Capítulo 1
¿Sordera Espiritual?
No sé si el término “sordera espiritual” exista en realidad, pero fue lo único que se me ocurrió
para describir la triste realidad de la mayoría de los jóvenes de nuestra generación: no
queremos escuchar a Dios.
El sistema de este mundo nos ha arrastrado poco a poco en su corriente destructiva al punto
de que hemos caído redonditos en su trampa y poco a poco hemos cerrado nuestros oídos (y
nuestro corazón) al llamado constante de nuestro Padre.
¿A quién le hablaré? ¿A quién le advertiré? ¿Quién podrá escucharme? Tienen tapados los
oídos y no pueden comprender. La palabra del Señor los ofende; detestan escucharla.
(Jeremías 6:10).
No es que Dios no nos habla, es que en la mayoría de los casos preferimos no escucharle. A
menudo nos cuestionamos por qué nos suceden cosas malas, pero la razón es que donde Dios
no está dirigiendo nada bueno puede suceder. El mundo ha decidido ser su propio dios, ha
dado la espalda al Creador y ha puesto tapones en sus oídos para no escucharle.
Lamentablemente muchos de nosotros hemos hecho justo eso que en la Palabra se nos pide
que no hagamos, amoldarnos al mundo, y así como el mundo se niega a escuchar a Dios
hemos sido arrastrados poco a poco hasta llegar a contagiarnos con la terrible sordera
espiritual.
A continuación, te mostraré algunas de las tácticas del sistema del mundo en su afán por
tratar de impedir que la voz de Papá pueda ser escuchada.
Mucho Ruido
Cuando recién acepté al Señor, y era religiosa pero no cristiana, solía burlarme de las
personas que decían que “Dios les hablaba” porque veía la seguridad con la que ellos lo
expresaban y no podía entender cómo era posible que pudieran oír la voz de Dios cuando yo
nunca había tenido esa experiencia ¡en serio me burlaba de muchos!
Pero de repente, el día menos esperado llegó mi turno, y Dios, en su misericordia, me permitió
quitarme el tremendo velo de ignorancia que me cubría y entender que realmente Él habla
¡habla todo el tiempo! El problema radica en que en medio de todo el ruido que hay a nuestro
alrededor, no logramos escuchar ni identificar su voz.
En el mundo hay muchísimas voces gritando a todo volumen, todas hablándonos al mismo
tiempo, por lo que requerirá un sacrificio de nuestra parte el cerrar nuestros oídos a esas voces
y concentrarnos en la de nuestro Abba. ⸺He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno
oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis 3:20).
Hoy en día muchos estamos viviendo una vida guiada por muchas voces, excepto por la de
Dios. Algo que he notado es que a la mayoría de los jóvenes cristianos de esta generación se
nos hace muy difícil escuchar a Dios, no porque Dios no nos hable, sino porque estamos
demasiado distraídos prestando su atención a las voces externas.
¿Crees que eso sucede solo porque si? ¡Claro que no! Es obvio que el sistema de este mundo
está estructurado con astucia para mantenernos ocupados en cosas vanas prestando nuestros
oídos y nuestros pensamientos a cosas que ni siquiera valen la pena y que de esa manera no
nos enfoquemos en lo que de verdad es importante, nuestra vida espiritual.
Querido amigo, es un hecho que Dios habla. Ya sea cuando estás orando, cuando lees la
biblia, a través de alabanzas, etc. debes estar siempre atento para que puedas identificar su
voz y dejarte guiar por Él.
Una vez logres aprender a identificar la voz del Señor, serás intocable, pues el enemigo dirá
muchas cosas sobre ti, la gente dirá muchas cosas sobre ti, tú mismo dirás cosas sobre ti, pero
lo único que impactará tu vida será la palabra que Dios determine sobre ti. Por eso debemos
aprender a escuchar Su voz. ⸺Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me
siguen. Yo les doy vida eterna, y jamás perecerán ni nadie me las quitará. (Juan 10:27-28
DHH).
Voces Peligrosas
Otra de las razones por la que se nos dificulta escuchar la voz de Dios en nuestras vidas es
porque enfocamos nuestra atención a muchas voces externas que aparentan ser la voz de
Dios, pero no lo son.
Lamentablemente existen personas que se la pasan leyendo las escrituras, atraviesan por
todos los libros encontrando versículos que dicen:
• No juzgarás.
• No mentiras.
• Ama a tus enemigos.
• Perdona.
• No andes en la carne.
• Soporta la prueba.
