la aparición de una o más úlceras llamadas
chancros en el sitio de inoculación, generalmente en los genitales, el recto o la boca.
El chancro es típicamente indoloro, con bordes elevados y un fondo limpio, y se
desarrolla aproximadamente 3 semanas después de la exposición. Los chancros son
altamente infecciosos, y pueden acompañarse de linfadenopatía regional. Sin
tratamiento, la lesión se resuelve espontáneamente en 3-6 semanas, pero la
infección persiste y progresa a la siguiente fase.
● Sífilis secundaria: Ocurre semanas a meses después de la desaparición del
chancro primario. Se caracteriza por una amplia gama de síntomas sistémicos,
incluyendo un exantema cutáneo maculopapular que puede afectar palmas y
plantas, fiebre, linfadenopatía generalizada, alopecia en parches y condilomas
planos en áreas húmedas como la región perianal. Estos síntomas reflejan la
diseminación sistémica de la espiroqueta. Al igual que en la fase primaria, los
síntomas pueden resolverse espontáneamente, pero la bacteria persiste.
● Sífilis latente: En esta fase, la infección es subclínica, es decir, el paciente no
presenta síntomas, pero sigue siendo seropositivo. La sífilis latente se divide en dos
subfases:
○ Sífilis latente temprana: Ocurre dentro del primer año después de la
infección, durante la cual el paciente es potencialmente contagioso.
○ Sífilis latente tardía: Después del primer año, el riesgo de transmisión
disminuye, pero el paciente sigue infectado. La sífilis latente puede durar
años o incluso toda la vida sin progresar a la sífilis terciaria.
● Sífilis terciaria: Es la fase más grave y se desarrolla en aproximadamente el
15-30% de las personas no tratadas, generalmente años o décadas después de la
infección inicial. Se manifiesta en tres formas principales:
○ Gomatosis: Caracterizada por la formación de gomas, que son lesiones
granulomatosas destructivas que pueden afectar la piel, huesos y otros
órganos.
○ Sífilis cardiovascular: Incluye la aortitis sifilítica, que puede llevar a
aneurismas de la aorta o insuficiencia aórtica.
○ Neurosífilis: Puede ocurrir en cualquier etapa de la enfermedad y se
manifiesta de varias formas, incluyendo meningitis sifilítica, tabes dorsal
(degeneración de la médula espinal) y parálisis general progresiva, que
puede causar demencia.
Sífilis Congénita
La sífilis congénita ocurre cuando T. pallidum es transmitida de madre a hijo durante el
embarazo. La transmisión vertical puede causar una amplia gama de manifestaciones
clínicas en el recién nacido, desde muerte fetal y prematuridad hasta síntomas
multisistémicos en el neonato, como hepatomegalia, ictericia, anemia, y lesiones cutáneas.
Si no se trata, puede llevar a secuelas graves, como sordera, anomalías dentales (dientes
de Hutchinson) y alteraciones óseas (saber shins).
Diagnóstico
El diagnóstico de sífilis se basa en la combinación de la historia clínica, el examen físico y
las pruebas serológicas. Existen varias pruebas que se utilizan para el diagnóstico y
seguimiento:
● Microscopía de campo oscuro: Es útil para la identificación directa de T. pallidum
en lesiones chancrosas o condilomas planos, aunque no está ampliamente
disponible.
● Pruebas serológicas:
○ Pruebas no treponémicas (VDRL y RPR): Detectan anticuerpos dirigidos
contra lípidos liberados por las células huésped y el treponema. Son útiles
para el diagnóstico inicial y para el seguimiento del tratamiento, ya que los
títulos disminuyen con la terapia efectiva.
○ Pruebas treponémicas (FTA-ABS, TP-PA, EIA): Detectan anticuerpos
específicos contra T. pallidum. Estas pruebas son más específicas y
permanecen positivas de por vida, por lo que no se utilizan para evaluar la
respuesta al tratamiento.
● Punción lumbar: Indicada para el diagnóstico de neurosífilis, mediante la
evaluación del líquido cefalorraquídeo (LCR) en busca de pleocitosis linfocítica,
aumento de proteínas y pruebas treponémicas positivas en LCR.
Tratamiento
El tratamiento de elección para todas las etapas de la sífilis es la penicilina, administrada en
diferentes regímenes según la fase de la enfermedad:
● Sífilis primaria, secundaria y latente temprana: Se administra una dosis única de
penicilina G benzatina 2.4 millones de unidades intramuscular (IM).
● Sífilis latente tardía o latencia de duración desconocida: Se recomienda
penicilina G benzatina 2.4 millones de unidades IM una vez por semana durante
3 semanas.
● Neurosífilis: El tratamiento requiere penicilina G acuosa 18-24 millones de
unidades al día administrada por vía intravenosa, dividida en dosis cada 4 horas o
mediante infusión continua durante 10-14 días.
● Alergia a la penicilina: En pacientes alérgicos a la penicilina, la desensibilización
seguida de tratamiento con penicilina es el estándar en caso de neurosífilis o sífilis
en embarazadas. Para otras formas de sífilis, se pueden considerar alternativas
como doxiciclina o ceftriaxona, aunque la penicilina sigue siendo preferida.
Prevención y Control
La prevención de la sífilis se basa en la promoción de prácticas sexuales seguras, el cribado
de ITS en poblaciones de riesgo, y el tratamiento oportuno de las personas infectadas y sus
parejas sexuales. La educación sobre el uso correcto de preservativos y la importancia de
las pruebas regulares es fundamental para reducir la transmisión. Además, el cribado
prenatal es esencial para prevenir la sífilis congénita.
Conclusiones
La sífilis, aunque prevenible y tratable, sigue siendo una amenaza significativa para la salud
pública debido a su capacidad para causar complicaciones graves y su resurgimiento en
varias partes del mundo. El diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado son esenciales
para prevenir las secuelas de la enfermedad, y las estrategias de prevención y control
deben enfocarse en la educación y el cribado regular.
Referencias
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● World Health Organization. (2016). WHO guidelines for the treatment of Treponema
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