• Predica el evangelio.
• Busca al Padre en lo íntimo.
• Etc.
Pero tristemente algunos no sienten que Dios les habla hasta que no leen algo que les
convenga, por ejemplo, el salmo 23 donde dice que “Jehová es nuestro pastor y nada nos
faltará” o “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” “Nada podrá hacerte frente” “A tu
lado caerán mil y a tu diestra diez mil más a ti no llegarán” o algo como que “Todo obra
para bien a los que aman a Dios” eso es lo que a muchos les interesa leer.
Por eso cuando aparecen predicadores motivacionales que dicen lo que muchos quieren oír
son aplaudidos y aclamados por la mayoría, pero el hecho de que sus mensajes te hagan sentir
bien contigo mismo no significa que venga de parte de Dios.
No todo el que dice “Dios me dijo” habla de parte de Dios La palabra de Dios no siempre
nos motiva, también nos confronta, nos aconseja y nos lleva a la transformación necesaria.
Seguro conoces el juego del teléfono descompuesto. Consiste en que en un grupo de varias
personas forman un círculo y alguien le susurra un secreto a otra persona y deben ir repitiendo
ese mismo secreto hasta llegar a la última persona en el círculo, las pocas veces que he tenido
la oportunidad de participar en esa dinámica he notado que por alguna extraña razón el
mensaje jamás llega igual, siempre se distorsiona a mitad del camino.
Lo mismo sucede con la Palabra de Dios, si la única manera en que te acercas a la palabra de
Dios es a través de lo que otro diga, nunca vas a lograr escuchar la voz de Dios directamente
ni conocerlo en su totalidad, pues estarías escuchando lo que otro dice de Él pero, ¿cómo
sabes que Dios no quiere revelarse a ti de una manera distinta? Además, ¿Quién te asegura
que el mensaje no está distorsionado?
¡Ten cuidado! Hoy en día se han levantado un sinnúmero de falsas doctrinas que por
desgracia han arrastrado a muchos apartándolos del camino verdadero que es Jesús, un
ejemplo de ellas es lo que yo llamo: el evangelio de las bendiciones.
Es ese evangelio que te hace ver a Jesús como alguien que murió para que hoy tú puedas
vivir una vida privilegiada llena de cosas buenas que te hagan sentir bien contigo mismo.
Dios es mucho más que las bendiciones que pueda darnos, Jesús nos llama primero a buscar
Su reino, Su justicia y dejar que lo demás sea Él quien lo añada conforme a su perfecta
voluntad (Mateo 6:33). Ten cuidado con los predicadores que sigues y los mensajes que
escuchas, porque el día del juicio no podrás excusarte como Adán y decir “me dieron de ese
fruto y yo comí” ya que todos tenemos acceso a la verdad como para saber que fruto es bueno
y cual no.
El problema del evangelio de las bendiciones es que muchas veces nos puede llevar a servir
el reino equivocado. En el principio del ministerio de Jesús podemos ver que el enemigo lo
tentó ofreciéndole todos los reinos del mundo a cambio de que se postrara a adorarle, Jesús
obviamente se negó porque no tenía los ojos puestos en las cosas terrenales sino en lo eterno,
lo que permanece.
Me pregunto: ¿cuántos andan por ahí de bendición en bendición, disfrutando de todas las
cosas que “Dios les ha dado” arrebatando y decretando cosas positivas para sus vidas, sin
sufrir ni padecer, creyendo que el evangelio es solo una cascada de bendiciones, ¿sin darse
cuenta de que el enemigo también entrega bendiciones a cambio de adoración? El que le sirve
a Dios por bendiciones es capaz de servirle al enemigo si le ofrece algo mejor. Gracias a
Dios Jesús no cayó en el gancho, pero… ¿cuántos han caído por su hambre de atesorar tesoros
en esta tierra pasajera?
Para los apóstoles, ser apresados y golpeados por el evangelio de Jesús era una bendición, un
privilegio del cual no se sentían dignos (Hechos 5:41). Mi pregunta es: ¿qué es ser bendecido
para ti? Ten cuidado y no te dejes engañar de aquellas personas que presentan el Santo
evangelio de Jesús de manera errónea. Que tú no seas el próximo. Aférrate a su palabra y no
te suertes para que no seas arrastrado por la corriente del mal.
Distracciones
Pero Marta, que estaba atareada con sus muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo: —
Señor, ¿no te preocupa nada que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me
ayude. Pero Jesús le contestó: —Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por
demasiadas cosas, pero sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y
nadie se la va a quitar. (Lucas 10:35-42 DHH).
Una mañana desperté y de inmediato supe que Dios quería decirme algo, lo supe porque
sentía ese deseo intenso de arrodillarme y tener un tiempo de oración a solas con el Padre.
Sin embargo, cuando decidí abrir los ojos y miré la hora en el teléfono, al ver que era
temprano pensé: dormiré 20 minutos más. Cuando apenas cerré los ojos de nuevo, mi
teléfono empezó a sonar indicando la entrada de una llamada, era Michael, mi mejor amigo.
Michael y yo no solemos hablar todos los días debido a que ambos siempre estamos muy
ocupados, pero ese día hablamos durante más de 40 minutos. Luego mi mamá llegó a la
habitación llamándome a desayunar, así que me levanté y desayuné. Después me arreglé y
salí al supermercado. Regresé. Me acosté y me puse a mirar una película, luego vi otra hasta
que me quedé dormida, y así se me fue toda la tarde. Un día desperdiciado.
Ese día me sentí muy mal. Sentí que dejé a Dios de lado por enfocarme en otras cosas y esto
es algo en lo que conscientes o inconscientes todos caemos. Todos en algún momento hemos
sido Marta. Nos ocupamos en las cosas "importantes" y descuidamos la más importante, la
mejor parte, la que no nos será quitada.
Solo piensa: ¿cuántas veces has sentido el deseo de orar o de pasar tiempo en la presencia de
Dios y has tenido que posponerlo porque de repente se presenta algo? ¿Cuántas veces has
dejado de tener un tiempo de calidad con nuestro Salvador para hacer cosas "más urgentes"?
¿Cuántas veces te has levantado tarde para ir a estudiar o trabajar y has salido de la casa
volando sin hablar con Dios?
No es casualidad. Nada de eso es casualidad.
La razón por la que el mundo hace mucho ruido es porque el diablo no quiere que escuches
lo que Dios tiene que decirte. Hoy existen un sinnúmero de cosas que capturan nuestra
atención logrando que nos desenfoquemos. No te dejes engañar. Bájale el volumen al mundo,
y presta atención a lo que Dios quiere decirte. Estamos viviendo los tiempos peligrosos que
Pablo anunció, y solo el que persevere hasta el fin, será salvo.
Te invito a hacer esta oración:
Amado Señor, hoy quiero pedirte perdón por haber cerrado mis
oídos a tu voz y haber prestado atención a las voces externas
que lo único que logran es alejarme de tu presencia. Te pido que
por favor me ayudes a volver a ti, a escucharte y obedecerte de
manera que agrade tu corazón. Te ruego que apartes de mi vida
todo aquello que no proviene de ti y me ayudes a andar en el
camino que has preparado para que yo ande conforme a tu
voluntad. Pon en mi corazón ese deseo ardiente por escuchar tu
voz y seguirla… en el poderoso nombre de Jesús, amén.
Escribe una lista de cinco cosas que te estén impi- diendo prestar atención a la voz de Dios.
1. ______________________ 2. ______________________ 3. ______________________
4. ______________________ 5. ______________________
Ahora, escribe una lista de cinco cosas que conside- ras debes poner en práctica para dejar
de estar dis- traído/a y enfocarte en escuchar la voz de Dios en tu vida.
Como vimos en el capítulo uno, Dios habla. Es un hecho que Dios no es mudo, sino que es
un Dios presente en nuestro día a día y que desea darnos vida y dirigirnos todo el tiempo con
su voz. El mismo Jesús dijo en una ocasión: «Escrito está: No solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» (Mateo 4:4).
Si Dios no hablara, ¿por qué Jesús diría que vivimos de la palabra que sale de su boca? Así
que es un hecho del cual no existe lugar a dudas, ¡Dios nos habla! Lo que sucede es que, en
medio de tanto ruido y voces distrac- toras, casi no podemos escucharlo.
Las voces que no provienen de Dios no debemos escucharlas, creerlas ni, mucho menos,
obedecerlas por- que, de hacerlo, terminaremos completamente separados de Dios, así como
terminó Eva cuando decidió es- cuchar a la serpiente.
Es por ello que lo primero que debemos hacer si que-remos escuchar a Dios es silenciar las
voces externas. A continuación, te mostraré cuatro voces distractoras que debes silenciar.
Para seguir leyendo, te invito a obtener el libro en
una de sus versiones, fisica o digital.
Puedes hacerlo aquí:
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